Clase

 

El proletariado no es una cosa, ni una identidad, ni una cultura, ni un colectivo estadístico que tiene unos intereses de clase propios que defender. El proletariado se constituye en clase mediante un proceso de desarrollo y formación que sólo se da en la lucha de clases. El proletariado, reducido en el capitalismo al estatus de productor y consumidor en la sociedad capitalista, se convierte en una categoría pasiva, sin conciencia propia; es una clase para el capital, sometida a la ideología capitalista.  No es nada, ni aspira a nada, ni puede nada. Sólo en la intensificación y agudización de la lucha de clases surge como clase y adquiere conciencia de la explotación y dominio que sufre en el capitalismo y, en el proceso mismo de esa guerra de clases se manifiesta como clase autónoma y se constituye como proletariado antagónico y enfrentado al capitalismo, como COMUNIDAD DE LUCHA. Enfrentamiento total y a muerte, sin posibilidades ni aspiraciones reformistas o de gestión de un sistema hoy ya obsoleto y caduco

Esta noción de clase como “algo que sucede”, que brota y florece del suelo de los explotados y oprimidos, es clave. La clase no se refiere a algo que las personas son, sino a algo que hacen. Y une vez que entendemos que la clase es fruto de la acción, entonces podemos comprender que cualquier intento de construir una noción existencialista o cultural e ideológica de clase, es falsa y está condenada al fracaso.

El proletariado se define como la clase social que carece de todo tipo de propiedad y que para sobrevivir necesita vender su fuerza de trabajo por un salario. Forman parte del proletariado, sean o no conscientes de ello, los asalariados, los parados, los precarios, los jubilados y los familiares que dependen de ellos. En España forman parte del proletariado los seis millones de parados y los dieciséis millones de asalariados que temen engrosar las filas del paro, amén de una cifra indefinida de marginados, que no aparecen en las estadísticas porque han sido excluidos del sistema. ¿A qué intereses sirve esa aberración ideológica que considera que el proletariado es sólo el proletariado industrial, excluyendo a parados, jubilados, trabajadores precarios, marginados, estudiantes o jóvenes sin trabajo, mujeres discriminadas o sin derechos laborales, y a todos aquellos sometidos a decisiones políticas ajenas, que afectan profundamente a todos los aspectos de su vida cotidiana?

La clase obrera es una clasificación social OBJETIVA, que designa a todo aquel que mantiene una relación SALARIAL con un patrón (ya sea privado o estatal) al que vende su fuerza de trabajo (sus brazos y su inteligencia). La clase obrera forma parte del proletariado, que incluye además a parados, jubilados y marginados. Los proletarios no son propietarios de medios de producción. El salario es la principal forma de esclavitud moderna. LA RELACIÓN SALARIAL no es sólo de carácter social y económica, sino también política, puesto que determina el modo de existencia de quienes no tienen ningún poder de decisión sobre su propia vida.

La clase media incluye, hoy, a algunos trabajadores “autónomos”, esto es, trabajadores independientes y “autoexplotados”, algunos técnicos y profesionales altamente cualificados y a los empresarios sin asalariados. La alta clase media estaría formada por empresarios con algunos trabajadores asalariados, pero sin influencia política decisiva.

Capitalistas serían todos los propietarios de medios de producción, o altos gerentes con poder de decisión (aunque fueran asalariados) de grandes empresas privadas o estatales. Constituyen menos del uno por ciento de la población, pero su influencia política es absoluta, y determinan las líneas económicas que se aplican y afectan a la vida cotidiana de la totalidad de la población. Su lema sería: “Todos los gobiernos al servicio del capital; cada gobierno contra su pueblo”.

La democracia parlamentaria europea se ha transformado rápidamente, desde el inicio de la depresión (2008), en una partitocracia “nacionalmente inútil”, autoritaria y mafiosa, dominada por esa clase dirigente capitalista apátrida, que está al servicio de las finanzas internacionales y las multinacionales. Se produce una profunda y extensa proletarización de las clases medias, una masificación del proletariado y la erupción violenta e intermitente de irrecuperables colectivos, suburbios y comunidades marginadas, antisistema (no tanto por convicción, como por exclusión). Los Estados nacionales se convierten en instrumentos obsoletos (pero aún necesarios, en cuanto garantes del orden público y defensa armada de la explotación) de esa clase capitalista dirigente, de ámbito e intereses mundiales.

La sociedad capitalista actual, que nos permite la anterior clasificación social en tres clases fundamentales, aún admite en el seno de cada clase una infinita gradación de situaciones económicas, sociales, políticas y culturales, pero se identifica con la EXPLOTACIÓN de los trabajadores por los capitalistas, y tiende a una rápida polarización entre el proletariado (más la clase media proletarizada) y la ínfima minoría de los todopoderosos dirigentes (inferior al uno por ciento y apátrida).

Todo el mundo entiende que existe explotación cuando se habla del trabajo infantil esclavo en manufacturas de la India o China, que producen zapatillas o ropa de marca para multinacionales, con jornadas de 18 ó 20 horas, sin más paga que alimento y jergón en el mismo lugar de trabajo, que venden sus productos en USA o Europa. Y se escandalizan, con razón, ante esa explotación del trabajo infantil esclavo.

Hay que entender que la EXPLOTACIÓN del trabajo asalariado es la ESENCIA de la sociedad capitalista. Todos los asalariados padecen la explotación capitalista (no sólo los niños hindúes). Cuanto más desarrollada es la productividad del trabajo colectivo de una sociedad, mayor grado de explotación experimentan sus trabajadores, aunque puedan consumir más mercancías. La feroz lucha entre los capitalistas por superar y sobrevivir al competidor, impulsa el incremento de la explotación de los trabajadores, al margen de la buena voluntad o ética de cada empresario individual. Los capitales se fusionan y concentran, atacando sin límites las condiciones de vida y laborales de los trabajadores, amenazando con irse a otro país o con contratar más barato entre los millones de parados sin recursos. En cada país un puñado de transna­cio­nales efectúa ventas anuales que superan amplia­mente los presu­puestos nacionales y empuñan el poder de dar trabajo, o no, a millones de desposeí­dos.

El proletariado, que tiende a abarcar hoy a un 75/80 por ciento de la población española, se puede clasificar en asalariados, precarios, parados, prejubilados, jubilados y marginados. La clase media sufre una fortísima proletarización, con amplios sectores de profesionales (en el ámbito de la medicina, arquitectura, enseñanza, tecnologías y servicios sociales), funcionarios y medianos o pequeños empresarios (colectivos que hace cinco años percibían elevados ingresos) que se proletarizan, o incluso quedan marginados económica y socialmente.

El elevadísimo número de parados y el estadísticamente desconocido número de excluidos (por paro de larga duración y/o no percepción de ingreso alguno) hace que los asalariados, en su conjunto, se precaricen colectivamente en sus condiciones laborales y existenciales hasta extremos impensables hace unos años en España y Europa. Incluso desaparece la negociación de los convenios colectivos por sectores o empresas, que son sustituidos por condiciones mínimas y miserables de contratación. Los suburbios se convierten en guetos de excluidos del sistema, que el Estado intenta aislar entre sí, entregando su dominio a las bandas, la droga, las mafias, las escuelas, los trabajadores sociales, oenegés, etetés, prisiones y policía, para que conjuntamente impongan el control y/o sacrificio económico, político, social, moral, volitivo, y si hace falta también físico, de “todos los que sobran”, con el objetivo preciso y concreto de desactivar su potencial revolucionario, intentando convertir esos barrios periféricos en colmenas de muertos vivientes, a los que las instituciones estatales les han declarado una guerra total de exterminio y aniquilación.

La tesis neosituacionista y milenarista de la desaparición del proletariado muestra no sólo su irracionalidad y falsedad, frente al inmenso incremento CUANTITATIVO del proletariado en países como China, Sudáfrica, Brasil, Rusia o la India, por no hablar las maquilas centroamericanas, sino su falta de comprensión de la nueva realidad europea, y de la proletarización de las clases medias, surgida con la depresión iniciada en el 2008. Primitivistas y “pro-situs” se han quedado anclados en sus trasnochados análisis, tan desmovilizadores como artificiales e inútiles, confundiendo las características propias de las fases keynesiano/fordista (1945-1975) y neoliberal/toyotista (1976-2007) del capitalismo, con su esencia. Catastrofistas, ludditas, antidesarrollistas, profetas, tecnófobos e idealistas de distinto pelaje y orientación, coinciden en un punto fundamental, que nos desarma como clase revolucionaria en lucha contra el sistema capitalista: afirman que el proletariado ha desaparecido y/o ha dejado de ser el sujeto revolucionario. Identifican una parte con el todo. Confunden clase obrera industrial con proletariado. Creen que el proletariado es una cosa, una estadística o una comunidad de intereses, y no una comunidad de lucha. No comprenden que HISTÓRICAMENTE el proletariado aparece, y ha surgido siempre, de su acción autónoma en la guerra de clases, formándose en la lucha como proletariado antagónico y enfrentado al capitalismo. Desprecian como a bárbaros groseros y desclasados al proletariado de los guetos. Son reaccionarios brillantes y coherentes, muy útiles hoy al capital; pero que pronto desaparecerán en la nada de la necedad y la extravagancia.

Sostener que el proletariado ha desaparecido y que no existe, ni existirá ya nunca más como sujeto revolucionario, en el preciso momento en que empieza a resurgir y brotar del suelo de la lucha de clases, enfrentado a vida o muerte contra el partido del capital, no es sólo una gravísima ceguera teórica y política, sino que les sitúa del otro lado de la barricada. Esos milenaristas confunden una pasajera sequía con el desierto.

La lucha de clases no es sólo la única posibilidad de resistencia y supervivencia frente a los feroces y sádicos ataques del capital, sino la irrenunciable vía de búsqueda de una solución revolucionaria definitiva a la decadencia del sistema capitalista, hoy obsoleto y criminal, que además se cree impune y eterno. Revolución o barbarie; lucha de clases o explotación sin límites; poder de decisión sobre la propia vida o esclavitud asalariada y marginación.

Agustín Guillamón

Cuatro recomendaciones para el 8 de marzo

  1. El 8 de marzo es el día de la mujer trabajadora. Así fue convocado por primera vez en 1914 por la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, que disputaban de este modo, como mínimo, el día internacional de la mujer, convocado en diferentes fechas en 1911, 1912 y 1913 y el women’s day estadounidense convocado desde 1908 por las socialistas de aquel lugar. Esa apropiación no es inocente, ni falta hace que lo sea: fue una iniciativa de quien no tenía miedo a tomar la iniciativa, y lo mismo pasa con quien quiera quitarle su carácter de clase: si no le gusta ese concepto, convoque usted un día interclasista de la mujer y diga francamente por qué quiere quitarles a las mujeres de clase trabajadora su día propio.
  2. Las mujeres de toda clase social tienen problemas de género más allá de su clase social. Si cree usted que decir esto es intentar poner a las mujeres trabajadoras bajo la tutela de la gran empresa o del feminismo institucional, hable honestamente con sus amigas, conocidas o familiares que sean mujeres, etc.: descubrirá todo ese mundo de miedo, inseguridad, precariedad, paternalismo, etc. añadidos que se suelen llamar «privilegios masculinos». No se llama «privilegiada» a esta situación nuestra porque sea realmente buena, sino porque, siendo mala, en comparación, no es tan mala como la de ellas. Si cree, al contrario, que lo de la clase social no cambia nada cuando se es mujer, pregunte cómo se lleva esa carga de ser mujer cuando se le añade en lo económico, en lo vital, la carga de precariedad, baja autoestima, etc. que supone ser de clase trabajadora.
  3. Si no tiene usted problemas con los puntos 1 y 2, pero sólo se acuerda de estas cosas cuando llega el 8 de marzo o cuando le preguntan por el tema, pregúntese qué falla del 9 al 7 de marzo. Pregúntese qué hace y qué no hace usted y, si es hombre, qué le parecería honestamente que tantas personas no pretendan cambiar nada en este tema. No piense en este ni en otros textos, no se ponga a la defensiva, mírese a sí mismo a los ojos, háblese y escúchese como si no tuviera que defender más que la verdad. Si ve que tiene actitudes injustas (si es hombre, ¿acapara más tiempo o espacio del que deja a ellas? ¿tiene relaciones sexuales con mujeres sin anticonceptivos, con la tranquilidad de que usted no va a quedarse embarazado? etc.; si es mujer, ¿asume estas actitudes con naturalidad, transmite al resto de la gente que hay que aceptar las cosas como están?), no espere al 8 de marzo y piense en lo que podrían mejorar las cosas de un año a otro si todas las personas nos aplicamos el cuento.
  4. Tenga o no problemas con los anteriores puntos, si la insistencia o el tono de las críticas feministas le resultan excesivas, pregúntese por la insistencia o el tono de otras críticas. ¿Cómo lleva las críticas viscerales a la banca y sus desahucios, a los grandes capitales y su evasión fiscal, a la siniestralidad laboral o a los narcocárteles? Independientemente de su carácter personal, más intenso o sosegado, ¿es consciente de la carga visceral que implica una lucha contra el acoso, las violaciones, el maltrato de todo tipo, la brecha salarial, la culpabilización añadida, la infantilización añadida, … ? Si la misma cultura que denigra cualquier coraje político diciendo que «los extremos se tocan» y aplaude la independencia cobarde de quienes se niegan a ser feministas, anticapitalistas, etc., si esa misma cultura hace vivir así a la mitad de sus miembros, ¿no tiene esa cultura un serio problema a la hora de identificar lo «agresivo», «extremo», «provocador» o «excesivo»? ¿No le están engañando, mezclando fondos y formas de manera interesada, para que mire el dedo y no la Luna, para que en lugar de sentirse cuestionado (que es lo propio) se sienta amenazado (que no lo es)?

La paradoja del reformismo. Una llamada para los bloqueos económicos

(Nota del traductor). Artículo del sindicato del Reino Unido Solidarity Federation, también publicado en Libcom en 2011. Aquí puede leerse un texto en inglés debatiendo y criticando sobre los argumentos de este texto sobre los bloqueos como herramienta de lucha, en el contexto de las huelgas y bloqueos de Francia en 2010 del cual se habla.

La ideología neoliberal es un montón de mierda y todo el mundo que aun está en el Partido Laborista lo sabe. Los críticos han señalado sus asunciones erróneas respecto la competencia perfecta, el acceso de los consumidores a la información, la naturaleza humana y una serie de otros factores que no se aplican en ninguna parte del mundo real. También han señalado que, cuando se han aplicado políticas neoliberales, los resultados han sido a menudo desastrosos y rara vez han alcanzado los resultados prometidos de prosperidad para los ricos y de goteo1 para los pobres. Un famoso ejemplo es el llamado modelo de la curva J para la transición de la antigua URSS al capitalismo hacia un estilo occidental. La ‘J’, una pequeña bajada en la transición seguido de una larga fase de expansión, se convirtió en algo más parecido a una ‘L’ cuando las políticas neoliberales hicieron su magia, sumiendo a millones a la pobreza peor que antes.

Y luego llegaron los recortes.

En este caso también se señala cómo la desregulación neoliberal en el sector financiero llevó a la clase de travesuras especulativas que desencadenó la crisis financiera – y más neoliberalismo se prescribe como el remedio. El sindicato PCS y los activistas del UKUncut2 señalaron la masiva de 120 billones de libras más o menos de ‘brecha fiscal’, que si se recogieran fácilmente podría ahorrar más que la austeridad (en su lugar, el gobierno está recortando en recaudadores de impuestos). Se señala que el Estado de bienestar fue fundada en momentos en que Gran Bretaña estaba en bancarrota y muy endeudados de la Segunda Guerra Mundial, pero ahora está siendo desmantelado en la fase de expansión de una recesión relativamente menor y una deuda nacional modesta. En resumen, no hay escasez de argumentos en cuanto a la ineficacia o falta de razonabilidad de las políticas neoliberales. ¿Por qué no estamos ganando?

El discurso de que la razón no nos lleva a ninguna parte, es que la política no se basa en buenos argumentos, sino en relaciones de poder. Las democracias institucionalizan las luchas de poder, hasta cierto punto, ya que es más perjudicial tener golpes de estado y guerras civiles periódicas cada vez que es necesario que haya un cambio de gobierno. Pero sólo ciertos intereses son institucionalizados. Aquí va una pista: no son los nuestros. Por lo tanto ninguna de los partidos en cualquier lugar cerca del poder se opone a los recortes (el Laborista incluido). Los demócratas liberales son un ejemplo clásico de lo que sucede cuando los partidos minoritarios se acercan al poder – se convierten en todo menos algo indistinguibles del resto. Ya que nuestros intereses no figuran en este sistema, el argumento razonado no nos lleva a ninguna parte. Ganamos el argumento, pero los recortes van adelante de todos modos y lo mejor que podemos sentir es una sensación de indignación justificada con argumentos.

Si queremos ganar, tenemos que reconocer que tener la razón no es suficiente. Es una cuestión de poder. Un ejemplo de ello: es cierto que el estado de bienestar británico fue fundada en momentos en que las finanzas nacionales estaban en un estado mucho peor. Pero vale la pena mirar lo que la clase dominante decía cuando se fundó el Estado de bienestar. Para evitar cualquier duda, vamos a escuchar a un Tory: «Debemos darles reformas o nos darán la revolución«, dijo Quintin Hogg en 1943. Cuando la clase dominante teme la clase obrera, un estado de bienestar era un precio que valía la pena pagar. Ahora no nos temen, se sienten confiados para desmantelarlo. Así que la paradoja es que sin la amenaza de la revolución, el reformismo es un imposible.

Por otro lado, con una multitud rebelde en las calles y una mano de obra propensa a la huelga, estos reformistas razonadores de golpe se convierten en compañeros de negociación con los que trabajar con quienquiera que esté en el gobierno… Ellos, sin duda, afirman que fueron sus protestas «responsables» que les llevaron allí.

Es una cuestión sobre el equilibrio de fuerzas entre las clases. Es principalmente una lucha por el poder, no un argumento moral. Podremos tener la razón de nuestro lado, pero la fuerza determinará el resultado. Para la lucha contra los recortes, hay varias implicaciones. Las protestas simbólicas no los detendrán. Si acciones como las de UKUncut cambian de las mayoritarias movilizaciones para la sensibilización hacia el reino de los bloqueos económicos, entonces, vamos a estar llegando a alguna parte. Y el Estado va a reaccionar en consecuencia, así que debemos estar preparados para más violencia policial, si nos ponemos serios en ganar. Sin duda este tipo de tácticas también serán condenados por los que ficticiamente están a ‘nuestro lado’, al igual que Aaron Porter, que condenó los disturbios de Millbank, que dieron el empujón inicial a este movimiento. La ironía es que sin un movimiento así, no tienen poder alguno. Pero dado que el TUC3 es esclavo del Partido Laborista, y la falta de organización de los trabajadores independientes, una huelga sostenida y coordinada contra la austeridad parece poco probable. Por otro lado, los bloqueos económicos se han utilizado con gran éxito en Francia tanto como una táctica independiente y como en apoyo de la acción huelguística.

La idea esencial es que bloquear objetivos económicamente importantes, desde centros comerciales a centro de trenes, pasando por depósitos de carburante, con el fin de infligir daño económico comparables a una huelga. Para ser eficaces, deben haber acciones de masas, de lo contrario la policía es propensa a detener a los participantes, sobre todo si están encadenados o pegados4 al estilo activista. ¡No necesitamos mártires, necesitamos resultados! Ya hemos visto que las grandes multitudes pueden ser capaces de defenderse contra los ataques de la policía, sobre todo si se ve preparado para saber qué esperar (como parte de la ropa de protección que ha aparecido en manifestaciones de Londres). Ganar los argumentos y hacer críticas razonadas está muy bien, pero esto no va a parar a los recortes. Como un hombre que pasó la mayor parte de su vida haciendo críticas dijo, «no es la crítica pero sí la revolución el motor de la historia».* Cuando la clase dominante no tema, vamos a empezar a ganar concesiones.

*Karl Marx, La ideología Alemana – En su ataque filosófico en aquellos que en su día pensaban en que solamente las ideas conducen el curso de la historia.

@a_bandazos

1 (N. del T.) Se refiere a la teoría económica del goteo (trickle-down economics) que argumenta que una mejor situación de ganancias para los más ricos de un país, acabara generando riqueza hacía abajo hasta llegar a las capas más bajas de la población, sostenida en buena parte para los países “en vías de desarrollo”

2 (N. del T.) Movimiento contra la austeridad

3 (N. del T.) Sindicato mayoritario del Reino Unido

4 (N. del T.) Se refiere a engancharse con pegamento a un lugar, en vez de encadenarse.

Febrero, el puto febrero

A veces parece que los hechos suceden de modo que aprendamos una lección. Como si la realidad fuera un durísimo maestro de la vieja escuela que nos dice «Sí, sabes lo que tienes que hacer y te voy a dar de palos hasta que lo hagas».
En los últimos días, nadie que tenga un pie en los movimientos sociales ha podido evitar pensar en y hablar de la represión. Sí, el domingo 31 hubo un encuentro antirrepresivo estatal que nos dio fuerzas al confirmarnos que se tienden puentes y se entrelazan brazos, pero también han sido días en que el presente y el pasado, en este sentido, nos han abofeteado todo lo que han querido: cuatro días antes del encuentro, la redada contra Reconstrucción Comunista por su solidaridad con el pueblo kurdo; para empezar el mes, una operación policial contra Indar Gorri (no hace falta ser afín a ell@s para reconocer que es una de las hinchadas de fútbol que menos gustan al Régimen), con 18 detenid@s; el miércoles 3, el juicio contra las feministas de la procesión del Santo Coño Insumiso; el jueves, el décimo aniversario del repugnante caso del 4F que arruinó la juventud de Rodrigo Lanza, Álex Cisternas y Juan Pinto y la vida de Patricia Heras y la fijación de juicio para el 8-10 de marzo contra Mónica y Francisco, que tras más de dos años en preventiva por los mismos hechos de los que se acusa a l@s much@s detenid@s de las operaciones Pandora, Pandora 2 y Piñata, tienen en su contra peticiones fiscales de 44 años de cárcel para cada un@; el viernes 5, la vista para la posible salida de preventiva de Nahuel y el segundo aniversario de la muerte, dispersado a más de mil kilómetros de casa, de Arkaitz Bellon (joven abertzale que llevaba 13 años en la cárcel por acciones de la llamada kale borroka y que, pese a faltarle sólo tres meses para salir, estaba en primer grado en el Puerto de Santa María); ayer viernes, la detención de dos titiriteros por un guiñol satírico (¡!), llevados a la Audiencia Nacional por «apología del terrorismo» (¡¡!!); hoy sábado, el aniversario de las quince muertes en El Tarajal; el martes próximo se cumplirán también diez años de las detenciones de Rubén e Ignasi, que se enfrentaron a duras peticiones, acusados de atacar una sucursal del Banc de Sabadell y al organismo que gestiona la mano de obra semiesclava de las cárceles catalanas (CIRe o Centre d’Iniciatives per a la Reinserció)…
¿Nos enteramos? ¿Necesitamos más señales? La política que no hacemos nosotr@s la hace el Enemigo, me da igual quién sea libertari@, leninista, abertzale o vagamente rebelde si es de mi clase social y no vive de renegar de ella (como l@s agentes de policía o l@s concejales, alcaldesas y alcaldes «del cambio»). Lo mismo vale para es@s podemitas, ahoramadridistas y similares que aún no han abandonado los movimientos sociales, pero cuy@s dirigentes quieren ser grandes estadistas a base de intentar contentar a todo el mundo: ni esa brunete mediática a la que intentan aplacar ni l@s funcionari@s policiales les van a salvar cuando abandonen el Poder, ni lo harán si la descomposición social sigue llevándonos al caos, la violencia y, en definitiva, el liberalismo más acabado. Mojaos, mojémonos, comprometámonos, converjamos, confluyamos donde hay que confluir, donde hay poco que ganar en lo personal y mucho en lo colectivo: en la calle. Fortalezcámonos… o desaparezcamos arrollados bajo un tanque de civismo y sectarismo mientras suena Libertad sin ira y la masa desfila al paso alegre de la paz.

¿Que es Gentrificación? ¿Y tú me lo preguntas?

Últimamente, y desde hace unos años, estamos empezando a oír este termino y empezando a saber algo de el, algo que esta afectando a las ciudades Europeas, que los barrios del centro…, que… Malasaña. En este artículo, producto de una re-edición de un trabajo que realizamos un compa y yo para la asignatura de ecología humana, intentaremos ir algo mas allá, intentaremos explicar este fenómeno y los distintas efectos negativos que tienen en la población de los barrios que sufren este proceso y los daños colaterales que hostigan a los barrios marginados de este nuevo carácter de gentrificación y en el que detectaremos uno de ellos y propondremos un eje de lucha contra este.

En primer lugar, para poder entender este proceso y su desarrollo, no estaría mal conocer el origen etimológico de la palabra y que de esta manera nos pueda situar entorno a que nos enfrentamos.

  • De donde viene Gentrificación?

Como por desgracia y generalizado a todo lo que nos rodea, y como no, gentrificación no podía ser menos es un termino anglosajón «gentrification» que no se sabe muy bien que significa pero que describe este fenómeno. A su vez, este termino deriva de otro que es algo como «gentry» que hace referencia a una clase social que existía (y existe) en la vieja Inglaterra que se caracterizaba por esta formada por la mediana y baja nobleza que se podría asemejar a la hidalguía de nuestro querido Quijote. Este estrato social estaba compuesto por  la nobleza de tipo medio y bajo, concretamente de barones, caballeros, y los hombres libres «freemen y commoners» osea terratenientes. Su termino equivalente en el castellano seria como ya hemos dicho, hidalguía, y el equivalente a gentrificación, seria «elitización» o «aburguesamiento». Estas apreciaciones al menos nos ponen en aviso sobre lo que nos vamos a encontrar. (Ruth Glass. 1964)

Este proceso, es perfectamente identificable en la mayoría de las ciudades de Europa que mediante un conjunto de mecanismos que siguen una cronología exacta, logran desplazar a la población “autoctona” u originaria de un barrio para conformar en estos espacios unas alternativas culturales con un carácter elitista moderno y exclusivo que termina por desplazar a la población.

A modo de resumen, lo que consigue este proceso es la elitización de los barrios que tras una etapa de «agresiones» (subida de las rentas, encarecimiento del suelo, abandono de los servicios…) desplaza a la población y lo «privatiza» para un sector económico y social que no esta acorde con el barrio original y con el cual especula.

  • Que es y como se desarrolla:

Al fin y al cabo la gentrificación es un conjunto de etapas que imposibilita el desarrollo de la vida cotidiana de un barrio para, mas tarde, con técnicas especulativas venderlo al mejor postor moderno.

Las etapas que se secuencian para conseguir culminar este proyecto y apropiarse de territorio, son las siguientes (y perfectamente identificables en los barrios).

Concretamente:

  1. Abandono: Degradación de los servicios básicos para el mantenimiento de la zona y de los servicios de atención a la población.
  2. Estigmatización: Creación de un imaginario que rechaza la pobreza y lo asocia a lo criminal, además de aumentar el foco de atención en la comunidad migrante.
  3. Especulación: Compra de propiedades y edificios completos por parte de los grandes grupos inmobiliarios
  4. Encarecimiento: Aumento del costo de vida, encarecimiento del suelo y la vivienda e impuestos.
  5. Expulsión: Expulsión de los residentes originarios por convenios o por la fuerza o por condiciones ya difíciles de soportar.
  6. Comercialización: El lugar se pone de moda y se consolida el turismo, la venta y la vivienda.

Estas etapas se prolongan en el tiempo, y van acompañadas en los inicios del proceso en el abaratamiento de la vivienda, ayudando a la estigmatización de la zona (proceso que puede lugar hasta décadas) y posteriormente una subida de los mismos precios que provocan la expulsión definitiva de la población.

Lo que además se ha observado a raíz de este proceso, es un conjunto de cambios en el modelo de comportamiento humano y cambios en los patrones de consumo (Muñoz Carrera, n.d.) . Este hecho, se suele atribuir a la aparición en las zonas gentrificación, alternativas culturales, “modas”o centros de ocio donde aparecen nuevas ofertas que no se encuentran en otro lugar. Lo que esto provoca a su vez, que forma el trasfondo donde este proyecto pretende actuar, es la visión de estas zonas como única opción de la cultura alternativa o contracultura y ocio alternativo provocando una despoblación cultural en barrios periféricos que encuentran en estas zonas gentrificación la opción que no les permiten encontrar en sus barrios.

  • ¿Que ocurre concretamente en Madrid?

La gentrificación no es un proceso que ocurre en determinadas ciudades, como hemos dicho antes, es un proceso que se extiende por la mayoría de las ciudades europeas y como no Madrid es una de ellas. En esta ciudad, podemos encontrar los barrios como La Latina, Chueca o Malasaña que son el claro ejemplo de barrios que ha sufrido este proceso, que han pasado de ser zonas pobladas por personas de mayor edad, de cases populares y de un poder adquisitivo bajo a ser las zonas más requeridas a la hora de encontrar teatros, exposiciones de arte y que ofrecen todo el ocio alternativo que se puede encontrar en la ciudad.

En Centro (uno de los Distritos que conforman la Ciudad de Madrid) , los planes de revitalización urbana orientados por la nueva concepción global de la ciudad y su fuerte determinación sobre la promoción del turismo basado en el desarrollo de los valores artísticos, culturales y museísticos de la zona han sido uno de los elementos motores para que este proceso se desarrollará a lo largo de los últimos años. La fuerte convicción mostrada por el gobierno municipal para el posicionamiento de Madrid en la jerarquía de “Ciudades Globales”, ha supuesto el desarrollo de estrategias encaminadas a visibilizar y a mejorar la imagen de la ciudad a nivel internacional para hacerla atractiva a la inversión y empresas extranjeras. (Ayuntamiento de Madrid, (2004) “Plan de Especial de Revitalización del Centro Urbano 2004-2012”.)

La gentrificación manifestada en el distrito Centro de Madrid, incorpora a la mayoría de las características que la hacen propia de este proceso como es el hecho de que los mecanismos de revitalización combina la inversión pública y la privada; que la revitalización tenga como una de las características principales la “mezcla social”, tanto a nivel de convivencia entre personas de diferente estrato social como de diferente etnia, mostrándolo en cierta medida como con un rasgo de “gentrificación positiva” (usado siempre como excusa para la justificación de este proceso y sin apreciar lo positivo del hecho y lo enriquecedor de lo mismo); la clara intención para atraer a la “creative class” y el interés mostrado por el establecimiento de instituciones relacionadas con el arte y la cultura, así como el apoyo a los jóvenes diseñadores y artistas (Muñoz Carrera, n.d.) con un prisma claramente definido por lo exclusivo y elitista.

  • ¿Que podemos hacer?

Ante esta situación, y como idea para desarrollar el proyecto, que es a guía para el trabajo que hemos realizado, nuestro objetivo principal es atacar un proceso que se lleva paralelamente a la gentrificación, que se convierte en una problemática a la que creemos necesario dar respuesta.

Este proceso paralelo, es concretamente, la sustitución de cualquier actividad cultural, social o de ocio en los barrios mas periféricos que se encuentran despoblados de estas, por los que se ofrecen en estas zonas gentrificadas.

En oposición, entendemos que una alternativa eficaz puede ser la formación de más centros de contracultura en los barrios en los que desde la administración publica se ha dedicada a maltratar en pos de los barrios y distritos donde se podría sacar un mayor provecho del resultado de esta gentrificación tras la eliminación en su totalidad de las clases populares que se alojaban en las calles de estos barrios y que ahora y con gran ingenio, de una manera u otra les ha sido privado.

Por este motivo y siguiendo el modelo de muchos centros sociales y centros sociales okupados que ya actúan y forman parte indiscutible de los barrios nos gustaría hacer ver como estos, y la formación de muchos otros, pueden hacer de tejido social o de sostén para que este proceso sustitutivo no se lleve a cabo ademas de la aparición de nuevas oportunidades para hacer frente no solo ya a este proceso, si no un apoyo para continuar las luchas que en muchos de estos barrios se llevan a cabo, desde la trinchera contra los desahucios, desde la trinchera contra la privatización de distintos servicios y desde la trinchera que lucha contra la pobreza y la precariedad que en todas las ocasiones, las instituciones ni se molestan en ocultar su proceder con  este hostigamiento sistemático y crónico a la clase trabajadora.

En este punto, y como ya hemos mencionado antes, el objetivo que se había desarrollado en el trabajo que realizamos, era la formación de núcleos de conocimientos y actividades que puedan suplir las carencias de estas mismas en los barrios más periféricos que forma parte en una de las causas del proceso de gentrificación planteando como opción única la gestión del centro por los habitantes del barrio y evitar cualquier atribucion de las actividades destinadas a un rédito por cualquier institución publica o privada.

  • Que hemos podido sacar en claro

Para realizar este trabajo, nos gusto ver que existían ya proyectos similares en otros lugares, y de este modo nos sirvió como antecedentes, antecedentes tales como las experiencias vividas en en Sevilla (Nodo50.org) y el centro Núcleo cultural La Ye Petare (Todoporlapraxis.es), que han demostrado que los centros sociales funcionan como herramienta de cohesión del barrio y combaten la gentrificación de manera efectiva ademas de atacar directamente otros frentes contextuales de los barrios donde se establecen estos centros. 

En este sentido, lo que podemos determinar es que en Madrid, desde hace ya un tiempo, existe una problemática real, que es la gentrificación y que ha colmatado ya diversos barrios del Distrito Centro de Madrid y que se sigue extendiendo.

La presencia de este tipo de proyecto, como hemos podido analizar en otros casos ya citados, vemos que estas propuestas sirven como sostén a la población que sufre las carencias que culturales de estos territorios. Con esto, se pretende evitar la migración cultural que sufren estos barrios periféricos hacia los grandes núcleos de gentrificación, donde se ofrece todo lo relacionado a la contracultura o cultura alternativa y actividades de este mismo carácter.

De esta manera, al igual que en los casos anteriores, veíamos como la aparición y la continuación del trabajo en estos centros ejercía de manera una confrontación eficaz contra la gentrificación y lugar de desarrollo de las otras luchas, de forma directa y participativa.

  • De quienes hemos aprendido:

Si de algo tenemos que estar orgullosas, es de la cantidad de personas que llevan una actividad política en infinidad de frentes, y este, como no podía ser menos, presenta una buena cantidad de colectivos y proyectos que se dedican a analizar y luchar el proceso de la gentrificación. Entre estos y en los cuales nos hemos apoyado para informarnos y aprender a cada párrafo, destacamos Left Hand Rotation  que desarrollo Museo De Los Desplazados que consiste en una plataforma que nace como resultado del proyecto taller Gentrificación No Es Un Nombre de Señora.

Y por otro lado, y ya mencionado antes otro del cual bebimos un montón de ideas es Todo X La Praxis las cuales se definen como «…un laboratorio de proyectos estéticos de resistencia cultural, un laboratorio que desarrolla herramientas con el objetivo último de generar un catálogo de herramientas de acción directa y socialmente efectivas.»

Y para acabar antes de pasar a unos apuntes sobre la bibliografía, este trabajo nos ha permitido meter una cuña política en una carrera como la que es Biología en la que en la actualidad, en nexo de unión entre estas dos materias esta mas inexistente que nunca.

  • Que quedo de la bibliografía?

– Ayuntamiento de Madrid, (2004) “Plan de Especial de Revitalización del Centro

Urbano 2004-2012”.

– Ayuntamiento de Madrid, (2007) “Diagnóstico de Sostenibilidad del Distrito Centro”.

– Ayuntamiento de Madrid, (2007) “Resumen Ejecutivo Estrategia de Posicionamiento-Internacional”, Oficina de Estrategia y Acción Internacional “Madrid Global”

– Glass, R. (1964). “London: Aspects of change”. McGibbon & Kee. London.

– Muñoz Carrera, Ó. (n.d.). Gentrificación y reestructuración del espacio social en

madrid.

– Museodelosdesplazados.com, (2016). Museo de los Desplazados. Disponible en: http://www.museodelosdesplazados.com/

– Nodo50.org, (2016). Experiencias de lucha contra la gentrificación en Sevilla.

Disponible en: https://www.nodo50.org/cubasigloXXI/taller/lahaine_310705.htm [Accessed 12 Jan. 2016].

 

 

a mi anónimo y colaborador de esto.

 

Anarquía a pie de calle III

Por Ruymán

El tercer movimiento

“¡A ellos, a ellos mientras el fuego arda! […]. ¡A ellos, mientras haya luz del día!” (Carta de Thomas Müntzer a sus seguidores, 1525).

En los dos artículos anteriores hablé de los dos tipos de anarquismos que identificaba y también del potencial y los límites de la lucha social; ahora voy a hablar de la necesidad de que el anarquismo combativo, comprometido en esa lucha social, transcienda de su punto de partida y llegue hasta un objetivo revolucionario superior gracias a una estrategia sólida y bien diseñada.

Analizando la situación del activismo, los movimientos sociales, incluido el anarquista, llevan años a la defensiva. Sólo salimos a la calle y nos movilizamos para no perder terreno; nunca para ganarlo. No sabemos atacar. Lo único que queremos es no perder conquistas pasadas, pero no realizar conquistas nuevas. Luchas como la sindical, la de la vivienda, la de la educación o la sanidad, se articulan hoy en esa clave. Son respetables movimientos de autodefensa, no estructuras de ataque. Sinceramente creo que ya es hora de pasar a la ofensiva.

Hay que superar esta eterna condición de fajadores y hay que aprender a contra atacar, a devolver los golpes, a hacer daño. Este último lustro de luchas, y especialmente la experiencia en vivienda, me ha enseñado que cuando uno concentra su militancia en la gestión de un “pequeño asunto”, en la preservación de lo que tiene, se arriesga a perder la ambición de ir más lejos y puede acabar haciendo de una simple etapa, de un mero medio, un todo y un fin.

Sé que hablo de no limitarse en un mal momento. Vivimos una situación de repliegue de las luchas, como anarquistas y como activistas sociales. Unos pocos, resignados pero prácticos, intentan salvar los muebles del naufragio, y tratan de articular algo de cara al futuro. Una mayoría sigue impermeable a la oportunidad perdida y absortos en su liturgia de banderas e himnos no quieren darse cuenta de que hasta los colectivos más reformistas y pro sistema los han adelantado por la izquierda, gracias principalmente a su actividad. Otra parte no menos considerable abandona el barco, y seducidos por los cantos de sirena del establishment coquetea con el electoralismo, los partidos de nuevo cuño y la aporía: votar es la novedad transformadora; abstenerse, rebelarse y crear al margen, es la ortodoxia.

Nosotros levantamos la voz desde el barro, en el corazón mismo de la pobreza. No pienso hablaros con la cara limpia, ni sacudirme el polvo en vuestra presencia ni ofreceros una mano lavada; aquí abajo, a pie de obra, no huele bien, no hay debates estériles ni sirve la retórica. Trabajando en la miseria, buscamos la manera de organizarla. ¡Empecemos!

No nos interesan las guerras de siglas, las trifulcas de banderines, las peleas familiares internas, de sectas, de tendencias, de clanes. Es como ver a dos insectos famélicos peleándose por un despojo. Todo lo que trate de arrastrarnos a eso nos sobra. No queremos tampoco oír a intelectuales balbuceando o peleándose entre ellos, hablándonos de un pasado que no se puede repetir o invitándonos a avanzar mientras ellos mismos no mueven el culo del escritorio. Hay un anarquismo nuevo, activo, práctico, que quiere hacerse adulto pero no envejecer, y no está dispuesto a enredarse en las batallas ideológicas de sus mayores. Nuestra propuesta es hacer un llamamiento a todas y todos los anarquistas combativos para trabajar juntos. Ese verbo es la clave: trabajar. Coordinar esfuerzos en base a propuestas prácticas de trabajo, dejando a un lado cuestiones sesudas sobre el futuro de una sociedad que aún no tenemos fuerza para prefigurar. Tardamos horas en discutir qué tipo de combustibles usará la sociedad post-revolucionaria, cómo se gestionarán los medios de producción, qué recursos usará y cuáles no, etc., y aún no hemos hecho la revolución que nos permita tener ese problema encima de la mesa. Sin capacidad alguna, por incompetencia, de decidir sobre nuestro presente, tratamos de decidir sobre algo que, sin incidencia real, pertenece al futuro y se escapa de nuestras manos. Trabajemos para que algún día podamos dilucidar esos problemas en una asamblea de vecinos o de trabajadores, pero hasta entonces no perdamos el tiempo.

Una vez aglutinados, dispuestos a trabajar juntos pero no a pensar lo mismo, a sumar esfuerzos pero no necesariamente sensibilidades, podemos seleccionar el objetivo. La FAGC eligió la vivienda y ya los interesados conocen los resultados. Sí, somos responsables de la okupación más grande del Estado, pero ya dije en mi anterior artículo que eso no lo es todo, que hace falta un tercer movimiento. Lo hecho ha aliviado la situación de mucha gente, ha permitido prolongar la vida de algunos en los casos más urgentes, y eso de por sí ya es más que importante. También hemos medido nuestra propia capacidad, sondeado los margenes de la militancia, la naturaleza de la miseria y la opresión. Pero no basta con quedarse ahí. Sería como organizar un ejército y negarse a declarar batalla. Todo lo vivido, bueno y malo, debe servir para sacar conclusiones, reflexionar, y llevar la lucha a un nuevo estadio.

¿Y esa alargada y fantasmagórica sombra del asistencialismo? Hemos aprendido la lección y dado con la forma de conculcarla. La lucha social, ofreciendo soluciones reales a problemas reales, nos permite entablar contacto con el pueblo, pero para que la relación avance es imprescindible que el afectado deje de ser receptor/observador y pase a ser actor. Y eso se consigue estableciendo como condición sine qua non que el realojado tome parte protagónica de su propio realojo. ¿Quieres recibir ayuda? Aquí nos tienes, pero demuestra primero que eres capaz de ayudarte a ti mismo y también a otros. ¿Te niegas? Muy bien, no daremos más solidaridad de la que se nos ofrece, he ahí todo. Quien necesite de verdad una vivienda se verá obligado a cuestionar lo aprendido, lo enseñado por el Sistema, su misma forma de comportarse con los demás, antes de tomar una decisión. Puede que no se produzca ningún cambio, pero lo habremos enfrentado, directamente, cara a cara, contra una dura contradicción. Y lo dicho en realojos es aplicable al resto. En nuestras últimas ocupaciones estamos aplicando ese principio y ha arrojado resultados muy positivos. Participamos ciertamente en menos realojos, pero las experiencias son mejores y los intervinientes más necesitados, más comprometidos y más activos. También hemos aprendido que detrás de la crítica de “asistencialismo” se encuentran muchas veces voces poco autorizadas que, contrarías a abandonar sus torres de marfil y mezclarse con la sucia y cruda realidad, muestran su alergia a la actividad buscando pretextos en vez de ofreciendo alternativas. Los riesgos del asistencialismo no se despejan desde la inmaculada distancia de un club de convencidos.

Una vez organizados, fijado un protocolo que evite convertirse en una ONG o en una inmobiliaria, falta esa vuelta de tuerca que mencionaba en “Anarquía a pie de calle II”, ese tercer movimiento: la vía del conflicto.

El tercer movimiento es el que marca la diferencia entre una okupación convencional (un acto que cierra su ciclo sobre sí mismo, revolucionariamente inocuo) y una expropiación programada de viviendas abandonadas por los bancos, con el fin de establecer una gestión comunitaria de un bien colectivo (un acto que supone un desafío político, social y económico directo).

No basta con ocupar casas; lo cual no suele repercutir más que en un número limitado de personas. No basta siquiera con ponerlas a disposición pública y usarlas para realojo; al final podemos acabar reforzando el Sistema subsanando uno de sus déficits e inhibir a la gente de la protesta ayudándolas a volver a subirse al tren capitalista. Hay que ocupar y realojar, pero como parte de una estrategia política de socialización masiva que aspire a que sean los propios vecinos quienes gestionen de forma asamblearia los bienes de consumo, tal y como esperamos que hagan los obreros con los medios de producción.

La estrategia es simple: uníos a esos otros anarquistas combativos, convocad una asamblea popular sobre el tema más urgente que acucie a vuestro barrio (pongo como ejemplo la vivienda porque es nuestro terreno más trabajado), ofreced herramientas útiles a los vecinos y entablad contacto con ellos. ¿Cuántas casas vacías en manos de los bancos hay en el barrio? Pues ocupadlas todas y estableced por la vía de los hechos consumados que sean los propios vecinos quienes gestionen directamente el bien público de la vivienda. Hay que dar el paso, cruzar la frontera, y conseguir que la okupación se convierta en expropiación colectiva.

¿Cuántos de vuestros vecinos pagan alquileres a la misma inmobiliaria, banco, gestora privada de vivienda o directamente a un fondo buitre? ¿Cuántos ya no pueden pagar o están a punto de encontrarse en esa situación? Nuevamente, convocad una asamblea de vecinos y dadle a ese fatalismo una dimensión consciente. En breve van a perder su casa por impago, pues dotad al impago de un carácter reivindicativo: proponed declarar una huelga de alquileres. Que nadie pague, bien hasta que haya una rebaja generalizada del alquiler (si los ánimos no invitan a la osadía); bien porque reclamáis, vosotros y los vecinos, que la gestión de los inmuebles pasen sin intermediarios a vuestras manos.

¿Militáis en un sindicato libertario? Proponed entonces implementar la lucha laboral con la lucha social (la cual no pasa por tener buenas intenciones, redactar comunicados y secundar campañas de apoyo, sino por iniciar una vía de intervención y confrontación propia, directamente revolucionaria). Competir con los sindicatos amarillos con sus armas es o perder el tiempo o un suicidio. La naturaleza del sindicalismo libertario siempre fue poliédrica, y extendía sus ramas más allá del plano netamente laboral. Por pura supervivencia, el anarcosindicalismo debe estar dispuesto a dotarse de integralidad y a ofrecer herramientas que no se limiten a las fábricas, o incluso a las cooperativas de consumo, sino que entren directamente en la problemática de los barrios más deprimidos. Recuperad los sindicatos de inquilinos que el anarcosindicalismo impulsaba en los años 30 y llevad las demandas vecinales a otro plano.

¿Y las plataformas que ya trabajan en el tema de la vivienda? Primero, hay que distinguir entre las que realizan una labor comprometida y desinteresada, con raíz revolucionaria, y entre las que son ineficaces, están absorbidas por partidos políticos y se mueven por intereses espurios. Segundo, nadie tiene el monopolio de la lucha social. Si crees que una lucha tiene carencias, que está siendo usada como trampolín para estrategias electorales, y piensas que eres capaz de ofrecer y estructurar cosas mejores, más resolutivas, más radicales, no hay ningún motivo por el que cederle el terreno a nadie, ninguno que nos haga considerar que deben haber exclusividades e intrusismos en el frente de la vivienda. Tercero, hemos de ser conscientes, como anarquistas, de la necesidad de articular nuestras propias respuestas, nuestros propios programas, nuestras propias estrategias. Sí, las luchas deben ser necesariamente populares y colectivas, abiertas a todas y a todos; las alianzas tácticas son igualmente deseables, mientras se limiten al trabajo y no exijan claudicaciones; pero nosotras y nosotros hemos de ser capaces de estructurar una hoja de ruta diferenciada con nuestros propios objetivos, hemos de transmitirle al pueblo que ofrecemos soluciones solventes a los problemas sociales, y saber proyectar, en definitiva, que tenemos nuestra propia revolución en marcha.

La situación, gracias a las llamadas “candidaturas ciudadanas”, puede ser más propicia de lo que parece. Desarrollad esta estrategia en todos lados, pero aprovechad para incidir allá donde los “abanderados de la vivienda y las políticas sociales” haya tocado poder. Ocupad a discreción, con el apoyo de los vecinos, y empezad a establecer las bases, el soporte teórico, para mostrar las contradicciones de estos “partidos ciudadanos”, bien porque su insensibilidad e incompetencia es la que os obliga a ocupar, bien porque desaten o consientan una reacción represiva.

Esta propuesta general, la de intervenir en una lucha que tiene como fondo un bien (o un medio de producción o un servicio), para radicalizarla, llevarla hasta sus últimas consecuencias, y conseguir que el órgano popular (la asamblea de barrio, de vecinos, de inquilinos) que inicia y entabla dicha batalla sea simultáneamente el que consigue gestionar dicho bien, es una forma simplificada de iniciar una revolución. Los consejos o soviets no eran otra cosa en sus orígenes. En esto consiste el tercer movimiento.

Nos encontramos en un momento de inflexión. Absorvidos por la fiebre electoralista, desmovilizados por el partidismo de nueva generación, nos olvidamos que a los de abajo la mierda nos sigue llegando al cuello. Los enfermos y las hambrientas, los indigentes y las inmigrantes no pueden soportar más vuestro recuento de votos ni vuestras insufribles teorías. Podemos rehuir nuestra responsabilidad todo lo que queramos, pero no hay dónde escondernos. Yo mismo traté de abordar el asunto creando una comunidad idílica de realojados, creyendo que la respuesta revolucionaria vendría más tarde. Preocupado por garantizar la estabilidad de los vecinos, y sobre todo de sus hijos, tardé dos años en comprender que la vía del conflicto debe ir de la mano de la labor creadora. Puede que haga la vida más incierta, pero si la construcción de lo nuevo no se simultanea con la destrucción de lo viejo (como nos recomendaron los clásicos desde Proudhon a Bakunin), crearás una bonita ciudad amurallada, pero dejarás intacto lo que hay más allá de sus muros; y al final el exterior penetrará en la fortaleza y hará lo mismo que hace la humedad con la piedra.

En este punto el anarquismo, los movimientos sociales al completo, se encuentran en una encrucijada. Hay un nudo gordiano que parece irresoluble, y tanto los teóricos puros como los institucionalizados pretenden cortarlo con un cortaplumas; desde la FAGC afirmamos que es hora de meterle cizalla. Meteos en los barrios, no tengáis miedo a la hostilidad, la desconfianza, las rencillas y las bajas pasiones que os aseguro vais a encontrar. Aprovechad antes de que la virtualidad de la recuperación penetre hasta en los que tienen el estómago vacío. Buscad al que no tiene casa, ni salario, ni sanidad, ni ayudas, ni esperanza. Convocad a un barrio entero y enfrentadlo a la idea de que está en sus propias manos cambiar su situación. Id creciendo poco a poco, con asambleas eficaces y libres de discursos pomposos. Ofreced realidad, desnuda y áspera realidad. Y empezad a tomar, tomar, y tomar, hasta que no quede nada que no gestionéis por vosotros mismos. Puede asustar, pero es el vértigo ante una revolución que comienza. Sólo falta que te sumes. ¿Qué no lo consigues? Al menos, maldita sea, lo habrás intentado.

Lo he repetido alguna vez, pero no quiero dejar de decirlo: si ellos explotan la miseria, a nosotros nos toca organizarla.

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