Escocia… ¿independiente?

Dentro de muy poco se votará en Escocia la cuestión de su independencia del Estado británico. El debate pro-independencia no solamente se ha basado en la identidad cómun de les «Highlanders», sino que también ha usado otros temas sociales para ganar votos como los de la monarquía, las centrales nucleares, la militarización del territorio, y sobre todo, la desigualdad social. Les nacionalistas escoceses han expresado en multitud de ocasiones que las políticas neoliberales provenientes de Londres hacen daño a la población de Escocia: recortes en materia social, protección del capital privado, desamparo de les más necesitades, etcétera. Pero, ¿una Escocia independiente realmente solucionará el problema de la desigualdad social? La respuesta, desde mi punto de vista, es un rotundo no.

1. Debates estériles

Los discursos nacionalistas pueden ser difíciles de rebatir si los tomamos demasiado en serio. Todo Estado-nación, como debiéramos saber, es una construcción histórico-política, con grandes repercusiones sociales, que se basa en supuestas identidades comunes ancladas en espacios geográficos determinados donde se comparten experiencias históricas, supuestamente comunes también, que determinan eso que llaman la identidad nacional. Los Estado-nación no caen del cielo como las gotas de lluvia, ni crecen de los árboles como las manzanas. Los Estado-nación se construyen a base de opresión, represión, y unificación de grupos sociales más bien heterogéneos. Todo discurso nacionalista apela a las emociones personales para inhabilitar la razón: que si les de este lado somos así, que si en este lado hemos hecho siempre las cosas de esta manera, que si nuestres abueles pensaban de tal manera, etcétera y etcétera. Se intenta crear una identidad común basada en elementos, supuestamente comunes, de carácter histórico y cultural. Y esto lo hace todo Estado-nación para justificar, a un nivel básico, su propia existencia. El nacionalismo catalán lo hace; el nacionalismo escocés lo hace, pero también lo hacen los  nacionalismos español y británico.

Por un lado, los debates que a menudo leemos en la prensa son estériles porque se enmarcan en un marco que es erróneo de partida. Muchas personas fallan al reconocer e identificar los discursos nacionalistas. Escocia, Catalunya, Euskal Herria… territorios nacionalistas dirán algunes. Pero, ¿no son acaso España y el Reino Unido Estados-nación también? Aquí se define «nacionalismo» con la misma lógica que promueve el racismo: a las personas se las clasifica por el color de su piel en comparación con lo que se llama «persona blanca», como si la «persona blanca» no tuviera color y fuera el centro de comparación universal. La misma construcción social opresiva la podemos encontrar en ciertos discursos nacionalistas, de esta forma España y el Reino Unido son Estados-nación no-nacionalistas, puntos centrales de comparación para definir qué es nacionalismo y qué no lo es. De ahí que les españolistas no puedan ver que España es un Estado-nación socialmente construido e ideológicamente sustentado por un discurso nacionalista unificador. Si bien éste es un problema que afecta a las personas nacionalistas defensoras de aquellos Estados-nación no-nacionalistas, su discurso es casi siempre el dominante en los medios de (des)información burgueses, por lo que el mensaje termina llegando a millones de personas. De esta manera se genera opinión pública favorable y se sustenta la idea de que España (o el Reino Unido) no necesitan de discursos nacionalistas.

2. Mito y mentira

Por otro lado, todo debate nacionalista desvía la atención de las causas primarias de la desigualdad social. En el caso escocés el SNP apela a la «sensibilidad escocesa» mediante ataques a las políticas neoliberales adoptadas en Westminster. Con el pretexto de que «les escoceses tienen más sensibilidad hacia políticas económicas distributivas y sociales», el SNP intenta crear una identidad nacionalista que traza una línea entre «Highlanders» e ingleses. De esta manera se genera (o se intenta generar) el «mito.» Al norte de la frontera, como se dice por allí, la gente es supuestamente más solidaria, más dada al Estado del bienestar, y más sensible a temas sociales. O eso es lo que nos cuenta el discurso nacionalista, contradiciendo los datos estadísticos provenientes de varias encuestas. Por ejemplo, la Scottish Social Attitudes Survey muestra que las diferencias entre escoceses e ingleses no son tan grandes como el SNP quisiera. Otro ejemplo, el partido que gobierno en Escocia, el nacionalista SNP, se dice muy social-demócrata, pero por años se niega a subir los impuestos sobre las rentas de las clases media y alta (aunque es cierto que en otras áreas el gobierno está invirtiendo mucho dinero en les más desfavorecidos, como en el caso del famoso «bedroom tax», con el cual Escocia está muy en desacuerdo). En definitiva, todo es creación de mito, apelando a idearios comunes de referencia y emociones compartidas que posibiliten un «Yes» en el referéndum.

Pero el gran mito es el del Estado-nación como aquella identidad que posibilita la creación de igualdad socio-económica (porque igualdad política, en teoría, está garantizada). Aquí es donde el discurso nacionalista da más que pensar. ¿De verdad una Escocia independiente del Reino Unido eliminará las diferencias de clase? ¿O de género? ¿O de etnia? Preguntémonos seriamente: ¿un estado escocés supondrá una mejora para las personas más desfavorecidas? ¿Cómo va a hacer el futuro Estado escocés para funcionar fuera de las dinámicas capitalistas de las que tanto se quejan? ¿Cómo va a hacer para escapar de las garras de la globalización? En definitiva, lo que se puede leer de fondo es: «usted vote «Yes» y nosotres le daremos un capitalismo más humano, administrado todo por el grandioso Estado escocés independiente, aye!»

3. Algo… ¿positivo?

Si bien es cierto que las clases sociales no desaparecerán en una Escocia independiente, así como les polítiques seguirán siendo polítiques al servicio de la burguesía (escocesa) y de las empresas, algo positivo tiene que haber en todo esto. Y así lo creo, pero personalmente sólo encuentro una única cosa: desfragmentación. Un Estado escocés independiente disminuiría la centralización del Estado británico, regionalizando así la política de un territorio y, supuestamente (y esperemos), acercando la política a la gente que vive en dicho territorio. Pero con todo, los problemas de base (las clases sociales, el capitalismo, el racismo, el sexismo, etcétera) no tienen por qué verse alterados. Un Estado-nación escocés seguirá siendo, hoy por hoy, tan capitalista como un Estado-nación británico. Que no nos digan lo contrario. La pregunta que nos debiéramos hacer es más bien, «qué preferimos, ¿dos Estados-nación de menor tamaño?» Mi respuesta, personal, sigue siendo la misma: muerte al Estado, sea escocés, británico, catalán, o español. Solidaridad entre las personas al norte y al sur de la frontera. El problema sigue siendo el mismo: el enemigo de clase que crea el capitalismo, y un Estado independiente, según se plantea hoy en día no soluciona nada de esto.

[Recomendación] Lectura: Los anarquistas y la cuestión palestina

Algunos y algunas preguntarán por qué nos ponemos automáticamente del lado de Palestina siempre. Pero lo hacemos con razón: el pueblo palestino está sufriendo un genocidio por parte de Israel. Profundizando más en el tema, el anarquismo es poco conocido entre el pueblo palestino, así como en Israel la población no es toda sionista. También existen anarquistas israelíes. No obstante, el anarquismo no tuvo mucha incidencia social en esos lugares aunque sí existieron movimientos de inspiración anarquista tanto locales como internacionales contra la ocupación sionista y no existe un movimiento anarquista organizado. Entre las organizaciones en que participaron los anarquistas podemos destacar ISM (International Solidarity Movement), Anarchists Against The Wall, entre otros grupos y colectivos. Las acciones directas y de desobediencia civil fueron principalmente pacíficas pero también hubo momentos en que se tornaron resistencias activas. A partir de la década de 1990, confluyeron otros frentes de lucha como el anticapitalismo, el ecologismo, el feminismo y el queer y las luchas por los derechos de los animales.

No queda atrás tampoco la cuestión nacional, pues en un conflicto de este tipo se ven involucradas las identidades culturales. Desde algunas perspectivas anarquistas, predomina la idea de que el nacionalismo va ligado a una construcción ideológica artificial articulada desde el Estado y por ello hay veces que se omiten estos componentes o son tratados de manera secundaria. Esto genera que las luchas de liberación nacional sin Estado queden ciertamente desatendidas. Es por ello que no se puede concebir a un pueblo sin unas identidades culturales, que para nada tienen por qué ir ligados al Estado-nación. El otro concepto de nación de Rudolf Rocker precisamente trata de esas identidades culturales de un pueblo en base a su historia, territorio, lenguaje, etc. Estas identidades nacionales forjadas desde abajo pueden ser elementos aglutinadores que unan al pueblo en su lucha contra la opresión imperialista. Sin embargo, existe una contradicción en lo que concierne a la lucha palestina y es que muchos palestinos y palestinas están a favor de crear un Estado-nación y en este dilema estamos tratando de resolver. ¿Cómo apoyar la lucha del pueblo palestino contra la ocupación sionista pero sin apoyar la creación de un Estado palestino?

Como anarquistas, sería acertado nuestro apoyo a la causa palestina en su lucha contra Israel, pero tampoco debemos apoyarles desde el paternalismo diciendo qué tienen que hacer y cómo han de luchar. El pueblo palestino sabrá lo que quiere y a pesar de ciertas contradicciones, la solidaridad entre pueblos debería mantenerse. Sin más, animo al lector o la lectora a conocer más de fondo este tema:

Los anarquistas y la cuestión palestina

PD: Agradecería al personal que desease expresarse, no opine en base a mi reseña sino que lo haga tras haber leído el texto.

El proyecto «independentista» desde una perspectiva revolucionaria

Introducción

En los últi­mos años he­mos sido tes­ti­gos de un auge in­de­pen­den­tis­ta en la so­cie­dad ca­ta­la­na, que se ha vi­sua­li­za­do en di­fe­ren­tes mo­vi­li­za­cio­nes ma­si­vas. En Ca­ta­luña ha cul­mi­na­do con el anun­cio de la con­vo­ca­to­ria de un re­feréndum el próximo 9 de no­viem­bre para con­sul­tar a la ciu­da­danía so­bre la for­ma­ción de un Es­ta­do ca­talán.

Este auge ha sido atri­bui­do a dos he­chos prin­ci­pa­les: el aho­go económico por par­te del Es­ta­do español a Ca­ta­luña en for­ma de «es­po­lio» fis­cal y boi­cot a las in­fra­es­truc­tu­ras ca­ta­la­nas, así como los di­fe­ren­tes ata­ques a la len­gua ca­ta­la­na para fa­vo­re­cer la im­po­si­ción he­gemónica del cas­te­llano. Es­tos efec­tos se han he­cho más pa­ten­tes des­de el es­ta­lli­do de la cri­sis económica en el 2007 y des­de la sen­ten­cia del Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal en el 2010 so­bre el Es­ta­tut.

El Es­ta­do español ha ejer­ci­do históri­ca­men­te la for­ma de pro­ce­der intrínse­ca a todo Es­ta­do, es de­cir, el pa­pel de agen­te es­po­lia­dor y aca­pa­ra­dor de re­cur­sos de­ri­va­do de la con­cen­tra­ción de po­der que re­pre­sen­ta y de la le­gi­ti­ma­ción que se le otor­ga, así como el pa­pel de agen­te et­no­ci­da de­ri­va­do de su vo­lun­tad uni­for­ma­do­ra y cen­tra­li­za­do­ra ne­ce­sa­ria para su buen fun­cio­na­mien­to.

Ante el pa­no­ra­ma político-so­cial que se está desa­rro­llan­do en Ca­ta­luña a raíz de este auge in­de­pen­den­tis­ta, di­ver­sas vo­ces des­de los mo­vi­mien­tos so­cia­les han ad­ver­ti­do so­bre la cor­ti­na de humo que este pro­ce­so im­pli­ca: a me­di­da que el des­con­ten­ta­mien­to po­pu­lar se va trans­for­man­do en in­dig­na­ción y ra­bia, las éli­tes bus­can ma­ne­ras de des­viar el foco de aten­ción de los te­mas cla­ve, es de­cir, de las cau­sas es­truc­tu­ra­les y sistémi­cas de la cri­sis, y la desvían a te­mas se­cun­da­rios para neu­tra­li­zar y di­ri­gir las ac­cio­nes del pue­blo. En Ca­ta­luña el ins­tru­men­to de dis­trac­ción más útil está sien­do el in­de­pen­den­tis­mo.

Con ex­pre­sio­nes y vo­ca­blos como «de­re­cho a de­ci­dir», «au­to­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos» o «au­to­go­bierno» se está crean­do un dis­cur­so, tam­bién des­de la su­pues­ta iz­quier­da ra­di­cal, que fa­vo­re­ce la per­pe­tua­ción de las es­truc­tu­ras he­teróno­mas (1) y si­gue pro­mo­vien­do la in­mo­vi­li­dad y la de­le­ga­ción del po­der a la cas­ta política go­ber­nan­te y a las es­truc­tu­ras oligárqui­cas de la «Ad­mi­nis­tra­ción públi­ca». Cree­mos que es im­por­tan­te que que­de cla­ro que cons­truir un Es­ta­do pro­pio no es lle­gar al au­to­go­bierno, y que con­tes­tar un re­feréndum re­dac­ta­do y pro­mo­vi­do por las éli­tes no es ejer­cer nues­tro de­re­cho a la au­to­de­ter­mi­na­ción.

Des­de este tex­to in­ten­ta­re­mos in­da­gar en aque­llo que podría im­pli­car la crea­ción de un Es­ta­do pro­pio para de­ba­tir y ave­ri­guar des­de la base cuál o cuáles es­tra­te­gias que­re­mos se­guir a la hora de cons­truir una so­cie­dad ver­da­de­ra­men­te de­mocrática –de ver­da­de­ro au­to­go­bierno- y ejer­cer con­se­cuen­te­men­te nues­tro de­re­cho de au­to­de­ter­mi­na­ción como pue­blo.

Relación entre Estado y capitalismo

¿Cuál es la razón de ser de la fi­gu­ra del Es­ta­do? Como ya hi­ci­mos re­fe­ren­cia en el «Ma­ni­fies­to No-Si», «el Es­ta­do-nación es un apa­ra­to de do­mi­na­ción y de coer­ción pro­fe­sio­nal que se ins­tauró so­ca­van­do y des­man­te­lan­do las ins­ti­tu­cio­nes real­men­te de­mocráti­cas de la so­cie­dad po­pu­lar tra­di­cio­nal, como el Con­se­jo Abier­to y el Co­mu­nal en la Penínsu­la Ibérica. (…) No hay un solo Es­ta­do en el mun­do que no esté man­cha­do de san­gre, lleno de in­jus­ti­cia, eri­gi­do en base al engaño y a la ex­plo­ta­ción de los se­res hu­ma­nos y la na­tu­ra­le­za».

«Un sis­te­ma de Es­ta­do con eco­nomía de mer­ca­do ca­pi­ta­lis­ta es siem­pre an­titético a la ver­da­de­ra in­de­pen­den­cia: un Es­ta­do su­po­ne, por de­fi­ni­ción, la im­po­si­ción de de­ci­sio­nes al con­jun­to de la po­bla­ción por par­te de una élite política que con­cen­tra la po­tes­tad de man­dar a través de un con­glo­me­ra­do de ins­tan­cias bu­rocráti­cas y oligárqui­cas; una eco­nomía de mer­ca­do su­po­ne, por de­fi­ni­ción, que las de­ci­sio­nes económi­cas fun­da­men­ta­les que­dan en ma­nos de las dinámi­cas de la com­pe­ten­cia mer­can­til y de cada una de las en­ti­da­des em­pre­sa­ria­les pri­va­das. No hay ningún es­ta­do en el mun­do que apli­que ver­da­de­ra­men­te el prin­ci­pio de au­to­de­ter­mi­na­ción i de sub­si­dia­rie­dad, sen­ci­lla­men­te, por­que la des­cen­tra­li­za­ción y la au­to­nomía son an­titéti­cas a la na­tu­ra­le­za del ente es­ta­tal.»(2) Esto im­pli­ca que la lu­cha con­tra el ca­pi­ta­lis­mo y por la au­to­de­ter­mi­na­ción tie­ne que ser siem­pre y en cual­quier caso una lu­cha con­tra el Es­ta­do.

Los Es­ta­dos al­re­de­dor del mun­do bus­can con­ver­tir­se en po­ten­cias económi­cas com­pe­ti­ti­vas den­tro del mer­ca­do in­ter­na­cio­nal. Como sa­be­mos, una de las prin­ci­pa­les ra­zo­nes económi­cas por las cua­les hay tan­tos de­fen­so­res de la crea­ción de un Es­ta­do ca­talán es pre­ci­sa­men­te la alta con­si­de­ra­ción que se tie­ne ha­cia el con­glo­me­ra­do in­dus­trial y em­pre­sa­rial de es­tos la­res, y la atri­bu­ción de su me­nor com­pe­ti­ti­vi­dad a la pre­sión que des­de el Es­ta­do español se hace a es­tas es­truc­tu­ras. Ve­mos en­ton­ces, que el sueño de la ri­que­za y del con­se­cuen­te sub­si­dio es­ta­tal a la so­cie­dad va de la mano del ima­gi­na­rio ca­pi­ta­lis­ta, de la ne­ce­si­dad de cre­ci­mien­to económica y com­pe­ti­ti­vi­dad con el res­to de re­gio­nes del mun­do. Es pa­radójico como el dis­cur­so crea­do con­tra la po­ten­cia im­pe­ria­lis­ta es­ce­ni­fi­ca­da por el Es­ta­do español, aca­ba con­vir­tiéndo­se en un dis­cur­so pro­pio de una po­ten­cia im­pe­ria­lis­ta que re­que­rirá para con­se­guir los fi­nes a los que as­pi­ra de la su­mi­sión de otros pue­blos del mun­do y del es­po­lio de sus re­cur­sos.

Des­de la iz­quier­da in­de­pen­den­tis­ta, in­clu­so de la que se au­to­de­no­mi­na «an­ti­ca­pi­ta­lis­ta» o «so­cia­lis­ta», no han sur­gi­do vo­ces que pro­po­nen un mo­de­lo de es­truc­tu­ra so­cial que vaya más allá de la na­cio­na­li­za­ción de los sec­to­res bási­cos, sin cues­tio­nar­se el fun­cio­na­mien­to ca­pi­ta­lis­ta de sec­to­res como la sa­ni­dad con­ven­cio­nal, la pro­pie­dad pri­va­da o es­ta­tal de los re­cur­sos, el tra­ba­jo asa­la­ria­do o el cre­ci­mien­to económico ne­ce­sa­rio para el man­te­ni­mien­to de un co­rrec­to fun­cio­na­mien­to del mer­ca­do. Es de­cir, sin cues­tio­nar­se en ningún mo­men­to las pa­tas bási­cas del sis­te­ma ca­pi­ta­lis­ta (3), y sin en­trar, la ma­yoría de ve­ces, a de­fi­nir ni si­quie­ra míni­ma­men­te qué se en­tien­de por in­de­pen­den­cia (4). La fal­ta de este análi­sis en pro­fun­di­dad so­bre cómo se tendría que diseñar un Es­ta­do o la or­ga­ni­za­ción de una so­cie­dad para no aca­bar re­pro­du­cien­do las mis­mas dinámi­cas des­truc­to­ras e im­pe­ria­lis­tas con­tra las que lu­cha­mos nos hace pen­sar que es­tos sec­to­res de la iz­quier­da no tie­nen cla­ra la apues­ta por un pro­yec­to real­men­te eman­ci­pa­dor.

Así mis­mo, como ya he­mos vis­to en el de­ba­te so­bre re­for­mis­mo, los dis­cur­sos de la iz­quier­da «ra­di­cal» y de la so­cial­de­mo­cra­cia por los cua­les se de­fien­de el re­torno a un Es­ta­do de bie­nes­tar como el an­te­rior a la cri­sis su­po­nen caer en retórica utópica y a-histórica, ya que el fun­cio­na­mien­to de un Es­ta­do don­de pre­val­ga el asis­ten­cia­lis­mo so­cial iría en con­tra de las dinámi­cas de mer­ca­do in­ter­na­cio­na­li­za­do y a la lar­ga es­taría abo­ga­do al fra­ca­so (5).

El papel del Estado como «garante de la cultura»

Uno de los ar­gu­men­tos prin­ci­pa­les que se es­gri­me en la de­fen­sa de la crea­ción de un Es­ta­do ca­talán es la ne­ce­si­dad de pro­te­ger la cul­tu­ra y len­gua ca­ta­la­na con­tra los ata­ques del im­pe­ria­lis­mo español. Este ar­gu­men­to nos ge­ne­ra mu­chas du­das ya que se pro­po­ne la crea­ción de un Es­ta­do como so­lu­ción; en el caso de la len­gua, no hace fal­ta ir más allá de la Penínsu­la Ibérica para ver ejem­plos de aque­llo que im­pli­ca «ofi­cia­li­zar» o «nor­ma­ti­vi­zar» una len­gua por par­te del Es­ta­do –que mu­chas ve­ces se tra­ta de im­po­ner como ofi­cial el dia­lec­to he­gemónico o de ha­cer una mez­cla ar­ti­fi­cial de dia­lec­tos que no tie­ne con­tra­par­ti­da oral en la so­cie­dad- en per­jui­cio de los otros dia­lec­tos que serán con­si­de­ra­dos subor­di­na­dos o de­ri­va­dos del ofi­cial (6). Esto da lu­gar a una je­rar­qui­za­ción y cen­tra­li­za­ción cul­tu­ral im­pues­ta de for­ma he­terónoma por el ente es­ta­tal. Pero, ¿cuál es la razón de ser de esta es­tra­ta­ge­ma es­ta­tal?

«La pre­ten­sión de que el he­cho na­cio­nal pue­da de­li­mi­tar­se con fron­te­ras es una en­te­le­quia que com­por­ta siem­pre un for­za­mien­to de la reali­dad, mien­tras que la ideo­logía según la cual las es­truc­tu­ras políti­cas han de coin­ci­dir con esas fron­te­ras, es de­cir, la ideo­logía na­cio­na­lis­ta, es una fuen­te inago­ta­ble de in­con­gruen­cias y pro­ble­mas»(7). El pro­yec­to de los Es­ta­dos-na­cio­nes pre­ten­de dis­cre­ti­zar aque­llo que es con­ti­nuo, como si qui­siése­mos pin­tar a cla­pas de co­lo­res un mapa, cuan­do en reali­dad los co­lo­res pa­san pro­gre­si­va­men­te de uno a otro. Esta sim­pli­fi­ca­ción de la reali­dad y la con­se­cuen­te pérdi­da de di­ver­si­dad no co­rres­pon­de a los in­tere­ses de la hu­ma­ni­dad; sólo en­cuen­tra ex­pli­ca­ción como con­se­cuen­cia de los di­ver­sos pro­yec­tos de Es­ta­do-nación, que a su vez es­con­den los in­tere­ses de unas éli­tes de­ter­mi­na­das y to­davía más al fon­do las dinámi­cas de un sis­te­ma de or­ga­ni­za­ción so­cial per­ni­cio­so (8).

El Es­ta­do se con­vier­te en la ma­te­ria­li­za­ción de la co­mu­ni­dad ima­gi­na­ria que su­po­ne la nación, or­ga­ni­za­da y fo­men­ta­da de tal ma­ne­ra para que coin­ci­da con el te­rri­to­rio que se quie­re de­li­mi­tar y do­mi­nar para una me­jor ges­tión de la es­truc­tu­ra es­ta­tal. «El sis­te­ma edu­ca­ti­vo y mediático es­ti­rará y ejer­ci­tará, des­de la in­fan­cia, a cada uno en este uni­ver­sa­lis­mo frac­tal y na­cio­na­lis­ta. Cada in­di­vi­duo pen­sará en los térmi­nos de los ob­je­tos so­cia­les del po­der y se iden­ti­fi­cará so­bre ellos has­ta el pa­ro­xis­mo. La razón de Es­ta­do, razón al fin del Es­ta­do na­cio­nal, podrá en­ton­ces con­fun­dir­se con la razón de­mocrática y sólo ella será so­cial­men­te ra­zo­na­ble»(9).

Echa­mos de me­nos, en cam­bio, des­de mu­chas vo­ces de la iz­quier­da in­de­pen­den­tis­ta y de la iz­quier­da en ge­ne­ral, una de­nun­cia explícita al im­pe­ria­lis­mo que más mal ha he­cho y hace a la cul­tu­ra po­pu­lar de nues­tras tie­rras: el mo­de­lo de vida con­ver­ti­do en he­gemónico ba­sa­do en el con­su­mis­mo, el tra­ba­jo asa­la­ria­do, la pérdi­da de los co­no­ci­mien­tos po­pu­la­res, la ato­mi­za­ción de las vi­das, la fa­mi­lia nu­clear, el ocio pa­si­vo, etc. El mo­de­lo de vida co­no­ci­do como «the ame­ri­can li­festy­le», de­fen­di­do y pro­te­gi­do cada vez más por prácti­ca­men­te to­dos los Es­ta­dos del mun­do ya que im­pli­ca una con­di­ción ne­ce­sa­ria para el buen fun­cio­na­mien­to de la eco­nomía de mer­ca­do en la que nos en­con­tra­mos im­bui­dos.

Ve­mos así, que la única de­fen­sa ver­da­de­ra y explícita de la cul­tu­ra po­pu­lar y de la len­gua pro­pia es la que da en el mar­co del pro­yec­to re­vo­lu­cio­na­rio, de la crea­ción de co­mu­ni­da­des li­bres y de­mocráti­cas, que va­yan en con­tra de la na­tu­ra­le­za uni­for­ma­do­ra y ani­qui­la­do­ra de la di­ver­si­dad que re­pre­sen­tan los Es­ta­dos.

La de­mo­cra­cia como ho­ri­zon­te

Ante las vi­ci­si­tu­des que se nos pre­sen­ta en el con­tex­to en el que vi­vi­mos, nos en­con­tra­mos con el reto histórico de de­di­car nues­tras fuer­zas a idear, cons­truir y «des­truir cons­tru­yen­do» (10) una so­cie­dad ver­da­de­ra­men­te de­mocrática don­de po­da­mos aca­bar con los ma­les que azo­tan al mun­do, como las de­sigual­da­des, la do­mi­na­ción, la po­bre­za y la vio­len­cia, e ir ci­men­tan­do las ba­ses para or­ga­ni­zar­nos de acuer­do con los va­lo­res que que­re­mos como ejes trans­ver­sa­les de nues­tras re­la­cio­nes y de nues­tras vi­das, como la igual­dad, la au­to­nomía, la paz y la li­ber­tad.

Es esta con­cu­rren­cia de in­ten­cio­nes la que nos tie­ne que ha­cer unir fuer­zas en­tre to­das las per­so­nas que es­ta­mos lu­chan­do por la con­se­cu­ción de es­tos ob­je­ti­vos. Por esto un análi­sis en pro­fun­di­dad de las di­fe­ren­tes es­tra­te­gias que se plan­tean des­de los mo­vi­mien­tos que quie­ren trans­for­mar la so­cie­dad es pri­mor­dial en los mo­men­tos que es­ta­mos atra­ve­san­do en Ca­ta­luña.

Aten­dien­do a la his­to­ria, ve­mos que to­das las es­tra­te­gias re­for­mis­tas-so­cial­demócra­tas, in­clui­das las que han im­pli­ca­do la crea­ción de nue­vos Es­ta­dos, siem­pre han es­ta­do ba­sa­das en es­truc­tu­ras y dinámi­cas he­teróno­mas. Además, la crea­ción de un nue­vo Es­ta­do com­por­ta el pe­li­gro de que se vuel­van a le­gi­ti­mar –como ya está su­ce­dien­do a raíz de ini­cia­ti­vas como el Pro­ce­so Cons­ti­tu­yen­te (11) o el re­feréndum por la in­de­pen­den­cia- las es­truc­tu­ras de con­cen­tra­ción de po­der. Este sería un fenómeno pa­re­ci­do al que se pro­du­jo du­ran­te la «Tran­si­ción» española. Al pa­sar del régi­men dic­ta­to­rial fran­quis­ta a un régi­men de «de­mo­cra­cia» re­pre­sen­ta­ti­va, el Es­ta­do ganó au­to­ri­dad y pudo man­te­ner prácti­ca­men­te in­tac­tas to­das las es­truc­tu­ras le­ga­les de es­po­lio del pue­blo. Los mo­vi­mien­tos so­cia­les se re­la­ja­ron y con­fia­ron en el apa­ra­to político para so­lu­cio­nar los pro­ble­mas, de ma­ne­ra que el Es­ta­do pudo re­du­cir su ni­vel de re­pre­sión, lle­gan­do a co­tas cada vez más per­fec­cio­na­das y su­ti­les en los méto­dos de do­mi­na­ción y ejer­ci­cio del po­der.

Así mis­mo, se re­pi­te de for­ma dogmática que un Es­ta­do más pe­queño es por de­fi­ni­ción un Es­ta­do más de­mocrático y más ac­ce­si­ble a la so­cie­dad. Sa­be­mos que la fi­gu­ra es­ta­tal, sea cual sea su tamaño, es intrínse­ca­men­te an­ti­de­mocrática des­de el mo­men­to en que hay un sec­tor de la po­bla­ción que os­ten­ta el po­der y un sec­tor de la po­bla­ción el po­der del cual se li­mi­ta a un voto cada cua­tro años para es­co­ger quiénes serán sus «re­pre­sen­tan­tes». Res­pec­to a la ac­ce­si­bi­li­dad, no se pue­de de­mos­trar que esta afir­ma­ción cons­ti­tu­ya una con­di­ción ne­ce­sa­ria para lle­gar a una ver­da­de­ra de­mo­cra­cia, aún más cuan­do se rea­li­za sin acom­pañarse de ningún otro ar­gu­men­to – ¿es un Es­ta­do de 8.000.000 ha­bi­tan­tes su­fi­cien­te­men­te pe­queño para ha­cer­lo sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te más ac­ce­si­ble? ¿Cómo podríamos in­fluir real­men­te en las de­ci­sio­nes del Es­ta­do si este está so­me­ti­do a mu­chos otros fac­to­res que im­po­si­bi­li­tan que las políti­cas so­cia­les sean fac­ti­bles? Etc.

Sa­bien­do todo esto, ¿cuál es la es­tra­te­gia que con­si­de­re­mos más im­por­tan­te a de­fen­der? Aque­lla que su­pon­ga una sub­ver­sión de to­das las es­truc­tu­ras an­ti­de­mocráti­cas del sis­te­ma y que for­man par­te de las cau­sas últi­mas de la cri­sis mul­ti­di­men­sio­nal que es­ta­mos su­frien­do: el Es­ta­do, la pro­pie­dad pri­va­da de los re­cur­sos, el tra­ba­jo asa­la­ria­do, el cre­ci­mien­to económico, la ato­mi­za­ción de las per­so­nas y los va­lo­res que acom­pañan, como el egoísmo, la com­pe­ti­ti­vi­dad, el odio, el nihi­lis­mo o la apatía ge­ne­ra­li­za­da. Por esto, abo­ga­mos por una re­vo­lu­ción in­te­gral, que, como bien se ha de­fi­ni­do con­sis­te en un «pro­ce­so de sig­ni­fi­ca­ción histórica para la cons­truc­ción de una nue­va so­cie­dad au­to­ges­tio­na­ria, ba­sa­da en la au­to­nomía y la abo­li­ción de las for­mas de do­mi­na­ción vi­gen­tes (…). Im­pli­ca una acción cons­cien­te, per­so­nal y co­lec­ti­va, para la me­jo­ra y la re­cu­pe­ra­ción de las cua­li­da­des y los va­lo­res que nos ca­pa­ci­ten para una vida en común. Al mis­mo tiem­po, im­pli­ca la cons­truc­ción de nue­vas for­mas y es­truc­tu­ras or­ga­ni­za­ti­vas en to­dos los ámbi­tos de la vida que ga­ran­ti­cen igual­dad de de­ci­sión y equi­dad en la co­ber­tu­ra de las ne­ce­si­da­des vi­ta­les»(12).

Este ca­mino ha­cia la re­vo­lu­ción lo me­di­mos en gra­dos de au­to­nomía a la hora de de­fi­nir nues­tra es­tra­te­gia: aque­llos mo­vi­mien­tos o ac­cio­nes que nos acer­quen más ha­cia una vida autónoma y ha­cia una men­ta­li­dad autónoma serán los pa­sos que nos es­tarán acer­can­do más a una re­vo­lu­ción in­te­gral. En cam­bio, los pa­sos que nos so­me­tan más a es­truc­tu­ras he­teróno­mas o que le­gi­ti­men más es­tas es­truc­tu­ras, serán pa­sos que nos ale­jarán de la re­vo­lu­ción. Las lu­chas tácti­cas y pun­tua­les para evi­tar que el Es­ta­do y el sis­te­ma nos res­trin­jan cada vez más los de­re­chos y nos de­jen cada vez más desam­pa­ra­dos las ha­re­mos siem­pre des­de una pers­pec­ti­va re­vo­lu­cio­na­ria, im­pug­nan­do la na­tu­ra­le­za no de­mocrática de es­tas ins­ti­tu­cio­nes y de­fen­dien­do la ne­ce­si­dad de crear nue­vas que sean au­to­ges­tio­na­das y ver­da­de­ra­men­te de­mocráti­cas (13).

No obs­tan­te todo lo ex­pues­to an­te­rior­men­te, mu­chos de­fen­so­res de la crea­ción de un Es­ta­do pro­pio nos re­cuer­dan la im­por­tan­cia de dar peso a las ne­ce­si­da­des bási­cas de la so­cie­dad. Por esto hace fal­ta una es­tra­te­gia re­vo­lu­cio­na­ria que se base en gran me­di­da en la prácti­ca au­to­ges­tio­na­ria, sa­can­do re­cur­sos del sis­te­ma para de­di­car­los a la re­vo­lu­ción. Esto se ma­te­ria­li­za en for­ma de di­ne­ro in­ver­ti­do en pro­yec­tos re­vo­lu­cio­na­rios, co­lec­ti­vi­za­cio­nes de tie­rras, au­to­ges­tión de los re­cur­sos na­tu­ra­les, crea­ción de es­cue­las au­to­ges­tio­na­das y de me­dios de co­mu­ni­ca­ción autóno­mos, li­be­ra­ción del tra­ba­jo asa­la­ria­do para de­di­car el tiem­po a prácti­cas re­vo­lu­cio­na­rias, etc. Si cons­trui­mos nues­tras pro­pias es­cue­las no he­mos de su­frir por la im­po­si­ción del cas­te­llano en las au­las es­ta­ta­les. Si crea­mos un es­pa­cio de co­mu­ni­ca­ción po­pu­lar no nos afec­tan los cie­rres de las emi­so­ras que emi­ten en ca­talán. Si cons­trui­mos re­des de apo­yo mu­tuo, y nos or­ga­ni­za­mos para te­ner abas­to a los ali­men­tos, a la vi­vien­da y a otros ser­vi­cios bási­cos, no ne­ce­si­ta­mos un Es­ta­do que nos pro­por­cio­ne es­tos ser­vi­cios ni te­ne­mos que in­dig­nar­nos por la in­jus­ti­cia de unos im­pues­tos que no pa­ga­mos. En el caso de que nos en­con­tre­mos in­mer­sos en lu­chas den­tro de las ins­ti­tu­cio­nes del sis­te­ma es­ta­ble­ci­do –es­cue­las «públi­cas», sa­ni­dad «públi­ca», trans­por­te «públi­co», etc- in­ten­ta­re­mos siem­pre con­du­cir­las ha­cia el máximo de au­to­ges­tión y auto-or­ga­ni­za­ción y co­nec­tar­las con la trans­for­ma­ción ne­ce­sa­ria de la glo­ba­li­dad de la so­cie­dad.

Sa­be­mos que el ca­mino es lar­go y ar­duo y las energías son li­mi­ta­das; por esto apos­ta­mos por una es­tra­te­gia que nos acer­que tan­to como sea po­si­ble a la au­to­nomía en to­dos los ámbi­tos de nues­tras vi­das, mi­ni­mi­zan­do aque­llas ac­cio­nes que pue­dan po­ner­se en con­tra de nues­tros ob­je­ti­vos y ma­xi­mi­zan­do el diálogo en­tre to­das las vo­ces que par­ti­ci­pa­mos en este es­ce­na­rio para au­nar las fuer­zas y cons­truir so­bre la base del apo­yo mu­tuo, el es­fuer­zo, la con­vi­ven­cia y la de­mo­cra­cia.

(1)Del grie­go «he­te­ro» otro, y «no­mos» ley. Que la ley sea im­pues­ta por al­gu­na otra per­so­na que no sea uno mis­mo. ↑

(2)Grup de Re­fle­xió per a l’Au­to­no­mia: «Manifest pel No-Si». ↑

(3)Para in­da­gar más so­bre la re­la­ción en­tre ca­pi­ta­lis­mo y Es­ta­do, ver Ro­dri­go Mora, Félix: «Es­tu­dio del Es­ta­do», y Fo­to­po­ulos, Ta­kis: «Crisis multidimensional y Democracia Inclusiva». ↑

(4)Un ejem­plo de esto sería la cam­paña «Independència per canviar-ho tot», don­de no se hace en ningún mo­men­to re­fe­ren­cia explícita a qué im­pli­caría esta in­de­pen­den­cia, y las po­cas re­fe­ren­cias que se ha­cen (so­be­ranía económica, na­cio­na­li­za­ción sec­to­res es­tratégi­cos, bue­nas con­di­cio­nes de tra­ba­jo, etc.) si­guen la línea re­for­mis­ta de no cues­tio­nar­se en pro­fun­di­dad las pa­tas del sis­te­ma es­ta­tal ca­pi­ta­lis­ta. ↑

(5)Para más in­for­ma­ción so­bre este tema, leer el tex­to so­bre el de­ba­te del re­for­mis­mo. «Un caso ilus­tra­ti­vo de esto es el pro­yec­to de Uni­dad Po­pu­lar de Chi­le (1970-1973), don­de unas re­for­mas de­ma­sia­do am­bi­cio­sas lle­va­ron al país a una si­tua­ción de ex­tra­or­di­na­ria ines­ta­bi­li­dad económica (…)». ↑

(6)Un ejem­plo sería el eus­ke­ra ba­tua en el País Vas­co, len­gua ar­ti­fi­cial ofi­cia­li­za­da crea­da me­dian­te los dia­lec­tos cen­tra­les del eus­ke­ra que pro­vocó mu­cho re­cha­zo por for­zar des­de las ins­ti­tu­cio­nes «públi­cas» el apren­di­za­je de una len­gua sin uso oral en de­tri­men­to del res­to de dia­lec­tos con­cu­rren­tes en cada región, he­cho que ha ten­di­do a uni­for­mar la gran ri­que­za lingüísti­ca pro­pia del País Vas­co. Otro ejem­plo a ni­vel del Es­ta­do español son las ex­pre­sio­nes co­no­ci­das como «vul­ga­ris­mos» de la len­gua cas­te­lla­na, añadien­do una con­no­ta­ción de pa­la­bra «mal di­cha» a ex­pre­sio­nes pro­pias de mu­chas re­gio­nes de la pe­ri­fe­ria pe­nin­su­lar. Des­de los de­no­mi­na­dos «Países Ca­ta­la­nes» ve­mos una ten­den­cia a la mis­ma es­tra­te­gia je­rar­qui­za­do­ra, es­ta­ble­cien­do como ofi­cial el ca­talán cen­tral de la pro­vin­cia de Bar­ce­lo­na, y to­das las demás va­ria­cio­nes y dia­lec­tos, como el va­len­ciano, el ma­llor­quín o el ga­rro­txí, como de­ri­va­dos de este. ↑

(7)Grup de Re­fle­xió per a l’Au­to­no­mia: «Manifest pel No-Si». ↑

(8)La razón de ser del es­pe­ran­to y su re­la­ción con la tra­di­ción anar­quis­ta es muy sig­ni­fi­ca­ti­va para en­ten­der la re­la­ción que hay en­tre las len­guas y los Es­ta­dos. El es­pe­ran­to se con­si­de­ra una len­gua neu­tra que no fo­men­ta ningún im­pe­ria­lis­mo lingüísti­ca de una nación so­bre otra. En con­tra­po­si­ción nos en­con­tra­mos con que la len­gua vehi­cu­lar a ni­vel in­ter­na­cio­nal ac­tual­men­te es el inglés, len­gua del im­pe­rio an­glo­ame­ri­cano. ↑

(9)Dké, Antón: «La diferencia entre pueblo y nación». ↑

(10)Tsiou­mas, Aris: «Anarquismo social, una corriente de futuro». ↑

(11)Dal­mau, Blai: «Procés Constituent o Revolució Integral?»↑
http://integrarevolucio.net/ca/revoluci … -integral/

(12)Para más in­for­ma­ción so­bre este tema, leer el tex­to so­bre el de­ba­te del Es­ta­do de bie­nes­tar. ↑

Acuerdo sobre fecha y pregunta en la consulta catalana: oxígeno para CiU

Nota Regeneración: Una vez más, publicamos un texto de Lucha Internacionalista. No precisamente por compartir todas sus ideas políticas, sino por alimentar el debate en la esfera anarquista sobre temas tan complejos como soberanía y nacionalismo. Esperamos que os sirva para reflexionar sobe dichas cuestiones.

Han salido fecha y preguntas. No entraremos en el contenido de la pregunta ni en la fecha –ninguna de las dos son las nuestras, la primera por confusa, la segunda por tardía-. La reacción fue inmediata, el PP la vetaba y el PSOE le apoyaba ratificando su posición contra el derecho de autodeterminación y, con la cabeza del Gobierno central por delante, aseguran que impedirán toda consulta. Y ¿entonces? Mas contesta, que si no le dejan no la hará y convocará elecciones en el 2016. Es decir, que en el acuerdo no hay un compromiso real de hacer la consulta. Millones han gritado autodeterminación e independencia, Mas nos quiere dar elecciones –tras 3 años más de su gobierno- a cambio de consulta, es decir, gato por liebre.

¿Por qué entonces toda la teatralización de la firma si detrás no hay el compromiso y un acto de soberanía? Porque CiU necesita tiempo, tiempo para aplicar los presupuestos de las privatizaciones contra los trabajadores/as, tiempo para intentar cambiar las encuestas y aparecer liderando una lucha contra el estado que de hecho ya ha dado por perdida… pero la foto con ERC, IC/EUiA y la CUP tras Mas avala esta maniobra, le da credibilidad y vale su peso en oro. ERC la utiliza para justificar su apoyo a unos presupuestos que imponen las medidas dictadas desde el Estado y la UE al servicio de los bancos y la deuda y contra los sectores populares. Pero la CUP-AE ha vuelto a perder la oportunidad de definir un perfil propio para explicar en la calle por qué el pacto no responde a la exigencia de tres años de movilizaciones masivas, sino que lo aleja y lo supedita a legalismos imposibles.

Habíamos dicho que diciembre era un mes crucial porque en una situación de extrema debilidad el Gobierno tenía que cerrar presupuestos y aprobar fecha y pregunta. ERC se ofrecía a intercambiar los cromos, reforzando el Gobierno y su política económica, a cambio de cualquier migaja que apaciguara sus bases. Nosotros apostábamos para que la lucha decidida y contundente en el sector público rompiera esta compra-venta de recortes por el hipotético avance de la autodeterminación, empujando ambas luchas adelante. No ha sido así, y el cambio de cromos se ha llevado a cabo con las mayores ventajas para la burguesía catalana que incluso recompone la división interna en CiU.

No sorprenden, en este marco, las muchas indefiniciones sobre la respuesta a las preguntas pactadas. Unió dice que no sabe que votará en el segundo apartado, cuando ha repetido por activa y por pasiva que no quiere la independencia… pero el tiempo juega a su favor. IC-EUiA, por boca de Herrera ya ha dicho que la fecha, “…podría variar según cual sea la reacción del Gobierno central: No todo depende de nosotros» (El Periódico, 13/12/13) y que la respuesta a la segunda parte la definirá “según «el escenario» que haya sobre la mesa el 9 de noviembre del 2014. Es decir, de si hay alguna oferta firme por parte de Madrid. «La pelota está en el tejado del Estado», ha dicho”. (Ara 13/12/13). Más claro el agua: ningún compromiso en la fecha y se apuntan a cualquier cambio de escenario de un estado monárquico que niega la autodeterminación… ¿Se están apuntando a la reforma constitucional del PSOE? El régimen monárquico, el que niega la autodeterminación –y que si es por el PSOE, la seguirá negando- ¿puede convertirse en un régimen democrático con el que, o dentro del que, Cataluña puede ser soberana y federarse?.

No hay derecho a decidir sin movilización ni sin la clase obrera catalana

La pelota no está en el tejado de la Monarquía y los partidos del régimen que ya han dicho qué harán. La pelota donde realmente está es en el tejado del movimiento popular que forzará o no la consulta que viene exigiendo, que sigue negando el estado y que tampoco garantiza la mayoría parlamentaria que acordó fecha y consulta. No pueden haber dudas: hay que exigir el derecho de autodeterminación y enfrentar la política económica y social del Gobierno de Mas. Hay que hacer justo lo contrario de lo que hace ERC: no se paga con hambre y recortes el derecho nacional. Se enfrentan unos a la vez que se defiende el otro. Un estado es un instrumento de dominio de clase e históricamente la burguesía catalana siempre ha puesto por delante ese dominio a los derechos nacionales: aunque no le guste, necesita el aparato del estado español para reprimir los trabajadores y trabajadoras (por eso apoyó por ejemplo la reforma laboral, los presupuestos o ahora la seguridad privada) y por eso tira del hilo sin querer romper al cuerda.

No habrá autodeterminación sin la clase obrera catalana, en buena parte alejada de la lucha por los derechos nacionales, pero duramente castigada por el impacto de la crisis y las políticas de los gobiernos patronales. Por eso no hay peor aliado para convencerla que presentarnos en bloque detrás de Mas. Las direcciones de CCOO y UGT declararon que defienden el derecho a decidir y Álvarez añade que también quiere el derecho a decidir las políticas económicas. Más allá que lo hagan dentro del juego institucional y den aire al gobierno, les tomamos la palabra. Hace falta que sus afirmaciones se acompañen de hechos: hace falta que lleven ese debate comité a comité, sección sindical a sección sindical, para retomar la lógica de los años 70, cuando trabajadores y trabajadoras supieron ver que su lucha, por derechos salariales y laborales o contra los despidos, iba de la mano del derecho democrático del pueblo catalán. Hoy esto es doblemente importante, cuando -aprovechando la crisis del PSC- C’s intenta consolidarse en los cinturones industriales con el discurso del nacionalismo español opresor y amenazando con choques violentos cuando Cañas afirma “Os montaremos un Ulster que hueso vais a cagar” (Directa, 22/11/13). Hay que desmontar este intento de división, y llevar la defensa del derecho nacional de la mano de la lucha contra EREs, recortes, despidos y rebajas salariales… y como decíamos ante los presupuestos, para que también se consulte a los trabajadores y las trabajadoras si queremos pagar la deuda a bancos y entidades financieras, antes de que resolver las necesidades sociales. Es esencial que la clase obrera catalana sea parte del proceso hacia la autodeterminación, porque si no éste no será, y también porque es la única garantía de que se vaya más lejos y se aborde el modelo económico y social.

Por un frente estatal sindical y político que defienda el derecho a la autodeterminación de Cataluña y las naciones sometidas por la Monarquía.

La pregunta y la fecha polarizan el enfrentamiento entre el estado y Cataluña. Somos internacionalistas y estamos convencidos que el derecho de autodeterminación en Cataluña, no se conseguirá sólo desde Cataluña, sino que cómo en tantos otros conflictos, se resuelve por la determinación de un pueblo y el apoyo de los demás pueblos que sufren al mismo gobierno opresor. Las movilizaciones históricas del pueblo ruso en defensa de la libertad de Lituania en 1991 o del yanqui contra su gobierno en la guerra de Vietnam, son ejemplos decisivos. Entonces, empezando por los dirigentes catalanes de CCOO y UGT: ¿llevarán a sus órganos estatales la propuesta de que se posicionen por el derecho a la autodeterminación de Cataluña? Sería esencial que lo hicieran. También el SAT, LAB, la CIGA…. y las organizaciones y movimientos. Es el momento de que se cree un frente de organizaciones políticas y sindicales a nivel estatal, en favor de que los catalanes/as y las demás naciones sometidas, puedan ejercer su derecho de autodeterminación. Porque, si este avanza en Cataluña, con el apoyo obrero y popular del resto del estado, el régimen monárquico y el gobierno pro burgués de turno –que no son sólo enemigos de los derechos democráticos de los catalanes sino de los trabajadores y trabajadoras de todo el territorio-, será más débil y habrá más posibilidades de, juntos, tumbar la estaca a la que estamos todos atados.

María Esther del Alcázar

Lucha Internacionalista

Moción de la CUP-AE en el Parlament de Catalunya

** La Colectividad **

Lo expresado en este artículo no tiene por qué corresponderse con las ideas libertarias que guían la línea editorial de nuestra publicación Regeneración, ni así como con mis ideas propias. Si publico la siguiente colaboración que nos ha sido enviada es por fomentar el debate existente alrededor de los problemas del nacionalismo y la democracia representativa.

Moción de la CUP-AE en el Parlament de Catalunya para garantizar la consulta unilateral si el Estado la niega y PARA pedir una pregunta clara

A veces decir mucho no quiere decir comunicar mucho. Pero otras veces, con una votación corta y concreta se comunica mucho más. Este es el mérito que hay que reconocer a los diputados de la CUP-AE en el pleno del Parlament de Catalunya del pasado 7 de noviembre. Pusieron sobre la mesa, con una propuesta de resolución, lo que pidió la gente en la pasada Diada del 11 de setiembre mediante la Vía catalana: lo que a finales de octubre las encuestas de la AMI medían: un 82% de catalanes piden la consulta y que se pregunte claramente por la independencia. Y casi la mitad dice que se haga con o sin permiso del Estado. Y en el Parlament las cosas quedaron muy claras: CiU votó en contra con PP, PSOE y C’s y ERC y ICV-EUIA (con matices) apoyaron la propuesta de la CUP-AE.

El diputado Bonvehí –de CiU- empezó pidiendo que la CUP-AE retirara su propuesta de resolución porque “no tocaba”, y porque «La única explicación que se le podría dar ( a la propuesta de la CUP-AE) es que parece que se quiera dejar en evidencia al grupo de CiU». Está claro que CiU se pone en evidencia porque puestos a elegir entre el derecho de autodeterminación y las relaciones con el Estado,… acaba votando con el centralismo.

Queda el otro frente: ERC, ICV-EUiA y la CUP-AE. Nos alegra la decisión de ERC de dar una respuesta clara y firme a lo que pedía la Vía Catalana a pesar de que parece contradictorio con su apoyo al gobierno de Artur Mas a cambio de decidir una fecha determinada y una pregunta que, si no lo acepta el Estado –como decía la moción de la CUP-AE del 7- CiU, no tiene clara… En cambio ERC ya ha pagado el precio del acuerdo con CiU –entre otros- con el silencio ante el asunto represivo y la aceptación de las “balas de no-goma”. Si además votan los presupuestos anteponiendo los intereses de la banca a las necesidades sociales, dejarán pocas perspectivas a quienes sufren recortes y ven como tienen que seguir pagando también para llegar a una consulta que no está garantizada…

ICV-EUiA también pidió la retirada de la propuesta de resolución de la CUP-AE, a pesar de que votó a favor de la consulta unilateral si no había acuerdo con el Estado. Pero, ¿ a qué responde su abstención respeto a la claridad de la pregunta? No es una abstención menor. ¿No tiene claro que hay que dar una opción clara a los y las catalanas para que se pronuncien sobre si quieren romper con el régimen monárquico o no? Si la clave es la ruptura o no, la única forma de saberlo es preguntar; independencia sí o no. No hay otra forma jurídica que permita una opción clara.

Nosotros, Lucha Internacionalista, no somos independentistas, pero tenemos claro que es la única opción de ruptura. Y esto no significa que en un panorama político diferente, con un régimen diferente donde los pueblos se pudieran autodeterminar, etc… propondríamos una federación de repúblicas, que nosotros querríamos socialistas. Pero no hay que complicar la pregunta, porque la gente no puede votar escenarios idílicos que paralicen la lucha, porque esto sólo favorece a la reacción, hoy el estado monárquico. Para nosotros, “la unidad” no está por encima de la libertad. Queremos la unidad de los trabajadores/as y de los pueblos libres, y esto significa preguntarles qué quieren hacer hoy ante la situación actual… Sólo después, en la nueva situación creada, hará falta otras preguntas, tomar más decisiones, … en un proceso de lucha democrática, no sólo nuestro, sino de los otros trabajadores y pueblos del estado. O ¿es que tienen dudas si el camino pasa por alguna reforma futura de la constitución? O ¿por algún otro vínculo con el mismo régimen monárquico al quien dieron vida en el periodo de la Constitución de 1978? Insistimos, preocupa y mucho que ICV-EUiA primero quisiera ahorrarse el votar la moción y que después se abstuvieran en la parte de la pregunta.

Hemos empezado felicitándonos de la iniciativa de la CUP-AE para poner blanco sobre negro ante los ojos de la gente, las diferentes opciones políticas ante en el tema de la consulta. Queda por ver cuál cómo serà la movilización de respuesta que ha de ser,como siempre, determinante si el Parlamento no fija finalmente el día de la consulta y una pregunta clara, sin condicionantes… Esperamos la CUP-AE actúe de la misma manera. Con la misma determinación y la misma claridad con la tramitación de los presupuestos de la Generalitat para 2014 .

Mª Esther del Alcázar y Fabregat
Militante de Lucha Internacionalista

Territorio, dominaciones y Anarquía

La cuestión nacional en el medio anarquista ibérico(1) es un tema que se debate entre la repetición mecánica de consignas y el seguidismo de corrientes leninistas. Ni lo uno ni lo otro supone herramientas teóricas ni prácticas que nos estén sirviendo para tomar posiciones efectivas y a propagar la lucha contra toda dominación a la vida real.

La “cuestión nacional”, lejos de ser un complemento circunstancial del capitalismo o una simple cortina de humo de algún político, lleva en su interior una cuestión mucho más compleja a la que nuestra practica inercial de movimiento no se está enfrentando abiertamente y es la cuestión del territorio y la cuestión identitaria. Son cuestiones cruciales.

La primera, la cuestión territorial es fundamental en el desarrollo de una teoría y una práctica revolucionaria pues el territorio es la base material del proceso de ruptura, entendiendo el territorio como las relaciones entre un medio natural y su población humana (2). La segunda, la cuestión identitaria es un tema tabú en el anarquismo, siempre despreciado por no entrar en los esquemas mentales clásicos o que se llevan en el movimiento. La identidad es la condición psicológica con la que se identifica un grupo humano y que permite que ese grupo humano pueda definirse diferenciadamente. Las identidades vinculadas al territorio o a la pertenencia a un pueblo es un hecho social e histórico y que por el desarrollo social e histórico que vivimos aparecen vinculadas inevitablemente a la dominación (3). La identidad territorial es el sustrato sobre el que se edifican los enormes engaños que la clase dominante utiliza para dividir a las clases dominadas.

Entrando en materia, los dos sistemas de dominación a los que nos enfrentamos a día de hoy que nos plantean retos en la cuestión territorial e identitaria son principalmente 2: el Estado y el Capitalismo industrial.

1º Estado, territorio e identidad.

El análisis de cómo los estados modernos se han servido del sustrato cultural de los pueblos para frenar la lucha de clases e impedir la destrucción comunista de los estados ha sido ampliamente estudiado en textos clásicos. Sin embargo, en este texto se va a presentar una esquematización del proceder estatista con respecto al territorio y a la identidad basándonos en el texto L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista” de Xabier Oliveras. En él se nos explica como el uso del sustrato emocional de la identidad territorial ha sido utilizado para la construcción de entes estatales a la europea. En este sentido la caracterización con respecto a identidades y territorios de un ente estatal pasa por 5 puntos:

1º todo el territorio y toda la población debe estar asignada en un ente.

2º no deben existir dobles asignaciones, cada territorio y cada población sólo debe pertenecer a un ente.

3º cada ente debe ser homogéneo tanto en su territorio como en su población.

4º los entes se dividen y diferencian mediante el concepto de Frontera.

5º todo ello se debe revestir de justificación científica y natural.

La obra y la crítica tradicional del anarquismo se dirige al nacionalismo como justificación del estado, que sería la 5º característica descrita aquí de los estados modernos. En este sentido, la obra más reseñable por lo riguroso y lo completo del estudio es “Nacionalismo y Cultura” de Rudolf Rocker. En ella encontramos una diferenciación entre Pueblo y Nación(4) que es uno de los matices importantes en las diversas discusiones entre ramas del socialismo y que siempre llevan a equívoco. Para Rocker la nación es un sujeto político separado del pueblo, que es el sujeto natural. Vemos sin embargo como otros autores clásicos, como Bakunin, utilizan los términos nación y patria en el sentido que Rocker da tan solo a pueblo(5). La contradicción es puramente terminológica, ambos entienden que existen colectivos humanos formados de forma natural y que es sobre estos colectivos existentes sobre los que se deben dar las condiciones para una revolución social. Hecha esta aclaración debería quedar claro que ninguna corriente anti-estatista ha querido utilizar el término nación para la legitimación ideológica de algún estado nacional liberal, fascista, socialdemócrata o leninista. Lo que en general el anarquismo siempre ha admitido y defendido es la radical separación entre el “pueblo” y los estados que justifican su existencia en las naciones vinculadas artificialmente a esos “pueblos”.

Por otro lado la naturaleza intrínsecamente dominante, autónoma de otras dominaciones y auto-perpetuadora del Estado está ampliamente estudiada en la obra de otros autores como Bakunin, Kropotkin o Capeletti.

En suma, podemos encontrar que el anarquismo tiene un amplio bagaje de crítica contra el Estado como entidad vinculada al territorio y las identidades.

2º Capital, territorio e identidad.

La relación entre el Capital, el territorio y la identidad ha tenido varias fases. La primera fase ha sido la que se ha desarrollado hasta la segunda mitad del siglo XX, en la que el capital se relacionaba con el territorio y las identidades mediante la instrumentalización de Estados, por lo que no había fuertes contradicciones entre la práctica estatal y la capitalista. Esta relación es la que dio lugar al imperialismo y a su respuesta en los movimientos de liberación nacional, que empiezan a marcar cierta distancia entre el capital y el sistema de estados-nación dado que estos movimientos eran principalmente estatistas. Aparecen aquí  contradicciones entre los intereses de Estado y Capital, contradicciones cuyo único resultado ha sido una dominación más perfeccionada.

Sin embargo el principal factor que marca a día de hoy la relación entre el territorio y el capital no es su relación con los estados sino su relación con la “Industria”. Se entiende en este texto que la industria es un sistema de tecnificación de la realidad basado en una ideología “industrialista” y que se presenta como sistema de dominación en sí mismo con cierta autonomía con respecto al Capital aunque opera bajo la forma de este (6). Esta afirmación y este análisis si bien no supone un amplio consenso en el movimiento anarquista, se va a asentando y extendiendo mediante la crítica llamada antidesarrollista. Así pues, la Industria, el Desarrollismo, han ido imponiendo su ideología tecnificadora en el territorio deformando tanto el medio como a las poblaciones. La época de la Globalización ha supuesto el paradigma práctico de lo que este desarrollismo implica: una red mundial de megápolis interconectadas por las telecomunicaciones, la energía y materia abundantes y la mano de obra deslocalizable. Frente a las megápolis enormes extensiones de periferias de las que explotar tanto pobladores como recursos naturales. El territorio del planeta, y lo podemos comprobar en nuestra realidad inmediata, ha quedado dividido en centros y periferias rompiendo tanto con la perspectiva estatista como con cualquier perspectiva liberadora, social y anárquica.

Podría entenderse esta nueva fase de desarrollo con la explicación de que es un neo-imperialismo y trazar la misma respuesta que a la fase imperialista. Sin embargo lo que da validez a la crítica al desarrollo como ente autónomo de capital y estado, únicos factores de la dominación imperialista, es que esta nueva fase se sustenta en unos intereses que van más allá de aumentar el poder estatal o el lucro privado y que son los intereses de la industria en una huida hacia delante para salvarse a sí misma del colapso que se empezó a esbozar en los años 70. Es por ello que se hace necesario elaborar nuevos análisis y herramientas de lucha respecto a la época de la descolonialización.

La movilidad constante de mercancías y personas y la ruptura de la homogeneidad interior a las fronteras estatales suponen una marcada contradicción entre el desarrollo industrial-capitalista y el sistema de estados-nación con respecto a la gestión del territorio.

Con respecto a la identidad, el capital también utiliza unos criterios que confrontan con los estatistas y que pasan por la pura mercantilización. En este aspecto, el desarrollismo no ha sido tan determinante. Uno de los ejemplos de la actitud del capital con respecto a las identidades colectivas se puede ver con la aparición de amplios flujos migratorios ocasionados por los desequilibrios económicos del planeta. El capital ha reaccionado simplemente absorbiendo para la explotación dichas identidades, a diferencia de los estados que han reaccionado con vallas y expulsiones. Así vemos hoy en día como hay diferentes mercados para cada identidad cultural, sexual, religiosa, popular, territorial…tanto en la producción como en la distribución y el consumo. Desde la lógica de aumento de beneficios, la maleabilidad de las identidades en tanto que nichos de mercado es un factor a explotar, volviendo a chocar con la lógica estatista de la homogeneidad de la población.

Visto como se relacionan con la cuestión territorial e identitaria los sistemas de dominación a los que nos enfrentamos queda ver que propuestas y procesos estamos impulsando desde el medio anárquico.

Anarquía, territorio e identidad.

Una síntesis rápida de cómo la “cuestión nacional” ha ido pasando por entre los teóricos anarquistas la podemos encontrar en el texto “Nación y anarquismo” de Manuel de la Tierra (Ekintza zuzena nº38). En él se expone como (sin entrar en el debate terminológico pueblo-nación antes señalado) el debate nacional en un principio se teorizó hacia un acercamiento a las posturas “nacionales” y como posteriormente ganó peso en el movimiento la visión más “anacional”. Esto es cierto a grandes rasgos.

Profundizando un poco más,  el desarrollo de las ideas anarquistas con respecto al territorio nace con Proudhon y el federalismo. Su fusión con las ideas de Bakunin sientan la base doctrinal del anarquismo en este tema. Al respecto, un texto muy clarificador es “Apéndice a “Proudhon y la autogestión obrera”” de Daniel Guérin.(7) En aquella época todas las facciones del movimiento obrero se declaraban como internacionalistas y así se organizaban, en una organización internacional por todo el mundo hoy conocida. Pero el internacionalismo proletario que se practicaba entonces residía en los términos bakuninianos de solidaridad entre pueblos, entre naciones, en vez de en la negación de los pueblos y las naciones como hay quién afirma hoy(8).

Lo que sucede después de las obras de Bakunin es la irrupción en la historia de lo anárquico de la teorización de un individualismo que lleva consigo la asimilación de la idea, muy extendida en la Europa de finales del siglo XIX, del cosmopolitismo. En la práctica, esto supone una superación del internacionalismo proletario por otra tendencia, anacionalista esta, si bien es cierto que los herederos de la tendencia cosmopolita se han seguido reivindicando como auténticos internacionalistas al igual que hicieron tendencias autoritarias y estatistas. Uno de los vehículos transmisores de este cosmopolitismo sería el Esperanto, que se asume como parte del programa político y de la práctica culturas del movimiento libertario como muestra de la aceptación de la propuesta anacional.

El cosmopolitismo, de origen en la Grecia clásica, se adopta de la mano de la visión progresista que a posteriori ha dado origen al desarrollismo y que en ocasiones este utiliza como muestra efectos positivos del desarrollo planetario de la industrialización. Además, aunque encuentra réplicas en otras líneas culturales del planeta, esta corriente es fuertemente eurocéntrica y basada en el caso europeo, lo que lleva a sus defensores anarquistas a obviar situaciones en las que el cosmopolitismo se ha podido alinear con la dominación estatal (9). El cosmopolitismo ha ido evolucionando dentro del anarquismo ibérico en una especie de comodín frente a la problemática territorial e identitaria que se ha desarrollado a nuestra sociedad especialmente desde el tardo-franquismo. En este sentido, son de máxima vigencia las observaciones sobre la actitud del anarquismo ante la cuestión nacional que hace A.M. Bonnano en 1976 en el texto “Anarquismo y lucha de liberación nacional.” En él apunta que se padece de un universalismo heredado del cosmopolitismo que además de pecar de idealismo y ahistoricismo nos aleja de los conflictos prácticos, que en aquella época y a los que el texto se refiere son de corte anti-imperialista(10).

De esto nos podemos hartar a ver ejemplos en la península ibérica. De entre todos estos ejemplos merece la pena destacar, por lo completo del texto, el monográfico “Que ardan todas las patrias” del Grupo anarquizante Stirner. En él, se hace un repaso de la historia del anarquismo y de lo que ellos llaman la unión de nacionalismo e izquierda para inmediatamente cargar con furia contra todos los regionalismos y nacionalismos ibéricos que no son ni español ni portugués. Evidentemente esto no quiere decir que apoyen lo que obvian en criticar, pues esa crítica va implícita. Lo que descalifica la obra es la falta de rigor histórico que supone, por poner un solo ejemplo, considerar a todo el espectro independentista que se ha desarrollado especialmente en los Paises Vascos y Catalanes como una unidad uniforme heredera de los primeros regionalismos burgueses o tradicionalistas pero disfrazada tácticamente de izquierdas sin una mayor explicación de cómo cinco décadas de represión y recuperación han ido conformando unos movimientos populares amplísimos. Para entender esta postura hemos de partir de la máxima que afirma que todas las identidades populares construidas a lo largo de la historia son cómplices en potencia o en acto de la dominación estatal. Su propuesta territorial pasa por un federalismo ideal, al que los individuos se agregan por propia voluntad y sin ningún tipo de influencia ni injerencia social o histórica (11).

Esta muestra no es una anomalía sino que es una opinión muy representativa de la propuesta respecto a la territorialidad y a las identidades que hacen suya muchos anarquismos hoy en día: barrer con absolutamente todo lo anterior con un movimiento revolucionario que tenga como elemento agregador sólo la idea de revolución independientemente de las particularidades de la revolución en cada territorio.

También es cierto que en la península vemos en algunos territorios como se han alzando ciertos anarquistas que defienden la autodeterminación de unos pueblos que ellos afirman están reivindicándose como tal. Gente como los catalanes de Negres Tempestes o los vascos de anarkherria, se baten en medio de un movimiento popular muy identitario y en los que predominan políticamente las corrientes estatistas para introducir discursos anarquistas haciendo una suerte de anarco-independentismo que peca de hacer un cierto seguidismo del independentismo mayoritario en cuanto a lo identitario o lo territorial.

Pero no son estas las únicas propuestas y reconocerlas nos puede permitir abrir un debate amplio como movimiento que nos sirva para perfilar posiciones que vayan más allá de las trampas estatistas. En el anteriormente citado texto de Xabier Oliveras hay un apartado muy interesante sobre la construcción de una territorialidad e identidad anárquica, en el que se propone nada menos que reivindicar como geografía e identidades anárquicas todas las expresiones históricas que hayan compartido los principios de autonomía, libertad, autodeterminación…que a lo largo de la historia han sido múltiples y diversas (12). No falte decir que la ausencia en estas territorialidades anárquicas de dominación estatal o capitalista no exime de otras dominaciones como la patriarcal o la especista, por lo que los ejemplos puestos no son perfectos en sí mismos, pero sí valiosos indicadores. Así, su propuesta pasa por generar una red de territorios e identidades anárquicas, autónomas y sobre todo autodeterminadas.

Por otro lado, quienes se llevan a cabo prácticas antidesarrollistas están generando una visión del territorio y de la territorialidad fuertemente vinculada a las tradiciones populares de autosuficiencia económica y en abierta hostilidad al modelo territorial del desarrollismo antes expuesto. Esta visión del territorio, ampliamente explicada en la obra reciente de Miguel Amorós y en revistas como Argelaga, propone avanzar hacia un territorio con un medio rural más densamente poblado y autosuficiente así como por unas ciudades que no sean la superposición de personas y mercancía sino lugares caracterizados por sus amplios espacios públicos. Esta concepción de la territorialidad está enmarcada en la cosmovisión del ecologismo con fuertes ascendencias Kropotkinianas, como el modelo de ecología social propuesto por Bookchin.

Concluyendo.

Quien aspire a transformar la realidad debe conocer esa misma realidad en que se desenvuelve. Es por ello que los análisis sobre los fenómenos identitarios y territoriales deben volver a nuestros medios sin idealizaciones ni autocomplacencias y evitando la trampa estatista de vincularlo todo al “hecho nacional”. Saber reconocer las poblaciones tal y como son en esta época, fruto de largos procesos de dominación estatista y capitalista y por supuesto de resistencias centenarias. Este conocimiento nos será indispensable para conocer los potenciales advenimientos de los fenómenos fascistas que siempre, en tanto que nacionalistas, nacen de la manipulación de esas identidades existentes. Pero este análisis no sólo nos sirve de manera defensiva. Con él podremos, desde lo local y lo comarcal, trazar estrategias que nos permitan ir construyendo esos territorios e identidades anárquicas, por supuesto, en base a lo ahora existente y no con castillas en el aire.

El objetivo, y esto es común a todo lo anárquico, es la construcción de nuestras comunas. Comunas en las que autodeterminarnos frente a capital, estado, patriarcado, especismo, industrialismo…en suma, frente a toda dominación. Y comunas con las que federarnos siendo iguales, autónomos y soberanas.

Valladolid. Julio de 2013.

@botasypedales

Notas:

(1) El presente texto está escrito desde la óptica del anarquismo ibérico y en un ambiente social castellano, por lo que muchas de las afirmaciones estarán referidas a este contexto.

(2) Miguel Amoros. El Sabor de la Tierruca. de Perspectivas antidesarrollistas 2011:

“Territorio es el espacio geográfico donde ocurren todas las actividades humanas. Lo que llamamos territorio es un hecho histórico; en la medida en que la humanidad interacciona con él. Encontramos historia en cada uno de sus rincones, que podemos seguir en las variaciones del concepto de naturaleza dominantes en cada época, en las distintas representaciones filosóficas o religiosas de la idea. Vida, trabajo, instituciones, economía, naturaleza, forman un todo articulado. Las ciudades también son inseparables de los pueblos, los campos, los bosques y las montañas.”

(3) Xavier Oliveras. L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista. De Anarquisme i pobles. FEL-UAB 2010

“La identitat territorial, en tant que construcció social, no és neutral[…] Amb aquell sentit és fàcilment utilitzada com a mecanisme de poder i dominació, d’espai i persones, per part dels individus i grups socials que exerceixen el domini. Especialment pel que es refereix al control de persones (en totes les vessants: social, corporal, intel·lectual…) Pot dir-se que constitueix una pràctica biopolítica i anatomopolítica…”

(4) Rudolf Rocker. Nacionalismo y Cultura. Libro 1 capítulo 4.

“Un pueblo es el resultado natural de las alianzas sociales, una confluencia de seres humanos que se produce por una cierta equivalencia de las condiciones exteriores de vida, por la comunidad del idioma y por predisposiciones especiales debidas a los ambientes climáticos y geográficos en que se desarrolla. De esta manera nacen ciertos rasgos comunes que viven en todo miembro de la asociación étnica y constituyen un elemento importante de su existencia social. Ese parentesco interno no puede ser elaborado artificialmente, como tampoco se le puede destruir de un modo arbitrario, salvo que se aniquile violentamente y barra de la tierra a todos los miembros de un grupo étnico. Pero una nación no es nunca más que la consecuencia artificiosa de las aspiraciones políticas de dominio, como el nacionalismo no ha sido nunca otra cosa que la religión política del Estado moderno.”

(5) M. Bakunin. Patria y Nacionalidad.

“La patria, la nacionalidad, es como la individualidad, un hecho natural y social, fisiológico y al mismo tiempo histórico; no es un principio. Solo puede darse el nombre de principio humano a aquello que es universal, común a todos los hombres; pero la nacionalidad los separa; no es por lo tanto, un principio. Principio es el respeto que todos debemos tener para con los hechos naturales, reales o sociales. Y la nacionalidad, como la individualidad, es uno de esos hechos.”

(6) Los amigos de Ludd. Notas preliminares. De Antología de Textos de los Amigos de Ludd.

“La industria no es, en ese caso, un mero sistema de producción entre otros, no significa una majestuosa adecuación de medios a fines según el sentido de los intereses reales de la sociedad. La industria y su robusta ideología, el industrialismo, significa la dominación tecnificada de los medios del capital para los fines del capital, a costa del sometimiento de lxs trabajadores y de la explotación irracional de los recursos naturales. La industria no es simplemente un medio, sino EL medio objetivo del capital donde éste consigue intensificar la producción y dirigirla hacia su rentabilidad máxima, mientras incorpora a lxs trabajadorxs a la actividad ciega de las máquinas y no al contrario”

(7 ) Daniel Guérin  Apéndice a “Proudhon y la autogestión obrera” de Por un marxismo libertario.

“Siempre es muy difícil separar a Bakunin de Proudhon, por cuanto Bakunin conocía a fondo la obra de Proudhon y seguí sus puntos de vista, pero los desarrollaba, los mejoraba, los superaba. Uno de los temas en los que precisamente Bakunin se alejó más de las clases de Proudhon, es el del federalismo. Bakunin, mucho más que Proudhon o, en todo caso, mucho más lúcidamente que él, elaboró un concepto de autodeterminación y el derecho de secesión que, según el, era la única forma de garantizar una verdadera unidad, porque sólo a partir del momento en que un pueblo tiene el derecho y la libertad de asocial su destino a otro pueblo, puede, por un acto de libre voluntad, asociar su destino al de otro pueblo. Creo que esta noción bakuniniana tiene una indudable importancia histórica, porque no fue directamente de Proudhon sino de Bakunin de donde extrajo Lenin su concepción de la liberación nacional y, sobre todo, su teoría de lo que hoy llamamos “descolonización”. No creo, por consiguiente, que se pueda decir una sola palabra sobre el federalismo de Proudhon sin mencionar los complementos indispensables que le aportó Bakunin. Bakunin precisó también el pensamiento de Proudhon: subrayó el hecho de que el federalismo en sí no era específicamente revolucionario, que la parabra “federalismo” puede cubrir toda clase de mercancías, reaccionarias o contrarrevolucionarias. Basta con evocar por ejemplo el regionalismo francés de un Charles Maurras. Basta con evocar como en los EEUU de hoy, los esclavistas del sur explotan el federalismo de la constitución, los famosos “derechos de los estados”, para impedir la emancipación de los negros. Bakunin proclamó con energía que sólo el socialismo puede aportar un contenido revolucionario al federalismo.

Pi i Margall fue un proudhoniano regionalista español, y son precisamente los equívocos que se encuentran en la obra de Proudhon sobre el Principio federeativo, lo que hizo posible que unos burgueses regionalistas como Pi i Margall y los suyos se dijesen, de buena fe, discípulos de Proudhon. En cambio, Bakunin y sus amigos, especialmente durante el corto episodio de la I república española de 1873, mantuvieron siempre las distancias frente a Pi i Margall y los cantonalistas, precisamente por que les reprochaban el contenido burgués y no socialista revolucionario de su regionalismo. Hay aquí, pues, una confusión que Bakunin contribuyó a acalarar.

Proudhon no entendía la cuestión nacional, en absoluto, y lo demuestra en el caso de Polonia. Bakunin, en cambio, apoyó a fondo la rebelión polaca de 1863. Pero no tomaba aquella posición desde un punto de vista de un nacionalismo estrcito. A sus ojos toda revolución de independencia nacional ajena al pueblo y que, por tanto, no podría triunfar sin apoyarse en una clase privilegiada, tendría que hacerse contra el pueblo y, por consiguiente, sería un movimiento retrógrado, funesto y contrarrevolucionario. Y Bakunin concluía que “La cuestión nacional se borra históricamente ante la cuestión social, fuera de la revolución social no hay salvación”.

(8)Capi vidal .El internacionalismo como aspiración moral y política REFLEXIONES DESDE ANARRES 6-abril-2013

“Desde el punto de vista ácrata, es tan sencillo como considerar que las fronteras políticas, las naciones, son una evidente consecuencia de la existencia de Estados; por lo tanto, las naciones y las identidades colectivas son también fruto de una degeneración autoritaria y violenta de la sociedad.[…] En el anarquismo, a diferencia del marxismo y su visión histórica, se considera el internacionalismo o cosmopolitismo como un hecho natural y, sobre todo, como una exigencia ética”

(9) Xavier Oliveras. L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista. De Anarquisme i pobles. FEL-UAB 2010

“Així, per exemple, James C. Scott (2009) mostra que la construcció dels espais estatals a l’Àsia sud-occidental anteriors al colonialisme es basava més aviat en una identificació directa amb el projecte estatal i la possibilitat d’enriquir-se, sense recórrer a la imposició d’una única identitat etnolingüística com a fonament principal, d’altra banda estructurada a l’entorn de la religió i l’agricultura. L’existència d’un cosmopolitisme simbolitzava l’èxit de la construcció de l’estat, en tant que indicava la captació de diferents col·lectius.”

(10) Alfredo Maria Bonanno Anarquismo y lucha de liberación nacional 

“El anarquismo es internacionalista, su lucha no se confina a sí misma a una región o un área del mundo, sino que se extiende a todos los lugares donde el proletariado lucha por su propia liberación. Esto requiere una declaración de principios que no sean ni vagos ni abstractos, sino concretos y bien definidos. No estamos interesados en un humanismo universal […]

Hoy en día aún quedan, incluso entre anarquistas al enfrentar el problema de la nacionalidad, residuos de razonamiento idealista. No sin razón, el anarquista Nido escribió en 1925: “El desmembramiento de un país no es considerado un ideal deseable para muchos revolucionarios. ¿Cuántos camaradas españoles aprobarían la histórica desaparición de España y su reorganización entorno a una base regional constituida por grupos étnicos castellanos, vascos, gallegos y catalanes? ¿Se resignarían los revolucionarios alemanes a un desmembramiento parecido al tipo de organización libertaria que estuviese basada en los grupos históricos de Baviera, Baden, Westfalia, Hannover, etc.? Por otro lado, a estos camaradas con completa seguridad les gustaría ver el desmembramiento del actual Imperio Británico, y una libre e independiente reorganización de sus colonias en Gran Bretaña (Escocia, Irlanda, Gales) y en el extranjero, ¡lo que no sería agradable para los revolucionarios ingleses! Así son los hombres, y en este sentido, en el curso de esta última guerra (la 1ª Guerra Mundial), vimos la coexistencia del concepto de nacionalidad en su sentido histórico, al lado de las reivindicaciones de los anarquistas.” (Obviamente se refiere a Kropotkin y al Manifiesto de los Dieciséis).
Nido hace referencia a un estado mental que no ha cambiado demasiado. Incluso hoy en día, ya sea por la persistencia de ideales iluministas o masónicos en una cierta parte del movimiento anarquista, ya sea por la pereza mental que saca a muchos compañeros de los problemas más candentes y los lleva a aguas menos turbulentas, las reacciones respecto al problema de la nacionalidad no son muy diferentes de aquellas descritas por Nido.
En sí mismo el problema no nos concerniría demasiado, si no fuera porque tiene una salida histórica precisa, y porque la falta de claridad tiene efectos extremadamente negativos en muchas de las luchas reales que se desarrollan. En definitiva, el problema de la nacionalidad se mantiene a un nivel esencialmente teórico, mientras que la lucha por la liberación nacional está tomando, y cada vez más, una relevancia en la práctica considerable.[…]

Los anarquistas deben proporcionar todo su apoyo, concretamente en la participación, teóricamente en los análisis y estudios, a las luchas de liberación nacional. Esto debe empezar desde las organizaciones autónomas de los trabajadores, con una visión clara de las posiciones enfrentadas de clase, que ponga a la burguesía local en su correcta dimensión de clase, y prepare la construcción federalista de la sociedad futura que vendrá tras la revolución social. Bajo estas premisas, que no dejan lugar a determinismos ni idealismos de especies varias, cualquier instrumentalización fascista de las aspiraciones de los pueblos oprimidos puede ser fácilmente combatida. “

(11) Grupo Anarquizante Stirner. Que ardan todas las patrias. 2011

“En consecuencia, el federalismo ácrata no debe tener en cuenta los intereses de ninguna nación pequeña, mediana o grande, independizada o por independizar, sino la libertad del individuo. De hecho, desterrada la idea de nación, la articulación del territorio bajo un sistema federal y anarquista debería llevarse a cabo sobre bases funcionales y prácticas teniendo en cuenta las necesidades concretas (materiales e intelectuales) de los individuos y no abstracciones metafísicas como la “patria” o la “etnia”, o incluso, puesto que vivimos una realidad cada vez más cosmopolita, la “cultura”. Todo ello implicaría borrar las fronteras y los nombres de las antiguas naciones (términos como España, Euskadi, Galicia, Cataluña, etc. Deberían pudrirse en el basurero de la historia). Desde aquí proponemos rescatar el tipo de nomenclatura universalista, válida para toda la humanidad, que emplearon los socialistas “utópicos” para nombrar los primeros experimentos de vida comunal. ¿Por qué no Nueva Armonía en honor a Owen? ¿O Progreso? ¿O Libertad? ¿O Igualdad? ¿O Fraternidad?”

(12) Xavier Oliveras. L’arrelament al territori. Una perspectiva anarquista. De Anarquisme i pobles. FEL-UAB 2010

“Al llarg del temps i a tot arreu, diferents col·lectius han posat en pràctica territoris i altres estructures de pensament per a concebre’ls. Seguint els passos de Kropotkin (1989) o de Harold Barclay (1982), són espais anàrquics els territoris d’aquells pobles sense estat ni govern (com els hazda), dels que fugen i eviten reproduir les relacions de domini (quilombos i palenques), dels que reclamen espais d’autonomia (passeries, escartons i ciutats lliures medievals) i, amb l’etiqueta d’anarquista, aquells que creen colònies llibertàries, col·lectivitzacions o centres socials okupats.”

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