50 aniversario de la matanza de estudiantes en Ciudad de México, un crimen de Estado que sigue latiendo

Hoy, día 2 de octubre, se cumple el 50 aniversario de la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas en la Ciudad de México en el año 1968, un año que ya sabemos fue muy activo para la movilización obrera a nivel internacional, y que guardamos en la memoria colectiva de la lucha del pueblo trabajador.

Es complejo explicar en un artículo breve de divulgación qué implicaciones, consecuencias y origen tuvo aquella matanza, si bien es cierto que resulta indispensable traerla al presente para darla a conocer cincuenta años después, porque aún en la actualidad influye decididamente en el pensamiento y la práctica de los colectivos sociales en lucha de México y de toda América Latina.

Mucho más grande que un simple movimiento estudiantil.

El movimiento de 1968 en México fue un movimiento social amplio, en el que si bien los estudiantes tuvieron un protagonismo destacado, estaba conformado por hombres y mujeres trabajadoras de diversos sectores sociales y constituidos desde el mes de agosto de ese año en el Consejo Nacional de Huelga. Este movimiento buscaba una transformación social profunda en un país gobernado por el PRI (Partido Revolucionario Institucional), un partido fuertemente autoritario, que a pesar de sus siglas, fue fundado por la facción contrarrevolucionaria vencedora tras la Revolución Mexicana en el primer tercio del siglo XX.

Este movimiento fue reprimido continuamente durante su desarrollo por el gobierno de México, y con el fin de darle un durísimo correctivo fundamentado en el terror, el 2 de octubre de 1968 se llevó a cabo una represión pública de carácter brutal conocida como la «matanza en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco», logrando disolver el movimiento en diciembre de ese año por las fatales consecuencias de estos hechos.

La matanza fue cometida de manera conjunta como parte de la Operación Galeana por el grupo paramilitar denominado Batallón Olimpia (cuerpo semiclandestino de mercenarios civiles formado para la seguridad interna de los Juegos Olímpicos en ese verano), la Dirección Federal de Seguridad, la llamada entonces Policía Secreta y el Ejército Mexicano, y con el probado apoyo y asesoramiento de la CIA estaounidense. Esta última presionó decididamente para que en México no se desarrollara una revuelta popular que se les pudiera descontrolar a las autoridades del gobierno del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz y subsecretario de gobernación, Luis Echeverría Álvarez; por lo que EE.UU. intervino directamente y alentó a reprimir sin contemplaciones a la sociedad mexicana rebelde y en concreto a los estudiantes en lucha.

Origen y estallido de las movilizaciones: verano de solidaridad mexicana.

Los antecedentes a este movimiento han de buscarse en los años 50 y 60 en una sociedad mexicana hastiada del autoritarismo del partido único que había monopolizado el poder del Estado por décadas, y que aún se perpetuaría bastantes años. Maestros contra el desmantelamiento de las escuelas populares, estudiantes universitarios, ferrocarrileros, telegrafistas o campesinos venían organizándose antes de eclosionar este impresionante movimiento social en 1968 que llevó a las calles de Ciudad de México a cientos de miles de personas. Fue iniciado a finales del mes de julio con las marchas convocadas por los estudiantes de preparatoria universitaria y de escuelas superiores de la UNAM hartos de la brutalidad policial y las continuadas infiltraciones de agentes en las escuelas y las organizaciones revolucionarias juveniles. Estas marchas fueron respondidas inmediatamente con una represión policial desmedida, más de 500 heridos y decenas de detenidos, lo que consiguió que surgiera espontáneamente una solidaridad sin precedentes y el apoyo incondicional de gran parte de la sociedad mexicana hacia los estudiantes, a los que se les unirían las organizaciones obreras.

Durante los meses de agosto y septiembre las movilizaciones se intensificaron mucho, el estudiantado mexicano comenzó a utilizar un lema que logró un éxito asombroso: ¡Únete pueblo¡ Los mítines organizados en espacios públicos, y la presencia continuada en las calles hizo imposible canalizar el movimiento hacia protestas institucionales reducidas a la autonomía universitaria. Los medios de comunicación oficialistas mexicanos claman contra el movimiento social, comienzan a difundir noticias sobre cospiraciones internacionales de izquierda revolucionaria y alentar a crear listas de estudiantes y profesores destacados en las luchas que se organizan. El ambiente represivo sigue en aumento y se comienza a fraguar en las cloacas del Estado mexicano la necesidad de dar un brutal golpe para controlar una situación de descontento social en aumento.

El movimiento social en México de 1968 elabora una lista de objetivos irrenunciables, entre los que se encontraban la libertad de todos los presos políticos, la derogación de los artículos del Código Penal utilizados jurídicamente para aplicar la represión, la disolución del Cuerpo policial de Granaderos, responsabilidades penales para los artífices de esa represión e indemnización a todas las personas heridas por la policía.

Sin embargo, algunas fechas destacables serán la gran marcha del 27 de agosto en la plaza del Zócalo en Ciudad de México, y el terrible desalojo del campamento estudiantil que surge improvisadamente esa misma madrugada. También el 7 de septiembre se da la conocida como ‘Marcha de las Antorchas’, un impresionante mítin en Tlatelolco y el 13 de septiembre la ‘Marcha del silencio’, donde se marchó por las calles de la ciudad con pañuelos sobre la boca en un espeluznante silencio. El 18 de septiembre el Ejército invade la Ciudad Universitaria de la UNAM, y cinco días después un edificio universitario es ametrallado por comandos policiales vestidos de civiles, se inicia entonces la noche del 23 de septiembre una batalla por tomar el Casco de Santo Tomás y la Unidad Profesional Zacatenco, que duraría más de doce horas y tendría como desenlace más de 350 detenidos, 33 heridos y una persona muerta. El 1 de octubre el Ejército se retira de la UNAM, es el preludio de que una acción mayor está por suceder.

El día que el gobierno mexicano masacró a su población.

Tan solo diez días antes de que dieran comienzo los Juegos Olímpicos en la Ciudad de México, el 2 de octubre estaba programada una gran concentración y un mítin político en la Plaza de las tres Culturas en Tlatelolco, el corazón histórico de la Ciudad de México. Tras el disparo de algunas bengalas como señal de inicio de la matanza programada desde el gobierno mexicano a modo de una demostración de fuerza brutal, miembros del Batallón Olimpia apostados en los edificios circundantes a la plaza pública abrieron fuego desde las plantas superiores sobre los manifestantes con armas trasladadas los días anteriores a dichos inmuebles. Los miembros del Ejército mexicano a pie de calle también abrieron fuego contra la multitud justificándose más tarde que fue para repeler un ataque que estaban sufriendo; de esta manera la excusa estaba bien planificada y la legitimación de la matanza se servía mucho más fácil a los intereses internacionales del Estado mexicano. Muchos activistas consiguieron huir del tiroteo inicial que desencadenó la matanza y se refugiaron en departamentos cercanos, sin embargo fueron perseguidos, detenidos, torturados y asesinados impunemente durante las siguientes horas en la plaza y alrededores, que fue tomada por el Ejército mexicano durante más de una semana, retirando los cadáveres de lo que se calcula fueron quizá algo más de trescientas personas. Junto a la Iglesia de Santiago-Tlatelolco, reunieron a aproximadamente tres mil detenidos, siendo desnudados en público, torturados y trasladados a campos militares de la ciudad o a la histórica prisión del Palacio de Lecumberri. Al día siguiente en los medios de comunicación, no hubo ni una mención a la masacre, la normalidad más absoluta y el ocultamiento de los hechos fueron la instrucción otorgada. Los Juegos Olímpicos se desarrollaron bajo el silencio internacional, en Ciudad de México el miedo había dejado paralizados a los movimientos sociales que no podrían haber imaginado tanto horror y encontrarse repentinamente con una acción propia de cualquier guerra total. En gran parte de América Latina las embajadas mexicanas fueron atacadas; hubo marchas en Santiago de Chile. Se hizo un mítin en Londres frente a la embajada mexicana, y también hubo protestas en París.

De la guerra sucia y la represión a la guerra del narco-estado mexicano.

Algunas víctimas de dichas acciones intentaron caracterizar la masacre de Tlatelolco ante tribunales nacionales e internacionales como un crimen de lesa humanidad y un genocidio, ​afirmación que fue sustentada en principio por la fiscalía mexicana pero rechazada por sus tribunales. También intentaron llevar a los autores materiales e intelectuales de los hechos ante la justicia sin ningún resultado favorable. La disolución criminal de este movimiento fomentó la aparición de guerrillas clandestinas urbanas y rurales contra el Estado mexicano, que recrudeció la represión contra estos movimientos en los que se ha conocido como Guerra Sucia, perpetuándose en el tiempo hasta finales de los años 90.

Ya en los años 2000 surge una nueva fase de la represión contra los movimientos sociales mexicanos, y especialmente contra las comunidades indígenas declaradamente anticapitalistas. Precisamente el capitalismo pone en marcha una nueva versión de la represión adaptada a los nuevos tiempos, y a las necesidades de avance que este tiene sobre las vidas comunitarias y sobre el territorio. En 2006 y hasta la actualidad nace la guerra del narcotráfico, la particular lucha por el monopolio de negocios globales como drogas, armas, personas u órganos humanos, en la que las instituciones estatales mexicanas participan disponiendo de su poderío en favor de unos u otros. El narcoestado ataca a las comunidades en lucha, y en esta guerra hacen desaparecer decenas de miles de personas, siendo un punto de inflexión el 26 de septiembre de 2014 con la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa, en el Estado de Guerrero, cuando se organizaban para asistir en Ciudad de México a la conmemoración de la masacre ya narrada. Vivos se los llevaron y vivos los queremos… porque la vida, vale vida.

[Literatura] Cinco poemas de Augusto Tyuasuza

En el cuarto aniversario de su muerte, y a modo de homenaje, queremos dar voz al Tiuasuza poeta. Porque sus palabras, igual que su activismo, están imbuídas del profundo respeto a la tierra y a la cultura indígenas que profesaba. Porque su escritura es, también, militancia.

Puedes leer el artículo de Steven Crux sobre la vida y asesinato de Tiuasuza aquí. Y aquí el blog de Augusto.

 

Sisague (feliz) encuentro con la selva

ATA

Cuando tus pies se posan incautos sobre los caminos de la selva

recibimos la astuta riza del nativo

y la confundimos con una romántica ceremonia cinematográfica

ellos miran nuestro equipaje lleno de artilugios.

Les enseñamos una a una

la lista de herramientas de supervivencia

creemos que el indio las palpa como espejos

qué equivocado estaba nuestro espíritu.

 

Sus voces retratadas como testimonio

del encuentro con el hombre hecho planta

no son más que burlas para el idiota que pretende

espantar el humo a manotazos

 

En pocos días de caminos sinuosos y montañas

quedaran inservibles los repelentes, las radios, los guantes, los cigarros.

Aprenderemos a soplar tabaco

para ahuyentar los espíritus malignos

sacralizaremos sus costumbres

y ese humo ni siquiera servirá

para ahuyentar mosquitos

 

El tiempo quedará estancado en la niebla espesa

en el largo fhisca (aliento, alma) de tu vientre

y solo aprenderemos

la cómica pequeñez del Ego.

 

BOSA

Habita en mí

un bosque de tinieblas

donde las capas de los árboles

solo dejan entrever una que otra estrella

que se confunde con luciérnagas.

 

Si miro al suelo

pequeñas raíces fluorescentes

guían el camino a mis encierros,

las chicharras estallan en mi cabeza

queriendo salir de su crisálida,

los demonios tienen forma de sancudo

–cada centímetro de piel expuesta

termina en piquita y zozobra–.

 

Un desespero solitario

aniquila mis ruegos.

 

Ese mundo supraselvático

que desconozco

y desconoce el Indio de citadino,

ese ulular de lianas que se yerguen

como la lluvia en mis costados,

esa cárcel al aire libre,

ese triste estado de sombras sin conjuros

es fruto de los difusos y contradictorios caminos

que tomaron la selva y mis sentidos.

 

MICA

La selva tiene mucho de madre.

 

No una madre mariana,

no santa, no cándida, no pazguata.

Es una voz que te susurra todo el tiempo,

una vida que se mueve y

mitiga con fuerza su desdén.

Que llora y sufre.

 

Es su angustia castigo para tu cuerpo frágil.

Toma venganzas sutiles

y su enseñanza está colmada de fuerza y castigo.

La selva te humilla, te hace caminar como salvaje,

hace que tus uñas viertan veneno

de tierra y lodo.

Te hace respirar como tigrillo en busca de refugio.

La selva lacera tu espíritu.

Te envuelve como loca con sus tonos amarillos.

Su aroma de verde se vuelve sangre

y su nubarrón baja con frío fértil

a posarse sobre tus articulaciones.

 

Ella, que cada día vence majestuosos arboles,

se encarga de quebrarte la paciencia

para posteriormente cubrirte de una capa

oscura y solitaria.

 

Sus vientos desatan tu falso abrigo

hasta romper tus ropas.

Tus gritos los cubren sus típicas ondas

y de nada vale llorar, porque las gotas de lluvia

lavan tus mejillas.

 

Miras al cielo y totalmente huérfano

suplicas un tolerante respiro de paciencia.

Al pasar, los días y las noches

te purifican tus miedos, te haces amigo de las sombras,

te rascas sin desgano tus pocas ronchas,

te sientes más hijo de sus suelos

y con menos egos

que tus olvidaos habitantes de la materia.

Que solo hoy resultan

banales habitantes de la miseria.

 

MUYHIKA

El paraíso popular del génesis:

no existe.

 

Son imágenes de un idilio terrenal del blanco.

Con el tiempo la sangre mesclada de los hijos de la selva

crearon un nuevo cielo de verdes utopías,

hermosos colores y lindos cantos.

 

¿Qué misterio se incrustó en el alma?

¿Qué rara evocación a selva tiene el hombre?

¿Para qué llamar Pacha-mama a la selva

sin sus espíritus de lúgubre belleza?

¿Para qué las matas sin sus torrenciales angustias?

¿Para qué el aire puro sin sus endemoniados insectos?

¿Para qué anhelamos caminar lentamente en la noche de luna

sin conocer los caminos, la sombra, los espíritus, las sapientes, ni el deceso?

 

Aquí está el paraíso del hombre verde.

 

Pero no está untado de comodidades urbanas,

no es contemplativa felicidad eterna,

es el molesto trasegar del hombre sin espíritus

es el paso amargo del huérfano

que se arrastra de fatiga y sed,

es el cuerpo caído en la resaca del tiempo,

es la piel marchita de barro y espinas.

 

Son las plantas de unos pies que niegan

los rugosos caminos de resbalosa procedencia.

 

Y al final: cuando sepas arrastrarte sin vestido en el fango

para bañar tu cuerpo con la lluvia,

cuando tus pieles blancas se curtan de raíces y costras,

cuando la sangre ofrendada a los interminables insectos

tome una nueva forma,

cuando tus oídos distingan el viento

y las huellas de una fauna oculta,

y aparezcas tendido de bruces sin alma ni fuerza

sobre la maraña y la piedra,

podrás sentir el paraíso de la milenaria sabia

pasar tranquila por tus venas.

 

HISKA

En últimas, la selva no castiga.

Existe y eso es suficiente.

Te castigan tus egos cuando antepones

tu prisa ante el lento-vital espíritu de las montañas

que se muestran inermes y quietas.

Te castiga tu conciencia de héroe blanco,

que pretende protegerse de la intemperie

con sus cómodas ilusiones.

 

La selva te desnuda el anclado inconsciente

su hermoso espíritu te cubre

hasta desconectar tu cuerpo de tu mundo

y tu mente se queda atrás, atada y huérfana.

El cuerpo se siente solo,

indefenso.

 

El espíritu huye con el vuelo de la pluma,

con la huella del insecto.

 

La selva te arranca el alma con crueldad

y te arroja al abismo del desconocimiento.

Al caer, apelas a la razón, y a la puritana

explicación de los hechos,

a la descripción psicorrígida del tiempo.

 

Finalmente no es la selva quien te oprime sobre el barro.

Es la ciudad que te pesa y te aplasta.

Y las raíces te tapan hasta que los espíritus te reconozcan.

Esa fauna que anhelaste en los libros de tu infancia

ahora te llama con cantos de dudosa procedencia.

La sutileza de las huellas sobre las secas hojas te asusta.

Los pájaros pretenden atrapar con cantos a los incautos,

y si caes en la quietud, decenas de aguijones

se alimentarán de tu sangre.

 

Por eso huyes y gritas en busca de refugio.

Vociferas y maldices.

Pero la montaña es inerme ante tu lengua.

Huyes de ti mismo te guardas en tu cama o en tu hamaca.

Y en tu refugio continua el castigo, la picazón, la incómoda

presencia de la noche sobre el suelo.

Estás solo contigo mismo

la selva te desnuda el inconsciente.

Es un mareo, una noche con sueños de angustia y fiebre.

Al día siguiente, sin tu dios,

–que dejaste en los templos y en los libros–

no podrás escuchar la mano madre de la selva,

si no tomas conciencia de tu propia carne

y de la ingenua vaguedad de tus razonamientos.

 

Con el tiempo,

cuando el espíritu regrese con la luz y las sombras

tal vez

puedas

vibrar de la mano con el Cosmos.

 

De hueso y polvo. El valle de la memoria antifranquista

El Valle de Cuelgamuros, en el extremo sur de la sierra de Guadarrama junto a San Lorenzo del Escorial, podría ser un accidente geográfico más que pasara inadvertido, sin embargo es el espacio con mayor potencial de memoria colectiva de la historia reciente española y que aún sigue latiendo en la actualidad. Entre las repoblaciones de pinares y una diversa fauna de mamíferos y aves, encontramos la construcción monumental más infame ordenada por la dictadura franquista y símbolo de homenaje a esta aún a día de hoy.

La idea original de esta obra surge del mismísimo Francisco Franco que mediante dos decretos gubernamentales a fechas de 1 de abril de 1939 y 1 de abril de 1940 se decidía construir un monumento conmemorativo para honrar la memoria de los caídos por Dios y por España. Los trabajos comenzaron en 1940 y concluyeron en 1958, siendo inaugurado oficialmente el 1 de abril de 1959, coincidiendo con la fecha en la que el Franquismo celebraba la conclusión de la Guerra Civil española veinte años atrás. Es un monumento de exaltación de la ideología franquista y todos sus crímenes, y a partir de los años 50 la propaganda franquista se apropiaría del término “Reconciliación nacional” para modificar la publicidad sobre el conjunto monumental. Inmediatamente se convirtió en el mausoleo funerario de José Antonio Primo de Rivera, líder del falangismo español, y posteriormente en la tumba también de Franco a su muerte en 1975, estando aún enterrados bajo lápidas con honores en el centro del templo religioso.

El complejo monumental lo constituyen una basílica, una abadía de monjes benedictinos, una hospedería para el turismo, y una escolanía para niños cantores, dominado todo ello por la cruz más alta del mundo cristiano, de 150 metros de altura. En la basílica gestionada por los monjes en diferentes pisos y galerías hay un total de 33.847 personas enterradas, de las que 12.419 no están identificadas, siendo la fosa común más grande del Estado español. Si bien la idea inicial era convertirlo en un inmenso camposanto de los vencedores en la contienda, muchos familiares de combatientes sublevados no autorizaron exhumar a sus muertos de los cementerios municipales o de los lugares de batalla, por lo que varios cientos fueron extraídos ilegalmente por el régimen franquista. No contentos con esto, y también sin el consentimiento de las familias, llevaron allí numerosos restos de combatientes antifascistas recogidos de fosas comunes de Brunete, Gandesa, Tarragona, Badajoz o Teruel entre otras, hasta el último traslado en el año 1983.

La construcción de este monumento franquista fue en gran parte realizada con mano de obra esclava de presos políticos antifascistas, se calculan unos 20 mil, a los que se les prometía aplicar una redención de pena por trabajos, buena conducta y voluntad de expiar sus delitos en el imaginario ideológico nacional-católico del régimen. Fueron miles los presos que muertos de inanición, enfermedades, cansancio extremo, accidentes, torturas etc. también serían enterrados allí mismo en el complejo monunental. Empresas como Agroman, OHL o Dragados iniciaron sus negocios en el Franquismo, y concretamente con la construcción de este complejo monumental, aprovecharon la mano de obra esclava para enriquecerse, y ya durante el régimen monárquico saltaron al Ibex35, un negocio redondo.

Actualmente se están dando pasos institucionales para exhumar los restos de Franco y José Antonio Primo de Rivera, proceso que esperamos que concluya prontamente. Sin embargo, las asociaciones de memoria histórica reclaman que esto no es suficiente. Se reclama que la actuación sobre un espacio de exaltación al Franquismo, construido con el sudor y la sangre de millares de presos antifascistas, merece ser mucho mayor y más profunda. A este proceso le deberían seguir la desacralización de la basílica y todo el complejo monumental religioso, y convertir ese espacio en un lugar de reconocimiento y homenaje a la memoria colectiva antifascista. Lejos de las tesis reconciliacionistas, las cuales ya solo algunos franquistas que no se reconocen como tal cosa, y algunos individuos desfasados de la vieja guardia del PCE reclaman, el ejemplo a seguir deberían ser los campos de concentración nazis en Alemania. En estos lugares la información objetiva y los datos, apartados del victimismo que siempre siente el antifascismo, no enturbian un claro discurso antinazi, no por ello menos histórico y fiel a una argumentación científica.

El Franquismo debe ser condenado socialmente, algo que parece difícil desde unas instituciones en cuyas cloacas aún se perpetúa la herencia de este régimen y su potencial ideológico, sin embargo, el fascismo no tendría ninguna cabida en la reconversión de este espacio en un encuentro de memoria, no es posible ninguna reconciliación ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro; y no se trata de rencor, se trata de asumir calmadamente la necesidad de construir desde el pueblo trabajador una dignidad y una paz efectiva practicando el más contundente rechazo al fascismo, cualquier otro escenario será un lavado de cara del régimen perpetuado en la monarquía y los gobiernos de turno actuales.

[Colombia] “No es solo sembrar semilla, es sembrar pensamiento”, en memoria de Augusto Tyhuasuza

A 4 años de su asesinato, palabras para homenajear su memoria:

Es desde esta visión que se hace pertinente salvaguardar la Memoria, volver la mirada a nuestro Territorio como un proceso de ordenamiento de las relaciones vitales, donde el individuo reconozca y se reconozca como un ser que ha relacionado su existencia en torno a esas huellas indelebles del pasado indígena que subsisten en nuestro mestizaje y que hoy se pretenden desdibujadas o convenientemente olvidadas”- Augusto Tyhuasuza, 11 de Julio de 2013.

Hace 4 años la sabana de occidente se despertó con una persona menos, un luchador menos por la libertad…

En Julio de 2014, cerca de su casa en Facatativá y con escasos 42 años, fue ultimado con un disparo en la cabeza Augusto Tyhuasuza, indígena muisca y activista social de los municipios de la sabana de Bogotá, territorio ancestral y que ha sufrido los grandes estragos de un modelo metropolitano de miseria, que desplaza las oportunidades y ordena los privilegios del centro hacia afuera.

Augusto fue militante del histórico Proyecto Cultural Alas de Xue, referente libertario por obligación a la hora de hablar del anarquismo contemporáneo en Colombia, así como uno de los impulsores del llamado “anarco-indianismo”, síntesis que buscaba lo libertario dentro del indianismo y meterle indianismo a lo libertario. Además de ello, fue un organizador del proceso de recuperación de memoria muisca en municipios cómo Facatativá y Tibaitatá (hoy conocido como Madrid), donde de la mano con diferentes procesos sociales y populares venía haciendo el trabajo de reconstrucción territorial de la memoria propia, a través de procesos de formación y semilleros de investigación.

Siendo un mayor (sabio) y un gran poeta, sus intervenciones estaban cargadas de sabiduría y simbolismos, de referencias a los mitos creacionales chibchas, de la lucha de los zapatistas y los mapuches, de lo que nos enseñaban los compañeros indígenas en el Cauca y en la Sierra Nevada de Santa Marta, del recuerdo de las decenas de disturbios que tuvo que vivir en las universidades y calles de Bogotá y la Sabana, así como de su gran experiencia que nos hablaba a los más jóvenes de mirar nuestras ideas con crítica, sin adulaciones y sabiéndonos desprender de los dogmas que nos retrasan.

La muerte de Augusto pasó por lo bajo de los círculos anarquistas, quienes en ese momento sufrían otra lamentable noticia: el suicidio de Sergio Urrego en el centro comercial Titán Plaza. Para entonces, cuando se cumplían escasos días del asesinato de Augusto, se llevaba a cabo el Encuentro Anarquista de Bogotá y Pueblos de la Sabana, donde varias compañeros, amigos o simplemente conocidos de Tyhua, como le decíamos con cariño a Augusto, llamábamos la atención sobre su caso y la poca atención que estaba teniendo por parte del movimiento libertario.

El miedo se apoderó de muchos de nosotros, quienes bajo la amenaza latente del peligro de morir por luchar, hicimos lo poco que se pudo para mantener viva su memoria, y sin embargo hasta ahora ha sido insuficiente. Este corto texto es un pequeño pago a la deuda con la historia, con la memoria y la dignidad, esa historia de tercos que no los cansa ni la muerte, de esos tercos que luchan contra quienes anteponen su proyecto de exterminio frente a quienes reclamamos, con la mirada en el cielo y los pies en la tierra, vida digna:

Augusto era un gran estudioso, a pesar de no haber culminado ninguno de sus estudios universitarios que empezó en las universidades Distrital, Pedagógica Nacional, Nacional y Pedagógica Tecnológica de Tunja, en la mayor parte de ellas interesado por las Ciencias Sociales y la Historia. En este paso por el movimiento universitario de entonces, donde las ideas libertarias parecían tener gran influencia, pudo establecer los cimientos de su vida y la necesidad de articular el estudio, la investigación y la memoria con las luchas populares. Desde muy joven participó en el movimiento anarquista, ingresando a sus 17 años al Proyecto Alas de Xue, donde militó por varios años hasta su práctica disolución en el año 1998. A pesar de lo complicado que parecía para entonces, incluso con los recelos de parte de diferentes procesos anarquistas de Europa que miraban con prejuicio a diferentes movimientos indígenas que defendían concepciones propias de nación y cultura, Augusto rápidamente encontró puentes entre el pensamiento muisca y el libertario. Sin embargo, su preocupación nunca fue encasillar el proceso muisca dentro de las etiquetas anarquistas, sino por el contrario, ver que podía aportar cada mirada de manera mutua y sincera.

trompeta

A pesar de su afinidad por la academia, su trabajo siempre fue hecho desde abajo y para las de abajo: más allá de la teorización o artículos de investigación, de sus reflexiones se encuentran poemas, cartillas, murales y memorias de caminatas y rituales. Esta mirada libertaria heterodoxa lo llevó finalmente a darse de lleno a su comunidad, participando activamente desde finales de los años 90 en los procesos de recuperación de la memoria propia en Facatativá y luego Tibaitatá.

El anarquismo es la común-unidad”, decía Augusto cuando le preguntábamos sobre su cosmovisión de la idea libertaria. Con desazón señalaba las A circuladas y las prácticas que se alejaban de la gente, del pueblo. Admiraba esa contracultura naciente en la sabana de Bogotá que, a gritos guturales y vestimentas negras y de jean, le hablaba a la juventud sobre el ilógico servicio militar obligatorio, sobre las problemáticas de sus padres y madres en la floricultura, sobre la necesidad de rescatar el territorio de las garras del capitalismo. Para él, el anarquismo era una forma de vida y aptitud frente a las luchas, pero nunca una etiqueta que había que manifestar explicita y reiteradamente, “se vive siendo libertario, no diciéndolo”, comentaba al lado de una hoguera mientras nos hablaba de los “tropeles” en la Distrital en los 90, de la placa de Biófilo Panclasta que existió durante casi dos décadas en las paredes del restaurante de la Pedagógica, de la triste muerte de Beatriz Sandoval en la Nacional, una de sus amigas de salsas, merengues y carrangas, del proceso de exterminio al que casi fue llevado el pueblo muisca durante los 70 y 80, de los históricos paros cívicos del 98 y 2008 en la Sabana.

Cada conversación estaba cargada de rituales, donde cada cosa tenía su razón de ser. La palabra fluía con el fuego, por eso era necesario mantenerlo prendido, tarea encomendada a un “taita” del fuego. “El gran error de querer anarquizar el indianismo, es no dejar indianizar el anarquismo… dejemos de lado esas visiones eurocentricas”, apuntaba luego de jornadas de discusión cuando ya partíamos en bicicletas por la noche a nuestras casas, mientras charlábamos sobre la actualidad del movimiento anarquista del país, del cual ya hace años estaba desapegado por no encontrar en sus reuniones y encuentros soluciones y alternativas para las de abajo. “Miremos lo que hacen los zapatistas: articulémonos en base a nuestra realidades y no dogmas, que muchas veces están fuera de nuestras realidades”, decía cuando debatíamos sobre la necesidad de fortalecer los procesos autónomos y populares de la Sabana.

Su partida nos dejó un profundo vacío que todavía no hemos podido llenar, no solo por las experiencias que se pudieron haber vivido, sino por la deuda que parece quedar en el aire con todos sus conocimientos y saberes. Augusto se nos fue bajo un halo de desasosiego, de creer que también su partida nos ha dejado sin varias palabras que se pueden decir en los debates que nos corresponde como movimiento libertario en Colombia, pero también como procesos populares y autónomos. Su visión de lo libertario inserto en las comunidades y desprendido de escalas, estéticas y etiquetas morales absolutas (que muchas negamos), nos deja la enseñanza de ser pueblo y actuar como tal, de leer nuestro entorno, nuestras realidades, de a veces dejar de lado la ilustrada y bien escrita historia e ideología occidental y voltear a mirar al lado: a la montaña, la laguna y los ríos, a las abuelas y los niños. Queda también el vacío de no haber podido compartir más.

Uno de sus mejores amigos y compañero de lucha por largos años en la Sabana nos señalaba días después de su muerte el gran hueco que nos deja con su partida: “Creo que con Augusto se fueron una cantidad de cosas frente al pensamiento ancestral de origen muisca, tanto así que en el rito de su funeral la única persona que sabía cómo se hacia era él, entonces tocó casi que reinventarlo todo”. Esperamos podamos también reinventar lo libertario para nuestro aquí y ahora, en nuestros tiempos y territorios.

Steven Crux

Sanfermines 1978: Un disparo al corazón de los movimientos populares en Navarra

Los Sanfermines del año 1978 fueron unos festejos que en Iruñea, la capital navarra, serán difíciles de olvidar por lo trágico de los sucesos, y por la encomiable recuperación de la memoria histórica que algunas organizaciones llevan a cabo para recordar la muerte del joven Germán Rodríguez por disparos de la Policía Armada y decenas de personas heridas en la ciudad. Esta acción violenta de la policía provocó la convocatoria de una Huelga General en Navarra, que se extendió al resto de provincias de Euskal Herria, generando una ola de solidaridad inigualable. Cuarenta años después de aquellos sucesos los narramos para ampliar su conocimiento a través de las generaciones, que nunca se olvide que por aquello ningún policía fue juzgado ni condenado.

Navarra golpea la vieja losa del Franquismo

Aquellos Sanfermines de 1978 llegaban marcados por un contexto político estatal de lucha en las calles, y en especial bastante determinante en el territorio navarro dentro del marco de la Transición española. Este se estaba sacudiendo el yugo franquista, y sobre todo, rompiendo el mito de Navarra como región particularmente tradicionalista y de derechas, de la que entre 20 y 30 mil requetés carlistas salieron a combatir en la Guerra Civil española y donde se mantuvo un orden durante los años de la dictadura. El movimiento popular asambleario estaba eclosionando de manera especialmente peligrosa para los intereses del Estado español. Las huelgas obreras apoyadas por el movimiento estudiantil eran habituales, también la organización autónoma de los trabajadores al margen de sindicatos que ya habían mostrado su carta de presentación firmando los Pactos de la Moncloa en octubre de 1977, y además, la fuerte unificación cultural y territorial que encabezaba Navarra para vincularse al resto de provincias de Euskal Herria, estaba desafiando a un Estado español que pretendía mantener estos territorios separados en cuerpo y alma.

Los choques en las calles con la Policía Armada eran habituales desde la muerte de Franco, y especialmente fueron muy intensos en la semana proamnistía en mayo de 1977, que dejaron un balance de siete personas muertas por la policía, dos de estas en la ciudad de Iruñea. En noviembre de 1977 se produce la ejecución del comandante Joaquín Imaz junto a la plaza de toros, mientras estaba al mando de la Policía Armada de Iruñea. En su sustitución llegó a la capital navarra voluntariamente el comandante Fernando Ávila, ligado a la Legión española y con el claro objetivo de dar un escarmiento a una ciudad rebelde. Además, las acciones violentas de grupos de extrema derecha como Guerrilleros de Cristo Rey, que salían a las calles pamplonicas con cadenas y bates de béisbol para intimidar a activistas de izquierdas a lo largo de 1978 crearon un clima de tensión frente a las fuerzas de ocupación policiales.

Cientos de disparos riegan de sangre las calles de Iruñea

Los Sanfermines de 1978 llegan en un ambiente de creciente tensión social, y las peñas populares de las fiestas entonces organizaban numerosos actos lúdicos y reivindicativos. En la tarde del 8 de julio, en la tradicional bajada de peñas al ruedo de la plaza de toros tras finalizar la corrida, un grupo de personas portaba una pancarta exigiendo la Amnistía total de presos. Desde el sector del tendido de sombra, tradicionalmente de derechas, comenzaron a insultar e incluso agredir físicamente a algunos de estos jóvenes. Mientras los problemas estaban siendo causados por este sector en el tendido, sin embargo, la Policía Armada irrumpió en la arena de la plaza de toros sobre las 9 de la tarde, donde comenzaron a agredir con material antidisturbios a quienes portaban la pancarta. La respuesta desde las gradas fue el lanzamiento de almohadillas y botellas a la policía, y esta actuó lanzando pelotas de goma, botes de gases lacrimógenos y con fuego real que hirieron a decenas de personas de las 20 mil presentes en la plaza y atendidas provisionalmente en la misma enfermería. Cientos de ellas debieron salir huyendo ante la llegada de más policías al interior del coso taurino a través del patio de caballos, o bien en un camión frigorífico utilizado para transportar los cadáveres de los toros.

La policía, con el comisario Miguel Rubio a la cabeza, generó una situación de violencia y alteración de extrema gravedad del ambiente público. Los altercados se extendieron rápidamente por toda la ciudad, convirtiendo en un campo de batalla el corazón de Iruñea en plenos sanfermines durante horas, y llegando a establecer barricadas en las cercanías del Gobierno Civil, como responsable de las directrices políticas de esta actuación represiva. La policía continuó utilizando sus armas de fuego en forma de ráfagas de metralleta, en la calle Roncesvalles pasadas las 10 de la noche, fue asesinado Germán Rodríguez de un tiro letal en la cabeza. Tres personas que presenciaron la agresión armada lo trasladaron al hospital junto a otro herido de bala, pero allí nada se pudo hacer por salvarle la vida. Posteriormente en ese lugar se encontraron treinta y cinco impactos de bala.

La noche fue larga en Iruñea dejando más de 150 heridos, de los cuales once lo fueron por heridas de bala. El ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, reconoció que en pocas horas se realizaron 7 mil disparos de material antidisturbios, y 130 disparos de bala. La violencia empleada quedó reflejada en las órdenes dictadas desde la central de policía por radio y que fueron grabadas, los archivos de TVE en la plaza de toros fueron eliminados y recuperadas de una televisión francesa por los autores del documental Sanfermines 78, Juan Gautier y José Ángel Jiménez, en el año 2005.

La memoria colectiva para continuar luchando en la actualidad

Las fiestas de ese año fueron provisionalmente suspendidas al día siguiente, las protestas se extendieron por todo el territorio de Euskal Herria los días siguientes, siendo asesinado por disparos de la policía en Donosti el joven José Ignacio Barandiaran, el 11 de julio. Las autoridades españolas siempre sostuvieron que fue un error, el gobernador civil Ignacio Llano fue cesado y los mandos policiales, el comandante Ávila y comisario Miguel Rubio, fueron trasladados. Rodolfo Martín Villa en una rueda de prensa sentenció comparando estos sucesos con acciones de ETA:

«Al fin y al cabo lo nuestro serán errores, pero lo otro son crímenes»

El Estado español dejaba claro que no permitiría la organización obrera al margen del aparato sindical vinculado con la institución que ya estaba preparando desde los Pactos de la Moncloa. A finales de ese año 1978 la Constitución española monárquica continuista del Franquismo sería aprobada, y por supuesto también dejaban claro que la sacrosanta indivisibilidad de España no concedería ninguna clase de unión territorial de Euskal Herria que interesaba continuara dividida entre País Vasco y Navarra. De lo contrario la fuerza unitaria y popular que se estaba generando en la región navarra podría desestabilizar esos pilares sociales y políticos del régimen perpetuado a través de las reformas. La estrategia más efectiva y represiva que entendió el Estado español que podría surgir un efecto de miedo para romper con esta dinámica popular, fue la sangre y la muerte contra el corazón de los movimientos políticos en Iruñea.

Actualmente la iniciativa popular ‘Sanfermines78 Gogoan’ se encarga de impedir que estos sucesos caigan en el olvido forzado, cada año se hace un homenaje junto a la estela en conmemoración del asesinado y los heridos situada en la calle Roncesvalles, y continúan reclamando verdad y justicia frente a la impunidad para crear una nueva conciencia social como legado de aquellas luchas que son una extensión de la lucha social en la actualidad.

La fuga del fuerte de San Cristóbal de Iruñea en 1938. La huida carcelaria más grande de la historia europea

En nuestro transitar histórico por la memoria colectiva no quería dejar escapar la oportunidad de dedicarle una mención especial a la fuga más grande jamás organizada, la mayor evasión carcelaria de la historia de Europa con un total de 795 presos fugados, y que tuvo lugar el 22 de mayo de 1938 en Navarra.

La prisión.

En el monte Ezkaba, situado pocos kilómetros al norte de Iruñea-Pamplona, se encuentra aún en estado absoluto de abandono el Fuerte de San Cristóbal, que desde 1934 hasta 1945 albergó a más de seis mil presos políticos de las organizaciones del movimiento obrero.

Esta edificación fue construida sobre una antigua ermita rural y un obsoleto castillo navarro en el siglo XIX, concretamente se inició en 1878 nada más acabar la última Guerra Carlista (1872-1876), y como línea de defensa militar preventiva a lo largo de los Pirineos frente a otros posibles alzamientos carlistas. Sin embargo, la edificación del fuerte se prolongó hasta 1919, y para su construcción se dinamitó parte del monte para construir la fortaleza militar en tres niveles distintos excavados en el interior de la montaña. Largos fosos, imponentes murallas, garitas, celdas y galerías subterráneas ocupan varias miles de hectáreas, convertidas actualmente en ruinas que ocultan a su alrededor una inmensa tumba de presos asesinados en aquél lugar.

Este fuerte nunca llegó a cumplir la función defensiva para la cual fue construido, puesto que cuando se acabó su edificación, la estructura militar defensiva ya se había quedado obsoleta ante la aparición de la aviación con fines bélicos. La primera ocasión, y única en su historia que ha sido utilizado, fue como prisión penal militar entre 1934 y hasta 1945. Tras la represión gubernamental a la Revolución de Octubre de 1934, centenares de presos asturianos, cántabros y vascos fueron encerrados en sus muros.

Desde sus comienzos tuvo una incesante denuncia por la falta de higiene y salubridad, tratando de que fuese cerrada, sobre todo a raíz de la muerte de un militante de CNT en septiembre de 1935. Esto provocó un motín en el fuerte protagonizado por los cerca de 750 presos, y protestas en la ciudad de Iruñea que finalizaron con una huelga. El gobierno comenzó a trasladar en el mes de noviembre a varias decenas de presos a otras cárceles, y fue vaciada completamente en febrero de 1936 tras la amnistía general decretada a presos políticos. Sin embargo, ese mismo verano fue nuevamente utilizada como penal tras mantener bajo su control el territorio de Navarra las fuerzas militares sublevadas el 18 de julio de 1936. En pocos meses estaban recluidos unos dos mil presos en esta fortaleza, se desconoce el número indeterminado de presos que al comienzo del conflicto bélico fueron fusilados en sus muros o en el camino de descenso a la ciudad de un tiro en la espalda tras haberles dejado en libertad. Además, un total de 305 presidiarios murieron en el periodo de funcionamiento del fuerte como prisión hasta 1945 por desnutrición y enfermedades.

La fuga.

La mayor fuga de presos en el Estado español y en Europa, tanto por el número de huidos como por las criminales consecuencias de la misma, tuvo lugar en esta prisión el 22 de mayo de 1938. En ese momento había un total de 2.487 personas recluidas, en su inmensa mayoría dirigentes políticos republicanos, sindicales y militantes obreros revolucionarios. Estos sufrían maltratos continuados, hambre extrema y estaban infestados de parásitos. Una treintena de presos decidieron preparar una fuga masiva, para lo cual tuvieron reuniones en el interior de la prisión en las que hablaban en lengua esperanto para no ser descubiertos por ningún vigilante ni chivatos.

A la hora de la cena varios grupos de presos desarmaron a los militares en guardia, se apropiaron de sus armas y se dirigieron a la sala donde cenaba el resto de los guardias, allí se rindieron rápidamente, salvo un soldado que opuso resistencia y murió de un golpe con una barra metálica. En poco más de media hora los reclusos del fuerte habían logrado el control de la prisión, rindiéndose también los guardias en las diferentes garitas existentes. Un total de 795 presos se fugaron aprovechando la oscuridad de la noche, tratando de esconderse en el monte antes del amanecer para recorrer a pie la distancia de unos 50 kilómetros hasta la frontera francesa.

Desgraciadamente hubo dos hechos que truncaron su huida, el primero fue que un soldado en su día libre que regresaba de Iruñea se percató de lo que ocurría y dio la voz de alarma, y en segundo lugar también alertó de la fuga un preso falangista llamado Ángel Alcázar de Velasco, encerrado por su apoyo en abril de 1937 en Salamanca a la facción hedillista de la Falange derrotada en su unificación con los carlistas. De esta manera, rápidamente refuerzos militares, pero sobre todo falangistas y guardias civiles de la capital navarra acuden a reprimir la fuga de presos, que podría haber sido mayor de no ser porque muchos desistieron fugarse al ver rápidamente las luces de los vehículos militares que estaban a punto de llegar a las inmediaciones de la prisión.

La persecución

Las fuerzas represoras iniciaron inmediatamente una persecución y una macabra caza de huidos, que vagaban en desbandada por el monte, muchos de ellos descalzos, desnutridos y con escasos fusiles para defenderse. Entre esa misma madrugada y los tres días siguientes fueron detenidos un total de 585 fugados, abatiendo en el mismo monte a 207 reclusos que no tenían capacidad alguna de resistir. Solamente tres reclusos alcanzaron su objetivo de cruzar la frontera francesa y sentir que ponían fin a su persecución. El último de los fugados vivió escondido en los montes navarros hasta el 14 de agosto de ese mismo año, no logrando encontrar ninguna partida guerrillera o apoyo que le ayudase a lograr su objetivo.

Una inmensa mayoría de los asesinados fueron abatidos en las cercanías del municipio de Ezcabarte, también en la parte norte del monte, en las localidades de Oláibar y en Baztán, y  otros tantos en Ansoáin, en la falda sur del monte. Por lo tanto, tanto el Fuerte de San Cristóbal como todo el área a su alrededor es un espacio de la memoria histórica antifascista que debemos conocer y proteger. De aquellos huidos que capturaron los militares, un total de diecisiete fueron sometidos a un juicio bajo la acusación de haber liderado la fuga. Un preso fue internado en un manicomio de Iruñea y catorce fueron condenados a muerte, y fusilados el 8 de septiembre de 1938 en los muros de la ciudadela pamplonesa.

El ejército abandonó estas instalaciones militares en 1987, y a día de hoy se encuentra completamente abandonado, siendo propiedad del Ministerio de Defensa. Este fuerte fue declarado «Bien de Interés Cultural» por la Dirección General de Bellas Artes en el año 2001. Anualmente en la fecha de la histórica fuga se realiza un homenaje en recuerdo de dicho suceso y de los asesinados en aquél lugar, para que estos espacios no lo sean nunca más del olvido.

[Bibliografía]

‘Navarra 1936. De la esperanza al terror‘, Varios Autores, 2004

Fuerte de San Cristóbal, 1938. La gran fuga de las cárceles franquistas‘, Félix Sierra Hoyos e Iñaki Alforja, 2005

Penal de San Cristóbal/Ezkaba: derribos contra la memoria’, Fermín Ezkieta, 2011

[Filmografía]

Ezkaba, la gran fuga de las cárceles franquistas,  Iñaki Alforja, 2006

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