Reflexiones sobre la lucha estudiantil

Introducción

La lucha estudiantil sigue estando presente a día de hoy en gran cantidad de universidades y centros educativos varios, forma parte de ese conjunto de luchas parciales que conforman el panorama activista actual, pero, no obstante, no da muestra de importantes avances que permitan hablar de un salto cualitativo en esta lucha que faciliten la obtención de ciertas victorias materiales o de consideración. La falta de estas, el queme de muchas participantes en esta lucha y ciertos aspectos o dinámicas que hemos podido observar quienes hemos estado participando de esta lucha invitan a establecer un marco de discusión y debate absolutamente enfocados a la resolución o el esclarecimiento de algunas de estas cuestiones

Este texto quiere ser un primer paso en ese debate y parte de la base de una experiencia concreta y particular asentada en los últimos 4 años de movilizaciones en Madrid. Por tanto, el contexto en el que se desenvuelve esta es el de las asambleas de facultad en la mayoría de los centros y la coordinación de las mismas a través de Tomalafacultad.

La universidad que tenemos

La universidad y las estudiantes ya han sido suficientemente bien caracterizados en el texto Sobre la miseria en el medio estudiantil, de Mustafá Kayati y publicado por la Internacional Situacionista, texto del cual recomiendo lectura, y en el que se considera que en la universidad las estudiantes se encuentran sometidas a una especie de iniciación al mundo del trabajo asalariado, tanto por su papel de estudiantes como por las condiciones de los trabajos a los que estas acceden, así como que las estudiantes tienden a pensar la universidad como un espacio autónomo y creador de conocimiento, cuando esta se halla inmersa en todas las dinámicas del mundo capitalista, siendo entonces otra expresión de la dominación del capital, del Estado y del patriarcado. Estas ideas y otras son perfectamente aplicables en su mayor parte al momento actual, especialmente cuando en los debates en el seno de la lucha estudiantil se muestra la visión descrita sobre la universidad, así como otras que demuestran una especial ilusión por la promoción vital o profesional.

Para no ser reiterativo, aquí quiero atender principalmente a lo que algunas llaman movimiento estudiantil y yo voy a considerar que son luchas estudiantiles, por considerar que es dificultoso en este caso hablar de un único movimiento con una identidad propia y que perdura en el tiempo.

Las luchas estudiantiles

La idea de los estudiantes como vanguardia del movimiento obrero que circulaba en los últimos 60 y que chocó con la derrota del 68 queda ya lejos y, sin embargo, parece todavía estar presente en ciertas mentalidades que pueblan la lucha estudiantil. El pensarse como un grupo con amplia formación gracias a la universidad implica considerar esta como productora y acumuladora principal de conocimiento, cuando realmente lo que predomina en la universidad es la miseria intelectual, y considerarse como un conjunto con una perspectiva aventajada de la realidad. Lo cierto es, sin embargo, que en las luchas que se ponen en marcha desde la universidad por parte de las estudiantes, rara vez nos jugamos más que una detención ocasional o un expediente, teniendo en la mayoría de los casos amplia libertad para llevar a cabo las huelgas y movilizaciones al menos en los terrenos universitarios. Esta forma de desenvolverse las luchas universitarias dificultan que se puede conseguir una visión de la realidad parecida a la de una trabajadora o una activista de otro ámbito, aunque solo sea por lo que esta pone en juego en cada conflicto y las obligaciones a las que la somete la vida diaria. Esto no quita que muchas estudiantes se vean implicadas ya en el proceso del trabajo asalariado en situaciones realmente precarias, pero es raro encontrar alguna sin ningún tipo de apoyo familiar o que tenga que sacar adelante a su propia familia o a sí misma.

Esta caracterización se suma a la realidad de que la lucha estudiantil se manifiesta principalmente a través de huelgas y movilizaciones en las calles o en los centros educativos, siendo las primeras de ellas una herramienta prestada del mundo del trabajo pero con escasa funcionalidad allí donde no se produce nada. Algunas dirán que se para la producción de conocimiento u otros argumentos de la misma cuerda que vienen a no decir nada y que huyen de confrontar los resultados de las huelgas llevadas a cabo en los últimos años. Solo aquellas que han sido acompañadas de otros elementos han podido mostrar ciertos resultados satisfactorios, especialmente aquellas que han manifestado su intención de entablar negociaciones con decanatos o rectorados. Cuestiones de táctica que, desde luego, han superado por el lado de los resultados los pudorosos aspavientos de quienes veían en ello una actitud reformista o traidora.

En el caso de las movilizaciones, como en cualquier otro caso, si no se produce algún tipo de colapso que cortocircuite la circulación de mercancías en la ciudad, éstas quedan simplemente como una demostración de fuerza que, dependiendo del caso y de la posición del ministerio o la consejería, podrá tener un resultado o no. Si estas suceden en el terreno universitario, podemos tener en cuenta en esta y otras acciones una labor de concienciación, de mostrar la existencia de un conflicto al resto de compañeras y a quienes tenemos enfrente, nada despreciable.

No obstante, parece evidente, y por mi experiencia he podido constatar, que la lucha estudiantil adolece de importante limitaciones, estas principalmente porque su impacto en el proceso productivo es escasísimo, porque tienden a no conectar con el resto de luchas en curso y mirarse a sí mismas y porque se ven sometidas a una renovación constante debida a los ciclos educativos que impiden o al menos dificultan una transmisión adecuada de las experiencias, de forma que vemos que cada curso se repiten las mismas estrategias que ya demostraron su inutilidad el anterior.

Estos límites solo podrán superarse partiendo de un rechazo de las ideologías como totalidad dada, fuera de la cual todo es herético o no existe, y apostando por la organización de las tareas. Esto es asentar la lucha sobre la práctica, la organización y los objetivos y dejar de lado los debates infructuosos, los ataques personales, los malos rollos expuestos en asamblea y, en definitiva, toda una serie de palos en la rueda de estas luchas. Para quienes venimos del anarquismo, probablemente sea más interesante no pensar éste desde el nombre, sino desde las ideas y valores que lo conforman, así como perder el miedo a meternos en el barro que supone confrontar con otras formas de ver y hacer las cosas y no retirarnos enfadadas porque no salen como nos gustaría, sino estar allí porque esa es la realidad sobre la que se tendrá que implantar cualquier proyecto revolucionario.

Por supuesto, esta confrontación debe hacerse sin renunciar a las asambleas de facultad, pues son el único órgano legítimo y soberano para decidir sobre la dirección que deben llevar las luchas estudiantiles, y la única posibilidad, que no garantía, de conseguir un movimiento estudiantil independiente y autónomo. Sin duda, encontraremos la oposición que ya hemos visto durante estos últimos años, la de quienes ven en las asambleas únicamente un mal menos y temporal hasta que puedan redirigir la lucha a través de asociaciones estudiantiles de marca blanca o partidos sin careta. Cada cual conoceremos a alguno, pero no está de más recordar por aquí a la UJCE, CJC o RC como enemigos de las líneas aquí apuntadas. No así sus militantes en tanto sean capaces de separar la participación en una asamblea de la participación en un partido, ejemplo de los cuales, afortunadamente, también hemos visto.

Estos grupos acusarán a las asambleas de poco prácticas o inútiles por enfrascarse en debates irresolubles y no conseguir resultados, como si ellos sí lo hiciesen, con el fin de arrimarse el ascua a su sardina y poder asumir una actitud dirigista de las luchas estudiantiles. No hace falta decir que la mayoría de estos grupos son inexistentes fuera de las universidades, haciendo de ellas poco más que un parque de atracciones de la izquierda española.

Conclusiones

Nuestra principal tarea no es luchar contra estos esperpentos, sino tratar de construir ese movimiento estudiantil que mencionaba más arriba, incluso con esta gente, tratando de aunar también a ese sector del anarquismo al que las asambleas de facultad le parecen aburridas y reformistas y, no podemos olvidarnos, a esa mayoría de estudiantes pasivas para las que las asambleas son solo grupos de frikis a los que odiar cuando hay piquetes.

En definitiva, la lucha estudiantil, como todas, debe hacer lo posible para superar sus propios límites, conseguir su autonomía y confluir con el resto de luchas del panorama político en lo concreto a fin de conseguir un movimiento real que anule y supere el estado de cosas actual, es decir, un movimiento por el comunismo.

Esquiroles

Una huelga, como todas sabemos, es un método de presión y lucha en defensa de unos intereses comunes. Como tal, una huelga es una ruptura a la rutina impuesta a través del paro de la producción o la(s) jornada(s) de clase en el caso de ser estudiantil. No obstante, una huelga no siempre es apoyada totalmente y hay quienes estando en el mismo barco, es decir, estando en el mismo centro de trabajo o de estudio se ponen en contra de ella. La más famosa excusa que se escucha es la del derecho a ir a clase/al trabajo. Por lo visto, la mayoría de las personas han interiorizado el egocentrismo propio de las sociedades occidentales. Se olvidan de que todos los derechos sociales que hoy están siendo recortados han supuesto en el pasado luchas que costaron sangre para hacerlos efectivos.

Un esquirol es aquella persona que, en una(s) jornada(s) de huelga, se escuda en que existe un derecho que le otorga potestad para ir a clase o al trabajo a recibir sus días de salario y las palmaditas de «buen chico» del empresario. Un día de huelga significa un día de lucha en defensa de nuestros intereses de clase, en defensa de los derechos sociales conquistados y tratar de frenar medidas que van en contra nuestra y a favor de los intereses capitalistas. Es curioso que los esquiroles se acuerden del derecho a ir a clase/al trabajo cuando hay huelga pero se olviden de ello el resto de los días en que no hay huelga. ¿Dónde está esa gente que tanto se revuelve para no ir a una huelga cuando vemos cómo se destruye el empleo cada día y cómo los y las estudiantes cuyas economías no le permiten pagar las elevadas tasas de un grado universitario tienen que dejar la carrera? ¿Se acuerdan de los casi 6 millones de parados y paradas, de esas estudiantes expulsadas de la Universidad y de las que acabaron la carrera y no encontraron empleo acorde a su cualificación? Pues quienes hacemos huelga sí nos acordamos de todo lo anteriormente mencionado y es a través de ella por la cual lo defendemos. Un ejemplo de ello —y bastante conocido ya— es la jornada de 8h, conquistada a través de huelgas generales y no solo en el Estado español. Aunque a primera vista pueda parecer irónico el dejar el puesto de trabajo para defenderlo, en realidad es todo lo contrario. Las huelgas llevan el conflicto a otro nivel, paralizando la producción y generando pérdidas a la empresa como método para hacer valer nuestras reivindicaciones, como por ejemplo frenar un ERE. A través de ellas, se consiguieron echarlos atrás, como pasó por ejemplo, con la de los barrenderos de Madrid hace un tiempo.

Entonces, ¿qué es eso del derecho a ir a clase/al trabajo en las jornadas de huelga? Nada más ni nada menos que justificar el esquirolaje, ¡a eso no se le puede llamar derecho, sino más bien privilegio porque supone dificultar la conquista de otros derechos y reivindicaciones!. Asistir al trabajo por tener un día más de salario solo es pan para hoy y hambre para mañana porque en el día que le despidan, de nada le servirá ese día de salario, y aún peor, practicando el esquirolaje solo hará que perder apoyos de cara a hacer frente a un abuso patronal. En cuanto al esquirolaje en el ámbito estudiantil, quienes lo practican casi siempre son personas que disfrutan de privilegios y no tienen problemas económicos ni nada parecido, quienes no son de familias trabajadoras y pueden costeárselo todo. Hay que ver lo profundamente hipócritas que son estos estudiantes que reivindican su privilegio a ir a clase en días de huelga, pero les importan bien poco picarse clases enteras por resacas, para salir de fiesta o simplemente porque no tienen ganas. Ya no nos creemos vuestros lloriqueos para ir a clase, miserables esquiroles.

El esquirolaje beneficia a la clase dominante al dividir a las clases explotadas, es una vieja y conocida táctica de la patronal para romper huelgas y neutralizar nuestras reivindicaciones e intereses de clase. Practicar el esquirolaje es hacerle el juego a quienes nos explotan por costumbre para satisfacer egos personales y anteponer ese ego a lo que pueda ocurrirle al resto. Eso sí, los esquiroles callan cuando disfrutan de los derechos conquistados por quienes hacemos huelga. ¿Por qué no renuncian también a ellos?

Movimiento Estudiantil, articulación y espacios comunes

Este es un texto escrito desde dentro del movimiento estudiantil universitario madrileño, aunque las ideas fuerza reflejadas entiendo que son comunes al resto de ciudades y pueblos, así como para el resto de luchas no estudiantiles.

El Movimiento Estudiantil (ME) actual se ha mostrado incapaz de ejercer un contrapeso a la batería de recortes y leyes que atacan de forma clara los derechos fundamentales relativos a la enseñanza. Desde las reformas universitarias (Bolonia, EU2015), la subida de tasas, la reducción de becas, la entrada de la LOMCE, la reducción de puestos de trabajo y sueldos… en definitiva un proceso de precarización de la enseñanza ante el cual el ME se ha mostrado como un actor incapaz de conseguir ejercer una respuesta clara y contundente. Las razones de esta incapacidad son varias, algunas son de raíz estructural (la implantación de Bolonia y la consecuente reducción de tiempo del estudiantado para organizarse, por ejemplo) pero vamos a centrarnos en las razones de puertas para dentro del movimiento, sin buscar excusas ajenas.

Ideologeización vs praxis, partidismo vs autonomía.

Que existen(imos) personas con ideologías varias dentro del ME es una realidad y las realidades se asumen, no se niegan ni ocultan. El problema es cuando se trata de imponer una ideología sobre otra o cuando se trata de imponer una ideología al conjunto del movimiento, el cual debe tener ideas fuerza, pero no una ideología, las ideologías son para las organizaciones políticas (partidos, sindicatos, federaciones…). Los movimientos amplios deben ser entendidos como espacios comunes a todas las familias que luchan por unos objetivos concretos, en nuestro caso contra la mercantilización y elitización de la enseñanza, por una educación gratuita y universal.

Por ello los espacios comunes no deben ser entendidos como espacios de disputa de las distintas corrientes, si no como espacios de puesta en común y trabajar codo con codo.

Y aquí es donde surge uno de los problemas. Las ganas de las distintas tendencias de arrimar el ascua a su sardina. Las estrategias dirigidas a convertir un movimiento en un chiringuito propio, siendo esta la estrategia más nefasta posible para todas, para el movimiento porque lo fragmenta y para la corriente porque se gana la enemistad y falta de confianza del resto.

Hay que luchar y trabajar por la autonomía de los movimientos amplios, autonomía de tendencias, partidos y organizaciones. No por una razón anti-partidos, si no por una cuestión pro-movimientos. Las organizaciones políticas y los movimientos se complementan, cada una tiene su espacio y deben ser respetados. Los movimientos sirven como espacio de confluencia, como imagen pública de unas reivindicaciones sectoriales, un espacio que construya su propio camino y no se vea limitado por agentes externos. ¿Luchamos por nuestras marcas, logos y banderas? ¿O luchamos por nuestras reivindicaciones? Tenemos que construir un pueblo organizado, tenemos que crear nuestras propias estructuras de contrapoder y nuestras organizaciones políticas deben acompañar dicho movimiento, no dirigirlo y coptarlo, pues entonces deja de ser movimiento para ser correa de transmisión, endogamia y derrota.

Participación vs especialización

Las asambleas son una herramienta de participación política cuyas características son la toma de decisiones colectivas, la igualdad entre sus miembros y el carácter abierto a quien esté interesado en participar. Esta base proporciona una potencialidad y proyección que ninguna otra forma organizativa de base da. Para crear movimiento este debe ser de masas y esto solo se logra haciendo a la mayor cantidad de gente posible partícipe de las decisiones, pues alguien que participa en la toma de una decisión, y todo el debate que conlleva, producen un empoderamiento individual y colectivo que se refleja en un movimiento vivo y proactivo. Las otras propuestas organizativas caen en el delegacionismo en las figuras de “los más entregados a la causa”, “los más militantes”, “los más…”, esto fomenta una micro-profesionalización de la política y reproduce las miserias de la sociedad de clases, es un método cuya intención de cambio se ve truncada cuando en el propio ejercicio de cambio se mantienen las premisas de la vieja sociedad capitalista. La política y nuestros derechos son algo demasiado importante como para que la tarea sea delegada en unas pocas personas. Vivimos momentos en los que se trata de trasvasar el asamblearismo hacia estructuras de profesionalización. Las asambleas no son perfectas y requieren de una participación activa de sus integrantes, pero la alternativa son estructuras y formas de hacer que ya conocemos a donde nos derivan. Además, ¿No entra entre nuestros objetivos la participación activa de las estudiantes en los asuntos que les afectan? ¿Como vamos a conseguir eso desde la profesionalización y el delegacionismo? ¿O es que acaso esos aguerridos militantes tienen miedo de que sus propuestas no le gusten al común de los mortales?

Organización vs informalidad

La tiranía de las estructuras, el gran problema sin resolver. Necesitamos estructuras que nos permitan dar respuestas rápidas a problemas urgentes, necesitamos estructuras que no nos quiten mucho tiempo de la acción cotidiana, necesitamos estructuras que tengan proyección pública, que se conozcan, que se hable de ellas, que sean tenidas en cuenta a nivel social. La informalidad (la falta de estructuras o la existencia de estructuras flexibles y no establecidas en el tiempo) es un lastre para un movimiento, lo que es una virtud para pequeños grupos de acción es una debilidad para un movimiento amplio y que abarca diferentes sensibilidades. La informalidad en espacios amplios crea jerarquías informales, quien más habla, quien mejor se expresa, quien más tiempo tiene, al final es quien/es tienen la capacidad de dirigir al movimiento. Por ello son necesarios espacios de coordinación y distintos ejes de trabajo, unos acuerdos de mínimos son siempre muy útiles, un programa a corto, medio y largo plazo quita muchas horas de discusiones estériles. Portavocías bajo mandato asambleario con capacidad para ceder ante otras opiniones, flexibilidad para crecer en común y unos objetivos claros por los que luchar. Aparcar las diferencias y luchar por lo común.

Proyección pública vs aislamiento

Nadie está de acuerdo con el trato que dan los grandes medios de comunicación de los movimientos políticos y sociales que plantan cara al régimen. Pero todos podemos estar de acuerdo en que es desde los grandes medios desde donde tenemos la posibilidad de expresar a un público amplio nuestras opiniones, una estrategia comunicativa bien pensada y trabajada siempre va a dar réditos positivos. La imagen de malas ya la tenemos y si seguimos en la lucha la mantendremos y sin necesidad de negarla, ¿Pero qué problema tenemos con aprovechar distintas oportunidades que nos van apareciendo? Tenemos que infligir miedo a quienes mandan y para ello lo primero que tenemos que hacer es perder nuestros propios miedos y echarle cara a la vida.

La (no)estrategia de no trabajar de cara a los medios (que no para los medios) nos aísla e invisibiliza para la amplía mayoría de sectores de la población, aíslados somos débiles y más fácilmente criminalizables. Además si no hablamos por nosotras mismas, ya se encargarán ellos de hablar por nosotras. Demos la cara y alcemos la voz.

El lastre del Sindicato de Estudiantes

Todas nos quejamos, y con razón, del aparente monopolio del Sindicato de Estudiantes (SE). Una organización fantasma en la mayoría de centros cuyos militantes hace años que dejaron los estudios y son auténticos profesionales de la política. Una organización que de cara a la opinión pública “son las estudiantes”, pero que todas sabemos que no tienen capacidad de movilización alguna y que las huelgas quienes las organizan son las estudiantes desde sus asambleas. El SE no es capaz por si solo de movilizar a más de 100 estudiantes en una manifestación en Madrid en sus mejores momentos, pero aun así ahí sigue ¿Por qué? Porque les dejamos, porque no les enfrentamos donde tenemos que hacerlo. Tratamos, sin éxito, de realizar un boicot físico, pero no trabajamos porque la estela del SE desaparezca. El SE tiene contactos con otros sindicatos, con AMPAS, organizaciones sociales… ¿Y nosotras? Quizás deberíamos empezar a trabajar por tejer redes de contacto con organizaciones que luchen dentro de nuestro propio sector y ganarnos sus simpatías. Para ello es obvio que se necesita de una estructura y una repartición de tareas, la organización siempre es la organización de las tareas ¿Qué hay que hacer?¿Como lo vamos a hacer?¿Quienes lo van a hacer? Aislar al SE de los movimientos políticos, ser nosotras, las asambleas de facultad, realmente el referente en el movimiento estudiantil y no solo las que nos curramos las huelgas y movilizaciones.

La propuesta

Tras este breve y escueto análisis vienen algunas propuestas. Lo primero, la asamblea de facultad/centro de estudio como espacio legítimo para la participación política y la movilización. La voluntad de todas las tendencias políticas de trabajar de cara, sin ocultismos, con respeto y en común por unos objetivos concretos. Que el trabajo de las asambleas esté orientado a la difusión de las problemáticas y a paliarlas, dejar en un segundo plano las discusiones meramente ideológicas y trabajar por la praxis, por ponerle solución a la miseria en la que vivimos. La coordinación de las asambleas, coordinaciones efectivas y ágiles, que las portavoces tengan una leve capacidad de movimiento para llegar a acuerdos satisfactorios entre todas las partes, no se pueden postergar las decisiones semanas, vivimos en momentos de auténtica emergencia social, cada día que pasa es un día perdido en la lucha social. Explorar herramientas telemáticas de coordinación, de manera que seamos capaces de trasladar propuestas de asamblea a asamblea sin necesidad de hacer una reunión para trasladar propuestas, que las reuniones sean para la toma de decisiones. Crear comisiones permanentes para las tareas técnicas, la difusión y la propaganda, que estas comisiones sean formadas por gente que se pueda comprometer a echarle tiempo a dicha tarea. Una imagen pública activa, redes sociales activas y una página web sencilla en la que se muestre quienes somos, qué queremos y cómo lo vamos a conseguir. Que todas las organizaciones políticas acompañen al movimiento, que las movilizaciones se convoquen a través del movimiento a modo de “marca paraguas” y las organizaciones apoyen, dando una imagen de fuerza y unidad de acción. La plataforma que cumple con la mayoría de estos puntos con sus respectivas carencias es Toma La Facultad, un espacio a potenciar y dotar de mayores herramientas. Cualquier otro espacio tiene los vicios de ser auténticas marcas blancas de organizaciones políticas, siendo por ello espacios no autónomos e ideologeizados y por tanto espacios no abiertos a todas las personas.

La enseñanza, sobretodo la universitaria, está cambiando a pasos agigantados, dentro de unos años (yo no le doy más de 5) la universidad será una auténtica escuela de élites, donde solo una minoría económicamente privilegiada podrá estudiar. Los problemas que tenemos delante son más mundanos que discusiones acerca de la toma del poder, la revolución o la toma de las armas, quizás también sean más aburridas, pero si no somos capaces de ponernos de acuerdo en cómo luchar contra una subida de tasas ni de evitarla ¿Cómo vamos a llevar a cabo la tarea de la transformación revolucionaria? La revolución es un proceso, no un acto heroico, estamos en tiempos de sentar los cimientos de la nueva sociedad, construir en común es nuestra tarea, sentemos las bases hoy de la sociedad de mañana.

@armin_tamz (miembro de la Federación Estudiantil Libertaria)

Con paso firme hacia la organización estudiantil libertaria

El movimiento libertario avanza hacia la formación de una federación estudiantil en el Estado español. Es necesario pararse a reflexionar lo que este paso significa en las actuales condiciones. 

Desde hace más de treinta años el anarquismo se encuentra, como movimiento social y político, desplazado a una situación de marginalidad en el Estado español. Aquello que no consiguió eliminar cuarenta años de dictadura franquista fue gravemente herido por el pacto socioliberal, por un entendimiento entre clases antagónicas que solo ha jugado a favor de la clase dominante. Todo se complicó todavía más tras el desplome del proyecto del socialismo de Estado en la Unión Soviética, ya era prácticamente imposible hablar de izquierda, de transformación social, de una alternativa al modelo capitalista que asesina y esclaviza.

Hoy nos encontramos en una fase de reacción neoliberal. El capitalismo se deshace de todas sus ataduras para lanzarse a la conquista de todos los mercados posibles. Debemos ser conscientes de que, tras las deslocalizaciones industriales, la clase obrera europea se encuentra en una situación que nada tiene que ver con la de principios del siglo pasado. Cuesta hoy imaginar el levantamiento de grandes centrales sindicales desde la que realizar todas las luchas sin un proletariado concentrado en grandes industrias. Si algo hemos aprendido de quienes han sabido luchar en esta fase histórica es que es necesaria la resistencia y pelear por cada pequeño espacio, por cada rincón en el que el sistema pueda sufrir de contradicciones. Ahora más que nunca es el momento de quienes pregonamos el cambio sumando desde abajo y no conquistando desde arriba.

Actualmente el neoliberalismo ataca todo aquello que fue creado para mantener el pacto de clase y que ahora mismo supone un palo en la rueda para el avance capitalista. Esto es, el aparato de servicios sociales administrados por el Estado. Aspirando a la máxima desregulación, a la máxima ganancia, colocan sus alambradas en nombre del libre comercio.

Es aquí donde debemos encontrar un espacio para la lucha. Porque el pueblo trabajador necesita sanidad, necesita educación, necesita cultura. Defender lo público puede parecer una contradicción desde un punto de vista anarquista, demasiado tiempo lleva el Estado acaparando lo que al pueblo pertenece. Por eso mismo nuestra lucha, nuestra alternativa, no debe quedarse en una defensa de lo público ante las políticas neoliberales, tal y como ya hacen social-liberales y socialdemócratas, sino representar un avance enfocado a despojar al Estado de lo público para ponerlo bajo gestión popular. No podemos limitarnos a construir redes de autogestión paralelas mientras la mayor parte de la clase obrera depende de aquello que se encuentra en manos del Estado, el proyecto expropiatorio y la autogestión de los servicios tienen ahora más sentido que nunca.

El anarquismo social, que ante los cambios sociales acontecidos no ha sido capaz de devolver sus organizaciones clásicas –los sindicatos de masas- a su anterior gloria, sin olvidarlas debe comenzar a levantar organizaciones que le permitan insertar sus alternativas en todos y cada uno de los terrenos de lucha. Es alarmante que ante la ofensiva neoliberal la única alternativa que se levante sea una izquierda reformista más o menos desteñida entre proclamas populistas, es el momento de reafirmar la validez de una alternativa radical para la resistencia y la transformación.

En este terreno la existencia de una organización estudiantil de orientación y práctica libertaria puede jugar un papel fundamental. Es cierto que la categoría estudiante es interclasista, pero no es menos cierto que, desde la construcción de la educación de masas, la inmensa mayoría del estudiantado proviene de la clase trabajadora. Es por tanto un terreno en el que merece la pena estar presentes. El sindicato, estructura por naturaleza estable pero también relativamente rígida, se ha mostrado poco eficaz para insertarse en el movimiento estudiantil. Es necesario, sin embargo, recordar que la organización estudiantil que surja no puede dejar de lado ni un solo momento el proyecto de la clase trabajadora, trabajando en estrecha colaboración con el resto de organizaciones revolucionarias de clase. Lo que puede traer la inserción de estudiantes, futures trabajadores, en un proyecto de clase y en el movimiento libertario, solo lo puede aclarar el tiempo. Pero apuesto a que no puede ser malo.

En estos momentos el movimiento estudiantil en el Estado español se encuentra en una situación de fragmentación que solo nos abre oportunidades. El Sindicato de Estudiantes, formación de régimen desde los años 80, se encuentra reducido a su mínima expresión, incapaz de responder a la agresión neoliberal y solo sostenido por unos medios oficiales cada vez más puestos en duda. Por lo demás, la izquierda reformista intenta levantar una coordinadora que suponga una correa de transmisión a sus políticas, sin lograr todavía demasiado éxito. Solamente en aquellos territorios con movimientos de liberación nacional fuertes encontramos un movimiento estudiantil relativamente articulado en torno a esas corrientes.

El movimiento estudiantil es de naturaleza inestable, dado a la espontaneidad y poco dado a formar estructuras que permanezcan en el tiempo. Pero también es uno de los terrenos más receptivos a las prácticas asamblearias y terreno fecundo para la expresión práctica de las alternativas libertarias de organización y actuación. El papel de la organización estudiantil libertaria en el mismo es claro y pasa por compensar sus defectos, aportando estabilidad y un proyecto a largo plazo; y potenciar sus virtudes, haciendo crecer las estructuras asamblearias y federativas del estudiantado, dándoles un carácter combativo y previniendo su instrumentalización por parte de organizaciones partidistas.

Ante el fracaso del modelo educativo social-liberal y el descontento que produce el nuevo modelo neoliberal debemos potenciar la creación de un nuevo proyecto educativo, lanzado desde el movimiento estudiantil en alianza con les trabajadores de la educación y al servicio del pueblo trabajador. Un modelo con la educación que queremos, justo la contraria a la que nos venden. Ante su oscurantismo religioso, racional y científica; ante su autoridad, libertaria; ante su lógica patriarcal, feminista y liberadora; ante su segregación, una educación integral que aune lo técnico con lo intelectual; ante su interés mercantil, al servicio de la sociedad; ante su uniformidad, diversa; ante su gestión estatal o corporativa, el pueblo trabajador dirigiendo su propia educación.

Con la celebración de un Primer Congreso Estudiantil Libertario en Madrid este verano se abre un proceso que podría conseguir que el anarquismo abandonara su situación de marginalidad como proyecto social y político. Nos encontramos ante una oportunidad como no la ha habido en décadas para construir alternativa, unidad, lucha y organización. Este proceso no puede venir si la voluntad de trabajar por este objetivo, de construir la organización desde la base, de diálogo y consenso; es decir, de federación. Caminamos firmemente hacia la organización estudiantil, caminemos también con paso firme hacia la emancipación completa de la humanidad.

¡Viva el Congreso Estudiantil Libertario!
¡Arriba les que luchan!

[Recomendación] Lectura: La Universidad en la sociedad de clases

La Universidad, como institución educativa, es visto mayormente en el imaginario popular como un espacio que brinda oportunidades de escalar posiciones en la sociedad de clases. No obstante, a través de la historia, el acceso a la educación superior no fue universal, sino que fue restringido a las élites dominantes en las cuales intercambiaban y creaban conocimientos. Conforme las fuerzas productivas se iban desarrollando y ante la creciente demanda de mano de obra cualificada, la Universidad se abrió a las clases populares, aunque no totalmente, ya que siguieron existiendo y siguen existiendo hoy en día Universidades privadas en las cuales solo podían acceder a ellas las clases dominantes. Actualmente, nos encontramos con una Universidad estatal en transición hacia la Universidad empresa, orientada a satisfacer las demandas de mano de obra específicas para ciertas empresas. La mercantilización de la Universidad supondría su degradación y deterioro, lo que conllevaría a que el intercambio, aprendizaje y acumulación de conocimientos quede en un segundo plano, siendo desplazado por aquellos conocimientos orientados a generar beneficios económicos.

La Universidad tampoco ha sido ni es un espacio neutral y aislado de la sociedad, sino que viene influenciada de las ideologías dominantes y hoy en día tiene como función la reproducción de las mismas. Sin embargo, pese a ser un aparato ideológico del Estado -y del Capital-, es un espacio en el cual los y las estudiantes van adquiriendo conciencia política. Así pues, la entrada de las clases populares a las universidades posibilitó la expresión de las inquietudes políticas de ciertos estudiantes que cuestionaban la ideología dominante. Desde nuestra perspectiva, deberíamos ver la Universidad, no solamente como un aparato ideológico del Estado y una institución con la función de crear mano de obra cualificada, sino también como espacio político en el cual disputarle la hegemonía a la clase e ideología dominantes para llevar a cabo una transformación radical de la Universidad para ponerla como institución educativa bajo los intereses del pueblo trabajador. Ello significa, en el plano inmediato, frenar la ola privatizadora orquestada por el neoliberalismo y a la vez crear espacios políticos que nos permitan avanzar hacia un modelo universitario de carácter obrero y revolucionario.

El presente texto es un análisis de la Universidad a través de la historia y sus diferentes modelos para así poder desarrollar las herramientas de lucha necesarias para el cambio político.

La Universidad en la sociedad de clases

La LOMCE y la mentira de la democracia en los centros educativos (de antes y después) – 2ª parte

¿Autoridad pública?

Aunque en algunas Comunidades, como en Madrid con la “Ley de autoridad pública docente” aprobada en 2009, ya asemejaba a los docentes al estatus de autoridad pública (o sea, que en caso de juicio, la palabra del docente-policía tendría más peso que la de un alumno) la LOMCE supone su establecimiento a nivel estatal, con las correspondientes aplicaciones en cada marco concreto de cada Comunidad.

Este apartado de la LOMCE viene a intentar contentar a los sectores más rancios del profesorado y la administración, con los Sindicatos amarillos y corporativistas a la cabeza (ANPE), con la vieja reivindicación de proteger a los docentes de los malvados alumnos que pegan y maltratan a sus profesores. Por otro lado, de este modo, esta medida demagógica y populista, pretende distraer la atención de las cada vez más precarias condiciones de los recursos educativos. Lo importante no son los recortes, sino el morbo mediático de malvados estudiantes maltratadores. La “violencia en las aulas” se magnifica por intereses mediáticos y políticos y se confunde una cuestión estructural, es decir, una consecuencia de un brutal sistema que fomenta el autoritarismo (incluida la propia escuela) en muchas formas con una cuestión meramente coyuntural e inexplicable, a la que hay que responder con más mano dura. Esto sirve de excusa para reforzar el autoritarismo en el aprendizaje, convirtiendo aún más si cabe la labor del docente en una labor policial.

La Universidad, delegados de junta de facultad: más vota y calla.

Dentro de las muchas miserias en las que te puedes sumergir en la Universidad, y en una parcela más concreta, dentro del espectro del denominado “movimiento estudiantil”, el asqueroso acto de votar hace presencia de vez en cuando a lo largo de años como estudiantes universitarios.

Aunque pueden recibir distintos nombres, uno de los más característicos es de “Juntas de Facultad”. Aquí están representados los distintos sectores de la comunidad universitaria, estudiantes inclusive. Los asuntos a tratar son variados, como ciertos aspectos que tengan que ver con los presupuestos, distribución de distintos premios propios de la burocracia universitaria y sus saraos y a veces, especialmente en los últimos años a raíz de los distintos tasazos, han aprobado tibias resoluciones críticas. Cabe destacar también que se han dado situaciones donde se proponía sanciones a estudiantes por realizar actos de lucha contra las tasas, la presencia de empresas en la Universidad o mil razones más, a la vez que se aprobaba sacar algún comunicado crítico contra la devaluación de la Universidad Pública.

Normalmente, los diversos grupúsculos marxistas, intentan colocar a las caras visibles de la Organización dentro de estos órganos institucionales. En algunas ocasiones incluso, les hemos podido ver llamando al voto en asambleas de estudiantes que nada tenían que ver con la lucha institucional. Así las cosas, últimamente, parece que dentro de la lucha denominada lucha estudiantil valga todo.

Quizás ya va siendo hora de destapar la farsa que supone todo delegacionismo en terceros nuestra responsabilidad de luchar y considerar a aquellos que pretenden erigirse como representantes nuestros como enemigos y aspirantes a políticos. Por no repetirnos, los argumentos que como anarquistas tenemos para estar en contra de toda elección democrática ya los hemos expuesto antes al atacar el funcionamiento de los Consejos escolares.

Conclusiones finales

Que no nos vendan la moto. La capacidad de gestión de nuestro proceso educativo como estudiantes, o de gestión colectiva del acto de aprender es completamente NULO. La denominada democracia interna en los centros de estudio y las Universidades, supone la misma ficción que la democracia parlamentaria: un espejismo mediante el cual hacer creer que entregando nuestra voluntad a unos representantes nuestros tenemos reales opciones de elegir y controlar los aspectos que nos afecten en nuestra vida cotidiana. Antes y después de la LOMCE, todo forma parte de la misma y asquerosa mentira.

Como anarquistas, independientemente de la forma de lucha por la que optemos dentro de la enseñanza (organizaciones estudiantiles libertarias, asambleas libertarias, grupos de afinidad informales o formales, anarcosindicalismo, colectivos, Federaciones…etc) tenemos que recuperar el boicot activo y consciente de toda forma de representatividad y delegación en nuestras luchas como forma de materializar el conflicto contra el principio de autoridad en nuestra vida cotidiana. Hemos de hacer valer la acción directa, que busca la implicación de los propios afectados en sus conflictos sin delegar en nadie ni en ninguna institución, entre nosotros como anarquistas y entre el resto de estudiantes y personal laboral de la enseñanza. Y de paso, desenmascarar a los muchos aspirantes a políticos que rondan por las Universidades… Apelea a tu dirigente estudiantil antes de que lleve guardaspaldas rezaba un viejo eslogan.

Hay que oponerse a la LOMCE, por la vuelta de tuerca que supone a un nivel general, pero no podemos olvidar que con más fuerzas debemos profundizar en la crítica radical y sin tapujos al sistema de enseñanza y al sistema en el que se encuadra; a sus valores autoritarios; a la mercantilización del saber y en resumidas cuentas: a construir formas de aprendizaje que cuestionen el estado de las cosas, que tenga como objetivo hacer seres humanos libres, conscientes y solidarios.

Por la anarquía.

Notas finales: Si se quiere profundizar en una crítica a la Universidad como institución, recomendamos la lectura del texto “Sobre la miseria en la vida estudiantil” de la Internacional Situacista y la publicación “La Miseria” que se puede encontrar en www.la-miseria.blogspot.com. Con respecto a la crítica general al sistema de enseñanza burgués, hay muchos textos libertarios que pueden servir de buena base, recopilados de diversas formas donde además se tratan diversas alternativas libertarias a la escuela tradicional. Una crítica que va más allá y que cuestiona los propios pilares de la escuela misma, se puede encontrar en Ivan Ilich y más contemporáneo en Pedro García Olivo. Con respecto a la luchas pasadas del Movimiento Estudiantil (con especial relevancia la lucha en la educación secundaria) es muy interesante la lectura del libro “Estudiantes, antiestudiantes, policía, prensa y poder”.

Orsini

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