Compañeros de la FAGC detenidos por liberar inmuebles para familias desahuciadas

ACTUALIZACIÓN: Los dos compañeros son condenados a pagar cada uno una multa de 60 euros por Desobediencia y Resistencia a la autoridad. Esa es la tarifa que cobra el Estado español por cada sesión de tortura.

La Federación Anarquista de Gran Canaria, junto a varios colaboradores altruistas, lleva tiempo, a través de su Grupo de Respuesta Inmediata Contra los Desahucios, liberando inmuebles abandonados para dar cobijo a todas aquellas personas y familias que carecen de techo, bien porque sean víctimas de la hipoteca o el alquiler, bien por pobreza endémica.

Mientras se encontraban en el municipio de Telde (día 12 de Enero) y se dedicaban a las labores de limpieza de dos nuevos inmuebles liberados (unas oficinas prefabricadas abandonadas desde hace años, construidas por una promotora en quiebra y actualmente en concurso de acreedores) con el fin de dar techo de forma urgente a dos familias (una recientemente desahuciada, la otra al borde de serlo), la policía se personó en el lugar. Sin más explicaciones, y alegando que se les acusaba de robo, las fuerzas represivas irrumpieron en la vivienda (sin invitación previa) y de forma agresiva y amenazante empezaron a hostigar a los compañeros. Se suceden las amenazas (como la de esconder dentro de la vivienda a uno de los compañeros, para, según las palabras textuales de los agentes: “poder pegarle sin que lo vean los vecinos”), los comentarios insultantes y denigrantes (“guarros, hippies, piojosos, etc.”), hasta que finalmente se pasa a detener a dos de los compañeros aplicando las máximas dosis de violencia gratuita e innecesaria (por ejemplo, se incrusta la cabeza de uno de ellos contra la pared y se le ponen las esposas lo más ajustadas posibles, bajo la orden de: “que no haya holgura, apréstaselas a ese hijo de puta todo lo que puedas”). Este mismo compañero es separado del resto y cuando consiguen tenerlo lo suficientemente lejos, se le dirige una nueva batería de amenazas que van desde indicarle que se va a hacer todo lo posible por “trincarlo desprevenido” en la calle cuando vaya con su familia, hasta recordarle la utilidad que la policía nacional sabe hacer de sus pistolas.

Los dos detenidos son dirigidos a comisaría. Uno pasa primero por el Centro de Salud donde da cuenta de las contusiones sufridas, sobre todo en el hombro, hasta el punto de que es necesario pincharle diversos analgésicos. Mientras el otro compañero es llevado a comisaría donde comienza una sesión de golpes que raya en la clara e inconfundible tortura. En la sala de interrogatorios, entre insultos (“cerdo, escoria, cabrón”, etc.) y los más extravagantes comentarios (“en Telde no queremos basura; no vamos a permitir que esto se llene deokupas; ustedes son aún peores que los del 15-M, son anarquistas”, etc.), comienzan los golpes directos, los zarandeos, los agarrones del cuello (cuando por ejemplo tratan de evitar que uno de los detenidos retire la batería de su móvil antes de entregarlo [junto al resto de sus enseres]. Afortunadamente, no consiguen impedirlo), los puñetazos y patadas. Después de la sesión de golpes, el “prisionero” es finalmente llevado al Centro de Salud. Allí, una doctora displicente rellena el parte sin separar su vista del papel y sin auscultar al paciente. Según la facultativa, las siguientes imágenes correspondían a un sujeto al que “no le había pasado nada”:

El compañero comenta cómo le sorprendió que los usuarios de dicho ambulatorio no se asustaran al ver a dos personas con armas de fuego en la cintura, y sí al ver a una con esposas en las muñecas.

Mientras, el otro compañero es sometido a un largo interrogatorio en el que se repiten los insultos constantes (“perro, parásito”, etc.), los ataques y vejámenes, y, que nadie se haga el sorprendido, los “¡vivas!” a Franco y a su época. Finalmente ambos son introducidos en el calabozo, recordándoseles recurrentemente que se les va a tener retenidos hasta cumplir el máximo de 72 horas.

Finalmente, son sorprendentemente puestos en libertad con cargos después de 5 horas de privación de libertad forzada. Los cargos que se les imputan (y he aquí lo más interesante del caso), y por los que tendrán que comparecer ante el Juzgado de Instrucción Número 3 de Telde, el próximo lunes 14, con motivo de un juicio rápido, no están en modo alguno relacionados con la okupación (ni allanamiento de morada, ni usurpación, ni ocupación ilegal, ni nada por el estilo), y se reducen a DESOBEDIENCIA y RESISTENCIA.

Los compañeros pudieron llegar, aunque bastante tarde, a la enriquecedora Asamblea de Inquilinos y Desahuciados convocada para ese mismo día. Asamblea que les dio su aliento y ánimo. En la misma tuvieron la ocasión de exponer sus conclusiones: la policía poco puede hacer judicialmente cuando se ocupa lo que no es de nadie, lo que nadie reclama; este tipo de incidentes sólo refuerzan la convicción de que hay que continuar y reforzar la vía trazada, hasta convertirla (tal y como acabó bosquejándose en dicha Asamblea, a la que acudieron personas de toda condición y edad) en una herramienta que propicie la okupación pública y masiva, en la que se implique a la vecindad del barrio en el que esté inserta la vivienda liberada.

El Grupo de Respuesta Inmediata Contra los Desahucios es hoy un poco más fuerte; la 1ª Asamblea de Inquilinos ha sido un fructífero primer paso para poner los cimientos de la 2ª (ya reclamada); muchas personas, generosas, anegadas y comprometidas, están hoy dispuestas a sumarse a una iniciativa integral que, más allá de las ideologías y creencias de cada uno, une a mucha gente diversa con el objetivo común de aplicar la Acción Directa y el Apoyo Mutuo para auto-capacitarse, inter-ayudarse y poner los mimbres de una realidad nueva que socave al actual Sistema.

 “Nuestras necesidades animales han sido definidas hace tiempo y consisten en alimento, habitación y abrigo. Si la justicia tiene algún sentido, es inicuo que un hombre posea lo superfluo, mientras existan seres humanos que no dispongan adecuadamente de esos elementos indispensables” (William Godwin, Investigación sobre la Justicia Política, 1793).

P.D: A todos aquellos que recomiendan que los compañeros denuncien, estos mismos compañeros quieren poner en su conocimiento: “Nuestra forma de denunciarlo es ésta. Haciéndolo público, denunciándolo de viva voz, dándolo a conocer, evidenciándolo. Nosotros respetamos y apoyamos siempre a quienes denuncian este tipo de actuaciones, pero, a título personal, pensamos que no ganamos nada denunciando ante las instituciones a los propios garantes (la policía) de que estas instituciones sigan en pie. Primero porque sabemos que no servirá de nada (ya saben el dicho: “perro no come carne de perro”); segundo, porque la justicia que nosotros exigimos no puede proporcionárnoslas los tribunales con sus multas, castigos y sanciones. La justicia que nosotros nos damos es la de dar a conocer que en las comisarías y calabozos del Estado español se tortura; es la de evidenciar lo injusto que es que persista existiendo un cuerpo represivo como la policía que sólo sabe introducir en los conflictos humanos aún más violencia; es la de convencernos a todos de lo inconveniente que resulta consentir que un grupo humano armado y legitimado –con el monopolio de la violencia en sus manos– intente atajar las tensiones sociales de forma compulsiva; es la de persuadirnos a todos de lo innecesaria y peligrosa que es la existencia del cuerpo represivo de la policía, hasta que comprendamos que lo mejor para todos es que desaparezca”.

http://www.anarquistasgc.net/2013/01/dos-miembros-de-la-fagc-son-detenidos.html

El hombre en la cultura patriarcal

El patriarcado, como sistema, tiene como función determinar ciertos aspectos y comportamientos de aquellos sujetos sometidos a él; esto es tanto la mujer como el hombre. No pretende este ser un ensayo de carácter científico-social como el excelente ejercicio al cual parafraseo en el título, sino más bien unas anotaciones en torno a unas influencias, quizás menos estudiadas, de las jerarquías de género en la sociedad capitalista contemporánea.

Los tentáculos del patriarcado no sólo succionan e inmovilizan a la mujer en una posición determinada del organigrama vertical de género, sino que encasillan, como consecuencia, también al hombre. Quizá puede pensarse, y se tendrán grandes dosis de razón superficial, que su situación es de privilegio, si consideramos el ejercicio de dominio como una circunstancia positiva. No obstante, la dominación, aunque a corto plazo pueda resultar beneficiosa para el poderoso y dañina para el desposeído, es un fenómeno maligno bidireccional.

Los imaginarios creados por el patriarcado vinculan tanto a la mujer como al hombre, aunque en graduaciones diferentes. A la simplificación y asignación de roles (que afectan por igual), las mujeres han de sufrir la estigmatización, circunstancia de la que los hombres tienen la lógica oportunidad de librarse por situarse en el pedestal jerárquico. No obstante, como digo, los roles impuestos afectan a ambos sexos, y no precisamente de forma emancipadora. Si bien la mujer ha de ser sumisa y débil, el hombre ha de ser dominante y fuerte. A priori, los hombres pueden pensarse beneficiados por este reparto cultural de papeles. Sin embargo, la dominación y la fortaleza son armas de doble filo que empobrecen su capacidad de relación social.

Los hombres, desde su infancia, crecen en la creencia de que mostrar algún signo de empatía o sentimentalismo supone ausencia de virilidad. Llorar en público, abrazar o besar a un amigo, no poseer destrezas deportivas, jugar con muñecas, vestir alguna prenda color rosa, no tener una complexión atlética o mostrar simpatía hacia los animales o hacia canciones románticas, por citar algunos comportamientos o aficiones, es sancionado en base a una supuesta pérdida de la masculinidad (cuyo germen es la penalización de la homosexualidad y la atribución de fragilidad femenina), eliminando o alterando la identidad del niño. Estos imaginarios sociales se perpetúan durante gran parte de la vida del hombre -si no toda-, afectando a su capacidad de amar y a su creatividad. Generan tabúes, limitaciones a la libertad. Las representaciones que difunde el patriarcado -y que soportan tanto mujeres como hombres- empobrecen las interacciones entre ambos sexos y entre iguales. Si el sistema concibe una dicotomía entre el Bien (el hombre) y el Mal (la mujer), todo aquel comportamiento asociado a la mujer alejará al hombre de sí mismo, es decir, del Bien.

Además, el Estado posee los mecanismos necesarios para beneficiarse de los roles de género masculinos en su autodefensa. La propaganda militar o policial se nutre de valores ya existentes en la sociedad -la virilidad como sinónimo de gallardía y como antónimo de feminidad- para cumplir el primero de sus propósitos: persuadir al hombre común de que debe ir a/apoyar la guerra. Los diez mandamientos de la propaganda de guerra de Lord Ponsonby, que pueden resumirse en todo lo que haga yo está bien y todo lo que haga el enemigo está mal, finalizaba con un recurrente «los que ponen en duda la propaganda de guerra son unos traidores». Es decir, quien contravenga las leyes de la masculinidad será una mujer y, por tanto, será una traidora. El honor, la valentía, el patriotismo, el orgullo, etcétera, son valores que pueden practicar tanto hombres como mujeres, pero serán los primeros quienes lo adopten como característica innata, y aquellas mujeres honorables o valientes habrán adoptado roles viriles -y tendrán que comportarse como tal, reprimiendo sus sentimientos y su identidad-.

Así, se repite necesario hacer pedagogía feminista para evitar caer en la maniquea percepción de la guerra entre sexos (concepción habitualmente compartida entre los hombres [1]) y comprender que el enemigo a batir es un fenómeno cultural, no biológico, y que la lucha en defensa de la igualdad de género no es un acto solidario del hombre hacia la mujer, sino un frente común de afectación general.

Adrián Tarín

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[1] Algunas teorías feministas atribuyen a causas naturales la aparición de la guerra, haciendo hincapié más en una serie de características biológicas del hombre que en la atribución cultural de roles, así como observan una prolongación fálica en la morfología de misiles y balas. En mi opinión, no son teorías adecuadas.

2012: Un año convulso

Como viene siendo habitual, los medios de comunicación al servicio del poder hegemónico nos ofrecerán hoy una variada retahíla de imágenes con las que pretenderán resumir el transcurso del año 2012. Serán, me arriesgo a aventurar, hechos noticiosos asépticos, poco críticos, basados en el infortainment y el terrortainment: historias trágicas o emotivas con vocación de entretenimiento en lugar de información. Como contrapunto, ofrezco doce unidades de resumen (simbólicamente como los doce meses) sobre las que poco análisis se hará en los telediarios. No pretende éste ser una completa síntesis del año, puesto que, seguramente, no mencionaré todo lo notable, pero sí puede ser un interesante ejercicio comparativo con el discurso dominante.

El año de los recortes sociales

La política antisocial iniciada por el anterior gobierno no ha tenido freno en este 2012. Más bien, se ha acentuado. El primer año de legislatura de Mariano Rajoy ha dejado un balance legislativo desolador: una reforma laboral centrada en abaratar el despido y precarizar el empleo; intentos de privatización del sistema sanitario estatal; la aprobación de un anteproyecto de ley educativa mercantilizador, alienante e imperialista; una subida de impuestos arbitraria que se ensaña con la clase trabajadora; un aumento tasas judiciales que acrecienta la indefensión de las clases populares; una reforma del código penal hacia un formato aún más represivo y, como contrapunto, el rescate al sistema bancario español.

Bajo mando de los mercados y los dictámenes tecnocráticos de la Unión Europea, la clase política dirigente ha decidido paliar la crisis con más crisis, radicalizar el capitalismo, apagar el fuego con fuego. Las consecuencias sociales han sido devastadoras.

Record de desempleo

Las reformas del gobierno estatal y europeo han situado al país en el podium mundial de desempleo, superando los cinco millones de parados oficiales. Las estadísticas, que muestran como colectivo más castigado a la juventud, no incluyen al estudiantado. El censo es, una vez más, falseado para ocultar la realidad.

Asimismo, son ya muchos los trabajadores (sobre todo jóvenes) que se ven obligados a emigrar, convirtiendo al Estado español por primera vez en décadas en un país descendente en recepción de inmigración. La crisis económica agravada con las reformas antisociales y las políticas racistas españolas, pueden dar explicación a este viraje.

El suicidio de los desahuciados

Las políticas de Rajoy también baten otro récord: el de suicidios. La frustración generada por la crisis económica y sobre todo por su concreción en los desahucios,  ha disparado desgraciadamente el número de personas que deciden quitarse la vida. Las instituciones, según insisten los medios de comunicación, están trazando planes para evitar esta plaga social. Lo repugnante de esta cuestión no es sólo que llegue tarde, sino que en primer lugar es falso, y en segundo lugar viene motivado por un caso particular que afectó al poder hegemónico: el triste suicidio de la mujer de un ex concejal.

Otras dolencias estructurales, mediáticamente consideradas enfermedades mentales, como la depresión, están destrozando el tejido social en un momento perversamente cíclico: las reformas del sistema empobrecen monetariamente y destruyen la salud pública, el sistema sanitario tiende a ser un privilegio económico y el abaratamiento del despido infunde miedo entre los trabajadores que solicitan la baja médica.

Aumenta la brecha entre clases

Una vez clarificada la mentira de la existencia de una clase media, en las últimas décadas nunca había estado en el Estado español tan vigente la lucha de clases. Mientras la clase trabajadora ve mermada su capacidad económica a marchas forzadas, las mayores fortunas del país no sólo no reducen el beneficio fruto de su explotación, sino que lo aumentan. La amnistía fiscal y las políticas favorables a la élite empresarial y patronal desequilibran aún más la distribución de la riqueza, fortaleciendo al capitalismo en un momento estratégico para su eclosión. Es la confirmación (mil veces confirmada) de que la ley es por definición una expresión de clase, y que la actividad de gobierno es siempre perjudicial para el gobernado.

La represión como valor en alza

Las torturas en comisaría y en los centros de reclusión no han disminuido, sino más bien, han crecido. Ante la protesta social la dirigencia ha reaccionado como se esperaba: potenciando el Estado policial ya existente. Las palizas antes (y ahora) relegadas a sectores activistas marginados, ahora se centran en gran parte de la población ante la atenta mirada de los medios de comunicación. Los montajes policiales (el último con el compañero Alfon), la violencia indiscriminada (las pelotas de goma se han cobrado una vida en Euskal Herria y la pérdida de un ojo de una compañera en Barcelona, como muestras de este 2012) y la complicidad político-judicial (en lo que llevamos de año son 444 los indultos aprobados por Mariano Rajoy, entre ellos policías torturadores) se ha multiplicado cuantitativa y cualitativamente.

La situación en las cárceles permanece desesperanzadora, más aún con la generalización de los centros CIES y las denuncias a los centros de menores. La tasa de suicidios entre rejas se mantiene. Gallardón planea reformar el Código Penal para endurecerlo, a la vista del varapalo del TEDH en relación a la Doctrina Parot.

Dos convocatorias de huelga general en el Estado español (más en Euskal Herria, Galiza y Barcelona)

Aunque con el conocido interés partidista, la respuesta de los trabajadores se ha hecho oír, independientemente de las valoraciones que cada uno hagamos al respecto. 2012 será recordado como el año en que el presidente del gobierno convocó una huelga general, y también como el más agitado en las calles de la última década. Desde la muerte de Franco, nunca antes había habido dos huelgas generales en un mismo año.

Mención aparte merece la convocatoria de huelga general anarquista en Barcelona el pasado octubre. Convocada por sectores vinculados al anarquismo y al anarcosindicalismo, la jornada puede mirarse con cariño y como un paso más hacia la concienciación libertaria de los trabajadores. La organización y coordinación de dicha huelga fue una experiencia positiva sobre la que se puede ser optimista.

Continúa la tendencia hacia la horizontalidad en las relaciones sociales

En los últimos años hemos sido testigos de la generalización de formas de asociación política más o menos horizontales, sobre todo a raíz del 15-M. Si bien imperfecto y ciudadanista, ha conseguido alterar las dinámicas de organización, visibilizarlas y generalizarlas hacia el asamblearismo. Grupos de trabajo estudiantiles, coordinadoras, el movimiento para rodear el congreso, asambleas de parados, comisiones de vivienda, etcétera. Todo un caldo de cultivo y de propaganda por el hecho al que aún falta por especiar ideológicamente, pero que supone un rico campo de trabajo para habituar las interrelaciones libertarias en nuestras estructuras sociales.

Radicalización de los métodos de acción

 En este año 2012 hemos comprobado el hastío de una población que, el pasado año, apostaba sin fisuras por la no violencia y que actualmente empieza a considerar la autodefensa como un mecanismo de lucha legítimo. La resistencia minera, los incidentes durante las huelgas generales o el 25-S, son una conquista del derecho a rebelarse y una manifestación de justa rabia ante el genocidio social orquestado por los poderes hegemónicos, la violencia policial y la impunidad judicial (los casos de Díaz Ferrán o Jaume Matas destapados este año no son más que mecanismos de normalidad democrática completamente anecdóticos en comparación con el índice de indultos).

La acción directa no sólo se ha ejercido durante las manifestaciones, sino que durante este año que termina se han emprendido un sinfín de acciones combativas de inspiración anarquista. La toma de bloques de viviendas y otros inmuebles abandonados para uso social, comedores o habitabilidad para desahuciados ha sido generalizado en 2012.

El descrédito de la democracia

En aquellas regiones en las que no ha habido un aumento del sentimiento de identidad nacional, los votos de protesta han aumentado en este 2012. En Galiza, donde menos se ve reflejado (quizá porque también hay un nacionalismo periférico importante), en dos años ha aumentado un 3% el número de votos nulos, en blanco y abstenciones. En Andalucía y Asturias, en cambio, este aumento es de un 9%. Tanto en Galiza como en Asturias, el voto de protesta ronda el 50% de la población, mientras que en Andalucía el 40%. A estos datos, además, habría que restar el voto clientelar conocido tanto en Andalucía como en Galiza.

Sentimiento nacional revolucionario

La irrupción en la escena política de la izquierda abertzale y de la CUP puede ser responsable de que la tendencia arriba comentada no se haya producido, también, en Catalunya y la CAV. El sentimiento nacional periférico ha repuntado tras los intentos de españolización de Patxi López, por un lado, y del Tribunal Constitucional y el ministro de Educación por otro (así como otros factores más complejos). La evaluación más optimista puede ser que, a diferencia de otros años, al menos en 2012 esta sensibilidad nacional se ha traducido en votos hacia partidos de izquierda vinculados a los movimientos sociales y a las clases trabajadoras y populares.

Situación internacional

La guerra en Siria, los estallidos sociales en Reino Unido y en Argentina (con saqueos incluidos), el repunte de la actividad zapatista, la resistencia social y el auge del fascismo en Grecia, la represión en Gaza, las diversas primaveras árabes… no cabe duda de que este año ha vuelto a ser convulso, acorde con la situación general en la que nos insertamos. ¿Será el 2013 un año definitivo para la revolución social mundial?

Adiós, compañeros

Por último, un punto tan obligatorio como inabarcable, en el que cada uno de nosotros rellenará con un nombre al compañero que nos dejó. En Regeneración recordamos a Agustín García Calvo, no sin despreciar ni rechazar a otros, quizá anónimos, que también dieron su vida luchando o que lucharon durante toda su vida.

La mala yerba (humilde homenaje a Yerma)

ESCENA I

Sala de estar, paredes encaladas. En el tabique zurdo, el
hueco de una ventana. Al fondo, de izquierda a derecha, un
armario, una puerta con una cortina estampada recogida,
una mecedora y un pequeño sofá. Sobre este, colgados, dos
cuadros: un bodegón y una cacería de ciervos. Iluminación
total.
Isabel, desplomada en la mecedora, se seca sus últimas
lágrimas con un pañuelo de tela. Viste de luto, con pantalón
y rebeca. Concha, sentada en el sofá, rígida, permanece
callada, sin mirar a su hermana, y también ataviada para un
velatorio. Lleva mantilla, con la cara descubierta y un
anticuado traje negro.
Es la mañana de un domingo de noviembre de 1973, en el
campo andaluz occidental.

ISABEL. Bueno… pues ya está.
CONCHA. Sí.
ISABEL. (Reflexiva) Adiós a toda una vida.
CONCHA. Ajam.
ISABEL. ¿Te acuerdas de aquella vez en que casi quema el pajar entero para matar a una arañilla? (sonríe, intentando reponerse del llanto).
CONCHA. (Continúa pasiva) Claro.
ISABEL. Llevaba varias semanas enfermo, ¿verdad?
CONCHA. Ay, mira, déjame en paz. Qué más dará… ojalá esto fuera mi mayor problema.
ISABEL. No me extraña que te dé igual, nunca le has querido.
CONCHA. (La mira a los ojos) Para ti es muy fácil querer a papá, no has tenido que vivir con él todo este tiempo. A ti te dio la ciudad, ¡toda la ciudad! En cambio, a mí… a mí me dejó encerrada en esta casa, en este pueblo muerto.
ISABEL. Ya hemos hablado de esto muchas veces, no empieces con lo mismo, ¡qué aburrimiento! (CONCHA vuelve a mirar hacia otro lado. ISABEL le coge una mano. Inquieta, trata de cambiar de tema) Si no es papá, ¿cuál es ese problema?
CONCHA. No es nada. (Aparta la mano. Contradictoria) Es por papá.
ISABEL. No, no es por papá. A él no le quieres, ya lo has dejado claro antes. Tu mantilla, tu luto… tu velatorio es por otra cosa. Tu duelo está por dentro, en tu cabeza. (Pausa) Llevas toda la mañana perdida.

CONCHA suspira. Pierde la tensión en sus músculos. Se
desinfla. Parece que va a llorar.

¿Y bien?
CONCHA. Verás… mi marido…
VOZ DEL MARIDO. ¡Mujer, El chambergo! Que voy ya a la faena.

CONCHA va hacia el armario, lo abre de par en par y
descuelga la única prenda que hay dentro: el chambergo.
Recorre todo el escenario y sale por la derecha. Vuelve sin
el abrigo. Antes de sentarse se oye un portazo que asusta
visiblemente a las hermanas, que dan un respingo. Se
sienta, de nuevo, en el sofá. Disimula. ISABEL le da un
tierno empujón en el hombro, para que hable.

CONCHA. Estoy preñada.
ISABEL. (Contenta) ¡Encinta!
CONCHA. ¿De qué te alegras? ¡Es una tragedia!
ISABEL. (Burlona) Una tragedia, una tragedia… no dramatices. Es verdad que a esta edad puede ser peligroso, pero ¡es tan bonito! ¡una vida nueva!
CONCHA. Esa vida nueva nos va a devorar la nuestra.
ISABEL. Qué terrible eres (pausa). ¿Ya lo sabe tu marido?
CONCHA. No, y no va a tener noticia.
ISABEL. No vas a poder esconderlo para siempre. Además, él también tiene derecho a saberlo.
CONCHA. A ti siempre se te llena la boca de derechos, de justicia, de esto y de lo otro. ¿Pero cuáles son mis derechos? ¿Y los de mi marido? ¿Morirnos de hambre? ¡Ya no queda nadie en este pueblo! Todos se fueron a la ciudad, como tú, a las fábricas. Nadie quiere comprar ya nuestros animales o nuestras frutas. Tenemos que competir con toda esa comida mecánica, industrial. Se han vuelto todos locos. ¿Y tú quieres que tengamos otro hijo? No hay futuro en el campo, Isabel. Las manos del niño que viene nos van a ahorcar en lugar de ayudarnos a sostener la azada.
ISABEL. No estás hablando tú, yo sé que no estás hablando tú. No se cómo puedes decir esas cosas. Siempre te han gustado los niños… todavía no perdonas que Basilio se ordenara y no te hiciera abuela.
CONCHA. Sí, pero mi marido dice…
ISABEL. (La interrumpe) Ah, tu marido.
CONCHA. Sí. Mi marido.
ISABEL. Entiendo.

Silencio.

CONCHA. ¿Qué quieres decir con entiendo?
ISABEL. No tienes que tenerle miedo, lo comprenderá. Él también es parte de lo que llevas en tu barriga.
CONCHA. (Resignada) Me gritará. Toda la culpa es mía.
ISABEL. ¡No!
CONCHA. ¡Sí! (solloza). Yo desee a ese niño mientras le hacíamos. Pero mi marido… él nunca ha querido tener un hijo conmigo, ni siquiera a nuestro Basilio. Pensé empezar de nuevo, con otra criatura, educarla, mimarla. Por eso estoy embarazada. Pero tiene razón. Un hijo ahora… me va a abandonar cuando lo sepa.
ISABEL. Debes tratar de hablar con él, seguro que no se marcha. Aunque, si no, siempre te queda… lo otro.
CONCHA. ¿Lo otro?
ISABEL. Londres.
CONCHA. ¡Por los clavos de Cristo! Yo nunca podría hacer algo así…

Se va haciendo el OSCURO…

ESCENA II

Tarde en la plaza mayor del pueblo. Papel pintado sobre el
fondo, con varias casas blancas. Albero en el suelo.
Iluminación total.
CONCHA y dos VECINAS, ancianas, zurcen retales sentadas
en unos taburetes de mimbre. El de la VECINA 1 es más
pequeño que los otros dos. CONCHA está en medio de ambas. Ya no viste de luto.

CONCHA. …pero bueno, también me dijo que estaba la posibilidad de, ya
sabéis… lo otro.
VECINA 2. ¿Lo otro?
CONCHA. Londres.
VECINAS. ¡Por los clavos de Cristo!
CONCHA. (Simulando diversión) Lo mismito dije yo.
VECINA 2. Cómo se le ocurre ni siquiera pensar que tú…
VECINA 1. (Interrumpe) La de disgustos que nos hubiéramos ahorrado nosotras si en su día también hubiéramos podido.
VECINA 2. Dime si tú serías capaz de hurgarte en las entrañas para matar a tu propio hijo.
CONCHA. Ay mujer, pero…
VECINA 1. Tu hijo, tu hijo. Pero si eso al principio no es más que una bolita.
VECINA 2. Al principio, tú lo has dicho.
CONCHA. (Tímida) Yo me lo noto desde hace 2 meses.
VECINA 1. ¿Ves? Dos meses no es nada, una bolita.
VECINA 2. Pues tú misma también fuiste una bolita con dos meses y seguro que no te hubiera gustado que te desparramasen por ahí como un flan estrellado en el piso.
CONCHA. (Empalidece) Eso… eso no es así.
VECINA 2. ¡Uy, que no!
CONCHA. Mi hermana nunca me ofrecería hacer algo así.
VECINA 1. ¿Y no crees que la Jacinta si hubiese podido elegir habría tenido al retrasado de su hijo?
CONCHA. No es tan bobo… es diferente.
VECINA 1. ¿Y Rosarito, la de la Luisa, que tuvo dos que se le murieron flaquitos, casi al nacer, de no tener nada que echarse al gañote?
CONCHA. Pero es que su marido se pasaba los días y las noches en la cantina.
VECINA 1. (A la VECINA 2) ¿Y tú, tú misma, nunca has pensado que si no hubieras tenido tan jovencita al primero de tus hijos no te habrías tenido que casar con un hombre que te desprecia? ¿Qué hubiera pasado si no lo hubieses tenido?
VECINA 2. (Se pincha varias veces la yema de sus dedos con la aguja y la refriega sobre la tela blanca que cose, manchándola. Trágica) ¡Esto! ¡Esto habría pasado! ¡Sangre! La misma que a las mujeres nos da la muerte dos veces, una cuando empezamos a sangrar y otra cuando lo dejamos para siempre.
CONCHA. Pero allí te operarán, será todo muy limpio, no como aquí. La gente está más preparada, más educada. Tienen más dinero. Y seguro que no duele.
VECINA 2. ¿Sabes qué es lo que te hacen en Londres? (CONCHA muestra su interés acercando la cabeza hacia su interlocutora) Te tumban en una camilla, te abren las piernas y con un ganchito, con una percha, te revuelven por dentro y te sacan al niño pinchado en el alambre.
CONCHA. (Se toca la barriga, con gesto de dolor) No puede ser…

Mira a la VECINA 1, que asiente con la cabeza y los ojos
cerrados. Pausa. CONCHA se resiste a creerlo.

¿Y tú eso cómo lo sabes?
VECINA 2. (Misteriosa. Confidencia) Por mi hija, la menor. ¿Te acuerdas que estuvo de criada de los Salmerón? Pues a la niña de la casa la preñó, dice, el párroco viejo, el que estaba antes, y para que nadie se enterara, ni el obispo ni los amigos de la familia, el cura le fue con el cuento de Londres al señor, y allá que se la llevaron. Y la niña volvió, sin hijo, pero sintiéndose todas las mañanas la percha por dentro.

Se repite la mímica anterior. Vuelve a asentir la VECINA 1.

VECINA 1. Con la Iglesia hemos topado.
CONCHA. (Preocupada. Chista) Que como te oiga alguien…. ¡Qué cosas tienes!
VECINA 1. ¿Quién? Si este pueblo está vacío. Echo de menos que alguien nos oiga… Pues anda que haberse ido la repipi tan lejos para hacerse esa chapuza.
CONCHA. Y con la cosa tal y como está (gesticula dinero, paseando el pulgar por el índice y el corazón de su misma mano).
VECINA 2. Mira, Concha, tú sabrás a quien quieres tener contento. A Dios o a tu marido.
VECINA 1. Lo que yo diga.
VECINA 2. Piensa. Piensa en ese pobre niño, ¡o quizá niña! Tu primera hija, que no quieres dejar nacer. Que quieres matar. Y Dios lo ve todo, y todo lo castiga.
CONCHA. Sí, pero, también puede ser lo mejor. No tenemos ni para nosotros, si encima tenemos un bebé… lo deberá comprender.
VECINA 2. Dios no entiende de los problemas de la tierra, que por serlos, tienen menos valor. Él se encarga del alma, de tu alma, y la verá negra cuando la reciba si haces lo que estás pensando.
CONCHA. Yo no estoy pensando nada.
VECINA 2. Sí piensas, y piensas mucho. Eres curiosa, como Eva. La curiosidad no mató al gato, mató a la mujer, a la Humanidad. Las mujeres deben ser menos curiosas y más trabajadoras. Y deberse a lo que se tienen que deber.

La VECINA 1 se ríe, pero nadie le acompaña. Pierde
progresivamente la risa. Comprende que el parlamento de
la VECINA 2 es sincero y compartido. Breve silencio. Recoge
sus telas y ovillos. Se despide. Mutis.

¿Ves este escabel? (señala la banqueta de la VECINA 1) Se ha quedado vacío. Vacío. Nada. El espejo de su vida, solitaria. De la
sequedad. Quiere que no tengas al niño, como ella, para que estés así hasta que mueras, sin nadie. Con la silla vacía. Pero no le hagas
caso, y sigue cosiendo. Deja ya ese vestido ridículo que quieres hacerte, tú misma sabes que no lo vas a poder estrenar nunca. Eres
una madre, no una de esas de las revistas. (Cambia el tono, más cariñosa) Sin embargo, puedes hacerle unos zapatitos al bebé. Tengo en casa lana rosa.
CONCHA. (Nostálgica) Sería bueno que fuera una niña.
VECINA 2. Una preciosa niña, viva. A la que arropar cuando tenga frío. Que se ría cuando le hagan cosquillas. Que llore cuando tenga miedo, y quiera que le enciendas un candil. (Le acaricia la cabeza, entrelazando sus dedos por el cabello) Cuídala. Cuídala mucho. Estar embarazada es una recompensa, no un castigo. Pero ya notarás esa satisfacción, no te preocupes. Sabrás que no te has equivocado cuando la balancees entre tus brazos, como una luna menguada, noche tras noche.
CONCHA. Noche tras noche. Balanceándola…

Se va haciendo el OSCURO…

 

ESCENA III

Noche en el mismo escenario que en la Escena I. Penumbra.
Iluminación tenue.
CONCHA permanece de pie, cerca de la ventana, inquieta.
Porta una vela encendida sobre un plato. El MARIDO está
sentado en el sofá. Afila una estaca con una navaja.

MARIDO. Pues no que me dice que el pecado original de los andaluces es la pereza. ¿Te lo puedes creer?
CONCHA. No.
MARIDO. Pues créetelo, créetelo. Este patrón cada vez está más insoportable. Estoy en planta a las cinco de la mañana para darle de comer a la burra, a los pollos y a los puercos, que por no comer ni como, y luego me voy a la labranza a echar allí todo el día, llueva o truene. Catorce horas del día con la herramienta en la mano y el mindundi este solo se llena las botas de tierra cuando viene a cobrar. La ciudad sí que ha traído nada más que ladrones y flojos. (Pausa) ¿Qué has hecho de cena?
CONCHA. Caldo de puchero y patatas hervidas.
MARIDO. ¿Con yerbabuena?
CONCHA. No. ¿Quieres?
MARIDO. Échale, anda.

CONCHA sale por la puerta de la cortina recogida.

MARIDO. (A voces, para que CONCHA le oiga). La pereza, la pereza… ¡la vida entera enfangado de mierda hasta las rodillas! Que hasta me huele el sudor a abono. ¿Sabes lo que tendríamos que hacer? No, no, nada de irles a los concejales, los politicastros no sirven para nada. Tendríamos que denunciarle a la Guardia Civil. ¡Que baje Dios y niegue que este diezmo que nos cobra no es un robo en toda regla! Y que lo metan en Carabanchel o por ahí, no en El Puerto, no vaya a ser que se junte con los vagos y los maleantes (Ríe, satisfecho).

CONCHA regresa por la misma puerta y se acerca, de
nuevo, a la ventana. Mira a través de ella.

(Hacia CONCHA, explicándole) Los vagos y maleantes, nosotros, los andaluces, según el tipo este, claro. Bueno, da igual. A ti nada de esto te hace gracia, ¿no es así? Siempre te ha dado igual todo. ¡Claro! Como el que tiene que trabajar soy yo… tú aquí, en casita, con tus
animalitos y tu comidita.
CONCHA. Oye…
MARIDO. Y encima tengo que decirte yo cómo tienes que hacerlo, que todavía no has tenido tiempo para enterarte de que el consomé me gusta con yerbabuena.
CONCHA. Escucha…
MARIDO. Y las papas, sosas, como siempre. Y no será porque no tenemos sal, que todos los días vienen de los esteros con carretas llenas de sacos.
CONCHA. (Deja el plato con la vela en el remate. Se da la vuelta; le mira) ¿Puedo…?
MARIDO. (Importunado) Qué.
CONCHA. ¿Puedo hacerte una pregunta?

Silencio.

Hoy, en la plaza, esta tarde, me he cruzado con Carmina, la gallega, y me estuvo contando que en una tierra que tiene, detrás del establo, en su casa, que la tenía baldía, está empezando a salir un tallo. No se lo esperaba. Dice que parece que es de rosa, pero cree que se le va a marchitar antes de florecer. Y eso: no sabe qué hacer, porque tendría que cuidarla, fertilizarla, regarla, protegerla de los pulgones, que ahora que empieza a refrescar tampoco debería haber muchos, pero nunca se sabe. ¿tú qué piensas?
MARIDO. ¿Las rosas se comen?
CONCHA. No.
MARIDO. ¿La va a vender?
CONCHA. No.
MARIDO. Entonces, no va a sacarle dinero a cultivarla, ¿no?
CONCHA. No…
MARIDO. Pues ¿hace falta que te diga entonces lo que pienso?
CONCHA. Bueno, pero… la rosa adorna. Y es bonita. Y vive.
MARIDO. No todo lo que vive es bueno, Concha. Dices que creció en tierra muerta, ¿no es así? Pues de lo muerto solo puede salir algo peor que un muerto. Gusanos, podredumbre. No merece la pena prestarle más atención.
CONCHA. Pero…
MARIDO. (Clava la navaja en la mesa, y comienza a contonear la estaca afilada como una lanza, tal que si fuera un florete) Mala yerba, Concha, mala yerba. O se corta de raíz, o la arrancas con tus propias manos, o ese campo ya no va a servir ni para soltar los bichos a trotar, ¿comprendes? (Pausa). La vida es otra cosa que andar entretenido en caprichos. Bastante tenemos con los quehaceres como para perder el tiempo en florecitas que tarde o temprano acabarán viejas, retorcidas o masticadas por alguna yegua.

CONCHA se da la vuelta. Apoya los brazos en la cornisa de
la ventana. Vuelve a mirar por ella. El MARIDO coge de
nuevo la navaja y raspa el palo.

Dile a Carmina que mate al tallo antes de que crezca. Y que no malgaste el material en una simple flor, teniendo todavía que labrar
todas sus tierras. (Pausa) De esas cosas se tiene que encargar su marido. (Pausa) ¿Qué andas mirando tanto?
CONCHA. Nada…
MARIDO. ¿Nada?
CONCHA. Sí, nada… La luna… que está menguando…

Se va haciendo el OSCURO…

 

ESCENA IV

Día en el mismo escenario que en la Escena I y III, pero la
cortina de la puerta no está recogida, y el armario está
abierto. Nadie. Iluminación total.

VOZ DEL MARIDO. ¡Mujer, El chambergo! Que voy ya a la faena.

Silencio.

VOZ DEL MARIDO. ¡Mujer, El chambergo!

Silencio.

VOZ DEL MARIDO. ¡Concha, joder!

Silencio. El MARIDO entra por la derecha, maldiciendo.
Recorre el escenario. Va hacia el armario. Le indigna que
esté abierto. Va a coger el abrigo y lo encuentra en el suelo
del ropero. No hay nada más. Confundido, lo recoge y se
viste. Inicia el mutis, visiblemente dudoso aunque tranquilo.
Suena un portazo. Por debajo de la cortina asoma un fino
hilo de sangre, que poco a poco invade la sala.
Se hace el OSCURO final.

Adrián Tarín

Represión y respuesta

No sé de métrica ni demás formalismos, esto es lo que tenía dentro y así me ha salido, espero que os guste.

Represión y respuesta

El madero no es tu amigo
él tiene otros intereses, llevarse un sueldo a casa
no le importa si protestas por algo justo o porque perdió el Barça
cumplirá su función, obedecerá las ordenes, siguiendo la cadena de mando
si hay algún herido grave o un muerto, él se escudará en eso
luego lo indultará el gobierno, mientras mantiene a compañeros presos
por no rendirse, por protestar, por seguir luchando
por no agachar la cabeza ante alguien que se cree superior por llevar placa

Porras y esposas no callarán la voz de la protesta
ésta se multiplica y dentro de poco vendrá la respuesta
cada vez tenemos mas claro que para que nos tomen en serio
no nos basta con hacer procesiones
con eso solo conseguiremos pequeñas concesiones
lo mas seguro que ni eso, de nosotros se seguirán riendo
seguirán negando la realidad y difundirán lo inverso

La próxima vez que salgas a la calle recuerda esto
las señales de tráfico sólo están sujetas con cemento
no levantes las manos, ¡levanta el pavimento!

Especialmente dedicado a los compañeros presos que sufren en sus carnes la represión directa del Estado y para los que han perdido el miedo a enfrentarse con él cara a cara, también va para los que siguen defendiendo la no violencia a ultranza, a ver si les hace reflexionar sobre su postura.

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