[Debate] Sindicalismo, articulación multisectorial y poder popular

La escena

El ciclo de luchas abierto por el 15M se ha cerrado cuando llegaron a un techo en el cual hacían falta referentes políticos que diesen una orientación política a nivel cualitativo y con carácter ofensivo a los movimientos sociales. Ante la falta de dichos referentes en gran parte de la izquierda, más centrada en autodestruirse que en construir (y en el anarquismo fue casi la tónica general hace unos 2 a 3 años), muchas activistas terminaron atraídas por los cantos de sirena de Podemos y el asalto institucional. Pero esto ya es agua pasada. Ahora vemos que el ciclo electoral está tocando a su fin y tenemos que ver cómo podemos reactivar la lucha en las calles. Dicho de otra manera, abrir un nuevo ciclo de luchas partiendo de la actual coyuntura.

Si bien podemos decir que las luchas laborales son imprescindibles en la lucha de clases, no puede ser expresamente el eje central de la misma, ya que en estos momentos el capitalismo afecta a todas las áreas de nuestras vidas, no solo el trabajo. De hecho, siguen existiendo otras estructuras sociales de opresión como el patriarcado y el racismo que terminan relacionándose. Sin entrar ahora en estos temas, en el panorama laboral actual, a parte de la actual coyuntura de precarización, microempresas, trabajo temporal… encontramos un desencanto generalizado con los actuales sindicatos mayoritarios, convertidos en gestorías y servicios burocráticos corruptos. Todo esto es resultado de la ofensiva neoliberal de los ‘70, época en que las izquierdas estaban en retroceso y la afiliación sindical descendía. Llegaron las externalizaciones, las deslocalizaciones y las reconversiones industriales que reconfiguraron los tejidos laborales y empresariales de todo el mundo, hasta hoy en día. Con la llegada de la mal llamada crisis económica del 2007-2008, la situación de las izquierdas y el tejido sindical al estallar dicha crisis eran testimoniales frente a la hegemonía casi absoluta de la ideología liberal. Tampoco dejaba mucho que desear las opciones revolucionarias, que estaban relegadas al folclore y las discusiones en el pasado glorioso. Todo eso más una pasividad generalizada, el descontento de la población comenzó a poner el foco de la mirada en otros problemas como la corrupción, el paro, la vivienda y los servicios públicos principalmente.

Las luchas laborales de hoy

A pesar del desencanto con los sindicatos, una escasa conciencia de clase generalizada y la actual situación del mercado laboral, sí que hemos visto conflictos laborales importantes. Además de recordar los conflictos mineros, el de Panrico y Cocacola, habría que mencionar las de Correos, en el sector TIC en empresas como HP e Indra donde comenzaron a tener implantación sindical, y más en especial el de Movistar, sin dejar atrás la huelga reciente en Telemarketing por un convenio digno. También vemos que en el sector servicios comienzan a crearse secciones sindicales, en concreto, en la hostelería. No sin olvidar a las Kellys, las camareras de hoteles, el sindicato de manteros e incluso las empleadas del hogar, son ejemplos de cómo los sectores más precarios comienzan a organizarse. Además, cabe mencinar la llegada del sindicalismo en artes gráficas como el de figurantes o los sindicatos de músicos. Esto quiere decir que en el mundo laboral hay conflictos abiertos y aún por haber que desde las bases de un sindicalismo de clase debemos saber impulsarlas, dotándolas de herramientas y recursos para que dichas luchas crezcan sin importar las siglas, sino atendiendo al sentido estratégico.

En todos los conflictos mencionados anteriormente, los actores (sindicales) son diferentes así como la composición de la plantilla que está involucrada en estos conflictos. Todo ello nos indica la diversidad de sindicatos que están llevando a cabo las acciones y movilizaciones. Haré especial mención al caso de la huelga de Movistar como ejemplo de articulación multisectorial, el cual rompió la barrera de las luchas sectotiales para conectar con los movimientos sociales, lo que permitió que alcanzase tal envergadura y repercusión. En este sentido, tenemos que hacer análisis amplios que vayan más allá de nuestros espacios políticos o de implantación de nuestro sindicato que vayan en el sentido de tejer alianzas con otros sindicatos y movimientos sociales.

En qué fallamos

Basta ya de lamentos y de culpar al sindicalismo de concertación. Miremos ahora hacia nosotras. Un gran error es confundir el sindicato con una organización política y reivindicar la identidad del mismo y la ideología antes que atender al aspecto funcional. Cuando priorizamos la identidad sobre lo funcional, ocurre que pasa de ser sindicato a grupo de afinidad donde entran mayormente aquellas personas que tienen ciertas simpatías con el anarquismo, y que hace otras cosas desatendiendo el sindicalismo. Cabe pues preguntarnos sobre cómo estamos actuando y cómo pretendemos articular un sindicalismo funcional en este tejido laboral tan precarizado y descompuesto si lo que pretendemos es crecer. Es más, cómo podemos configurar un movimiento sindical que llegue a los barrios, qué aspiraciones se pueden realizar desde el sindicalismo alternativo y rellenar los huecos a donde el sindicalismo de concertación no llegan. En política, cuando una organización, una fuerza o un actor deja un espacio en el escenario, es una oportunidad para que otra fuerza la ocupe. Esto es lo que deberiamos saber leer y aprovechar.

Las preguntas que deberíamos hacernos para la reflexión y la autocrítica deberían tirar en estos sentidos: ¿cómo afrontamos la subcontratación? ¿Cómo podríamos dar cobertura sindical a sectores desprotegidos y temporalizados como la hostelería, las empleadas de hogar o las camareras de hoteles? ¿Qué hacer con los y las trabajadoras en microempresas y PYMES? El sindicalismo de barrio podría ser una respuesta interesante ante estas preguntas, ya que ampliaría el campo de acción hacia el barrio y facilitaría la articulación multisectorial.

Salida hacia adelante

Hemos de ir superando los debates sobre las formas, los contenidos y las identidades para pasar a centrarnos en análisis de coyuntura, hojas de ruta, propuestas y líneas estratégicas. Así que las cuestiones de fondo no son si el sindicalismo tiene que ser ésto o lo otro, si tiene que ser libertario o no, o si la estructura está burocratizada o no, sino que más bien debe ir en el sentido del papel que pueda jugar como herramienta para la emancipación de la clase trabajadora actual y qué lineas políticas asume como instrumento para la lucha de clases. Más allá de la legalidad vigente y de los métodos de lucha en sí, hemos de plantearnos unas líneas que permitan una ofensiva a nivel político-social. En este sentido, primero hemos de contar las fuerzas que tenemos y qué objetivos debe tener un sindicalismo revolucionario. Podemos poner como finalidad el asumir el control de la economía por parte de la clase trabajadora, pero en medio existen muchos otros objetivos: constituirse como referente en las luchas obreras, ofrecer herramientas y apoyo logístico en la formación de nuevas secciones sindicales y asesoramiento laboral, tener contacto con cooperativas, tejer lábeles sindicales en los barrios, tener bolsas de trabajo propias, cajas de resistencia para huelgas, bases para la recuperación de empresas, mutuas… Son por ahora solo una tormenta de ideas, pero realmente necesarias para ir concretando objetivos y avanzar en materia.

Luego, la relación del anarquismo con el mundo laboral debe, primero, dar respuestas en el corto plazo en el sentido de ofrecer herramientas funcionales que resulten efectivas para poder ganar conflictos laborales, como por ejemplo, propuestas para revitalizar un sindicalismo revolucionario. No es que la gente se tenga que acercar al anarcosindicalismo o sindicalismo revolucionario, sino cómo podemos ir acercando las herramientas del sindicalismo revolucionario a los sectores precarizados y al mundo laboral, qué soluciones podemos aportar a esta coyuntura laboral y qué estrategias llevar a cabo para avanzar. Tanto en los movimientos sociales como en el mundo laboral, nuestro papel como libertarios es asumir una responsabilidad política de constituirnos como tendencia organizada e insertarnos en las luchas existentes tratando de que estas luchas avancen siguiendo unas líneas políticas socialistas libertarias, no porque tengamos razón, sino por acierto estratégico. Si no queremos mantenernos más tiempo a la defensiva, necesitamos propuestas para pasar a la ofensiva. Una de ellas, ya que estamos tratando el problema de la escasa vinculación entre movimientos sociales y luchas laborales, es la articulación multisectorial, que consiste básicamente en tender puentes y, de alguna manera, sincronizar objetivos que puedan asumirse tanto desde la perspectiva laboral como desde los movimientos sociales, que existan lazos solidarios entre ellos, como lo sucedido en la huelga de Movistar, la cual recibió apoyos desde la PAH y otros colectivos.

La propuesta de articulación multisectorial servirá como primer paso para romper las barreras sectoriales y sentar las bases para la construcción del poder popular, esto es básicamente, la capacidad material del pueblo para realizar sus aspiraciones y decidir su propio destino en todas las esferas de la vida pública: política, economía, sociedad y territorio. Aquí el sindicalismo revolucionario entraría en el papel de la construcción de un nuevo modelo económico sin desligarse del resto de luchas. Y nuestro papel como libertarios es ser un actor político que impulse un movimiento popular fuerte e independiente.

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Peligro: Infiltración de la extrema derecha en el movimiento animalista

Cuando hablamos de “Animalismo”, por regla general nos referimos a menudo a una corriente de pensamiento, más que a una corriente política. En las últimas décadas el movimiento animalista se ha tenido que dotar de instrumentos políticos orgánicos, supongo que debido a una reflexión bastante lógica, puesto que si el pensamiento animalista concede a los animales la condición de sujeto de derecho y no una mera propiedad del ser humano, estas reclamaciones (pensaron) van a ser más eficaces en forma de movimiento político y no una mera corriente filosófica.

A pesar de todo esto, existen movimientos políticos animalistas que declaran su apoliticismo y tienden a dejar pasar a sus entornos a cualquier persona que, simple y llanamente, defienda los derechos de los animales. Esto ha dado paso a núcleos de extrema derecha, es más, aunque por ahora de ínfima repercusión, se sabe que incluso existen organizaciones de extrema derecha de perfil animalista, los tenemos en ejemplos como el grupo PECTA (Patriotas Españoles Contra la Tortura Animal) y sus panfletos con simbología nacional-socialista, o bien DANR (Defensa Animal Nacional Revolucionaria) que, aunque no nacional-socialistas, ellos mismos se autodenominan “Cristianos Tradicionalistas” y además sus vínculos con organizaciones como Nueva Derecha o Resistencia Cristiana están más que probados. Estos son solo dos ejemplos en el Estado Español, hay más (tal y como denuncia la Asamblea Antiespecista de Madrid), y en el mosaico europeo alcanza grados preocupantes.

Ejemplo muy llamativo de esto es la expulsión del grupo (de izquierda libertaria) animalista francés Panthères Enragées del International Animal Rights Gathering 2013, celebrado en Bélgica, por promover el boicot de la proyección cinematográfica “ALF: La Película”. Debe mencionarse aquí que dicha película cuenta con el inestimable apoyo de la fundación de Briggite Bardotte, que para quien no lo sepa, ha sido condenada por diversos delitos de odio racial y homofobia, además de ser una públicamente auto reconocida partidaria de Marie Lepen.

Ejemplos idénticos se dan en Italia y en el Reino Unido, en éste último lugar, donde por cierto el conservadurismo y la extrema derecha va tomando gran auge a raíz de la crisis de los refugiados, los elementos ultras en expansión buscan todo tipo de huecos en donde hacerse una plataforma. Este análisis conllevaría un artículo propio, por la enorme cantidad de latitudes en la que se ve contagiada la sociedad británica, acabaremos en esta ocasión por mencionar simplemente que, como es lógico, el movimiento animalista no ha sido ninguna excepción.

Aunque ciertamente, como hemos visto al menos en lo que al Estado Español respecta, son grupos de ínfima implantación, estuvieron presentes entre las multitudes en el caso del perro Excalibur en el 2014 y esto nos ofrece el claro indicio de la infiltración entre movimientos (a menudo considerados populares) animalistas y como mínimo en sus protestas sociales. Salten las alarmas.

Mencionados estos pocos datos, y haciendo un punto y aparte de siglas sino más bien centrándose, a modo de orientación, en un sentido más genérico acerca de la participación de determinados elementos ideológicos dentro del movimiento animalista, me parece que debemos hacer un parón y elaborar una profunda reflexión, en lo político y en lo ético, sobre esta realidad y sus peligros.

Desde el punto de vista político ¿qué desea esta gente?

El capitalismo salvaje es el mayor enemigo de los animales, aquel sistema que cría en cautividad incontables especies, las ceba o incluso adultera, sometiéndolas a la tortura de las conexiones permanentes de sus máquinas, producciones en cadena y finalmente ejecución… aprovechar hasta sus pezuñas para realizar gominolas infantiles. Aquel capitalismo salvaje cuya calidad de compra-venta exige matar a golpes a un pobre animal para obtener una piel adecuada, que experimenta con crueles métodos sobre indefensas criaturas ¡No para salvar vidas humanas! Sino para el diseño de maquillaje, cremas y productos para el cabello al servicio de la pérfida belleza burguesa

¿Cómo puede ser la derecha, y aún mas la ultraderecha, defensora de los animales cuando su existencia y su supervivencia la exige mantener y defender el mismo sistema socio-económico que, precisamente, niega la condición de sujeto de derecho para los animales por ir frontalmente en contra de los intereses de su economía?

No pueden existir derechos plenos para los animales dentro del capitalismo, ni tan si quiera nosotros los seres humanos tenemos esos derechos cuando el azar nos sitúa nativos de África o de Oriente Próximo, de hecho en muchos sentidos ni tan si quiera en Occidente ¿acaso podemos concebir un capitalismo respetuoso con los animales, cuando ni con su propia especie lo es?

Seguramente sea mucho mayor el insulto y el “pecado” de la ultraderecha “animalista”, a propósito de su intento de lavado de cara y su infiltración en sectores masivos despolitizados con intención de captación y propaganda. De forma muy parecida a cuando compran cerebros en Grecia, por apenas unas pocas bolsas de comida entre las familias más desgraciadas, a cambio de escuchar horas de discursos racistas y xenófobos y, por supuesto, un sufragio a su favor.

Habrá movimientos que pudiesen discutir esto, reafirmándose “anticapitalistas” a la vez que desvelándonos su situación tercerposicionista. Esta posición que llama, desde el ultra-nacionalismo y el populismo, a los valores tradicionales. Sin embargo me temo que la experiencia histórica ya nos habla con cierta profundidad sobre el Tercerposicionismo en Europa.

En cuanto al factor ético ¿en donde debemos tener los límites?

Personas que, dicen ser tradicionalistas cristianas, niegan el derecho de la mujer sobre su propio cuerpo ¿vamos a defender junto a ellos la integridad de un animal? Aquellos que niegan los derechos de los homosexuales, propagan el odio racial ¿compartiremos espacios comunes creyendo hacer un bien?

Esto es lo que esos movimientos “apolíticos” animalistas deben de reflexionar con mucha atención. Una cosa es no dividir a la sociedad consciente de la problemática del maltrato animal a causa de factores secundarios, y otra muy diferente es pensar que la ultraderecha y todas sus consecuencias son uno de esos factores secundarios. El Fascismo, bajo cualquier nomenclatura, tiene un alcance mayor que este aspecto de las innumerables problemáticas que vive nuestra sociedad. Otorgarles capacidad de protagonismo en una, es arriesgarse a alcanzar cotas de mayores plataformas en realidades ajenas a la inmediatamente animalista que nos llama, en esta ocasión. Será en ese momento cuando lo lamentemos.

Otra reflexión merece darse en los núcleos militantes, en los que urge mayor proyección en el asunto animal y una militancia más arrojada, formada y consciente en estos aspectos, priorizando más la protección de estas criaturas partiendo del entendimiento que, como seres sintientes, son también dramáticas víctimas del capital, probablemente a menudo más de lo que nosotros lo somos. Como seres pensantes y racionales, la naturaleza nos ha otorgado la responsabilidad y la obligación de defenderlos, porque lógicamente ellos no poseen nuestros medios. Sin embargo, sin olvidar nunca el análisis político de su situación y la pedagogía social necesaria que indique a la sociedad que este tumor, lejos de estar centrado en “malas personas”, está centrado en un sistema inhumano, sanguinario y explotador que, desde luego, ni la derecha ni la ultraderecha (si acaso hubiese diferencia radical) puede combatir debido a su naturaleza endémicamente capitalista.
Son muchas compañeras y compañeros los que están involucrados en movimientos animalistas, para esas individualidades también deseo arrojar una reflexión añadida: con el fascismo no se comparte espacio, al fascismo se le detecta y se le combate.

Todo el mundo puede decir cosas bien parecidas, que muchos compañeros han dicho alguna vez, recordemos aquel “El mundo del futuro será vegetariano” de Adolf Hitler, pero los compañeros y compañeras que ven una alternativa en un futuro vegetariano no comparten la ideología y mucho menos la estrategia del genocida alemán. En los hechos y en la naturaleza pragmática y programática radica una lectura real de lo que esconden frases grandilocuentes o propósitos aparentes. No hay que olvidarlo.

La ideología sí importa.

La cultura de la rebeldía

No ya únicamente desde las primeras elecciones al ejecutivo del Estado Español, sino incluso desde aquellas relacionadas a ese gran monstruo devorador e imperialista llamado “Unión Europea”, hemos sido testigos de un auténtico fenómeno inédito en nuestra historia reciente con la irrupción en el panorama institucional y político de PODEMOS. En todo el Estado Español, tal vez salvo en aquellas naciones cuyos movimientos populares están en gran medida involucrados en movimientos de liberación nacional, y cuyas claves a menudo responden a diferentes dinámicas, hemos podido ver como grandes sectores de la sociedad se han ilusionado con este circo mediático. Recientemente, incluso intereses de sectores concretos del PSOE nos han querido vender una faceta “guevarista” del ex candidato a la presidencia Pedro Sánchez. Irónicamente, los únicos auténticos y fieles a su idiosincrasia, cuya naturaleza es de sobra conocida, ha sido precisamente el PP que Mariano Rajoy representa.

Escucho a mi alrededor personas que miran, o han mirado, con expectación todo este espectáculo. Como si realmente esperaran que de todo ese embrollo pudiese surgir algo, lo que más me ha asustado es que entre esas personas también se encontraban gente en teoría formada e incluso con cierta experiencia en la praxis militante. Claro que… hablo desde la heterogeneidad política, no desde una corriente o familia concreta.

No niego que pueda ser interesante observar el devenir de las circunstancias entre la izquierda institucional y la demás fauna a la que estamos acostumbrados desde siempre, entre otras cosas por la demostración de la inviabilidad parlamentaria y los profundos límites que cualquiera puede ver en “este juego con cartas marcadas”. Tampoco niego que el enfrentamiento al que parecen conducirse la oligarquía central (estatal) con la oligarquía local, en el proceso de Catalunya, puede ser interesante de vigilar con cierta atención pendientes de que ciertas contradicciones sean incuestionables cuando éste enfrentamiento saque su lado más oscuro y represor y se abran brechas en Catalunya que canalicen el hartazgo social.

Pero aunque no niego estas cosas, tampoco puedo negar como todo este circo ha anestesiado a los movimientos populares y ha vaciado calles y asambleas. Se han colocado, como tantos clásicos han desaconsejado, los destinos de las personas en las manos de los “del sillón». Aquellos elementos que han seguido funcionando, si alguna vez tuvieron el apoyo de estos sectores de la izquierda política, ahora no los tienen. El propio Iglesias, tras su más que evidente derrota, reconocía que “había que retomar las calles” y en la misma línea hablaba Alberto Garzón. En sus propias propuestas de «a futuro» puede comprobarse la semilla de su vil confesión.

Hoy en día si en algo parece estar todo el mundo de acuerdo es en que las calles deben de ser ocupadas, regresar a la tensión social; “ahora toca el momento de luchar”. Da igual a qué punto del Estado me vaya, la máxima es esa… y yo me pregunto ¿es completamente cierto eso? ¿Realmente es el próximo paso?

Da igual si el estado es administrado por el PP, el PSOE o incluso PODEMOS. La configuración del Estado en muchos aspectos, y coincide que en los más importantes, es de carácter esencialmente supra electoral. El Estado, en todos pero en una monarquía aún más, está configurado categóricamente para sustentar el régimen y sistema económico que lo envuelve y por tanto, administre quien administre este Estado, su naturaleza impide la realización del socialismo. No te olvides de que, además de todo, el Estado tiene el monopolio de la violencia (en este punto y sobre este asunto, entieneo como recomendable la obra “La política como vocación” del economista Max Weber) y esto, además de lógicamente viabilizar su violencia por encima de la violencia popular, supone que si se diese la «iluminación” y el Estado se colocase en jaque, éste siempre podrá ejercer este monopolio a través de sus fuerzas armadas y aparatos represivos.

El Estado Español va a ofrecernos coquetas y danzarinas reformas, a lo largo de las mismas nos van a querer cautivar con innumerables renovaciones; van a legalizar el matrimonio homosexual, van a proteger a los animales (por cierto, un día escribiré sobre la infiltración de la extrema derecha en movimientos “animalistas”), la leyes comenzarán a ser más equitativas para hombres y mujeres; en otras palabras, maquillarán la monstruosa maquinaria que se esconde detrás. Y muchos podrán decir “¡Oh, son metas alcanzadas!”, más el Estado siempre, por naturaleza, estará edificado en su configuración más íntima para imposibilitar la realización del socialismo, día y noche elaborará formas y más formas de asegurar su esencia. En momentos donde la crisis sistemática se ha agudizado, como ocurre desde hace algunos años, y pueda considerar esa falsa «paz social» en peligro: rápidamente cesará esa inercia y coqueta danza para mostrarnos sus dientes: cadena perpetua revisable, ley mordaza, entre otras armas preventivas que dispondrá para afrontar cualquier eventualidad que pueda poner en peligro su naturaleza.

Debo decir que respeto la construcción “del partido” para aquellos que, en su corriente política, lo ven como indispensable. Pero no es mi caso. Ni me parece tampoco la formula, tanto por cuestiones de coyuntura así como históricas en referencia a la degeneración y burocratización de tantos proyectos de «estados socialistas».

No me parece que la lucha sea el primer paso. El primer paso es lo que, aquí llamaré, “cultura de la rebeldía”. Voy a lanzar una serie de puntos que deseo arrojar como ideas, no pretendo realizar un “manual” (las neuronas no me dan para tanto), pretendo lanzar una reflexión con puntos fácilmente eliminables, substituibles, y por supuesto espero toneladas de otros puntos añadidos.

  • La realidad es que podemos organizarnos. No necesitamos el permiso de nadie para empoderarnos. Al menos en mi experiencia personal, he descubierto que organizarse en pequeñas comunidades es más eficiente que hacerlo en grandes. Esto es debido a que cada pequeña comunidad experimenta necesidades muy específicas. No es lo mismo un barrio castigado por la droga y la pobreza extrema, que un barrio donde los problemas son el paro juvenil y algún desahucio esporádico. Ambos son diferentes a un barrio con presencia policial intensa por un auge político desorbitado que ha obligado al Estado a ejercer una suerte de «estado de sitio».
  • El nivel de organización debe de ser singular. Como he dicho, cada pequeña comunidad tiene sus necesidades particulares. Nadie mejor que la comunidad (barrios, pueblos) para saber qué metodologías aplicar a sus peculiaridades. Claro que difícil de proyectar una evolución eficaz sin principios de apoyo mutuo y horizontalidad.
  • La autoridad en la lucha. Esta no la otorga una nomenclatura política, mucho menos una persona o un conjunto de las mismas, ni ninguna organización que pretenda vampirizar estas comunidades. A través de la consecución de sus propias metas, la comunidad en su conjunto se verá empoderada y por ende ganará la experiencia necesaria para afrontar retos mayores.
  • Cultura. Es necesario que las comunidades se culturicen y serán necesarios grandes Ateneos, expresiones propias de medios de comunicación, debates, importación de pensadores y activistas extranjeros que relaten su experiencia a la comunidad y la ofrezcan su apoyo en forma de inspiración.
  • Dinámicas diversas en las que poseemos ya experiencia. Cooperativismo, ocupación, autoconstrucción de viviendas e infraestructuras comunales, vías alternativas de producción unilateral, organización para el rechazo de represión externa, rechazo al desahucio de viviendas. En definitiva, imponiendo la vía alternativa al sistema capitalista de manera unilateral, pese a que suponga la instauración de una subsociedad. Al menos en mi manera de pensar, aquellas personas ajenas a estas iniciativas no deberían de ser excluidas de los beneficios de las mismas debido a que, en muchos casos, estos elementos están atomizados por los medios y son drogadictos del capital. Su beneficio inmediato puede suponer su incorporación futura. Claro que debemos marcar en este sentido unas vías adecuadas de seguridad frente a la infiltración de elementos reaccionarios.
  • Coordinación. En vías avanzadas, estas células representadas en pequeñas comunidades, deberán evolucionar a metas conjuntas entre otras adyacentes, creando una red incluyente y cooperativa. Siempre se encontrarán elementos de interés común ¡pero cuidado! No caigamos en el error que algunos cayeron en Euskal Herria supeditando estrategias globales a aquellas esencialmente inmediatas y de clase: el resultado en Euskal Herria es una auténtica enfermedad que ha desactivado los sectores históricamente más combativos en barrios y pueblos conocidos por su trayectoria, verticalizando lo que hasta los 90 era horizontal en muchos sectores obreros y populares en general. Aprendamos de los errores.
  • Hegemonizar el proyecto. Llegará un momento en el que imperará la necesidad de la puesta en común de las líneas políticas, cara a definir la sustancia revolucionaria del proyecto. También la estrategia necesaria para alcanzar una gradual hegemonia.
  • No otorguemos alegrías. Grábate esto en la cabeza: el Estado vive deseando utilizar su monopolio sobre la violencia. Y no te estoy hablando únicamente de la violencia típica, los porrazos y los presidios, te hablo de multas, listas negras, ataques mediáticos. No es el momento de darles esa alegría con tus algaradas. Cada acción debe ser coherente con la situación y evolución en un proceso, las acciones prematuras son desaconsejables e infantiles.
  • Convencernos de que somos parte de la sociedad. Esto no podemos hacerlo permaneciendo en los lugares de siempre con personas que piensan como nosotros. Esto incluye a todos y supone “salir del armario” para hacer partícipe al conjunto social: desde abajo.

Hemos tenido a lo largo de los tiempos innumerables momentos históricos en los que hemos pretendido realizar socialismo a golpe de decreto o incluso a golpe de violencia. La experiencia griega es una de las más llamativas en un contexto similar al nuestro, por aquello de la proximidad y la coincidencia continental. Quedan en nuestras retinas grabadas las imágenes de Atenas ardiendo, pero también del fracaso y la traición de la socialdemocracia.

Las promesas de los partidos políticos son inviables, basta preguntar a PODEMOS por la hoja de ruta y fondos para realizar alguna cosa “super espectacular” prometida en su programa y no te sabrán tan si quiera responder. No es que “ahora sea el momento”, el momento siempre lo fue y siempre lo será, y el sujeto siempre hemos sido nosotros y no es sino nosotros los que debemos empoderarnos y comenzar a hacer socialismo. No existen manuales perfectos, ni formulas mágicas, ni tampoco garantes políticos o militares. La eterna movilización detrás de las pancartas a menudo nos conducen al desgaste, la vía rápida se agotará cuando, pasado un tiempo de paralización a causa de un triunfo revolucionario, sencillamente, nos demos cuenta de que no somos capaces de producir por nosotros mismos debido a una ausencia total de redes transformadoras que hayan acumulado la experiencia necesaria a través de un transcurso de metas alcanzadas. Si no fuese así, los sectores más débiles terminarán deliberando que, al menos, el viejo sistema aseguraba unos mínimos.

El socialismo debe de realizarse poco a poco, con tiento, aprovechando coyunturas y consiguiendo pequeñas conquistas. El socialismo se impone, no de forma abrupta, sino que es desarrollado de manera natural a golpe de permanente inercia empujada por una marea horizontal drogada de pueblo.

Apuntes para movilizar y no morirse en asambleas

Recuerdo bien mi primera asamblea. Los nervios, las caras nuevas, la forma de vestir de unas y de otras, las distintas formas de hablar… también mi primera intervención en la misma.

Le hice un gesto al moderador, esperé mi turno y entonces ahí estaban, veintitantas caras mirándome y yo haciéndome cada vez más pequeño y solo pudiendo pensar en lo mucho que me arrepentía de haber levantado la mano para hablar… “Una estrella puede significar cualquier cosa”. Se debatía sobre el logo que debía tener esa asamblea de estudiantes que incluía a todas las alumnas que en aquel ciclo de movilizaciones del 2012-2013 estaban estudiando el aquel campus. Era una acalorada discusión acerca del significado y conveniencia de poner o no una estrella en el mismo, pero eso no es lo que me lleva a escribir estas líneas.

La cuestión es que en esa asamblea, así como en otras en las que participé desde aquella, me encontré en una situación en la que aparentemente nadie era capaz de aportar la solución al problema. Estoy hablando de cuando se tiene gente con ganas de hacer algo (recursos humanos) y reivindicaciones consideradas casi como “históricas” y de las que todo el mundo ha oído hablar aunque no estuvieras metido nunca en nada (objetivos), pero que a la hora de decidir qué hacer, no se sabe dar una respuesta clara.

En una ocasión escuché de hacer una recogida de firmas, pero los que llevaban unas asambleas a las espaldas contestaron que eso ya se había intentado pero no había tenido éxito. También escuché hacer propuestas de organizar charlas, un maratón de fotos, vídeos de Harlem Shake… en fin, que se daba un popurrí de ideas hasta llegar al desánimo viendo en medio de la asamblea, flotando, la eterna pregunta: ¿Cómo hacer que el resto del estudiantado se mueva por esta causa?

Creo que tras pasar por varias de estas situaciones y compartir espacios con gente más curtida en esto del activismo, tengo una idea de cómo poder reconducir estas situaciones para poder sortear este bache.

Cuando se tengan los recursos humanos y un objetivo claro, el cual se debe elegir por su mayor “facilidad” a la hora de conseguirlo, hay que trazar unos pasos, una hoja de ruta para poder alcanzarlo. También se deber desarrollar un texto con la problemática y la justificación, tanto de la existencia del problema como de la solución que se aporta.

Al conjunto de estos dos elementos, el texto y la hoja de ruta, podemos llamarle “Campaña”. Así pues, el texto es el eje central de la campaña. Es sobre lo que orbitará todo. Una campaña estará compuesta por 3 fases:

  • Visibilización: consiste en informar del objetivo a conseguir y dar a conocer, de forma general, la justificación de la existencia del problema. Se trata de introducir el problema en la opinión pública al presentar una argumentación que haga justa la reivindicación que se pretende conseguir.
  • Sensibilización: se basa en formar a cerca de lo que se visibilizó previamente y añadir a dicha explicación detallada, la justificación de la solución que se propone. Enfocada principalmente hacia la gente que se interesó en la anterior fase, consiste en generar un discurso completo, el cual sea capaz de responder a las preguntas: ¿Cuál es el problema?, ¿Por qué es un problema?, ¿Cuál es la solución? y ¿Por qué es la solución?
  • Movilización: es cuando se actúa de cara a conseguir la susodicha reivindicación mediante la participación en masa, en nuestro caso, del estudiantado. Es importante trabajarse las otras dos fases antes para asegurarse una cierta participación inicial a la hora de empezar a movilizar.

Estas tres fases estarán superpuestas sucesivamente en el tiempo, coincidiendo dos o hasta tres, dependiendo del marco territorial que consideremos.

Pongamos un ejemplo. Supongamos que tenemos una asamblea con una docena de estudiantes y que una reivindicación histórica en ese sitio es que el servicio de fotocopias tiene un precio elevado. Por todos es sabido que en otros sitios fue siempre más barato y por lo tanto es algo que, a pesar del alto relevo generacional que hay en el movimiento estudiantil, es una problemática más que conocida en dicho lugar.

Así pues tenemos los recursos humanos (la docena de estudiantes) y el objetivo (abaratamiento del precio de las fotocopias). Atendiendo a lo anterior, se podría elaborar un texto exponiendo que las fotocopias tienen un precio elevado, que para el estudiantado es un gasto regular y que al carecer, generalmente, de una fuente propia de ingresos esto es un problema de primera magnitud. Que esto es así porque con cada fotocopia estás pagando de más por un servicio que en otros sitios es más barato, dejando así a cada estudiante con menos recursos económicos para vivir.

Además se podría aportar una segunda reivindicación, como podría ser que el servicio de copistería lo llevara la universidad, si es que no es así ya, porque así se podría reducir el precio al no tener por qué buscar un beneficio económico, sino ofrecer un servicio al estudiantado.

De esta forma la primera fase podría consistir en hacer unas pegatinas para transmitir el mensaje de que se está pagando de más por ese servicio y el precio que se propone como justo. Estas se pondrían en el entorno de la fotocopiadora, así como otros lugares de tránsito.

Una segunda fase podría ser la elaboración y difusión de un tríptico donde se detallase, de forma visualmente atractiva, las argumentaciones y reivindicaciones que aparecen en el texto. Esto podría ser acompañado por la elaboración y difusión de carteles, lo cual correspondería a la primera fase, pero que de esta forma se complementarían ambas.

La tercera fase podría comenzar realizando charlas y repartiendo masivamente los trípticos y carteles, lo cual correspondería a las dos primeras fases, pero que proporcionaría un grupo con el que comenzar a hacer acciones de otro tipo, como podrían ser el celebrar asambleas de cara a organizar la movilización o impagos puntuales. Estas últimas acciones tendrían un objetivo más propagandístico de cara a movilizar cada vez más a un mayor número de estudiantes, para finalmente sacar, por ejemplo, una propuesta de impago indefinido o boicot del servicio.

Esto puede ir acompañado de negociaciones con las partes implicadas, realizando asambleas abiertas donde tomar decisiones como si seguir con la movilización o aceptar el trato que se ofrezca.

Esto no es más que un ejemplo, no sé si en algún sitio se podría dar este contexto, pero creo que de esta forma se puede entender lo que quiero transmitir. Espero haber ayudado a más de una estudiante que, como yo, se pasaba las horas de estudio intentando hallar la manera de saber como movilizar al estudiantado.

Enlaces del mes. Septiembre 2016

Iniciamos el mes mirando hacia la India, donde para el día 2 se convocó una huelga general contra las políticas antiobreras de Modi. La convocatoria fue secundada ampliamente afectando a los sectores estratégicos del país como los transportes, algunos colegios, centrales eléctricas y la banca estatal. Además, los y las trabajadoras demandan una subida del salario mínimo, acusando al gobierno de imponer medidas antiobreras y antipersonas.

Los medios de comunicación se convierten, de forma cada vez más vergonzosa, en panfletos propagandísticos de quienes los financian, aunque suponga defender a indecentes. Los argumentos dejan paso a los ataques irracionales y buena parte del periodismo se entrega al sensacionalismo. ¿Qué espacio queda para la información y el debate razonado?

El tema del top manta llega a Madrid tras el anuncio de un plan contra la venta ambulante por parte de Ahora Madrid. Aquí unas declaraciones sobre la situación de Puente y Villa de Vallecas para el concejal del distrito de Vallecas Paco Perez, en las cuales se recogen los problemas del barrio y la cuestión de supervivencia de la población migrante allí residente.

La noticia de que han declarado santa a la Madre Teresa de Calcuta levantó críticas sobre todo por la falsedad demostrada de la propaganda católica que difunde el mito de la generosidad y misericordia por parte de una mujer que siempre daba trato insalubre a enfermos y pobres imponiéndoles una especie de asceticismo altamente perjudicial, pues su misión no era sanar ni alimentar a nadie sino preparar sus almas para la otra-hipotética-vida.

La lucha de los y las presas políticas vascas cntinúan contra las políticas criminales de los estados español y francés, los cuales les niegan derechos fundamentales a prisioneras enfermas o siguen con la política de dispersión.

La revitalización sindical a corto plazo es esencial para transformar las relaciones de producción, dentro de la estrategia para la revitalización es clave la negociación colectiva, donde cristaliza la relación de fuerza entre empresarios y trabajadores/as.

Hecho un repaso del momento político, la conclusión es clara: Es el momento de reactivar las luchas sociales y la construcción de nuevas formas de movilización para construir poder popular desde la izquierda.

Por último, no está de más echar un vistazo atrás sobre el papel del anarquismo en la transición y algunos errores que hemos heredado desde entonces. En aquellos tiempos revueltos, las izquierdas comenzaban a asomar tras la muerte de Franco, no sin obstáculos y peleas internas.

Vacaciones de verano para todas y síndrome post-vacacional

Llega el verano, y sobre todo cuando llega agosto, pensamos en vacaciones. Este año he tenido la suerte de poder salir de mi habitual rutina y vivir otras experiencias. La razón de las vacaciones es que necesitamos desconectar de la dura realidad cotidiana y también de nuestros espacios de militancia. Vivir amargados por lo mal que está la situación no es vivir, siquiera se podría decir tener «conciencia política», «sensibilidad social» o como se le quiera llamar. Estar amargado porque la coyuntura se muestra muy fea no hará que cambie, ya que el pesimismo solo sirve para sufrir uno mismo de su propia impotencia.

Durante este período, nos desconectamos por unos días de todo lo relacionado con la política y tal. Entonces hacemos planes tales como irse al pueblo, a la montaña o a la playa, al extranjero unos días o buscar un trabajillo de verano para ganarse una paguita… Y entonces cuando llega septiembre, volvemos a la rutina de siempre contando lo que hemos hecho a nuestros colegas. Pero regresamos por lo menos descansadas, que es la clave. Ahora que finalizan las vacaciones, vuelvo a escuchar las mismas historias de siempre: el bloqueo institucional, los incendios forestales en agosto y la poca voluntad política prevenirlos y extinguirlos, la desmovilización generalizada, la subida del paro tras las vacaciones, el triunfalismo de las cifras de ocupación turística… Vamos, que la cosa sigue estando mal.

No obstante, ¿realmente tan mal están las cosas? Creo que ante el bloqueo instucional, sería interesante volver con la apuesta de movilizar en las calles, pero no recordando al 15M, sino con nuevas —y no tan nuevas— ideas, tales como continuar adelante con el sindicalismo de clase, las 5 de la PAH, la amnistía social, etc…, precedente de la articulación multisectorial, además de poner sobre la mesa la cuestión de la soberanía popular, que puliendo más este tema podría ser una base potente para construir un movimiento popular fuerte, ya que este tema engloba todos los ámbitos de nuestras vidas: política, economía, aspectos culturales, territoriales, medioambientales, energéticas, alimentarias, entre otros.

Realmente no tenemos por qué ser pesimistas. No tiene mucho sentido el culpar al éxito de Pokemon Go, a Sálvame, a los culebrones, a Podemos o a cualquier otra cosa «que idiotice a la clase trabajadora y que la tenga entretenida y no se movilice». El problema es que la izquierda, o es postmoderna, o es incapaz de ejercer de oposición efectiva a la derecha, o simplemente está en su ghetto ultrarrevolucionario de adoración a Lenin o Durruti. Cuando en buena medida, al carecer de proyectos políticos serios ni tenemos visión estratégica para disputarnos un espacio en el escenario político y social ni tenemos proyectos que ilusionen, hacen que la mayoría de la gente se despreocupe.

En fin, estas vacaciones me han servido para ver las cosas de manera más optimista, no en el sentido de que vayamos a conseguir nuestros objetivos en el corto-medio plazo, sino que hay que ir avanzando poco a poco, desde nuestros espacios de militancia y a la vez, hacia la clase trabajadora. Necesitamos un cambio en nuestros espacios, pero también necesitamos que haya una conexión con el resto de personas, ser parte de la sociedad y no aparte de ella, porque al fin y al cabo, si queremos el socialismo libertario, lo tenemos que construir junto con toda la clase trabajadora. Así pues, no hay motivos para sufrir del síndrome post-vacacional, porque el ciclo de la vida sgue y hay que afrontarlo lo mejor posible.

Tened por seguro que en este nuevo curso vamos a empezarlo continuando con nuestra apuesta por el poder popular. Y seguiremos adelante con las pilas recargadas.

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