Activarse II

Como concluíamos en el anterior artículo, la activación política es un proceso personal que depende de una componente colectiva: Las condiciones materiales y psicológicas que permiten el proceso. Por ello, podemos centrarnos en el aspecto personal de la militancia política libertaria para analizar cómo esta puede iniciarse.

Formación

Un individuo que desea activarse debe estar decidido a formarse. “Un pueblo inculto es un pueblo facil de dominar”. Formarse implica ser crítico con todo comportamiento adquirido por la cultura hegemónica, pero también serlo con el espacio de militancia y con la adquisición de nuevos códigos, comportamientos o valores. La formación no puede consistir, como está ocurriendo, en la repetición y adopción de códigos del gueto estético-político. Este parece ser el deseo de algunos anarquistas, que se limitan a discurrir por los mismos callejones sin salida en los que llevamos años enredados. La formación libertaria consiste en la reflexión constante sobre las formas de actuación de cada uno, desde una perspectiva no sólo ética, sino también estratégica. La crítica social unida a la autocrítica personal, pero asumiendo las incoherencias que sólo se superarán en el proceso de ruptura revolucionaria que se está construyendo. Una persona decidida a activarse debe ser capaz, por tanto, de separar críticamente las aportaciones radicales y revolucionarias (que le interesa asumir e interiorizar) de aquellas superfluas, marginantes y desmovilizadoras.

Con la idea de formación pretendo englobar todos los aspectos individuales del proceso de activación. Así pues, formarnos no quiere decir únicamente leer libros de autores anarquistas. Formarse es un proceso teórico y práctico donde cada cual va adquiriendo madurez en sus ideas (a base de confrontarlas con la realidad y entender sus errores y sus aciertos). De tal modo se aprenden y se refinan las estrategias para la participación política en un proceso que no termina nunca. En este aprendizaje es importante que los movimientos, agrupaciones y colectivos recojan las valoraciones sobre aciertos y errores de luchas o actividades concretas llevadas a cabo, pues permiten la acumulación de conocimiento y evitan en la medida de lo posible la repetición de viejos errores.

Para ello, también es necesario que los colectivos no desaparezcan o se diluyan cada pocos años, si no que al menos algunos de ellos constituyan referentes, que acumulen lo aprendido en una herencia rica de luchas y de reflexiones sobre las mismas, que aborden desde ahí el aspecto formativo de las personas que se activan y que alberguen en su seno debates de corrientes a nivel estratégico.

Por último, apuntar que no se trata sólo de formación política. El conocimiento técnico, científico, sensible, humanista e incluso la misma intuición pueden ser perfectamente aplicados al trabajo revolucionario. Quienes defendemos una gestión directa de los asuntos públicos debemos estar capacitados para gestionar en común todos los aspectos de la sociedad.

Sófocles Parra Salmerón, uno de muchos anarcosindicalistas encarcelados tras la Guerra Civil, cuenta cómo en la prisión él y sus compañeros tomaron todos los puestos posibles para acceder al control de aspectos vitales de la cárcel con el objetivo de mejorar las condiciones de vida y empoderar a los presos, recordarles sus capacidades, su inteligencia, su dignidad: cocinas, correos, comunicaciones… hasta convertir el funcionamiento de la propia cocina en un modelo de colectividad.

Del mismo modo, para liberarnos de la autoridad es indispensable aprender a encargarnos colectivamente de desarrollar y mantener nosotros mismos las estructuras sociales, con el fin de transformarlas.

[Recomendación] Lectura: Plan B

¿Qué está pasando con las publicaciones anarquistas que ya no se hablan de los mismos temas de siempre? Ninguna novedad, puesto que las tendencias anarquistas también están cambiando, es lógico que estemos viendo publicaciones distintas a las tradicionales, es decir, los típicos fanzines que casi siempre habla de lo mismo: el Estado, el voto, la libertad, el capitalismo… Este texto que os traigo no es otro más de teoría pura y dura, tampoco de los años ’90 o ’00 de nuestra era. Es una publicación que toca temas más actuales, así como la fibra sensible de ciertas personitas, y más cercanas a la realidad que vivimos en el día a día. En esta revista podremos encontrar diversos temas los cuales tratan algo respecto a la persecución de anarquistas como terroristas, la cuestión nacional, algo de literatura, movimiento libertario en el nuevo siglo, cambio de tendencias, sindicalismo, etc con un toque de humor (y plagios, algo de cuyos autores y autoras se enorgullecen). Sin más, os dejo el link de descarga directa y no el de ISSUU que es para hipsters que tienen cuenta. Así que pongo este panfleto al alcance de los y las lúmpens, que lo disfrutéis:

Plan B

Superar las puñaladas de ayer

Nota preliminar:

Antes que nada, voy a dejar claro que este artículo no pretende levantar discusiones ni abrir viejas heridas para crear acaloradas polémicas, sino para la reflexión y cómo afrontar el presente aprendiendo las lecciones del pasado.

Ha llovido mucho desde que la facción bakuninista de la I Internacional fuese expulsada por la facción marxista. Entristece y da mucha rabia cuando leemos la historia del movimiento anarquista en el primer tercio del s. XX ver cómo las revoluciones anarquistas eran aplastadas también por el marxismo-leninismo y cómo los logros realizados por la revolución social hayan sido pisoteados y ninguneados tanto por la historiografía oficial como por ciertos marxistas. Leemos la historia del movimiento makhnovista y la participación del movimiento anarquista durante la revolución rusa, y lo que nos encontramos es que el makhnovismo fue un movimiento principalmente campesino que se levantó en armas contra la antigua aristocracia y luchaba también contra las diferentes burguesías que trataban de conseguir su trozo de pastel. Los y las makhnovistas consiguieron un territorio libre, sin Estado, y un ejército dedicado a defenderlo, pero esta historia bastantes leninistas la desconocen por completo y menos saben que fueron traicionadas por el bolchevismo. Luego viajamos al Estado español plena guerra civil y ya nos suenan los sucesos de mayo del ’37, la persecución de militantes libertarios en Catalunya y la destrucción de las colectividades aragonesas (Camilo Berneri también sería asesinado en esos tiempos). La contrarrevolución fue orquestada por agentes stalinistas, siendo el PSUC la cabeza visible. Finalmente, lo que me llevó a escribir este artículo fue una breve lectura sobre la Comuna de Shinmin, una desconocida historia llegada del sudeste asiático en la cual se narraba de un movimiento anarquista organizado previo, con núcleos tanto en Corea, Manchuria, Taiwán, Japón, entre otros, lucharon contra la ocupación japonesa a la vez que contra la burguesía local y los nacionalistas, construyendo así un territorio donde el Estado fue sustituido por Consejos federados y estructuras asamblearias en 1929. Tres años después más o menos, fue aniquilada por el régimen de Stalin junto con las fuerzas imperiales japonesas.

A pesar de todo, estamos en el siglo XXI, con la mayoría de movimientos revolucionarios derrotados en los países capitalistas avanzados. Tenemos una coyuntura que está cambiando rápidamente y estamos viviendo una reestructuración capitalista que está destruyendo lo poco que nos queda de derechos sociales. El pasado ya no se puede cambiar, ya no recuperaremos las tierras que liberó Makhno y su Ejército Negro, ni las colectividades de Aragón, ni los territorios que se liberaron en Manchuria… Tenemos que pasar página pero no olvidar, tenemos que salir del estancamiento en el pasado y de las peleas ínútiles y plantear alternativas en el presente. En esta coyuntura, marcada por nuevas formas de movilización social, comienzan a brotar nuevas tendencias dentro del anarquismo. Ya no valen los métodos tradicionales, tenemos delante una nueva situación en el cual las batallas en el terreno social constituyen un factor importante a la hora de fortalecer un movimiento popular. Pero en el camino seguimos encontrando miserias en la misma trinchera (hablando entre anarquistas y marxistas). Entre reyertas por cuestiones del pasado y tirarnos piedras entre las que se supone que somos compañeras, lo único que se consigue es que sigamos en la marginalidad malgastando fuerzas en plantar cara, no al sistema capitalista, sino entre compañeras. Entre el machismo que divide al anarquismo en particular y la izquierda en general, entre la priorización del partido sobre todo lo demás, los sectarismos, los juegos sucios, peleas de egos y demás, son mucha mierda que tenemos que ir limpiando para avanzar mínimamente en algo.

Y de nuevo, las lecciones de la historia: el makhnovismo fue anterior a la llegada de los bolcheviques a Ucrania y fueron una fuerza política capaz de lograr el comunismo libertario sin necesidad de un Estado proletario y a la vez combatir a diferentes fuerzas reaccionarias. Pero llegó la traición, derramaron mucha sangre campesina y el resultado fue la restauración del viejo orden de explotación de los terratenientes. Así también como que en la Revolución social del ’36, el frente antifascista se debilitara por los sucesos de mayo del ’37 y la destrucción de las colectividades, suponiendo así la vuelta de los privilegios de la pequeña burguesía propietaria, generando desabastecimiento y desmoralización en los frentes donde combatían las milicias de la CNT-FAI. Todo aquello terminaría en la derrota de la izquierda misma y la instauración de la dictadura franquista. Y lo mismo podríamos decir de Shinmin; derramamiento de sangre por asesinatos selectivos de militantes libertarios bajo las órdenes de Stalin y posterior barbarie del régimen imperial japonés al ocupar ese territorio y llevar a la burguesía japonesa a explotar los recursos de la zona. Así que, ¿qué ganaríamos la clase trabajadora si nos traicionáramos por cuestiones ideológicas e intereses partidistas? Podemos asegurar que ninguna.

Y la gran pregunta del millón, ¿sería posible una unión entre marxistas y anarquistas? Esta cuestión puramente ideológica realmente no debería ocupar el plano central en estos momentos. Recordemos que todavía queda que los y las anarquistas nos consolidemos como un movimiento inserto en los movimientos sociales y una fuerza política real, con capacidad para oponer el poder popular contra el sistema capitalista. En este aspecto, nos queda mucha tela que cortar y piedras que pulir. ¿Y una posible alianza? Sí. Considerando nuestra propia situación y nuestras capacidades, una alianza táctica —que no necesariamente política— sería una estrategia bastante acertada de cara a articular un movimiento autónomo y de clase, esto es, reconstruir el movimiento obrero a partir de los movimientos sociales y las luchas inmediatas. Por estas razones, no nos interesa crear más hostilidades, ni perder el tiempo con discusiones ideológicas. No se nos hace prioritario la confrontación con marxistas, pues tenemos un enemigo más poderoso que combatir y un movimiento popular y una fuerza política que construir.

Reflexiones sobre un pueblo fuerte

En mi anterior artículo ya hablé de la necesidad de que les anarquistas dejáramos de estar a la defensiva para pasar a la acción. Lo que yo expuse en mi anterior artículo puede que fueran mis reflexiones personales e individuales, pero sé a ciencia cierta que eso mismo lo pensaban y lo piensan muchas personas más. Análisis, debates y artículos que reflexionan en torno al problema del movimiento-ghetto anarquista que, guste o no, hemos creado o, al menos, es lo que tenemos en buena parte, abundan. Se torna manifiestamente claro que si nuestras ideas actualmente no tienen más seguidores entre el pueblo no es principalmente por acierto de les que nos oprimen, sino por defecto nuestro. Llevamos mucho tiempo sin una estrategia clara y haciendo muchas cosas mal o con un objetivo diferente al de convertir al movimiento libertario en un movimiento de masas, capaz de transformar nuestros anhelos en algo real. Que también se han hecho otras muchas cosas bien es obvio, pero para tirarnos flores nos sobra tiempo, para reaccionar y posibilitar alcanzar otro mundo, no.

Ha surgido Construyendo Pueblo Fuerte . Por ahora no es más que un manifiesto firmado por militantes y activistas sociales que buscan superar al capitalismo y al Estado y conseguir una democracia de verdad (directa, económica, participativa, inclusiva: libertaria ) luchando desde abajo al margen de los cauces institucionales, pero puede llegar a ser mucho más: puede llegar a ser lo que pretende.

La cosa está clara. Ante el eterno retorno de la socialdemocracia, les que no nos identificamos con las instituciones de este sistema y no creemos en las vías electoralistas y en los parlamentos, necesitamos organizarnos, reconocernos y visibilizarnos . Pero no merece la pena que nos visibilicemos si no tenemos nada que proponer. Sí, abolir el Estado y el capitalismo; comunismo libertario, democracia directa y asociación libre. Vale, muy bien, pero igual necesitamos algo más . Igual necesitamos ponernos manos a la obra a elaborar un programa específico para las necesidades políticas, económicas y sociales de nuestro tiempo . Igual necesitamos juntarnos alrededor de una iniciativa confluyente para poder tener fuerza de verdad, poder popular , sin abandonar nuestros principios (al revés, reafirmándolos) ni nuestras organizaciones. Igual necesitamos estar dispuestes a lanzarnos al barro y ponernos de mierda hasta las orejas, como han hecho todes aquelles a les que admiramos y que ya solo son palabras en libros o en nuestras bocas.

Este mundo es complejo. Como diría una gran persona, «no escogemos el tiempo que nos toca vivir, solo lo que hacemos con el tiempo que nos ha sido dado». Nuestro tiempo nos ha puesto en una situación realmente complicada, una muy difícil, pero eso no debe asustarnos ni hacer que nos quedemos resguardades dentro de nuestro caparazón, aunque las condiciones sean adversas y nada bueno se augure. Yo estoy hasta las narices de esperar . Estoy ya cansado y no tengo… mejor dicho, no tenemos (tanto) tiempo. Entre nosotres no hay jerarquías, ni órdenes ni jefes, construiremos lo que nosotres mismes queramos construir , así que basta de excusas y basta de cobardías.

Cada une que haga lo que crea conveniente para sí. Yo lo tengo claro.

@LuisAcrata

El anarquismo como herramienta y no como utopía

¿Qué es el anarquismo? Probablemente, a esta pregunta le sucederían un montón de respuestas. La particularidad del anarquismo es que cada anarquista tiene su propio concepto, pero compartiendo el común denominador que es una sociedad libre, sin Estado ni clases, basada en el apoyo mutuo y la cooperación, organizada a través de las comunas y éstas se agruparían en una confederación de comunas. Kropotkin lo definió como «principio o teoría de la vida y la conducta que concibe una sociedad sin gobierno, en que se obtiene la armonía, no por sometimiento a ley, ni obediencia a autoridad, sino por acuerdos libres establecidos entre los diversos grupos, territoriales y profesionales, libremente constituidos para la producción y el consumo, y para la satisfacción de la infinita variedad de necesidades y aspiraciones de un ser civilizado.» Pero esta definición, aunque válida, le falta más cosas. De hecho, incluso a muchas definiciones dadas al anarquismo actualmente les faltan. Muchas de ellas apuntan al fin, a esa lejana sociedad libre ideal, pero no concretan los medios. Esta es la cuestión que trataremos, pues aunque el anarquismo no sea una utopía, a partir de ciertas definiciones, da la impresión de que sí lo es.

Hablemos en presente. Actualmente, el sistema dominante es el neoliberalismo, y el anarquismo prácticamente ya no es una fuerza política y constituye en muchos sitios —que no en todos— un movimiento minoritario o casi marginal, aunque hay casos de realizaciones del anarquismo a muy pequeña escala a nivel local. Si algo es realizable quiere decir que no es utópico, pero es discutible, puesto que hoy por hoy, es absurdo pensar que en un período de tiempo relativamente corto, seamos capaces de materializar a mayor escala el anarquismo o socialismo libertario. Sin embargo, también es cierto que los principios antiautoritarios se pueden aplicar igualmente en el presente, y es aquí de donde tiene que partir las herramientas de transformación.

Si presentamos continuamente el anarquismo únicamente como sociedad ideal futura, estaremos diciendo que el anarquismo es utópico. De hecho, a día de hoy, materializar una sociedad anarquista a mediana o gran escala en el actual contexto neoliberal es imposible. Pero que sea imposible no impide que sigamos aspirando a ella. Esto no significa que nos convirtamos en apasionadas soñadoras tratando de ser lo más coherentes posibles con nuestras ideas, sino buscar medios materiales para llegar a los objetivos de largo plazo. Para ello, es imprescindible desde el anarquismo, crear las herramientas para ello sabiendo que la revolución no vendrá espontáneamente sino que será resultado de una acumulación de fuerzas en favor de la clase trabajadora. Lo primero de todo, es esencial conocer el entorno que nos rodea a través del análisis de la coyuntura, y actuar donde existan conflictos sociales, autoorganizándonos y utilizar nuestros principios para aplicarlos en la praxis inmediata. En este sentido, potenciar las estructuras asamblearias para la toma de decisiones colectivas, fomentar la acción directa como método efectivo para la resolución de conflictos, así como las estructuras horizontales en las organizaciones populares, y, en definitiva, poner a disposición de todas nuestros métodos y no hacerlos exclusivamente nuestros.

 Necesitamos más un anarquismo que sirva como herramienta de lucha, porque de lo contrario, por mucho que querramos lograr una sociedad libre sin clases ni Estado, si no tenemos los medios para ello, estaríamos continuamente soñando con utopías mientras vemos cómo continuamente el capitalismo se reestructura en cada crisis. Por ello, cabe añadir a las definiciones del anarquismo como que «no solo es un principio o teoría de la vida que concibe una sociedad sin gobierno cuya armonía se obtiene por el libre acuerdo, sino que también constituye una herramienta para la praxis social y política encaminada a la emancipación social de las clases oprimidas.»

Ante el típico reproche de «lo vuestro es imposible», responderíamos que no se trata de un proyecto de realización inmediata y espontánea ni tampoco se trata de un estilo de vida única y exclusivamente personal, sino que también el anarquismo constituye, a día de hoy, una herramienta de lucha al alcance de cualquiera que desee un cambio radical. Aspiramos a un mundo mejor, por supuesto, y esto nos impulsa a luchar contra todas las agresiones del capital y el Estado, pero no expresamente declarando una guerra abierta, sino pensando bien las estrategias y, partiendo del análisis de la coyuntura, crear las estructuras organizativas adecuadas para cada ámbito de lucha, potenciar los movimientos sociales de base para crear comunidad, buscar alianzas con otras tendencias políticas más afines y constituirnos como actor político revolucionario.

La acción directa como método de resolución de conflictos, el asamblearismo como vía para la toma de decisiones colectivas, la descentralización como estructura organizativa, la autogestión como independencia y autonomía económica, etc, constituyen métodos propios del anarquismo que pueden aplicarse perfectamente en las luchas actuales, los cuales se emplearían, no solo para ganar pequeñas victorias, punto muy importante para llevar la moral alta, atraer a nuevas personas, crear redes y lazos de solidaridad así como comunidades en lucha, sino también llevarnos a la posibilidad de dar un salto cualitativo. Así que, los y las anarquistas no vamos a ir al monte para vivir nuestras vidas, sino que constituiremos una alternativa de confrontación al sistema, dotando de contenido político a las luchas y poniendo sobre la mesa las herramientas necesarias para avanzar en ellas. No es momento para poner excusas escudándose en la coherencia o la libertad personal, es momento de volver a levantar la cabeza, repartir las herramientas y caminar.

Madurar políticamente

Ya nos divertimos suficiente, es hora de ponerse las botas y desfilar. Hemos dejado de  ser críos y crías odiosas de la ESO, o saliendo de sus últimas etapas. Comenzamos a dejar atrás el irracionalismo y los impulsos, a controlar los vaivenes emocionales. La etapa adolescente es volátil, vivimos una vida intensa y dinámica, con aventuras y desventuras. pero todo fue efímero. O no. Hay ocasiones en que la fiebre adolescente perdura incluso pasados la mayoría de edad. Y ahí nos dicen que maduremos, que dejemos de llorar e idealizar mundos porque la realidad es así y tal pascual. No fallan, atinan de lleno cuando una y otra vez chocamos con muros de muy diversos materiales: la empresa, la precariedad, la familia, las leyes… Luego la realidad no es lo que imaginábamos ni que sería fácil saltar o derribar muros. No, la realidad es ésta y no la que nos imaginamos. La realidad material son muchas cosas pero solo hay una y es el entorno material que nos rodea, el tablero en donde nos movemos y quien no sabe jugar la partida, caerá al abismo, a la miseria, se baja o les bajan al subsuelo. Pues así pasa con la política. O espabilamos o nos comen.

Hace tiempo hice una serie de viñetas titulado ‘Infantilismo político’ en la cual hice una crítica a ciertas actitudes que impedían la construcción de movimiento, de hacer política racionalmente y de manera sensata. Sin embargo, queda incompleta en cuanto falta una crítica constructiva en general y es de lo que quiero tratar aquí, aprovechando también para añadir otras cuestiones más. Con madurar políticamente no me refiero a renunciar a las ideas revolucionarias, como nos suelen reprochar nuestros padres o madres o cualquier persona adulta para que las dejemos. No. Madurar políticamente es pensar con la cabeza y mente abierta, y no repitiendo consignas y clichés prefabricados; es dejar las abstracciones ideológicas y pisar la realidad material; es saber analizar el entorno y las dinámicas sociales, las situaciones económicas y políticas desde un punto de vista imparcial, y también saber dar unas respuestas a ellas, cómo afrontar situaciones presentes en esta realidad sin perder las aspiraciones futuras. Continuamente debemos estar repensando los conceptos y actualizar los puntos de vista, así como ampliar conocimientos. Por ello, temas como el de la violencia, las relaciones con la sociedad, otros movimientos sociales y otras corrientes políticos, la relación con otras ramas del conocimiento como las ciencias, en las cuales están incluidas las matemáticas, la física, la química, la biología, sociología, etc, deben tratarse con mayor profundidad. Comencemos:

El asunto de la violencia y no-violencia lo he tratado ya aquí y la conclusión no es solamente violencia ‘sí’, sino que las tácticas deben partir de la estrategia teniendo en cuenta factores como el grado de presencia de tendencias políticas y movimientos sociales, su historia, las reivindicaciones, y acorde a tales, optar por la violencia o no. Si no se mira más allá del estallido violento, correremos el riesgo de apoyar protestas liberales y neonazis.

Respecto a la relación con el resto de la sociedad. No somos ni deberíamos ser grupos herméticos, individualidades excéntricas y aisladas del resto de la gente corriente y moliente (léase personas sin una orientación política clara). Guste o no, vivimos en sociedad y nos relacionamos con gente cercana en nuestro entorno que no siempre comparten nuestras inquietudes. Hay que destruir los clichés, estereotipos y mitos que nos hacen como seres extraños que viven en su burbuja y solo viven del pillaje o de los padres. Somos mortales de carne y hueso, estudiamos, trabajamos, tenemos nuestros vicios y aficiones, etc, pero somos personas como las demás y no vivimos de ideales. Eso sí, con la diferencia de que tenemos cierta conciencia política aunque esto no quiere decir que podamos sentirnos superiores moralmente.

Respecto a otros movimientos sociales, pues más de lo mismo. Ni los movimientos sociales nacen anarquistas ni los y las anarquistas somos movimiento per se, ni somos la única fuerza política en el escenario político., y por supuesto, no podríamos hacer la revolución sin bases sociales, sin movimientos sociales y sin ser actores políticos. No hablo de zambullirnos en ellos y mezclarnos en las masas, sino de entender su desarrollo, trayectoria, reivindicaciones, perspectivas, etc para ver cómo podemos impulsarlos y dotarlos de orientación política a través de nuestra participación y aportación en las luchas que se den. Además, es necesario que nos organicemos a nivel político, y a la vez que caminamos junto con otros movimientos, construir nuestro propio movimiento y demostrar la utilidad del anarquismo como herramienta política y social transformadora.

Igualmente añado aquí algo con respecto a otras tendencias políticas dentro de las corrientes revolucionarias. Aquí hay que ver con quiénes podemos compartir acciones comunes o con quiénes mantenernos neutrales. Sería un error centrarnos en combatir un enemigo que no resulte una amenaza real para nuestro movimiento, ya que dicha amenaza viene del Estado y el sistema capitalista. En todo caso, las circunstancias dirán.

Por último, pienso que es importante tomar el tema de las ciencias con mayor rigor y seriedad. Es cierto que hoy en día la ciencia y la tecnología está al servicio del status quo, o, dicho de otra manera, que juega en favor de los intereses de la clase dominante, y podemos encontrar casos como la biología que justifica el darwinismo social o que justifica la dominación heteropatriarcal, la tecnología no respete el medio ambiente, la física se use para fines militares, las matemáticas para el cálculo del beneficio económico, etc. No obstante, es un grave error pensar que por el hecho de que las ciencias sirvan a los intereses de la clase dominante, las tengamos que rechazar y huir hacia las pseudociencias y el misticismo, al rechazo irracional del método científico aplicado al análisis social y político, al idealismo. Todas las ramas del conocimiento científico pueden servir a una clase social u otra dependiendo de cuál sea la dominante o hegemónica. Esto quiere decir que es otro espacio de disputa: la Ciencia.

Por tanto, las ciencias también están politizadas y la postura más acertada es intentar recuperarlas y ponerlas al servicio de la clase trabajadora y los productores y productoras. Así pues, mediante la biología podemos demostrar que es el apoyo mutuo el garante de la supervivencia de las especies, que el sexo no condiciona el género; que podamos desarrollar tecnologías no contaminantes; que podamos usar la física para fines no militares; que las matemáticas sirvan tanto para visibilizar las desigualdades económicas y sociales en el sistema capitalista, como para calcular la redistribución y reparto de la riqueza adecuadamente en una economía socializada, etc…

En resumidas cuentas, la política no es un juego de niños y niñas. Suena demasiado obvio decirlo pero parece que ciertas personas que se autodenominan anarquistas no se den cuenta de ello. La razón por la que los adultos nos tachen de infantiles es porque el anarquismo es visto por otras personas ajenas al movimiento, no como una alternativa política real como lo fue hace un siglo, sino como una estética de rebeldía juvenil. Si los y las anarquistas actuásemos en el seno de la sociedad como una alternativa política seria, construyendo e impulsando movimientos sociales autónomos, organizándonos en todos los ámbitos (social, sindical, barrial, político-ideológico), aportando propuestas políticas tanto inmediatas como futuras, conectando todas las luchas sociales, ganando pequeñas victorias en las luchas actuales, creando espacios autogestionados, etc; en vez de hacer adulaciones al caos y la destrucción o encerrarnos en abstracciones ideológicas y el ‘antitodo’, lo más probable es que bastantes personas dejen de tacharnos de soñadores inmaduros, con la excepción de nuestros enemigos y enemigas que estarán para infantilizarnos. Pero lo anterior es secundario, la clave está en convertirnos en un movimiento de clase diverso, autónomo y real, capaz de realizar cambios en la realidad material y acentuar la lucha de clases mediante una política anarquista. Aspiramos a la revolución social, pero no en los patios de recreo y en la perfección del mundo de las ideas, sino en el seno de la clase trabajadora siendo un actor político referente para todas las luchas.

1 9 10 11 12 13