Por una sociedad sin racismo

El 12 de noviembre salimos a la calle a mostrarnos como somos, con nuestros acentos, nuestro color de piel y nuestras identidades, vamos a enfrentarnos y a hacernos fuertes contra el racismo institucional y callejero. También vamos a pelear por nuestra dignidad, a honrar a todos los asesinados en nombre del supremacismo blanco (el 13 de noviembre de 1992 fue asesinada Lucrecia Pérez) y a unir la riqueza que aportamos a una sociedad que debe ser plural y abierta.

Bien muchas personas podrían pensar que el racismo en España ya no existe solo porque ya no somos usados como moneda de cambio, ni nos asesinan sin impunidad. En anteriores líneas he hablado de que el racismo es una cuestión de privilegios. Todo lo que hacemos es puesto en tela de juicio: se duda de nuestra forma de amar, de aprender, de escribir, de hablar, de leer… ¡hasta nuestros nombres son insultados cuando no pueden ser pronunciados correctamente!

Tomamos las calles para hacer visible no solo el racismo más evidente, sino también el más escondido y habitual. Porque nos siguen encerrando sin un juicio previo y, además, por tan solo cometer una falta administrativa, la cárcel invisible sigue estando muy presente para las personas migrantes, en todo el Estado español hay un total de 10 Centros de Internamiento para Extranjeros, siendo los motivos de encierro muy variados y arbitrarios. Porque seguimos muriéndonos sin recibir atención sanitaria básica, en 2016 el Gobierno central excluyó de este derecho a unas 800.000 personas, incluso la ONU se mostró «preocupada» por esta situación.

El racismo sigue latente y muy vivo, recordemos a las 15 personas muertas en el Tarajal, acción en la que la Guardia Civil tuvo una alta responsabilidad y participación, estos agentes no solo fueron exculpados de estos asesinatos, sino que la juez que instruyó el caso determinó que la muerte de estas personas había sido responsabilidad de ellas mismas, el auto dice lo siguiente: «Los inmigrantes asumieron el riesgo de entrar ilegalmente en territorio español por el mar a nado, en avalancha y haciendo caso omiso a las actuaciones disuasorias tanto de las fuerzas marroquíes y de la Guardia Civil»1. Las políticas tomadas por la Unión Europea en los últimos años van dirigidas a que el Mediterráneo se convierta en un enorme cementerio, el diario alemán Der Tagesspiegel acaba de publicar los nombres de cerca de 33.293 personas ahogadas en el Mare Nostrum desde 19932. Naturalmente, la cifra es aún mayor, muchos de los ahogados nos son anónimos. Europa es la responsable de estas muertes.

Pero resulta preocupante no solo el racismo que nos mata, sino también aquél que vivimos a diario en las calles, ese que nos cruza la piel de arriba a abajo. Ese que parece inocente pero que, en realidad, es la misma raíz de la discriminación, encasillándonos en parámetros en los que no encajamos solo porque no somos blancos, ese que habita detrás de supuestas bromas y chanzas inocentes, pero racistas, realizadas por comediantes como Ignatius Farray. Queremos dejar de ser elementos exóticos, queremos dejar de aparecer en las películas como el negro camello, el latino pandillero, el musulán terrorista o el chino mafioso. Todo debe empezar a subvertirse, desde el protagonismo social de los blancos, hasta la producción cultural y la imagen que de nosotros se construye en los discursos culturales. En otras palabras: ¡queremos dejar de ser un estigma y un prejuicio!

Pero el problema seguirá existiendo si los blancos siguen negando el racismo, ¿cómo van aceptar algo que no viven en sus carnes? Es urgente avanzar en una educación no eurocéntrica, que deje de dibujarse en las escuelas y universidades una Europa poderosa y orgullosa de su pasado colonial y, por otro lado, comience a ser responsable de las realidades sociales presentes, consecuencia directa de todas esas políticas pasadas. La migración además de ser un hecho natural y constante en la historia de la Humanidad, ahora es una cuestión nacida de la expansión territorial y económica de los europeos.

En esta línea vale la pena incidir en las políticas de integración, en nombre de una convivencia pacífica se anulan la lengua y tradiciones de origen del individuo migrante, imponiéndole las del país de destino pero, al mismo tiempo, recordándole que solo es un huésped. Se le invita a callar antes las injusticias, pues es de malagradecidos quejarse, esto se agrava si encima eres mujer. Se le recuerda que lo que venía haciendo desde niño está mal, las festividades y tradiciónes culinarias europea y blanca son las correctas, que aprenda algo de civilización. A los migrantes no les hace falta una correcta integración, sí una adecuada visibilización. No parece que ningún europeo la necesitara cuando entró a sangre y fuego en América o África.

Incluso a la izquierda más progresista le costó entender todo este lío del racismo, tanto así que se tuvieron que inventar el concepto del Otro, en contrapartida a la identidad. Pero se olvidaron mencionar que no hay un Otro, sino que hay muchas variantes a la alteridad, casi tantas como personas. Pero, naturalmente, fueron filósofos europeos como Sartre, Simone de Beauvoir o Lacan quienes lo desarrollaron, no dejaron al Otro que hablara. A disciplinas como la Antropología nacidas al calor del racismo del siglo XIX aún le cuesta desprenderse de todo el estigma de poder y dominación que la concibieron, a pesar de todo el esfuerzo hecho desde diversas escuelas de pensamiento.

Este racismo de baja intensidad es lo que ha producido todo lo arriba mencionado y, en realidad, muchas cosas más, como las políticas de ayuda al desarrollo impulsadas desde Europa, la imposición a la producción científica, la ocultación del desarrollo artístico colonial no blanco, etc. Todo ello queremos denunciar este domingo en Madrid, estando en la vanguardia de una lucha que solo es nuestra, pero donde los aliados son bienvenidos, pero siempre conscientes que «no hace falta que me maten para que hablemos de racismo. En España existe racismo sí, pero más refinado”3.

1Extraído de: http://www.eldiario.es/desalambre/Archivado-muerte-personas-frontera-Ceuta_0_441656238.html

2Extraído de: http://www.tagesspiegel.de/politik/die-liste-von-banu-cennetoglu-kuenstlerin-dokumentiert-das-sterben-von-33-293-gefluechteten/20558658.html

3Como afirmó Lucía Mbomio a El País. Extráido de: https://elpais.com/elpais/2017/11/06/planeta_futuro/1509973183_806384.html?id_externo_rsoc=FB_CM

Racismo en la cultura mainstream

El racismo es un hecho cultural y que se evidencia en grados diferentes en el cine o en las series que se emiten en diferentes plataformas de Internet. El cine y la televisión está dominada por hombres blancos, es el canon de lo correcto, de lo que se tiene que ser. Todo lo que salga de ahí, es una deformidad, una rareza. Así, la cultura mainstream1 ha reforzado un esquema de valores que se perpetúan en la sociedad, manteniendo, a través de su programación, prejuicios y privilegios que alimentan el racismo. La invisibilización de las personas no blancas y de las mujeres ha sido una constante en las series televisivas de mayor audiencia; en otras ocasiones, las personas no blancas han servido de aliciente para la broma fácil a través de estereotipos que se escudan en el humor.

Se podría afirmar que las cosas han cambiado, que el racismo en Hollywood o en el mundo del espectáculo ya no es como en años pretéritos, casi hay que agradecer que ya no se produzcan películas de añoranza de la esclavitud como Lo que el viento se llevó (1939), todo un largometraje que romantiza a los soldados confederados y presenta a unos personajes negros infantilizados, menores de edad, que tienen que ser tutelados por los blancos. Es cierto que han aparecido series tan interesantes como Master of None o Dear White People, series que critican abiertamente los privilegios de los blancos, a ellas irán dedicadas unas palabras más adelante.

La intención de estas líneas es poner el foco de atención sobre aquellas producciones audiovisuales contemporáneas o recientes donde el racismo se expresa de diferentes modos, tanto en la gran pantalla como en series de televisión bien conocidas por todos. Se parte de la premisa de que el racismo no es, necesariamente, el agravio a una persona en razón de su etnia u origen, sino que también lo es su invisibilización, la no presencia de actores no blancos (negros, latinos, asiáticos, etc.) es también racismo.

No vamos a hablar de aquellas tan evidentes como El nacimiento de una nación (1915), Un día de furia (1992), Una tribu en la cancha (1994), El precio del poder (1983)2, ¿De qué color me quieres? (1986), El Planeta de los simios (1968) o Apocalipsis Now (1979), La lista, por cierto, es aún más larga, simplemente aquí se han expuesto algunas películas donde el racismo es evidente.

Veamos, pues, algunos ejemplos de películas en las que su racismo podría pasar desapercibido, puesto que este mantenimiento de los privilegios de los blancos tiene que seguir existiendo, pero de una manera más disimulada, vamos a exponerlos según su fecha de estreno

  • La misión (1986): Este drama histórico dirigido por Roland Joffé nos cuenta la historia de unos jesuitas que quieren proteger a los indígenas de la caza furtiva de esclavos, para ello se enfrentan directamente a los intereses de las Coronas española y portuguesa. En ella vemos toda una justificación para la imposición cultural y la evanvelización de los indígenas y, por otro lado, se disfraza la labor de los jesuitas, la presencia de los blancos como salvadores y civilizadores.

  • La guerra de las Galaxias Episodio I: La amenaza fantasma (1999): En la ya penúltima trilogía, George Lucas desarrolló una serie de personajes en los que se reflejaban estereotipos raciales como el jamaicano con rastas Jar Jar Binks, que si se ve la película en su versión original, podrá escucharse el acento que le adjudican a este personaje. También tenemos al ávaro mercader judío representado en Watto.

  • La milla verde (1999): El afable papel de Michael Clarke no es más que la representación del negro dócil, incapaz de hacer nada, excepto violar a blancos. Esta misma docilidad de los negros aparece en libros como La cabaña del Tío Tom de la caucásica Harriet Beecher Stowe.

  • El último Samurai (2003): En esta película vemos una constante que aparece en otros largometrajes como Avatar (2009), Danza entre lobos (1990) o la reciente The Great Wall (2016) y que ya adelantamos en La misión: El blanco como salvador. Nathan Algren interpretado por Tom Cruise es un borracho soldado estadounidense que termina en Japón y, se desconoce cómo, pero decide que debe preservar el estilo de vida Samurai. A esto lo llamamos apropiación cultural.

  • Apocalypto (2006): Si antisemita fue su Pasión de Cristo mucho mejor no lo pudo hacer con esta película. La intención de Mel Gibson era promover la cultura maya y aupar a los jóvenes a hablar en su lengua, de ahí que se filmara en maya yucateco. Sin embargo, Gibson se deja llevar por los estereotipos y muestra una cultura violenta, sangrienta, sedienta de sangre y sacrifios humanos, cuando no existe evidencia histórica que permita hacer tales afirmaciones sobre los mayas. Lo que pudo haber sido una bonita oportunidad para hablar sobre estos maravillosos pueblos precolombinos fue desaprovechada.

  • Transformers (2007): Esta superproducción contó con la subvención del Ejército de los Estados Unidos y con su ayuda para grabar en varias bases del propio ejército. El personaje de Jazz, uno de los Autobots, es un negro cuyas frases están llenos de esterotipos y palabras mal sonantes. Este personaje tiene muy pocas líneas en el guión, disminuyendo su visibilización y reduciéndolo a frases como What’s up, little bitches?, entre otras del mismo tipo.

  • El mayordomo (2013): Cecil Gaines (Forest Whitaker) es un afroamericano que comienza a servir como mayordomo en la Casa Blanca. En ella conoce a Eisenhower y a todos sus sucesores, al tiempo que se nos expone el crecimiento del descontento de los afroamericanos por la segregación racial existente. Aquí vemos dos líneas interesantes: por un lado a unos presidentes blancos preocupados por el racismo en su país, en una de las escenas aparece un John. F. Kennedy (James Marsden) realmente afligido por el ataque del Ku Klux Klan a un autobus lleno de afroamericanos, quien acaba promulgando la Ley de Derechos Civiles de 1964, de nuevo el blanco salvador. Por otro, uno de los hijos comienza a militar en los Black Panther y a seguir a Malcolm X, a lo que su padre, el mayordomo, se opone. Así pues hay dos tendencias: la de los afroamericanos que buscan acabar con la segregación con la acción directa y, por otro, a los Martin Luther King, quienes representan la docilidad y la obediencia al blanco.

A lo arriba comentado, hemos de sumar la práctica del whitewashing que sigue siendo muy habitual en el cine contemporáneo. Consiste en actores blancos que hacen de personas no son blancas, el caso más famoso es el de Mickey Rooney en Desayuno con diamantes (1961) donde su papel es un japonés. Sin embargo, en la última década son muchas las películas que han usado el whitewashing, impidiendo así la aparición en la gran pantalla de actores y actrices no blancos. Entre los más recientes tenemos títulos como Dragonball Evolution (2009) donde Justin Chatwin interpreta a Goku. A esta podemos sumar otros como Prince of Persia: las arenas del tiempo (2010), Jake Gyllenhaal interpreta a un príncipe persa; The social Network (2010) en la que Max Minghella tiene el papel de Divya Narendra, confundador de ConnectU quien es de origen indio; en Argo (2012) Ben Affleck interpreta al jefe de operaciones de la CIA, Tony Mendez; y más recientemente Ghost in the Shell (2017) donde Scarlett Johansson o Michael Pitt interpretan papeles que en los personajes animados son japoneses, por no hablar de toda la filosofía oriental que ha sido ignorada en el film.

Todo el cine representado ha sido producido en los Estados Unidos, no porque el cine europeo este libre de ello, sino porque la intención es mostrar la cultura mainstream, y el cine europeo suele estar fuera de dicha categoría. Por otro lado, hay series muy interesantes donde el racismo se ha expresado de una manera más fina y cuidada. Veamos algunas series o programas de televisión:

  • Friends (1994 – 2004): Esta sitcom no cuenta en su elenco a ningún personaje no blanco invisibilizando una parte de la demografía de una ciudad tan multicultural como es Nueva York. Solamente vemos la aparición de Charlie en las últimas temporadas, una paleontóloga afroamericana que saldrá con Joey y Ross. La serie Cómo conocí a vuestra madre (2005 – 2014), hija directa de Friends, caerá en los mismos defectos que esta serie, añadiendo al personaje de Barney, un auténtico misógino con unos chistes machistas que perpetúan el patriarcado.

  • The Big Bang Theory (2007 – actualidad): Que una serie contenga en su elenco a un personaje no blanco como Kunal Nayyar quien interpreta al indio Rajesh Koothrappali, no la hace no ser racista. El personaje de Koothrappali sirve como blanco perfecto para las bromas racistas sobre su condición de hindú, así como por su exagerado acento, que el guion le obliga a hacer. Mientras otros personajes son víctimas de los chistes por su comportamiento asocial (el caso de Sheldon Cooper), las que se hacen sobre el personaje indio son de índole racista o de burla contra su cultura. Por ejemplo, en uno de los episodios la madre de Sheldon ha ido a visitarles y dice la siguiente línea: «He hecho pollo, creo que no es uno de esos animales que tu gente cree que es mágico». Incluso la propia MTV de la India tiene un artículo muy interesante que se explaya más sobre por qué esta serie es racista3.

  • The Walking Dead (2010 – actualidad): Esta trama postapocalíptica tiene todos los estereotipos que desea toda buena serie estadounidense: el hombre heterosexual blanco proveedor y líder (Rick Grimes interpretado por Andrew Lincoln) y los personajes no blancos que cuando mueren son reemplazados por otros personajes no blancos. Es en las últimas temporadas cuando parece comenzar a vislumbarse cierta paridad racial y en la exposición social de los tramas, quizá porque así lo requiera. Sin embargo, los líderes de los clanes (por asignarle un concepto antropológico) son y han sido, en todas sus temporadas, blancos. Normalmente varones.

  • Juego de Tronos (2011 – actualidad): Esta superproducción nos muestra un mundo en el que los blancos son los amos y señores, ¿cuántos no blancos poseen algún señorío? Solo son sirvientes o guerreros incapaces de tener descendencia. Que quede bien claro: ¡los blancos son los amos y señores de los Siete Reinos!

Fuera de esta lista quedan series como Modern Family, Breaking Bad, The Strain entre otras por cuestión de espacio, pero con ello lo que se pretende es evidenciar la falta de personajes no blancos en un país donde los blancos ya no son la mayoría demográfica. No obstante, ha habido un cambio de paradigma, también de mercado y eso lo han sabido ver los productores en los Estados Unidos.

Así, han nacido series como Master of None (2015 – actualidad), protagonizada, producida, dirigida y escrita por Aziz Ansari (Dev Shah en la serie) un joven de origen indio quien tiene que lidiar con el racismo cotidiano al que se enfrenta. Es especialmente revelador como en el episodio 4 de la pimera temporada, en un capítulo llamado «Indios en la tele», vemos porqué está bien que haya más de un personaje gay blanco en una serie (clara referencia a Modern Family), pero no así que haya más de un indio, la respuesta es porque entonces los espectadores creerán que es un programa para minorías étnicas. Esto demuestra que los blancos están tan acostumbrados a ser los dueños del ocio televisivo que cualquier show que no los tenga a ellos como protagonistas, entonces estará dirigido a minorías.

También vale la pena mencionar Dear White People (2017 – actualidad) serie que se ambienta en la exclusiva Universidad de Winchester, es toda una denuncia a los privilegios de los blancos, serie dirigida, por cierto, por el afroamericano Justin Simien. A su estreno hubo un gran revuelo en las redes, se la calificó de racista contra los blancos, lo cual es realmente imposible, los blancos jamás podrán sufrir racismo, porque el racismo es una cuestión de privilegios y los blancos los tienen todos.

Sin embargo y a pesar del entusiasmo que puedan suscitar estas dos series, junto con otras como Orange is the New Black, Being Mary Jane, Insecure o la interesante The RuPaul Show, no podemos olvidar que bien pueden permitir un empoderamiento de las personas no blancas, solamente están aprovechando la influencia de movimientos sociales como el feminismo o el antirracismo para obtener buenos beneficios económicos.

El racismo está muy presente en nuestra cotidianeidad y es importante detectarlo, por muy escondido que se encuentre. Ya está bien que los no blancos nos veamos representados en personajes latinos como narcotráfiantes, camellos o bandas armadas. Tampoco queremos ser presentados como el Jim Crow u otro estereotipo que refuerce a los blancos. No parece que vayamos por mal camino, ya nuestra presencia incomoda como se evidenció en los Óscar del 2016, donde varios actores y directores acusaron de racismo a estos premios, ya que no hubo ningún no blanco nominado a los galardondes de mayor relevancia. No faltaron reacciones de blancos que ven sus privilegios amenazados, tal y como expresó la británica Charlotte Rampling, afirmando que boicotear los Óscar es racismo contra los blancos4… Cuando hayan sufrido la mitad de genocidios, discriminaciones y rechazo los blancos por su color de piel, entonces comprenderán que esas palabras esconden un profundo reforzamiento de los privilegios de los blancos. Cuando no de odio étnico.

Cerremos estas líneas con unas estadísticas recogidas en un estudio del que se hace eco la revista Cinemanía5 y veamos si, después de todo, sigue habiendo o no racismo en Hollywood. El 44% del público que va al cine en los Estados Unidos es no blanco, mientras que los filmes protagonizados por blancos son el 76% de lo que se estrena. De 500 películas estrenadas entre 2007 y 2012, solo 33 de ellas eran dirigidas por negros y dos mujeres. Sí, lo que vemos en nuestros cines y en las pantallas de nuestros ordenadores sigue siendo racista y machista.

1Es una dominación actual para el fenómeno de cultura de masas, con especial relevancia gracias a los medios de comunicación de los siglos XX y XXI

2Además de ser una película profundamente anticomunista

4https://elpais.com/cultura/2016/01/22/actualidad/1453466448_655181.html

5http://cinemania.elmundo.es/noticias/el-cine-de-hollywood-sigue-siendo-racista/

Microracismos: una movida

El racismo es una cuestión de privilegios que se extiende en el tiempo desde todas las personas blancas hacia aquellas que no lo son, independientemente de su lugar de nacimiento. Incluso en aquellos países donde existe una mayoría no blanca, la mayor parte de las responsabilidades de poder está en manos de hombres y blancos. Naturalmente, todo ello es fruto de los privilegios que el racismo dota a las personas blancas de unas aptitudes que les posiciona en un lugar relevante en la sociedad, relegando a ciudadanos de segunda a todas las personas no blancas. Así, cuando una persona no blanca llega a su mismo nivel en la jerarquía se les aplaude, no por la meritocracia neoliberal, se le aplaude haber llegado a ser un blanco. Puro paternalismo racial.

Una acción racista, o macroracista por hacer una disimilutd terminológica, sería la discriminación directa de una persona por su color de piel, esgrimiendo diferencias xenófobas o culturales. El macroracismo se refiere a comportamientos de alta intensidad, visibles y de un impacto profundo. Por ejemplo, la Federación SOS Racismo sacó a la luz este vídeo como parte de un experimento social. Simulaba la existencia de un supuesto concurso para asistir a un spa, mientras una persona rellenaba las papeletas, se acercaba una de las actrices, una chica con velo sobre su cabeza y acento foráneo, mostrando su deseo de participar en dicho concurso. La otra actriz, quien está recogiendo las papeletas, le dice que no puede concursar, porque que es «para personas normales».

A lo largo del vídeo salen a la luz los prejuicios y estigmatizaciones en los que se basa el racismo. El racismo, entre otras cosas, se basa en la ignorancia. Ignorancia y dominación suelen ir de la mano, se domina lo que se desconoce. En realidad, y si lo pensamos bien, el machismo tiene las mismas bases: los roles de género son, al fin y al cabo, estigmatizaciones y prejuicios, lo que se espera de alguien por ser hombre o mujer.

En contraposición, las acciones «micro», sean micromachismos o microracismos, son acciones de baja intensidad, modos de dominación suave y que al estar tan integradas en nuestra sociedad, pasan absolutamente desapercibidas. A veces se ocultan bajo el manto de bromas o chascarrillos. Los microracismos no agreden directamente a la persona, no la matan, pero mantienen y perpetúan la segregación racial.

Canal Sur sacó en su momento un grupo de vídeos de teórico contenido social, haciendo también algo así como experimentos sociales. Más allá del morbo que puedan tener y de lo poco que aportan, estos pseudo-experimentos sociales han ayudado a ensalzar la figura de la persona no blanca pasiva, callada e indefensa, en oposición a la gallardía y valentía de las personas blancas. Para muestra el siguiente vídeo en el que un hombre increpa a un chico negro en una parada de autobús de Granada. Ambos actores crean una situación extrema en la que el chico en vez de protestar ante su agresor, pasa a una situación de sumisión absoluta, y cabizbajo soporta, estoicamente, los improperios del hombre blanco. Lo ideal sería mejor mostrar un experimento social en el que la persona no blanca se empodera y se enfrenta a su agresor, sería curioso ver la reacción de las personas blancas. No es por ser desagradecido, y es bueno saberse arropado y apoyado, puesto que esto empodera muchísimo, pero no nos hacen falta caballeros de blanco corcel y reluciente armadura.

La gran mayoría de las personas no se consideran racistas, como tampoco se creen machistas, pero las vejaciones son habituales y comunes en ambos casos. El vídeo anterior, por ejemplo, ya es una prueba de microracismo. Probablemente ese canal televisivo lo hiciera con toda su buena intención, quizá quisieran visibilizar esta problemática, pero les ha faltado una buena reflexión.

Hay extrañeza y hasta miradas de soslayo cuando un no blanco habla perfectamente español o incluso cualquiera de las otras lenguas del estado. ¡Hasta te felicitan por ello! Mi casera, a la que lejos calificaría de homófoba (también se podría tratar el tema de la microhomofobia) o racista, la primera vez que me conoció se sorprendió por lo bien que hablaba el idioma. No sabe que el español es mi lengua materna. En realidad lo que a ella le pareció fascinante era mi pronunciación meseteña.

¿Pero qué son comportamientos microracistas? El blog afroféminas da la siguiente lista de microracismos:

  • Que te pregunten si te quemas si te da el sol, como si los negros en lugar de piel tuviesen cartón.
  • Los hay que consideran gracioso llamar Baltasar a un negro, entre otros.
  • Llamar morenito a un negro para no ofenderle, como si ser negro fuese una ofensa. Peor aún pudiendo llamarle simplemente por su nombre.
  • Que te digan que AUNQUE seas negra, eres guapa porque tienes rasgos suaves.

A ellos me gustaría añadir los siguientes de experiencias personales:

  • Asumir que sabes bailar ritmos latinos porque tienes orígenes latinoamericanos. Aquí cámbiese por cualquier otro baile y/o comida, etc.
  • Que la segunda pregunta que te haga una persona al conocerte sea indagar acerca de tus orígenes.
    Conectando con lo anterior, preguntar de dónde te sientes.
  • Decir que tienes unos apellidos muy raros. Como si García o Fernández en Corea del Sur fueran lo más corriente y habitual. O todo lo contrario, ser no blanco y que se extrañen ante lo hispano de tus apellidos.
  • Dar por hecho una serie de elementos solamente por tener otro color de piel, como características físicas, etc.

Y junto a estos ejemplos, muchos otros que bailan entre el microracismo y el macroracismo y que, en realidad, depende del enfoque que se le de. Por ejemplo, la invisibilización histórica del genocidio llevado a capo por españoles, portugueses, ingleses, franceses y holandeses perpetuados en América Latina, probablemente el mayor genocidio de la historia de la Humanidad. La negación perpetúa de todos estos hechos en el pasado no hacen más que mantener la infravaloración de las personas no blancas en el presente.

También vale la pena mencionar el famoso Test de Bechdel, el cual valdría la pena adaptar a la segregación racial. El Test de Bechdel mide, a través de unos parámetros, si toda producción artística o audiovisual cumple con unos requisitos mínimos para evitar la discriminación de género. Básicamente ha de cumplir tres reglas:

1 – En la película aparecen, al menos, dos personajes femeninos
2 – Estos personajes hablan entre ellos en algún momento
3 – La conversación trata de algo distinto a un hombre.

Además, dichos personajes femeninos deben tener un nombre. Podemos cambiar femenino por persona no blanca y hombre por blanco. Obtendríamos resultados muy similares a los hechos para analizar la presencia femenina en estas obras. Casi toda la literatura fantástica queda descartada, o quedaría relegada a apariciones anecdóticas.

Está claro que aún queda mucho por hacer, también debemos ser nosotros y nosotras quienes tomemos la iniciativa y tomemos el espacio social, cultural y político que nos corresponde por ser personas. Si no nos lo ceden, lo tendremos que tomar. También llamar la atención y hacer pedagogía acerca de estos comportamientos. Aún sigue existiendo un límite de lo que significa comportarse como un blanco y lo que es comportarse como un no blanco, con elementos negativos asociados al migrante.

Estereotipos integrados en nuestra sociedad que hay que derribar, y esto empieza por los microracismos, tan relevantes como los macro. Porque aunque estos no sean agresivos para la persona, sí resultan dañinos y ocultan un problema grave de racismo, y si queremos crear una sociedad horizontal, libre de privilegios, tendremos que continuar poniéndolos de relieve para poder acabar con ellos y, de paso, toda práctica segregadora para todas.

Enlaces del mes: Mayo 2017

El mes de Mayo siempre augura un mes de muchísimas movilizaciones populares y obreras, comenzando ya desde las convocatorias del Primero de Mayo. Sin embargo, este mes ha tenido numerosas noticias de actualidad político-social en los diferentes terrorritorios del Estado español.

Tanto en Barcelona como en Madrid se han impulsado fructíferas movilizaciones sociales en torno a la temática contra la gentrificación. En Barcelona, por ejemplo, ha presentado un proyecto que se hace totalmente necesario para hacer frente a los alquileres abusivos, un sindicato de inquilinas/os. Además, el barrio de Vallcarca se ha puesto en pie de guerra para defender su centro urbano como un lugar habitable para sus vecinos/as, y para ello salieron a las calles a mediados de mayo en una manifestación bastante numerosa. Por otro lado, en Madrid a principios del mes tuvo también lugar una manifestación bajo el lema ‘Madrid no se vende’, que finalizó con la recuperación de un nuevo espacio para la autogestión y la confluencia de proyectos políticos, el Centro Social la Ingobernable. Igualmente relacionado con la autonomía de espacios liberados en los pueblos y barrios, en Catalunya tuvimos la excelente noticia de la suspensión indefinida del desalojo de Can Sanpere en Premià de Mar.

En el ámbito de los movimientos contra la represión y el fascismo también hemos tenido bastantes movilizaciones en este sentido. El 6 de mayo en Madrid numerosos colectivos a nivel estatal se manifestaban contra los montajes policiales. Tras la nueva ocupación de un espacio por la organización nazi Hogar Social Madrid, también hubo una importante respuesta antifascista ante este grupo que promueve la xenofobia y el racismo. Miles de personas exigieron en Gasteiz la puesta en libertad de los presos y presas vascas gravemente enfermas. El preso político Andrés Bódalo disfrutó de un permiso penitenciario de tres días tras 14 meses consecutivos de prisión, aún le queda bastante tiempo hasta cumplir los 3 años y medio a los que fue condenado. El mes finalizó con una movilización que no tenía precedentes posiblemente desde el año 2014, una convocatoria de las Marchas de la Dignidad, que inundaron Madrid con la llegada de miles de personas de todas partes del Estado español y sus territorios.

En el apartado laboral o sindical, ha sido bastante destacable la reactivación del conflicto de la Estiba debido a la aprobación de un Decreto Ley en el Congreso de Diputados que anuncia futuras movilizaciones. De hecho, los estibadores ha recibido numerosos apoyos internacionales y de solidaridad ante este ataque por parte del gobierno español.

A nivel internacional ha estado en la primera página la situación en Venezuela donde, más allá de la defensa o crítica al chavismo, la revuelta de ricos y burgueses amenaza al pueblo. Incluso amenaza con extenderse el conflicto también al Estado español y buscando una brecha social. En Grecia tuvo lugar una huelga general contra las medidas de austeridad del gobierno de Syriza, mientras tanto el pueblo heleno, lucha por construir alternativas al capitalismo de carácter autogestionario, pero también organizándose en los barrios pobres contra la venta de droga.

Para terminar, nos han llamado también la atención algunos textos para reflexionar sobre la necesidad de cuestionar y superar el sistema económico capitalista, o testimonios sobre los microrracismos en las aulas de los colegios e institutos. Muy ligado a esto último, pues actualmente son objeto de vejaciones racistas, también nos apetece compartiros para terminar estos enlaces del mes la génesis del movimiento de los manteros, ya en tiempos de la II República.

 

Racismo, una cuestión de privilegios

Dejad que antes de ir más allá os haga una advertencia: voy a expresarme desde la visceralidad y la rabia sentida al vivir, día a día, las injusticias por mi color de piel. Este suele ser el paso anterior a cualquier análisis más sosegado y es, a su vez, lo que precede a la acción rotunda para cambiar de raíz los hechos y/o acciones que permitan la práctica de dicha injusticia Por supuesto, soy una persona no blanca, pues creo que debemos ser nosotros y nosotras quienes estemos en la vanguardia contra el racismo, al igual que ellas lo están en el feminismo.

A modo introductorio, quiero indicar que haré referencias, paralelismos, al feminismo puesto que, desde mi punto de vista, hay muchas similitudes entre la lucha contra el patriarcado y el racismo; las podemos adelantar ya: ambas se basan en la dominación basadas en un determinismo biológico; en unos casos a razón de los genitales -lo que deriva en el constructo social que es el género-, en el otro por el color de piel del individuo, que nos lleva también a otra construcción social que es la raza. Como decía antes, este artículo no pretende ser un análisis tranquilo, sino más bien la expresión de unas vivencias absolutamente personales basadas en mi origen u orígenes étnicos (¿más apropiado sería decir genéticos?), de ahí que lo escriba en primera persona del singular.

Tenía la intención de comenzar comentando la definición que nos da el DRAE¹ de racismo, pero en realidad sería ocupar líneas vanamente, pues considero de mayor provecho que seamos nosotras, todas las personas implicadas desde abajo y lejos del elitismo academicista, quienes nos hagamos conscientes de las realidades sociales que sufrimos a diario, más allá del dictamen de una mayoría de hombres blancos cis². Permitid, entonces, que sea yo quien os empiece a hablar de lo que es racismo y en qué se basa este. No será una definición, será una expresión de recorrido vital. El racismo se ha construido, históricamente, a raíz de la dominación, y ya empezamos a vislumbrar las similitudes que tiene con el machismo. Los hombres blancos occidentales creyeron, y gracias al Cristianismo, estar bendecidos por Dios para ser amos y señores de todo lo que les rodea, esto es: mujeres, animales no humanos, los campos y, por descontado, otros hombres y mujeres cuya tez fuera más oscura que la de los dominadores.

Hagamos un pequeño parón. Un paréntesis, porque he usado el término “dominación” y me gustaría explicarlo. Muy brevemente, desde mi posición, quien mejor lo ha definido ha sido Foucault. Muy matizable en muchos aspectos, pero no tengo intención de pararme en ellos. Para él, las relaciones humanas (amorosas, económicas, institucionales etc.) están cargadas de estructuras de poder. El poder, que es la capacidad de dirigir las acciones del otro, es modificable, cambiable y reversible. En el momento en el que se fija, se bloquea y no existe reversibilidad alguna, existe el estado de dominación. Esto conlleva, aunque esto no lo afirma abiertamente Foucault, la existencia de privilegios-

Mantener este poder y dominio era necesario justificarlo: son las construcciones sociales, prejuicios y, porque no, clichés que nos son conocidos en la actualidad. Así, el hombre blanco robó a las mujeres sus espacios, las encerró en sus casas, limitando su movilidad al ámbito privado y doméstico, y a los no blancos nos puso la bota sobre el cuello para labrar los campos que antes eran nuestros (entiéndase esto en sentido figurado), y mediante el (pre)-capitalismo y la cruz, impuso su superioridad en los países que colonizó. A la par que nos encerró en sus barcos o nos envió a la absoluta marginalidad, obligándonos a elegir entre los trabajos más peligrosos y precarios o la profunda miseria. Fenómeno que ocurrió en España con la llegada de migrantes que carecían del visto bueno del Estado para residir aquí.

Así es, pues, como nacieron las ideas preconcebidas que existen sobre los comportamientos sociales que nos han hecho creer innatos. En realidad, el ser humano tiene muy pocas cosas que le sean instintivas, porque hasta el acto sexual está codificado socialmente. Se inventaron que la mujer tiene un instinto maternal, es la cuidadora, la responsable del hogar, etc. Y los no blancos estamos catalogados como seres bárbaros, sin cultura ni pasado. Nos robaron nuestra historia para ligarla al del hombre blanco, al del civilizado. Sin ellos no somos nada. Así, no blancos y mujeres necesitan ser tutelados, machismo y racismo de nuevo de la mano: dominación. Parece que empiezan a aparecer los privilegios. Pero continuemos.

Además, los blancos se han atrevido a justificar una inteligencia menguada inherente al no blanco, argumentando la falta de premios científicos y de reconocimientos intelectuales a estos. Además de caer en el capacitismo, es probable que no sepan que Alexandre Dumas³ no era blanco, como la ignorancia de aquel terrateniente esclavista, personaje interpretado por Di Caprio en la versión tarantina de Django; sino que, al mismo tiempo, añaden una falta de deseo por integrarse en la sociedad (capitalista) que los ha excluido. ¡Toda una paradoja! Les envía a la marginalidad, al tiempo que les acusa de ser delincuentes por estar, precisamente, en esa marginalidad. Así ocurre, que culpamos a la mujer violada por su forma de vestir. Así ocurre, señalamos al marginal del gueto y no al racismo inherente y presente en la sociedad blanca, como lo está el patriarcado. Las raíces son las mismas.

De todo esto, deducimos que todo está vinculado a la existencia de privilegios. Los hombres tenemos privilegios, algo innegable. Es nuestra responsabilidad el deconstruir esas masculinidades, quitarnos de encima esas cadenas que ahogan a nuestras compañeras. Siguiendo esta misma línea, es responsabilidad de todos los no blancos quitarse esos privilegios tan arraigados y presentes. Y permitid que os hable, en unas pocas líneas, de algunas experiencias vitales, espero que con algo de lo que os cuente aquí quede un poco más claro de lo que hablo cuando menciono los privilegios de blanco.

Mi anterior compañera le comentó a su padre que yo no era un chico blanco, este, digamos, se puso un tanto en alerta y quiso conocerme lo antes posible. Vino desde fuera (ya que no residen en la misma región) para pasar una tarde con los dos. No lo hizo porque fuera el compañero de su hija, sino porque mis orígenes le hacían sospechar de mi buen hacer o de que, incluso, fuera una buena persona. El rol se perpetúa. Si ella le hubiera dicho que yo en vez de ser mulato fuera, supongamos, noruego, estoy seguro que aquel buen hombre no habría querido conocerme con tanta celeridad. Por razones personales, he vivido un tiempo en Alemania y he entrado y salido varias veces del país. Siempre y en todas las ocasiones en el aeropuerto de Berlín, antes de salir del mismo, la policía me ha parado, preguntándome en inglés, de dónde venía. Yo les respondía en alemán, diciéndoles que vivo en el país desde hacía tiempo.

Lo mismo me ocurrió en Roma, en aquella ocasión iba con mi madre, cuyo color de piel es incluso más oscuro que el mío. También en Nápoles, donde incluso tuve algún problema para salir de la ciudad para volver a Alemania. En el 2010, en un tren camino hacia el sur de Francia, en la frontera, la policía española y francesa se entretuvo conmigo más de lo que lo hizo con otros pasajeros. Hay dos excepciones: aeropuertos de París y de Copenhague, creo que la salvedad radica en que en aquellas dos ocasiones viajé con dos chicas blancas, las que en ese entonces eran mis compañeras. Es una especulación, pero me parece bastante factible. Curiosamente, saliendo en masa de dichos terminales aéreos con los demás pasajeros, siempre he sido yo el interceptado. Eso se llama racismo.

Pero ya no solo la movilidad internacional se ve molestada o limitada (¡no quiero imaginar el día que vaya a Estados Unidos!), sino incluso dentro de mi propia ciudad. Igual que ellas sienten miedo al volver a sus casas de noche, yo me puedo sentir incómodo en determinados barrios de mi ciudad, especialmente donde sé que hay una predominancia de grupos neonazis, pues sé que mi seguridad se ve amenazada. Y el problema no solo radica en los nazis, sino en la pasividad de los demás, especialmente preocupante en los grupos antifascistas. Evidentemente el asesinato de Carlos Palomino fue algo desdeñable, pero no se levantaron tantísimas voces de protesta cuando han sido no blancos los que han sido asesinados o apaleados. Podría hablar de muchísimas más, incluso muchas de ellas nacidas en el seno de mi propia familia, pero creo que por ahora con esto es suficiente.

¿Qué necesitamos, pues, para revertir estas situaciones? Tomar conciencia de que racismo no solamente es pegar palizas, también es la condescendencia y el comportamiento paternal hacia nosotras, actitudes que observé en una ocasión en un CSO que hoy ya no existe. La lucha es nuestra en este sentido y tenemos que conseguir nuestros espacios. Recordad cuando, en 2013, en los Estados Unidos, George Zimmerman fue absuelto por asesinar a un joven negro, Trayvon Martin. La comunidad afroamericana salió a las calles con el lema: Black lives matter. Algo así como “Las vidas negras importan”. Los blancos que se unieron a la protesta parece ser que vieron su espacio de protagonismo asaltado y, sin dudarlo, respondieron con un “All lives matter”, “todas las vidas importan”. Los protagonistas de este lema demostraron la falta de conocimiento de que el racismo no es una patología, no es llevar una esvástica tatuada a la izquierda del pecho, sino que es un hecho estructural patente y latente en la sociedad.

Es evidente que todas las vidas importan, pero en ese contexto, somos los no blancos los que reclamamos nuestros derechos, nuestros espacios en los cuales sentirnos seguros. De hecho, es una explicación bastante plausible para la creación de barrios donde habitan una mayoría de personas migrantes, no solo porque coincide con la marginalidad, pero también con ese deseo de autoprotección, al igual que muchas mujeres deciden organizarse en grupos no mixtos. Así, dejad que seamos nosotros quienes enarbolemos la bandera del antirracismo, los blancos solo podéis dar un paso atrás, escuchar y hablar con otros blancos. El protagonismo de los blancos está presente en todos lados, y sabemos que al igual que ocurre con el espacio robado a las mujeres, no cederán su sitio fácilmente, ni nos permitirán espacios ni visibilidad sin que antes no hagamos una labor difusiva y pedagógica de lo que perpetúan con sus comportamientos y acciones. Los blancos no sufrirán nunca el racismo, porque para que exista racismo, creo que queda claro, tiene que existir un privilegio y una dominación perpetuada y espaciada.

Así, y ya casi como colofón, es necesario que existan las categorías, porque con ella podemos señalar e identificar al opresor y al oprimido. Quien las niega y argumenta que somos todos la Humanidad, es precisamente quien no desea perder sus privilegios. Por ello, y sin el deseo de extenderme más, espero que todos los blancos que lean esto, sean capaces de preguntarse a sí mismos qué comportamientos racistas mantienen y de los cuáles han sido cómplices. Es sano hacer estos viajes interiores, es otra manera de desprendernos de yugos que nos han aleccionado. Realmente, el racismo tiene muchísimas caras, y otras miles de manera de enfocarlo, y desde luego, me dejo muchas cosas en el tintero, pero empecemos la casa por la cimentación.

Podemos decir, a modo de conclusión, que al fin y al cabo todas las luchas tienen un eje gravitatorio común: los privilegios y la dominación que estos perpetúan. No podemos dejar de ser anticapitalistas, sin que al mismo tiempo seamos aliados del feminismo o feministas, antifascistas y antirracistas, pero con un compromiso que vaya más allá del exotismo y las bonitas palabras vacías de continente y de contenido. Las diversas luchas se entrelazan, se cruzan, es inevitable y hasta deseable, pero que sean los oprimidos quienes decidan cómo emanciparse.

V. Kahl

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1Siglas de Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española
2Abreviatura para el término “cisgénero”, que hace referencia a aquellas personas cuya identidad de género coincide con la asignada al nacer.
3Conocido en los países de habla hispana como Alejandro Dumas, de padre francés y madre haitiana, fue un autor mulato de renombre, conocido especialmente por Los Tres Mosqueteros o El Conde de Montecristo.
4Me refiero a la película Django Unchained (2012) una interpretación de Tarantino del clásico del spaguetti Western Django de 1966.

El fantasma del terror recorre Europa

No ha llovido mucho desde aquellos atentados en París del pasado 13 de noviembre de 2015, y ahora, otros dos atentados en Bruselas el pasado día 22 de marzo, uno en el aeropuerto y otro en el metro. Desde lo de París y la noticia de la huida del supuesto terrorista a Bélgica, casi todos los Estados europeos elevaron los niveles de alerta antiterrorista, y vimos cómo sacaban a pasear a los militares con sus metralletas por las calles de las principales ciudades belgas y francesas. Y todo esto despúes de que ocurriesen los atentados. Señores, ¿no les parece que están a un paso por detrás de los terroristas? Les cuelan las bombas cuando bajáis la guardia y llegaría a ser hasta ridículo —si no fuese porque los muertos lo pagamos los y las de siempre— que un espontáneo calificado de terrorista haga que un país entero como Bélgica entre en la paranoia y saque los tanques a las calles, como en el GTA. Ni aun así… Y señores, ¿tampoco encontráis explicaciones de que financiando y armando a grupos terroristas como el Daesh así como a sus colaboradores como Arabia Saudí y Turquía al final os acabaréis comiendo unos cuantos bombazos?

Qué bien, ahora se acojonan porque el Daesh ha engordado tanto que tienen potencial —y capacidad— para atentar en Europa, porque claro, cuando no ponían bombas ni pegaban tiros en suelo europeo, eran una preocupación menor. Total, se matan entre ellos por cuestiones religiosas. Qué malo es el fanatismo, oigan, que no vengan aquí a quitarnos las misas, la Semana Santa y la hostia bendita. ¿Cómo se le llamaba a eso de que si un fundamentalista cristiano comete un atentado y mata a unas decenas de personas no se diga «Stop Cristianismo» pero si lo hace un yihadista se dice «Stop Islam»? ¿Es comestible?

Cada vez se me hace más abstracto la palabra «terrorismo» cuando oigo la palabrería de los «líderes mundiales» y politicuchos varios hablando de «unidad contra el terror» o esa supuesta «lucha contra el terrorismo». Se me hace abstracto porque no se concreta qué es ese terrorismo del que hablan, si es el de la pancarta de los titiriteros; los cuadernos, cintas adhesivas y libros de las operaciones Pandora y Piñata; el petardazo en la Basílica del Pilar; los yihadistas del Feisbuk o los bazookas de los nazi.. uy, espera, ese igual no… Así que ahora terrorismo puede ser cualquier cosa, ¡hasta la caja misteriosa! La hipocresía, la doble moral y el cinismo de Europa se hace notar cuando de cara a la ciudadanía se llenan la boca de poner mano dura para luchar contra el terrorismo y defender los valores de la democracia, pero a nuestras espaldas se hacen amigos de los países que dan soporte al Daesh (qué guay la monarquía española vendiendo el AVE a los jeques sauditas y decir que están luchando contra el terrorismo). Otro puntazo que se marcan es que distinguen entre muertos de primera y de segunda. De poco o nada se habló de los atentados yihadistas en países africanos como Malí, Burkina Faso, Nigeria…, que también se suceden casi a diario en Siria, Afganistán e Iraq. Del mismo modo que ningún medio ha calificado de terrorista a la política de Netanyahu. Ni tampoco han derramado una sola lágrima por las muertes de miles de refugiados y refugiadas que huyen de la guerra y del Daesh, en cuya travesía se encuentran con fronteras cerradas y guardacostas turcos jugando a hundir barcazas.

Conviene que hagamos un poquito de memoria, que las heridas abiertas siguen sangrando y abriéndose más por las guerras que provoca el bloque occidental en Oriente Próximo. Desde que a EEUU se le ocurrió la genial idea de alimentar el salafismo y el yihadismo y a codearse con los wahhabíes, todo fue de mal en peor. En los años ’70, les venían como anillo al dedo entrenar a los muyahidines para desestabilizar a la antigua URSS. En la actualidad, les interesa tener zonas de conflicto para justificar las invasiones militares para saquear el petróleo principalmente, además de obtener beneficios para la industria armamentística, por las guerras causadas. La guerra de Siria es ya ahora un galimatías donde tanto las potencias regionales (Turquía, Irán, Arabia Saudí principalmente) como occidentales (EEUU y Europa), y por otro lado están Rusia y China, quieren pillar su trozo de pastel. Y en medio está el movimiento de liberación kurdo quienes realmente plantan cara al terror yihadista, pero con Ochalan en la cárcel y el PKK en la lista de organizacones terroristas.

¿Quiénes son realmente los terroristas? A nada que rasquemos un poco para encontrar el origen de los atentados, nos encontramos con que están detrás Europa y los EEUU alimentando al Daesh siempre y cuando no atenten en suelo europeo, y que si lo hacen, aprovechan para culpar al islam como origen del terror (aunque en realidad, el yihadismo se cobra más víctimas musulmanas que occidentales), pero sobre todo que los muertos no sean peces gordos.

Al fin y al cabo, son los intereses geopolíticos los que están detrás de este escenario en Oriente Próximo, ni tampoco dudarán en aprovechar este estado de shock tras los recientes atentados en suelo europeo para imponer toques de queda exhibiendo su monopolio de la violencia, tratando de que aceptemos los tanques y militares en las calles y en los controles en estaciones y aeropuertos como algo normal. Y a esto le añadimos la impunidad con la que actúa la extrema derecha atacando/quemando mezquitas y casas de refugiados, dejando mensajes xenófobos, racistas e islamófobos en las calles y justificar el cierre de fronteras precisamente a quienes huyen de la guerra. Pero lo preocupante es que da la sensación de que la izquierda en general está paralizada ante el auge de esta extrema derecha, que está ganando puntos en las encuestas de intención de voto y su discurso de odio y discriminación esté calando entre cada vez más gente.

Si lo miramos desde otro punto de vista, el tema del terrorismo es más bien un arma política donde la clase dominante lo utiliza, por un lado, como control socal mediante el discurso del miedo, y por otro, como justificación para eliminar la oposición interna (contrainsurgencia). Conocer esta base es el punto de partida para articular una respuesta tanto a nivel social como político con el fin de afrontar el auge de la derecha y el fascismo. Lo primero, señalar claramente que el pacto antiyihadista es una mentira porque ni Europa ni EEUU ni Israel están luchando contra el terrorismo porque son ellos los que entrenan, arman y financian a Daesh y otros grupos terroristas a nuestras espaldas, y hacen grandes negocios con monarquías petroleras y gobiernos opresores (que también dan apoyo al Daesh). Por último, dejar claro que el yihadismo no representa el islam y que la mayoría de víctimas de Daesh son musulmanes, añadiendo de que es imposible que entre los refugiados y refugiadas puedan ir terroristas del Daesh, ya que viajan en primera clase. A nivel social, unas pequeñas propuestas serían trabajar desde la multiculturalidad en el barrio a través de programas y actividades (como mundialitos antirracistas que ya vienen haciéndose, talleres de idiomas, actividades culturales, etc) que integren a colectivos migrantes, así como la defensa frente al terrorismo de baja intensidad de energúmenos fascistas que se dedican a apuñalar a quienes luchan contra sus ideas racistas, totalitarias, de odio y violencia, además de las acciones solidarias que ya se están realizando al ayudar a los y las refugiadas en Idomeni, Lesvos,… Y a nivel político, desde nuestras organizaciones políticas apoyar el proyecto político del movimiento de liberación kurdo en Rojava y Bakur (quienes por ahora son los únicos actores que llevan un compromiso real de acabar con el Daesh), exigir la eliminación del PKK de las listas de organizaciones terroristas, la apertura de las fronteras y puesta en marcha de programas de acogida, el cese de la venta de armas a las monarquías del Golfo y a Israel, entre otras.

Se nos avecina un clima de guerra creado por las clases dominantes, y el fascismo asomando tras el fantasma del terror.

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