La LOMCE y la mentira de la democracia en los centros educativos (de antes y después) – 1ª parte

Introducción

Dentro de las muchas campanas lanzadas al vuelo en consecuencia de la LOMCE o “Ley Wert” (en referencia al Ministro de Educación), hay una cuestión en especial que ha pasado quizás un tanto desapercibida. El hecho de que esta ley cimiente el oscurantismo religioso en la escuela pública, que suponga el concierto para centros donde se practican prácticas segregativas sexistas, la aparición de filtros clasistas y pruebas de nivel (un montón de “selectividades”) a lo largo del proceso educativo, la siempre presente cuestión de la lengua, entre otras muchas cuestiones que pasan a dar una vuelta de tuerca más en el proceso de mercantilización de la enseñanza, han hecho pasar desapercibido la cuestión del supuesto funcionamiento democrático de los centros educativos.

La LOMCE, elimina figuras como los Consejos Escolares (pasando a ser meramente consultivos), la elección de los Directores de los centros educativos pasa por un fuerte control de la Administración y se blinda a las figuras de las Juntas Directivas y profesorado como figuras de “autoridad pública”.

Obviando el hecho de que muchas de estas medidas ya eran aplicadas por muchas Comunidades Autónomas, como Madrid, no deja de resultar curioso, que a pesar de que como decimos, es una cuestión secundaria dadas las “maravillas” de esta nueva Ley, el espectro izquierdista minoritario (“alternativo” o “combativo”) ponga el grito en el cielo por esta pérdida de democracia interna en la enseñanza, aunque otras organizaciones de mayor tamaño, también hacen constar su contrariedad.

Es entonces cuando surge la cuestión que pretendemos abordar en este texto. ¿Ha existido alguna vez un control del proceso educativo por parte de estudiantes y el resto de la llamada “comunidad educativa”? ¿Es posible esto en un sistema de enseñanza, que de manera general, se apoya en el autoritarismo? ¿Debemos luchar, como libertarios, por una mayor “democracia” en los institutos y facultades? ¿Atacar la vía institucional adquiera la forma que adquiera? Estas cuestiones pretendemos analizar a continuación.

Una cuestión base

Cualquier análisis que hagamos debe partir de una premisa: la educación en un sistema autoritario, se rige en consecuencia, por el principio de autoridad. El sistema de enseñanza estatal o privado, reproduce las necesidades y funcionamientos del sistema que lo diseña y lo prepara de cara a adoctrinar en sus valores y a preparar a la nueva mano de obra según las necesidades (siempre cambiantes) de la clase dirigente.

De este modo, la enseñanza se fundamenta en principios autoritarios tales como el establecimiento de roles jerárquicos (estudiante-profesor, profesor-junta directiva…etc), horarios, obligatoriedad, un complejo sistema punitivo (así como el recurrente premio-castigo), competitividad, rejas, videovigilancia, policía y seguridad privada, enseñanza monológica y hasta el propio diseño de los centros de enseñanza y facultades con semejanzas a módulos carcelarios.

La Universidad además, tiene un complicado funcionamiento interno jerárquico basado en la meritocracia, el pelotismo y el seguimiento del discurso académico oficial que hace que para acceder a la docencia se tenga que aceptar inevitablemente reproducir esta serie de mecanismos propios de la servidumbre medieval.

La intención de este texto no es analizar con detenimiento todos estos procesos autoritarios, ni todos los intereses económicos e ideológicos que atraviesan la educación en todos sus grados, sino simplemente partir de la base de que el sistema de enseñanza, antes y después de la LOMCE, es un instrumento del sistema autoritario en el que se inserta como pieza clave.

Sin embargo creemos perjudicial caer en la simplificación de los análisis y afirmar “el sistema de enseñanza es autoritario” y ya está. Vemos necesario analizar los procesos de cambio en este sistema, como fiel reflejo de los cambios que la sociedad del Estado y el Capital están realzando a un nivel estructural para corregir sus imperfecciones y ponerlos en sintonía con las nuevas necesidades del mismo. Es necesario realizar un análisis pormenorizado de aquello que se pretende destruir: entender y comprender sus trasformaciones para saber a qué nos estamos enfrentando.

En los centros de secundaria y FP: Consejos escolares.

La Consejos Escolares en los centros educativos, tienen como fin, ser un órgano representativo de la comunidad educativa. Forman parte representantes de los estudiantes, de los profesores y de los padres y madres (o tutores legales). En el caso de los estudiantes, cada cierto tiempo, te dicen que tienes que votar a no se sabe muy bien quién (no se conoce a todos tus compañeros/as) que normalmente, son preseleccionados por la propia dirección del centro, te saltas una clase, votas y nunca más se supo. Aunque varía el funcionamiento según la dinámica del centro, en los Consejos Escolares solían tratarse cuestiones como aprobar las cuentas del Centro, cuestiones relacionadas con la “convivencia” (casos de acoso, mal comportamiento…) donde normalmente se aplicaba la lógica del castigo a través de las llamadas “comisiones de convivencia) y otra serie de propuestas o asuntos que atañen en principio a toda la Comunidad Educativa.

La ficción democrática adquiere (o adquiría) un nivel de bananerismo sin igual. Los representantes de los estudiantes eran elegidos muchas veces a dedo por las juntas directivas, no había ni siquiera un “periodo electoral” donde conocer las propuestas de los candidatos a representantes, los representantes de los estudiantes cuando no comulgaban con los otros miembros del Consejo Escolar, eran manipulados cuando no directamente ignorados por las otras representaciones del Consejo. Y el resto de los estudiantes… pues en mayoría de los casos no se volvía a enterar de nada hasta las próximas elecciones al Consejo Escolar. Dependía más bien de la actitud del representante, que si tenía algún mínimo de voluntad, convocaba a los delegados de las clases y consultaba algo de lo que se iba a tratar, a pesar de que finalmente bien por desinterés bien por estas cosas que le dan a uno cuando tiene capacidad de decidir por los demás, acaba haciendo lo que le da la real gana.

Eliminados los Consejos Escolares (como decimos, dejan de tener un poder efectivo, al pasar a ser meramente órganos de consulta) sectores de la izquierda, como CCOO y UGT, Asociaciones de Madres y Padres progresistas, el Sindicato de Estudiantes y otra serie de colectivos (incluso algunos libertarios) se han apuntado a las quejas a propósito de esta medida. Ahora bien… ¿Cómo anarquistas, cómo deberíamos posicionarnos?

En primer lugar hay que considerar los Consejos Escolares como órganos donde los estudiantes y el resto de la comunidad educativa delegan en representantes su potestad. Es decir, supone admitir y legitimar la propia incapacidad de los estudiantes y profesores de gestionar de forma colectiva y horizontal el proceso de aprendizaje y los asuntos de la vida cotidiana de los centros de estudios. El procedimiento es muy similar a futuras ocasiones donde tendremos que votar cada cierto tiempo y esperar que otros decidan por nosotros: en las elecciones municipales, las generales, sindicales…etc. Es el primer peldaño a la hora de entregar nuestra propia capacidad de gestionar nuestra propia vida a terceros, que en base al principio de autoridad, están más capacitados que nosotros para decidir sobre nosotros mismos. La ficción democrática, la podredumbre parlamentaria a nivel secundario.

Segundo. Es una vía institucional donde resolver los conflictos de forma injusta, tal y como ya hemos explicado anteriormente y de forma autoritaria. ¿Queremos participar y que se escuche nuestra voz en un sitio donde tenemos que pasar centenares de horas en nuestra vida? Pues rechacemos la vía institucional y opongamos nuestra fuerza a través de la asamblea, arma horizontal para luchar y para gestionar nuestros asuntos. Debemos incentivar que estudiantes y trabajadores, de forma colectiva e igualitaria, constituyan asambleas en los centros de estudio de cara a plantar cara a los ataques mercantilizadores y empezar a funcionar fuera del control estatal y de las burocracias sindicales (CCOO, UGT, el Sindicato de Estudiantes…). Y por supuesto, empezar a plantearse de forma seria y colectiva a quién sirve la educación a manos de las empresas y el Estado, a luchar por buscar nuevas formas de aprender, en solidaridad y libertad y, sobre todo, en lucha contra la sociedad del Estado y el Capital donde se inserta la enseñanza hoy en día. Tenemos que incidir en la necesidad de ruptura total con el actual sistema y realizar críticas demoledoras al actual sistema de enseñanza y sus formas de trasmitir los conocimientos acordes a las necesidades del Capital y el Estado. De forma paralela, hay que empezar desde ya a plantearse que las formas de lucha ciudadanistas dentro de los márgenes del sistema no suponen más que un teatrillo donde se representa un espectáculo, pero no una lucha. La lucha en las enseñanzas medias y secundarias tiene que romper de una vez con todas con la burocracia sindical y sus ejércitos de liberados, con los estudiantes unidos a la lucha pasando por encima de una vez al Sindicato de Estudiantes, que lleva amordazando los estudiantes no-universitarios desde hace décadas.

(El texto continúa en una segunda parte)

Orsini

Universidad, autogestión y anarquismo. Análisis y tácticas

Anónimo. Barcelona Octubre, 2013

En el contexto actual, un momento en que están surgiendo numerosas asambleas libertarias por el Estado Español, creo que no solo es importante tener herramientas apropiadas de análisis social, para la lucha, sino que es importante desarrollar estrategias y objetivos concretos para materializar los cambios que queremos para pasar de las consignas a la construcción de realidades alternativas. Esto es un ensayo que intenta empujar a ello, a debatir sobre estas líneas o imaginar nuevas. Aunque se esté tratando temas ya comentados anteriormente, creo que es importante sintetizar un seguido de temas para trazar la respuesta.

La propuesta. ¿Pública, privada o autogestionada?

En el escenario actual, de retroceso de la clase obrera en un “Estado de Bienestar” es normal que los anarquistas nos encontremos sobre la paradoja de estar defendiendo esos servicios sociales, que por un lado están gestionados por el Estado y que a la vez le cumplen funciones para reproducir el sistema de dominación.

Bastante se ha escrito ya sobre eso y creo que una visión que se reduzca a “lo publico sí o no”, es reduccionista, a la vez que dejar la puerta abierta a las privatizaciones es permitir que el capitalismo se lucre aun más de necesidades o servicios varios, aumentando su poder de eso modo y facilitando la imposición de un modelo de vida cada vez más mercantilizado. Si entendemos lo público como algo financiado básicamente por la clase trabajadora a través de los impuestos (en un sistema capitalista), simplemente estamos defendiendo lo que es nuestro, que se gestiona por el Estado y que lo moldea a sus intereses.

La propuesta de defender lo público e ir más allá a través de la autogestión resuena por varios medios libertarios, no es nueva. ¿Pero a que nos referimos con la autogestión? Un texto titulado “Universidad ¡Obrera y Antiestatal!” aparecido en diferentes páginas web anticapitalistas y antiautoritarias hace diferentes aportaciones al tema universitario, entre otras:

“Una crítica más dura merecen quienes dentro de un anticapitalismo estético han querido resolver la evidente incongruencia que supone defender lo que percibimos que es una herramienta de dominación con la receta mágica y ambigua de la autogestión o de lo popular. Ante el proceso privatizador y frente al decadente estado del bienestar se acepta renunciar a la palabra “público” por ser un vocablo desgastado por las corrientes ideológicas antes descritas y se reemplaza por la universidad autogestionada o popular, sin un mayor análisis. Es un síntoma de la inercia que llevan los movimientos anticapitalistas que hace que sus luchas sean estéticas y espectaculares el hecho de que el discurso que se presenta en el ámbito universitario para romper con la corriente hegemónica en el movimiento estudiantil sea caer en la trampa de discutir el modelo de gestión sin entrar a discutir el objetivo de esa gestión o haciéndolo muy de pasada para rellenar líneas en un panfleto. En todo caso, si esta postura supone un peligro enorme para el movimiento estudiantil es por la falta de pensamiento estratégico y táctico que supone. Ni desde el punto de vista de clase económica dominada, ni desde el punto de vista del individuo coartado, emprender una lucha en el medio estudiantil por la autogestión de la universidad puede llevar ni individual ni colectivamente a trazar estrategias de victoria porque obvian la naturaleza absolutamente dependiente de la academia, eje de la universidad, del resto de la sociedad tanto por su naturaleza material (falta de recursos) como por lo intelectual (contexto en que se da).»[1]

De manera similar opino que la palabra autogestión ha sido extendida más allá de los movimientos sociales cercanos al anarquismo, la misma palabra es de origen del socialismo yugoslavo, aunque en otros momentos en el movimiento anarquista clásico se hablase de control obrero o colectivización de los medios de producción. Parte del marxismo hetereodoxo actual reclama la autogestión como un concepto básico, a la vez que también los movimientos ciudadanistas toman esta palabra, haciendo que esta pueda ser objeto de recuperación por parte de la ideología dominante, vaciándola de potencial revolucionario al poner “ de moda” un concepto simplista que implica mucho más (al menos para nostrxs). En clase he llegado a escuchar de la boca de una profesora que “nuestro espacio de campus virtual es un espacio autogestionado por los alumnos “.

Autogestión puede tener muchos significados, pero cuando hablamos de autogestión en términos económicos hablamos de la socialización de los medios de producción. La autogestión dentro del capitalismo es imposible más allá del cooperativismo, que se encontrará con las limitaciones y contradicciones que impone el propio sistema. ¿Nos podemos referir a autogestión cuando compramos una parcela y vendemos nuestros productos ecológicos aunque la producción se organice horizontalmente y por asamblea? Puede que sí, que sea un sistema más cercano al que queremos, pero dentro de una lógica de competición y de propiedad privada que no deja de ser capitalista.

Aplicando esto al tema universitario y educativo, nos vemos con el siguiente problema. Primero que la financiación la controla el Estado, y que una alternativa autogestionada dentro del sistema capitalista significaría que los mismos usuarixs deberían asumir los costes, cosa imposible en el mismo sistema universitario, aunque también lo queramos cambiar. En el texto titulado “Lo público y la autogestión. Defensa y avance”, el grupo de la FAI Albatros escribía lo siguiente acerca del tema de la financiación.

“¿Y qué ocurre con los recursos necesarios para garantizar el óptimo financiamiento de los servicios públicos? Estos deben ser exigidos de las arcas estatales, al ser éste el espacio en el cual se concentra el capital producido socialmente y acumulado (mediante la recaudación de impuestos, por ejemplo), un hecho que no podemos ni debemos obviar. En este sentido, no se trata de “legitimar” al Estado, sino de reapropiarnos socialmente de los recursos que las clases dominantes nos enajenan y que el Estado concentra, para poder utilizarlos según la libre determinación popular.” [2]

Aunque lo vea como una opción válida, pienso que difícilmente cederían la financiación del Estado a la gestión popular, a la vez que seguiríamos en dependencia con el Estado. Aunque a nivel discursivo nos es útil recordar los recursos del Estado no son más que fruto de lxs trbajadorxs.

Por eso, cuando se plantea una Universidad Autogestionada, adjetivo que debería ser reemplazable con colectivizada, obrera o lo que sea, esta no puede verse apartada de un clima revolucionario. Cito otro texto que habla este mismo tema:

“Hablar de autogestión es indisociable al ataque de las bases mismas del sistema: en sus relaciones de propiedad y en las relaciones jerárquicas que se desprenden de la organización de la sociedad de clases. Para nosotros la autogestión no puede bastarnos con ser un submodelo coexistente con la producción capitalista y que, directa o indirectamente, participe de sus leyes. Por tanto, la autogestión sólo cobra pleno sentido en función del proceso revolucionario, de reapropiación del conjunto del Capital social sobre nuevas bases socialistas y libertarias. Entendido esto, creemos que no se trata de cómo fundamos nuevos servicios públicos, sino de cómo aspiramos en la lucha a la reorganización de los mismos, es decir, a la capacidad de decidir los trabajadores y usuarios sobre qué y cómo se hacen las cosas, bajo un proyecto de expropiación socia. […] una superación revolucionaria de la sociedad capitalista y del estatismo.”[3]

Entiendo entonces, que la lucha por la Universidad Autogestionada, es una lucha que no puede separarse de la revolución, no puede ser una parcela aislada, uno de los errores del movimiento estudiantil que no acaba de solucionar.

Y por otro lado también queremos cambiar las funciones que realiza la Universidad. Por otro lado hay que analizar las funciones que realiza la Universidad. En el primer texto se citan 3 funciones extraídas del análisis situacionista:

“a) La universidad como aparato de la clase dominante para generar y extender la ideología dominante.
b) La universidad como aparato para la valorización del conocimiento transformándolo en capital.
c) La universidad como medio de producción de cuadros técnicos y de técnicas que servirán a la producción en el mercado capitalista.”[4]

Una universidad autogestionada debe romper con estos funcionamientos, el objetivo debe ser la emancipación social y la posible trasmisión de conocimientos a toda la población que quiera acceder a estos. No hay que olvidar que la educación nunca es neutra, y lo más cercano a esta es fomentar un verdadero espíritu crítico que en la universidad realmente no se da.

Romper con las desigualdades a través de la práctica igualitaria no solo mediante la gestión por nosotrxs mismxs, de lxs implicadxs, sino también mediante los medios adecuados para conseguir los fines que queremos, mediante otros métodos pedagógicos. No quiero extenderme en este tema, pero puede ser otro aspecto en el que basar y potenciar la lucha, tan importante como todos los demás. Quizás la misma comunidad educativa tiene que ser ella la quien decida con que modelo aprender, y puede ser que en un marco más libre, educadorxs y educadxs puedan borrar esa frontera con más facilidad.

Análisis de la lucha estudiantil, diálogo y reformismo

El objetivo de este texto es el debate y el planteamiento de una serie de temas, no una biblia. Por eso quiero hacer explicito que las recetas mágicas no existen, que las contradicciones las tendremos siempre y como leí en alguna parte, estas solo aparecen al caminar. Y quien haya luchado dentro del movimiento estudiantil sabrá que es una lucha difícil, del mismo modo que otras también lo son, en un contexto de correlaciones de fuerza muy desequilibradas en las que los explotados no concebimos mas que quizás reducir los golpes que estamos recibiendo. Parece ser que imaginar la revolución es imposible.

Para realizar un diseño de estrategias tenemos que analizar también la universidad y el movimiento estudiantil. La composición de los actores sociales en la universidad, aunque sea un espacio donde se tienda a la elitización, podemos encontrar que aun conviven estudiantes de la clase trabajadora y estudiantes de clases más altas. No creo en que la condición económica sea sinónimo de una ideología determinada, y posiblemente menos en un espacio donde tradicionalmente se le ha asociado como una herramienta de ascensor social en la economía capitalista, y por otro lado es obvio que parte de la clase trabajadora asimila el discurso dominante, así que tenemos estudiantes de nuestra propia condición que están en contra de un proyecto de transformación radical del sistema aunque se posicionen de manera superficial (y la mayoría de veces solo de palabra) a los recortes. Los estudiantes que forman parte de las clases más ricas es obvio que sea poco probable que estén a favor nuestro y que lo único que quieran es que la normalidad no sea alterada.

Esta reflexión hace patente que las asambleas nunca serán totalmente horizontales y participativas. Por una banda no solo hay una separación con “la derecha”, si no que personas de “izquierdas” también quedan excluidas porque quizás están de acuerdo con las demandas para defender lo público pero critican ciertas formas, criminalizando las asambleas, que tienen unas maneras “más combativas” (con todo el respecto y como parte de autocritica, tristemente a veces estas se miden por la espectacularidad que por otra cosa, por los motivos que sean). Esta parte “progresista” utiliza las vías institucionales para intentar parar los cambios, sin mantener una confrontación directa con las jerarquías dirigentes de la universidad, a les cuales pueden optar para acceder. Estas “izquierdas” institucionales se confrontan para conseguir la legitimidad de la representatividad del estudiante, pero ni las asambleas ni los consejos elegidos en un sistema donde hay partes de las instituciones que se eligen mediante voto estamental (valiendo este de distinta proporción) [5] realmente no son representativas por la escasa participación del estudiantado en la lucha. Es obvio que la cultura de la no participación política (entendiendo la lucha política como la lucha para decidir por decidir en tu vida) ha enraizado en la sociedad y el movimiento estudiantil no es más que el reflejo de esto.

En relación a los espacios heterogéneos donde se negocia y se decide, creo que quizás es importante pensar en nuestros espacios como clasistas. Nosotros no nos podemos parar a negociar un consenso con alguien que tiene muchos más poder que nosotros, no podemos caer en ese juego. Nuestro objetivo es acabar con las desigualdades y el suyo es perpetuarlas. No podemos rebajar nuestro discurso y nuestras aspiraciones con alguien que nos pisa simplemente para respetar el consenso y la horizontalidad en la toma de decisiones. Este consenso seria una imposición en el momento en que no jugamos con las mismas cartas. Un ejemplo seria el “dialogo” con las autoridades:

“El diálogo, la discusión libre tan solo se puede llevar a cabo entre iguales, sino fuese así habría entre las posibles interlocutoras unas diferencias de poder efectivo tan abismales que sería poca cosa más que un monólogo. Si una de las interlocutoras no tan sólo está llevando a cabo la acción de la cual pretende hablar, sino que tiene en sus manos el poder de ejecución, una fuerza de coacción incomparable y su decisión descansa sobre el poder militar y policial, mientras que de la otra parte se tiene poca cosa más que su voluntad, llamar a esto diálogo es digno de un chiste de Eugenio.”[6]

Este dialogo, esta enmarcado en aquello que se llama “la legitimidad democrática” que no es más que el discurso ciudadanista: la imposición de unos medios para conseguir cambios dentro de un sistema el cual esta estructurado para que no cambie en más que en la superficie. El Poder nunca va a permitir mecanismos que puedan acabar con él. Hablan de igualdad, de democracia y de respecto en un sistema capitalista que en su normalidad produce desigualdades, guerras y una multitud de consecuencias más. Lo peor es que parte de este discurso esta asumido por la clase explotada. Y otra pieza clave es el discurso de lo que es violento y lo que no es. No me extenderé en este punto, que esta totalmente relacionado con la educación que recibimos y en los medios de comunicación y en su papel de legitimar ante el público quien tiene la razón o quien se merece una intervención de los antidisturbios.

Entonces intentar legitimarse como los agentes democráticos, que buscamos su dialogo es un error en el que muchas veces cae el movimiento estudiantil. Es necesario la legitimización ante la gente, pero jugar su juego es una victoria más para ellos y sabemos que tendremos en contra todo un aparato mediático, político y policial en nuestra contra.

¿Como podemos luchar sin caer en este reformismo estéril? No creo que conseguir mejoras sea un error porque de esta manera la gente deja de luchar. Es necesario conseguir pequeñas victorias para darse cuenta de que juntxs podemos cambiar todo esto, e ir cambiando la correlación de fuerzas. Las mejoras son una cuestión estrategia y serán útil si nos ayudan a caminar hacía la utopía. Si tenemos que dividirlo todo entre abandonar una lucha por reformista o apostarlo todo por una revolución, lo tenemos crudo. Entre otras cosas interesantes, los compañerxs de Terra Cremada escribían en relación al movimiento estudiantil en el contexto de Bolonya:

“No es lo mismo una petición que se hace como afectado de un sistema del que quieres formar parte, dirigiéndote a la autoridad concedida, que una exigencia que haces desde la propia dignidad e integridad violadas a un poder impuesto. El contenido de las demandas señalaba la voluntad de formar parte de este sistema, de expresar la necesidad y la importancia del mundo académico y estudiantil en el funcionamiento y perfeccionamiento del sistema democrático. Es decir, la vinculación expresa a la democracia, en lugar de, una vez rechazado el papel de la formación académica, en tanto que engranaje del mundo de las mercancías, intentar trasladar este descontento a la sociedad entera que es, en última instancia, la que necesita nuestra obediencia y sumisión en las aulas, en el curro y en las calles para seguir reproduciendo el sistema de dominación capitalista y estatal.”[7]

Soy consciente de que me dejo temas a comentar, como las luchas políticas entre colectivos “radicales”, la caída en viejas estrategias que parecen no funcionar, la improvisación y a veces el poco compromiso de lxs militantes, etc.

La solidaridad nuestra mejor arma

Es una de las consignas típicas que se corean en las manifestaciones y quizás el problema es que realmente no la practicamos a niveles que realmente marcarían la diferencia. Tejer redes de afectados por el capitalismo sea cual sea el sector es una asignatura de la clase explotada pendiente. La dictadura y el capitalismo consiguieron romper estas redes que tardaron mucho tiempo en hacerse y quizás es su gran victoria. Cuando la sociedad entienda que cada problema sectorial es propio y causante del mismo sistema y se implique con todos las sectores, quizás el panorama cambia. Desahucios, privatizaciones, etc. son parte del mismo problema y solo juntxs podremos hacer frente y construir nuevas realidades

También es tarea nuestra sacar el conflicto estudiantil fuera de las aulas. Aunque no nos engañemos, la universidad es un punto accesible para pocxs, y quizás por ello cueste a la gente identificarse con la lucha que se lleva acabo. Asimismo hay que luchar contra la idea de que los universitarios somos unos acomodadxs. Somos de clase trabajadora trabajemos o no, porque no tenemos el poder político ni económico, y en la mayor parte estudiamos para acceder a un trabajo para cubrir con dificultad nuestras necesidades si es que lo encontramos.

La crítica al falso “dialogo democrático”, la autocrítica propia y la solidaridad son algunos aspectos con los que podemos empezar a trabajar. La tarea es difícil, pero actualmente se esta dando una lucha en las Baleares en la que se esta implicando una buena parte de la sociedad. Una victoria suya seria una victoria con la que poder afirmas que no todo esta perdido, con toda la crítica que podamos hacerles lxs libertarxs a algunos aspectos, su lucha no es nada despreciable.

Otros proyectos que podemos realizar para intentar construir la universidad (sociedad) que queremos pueden ser la formación de grupos críticos de las diferentes disciplinas, enredando así también a más gente que en una lucha tradicionales no se unirían, a la vez que se construyen espacios de contrapoder en las mismas universidades. Sin olvidar que para construir la nueva sociedad es imprescindible destruir la vieja.
Con todo este texto no creo que diga nada nuevo, simplemente recoger ideas que ya aparecen. Posiblemente las estrategias aparecerán con la práctica y con el conflicto mismo. Si existe la necesidad de buscarlas, es que hay gente que se plantea y lucha para conseguir unos objetivos. Por eso es importante acumular experiencias en un movimiento que parece renovarse cada año, una de las dificultades de la lucha estudiantil. ¡Que continúe la lucha!

[1] Universidad ¡Obrera y Anticapitalista! Nihil http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/24609

[2] Lo público y la autogestión. Defensa y avance. Grupo Anarquista Albatros (FAI) https://reglib.anarquismo.social/lo-publico-y-la-autogestion-defensa-y-avance

[3] Ibid.

[4] Obra citada. Nihil

[5] Tampoco es que este de acuerdo con un sistema de voto igualitario

[6] Terra Cremada. Tropezar con la misma piedra. http://terracremada.pimienta.org/tropezar.html

[7] Ibid.

Bibliografía para ampliar

Terra Cremada. Autogestión de la miseria o miserias de la autogestión. http://terracremada.pimienta.org/autogesti%C3%B3_cas.html

Anarcosindicalismo y movimiento estudiantil

Por CNT-La Safor

La situación educativa que está creando el Estado junto con el gobierno de turno no solamente sigue sin satisfacer las necesidades reales del ser humano, sino que además está sufriendo un grave retroceso de varias décadas dirigiéndose hacia una educación extremadamente clasista y católica. Sabemos que los sistemas educativos promovidos por los gobiernos y estados no hacen sino perpetuar las diferencias sociales y castrar creativamente al individuo, además de ir adiestrándolo en una especie de celdas que siguen los mismos patrones que las cárceles y las fábricas: horarios, restricciones, supeditación total a la autoridad, trabajo en serie, repetitivo y alienante del alumnado, desposesión total del alumnado de todo aquello que le rodea, etc. Sus objetivos, la alienación social y la sumisión a las autoridades (patrón, estado, fuerzas del orden…).

Bien se entiende que un sindicato es una organización de trabajadoras y trabajadores, y la gran mayoría de estudiantes aún no han conseguido su primer empleo. Sin embargo, en el mundo estudiantil, esto es, pre-laboral, durante todo ese dilatado espacio de tiempo en el que nos formamos para entrar a formar parte del mundo laboral, no existe un solo sindicato de estudiantes de corte anarquista. No obstante, durante este período de tiempo el alumnado no cesa de recibir ofensas y ataques a pesar de verse obligado a seguir siempre las normas dictadas desde las instituciones: horarios a cumplir, faltas de asistencia, trabajos que presentar, asignaturas que superar para avanzar…

Pero el problema que debemos afrontar en el mundo estudiantil, desde una perspectiva anarcosindicalista y revolucionaria, va más allá de las repercusiones directas del sistema educativo y sus políticas sobre dicho alumnado, pues los ataques en apariencia dirigidos a estos alumnos y alumnas extienden su veneno fascista hasta las familias de estos estudiantes.  En efecto, no se trata solamente de provocaciones al estudiantado, sino que se trata de duros ataques a la clase obrera, la cual no podrá cubrir los gastos educativos de su familia y en el caso de poder cubrirlos, la educación por la que está pagando no es precisamente de calidad (entendiendo por “calidad” la relación directa entre los intereses del alumnado y las enseñanzas ofrecidas, además de los mecanismos que definen la horizontalidad o verticalidad de estas relaciones estado-institución-profesor-alumno y la libertad con que se producen).  Es en este punto donde el movimiento estudiantil y el movimiento obrero se dan la mano, donde ambos se definen mutuamente, el punto crítico donde evidenciamos que las políticas estrictamente educativas afectan únicamente y de manera directa a la clase obrera más desheredada condenándole eternamente a subyugarse al estado y a la burguesía.

El sistema universitario es quizás el nivel educativo más afectado.  Por un lado con el Plan Bolonia 2015 se pretende volver a un sistema universitario clasista y elitista que regule el exceso de titulaciones, restringiendo para ello y de manera paulatina el acceso a los estudios superiores a las hijas e hijos de la clase obrera, a los desheredados.  Por otro lado, se pretende también llevar el sistema universitario al terreno privado, retirando las becas y aumentando indiscriminadamente el precio de las tasas.  De esta manera las hijas e hijos de la clase obrera se ven condenadas a vender su fuerza de trabajo bajo unas pésimas condiciones de por vida, y esto en el mejor de los casos.  En el peor, se pasarán más tiempo sin empleo y dependiendo de la caridad y las pocas ayudas sociales hasta que se vean obligados a robar, a traficar con drogas o a otros medios similares para poder malvivir y sobrevivir.  Para el capitalismo fascista resultaba intolerable que la hija de una obrera llegase a tener dos o más titulaciones universitarias y pudiese acceder a los mismos puestos de trabajo que la hija de una burguesa o una aristócrata.

En los institutos de secundaria y bachiller nuestras jóvenes empiezan a consolidar sus relaciones sociales y a proyectar su futuro estatus social.  El sistema educativo estatal muestra en esta etapa sus más feroces fauces pero de una manera sutilmente disimulada.  Al igual que en las prisiones, en los institutos se produce un agresivo moldeamiento del individuo: es aquí donde culmina su clasificación en el mundo educativo y empieza a gestarse su clasificación futura en la sociedad.  En efecto, es en esta etapa donde se inculcan en nuestras jóvenes los diferentes sentimientos de alienación, de frustración, donde se les hace creer que no sirven para nada, donde se destruyen sus expectativas, donde se aceptan los poderes y las jerarquías, donde se determina quiénes pasaran a formar parte de la masa obrera más explotada y quiénes podrán seguir estudiando para poder llegar a explotar a otras personas.  Es la etapa educativa más conflictiva para el individuo y a la vez es la más estricta y regulada y donde han de mostrar mayor sumisión a las normas y a la autoridad.  Y paralelamente, se trata del período vital más crucial para el individuo ya que durante la pubertad y la adolescencia es cuando definimos en mayor medida nuestra personalidad, cuando encontramos a nuestros grupos de iguales y a nosotros mismos.  Y los acontecimientos vividos en estas edades marcarán todo nuestro futuro no sólo socialmente sino también psicológicamente, y este es el factor más importante y por el que debemos intervenir y ayudar en la organización estudiantil.

Hace años que el sector socialdemócrata burgués, el sector comunista controlador, el sector fascista autoritario, y los sectores nacionalistas se han dado cuenta del potencial movilizador del mundo estudiantil y por ello crearon a sus propios sindicatos amarillos de estudiantes, que no son más que carroñeras lavadoras de mentes esperando captar votos políticos para sus partidos.  El sector anarquista ha optado en algunas universidades por organizarse en grupos de afinidad con una estructura mínima y, por desgracia, con una escasa repercusión, además del impedimento a la hora de poder convocar huelgas estudiantiles.  Dichas huelgas son convocadas por los sindicatos pseudo-obreros de manera desorganizada y descoordinada, teniendo como resultado la división de fuerzas, tanto entre diferentes regiones dentro del mismo nivel educativo (una semana en Madrid, la otra en Cataluña y/o Valencia…) como entre diferentes niveles en la misma región (esta semana huelga solamente de secundaria y bachiller, la próxima huelga solamente universitaria…).  La implantación de Sindicatos de Estudiantes desde el anarcosindicalismo revolucionario posibilitaría la coordinación en las acciones directas y las movilizaciones, tanto entre diferentes regiones como en diferentes niveles, además de hacer posible también la coordinación entre estudiantes y el profesorado de filiación anarquista.

Hemos visto como tanto en la enseñanza media como en la enseñanza superior no solamente se abusa y se ataca al estudiante, sino también y sobretodo a su familia obrera y, por ende, a toda la clase obrera, perpetuándola en la explotación y la sumisión al estado y al capital.  Y las y los anarcosindicalistas no podemos abandonar a nuestras y nuestros chavales a su suerte y no facilitarles su organización hasta que se adentren en el mundo laboral o desistan del estudiantil, pues todas las cicatrices que muestran la obrera y el obrero cuando ya adultos se acercan a nuestro sindicato son producto de las puñaladas recibidas durante su etapa estudiantil, en su juventud, puñaladas que jamás terminarán de cicatrizar y que los marcarán para toda su vida.

El estudiantado está descontento tanto por la calidad de la educación impartida como por la manera en que ésta se imparte y gestiona, quiere estallar pero aún no sabe cómo, quiere organizarse pero aún no ha logrado emanciparse de las influencias burguesas reformistas de los sindicatos de partido, el movimiento estudiantil de este lustro admira el mayo del 68, quiere emprender un cambio, una revolución, ser protagonista de su historia… y es posible que se encuentre más preparado que en otras ocasiones históricas y con muchos más instrumentos de organización, pero también es verdad que se siente más desorientado que nunca.  Desea estallar, desea andar sobre los escombros de este mundo hacia un nuevo horizonte, pero no sabe cómo llegar, cómo caminar…

El anarcosindicalismo debe hacerse presente en los movimientos estudiantiles, actualmente tan desorientados y manipulados, y lograr que avancen de la mano del movimiento obrero que dentro de unos años los acogerá, pues están en su pleno derecho de intervenir y organizar el mundo laboral en el que se verán inmersos en un futuro muy próximo.

El asalariado teme perder su empleo, teme perder su presente, y muchas veces ello le impide organizarse y luchar; el negro presente del asalariado define su futuro, decide sobre sus acciones y sobre su vida.  Pero el estudiante no teme tanto por el presente como por su futuro, su futuro es más importante, su futuro define su presente, y no se resignan a encontrarse de pleno ante un futuro oscuro y nada halagüeño.  Al no tener un presente que perder su predisposición a la lucha resulta más evidente.

Y tal vez debiéramos insistir más en aquello que podría lograrse, mostrar los horizontes de la libertad, las conquistas otrora ganadas… insistir demasiado en describir aquello que nos ataca, insistir en acciones de denuncia, resulta bastante ineficaz ya que la mayoría de la gente ya se conoce de memoria esta parte de la lección.  Saben quién o qué nos ataca, conocen los daños infringidos, pero desconocen aún qué hay más allá de la lucha, qué beneficios nos puede traer, y este desconocimiento se traduce en miedo por actuar, en apatía, en pasividad.

Ya para terminar, el curso está a punto de empezar y no podemos ni debemos demorarnos en formalismos y perífrasis para bordear la acción, como anarcosindicalistas debemos ser responsables y responder ante todos los ataques a la clase obrera, y los ataques al estudiantado también son ataques a la clase obrera.  Como anarcosindicalistas, también tenemos que tener claras nuestras reivindicaciones en el mundo educativo y estudiantil: no defender reformas legislativas, no defender la educación del estado, sino defender la autonomía y la libertad del individuo para poder formarse, organizarse y alcanzar su plenitud.

Salud, Revolución y Anarquía.

Universidad ¡Obrera y antiestatal!

Los panfletos no sirven para entendernos. Las asambleas no sirven para debatir. Las consignas no sirven para argumentar. Las huelgas no sirven para definir un programa. Es necesario utilizar otros medios. Por ello nace este escrito. Este escrito nace del movimiento. En concreto del movimiento estudiantil. Este escrito nace de la lucha y nace para la lucha.

Este escrito quiere plantear la necesidad y las posibilidades del movimiento estudiantil de desterrar la lógica izquierdista de luchar “por lo público” de sus luchas cotidianas. En lo sucesivo el texto se referirá al contexto universitario, aunque tenga partes extensibles no solo al resto del sistema educativo sino al resto de estructuras y servicios públicos y estatales, desde las carreteras a la sanidad.

Por la pública

La defensa de la “educación pública” es una especie de moda que el movimiento estudiantil asume como propia desde hace casi 30 años. Es una especie de moda, dicho coloquialmente, porque aunque pudiera tener una justificación racional y estratégica como movimiento, viene impuesta por una corriente de opinión e ideológica que ha ido calando hasta hacerse hegemónica dentro del movimiento estudiantil. Esta defensa aparece en la década de los 80, especialmente con el nacimiento del movimiento estudiantil contemporáneo en la explosión del 86-87. Previamente las luchas estudiantiles tenían componentes políticos y sindicales íntimamente ligados a la ideología y las prácticas de la clase trabajadora en la que se desenvolvían. Esa ideología y esas prácticas se desarrollan durante todo el ciclo largo de lucha de los 70 con la influencia del 68. Pero la influencia del 68 queda reducida a una fachada espectacular cuando dentro del movimiento obrero gana peso la parte “formal” y lo pierde la parte “espontánea”. Esto es, crecen partidos y sindicatos frente a las asambleas, comandos y grupos autónomos que habían marcado el ritmo anteriormente. Eso significó una enorme aceleración de los procesos de recuperación por parte de la socialdemocracia que controlaba el estado español y un ciclo de pacificación social masiva.

En el preámbulo del estallido estudiantil del 86-87 aparece lo que luego se conocería como el Sindicato de Estudiantes. Esta estructura elaboró el discurso de la educación pública, a imitación de cómo se desarrollaba en otros territorios por parte de la izquierda europea más cercana al “estado del bienestar” que a la “dictadura del proletariado”. Desde que ese discurso nace y se generaliza acríticamente entre las asambleas estudiantiles que cíclicamente nacen y mueren ha sido el punto común de todas las luchas que ha vivido el movimiento estudiantil.

El discurso de “lo público” explica panfleto tras panfleto que la universidad pública está en peligro por la inminente reforma, sea cual sea. La universidad pública es entonces un derecho a defender por parte del estudiantado. Pasados unos años, tras varios ciclos como los de los 90, bricall, LOU…el discurso de la pública se tiñe de una cierta nostalgia. Se transmite la idea de que la universidad antes era más pública y estamos en medio de un proceso de privatización. La universidad pública es entendida como lo entendían los ilustrados: un espacio neutral para el aprendizaje y la investigación. Esta concepción, apoyada en una fuerte ideología, está muy vinculada a la creencia de que el conocimiento, la ciencia o la técnica son autónomas de la sociedad en que se desarrollan, es decir, son neutrales y sólo toman un sentido según la voluntad de quién las usa. El discurso de “la pública” se combina con un anticapitalismo de pega atribuyendo la misión de mantener neutral a la universidad al estado frente la parcialidad de “el mercado”. El estado, que en  nuestro caso es la monarquía parlamentaria con sus poltronas autonómicas, es entonces el garante de que la universidad sea un vergel de sabiduría del que podamos disfrutar los hijos y las nietas del proletariado.

Es cierto que se han puesto infinidad de matices a este discurso por parte de muchos de los sectores, organizaciones, asambleas e individuos implicados en las luchas. En el momento actual, mayo de 2013, en la paralización general previa a un cambio de ciclo de los movimientos sociales y en concreto los estudiantiles, es cuando más urgencia puede tener emprender un debate sobre el sentido de las luchas que hemos mantenido y sobre los palos de ciego dados. La superación de un discurso manifiestamente caduco e inútil pueda servir para romper esa parálisis.

¿Por lo estatal?

Los análisis algo más fundamentados y reflexionados sobre la universidad, su crisis y su futuro quedan encerrados en libros a los que el movimiento estudiantil no tiene mucha afición. Libros como “De la nueva miseria. La universidad en crisis y la nueva rebelión estudiantil”, “La universidad en conflicto. Capturas y fugas en el mercado global del saber”[1]  encierran unas herramientas de análisis para interpretar el papel de la universidad que no sólo rompen con el discurso de “la pública” sino que permiten elaborar nuevas herramientas tanto de análisis como de combate para las luchas antiautoritarias en el medio estudiantil.

Este análisis sobre la universidad, heredero del 68 y sus principales impulsores situacionistas, se fundamenta en la cosmovisión marxista de la sociedad de clases para explicar el papel de la universidad. Esta cosmovisión marxista sirve para entender la dominación económica vigente al explicar de forma bastante esquemática las relaciones entre la clase dominada, la trabajadora, y la dominante, la propietaria. Así se distinguen 3 funciones de la universidad en la sociedad de clases:

a)La universidad como aparato de la clase dominante para generar y extender la ideología dominante.

b)La universidad como aparato para la valorización del conocimiento transformándolo en capital.

c)La universidad como medio de producción de cuadros técnicos y de técnicas que servirán a la producción en el mercado capitalista.

Estas 3 funciones están interrelacionadas. En una determinada época de expansión de un sector económico, ese sector necesitará de cuadros técnicos. La formación de cuadros técnicos se hace asignando a las personas un conocimiento transformado en capital individual, un capital que el individuo interioriza y se hace oficial mediante el título. Esta transmisión de conocimiento, en forma de título, transmite ideología dominante al naturalizar la división del conocimiento en áreas, la división del trabajo en categorías patriarcales y asignar un valor a las personas en función de su capital académico. Este es un ejemplo de cómo interaccionan las 3 funciones de la universidad y de la complejidad de las interacciones entre las 3 funciones.

Estas 3 funciones sitúan la universidad como una herramienta de dominación de la clase capitalista independientemente de la gestión estatal, autogestionaria o privada de esta institución. La literatura estudiantil de estos últimos 30 años se ha centrado más en la cuestión pasajera de quién gobierna la universidad que en el problema fundamental que es la función de la universidad. La gestión de la academia es un tema importante que conviene tratarlo con una perspectiva más amplia que mirando solo las consecuencias inmediatas de quién y cómo se gestiona la institución en cada momento.

El avance de las políticas liberales lo que están modificando es la gestión de la institución, para que mantenga sus 3 funciones mientras se gestiona según unos criterios que permiten sacar pasta de la clase trabajadora a la que la patronal fuerza a adquirir una serie de títulos como requisito para ser empleada.

En retroceso y decadencia se presenta el modelo socialdemócrata del estado del bienestar, en que la universidad se gestiona como un recurso que el estado ofrece a la clase trabajadora para adquirir esos títulos que la patronal la exige. Esta concepción, que tiene como fundamento la idea de que el estado es una providencia neutral que mediante la democracia parlamentaria puede ser útil y beneficioso para la clase trabajadora; se sitúa dentro de la ideología dominante en la que la dominación económica del capitalismo es una verdad intocable, como también lo sería el estatismo.

Otro punto de vista que defiende la gestión estatal, más propio de las ideologías anticapitalistas, es el que defiende que la universidad “de masas” es una conquista de una parcela de poder de la clase dominada frente a la dominante y por tanto la gestión estatal la manera más factible de obtener unas ciertas cuotas de control de la institución. Así las relaciones mercantiles que se dan en la universidad –la compra de títulos- siguen la lógica de los servicios públicos y no de la empresa privada, lo que es mejor para la clase dominada. Este punto de vista se ha ido sedimentando en ciertas corrientes pretendidamente anticapitalistas hasta perder de vista que la cuota de poder de clase que se puede tener sobre cierta institución se va desgastando si no supone una ofensiva constante y expansiva a la sociedad de clases, que es precisamente lo que ha ocurrido en estos 27 años de defensa de la “pública”.

Una crítica más dura merecen quienes dentro de un anticapitalismo estético han querido resolver la evidente incongruencia que supone defender lo que percibimos que es una herramienta de dominación con la receta mágica y ambigua de la autogestión o de lo popular. Ante el proceso privatizador y frente al decadente estado del bienestar  se acepta renunciar a la palabra “público” por ser un vocablo desgastado por las corrientes ideológicas antes descritas y se reemplaza por la universidad autogestionada o popular, sin un mayor análisis. Es un síntoma de la inercia que llevan los movimientos anticapitalistas que hace que sus luchas sean estéticas y espectaculares el hecho de que el discurso que se presenta en el ámbito universitario para romper con la corriente hegemónica en el movimiento estudiantil sea caer en la trampa de discutir el modelo de gestión sin entrar a discutir el objetivo de esa gestión o haciéndolo muy de pasada para rellenar líneas en un panfleto. En todo caso, si esta postura supone un peligro enorme para el movimiento estudiantil es por la falta de pensamiento estratégico y táctico que supone. Ni desde el punto de vista de clase económica dominada, ni desde el punto de vista del individuo coartado, emprender una lucha en el medio estudiantil por la autogestión de la universidad puede llevar ni individual ni colectivamente a trazar estrategias de victoria porque obvian la naturaleza absolutamente dependiente de la academia, eje de la universidad, del resto de la sociedad tanto por su naturaleza material(falta de recursos) como por lo intelectual(contexto en que se da).

Saltemos la trampa.

Tenemos ante nuestro movimiento la necesidad de sacudirnos de un lastre teórico y es que no tenemos programa para la universidad en la que luchamos. Como se ha apuntado hasta ahora en este escrito la cuestión del carácter público-privado-popular de la universidad no debe ser el eje principal de nuestro discurso sino una consecuencia de este. El eje principal de nuestro discurso debe contemplar sobre todo el objetivo de la universidad y debe atravesar nuestra vida actual, sin idealizaciones, y llegar a la vida que aspiramos, sin matices. Eso significa ser radicalmente sinceras con nuestra situación de estudiantes y con nuestras aspiraciones anticapitalistas. Clarificar la cuestión de nuestra situación nos servirá para trazar estrategias y definir nuestras aspiraciones para concretar los fines de la lucha.

Ser sinceras con nuestra realidad como estudiantes: El movimiento estudiantil no deja de ser un movimiento social, colectivo y con aspiraciones colectivas, por lo tanto lo más inteligente es articular nuestra conciencia como colectivo, como estudiantado. Siendo estudiantado y según las 3 funciones llegamos rápidamente a la conclusión de que los estudiantes somos mercancía desde el punto de vista del sistema universitario. Desde nuestro punto de vista, ver la universidad como una institución por donde la gente de nuestra clase debe pasar para poder acceder luego a unas condiciones laborales algo mejores, nos sitúa como clientes de la universidad. Desde nuestro punto de vista, y en esto hay que ser sinceras, si estamos en la universidad es por el título. La romántica afirmación de que a la universidad se va a aprender por voluntad propia es un enemigo del movimiento estudiantil que tenga conciencia de clase, porque niega u obvia que en la sociedad autoritaria no hay espacio para nuestra voluntad si no se conquista luchándolo. En concreto niega que dentro de la dominación capitalista, la clase dominada se vea forzada a seguir unos ritmos de vida impuestos por la producción, que es precisamente lo que ocurre con la juventud forzada a comprar títulos universitarios para cumplir la función que la patronal espera para ella.

Esta visión de nuestra situación actual nos abre varios frentes de actuación que chocan con la ambigüedad con la que se emprenden luchas a día de hoy.

Primero: Las luchas estudiantiles puramente materiales, como las que giran en torno a los precios de matrícula, las normativas académicas, la estructura de las titulaciones, la carga de trabajo, la propiedad intelectual…se pueden enfocar desde un punto de vista netamente sindical y aplicar toda la experiencia organizativa y de combate acumulada por el movimiento obrero sin necesidad de matices. A día de hoy, las luchas supuestamente sindicales en el medio universitario se tiñen de estudiantiles y todas se ven fuertemente influenciadas por la defensa del modelo “público” como antes se ha descrito. Actualmente, en época de recortes como vía rápida para la reestructuración y puesta en marcha de la universidad-empresa, los conflictos surgidos como la subida brutal de tasas se están gestionando como ataques a la universidad “pública” y como situación colateral, ataques a la clase trabajadora. Desde un punto de vista de clase como el propuesto, la subida de tasas es una consecuencia de unos cambios en la universidad que van en contra de la universidad como manera de redistribuir los beneficios, facilitando la compra de títulos a las trabajadoras, y por tanto una reconquista de la clase dominante de un terreno perdido en los 70. En este ciclo de transformaciones regresivas en la universidad podría, desde el propuesto punto de vista, articular la respuesta tanto defendiendo la adquisición “barata” de títulos para nuestra gente como atacando sindicalmente a las empresas y sectores que exijan a sus empleados haber comprado unos títulos que ahora nos son inaccesibles. Además, al resituar el debate en términos de clase como condición material se hace tabla rasa entre estudiantes de lo público, de lo privado y de lo autogestionado. Esto abre un campo de lucha tabú hasta ahora en el movimiento estudiantil que son por un lado los centros privados y la gente que va a ellos, muchas veces bajo la banalización de afirmar que quién va ahí es gente adinerada cuando no la realidad es que es la misma gente que va a la “pública”; y por otro lado la inclusión en el movimiento estudiantil a toda la gente que participa de la educación no formal que se da dentro de todos los movimientos sociales de forma más o menos explícita.
En suma, esta propuesta de acción en la universidad significa dejar de defender una universidad pública para defender una universidad que sirva a las clases dominadas y a nadie más, pues eso precisamente es arrebatarles parcelas de poder al capital y al estado. Que las luchas estudiantiles giren en torno al sometimiento de la universidad a los intereses de los trabajadores llevará sin duda a clarificar las posiciones de las clases en conflicto en la actualidad, todo lo contrario que lo que se consigue con discursos ciudadanos y demócratas.
Merece una mención el hecho de que dentro del contrapoder sindical que podría suponer un movimiento estudiantil declaradamente clasista, la reivindicación de la defensa de la gestión “pública” podría ser parte de un programa estratégico a corto plazo. Desde el punto de vista de clase se puede defender la gestión “pública” de las instituciones universitarias como mal menor frente a lo privado, pero sin perder de vista que esta defensa de la gestión pública es circunstancial, no fundamental, y que es una mínima parte de lo que está en juego.

Segundo: El otro frente que permite desarrollar esta concepción es “liberar a la academia”. Al desvincular nuestra relación con la universidad con toda inquietud académica y reduciéndola a lo material dejamos un campo enorme de actuación que es la estructuración de realidades que nos permitan, no solo como movimiento estudiantil sino como clase dominada, la socialización del conocimiento y la creación embrionaria de la “universidad” anticapitalista. Al negar que sea la universidad como institución el campo en el que deba socializarse el conocimiento, por ser esta institución una mera herramienta de dominación, nos forzamos a crear herramientas de aprendizaje e investigación colectivos. Esto no significa que se deba renunciar a la infraestructura física ni intelectual de la universidad actual, pero si necesariamente a su sistema de funcionamiento. Eso significa que el movimiento estudiantil puede y debe desarrollar sistemas de aprendizaje colectivo en las facultades y escuelas, con el conocimiento que se maneja e instrumentaliza en ellas, pero lejos de la reglamentación y la lógica que impone y reproduce la universidad, osea, sin títulos. Queda claro, que dentro de esta vía de actuación no hay espacio alguno para la defensa de la “pública”.

Ser sinceras con nuestros fines como anticapitalistas: La visión clara sobre nuestros fines a lo que nos conduce a reconstruir el comunismo y la anarquía, ambas metas que las clases dominadas se han marcado como objetivos a lo largo de la historia, con esos o con otros nombres. En el área de la universidad el objetivo es importante definirlo porque sirve para trazar los métodos y estrategias de la “liberación de la academia”. La universidad que el movimiento estudiantil define como modélica, dentro de los desvarios de confundirla con la “pública”, es ese espacio imposible en una sociedad autoritaria en la que la universidad es un espacio donde el conocimiento, su transmisión y expansión, se realizan en libertad de estudio, cátedra e investigación. Eso significa resituar las funciones de la universidad en su posición ideal de espacio neutro en donde encontrar conocimiento y técnica, por lo que estamos ante una universidad anárquica, sin autoridades académicas ni influencia de dominación alguna. Pero ello, y no debe perderse nunca de vista, será imposible en la  sociedad patriarcal -que nos somete por género-, capitalista –que nos somete por nuestra necesidades económicas- y estatista –que nos somete por el lugar en que vivimos-. Eso sitúa al movimiento estudiantil que aspire a esta universidad anárquica como un movimiento necesariamente rupturista con la universidad actual dado que es parte del entramado de la dominación que hoy padecemos.

La propuesta aquí presentada es la de llegar a la ruptura mediante una lucha estudiantil muy proletaria y la construcción de la universidad anárquica en paralelo. Que ya va siendo hora de que empecemos a tomarnos en serio nuestra capacidad de transformar las cosas.

[1] De la nueva miseria. La universidad en crisis y la nueva rebelión estudiantil. Joseba Fernández, Carlos Sevilla y miguel Urbán. Akal. Madrid. 2013.

La universidad en conflicto. Capturas y fugas en el mercado del saber. Edu Factory y Universidad Nómada. Traficantes de sueños. Madrid. 2010.

BARCELONA, MAYO DE 2013

NIHIL

nihil.org@gmail.com

Reseña: The Occupation Cookbook

Hace un tiempo me hice con un ejemplar impreso de la famosa guía de la ocupación universitaria que tantas vueltas dio por Internet en su día. El título completo en inglés—hasta donde sé no hay traducción al castellano— es «The Occupation Cookbook: or the Model of the Occupation of the Faculty of Humanities and Social Sciences in Zagreb»—click en el nombre para su lectura—, editado por les compañeres que okuparon la facultad, originalmente publicado por Center for Anachist Studies en 2009, y distribuido en la versión panfleto—la que tengo yo—por Autonomedia.

La versión que reseño aquí es la inglesa, y como según elles mismes indican en el manual, esta versión dispone de algunos añadidos—además de unas fotos muy majas—que la edición original croata no tiene. Es una lectura muy recomendada aunque esté en inglés: el uso del idioma es básico y sencillo, tiene un gran interés actual, los consejos y experiencias son de gran utilidad, y lo más importante de todo, es un clarísimo ejemplo de que las cosas se pueden hacer bien cuando la gente está dispuesta a autogestionar. La okupación de la facultad no tuvo un componente únicamente anarquista, pero su organización horizontal y el uso de la democracia directa hacen de esta experiencia croata un hecho a ser tenido en cuenta por el movimiento libertario. De ahí esta reseña.

La Historia

El manual abre el debate con tres introducciones que acercan la lectura a los hechos acontecidos en Zagreb y en el mundo de la educación en general. La facultad fue tomada en la primavera de 2009, y su okupación duró 35 días en los cuales las clases fueron bloqueadas y sustituidas por clases alternativas sobre anti-capitalismo, educación, activismo, etcétera. El contexto sociohistórico no solamente es tratado en esta parte introductoria, sino que también es presentado a lo largo del manual en forma de pequeños párrafos que contextualizan las acciones que les estudiantes decidieron llevar a cabo. Contextualizar acción y teoría es algo muy importante para desarrollar un movimiento fuerte, sólido, y duradero, porque como elles mismes afirman en la guía, la lucha no finalizó tras la okupación—ni tampoco comenzó con  ésta, pues antes de la toma de la facultad ya existía un grupo de estudiantes que se reunían para fomentar la lucha estudiantil.

Aunque el componente sociohistórico es más bien escaso y, sobre todo, muy simplificado, une no se queda con las ganas de haber leído más sobre este tema, pues el manual tiene claramente otro objetivo: mostrar las experiencias de okupación y compartirlas para servir de guía y apoyo a otros grupos en el mundo.

El Plenum

El manual está estructurado de una forma muy lógica y fácil de seguir. Nunca se pierde el hilo de la lectura en detalles técnicos o notas sociológicas. Les editores dan máxima prioridad a la explicación de la asamblea general de estudiantes, o Plenum, la cual no solamente daba la bienvenida a estudiantes sino a cualquier persona interesada en el tema de la educación. A lo largo de los mini-capítulos que componen la guía, les estudiantes nos explican cómo se organizaron todas las tareas de la asamblea: su desarrollo, su diseño, su organización, etcétera.

La democracia directa era la idea vertebradora de la asamblea: todes hablan, todes opinan, y todes deciden. Nos narran los elementos clásicos de una asamblea horizontal: mesa (rotativa), acta (también tomada por una persona diferente cada vez), equipo técnico, turnos de palabra…. La forma de llevar a cabo el Plenum también nos suena familiar: lectura del orden del día, debate de los puntos, decisiones, asignación de tareas… todo muy común en este tipo de organización. La única parte que me llamó  la atención fue la deliberada decisión de votar todo con una simple mayoría de 50+1. Aunque se intentó buscar el consenso mediante el debate y la exposición de ideas, la votación por mayoría simple era la regla general—algo poco anarquista, la verdad.

La eficacia y el pragmatismo también son elementos muy presentes en el manual. Todo estaba regulado, y así te lo explica la guía. Por ejemplo, cada punto del orden del día tenía 30 minutos para ser debatido, tras los cuales la asamblea votaba si se quería continuar con ese tema o pasar al siguiente. La periodicidad del Plenum era una vez por día durante la okupación, y tras la okupación—pues las estructuras del movimiento no desaparecieron—se decidió llevar a cabo la asamblea cuando fuera necesario—aunque no explican muy bien qué es eso de «necesario.»

Anonimato

Elles sabían que los medios de comunicación jugarían un papel clave, por lo que crearon un grupo de trabajo específico para este tema. Como concebían que el poder residía en la asamblea se decidió que no hubiera ningún tipo de representante o «cara conocida.» Todas las apariciones ante los medios de comunicación eran anónimas, en el sentido de que nunca se dieron nombres ni apellidos, y las personas que comparecían ante les periodistas siempre eran diferentes.

La voz de la asamblea era transmitida al resto de la sociedad de forma estrictamente colectiva: solamente se comunicaba lo tratado en el Plenum—nada de opiniones personales—, y cada vez lo  hacía una persona distinta. Les estudiantes, por supuesto, eran libres de actuar libremente y dar su opinión personal, pero se recomendaba que no usaran sus nombres y apellidos.

Un grupo de trabajo especial se dedicaba a hacer de enlace entre los medios y la asamblea, así como también redactaban notas de prensa todos los días de la okupación. Éstas eran anónimas y directas. Como explican en el manual, temían de los intereses mercantiles de los medios, pues estos trivializan todo haciendo de algo político una historia morbosa y carente de contenido real. Así pues, se decidió que las notas de prensa fueran estrictamente directas, cortas, y sin escatimar en contenido teórico—las intervenciones ante les periodistas se desarrollaron de la misma forma.

Grupos de trabajo y mandatos

El manual dedica gran parte de su contenido a la explicación de la organización interna del movimiento. Los grupos de trabajo, formados por estudiantes permanentes, eran abiertos y de libre concurrencia. Cada cual decidía si entraba o salía, sus mini-asambleas eran públicas y abiertas, y cualquiera podía colaborar—aunque existieran equipos permanentes de personas trabajando en un tema. Estas mini-asambleas exponían sus decisiones y acuerdos en el Plenum, donde todo era votado de nuevo y se asignaban nuevas tareas a los grupos. Los grupos tenían relativa libertad para operar y ser flexibles. Por ejemplo, el equipo de prensa no podía estar pendiente en todo momento de lo que el Plenum opinase sobre un tema concreto, pues las notas de prensa tenían que ser escritas diariamente en una franja de 1 hora—según explican. Por lo que había una confianza explícita la cual no significa que el equipo de prensa podía hacer lo que se le antojara, pues siempre operaban en los límites de lo votado en el Plenum.

De les delegades ya he hablado—las personas que se comunican con la prensa y dan a conocer lo decidido por la asamblea general. Pero la okupación de la facultad también disponía de «mandatos», que  no es otra cosa que una delegación más prolongada en el tiempo. El equipo de prensa que escribía los comunicados, por ejemplo, era un mandato, pues era un equipo prolongado en el tiempo, estable—a no ser que el Plenum decidiese que ya no les daba confianza—, y con gran libertad de movimiento. Les delegades, recordemos, eran puestos de «una sóla vez.»

Seguridad

Éste fue uno de los apartados que más me sorprendió. Durante los 35 días de okupación, por supuesto, el movimiento requería de seguridad: evitar que se infiltrara gente de noche, evitar robo de material, mantener el orden en los pasillos… pero también limpiar, mover objetos, acomodar el auditorio para el Plenum, etcétera. «Seguridad» era otro grupo de trabajo organizado internamente en responsables de turnos. Todo el mundo era bienvenido y según nos cuentan prácticamente todes hicieron de «guardias» alguna vez—pues, de nuevo, los cargos son rotativos.

El funcionamiento de la facultad fue interrumpido durante esos 35 días, aunque ciertas cosas se permitieron: la secretaría de estudiantes, la librería, la cafetería… etcétera. Las clases «normales» fueron, como ya dije, bloqueadas, y si alguien quería impartir clase «normalmente», era el equipo de seguridad de turno el encargado de bloquear la clase por medio de la acción directa no-violenta—haciendo ruido, bloqueando la puerta, hablando con el o la profesora…

Últimas palabras

Como una reseña ha de ser concisa me he dejado muchas cosas en el tintero. No he realizado una exposición detallada de todos los grupos de trabajo existentes. Tampoco he realizado una exposición de la rutina del Plenum—la cual será familiar a cualquier persona involucrada en el movimiento libertario, pues la asamblea general no tenía nada de especial. Todos estos detalles son explicados minuciosamente en el manual, el cual no se hace ni pesado ni largo de leer.

A la persona con experiencia en asambleas le servirá de poco en el sentido «técnico», pero es sin duda una excelente fuente de inspiración y motivación. A esta persona, tal vez, la organización interna del movimiento le llamará más la atención, y seguramente sirva de ayuda en futuras acciones en las que tome parte. Por otro lado, a la persona con poca o ninguna experiencia en asambleas horizontales, este manual despertará algo en su interior. No solamente le proporcionará conocimientos inestimables, sino que le animará a organizarse de tal forma. Si algo muestra «The Occupation Cookbook» es que las cosas, si se quiere, se pueden hacer.

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