Grupo de estudio de pensamiento y estrategia anarquista en Madrid

Desde la Secretaria de Acción Social, Cultura y Exteriores de CNT-CIT Madrid en colaboración con Liza se ha impulsado el “Grupo de estudio de pensamiento y estrategia anarquista” que tendrá su primer encuentro el día 13 de diciembre en el local de CNT Madrid. El proyecto parte de generar un grupo de lectura, reflexión y debate desde de las teorizaciones de revolucionarios libertarios clásicos como Malatesta, Bakunin o Emma Goldman, en otros, pero no descarta evolucionar hacia donde los participantes consideren en un sentido multidisciplinar propio de la tradición anarquista.

Los objetivos son muchos: generar un punto de encuentro distendido donde conozcamos a otros militantes y proyectos, un espacio de debate que produzca reflexiones prácticas para nuestras luchas cotidianas, el rescate colectivo de las experiencias e ideas de las revolucionarias que nos precedieron… pero, sobre todo, pretende romper con las prácticas activistas irreflexivas, que no inician sus acciones políticas desde análisis rigurosos y proyecciones realistas. Es, por tanto, el objetivo principal del grupo de estudio romper con las tradiciones asumidas y los sentidos comunes que nos distancian de una actitud crítica y realmente comprometida con el pensamiento revolucionario.

Para la primera sesión se ha preparado la lectura colectiva de un texto clásico de Malatesta que nos sirva para iniciar un debate entre los asistentes. Desde esta lectura trataremos de desgranar las aportaciones teóricas y estratégicas y ponerlas en diálogo con nuestras posiciones y contextos actuales. No se trata de aprender de memoria las aportaciones realizadas en otros periodos de lucha de clases, queremos partir de esas reflexiones y dialogar con ellas para que surjan ideas y propuestas que tengan un sentido real en las luchas de hoy.

La sesión está pensada para que todas las militantes que deseen participar puedan hacerlo independientemente de su trayectoria y de sus conocimientos específicos sobre pensamiento revolucionario. Se trata de que entre todas construyamos las bases para una práctica militante efectiva. Reflexionar, analizar y proyectar es una tarea tan importante para la acción política como estar presente en los espacios liberados, sindicatos, colectivos y manifestaciones. Es más, sin un proceso reflexivo previo la práctica queda determinada por la suerte, las costumbres tácitas o las direcciones de unos pocos.

[Reseña de cine] ‘Roma’

Roma es una película mexicana dramática de 2018 dirigida, escrita, cofotografiada y coproducida por el cineasta mexicano Alfonso Cuarón. Las protagonistas de la película son Yalitza Aparicio, Nancy García García, Marina de Tavira, Marco Graf, Daniela Demesa y Enoc Leaño. Ambientada a principios de la década de 1970, la película es una versión semibiográfica de la infancia del propio Cuarón en la colonia Roma de la Ciudad de México, y narra la vida de una familia de clase media y su trabajadora doméstica.

La película tuvo su estreno en el Festival Internacional de Cine de Venecia el 30 de agosto del 2018, donde ganó el León de Oro. Se estrenó en varias salas de cine y casas de cultura durante pocos días, y luego en streaming en Netflix, el 14 de diciembre del 2018. Fue seleccionada para representar a México en la categoría de Mejor película de habla no inglesa, en la edición 91 de los Premios Óscar. En los Globos de Oro obtuvo galardones a Mejor película extranjera y Mejor director.

Sinopsis: Cleo es la joven sirvienta de una familia que vive en la Colonia Roma, barrio de clase media-alta de Ciudad de México. En esta carta de amor a las mujeres que lo criaron, Cuarón se inspira en su propia infancia para pintar un retrato realista y emotivo de los conflictos domésticos y las jerarquías sociales durante la agitación política de la década de los 70.

La película ha recibido críticas especializadas excelentes, con una aprobación muy notable y destacando sobre todo el arte visual que expresa, contando la historia desde el poderío fotográfico blanco y negro, y planos narrativos que tienen vida propia. Con un lenguaje visual inmejorable crea una obra cinematográfica que condensa una gran cantidad de sensaciones y sentimientos, encontrándonos ante momentos dramáticos con la percepción de que estamos presenciándolo en directo, dotándola de una evocación hiperrealista. La película se construye en torno a su protagonista, la joven Cleo, sobre la que se pueden ver reflejadas las injusticias de antes, ahora y siempre por ser mujer trabajadora y por su condición de indígena mixteca. Desde lo más político de las opresiones íntimas y cotidianas, enmarca el contexto social en un México convulso en los años 70, poco tiempo después de la criminal matanza de estudiantes en Tlatelolco que dejó una huella social imborrable y que determinó la irrupción de guerrillas urbanas que se autodefendían de las agresiones de grupos parapoliciales.

Esta película tiene asegurada su distribución comercial, y relevantes premios internacionales que paulatinamente está recibiendo y seguramente recibirá en este año en los futuros festivales cinematográficos que están por celebrarse. Pero más allá de los circuitos cinematográficos más mediáticos, su potencial social es inmenso, y esa es la parte más interesante que atesora su visionado y difusión. No olvidemos que incluso ha sido proyectada en el Festival de Cine Puy ta Cuxlejaltic o «caracol de nuestra vida», en el Caracol de Oventic, en la zona zapatista del estado de Chiapas.

La nostalgia en el relato narrativo es una constante, así como la rabia contra las discriminaciones, que muestra descarnadas pero huyendo de la espiral de violencia morbosa continuada. La violencia es mucho más simbólica, mucho más cotidiana, muchísimo más cercana a la pequeña escala humana, y por lo tanto más identificable en códigos sociales sencillos. Nos acerca a la atmósfera ambiental de una Ciudad de México que late como un gran corazón; se pueden escuchar a los vendedores ambulantes, la música en las calles, el ruido del tráfico de autos, los sonidos en las salas de cine etc. Las escenas que sacuden y noquean emocionalmente son un sismo desde abajo y a la izquierda como dirían los pueblos originarios, puro arte visual con contenido político y social.

[Colombia] “No es solo sembrar semilla, es sembrar pensamiento”, en memoria de Augusto Tyhuasuza

A 4 años de su asesinato, palabras para homenajear su memoria:

Es desde esta visión que se hace pertinente salvaguardar la Memoria, volver la mirada a nuestro Territorio como un proceso de ordenamiento de las relaciones vitales, donde el individuo reconozca y se reconozca como un ser que ha relacionado su existencia en torno a esas huellas indelebles del pasado indígena que subsisten en nuestro mestizaje y que hoy se pretenden desdibujadas o convenientemente olvidadas”- Augusto Tyhuasuza, 11 de Julio de 2013.

Hace 4 años la sabana de occidente se despertó con una persona menos, un luchador menos por la libertad…

En Julio de 2014, cerca de su casa en Facatativá y con escasos 42 años, fue ultimado con un disparo en la cabeza Augusto Tyhuasuza, indígena muisca y activista social de los municipios de la sabana de Bogotá, territorio ancestral y que ha sufrido los grandes estragos de un modelo metropolitano de miseria, que desplaza las oportunidades y ordena los privilegios del centro hacia afuera.

Augusto fue militante del histórico Proyecto Cultural Alas de Xue, referente libertario por obligación a la hora de hablar del anarquismo contemporáneo en Colombia, así como uno de los impulsores del llamado “anarco-indianismo”, síntesis que buscaba lo libertario dentro del indianismo y meterle indianismo a lo libertario. Además de ello, fue un organizador del proceso de recuperación de memoria muisca en municipios cómo Facatativá y Tibaitatá (hoy conocido como Madrid), donde de la mano con diferentes procesos sociales y populares venía haciendo el trabajo de reconstrucción territorial de la memoria propia, a través de procesos de formación y semilleros de investigación.

Siendo un mayor (sabio) y un gran poeta, sus intervenciones estaban cargadas de sabiduría y simbolismos, de referencias a los mitos creacionales chibchas, de la lucha de los zapatistas y los mapuches, de lo que nos enseñaban los compañeros indígenas en el Cauca y en la Sierra Nevada de Santa Marta, del recuerdo de las decenas de disturbios que tuvo que vivir en las universidades y calles de Bogotá y la Sabana, así como de su gran experiencia que nos hablaba a los más jóvenes de mirar nuestras ideas con crítica, sin adulaciones y sabiéndonos desprender de los dogmas que nos retrasan.

La muerte de Augusto pasó por lo bajo de los círculos anarquistas, quienes en ese momento sufrían otra lamentable noticia: el suicidio de Sergio Urrego en el centro comercial Titán Plaza. Para entonces, cuando se cumplían escasos días del asesinato de Augusto, se llevaba a cabo el Encuentro Anarquista de Bogotá y Pueblos de la Sabana, donde varias compañeros, amigos o simplemente conocidos de Tyhua, como le decíamos con cariño a Augusto, llamábamos la atención sobre su caso y la poca atención que estaba teniendo por parte del movimiento libertario.

El miedo se apoderó de muchos de nosotros, quienes bajo la amenaza latente del peligro de morir por luchar, hicimos lo poco que se pudo para mantener viva su memoria, y sin embargo hasta ahora ha sido insuficiente. Este corto texto es un pequeño pago a la deuda con la historia, con la memoria y la dignidad, esa historia de tercos que no los cansa ni la muerte, de esos tercos que luchan contra quienes anteponen su proyecto de exterminio frente a quienes reclamamos, con la mirada en el cielo y los pies en la tierra, vida digna:

Augusto era un gran estudioso, a pesar de no haber culminado ninguno de sus estudios universitarios que empezó en las universidades Distrital, Pedagógica Nacional, Nacional y Pedagógica Tecnológica de Tunja, en la mayor parte de ellas interesado por las Ciencias Sociales y la Historia. En este paso por el movimiento universitario de entonces, donde las ideas libertarias parecían tener gran influencia, pudo establecer los cimientos de su vida y la necesidad de articular el estudio, la investigación y la memoria con las luchas populares. Desde muy joven participó en el movimiento anarquista, ingresando a sus 17 años al Proyecto Alas de Xue, donde militó por varios años hasta su práctica disolución en el año 1998. A pesar de lo complicado que parecía para entonces, incluso con los recelos de parte de diferentes procesos anarquistas de Europa que miraban con prejuicio a diferentes movimientos indígenas que defendían concepciones propias de nación y cultura, Augusto rápidamente encontró puentes entre el pensamiento muisca y el libertario. Sin embargo, su preocupación nunca fue encasillar el proceso muisca dentro de las etiquetas anarquistas, sino por el contrario, ver que podía aportar cada mirada de manera mutua y sincera.

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A pesar de su afinidad por la academia, su trabajo siempre fue hecho desde abajo y para las de abajo: más allá de la teorización o artículos de investigación, de sus reflexiones se encuentran poemas, cartillas, murales y memorias de caminatas y rituales. Esta mirada libertaria heterodoxa lo llevó finalmente a darse de lleno a su comunidad, participando activamente desde finales de los años 90 en los procesos de recuperación de la memoria propia en Facatativá y luego Tibaitatá.

El anarquismo es la común-unidad”, decía Augusto cuando le preguntábamos sobre su cosmovisión de la idea libertaria. Con desazón señalaba las A circuladas y las prácticas que se alejaban de la gente, del pueblo. Admiraba esa contracultura naciente en la sabana de Bogotá que, a gritos guturales y vestimentas negras y de jean, le hablaba a la juventud sobre el ilógico servicio militar obligatorio, sobre las problemáticas de sus padres y madres en la floricultura, sobre la necesidad de rescatar el territorio de las garras del capitalismo. Para él, el anarquismo era una forma de vida y aptitud frente a las luchas, pero nunca una etiqueta que había que manifestar explicita y reiteradamente, “se vive siendo libertario, no diciéndolo”, comentaba al lado de una hoguera mientras nos hablaba de los “tropeles” en la Distrital en los 90, de la placa de Biófilo Panclasta que existió durante casi dos décadas en las paredes del restaurante de la Pedagógica, de la triste muerte de Beatriz Sandoval en la Nacional, una de sus amigas de salsas, merengues y carrangas, del proceso de exterminio al que casi fue llevado el pueblo muisca durante los 70 y 80, de los históricos paros cívicos del 98 y 2008 en la Sabana.

Cada conversación estaba cargada de rituales, donde cada cosa tenía su razón de ser. La palabra fluía con el fuego, por eso era necesario mantenerlo prendido, tarea encomendada a un “taita” del fuego. “El gran error de querer anarquizar el indianismo, es no dejar indianizar el anarquismo… dejemos de lado esas visiones eurocentricas”, apuntaba luego de jornadas de discusión cuando ya partíamos en bicicletas por la noche a nuestras casas, mientras charlábamos sobre la actualidad del movimiento anarquista del país, del cual ya hace años estaba desapegado por no encontrar en sus reuniones y encuentros soluciones y alternativas para las de abajo. “Miremos lo que hacen los zapatistas: articulémonos en base a nuestra realidades y no dogmas, que muchas veces están fuera de nuestras realidades”, decía cuando debatíamos sobre la necesidad de fortalecer los procesos autónomos y populares de la Sabana.

Su partida nos dejó un profundo vacío que todavía no hemos podido llenar, no solo por las experiencias que se pudieron haber vivido, sino por la deuda que parece quedar en el aire con todos sus conocimientos y saberes. Augusto se nos fue bajo un halo de desasosiego, de creer que también su partida nos ha dejado sin varias palabras que se pueden decir en los debates que nos corresponde como movimiento libertario en Colombia, pero también como procesos populares y autónomos. Su visión de lo libertario inserto en las comunidades y desprendido de escalas, estéticas y etiquetas morales absolutas (que muchas negamos), nos deja la enseñanza de ser pueblo y actuar como tal, de leer nuestro entorno, nuestras realidades, de a veces dejar de lado la ilustrada y bien escrita historia e ideología occidental y voltear a mirar al lado: a la montaña, la laguna y los ríos, a las abuelas y los niños. Queda también el vacío de no haber podido compartir más.

Uno de sus mejores amigos y compañero de lucha por largos años en la Sabana nos señalaba días después de su muerte el gran hueco que nos deja con su partida: “Creo que con Augusto se fueron una cantidad de cosas frente al pensamiento ancestral de origen muisca, tanto así que en el rito de su funeral la única persona que sabía cómo se hacia era él, entonces tocó casi que reinventarlo todo”. Esperamos podamos también reinventar lo libertario para nuestro aquí y ahora, en nuestros tiempos y territorios.

Steven Crux

Liberación de la Uma Kiwe, autonomía y territorio: una mirada libertaria para la comprensión de la lucha nasa [Parte 2]

Las múltiples caras de la autonomía

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Acción directa; reforma agraria por el hecho:

Uno de estos rostros [de la autonomía indígena Nasa], y que ya se ha mencionado, es la liberación de la tierra como paso indispensable para realizar con éxito el proyecto comunitario. De igual manera, se anotaba que este proceso en su mismo procedimiento toca las esferas de la praxis libertaria: esta toma, aunque con todos y sus argumentos jurídicos formales que puede ayudar a facilitar los objetivos, es la puesta en práctica de la acción directa. Voltairine de Cleyre, anarquista estadounidense, explica que “Cada persona que alguna vez haya planeado hacer alguna cosa, y fue y la hizo, o que haya presentado un plan a los demás y ganado su cooperación para hacerla con ellos, sin tener que dirigirse a autoridades exteriores a pedirles que por favor la hicieran por ellos, ha sido practicante de la acción directa6. En ese sentido, como un ejercicio que combina una tradición de lucha acumulada por siglos y del mismo arrinconamiento al que ha llevado el gobierno a los nasa, la liberación de la madre tierra no es una exigencia, no es una petición, no es una negociación: es una acción, es un hecho.

Por supuesto que en el trascurso de la liberación, la entrega de tierras por vía judicial se vuelve una exigencia a pedir al gobierno de forma táctica, pero quedarse ahí sería negar la cosmovisión nasa. Por ello los cultivos, las construcciones, las mingas, la cocina, la educación, etc, se lleva a cabo sobre tierras que nominalmente no son suyas por ahora, pero lo han sido siempre por derecho ancestral. Así, estamos ante una reforma agraria directa y por el hecho: la repartición de tierra se hace al ritmo en que se liberen tierras, sobre ella se práctica otra forma de relacionarse entre comunidad y madre tierra más allá de los tribunales que subordinan la realidad a la formalidad y a la acción burocrática e indirecta.

Pedagogía libertaria, educación propia:

De otro lado, la educación propia nasa (como ha sido definido el proyecto pedagógico nativo) tiene bastantes puntos en común con las apuestas históricas de la pedagogía libertaria. De un lado, la artificialidad pedagógica que busca estandarizar, controlar y vigilar la enseñanza es reemplazada por una educación abierta y que, de nuevo, es definida por las asambleas y dinamizada por los tejidos de educación, siendo responsabilidad de toda la comunidad. Incluso, la mayor parte de enseñanzas propias sobre las plantas, la tradiciones o la geografía no la realizan como tal los educadores, sino miembros de la comunidad (especialmente mayores, los guías espirituales o comunales nasa), por fuera del aula de clases y en contacto directo con el resguardo.

Esto hace que los proyectos educativos nazcan de las mismas comunidades y no sean imposiciones exteriores, sin negar que esto puede converger por necesidades coyunturales con ciertos parámetros del Ministerio de Educación Nacional. Sin embargo, es de acotar dos diferencias notables entre ambos campos: la falta de cuestionamiento de la jerarquía que conserva el educador frente al educando, y el amplio campo del estudio de la lengua y la cultura propia que aún no ha abordado la pedagogía libertaria, por lo menos con tanta profundidad, por la misma falta de sincretización territorial en proyectos étnicos como este.

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Ecologismo social, defensa del territorio:

Dentro de las múltiples trincheras libertarias de lucha que se han logrado ampliar o crear en las últimas décadas sobresale el ecologismo social, teoría del norteamericano Murray Bookchin que, desafiando el economicismo permeado en gran parte de la tradición libertaria clásica, coloca a la contradicción ambiental del capitalismo como nodo de resistencia. Y es así, porque es precisamente el tratamiento ecológico el que define, a la larga, los medios de producción y reproducción del gran capital, como se puede ilustrar en las tesis de Bookchin. La defensa del sistema vivo del medio ambiente es sin lugar a dudas uno de los factores que han caracterizado a los pueblos originarios en Colombia. Los nasa, por ejemplo, se han ganado la fama de cuidadores de la tierra, los nacimientos de agua, los hábitat y el equilibro natural perturbado por la avaricia capitalista.

En ese sentido, no es muy difícil entretejer puentes entre la perspectiva ambiental de los nasa y el ecologismo social, especialmente al centrar las luchas indígenas en la defensa de la madre tierra, tal vez algo diferente a otros actores agrarios en Colombia que se han visto empujados a negociar la explotación minero-energética en sus territorios aceptando parámetros impuestos unilateralmente.

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Defensa propia, protección del territorio y la comunidad:

En línea con lo anterior, la perspectiva de territorio es contundente dentro del sentir nasa. Para ello, una de las herramientas que se han configurado son los Kiwe Thegnas (Cuidadores del Territorio) o At’púcxnas (Mano derecha de las autoridades), conocidos mejor como Guardia Indígena, que además de proteger la madre tierra ante las arremetidas que pretenden menoscabarla, se encargan de garantizar la tranquilidad comunitaria. Su papel excede lo que se podría pensar para una policía comunitaria o un grupo de vigilantes: son los encargados de velar por el respeto hacia la comunidad y los acuerdos que ella teje. La guardia indígena son un grupo descentralizado, no militarista y cuya única autoridad es la que emana de la comunidad que elige las personas que estarán en los cargos que coordinan su actividad.

Sin poder hablar directamente de horizontalidad o un mecanismo democrático directo (dado que la guardia indígena posee poco margen de acción más allá del delegado por las comunidades), la filosofía de la defensa social y del territorio propia se entreteje con la rica historia libertaria, donde expresiones similares como las revoluciones de Ucrania, España o Corea se dieron; incluso, la experiencia de la guardia indígena puede encontrar grandes similitudes en su cosmovisión (y no tanto con la parte técnica, donde por razones coyunturales experiencias de otros países han tenido que empuñar las armas) con actores actuales como las Unidades de Protección en los territorios kurdos o el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en México, que innegablemente han alimentado las lecturas y prácticas libertarias actuales. La guardia indígena ha tenido un papel central en la liberación de la madre tierra y las movilizaciones sociales más recientes, no en vano casi todos los muertos que han quedado sobre la vía panamericana y los cañaduzales portaron el bastón de mando de kiwe thegna.

Justicia no punitiva, justicia propia:

De otro lado, el debate sobre justicia comunitaria y no punitiva, aunque tratado adentro del campo libertario, aun presenta poca solidez práctica y más bien se ha resuelto al calor de los hechos. Mirar el proceso nasa en este sentido, como ya se ha apuntado, no puede limitarse a la liberación de tierras, sino a toda la dimensión social que le rodea. La justicia nasa, al igual que los demás campos mencionados aquí, está administrada por las asambleas y se operativiza en las autoridades. Pero ha logrado extenderse más allá e incluso se ha reflexionado sobre muchos modelos carcelarios traídos desde occidente: la mayor parte de delitos leves que en nuestras ciudades serían pagados con meses o años de cárcel, son reemplazados por trabajo comunitario durante las actividades que los nasa celebren, tales como las mismas asambleas.

Este modelo no punitivo se basa en la premisa de que el nasa que ha cometido un delito le ha fallado a su comunidad y a su cosmovisión, por lo cual debe compensarlo al mismo tiempo que se armoniza con sus pares. La mayor parte de castigados pueden dormir en sus casas, visitar a sus familias y su “castigo” se centra en gran parte en el trabajo de la tierra, si bien aún queda en el debate el uso en casos más graves de calabozos o del encarcelamiento en un patio especial en Popayán, administrado por el INPEC (Instituto Penitenciario Colombiano).

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Internacionalismo, la liberación de la madre tierra:

Antes de extenderse más, es preciso cerrar esta parte dimensionando que al igual que el anarquismo no es nada más que una propuesta para los individuos y los pueblos de como pensar y hacer las cosas –y no como nombrarlas-, el proyecto nasa no se agota en su nación étnica sino que es también una propuesta de país y mundo, que denuncia la muerte sentenciada de la madre tierra. Aunque no existe un consenso ni está perfeccionado el llamado, la idea de extender la minga y la liberación por toda Colombia y el mundo es una idea que toca aspectos cercanos al anarquismo y todas las luchas que, más cerca o más lejos, han palpado de las tesis, experiencias y visiones libertarias e internacionalistas.

Algunas distancias:

Para finalizar, quedaría señalar algunas diferencias que se hace menester precisar. De un lado, una importante parte del movimiento indígena del norte y occidente del Cauca ha colocado parte de sus esfuerzos en el desarrollo de procesos político-electorales, donde incluso han ejercido cargos ejecutivos como Alcaldías. Si bien esto es difícil de señalar como un error con una primera mirada y sería atrevido con la experiencia de lucha nasa, la praxis libertaria ha estado siempre fuera de las disputas electorales que se han dado, salvo contadas excepciones que se dan para contextos pre-revolucionarios.

De manera similar, y aunque ya se ha mencionado, el papel de la mujer como sujeto político y social ha aumentado paralelo al proceso de liberación de la madre tierra, pero aun falta bastante camino para hablar de una verdadera emancipación femenina. El patriarcado es trasversal todavía en muchos compañeros liberadores de la madre tierra y autoridades indígenas, pero es aun más fuerte el esfuerzo de las mujeres nasa y la conciencia que se ha extendido en medio del proceso, materializada en nuevos tejidos sobre asuntos propios de la mujer, la sexualidad suya y los asuntos de salud pública que le afectan.

De otro lado, aunque la organización se configura como democrática, la mayor parte de los esfuerzos administrativos se quedan en una excesiva burocracia que facilita la aparición de polémicas relacionadas con corrupción, e incluso, con las distancias culturales y socio-económicas que se dan entre las autoridades y las comunidades de base, caso que no se da con igual intención en todos los resguardos.

¿Y de aquí para allá?

El reto queda en poder generar un diálogo cada vez más abierto, sincero y desprendiéndose de los dogmas que atascan, entender que lo libertario es solo un aire que busca permear en los diferentes lugares donde se encuentra, sin dominar las experiencias y miradas sino brindarles una mano. En este proceso es que la solidaridad se vuelve un arma, es donde se hace urgente profundizar cada vez más el autogobierno, la defensa del territorio y el cierre al mecanismo de la represión. Esa solidaridad habla más que mil palabras y mil imágenes: habla desde los hechos. Estos puentes solo se tejen desde ahí: desde la solidaridad efectiva, y solo a través de ella, se puede hacer un diálogo que tenga algún sentido. No es de extrañar, que hoy por hoy, existen diferentes espacios de apoyo y solidaridad con el Norte del Cauca donde las libertarias hacemos fuerte presencia, enviando lo que sea necesario y denunciando en los barrios urbanos y universidades las arremetidas de la fuerza pública y elementos paramilitares contra la liberación de la madre tierra.

Sin embargo, se hace preciso mencionar también la, muchas veces, falta de compromiso completo, primero, por una suerte de turismo revolucionario que más daño le hace a las comunidades de base que se sienten como objetos de estudio, y segundo, por una excesiva ideologización de la lucha nasa, que nunca ha pretendido ni permitido que se le atañan etiquetas, ni partidistas ni electorales.

De ahí que se hace preciso poner miras sobre la autonomía, principio que como se dijo, es ahora resistencia frente a modelos de mundo cada vez más hipócritas, burocráticos y unilaterales. Debemos propender por redescubrir un autonomismo que sea clave para los procesos rurales y urbanos, que sea clave para generar autogobiernos democráticos y asamblearios en barrios, veredas y resguardos, que pueda dotar de herramientas al pueblo para su liberación y con ella, la de la madre tierra.

Para ello, es importante también que en la casa libertaria permee un aire con aroma a indígena, a campesino, a afro, a barrio… en fin, a pueblo. Esta casa, que durante tantas décadas hemos mantenido cerrada para poder convivir solo quienes la habitamos, debe abrir sus puertas y ventanas de par en par. Ya lo señalaba Augusto Tihuasusa, indígena muisca y libertario que ya no nos acompaña físicamente hoy: “el gran problema de pretender “anarquizar” el indianismo es que no dejamos «indianizar» al anarquismo”. Parafraseándolo hoy, diríamos: “el problema de buscar lo libertario en el pueblo, es que nos cerramos a buscar al pueblo, con todas y sus contradicciones, en lo libertario”.

Steven Crux
Diciembre 2016

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6Acción Directa, Voltairine de Cleyre.

Segundo Encuentro Internacional de Liberadoras y Liberadores de la Madre Tierra: la palabra y los hechos siguen andando

Aporte del colectivo Rebeldía Contrainformativa:

En Cauca, dentro de las mismas tierras liberadas que han dado luz de resistencia durante los últimos años, cientos de organizaciones sociales, grupos universitarios, feministas, sindicalistas, campesinas y campesinos, ecologistas, entre otros, acudimos a la cita propuesta por las guerreras y guerreros milenarios que han protegido este territorio y que, desde hace más de cuatro años se han erguido frente al modelo de despojo y violencia implantado desde la Colonia, hoy expresado en los monocultivos cañeros extendidos por una vasta región del Norte del Departamento.

Liberadoras y liberadores de todos los rincones del mundo nos reencontramos al calor del fuego y la palabra para revisar cuanto hemos andado y sobre todo, cómo estamos pensando la liberación de la Madre Tierra desde cada lucha y cada corazón. Pero no es esta una liberación en abstracto: es la una lucha contra el capitalismo y otras formas jerárquicas que se nos han impuesto como el patriarcado, el racismo, el extractivismo, el colonialismo, la desilusión y la desesperanza; bien se sabe que hay tantas luchas como problemas, siendo todas importantes de atender pues ninguna está supeditada a otra, pero como dicen los Nasa: hay que unirse desde abajo para poder ir sumando nuestras fuerzas en un solo corazón. La liberación de la Madre Tierra así como de las personas y seres que la habitamos, es una lucha de largo aliento que debe avanzar reconociendo las múltiples diferencias y los múltiples frentes en los que hay que poner aliento, ese fue uno de los propósitos que nos llevó a reunirnos nuevamente.

Desde Alemania, Argentina, Honduras, Chile, Francia, WallMapu, México, diferentes regiones de Colombia como San José de Apartadó, Ibagué, Popayán, Palmira, Bucaramanga, Tunja, Cali, Facatativá, Medellín Bakatá y otros cuerpos y territorios autónomos, nos sentamos a reflexionar acerca de las luchas contra el gran monstruo del Capital, a pensar como nos ataca y en especial, como podemos enfrentarnos a las jerarquías que plantea en su crecimiento. En medio de este reconocimiento aprendimos sobre la lucha del pueblo indígena Nasa, que ha decidido recuperar las tierras que habían sido despojadas para volver a sembrar comida que brinde alimento a nuestros pueblos. Una historia de resistencia que data desde el levantamiento de la Cacica La Gaitana, Juan Tama y Quintín Lame y que ahora busca expandir su llamado hacia las cuatro direcciones para que sigamos construyendo la liberación en distintos territorios desde la solidaridad y unidad.

Los preparativos iniciaron desde tiempo atrás: hace más de un mes algunas comuneras y comuneros Nasa realizaron la titánica labor de convocar por distintas ciudades del país a este nuevo encuentro, invitándonos a continuar con el trabajo realizado hace un año en Corinto. Luego, dos semanas antes del evento, se venían dando los preparativos logísticos en Vistahermosa-Caloto, uno de los puntos de liberación que han sido arrebatados al capital agroindustrial para empezar a sembrar y construir ese mundo nuevo. El día 28 de Julio, llegaron los últimos invitados: arribaron tres buses provenientes de Bogotá, dos chivas provenientes de Cali y otras compas que se sumaron como pudieron al II Encuentro Internacional de Liberadores y Liberadoras de la Madre Tierra, un espacio para el aprendizaje, el compartir, el trabajo libre y creativo, la música, la danza y por supuesto, la lucha. Se puso la olla con el esfuerzo de cada quien y se armaron las carpas para el descanso, bien lejos de los apoyos institucionales, pues la autogestión es base fundamental de las propuestas que surgen para la liberación.

El segundo día a plena luz de la mañana, los machetes empezaron a cortar los extensos monocultivos de caña, con cientos de personas que nos juntamos a aprender haciendo, enfrentándonos a la retórica y a los discursos vacíos, para darle paso a una praxis llena de amor y libertad, es decir, con hechos que expresan lo que siente nuestro corazón. Durante toda una jornada nos dimos cuenta que el gran el capital se combate desde lo concreto y con cosas simples: con cada corte de caña mostrábamos solidaridad y apoyo mutuo para restablecer la armonía de la Madre Tierra. Después de esta gran labor, nos dispusimos a disfrutar un mote y una refrescante limonada, pues durante toda la tarde teníamos la tarea de re-conocernos en un momento de saludo por parte de cada organización, colectivo o persona que acudió al Encuentro. Mientras tanto los niños y niñas que vinieron al evento, disfrutaban entre el juego, la amistad y la risa, haciéndonos comprender que la liberación también es complicidad y diversión a través de la ternura. Para finalizar el día la música y el baile nos llevaron bajo ritmos de cumbia, bullerengue, huayno, saya y tantos otros generando un carnaval lleno de esperanza en el que los cuerpos se iban liberando al sonar de los tambores.

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El tercer día nos encontró bajo una espiral de danza, pues como se ha hecho desde tiempos inmemoriales, se debía que armonizar el territorio a través del baile. Guiados por mayores y mayoras, danzamos para poder iniciar la siembra en estas tierras liberadas. Luego y en vista de la gran cantidad de personas y organizaciones que se hicieron presentes en el evento, se aprovechó la tarde para continuar con la presentación y reconocimiento de cada fuego, de cada lucha. La noche fue llegando con música y danza, con comida y chicha, con compromiso e ilusión, hubo tiempo para presentaciones de teatro y artísticas locales, que nos invitaron a continuar con la lucha por este ancho camino.

El cuarto y último día sirvió para realizar una agenda conjunta y para seguir tejiendo caminos de unidad, realizando un esfuerzo por definir el cómo nos enfrentamos al espectro capitalista. Para derrotar a este gran Goliat, tenemos que unir fuerzas y protegernos de todas sus atrocidades, es por esto que nos indignamos con la realidad que se presenta en los territorios y en la vida de las personas que han luchado contra este monstruo, especialmente cuando lanza su garra militar y asesina a los luchadores y luchadoras sociales que le enfrentan. Este espacio para la memoria nos indicó la necesidad de continuar fortaleciendo la organización frente a la violencia que está tiñendo los diferentes lugares.

Como Rebeldía Contrainformativa, nos sumamos a este Segundo Encuentro Internacional de Liberadoras y Liberadores de la Madre Tierra dentro de la Minga comunicativa que convocó a diferentes colectivos de información y contrainformación para cubrir el evento en un trabajo conjunto dejando los egos y aportando desde nuestro quehacer con unidad y apoyo mutuo. De esta manera, los diferentes medios de comunicación nos juntamos para cubrir el encuentro, aportando desde diversos enfoques en una tarea colectiva que permitió difundir más el proceso de liberación de la Madre Tierra.

El Encuentro concluyó con un comunicado y con los agradecimientos debidos al territorio que nos albergó durante todo el evento, reconociendo que nos queda mucho por hacer, pero nuestros corazones salen con una alegría y una esperanza que nos brinda fortaleza para seguir este caminar. Seguimos luchando y liberando la Madre Tierra, siendo gotas en esta lucha que sigue creciendo como aguacero. Sabemos que debemos continuar con el proceso de liberación, replicando en los diferentes lugares, teniendo como tareas inmediatas continuar en las calles, universidades, barrios y campos tejiendo la lucha, pues abajo nos encontramos y nos encontraremos.

Rebeldía Contrainformativa, Julio 2018

Liberación de la Uma Kiwe, autonomía y territorio: una mirada libertaria para la comprensión de la lucha nasa [Parte 1]

Cortas palabras para celebrar la vida y caminar la palabra de Guillermo Pavi, Gersaín Cerón y Marco Aurelio Díaz, cuya sangre ha quedado sembrada en los cañaduzales y la vía panamericana, en búsqueda de la liberación de la tierra.

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El pensamiento libertario es una forma de dimensionar los fenómenos sociales, políticos, ideológicos, culturales, económicos e incluso biológicos desde una base que se centra en la libertad como motor de la interrelación social, pudiendo incidir en ella bajo esa perspectiva, en contra-vía a la coerción jurídica, cultural, económica, militar y política. Desde su nacimiento, la praxis libertaria vería como objetivo inmediato la abolición de la explotación del ser humano, aunque dicha perspectiva se ha ampliado y profundizado en el correr de los años.

Lo libertario es precisamente el sustrato filosófico y ético que se adentra en las luchas populares por vida digna, autonomía, democracia directa y libertad colectiva e individual. El término, que aunque tenía amplia trayectoria entre los círculos liberales de Europa occidental, fue acuñado como eufemismo dentro del movimiento anarquista francés de la última década del siglo XIX, a causa de la fuerte represión que se tejía contra el pueblo. Una mirada libertaria hace mención a realizar lecturas sobre las realidad concretas desde una base epistemológica de la libertad, que muchas veces desborda al mismo anarquismo, y en nuestro caso, se identifica con la tradición social del mismo y del pueblo.

Por otro lado, el proceso de liberación de la Madre Tierra, que inicia en diciembre de 2014, es una nueva apuesta estratégica del movimiento indígena en el Cauca, específicamente de ciertos resguardos y cabildos Nasa vinculados con la región del Norte de dicho departamento. A través de la toma de tierras, con campamentos permanentes y el sabotaje a los cultivos de caña de azúcar carburante, mientras se siembra alimentos de pan-coger, se plantea un nuevo proyecto de vida comunitario, autogestionario y social que ya no tiene cabida en las regiones montañosas dadas a los indígenas, que ven con preocupación la alta concentración de la propiedad en sus tierras ancestrales (que generalmente son las más ricas y que se encuentran en los planos) y el maltrato que se hace a la madre tierra en un proceso de monocultivo de caña carburante. Actualmente, este proceso de liberación es adelantado por las comunidades indígenas de Munchique, Huellas, Corinto y López Adentro, en 9 fincas diferentes, cubriendo gran parte de los municipios que configuran la región del Norte del Cauca.

Este texto pretende buscar los puentes que existen entre la liberación de la madre tierra y nuestra praxis autónoma y libertaria. Precisamente, ese objetivo no lo plantea una motivación académica sino de acción, de seguir caminando para redescubrir un otro mundo que tejen los pueblos al calor de sus luchas. En ese sentido, la mayor parte de estos análisis surgen de procesos de acompañamiento y estudio mano a mano con los brazos que liberan la tierra, razón por la cual se hace difícil hacer una exhaustiva referencia y bibliografía al respecto, que se espera, pueda ser mayor en un futuro cercano conforme vaya caminando más la palabra.

La relación entre el pensamiento indianista y el libertario

La relación entre estas dos formas de praxis no es nueva ni se remonta únicamente a nuestro país. Así, desde la llegada del pensamiento libertario a las tierras americanas (especialmente luego de las grandes migraciones de obreros europeos que se da a finales del siglo XIX), muchos simpatizantes anarquistas empezaron a estudiar las luchas sociales que se dieron en estas tierras desde la época de la conquista. Sobresalen dos teóricos para entonces y con los cuales basta para hacer un marco histórico para este texto: Manuel Gonzáles Prada y Ricardo Flores Magón.

El peruano Manuel Gonzáles Prada fue un intelectual, poeta y anarquista peruano, que mostró, entre otras cosas, especial preocupación por la cuestión india, desde un enfoque político y etnográfico. En su ensayo titulado “Nuestros indios” y realizado en 1904, Gonzáles Prada destraba mitos sobre la raza y el estudio etnográfico1. Desde una óptica libertaria, rescata las tesis de rechazo a formas estatales de gobierno desde el anarquismo y su interceptación con la incapacidad de las mismas de dar derechos a los indígenas, que a la larga termina siendo una quimera. Como conclusión del mismo ensayo, Gonzáles Prada advierte que “el indio se redimirá merced a su esfuerzo propio, no por la humanización de sus opresores”, lo que sin riesgo a equivocarnos podría compararse, con no solo la tradición de autogobierno de los pueblos originarios, sino con las prácticas más contemporáneas de autonomía y autogestión en los mismos y que afloran luego de terminada la guerra fría, donde se interceptan con el pensamiento libertario.

De otro lado nos encontramos con Ricardo Flores Magón, periodista y militante anarquista mexicano, figura clave en el desarrollo de la revolución mexicana. Al igual que Gonzáles Prada, Flores Magón tendría una especial sensibilidad por las luchas indígenas que se daban en México, especialmente de los escenarios que jugaron para llevar a la crisis política y social que estallaría en los sucesos revolucionarios de 1910 y 1911, donde las anarquistas ocuparían una posición protagónica en el Norte del país. Se debe mencionar la misma crianza tanto de Ricardo como de sus hermanos, quienes vivieron su infancia en un pueblo indio, pudiendo observar de cerca desde niños las formas comunitarias de gestión y convivencia, muy lejanas a las ideas modernistas y estatales imperantes en las grandes urbes gobernadas por criollos admiradores de los grandes imperios monárquicos de Europa. Ello, acompañado de la metamorfosis que llevó tanto a Ricardo como al Partido Liberal Mexicano (al que pertenecía) al anarquismo, queda reflejado en las posturas que adquiere la corriente libertaria en dicho país. El programa del PLM de 1906 no solo recoge la bandera de restitución de tierras a las etnias despojadas, sino también protección de las mismas por medio del fortalecimiento de la educación2, propuesta que guarda distancia del independentismo garantista, que con dificultades simplemente reconocía las tierras pero negaba ejes transversales a los indígenas como el fomento de la cultura y la educación. Conforme maduraba el pensamiento de Flores Magón y la lucha revolucionaria continuaba, este acercaría cada vez más lo libertario al indianismo, sintetizadas muchas de estas tesis en su artículo “El pueblo mexicano es apto para el comunismo3, publicado en el periódico Regeneración en 1911, donde señala 3 elementos claves de la organización socio-política india: 1) La propiedad común de la tierra y el libre acceso de todos sus habitantes a los recursos naturales, 2) el trabajo común y el apoyo mutuo entre individualidades y familias, y 3) el odio a la autoridad y la no necesidad de ella.

En Colombia, podemos rastrear la relación en el mismo florecimiento del movimiento obrero radical en la década de 1920. En específico, las acciones de solidaridad que tejieron grupos anarcosindicalistas durante los años 20 con la lucha que adelantaba Manuel Quintín Lame en el sur-occidente colombiano4.

Más contemporáneamente, se puede hablar acerca del fuerte trabajo que desarrolló el Proyecto Cultural Alas de Xue en los años 90, especialmente con la búsqueda de un socialismo propio, que manifiesta en grandes aspectos de la vida comunitaria de diferentes comunidades nativas el sentir libertario. En particular, es de observar que más que un proceso de teorización o ideologización, Alas de Xue buscaba encontrar un anarquismo más acorde a las realidades locales, sin llegar a tener una retórica explícitamente libertaria en la totalidad de su trabajo político y académico, como se puede ver en las diferentes investigaciones que adelantaron sobre Manuel Quintín Lame y Juan Tama.

El proyecto comunitario Nasa

Quizás, a resaltar a primera vista, es importante buscar los intersectos entre el pensamiento libertario y el proyecto de vida Nasa en la visión comunitaria del mismo. Así, y rescatando la tradición social y comunalista libertaria, hay un fuerte contraste con la visión liberal y moderna del individuo como ser aislado de la sociedad en su esencia, de un hipócrita libre albedrío y de una entrega pseudo-voluntaria de las libertades individuales a un todopoderoso Estado para obtener seguridad. Los mitos fundacionales sobre los que se erige la sociedad fallida liberal se desmoronan ante proyectos de vida comunitarios, que colocan la colectividad como centro para la potenciación de las oportunidades y deseos individuales. Aunque este tema podría salirse del campo de estudio que se quiere abordar, especialmente porque los proyectos al respecto del pueblo Nasa son casi incontables, es menester concentrarnos en la perspectiva que tienen los indígenas nasa en los lugares donde se está liberando la madre tierra.

Es señalado históricamente, desde la plataforma de lucha del Consejo Indígena Regional del Cauca, en los puntos 6, 7, 8 y 10, que la ampliación de los resguardos (conseguida en los resguardos mencionados por medio de la liberación directa de tierras) deja de tener sentido si no se adecua a proyectos educativos y sociales que buscan rescatar y defender la lengua e historia propia, la formación de profesores indígenas, el fortalecimiento de la economía propia y la defensa de la familia5. Y no hay mejor forma de ilustrar esto que explorar el concepto de minga.

La minga es el trabajo colectivo, es el compartir las necesidades y sus soluciones, es el pensar desde la comunidad las tareas de las familias y los individuos, que incluso desde la cosmovisión y cosmogonía nasa sería imposible explicar en su totalidad con términos propias de la academia occidental. El antecedente más inmediato del proceso de liberación de la madre tierra, aparte del inicio de la ocupación de la hacienda La Emperatriz en Caloto en 2005, es precisamente la minga social y comunitaria de 2008, que no fue otra cosa que una movilización de las comunidades que contó con el apoyo de los movimientos populares del país. Y así, esta demanda y accionar colectivo terminó por trasfigurar en el actual proceso de liberación de la madre tierra, cuyo fin y medio están completamente atravesados por el concepto de minga. La recuperación de tierras se hace con una convocatoria a mingas de liberación, donde cada Nasa y su familia ofrecen horas de su trabajo diario una vez a la semana para cortar la caña de azúcar carburante en las fincas ocupadas, pudiéndose contar los indígenas por cientos y miles. Luego, esta es precedida por mingas de cultivo, donde sobre los vestigios de la caña se armoniza la tierra y se procede a cultivar maíz, frijol, ahuyama, café y otros alimentos necesarios para el pan-coger de las comunidades. Y en este vaivén, es necesaria la participación de la comunidad, que es la directa protagonista del proceso. Es la masividad de la minga la que ha permitido que el proceso de liberación perdure en el tiempo y haya podido converger con otras coyunturas locales, desafiando los diferentes actores armados y menoscabar, así sea por poco, la fuerte represión estatal y para-estatal.

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Las proyecciones territoriales y políticas apuntan a, tras la liberación de las tierras, convocar mingas de construcción de viviendas, escuelas, centros rituales, lugares deportivos y empresas comunitarias, que se vienen gestando de a pocos en los actuales resguardos. Sobresale, por ejemplo, las mingas de educación y comunicaciones convocadas en los últimos años, donde diferentes sectores sociales del país han estado presentes en los grandes eventos de la comunidad Nasa, con un fuerte espíritu colectivo de trabajo.

La autonomía y la identidad comunitaria

Sin embargo, incluso el trabajo colectivo en Minga puede ser insuficiente para mirar el proceso de liberación de la madre tierra desde una óptica libertaria, siendo preciso agregar el elemento clave que puede dimensionar la capacidad propia de la comunidad sobre sus destinos: la autonomía. Esta, entendida a groso modo como la capacidad que tiene un grupo social para ejercer el poder sobre los asuntos que le tocan directamente en una relación de armonía y democracia directa, no es nada más que una simple bandera que se ha tenido que enfrentar a mil demonios. Así, ante un mundo cada más globalizado (y por lo mismo, gobernado por agentes unilaterales), unas leyes nacionales cada vez más socavadas por las agendas del libre comercio imperial y la avanzada de la acumulación por exterminio total, la autonomía ha pasado de ser un principio político a una forma de resistencia en sí misma. En específico, cuando la comunidad Nasa construye su propio gobierno se está enfrentando al capitalismo mundial, que no por nada tiene sus ojos puestos sobre las ricas tierras de la cuenca alta del río Cauca.

Es difícil pensar que los Nasa se identifiquen con una patria artificial, que les ha negado su historia y es heredera de la tradición esclavista, por lo cual, han construido sus propios gobiernos a partir del exilio y la esclavitud de la conquista. Esta autonomía se ve materializada en las asambleas, no sobrando mencionar que toda minga una vez finalizada es precedida de una pequeña reunión de la comunidad que participó. Las asambleas son, entonces, la mayor expresión de organización y decisión de los indígenas: es allí donde se mandata, desde abajo, con la puesta en práctica de una democracia participativa, deliberativa y directa, eligiendo las personas encargadas de llevar adelante las tareas administrativas (conocidas como autoridades), que sin embargo, siguen estando bajo el control político y cultural de la asamblea y la opinión de los guías espirituales, conocidos como mayores. Por supuesto, esto no hace escapar a algunos cabildos de las lógicas de corrupción y clientelismo, sobre todo donde la construcción de estos se ha dado bajo la batuta de los tratados coloniales firmados desde España o con el beneplácito de elites locales alineadas con la derecha terrateniente, quienes a la larga prácticamente niegan el gobierno tradicional. Sin embargo, es imposible no ver que en el trascurso de la misma lucha por liberar la madre tierra se ha logrado democratizar cada vez más espacios asamblearios, hecho por lo demás de admirar en un país con tan altos índices de corrupción, sin mencionar que el Cauca sea uno de los departamentos que más ha sufrido las consecuencias de la guerra entre las insurgencias y el Estado colombiano, donde las elites locales se han fortalecido sobre discursos racistas y conservadores.

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Mantener dichas prácticas de autonomía, que por supuesto desbordan el limitado campo de la gestión pública soberana y tocan los más variados aspectos culturales, comunicacionales, educativos, de resguardo de la tranquilidad e incluso económicos, es un avance innegable que rápidamente se puede poner en contraste con las apuestas libertarias de autogestión y autogobierno, que ponen fuerte énfasis a la construcción comunal de las asambleas que operativizan las necesidades multidimensionales. No se puede olvidar aquí que la visión del nasa como sujeto escapa de la estrecha perspectiva del trabajador, visión relacionada con los círculos anarcosindicalistas clásicos y que ha sido rebatido a la luz de nuevos viejos movimientos sociales contemporáneos, por lo cual, la autonomía a su vez va más allá de la economía autogestionada y rescata al sujeto social como un individuo cultural, étnico y con variadas perspectivas. Lo anterior, de hecho, a logrado que actores como las mujeres y los jóvenes, históricamente expulsados de la vida política de las comunidades, vayan ganado de a pocos pero con firmeza mayor cabida en los gobiernos tradicionales nasa, especialmente en los procesos de liberación de la madre tierra.

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