[Debate] Sindicalismo, articulación multisectorial y poder popular

La escena

El ciclo de luchas abierto por el 15M se ha cerrado cuando llegaron a un techo en el cual hacían falta referentes políticos que diesen una orientación política a nivel cualitativo y con carácter ofensivo a los movimientos sociales. Ante la falta de dichos referentes en gran parte de la izquierda, más centrada en autodestruirse que en construir (y en el anarquismo fue casi la tónica general hace unos 2 a 3 años), muchas activistas terminaron atraídas por los cantos de sirena de Podemos y el asalto institucional. Pero esto ya es agua pasada. Ahora vemos que el ciclo electoral está tocando a su fin y tenemos que ver cómo podemos reactivar la lucha en las calles. Dicho de otra manera, abrir un nuevo ciclo de luchas partiendo de la actual coyuntura.

Si bien podemos decir que las luchas laborales son imprescindibles en la lucha de clases, no puede ser expresamente el eje central de la misma, ya que en estos momentos el capitalismo afecta a todas las áreas de nuestras vidas, no solo el trabajo. De hecho, siguen existiendo otras estructuras sociales de opresión como el patriarcado y el racismo que terminan relacionándose. Sin entrar ahora en estos temas, en el panorama laboral actual, a parte de la actual coyuntura de precarización, microempresas, trabajo temporal… encontramos un desencanto generalizado con los actuales sindicatos mayoritarios, convertidos en gestorías y servicios burocráticos corruptos. Todo esto es resultado de la ofensiva neoliberal de los ‘70, época en que las izquierdas estaban en retroceso y la afiliación sindical descendía. Llegaron las externalizaciones, las deslocalizaciones y las reconversiones industriales que reconfiguraron los tejidos laborales y empresariales de todo el mundo, hasta hoy en día. Con la llegada de la mal llamada crisis económica del 2007-2008, la situación de las izquierdas y el tejido sindical al estallar dicha crisis eran testimoniales frente a la hegemonía casi absoluta de la ideología liberal. Tampoco dejaba mucho que desear las opciones revolucionarias, que estaban relegadas al folclore y las discusiones en el pasado glorioso. Todo eso más una pasividad generalizada, el descontento de la población comenzó a poner el foco de la mirada en otros problemas como la corrupción, el paro, la vivienda y los servicios públicos principalmente.

Las luchas laborales de hoy

A pesar del desencanto con los sindicatos, una escasa conciencia de clase generalizada y la actual situación del mercado laboral, sí que hemos visto conflictos laborales importantes. Además de recordar los conflictos mineros, el de Panrico y Cocacola, habría que mencionar las de Correos, en el sector TIC en empresas como HP e Indra donde comenzaron a tener implantación sindical, y más en especial el de Movistar, sin dejar atrás la huelga reciente en Telemarketing por un convenio digno. También vemos que en el sector servicios comienzan a crearse secciones sindicales, en concreto, en la hostelería. No sin olvidar a las Kellys, las camareras de hoteles, el sindicato de manteros e incluso las empleadas del hogar, son ejemplos de cómo los sectores más precarios comienzan a organizarse. Además, cabe mencinar la llegada del sindicalismo en artes gráficas como el de figurantes o los sindicatos de músicos. Esto quiere decir que en el mundo laboral hay conflictos abiertos y aún por haber que desde las bases de un sindicalismo de clase debemos saber impulsarlas, dotándolas de herramientas y recursos para que dichas luchas crezcan sin importar las siglas, sino atendiendo al sentido estratégico.

En todos los conflictos mencionados anteriormente, los actores (sindicales) son diferentes así como la composición de la plantilla que está involucrada en estos conflictos. Todo ello nos indica la diversidad de sindicatos que están llevando a cabo las acciones y movilizaciones. Haré especial mención al caso de la huelga de Movistar como ejemplo de articulación multisectorial, el cual rompió la barrera de las luchas sectotiales para conectar con los movimientos sociales, lo que permitió que alcanzase tal envergadura y repercusión. En este sentido, tenemos que hacer análisis amplios que vayan más allá de nuestros espacios políticos o de implantación de nuestro sindicato que vayan en el sentido de tejer alianzas con otros sindicatos y movimientos sociales.

En qué fallamos

Basta ya de lamentos y de culpar al sindicalismo de concertación. Miremos ahora hacia nosotras. Un gran error es confundir el sindicato con una organización política y reivindicar la identidad del mismo y la ideología antes que atender al aspecto funcional. Cuando priorizamos la identidad sobre lo funcional, ocurre que pasa de ser sindicato a grupo de afinidad donde entran mayormente aquellas personas que tienen ciertas simpatías con el anarquismo, y que hace otras cosas desatendiendo el sindicalismo. Cabe pues preguntarnos sobre cómo estamos actuando y cómo pretendemos articular un sindicalismo funcional en este tejido laboral tan precarizado y descompuesto si lo que pretendemos es crecer. Es más, cómo podemos configurar un movimiento sindical que llegue a los barrios, qué aspiraciones se pueden realizar desde el sindicalismo alternativo y rellenar los huecos a donde el sindicalismo de concertación no llegan. En política, cuando una organización, una fuerza o un actor deja un espacio en el escenario, es una oportunidad para que otra fuerza la ocupe. Esto es lo que deberiamos saber leer y aprovechar.

Las preguntas que deberíamos hacernos para la reflexión y la autocrítica deberían tirar en estos sentidos: ¿cómo afrontamos la subcontratación? ¿Cómo podríamos dar cobertura sindical a sectores desprotegidos y temporalizados como la hostelería, las empleadas de hogar o las camareras de hoteles? ¿Qué hacer con los y las trabajadoras en microempresas y PYMES? El sindicalismo de barrio podría ser una respuesta interesante ante estas preguntas, ya que ampliaría el campo de acción hacia el barrio y facilitaría la articulación multisectorial.

Salida hacia adelante

Hemos de ir superando los debates sobre las formas, los contenidos y las identidades para pasar a centrarnos en análisis de coyuntura, hojas de ruta, propuestas y líneas estratégicas. Así que las cuestiones de fondo no son si el sindicalismo tiene que ser ésto o lo otro, si tiene que ser libertario o no, o si la estructura está burocratizada o no, sino que más bien debe ir en el sentido del papel que pueda jugar como herramienta para la emancipación de la clase trabajadora actual y qué lineas políticas asume como instrumento para la lucha de clases. Más allá de la legalidad vigente y de los métodos de lucha en sí, hemos de plantearnos unas líneas que permitan una ofensiva a nivel político-social. En este sentido, primero hemos de contar las fuerzas que tenemos y qué objetivos debe tener un sindicalismo revolucionario. Podemos poner como finalidad el asumir el control de la economía por parte de la clase trabajadora, pero en medio existen muchos otros objetivos: constituirse como referente en las luchas obreras, ofrecer herramientas y apoyo logístico en la formación de nuevas secciones sindicales y asesoramiento laboral, tener contacto con cooperativas, tejer lábeles sindicales en los barrios, tener bolsas de trabajo propias, cajas de resistencia para huelgas, bases para la recuperación de empresas, mutuas… Son por ahora solo una tormenta de ideas, pero realmente necesarias para ir concretando objetivos y avanzar en materia.

Luego, la relación del anarquismo con el mundo laboral debe, primero, dar respuestas en el corto plazo en el sentido de ofrecer herramientas funcionales que resulten efectivas para poder ganar conflictos laborales, como por ejemplo, propuestas para revitalizar un sindicalismo revolucionario. No es que la gente se tenga que acercar al anarcosindicalismo o sindicalismo revolucionario, sino cómo podemos ir acercando las herramientas del sindicalismo revolucionario a los sectores precarizados y al mundo laboral, qué soluciones podemos aportar a esta coyuntura laboral y qué estrategias llevar a cabo para avanzar. Tanto en los movimientos sociales como en el mundo laboral, nuestro papel como libertarios es asumir una responsabilidad política de constituirnos como tendencia organizada e insertarnos en las luchas existentes tratando de que estas luchas avancen siguiendo unas líneas políticas socialistas libertarias, no porque tengamos razón, sino por acierto estratégico. Si no queremos mantenernos más tiempo a la defensiva, necesitamos propuestas para pasar a la ofensiva. Una de ellas, ya que estamos tratando el problema de la escasa vinculación entre movimientos sociales y luchas laborales, es la articulación multisectorial, que consiste básicamente en tender puentes y, de alguna manera, sincronizar objetivos que puedan asumirse tanto desde la perspectiva laboral como desde los movimientos sociales, que existan lazos solidarios entre ellos, como lo sucedido en la huelga de Movistar, la cual recibió apoyos desde la PAH y otros colectivos.

La propuesta de articulación multisectorial servirá como primer paso para romper las barreras sectoriales y sentar las bases para la construcción del poder popular, esto es básicamente, la capacidad material del pueblo para realizar sus aspiraciones y decidir su propio destino en todas las esferas de la vida pública: política, economía, sociedad y territorio. Aquí el sindicalismo revolucionario entraría en el papel de la construcción de un nuevo modelo económico sin desligarse del resto de luchas. Y nuestro papel como libertarios es ser un actor político que impulse un movimiento popular fuerte e independiente.

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El papel de las egresadas

Durante los últimos años has estado estudiando mucho, agobiándote en las épocas de exámenes, pagando las matrículas una, dos, tres veces o más… igual te anotaste a la escuela de idiomas para sacarte el B2 de Inglés, quizás piensas que el tiempo que le dedicaste a la militancia en el movimiento estudiantil se lo podrías haber dedicado a los estudios y quizás así no hubieras repetido esta o aquella asignatura… o hasta te hubieras evitado aquel curso nefasto en el que casi no apruebas ninguna.

Es posible que llegues a pensar esto, o algo parecido, si tu situación es la de estar acabando la universidad y durante tus años en la misma has estado en el movimiento estudiantil. Esto es así porque en estos últimos años, pocos o ninguno son los casos en los que las organizaciones estudiantiles o el movimiento estudiantil donde lo hubiera, han tenido pretensiones reales de transformar la sociedad, de mejorarla.

Por un lado, la actividad ha estado girando en torno a inercias a la contra, de defensa contra lo que se quería imponer y recortar, pero sin tener la fuerza real como para ganar dichas resistencias. Esto implicó que no se alcanzara la victoria en tales luchas. Ejemplo de ello puede ser la implantación del plan Bolonia en la universidad, o la subida de tasas en la mayoría de territorios del estado español. En secundaria podríamos poner el ejemplo actual de la LOMCE, aunque este último tiene sus propias particularidades dada su instrumentalización por parte de la oposición parlamentaria.

Por otro lado tenemos a las organizaciones estudiantiles. Estas no han sabido o si quiera pretendido crear un movimiento estudiantil, no han trazado líneas estratégicas para intentar activar al mayor número de estudiantes, no han intentado sacar luchas asumibles que terminaran en victorias para hacer contrapeso a las derrotas que el movimiento estaba sufriendo… en definitiva, las organizaciones estudiantiles han estado en su lucha particular de siglas y “pesca” por recursos humanos para sus organizaciones juveniles y/o partidos parlamentarios, dejando de lado la creación de movimiento. Es decir, no han tenido pretensiones reales de cambiar nada, no han sido capaces de crear, con el estudiantado, un contrapoder, un cuerpo social con capacidad de transformar la sociedad… no han sido organizaciones revolucionarias.

Con este panorama, como decía, es normal que llegues a pensar que la época de practicar este “hobby” que conoces como activismo o estar organizada toque a su fin, pero hay otra forma de verlo y por lo tanto de actuar.

Esas horas que dedicaste a organizar tal o cual evento, esa experiencia a la hora de hablar en público o de moderar una asamblea, esa capacidad de buscar aquello que necesitas partiendo de cero y sin ayuda… son conocimientos, teóricos y prácticos, que adquiriste en base al ensayo error. Este conocimiento lo puede incorporar a tu currículum y completar así tu formación académica. Pero sé que tú no solo puedes hacer esto.

Tú eres una persona que ha estado estos años metida en asambleas infinitas, pegadas de carteles, reuniones improductivas, manifestaciones con mucha gente, con poca gente, procesiones, revueltas, debates… y no lo has hecho porque te daban créditos, lo hiciste porque sentías que debías hacer esas cosas, que debías estar ahí. Y esto lo sé porque si no fuera así, ya no estarías leyendo este artículo.

Es por eso que para ti tengo una propuesta, una propuesta que le puede dar un sentido a todas esas horas que aparentemente no te aportaron nada, una propuesta con la intención de que seas partícipe en la creación de contrapoder, una propuesta para llegar a transformar la sociedad… así pues, una propuesta revolucionaria.

El día de mañana cuando estés en tu puesto laboral, un puesto de “rango elevado” por así decirlo, ya que ese es tu perfil laboral como egresada, conviértete en algo más que en una trabajadora, convierte en una profesional al servicio del pueblo, sé un cuadro revolucionario dentro de la empresa en la que trabajes.

Cuando digo revolucionario no es para que quede bonito, me refiero a que seas participe con tu trabajo en la construcción de poder popular. ¿De qué forma?

Una forma puede ser el destinar un porcentaje de su salario al sindicato, teniendo de referencia no al sindicato corporativista que habitualmente tienen los puestos técnicos, sino al sindicato que busque la creación de poder obrero mediante el sindicalismo revolucionario.

Otra manera de contribuir sería el servir, dado tu puesto en el proceso productivo en la empresa, de enlace para el acceso a determinada información para dicho sindicato.

De igual modo, por tus conocimientos, podrías ayudar en la preparación para el futuro control de la empresa por parte del sindicato: desde formando a trabajadoras de planta para cubrir los puestos técnicos y no tener que “comprar en el futuro al cuerpo técnico de la empresa, hasta diseñando el proceso productivo que se planea tener en determinado momento.  Un ejemplo de esto último podría ser el proceso de expropiación y la gestión obrera del 80% de las industrias y servicios en Catalunya entre 1936 y 39.

Seguramente se me escapen otras razones por las cuales la existencia de cuadros revolucionarios dentro de las empresas será una cuestión indispensable el día de mañana si de verdad queremos transformar la sociedad y tener un pueblo organizado capaz de tomar las riendas de su futuro.

Pero de lo que si estoy seguro, es que igual que tú te activaste en el anterior periodo de movilizaciones que hubo, ahora se va a activar mucha más gente en este nuevo ciclo que comienza y en los siguientes que vendrán. Continuar avanzando y no abandonar la lucha es el combustible que hará funcionar el motor cuando todas las piezas estén listas y colocadas. Así pues, ¿Podemos contar contigo?

Asambleas de barrio y pueblo: espacios de poder popular

En un contexto de crisis de las instituciones burguesas, en las que la oligarquía se encuentra con dificultades para imponerse y la izquierda institucional tampoco es capaz de constituir una alternativa, resulta imprescindible impulsar organizaciones populares fuertes, organizadas, capaces de hacer frente a la ofensiva reaccionaria y neoliberal.

Las asambleas de barrio o pueblo deben comprometerse en el análisis crítico de la realidad social del barrio, identificando carencias, necesidades de los vecinos, y elaborando propuestas para mejorar el bienestar social que partan del empoderamiento popular y permitan reproducirlo. Estos espacios pueden ser la base, junto con las secciones sindicales combativas en las empresas, de una institucionalidad comunitaria que permita el avance de la izquierda hacia una democracia en lo político y en lo económico: hacia la democracia socialista.

Ello requiere una ambición y una audacia que los partidarios de la organización popular en España no hemos demostrado en las últimas décadas. El resultado de esa pobre experiencia es una incidencia mínima en la inmensa mayoría de barrios y pueblos de la península, quizá con notables excepciones en Catalunya, Madrid y EH.

Mención aparte requeriría la cuestión de los centros sociales en los barrios, ocupados o no, sobre los que cabe aquí una reflexión. La retórica de estos espacios, centrada en el trabajo vecinal y las alternativas de ocio juvenil, está muy alejada de la realidad de la mayoría de ellos. Los centros sociales deberían ser espacios abiertos, bien cuidados y que cubran necesidades del barrio: clases de apoyo a estudiantes, deportes, grupos de consumo, asesoría legal, talleres formativos en informática e idiomas… La cultura crítica (exposiciones, videoforums, conciertos o presentaciones de libros) es importante, pero su lugar es exagerado como herencia del movimiento okupa de los 90.

Los centros sociales deberían ser espacios abiertos, bien cuidados y que cubran necesidades del barrio

El papel de los militantes libertarios debería ser acercar al vecindario y hacer de estos lugares centros de socialización. Para ello, deberán contrarrestar las tendencias regresivas que pretenden hacer de estos lugares espacios sucios, ideologizados y juveniles; proponiendo otros tipos de actividades. Es esencial dedicar nuestros esfuerzos a formar y reforzar los espacios sociales, críticos y plurales; que sean reconocidos como bienes comunes. Eso implica evitar la dinámica, demasiado habitual y poco productiva, de formar colectivos ideológicos de agitación y propaganda que se limitan a difundir el anarquismo en abstracto. Por resumir: Necesitamos más espacios amplios, fuertes y reconocidos, que construyan poder popular, en los que estemos colaborando con otras tendencias de clase; y menos colectivos libertarios ideologizados e ideologizantes.

¿Por dónde empezamos una asamblea de barrio?

El primer paso imprescindible es hacer un mapeo del tejido vecinal ya existente en el barrio. Esto incluiría: asociaciones diversas de intervención en problemáticas del barrio, asociaciones de vecinos, proyectos anticapitalistas… Esto nos permitirá hacernos una idea de algunas cuestiones básicas: ¿Qué se está haciendo en el barrio? ¿Quién lo está haciendo? ¿Cómo puede mejorarse el tejido barrial? ¿Desde dónde puedo yo incidir mejor para reforzar el tejido popular en el barrio?

En la mayoría de barrios, la existencia de grupos políticos afines realizando actividad social es prácticamente inexistente. Con todo, aún podemos acudir a organizaciones no tan cercanas pero que estén desarrollando actividades que sean interesantes para apoyar la construcción de poder popular. Estoy hablando de asociaciones de vecinos, organizaciones ecologistas, e incluso ONGs. Lo importante es no quedarnos en casa. Participar en estas organizaciones nos permitirá obtener contacto con el barrio, recabar apoyos y realizar algún proyecto interesantes en la línea de fortalecer el tejido del barrio.

¿Desde dónde puedo yo incidir mejor para reforzar el tejido popular en el barrio?

En aquello lugares donde hay grupos políticos organizados es necesario romper con la cultura política de la desconfianza y de las discusiones por cuestiones secundarias o de muy largo plazo. Esto es posible si se trabaja en conjunto en torno a las necesidades de la mayoría social desde espacios comunes. Debemos impulsar esos espacios de trabajo conjunto: asambleas populares del barrio o pueblo donde todos los actores estén representados para trazar líneas de avance conjuntas.

¿Y qué hacemos?

Una vez conocidas las necesidades del barrio o pueblo es más sencillo trazar proyectos plurales que impliquen a todos los actores. Por ejemplo, si vivimos en un barrio de ciudad con vecinos preocupados por su consumo, los grupos de consumo, que organizan a los consumidores y los ponen en contacto con productores ecológicos, son un ejemplo de proyecto que puede atraer a vecinos, transformar sus hábitos de consumo y construir sociabilidad. Montar un grupo de consumo puede ser una semilla desde la que caminar hacia la toma de decisiones colectivas sobre cuestiones del propio barrio. Por supuesto, otro ejemplo serían las asambleas de vivienda para hacer frente a los procesos de desahucio. Así como el resto de propuestas que mencionaba más arriba: clases de apoyo a estudiantes, deportes, asesoría legal, talleres formativos en informática e idiomas…

Actualmente, lo cultural está sobredimensionado en los espacios sociales. Esto ha formado un mundillo que podríamos contracultural que tiene poco de popular y mucho de gueto cerrado. ¿Cómo podemos enfocar lo cultural de otro modo? César Rendueles, en un escrito muy lúcido en el periódico Diagonal, animaba a afirmar una política cultural que partiese de aquellos espacios de cultura que funcionan, a saber: la cancha, el parque infantil y la biblioteca del barrio. Sobre el deporte no puedo estar más de acuerdo: «Me parece esencial que el mundo de la cultura aprenda del deporte, donde el amateurismo, la autoorganización y la participación popular masiva son realidades consolidadas.» Sobre la biblioteca, mi impresión es que son más necesarias que nunca aulas de estudio, lugares de consulta y espacios de tranquilidad para los jóvenes; los espacios sociales en los que participamos los anarquistas raramente están dando cabida a estas necesidades. Afortunadamente existen casos como este de Manresa. O la Liga de Fútbol Popular en Vallekas.

afirmar una política cultural que parta de […] la cancha, el parque infantil y la biblioteca del barrio.

Respecto al modelo de organización de estas asambleas, se podrían realizar plenarios anuales donde se marquen objetivos, medios para conseguirlos y se repartan responsabilidades. Luego se podrían realizar valoraciones semestrales sobre los acuerdos. Lo esencial es que se marquen acuerdos claros y que se cumplan a rajatabla, con objetivos realistas y mecanismos para solucionar los problemas lo más rapidamente posible cuando esto no ocurra.

Para que estos espacios sean una realidad hay que poner la organización social por encima de los intereses partidistas e individuales. Es parte del interés de todos (militantes y vecinos) que las asambleas construyan poder popular en los barrios y que este pueda detener las ofensiva neoliberales, los recortes, los pelotazos urbanísticos… También resulta necesario primar la estabilidad de las asambleas populares. Hay que asegurar el relevo generacional formando a la nueva militancia en las experiencias de las anteriores generaciones, impidiendo una ruptura o un olvido del relato de luchas y victorias pasadas.

En definitiva, se trata de valorar nuestra institucionalidad, de tomarse en serio el proceso de organizarla y potenciarla. El objetivo del poder popular es que la población organizada gestione los equipamientos públicos, o al menos participe de la toma de decisiones en pie de igualdad con las instituciones del régimen. Eso es posible si consigue convertirse en un organismo legitimado y estable.

Unas asambleas de barrio y pueblo así, junto con un sindicalismo fuerte, nos permitirían construir un mundo más libre y mejor, oponiéndonos a las políticas antisociales y antiecológicas que nos reserva en los próximos años el capitalismo y el Estado.

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El movimiento de okupación en Madrid tiene ya un largo recorrido histórico desde mediados de los años 70, y en un principio ligado a las asociaciones vecinales y grupos sindicales. Muchos han sido los barrios y pueblos madrileños que han contado con experiencias de okupación, casi siempre criminalizadas desde los medios de comunicación y reprimidas por las instituciones estatales, autonómicas y locales, pero también con un gran apoyo social y político por los movimientos populares que las han impulsado. Las siguientes temáticas o puntos clave que resumen la experiencia de la okupación en Madrid en la actualidad, son fruto de la reflexión tras el debate surgido en las jornadas que organizaron en el E.S.O.A. La Dragona en el barrio de la Elipa, con motivo de su octavo aniversario.

Asistencialismo o actividad política.

El concepto de okupación es eminentemente político y va ligado inevitablemente al mismo. La recuperación de un terreno o un edificio deshabitado, temporal o permanentemente, con fines de convertirlo en un espacio cultural y de acción, supone dotarle de vida como experiencia política. Además, se denuncia al mismo tiempo el derecho de propiedad privada en una lógica económica capitalista, entendiéndose el propio hecho de okupar ya un acto de subversión. Por lo tanto, un espacio okupado no implica un traspaso nominal de propiedad al margen de la legalidad, sino que pretende construir un proyecto de aprovechamiento de espacios vacíos con fines sociales y políticos. Se trata, en definitiva, de reconquistar parcelas y herramientas robadas por el sistema económico capitalista y el Estado.

Por lo tanto, estos espacios sociales okupados no deben ser lugares donde practicar un asistencialismo puntual hacia el barrio, para ello es imprescindible dar un sentido político a la construcción misma de estos espacios culturales, y en ocasiones, de ocio alternativo. Cada espacio okupado es un mundo aparte con dinámicas y flujos distintos (que son el reflejo de la voluntad de sus integrantes), con normas consensuadas por su asamblea de gestión y con unas herramientas de comunicación y unas sensibilidades políticas con matices diversos, pero fundamentalmente con una ideología detrás que sustenta la construcción del espacio.

En un espacio okupado habitualmente se dan propuestas a corto plazo y un calendario semanal, que convive a la vez con unas propuestas a largo plazo de estrategia o ideología política más amplia. Un punto muy importante es no acabar convirtiéndose en un gueto, sino ser la expresión política de los movimientos populares de un barrio o una comunidad. Por eso mismo, es totalmente necesario explicarles a ese barrio qué es un centro social okupado, pues su asamblea no pide permiso a ninguna institución para okupar pero solo tiene sentido si se construye junto a la comunidad, pues eso genera la legitimidad que lo sustenta.

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Coordinación real entre grupos sociales.

Los centros sociales okupados responden a su realidad más cercana, es decir, trabajan con lo más inmediato espacialmente. Se tienden redes de solidaridad frente a amenazas y desalojos, o campañas puntuales más amplias, independientemente de las afinidades particulares entre las mismas. En Madrid es bastante complejo establecer una coordinación amplia y fuerte por las características de la ciudad. Las realidades en los barrios son muy distintas, y las dinámicas políticas que se construyen tienen cada una su propia idiosincrasia. La dedicación a los espacios de cada comunidad genera que se tenga poco tiempo para una coordinación de mayor envergadura. También influye notablemente el esfuerzo de cada espacio okupado por su propia subsistencia, ya que el status de la okupación es ilegal, y por lo tanto está fuertemente perseguido y reprimido desde los propietarios especuladores, administraciones municipales y tribunales estatales.

Pesa a estos impedimentos para crear una amplia coordinación del movimiento okupa en Madrid, existe la experiencia desde hace unos años de la conocida como Oficina de Okupación de Madrid, ubicada en el CS(r)OA La Quimera de Lavapiés. Un espacio que articula la información en torno al asesoramiento legal y asesoramiento técnico para promover proyectos de okupación, y poder contar con la ayuda necesaria o el bagaje ya aprendido en años de diversas experiencias. Esta oficina ha editado incluso un manual de okupación (http://www.okupatutambien.net/wp-content/uploads/2011/11/ManualOkupacion1aEd.pdf)  al alcance de cualquier persona para formarse sobre todos los aspectos relacionados con la okupación de un espacio.

No obstante, más allá de esta ligera articulación y contactos puntuales, no se ha dado ninguna coordinadora de okupas de Madrid. Como trabajo pendiente para el futuro, deberíamos sacudirnos el lastre que supone a veces sumergirnos plenamente en el barrionalismo pues nos limita a ver más allá de las fronteras de nuestros centros. Es necesaria una verdadera coordinación de los espacios okupados madrileños, pues su potencial tiene mucho que aportar a la configuración de comunidades que se establezcan como un contrapoder real a las instituciones municipales. No debemos caer tampoco en la simpleza de entender los centros sociales okupados como entidades libertarias al margen del capitalismo y que serán la base de la sociedad igualitaria futura. Los espacios okupados son una herramienta en las luchas del presente, lugares donde poner en marcha la pedagogía de la desobediencia y espacio de encuentro de los movimientos populares para articular una ruptura social frente al capitalismo.

puerta Remunicipalización de los espacios okupados

Durante este último tiempo hemos visto en Madrid una evidente ofensiva contra los espacios sociales okupados, dirigida desde el ayuntamiento gobernado por el experimento político reformista de Ahora Madrid. Al principio cabía la sorpresa de que viniera este ataque desde esta administración municipal en concreto, y no desde el gobierno municipal anterior de sesgo ideológico mucho más conservador.

No obstante, el espacio político en juego es de gran importancia para los intereses del Ayuntamiento de Madrid, puesto que este no puede permitir que la base social madrileña contestataria al capitalismo, le desborde por la izquierda y le ponga en incómodas situaciones frente a los poderes económicos fácticos. De esta manera el gobierno local ha impuesto a varios espacios okupados de la capital la obligación de pasar por el aro de la legalidad, y administrar los espacios desde las instancias municipales.

Esto supone una ruptura absoluta del sentido político básico de estos espacios okupados, y ante esa imposición, los centros okupados están respondiendo negativamente a las expectativas municipales. Sin embargo, el Ayuntamiento quiere culpabilizar a los centros sociales okupados como la parte intransigente en la negociación. Su propuesta conlleva un maquillaje y desvirtualización de las actividades, un engaño de base a nosotros/as mismos/as. En su comunicación con estos espacios okupados, aunque pueda parecer increíble, están jugando sucio, tratando de generar divisiones internas en las asambleas de gestión y sembrando tensiones o desilusiones. Además, la administración local está proponiendo soluciones ilícitas, como la cesión de espacios sin que salgan a concurso público, o peticiones irrealizables como solicitar condiciones de reforma de los espacios que ascienden a cientos de miles de euros.

La okupación no hay quien la pare

Es importante ser conscientes precisamente de lo que supone ideológicamente la okupación, y cuáles son sus objetivos políticos. No debemos aferrarnos a un edificio aunque este sea significativo y útil, el mantenimiento de un espacio solo se debe contemplar cuando este siga siendo utilizable. Con esto no debemos pensar que estamos claudicando, como ya hemos expuesto la okupación supone una evidente confrontación con la legalidad y un continuo peligro de represión. Ante esto debemos de actuar inteligentemente, puesto que el beneficio de un espacio okupado es social, y administrado desde los movimientos populares, por lo que la actuación de la asamblea debe ser consecuente con este punto.

Los espacios son desechables, y lo verdaderamente importante es seguir desarrollando un proyecto autogestionado en cualquier otro espacio. El problema es que los espacios se defienden por motivos de apego emocional, son muchas las experiencias colectivas vividas en estos centros sociales, espacios que nos ayudan a crecer también individualmente. Abandonar para abrir otro espacio no es una derrota de la resistencia sino un cambio para sobrevivir, aunque la resistencia es perfectamente una vía frente a las instituciones que quieren robarnos los espacios que hemos recuperado. La institución ni es legítima ni se la considera un interlocutor válido.

También es cierto que no deberíamos comunicar públicamente el desalojo de nuestros espacios okupados como un acto ilegal por parte de las autoridades, puesto que la misma okupación es un acto ilegal, pero con el cual estamos de acuerdo por encontrarlo legitimado en la propia lucha de las clases populares. De esta manera no caeremos en la contradicción de querer defender los espacios okupados con la legalidad en la mano, pues sabemos que esta no se ha creado en beneficio del pueblo. Esperemos que en el futuro continúen surgiendo proyectos okupados en muchos espacios de Madrid, que consigan aunar fuerzas suficientes en barrios, universidades e incluso centros laborales.

Okupa, resiste, crea.

Enlaces del mes. Septiembre 2016

Iniciamos el mes mirando hacia la India, donde para el día 2 se convocó una huelga general contra las políticas antiobreras de Modi. La convocatoria fue secundada ampliamente afectando a los sectores estratégicos del país como los transportes, algunos colegios, centrales eléctricas y la banca estatal. Además, los y las trabajadoras demandan una subida del salario mínimo, acusando al gobierno de imponer medidas antiobreras y antipersonas.

Los medios de comunicación se convierten, de forma cada vez más vergonzosa, en panfletos propagandísticos de quienes los financian, aunque suponga defender a indecentes. Los argumentos dejan paso a los ataques irracionales y buena parte del periodismo se entrega al sensacionalismo. ¿Qué espacio queda para la información y el debate razonado?

El tema del top manta llega a Madrid tras el anuncio de un plan contra la venta ambulante por parte de Ahora Madrid. Aquí unas declaraciones sobre la situación de Puente y Villa de Vallecas para el concejal del distrito de Vallecas Paco Perez, en las cuales se recogen los problemas del barrio y la cuestión de supervivencia de la población migrante allí residente.

La noticia de que han declarado santa a la Madre Teresa de Calcuta levantó críticas sobre todo por la falsedad demostrada de la propaganda católica que difunde el mito de la generosidad y misericordia por parte de una mujer que siempre daba trato insalubre a enfermos y pobres imponiéndoles una especie de asceticismo altamente perjudicial, pues su misión no era sanar ni alimentar a nadie sino preparar sus almas para la otra-hipotética-vida.

La lucha de los y las presas políticas vascas cntinúan contra las políticas criminales de los estados español y francés, los cuales les niegan derechos fundamentales a prisioneras enfermas o siguen con la política de dispersión.

La revitalización sindical a corto plazo es esencial para transformar las relaciones de producción, dentro de la estrategia para la revitalización es clave la negociación colectiva, donde cristaliza la relación de fuerza entre empresarios y trabajadores/as.

Hecho un repaso del momento político, la conclusión es clara: Es el momento de reactivar las luchas sociales y la construcción de nuevas formas de movilización para construir poder popular desde la izquierda.

Por último, no está de más echar un vistazo atrás sobre el papel del anarquismo en la transición y algunos errores que hemos heredado desde entonces. En aquellos tiempos revueltos, las izquierdas comenzaban a asomar tras la muerte de Franco, no sin obstáculos y peleas internas.

Breves apuntes sobre la situación actual del régimen español

El análisis de la actual situación del régimen español daría para realizar una tesis doctoral, pero desde aquí proponemos algunas notas sobre aspectos clave al respecto que compartir y poder debatir entre los partidarios de una transformación democrática socialista y libertaria.

1. Las élites económicas, a las que también también hemos llamado oligarquía o 1%, han sacado músculo ante la (remota) posibilidad de formación de un gobierno progresista con participación de Podemos. Con Felipe González y PRISA (la SER y El País) a la cabeza, no han dudado en cargar duramente contra el partido que «mejor ha representado a España desde la transición», el PSOE. El sacrificio puede quedarse a medias por la lejanía de las próximas elecciones una vez se entregue el gobierno, aunque lo más probable es que el PSOE siga perdiendo apoyos y la pasokización (o caida hacia la irrelevancia) es una posibilidad firme. Entre tanto, El País ha perdido un poco más su maltrecha credibilidad con sus editoriales infames. Se trata del régimen blindándose ante su crisis y confiándose al nuevo partido de estado, el PP, que sale impoluto de la sucesión de casos de corrupción y con una artillería mediática a su servicio.

2. Podemos, las confluencias y los procesos de independencia forman un cóctel que asusta al régimen. Se sitúan en la mejor posición para liderar a la izquierda en las instituciones del Estado. Sin embargo, respecto a Podemos no son pocas las tensiones internas en su seno, entre su militancia y para con sus votantes. Mucho más si hablamos de las confluencias e introducimos a los actores de la izquierda independentista en Catalunya y EH. La única posibilidad de plantar cara a las políticas neoliberales y reaccionarias es un frente amplio de izquierdas que abarque desde el populismo transversal representado por los errejonistas hasta los partidarios del poder popular autónomo, pasando por la izquierda independentista. Este frente no puede ni debe conformarse de manera uniforme, ni en base a una relación orgánica, sino a objetivos comunes que partan de la confluencia de intereses populares. El movimiento popular de clase, por tanto, debe liderar este ejercicio y cualquier herramienta electoral ha de jugar un papel subsidiario. Para ello, es necesario un pueblo fuerte y organizado mediante sindicatos y agrupaciones autónomas. Ahora mismo, las tímidas protestas de la redacción de El País sonrojan visto el arrojo con que el poder marca la linea editorial de este periódico, ejemplos similares encontramos en otros medios de comunicación donde el empoderamiento popular de la redacción podría, llegado el caso, poner coto al control mediático. También es necesaria una nueva política de clase, firme pero alejada de sectarismos, capaz de tejer alianzas estratégicas en lugar de generar fricciones y rupturas constantes.

3. Es necesario acabar con la impunidad del Partido Popular. Resulta más necesario que nunca abrir una brecha entre sus tendencias, además de airear sus vergüenzas. En lo político, este partido abarca un espectro desde el neoliberalismo capitalista de derechas a la añoranza autoritaria franquista. Más allá de lo ideológico, también distintas familias se disputan las cuotas de poder al interior del partido. Hasta hoy, apenas se ha profundizado en esas fracturas, atacando al bloque derechista como un todo inamovible que, a la postre, refuerza su unidad interna. Los juicios por corrupción nos dan una buena oportunidad de cambiar esto. Rajoy y su política de la inmovilidad, unida a la constancia del voto derechista, ejercen de tapón frente a las luchas internas que podrían desatarse en cualquier momento. Hay que recuperar la conflictividad social del tiempo entre el 15M y las marchas de la dignidad, cuando creíamos que el gobierno de Rajoy tenía los días contados. Con el fin de su mayoría absoluta, aunque llegue a gobernar, tendremos mayores oportunidades.

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