¿Por qué no hablamos de soberanía?

La Constitución española de 1978 establece que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan todos los poderes del Estado. Y nos preguntaremos, ¿realmente, hoy, en la realidad y no sobre papel, reside esa soberanía que se comenta? ¿De verdad reside en el pueblo español? Sin duda, cualquier demócrata de traje y corbata respondería que sí, pero la realidad es bien distinta: la soberanía nacional solo es una ilusión en cuanto a que España está supeditada a la UE y obedece a sus dictados, como se ha demostrado con el gobierno de Rajoy. Ni tampoco hay signos de que esa soberanía resida en el pueblo español ya que tampoco tiene voz en los asuntos del Estado. En cambio, parece que los poderes del Estado sí emana de ese pueblo, aunque más bien a costa del pueblo, pues el Estado español claramente sirve a los intereses del gran capital tanto nacional como internacional.

Bien, ¿y qué os estoy contando? El tema de la soberanía resulta que no es baladí, sino una cuestión importante a la hora de tratar temas políticos, entre ellos, la parte que tiene que ver con la construcción de contrapoderes, movimiento popular y lo que vaya asociado a la capacidad de los pueblos y la clase trabajadora de tomar las riendas de su destino. Del mismo modo, cuando hablamos de soberanía alimentaria hablamos de la capacidad de decidir de los pueblos sobre la producción de los alimentos, que implica el modelo de producción agraria, la logística y las relaciones internacionales.

No obstante, así de primeras pensamos que la soberanía tiene que ver con la cuestión nacional. Así pues, ¿qué tendría que decir sobre el proceso soberanista de Catalunya? La política al final son como los gases. Tienden a ocupar todo el espacio posible, o sea, si una fuerza política abandona un campo del escenario político, otra fuerza la ocupará. Este es el caso del soberanismo cuya bandera la enarbola la derecha, sin olvidar a la Esquerra Independentista obviamente que quiere disputar su hueco en el mapa político catalán. La cuestión nacional, como he comentado en ocasiones anteriores a este artículo, puede tener detrás muchos trasfondos políticos, y dependiendo de qué fuerza política sea la principal impulsora de de tal movimiento de liberación nacional, podrá tomar un caracter popular, liberal o fascista. Cabría mencionar, ya que estamos, el tema de la patria, que aquí en España se suele asociar a la derecha y lo rancio de este país, pero que en Venezuela por ejemplo, hablen de patria y socialismo. En todo caso, cada situación debe ser estudiado antes que descartarlo a priori y no escudarse en un anacionalismo abstracto, sin tener en cuenta si existe oportunidad para tomar la cuestión nacional como un proceso de construcción de soberanía popular.

Si la cuestión nacional está estrechamente ligada a la soberanía es porque dicha soberanía se ejercerá en un espacio físico donde el pueblo tenga el poder real, y no la adminsitración de un Estado-nación capitalista o la metrópoli, sobre dicho territorio bajo control del pueblo soberano. El caso más paradigmático actualmente es Rojava, la región del norte de Siria que tiene su propia administración y en el que el pueblo kurdo junto con otras minorías étnicas adheridas al confederalismo democrático, tienen voz y voto a la hora de tomar decisiones políticas, económicas y sociales.

Y a pesar de su importancia, estas cuestiones se encuentran (al menos lo que he visto yo) ausentes en el anarquismo europeo contemporáneo y en concreto en el anarquismo a nivel de España, un asunto que, por ejemplo, en parte del anarquismo latinoamericano sí se menciona.

Vale, ¿pero qué es expresamente esa soberanía de la que hablo? La gran debilidad del anarquismo a la hora de tratar sobre las relaciones de poder nos lleva a que este tema, tan importante para el escenario político actual, sea prácticamente una senda intransitada y abandonada para que otras fuerzas políticas metan allí su discurso. Hablaremos de soberanía como cuasi sinónimo de poder popular, algo que va a referirse a la capacidad de los pueblos para decidir sus destinos y la independencia a la hora de tomar decisiones políticas, económicas y sociales trascendentales para sus destinos. Un pueblo soberano es aquel que tiene su proyecto político y lo puede implemenentar sin que ninguna fuerza política externa lo impida u obstaculice. Esta soberanía implica la independencia para establecer una administración propia, una economía socialista que garantice el reparto de la riqueza y el trabajo, así como un nuevo orden social basado en la libertad, la solidaridad, el feminismo, el internacionalismo y la igualdad. En otras palabras, lo llamaríamos soberanía popular, el cual engloba: la soberanía nacional (autodeterminación de los pueblos, independencia frente a Estados-nación), soberanía alimentaria (capacidad para producir sus propios alimentos), soberanía energética (capacidad para producir la energía sin necesidad de importarla), además de lo mencionado.

En resumidas cuentas, hablemos de soberanía como sinónimo de la capacidad de los pueblos para decidir su destino, como derecho a la autodeterminación, como independencia frente al neoliberalismo y como un objetivo a alcanzar por la clase trabajadora en pos de la emancipación como clase. La soberanía popular llevará implícita la construcción de un proyecto político socialista libertario, y será resultado de procesos de poder popular creados mediante la lucha social. Tendremos la responsabilidad de llevar a cabo tales procesos y, por lo tanto, poner sobre la mesa la cuestión de la soberanía como algo que engloba todos aquellos aspectos de la vida que nos atañen y sobre los que queremos decidir: vivienda, suministros, energía, medio ambiente, administración territorial, política económica, organización de la vida pública, trabajo/producción, etc.

Enlaces del mes: Enero 2016

En el aspecto internacional, empezábamos el mes y el año con un inspirador texto de Zigor Aldama para Píkara sobre la Gulabi Gang, esa red de mujeres indias que se está haciendo famosa por no renunciar a la autodefensa. La India es un país donde las violaciones se suceden en su mayoría impunes y cada día hay numerosas agresiones sexuales. Este movimiento de autodefensa explica la efectividad que tiene el responder a palos ante la violencia machista.

Desde el Caribe, por otra parte, nos llegaba esta reflexión sobre Puerto Rico como ejemplo de la situación global: soberanía, consumismo, deuda, … y también noticias de lo más interesante desde Haití: más allá del silencio informativo, una revuelta en toda regla tras años de ocupación y miseria masiva.

En Europa, el economista y exministro de Finanzas griego Yannis Varufakis insistía en esta entrevista en que no existe soberanía popular en la UE y anunciaba la preparación de un movimiento por la transparencia y democratización institucionales.

En clave más cercana, la llamada Marea Azul, los trabajadores de Movistar que estuvieron en lucha el pasado verano, anunciaban una nueva iniciativa: una caja de resistencia, no ya para sus futuros conflictos, sino como herramienta unitaria para compartir con otros sectores, junto con toda una campaña de difusión en torno al #correscales.

Este fue también el mes en que se agotó el plazo en que la CUP tenía que decidir cuánto ceder a las presiones de Junts pel Sí en nombre del proceso de independencia, tema sobre el que corrieron ríos de tinta. Rescatamos la rueda de prensa en que la CUP anunció definitivamente que no investiría a Artur Mas y el posicionamento de Procés Embat, una vez que se llegó a un acuerdo in extremis para investir a Carles Puigdemont.

Por último, en esta interesante entrevista publicada en Vice, Jordi Borràs, fotoperiodista especializado en la ultraderecha -desde donde ya ha recibido amenazas y una agresión-, habla con un exmiembro de cierta importancia de Democracia Nacional que quiere hacer autocrítica.

El anarquismo ante el cierre del ciclo electoral

El ciclo electoral de este año va a tocar pronto su fin. Desde las elecciones Europeas, pasando por las municipales y ahora, se nos viene encima las generales. La apuesta por el asalto insticional de los movimientos sociales tras el cierre del ciclo de movilizaciones del 15M pronto verá su estancamiento y fracaso. A pesar de los ayuntamientos ganados por las candidaturas ciudadanas como el de Madrid, Barcelona, Zaragoza, A Coruña, y algunos más, están teniendo poco margen de maniobra y en el caso de Madrid, están llegando las decepciones, como por ejemplo con esa oficina antidesahucios que no atiende casos de desahucios por alquiler. En buena parte de las medidas tomadas por estos ayuntamientos, se perciben como lentas y en ocasiones, insuficientes. Ahora se acercan las elecciones generales del 20D, donde en algunas encuestas ponen a Ciudadanos, el partido de una derecha renovada, algo ligeramente por encima de Podemos. Se especula que el PP podría gobernar pactando con C’s o con el PSOE. Podemos parece que quedaría en la oposición, o ni llega. El caso es que después de las elecciones la coyuntura cambiará y qué papel nos tocará jugar.

Primero, comencemos por superar las tendencias autodestructivas y derroteras a causa de la influencia de los valores individualistas del neoliberalismo, y luego la inercia de las campañas por la abstención activa. Cada vez que se acercan las elecciones respondemos con lo mismo una y otra vez, sin llevar a cabo una batería de propuestas alternativas enfocadas a potenciar el movimiento popular y la posibilidad de elaborar unas hojas de ruta de ofensiva, sin siquiera pretender articularnos políticamente como movimiento y fuerza política. Cada vez estoy más convencido de que esa abstención activa solo sirve para lavarse las conciencias ante la farsa electoral. En sí mismo, no estoy en contra de quien esté convencida de abstenerse por motivos de conciencia ideológica, ética y/o política, pero no podemos conformarnos con eso. La clave es que se nos presenta un futuro inmediato en que la ilusión del asalto a las instituciones se va a desvanecer (si es que ya está ocurriendo), y que ante las derrotas de las izquierdas, quedará el neoliberalismo y el fascismo. Para superar las sensaciones de derrota y las tendencias autodestructivas, es imprescindible el dejar de ir a la deriva en estos mares revueltos renunciando a disputar nuestro hueco en el espacio social y político. Tomemos el timón de una vez y pongamos rumbo a nuestro barco, pasemos del voluntarismo y las inercias a la responsabilidad política, es decir, abordar los problemas actuales a través de una política que apunte a la revolución social y a la conquista por lo existente desde la lucha de clases. He aquí una serie de propuestas e ideas a debatir y desarrollar desde lo libertario;

En cuanto a la cuestión interna

Durante este último año, el anarquismo está experimentando un cambio de tendencias y comienzan a darse procesos de debates internos y surgen nuevas dinámicas de actuación que viran hacia la inserción social y la construcción de una línea política. Este proceso se da en el Estado español con organizaciones de tendencia como la FEL en varios puntos del territorio español y Liza en el ámbito gallego, y organizaciones políticas como Embat en Catalunya y Apoyo Mutuo que pretende ser a nivel nacional. Luego cabría mencionar a la CNT que están organizando su XI congreso este mes de diciembre, y CGT, continuando con su andadura en lo sindical. Cabe mencionar también a la FAGC por su gran labor en la lucha por la vivienda digna a través de los realojos y expropiaciones de viviendas. Durante este año se han detectado los problemas que surgen al pasar al terreno de la praxis y estamos viendo las carencias que tenemos. Es momento de que vayamos encontrando soluciones y vayamos logrando experiencias militantes, a la vez que generemos aportaciones teóricas a partir de estas experiencias y los procesos de debates que se dan y se darán. Ante este nuevo ciclo, las tareas que nos competen como anarquistas que aspiramos a construir un movimiento revolucionario serían, por ejemplo, éstas:

La formación es imprescindible, pero no nos sirve la formación por la formación, sino la formación destinado a un objetivo concreto, que en nuestro caso es la construcción de la tendencia revolucionaria del anarquismo, pasando también por un cambio en nuestra cultura militante. Para ello, es necesario la creación de itinerarios formativos específicos en los siguientes aspectos: como por ejemplo, sobre teoría revolucionaria, historia del movimiento obrero y el papel del anarquismo en ella; sobre estructura orgánica interna de nuestras organizaciones, las experiencias militantes, la comunicación y las relaciones con el entorno, etc. Interesante es mencionar esta serie de Introducción al Anarquismo (I, II, III, IV y V), donde se abrirá un proceso de debate y hay aportaciones de material formativo al respecto.

Ir perfilando el modelo de sociedad que queremos trabajando estos campos: sistema político y política económica, marco de relaciones laborales, ordenación del territorio y gestión de los recursos, gestión comunitaria de los servicios públicos, la autodeterminación de los pueblos, el empoderamiento de la mujer, las cuestiones culturales y étnicas, relaciones internacionales con otros pueblos oprimidos, migración… que constituirían primero un proyecto de país y luego nuestro proyecto político socialista libertario: socialización de los medios de producción y los instrumentos de trabajo, administración política democrática, descentralización de la ordenación del territorio, soberanía alimentaria…

Elaborar los programas y hojas de ruta acordes al proyecto político que queremos construir y trazar la línea política, estratégica y de actuación comunes a seguir e implementar en conjunto con el movimiento popular. En otras palabras, articular políticamente el anarquismo e intervenir como actor político y social en la coyuntura dada.

Relaciones internacionales. En un mundo globalizado, también sería positivo tener contactos en otros países para intercambiar experiencias o aprender de movimientos revolucionarios como el kurdo en Rojava y Bakur (Kurdistán norte).

Creación de una línea gráfica atractiva y fácilmente identificable con nuestro proyecto político, nuestras organizaciones, nuestro discurso y nuestra tendencia, además de una estrategia comunicativa renovada que apunte a la inserción social y a la visibilización de nuestra alternativa política en el movimiento popular y entre la clase trabajadora. Además, necesitaremos tener contactos con periodistas que puedan darnos más cobertura mediática, y no hablo solo de crear nuestros medios que sean solventes y vayan haciéndose hueco en el espacio mediático.

Dotación de las estructuras necesarias para llevar a cabo nuestras tareas políticas y sociales: organización de militantes, organizaciones juveniles, organizaciones feministas, articulación de movimiento en frentes de masas, articulación multisectorial de los frentes que impulsamos, política de alianzas con otras tendencias políticas, consolidación de organismos del poder popular (asambleas de barrio, sindicatos, cooperativas integrales, …), configurar redes de solidaridad y apoyo mutuo, organismos antirrepresivos, medios de comunicación profesionales propios etc.

Participación en espacios amplios y configuración de una política de alianzas. En vez de crear algo libertario desde cero, insertarse ya en los espacios sociales existentes tratando de que dichos espacios vayan adquiriendo métodos libertarios, contribuir a su fortalecimiento y defender su autonomía. Fomentar la creación de estructuras amplias como asambleas de estudiantes, de parados, de trabajadores, de barrio…, secciones sindicales… Meterse en AMPAs, asociaciones de vecinos, campamentos, scouts, asociaciones deportivas, etc, y pelear desde allí con los problemas que surjan serían otras opciones a tener en cuenta. Luego, la política de alianzas es otro aspecto a desarrollar, ya que tendremos que trabajar en los frentes amplios con otras tendencias políticas y sumar fuerzas por lograr objetivos comunes.

La clave está en que después de las elecciones vayamos asentándonos poco a poco dejando atrás los vicios derrotistas, nihilistas y de autoconsumo, para ir construyendo y consolidando una alternativa política real desde la responsabilidad política, con esfuerzo, trabajo constante y paciencia.

¿Qué hacer?

Obviamente, la estructuración de nuestra tendencia debe servir como punta de lanza para producir los cambios sociales en estos tiempos. Por eso, a la vez que vamos consolidando nuestra tendencia, tenemos que ir reflejándolo en trabajo real en los siguientes ámbitos. Son muchos frentes que tendríamos que ir abriendo, así que a continuación mencionaré algunos ejemplos de ellos y pondré ideas de hojas de ruta:

Vivienda y barrios. Los desahucios seguirán habiendo, tanto por impagos del alquiler o la hipoteca como por ocupación. En este aspecto, la PAH está abordando el tema de manera bastante eficaz con las obras sociales, ocupaciones de sucursales y la ILP. Sin embargo, aún podríamos empujar un poco más, y en este aspecto, la expropiación de las viviendas de la SAREB (el banco malo utilizado para absorber los activos tóxicos financiado con dinero público y propietario de viviendas vacías), podría estar en el punto de mira.

Género. Las violencias machistas son un problema social bastante considerable. No solo hablaríamos del maltrato y los asesinatos, sino también el acoso callejero, el aborto, la brecha salarial y la desigualdad de oportunidades, los cuidados, la discriminación,  etc… Temas que deberían ser tratados a través de los feminismos y las organizaciones feministas.

Trabajo. La reducción del paro que tanto alardea el gobierno del PP es sinónimo de precariedad y trabajo temporal o a tiempo parcial. La actitud pasiva y servil de los sindicatos mayoritarios hacen que la patronal se frote las manos, y si a eso le sumamos las peleas de los sindicatos pequeños, ya se descojonan. En este sentido, potenciar estos sindicatos alternativos así como la creación de asambleas en el centro de trabajo, secciones sindicales y asambleas de parados, sería un buen punto de partida. Por otro lado, una posible estrategia de ofensiva pasaría por ganar representatividad en las empresas en pos de controlar la contratación, firmar convenios, controlar bolsas de empleo e incluso prestaciones, si nos ponemos ambiciosos. También desde el sindicalismo de clase se puede plantear la configuración de un nuevo marco de relaciones laborales que sea favorable a la clase trabajadora: derogación de la actual reforma laboral, reducción de jornada sin reducción de salario, etc.

Represión. Los golpes represivos están sangrando al movimiento popular y es necesario poner sobre la mesa medidas de contraataque. Como ya se dijo anteriormente, la represión afecta a todo el movimiento popular y es necesario responder desde allí a través de la creación de mesas multisectoriales, contactos con abogados, contar con asesoría legal y lograr visibilización mediática. Una interesante campaña desde donde articular una respuesta antirrepresiva amplia es el de la amnistía social y empujar desde allí por la absolución de activistas sociales, huelguistas y sindicalistas, ecologistas y militantes de diversas tendencias de izquierda. Por otro lado, exigir la derogación de la Ley Mordaza también sería un buen punto. Es necesario un frente amplio y coordinado a nivel estatal con sus redes para estrechar lazos solidarios e impedir que nos aíslen y criminalicen.

Servicios públicos. Ya se puso sobre la mesa desde los movimientos sociales la cuestión de la remunicipalización, propuesta bastante interesante para ir recuperando el expolio que supone las privatizaciones y las externalizaciones. En este sentido, no solo queremos que, por ejemplo, la Sanidad y la Educación sean públicos, sino lanzar una ofensiva desde los movimientos populares a por la gestión popular, que consiste básicamente en la gestión democrática de dichos servicios con la participación de profesionales y trabajadores del sector y los y las usuarias.

Y podríamos seguir tratando más asuntos como la memoria histórica, el medio ambiente, la cuestión nacional, migración, el movimiento estudiantil, etc… y aspirar a la articulación multisectorial de todos los frentes de lucha abiertos, es decir, que todas las luchas estén conectadas. Tenemos que volver a ilusionar, levantar nuestra propia moral, echar abajo las actitudes derroteras y recoger el testigo que dejó el anarquismo revolucionario del primer tercio del siglo XX. El «no hay alternativa» es influencia burguesa y de Thatcher, impropio de una tendencia política que se declara revolucionaria y aspira al socialismo. Para este próximo 2016, será nuestro momento para ir aplicando las tareas que compete al anarquismo revolucionario. Nos queda pues mucho trabajo por delante y es momento de ponernos manos a la obra preparándonos para una coyuntura que se va a presentar agitada y que si no cogemos el tren en estos momentos, seguramente lleguemos tarde y el fascismo se haga con el poder. En estas próximas elecciones, el votar o abstenerse es una decisión personal y de una importancia menor. Lo realmente importante es que al cierre del ciclo electoral vayamos preparándonos para abrir un nuevo ciclo de luchas y constituirnos como actor político referente en impulsar esas luchas.

Introducción al anarquismo (V). En la realidad material

Índice de contenidos a publicar:

1.-Unas bases.
2.-La visión estratégica.
3.-Programa, articulación política y estructuración del movimiento.
4.-El análisis de coyuntura.
5.-En la realidad material.

En la realidad material

Finalizamos esta serie de Introducción al anarquismo hablando un poco sobre la praxis. He de decir que teorizar demasiado respecto a ella es inútil, y que en la teoría se puede jugar a ser Dios ya que sobre papel (o formato digital) aguanta todo. No obstante, sería interesante comentar algunos tips (consejos) para ir comenzando a tener rodaje y que teoría y práctica deben mantener una relación dialéctica y de retroalimentación, ya que es imposible que exista un movimiento revolucionario solo en lo teórico, así como que una praxis sin teoría detrás está concenado a actuar por inercias, siempre forzada/arrastrada por la coyuntura y nunca capaz de insertarse en ella activamente como actor político de cambio.

Dependiendo de una coyuntura u otra, optaremos por unas vías u otras. La cuestión está en que sepamos elegir las vías adecuadas tras realizar un adecuado diagnóstico acorde a los trabajos de análisis de coyuntura explicado en la anterior entrega. Así por ejemplo, optar por la vía insurreccional sin contar con una base social amplia ni articular un aparato político-militar fuerte, sería un suicidio. En ese caso, sería más acertado una estrategia del poder popular basada en la inserción social que apunte a fortalecer los movimientos populares a la vez que vayamos articulándonos políticamente. En otras palabras, constituirnos como actor político y aumentar nuestra fuerza real para cambiar la configuración de la correlación de fuerzas en el escenario.

Optar por la inserción social requiere necesariamente participar en espacios amplios o frentes sectoriales, teniendo en cuenta que esta táctica está enmarcada en una estrategia más amplia que es la construcción del poder popular. He aquí unos pequeños tips para la inserción social:

—Lo primero es hacer un mapeo rápido de lo que nos rodea, con quiénes contamos y en qué espacios podemos participar.
—Es importante saber que no obtendremos resultados inmediatos, y que tampoco podemos forzar las cosas ni adelantarnos a lo existente. Por lo tanto, hay que abordar la praxis desde la humildad y con paciencia.
—Comenzar con pequeños detalles y realizando pequeñas tareas en colectivo.
—Mantener en lo posible una actitud constructiva, escuchando y tratando de no bloquear propuestas.
—No sobreexigirnos ni a nosotras mismas ni a nadie. Una sobrecarga de trabajo o de estrés provoca bajas en la militancia y en el activismo, lo que es algo poco deseado.

Os recuerdo que todo se va a aprendiendo con el rodaje y que el proceso que queremos impulsar necesita tiempo. Reseñaré a continuación una recopilación de una serie de artículos escrito anteriormente en la web bastante interesante al respecto que comenta acerca de cómo comenzar a movilizarse y/o participar en espacios sociales que tenemos en nuestro entorno.

Otro tema fundamental es que comencemos a trabajar en el tema de la comunicación, puesto que saber comunicar correctamente nuestro mensaje es requisito imprescindible para que nuestro movimiento se visibilice, se reconozca en las luchas sociales y ante la sociedad, y por ello, crezcamos como tendencia política. En este aspecto, debemos de dejar de hablarnos para nosotras mismas únicamente. La comunicación interna es importante para mantenernos en contacto y conocer nuestra actividad, pero también debemos saber comunicarnos con el exterior. Rescato aquí esta pequeña serie de artículos sobre comunicación: Parte1, Parte2, Parte3.

Como he dicho en la primera entrega, las experiencias militantes se adquirirán en el curso de las luchas y aprenderemos de otros compañeros y compañeras de lucha. En el terreno de la praxis, encontraremos muchos problemas, debilidades, obstáculos y contradicciones que tendremos que ir resolviendo. Tampoco existen recetas mágicas ni militantes modelo a seguir, lo importante serán las ganas, la perseverancia, la disciplina voluntaria, la responsabilidad, la humildad y, por supuesto, la solidaridad y el apoyo mutuo; aportando siempre acorde a las posibilidades de cada cual.

Espero que esta serie de artículos haya sido útil y puede que quizá sirviera para crear un itinerario formativo mejor que éste, más completo e incluyendo más disciplinas de las ciencias sociales que aquí no se pudo tratar. Ahora es el momento, pues nos espera una nueva coyuntura en la cual tenemos que ser capaces de posicionarnos como alternativa revolucionaria.

Disponible para descargar todas las entregas y los materiales en .pdf

Introducción al anarquismo (IV). El análisis de coyuntura

Índice de contenidos a publicar:

1.-Unas bases.
2.-La visión estratégica.
3.-Programa, articulación política y estructuración del movimiento.
4.-El análisis de coyuntura.
5.-En la realidad material.

El análisis de coyuntura

En el capítulo anterior hemos visto cómo se podría configurar el anarquismo como tendencia política revolucionaria. Ahora es momento para que dicha tendencia se vaya implantando en la realidad material y conocer lo que tenemos alrededor es imprescindible. Una gran herramienta para ello es el análisis de coyuntura, que es una forma de conocimiento y una serie de metodologías para extraer información sobre el entorno que nos rodea y realizar un diagnóstico detallado tanto del escenario local como nacional e internacional. Las premisas del que parte el análisis de coyuntura son:

—La realidad material es compleja pero es posible comprenderla a través de un adecuado diagnóstico.
—La realidad es dinámica y cambiante, pero no por influencia de fuerzas sobrenaturales, sino por la intervención humana a través de diversos actores, lo que significa que hay posibilidades de transformarla.
—Comprender dicha realidad nos permite insertarnos adecuadamente en ella y construir nuestro proyecto político revolucionario.

El objetivo del análisis de coyuntura está orientado expresamente a una correcta implementación de nuestra tendencia política a la hora de realizar nuestra tarea revolucionaria. Veremos a partir de ahora también que el análisis de coyuntura está muy ligado a lo expresado en el capítulo anterior, en cuanto a que el proyecto político se construirá tras los resultados del análisis de coyuntura, y también al siguiente, en cuanto a la inserción social. En otras palabras, existe una retroalimentación entre las tesis expuestas en la 3ª, 4ª y 5ª entregas.

Para ir abriendo boca, aquí hay un ejemplo de análisis inspirado en el análisis de coyuntura pero aplicado a los conflictos sociales. Algunos conceptos como escenario, actores políticos, fuerza relativa y fuerza real serán sobre los que abordaremos luego en el documento de análisis de coyuntura. El texto sobre Análisis de conflictos sociales ofrece unos factores que sirven para determinar y posicionar un conflicto de modo que obtengamos su sentido político y social, sea para aprender y solidarizarnos con uno de los bandos involucrados o incluso participar en él. Al igual que veremos en el análisis de coyuntura, la perspectiva que se tiene a la hora de aplicarlo es la de clase, esto quiere decir que parte de saber que la sociedad está dividida en dos clases sociales principales: la clase trabajadora que carece de acceso, posesión, gestión y usufructo sobre los medios de producción y los instrumentos de trabajo, y por ello tiene que vender su fuerza de trabajo a la clase capitalista, la cual es poseedora de capital y propietaria de medios de producción. El análisis de coyuntura no es neutral, puesto que la neutralidad es la ideología hegemónica. Por eso parte de una perspectiva de clase y también de la visión estratégica. Lo que pretende el análisis de coyuntura es ser lo más riguroso posible ya que es crucial porque a partir de la información obtenida se elaborarán las hojas de ruta, las líneas estratégicas y el proyecto político de cara a realizar la inserción social e intervenir políticamente en el escenario, y sabiendo que si se parte de análisis erróneos se llegan a conclusiones erróneas.

Antes de pasar al documento de lleno, conviene aclarar una serie de conceptos previos que se van a utilizar, ya que en sí su lectura es ciertamente difícil pero necesario. Si habéis leído los textos reseñados en el capitulo previo, os sonarán algunos conceptos que utilizaremos.

Coyuntura y estructura

—Cuando hablamos de coyuntura, nos referimos al conjunto de circunstancias, condiciones y situaciones en un determinado espacio y tiempo que son interdependientes, y en cuya interrelación con nuestras acciones, forman un conjunto articulado que definimos como la realidad material. En esta coyuntura podemos distinguir diferentes niveles: desde nuestro entorno familiar, pasando por nuestras relaciones laborales y/o estudiantiles hasta nuestras relaciones en la política (militancia, relación con la administración pública…). En cuanto a las relaciones que tenemos con respecto a una determinada coyuntura, podemos distinguir entre la percepción y conciencia de la misma (cómo interpretamos las situaciones y circunstancias), y la inserción de nuestras acciones en ellas (cómo reaccionamos ante ellas). Las coyunturas pueden cambiar dependiendo de diversos factores presentes en ellos que iremos viendo en el documento.

—La estructura en este sentido es tanto la superestructura, es decir, los aparatos de gobierno, las ideologías dominantes y las culturas y costumbres hegemónicas; como la configuración infraestructural de la realidad material, en otras palabras, las relaciones de producción y los regímenes de propiedad sobre los medios de producción. Lo coyuntural es la manifestación de la lucha de clases en los diferentes ámbitos y problemas sociales en nuestras vidas, tales como la privatización de los servicios públicos, el progresivo auge del Estado policial, los recortes en derechos sociales, las sucesivas reformas laborales en pro de la clase capitalista, las guerras imperialistas en Oriente Medio, etc.

Escenario y actores

—El escenario es el lugar donde se desarrollan los acontecimientos y donde se implementan las acciones de las diferentes fuerzas sociales y actores políticos de una determinada región donde se insertan. El escenario engloba el territorio con el espacio social y el espacio político:

–El territorio un espacio físico delimitado, que puede ser de ámbito barrial, local, regional, nacional o internacional.
–El espacio social es el ámbito donde entran en juego los movimientos sociales, el aspecto cultural, lo laboral y todo aquello relacionado con nuestra vida cotidiana.
–El espacio político es el ámbito donde intervienen los diversos actores políticos (partidos, organizaciones, el gobierno, la oposición, las relaciones internacionales…).

—Los actores son aquellas entidades colectivas que juegan un papel en un determinado escenario; tales como los sindicatos, las asambleas de barrio, una plataforma antirrepresiva, las mareas, los partidos en el gobierno, en la oposición o fuera del parlamento, las organizaciones políticas… No podemos considerar actores a aquellos colectivos que no tienen una visión de disputa, sino de huida.

Fuerzas y relaciones de poder

—Cuando hablamos de fuerzas aquí, nos referimos a la capacidad material de incfuencia de diversos actores políticos y sociales sobre el escenario. Podríamos señalar varios tipos de fuerzas: social como capacidad de movilización, política como grado de influencia ideológica, legitimación en la sociedad y hegemonía; y político-militar, como capacidad para imponerse a través de las armas. La fuerza real de un actor político o social depende de estos factores: internamente, de su grado de cohesión, de unidad teórica, táctica y estratégica, y su proyecto político; y externamente, del grado de inserción social, la base social que movilice, su influencia política y la configuración de su política de alianzas.

—Distinguiremos también entre la fuerza real como la capacidad material real de un actor político o social, y la fuerza relativa o potencial como aquella a la que aspira obtener, que se prevée que logrará o tenga posibilidades de hacerse real.

—Al ser la coyuntura un conjunto complejo y articulado, existen relaciones de poder entre los actores en el escenario. A las relaciones de poder también se les denomina «correlación de fuerzas» y pueden ser asimétricas cuando hablamos de que una de ellas es la dominante, o simétricas si las relaciones de poder entre diferentes actores políticos o sociales están equilibradas.

Lo anterior es  un pequeño resumen de los conceptos más importantes que aparecerán en el análisis de coyuntura.

El documento está dividido en tres bloques. El primero trata sobre la noción de coyuntura, su articulación y unos ejemplos de aplicación en la vida cotidiana. En el segundo, explica las bases teóricas sobre las que se sustenta esta herramienta y las metodologías, que no es más ni menos que el materialismo histórico. Por último, enfoca el análisis de coyuntura como instrumento político con unos objetivos determinados, tales como determinar las fuerzas relativas y reales de los actores políticos, los escenarios, las modificaciones en las fuerzas de los actores políticos, el desarrollo o trayectoria de las fuerzas sociales, etc. Aquí es donde se aplicarán los conceptos mencionados que serán ampliados en el documento, donde además señalan algunos errores a la hora de realizar un análisis de coyuntura. Puesto que este documento está enfocado al trabajo en grupo, incluye una serie de ejercicios para discutir y trabajar en colectivo. Sin más, os dejo el link: Fundamentos de formación política: análisis de coyuntura.

En la última entrega trataremos unas nociones básicas para ir comenzando a andar en el terreno de la praxis. Ir a la 5ª parte.

Los métodos de transformación social

Este artículo pretende recopilar y definir los diferentes métodos para llegar a una sociedad socialista. Se trata de un texto de formación política básica.

Entiendo por socialista «sociedad sin clases» o sociedad con economía socializada o con la economía controlada por la clase trabajadora mediante sus organizaciones. Mi concepto del anarquismo es que es una forma de llegar al socialismo a través de la acción directa. Así se concibió en el siglo XIX, aunque posteriormente se fundiría con corrientes individualistas que le darían características diferentes, especialmente en sus principios y valores. Dicho esto pasemos a las formas de transformación social.

Socialdemocracia.

Esta es una forma de llegar al socialismo a través de las instituciones y la lucha parlamentaria. En su origen Marx y Engels y sus seguidores estaban convencidos de que se podría conseguir el socialismo a través de diversos métodos al mismo tiempo. Su concepto de socialdemocracia era mucho más radicalizado que lo que hoy se entiende como tal.

En nuestra época las sociedades europeas están situadas más a la derecha a nivel general. Lo que hoy es socialdemocracia es o bien social-liberalismo (hacer que el capitalismo tenga un «rostro humano», que no oprima tanto) o bien neoliberalismo puro (como por ejemplo el PSOE). Hay que intentar hablar con propiedad de la socialdemocracia entendiéndola como una vía hacia el socialismo a través de las reformas legales. Si no pretende llegar a ninguna clase de sociedad socialista no estaremos ante una socialdemocracia.

Problema: que la lucha legal se come todas las energías, y que con el tiempo esa lucha que opta por esta táctica se acaba desviando de sus intenciones inciales.

Poder popular.

El poder popular son todas aquellas experiencias que provocan un empoderamiento colectivo en base a la lucha y la disputa de la legitimidad y del control territorial con el estado. Estamos hablando de luchas sociales que se ganan y que generan esa sensación de que se puede llegar mucho más lejos. Entonces se generan nuevas luchas sociales más ambiciosas. En cuanto existe un control sobre su territorio, se crea un hito, una base desde donde seguir dando pasos adelante.

Y decimos que es un método de avance hacia el socialismo en cuanto que su práctica puede estar ligada a movimientos revolucionarios, como los de la sociedad paralela.

Problema: las derrotas populares echan al traste lo ganado. También son vivero de opciones políticas electoralistas, dado que también la socialdemocracia se puede basar en el poder popular para avanzar sus posturas y negociar con más fuerza ante la oligarquía haciendo pasar el poder popular como sus propias bases (aunque en algunos países realmente lo son).

Sociedad paralela.

Se trata de conseguir una sociedad (o sociedades en plural) comunitaria, comunalista o socialista a través de pequeños proyectos autónomos y autogestionados. Se puede tener como sociedades paralelas tanto al cooperativismo, entendido como experimento o experiencia de economía colectiva, como el neo-ruralismo de los pueblos okupados, como buena parte de la okupación (con «k»), o incluso de alguna manera las fábricas recuperadas. O todo a la vez, como hace la Cooperativa Integral Catalana. La idea es que se vaya conformando un imaginario propio de sociedad que viva al margen o por fuera de los marcos legales del estado, o incluso por dentro pero con sus propias normas, objetivos e ideosincrasia. También nuestros ghettos activistas, okupas o «anarquistas como forma de vida» viven una especie de sociedad paralela.

En los años 30 todo el entramado de ateneos, sindicatos, cooperativas, colectivos, periódicos, etc. conformaba lo que se conocía como la sociedad paralela que agrupaba muchas miles de personas que vivían literalmente en otro tipo de sociedad diferente al del resto del país. Sin embargo, en aquella sociedad paralela había rasgos de lo que llamaremos poder popular.

Problema: el aislamiento al vivir al margen de la sociedad. Es posible caer en actitudes que desdeñen la necesidad de la revolución (o un cambio de sociedad generalizado) dado que ya se está viviendo una experiencia avanzada.

Huelga General Revolucionaria.

Esta es el método clave del sindicalismo revolucionario y del anarcosindicalismo. Se basa en una huelga indefinida que genera un conflicto muy agudo en un territorio. El sindicato o sindicatos que la impulsan tiene un comité de huelga (que a veces ha tomado la forma de «consejos obreros») que llega a controlar territorios. Este control territorial se puede basar en una coalición con cosas preexistentes en el territorio como sociedades paralelas o focos revolucionarios.

Problema: en muchas ocasiones la huelga general revolucionaria se queda en peticiones económicas, que un gobierno un poco habil es capaz de prometer para desactivarla, aplazando el conflicto.

Foquismo.

Teoría revolucionaria del guevarismo (aunque parece ser que inventada por el anarquista Abraham Guillem) que se basa en crear focos revolucionarios en un territorio. Una vez que estos focos funcionan se pasa a otro territorio, y luego a otro. Cuando hay los suficientes se retroalimenta con huelgas generales y revueltas populares. En los años 90 se hablaba de la «zona roja», que venía de la autonomía alemana. Consistía en entrar en un barrio a abrir locales, centros sociales, cooperativas, etc. «colonizándolo» poco a poco y confluyendo con su tejido social. Con el tiempo se tenía un «barrio rojo» y de izquierdas tomado por nuestra propaganda.

Problema: las zonas rojas se pueden convertir en ghettos que no trascienden a su vecindario. Abrir centros sociales y ateneos no es garantía de que tu barrio se hará a tus ideas. Pero es un buen inicio.

Guerra Popular Permanente / Tensión anarquista.

Considero que son dos cuestiones muy similares a pesar de que la primera venga de Mao Tse Dong y la segunda de Bonanno. A grandes rasgos la guerra popular permanente se basa en una lucha a largo plazo, o bien sin tener en cuenta el final, y teniendo una correlación de fuerzas en contra nuestra que tiene lugar en un contexto rural. Poco a poco, golpe a golpe se consiguen algunas victorias, y estas dan pie a zonas liberadas que actuarían de forma similar a un mini-estado socialista a la espera de confluir con huelgas o insurrecciones populares en las ciudades.

Traduciendo todo eso al anarquismo, Bonanno entendía la «tensión» como una guerra permanente con la correlación de fuerzas en contra en un contexto de sociedad occidental, industrial y urbana. Al sistema hay que atacarlo para deslegitimarlo y para sembrar en la población una sensación de que no lo tiene atado y controlado. Los distintos ataques se suceden creando una indefensión que da pie a más represión o incluso a lo contrario, a abrir la mano. Pero si se logra confluir con procesos revolucionarios amplios se puede contribuir a la caída del sistema. También se daba en las organizaciones y grupos de lucha armada occidentales como las RAF, el IRA, Brigadas Rojas o ETA, aunque todos tenían sus movimientos populares que les retroalimentaban.

¿Quien está llevando a cabo este tipo de lucha en nuestro tiempo? Además de los maoístas (en Nepal, India y Filipinas) paradójicamente realizan una guerra popular permanente los yihadistas y los talibanes en el mundo islámico. No esperan ganar de inmediato, no tienen prisa. Golpe a golpe se hacen más fuertes y ganan legitimidad ante la sociedad que con el tiempo le parecerán un mal menor debido a la inefectividad del gobierno de turno para garantizar la seguridad de la población.

Problema: se da un aislamiento en la lucha, como el de muchas organizaciones armadas. La clandestinidad y el secretismo hacen que no sea tan fácil connectar con las luchas reales que está llevando a cabo la sociedad por otras vías. Entiendo que la guerra popular (del maoísmo) o la lucha armada no es autodefensa sino lo contrario, ataque. La lucha armada en los 70 y 80 se convertió en elitista, ya que fue muy por delante de los movimientos populares que la sustentaban. Se aisló y fue derrotada por ello.

Insurrección popular.

La imagen que nos viene a la mente de una revolución social es la de la toma de la Bastilla en la Revolución francesa, o la de la toma del Palacio de Invierno en la Revolución rusa. Una insurrección de masas es un acto de fuerza más o menos espontáneo que derroca un gobierno. Como dice el refrán a «rey muerto, rey puesto», y generalmente toma el poder un sector que ha participado en la insurrección que se da legitimidad para representar el conjunto.

Problema: son procesos muy complejos muy difíciles de controlar. Una insurrección puede poner en el poder a un gobierno incluso peor que el que acaba de derrocar.

La guerra.

Esta forma de imponer el socialismo se da teniendo ya países socialistas que derrotan militarmente otros. Evidentemente se trata de tomar el poder por la fuerza e imponer el socialismo, con todo lo que conlleva como hemos visto en el siglo XX.

Problema: que la sociedad no se cree el socialismo dado que viene impuesto, y a la primera oportunidad pueden querer volver al estado anterior.

Conclusión

Un proceso revolucionario tiene que partir de una situación de crisis del sistema imperante y poco a poco ir conquistando la hegemonía cultural y dar la sensación de que se producirá un cambio radical. Una transformación social profunda se produce con una combinación de varios métodos que hemos expuesto. El anarquismo, como es lógico, deja atrás la lucha parlamentaria de la socialdemocracia, para centrarse en procesos de sociedada paralela, poder popular y huelga general revolucionaria, que generalmente ha sido su campo de actuación hasta producir una insurrección popular. Todo esto ha ido acompañado por fuera del movimiento general de la «tensión» o lucha armada y expropiaciones.

@blackspartack

1 5 6 7 8 9 13