50 aniversario de la matanza de estudiantes en Ciudad de México, un crimen de Estado que sigue latiendo

Hoy, día 2 de octubre, se cumple el 50 aniversario de la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas en la Ciudad de México en el año 1968, un año que ya sabemos fue muy activo para la movilización obrera a nivel internacional, y que guardamos en la memoria colectiva de la lucha del pueblo trabajador.

Es complejo explicar en un artículo breve de divulgación qué implicaciones, consecuencias y origen tuvo aquella matanza, si bien es cierto que resulta indispensable traerla al presente para darla a conocer cincuenta años después, porque aún en la actualidad influye decididamente en el pensamiento y la práctica de los colectivos sociales en lucha de México y de toda América Latina.

Mucho más grande que un simple movimiento estudiantil.

El movimiento de 1968 en México fue un movimiento social amplio, en el que si bien los estudiantes tuvieron un protagonismo destacado, estaba conformado por hombres y mujeres trabajadoras de diversos sectores sociales y constituidos desde el mes de agosto de ese año en el Consejo Nacional de Huelga. Este movimiento buscaba una transformación social profunda en un país gobernado por el PRI (Partido Revolucionario Institucional), un partido fuertemente autoritario, que a pesar de sus siglas, fue fundado por la facción contrarrevolucionaria vencedora tras la Revolución Mexicana en el primer tercio del siglo XX.

Este movimiento fue reprimido continuamente durante su desarrollo por el gobierno de México, y con el fin de darle un durísimo correctivo fundamentado en el terror, el 2 de octubre de 1968 se llevó a cabo una represión pública de carácter brutal conocida como la «matanza en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco», logrando disolver el movimiento en diciembre de ese año por las fatales consecuencias de estos hechos.

La matanza fue cometida de manera conjunta como parte de la Operación Galeana por el grupo paramilitar denominado Batallón Olimpia (cuerpo semiclandestino de mercenarios civiles formado para la seguridad interna de los Juegos Olímpicos en ese verano), la Dirección Federal de Seguridad, la llamada entonces Policía Secreta y el Ejército Mexicano, y con el probado apoyo y asesoramiento de la CIA estaounidense. Esta última presionó decididamente para que en México no se desarrollara una revuelta popular que se les pudiera descontrolar a las autoridades del gobierno del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz y subsecretario de gobernación, Luis Echeverría Álvarez; por lo que EE.UU. intervino directamente y alentó a reprimir sin contemplaciones a la sociedad mexicana rebelde y en concreto a los estudiantes en lucha.

Origen y estallido de las movilizaciones: verano de solidaridad mexicana.

Los antecedentes a este movimiento han de buscarse en los años 50 y 60 en una sociedad mexicana hastiada del autoritarismo del partido único que había monopolizado el poder del Estado por décadas, y que aún se perpetuaría bastantes años. Maestros contra el desmantelamiento de las escuelas populares, estudiantes universitarios, ferrocarrileros, telegrafistas o campesinos venían organizándose antes de eclosionar este impresionante movimiento social en 1968 que llevó a las calles de Ciudad de México a cientos de miles de personas. Fue iniciado a finales del mes de julio con las marchas convocadas por los estudiantes de preparatoria universitaria y de escuelas superiores de la UNAM hartos de la brutalidad policial y las continuadas infiltraciones de agentes en las escuelas y las organizaciones revolucionarias juveniles. Estas marchas fueron respondidas inmediatamente con una represión policial desmedida, más de 500 heridos y decenas de detenidos, lo que consiguió que surgiera espontáneamente una solidaridad sin precedentes y el apoyo incondicional de gran parte de la sociedad mexicana hacia los estudiantes, a los que se les unirían las organizaciones obreras.

Durante los meses de agosto y septiembre las movilizaciones se intensificaron mucho, el estudiantado mexicano comenzó a utilizar un lema que logró un éxito asombroso: ¡Únete pueblo¡ Los mítines organizados en espacios públicos, y la presencia continuada en las calles hizo imposible canalizar el movimiento hacia protestas institucionales reducidas a la autonomía universitaria. Los medios de comunicación oficialistas mexicanos claman contra el movimiento social, comienzan a difundir noticias sobre cospiraciones internacionales de izquierda revolucionaria y alentar a crear listas de estudiantes y profesores destacados en las luchas que se organizan. El ambiente represivo sigue en aumento y se comienza a fraguar en las cloacas del Estado mexicano la necesidad de dar un brutal golpe para controlar una situación de descontento social en aumento.

El movimiento social en México de 1968 elabora una lista de objetivos irrenunciables, entre los que se encontraban la libertad de todos los presos políticos, la derogación de los artículos del Código Penal utilizados jurídicamente para aplicar la represión, la disolución del Cuerpo policial de Granaderos, responsabilidades penales para los artífices de esa represión e indemnización a todas las personas heridas por la policía.

Sin embargo, algunas fechas destacables serán la gran marcha del 27 de agosto en la plaza del Zócalo en Ciudad de México, y el terrible desalojo del campamento estudiantil que surge improvisadamente esa misma madrugada. También el 7 de septiembre se da la conocida como ‘Marcha de las Antorchas’, un impresionante mítin en Tlatelolco y el 13 de septiembre la ‘Marcha del silencio’, donde se marchó por las calles de la ciudad con pañuelos sobre la boca en un espeluznante silencio. El 18 de septiembre el Ejército invade la Ciudad Universitaria de la UNAM, y cinco días después un edificio universitario es ametrallado por comandos policiales vestidos de civiles, se inicia entonces la noche del 23 de septiembre una batalla por tomar el Casco de Santo Tomás y la Unidad Profesional Zacatenco, que duraría más de doce horas y tendría como desenlace más de 350 detenidos, 33 heridos y una persona muerta. El 1 de octubre el Ejército se retira de la UNAM, es el preludio de que una acción mayor está por suceder.

El día que el gobierno mexicano masacró a su población.

Tan solo diez días antes de que dieran comienzo los Juegos Olímpicos en la Ciudad de México, el 2 de octubre estaba programada una gran concentración y un mítin político en la Plaza de las tres Culturas en Tlatelolco, el corazón histórico de la Ciudad de México. Tras el disparo de algunas bengalas como señal de inicio de la matanza programada desde el gobierno mexicano a modo de una demostración de fuerza brutal, miembros del Batallón Olimpia apostados en los edificios circundantes a la plaza pública abrieron fuego desde las plantas superiores sobre los manifestantes con armas trasladadas los días anteriores a dichos inmuebles. Los miembros del Ejército mexicano a pie de calle también abrieron fuego contra la multitud justificándose más tarde que fue para repeler un ataque que estaban sufriendo; de esta manera la excusa estaba bien planificada y la legitimación de la matanza se servía mucho más fácil a los intereses internacionales del Estado mexicano. Muchos activistas consiguieron huir del tiroteo inicial que desencadenó la matanza y se refugiaron en departamentos cercanos, sin embargo fueron perseguidos, detenidos, torturados y asesinados impunemente durante las siguientes horas en la plaza y alrededores, que fue tomada por el Ejército mexicano durante más de una semana, retirando los cadáveres de lo que se calcula fueron quizá algo más de trescientas personas. Junto a la Iglesia de Santiago-Tlatelolco, reunieron a aproximadamente tres mil detenidos, siendo desnudados en público, torturados y trasladados a campos militares de la ciudad o a la histórica prisión del Palacio de Lecumberri. Al día siguiente en los medios de comunicación, no hubo ni una mención a la masacre, la normalidad más absoluta y el ocultamiento de los hechos fueron la instrucción otorgada. Los Juegos Olímpicos se desarrollaron bajo el silencio internacional, en Ciudad de México el miedo había dejado paralizados a los movimientos sociales que no podrían haber imaginado tanto horror y encontrarse repentinamente con una acción propia de cualquier guerra total. En gran parte de América Latina las embajadas mexicanas fueron atacadas; hubo marchas en Santiago de Chile. Se hizo un mítin en Londres frente a la embajada mexicana, y también hubo protestas en París.

De la guerra sucia y la represión a la guerra del narco-estado mexicano.

Algunas víctimas de dichas acciones intentaron caracterizar la masacre de Tlatelolco ante tribunales nacionales e internacionales como un crimen de lesa humanidad y un genocidio, ​afirmación que fue sustentada en principio por la fiscalía mexicana pero rechazada por sus tribunales. También intentaron llevar a los autores materiales e intelectuales de los hechos ante la justicia sin ningún resultado favorable. La disolución criminal de este movimiento fomentó la aparición de guerrillas clandestinas urbanas y rurales contra el Estado mexicano, que recrudeció la represión contra estos movimientos en los que se ha conocido como Guerra Sucia, perpetuándose en el tiempo hasta finales de los años 90.

Ya en los años 2000 surge una nueva fase de la represión contra los movimientos sociales mexicanos, y especialmente contra las comunidades indígenas declaradamente anticapitalistas. Precisamente el capitalismo pone en marcha una nueva versión de la represión adaptada a los nuevos tiempos, y a las necesidades de avance que este tiene sobre las vidas comunitarias y sobre el territorio. En 2006 y hasta la actualidad nace la guerra del narcotráfico, la particular lucha por el monopolio de negocios globales como drogas, armas, personas u órganos humanos, en la que las instituciones estatales mexicanas participan disponiendo de su poderío en favor de unos u otros. El narcoestado ataca a las comunidades en lucha, y en esta guerra hacen desaparecer decenas de miles de personas, siendo un punto de inflexión el 26 de septiembre de 2014 con la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa, en el Estado de Guerrero, cuando se organizaban para asistir en Ciudad de México a la conmemoración de la masacre ya narrada. Vivos se los llevaron y vivos los queremos… porque la vida, vale vida.

La tormenta en México

 Por abd

No es novedad la violencia en México, tampoco sus causas son una novedad, lo que sí podría serlo es la rapidez y las coincidencias. Lo primero que se asoma en la lista de coincidencias son las fechas, es sorprendente como las autoridades se empeñan por sumar efemérides al movimiento estudiantil.

A unos meses de que pasara el aniversario de la matanza del jueves de corpus (10 de junio 1971), a unas semanas del aniversario de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinap (26 de septiembre del 2014)[i] y a tan solo un mes del aniversario 50 de la matanza de Tlatelolco (2 de octubre 1968), el país vuelve a salir a las calles por la agresión de un grupo de golpeadores atacaron la huelga del Colegio de Ciencias y Humanidades perteneciente a la UNAM.

Múltiples universidades en el resto del país  se movilizaron, en algunas se quedó en le momentum, en otras se preparan para crear organizaciones y las organizaciones ya en proceso sin duda se verán fortalecidas. Menos viral pero igual de importante es la represión que sufrieron compañerxs de la Escuela Normal Rural Mactumatzá en Chiapas, en general, las normales rurales se caracterizan por tener una organización fuerte, pero el fallecimiento de un alumno durante la “novatada” ha sido utilizada para criminalizar a los líderes estudiantiles, a esto se respondió con barricadas y el gobierno desató la represión.

La violencia no se limita a la lucha estudiantil. Los últimos años del gobierno de Peña Nieto han difíciles para indígenas y defensores de la naturaleza. Pareciera que quieren limpiar el país antes de que AMLO tome el poder. Esta semana asesinaron a César Vargas Castro del Frente Nacional por la Liberación de los Pueblos y desapareció Sergio Rivera Hernández a manos del gobierno y la minera Autlán.

Mientras escribo este texto (11 de septiembre 2018) se sepultó el cuerpo de Margarito Díaz, activista pacífico y líder espiritual del pueblo wixárika que fungía como presidente fungía como Presidente del Consejo de Vigilancia de la Unión Wixárika de Centros Ceremoniales de los Estados de Jalisco, Durango y Nayarit, A. C.

Solo puedo mencionar los hechos que sobresalen en las redes, ya sea por su importancia o por la construcción de grandes y pequeños medios libres, pero sé y quiero que quien lea este texto sepa que existen decenas si no es que centenas de casos como estos que ocurren a diario en México. La situación sin duda es una tormenta.

Pero con la tormenta viene la organización y tras las declaraciones del presidente electo sobre que el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México sería puesto a consulta pública a pesar del completo rechazo de quienes viven en dichos territorios, la izquierda no electoral se a quitada una importante venda de los ojos y comienzan a crecer las organizaciones, los frentes, las huelgas y los grupos de estudio. A unas horas de publicar este artículo, 15 personas salieron lesionadas en un enfrentamiento entre pobladores de Atenco y golpeadores de la empresa Pinfra.

Tal vez aún no podemos huir de la totalidad de su tormenta, pero poco a poco se alcanza a apreciar que llega la nuestra.

[i] Este hipervínculo lleva a la Plataforma Ayotzinapa, una cartografía de la violencia, proyecto en el que muestra de manera interactiva todos los datos y detalles de aquella noche del 2014

Reflexiones tras 50 años del Mayo francés de 1968. Continuamos tomando los adoquines para imaginar la arena de playa.

¿Qué podemos esclarecer cincuenta años después de la rebelión de Mayo de 1968? ¿Qué caminos revolucionarios y referentes de lucha abrió este acontecimiento internacional en la Francia de su época y que siguen latentes en el presente? La imaginación al poder… porque la arena de playa bajo los adoquines, se conquista.

Este mes se cumple el 50 aniversario del Mayo francés que tanto revolvió internacionalmente a los movimientos políticos y sociales. Es evidente que no podemos vivir de la nostalgia, y aún reconociendo que fue un acontecimiento irrepetible, sin embargo no quiere decir que haya dejado de latir con fuerza en nuestro presente, ni que sus efectos se hayan extinguido con el paso del tiempo. Este acontecimiento se reinventa actualmente en los conflictos actuales, no solo en Francia, sino como referente en todo el mundo.

Como dice el militante anarquista Tomás Ibáñez, Mayo del 68 forma parte de esos excepcionales sucesos históricos que están armados del suficiente potencial como para espolear la imaginación, encender deseos y hacernos soñar. Sin vivir de la nostalgia, y no permitiendo que esta guíe nuestros pasos y estrategias, pero el Mayo Francés puede evocar un estado de disposición a la acción y a la explosión de imaginación en las formas de lucha.

Fue un acontecimiento completamente inesperado, en un año que estuvo marcado por un sentir revolucionario muy fuerte a nivel internacional. Las intensas movilizaciones en EE.UU. contra la guerra del Vietnam, las manifestaciones de Zengakuren en Japón, o la batalla de Valle Giulia en Roma; todas ellas con un gran protagonismo de jóvenes nacidos tras la Segunda Guerra Mundial. Tras años de ‘prosperidad’ económica en Francia, y el afianzamiento de un sistema social capitalista, una generación de jóvenes franceses concluyen que un ciclo debe acabar, no para iniciar otro predeterminado, sino para debatir hacia dónde quieren dirigir sus vidas fuera del imaginario capitalista.

Quienes participaron activamente del Mayo francés sintieron una transformación de sus vidas, la continua lucha en las calles parisinas consiguió que muchos jóvenes percibieran ese tiempo como un tiempo de gran intensidad de aprendizaje y experiencia de unas sensaciones lejos de los tiempos y la monotonía que determina el capital. La distinción entre el tiempo de rutina y el tiempo poético marcan una sensibilidad diferente en algunos acontecimientos en nuestra vida. No solo luchaban contra las expresiones del capital en su vertiente laboral o estudiantil, sino contra la vida rutinaria que este les sumía. La mejor manera de imaginar otro mundo posible, es mediante la beligerancia contra aquello que nos amordaza la imaginación, desatando una reacción inesperada en nuestro esquema actitudinal, poniendo en práctica todo aquello que dentro de la cotidianeidad capitalista no se puede dar. El Situacionismo le aportó al Mayo Francés el potencial para crear espacios temporales donde experimentar más allá de los límites culturales que nos propone el capitalismo. La Internacional Situacionista existió desde los años 40 en Francia hasta 1972 cuando decide autodisolverse. Esta recoge el bagaje revolucionario del marxismo, el consejismo y el anarquismo, tratando de superar estas antiguas corrientes. El pensamiento revolucionario se alcanza mediante la realización y la supresión, es decir que realiza lo que el anarquismo no logró realizar, y supera las formas políticas marxistas abogando por la supresión de la dominación estatal.

Mayo del 68 supone un segundo asalto al capitalismo tras los años de prosperidad posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Recoge la plasmación del repunte de las ideologías sociales y movilizaciones políticas que se tejen durante toda esa década, pero que estallan de forma muy inesperada. Sin duda un tiempo muy corto en comparación con el primer asalto al capitalismo que sucedió en los años 30 del siglo XX y que se venía fraguando desde decenas de años atrás. Con la Comuna de París de 1871 en el corazón, pero un contexto radicalmente distinto, Mayo del 68 se convierte en referente contemporáneo de lucha contra el capitalismo, pero también como una herramienta para mercantilizar la lucha por parte del sistema décadas después. Se hace necesario enlazar este acontecimiento con los conflictos actuales, no en un discurso teórico de recreación en forma de anhelo de un pasado ideal, sino en la práctica revolucionaria actual.

Los acontecimientos del Mayo francés destacaron entre otros a nivel mundial, tuvieron un impacto enorme y sirvieron de aliento. No se trataba de conquistar el Poder en bruto, nada se hubiera hecho con ese Poder, pero se consiguió politizar espacios, colectivos y dinámicas que habían caído en la despolitización impuesta por los regímenes de postguerra y el falso sueño de la recuperación económica que adormeció a las sociedades. El objetivo era romper con la pasividad y el aislamiento individual, aboliendo las caducas herencias recibidas y planteando una actividad de transgresión de la vida cotidiana desde la creatividad. Muchas expresiones libertarias fueron rescatadas de los guetos donde se habían anclado, y fueron lanzadas como piedras sobre la sociedad para despertarla.

A pesar de haber pasado al imaginario como una revuelta estudiantil, lo que hizo que Mayo del 68 no se convirtiera en un simple descontento de jóvenes que habían logrado llegar a una universidad a la que se comenzaba a acceder masivamente, fue el hecho de lograr la vinculación con el mundo laboral, y que la clase trabajadora se sumara a este reclamo ocupando fábricas y uniéndose al hórdago lanzado desde los movimientos estudiantiles. Esta reacción laboral, igualmente estuvo protagonizada por un rechazo al vanguardismo y las burocracias de los sindicatos tradicionales, que trataron de evitar este encuentro en la barricada, pero que marcaron una senda de autonomía obrera organizándose al margen de las centrales sindicales y partidos de izquierdas.

Se plantea como crítica al Mayo francés la falta de una dirección clara o de estructuras organizativas contra el enemigo común, si bien es probable que no pudiéramos hablar de la espontaneidad en el camino que tomaron los acontecimientos si se hubieran encauzado esas energías hacia planteamientos preestablecidos. Son esos planteamientos los que fueron cuestionados por ese cóctel ideológico, es evidente que no pretendía construirse un proyecto concreto, y eso no debe ser entendido como algo malo, sino que surgió como una semilla que si se germinaba podría llegar a ofrecer caminos revolucionarios a explorar donde nada estaba escrito. De hecho, la marcha de acontecimientos se asentó sobre esa premisa: se construía, se experimentaba y se incidía con creatividad sobre el devenir cotidiano de los sucesos.

Wallerstein le da la denominación de rebelión cultural, ya que el ciclo revolucionario de 1968 no plantea la toma del poder político. La rebelión social se traslada a cambiar radicalmente la vida cotidiana, la irrupción de esta insubordinación no se materializa en un proyecto político concreto. Sin embargo, no hay nada más revolucionario que querer cambiar la cotidianeidad. Supone un cambio de prácticas, no se trata de conquistar territorialmente, ni de dar un golpe para la obtención del poder, sino sentar las bases de la organización que permita una emancipación integral de la vida cotidiana alejada del capitalismo y su vacía existencia. El enemigo era el tipo de vida gris y vacía que ofrecía el sistema, una vida que no era producción creativa y autónoma, sino reproducción de un modelo determinado y encauzado para alimentar al propio capitalismo; un enemigo que sigue siendo común actualmente.

Acontecimientos en Mayo de 1968 en Francia:

El 22 de abril de 1968 miles de estudiantes se concentraron ante la Universidad de Nanterre a las afueras de París como protesta por la detención de varios estudiantes acusados de atentar contra empresas estadounidenses implicadas en la Guerra del Vietnam. Los últimos días de abril los enfrentamientos con la policía fueron habituales, hasta tal punto que el decano de la Universidad ordenó su cierre el 28 de abril, pretendiendo frenar el movimiento estudiantil, y además, con la intervención de grupos de extrema-derecha que atacaban a los estudiantes.

El 3 de mayo miles de estudiantes se concentraron en la plaza de la Sorbona de París en apoyo a los compañeros que debían declarar ese día en los tribunales por su detención en los altercados a finales de abril en Nanterre. El ataque por parte de la policía francesa provocó que el conflicto se extendiera más allá de los recintos universitarios y estallara en las calles parisinas; mientras los principales dirigentes sindicales y estudiantiles trataban de controlar ordenadamente esta situación, los y las estudiantes rebasaron estas directrices y actuaron desde su sensibilidad encontrando que la revuelta prendió en el Barrio Latino parisino. Situaba el centro de la acción en la solidaridad con los detenidos, la actuación directa sin mediaciones, sin exigencias o demandas al Poder, sencillamente practicando la autoorganización y la autonomía para tomar decisiones que se llevaban a cabo sin limitaciones.

El 6 de mayo se repitieron los enfrentamientos con la policía en la declaración de los estudiantes ante el Comité de Disciplina de la Universidad de Nanterre. La solidaridad se extendió entre miles de estudiantes que encontraron el apoyo de una sociedad francesa hastiada, los acontecimientos dejaron medio millar de detenidos y cientos de heridos.

El 10 de mayo por la noche se daba lo que se ha conocido como ‘la noche de las barricadas’, decenas de miles de estudiantes se unen a las luchas en el Barrio Latino de París tratando de liberar a sus compañeros detenidos, las fuerzas policiales atacan las barricadas levantadas y al día siguiente sacan carros blindados a las calles de París, procediendo a una militarización urbana no vista jamás por estos jóvenes estudiantes.

Un punto de inflexión que le otorgaría una relevancia impredecible a esta revuelta fue la convocatoria de una huelga general el 13 de mayo, a la que se unieron varios millones de trabajadores y trabajadoras a lo largo de toda Francia, congregando en una manifestación a más de 200 mil personas en la ciudad de París. Los estudiantes tomaron la Universidad de la Sorbona y establecieron un Comité de Ocupación, mientras que al día siguiente miles de trabajadores tomaban algunas de las principales fábricas de la Francia industrial. Durante esa semana se dan tensiones con las centrales sindicales que pretenden moderar el movimiento, produciéndose una respuesta activa de los estudiantes para seguir trazando su camino en la práctica cotidiana de esta insurrección.

La huelga se extiende a numerosos centros de trabajo, los Comités de Huelga debaten sobre la cuestión del poder popular, y a través de sus críticas a la autoridad estatal se genera un vacío moral del poder, cuestionado de raíz por la violencia ejercida y abriéndose numerosas oportunidades por las que discurrir desde el sentir revolucionario.

La noche del 24 de mayo París vivió un estado de auténtica insurrección frente al Poder estatal, que obligó al Estado francés a reaccionar dividiendo al movimiento obrero, proponiendo unas negociaciones establecidas a varias bandas y haciendo propaganda de determinadas concesiones, obviando de que para la mayoría de estudiantes y trabajadores el gobierno no era un interlocutor de referencia, y sus pasos se dirigían hacia otras posturas. Sin embargo, el 12 de junio el presidente Charles De Gaulle decreta la disolución e ilegalización de todos los grupos de izquierda revolucionaria, mientras continúan las negociaciones son las centrales sindicales moderadas. A lo largo de este mes de junio, grupos incontrolados de extrema-derecha son lanzados contra los movimientos rebeldes, que junto con la violencia policial continuada, las negociaciones aprobadas por los dirigentes autodenominados representantes de los obreros, y la celebración de elecciones legislativas a finales de junio; llevaron al movimiento a diluirse en una experiencia que había marcado un camino, irrepetible como ya se anticipaba, pero al fin y al cabo necesario para sentar algunos análisis y prácticas revolucionarias en el presente.

Ya en el 2018, este pasado mes de abril los estudiantes franceses han iniciado huelgas ocupando facultades por toda Francia, los ferroviarios comenzaron una huelga hace semanas, y han establecido contactos de apoyo con los estudiantes. Miles de personas han salido a la calle en solidaridad con la ZAD, territorio ocupado con un proyecto de autoorganización que ha sido agredido e intentado desalojar por el actual gobierno de Emmanuel Macron. Los sectores obreros franceses llevan alimentando una confrontación social contra el capitalismo estos últimos años, las comunidades racializadas y el antifascismo francés vienen trabajando arduamente en potenciar esta lucha. Todos los años cuando llega el mes de mayo a Francia, se tiene en la vista aquél año 1968, que si bien no se dará nuevamente en los mismos términos, puede servir como potencial para extender el bloqueo y la actividad obrera por todo el país.

Análisis de la plurivisión del sistema universitario, desde una perspectiva antropológica

Los motivos que han llevado a la realización de este artículo de opinión, han sido basados en la observación de un contexto universitario, del cual participo como estudiante, pero que parece ser transversal a las diferentes universidades madrileñas. Esta observación viene dada a través de encuentros y conversaciones informales, con universitarias de otras ramas formativas y otras Universidades. Con el tiempo y la repetición de este tipo de encuentros y conversaciones, pude percibir un patrón que se reproducía sistemáticamente en las diferentes experiencias de los estudiantes. Por ello, este artículo es presentado, no tanto como crítica a un sistema cuyo mal funcionamiento es estructural, sino como llamada de atención sobre una realidad que puede ser transformada, si se aprovecha la oportunidad de entablar relaciones de diálogo y performatividad entre los diferentes estratos universitarios, principalmente entre alumnos y profesores.

Cuando hablamos de la plurivisión del sistema universitario, nos referimos a las diferentes formas en que éste es percibido, centrándonos específicamente en las diferencias generacionales y sociales.

Desde siempre, la Universidad como entidad, ha sido reconocida colectivamente como un espacio de formación intelectual y reconocimiento social. Cuando los hijos de los obreros empezaron a poder acceder a ella, se agudizó aún más esta perspectiva, diferenciándose como obreros de primera categoría. No obstante, también sirvió para que la Universidad se llenara de contenido social y político, que abogaba por una sociedad más justa.

La generación de nuestros padres y profesoras, creció bajo esta perspectiva, donde poco a poco la universidad iba adquiriendo un matiz ideológico de base marxista y revolucionaria. Una universidad, donde las diferencias de clase seguían siendo evidentes, pero se luchaba por erradicarlas y por dotar de herramientas a un pueblo que salía de una dictadura de más de 40 años. Los obreros dejaban de quedar relegados a mano de obra y trabajos de poca categoría y empezaban a ascender socialmente. Esta realidad, fue adquiriendo peso en la ideología de superación obrera, haciendo que aquellas que habían accedido a estudios superiores y, especialmente, aquellas que no habían conseguido cursarlos, pretendieran garantizar un futuro económico y educativo superior a las generaciones futuras.

En consecuencia, se crea un imaginario colectivo que idealiza la universidad como germen de las luchas sociales, como el último escalón hacia una vida de éxito social y económico, como la garantía ante todas las dificultades venideras. Cuántos de nosotros no habremos crecido con el eslogan de “debes ir a la universidad para ser alguien en la vida”, como si los millones de personas que no han podido o querido, estudiar en la universidad se anularan a sí mismas por el mero hecho de seguir siendo obreras. Como si un hijo con titulación universitaria, valiera más simbólicamente que sus padres, y el esfuerzo de los mismos por garantizar sus privilegios. Cuántas estudiantes no se han visto arrastradas a la universidad sin tener claro en verdad, qué es lo que querían conseguir en sus vidas, sólo porque es “lo que se espera de ellas”.

Pero nos encontramos aquí, cursando estudios universitarios. La generación mejor formada de nuestra historia. La que menos claro tiene su futuro, la que menos se moviliza, la que más pasividad acumula y más murmulla en los pasillos su descontento formativo, sin saber focalizarlo. ¿Dónde ha quedado la promesa de un futuro profesional estable? ¿Por qué nuestro título nos hace “más alguien en la vida” trabajando tras el cajero automático de un centro comercial, que al resto de compañeros no titulados? ¿Dónde ha quedado el germen de las luchas obreras en una universidad donde, si trabajas a la vez que estudias, te penalizan por no asistir a clase?

No pretendo sonar derrotista, sino evidenciar las realidades que cruzan los pasillos de cualquier facultad universitaria. Las dudas que nos planteamos las jóvenes estudiantes, que no tenemos definido el futuro y que nos siguen vendiendo el cuento del tradicional capitalismo, cuando la nueva realidad supera y destruye cualquiera de esas percepciones neoliberales. Evidenciar la declive situación en que sentimos que se encuentran nuestras universidades y la monótona resignación, con la que cada día acudimos a un aula donde copiamos pasivamente las mismas diapositivas que el docente de turno nos quiere leer; donde el lugar a la crítica y el libre pensamiento se acallan con “es que eso no es así y punto”, o profesores que te animan a que des tu opinión, especialmente si es contraria a la suya, para humillarte en público y de manera nada pedagógica.

Por supuesto, estos casos no son la totalidad, también hay profesoras que en su idealismo, intentan venderte una imagen que se desarma en su propia bondad, profesores que te contagian su pasión o aquellas que, a sabiendas de que este proceso es puro trámite, intentan facilitártelo con nuevas ideas y propuestas. Algunos, aunque pocos son los casos, apoyan ideológica y posicionalmente algunas de las propuestas alternativas, fomentadas desde el germen universitario. Algunas intentan romper y deconstruir el elitismo intrínseco a la formación universitaria, e incluso los hay que aún se resisten a implementar en sus metodologías docentes, las abusivas restricciones de los nuevos planes de estudios, facilitando la comunicación, el trabajo y el aprendizaje colectivo.

No creo que esta situación, se deba sólo a un problema generacional o de elitismo académico, sino a un problema de pérdida de contacto con la realidad. Muchos profesores dicen entender la situación de los estudiantes menos privilegiados, si bien nunca tuvieron la misma situación o quizás ya la han olvidado y guardan un recuerdo difuminado y romántico al respecto. La sensación que queda en el estudiantado es la de no tener acceso real a sus profesores, la de no aprender, la de perder la ilusión por aquello que, bajo una imaginario hegemónico y heredado, habían idealizado.

No es sólo un problema en la relación entre docentes y alumnas, cuya comunicación no rompe las jerarquías formativas y queda restringida a un aula; sino algo que va más allá, que afecta a la estructura global del sistema educativo, que permite jóvenes cada vez más preparadas según dicen, pero peor formadas según parece. Un problema que, si bien no es fácil de resolver, es necesario, y pasa por una renovación absoluta y desde la base, del sistema educativo, social y legal.

Nuria E.

Ocupar el rectorado, dinámica de lucha del movimiento estudiantil en la UCM

Publicamos este análisis ante la nueva ocupación del rectorado de la Universidad Complutense de Madrid que ha tenido lugar ayer mismo, miércoles 3 de Mayo, y que puede seguirse en twitter bajo el hashtag #VolvemosARectorado. En el texto se analiza, a raíz de la anterior ocasión en que se ocupó este rectorado, esta práctica como parte de la dinámica de lucha del movimiento estudiantil: Su capacidad de presión, las exigencias y negociaciones y los resultados obtenidos.

El Miércoles 8 de Marzo el Rectorado de la Universidad Complutense fue ocupado por sus propias estudiantes, las cuales decidieron tomar parte en una situación que cada vez es más insostenible.

La acción de ocupación que realizaron estaba motivada entre otras cosas por el hartazgo generalizado que produce el movimiento estudiantil, incapaz de transformar su capacidad de movilización en organización efectiva. Esto supone modificar su capacidad reactiva ante una situación de protesta en concreto hacia ser capaces de organizarse frente a “la” situación. Esta lucha organizada conlleva no depender del nivel institucional que, se quiera o no, marca la agenda de luchas al movimiento estudiantil (los recurrentes “ciclos de movilización”), subyacendo la lógica de reacción-lucha-vuelta a la normalidad. La Universidad radicalmente diferente que buscamos, y la buscamos siendo muy conscientes de ello, hace muy necesaria esta organización y, con ella, el tejer las complicidades necesarias para organizarnos como fuerza ofensiva.

La acción de Rectorado no escapó de esta lógica. Nuestras compas, con unas ganas y fuerza incontenibles, la llevaron a cabo sin apenas conocerse demasiado, y solo había que acercarse a la concentración que realizaron durante los siguientes días a la ocupación para constatar la creación de esas solidaridades imprescindibles para una lucha organizada. La acción sin embargo no se realizó sin impedimentos. Cuando las compas se acercaban al edificio para ocuparlo, se encontraron con que les estaban esperando más seguridad de la que hay normalmente, quienes se apresuraron a cerrar las puertas principales bajo llave. Que la seguridad y el Rector ya fuesen conscientes de que se iba a ocupar ese espacio nos hace poner en duda el compromiso tanto de algunas de nuestras propias compas (para quienes importan más intereses electoralistas que los que se derivan de su condición de estudiantes, y por tanto, afectada por la misma situación que el resto), así como del profesorado que, inserto en estructuras sindicales, observa con desdén y desde una posición de superioridad la lucha de sus compañeras de trinchera. A pesar de esto, nuestras compas consiguieron entrar por una puerta lateral y ocupar el hall del edificio. La lucha acababa de comenzar.

Es obvio que sin la ocupación de ese espacio, no se hubiese tenido ninguna capacidad de presión hacia el Rector, quien a las pocas horas hizo acto de presencia. Un grupo de compas entró al Rectorado a negociar con él comprometiéndose, tras una interminable reunión en la que se le hizo conocedor de los objetivos que tenía la acción, a proseguir la reunión al día siguiente, pero el Rector no se presentó. Nuestras compas, que llevaban un día encerradas dentro del edificio sin que se les permitiese ir libremente al baño, estando constantemente rodeadas por miembros de seguridad (con los cuales llegaron a enfrentarse al impedirles entrar en la cafetería por la mañana y, además, uno de ellos agredió física y verbalmente a una compañera) y sin permitirles recibir alimentos y agua del exterior, decidieron salir del edificio. Fuera les estaban esperando más de un centenar de personas que las recibieron con todo el cariño y apoyo que se merecían, nutridas no solo del grupo que había realizado la acción sino también del resto de estudiantes de la Complutense que se habían solidarizado con ellas, y no era para menos, gracias a ellas la acción había sido efectiva. Entender la ocupación del Rectorado como una toma de posición, como una relación de fuerza que dentro de la lógica de poder Rector-estudiantes la decantó hacia estas últimas; permite entender que el Rector no se personase durante todo el Jueves 9 en el que había prometido una reunión con las estudiantes allí concentradas.

Aquí fueron fundamentales dos hechos. La primera fue la expulsión de Andradas de la manifestación del día 9 por compañeras del bloque crítico, lo que le hizo ver que no era únicamente un grupo de estudiantes concentradas a las que tenía que hacer frente. La segunda, e igual de importante, fue la decidida convicción de las compañeras concentradas ante el Rectorado de proseguir con su lucha hasta que el Rector no se personase. Y no fue hasta el día siguiente cuando, al decidir bloquear las salidas del recinto impidiendo a los coches entrar y salir, Andradas se presentó de nuevo. En esta segunda ronda de negociaciones que se estableció con él se consiguió que firmase una serie de objetivos; como el compromiso de pago a nuestras compas de Reprografía que llevaban dos meses sin cobrar, o la concreción de un acto en el que ante estudiantes, PDI y PAS, explicase el plan de Reestructuración que quiere llevar a cabo, el cual cuenta con amplia oposición dentro de la propia Complutense.

Estos hechos representan un bello ejemplo de cómo la acción directa permite desequilibrar la correlación de fuerzas a nuestro favor, y así de paso abandonar el tipo de acciones que apelan a lo simbólico y a lo inofensivo con el único fin de visibilizar una situación de protesta. En Rectorado se decidió tomar parte, y como bien señalan unas amigas nuestras, dejando claro que el contenido de una lucha se da a partir de las prácticas que adopta y no de las finalidades que proclama. En esos días de ocupación y concentración en el Rectorado de la Complutense se percibía en el ambiente una alegría porque esta acción diese paso a un nuevo ciclo de luchas en las que ya por fin se tomase la acción directa como eje fundamental de este ciclo, con la decidida confianza de que esta es la única manera de alcanzar los caminos que queremos recorrer y poder así experimentar y construir las relaciones y espacios que echamos tan en falta.

Artful Dodger.

Apuntes para respirar más con el cerebro y menos con el corazón

Cada vez que estoy en un proyecto en el que me siento identificado, suelo ofrecerme para coger cargos de trabajo. No puedo explicarlo a ciencia cierta, pero es así. Me cargo de tareas, desarrollo ideas y propuestas… estoy en mi salsa como se suele decir. No siempre ocurre esto, lo de sentirme uno con el proyecto. En las pocas ocasiones en las que esto no pasó, bien porque dejé de sentirme identificado o porque en realidad nunca llegué a ser uno con el mismo, me disculpé por el posible daño que provoqué y abandoné el proyecto. Y ¿Cómo es que me di cuenta de que ese no era mi sitio? Pues tomando aire, me explico.

Normalmente entras en un colectivo, proyecto… bien por afinidad ideológica, afinidad práctica y/o amiguismo, es decir, si te gustan los principios e ideas que se defienden, si te gusta la actividad que se está teniendo y/o porque haces y/o tienes colegas en el mismo. El sumatorio de los diferentes grados de intensidad de cada uno de estos factores hará que te declines o no por dicho colectivo, proyecto… Esto es una vez ya has decidido en tu interior participar en algo, pero estas barajando en donde meterte dentro del “sector” (vivienda, estudiantil, laboral…). Las cuestiones del por qué decides “activarte” y cuál es el “sector” que eliges para meterte son conceptos interesantes a analizar pero que aquí no se tratan.

grafico-perfiles

Los perfiles de ejemplo son de sensibilidades muy características, no reflejan que solo existan estos tres tipos de perfiles

La actividad que vas a tener dentro del mismo también va a depender de cuál fue el factor, de los tres, que influyó más a la hora de tomar la decisión. Esto es así porque igual entraste solo por amiguismo saltándote las dos cuestiones anteriores: ¿Quiero activarme?, ¿Dónde?, y de esta manera lo más probable es que en un principio no te sientas identificada con el proyecto, colectivo… y acabes siendo un número más en un grupo de whatsapp que tienes silenciado. En el peor de los casos esto le podría ocurrir a alguna estudiante en sus primeras experiencias en el activismo, llevando a esta a abandonar su posible actividad en el movimiento estudiantil.

Pero vamos a suponer que estas dentro del proyecto y que los factores que más influyeron a la hora de entrar fueron, bien que te gusta su actividad o bien porque te gustan los principios e ideas que se defienden. En ambos de primeras sí que te vas a sentir identificada con el proyecto, colectivo… pero tu propia actividad, normalmente, tendrá sus matices.

Si el mayor empujón lo dio la actividad, seguramente tus propuestas e ideas girarán en cuanto a realizar acciones, actividades, campañas, jornadas… a cuestiones “prácticas” por así decirlo. Sin embargo, si fueron los principios e ideas las responsables de que estés ahí probablemente estarás más atenta a los análisis, estrategias y tácticas, es decir, a cuestiones “teóricas”. Esto no quiere decir que cada una solo se encargue de estas cuestiones, sino que destacan las posibles mayores sensibilidades que se pueden tener.

Al sentirte identificada y asumir como propio el proyecto, aunque no hayas formado parte de su fundación, tiendes a mirar la realidad con el corazón a parte de con el cerebro, por lo menos a mí es lo que me pasó en varias ocasiones. El problema de esto es que no te deja ver con claridad si el trabajo, tiempo y recursos que estas dedicando se corresponde con los resultados que obtienes del colectivo, proyecto… o lo que es lo mismo, mirar con el corazón y el cerebro te impide tomar aire y valorar, a priori, el rendimiento de tu actividad y la del colectivo, proyecto… en el que estas.

Valorar este rendimiento es muy importante, tanto por el objetivo por el que te estas moviendo, tanto por tu salud. Si, tu salud. Recuerdo estar en un proyecto, dedicándole cuatro horas al día, desde las doce de la noche a las cuatro de la mañana, teniéndome que levantar a las siete-ocho de la mañana para ir a clase y tras el paso del tiempo y poder tomar ese aire, darme cuenta de que estaba tirando mi trabajo, tiempo, recursos y salud en algo que no tenía ningún resultado real. Y ¿Por qué no lo pude ver antes? Porque eso que antes llamé corazón, desviaba parte del oxígeno que necesitaba mi cerebro y así no se puede pensar bien (no estudio ciencias puras así que no me fiaría mucho de esta explicación pero creo que se entiende la idea).

Una herramienta sencilla de aplicar que puede ayudar para valorar situaciones, tomar decisiones, o elegir entre alternativas, disminuyendo de manera efectiva el efecto opiáceo que hay en las mencionadas ocasiones, pueden ser los Análisis DAFO.

Para hacerlo lo primero es designar un Objetivo y elegir el Ambiente a analizar. A continuación se elabora una lista de las Debilidades (puntos flacos en el presente), Amenazas (consecuencias de los puntos flacos), Fortalezas (puntos fuertes en el presente) y Oportunidades (consecuencias de los puntos fuertes) del proyecto, colectivo… en un determinado Espacio-Tiempo. De esta forma las listas de Debilidades y Fortalezas se hacen mirando internamente el proyecto, colectivo… y las de las Amenazas y Oportunidades serán fruto tanto de las dos listas anteriores como de las posibles consecuencias del Entorno que rodea al Ambiente a analizar en ese determinado Espacio-Tiempo.

El resultado a analizar hay que valorarlo tanto cuantitativamente (el número de Oportunidades frente al de Amenazas) como cualitativamente, es decir, teniendo en cuenta la calidad o importancia de cada Oportunidad y Amenaza. Así mismo hay que sumarle el trabajo, tiempo y recursos que supondría el solucionar las Debilidades, desde una perspectiva realista.

Esta herramienta es eficaz y útil si se trata de ser exhaustiva a la hora de realizarla, dedicándole tiempo y esfuerzo, sin dejarse llevar por decisiones que ya se tengan tomadas de antemano. Si se tiene la oportunidad es mejor realizar el análisis en grupo.

Para terminar, comentar que tanto las veces que abandoné un proyecto, colectivo… porque dejé de sentirme identificado con el mismo, o porque en realidad nunca llegué a estarlo, me disculpé porque entiendo que en las primeras ocasiones, con el cese de mi actividad estaba dejando medio de lado a compañeras que dependían de mi trabajo, y en las segundas ocasiones, porque estaba ocupando un espacio y se esperaba de mi algo que no iba a aportar, creando esperanzas y/o restándole tiempo al colectivo, proyecto… para que encontrara a la persona adecuada para el sitio que yo ocupaba.

No obtuve la misma reacción siempre que decidí irme (las últimas veces con mi DAFO bajo el brazo). Unas veces perdí compañeras, otras veces compañeras se convirtieron en amigas, pero lo que si gané siempre fue en salud y oportunidades de seguir construyendo poder popular.

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