Nuevo grupo anarquista en Rojava

El 10 de enero se hizo pública una formación anarquista combativa en Rojava. Llevan desde el otoño combatiendo y han participado en numerosas batallas apoyando al Batallón Libertad Internacional. Ahora salen a la luz con este comunicado:

Hoy, nosotros, un colectivo anarquista militante, anunciamos nuestra presencia en Rojava y nuestra participación en el recientemente reformulado Batallón Libertad Internacional. Tekoşîna Anarşîst (lucha anarquista) se formó en Rojava en el otoño de 2017. Pero optamos por no enfrentarnos al exterior debido a razones estratégicas y de seguridad. Con la amenaza inminente de la invasión turca, ahora creemos que en respuesta es importante volverse público y anunciar nuestra existencia aquí. Como internacionalistas anarquistas comprometidos, vemos la lucha aquí como una lucha importante por la liberación de las mujeres y la autodeterminación de los pueblos.

Desde nuestros inicios, hemos sido consecuentemente activos en la defensa de Rojava. Primero participamos en la defensa de Afrin, donde uno de nuestros miembros, Şevger Makhno, cayó martir por un ataque aéreo turco. Después de que Afrin fuera perdida ante los invasores, hemos estado comprometidos en la lucha final contra Daesh en el frente de Deir ez-Zor. A medida que el estado turco y sus representantes islamistas continúan amontonando tropas en la frontera, también hemos empezado a concentrarnos en la preparación para una potencial invasión.

Si bien muchos anarquistas eligen integrarse en las YPG, YPJ y otras unidades militares existentes, nuestra estrategia es algo diferente. Creemos que mantener una posición libertaria claramente antiestatal con una base física de operación nos permite involucrarnos con el movimiento aquí al mismo tiempo que promueve la tendencia anarquista. Vemos a la IFB como una formación revolucionaria internacional muy necesaria para la lucha inminente contra Turquía. La participación en este tabur nos permite participar en la autodefensa de los pueblos mientras conservamos nuestra autonomía como anarquistas.

La inminente invasión turca es una amenaza existencial para los kurdos, así como para otros grupos étnicos en la región, como los asirios, los armenios y los yazidíes. El estado turco desea extender su proyecto etnonacionalista expulsando a los indígenas de sus tierras y reemplazándolos con poblaciones no nativas como lo han hecho en Afrin; Exterminar a las minorías étnicas, borrar las identidades indígenas y prohibir las lenguas indígenas, es la base sobre la cual se construyó el estado turco. No nos quedaremos de brazos cruzados mientras Turquía intenta llevar a cabo su proyecto genocida. Como en Afrin, una vez más estamos completamente preparados para solidarizarnos directamente con la gente de Rojava, luchando lado a lado hasta la victoria o la muerte.

Hacemos un llamado a los compañeros de todos los continentes para mostrar solidaridad con la gente de Rojava. Llamamos a la unidad contra el fascismo y al proyecto neocolonial del estado turco.

¡Muerte al fascismo!
¡Muerte a todos los que se interponen en el camino de la libertad!
¡Viva la resistencia de los pueblos!
¡Viva el internacionalismo revolucionario!

Twitter: @TA_Anarsist

 

Carta de un anarquista ibérico en el norte de Siria ¿Qué podemos aprender de la revolución de Rojava?

Lo que acontece en Rojava a dia de hoy es una revolución. No es perfecta, no es la utopia que podemos soñar mientras leemos a Bonano en nuestros sofás reciclados, no es la espontánea insurrección contra toda autoridad que nos cuenta un comité invisible, no es la épica revolución que imaginámos cuando hablamos de la guerra del 36. Pero es aquí y es ahora, y es lo más cercano a una revolución que podemos experimentar a día de hoy. Depende de nosotras que pase a la historia como tal.

Lo que acontece en el norte de Siria es un movimiento popular, organizado y armado; que lucha por existir y administrar un territorio contra las fuerzas que buscan ocuparlo. En base a la acción colectiva se está defendiendo un proceso revolucionario de gran tamaño, donde la gente se organiza bajo principios de democrácia, pluralismo y liberación de la mujer.

En Rojava se vive es una sangrienta guerra que se combate a muchos niveles, donde no solo se lucha en el frente contra el Daesh o contra el ejercito turco. Se lucha en las ciudades y en el campo, buscando construir un sistema económico que ponga freno al capitalismo que destruye la sociedad y la tierra que la sostiene. Se lucha en las familias y en las comunidades, buscando poner fin al sistema patriarcal que oprime a las mujeres, desafiando la gerontocrácia que niega el potencial de la juventud, y construyendo una sociedad comunal y autoorganizada. Se lucha también en las instituciones, buscando construir un sistema democrático donde la gente pueda decidir sobre sus vidas y sobre la tierra que habita, consolidando consejos comunales donde la gente pueda solucionar los problemas a nivel colectivo. Se lucha también en las mentes una guerra ideológica, combatiendo la mentalidad individualista, liberal, capitalista y patriarcal en que los poderes hegemonicos sustentan su poder. Sobretodo se lucha en las mentes. Y la forma de combatir és educación, convivencia, formación colectiva y popular, donde podámos aprender a discernir lo que de verdad necesitamos para vivir de lo que el sistema nos cuenta que necesitamos para sobrevivir.

En Rojava podemos aprender que la manera que tiene el poder de perpetuarse consiste en mantenernos aislados, enfrentados los unos contra los otros, para presentarse luego como el salvador que – usando los sistemas de monopolio y centralización llamados Estados – logra incidir en la sociedad, fingiendo solucionar problemas. Podemos aprender que las estadisticas que presentan cuando dicen que hemos salido de la crisis, no son más que numeros y gráficos que sustentan su historia, la historia del poder. Que así es como fingen que, gracias a sus intervenciones, la nación está a salvo, y que han logrado evitar el desastre que ellos mismos han provocado. Y podemos aprender que no solo han logrado perpetuar su sistema de explotación y pillage, sino que han logrado reforzarlo y blindarlo todavía más. Quizás no hace falta ir a Rojava para aprender estas cosas, pero desde aquí se ve más claro que nunca que la solución a nuestros problemas no vendrá de su mano, ni de sus parlamentos, ni siquiera de los ayuntamientos que ahora se proclaman del cambio. La solución tiene que venir de la gente, porque solo el pueblo salva el pueblo.

Con eso no quiero decir que todo el esfuerzo invertido en penetrar en sus instituciones sea en vano. Las instituciones en sí mismas son heramientas que deben ser usadas de manera adecuada, pero no solo las instuciones del Estado. La PAH, por ejemplo, ha sido capaz de solucionar más problemas que el ministerio de vivienda. La forma adecuada de comprender y de usar las instiruciones, es cuando sirven para liberar las personas oprimidas de sus opresores. Y sobre eso también podemos aprender en Rojava. Alcanzar las instituciones del Estado puede valer cuando detrás de la gente que ocupa esas instituciones, hay una organización popular revolucionaria, dispuesta a obligar a dichas instituciones a hacer lo que es correcto y a remediar los problemas que han causado. De lo contrario, solo se convierten en herramientas de desmovilización, traicionando las esperanzas de la gente que habia depositado su esperanza en discursos que se revelan vacios, sembrando así discordia y desconfianza.

Estado, colonialismo y revolución

Lo que acontece hoy en Rojava es el resultado de más 4 décadas de experiencia y de organización revolucionaria. El modelo social que aquí se construye se debe a decenas de miles de personas, mujeres y hombres, armadas y entrenadas para defenderse, y que han sido capces de hacer frente a las fuerzas opresoras que luchan por invadir sus hogares. La expulsión del Estado Islámico de sus tierras ha hecho caer las máscaras, y el ejercito turco ha optado por continuar su sangrienta guerra en Afrín, esta vez con sus propios soldados. El Estado Turco, como todos los Estados, necesita de la guerra para sobrevivir. La guerra es su razón de ser y su principio para prevalecer. Cuando el conflicto militar no es rentable, el Estado usará todo tipo de herramientas y estrategias para doblegar su enemigo (la sociedad democrática), desde la guerra económica, mediática, o ambiental. Pero cuando con esas armas no logra sus objetivos, el ultimo recurso simpre va a ser el uso de la fuerza bruta, la ofensiva militar. Y eso es algo que debemos aprender de Rojava.

Los Estados occidentales no son muy distintos a los Estados de Oriente Medio, con la diferencia que quienes somos clasificados como sus ‘ciudadanos’ contamos con numerosas comodidades y privilegios. Esos privilegios sirven de colchón para demorar la resistencia, para prevenir un movimiento revolucionario que logre poner en entredicho su hegemonía. Y es importante recordar que, esas comodidades y privilegios, provienen en su mayor medida de la explotación y el expolio de lo que hemos clasificado como tercer mundo.

El Estado Español es un viejo conocedor de la explotación colonial. Las brutales incursiones y conquistas en America Latina, iniciadas 5 siglos atrás saqueando y aniquilando la población indigena, trajo grandes riquezas y ganancias al reino. Se consolidaron así monopolios que permitieron mantener cierta hegemonia frente al industrialismo capitalista, que nacía en aquel entonces en Inglaterra. Este sistema de imperialismo colonial, del que el Estado Epañol y el Estado Portugués fueron pioneros, se extendió luego de la mano de otros Estados europeos por Africa, Asia y Oriente Medio. Y es precisamente ese modelo el que se combate ahora en Rojava, con la experiencia de más de cuatro décadas de movimiento revolucionario por la Liberación de Kurdistán, y con la herencia de siglos movimientos anticoloniales en el mundo entero.

Una lucha internacionalista

Desde el inicio de la revolución en 2012, Rojava se ha proclamado como una revolución internacionalista. Cientos de personas – en su mayoria occidentales, también hay que decirlo- han acudido a la llamada para defender la revolución, y decénas de ellas en caido mártires luchando contra quienes han tratado de aniquilarla. En Rojava podemos aprender a valorar el enorme sacrificio de quienes han dado su vida para defender la revolución, no solo la de Rojava, sino todos movimientos revolucionarios que han luchado por un mundo más justo y más humano.

La revolución que se vivió en España en 1936 es, a dia de hoy, un importantisimo hito para el internacionalismo revolucionario. Decenas de miles de militantes socialistas de más de 50 paises dejaron atras sus hogares, haciendo frente común contra el fascismo que se alzó en armas, sabiendo que si éste no era detenido en España se extenderia también en sus paises. Más de un tercio de estas brigadas internacionales cayeron mártires en combate, y debemos honrar su memoria y su lucha junto con las y los militantes locales que, desde distintas organizaciones revolucionarias, se unieron en un frente popular para hacer frente a la barbárie del fascismo, vestido entonces de nacional-catolicismo.

En Rojava, el fascismo se disfrazó de califáto islámico, canalizando así el odio y la frustración acumulados tras años de injerencia imperialista. La brutal invasión de Iraq en 2003, liderada por EEUU y con la total complicidad del Estado Español, ha sido uno de los grandes causantes de terror y rencor, que ha permitido a la barbárie del Estado Islámico consolidarse fugazmente. Pero a diferencia del 36, en Rojava el movimiento revolucionario ha sido capaz de doblegar al enemigo.

El fin de la guerra en el 39, fue el detonante de lo que fue la segunda guerra mundial, cuando Hitler logró hacerse con el control del Estado Aleman para expandir el terror por Europa. Hoy Erdogán sigue sus pasos, y las brutales tensiones geostratégicas acumuladas en Siria en estos más de 7 años de guerra, puede desatar una guerra de igual o mayor envergadura.

¿Si no tu, quién? ¿Si no ahora, cuándo?

El fascismo avanza si no se le combate, y la invasión de Afrín ha sido el terrible recordatorio que la paz alcanzada en Rojava, tras derrotar al Daesh, no significa nada mientras Erdogán siga al frente del Estado Turco.

El alzamiento fascista que vivió España en 1936 fue respondido por un alzamiento revolucionario dispuesto a ponerle fin. Ante tal extrema situación, decenas de organizaciones socialistas – coordinadas por los esfuerzos de los congresos internacionales de trabajadores – hicieron un llamamiento global para poner fin al fascismo en España. Pero el fascimo también es capaz de internacionalizarse cuando lo necesita, y así como Italia y Alemania acudieron a la ayuda del Genral Franco, miles de yihadistas acudieron a la llamada del califa Al Bagdadi.

Ahora el fascismo islámico en Rojava tiene una nueva bandera, y Erdogán ha renovado el pacto con las milicias herederas de Al Qaeda para ocupar Afrín. Hoy amenazan Manbij, y no se detendrán si no les hacemos frente. Las internacionales socialistas ya no son más que cenizas, de las que debemos resurgir cuál fénix para hacer frente a la bárbarie. También las luchas anti-coloniales y las resistencias anti-imperialistas deben responder con fuerza ante esta brutal agresión contra territorio sirio por parte de Turquía, ejercito clave de la sangrienta alianza militar que es la OTAN.

Rojava está preparada para recibir todo el apoyo que internacionalistas del mundo entero puedan ofrecer. Esta revolución puder ser la retaguardia que necesitamos, una retaguardia para movimientos revolucionarios de todo el mundo como lo fué Palestina. Para hacer frente al capitalismo global, debemos desarrollar un movimiento revolucionario global, capaz de enfrentar al enemigo allí donde ateque. Debémos hacer todo cuanto esté en nuestras manos para defender esta revolución, no permitámos que la solidaridad se quede solo en palabras. ¿Si no nosotras, quiénes? ¿si no aquí, dónde?¿Si no ahora, cuándo?

¡Viva la solidaridad internacional!

Ernesto Durruti

Academia Internacionalista şehîd Hêlîn Quereçox

Rojava, junio 2018

 

Reformulación urgente de la cuestión nacional

¿Por qué el anarquismo no ha casado bien con la cuestión nacional? Es una de las preguntas que rondan en mi cabeza cada vez que oigo hablar de Catalunya en los ambientes libertarios. Por suerte, entre parte del movimiento libertario catalán y del resto del Estado español, se tiene claro qué implica todo esto. Antes de nada, la cuestión nacional no significa solo una bandera, un sentimiento, una patria o un Estado con una serie de características sociales y culturales. La cuestión nacional de la que quiero tratar y que se debe reformular en los ambientes libertarios trasciende lo superficial. Y es que más allá de toda identidad nacional, hay detrás una coyuntura política y una serie de actores políticos y sociales en disputa. Partiendo de aquí, podemos decir que es imposible desligar el nacionalismo con las condiciones materiales dadas en el mismo territorio.

Lejos queda ya atrás los primeros movimientos nacionalistas del s.XIX, y el internacionalismo del s.XX. En pleno s.XXI, las luchas de liberación nacional en algunas zonas del planeta son articulados desde el pueblo, como es el caso de Rojava bajo el Confederalismo Democrático. Lo que hace 200 años tenía un caracter burgués, actualmente se abre la posibilidad al pueblo para iniciar procesos de liberación nacional desde las naciones periféricas, y por supuesto, desde abajo. Esta nueva coyuntura de posibilidades nos debe hacer repensar el discurso antinacionalista decimonónico y el internacionalismo, en la cual, cada vez que se oye hablar de la cuestión nacional, se apelen siempre a los principios, a argumentos de autoridad de anarquistas del s.XX y a un cosmopolitanismo universalista que solo encaja en las conciencias tranquilas, pero no en la realidad material ni en la coyuntura actual. Es por ello que necesitamos una reformulación urgente de este tema, porque estamos quedando como nostálgicos del anarquismo decimonónico, conservadores y guardianes de las esencias del anarquismo. Los tiempos cambian, y si nosotras no sabemos cómo encajar estos cambios y nos resistimos a adaptar nuestra teoría y praxis políticas a la actual coyuntura, nos convierte en conservadores.

Urge pues un cambio de criterios de análisis y de visiones. La reformulación de la cuestion nacional pasa, primero, por pasar de una visión con base en principios universalistas, a tener una visión estratégica sobre la coyuntura que estamos atravesando. No es solo una cuestión de sentimientos e identidades, también hay detrás una serie de acontecimientos (antecedentes) que han llevado al actual escenario, y por ello, qué oportunidades tenemos para incidir. Como dije en párrafos anteriores, la cuestión nacional tiene como trasfondo una serie de condiciones materiales, tanto referente a la situación actual, como a unas nuevas condiciones materiales futuras. Y no solo de condiciones materiales, sino de qué actores políticos están impulsando los conflictos nacionalistas: éstos pueden ser desde la burguesía más conservadora, pasando por las clases medias, ser trasnversal, hasta ser impulsadas por las clases populares. Todo ello implica que cada actor, a través de la cuestión nacional, trata de implementar una serie de condiciones materiales que le favorezcan como clase social bajo el paraguas de un sentimiento e identidad nacional. Esto me lleva a otra pregunta: ¿por qué las luchas de liberación nacional-popular de las últimas décadas las han liderado los marxistas? La respuesta no es porque sean autoritarios, sino que nos lleva a pensar el por qué hemos sido incapaces de capitalizar las luchas de liberación nacional para escalarlas hacia una lucha  por la autodeterminación de los pueblos y en aras de construir un pueblo soberano.

Y como de tal palo tal astilla, la reformulación de la cuestión nacional también nos lleva al internacionalismo. Como tal, el internacionalismo debe basarse en el reconocimiento de la existencia de naciones oprimidas y su derecho a la autodeterminación, así como la hermandad entre los pueblos de distintas naciones y territorios. El internacionalismo que deberíamos reconocer es aquel que reconoce y defiende lo dicho anteriormente, y no aquel que se basa en un cosmopolitanismo cargado de valores universalistas que no encajan con la realidad coyuntural de las luchas de liberación nacional o lo niegan.

Volviendo al tema de Catalunya, el septiembre de este año nos ha venido como un vendaval en tiempos en que las movilizaciones sociales estaban bajo mínimos. Fueron días de cambios acelerados y las calles volvieron a activarse en Catalunya viendo cómo el desafío independentista pasaba a ser un mero conflicto independentista a ser una cuestión de derechos civiles. Este vendaval como agua de mayo significó la oportunidad de activación de un nuevo ciclo de movilizaciones. Entonces llegó el 1-O y la situación fue esperanzadora al ver la autoorganización vecinal desplegada para defender los colegios electorales, incluidos los y las anarquistas, que incluso llegaron a votar. La brutal represión desatada aquel día dio como resultado que la huelga general convocada el 3-O fuese desbordada a pesar de que CCOO y UGT se desmarcaran. Tras ese día de desborde, la situación pasó por momentos de impass, y pareció por un momento que las movilizaciones se iban a desinflar cuando Puigdemont declaró la independencia y la suspendió 8 segundos después. Después de que el artículo 155 llegase al Senado y el mareo institucional, finalmente se aprobó la declaración de independencia, con la consiguiente disolución del Parlament para convocar unas elecciones el 21 de diciembre.

En medio de este vendaval, corrieron ríos de tinta de posturas muy diversas al respecto. No voy a hablar de la evidente actitud totalitaria de los unionistas, sino de los libertarios en sí. Dejando de lado el españolismo más rancio de Unidos Podemos, el cual su discurso encaja ya perfectamente con el Régimen del ’78, lo que hemos visto va desde un antinacionalismo esencialista y con olor españolista, pasando por un apoyo a la autodeterminación de los pueblos sin Estado, hasta la defensa estratégica de la construcción de la República catalana y de allí avanzar hacia un Procès Constituent cuyo protagonista sea el pueblo. Aunque nos parezca a todas la evidente contradicción de la última postura, realmente se trata más de una cuestión estratégica más que de principios, y es que todo estos acontecimientos han sido respondidos desde la autoorganización popular para defender el Referéndum, que ahora han pasado a ser Comités de Defensa de la República. Y remarco que a pesar de las innumerables contradicciones que implica siempre avanzar con el pueblo (lidiar con el interclasismo, intenciones de control de asambleas por parte de organizaciones verticales, sentimientos nacionalistas separados de la realidad material, aliarnos con otras fuerzas políticas autoritarias…), nuestra responsablidad como libertarias es acabar con ellas ensuciándonos y luchando junto al pueblo para conseguir que las reivindicaciones puramente nacionalistas y/o independentistas tengan un contenido materialista y socialista libertario sin ir por delante.

Muchas hemos dicho en ocasiones anteriores de que no debemos dejar pasar oportunidades de ruptura como habíamos dejado pasar el ciclo de movilizaciones abierto por el 15M, y hemos acertado. Sabemos pues que la República no será el final, sino un inicio para la mejora de las condiciones materiales para la clase trabajadora, y sabemos que tampoco será el socialismo libertario en un solo país, sino que deberá ser el inicio de un ciclo de movilizaciones en el resto del Estado español.

La independencia de Catalunya, al margen de todos los memes y parodias que se han hecho sobre el tema con los cuales nos hemos alegrado estos días, nos ha demostrado que, primero, no es ya solo una mera cuestión nacionalista; segundo, que en el s.XXI en Europa aún hay posibilidades de cambios y rupturas en donde el pueblo sea un actor importante en los acontecimientos; y por último, que la unidad de España no será para siempre y que es posible romperla, y con ella, el Régimen del ’78. Esta ruptura pasará por una ofensiva popular en favor de una república federal en España que acabe con los resquicios del franquismo y establezca un nuevo marco coyuntural que implique una mejora de las condiciones materiales para la clase trabajadora del Estado español. La actual izquierda española, por desgracia, está demostrando no estar a la altura de las circunstancias al atrincherarse en posturas defensivas en medio de la polarización de la sociedad. Esta izquierda débil está dejando que el fascismo crezca y por ello, que acaben con cualquier otra vía de ruptura.

En resumen, no podemos permitir ahora una regresión, y por todo esto es necesario que los y las libertarias atajemos la cuestión nacional desde una perspectiva estratégica, que aunque llena de contradicciones, nos permita trascender el mero independentismo y poner así sobre la mesa temas materialistas tan importantes como la mejora de las condiciones materiales para la clase trabajadora, construcción de un nuevo modelo de institucionalidad a partir de los organismos populares (CDRs, sindicatos de clase, AAVV, cooperativas, …), la defensa de la soberanía popular (con ello, las soberanías polícia, económica, territorial, alimentaria, socio-cultural, energética…) antes que la soberanía nacional, y así avanzar hacia el modelo de sociedad socialista libertario por la que luchamos.

A vueltas con la cuestión nacional

«Trabajadores del mundo, ¡uníos!»
-El manifiesto comunista, Karl Marx

Vivimos en este país un auge de los nacionalismos: tanto de los llamados periféricos (como el vasco o el catalán) como del nacionalismo español y centralista. Es necesario examinar cuales son las consecuencias del fenómeno del nacionalismo para la clase trabajadora y qué intereses lo mueven.

Las candidaturas vasquistas, y aún las soberanistas, obtuvieron buenos resultados en las elecciones generales del año pasado, sumando entre el PNV y Amaiur más de 650.000 votos. De igual modo, este pasado once de septiembre, la «diada«, reunió a un millón y medio de catalanes en una convocatoria nacionalista de corte independentista. Pero ésta es solo una cara de la moneda, también crecen las posturas que desean una España centralizada y en la que no haya lugar para los nacionalismos periféricos.
Ante esta coyuntura, veo necesario realizar un análisis en profundidad del desarrollo del nacionalismo, del propio concepto de nación y de la postura obrera y libertaria al respecto de este movimiento.

¿Qué es nación?
Habitualmente se distingue nación de patria y nacionalismo de patriotismo.
Una nación se suele definir como un conjunto humano con una historia y cultura común, así como con unos intereses comunes. La patria suele denominar a la tierra natal de uno, aquella en la que se crió. Sin embargo, vemos que los llamados patriotas suelen reinvindicar con actitud nacionalista. Ese patriotismo español que defiende la unidad de España, su destino manifiesto, su lengua, sus tradiciones ¿En qué se distingue de lo que hemos dicho del nacionalismo? Consideraré pues que nacionalismo y patriotismo son términos perfectamente sinónimos, cuya única diferencia está en el uso político que se hace de ellos. Yo no soy patriota, soy nacionalista, dice el catalán. Yo no soy nacionalista, soy patriota, dice el español. Yo no soy patriota, soy abertzale (patriota), dice el vasco.
Quiero destacar que he dicho aquí que en la definición de nación suele incluirse que reune a un conjunto humano con unos intereses comunes. ¿Son los mismos intereses los del capitalista industrial catalán que los del obrero catalán? ¿Los del pescador gallego que los del patrón gallego? ¿Los del jornalero andaluz que los del terrateniente andaluz? No, en absoluto. El nacionalismo cumple aquí una función: La negación de la lucha de clases. Cuando capitalista y trabajador son reunidos bajo la misma bandera olvida el trabajador que pertenece a una clase con intereses contrarios.

El origen del nacionalismo.
Éste es un fenómeno de origen burgués. Se desarrolla en Francia durante su revolución burguesa con el objetivo de que las clases populosas supeditaran sus intereses a los de la burguesía revolucionaria, participando en sus procesos y en sus fuerzas militares «Aux armes, citoyens!». De tal forma, el político de la revolución Abate Sieyès consideraba que solo eran parte de la nación francesa los sectores no privilegiados (el tecer estamento: burguesía y clase trabajadora).[1] Así conseguía la burguesía que los trabajadores actuaran según los intereses de la nación, que no eran otros que los de la propia burguesía, dejando fuera a los estamentos privilegiados a los que se quería desplazar. Un fenómeno similar se daría en los Estados Unidos, donde la nación se crea durante su guerra de la independencia.
Durante las guerras napoleónicas el nacionalismo se desarrollaría como oposición al invasor, de nuevo para que los intereses de los trabajadores y campesinos se unieran a los de las oligarquías antinapoleónicas. Este es el caso por ejemplo de España, donde se dan procesos de construcción de una identidad española como oposición a «lo francés» (Si el francés era liberal, laico y republicano, el español debía ser tradicionalista, católico y monárquico).
Posteriormente se darían procesos de construcción nacional paralelos a la construcción de nuevos Estados. Es el caso de Alemania o de Italia. De nuevo encontramos aquí a un elemento popular participando de los intereses de la oligarquía de construir Estados desde los que explotar mercados nacionales.

Nacionalismo en España.
Hemos hablado ya de cómo surge el nacionalismo español como respuesta a la invasión napoleónica. Este nacionalismo iría evolucionando, teniendo como siempre al ejército español como garante, hacia una visión que ha podido ser, según variaba el componente dominante: liberal o conservador, monárquico o republicano, pero casi siempre centralista, pues a la oligarquía española nada le ha venido mejor que un Estado centralizado.
Pero no todo aquí es la oligarquía del centro de la península. Hay dos lugares donde se desarrollan rápidamente núcleos industriales: El país vasco y Cataluña. Es por ello que florece aquí una burguesía que, para defender sus intereses frente a la oligarquía española, se vuelve nacionalista y pretende construir naciones. ¿Quiere decir ésto que no existía la nación vasca o catalana antes de ello? Si, exactamente. Lo que si que existía era el pueblo vasco y catalán, con particularidades culturales y lingüísticas propias, pero como veremos posteriormente nación no es igual a pueblo.
En otros lugares como Galicia, Andalucía o Aragón se darían también estos procesos nacionalistas, aunque a una menor escala. El nacionalismo periférico llegaría a convertirse, a comienzos del siglo pasado, en el principal rival de las organizaciones obreras, enfocando a la clase trabajadora contra la burguesía española, en lugar de contra la burguesía en general.

Pueblos y naciones.
Decía Bakunin que el Estado había logrado confundirse con el pueblo, de tal forma que los intereses de un pueblo coincidieran con los del Estado.[2] Considero que decir esto es incompleto. Habiendo examinado los orígenes del nacionalismo no nos equivocaríamos si dijéramos que si el Estado es la herramienta de opresión estructural de la clase dominante, el nacionalismo o patriotismo es una herramientra de opresión ideológica de la misma forma que lo es la religión y que es utilizada por las clases dominantes de la misma forma.
Existen sin embargo formas culturales que podemos identificar como pueblos, y que en ocasiones coinciden con las construcciones nacionales. Así, por ejemplo, antes de que surgiera el PNV y el nacionalismo vasco, ya existía un pueblo vasco con una lengua propia, unas tradiciones propias y unas formas económicas y políticas propias, que abominaban de aquellos maquetos que venían de fuera a imponerles su idioma y legislación. Y ésto es aplicable a muchos otros pueblos.
Sin embargo, al contrario de las naciones, los pueblos no tienen fronteras. Las naciones, como construcciones ideológicas, son excluyentes y tienen unos límites marcados, que en el caso de los Estados-Nación corresponderán a los límites de esos Estados. Pero los pueblos, que son realidades culturales, no las poseen, pues la cultura posee graduaciones. ¿Tiene culturalmente más que ver un gallego con un portugués del norte o con un murciano? La respuesta para muchos es obvia y, sin embargo, el nacionalismo español quiere incluirlos en la misma nación. ¿Un habitante del valle de Arán, que habla lengua occitana, pertenece a la nación catalana o a la occitana? Es difícil decirlo, los pueblos no son compartimentos estancos y existe un intercambio cultural perpetuo entre ellos. Son los pueblos, y no las naciones, los que pueden hermanarse y llevar a cabo relaciones de igual a igual.
Queda clara con esto la diferencia entre los pueblos, producto de un desarrollo histórico, social y cultural, y las naciones, que son construcciones ideológicas.

Internacionalismo.
Identificando el problema de la división de la clase trabajadora en múltiples naciones, los padres del socialismo moderno (en sus vertientes marxista o anarquista) no tardaron en defender que la fuerza del proletariado radicaba en su unión internacional.
Marx participaba en 1864 en la AIT, primer proyecto de organización del proletariado mundial, en la que se defendía que «la emancipación del trabajo no era un proceso ni local ni nacional, sino social«[3] y que por ello comprometía a los trabajadores de todos los países. Bakunin, que también participó en la AIT, defendía por su parte que, al igual que los burgueses se agruparon internacionalmente (a través de la francmasonería) durante su periodo revolucionario, los trabajadores, la nueva clase revolucionaria, debían también unirse internacionalmente, superando el patriotismo local y alcanzando la fraternidad de los pueblos.[2][4]
Se crea pues la postura del internacionalismo proletario, que pone por encima de las naciones los intereses de la clase trabajadora internacional. El líder bolchevique Vladimir Lenin sostenía que, si bien es necesario realizar una lucha nacional, pues es a nivel de los Estados-nación como se organiza la burguesía, no deja por ello de ser igualmente necesaria la unión internacional del proletariado. Se hace de igual modo importante atender a las realidades nacionales de cada territorio, producto de «la correlación de fuerzas entre la burguesía y el proletariado locales [5]. Esto tiene especialmente relación con el fenómeno del imperialismo. Lenin analiza cómo el capitalismo, en sus últimas fases de desarrollo, se caracteriza por el surgimiento de la burguesía imperialista que derriba naciones para conquistar nuevos mercados a explotar[6], lo que provoca relaciones de sumisión económica de los pueblos que sufren el imperialismo por parte de aquellos que lo ejercen.
Llegados a este punto es donde entran en juego las luchas de liberación nacional, que no son otras que aquellas que buscan la liberación de estos pueblos del imperialismo que sufren. Sin embargo, estas luchas pueden estar encabezadas por la burguesía local, que impulsa a los trabajadores a seguir sus intereses. Es importante pues que éstas luchas de liberación nacional estén impulsadas por la clase trabajadora y vayan hacia la creación del socialismo. Destacarían, actualmente, la lucha de los indígenas de Chiapas encabezada por el EZLN o la lucha del pueblo kurdo que lleva el PKK y que ha adoptado los principios del confederalismo democrático, de inspiración libertaria.
Existe una postura que va más allá del internacionalismo proletario: el anacionalismo, también conocido por su nombre en esperanto: sennaciismo. Tal defiende que los trabajadores no deben atender a nacionalidades, sino únicamente a su hermanamiento como clase trabajadora internacional. Es una postura defendida clásicamente por el sector obrero del esperantismo[7], así como por ciertos anarquistas y otros socialistas.

Aquí y ahora.
Como decía a principios de este artículo, en España se están fortaleciendo las posturas nacionalistas (españolas o periféricas). Esto no es extraño si consideramos que vivimos en una época de reacción generalizada, en la que la burguesía está propinando fuertes golpes en forma de eliminación de las conquistas laborales y sociales.
Es muy conveniente para la burguesía catalana alzar la bandera de la independencia, presentando a España como el problema, consiguiendo que la clase trabajadora catalana, el pueblo catalán, olvide por un momento que su derecho a una sanidad pública es violado por esa misma burguesía. También le viene muy bien a la oligarquía española el señalar a Cataluña o a Euskadi, provocando odios xenofóbios entre los propios habitantes del Estado español (no hablar ya de su política contra los extranjeros) y la división de los trabajadores cuyas conquistas ataca a diario.
No debemos olvidar que pertenezcamos al pueblo catalán, vasco, aragonés o castellano nuestros intereses deben ser los mismos: La emancipación de los trabajadores como clase y que nuestra división es nuestra debilidad. Como dijo cierto personaje «debemos remar todos en la misma dirección» si, y esa dirección es justo la contraria a la que reman ellos.
En una época en la que la burguesía europea derriba las naciones (lo estamos viendo: la construcción de un nuevo Estado-nación europeo que ya ha absorvido al sur de Europa) construidas hace siglos, la división del proletariado en naciones solo puede ser contraproducente.

[1] SIEYÈS, J. Enmanuelle, ¿Qué es el Tercer Estado?, París, 1789.
[2] BAKUNIN, Mijail, La libertad, «Obras Completas», México, Grijalbo, 1972.
[3] Asociación Internacional de los Trabajadores, Estatutos provisionales, Londres 1864.
[4] BAKUNIN, Mijail, Sobre el patriotismo, «Le Progrès», Ginebra, Febrero-Octubre 1869.
[5] ILICH, Vladimir «Lenin», Notas críticas sobre la cuestión nacional, Moscú, Progreso, 1974.
[6] ILICH, Vladimir «Lenin», El imperialismo, fase superior del capitalismo, Pekín, Ediciones en lenguas extranjeras, 1975.
[7] Sennacieca Asocio Tutmonda (Asociación Mundial Anacional), http://www.satesperanto.org/