[Recomendación] Apuntes sobre anarquismo

En este texto de los años 70, Noam Chomsky realizaba un repaso a las más conocidas tendencias socialistas y su historia poniendo especial atención en la propuesta libertaria. Chomsky defendía la actualidad de los valores anarquistas para elaborar una propuesta socialista con capacidad para transformar el mundo. Este mensaje quedaba condensado en la cita que realiza de Daniel Guérin, donde este asegura que «las enriquecedoras ideas del anarquismo mantienen su vitalidad y que, examinadas y tamizadas, podrían ser de gran utilidad para que el pensamiento socialista contemporáneo tomara un nuevo rumbo».

Los acontecimientos históricos actuales parecen confirmar esta tesis. La  generalización de las ideas de autogestión, asamblearismo, apoyo mutuo… entre los movimientos sociales, muchas veces a pesar del propio movimiento anarquista, demuestra la capacidad de estas ideas. Los valores libertarios permean hoy las luchas que se niegan a aceptar las míseras condiciones de vida que ofrece el capitalismo para la mayoría.

Apuntes sobre anarquismo, de Noam Chomsky

La amistad, cimiento de la anarquía

Si el ideario y pensamiento ácrata son algo del todo desconocido por ti, entonces representarás la anarquía inequívocamente como sinónimo de desorden, caos, violencia, confrontación, libertinaje, revuelta espuria, fratricidio, confabulación armada, revolución sanguinolenta, etc., y aducirás, pues, que no es sólo una utopía romántica, sino que representa una lacra en las historia de los movimientos políticos y sociales; pero si ya has bebido de su filosofía, y si has conseguido aprehender lo mismo que yo tras un breve estudio de ésta, sabrás que la Idea está ligada a otra noción bien distinta, que nada tiene que ver con los adjetivos antes dados, a saber: la amistad.

Pero ¿por qué la amistad, por qué esa relevancia? Porque todo el edificio antiautoritario, si así se le quiere llamar, se asienta sobre esta noción: es su piedra angular, su cimiento, sin la cual las demás ideas capitales no tienen sentido alguno. Si la libertad es imposible sin la igualdad, podemos decir con la misma verdad que la igualdad es imposible sin la amistad, es decir, sin la fraternidad. En este sentido, la amistad no es sino la reciprocidad que sólo se puede dar entre iguales; porque si no fuera así, devendría en tiranía o en limosna, que vienen a ser la misma cosa. ¿O es que podría desarrollarse acaso la noción de igualdad sin la de amistad? Veremos que no, pero antes adentrémonos fugazmente en el desarrollo teórico y práctico que ha tenido esta idea, sobre todo, en los inicios del desenvolvimiento del querer y del hacer anarquista, esto es, en los inicios de su teoría y de su práctica.

Así, dirigiéndonos en primer lugar a lo teórico, ya podemos vislumbrar esta alabanza y esta exhortación a la amistad, a la reciprocidad, al bien mutuo y a la proporcionalidad en el libro, por decirlo de algún modo, iniciático al anarquismo en Europa [1]; me refiero, por supuesto, al más que conocido ¿Qué es la propiedad?o una investigación acerca del principio del derecho y del gobierno, del escritor y pensador francés Pedro José Proudhon, publicado en 1840. En éste, Proudhon afirma cosas como ésta:

«Entiendo aquí por equidad lo que los latinos llamaban humanitas, es decir, la especie de sociabilidad que es propia del hombre. La humanidad suave y afable para con todos, sabe distinguir sin causar injuria, los rangos, las virtudes y capacidades: es la justicia distributiva de la simpatía social y del amor universal» o «La amistad es precioso en el corazón de los hijos de los hombres».

Tampoco se puede olvidar, claro está, a Kropotkin, que en su libro El apoyo mutuo sistematiza y reafirma argumentalmente este principio bosquejado con levedad por Proudhon; de tal manera, afirma lo siguiente:

«Pero la sociedad, en la humanidad, de ningún modo le ha creado sobre el amor ni tampoco sobre la simpatía. Se ha creado sobre la conciencia -aunque sea instintiva- de la solidaridad humana y de la dependencia recíproca de los hombres».

Nuevamente, permanece latente esa reciprocidad y proporcionalidad del individuo para con el resto de la sociedad. O cuando, el mismo autor, afirma lo siguiente en Las prisiones:

«La fraternidad humana y la libertad son los únicos correctivos que hay que oponer a las enfermedades del organismo humano que conducen a lo que se llama crimen».

Para finalizar, como corolario, considero primordial esta frase de Malatesta, según la cual:

«Todos somos egoístas, todos buscamos la satisfacción propia. Pero el anarquista encuentra su mayor satisfacción en la lucha por el bien de todos, por el logro de una sociedad en la que pueda ser un hermano entre hermano […]».

Por ello que quizá, como dicen algunos compañeros, un anarquista no es más que un egoísta solidario, por muy contradictorio que pueda sonar. Pero no es así, ese egoísmo se ha de entender en un sentido lato, casi tautológico, tal como se lo daba el filósofo Max Stirner.

En mi pretensión de escribir un pequeño artículo pedagógico, evidentemente, no puedo ejemplarizar muchas más citas teóricas, pero creo que las que dejo dan buena idea de lo sustantivo del asunto.

Por otro lado, en el plano fáctico, tenemos la solidaridad desplegada por los obreros y campesinos en todo momento desde el mismo inicio de la Revolución industrial y, por tanto, desde los primeros pasos del movimiento obrero. Esta solidaridad, surgida en un principio más del instinto empático que de una teoría socialista asentada, era constante, por ejemplo, entre los obreros que cohabitaban barracas en los barrios, si es que se les puede conferir tal apelativo, marginales que salpicaban los arrabales de los perímetros industriales y fabriles de las grandes ciudades del mundo allá por el siglo XIX Y XX, que es el tiempo de la génesis del anarquismo. De tal modo, nos habla Francisco Olaya Morales en su libro Historia del movimiento obrero español (siglo XIX) del surgimiento de las primeras mutualidades obreras en la primera mitad del siglo XIX, en las que los obreros constituían cajas de préstamo para los más acuciados económicamente, ayuda para dejar a los hijos en cuidado mientras sus padres y madres trabajaban en las fábricas, asistencia médica básica, e incluso alguna que otra institución de carácter cultural. Esto, que es la quintaesencia de la reciprocidad y de la fraternidad entre iguales, aunque parezca cosa baladí, llevó sangre, sudor y lágrimas el conseguirlo, ya que al Estado monárquico, y en especial a los patronos, no les hacía gracia alguna que se constituyeran instituciones netamente obreras. Después, claro está, por las continuas injerencias gubernativas, traiciones, triquiñuelas patronales, abusos de los mismos, etc., los obreros se fueron radicalizando tanto en su modo de actuar como en sus propuestas. (¡Y aun así, qué poco pedían y qué justas sus reivindicaciones!)

Para darle una perspectiva algo más internacional, también me gustaría rememorar la proeza de un militante anarcosindicalista japonés durante una huelga fabril [2], ya en el siglo XX, que se encaramó a una chimenea industrial de 30 metros de altura, plantando en la cima la bandera negra y negándose a descender mientras no se resolviera la situación de sus compañeros y compañeras. A los doce días del suceso, y una vez ganada la pugna, debieron subir a por él para ingresarlo en un hospital, pues el pobre hombre, como es de comprender, estaba totalmente extenuado física y mentalmente.

¡Ojalá tuviera el tiempo y el espacio necesario para describir una por una todas las proezas sindicales! ¡Qué prodigio el de la amistad!

A pesar de que estos acontecimientos han sido y son comunes a todo el movimiento obrero, en mi opinión, el anarquismo le confiere a la fraternidad una naturaleza especial, pues éste enfatiza en la horizontalidad entre iguales. ¿Puede existir acaso la igualdad en la verticalidad? No es algo que pretenda desarrollar, pero la respuesta más allegada a la razón parece decirnos que no.

Por último, a modo de curiosidad, no está de más saber que la palabra compañero, proveniente del latín compania; formado por los vocablos cum ‘con’ y panis ‘pan’, etimológicamente, hace referencia a ‘los que comparten el pan’.

¡Así que cuida bien a quién llamas compañero o compañera!

[1] Godwin parece plantearlo de un modo algo más difuso y no con tanta insistencia. Por otro lado, si bien es verdad que los socialistas utópicos ya enfatizaban en el compromiso social y en la equidad, no los caracterizaría como anarquistas.

[2] García, Víctor. Museishushugi: El anarquismo japonés.

Historia de Corea (I): época preindustrial

País hermético, tiranía stalinista, enemigo de occidente frente a uno de los llamados países más desarrollados del mundo, expertos en la alta tecnología, inventores del «Gangnam Style». Corea, las dos Coreas, constituye uno de los lugares del mundo en torno al que más mitología producen los medios del capital. Considero que nada mejor para entender la situación política actual de un país que conocer su historia. La historia de Corea, como la de la mayor parte de los países asiáticos, es poco conocida en el eurocéntrico occidente. Por ello, quienes deseamos comprender la realidad política actual, debemos hacer un esfuerzo para acercarnos al pasado de territorios tan lejanos.

Intentaré en este artículo mostrar una breve historia de la península de Corea desde sus inicios históricos hasta la actualidad, a fin de contribuir a una mayor comprensión de la situación geopolítica actual, de las características de las dos Coreas. Advierto que no encontrará el lector, en este artículo, ni seguiremos a la postura política de la prensa oficial y proamericana ni los elogios que ciertos medios de la izquierda realizan a Corea del Norte, paradigma del viejo socialismo de Estado. Me limitaré a ofrecer una historia de Corea atendiendo a su desarrollo económico, social y político, de la forma más honesta posible.

Comenzaremos, como no puede ser de otra manera, con los orígenes. Pues es en época preindustrial cuando Corea adquiere buena parte de su personalidad cultural.

El medio físico.

Una península del extremo oriental del continente asiático, separada por China por la frontera natural que representa la meseta Kaema, que se eleva hasta 2.000 metros por encima del nivel del mar y por los montes Hamgyong, cuyo pico más alto, el Kwanmo Peak, alcanza los 2.540 metros. Comparándolo con los Alpes o los Pirineos europeos, constituyen un paisaje menos elevado, pero mucho más extenso, pues suponen aproximadamente un tercio de la geografía de Corea del Norte. El resto del paisaje coreano es también elevado, no bajando generalmente de los 350 metros por encima del nivel del mar. Solo en su costa occidental posee la península de Corea tierras bajas con una cierta extensión.

Corea posee un clima muy húmedo, con precipitaciones anuales por encima de los 1300 mm anuales, sufriendo las mayores precipitaciones durante el monzón en los meses de verano, siendo los inviernos mucho más secos. Por realizar una comparación, Galicia, la región más lluviosa de la península ibérica, posee un volumen de precipitaciones de unos 900 mm al año. Las temperaturas son suaves en verano, con una máxima de 30 grados, y frías en invierno, llegando a descender hasta los -7 grados. El Norte, por su elevación, es más frío que el sur, estando las temperaturas entre -13 y 20 grados. Además de ello, la península está frecuentemente sometida a tifones y vientos ciclónicos, que llegan desde el área de Japón.

Con este clima, la vegetación, particularmente los bosques de hoja caduca, es abundante. Si bien el desarrollo industrial y la deforestación de Corea del Sur ha puesto en peligro algunas especies de grandes mamíferos, la península en su conjunto posee una gran riqueza biológica, habiéndose convertido en un auténtico santuario natural la zona desmilitarizada entre las dos Coreas.

La península cuenta con amplios recursos minerales, principalmente carbón, hierro y otros metales como zinc o cobre.

La geografía es uno de los factores más determinantes a la hora de determinar el desarrollo económico y el carácter de un pueblo. No es de extrañar que una península de espaldas a Asia y de relieve elevado haya provocado, a lo largo de la historia, que el pueblo coreano sea un pueblo de carácter cerrado y poco abierto a influencias extranjeras.

Primeros pobladores.

Lamentablemente, no se han realizado grandes investigaciones arqueológicas sobre la Corea prehistórica. Si se tienen en cuenta los indicios actuales, parece ser que Homo erectus podría aparecer en la península, proveniente de China, hace unos 400.000 años. Si bien no se han encontrados restos óseos determinantes, si se han encontrado herramientas líticas atribuibles a esta especie, tanto en el Norte como en el Sur.

No se conoce a ciencia cierta cuando llegan los humanos anatómicamente modernos a Corea. Sin embargo, teniendo en cuenta que los primeros restos de nuestra especie aparecen en Japón en torno al 38.000 a.e.c. y que probablemente éstos llegarían a las islas desde el estrecho de Corea (en época glaciar el nivel del mar era más bajo), podemos concluir en que aparecería en Corea sobre esas mismas fechas.

La primera cultura cerámica de la que conocemos restos en Corea es la cultura Jeulmun, que se extiende un largo periodo entre el 8.000 y el 1500 a.e.c. El relieve de Corea es menos propicio para el cultivo extensivo del arroz que China, y su clima, más frío que el de Japón, dificultan también un cultivo intensivo como el de las islas. Así, en la misma época en que distintas culturas continentales desarrollaban técnicas de cultivo extensivo de arroz y mijo, en la cultura Jeulmun la agricultura nunca llegó a tener una gran importancia, produciéndose a pequeña escala y conviviendo con la caza, la pesca y la recolección. Producían, además, elevados vasos cerámicos utilizados para el almacenaje.

La agricultura intensiva llega,  probablemente por influencia japonesa y junto a las primeras herramientas de bronce, a Corea en torno al 1500 a.e.c., con el periodo Mumun. Es curioso como existen paralelismos entre este bronce coreano y el bronce europeo, produciéndose incluso una cultura megalítica, especialmente en los enterramientos. A comienzos del periodo Mumun los poblados estaban constituidos por una gran casa comunal semienterrada con varios hogares, con el tiempo, comienzan a surgir pequeñas viviendas circulares o cuadradas alrededor de la casa comunal, siendo en el 900 a.e.c. cuando las viviendas pequeñas se generalizan. Este proceso, que se da en muchos otros pueblos, ha sido tomado generalmente como evidencia del nacimiento de las instituciones familiares y del progresivo avance hacia la propiedad. Socialmente, se considera que en la cultura Mumun comenzó a darse el sistema de los «grandes hombres», éstos eran los encargados de administrar la redistribución de los excedentes de la agricultura.

El nacimiento del Estado.

Es probablemente en este periodo donde se dan los primeros pasos hacia la formación del Estado en la península. La introducción del caballo y del arco daría a estos «grandes hombres» la posibilidad de recorrer mayores distancias y de hacer la guerra con sus vecinos, convirtiéndose en jefes de guerra, dando como resultado la existencia de relaciones de dominación (los vecinos conquistados pasarían a ser esclavos de los conquistadores) y fundándose los primeros Estados dominados por un monarca.

El primero de estos Estados en aparecer en las fuentes chinas en torno al siglo VII a.e.c. es el reino de Gojoseon, que establecería su capital en Pyongyang sobre el siglo IV a.C. Mientras Gojoseon se desarrollaba en el Norte en el sur aparecía el Estado de Jin, que contaría con una cierta influencia cultural del periodo Yayoi japonés. En este periodo, probablemente por influencia de la desarrollada China de la dinastía Han, el Norte de Corea se encuentra en un estadio de desarrollo cultural superior al del Sur, floreciendo multitud de pequeños Estados dirigidos por élites guerreras. La metalurgia del hierro llegaría en el siglo IV a.C., también proveniente de China.

Los tres reinos.

En el 108 a.e.c. el reino de Gojoseon es vencido y conquistado por la dinastía Han china, que ocuparía todas las tierras bajas del Norte, trayendo a la península sus avances culturales y agrarios. En las montañas de Corea y Manchuria aparecen una serie de pequeños Estados herederos de Gojoseon, siendo uno de ellos el reino de Goguryeo. Al tiempo, en el Sur, se desarrollaba Samhan, una confederación de tres Estados, que lograría conquistar tres de las cuatro comanderías establecidas por los Han.

Goguryeo logra conquistar a su vecinos y, posteriormente, en el 303 c.e., la última comandería Han. Sanmhan, sin embargo, se vería conquistado por dos reinos emergentes Baekje y Silla. Corea se veía libre de invasores y dividida en tres reinos: el gran Goguryeo al norte (que dominaba también buena parte de Manchuria) y Baekje y Silla al sur. Estos tres reinos convivían con Gaya, una pequeña confederación de diminutos reinos situada en el extremo Sur peninsular.

A pesar de haber sido expulsados, la huella de China en Corea permanecía. Estos tres Estados tienen ya poco que ver con los pequeños reinos dominados por élites guerreras de antes de la caída de Gojoseon. Son Estados centralizados, con una burocracia palacial que conoce la escritura. El pensamiento chino del taoísmo y el confuncianismo han llegado también, seguidos por la religión budista.

Económicamente predomina lo que se suele conocer como «modo de producción asiático». Es decir, una élite palacial mantiene a la sociedad sometida a una esclavitud generalizada, siendo esta élite la que administra la producción agrícola (basada en el arroz) y redistribuye los excedentes de la producción.

Hacia la unificación de Corea.

El gran reino de Goguryeo sufriría durante su historia constantes ataques de la dinastía china Tang hasta que, en 668 es conquistado por el norte por el imperio de los Tang y por el sur por el reino de Silla.

La península quedaría dividida, tras conquistar Silla a sus vecinos y tras vencer al Imperio Tang en la guerra de 670-676, entre un poderoso estado de Silla al Sur y Balhae al Norte, un Estado fundado de las cenizas de Goguryeo, si bien muy influenciado por el sistema político Tang. Estos dos Estados se mantendrán en un periodo de florecimiento económico y estabilidad hasta el 892. En este momento se produce una gran inestabilidad en Silla producto de una rebelión de la mediana nobleza, liderada por el general Gyeon Hwon, que tras conquistar las provincias del sur se autoproclama rey del Nuevo Baekje. Algo similar ocurriría con Gung Ye, noble y monje budista, que tras conquistar las tierras del Norte se separaría de Silla para autoproclamarse rey del Nuevo Goguryeo. Este retorno a los tres reinos que supone la decadencia de Silla daría paso a la primera unificación de la península.

Goryeo, una Corea unificada.

Wang Geon, que provenía de una familia de comerciantes, funda en el 927 el reino de Goryeo. Tras hacer la guerra a los tres reinos consigue unifcar la península bajo su mando, proclamándose emperador de Goryeo en el 930.

Goryeo, como Imperio, no llegaría a centralizarse del todo, manteniendo las capitales y administraciones de los reinos conquistados. Socialmente, la burocracia de Goryeo impulsaría la liberación de los esclavos, dando como resultado un sistema económico similar al que ya se daba en china, con una inmensa población de siervos, un Estado fuerte mantenido por un eficiente sistema fiscal y una burocracia bien instruida, apoyada en una nobleza guerrera.

La defensa de la península, que ya había sido conquistada dos veces por China a lo largo de su historia, fue siempre un punto primordial para los gobernantes de Goryeo. Tal es así que, entre 993 y 1019 Goryeo se lanzaría en una campaña militar contra la dinastía Liao, que en aquel entonces gobernaba el norte de China. Goryeo logró movilizar a un ejército de 200.000 efectivos (un número nada desdeñable y que es evidencia del poder del Estado de Goryeo, más aún si tenemos en cuenta que el Imperio Romano en su apogeo movilizaba 300.000 legionarios), logrando asegurar definitivamente sus fronteras.

Poco después de la guerra con la dinastía Liao comienza un periodo de inestabilidad política que derivaría en una dictadura militar tras la cual de restaura la monarquía con el emperador Gonjong en 1213.

Invasión mongola y caída de Goryeo.

Los mongoles fueron un pueblo seminómada de las estepas centroasiáticas. En 1206, un guerrero mongol de nombre Temudjin logra unificar a las tribus mongolas proclamándose gran Khan y cambiando su nombre por Gengis Khan. Tras reorganizar su ejército los mongoles logran aplastar a la decadente dinastía Song, formando un imperio que, extendiéndose desde Siria hasta el extremo oriente, ha sido el más grande jamás formado. La clave del funcionamiento de este Imperio fue la gran tolerancia de los mongoles hacia los sistemas políticos, la cultura y la religión de los pueblos conquistados. Tras instalarse en los asientos de las antiguas élites, los mongoles permitían que el país conquistado siguiera funcionando tal y como lo había hecho hasta el momento, siempre y cuando se pagaran los debidos impuestos al Khan.

Goryeo sería una de las dinastías en ofrecer una mayor resistencia a la invasión mongola, siendo preciso seis campañas hasta la capitulación de la dinastía de Goryeo en el 1259. Tras una fracasada rebelión de las élites militares coreanas en el 1270, Goryeo quedaría convertido en un Estado vasallo del imperio mongol hasta su desintegración en el 1368, convirtiéndose después en un Estado controlado por la dinastía china Ming. Goryeo caería entonces en una época de conspiraciones palaciales, cayendo la dinastía en el 1392, sustituida por la dinastía Joseon.

El reino de Joseon.

El reino de Joseon fue el de más larga duración de cuantos ha habido el Corea, extendiéndose desde la caída de la dinastía Goryeo hasta la entrada de Corea en la época industrial con la formación del Imperio Coreano en 1892, primer régimen ya de tipo burgués.

En cuanto a la sociedad, estamos ante un régimen demográfico de tipo antiguo, con una población de lento crecimiento debido a crisis de alimentación seguidas por periodos de relativa bonanza. La población se dividía en un 40% de siervos (nobi) cuya situación rozaba la esclavitud, un 40% de campesinos pequeño-propietarios y un 20% de Yangban, la élite dirigente que formaba el funcionariado y los mandos militares, bien instruída en escuelas neoconfuncionistas (ideología oficial por influencia de la dinastía china Ming). Estos Yangban formaban los 18 rangos del funcionariado, así como parte del consejo de Estado y de los ministerios escogidos por el monarca, centro absoluto del Estado coreano, fuertemente centralizado. Los comerciantes y profesionales liberales constituían una clase muy minoritaria en ésta época, dedicados por completo al comercio a larga distancia de objetos de lujo.

Es en esta época cuando Corea sufre el primer intento de invasión japonesa. Japón, a finales del siglo XVI, se unifica en una monarquía feudal con intereses expansionistas en lo que se conoce como periodo Azuchi-Momoyama. Entre 1592 y 1598 los japoneses invaden Corea con una poderosa flota. La península solo se libra de la invasión gracias a la acción conjunta de la resistencia coreana y de la intervención de sus aliados de la dinastía Ming, logrando expulsar a los japoneses. Tras esta guerra Joseon se convierte en un país hermético, cerrado a influencias exteriores y aislacionista, siendo conocido por los primeros europeos en llegar al Oriente Asiático como el «Reino Ermitaño».

En China, a principos del siglo XVII, la dinastía Qing derrota a la Ming. El reino de Joseon, aliado de la China Ming desde su fundación, se ve invadido por los Qing en dos ocasiones (1627 y 1637). Como resultado de estas invasiones, Joseon se convierte en un Estado tributario de la dinastía Qing. El impacto de estas guerras trae para Joseon un periodo de paz al abrigo de china que durará dos siglos, pero también de inmovilismo, producto del cual la vieja monarquía comenzará a hacer aguas en el siglo XIX, entrando en un periodo de gran inestabilidad política y luchas entre facciones.

Conclusiones.

Corea ha sido, a lo largo de su época industrial, un país frecuentemente sometido a las invasiones de las potencias extranjeras, continentales o japonesas. Esto, sumado a su geografíca, desencadena un sistema político y económico tendente a la autarquía, cerrado y poco dado a los cambios. De ahí que,  ya entrados en pleno siglo XIX, solo el Imperialismo europeo y japonés logren sacar a Corea de su estado de letargo, de su anciana monarquía al estilo asiático.

Veremos, en el próximo artículo, el efecto de las campañas occidentales en Asia, el nacimiento del Imperio Coreano y la conquista japonesa de Corea, con sus efectos sociales y políticos.

Bibliografía.

Existe una escasísima bibliografía en castellano relativa a la historia preindustrial de Corea.
Es muy recomendable, en lengua inglesa, la obra de síntesis Korea Old and New: a History, editada por la Universidad de Harvard en 1990.

La anarquía como sublimidad democrática (II)

El cuándo y el porqué: breve genealogía.

Aunque podemos atisbar rasgos claros del pensamiento ácrata desde los propios inicios de la labor filosófica, no es hasta la primera mitad del siglo XIX cuando se empieza a asentar el ideario anárquico como ideología política, con su consiguiente contenido moral y filosófico, en torno a la figura de uno de los padres del anarquismo: el pensador  francés Pierre-Joseph Proudhon que, a la sazón, fue el primero en referirse a sí mismo como anarquista (si bien es cierto que el término ya es usado durante la Revolución Francesa para referirse a los socialistas utópicos que profesaban un pensamiento extremadamente radical, es éste último, como digo, quien lo sella como cosmovisión política [1]), evidentemente desde un ángulo todavía algo ambiguo, en su obra «¿Qué es la propiedad?».

Muy pronto, debido al carácter resuelto, radical y crítico de los llamados anarquistas para con el poder y las autoridades que lo sustentan, la palabra va adquiriendo una connotación cada vez más desvirtuada y alejada de la realidad idiosincrática del prístino movimiento, pues se asume, errónea y falazmente, que el poder vigente es necesariamente armónico: ordenado, y por tanto, todo lo que lo provoca y se personifica públicamente contra él ha de ser lo contrario: caótico, desordenado. Este hecho es rápidamente aprovechado y alimentado por la propaganda estatal de todos los países, que pronto empezarán a injuriar contra todo lo que desprenda el aroma libertario. Así, a mediados del siglo XIX, durante la ola revolucionaria que salpica a la mayoría de países europeos, y debido al trasfondo cada vez más peyorativo que va envolviendo todo lo acrático, se dispara el número de publicaciones, líbelos y artículos que defienden con vehemencia la anarquía. En Francia podemos resaltar el lacónico líbelo escrito por el anarcoindividualista Anselme Bellegarrigue en 1850: el conocido como «Manifiesto de la Anarquía» [2] (Manifeste de l’Anarchie), publicado en pleno periodo revolucionario en el periódico libertario L’anarchie, journal de l’ordre –lo cual da buena muestra del interés que ha tenido el anarquismo en desligarse de su falsa acepción ya desde sus orígenes–; en este manuscrito, considerado como el primer manifiesto anarquista, Bellegarrigue recoge en su punto inicial, bajo el título «La anarquía es el orden», una serie de consideraciones que no pretende sino esclarecer el entuerto etimológico en el que se encuentra el término. El anarquista francés arremete con genialidad lógica y casi poética contra la significación fratricida que por aquel entonces pesaba sobre el ideal libertario, con la siguiente correlación de ideas:

En efecto: quien dice anarquía dice negación del gobierno; quien dice negación del gobierno, dice afirmación del pueblo; quien dice afirmación del pueblo, dice libertad individual; quien dice libertad individual, dice soberanía de cada uno; quien dice soberanía de cada uno, dice igualdad; quien dice igualdad, dice solidaridad o fraternidad; quien dice fraternidad, dice orden social.

Al contrario: quien dice gobierno, dice negación del pueblo; quien dice negación del pueblo, dice afirmación de la autoridad política; quien dice afirmación de la autoridad política, dice dependencia individual; quien dice dependencia individual, dice supremacía de clase; quien dice supremacía de clase, dice desigualdad; quien dice desigualdad, dice antagonismo; quien dice antagonismo, dice guerra civil; por lo tanto, quien dice gobierno dice guerra civil.

La tesitura léxica del momento no parece alejarse, revoluciones aparte, demasiado de la de nuestra cotidianeidad.

También es destacable el libro L’Humanisphère, Utopie anarchique, escrito por el anarquista protofeminista Joseph Déjacque que, siguiendo la línea literaria utópica y antiautoritaria (muy alejada, por ejemplo, de la obra de Tomás Moro) del Manifeste des Égaux, del anarquista primigenio  Sylvain Maréchal, desarrollará un modelo de sociedad armónico y pleno de libertad, muy en contra de cómo se ve en su momento un posible porvenir anarquista.

Los ejemplos de escritos que surgen como defensa a todas las injurias y sofismas vertidas sobre el concepto de anarquía son bastos y se dan, en mayor o menor forma, en todos los países de Europa, mas queriendo ser escueto en el desarrollo de este ensayo, creo que resaltando los más conocidos de la época se entenderá que esta polémica terminológica ha sido cuestión más que relevante en el desarrollo del pensamiento ácrata.

Dirigiéndonos a otro punto clave:

La Revolución Francesa, que acaba con una vorágine autoritaria digna de los más fervientes autócratas divinos,  da paso, como ya se ha dicho, a un ambiente revolucionario de aspiración liberal radial y/o socialista utópica que pretende conseguir un objetivo claro: la libertad definitiva para vivir y convivir en fraternidad, máxima aspiración humana. Esta aglomeración de devoción revolucionaria popular, de conspiración republicana  y de secretismo masónico contra el burocratismo culminará con la formación de la Comuna de París en 1871. Es en este punto, tras fracasar estrepitosamente la experiencia por factores más que analizados y aún cuestionados en los ámbitos académicos en los que no considero oportuno entrar, cuando se da un momento, a mi entender, clave en el devenir teórico y práctico del método anarquista y que tendrá, a posteriori, la culpa de que enraíce tanto y tan bien en la psique colectiva la concepción del anarquista como poco menos que Belcebú envuelto en bombas Orsini.

Rescatando la tesis desarrollada por Max Nettlau [3], diremos que en el periodo que abarca desde el fin de la Comuna de París hasta el asentamiento de la vertiente sindicalista libertaria, con separación incluida en el seno de la Internacional en dos tendencias bien diferencias y antagónicas: la autoritaria y la antiautoritaria, se produce un vacío en la teoría y en la praxis, sobre todo, en ciertos entornos marginales de las grandes urbes europeas. La quemazón por el tono autoritario que adquirió la Comuna, su brutal represión, los exilios obligados, la falta de un horizonte claro y las desavenencias en el movimiento revolucionario propiciaron el crecimiento de acciones de propaganda por el hecho individuales, singulares o en pequeños grupos, las cuales eran más hijas del hastío humano ante la injusticia, de la bestia animal que no soporta más sobre su pescuezo la bota de la opresión y de la miseria, que hijas de un horizonte político o filosófico claro: el ilegalismo endémico de finales del s. XIX y principios del s. XX [4]. Los regicidios, magnicidios atentados, la autodefensa, el robo y la acción directa violenta se convierten en la parte visible del anarquismo, quedando la inmensa labor pedagógica y cultural llevada a cabo entre el campesinado, sobre todo el italiano y español, y entre el ambiente fabril, en especial el inglés, alemán y americano, eclipsados para la opinión pública. Ciertamente ésta a veces veía con buenos ojos determinadas acciones violentas; pero no es analizar cómo se sentía aquella gente lo que pretendo, sino rescatar una idea muy simple y obvia: la historiografía estatal de todos los lugares y épocas hasta la actualidad es lo único que ha resaltado con alevosía del anarquismo.

A fin de no extenderme en exceso en un asunto que trataré en el próximo escrito diré que:

Al no ir el ilegalismo acompañado de una base teórica clara, y al no salvaguardarse bajo un grupo de pensadores que a su vez cubriese sus espaldas en la retaguardia mediática, éste se vio abocado al ostracismo, con tal suerte que se produjo una disgregación entre la intelectualidad anarquista: había una parte a la que le resultaba indiferente, otra lo rechazaba de plano, otra tanta  defendía la estrategia ora sí ora no, y otra, la menor, la hizo estandarte, despreciando al resto de doctrinas. Entre todo este desaire estúpido y ególatra, en el peor sentido del término, la imagen del anarquista, y por tanto la de la anarquía, ya estaba totalmente desfigurada. Y el tiempo no ha curado la herida, más bien lo contrario, ha hecho que supure con virulencia.

Es decir, mientras se perdía un tiempo valiosísimo para subvertir a la población en debates etéreos, en disputas intelectuales no menos fútiles, etcétera., el poder, que siempre tira de una (eso bueno hemos de admitirle, ¿no?), y gracias a su historiografía selectiva, ha pervertido el carácter de la idea, dándole un vuelco total.

Nuestra labor se ha de centrar en gran medida en paliar los errores pasados. La instrucción en Historia, en teoría política y en Filosofía se torna elementos, en verdad lo considero así, primordiales para subsanar esta lacra. Evidentemente la pragmática ha de estar al mismo nivel, sobre decirlo.  En definitiva, quien tiene la Historia de su parte es capaz de construir un futuro en la mente colectiva, y en tanto en cuanto esta historia siga falseada por el poder, no habrá futura acracia.

Blibliografía:

[1] Montseny, Federica. ¿Qué es el anarquismo?

[2]  Bellegarrigue, Anselme. Manifiesto de la anarquía.

[3] Nettlau, Max. La anarquía a través de los tiempos.

[4] Todavía no está claro el carácter anarquista de ciertas acciones pertrechadas por personajes de los más obscuros, como Ravachol, o ciertos grupos anarcocomunistas e individualidades ilegalistas de América y Europa, que parecían guiarse por principios de venganza y autosatisfacción. Pero como mi propósito no es polemizar: termínese de leer el texto.

Respuesta a las Juventudes Libertarias de Madrid

(Este artículo es una respuesta a un anterior artículo de las JJLL publicado en este mismo blog, a su vez respuesta a un artículo del autor publicado en el blog Emancipación.)

Empezar disculpándome por no haber podido responderos hasta ahora. Han sido unas semanas bastante ajetreadas en cuestiones de estudios y de militancia y no he podido dedicar el tiempo que habría querido ni a responderos ni a participar en este blog. Por otro lado, quería tomarme un tiempo para analizar correctamente y sopesar antes de escribir, no me gusta hacerlo en caliente. El texto que ha generado este debate lo escribí, de hecho, en caliente y reconozco en él algunos errores.
Escribí ese texto «Escuela, despensa y siete llaves al sepulcro de Durruti», hace unos cuantos meses. Yo, al igual que vosotros, soy joven. Un joven que pasa buena parte de su tiempo formándose y el que además tiene la costumbre de revisar constantemente lo que sabe o cree saber, no soy amigo de los dogmas. De igual modo, mi experiencia como militante anarquista es mayor que entonces. Tampoco demasiado, no ha pasado tanto tiempo, pero si lo bastante como para que ciertas cosas hayan cambiado en mi forma de ver las cosas. No suelo releer mis propios textos, es uno de mis defectos que debería corregir. Así que no volví a releer el texto del que hablamos hasta que no volvistéis a sacarlo a la luz con vuestra respuesta. Solo por eso, os la agradezco. Esto me ha llevado a replantearme bastantes cosas. Sin embargo, sigo manteniendo buena parte del fondo que me motivó a escribirlo.
Si me lo permitís, responderé a las cuestiones que suscita vuestra respuesta según aparecen en la misma, por evitar andarme por las ramas.

Comenzáis hablando de que el título os da desconfianza. Una apelación al regeneracionismo burgués de Costa. Bien, es un simple símil. Creo que en mi exposición en ningún momento se deduce que pretenda darle un carácter burgués al anarquismo, nunca fuí amigo del liberalismo, pero me pareció en su momento una buena comparación. No soy dado a poner a mis textos títulos demasiado rimbombantes, éste ha sido una excepción. El lema de Joaquín Costa se adaptaba bastante bien a las ideas que quería transmitir en mi texto, simplemente eso. Jamás imaginé que tuviera que explicar algo tan evidente. ¿Cuantos ateneos (a los que vosotros mismos hacéis referencia) fundó el anarquismo sin rendir culto a diosa Atenea alguna (que conociéndo un poquito de mitología griega tampoco creo que fuera demasiado amiga de lo libertario)? Pues eso, un símil. Dejémonos pues de demagogia y buscarle tres pies al gato y sigamos con el debate, que es para lo que estamos aquí.

Sinceramente, no se a qué viene lo de Pestaña. No se en que parte de mi texto defiendo la acción mediada (de los comités paritarios en el caso de los tiempos Pestaña o de los comités de empresa en la actualidad) o la participación en las elecciones parlamentarias. Jamás he sido defensor ni de uno ni de lo otro, así que no puedo aceptar que se me critique por posibilista, cuando no lo soy. Aunque reconozco que el personaje de Pestaña, más allá de lo que pueda pensar de sus desviaciones reformistas, fue un sindicalista en toda regla que se jugó la vida ante la patronal y no pocas veces. Defiendo la acción directa y aborrezco del parlamento. así lo he defendido en mi militancia diaria y en algún que otro texto. Cuando yo hablaba de las siete llaves al sepulctro no me referí en ningún momento a enterrar las ideas de Durruti, jamás defendería algo así, sino a no fundamentar nuestro movimiento en el mito del 36, en lugar de en el presente, con los pies en la tierra. Pensé que me había explicado con claridad, pero no debió ser la suficiente.

Cierto, menciono muy de pasada tanto a la FAI como a la FIJL. No hay mala fé en ello, simplemente no tenía interés en escribir un artículo de historia. Fue, como digo, un artículo escrito en caliente, de opinión. Y, debo añadir, que incluso lo escribí antes para mí mismo que para el resto, un error. Como bién decís la FAI tuvo, como organización específica, una labor importantísima. Nace en plena dictadura y asume bien pronto distintos objetivos en su lucha. El primero, dotar al anarquismo ibérico de una cierta cohesión política (si bien nunca llegó a ser una organización plataformista ni a defender una unidad teórica, en ella convivían distintas corrientes). El segundo, actuar como fuerza de choque contra los ataques de la patronal. Grupos como Los Solidarios o Nosotros así lo hicieron. El tercero, como bien apuntáis, fue el contrarrestar el peso del posibilismo que pudiera pretender, al igual que hizo la UGT, participar en los comités paritarios propuestos por la dictadura de Primo de Rivera. Lo que en 1931 supuso la escisión de los treintistas de la Central Sindical Libertaria (también conocida como sindicatos de oposición), que no se reunifican hasta el congreso de Zaragoza en el 36. En ningún momento persiguió que hubiera gente no anarquista en la CNT. En ella siempre participaron militantes de diversas corrientes políticas (algunos incluso llegaron a ocupar importantes cargos organizativos) sin que ello comprometiera al anarcosindicato. Lo que se quería contrarrestar era una política determinada, no a unos militantes determinados. No olvidemos que estamos en los años de la política del Sindicato Único, en los que un mismo sindicato podía estar un año en la UGT y al siguiente en la CNT y viceversa. Se dan incluso casos como el de Mauro Bajatierra, militante de la FAI que siempre estuvo afiliado a la UGT por pertenecer el sindicato de panaderos de Madrid a esta sindical.
Como bien decís estas tareas no se perseguían como vanguardia, pretendiendo que la FAI dirigiera al sindicato, sino desde el ejemplo que daban unos militantes ejemplares en su entrega. El sindicalismo revolucionario es incompatible con los partidos políticos, incluso con los anarquistas. Aunque esto igual es cosa mía, siempre he creído aquello de que la revolución proletaria ha de ser obra de los trabajadores mismos…

En cuanto a la FIJL. En efecto, desarrolló una inmensa tarea de formación y concienciación a la juventud del proletariadio español, llegando a sumar más de 80.000 afiliados (¡Ahí es nada!). Su papel en la guerra fue también vital, siendo un componente importantísimo tanto en las milicias como en la retaguardia.

Sin embargo, si hablamos de esos años. Hay que contar también otras cosas. Primero que en la FAI había gente posibilista, no había tanta dualidad ni fueron tan guardianes de la pureza como solemos pensar, tales como Peiró o Melchor Rodríguez (Si, el que le paró los pies a Carrillo). Por otro lado, la FAI participa con ministros en el gobierno de Largo Caballero (De los cuatro ministros de la CNT, tres eran miembros de la FAI) y no solo allí, también en el de la Generalitat y en el gobiernín de Asturias junto al resto de fuerzas del Frente Popular. La FIJL se integra en la AJA (Alianza Juvenil Antifascista), con el resto de juventudes del frente popular (antes ya se había aliado, en Cataluña, con las del POUM). ¿Ésta gente eran traidores a la causa libertaria? Bien, para empezar diré que contaron con el apoyo de las bases (servían, de hecho, a esas bases) y que solo el minoritario grupo de los Amigos de Durruti quiso romper con la unidad republicana hasta las últimas consecuencias. Grupo que, por otra parte y si uno lee sus escritos, tenían unas ideas bastante de vanguardia, casi bolcheviques, que harían pasar a Archinov y su Plataforma por un sintetista. Sobre este tema tiene un trabajo bastante interesante Agustín Guillamón. Como persona que estudia la historia, considero que la situación de guerra los determinó y no pongo en tela de juicio su voluntad como libertarios. No creo que la FAI fuera copada por aspirantes a políticos, muchos ya estaban allí. Federica Montseny, Abad de Santillán… Llevaban muchos años de militancia, no fue algo que ocurriera en el 37.
Y sí, la revolución es derrotada en el 37, pero la CNT sigue ahí, ya como una fuerza marginal, lamentablemente, pero sigue estando y luchando contra el fascismo hasta después de la guerra. En los años cuarenta impulsa una guerrilla urbana en Cataluña, en la Segunda Guerra Mundial sus militantes lucharán en la guerrilla del maquis francés o liberarán París con el ejército de la Francia Libre. Y después impulsarán, pese a que Montseny y otros trataran de evitarlo, un anarcosindicalismo en Francia. Si, esa misma Montseny que después volvería a España endiosada. La CNT no acaba en el 37.
Vosotros os declaráis, con todo el derecho del mundo, herederos de la FIJL histórica. Pues bien, creo que cuando alguien reclama una herencia, lo hace asumiendolo todo, no solo lo que le gusta o lo hace sentir más anarquista.

Ya he mencionado algo sobre el exilio. Hubo en Francia una división en 1945. Una organización, con sede en París, que sigue creando sindicalismo en Francia y mojándose por los compañeros del MIL, aglutina (En su primer Pleno Nacional de Regionales) a 60.000 de los 80.000 cenetistas exiliados. La otra, con sede en Toulousse, donde se encuentra la ministra Montseny y su compañero Josep Esgleas, prefiere no llevarse mal con el régimen de De Gaulle. Estas dos corrientes se reunifican en 1960.
No dejé de mencionar esta etapa por incomidad, como ya he explicado más arriba, no se trataba ni mucho menos de un texto histórico.

El tema de la minoría… Eso hay que tratarlo. Para ello me voy a fundamentar en los datos que nos da el historiador Julián Vadillo (de la CNT y la FAI), sobre el proceso escisionista en su trabajo El anarquismo y anarcosindicalismo en la España de la transición. Según Vadillo en el V congreso de la CNT de 1979 (ya tras el caso Scala se está produciendo una bancarrota de afiliación) se desautoriza al Comité Nacional, saliéndose 100 sindicatos de los 420 que componían la Confederación. Estos formarían, un año más tarde, la CNT-Congreso de Valencia. Aquí no hubo, según Vadillo, cuestión de elecciones sindicales de por medio, sino el impedimento a un CN de gestionar el Congreso, un conflicto organizativo grave. Los no escindidos sufren, a partir de entonces según Vadillo, un recogimiento hacia sí mismos y una tendencia al ostracismo. En 1983 se celebra el VI Congreso en el que ya solo quedan 209 sindicatos de los 320 que permanecieron en el V. ¿Y los otros? Pues o se han pasado a los escindidos o han desaparecido. En este congreso no se llega a solucionar el tema de las elecciones sindicales, con lo que se celebra un congreso extraordinario en Torrejón y finalmente se decide rechazarlas. No sin antes salirse 45 sindicatos más (este dato no lo da Vadillo, sino El País) que convocan un Congreso de Unificación con los escindidos (al que acudieron 184 sindicatos), de nuevo según El País, formando en 1984 la CNT-Renovada. Haciendo el recuento podemos ver que en la CNT-RV tenemos a 184 sindicatos, frente a los 164 de la CNT-AIT. Si tenemos en cuenta que a los escindidos fueron a parar los sindicatos más grandes, especialmente los de zonas históricas como Barcelona, no es extraño que Vadillo afirme que las escisiones dejaron a la CNT-AIT en una situación residual. No es para menos, la mayoría de los sindicatos se habían escindido. Posteriormente el asunto de las siglas se dirime en un juicio, curioso que un juez tenga que decidir sobre el nombre de un anarcosindicato.
Con odo esto no quiero decir que me posicione a favor de una u otra de las partes, nada más lejos de mi intención. En mi opinión, la acción directa y no la mediación es y debe ser la herramienta de lucha de los trabajadores. Pero soy una persona a la que gusta investigar sobre historia, al igual que Vadillo que se posiciona claramente a favor de la CNT-AIT, pero que no manipula las cifras; y por ello prefiero no mentir sobre dónde estaba la minoría. Los datos de afiliación de unos y de otros y presencia sindical a lo largo de los 80 y 90 son también claros testimonios.

¡Buf! Me habría gustado alargarme bastante menos con eso. Hablar de cifras y de congresos sobre los que existen fuentes escasas es siempre muy farragoso, pero siempre es bueno acudir  a las fuentes y no a los mitos. Vamos ahora al meollo.

Sobre la coherencia entre medios y fines, soy de los que piensan que el fin no justifica los medios, sino que los medios deben adecuarse a los fines (una sociedad libre no puede conseguirse sino es mediante la libertad). Por eso mismo, cuando los fines a corto o medio plazo varían (pues a largo creo que estaremos de acuerdo en que el fín es la abolición del Estado y de la propiedad privada mediante una revolución social), también han de variar los medios para adecuarse a ellos.
Si, estoy de acuerdo con esos postulados que mencionáis. Y tampoco apoyo al anarquista que se comporta como un político profesional. El anarquismo no defiende el dirigismo de la vanguardia proletaria, ya hablamos de eso antes, no hace falta que lo repitamos. Pero hablábamos de formación, y hemos estado de acuerdo en que la formación política y social de la militancia anarquista es necesaria. Y añado, indispensable. Y lo es tanto para evitar que aparezcan santones y gurús como para desarrollar una acción militante acorde a los fines, encontrando los medios más coherentes para lograrlos.

Estoy de acuerdo, la organización es muy necesaria y es muy complicado extender el tejido organizativo. Pero es lo que tiene fundamentarse en el libre acuerdo y el federalismo, que cuesta alcanzarlo. Hay que luchar por ello. La organización es, a mi juicio, el único garante de la acumulación de experiencias y solo con acumulación de esperiencias podemos aspirar al cambio social.
Los clásicos. Error mío. Hay que conocerlos, sí. Pero se ha hecho mucho más después de ellos y se sigue haciendo actualmente. Estamos de acuerdo. Con todo, en ningún momento pretendí, tal y como afirmáis, elevar a los clásicos a santos y a sus palabras en sagradas. Ya mencioné que soy poco amigo de los dogmas. A los autores clásicos hay que examinarlos teniendo en cuenta su contexto y a todos, clásicos o no, hay que analizarlos de forma crítica. Y sí, estoy de acuerdo en que gran parte de la ideología anarquista emana de la acción de masas. Esto lo probó el sindicalismo  revolucionario al ser capaz de crear su teoría y praxis revolucionarias propias.
¡Si! ¡Estamos de acuerdo! Errores y aciertos del pasado deben servirnos para hoy. Al igual que las ideas deben servir a una praxis, o quedan vacías.

Bien, estamos de acuerdo también en lo siguiente. El anarquismo debe ser capaz de construirse como un proyecto político propio, sin hacer seguidismo al marxismo o a la izquierda burguesa. En cuanto al ciudadanísmo… ¡No, jamás lo defendería! Pero si con ello os referís a no actuar en aquellos espacios populares que se reclaman a sí mismos como ciudadanos, debo disentir. Los anarquistas deben estar donde esté la clase trabajadora, aportando sus alternativas, siempre con la honradez que debería caracterizarnos. Solo así puede que la clase trabajadora y sus estructuras dejen de ser ciudadanistas y localicen a sus enemigos de clase.

En lo de  Rodrigo Mora tampoco voy a entrar, que eso da para otro texto y ya bastante largo está quedando éste. Ya se ha escrito mucho sobre él y creo que está claro de que pierna cojea. Ahora, de revolucionario, poquito.

Si. Rectifico. Existen y han existido proyectos de formación en los últimos treinta años. Y en efecto, lamentablemente, no han logrado o no han sabido tener la repercusión que hubiera sido deseable. Es un asunto que los libertarios seguimos teniendo pendiente actualmente.

Bueno, vamos con el tema de la despensa, de la organización. Aunque ya hemos hablado antes de ello, intentaré ser lo más breve posible.
Aquí me habéis malinterpretado. Yo no quise decir en ningún momento que el anarquismo no deba organizarse con otra cosa que no sea federalismo. Lo que afirmé es que el federalismo se construye desde abajo y hacia arriba y no al revés. Cuando las organizaciones anarquistas se vieron vacías mantuvieron su estructura casi intacta, quedando en ciertos aspectos sobreorganziadas. También decir que aquí exageré, imagino que cuando escribí ese artículo me debió dar alguna clase de ramalazo autonomista, no están tan sobreorganizadas, ni de lejos, como defendí en ese momento. Con todo, si que pienso, entonces y ahora, que la estructura de una organización debe adecuarse a sus militantes y que el movimiento libertario español ha tenido problemas para volver a llenar esas «redes» federales ¿Cuántos sindicatos no son a la vez SOV, federación local y federación regional? Era ésto a lo que yo me refería, aunque de forma menos precisa a como lo estoy haciendo ahora, y no a que debamos organizarnos con otro medio que no sea el del federalismo y la libre asociación. Con lo que no estoy de acuerdo es con que el federalismo sea algo sencillo. Lo sencillo es lo piramidal, llegar a acuerdos entre distintas organizaciones y conseguir cohesión a través de ello es harto complicado.
Ojo, que sea complicado o complejo no signifca que sea negativo, o que genera burocracia. Una monarquía absoluta es algo bastante sencillo, bastante más que una organización sindical como fue la CNT en su momento de máxima expansión. Y, sin embargo, es algo sumamente indeseable y burocrático. Espero que estemos de acuerdo en este punto. El federalismo es complejo porque está basado en la libertad, y la libertad da lugar a múltiples posibilidades.

No. En absoluto aspiro a que el sindicalismo se convierta en lugar para empresas gestoras como son UGT y CCOO. ¡Me parta un rayo! Yo entiendo el sindicalismo como una herramienta de lucha de la clase trabajadora y al anarquismo como un conjunto de teorías al servicio de la liberación de la sociedad a través de la victoria de la clase trabajadora y la eliminación del Estado. Si los trabajadores no se acercan al anarquismo y al sindicalismo, han de ser éstos los que se acerquen a los trabajadores. No creo que pueda haber discusión respecto a esto último. Aspiro a sindicatos llenos de trabajadores, se sientan o no anarquistas, que luchen por sí mismos, sin tutelajes de ninguna clase.
No defiendo, como veis, esas fuertes bases ideológicas. El sindicalismo revolucionario no las tenía, fue asumiéndolas con el tiempo gracias a la acción de los anarquistas en su interior (la CNT misma no se fundó como anarcosindicato). Pero si defiendo una organización controlada por los propios trabajadores, sin intromisión de partidos políticos, de la burguesía o del Estado. Si defiendo, como ya he dicho, la emancipación de la clase obrera por sus propios medios.
No creo tampoco que los conflictos en el movimiento sindical los generen las luchas entre tendencias. ¿Cuantas tendencias convivían en el sindicalismo revolucionario del mundo entero en los años 20 y 30? ¿No gozaba entonces este movimiento de su mayor salud? Es la pérdida de presencia en los frentes en los que el capitalismo sufre contradicciones, la sobreideologización, lo que provoca auténticos problemas en el movimiento sindical y libertario.

A partir de aquí lo que decís no creo que vaya orientado hacia mí, más parece un alegato vuestro hacia el movimiento libertario. Intentaré, sin embargo, aclarar algunos aspectos.
Sobre el anarquismo como movimiento izquierdista… Yo sigo defendiendo que eso de «ni izquierdas ni derechas» salía de la boca de gente como José Antonio Primo de Rivera y Benito Mussolini. Hoy en día sale de Rosa Díez. Así que no entraré en ese juego.
Izquierda y derecha son términos, como imagino que sabréis, que se originan durante la revolución francesa y aluden a la Asamblea Nacional. A la derecha se situaban las tendencias más conservadoras y acordes con el viejo régimen (los monárquicos) y a la izquierda la más progresistas (los republicanos). Sin embargo ya entonces comienzan a originarse tendencias extraparlamentarias que van más lejos que los republicanos jacobinos en sus ansias de superación del viejo orden. De ellos se dicen que son izquierda extraparlamentaria. Son los antecesores del socialismo del cual el anarquismo es una importante rama. Cuando Kropotkin afirma que el anarquismo es precisamente el ala izquierda del socialismo en su definición para la enciclopedia británica lo que quiere decir es que el anarquismo es la tendencia del socialismo que más rompe con el viejo orden burgués. Izquierda es un término relativo, pero siempre significa la tendencia al progreso y mejora social. Y si, soy de izquierda, radical, antiparlamentaria y socialista libertaria.

En el siguiente párrafo, el de «estamos hartos», prefiero no entrar. No me toca a mí daros soluciones a esos problemas. Solo diré, que cuando surgen problemas, hay que buscar alternativas de actuación y llevarlas a cabo con madurez política, gritar al aire sirve de poco.

Lo del tutelaje no será por mí, ¿verdad? Soy joven, como vosotros, puede que más que alguno de vosotros. Y no, tampoco me gusta el paternalismo. Sin embargo, tampoco considero mierda todo lo que ha habido antes de que yo empezara a militar (no digo que vosotros lo hagáis). Soy consciente de que hay compañeros más experimentados de los que se puede aprender. Un poco como esa autoridad del zapatero cuando habla de zapatos, al que no se tiene por qué obedecer pero que siempre viene bien escuchar, de la que hablaba Bakunin. También diré, sin embargo, que cuando se construye, cuando se actúa en lo social, hay que hacerlo con la máxima madurez y responsabilidad social. No se que significa eso de adultismo, pero si algo distingue a ni niño de un adulto es la responsabilidad sobre sus acciones. Seamos pues responsables de nuestra acción como militantes.

No, para mi los principios del anarquismo tampoco son espectáculo. Yo soy defensor del anarquismo social, no del estético. Y repito, la teoría debe siempre servir a una praxis revolucionaria. Así, los principios deben servir a las personas y no las personas a los principios, tampoco nos olvidemos de ello.

He pretendido con este texto limar asperezas. Soy consciente de que en muchos puntos no alcanzaremos el entendimiento, puede que no lo alcancemos jamás, pero al menos habremos intercambiado impresiones y eso siempre enriquece. Y es el enriquecimiento el objetivo que ha de tener todo debate. Espero, sin embargo, que en algunos puntos nos hayamos entendido mejor y que me disculpéis por no haber sabido ser más breve.
Ésta es pues, Grupo Bandera Negra de las Juventudes Libertarias de Madrid, mi respuesta. Sigamos avanzando hacia la construcción del comunismo libertario.

Escuela, despensa y siete llaves al sepulcro de Pestaña

Por Grupo Bandera Negra, adherido a la FIJL

Respuesta al texto Escuela, despensa y siete llaves al sepulcro de Durruti de Nemo/Yeray

Nuestro Grupo, tras la lectura del texto del compañero, no pudo en su día evitar la necesidad de elaborar una respuesta crítica con el citado artículo. Al final no lo publicamos en ningún sitio por ninguna razón en especial. Sin embargo, algunas cosas dichas en el texto del compañero merecían una respuesta, dada las alusiones a nuestra Organización Juvenil y en general otra serie de aspectos. Tras revisarlo, corregirlo y actualizar algunas cosas, nos animamos a publicarlo, siempre buscando el debate entre las partes, con el fin de fortalecer la formación ideológica de los lectores fundamentada en el intercambio de ideas entre anarquistas. Vamos a ello.

En primer lugar, manifestar que nada más leer el primer párrafo el artículo nos transmitió cierta desconfianza. Desconfianza, basada en comparar la necesidad de revisar ciertas actitudes del anarquismo ibérico con el regeneracionismo burgués de principios de Siglo XX. Ejemplificar la propuesta a transmitir con la misma fórmula aplicada al movimiento anarquista y al contexto actual supone necesariamente aceptar la lógica burguesa de Joaquín Costa, acérrimo enemigo de todo lo que tenga que ver con lo libertario.

A pesar de todo, hemos decidido emplear el mismo título con un pequeño cambio, para hacer referencia al artículo al que pretendemos dar respuesta. Bien, ya metiéndonos en materia, en el primer párrafo del que se habla de las distintas ramas del movimiento libertario y de su poderío en los años treinta, observamos una importante omisión en la tarea de estas organizaciones, en concreto a las FIJL y a la FAI. Aparte del lógico trabajo que a las organizaciones específicas anarquistas les corresponde, que es la difusión del anarquismo a la sociedad y la autoformación de sus integrantes, estas organizaciones tenían otra labor, no menos importante. Hablamos del combate de la influencia reformista y/o marxista en el seno del Movimiento Libertario. Y no estamos hablando de un combate a través de erigirse como vanguardia o controlando las asambleas de la central anarcosindicalista, tal y como los historiadores burgueses o reformistas se empeñan en afirmar. Nos referimos a un combate basado en el ejemplo de integridad y coherencia que los miembros de las organizaciones específicas resultaban para el resto de los compañeros, a la par, de una inmensa obra de difusión anarquista en los ateneos y sindicatos. La FIJL además, desarrollaba un importante papel en la autoformación anarquista entre sus jóvenes miembros, haciendo del aprendizaje en la juventud una tarea colectiva.

En los primeros 30 años del siglo XX, dentro del movimiento libertario se dieron diversas tendencias, que habitualmente chocaban entre sí. Los “posibilistas”, “reformistas” o “sindicalistas” frente a los “anarquistas” o “faistas” (a pesar de que una amplia mayoría de ellos no eran miembros de la FAI). A grandes rasgos, la lucha de las tendencias se centralizaba en la CNT. Unos defendían que esta debía de centrarse en lo meramente sindical, integrarse en los mecanismos del sistema (especialmente durante la República) y en una colaboración con el resto de fuerzas izquierdistas, haciendo de la idea de la revolución una aspiración filosófica y secundaria. Dentro de esta tendencia incluimos a importantes figuras, firmantes del famoso y conocido manifiesto de los 30 con Pestaña a la cabeza. Los otros, consideraban que la lucha sindical era un medio mediante el cual la clase obrera debía fortalecerse a través de la lucha y la acción directa  y su principal objetivo era la culminación de una revolución social libertaria que acabara con el régimen estatal-capistalista.

El tiempo puso a cada uno en su lugar. Angel Pestaña, máximo representante de la facción “posibilista” o “sindicalista” acabó por romper definitivamente con el anarquismo, y formó un partido político, el Partido Sindicalista. Muchos otros firmantes del manifiesto de los 30 fueron importantes actores en la labor contrarrevolucionaria del año 37 realizada por el Gobierno de unidad popular y los distintos comités de las organizaciones libertarias.

Las organizaciones específicas y el resto de anarquistas fueron derrotadas no en el año 39, tal y como dice el texto al que contestamos, sino en el año 37 con la contrarrevolución, fruto del abandono de los postulados anarquistas de importantes miembros del ML y la consiguiente represión a los elementos revolucionarios. La FAI fue copada por aspirantes a políticos y la FIJL, tras resistir a un intento burocratización interna, sufrió la represión y el asesinato de muchos de sus miembros a manos de los estalinistas. El colaboracionismo y la entrada en el Gobierno republicano supusieron la derrota del anarquismo y de la revolución social. El fascismo triunfante solo fue la puntilla.

El texto del compañero Yeray no menciona la etapa del exilio y la clandestinidad, para nada exenta de choques de tendencias y otras turbulencias internas en el seno del ML y pasa de puntillas por la reestructuración de las organizaciones libertarias tras el cambio de régimen. Nos parece un análisis simplista afirmar que, «con todo, sobrevivimos al franquismo. La CNT daba en el 77 un mitin en Montjuic al que acudieron varios centenares de miles de personas. Tras ello, el desastre, la fragmentación y el desmoronamiento del movimiento libertario», en un texto que pretende analizar las causas de la debilidad del movimiento libertario en la actualidad y los errores cometidos en las últimas décadas.

Convendría señalar, y ahondar en las causas de por qué un ML que parecía resurgir de sus cenizas acabó estrellándose. No vamos a profundizar demasiado en el asunto, pues a nuestro texto no le corresponde. Pero desde luego convendría preguntarse por qué bajo excusas de “actualizar el anarquismo a los tiempos que corren” o “poner los pies en la tierra”(i) una minoría pretendió institucionalizar el Movimiento Libertario, haciéndole partícipe en los mecanismos de integración del sistema (elecciones sindicales, subvenciones…) vuelven a resurgir, nuevamente, en el seno del Movimiento Libertario. Lo dejamos para reflexiones futuras.
Pasamos a continuación, a responder desde nuestro punto de vista, las tres cuestiones que el texto de Yeray aborda:

Escuela

Es cierto lo que comenta el compañero sobre la falta de formación en aspectos básicos del anarquismo entre la militancia del ML, en su más amplio espectro -nos referimos a todo el conjunto de los anarquistas del Estado español más allá de las tres ramas “clásicas” del ML-.
La coherencia entre medios y fines, principal rasgo de la honestidad que ha caracterizado a los anarquistas en el transcurrir de los siglos parece ser tratado ahora como “losa ideológica”. Nos sorprende ver a compañeros que rebajan su discurso, lo adaptan a términos asumibles por la “inculta plebe” y actúan como auténticos políticos. ¿Se debe a esto a falta de formación? ¿Es un desconocimiento que la ideología anarquista no es un disfraz con el que vestirse, sino una realidad aquí y ahora, una ideología pragmática que encuentra su sentido en la inmediata puesta en práctica de sus postulados «Horizontalidad, antiautoristarismo, integridad, antidelegacionismo, antiparlamentarismo, humildad, coherencia»?

Por otro lado, las cuestiones organizativas son las que creemos que más falta y urgencia le hacen al movimiento libertario. Seguimos enfrascados en debates repetitivos en torno al modelo organizativo. Un concepto tan básico como el federalismo, por ejemplo, es en muchas ocasiones completamente desconocido o malinterpretado. Es muy difícil crear así un tejido asociativo fuerte que trascienda de meros contactos informales, con el cual plantear una alternativa seria y fuerte al actual régimen de barbarie. Los proyectos crecen y se desmoronan por doquier, quedando poco o nada de esa experiencia colectiva.

Desde luego, una buena formación en aspectos básicos del anarquismo y su puesta en marcha es necesaria (como decimos, no valen NADA si no son ejecutados desde ya, careciendo de todo sentido). Un buen repaso a los “clásicos” no estaría de más, siempre partiendo de la base, de que los “clásicos” no son gurús a los cuales adorar, sino compañeros que gracias a su capacidad sintética, lograban plasmar en papel diversos aspectos de una ideología como la anarquista emanada de la acción de las masas populares. Igual de importante vemos, la necesidad de formación con respecto a la historia del movimiento anarquista. Los aciertos y errores del pasado de nuestro movimiento deben servirnos como referencia para la construcción de un proyecto de transformación social que no vuelva a tropezar dos veces con la misma piedra.

En cualquier caso, lo que urge, además de conocerlas, es darle vida a las ideas-fuerza anarquistas. Ponerlas en práctica ya y ahora y dejar de preocuparse tanto por las “modas” de los movimientos sociales y estar al arrastre de los vaivenes del batiburrillo de sopas de letras de organizaciones marxistas y/o ciudadanistas.

Con respecto a las críticas que el compañero realiza hacia autores como Rodrigo Mora, no vamos a ahondar, ni en sus facetas criticables ni en sus aspectos positivos. Pero desde luego convendría preguntarse, por qué escritores no anarquistas, como Félix Rodrigo Mora, tienen que ser en la actualidad autores que resalten la importancia de la ética en el movimiento revolucionario.

Sin embargo, sí tenemos un pero a este apartado del artículo del compañero. Es falso que en los últimos 30 años el ML no haya pretendido realizar trabajo de formación a sus militantes. Han existido (y existen) diversos proyectos como centros sociales, ateneos y organizaciones que pretendieron ofrecer espacios de formación colectiva y recíproca. Que los proyectos no lograrán tener la repercusión que deseaban no significa que no se hayan dado.

Sin despreciar los muchos proyectos que hubo, mencionaremos brevemente un proyecto que tuvo mucho que ver con la juventud: la FIJL de los años 90 y principios de la década del 2000. Las juventudes de estos años lograron formalizar un proyecto de formación conjunta para cientos de jóvenes anarquistas, logrando alcanzar un nivel de formación que por el contacto mantenido por nuestra parte con antiguos miembros de las “julis” y la lectura de sus materiales, fue bastante más que satisfactorio. En como acabó, y en que derivó aquello (al igual que tantos otros proyectos) no corresponde a este artículo, que ya se está alargando demasiado. Pero desde luego, convendría profundizar en la interesante historia de estos viejos compañeros y encontraremos una jugosa fuente formativa que ayudaría a entender ciertas cuestiones actuales.

Despensa

Del primer párrafo de este apartado no tenemos nada que objetar. Es a partir de entonces cuando el artículo empieza a decir una serie de, a nuestro entender, despropósitos.

En referencia a las organizaciones del ML y su reconstrucción, el compañero comenta: cometieron un error que, considero, las ha condenado. Y es que el anarquismo español, tras perder a sus bases, quedando solo sus elementos más comprometidos. Intentó reconstruirse desde arria hacia abajo, al contrario de cómo corresponde al federalismo anarquista. ¿Cómo puede reconstruirse una organización anarquista sin estructura jerárquica ni vertical desde arriba? El federalismo anarquista tiene la característica de ser especialmente sencillo y necesitar de pocas complicaciones: un pacto asociativo e individuos interesados en aceptarlo libremente. Así se reconstruyeron en los 70 las organizaciones libertarias y así se reconstruyó el proyecto de las Juventudes hará unos años. Varios grupos de jóvenes sintieron la necesidad de realizar acción propagandística específica anarquista, y decidieron dotarse de las herramientas de acción y de crecimiento que una estructura federalista les podía otorgar. ¿Cómo puede haber rastro de verticalidad en este proceso?
El entramado de una organización federalista anarquista crece acorde sus miembros sienten la necesidad, bien por utilidad o funcionalidad, o bien porque debido al crecimiento, necesitan aumentar su estructura. ¿Es esto una forma organizativa compleja? ¿Es complejo el que varios grupos se junten y decidan dotarse de un pacto asociativo y crear una organización fuerte, que permita ser un referente del anarquismo a la sociedad? Animamos al compañero a indagar sobre cómo nos organizamos federalmente como FIJL, y si esto supone una estructura compleja, kafkiana, enredosa o burocrática.

Dice el compañero que es necesario crear “escuela”. Eso hacemos con nuestra organización, manteniendo contacto que genera debate, que genera a su vez formación, de la que se desprende una acción anarquista en las calles coordinada a nivel estatal, con un referente claro a ojos de la juventud y de la clase trabajadora en general. Crear Organización es necesario para el ML como espacio de formación y almacenamiento de experiencias colectivas de lucha anarquista. El federalismo anarquista es por tanto válido para bases multitudinarias o para un puñado de individuos conscientes. El federalismo anarquista es poner en práctica, aquí y ahora, como decíamos anteriormente, las ideas anarquistas, ponerlas en acción. No vamos a esperar a ser “masas”, lo haremos con las fuerzas que contemos, sean muchas o pocas.

¿Que hay Sindicatos de CNT mantenidos por grupos de la FIJA (ahora FIJL), de la FAI o por otros anarquistas?(ii) Pues eso no lo sabemos, porque somos el Grupo Bandera Negra de la FIJL y no corresponde a nosotros confirmar o desmentir tales afirmaciones. Lo que sí preguntamos es qué hay de extraño, que en una sociedad desmovilizada, sean los compañeros comprometidos ideológicamente los que mantengan los locales de CNT abiertos para los trabajadores, impregnen las calles de su ciudad de propaganda, y tengan un nivel militante que ya quisieran otros organizaciones con subvenciones y liberados. ¿Insinúa acaso el compañero que los anarquistas no queremos crecer en nivel de militancia? ¿O es que el compañero valora más tener 200 afiliados que utilicen el Sindicato como una gestora de servicios, pero luego a la hora de militar se sean apenas 10 personas? CCOO y UGT convocan a centenares de miles y sus sedes atienden a centenares de trabajadores diariamente. ¿Eso es a lo qué aspira el compañero?

Nosotros apostamos por un crecimiento real, con unas bases fuertes ideológicas, desde las cuales crecer con el trabajo constante en el día a día. Bases fuertes para evitar crear un gigante con pies de barro, que acabe derrumbándose como aconteció en la etapa de la transición.
Los conflictos en el movimiento libertario no lo originan sus estructuras (al menos no exclusivamente), sino la lucha ideológica entre distintas tendencias. Esto en sí mismo no es malo, el problema reside cuando esta lucha torna en corruptelas y se acaba convirtiendo en un esperpéntico juego de política al más puro estilo del parlamentarismo burgués. Y que quede claro que no solo nos referimos al ML “clásico” sino que esta crítica es extensible a ciertas actitudes del movimiento anarquista en tierras ibéricas(iii).

Abrir las puertas al futuro suena muy bien. Pero no nos parece un argumento bien construido. ¿Qué concepción de futuro tiene el compañero? ¿Aceptar subvenciones del Estado? ¿Salir a la calle conjuntamente con partidos políticos que solo quieren rédito electoral? ¿Renunciar a la ética y la coherencia entre fines y medios como siempre ha propugnado el anarquismo? ¿Vestir como los modelos de la tele para ser más cool?

Siete llaves al sepulcro de Pestaña

Si el compañero ve necesario “cerrar el sepulcro” de Buenaventura Durruti, por nosotros encantados. Estamos hartos de que muchos miembros del Movimiento Libertario hagan bandera y proselitismo de tiempos y revoluciones pasadas y, ahora, su acción revolucionaria se queda en los butacones de los locales. Hartos estamos de ver como nuestro pasado y nuestros muertos son utilizados y recuperados por anarco-burócratas y/o el propio sistema y sus lacayos (sindicatos, partidos políticos marxistoides o incluso, ¡Jueces!).

Ahora bien, puestos a sellar ataúdes, cerrémoslos todos. Empezando por aquellos que pretenden hacer del anarquismo un movimiento izquierdista, integrado en las estructuras del sistema (o en la ideología del sistema). Si el Pestañismo y el manifiesto de los 30 fue una reacción a la radicalización del movimiento libertario y de sus bases, es hora de que lo enterremos de una vez por todas. Paremos el vacío de contenido ideológico de nuestras luchas. Desterremos de una vez por todas al posibilismo que causó la derrota de la revolución social en el pasado y que ha amenazado con anular el anarquismo como idea revolucionaria. Acabemos con los mitos de la ortodoxia y el reformismo.

Nosotros, como jóvenes anarquistas, no queremos un anarquismo que para dejar de ser “marginal”, renuncie a sus principios y praxis revolucionaria. No queremos un movimiento libertario que sea más de lo mismo. Estamos hartos de oír hablar de acción directa y comprobar como esta se relega acudir a abogados, pleitos y la justicia burguesa en definitiva. Estamos hartos de oír hablar de antiparlamentarismo e ir de la mano de partidos y sindicatos electoralistas. Estamos hartos de oír hablar revolución y encontrarnos que esta ha quedado relegada a una exposición realizada en los salones del espectáculo cultural burgués. Estamos hartos de escuchar a compañeros que hablan de llegar a la gente y de la propaganda como si la concienciación ideológica fuera un producto más de la sociedad de consumo, al que llegar a través de la manipulación, más propio de la publicidad destinada al pasivo consumidor que la propaganda anarquista destinada a individuos con las mismas capacidades humanas que nosotros.

Estamos hartos también,  en tanto jóvenes, de aguantar la tutela de supuestos “compañeros” veteranos en la lucha. Nos asquea el adultismo y el paternalismo que muchos anarquistas, antiautoritarios declarados, estilan con aquellos que somos más jóvenes. El autoritarismo sale a luz de muchas y diversas formas, y a veces somos incapaces de verlo en nosotros mismos.

Estamos hartos de que los principios anarquistas no sean más que puro espectáculo con el que dotarse de un aura de radicalidad vacía de todo contenido real, anulando toda puesta en práctica de los mismos. Porque para nosotros, eso es la muerte del anarquismo. Porque no hay situación, ni momento histórico, ni “crisis” que hagan de la puesta en práctica de los principios anarquistas una tarea secundaria. Nuestra ética, como anarquistas, hace que la mejor propagación del ideal anarquista sea un funcionamiento lo más acorde posible con el mismo.

Es cierto, estamos derrotados y en el suelo. Es hora de hacer autocrítica. Es hora de que, como jóvenes o como no tan jóvenes, nos formemos para luchar contra toda forma de autoridad venga de donde venga. Desterremos la política y la corruptela de nuestras organizaciones. Construyamos un Movimiento Libertario fuerte en sus bases ideológicas, que se convierta en una auténtica amenaza real para el desorden capitalista. Pongamos en práctica los principios anarquistas, y empecemos a dar vida desde el ahora a la sociedad del mañana.

Grupo Bandera Negra, adherido a la FIJL

Notas:

(i) «No pienso aceptar un sindicalismo a tres, CCOO, UGT y CNT, sino un sindicalismo a dos, UGT y CNT, pero para eso, la CNT, debe poner los pies en la tierra y aceptar las elecciones sindicales» Alfonso Guerra (vicepresidente del gobierno 1982-1991) en reunión con José Bondía (Secretario General de CNT-AIT 1979-1983). Este último, unos días antes de la resolución del VI Congreso de CNT-AIT en 1983 con respecto a las elecciones sindicales, suelta un bulo-comunicado a los medios de comunicación afirmando que CNT aceptaba las elecciones sindicales. Bondía acabaría recompensado por su “labor” con distintos cargos oficiales.

(ii) Esperamos que el compañero haya comprobado estas afirmaciones con sus propios ojos y no sea algo de “me lo dijo no sé quién”

(iii) No queremos decir con esto que en todo el ML se den estas repudiables actitudes, claro está.

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