[Recomendación] Narcos, la ruta de la impunidad

Una producción de Miatzen SARL para Kale Gorria

Ya es sabido por mucha gente que las razones de Estado mueven el cotarro. Pero no siempre es conocido el entramado mafioso que mueve a un Poder constituido. Por suerte, este documental nos abre los ojos y demuestra fehacientemente la implicación de altos mandos de la clase política, los cuerpos represivos del Estado, los medios de comunicación oficiales y, sobre todo, poderosos grupos económicos en el negocio del narcotráfico y la prostitución. Impresionante, revolucionario y atrevido trabajo de Kale Gorria.

Este video desvela datos y conexiones inéditas, narradas desde dentro por los propios capos a través de documentos excepcionales: sus pactos con los políticos, los policías que tenían a sueldo, los crímenes cometidos, sus negocios millonarios…

 

Sentando las bases

El maremagnum de grupos, colectivos, sindicatos y organizaciones anarquistas (o que comparten métodos o finalidades con el anarquismo) ha sido incapaz en los últimos años de sentar unas bases comunes que marquen su actividad conjunta. Como resultado de esta carencia, no resulta raro el espectáculo de grupos pretendidamente afines que defienden públicamente posiciones contrarias, bien a nivel de objetivos o bien a nivel de estrategias. Incluso existen grupos objetivamente cercanos que pasan a considerarse enfrentados por diferencias de una importancia bastante relativa. No son despreciables las rupturas y otros problemas derivados de toda esta oposición.

Sin querer acabar con la heterogeneidad del movimiento, sí que considero esencial empezar a expresarnos públicamente de manera colectiva, en base a un programa de mínimos concreto y asumible por todos, que hable de qué sociedad aspiramos a construir los libertarios y cómo vamos a avanzar hacia ella en el corto plazo. Para alcanzar dicho consenso resulta fundamental llevar los debates y la diversidad de propuestas al seno del movimiento, de manera que de las conclusiones de esos debates salgan unas nociones comunes para expresarnos políticamente. ¿Qué pasos vamos a dar en los próximos meses y años los anarquistas? ¿Qué estrategias vamos a seguir? Es necesario un proceso que eleve estas preguntas desde la asamblea del colectivo en la que participamos a un nivel superior, el del movimiento en el que esa asamblea se enmarca. A ese nivel nunca hay debate, porque apenas existen espacios para desarrollarlo.

Este mismo sitio web, Regeneración, ha sido un modesto intento de conseguir un espacio para el debate razonado entre libertarios de tendencias diversas. Aunque nace lastrado por la dificultad de expresar conclusiones en el medio virtual, lo cierto es que algunos de los debates que se han abierto resultan necesarios y están todavía sobre la mesa. Solo se echa en falta que más tendencias dentro de lo libertario se animen a expresar sus posiciones. Por supuesto existen otros espacios, cada uno con sus particularidades: El foro alasbarricadas.org, la revista Estudios…

Otra problemática que se repite en los pocos debates que tienen lugar dentro del movimiento es la posición de trincheras, la incapacidad de aceptar los argumentos contrarios. También una tendencia a reproducir los enfrentamientos personales en enfrentamientos políticos sinsentido. Una serie de prácticas que pesan como una losa a la hora de tratar de avanzar. Eso solo puede solucionarse con la apuesta firme de todos los implicados en este tipo de miserias por acabar con ellas, demostrando una altura de miras suficiente que ponga el interés general por encima de las aspiraciones particulares.

Finalmente, el desarrollo de un movimiento necesita de unos actores que no aparezcan súbitamente, ardan durante un par de años como máximo y desaparezcan repentinamente sin dejar apenas rastro (bien por cansancio, por un cambio en las condiciones vitales de sus miembros o por la incapacidad de asumir el golpe represivo derivado de su actuación). La dinámica de los grupos efímeros es incompatible con la construcción de unas líneas comunes de actuación. Estos grupos pueden tener su papel, pero en ningún caso pueden sustituir la necesidad de organizaciones que trabajen de manera continuada en temáticas diversas, de manera que acumulen experiencia, contactos, etc. Precisamente por su capacidad de mantenerse en el tiempo estas organizaciones podrán constituir las bases de un proyecto colectivo que no desaparezca a las primeras de cambio y tenga que reinventarse reiteradamente.

Una propuesta práctica para iniciar el trabajo en común

Para el avance cualitativo de nuestras prácticas resulta esencial un proceso amplio de debate, que ponga sobre la mesa los objetivos a corto plazo, las lineas estratégicas sobre las que trabajar y las formas de organización desde las que realizar dicho trabajo. Dicho debate debe partir de diversos análisis sobre la realidad presente y concretarse finalmente en unas conclusiones que definan el proyecto político de los anarquistas. Análisis que, al estilo de las diferentes comisiones existentes en algunas asambleas del 15M, pueden centrarse en temáticas concretas: Laboral, Barrio, Juventud, Economía…

Asímismo deben surgir espacios donde compartir los distintos análisis y confrontarlos unos con otros. Espacios desde donde extraer unas conclusiones compartidas que marquen nuestra actividad futura. En todo este proceso deberán participar todos los grupos libertarios que, en un sentido amplio, aspiran a un cambio social que parta de la sociedad misma (o de una gran parte de esta).

Sobra decir que todo este trabajo está por hacer. En general, nuestros análisis son escasos, anticuados o simplistas. El análisis del capitalismo o del Estado que hacen muchos autores clásicos no se adapta al contexto presente, por mucho que nos empeñemos en adecuar el presente con calzador a nuestros esquemas. Nuestros panfletos son una serie de lugares comunes repetidos decenas de veces, verdades autoasumidas que rara vez ayudan a clarificar posiciones o a saber qué tenemos que hacer. Desde esta incapacidad para analizar la realidad presente es imposible influir positivamente en la sociedad. De ahí también que en ocasiones acabemos haciéndole el juego a la derecha o a la socialdemocracia, incapaces de presentarnos como una fuerza en sí misma.

También, como ya hemos indicado, están por definir los tiempos y los espacios en los que dichos debates podrían tener lugar. Los medios de contrainformación (virtuales o en papel) son una buena herramienta para comenzar, pero en ningún caso son suficiente. Es necesario desarrollar encuentros presenciales a nivel local y regional, con unas líneas de debate y unos textos conocidos de antemano, con un funcionamiento acordado por los grupos participantes. Encuentros que se desarrollen con la voluntad de llegar a acuerdos que sean de algún modo vinculantes para las organizaciones.

Por último, resulta necesario ser capaces de trasladar estas conclusiones a la sociedad. Exteriorizar qué es a lo que aspiramos, por qué, cuáles son nuestras propuestas de futuro a corto y medio plazo, nuestras estrategias… Solo de ese modo podremos ir más allá de la difusión ideologizada y empezar a enganchar con las prácticas de los movimientos sociales. Volviendo a ser un actor político relevante con ideas y propuestas para mejorar las cosas desde hoy mismo. Para que este proceso de ruptura con el gueto pueda tener lugar resulta esencial participar en los movimientos sociales, desde un propuesta específicamente libertaria pero sin pretender forzar sus tiempos y dinámicas. Tenemos que ser capaces de potenciar las propuestas más avanzadas del movimiento sin aspirar a dirigirlo o ejercer de vanguardia. Defender nuestras posiciones y no quemarnos si no son aceptadas. Comprometernos a trabajar y no poner trabas si las decisiones no son las que desearíamos. Ser críticos sin ser destructivos.

¿Por dónde empezamos?

Esta quizá sea la pregunta clave. Son muchas cosas por hacer y la mayoría no sabemos ni por dónde empezar. Lejos de tratarse solo de construir, los problemas enquistados dentro del movimiento muchas veces tiran abajo cualquier intento antes incluso de echar a andar.

A nivel individual, es fundamental repensar qué dinámicas negativas estamos reproduciendo: enfrentamientos personales, actitudes intransigentes, falta de compromiso y de humildad… Son problemas que no tienen otra solución que volverlos conscientes en uno mismo y comprometerse a cambiarlos, empezando a participar de una manera más constructiva, abierta y honesta.

También resulta necesario acabar con los chiringuitos, tan comunes en la izquierda, montados ante todo para reafirmarnos a nosotros mismos. Tenemos la tendencia a movernos en los espacios donde tenemos cierto reconocimiento y nos sentimos cómodos. En el momento en el que esos espacios se abren y entra gente nueva, surgen problemas debido a que esa renovación pone en cuestión nuestro antiguo estatus dentro del grupo. Esto da lugar a escisiones que, justificadas de las formas más rocambolescas, no son más que chiringuitos montados únicamente por cuestiones personales y no por diferencias políticas de calado.

Por cuestiones similares, tendemos a crear nuevos grupos antes de participar en los ya existentes. La mayoría de grupos desaparece, más que por una decisión consciente, por una falta de relevo. Es hasta cierto punto comprensible que conforme cambia la situación vital de los militantes de un proyecto, estos se vean obligados a abandonarlo o minimizar las responsabilidades que pueden asumir respecto al colectivo. Es necesario que los grupos gestionen este relevo, pero también que las personas que puedan dárselo se comprometan con los proyectos ya existentes más que comenzar desde cero y duplicar trabajo. Para ello también es necesario, por parte de los antiguos miembros, saber llegar a acuerdos respecto a los cambios en las lineas generales del colectivo ante la entrada de nuevos miembros y, por parte de quien entra a participar, respetar las decisiones y el trabajo acumulado durante la existencia del grupo.

A nivel colectivo, debemos asumir una visión de conjunto e ir más allá del trabajo de nuestra propia asamblea. Empezar a desarrollar análisis en el terreno en que nos movemos y compartirlos con el resto de grupos. Empezar a organizar espacios de debate con colectivos cercanos (ya sea geográficamente o de temáticas tratadas) para construir redes de apoyo y de debate. Utilizar los medios que ya existen para presentar estos análisis y para confrontarlos con los de otras organizaciones afines, de manera que se genere un proceso de debate con perspectivas de cierta confluencia, con el objetivo de desarrollar las líneas de un programa común de los libertarios.

Si sabemos hacerlo, puede que recuperemos el anarquismo como movimiento con capacidad de influenciar la realidad social y alterar el futuro. En definitiva, está en nuestras manos abandonar la marginalidad y reconstruirnos como movimiento revolucionario.

¿Qué entendemos por política?

Cuando abrimos cualquier periódico burgués y miramos en la sección ‘Política’, leemos los discursos de los partidos sobre cuestiones que afecten al país, casos de corrupción en ciertos partidos políticos, y en general, asuntos que traten sobre las decisiones de los partidos políticos, las leyes, las relaciones exteriores y lo que se debata en los parlamentos. Todo ello nos da a pensar que la política es aquello asociado a las instituciones y al Estado, siendo un tema que debe ser tratado por profesionales que han estudiado carrera y que, por ello, tienen legitimidad para representar al pueblo y decidir por éste. No obstante, lejos de esta connotación dada desde los medios de comunicación y los propios políticos, «política» significa realmente la gestión, administración y organización de las sociedades humanas, nada relacionado con la profesionalización de la política y un asunto lejos del alcance de la población.

Sin embargo, la mayoría de la gente todavía desconoce el significado real de la política y, eludiendo responsabilidades, se niega a meterse en política, ya sea porque desde ciertos partidos políticos tratan de persuadirnos de que es malo meter la política en deportes, en la vida personal, en las escuelas, en el trabajo, etc; o porque piensan que la política es un juego sucio y manchado de corrupción. Son aquellos que se declaran apolíticos y -en palabras de Bertolt Bretch- «no sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales». Pese a que no toda nuestra vida es política, sí que nuestras condiciones de vida son fruto de las decisiones tomadas por la clase dominante que ostenta el poder político.

Empero, si entendemos la política, no como una profesión, sino como lo descrito en la introducción, se nos abren muchas puertas y ponemos a nuestro alcance la capacidad para la gestión colectiva y la creación de instituciones propias emanadas de la libre asociación, entendiendo «instituciones» como órganos de gestión -en este caso- no jerárquicos en los cuales sean puntos de encuentro para que el pueblo sea quien tome las decisiones políticas y no una clase parasitaria. Por numerar unos ejemplos: asambleas, sindicatos, comités, federaciones, confederaciones, municipios, etc.

Ya con los conceptos claros, podemos distinguir la política profesional de la política real. La política profesional tiene su origen en los Estados -es decir, en una institución jerárquica y separada del pueblo, constituido para gestionar la vida del pueblo y a la vez utilizada como instrumento de dominación por las clases propietarias- y en nombre de la voluntad general se consolida como un poder legítimo para gobernar al pueblo y «velar por sus intereses». Pero la realidad es bien diferente a la teoría, y la política como profesión termina siendo prostituida, puesta al servicio de las clases dominantes en contra de los intereses del pueblo. En cambio, la política real es la que surge de las masas populares que, tomando conciencia de su condición de explotados y que la política no solo es cosa de políticos, se organizan en base a principios como el asamblearismo, la ayuda mutua, la solidaridad de clase, la cooperación… Es la política que se crea en las calles, en los tajos, en las escuelas y en todos los lados donde existan desigualdades sociales y sujetos activos dispuestos a transformar esa realidad.

Nuestro contenido socio-político

El anarquismo es la corriente política más vilipendiada de todas, no mirándolo desde una perspectiva victimista sino atendiendo a la realidad en que vivimos y cómo se ve que desde los medios, los políticos hasta la gente común, que el anarquismo es caos, o una utopía, o libertinaje… En cambio, para quienes andan más enterados del tema, aunque sin acercarse demasiado, asocian al anarquismo a CNT (mirando el caso español) y, por más desgracia que suerte, a la estética y la actitud punk, en menor medida del skinhead o del Straight Edge. Sin embargo, lejos de todo ello, el anarquismo es una ideología política que en la práctica constituiría/debería constituirse un movimiento socio-político de carácter antiautoritario y aspiraciones revolucionarias, cuyo contenido se está perdiendo por la identificación del anarquismo con actitudes tribuurbanistas. Desde aquí me planteo una serie de cuestiones y es precisamente la vinculación del anarquimo al punk, y en menor medida del skin y del Straight Edge.

Sin contar el plano cultural, que tampoco podemos menospreciar ciertas las creaciones artísticas y musicales que han generado esos colectivos, así como el «Do It Yourself», el movimiento okupa… No obstante, aquella rebeldía juvenil de los años ’70 se alejó de la lucha de clases y de la sociedad, lo que hizo -y está haciendo- que no sean capaces de articular una respuesta social amplia y viable. Si atendemos a la historia del movimiento anarquista, tanto en su teoría como en su praxis, observamos claramente ese componente socio-político que lo ha caracterizado desde sus orígenes y, pese a unos períodos de alejamiento de la clase trabajadora cuando se extendió la táctica de la propaganda por el hecho, estuvo más presente en el imaginario popular como una corriente política alternativa a la izquierda institucional y marxista. No obstante, hoy en día, al identificarse el anarquismo con características del punk/skin/straight, pierde su contenido socio-político que lleva intrínseco en sí, distorsionando lo que realmente es el anarquismo y haciendo de una corriente política una ideología tribuurbanista. Para más inri, desde los medios se atribuyen las estéticas y las actitudes al anarquismo con un claro intento de despolitización de éste.

Por otro lado, sería oportuno aclarar que estoy tratando el tema enfocado a nivel colectivo, pues a nivel individual, pueden haber militantes con estética punk -o lo que fuere- que lleva un compromiso con la lucha social y participa activamente en las organizaciones formales. También aprovecho para señalar que no defiendo ninguna estética y la critico cuando se antepone la estética frente al contenido.

«El anarquismo nació de la revuelta moral contra las injusticias sociales» (Malatesta) y por ello siempre ha tenido una tradición de lucha social y clasista, algo que ni el punk ni el skin ni el straight tuvieron porque más bien, pese a la influencia anarquista en ellos, terminaron en un «anarquismo de estilo de vida», quizá algunos colectivos con mayor presencia en la sociedad que otros, pero no se muestran capaces de realizar una labor de inserción social. Aunque el problema no son las actitudes tribuurbanistas en sí, sino la identificación de ellas con el anarquismo, pues existe una clara incompatibilidad entre la lucha social y de clases con actitudes antisociales y tendientes a la marginación.

Debemos recuperar este rico contenido político que caracteriza nuestra teoría y la tradición de lucha social y clasista resultado de la aplicación de la teoría, y para ello debemos trabajar en la formación teórica para poder ofrecer análisis de la realidad social y dar así con alternativas materializables utilizando como herramienta la organización político-social. Sabemos que es difícil pero hoy más que nunca es necesario que los anarquistas estemos presentes en los movimientos sociales en donde podamos actuar dándoles una perspectiva libertaria, dejando a un lado las actitudes antisociales y tribuurbanistas.

Recuperando el derecho a rebelión (I)

En este ensayo me propongo rescatar de la historia el «Derecho a rebelión» contra la tiranía y adaptarlo al contexto actual, es algo extenso por lo que he decidido dividirlo en tres partes. Aquí va la primera entrega:

Definición de tiranía

La tiranía en su interpretación clásica equivale al despotismo, pero con el paso del tiempo con su mala aplicación ha perdido parte de su sentido y con la aparición del concepto de “totalitarismo” se le aplicó por igual a distintos tipos de gobierno opuestos o sencillamente al enemigo ideológico. Para que un gobierno sea tiránico tiene que tener al menos cuatro rasgos fundamentales: arbitrariedad (el ejercicio de poder no está regulado, sino que obedece a la voluntad de los gobernantes, se produce una situación de indefensión y de incertidumbre), imposición (los gobernantes tienen miedo de los gobernados y los gobernados de los gobernantes, no existe una legitimación del poder), imposibilidad de cambio pacífico (al no tener un fundamento racional solo se mantiene por la fuerza y solo puede ser derribado con ésta) y el uso de la demagogia para camuflar la fuerza.

Etimológicamente la tiranía designa el mando de una minoría sobre una mayoría con la existencia de un poder ilimitado no regulado por las leyes, aunque no solo eso las caracteriza, las dictaduras y autocracias también comparten este rasgo pero con algún matiz, en los autoritarismos el gobernante está sujeto a las leyes hasta que decide modificarlas. La tiranía se caracteriza además por ser el “gobierno antipolítico”. 

La tiranía no es un régimen político sino una situación política, corrompe lo político ya que implica un dominio directo sobre los gobernados, es un desorden donde domina la fuerza, además es un gobierno en beneficio del tirano y de su entorno.

El Derecho a rebelión

«Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo la insurrección es para el pueblo y para cada porción del pueblo, el más sagrado de sus derechos y el más indispensable de sus deberes» Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano

El derecho de rebelión es un derecho reconocido al pueblo frente al gobernante ilegítimo, los griegos y los romanos rechazaban el gobierno tiránico pero se limitaban a evitarlo mediante una forma mixta de gobierno, durante la edad media es cuando se empieza a tomar forma el derecho a la resistencia, bajo el nombre de tiranicidio, en esa sociedad contractual lo legítimo era lo legal, cuando se deja de tomar al Derecho como lo justo es cuando se produce la separación entre legalidad y legitimidad, ya que la idea de justicia que tiene el poder político puede ser muy diferente a la que tenga el pueblo, pero esta solo adquiere carácter legal cuando es impuesta. El proceso de resistencia se encontraba arbitrado por el Papa o el Emperador.

Los primeros autores que se encargaron de teorizar sobre el tiranicidio fueron Juan de Salisbury y Santo Tomás de Aquino. Se distinguía entre dos tipos de tiranía: Ex defectu titutli (cuando el gobernante era un usurpador sin título para ello) y A regimene (ejercicio injusto del poder, abuso de autoridad). En el primer caso se trata de una tiranía política y en el segundo de una diferencia entre legal y justo.

Juan de Mariana estableció las condiciones para el tiranicidio: primero se advertía al tirano para que cambiase su comportamiento, luego se le amonestaba, luego se legitimaba la insumisión al gobernante y por último se justifica matar al tirano en acto de legítima defensa.

En la edad moderna apareció el Estado con la pretensión de ser un órgano imparcial que arbitrara las disputas de la sociedad, este acabó con el derecho a la resistencia y al tiranicidio. La dificultad estaba en que la resistencia tendría que ejercerse contra el mismo Estado que se presentaba como impersonal.

En la época contemporánea con el reconocimiento de la soberanía popular y con el constitucionalismo surgió el problema de distinción de leyes tiránicas, ya que la constitución era una garantía frente a gobiernos absolutistas, pero todavía podía darse el caso de que se produjesen leyes tiránicas, según Jaime Balmes eran las que eran contrarias al bien común, no tenían por objeto el bien común, que otorguen privilegios, que excedan las facultades del legislador y que no se ajustasen a los procedimientos establecidos según la constitución. Durante la edad contemporánea el derecho a la rebelión tomo un carácter social y fue desarrollado sobre todo por el movimiento obrero y los teóricos del socialismo.

Definición de democracia

La democracia es el poder de la mayoría o en interés del mayor número”Tocqueville

La Democracia en teoría es el “gobierno de todos”, se caracteriza porque el poder se encuentra repartido entre la totalidad de sus miembros, por lo que la toma de decisiones es fruto de una voluntad colectiva. También puede entenderse como la igualdad de condiciones que es uno de sus aspectos claves, ya que supone la ruptura con los privilegios del antiguo régimen, la sociedad estamental estaba formada por rangos que se adquirían por el nacimiento y era casi inexistente la movilidad social, la sociedad democrática está formada por individuos con iguales derechos y deberes.

Esta es la definición ideal, el modelo que se pone en práctica es la llamada “democracia representativa” donde el pueblo a través de un proceso de elecciones confiere confianza a unos representantes para que gobiernen en su nombre, este tipo de democracia necesita una serie de instituciones pero fundamentalmente al Estado que es la entidad superior y desde donde se ejerce el poder político, el ejercicio de poder está regulado por un ordenamiento jurídico además de estar divido en tres funciones: la ejecutiva (Gobierno, consejo de ministros y jefe de Estado), legislativa (cámaras de representantes: Congreso y Senado) y judicial (administración de justicia).

El sistema de representación está organizado mediante los partidos políticos, estos son organizaciones constituidas por individuos que se identifican con unos ideales comunes y tienen como meta tomar el control político, cada partido presenta una serie de candidatos para ocupar cargos públicos mediantes las listas y los electores deciden. El desarrollo de los partidos ha estado ligado al del parlamentarismo desde sus inicios como nexo entre el electorado y el Estado. Se distinguen cuatro etapas: La primera son los llamados partidos de cuadros (durante el sufragio censitario), con el sufragio universal aparecieron los partidos de masas, cuando apareció la clase media y se consolidó el Estado de Bienestar los partidos perdieron su carácter ideológico y se convirtieron en Catch-all, la última etapa es la de los partidos cártel, donde la mayoría de ellos se financian públicamente y forman una “clase política” independiente con sus propios intereses que principalmente es obtener subvenciones y mantenerse.

Aquí termina la primera parte, continúa en la siguiente entrega.

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