Los anarquistas rusos en el movimiento obrero a principios del siglo XX

Nota del traductor: No conozco mucho sobre la historia del anarquismo ruso, y encontré este artículo interesante ya que este se presenta con el objetivo de desmontar el tópico, escuchado por algunos marxistas de que el anarquismo es fruto de la pequeña burguesía. Hoy también se escucha el tópico de que los “okupas”,”antisistema” o ”anarquistas” son hijos de familia de bien, reproduciendo el argumento para desprestigiar.

Así que a pesar de la propaganda soviética que tuvo que justificar su dominio, en un periodo tan interesante como la Revolución Rusa creo importante rescatar las experiencias sepultadas por las autoridades de autogestión que se dieron, recordando que no solo en la España del 36 se dieron procesos de colectivización libertaria. Por eso he traducido este artículo de Anatoly Dubovik.


Los anarquistas rusos en el movimiento obrero a principios del siglo XX
por Anatoly Viktorovich Dubovik

En nuestra ciencia histórica nativa, la base social del movimiento anarquista ruso en el comienzo del siglo XX es tradicionalmente vista como pequeña-burguesa. Esta, en obras de la época soviética aparece de manera típica en opiniones como la de S.N. Kanyev, quien escribió que los elementos dominantes entre los anarquistas rusos fueron “la pequeña burguesía campesina… pequeños propietarios, artesanos, y parte de la intelligensia.” [1]. Nociones similares sobre “el típico anarquista” ha persistido incluso después del colapso de la USSR y de la liberación de las ciencias históricas de muchos dogmas previos. Por ejemplo, la enciclopedia de “Partidos políticos de Rusia” nos informa: “la base social de las organizaciones anarquistas estuvieron compuestas predominantemente de artesanos, pequeños trabajadores, aunque el movimiento también atrajo campesinos, trabajadores y a la intelligensia. [2] Paradójicamente, estos mismos autores, cuando era momento de elaborar eventos concretos y hechos de la historia del anarquismo ruso, no descubrieron entre sus adherentes ni trabajadores ni artesanos, y se vieron obligados a limitar su discusión principalmente hacia los trabajadores anarquistas.

Nos parece que el único método fiable de determinar la “base social de las organizaciones anarquistas” al principio del ultimo siglo es el uso matemático de las estadísticas para encontrar las proporciones de los miembros de los diferentes estatus sociales. El autor de este ensayo ha estado ocupado el mismo durante varios años colectando y sistematizando información biográfica acerca de los participantes del movimiento anarquista en el territorio del imperio ruso y de la USSR, usando fuentes publicadas y no publicadas (de archivo). El resultado obtenido refuta las nociones estándar a priori que originaron ya en el periodismo político pre-revolucionario de los socialdemócratas. Por las razones de hacer más comprensible el texto, hemos dividido estos resultados en tres periodos: 1) el pre-revolucionario, des del origen del movimiento anarquista en Rusia en 1900 hasta 1916, 2) la revolución y la Guerra Civil de 1917 a 1921; 3) El periodo del fin de la Guerra Civil Rusa hasta la destrucción física de los últimos anarquistas Ruso a finales de la década de los 30.

En el periodo que va de 1900 a 1916 hemos identificado 2400 anarquistas: se han establecido profesiones para 1,593 de ellos. De este número, la mayoría (59.1%) eran representativos de la clase trabajadora (fabricas, transporte, y otros trabajadores) Otras 72 personas (4,5%) pertenecían a las ocupaciones de cuello blanco (trabajadores de correos/telégrafos, trabajadores del clero, asistentes de tiendas, contables, paramédicos, profesores, etc.) situados socialmente cerca del proletariado. Dejarnos enfatizar especialmente en que el 59% no incluye ex trabajadores sirviendo en las fuerzas armadas o los “llamados” revolucionarios profesionales, ni tampoco incluye los hijos de los trabajadores estudiando en la escuela elemental o secundaria. En algunos sitios, el porcentaje de los trabajadores de fábrica o de transportistas son incluso más altos aun. Por ejemplo, en Yekaterinoslav estos constituían alrededor del 78% de los miembros de la Federación de Anarquistas local. Sus ocupaciones profesionales más comunes entre los trabajadores anarquistas fueron los trabajadores del metal y los maquinistas (111) sastres y costureras (47), impresores (40) trabajadores de la industria de la comida (37) marineros de la marina mercante (35), y también un numero significante de trabajadores del ferrocarril, metalúrgicos, zapateros, ebanistas y mineros.

El movimiento anarquista ruso nunca fue capaz de conseguir una unidad en asuntos de tácticas y organización. En el momento de la Revolución de 1905-1907, una fracción significante de anarquistas, incluyendo aquellos que pertenecían a los trabajadores, consideraron que su tasca era dirigir la lucha directa contra el gobierno zarista y la burguesía, concentrándose en las acciones militantes y el rechazo a la participación en cualquier movimiento “no revolucionario” y “oportunista”, incluyendo el movimiento sindicalista. En el mismo momento, los seguidores de Kropotkin y algunos otros ideólogos anarquistas defendieron la organización de sindicatos de trabajadores y campesinos, los cuales ellos concebían como los “órganos naturales de la lucha directa contra el capital” y los embriones de la futura sociedad socialista libertaria. Ellos también estuvieron a favor de “preparar la Huelga General de los desposeídos, tanto de las ciudades como de los pueblos, los cuales… podrían empezar la Revolución Social” [3]. Los defensores de estas perspectivas, llamados así mismos “anarcosindicalistas”, fueron participantes activos en el movimiento laboral organizado, que incluía los sindicatos. En consecuencia, en Petersburgo, los anarquistas y sus aliados ideológicos, los “sindicalistas revolucionarios”, ejercieron una fuerte influencia en los sindicatos de impresores, patronistas, electro-tecnicistas, litógrafos y metalúrgicos. En Moscú, miembros del grupo anarquista “Buntar” (insurgente), “Svoboda” (Libertad) y “Svobodnaya kommuna (Comuna libre) trabajaron en el “Sindicato de Refinamiento del Metal” y en los sindicatos de los trabajadores de la construcción/arquitectura, fontanería, impresión e ingenieros de centrales eléctricas; ellos lideraron huelgas de trabajadores de instalaciones eléctricas y del gas, así como varias huelgas de fundiciones y fábricas de maquinaria. En Kharkov los anarquistas cogieron la iniciativa creando el “Sindicato de los trabajadores por la defensa de nuestros derechos”; En Riga fue formado el “Sindicato del Trabajo Libre” [4]. La participación de los anarquistas en los sindicatos tomo lugar también en Baku, Warsaw, Nikolayev, Petrokov (Piotrków), y otras ciudades. La organización anarcosindicalista más conocida de ese tiempo fue “Registración” [Registración, elegido y gestionado por los mismos marineros, su nombre deriva del hecho de que realizaba un intercambio laboral rellenando las vacantes en todos los barcos de Odessa. (Nota del traductor original)] de Odessa y su sucesor, el Sindicato de Marineros del Mar Negro, activo en 1906-1918 y responsable de la organización de varias huelgas de los marineros de la marina mercante y de los trabajadores del puerto durante 1906-1907 [5]. En otras regiones las organizaciones anarquistas fueron fruentemente formadas de manera simultánea a diferentes oficios y así de este modo adquirieron características de los sindicatos. Por ejemplo, el núcleo de la Federación Anarquista de Yekaterinoslav en 1907 consistió en las federaciones anarcocomunistas de la fábrica de tuberías, los talleres de ferrocarriles, la fábrica de Briansk y de interfábrica, [6]; El grupo anarcocomunista de Bialostok fue reorganizado al final de 1905 en una asociación de federaciones de trabajadores del textil, del cuero, sastres y ebanistas [7]; El grupo federado de Vilna fue compuesto por organizaciones de trabajadores del cuero, carniceros y sastres [8]. La actividad entre el proletariado era considerada como de de vital importancia incluso por aquellos anarquistas que no pertenecían a la clase obrera. Fue típico el ejemplo del grupo anarcocomunista de Kiev “Bandera Negra”, compuesto básicamente por estudiantes, pero centrado en la organización y la propaganda entre los trabajadores de la fábrica “Arsenal”, trabajadores de la industria alimenticia, carreteros y trabajadores de la refinación del azúcar. [9]

A parte de tomar parte en la actividad sindical, realizando agitación y propaganda, creando grupos de estudio obreros, y etc. – formas tradicionales de acción en el movimiento de los trabajadores – una característica distintiva de la practica de los anarquistas y de los Socialrevolucionarios-Maximalistas, ideológicamente cercanos a ellos durante los aproximadamente primeros doce años del siglo XX, fue la aplicación extendida del terror económico. Durante las huelgas, los anarquistas fruentemente ideaban actos de subversión y sabotaje, destruyendo equipamiento y bienes manufacturados. Los ejemplos mas bien conocidos de estas practicas fueron la serie de actos de sabotajes que acompañaron las huelgas prolongadas de los marineros del Mar Negro (noviembre 1906- 1907), cuando varios barcos de vapor fueron volados por anarquistas y el numero de perdidas totales de la Flota Rusa de Vapor y de la Sociedad de Comercio excedió un millón de rublos [9]. Las huelgas fueron fruentemente acompañadas de confiscaciones armadas y transferidas a los trabajadores en huelga con dinero, comida y otros bienes de primera necesidad; La mayoría de este tipo de actos fueron reportados en la Rusia Noroccidental, pero también tuvieron lugar en Odessa. De todos modos, la forma más extendida de terror económico fueron los intentos de asesinato dirigidos a los empresarios, los gerentes de fábrica, y los rompehuelgas. Los anarquistas llevaron a cabo su primer acto de terror económico en Agosto de 1904 en el pueblo de Krynki, en la gobernación de Grodno, cuando N. Farber, trabajador anarquista de Bialostok mató a A. Kagan, propietario de un gran taller de manufactura de zapatos. [10]; El último incidente conocido de este tipo en la historia del anarquismo antes de 1917 ocurrió en la primavera de 1912, cuando los miembros del revivido grupo anarcocomunista de Riga realizaron diferentes ataques a ingenieros y capataces de las fabricas locales. [11]. Dejarnos anotar que el terror económico no fue aplicado no solo como herramienta de presión hacía la administración de las empresas, sino que también fue un medio de venganza exigente hacía la “clase enemiga”. Por ejemplo, en Mayo de 1906, después de que la huelga de trabajadores de transportes de Moscú fuera suprimida, el trabajador anarquista Zuyev asesino el ingeniero Krebs, administrador de la cochera de tranvías de Miusskiy; y en Abril de 1907, los anarquistas de Yekaterinoslav P. Arshinov y V. Babeshko dispararon a Vasilenko, cabeza de los talleres de ferrocarriles Alexandrovsk, en represalia por los disparos en masa hacía los huelguistas [12].

Durante la Revolución de 1905-1907, los eslóganes, y especialmente la práctica, de los anarquistas rusos, llamaban a una parte significante de la clase obrera, sobretodo a los elementos más determinados y radicales de esta. Su punto de vista fue expresada, por ejemplo, en las famosas palabras de A.N Matyushenko, líder de revuelta en el acorzado Potemkin: “Cuanto más golpeen a los propietarios, mejor son ellos”. Esta práctica terrorista llevó hacia la más severa represión dirigida hacia los participantes del movimiento anarquista. Los líderes veteranos y la nueva generación de anarquistas que apareció en la víspera de la Primera Guerra Mundial, acabó con la necesaria conclusión de las lecciones que habían recibido: durante los últimos años de la era zarista, los anarquistas tomaron parte del movimiento obrero revolucionario como antes, pero el uso del terror se volvió un fenómeno extremadamente raro.

Para el segundo periodo bajo análisis (1917 – 1921), analizamos las biografías de más de 2.800 anarquistas. La profesión de ellos fue establecida para unos 2.062 de ellos, de los cuales 886 (43,0) fueron trabajadores de collar azul, y 127 (6.2) fueron empleados de collar blanco de bajo nivel de las categorías mencionadas antes. La caída de los números relativos de trabajadores entre los anarquistas es explicada tanto por la expansión de las ideas anarquistas entre los campesinos (la proporción de campesinos anarquistas incremente del 8,5% al 16,3%) como por el descenso de la fuerza numérica de la clase trabajadora rusa debido a la Guerra Mundial y la devastación económica. Las principales profesiones representadas entre los trabajadores anarquistas de este periodo fueron obreros del metal y maquinistas (87) trabajadores de ferrocarriles (45), metalúrgicos (44) y trabajadores de la industria alimenticia (39); menos cantidades fueron identificadas para otras como trabajadores del transporte marino, tipógrafos, mineros y electricistas.

Durante estos años los anarquistas tomaron parte de todas las organizaciones de la clase trabajadora – soviets, sindicatos, comités de fábricas, cooperativas de producción y consumo, etc. A juzgar por los registros de los congresos de los sindicatos panrusos que fueron realizados en 1918-1920, los anarcosindicalistas disfrutaron de una influencia significativa en los sindicatos de los trabajadores del metal, de los ferrocarriles, del textil, del transporte marítimo y de los trabajadores portuarios, panaderos, mineros y entre los empleados del telégrafo y del servicio postal. Una amplia serie sindicatos fueron operados bajo liderazgo de anarquistas, incluyendo el Sindicato de Moscú de Panaderos, el Sindicato de Moscú de Químicos y Perfumistas, el Sindicato de Marineros del Mar Negro, el Sindicato de Correos y Telégrafos de Petrogrado, el Sindicato de Trabajadores de Transporte del Rio Volga, el Sindicato de trabajadores del Metal, Madera y Otros oficios de Gulyai-Polye, Sindicato de Mineros de Oro de funcionamiento sobre Principios Cooperativos de la Trans-Baikal, etc. En el comité central del Sindicato del Metal Panruso (VSRM), los anarquistas fueron representados por A.K Gastev y A.Z Gol’Tsman. Los anarquistas fueron también elegidos para líder posiciones en las ramas locales del VSRM en las provincias de Yekaterisnoslavskaya, Orlosvkaya y Kharkovskaya como también en los Urales. Los anarquistas fueron también miembros del comité central del Sindicato de Empleados de Correos y Telégrafos Panruso [13]

Una fracción importante de los anarquistas vio los sindicatos como una “forma obsoleta” del movimiento obrero, opuesta a los comités de fábrica (fabzabkoms). Anarquistas de diferentes tendencias vieron en estos órganos novedosos en Rusia el instrumento mediante el cual podrían permitir al proletariado establecer un “control obrero real”, seguido de la autogestión de la producción y la distribución, culminando en la reorganización de de toda la vida económica del país en la base de un socialismo sin Estado. Fue con esta perspectiva con la que delegados anarquistas participaron en las conferencias de los fabzabkcoms de Petrogrado y cercanías en Junio-Diciembre de 1917, en el Primer Congreso de Fabzabkoms Panruso en Octubre de 1917, y en el Primer Congreso de Sindicatos Panrusos en Enero de 1918. Entre los más conocidos activistas del movimiento anarquista trabajando en los Fabzabkoms, incluso dirigiéndolos, podemos mencionar a K.V. Akashev y G.P Maksimov (Petrogrado), V.P Bekrenyev y M.S Khodunov (Moscú), M.A Petrovsky (Odessa), Yu. Rotenberg (Kharkov), I.P Zhuk (Schlüsselburg), B. K. Shatilo (Kuzbass), y otros activistas. El anarcosindicalista de Petrogrado V.S Shatov fue elegido al final de 1917 en el comité ejecutivo central panruso de los fabzabcoms. [14]

A finales de 1917 – principios de 1918, mientras el viejo sistema estatal se desintegraba y el nuevo, el Estado Bolchevique, aun estaba tomando forma, los anarquistas procedieron a la llamada socialización de las empresas, es decir, la transición hacia el control total de los colectivos de trabajadores. Desde el punto de vista de los propios anarquistas, este era solo el primer paso, del cual después vendría la reorganización de todas las regiones, y después de todo el país. La socialización fue concebida como la realización directa de uno de los principales eslóganes de la Revolución de Octubre: “Las fábricas para los trabajadores”. Pero poner este programa a la práctica ya había encontrado oposición de las autoridades Soviéticas, las cuales sus economías políticas se limitaron a un sistema de control obrero, y después fue reducido a la nacionalización total de toda la economía. A pesar de la oposición, los anarquistas disponían del apoyo de colectivos obreros, llevando a cabo la socialización de la flota mercante del Mar Negro (junto los puertos de Odessa y sus astilleros), las fábricas de la industria del cemento y maquinaria industrial, negocios en los sectores de servicio (cafeterías, restaurantes, hoteles) en el óblas [División administrativa dos escalones inferior a lo nacional (nota de traducción)] de Kubano-Chernomorskaya, minas en la cuenca de Cheremkhovskaya (gobernación de Irkustk), y empresas individuales de otras regiones, incluyendo algunas grandes como la fábrica de pólvora de Schlüsselburg [15].

Estos experimentos en socialización de la economía no duraron mucho. Alrededor de la primavera- verano del 1918, los anarquistas se encontraron así mismos de vuelta a la clandestinidad en Ucrania, Siberia, los Urales y en las regiones del Volga y de Kubano-Chernomorskaya, todas las cuales fueron ocupadas por intervencionistas y la Guardia Blanca. En el mismo tiempo, las autoridades Soviéticas empezaron a perseguir a los anarquistas. A pesar de esto, una facción de anarquistas continuó viendo a los Bolcheviques como unos aliados en la lucha contra el sistema burgués, quedándose en sus puestos en los órganos del Estado Soviético. Otros se levantaron en oposición al régimen bolchevique, que incluyó la participación en huelgas económicas (Petrogrado, Bryansk, Tula, Ryazan, etc.) [16] y la creación de sindicatos ilegales, un ejemplo del cual fue la “Federación de Trabajadores de la Industria Alimenticia”, organizada en Moscú por anarquistas y Socialrevolucionarios-Maximalistas a comienzos de 1920. Finalmente, muchos anarquistas participaron en luchas abiertas armadas contra el Bolchevismo, principalmente en las filas del movimiento insurgente Majnovista. Roles importantes de este movimiento fueron realizados por destacados activistas del movimiento de trabajadores ruso como P.A Arshinov, que fue miembro del comité central del Sindicato de Trabajadores del Textil Panruso, y P.A Rybin, que estuvo en el Buró territorial del Sindicato de Trabajadores del Metal del Sud de Rusia.

EL tercero intervalo de nuestra periodización del movimiento anarquista abraza los años del 1922 hasta el final de los años 30 de la década siguiente. De los aproximadamente 1.100 anarquistas que conocemos de este periodo, hemos establecido la ocupación de 543. Entre ellos solo encontramos 156 trabajadores (28.8%); no es posible hasta el momento de ser más específico sobre las ocupaciones representadas.

Los estudios sobre la historia del anarquismo ruso de las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX han sido pocos y fragmentados en su naturaleza. Sin embargo, hay información disponible sobre unos cuantos grupos anarquistas de esos tiempos, incluyendo grupos de anarquistas de clase trabajadora. Los grupos y círculos ilegales, compuestos tanto de veteranos del movimiento como de representantes de la nueva generación de anarcocomunistas y sindicalistas, fueron activos predominantemente en Moscú. Leningrado, Kharkov, Odessa y Yekaterinoslav (Dnepropetrovsk). En estos centros históricos del movimiento, hacia los principios de 1930 la agitación fue continuada entre varios estratos de la población, incluyendo los trabajadores. Hubo intentos de publicar literatura ilegal, y se realizaron huelgas para demandas económicas. [17]. De acorde a diferentes fuentes, un de los últimos grupos anarquistas clandestinos estaba activo en 1937 entre los trabajadores de la fabrica de tractores de Stalingrado [18].


Este artículo fue presentado en la Conferencia Internacional Cientifico-Práctica sobre “El movimiento obrero y la Izquierda contra el Autoritarismo y el Totalitarismo: pasado, presente y perspectivas futuras (Moscú, noviembre 3-4-2011).

Anatoly Viktorovich Dubovik, un activista anarquista desde 1989, ha publicado un amplio abanico sobre la historia del anarquismo.

Traducido del ruso al inglés por Malcom Archibald. Traducido del inglés al castellano por Víctor A.

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Fuentes bibliográficas:

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3. Rezolyutsii Londonskikh s»yezdov anarkhistov-kommunistov 1904 i 1906 gg. [Resoluciones del congreso anarcocomunista de Londres 1904 y 1906]// Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 1. 1883-1916 gg. [Anarquistas. Documentos y materiales. Vol. 1. 1883-1916.] (Moscú: ROSSPEN, 1998), pp. 68, 167-170.

4. V. V. Kriven’kiy, Anarkhisty-sindikalisty. [Anarcosindicalistas.] // Politicheskiye partii Rossii. Konets XIX – pervaya tret’ XX veka. [Partidos políticos de Rusia. Final del siglo XIX – primer tercio del siglo XX] (Moscú: ROSSPEN, 1996), pp. 38-39; Al’manakh. Sbornik po istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Ros-sii. T. 1. [Almanaque. Una colección de artículos sobre la historia del movimiento anarquista en. Vol. 1.] (Paris, 1909), pp. 55-57, 60-61; B. I. Gorev, Apolitichnyye i antiparlamentskiye gruppy (anarkhisty, maksimal-isty, makhayevtsy) [Grupos apolíticos y antiparlamentarios (anarquistas, maximalistas y Majnóvistas)] // Ob-shchestvennoye dvizheniye v Rossii v nachale KHKH veka. T. 3. Kn. 5. [Movimientos sociales en Rusia al principio del siglo. Vol. 3. Bk. 5.] (St. Petersburg, 1914), p. 23.

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6. Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935. [Anarquistas. Documentos y materiales. Vol. 2. 1917-1935.] (Moscú: ROSSPEN, 1998), pp. 642-643.

7. Al’manakh. Sbornik po istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Rossii. T. 1., p. 19.

8. Anarkhizm. Iz dokladnoy zapiski Departamenta Politsii v 1909 g. [Anarquismo. De los informes del departamento de la policía en 1909] // Chernaya Zvezda [Estrella Negra], (Moscú, 1995).

9. Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935., pp. 316-317, 641; V. Savchenko, Anarkhisty-terroristy v Odesse (1905-1913). (Odessa: Optimum, 2006), pp. 120-121, 130-131.

10. Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935., pp. 128-130.

11. See the biographies of V. Ya. Krevin, Ya. Ya. Krumin, y otros anarquistas rusos en: Politicheskaya katorga i ssylka. Biograficheskiy spravochnik chlenov Obshchestva politkatorzhan i ssyl’noposelentsev. [Katorga política y exilio. Directorio biográfico de los miembros de la Sociedad de prisioneros políticos y exiliados] (Moscú, 1929).

12. Al’manakh. Sbornik po istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Rossii. T. 1., p.63; P. Arshinov, Dva pobe-ga. Iz vospominaniy anarkhista. 1906-1909 gg. [Dos escapes. De la memorias de un anarquista. 1906-1909.] (Paris: Una publicación de Dielo truda [La Causa Obrera], 1925), pp. 18–21.

13. 14. V. V. Kriven’kiy, Anarkhisty-sindikalisty. // Politicheskiye partii Rossii. Konets XIX – pervaya tret’ XX veka., pp. 38-39; P. Avrich, Russkiye anarkhisty. 1905-1917. [Los anarquistas rusos. 1905-1917. (Moscú: ZAO Tsetnrpoligraf, 2006), pp. 154, 175; O. M. Movchan, O. P. Reínt, Mízhpartíyna polítichna bo-rot’ba u profspílkovomu rusí Ukraí ̈ni (1917-1922) [La lucha política interior en el movimiento sindicalista ucraniano (1917-1922)] // Ukraí ̈ns’kiy ístorichniy zhurnal [Revista de Historia Ucrania] (Kiev, 1995), № 5, p. 11; G. P. Maksimov, Sindikalisty v russkiy revolyutsii. [Sindicalistas en la Revolución Rusa] n. d., n. p.; V. Savchenko, Anarkhisty-terroristy v Odesse (1905-1913), pp. 200-201; A. A. Shtyrbul, Anarkhistskoye dvizheniye v Sibiri v pervoy chetverti 20 v.: Antigosudarstvennyy bunt i negosudar-stvennaya samoorganizatsiya trudyashchikhsya: Teoriya i praktika. [El movimiento anarquista en Siberia en el primer cuarto del siglo XX: Rebelión antiestatista y la autoorganización no-estatista de la clase trabajadora: Teoría and practica.] (Omsk: Izd-vo OPU, 1996), Part 1, pp. 146-147; Politicheskiye deyateli Rossii. 1917. Biograficheskiy slovar’. [Activistas políticos de Rusia. 1917. Diccionario Biográfico.] (Moscú: BRE, 1993), p. 404; Anarkhisty. Dokumenty i materialy. Tom 2. 1917-1935., pp. 39-41, 264-265.

15. V. Savchenko, Anarkhisty-terroristy v Odesse (1905-1913)., pp. 214-215. V. Degot’, Pod znamenem bol’shevizma. Zapiski podpol’shchika. [Bajo la bandera del bolchevismo. Notas de un activista clandestino.], Izdatel’stvo Vsesoyuznogo obshchestva politkatorzhan i ssyl’noposelentsev. [Una publicación de la sociedad de todos los presos políticos y exiliados.] (Moscú, 1933), pp. 232, 255; A. I. Kozlov, Vo imya revoly-utsii. [En el nombre de la revolución.] (Rostov, 1985), pp. 104-107; ; G. P. Maksimov, Sindikalisty v russkiy revolyutsii., n. d., n. p.; A. A. Shtyrbul, Anarkhistskoye dvizheniye v Sibiri v pervoy chetverti 20 v., Part 1, pp. 183-186.

16. See, e. g., Grazhdanskaya voyna i voyennaya interventsiya v SSSR [LA Guerra Civil y la intervencion militar en la URSS] (Moscú, 1983), p. 34; Goneniya na anarkhizm v Sovetskoy Rossii. [La persecución del anarquismo en la Rusia Soviética.] (Berlin, 1922), p. 50.

17. A. Razumov, Pamyati yunosti Lidii Chukovskoy [Memorias de juventud Lidiya Chukovskaya] // Zvezda (San Petersburgo, 1999, № 9), pp. 117-136; Unknown Anarchists: Nicholas Lazarevitch // Kate Sharpley Library Bulletin (Londres, 1997, № 11); Sobstvennoruchnyye pokazaniya Belasha Viktora Fedorovicha. [Las confesiones de Viktor Fedorovich Belash.], del libro: L. D. Yarutskiy, Majnó i Majnóvtsy. [Majnó y los majnovistas] (Mariupol, 1995). V. A. Savchenko, Anarkhistskoye podpol’ye v Odesse v 20-30-ye gg. XX veka. [ Los anarquistas clandestinos en Odessa en los 1920-1930] // Yugo-Zapad. Odessika (Odessa, 2009). № 7, pp. 108-135; A. V. Dubovik, K istorii anarkhicheskogo dvizheniya v Ukraine (1922-1938). [Hacia una historia del movimiento anarquista en Ucrania (1922-1938).] // Yugo-Zapad. Odessika (Odessa, 2011), № 7, pp. 182-198; D. I. Rublev, Istoriya odnoy listovki i sud’ba anarkhista Varshavskogo (iz istorii anarkhistskogo soprotivleniya totalitarizmu). [La historia de un folleto y el destino del anarquista Warshavskiy (De la historia de la resistencia anarquista al totalitarismo) // 30 oktyabrya, № 66, 2006; materiales del grupo «Soprotivleniye rossiyskikh sotsialistov i anarkhistov posle oktyabrya 1917 g.» [«Resistencia de los socialistas y anarquistas rusos después del Octubre de 1917»] en NIPTS «Memorial» [Información Científico y Centro Educativo «Memorial»] (Moscú).

18. Sobstvennoruchnyye pokazaniya Belasha Viktora Fedorovicha, del libro: L. D. Yarutskiy, Majnó i Majnóvtsy. [Majnó y los Majnóvistas] (Mariupol, 1995).

Anarquismo y movida nacional

Anarquismo y movida nacional

Leo con sorpresa el último texto de @borjalibertario, sobre Anarquismo y Cuestión Nacional. Sorpresa porque frente al rigor de otros textos de este autor tengo que decir que en este texto se juntan una serie de supuestos pomposos en clave doctrinaria anarquista y que responden al enésimo intento de conciliar el sueño por parte de quién se mueve en la militancia libertaria catalana, algo que nos ha pasado a muchas. Sumarse a la ola de la autodeterminación, de los postulados más simplones del independentismo catalán y condimentar todo con la liberación de clase es un lugar muy común no solo de cierto anarquismo sino de gran parte del movimiento popular. La defensa del derecho de autodeterminación en abstracto para luego aplicarlo sin miramientos sobre el contexto inmediato en el que nos movemos no es suficiente. Por muy aguda que sea la contradicción que se vive en la sociedad catalana, la consigna de la «liberación nacional y de clase» se nos queda pesquera a la vista de los resultados y los riesgos de que haya planteamientos burgueses filtrándose en las contradicciones de ese discurso. Sirvan estas líneas para agitar el debate más allá de lo ya escrito.

Que la relación entre movimiento libertario y cuestión nacional ha tenido idas y venidas no es algo obvio para quienes consideran que existen unos principios anarquistas entre los que están la radical autodeterminación de cada individuo, sin más matices. En este texto defendí la idea basada en diversas fuentes de la existencia de una compleja relación entre un Internacionalismo propio de distintas corrientes socialistas que admiten el hecho nacional y un Cosmopolitismo de corte individualista que lo cuestiona, como forma de sintetizar las posturas que predominan ante la llamada cuestión nacional en nuestro ambiente. A mayores de esas posturas merece la pena subrayar las tesis al respecto que maneja el llamado «comunismo de izquierda» o «consejismo», cuyas tesis principales se pueden sacar de Lucha de Clases y Nación, de Pannekoek, donde se desprende la idea de la existencia de comunidades de destino que están completamente insertas y subordinadas al conflicto de clases y que por lo tanto, no hay liberación nacional a la vista que no sea una simple estrategia de la liberación de clase. Es importante contemplar esta postura porque combate la idea esencialista de la nación que está en el texto que motiva estas líneas.

Con esto tendríamos 3 posturas entre «los clásicos»:

  • un «cosmopolitismo» que abarcaría las posturas desde el individualismo al liberalismo y que parte de la radical universalidad existencia del individuo esencialmente humano

  • un «internacionalismo» que se bifurca entre quienes entienden las luchas nacionales como algo completamente dependiente de las luchas de clase o quienes señalan que la cuestión nacional tiene «cierta autonomía»

Salta a la vista para cualquiera que lo conozca que el texto de Borja nace del contexto catalán, no sólo por que se cite explícitamente sino porque las consignas que maneja son muy comunes para distintas vertientes de la izquierda, incluida la libertaria. La idea de que existe una “cuestión nacional”, paralela a la opresión de clase o de género y que todas se interrelacionan es el núcleo de esta interpretación, en contraposición a quienes –como Pannekoek y otras corrientes comunistas- defienden que la cuestión nacional está completamente subordinada a la contradicción de clase. La postura de Borja, predominante en las izquierdas catalanas, supone automáticamente asumir los presupuestos de la autodeterminación propia de la lucha anticolonial del siglo XX. Pero si la pregunta está mal planteada la respuesta difícilmente es correcta.

La complejidad del caso catalán en parte lo invalida para generar soluciones universales partiendo sólo de ese caso, si es que tales existen. El nudo catalán está profundamente atravesado por la historia de los últimos 50, que condiciona la percepción actual más que de los últimos 300. Es en estos últimos 50 años de desarrollismo, migraciones y transformaciones sociales profundas en las que se ha construido una visión de la realidad nacional catalana que ha afectado muy profundamente al resto de percepciones de las españas. En el caso catalán hay una fuertísima influencia de las posturas burguesas, que por cierto llegan tocar la caricatura. Aunque hay otras cuestiones que están en disputa entre las fuerzas vivas catalanas sobre el proyecto de país o la relación con el resto de pueblos, hay un elemento construido desde posiciones burguesas que desgraciadamente se ha hecho hegemónico y que se cita como ejemplo en el texto que motiva estas líneas. Es la contraposición entre nación española y nación catalana, entendidas como pueblos. Esta tesis es una auténtica trampa que si bien puede entenderse en términos de propaganda no puede tener ni un pase a la hora de hacer análisis serios sobre nuestra historia y menos sobre los conflictos de nuestra época.

Mal que les pese a los imperialiebers, el origen de la España rojigualda del siglo XX y XXI no está en las glorias imperiales del siglo XVI, aunque hayan servido de mito fundacional. Esa España surge en el siglo XIX, como forma de diferenciarse de La Gran Francia y como herramienta para el despliegue del dominio liberal en la península. Para ello no sólo se define en contraposición a lo de fuera -Francia, Portugal- sino a lo interior -las españas, lo diverso, lo atrasado. La construcción de esa nación española se hace desde entonces sumando las distintas fuerzas hegemónicas de los distintos pueblos y para finales del siglo ya había parido una configuración estable. Como bien teoriza Iñaki Gil de San Vicente se da una alianza entre las burguesías industriales vascas y catalanas con las oligarquías caciquiles rurales de Castilla y Andalucía, poniendo el tablero de la actividad política a su disposición mientras les dejen operar en sus respectivos territorios. Así es como se funda la España que surge de la desaparición del «sueño imperial». Esto provoca contradicciones en País Vasco y Cataluña por tener desarrollados estratos sociales intermedios entre la gran burguesía españolista y el proletariado migrante, que empezaron a poner en marcha sus propios intereses locales, construyendo a su alrededor una nación con perspectiva moderna.

Las intensas luchas populares de la primera mitad del siglo XX se articulan para disputar el marco nacional recién creado, aunque haya contradicciones en determinados territorios. Los grandes movimientos populares se movieron en torno al proyecto de país español y eso es algo que aunque hoy cueste hay que admitir. Sin hacer una radiografía muy extensa y quedándonos con el movimiento libertario de los años 30, resulta evidente:

a) que había proyecto de país
b) que ese país era España. Una.

Aunque en las declaraciones y acuerdos, como el del mítico congreso de Zaragoza de CNT, se hablara de península, Confederacion Ibérica, etc…esto en la práctica no tuvo ningún reflejo, siendo la relación del movimiento popular de las españas con el portugués igual o menor al mantenido con otros pueblos. Así se trasluce de la propaganda y los textos de entonces. Como máximo exponente de esta realidad habría que rescatar el texto de Los Amigos de Durruti del año 1938, «Hacia una nueva revolución«. En ese texto, lúcido con su época en general, se incluye un capítulo entero en defensa de «La independencia de España», donde se describe la épica española y refleja nítidamente la percepción del propio país que manejaba el movimiento popular en aquellos tiempos.

Lo cierto es que en paralelo a esto y como explica también Iñaki Gil, es en las luchas de aquellos años 30 en las que la conciencia nacional en el caso vasco empieza ya no a empapar desde fuera, sino a emerger desde dentro de las luchas obreras. Este proceso continuo casi sin ruptura durante el franquismo. Eso explica que tras 30 años de represión, exilio, autodestrucción y capitulación el tablero nacional hubiera cambiado sustancialmente en Cataluña y País Vasco, donde la lucha contra la dictadura se había vertebrado fusionando la idea de España a la idea de España de Franco, como se relata en el reciente libro de Emmanuel Rodriguez. Esa idea-fuerza del antifranquismo se adopta desde posiciones burguesas para plantear un nacionalismo construido como diferencia a esa España y se convierte en uno de los discursos más exitosos de los 70 por la extensión que adquiere, pero que entra en contradicción flagrante con la realidad histórica de los territorios donde ese planteamiento tiene éxito por ocultar que estos fueron parte fundadora y fundamental de esa España. Entonces toda una maquinaria intelectual empieza a construir mitos y relatos que expliquen las diferencias históricas entre España y Cataluña/País Vasco, que aunque se basen en realidades históricas indiscutibles, ocultan el hecho de que esa España Una es también hija de lo peor de sus pueblos: sus oligarquías.

El marco nacional actual se asienta sobre lo que ocurre en parte en los 70 y principalmente en los 80, porque a la vez que ese proceso de construcción de discursos y mitos para algunos pueblos, en otros se daba otro proceso que hoy se mantiene intacto porque es la piedra de toque del régimen del 78. Hay una gran variedad de casos entre los pueblos ibéricos que se han dado con el régimen del 78, donde por contraste se puede aprender mucho de cómo la construcción de relatos nacionales/regionales partiendo de una realidad institucional se utiliza como herramienta de domesticación -País Valenciano, Navarra, Comunidad de Madrid- o para la acumulación de fuerza popular -Canarias, Galicia, Asturias. Merece la pena detenerse en el caso andaluz y castellano, por su relevancia en la construcción de la España moderna y postmoderna, en el pasado y en el presente.

El caso andaluz nace de una leve conciencia regional en los 70 que con la creación de las autonomías y por equiparación, especialmente, con Cataluña va creciendo hasta convertirse hoy en una realidad indiscutible: Andalucía existe como pueblo y por lo tanto como marco de disputa de intereses de clase. Este hecho se aprecia en cualquier campaña política –sea electoral o no- que se dé donde Andalucía es el marco de referencia y sirve como entidad política que equilibra España frente a las otras entidades políticas de su mismo nivel en el Reino de España.

Por contra el caso castellano, país en el que operan las fuerzas más brutales del españolismo político y donde el franquismo fue especialmente quirúrgico con el fin de extirpar toda memoria rebelde, se desbarató como país y llegó al siglo XXI como una reliquia turística de museo. No es casualidad, y así se percibe cuando se analiza el proceso de descomposición en autonomías de lo que hasta entonces fueron las castillas. La segregación de lo que a partir de entonces fueron Cantabria, La Rioja y la Comunidad de Madrid, mientras se mantenía dentro de la tradicional diversidad de las castillas a La Mancha y a León hizo que las 5 comunidades autónomas haya generado o bien regionalismos sin fundamento ni capacidad ni movilización o bien en la idea de que las autonomías son simplemente como aparatos de «gestión» pública sin un contenido más que casual -lo que, por cierto, explica en parte la furia antiautonomías del cuñadismo. La desaparición de Castilla como realidad política, social y cultural hoy es un hecho cercano, la señal es que ya ha sido dada por muerta por todas las fuerzas políticas significativas que sin embargo la consideraban como tan en los 70/80. Esto se puede explicar por la enorme complejidad, y por tanto riesgo político, del caso castellano por su diversidad y sus conflictos «provincianos», cuya contradicción más estridente se da en las comarcas del País Leonés. Por otro lado en los 80 era imprescindible para las élites gobernantes que no se produjera en Castilla el fenómeno que ya empezaba a darse en Andalucía y a la vez que se aislara Madrid para una «gestión mas eficiente», de la que ya hemos visto resultados, siendo estas dos condiciones un elemento central para el régimen del 78, cosa que aún hoy quienes hablan de romper candados no han puesto en duda. Ese abandono por parte de toda fuerza política del marco castellano produce una asimetría que supone que varios millones de paisanos se vean sin más referente nacional ni territorial sólido que España, lo que dispara un conflicto irreal entre «nacionalistas periféricos» y «españoles del centro» cuando se plantea la cuestión nacional, lo que crea esa imagen de que Cataluña o el País Vasco se independizan de España como si esta fuera una metrópolis colonial, confundiendo ahí a España con Castilla y generando una situación incómoda que mira su reflejo en Yugoslavia. Esto le hace el caldo gordo tanto al españolismo político como a quienes han construido relatos nacionales que ocultan que un sólo empresario catalán tenía más intereses en la victoria de Franco que todo el proletariado agrario castellano junto.

Dicho esto quede por delante que analizar como se articula el régimen del 78 no supone entederlo como neutro e inevitable y señalar sus carencias no supone posicionarse del lado de un «modelo territorial» distinto. El hecho de que Portugal, Aragón o Andalucía sean hoy marcos políticos disputables por su movimiento popular y que Castilla no lo sea es una realidad que nos condiciona completamente a las Castellanas, pero también al resto de nuestra gente súbdita de los Reyes de España y eso es lo que aquí se quiere señalar. Que Castilla se convierta y se identifique con el bastión del españolismo no nos puede convenir a nadie y para ello, en ese puzzle de pueblos que es la península de los últimos 30 años, habrá que trazar estrategias para la «liberación nacional y de clase» contemplen esa realidad. Plantear cualquier “liberación” en Olot o Gerona que implique considerar que existe una España de la que separarse y que está compuesta por un magma de pueblos mesetarios desestructurados más alguna región anexa es un torpeza estratégica que nos tiene con los pies atados, porque no puede haber una solidaridad de tú a tú entre Cataluña y España porque efectivamente el hecho de que Cataluña haya sido parte fundamental de España la sitúa en otro nivel de referencia, otro marco mental, independientemente de la materialización institucional de estos procesos. Que se pretenda hacernos españoles a algunas para después decirnos que “una parte de nosotros se va” provoca esa desagradable contradicción en la que se nos sitúa y que tan bien manejan para tenernos jodidas los encorbatados de La Caixa y Bankia.

Siguiendo con el hilo temporal, hay que reconocer y asumir que en esta época de transición y conflictos esto de la «cuestión nacional» no es un campo inmutable donde nos sirvan las categorías del siglo XIX. Entonces el desarrollo de los mercados nacionales y del imperialismo -con una determinada capacidad técnica de producción, distribución y comunicación- generó unas lógicas y unas dinámicas de gobierno para la sociedad que necesitaban de las herramientas «nación» y «estado moderno». Hoy, con otra capacidad técnica, son otras las herramientas que se están poniendo en marcha. Que el proyecto neoliberal está superando los marcos estatales y por tanto, los proyectos nacionales e incluso el concepto de sociedad, el algo ampliamente sabido. Todas las descripciones apuntan a que el territorio se está reordenando en centros y periferias, haciendo del territorio capitalista una red de metrópolis hipercomunicadas y conectadas por grandes infraestructuras y un espacio fragmentado física y socialmente de periferias de donde extraer recursos. Estos análisis se pueden encontrar desde el mundo sindical a las «vanguardias» teóricas anticapitalistas. ¿qué espacio deja esto para la «cuestión nacional»? ¿de qué sirve conjurar la «liberación nacional y de clase» cuando las naciones dejan de ser territorios en disputa? Tener esta perspectiva es imprescindible para preveer estrategias, porque aunque las transiciones entre estadios de desarrollo nunca son perfectas hay que ser conscientes de en cual nos encontramos. Esto es, igual que hoy vivimos con una reliquia feudal como jefe de un estado moderno, mañana podemos vivir en el sueño neoliberal con gobernanzas nacionales.

Pero aparte de carencias en el análisis concreto de nuestra realidad y de cuales son los nudos a los que nos enfrentamos, es más estimulante cuestionar la idea de que «lo nacional» es un terreno de disputa preexistente sobre el que se da una lucha de clases que hay que ganar, que subyace en todo el texto de Borja. Esta es otra idea clásica, el esencialismo nacional, que cuestionarla abre un abanico de posibilidades para nuestros intereses. En el pequeño y supersimplificado resumen que hay unas líneas más arriba del desarrollo del tablero nacional actual de las españas se cita la idea de que en el caso vasco la identidad emerge de las luchas obreras, osea, que la nación vasca no es un sujeto histórico con miles de años de historia común, sino que es una comunidad que se ha forjado hace menos de cien años en torno a algunos mitos y rasgos comunes e históricos pero sobre todo, en torno a la lucha y el conflicto. Podríamos decir lo mismo en el caso catalán, en el que la lengua y la lucha en defensa de la lengua ha sido el principal eje de conflicto en la historia reciente y que de hecho es el nexo que fundamenta el proyecto de Paises Catalanes. Y lo mismo de la identidad asturiana y sus conflictos obreros o andaluza con los conflictos del campo. Si la identidad nacional surge en la lucha y no tanto en los mercados, textos académicos y en el revisionismo histórico, la pelota está en nuestro tejado. Si es el conflicto nuestra herramienta para poner el tablero político, de la misma forma que quien gobierna lo pone mediante instituciones, la lucha nacional y de clase se funden en una a medio plazo, aunque sea sin la consideración o la designación de nacional. Se le llame cuestión nacional o con el nombre que sea, son de plena actualidad las luchas «situadas», insertas en realidades territoriales, culturales y sociales concretas y no universales. Las llamadas «luchas en el territorio» son el mejor ejemplo de estas, pero los conflictos más llamativos de nuestro tiempo nos enseñan esto sin parar: desde Chiapas a Kôbane pasando por la defensa del territorio ante las grandes infraestructuras en Europa. El hecho de que haya justificaciones históricas, culturales o incluso étnicas o que no las haya -dicho de otro modo, que los elementos del conflicto sean modernos o postmodernos- son elementos a valorar en cada situación y a cada nivel, pero lo importante es que estamos en un tiempo en el que las luchas ceden cierta pretensión universalista para centrarse en su situación concreta, y ahí lo que en las izquierdas castellanoparlantes llamamos «cuestión nacional» se pone de plena actualidad para definir programas y proyectos rupturistas y revolucionarios, que a nivel país van a tener que cruzarse necesariamente con las identidades históricas de los pueblos peninsulares.

@botasypedales

[Recomendación] Revolución hasta el fin

El texto que vengo a recomendar es probablemente el más importante y profundo de todos cuanto elaboraron los miembros del MIL. El conocimiento de este grupo nos ha llegado habitualmente a través de sus acciones armadas, atracos y, especialmente, por la ejecución de Salvador Puig Antich. Sin embargo, el contenido, el desarrollo teórico llevado a cabo por este grupo cuenta con una riqueza que normalmente se pasa por alto. Algunos como Sergi Rosés, autor de la mejor obra hasta la fecha sobre este grupo, afirman que nos encontramos ante el grupo más avanzado en teoría revolucionaria que ha habido en España al menos hasta el momento de su aparición.

Este documento es uno de los pocos transcritos de los originales, escritos a máquina y con cierta dificultad de lectura, alojados en esta web. Con el fin de animar a la recuperación de todo lo que sea posible y práctico recuperar para nuestra realidad actual he transcrito el prólogo inédito de este trabajo, que incluyo aquí, enlazando también el texto completo.

Revolución hasta el fin

(Prólogo inédito del mamotreto del mismo título, Barcelona, 1970-1971. Borrador).

Cuando la revolución no se plantea con pleno radicalismo, hasta el fin, el movimiento revolucionario no logra conseguir sus auténticos objetivos. La lucha internacional de la clase está rompiendo con los viejos moldes teóricos, políticos y organizativos: las recientes experiencias del movimiento obrero en España ponen de manifiesto también este ajuste de cuentas con los viejos mitos y dogmatismos, condición indispensable para el único planteamiento revolucionario, para la revolución hasta el fin.

El presente texto no se limita a plantear de forma explícita una situación de ruptura del movimiento obrero con respecto a los pasados errores, sino que se propone provocar nuevas formulaciones revolucionarias en el terreno mismo de la lucha y mantener a todo lo largo del proceso una actitud eminentemente crítica. Planteamos aquí la compleja y heterogénea problemática de la lucha de la clase: los nuevos conceptos, las nuevas realidades, el proyecto revolucionario (el auténtico…). Los revolucionarios deben llevar estas cuestiones fundamentales hasta el fin.

Hemos recurrido para este estudio al bagaje teórico clásico, así serie de aportaciones que han clarificado su alcance y sentido real: las obras fundamentales de Marx y Engels, en especial La ideología alemana, los Grundrisse, y la primera para de El capital, El Estado y la revolución, de Lenin, La revolución traicionada, de Trotsky, La acumulación del capital y Marxismo contra dictadura, de Rosa Luxemburgo, Historia y conciencia de clase, de Georg Lukács; publicaciones de clásicos como Paul Lafargue, Karl Kautsky, Rudolf Hilferding, Max Adler, Amadeo Bordiga, Antonio Gramsci, Anton Pannekoek, Herman Görter, Otto Ruhle, Anton Ciliga, Tomori, etc; revistas como Socialisme ou barbarie, International Situationniste, Arguments, Autogestión, Anthropos, Cahiers Spartakus, Invariance, Cahiers du Communisme des Conseils, Sozialismus-Politik, Informations Correspondance Ouvrières, etc; autores actuales como Henri Lefebvre, Lucien Goldmann, Edgar Morin, Pierre Neville, Ernst Mandel, Daniel Guérin, Jacek Kuron, Karol Modgelewski, etc. Es decir, un amplio abanico de aportaciones críticas a ampliar en forma permanente hasta el fin.

El bagaje crítico que implica todo nuestro estudio de la compleja problemática revolucionaria actual no se presenta como algo infalible y plenamente coherente, puesto que constituye la trama de un estudio que no se considera como completo y acabado, como definitivo y exhaustivo, sino que quiere ser fundamentalmente un punto de partida más que un punto de llegada; nuestro intento es el de reflejar críticamente el grado de conciencia reflejado por el movimiento obrero en las últimas luchas, aquí y hoy. Este escrito es solo el inicio, vinculado al momento actual del movimiento obrero y a sus exigencias críticas. Sin embargo, la lucha continúa, hasta el fin…

¡May Day, May Day!

Como cada año desde 1890, tal día como hoy se conmemora a los Mártires de Chicago, estableciendo este día como el Día Internacional de los Trabajadores. La historia del 1º de mayo tiene origen en los comienzos del movimiento obrero en EEUU, momentos en que existía una creciente conflictividad de la clase trabajadora, cuya principal reivindicación era la jornada de 8h. No obstante, no voy a dedicar este artículo a relatar la historia de la revuelta de Haymarket o quiénes fueron los Mártires de Chicago, pues hay un artículo que lo explica con bastante detalle, así que pasaré a tratar el significado de este día hoy, en la actualidad.

Prácticamente a día de hoy a casi nadie le suenan los nombres de George Engel, Samuel Fielden, Adolph Fischer, Louis Ling, Michael Schwab, Albert Parsons, Oscar Neebey y August Spies, ni sabrían que fueron obreros anarquistas, unos condenados a la horca, y otros cumplieron penas de cárcel. Nos hicieron perder la memoria y ya siquieran habla del Día Internacional de los Trabajadores, sino que hemos llegado a oír aberraciones como Fiesta del Trabajo. Tal es así el olvido que ya no sabemos los motivos por el que se conmemora este día y los sindicatos del régimen —los del pacto social y los que firman retrocesos en derechos laborales— hacen flaco favor al olvido, o incluso apropiándose de este día para sus propios intereses.

A las anarquistas nos corresponde rescatar la memoria de los Mártires de Chicago, de la conquista de la jornada de 8h a través de la huelga general y no negociando con la patronal, pero además de rescatar la memoria, algo importante por el cual llenar de contenido político este día, nos corresponde dar unas respuestas acordes a la coyuntura en que nos encontramos. Ya no estamos en 1917, ni 1936, ni los ’70 ni los ’90. Siquiera los felices años 2005. Estamos en 2015, en un panorama de recortes en derechos sociales en general y de derechos laborales en particular. Estamos viendo cómo la patronal está a la ofensiva aprovechando la crisis como excusa para abaratar despidos, saltarse convenios cuando les dé la gana, hacer EREs, subcontratar, la temporalidad… y en general, exprimirnos cada vez más con la amenaza de engrosar el ejército de parados y paradas. El tejido productivo ha sufrido y está sufriendo una reestructuración en el cual ganan peso las PYMES y el sector servicios, con una industria mermada y los campos destrozados. La precariedad laboral y la temporalidad están a la orden del día en el sector servicios y en las PYMEs, lo que dificulta la creación de secciones sindicales en la empresa debido a la volatilidad en el puesto de trabajo así como la cercanía del jefe como obstáculo. No solo eso, la subcontratación también es otro gran obstáculo para neutralizar el sindicalismo. Es por esto que el modelo sindical clásico ya no resulta tan operativo en entornos donde en un mismo centro de trabajo la división de los y las trabajadoras están a la orden del día entre plantilla indefinidas y temporales, subcontratadas y falsas autónomos. A esto hay que sumarle también la precariedad en las PYMEs del sector servicios y sus plantillas pequeñas, volátiles y altamente flexibles que impiden el establecimiento de un entorno favorable para la actividad sindical. Por todo esto principalmente, es necesario adaptar el sindicalismo (de clase) a los nuevos tiempos y hacer de los sindicatos unas herramientas funcionales para la defensa de los intereses de la clase trabajadora a la vez que nos permita avanzar y confluir con otros movimientos sociales.

A pesar de todo, nos encontramos con una clase trabajadora también desencantada con los actuales sindicatos de concertación, y una gran mayoría de trabajadores y trabajadores que no tienen afiliación sindical. No obstante, el sindicalismo sigue estando vigente y sigue siendo necesario mientras no desaparezca el conflicto capital-trabajo. Conste que no estamos hablando del sindicalismo vertical o de concertación, sino de modelos sindicales alternativos y de clase. En este aspecto, desde el anarcosindicalismo hemos de impulsar una alternativa sindical acorde a los tiempos que corren, teniendo claro que el combate no está solamente en criticar el nefasto modelo sindical de los sindicatos del régimen, sino ganarles en los centros de trabajo, aprovechando también el descrédito por el que están pasando. Para terminar, podéis echar un vistazo a las convocatorias para este 1 de mayo de 2015 y acudir a la convocatoria de tu localidad.

¡Primero de mayo, nada que celebrar, mucho por conquistar!

Multisectorialidad y ofensiva

En un artículo mío anterior donde traté la multisectorialidad, me quedé sin tratar más a fondo una cuestión muy relacionada en cuanto a éste tema. Se trata pues de la ofensiva y las limitaciones que tiene la sectorialidad, lo que lleva a pensar en trascender las luchas de ámbito específico para articular movimientos más amplios. La cuestión de la multisectorialidad precisamente lo desarrollé a raíz de las limitaciones que cada sector en lucha tenía, y por tanto, aisladamente no podrían ir más allá de la defensa de los problemas sociales que afectan específicamente a ese sector. Antes que hablar de la ofensiva, trataremos las limitaciones que tiene cada sector principalmente.

El ámbito laboral. En mi artículo anterior señalé que actualmente el movimiento obrero no es ya el eje central de las luchas, sino una más entre las tantas que hay pese a ser éste donde se encuentran más directamente enfrentadas el conflicto capital trabajo. La principal limitación en el movimiento obrero es el ámbito economicista. El sindicalismo en sí no puede convertirse en un movimiento revolucionario, sino que está limitado en el terreno del modelo productivo dentro del sistema capitalista. Sin embargo, el sindicalismo puede servir para la organización de la clase trabajadora y aspirar a tomar los medios de producción y autogestionarlos. No obstante, si los proyectos autogestionarios no salen de la economía de mercado, no supondrá una transformación de raíz.

Movimiento estudiantil. El ámbito educativo en donde actúan, los y las estudiantes encontrarán una gran limitación en cuanto a reivindicar un modelo alternativo al actual orientado cada vez más a los mercados. Así pues, los modelos educativos inspirados en la enseñanza libre dentro de una sociedad capitalista es muy limitado precisamente por las regulaciones de los Estados y la financiación que requieren. Es impensable un modelo educativo de esta índole en la sociedad de clases.

Los servicios públicos. En este ámbito tan polémico entre anarquistas, la limitación está precisamente en la financiación, que como mucho en esta sociedad capitalista, si no queremos que se privaticen la Sanidad, Educación, suministros y demás, dicha financiación solo podría venir de los presupuestos generales del Estado, sin permitir la injerencia de empresas privadas. Aunque en su gestión puedan darse más peso en la comunidad que en la administración del Estado.

La lucha antirrepresiva. Este es el ámbito donde más desgaste económico, físico y psicológico suponen por los pocos resultados que se consigue a pesar de los grandes esfuerzos invertidos. Es lo que tiene cuando supone un enfrentamiento contra una fuerza mayor, que es el brazo armado del Estado. Su principal limitación es la necesidad de redes de apoyo muy amplios para superar el aislamiento y la sobrecarga de la militancia así como los altos riesgos que corren.

Los movimientos rurales y campesinos. Hablar de tales movimientos en los países capitalistas avanzados no tendría mucho sentido más allá de pequeñas cooperativas de agricultura ecológica, cuya limitación reside en el poco peso que tiene el campo además de una ausencia total de movimientos campesinos. Pero no así suceden con los países latinoamericanos en los cuales existen movimientos campesinos e indígenas fuertes. Si bien el campesinado entraría dentro de la clase obrera, su ámbito de actuación no es el mismo que el del proletariado urbano, además de que los conflictos inmediatos en los campos no son los mismos que en las ciudades. Además, aunque los movimientos campesinos e indígenas consigan tierras y constituyan territorios autónomos, se encuentran en la periferia de los núcleos capitalistas que son las ciudades.

Las luchas por la vivienda y los barrios. Aunque uno de los puntos fuertes de estas luchas sean la construcción del tejido social local, su principal limitación es el territorial al darse en el ámbito local. No obstante, tiene una gran potencialidad si se conectan con otros sectores en lucha.

Las limitaciones que vemos en cada sector en lucha hace que únicamente adopten una postura defensiva, tratando solamente de resistir las embestidas del neoliberalismo. Si miramos hacia el enemigo, podemos ver cómo desde los años ’70 el neoliberalismo desde que surgió como salida hacia delante de la crisis de entonces, está continuamente yendo a la ofensiva: atacando primero al bloque soviético y buscando alianzas con Estados europeos, atacando continuamente los derechos laborales y sociales, apoyando y promoviendo golpes de Estado en Latinoamérica y América Central, etc, hasta hoy en día con la implantación del euro y la UE, haciendo retroceder en materia de derechos laborales en cada reforma laboral, metiendo mano a los servicios públicos estatales como Educación, Sanidad, pensiones, aguas, etc, y ahora con el TTIP que permitirá menos regulación en protección medioambiental, más retrocesos en derechos laborales, más poder para las multinacionales y fondos de inversión con tribunales privados supranacionales que pueden juzgar a gobiernos que perjudiquen sus tasas de beneficios, entre otras cosas.

Es por ello que nos preguntaremos, ¿cómo puede ser que continuamente el neoliberalismo esté a la ofensiva mientras que los movimientos sociales estamos siempre a la defensiva? Y esto es un problema que viene dado, principalmente, de la falta de políticas de alianza entre sectores construídos bajo un denominador discursivo común, es decir, una hoja de ruta con propuestas y reivindicaciones que permitan avanzar, no solo resistir. Y este avance solo puede venir por la articulación de un movimiento popular multisectorial, pues solo así podemos superar las limitaciones que vienen en cada sector en lucha. Decir que esto solo son pequeñas pinceladas con la pretensión de que sirvan como aporte de cara a construir futuras hojas de ruta y que posiblemente me deje muchas cosas en el tintero. Pondré a continuación unos breves ejemplos:

—Comenzaremos pues con el movimiento estudiantil, que tiene muchas conexiones con el mundo laboral puesto que la mayoría de estudiantes entrarán, después de su formación, al mercado laboral. Cada vez la línea se hace más difusa entre el mercado laboral y la formación, que se ve en las prácticas de empresa tanto de FP como de Universidad. Además, con este nuevo panorama laboral en el cual se introdujo la formación continua y los conceptos de recualificación, en realidad suponen la necesidad de «reciclarse» de las trabajadoras para seguir las demandas de competencias en el mercado laboral. Es por ello que necesariamente el movimiento estudiantil tenga que tener conexiones con el sindicalismo (de clase).

—Ahora, ante la precariedad laboral, el paro y la disminución del poder adquisitivo de la clase trabajadora, el acceso a una vivienda digna también se ve dificultada, así como el problema de los desahucios, por lo que necesariamente tendrán que conectarse con las luchas por la vivienda y también contribuir a construir un tejido social que rompa el aislamiento y poner en práctica así el apoyo mutuo y la solidaridad en los barrios. También, debido a la gentrificación que sufren los barrios por la especulación inmobiliaria y la conversión de los barrios en espacios de ocio consumista, se plantea la necesidad de abrir espacios políticos y sociales que contrarresten la cultura consumista e hiperindividualista de las sociedades capitalistas y constituyan focos de resistencia.

—Y puesto que todo movimiento contestatario recibirá la represión del Estado, es imprescindible que la cuestión antirrepresiva tenga inserción en todos los sectores y sea visibilizado como un problema que afecta a todas y que todas pueden sufrirlo.

Una estrategia de ofensiva pasa primero por reconocer que cada ámbito de lucha y sus problemas no son problemas separados y específicos, sino que tienen origen en una estructura material común, que es el capitalismo en su fase neoliberal y los Estados modernos que lo sustentan. Dicha estrategia ofensiva no consiste en el ataque a los símbolos del capitalismo y al Estado ni en las posiciones vanguardistas de una minoría militante, sino que debe surgir por la articulación política de todo el movimiento popular, que no solo sea capaz de arrancar victorias en cada sector, sino que tenga capacidad para materializar alternativas que trasciendan el propio sector. Así por ejemplo, para poder poner en marcha proyectos educativos alternativos, son necesarios no solo tomar los centros para la gestión comunitaria, sino también tener inserción en los barrios y en el mundo laboral fomentando los valores de lo común para que no queden en proyectos marginales. A partir de este punto, la articulación política de los movimientos debería enfocarse en programas que respondan a las necesidades del momento y ponerlas en marcha en cada contexto, teniendo como bases el anticapitalismo, el apoyo mutuo y la solidaridad, la autonomía y la horizontalidad, así como los feminismos, el internacionalismo y el antirracismo.

Somos conscientes de que todavía estamos muy lejos de poder plantar una estrategia ofensiva contra el sistema capitalista, y esto es precisamente a que, como anarquistas en particular, no estamos construyendo las bases sociales que serían la fuerza social que nos permita articularnos como fuerza política. Por eso, debemos plantearnos la inserción social como primer paso para la ambiciosa tarea de transformación social revolucionaria. Debemos ser capaces de dar respuestas a los problemas inmediatos y potenciar los movimientos sociales como estrategia a corto plazo para arrancar pequeñas victorias y acumular fuerzas a partir de ello para poder aspirar a objetivos mayores. La ofensiva implica el combate político-social directo contra el sistema capitalista y la agudización de la lucha de clases impulsada por un movimiento popular amplio y articulado políticamente.

¿Y si dejáramos de luchar?

Bajé corriendo al andén para entrar justo en el tren del metro que acababa de detenerse. Aunque podría esperar al siguiente, tenía ganas de volver antes a casa y no me gustaba esperar. En el vagón donde me metí, la mayoría estaba en silencio, pero unos pocos estaban cuchicheando y otros, contemplando los cables de los túneles que se veían a través de las ventanillas. Entre el traqueteo del tren, el chirriar de las ruedas metálicas y los murmullos empecé a escuchar una conversación más o menos nítida en los asientos de mi lado derecho separados por una barra metálica. Eran dos chicas.

—Mañana empezará una huelga en el metro, ¿para qué? Más reivindicaciones reformistas como «ni rebajas salariales ni despidos». Se sentarán en las mesas de negociación y continuarán el mismo juego. ¿No se supone que deberíamos luchar por el fin del trabajo asalariado?
—Natalia, las cosas no son tan fáciles…
—¿Que no? Tanto como irse de okupa y…
—Pero chica, no todas podemos hacer eso. Con la crisis hay gente que está espabilando y saliendo a luchar, aunque no todas lleven un discurso revolucionario acorde al nuestro. Todo tiene un comienzo y sigue un proceso, Lara.
—Pues poco están espabilando. Si no dejamos las luchas reformistas sería lo mismo que no hacer nada…
—Ya, claro… El todo o nada. Que nos pisen así en el presente y de mientras escapamos…

La conversación se interrumpe al llegar a la siguiente parada. En el vagón entra y sale gente, pero esas dos chicas siguen allí. Al reanudar la marcha de nuevo, tras pensarlo un poco, Lara prosigue.

—…O seguir con estrategias que nada tienen que ver con el contexto, perdernos en abstracciones ideológicas y situaciones revolucionarias inexistentes. Quizá tengas razón y dejemos de pelear, solo huir. Salir de los problemas cotidianos y vivir okupando viviendas, recogiendo la comida que tira el super… Irse al campo, al monte, a los pueblos abandonados… Quizá no sirvan de nada todas esas manifestaciones, huelgas y piquetes, sufriendo los palos que supone confrontarse con el sistema. Quizá entonces, cuando tiremos la toalla, la policía no encuentre resistencia para desahuciar a familias sin recursos y no pueda encontrar apoyo ni en el vecindario ni en los movimientos sociales. Quizá dejen de haber viviendas liberadas o casas okupa…
—Eh eh, frena un poco, exagerada. Dije que la okupación era una posible solución ni he dicho que debamos tirar la toalla.
—Es fácil decirlo. —Saca una botella de agua del bolso y bebe unos tragos— Es fácil desde la comodidad reivindicar maximalismos que no hay por dónde cogerlos y decir cómo han de proceder. Claro, claro que lo queremos todo: acabar con el sistema capitalista y el Estado. Pero tengo claro una cosa: nada se logra huyendo, sino presentando batalla. Y estas batallas forman parte de la lucha de clases. Tenemos que saber dar soluciones y vías de acción en lo inmediato pero con proyectos de futuro, no podemos mirar al horizonte si desatendemos el presente. Si no sabemos transmitir el mensaje ni nos preocupamos por la problemática social y estructural hoy, ¿de qué sirven tantas consignas prometiendo futuros paraísos terrenales donde no existen las clases sociales y todo marcha armónicamente? Porque si crees que son luchas reformistas, quizá sea mejor que los bancos sigan acumulando pisos y aumentando la lista de morosos. Quizá sea mejor que privaticen la Sanidad, que en la gestión de hospitales entren fondos buitre, que el personal sanitario sea precarizado y despedido, que sea un privilegio para gente que pueda pagársela y no universal. Quizá sea mejor que sigan desmantelando lo poco que queda de educación pública y acaben por elitizarla, imposibilitando la entrada a los hijos e hijas de clase trabajadora y por tanto, disputarles el dominio ideológico. Que acaben por ilegalizar las huelgas, por implantar el despido libre, suprimir el salario mínimo y restringir la libertad sindical…

Hubo un pequeño silencio. Pareció que Natalia iba a darle la razón…

—Quizá con todo eso la gente despierte y espabile de verdad. Cuando se vean en la miseria o vean que no podemos volver al 2005 y estén andando en círculos, se darán cuenta de lo inútil que fueron esas luchas parciales.

Me sorprendió que no. Cuando llegamos a la siguiente parada, me paré un momento a pensar las palabras de Lara. Esta vez salió más gente de la que entró. A mí me quedan cuatro paradas más todavía. Entonces sonó una alarma, las puertas se cerraron y el tren comenzó a acelerar.

—Madre mía qué fuerte —Lara frunce el ceño y hace un gesto mano derecha—. Natalia, baja al suelo. De la miseria no nacen revolucionarios, nacen de la toma de conciencia. Y esa toma de conciencia no es resultado del hambre, pues basta con ver que hay como algo más de un veinte por ciento de personas en el Estado español que están por debajo del umbral de pobreza y no veo que estén adquiriendo conciencia revolucionaria. La conciencia se adquiere en las luchas, en entender y analizar críticamente la realidad que nos rodea, ver que este sistema solo favorece a unas minorías a expensas de la mayoría social y a la vez saber dar los primeros pasos en la lucha.
—Ya me dirás tú qué utilidad tiene hablar de revolución y abolición del trabajo asalariado o la autogestión de empresas a gente que no sabe ni por dónde le llegan los tiros.
—A ver, no vamos a llegar a todo el mundo, está claro… Pero no podemos abandonar el escenario y hacer lo que nos dé la gana. Si no queremos que las luchas terminen en callejones sin salida, debemos aportar nuevas visiones y alternativas realizables, que permitan avances y victorias, tener momentos de alegría y motivarnos a aspirar a metas más ambiciosas. Toda revolución requiere un proceso anterior de acumulación de fuerzas, entiéndelo, no podemos pensar en la abolición del trabajo asalariado hoy ni es tan fácil autogestionar empresas dentro del sistema capitaista.
­—¿Quieres decir que nos metamos en las mareas, en los sindicatos y en los movimientos sociales, todos ellos reformistas?
—Sí y no. Podemos ir juntas, pero no mezclados. Desde nuestros colectivos, organizaciones y grupos anarquistas, podemos trabajar en acciones concretas. Si no, propondríamos el potenciar las estructuras de base y la organización popular frente a las tendencias jerarquizantes y oportunistas. Pero el caso es arrancarle terreno al poder establecido, no dejarnos doblegar y luchar en todos los frentes.

El tren comenzó a frenar y vi que las chicas se han levantado. Estaba dudando de si hablarlas y pedirle una forma de contactar con ellas pero no tuve el valor suficiente. Al llegar a la parada, ellas se bajaron. Estoy seguro de que en algún acto de protesta  o en alguna jornada que organicen las encontrare, o al menos a alguna de ellas. Me hubiese gustado escuchar qué respuesta tendría la Natalia, aunque me imagino que estará reflexionando sobre lo dicho. En esta conversación, me parece que la razón se la lleva Lara. No obstante, igual hay algunas lagunas en sus ideas. Aun así, me ha aclarado bastante las dudas. Probablemente, mañana tenga que usar el bus para ir al trabajo, y tal vez cuando vuelva, venga a apoyar a los y las trabajadoras del metro en huelga en vez de quejarme al no poder usar el metro para llegar a casa. Quizá sus luchas no tengan nada que ver conmigo a primera vista, pero llegará un día que me toque a mí y mis compañeras de curro. Entonces no querremos que nos pillen con el culo al aire. Si llegan, que nos vean en las trincheras, preparadas y bien organizadas; no desorientadas, desorganizadas y dispersas.

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