Crónica del 5 de octubre en Madrid

Teresa Suárez

Llegué a Madrid a la mañana del sábado 5 planeando visitar diversas exposiciones y museos de la capital, además de asistir a la manifestación convocada por Democracia Real Ya “Fuera Mafia, Hola Democracia.”

La primera sorpresa que me encuentro nada más llegar es que la manifestación de la que yo tenía consciencia no era solo la convocada por Democracia Real, sino que había gran multitud de personas que protestaban por diversas causas tales como la nueva ley de educación pública, la situación de la inmigración y la explotación, el encarcelamiento de activistas de Greenpeace y aquellos afectados y solidarizados con las víctimas de la estafa de ese banco llamado Bankia. La congregación en la emblemática plaza se desarrolló como debía ser: La actitud de la gente fue, de nuevo, calmada y pacifista, con personas de diversas edades y estatus sociales. Durante todo el acto de la tarde, la manifestación fue amenizada por los típicos cantos de estas situaciones; “Lo llaman Democracia y no lo es”, “De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue, cueste lo que cueste” entre otras… En cuanto al despliegue policial era excesivo, en ningún momento el ambiente fue agresivo, al menos a esta altura del día, y se mantuvo en las inmediaciones de la Plaza del Sol durante horas.

A las ocho y media de la tarde decidí dirigirme de nuevo a mi hostal, situado muy cerca de la céntrica plaza madrileña en donde se comenzaba a disgregar la concentración. Pero para mi sorpresa, el día no se acabó ahí. Estando tranquilamente en la habitación, comienzo a oír pitidos y gritos en la calle. Decido asomarme al balcón, donde puse observar el gran revuelo que se estaba dando en las inmediaciones de Sol. El despliegue policial había aumentado de forma notoria, y avanzaban hacia una muchedumbre que coreaba y huía de los uniformados. Rápidamente decidí coger de nuevo mi cámara y bajar a ver lo que sucedía. Así, me uní a los manifestantes que se dirigían a la fuente de Neptuno, lugar de mi primera manifestación en la capital. Por el camino calles y tráfico fueron cortados, uniéndose curiosamente algún que otro pasajero de los taxis, que tuvieron la suerte, o la desgracia, de verse inmersos en tal jaleo, y que se decantaron por apoyar la causa de aquellos que hasta hacía unas horas, se encontraban en Sol.

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Durante el trayecto, el despliegue policial fue aumentando, y una vez llegados a Neptuno comenzamos a notar otro tipo de tensión en el ambiente, que iba más allá de aquel que suele haber en cualquier otra movilización. La gran mayoría de manifestantes continuaron hacia Génova, donde se encuentra la sede del Partido Popular, pero otros muchos nos quedamos en Neptuno, donde comenzamos a notar cómo los movimientos policiales se focalizaban hacia determinadas zonas. Así fueron cercando a los manifestantes a medida que entraban en la plaza mientras que más y más furgones estacionaban dentro, llegando a superar, a mí parecer, a las cincuenta o sesenta personas que allí nos encontrábamos y que fuimos testigos directos de lo que en otras ocasiones ya se ha podido observar en los medios no politizados: el abuso policial, el abuso de autoridad. Y es que, en menos de lo que canta un gallo, aquel medio centenar que conformamos los que minutos antes no pudimos ir a Génova nos vimos acorralados en las terrazas de los bares más cercanos a la plaza por un número de armarios uniformados totalmente innecesario, ¿cincuenta lecheras para ese insulso número de personas? Venga ya.

Evidentemente, sucedió lo que ya hemos podido ver en otras ocasiones: Personas inocentes que simplemente se encontraban tomando algo en esos locales y se vieron afectadas por la situación. Varios fueron los intentos de algunas personas, como yo, de salir de allí, de aquel cerco policial innecesario en el que nos vimos inmersos sin motivo alguno, simplemente por la mera necesidad, en mi caso, de informar, soportando las amenazas de carga, el abuso de autoridad y la actitud de superioridad de los que deberían hacerse respetar de otras formas más dignas, llegando incluso a escoger a personas al azar que por el mero hecho de llevar una inofensiva pancarta fueron detenidas injustamente, con comentarios del tipo “A esos, a esos, que tienen pintas”

La noche acabó en huida, en miedo, en frustración y en asco. Una vez más, me encuentro con que los medios de comunicación masivos de este país no dicen ni una palabra. Cuatro datos tontos en el Diario Público. Nada en El País, en el ABC, en La Razón… Y lo peor, que digan lo que digan, será mentira. Están politizados, son meros burdeles impresos de cuatro mangantes que nos han llevado a la ruina. En ocasiones somos los propios ciudadanos los que nos dedicamos a informar, ayudados de vez en cuando por pequeños y valientes medios.

Tristemente el sufrimiento de unos pocos no valdrá como reflejo de la situación de este país, porque señores, este país está ciego, sordo y muy mal informado.

* Teresa tiene una galería en Flickr donde cuelga sus fotografías (échale un vistazo para ver el resto).

Crónicas desde Estambul

Desde lo convulso que ha sido hoy (12/6)  el día en Estambul, voy a intentar resumir lo que está pasando. Hace alrededor de dos semanas comenzaron las protestas porque iban a destruir un parque en el centro de la ciudad (Gezi Park), al lado de su plaza más famosa, Taksim. Después de dos días y noches tranquilas con conciertos, charlas y reuniones, la policía dispersó de una forma extremadamente violenta las manifestaciones y concentraciones que se llevaron a cabo en la zona. Durante varias noches, Taksim fue zona de guerra. Rápidamente, se levantaron barricadas en cada uno de los accesos a la plaza, todo el mundo se equipaba con mascarillas, y bufandas, limones y leche, para evitar los efectos del gas.

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Mensajes y manifestaciones en solidaridad surgieron desde todas partes del país.

Teniendo en cuenta la gran difusión e importancia de los conflictos de Taksim, la estrategia del Gobierno y, por lo tanto, la actuación de la policía fue muy clara. La represión pasó a lugares menos transitados. Entre ellos, Izmir, tercera ciudad más poblada del país, y donde 40 twitteros fueron detenidos por sus publicaciones en la red social. Desde Ankara, donde cada noche la represión cobraba más fuerza, compañeros que viven allí nos comentaban que el centro de la ciudad es amplio y es muy complicado levantar barricadas o intentar detener a la policía. La represión en estas zonas tiene menos difusión y queda mucho más silenciada.

En Estambul, la situación no se tranquilizó hasta el jueves, mientras que en el parque las cosas se calmaron el sábado por la noche cuando la gente recuperó la ocupación de la plaza. Los conflictos estaban concentrados en una zona cercana llamada Besiktas, próxima al palacio del Dolmabahçe, uno de los accesos a la plaza. La policía lanzaba gas y agua a presión cada día. La gente que al principio llevaba mascarillas sanitarias, empezó a equiparse con máscaras especiales antigás, gafas de bucear, llevaba leche con antiácido, etc… El gas ya no era un problema. El único problema, el miedo. Miedo no sólo a ser detenido, miedo a ser golpeado y torturado durante la detención. Miedo a un juicio injusto, lleno de ilegalidades y de influencias gubernamentales.

El presidente del país, Tayyip Erdogan, no ayudó nada en estos momentos. Primero se fue a Marruecos a un congreso, donde el Rey se negó a recibirlo. Una vez de vuelta en Turquía, dio seis ruedas de prensa en un solo día. En ellas, se dedicó a lanzar mensajes provocativos, como “yo también tengo al cincuenta por ciento de la población de mi parte”, en mi opinión una clara llamada a la guerra civil, “los manifestantes atacan a mujeres con velo”, “entraron en la Mezquita de Dolmabahçe con zapatos”, afirmaciones erróneas y tergiversadas.

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El fin de semana el parque Gezi estuvo lleno de gente. Fue bonito volver a ver ese ambiente de paz y tranquilidad. Los manifestantes intentaban alejar a los vendedores de bebidas alcohólicas. Había aún demasiada tensión como para estar de fiesta. Las cocinas estaban llenas de comida y en todo el parque no había un solo rincón libre para levantar una tienda de campaña. El fin de semana fue tan tranquilo como se esperaba.

Todos sabíamos que el domingo o el lunes la policía iba a volver. Hasta la prensa turca lo estaba anunciando. Mi compañera de piso y yo fuimos de nuevo el domingo por la noche, pero no ocurrió nada, la gente estuvo bailando y cantando durante toda la noche. Había bastante poca gente. Unos dormían, mientras otros jugaban al voleibol y otros vigilaban las barricadas, que poco a poco, después de cuatro días sin ataques, habían perdido su utilidad y su fuerza. De los seis accesos a la plaza, uno de ellos nunca estuvo cerrado, pero ahora tres de ellos estaban libres de barricadas.

A las cuatro de la mañana, pensando que ya no pasaría nada, nos fuimos a dormir. Nos despertamos a las 6’30 de la madrugada al grito de ‘polis geldi’ o ‘polis geliyor’, vamos, que viene la policía. Pero justo después de prepararlo todo y de estar listas para ir a las barricadas, gente que venía de allí nos aseguró que era una falsa alarma, que no venía la policía. Volvimos a donde habíamos estado durmiendo y nos mantuvimos despiertas hablando con el resto de amigos turcos e intentando recabar información. Mientras soñábamos con un desayuno caliente y una enorme taza de café, volvemos a oír ‘polis geldi’ , nos levantamos, atravesamos la plaza y cuando nos encontrábamos en la primera barricada en la calle que se dirige a Besiktas, vimos una procesión de cascos blancos y el sonido de los cañones de agua. Uno de los cañones de agua nos pasó por encima, nos dimos la vuelta para volver a refugiarnos en el parque y la enorme cantidad de policía entre nosotros y el parque nos lo impidieron. Entre la confusión, intentamos levantar una barricada.

Pero la policía se movía más rápido que nosotras y nos quedamos atrapadas en un bar. Por la televisión, podíamos ver cómo la multitud de la plaza había quedado reducida a periodistas, algunas personas lanzando cócteles molotov, que, como ha quedado demostrado después eran policías secretas, y seguidores del SDP. El propio partido hizo mucho énfasis aquella misma tarde en que los manifestantes que se protegían bajo  escudos con sus siglas no eran afiliados suyos. Pero lo que los medios de comunicación no mostraban era cómo gente dentro del parque también estaba siendo atacada, cómo agredieron a un señor en silla de ruedas, y demás barbaridades que ocurrían al mismo tiempo.

Durante toda la tarde vivimos ataques de gas constantes, pero de un nivel medianamente pequeño. También nos enteramos a media tarde de que las cadenas de televisión que retrasmitían los hechos habían sido multadas con miles de liras turcas, argumentando que “las imágenes podían traumatizar a niños y personas sensibles”, ya que no eran de suficiente interés. Además vimos las imágenes de cuarenta y dos abogados detenidos en los juzgados por defender y apoyar públicamente a los participantes en las revueltas.

La policía intentó detener el acceso a la plaza cortando el Metro, gaseando a la gente que se dirigía hacia Taksim, pero a las 7 dejaron de intentarlo, eran demasiados. Alrededor de las 8 sufrimos otro gran ataque de gas, agua y pelotas de goma. Pero la gente resistió.

La noche transcurrió con un tira y afloja ente policía y manifestantes. Los ataques no fueron graves y parte de la gente pudo mantenerse en el parque. Un amplio número de personas se refugió en los lujosos hoteles al final del parque que han estado apoyando siempre, ofreciendo alojamiento, agua y a veces limones o café.

Esta mañana apenas queda gente en el parque, el alcalde de la ciudad y el jefe de policía lo han visitado y han dado una rueda de prensa en la que proclaman lo orgullosos que están de la actividad policial llevada a cabo. Según el Twitter del jefe de policía acabó a las 12 de la noche, cuando claramente no fue así. Veremos como transcurre la jornada de hoy después de que el primer ministro ya ha dicho hoy que quiere la plaza limpia para mañana.

Mi opinión personal acerca de este movimiento y gran revolución no está del todo definida, y se va modificando con el paso del tiempo, pero sí quería hacer algunas reflexiones. Es impresionante que toda estas personas se hayan unido estos días, pero ¿de qué sirve la unión si por todas partes de la plaza hay colgados o pintados símbolos de partidos políticos, organizaciones y sindicatos? Los huecos entre las tiendas de campaña albergan stands para publicitar organizaciones. ¿Es esa una verdadera unión? ¿Dónde queda representada la gente que no está organizada?

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Y finalmente, el movimiento se denomina pacifista, se limita a la defensa del parque. Pero, si no estamos dispuestos a jugarnos la vida, aunque sea con tácticas pacifistas, si no se aprende que cuando se lanza gas hay que resistir y no huir, sólo estamos esperando un final triste y sin ninguna victoria. Yo personalmente, no soy pacifista, pero no voy a ser violenta si ellos han decidido que esa no es la estrategia. Sin embargo, si uno quiere ser pacifista, hay que serlo hasta el final. Hay que volver a las acciones de pacifismo extremo. No puedes ser pacifista si no tienes valor para arriesgar tu vida por la causa. (La foto de la derecha es muy bonita, pero fue disuelta con la primera bomba de gas).

Aún así, debemos aprender de nuestros compañeros turcos, que tienen mucho valor, debemos colaborar con ellos en todo lo que podamos y mandarles todo nuestro apoyo. Esta no es solo su lucha, es una lucha de clases, es la opresión de la clase trabajadora una vez más. Y una vez más, no se debe permitir. ¡A la lucha!

Toda la información citada ha sido sacada de páginas web y periódicos: http://www.hurriyetdailynews.com/  o http://occupygezipics.tumblr.com/ o https://www.facebook.com/OccupyGezi?ref=ts&fref=ts o https://www.facebook.com/geziparkidirenisi?fref=ts y de experiencias tanto personales como de mis compañeros.

Sol

Tras el 25-A: tocado, pero no hundido

“¿Piensas o eres normal?” (De una pintada en Granada)

Del derecho y del revés, hay razones para concluir que la convocatoria de la Plataforma ¡En Pie! ,“Asedia el Congreso”, del pasado 25 de abril, se ha saldado con un exitoso fracaso. Expliquemos la aparente contradicción. Fue un revés porque no cumplió con sus pretensiones, sin duda de exigencia desmesurada. Ni hubo “asedio” ni recursos humanos suficientes para plantear algo semejante, ni en la tarde-noche de ese día, ni mucho menos indefinidamente, como fantaseaban los anunciantes. En ese sentido, la montaña parió una lombriz. Pero a partir de ahí solo se pueden contabilizar “éxitos”, de esos que a veces se ocultan en una “derrota oficial”.

Pero hay más. El primer triunfo está en ese ejercicio de pluralidad y autonomía que significó la propia convocatoria, tan alejada de las habituales unanimidades, númerus clausus y pensamientos únicos de todos juntos, disciplinadamente, a la voz de mando, a que nos tienen bochornosamente acostumbrados los clanes del sistema (partidos y sindicatos, autollamados representativos y “sedicentemente de izquierdas”). ¡En pie! llevó adelante en solitario (que no en soledad) su osada propuesta sin más rechazo que las lógicas reticencias de otros movimientos sociales y colectivos que no compartían el emplazamiento. Pero solo eso. Sin recibir nunca una visceral afrenta de ese magma amigo, aunque los medios de manipulación de masas se encargaran de vocear divisiones y vetos que solo existieron en sus calaveras. Pensaban que el descalabro de ¡En Pie! Sería la palanca para el asalto y la demonización del movimiento de los indignados.

El segundo logro fue desmentir el tremendismo de los voceros del régimen. Ni hubo ni se desató esa violencia indiscriminada anunciada, es decir actos sociales reprobables de naturaleza humillante y lesiva contra las personas. Todo quedó en cuatro carreras y algunos altercados propios de una población asfixiada por la trituradora del poder. Esa ciudadanía activa que no se resigna a poner la otra mejilla ante la brutalidad y prepotencia del sistema, en sus diferentes franquicias, PP-PSOE.

A continuación la cita sirvió para conocer, como dijo Robespierre, quiénes son los amigos del pueblo. Y así vimos a la dirección de IU y de CCOO-UGT denunciar solemnemente la convocatoria. ¡Gracias por No venir! Por cierto, ha sido innecesario y poco estético ese alineamiento de la dirigente más mediática de la Plataforma Antidesahucios (PAH) con el frente del rechazo. Ojalá escampe.

Otra motivo de satisfacción fue el ridículo espantoso que ha hecho las autoridades ante la opinión pública nacional e internacional con ese despliegue policial propio de un Estado totalitario. Más de 1.400 antidisturbios, aparte de los infiltrados y provocadores, para una concentración que la prensa cifró en unas 1.000 personas. De ahí esa extravagante y reveladora nota Interior al día siguiente elevando su número hasta los 2.000 manifestantes. Era injustificable que un “gobierno democrático” pusieran en orden de batalla casi el cincuenta por ciento de efectivos más que de protestantes. Y encima va el pobre presidente del Congreso Jesús Posada y se deshace en elogios a su profesionalidad.

Por lo demás, chapó por esa nota en twiter de ¡En Pie! a última hora de la tarde desconvocando la convocatoria y reconociendo que no había contado con suficiente “apoyo social”. El sentido de la responsabilidad que esa autocrítica conlleva, demuestra la inteligencia colectiva del movimiento. Una vez más ha demostrado mayor capacidad política y sentido democrático que los señores que hicieron levantar vallas y corazas ante la supuesta sede la la soberanía popular para que la chusma del pueblo no altere su siesta.

Turba, delincuentes natos, con características antropomórficas predeterminadas, a lo Lombroso, a decir de El País, que publicaba una guía de estilo para distinguir a la gente de normal y a los perroflautas: “Los primeros manifestantes eran en su mayoría personas adultas -decía la crónica-, algunas con banderas republicanas y otras con camisas verdes a favor de la educación pública. Poco a poco, un goteo de manifestantes más jóvenes y estética antisistema -ropas negras con lemas políticos, zapatillas de deporte y piercings- fueron llegando como con cuentagotas y ocupando su sitio en la primera fila junto a la valla”. Estética antisistema. Patético. Como lo del rector de la mayor universidad de Madrid, de apellido Carrillo, llamando a la policía para asaltar la Faculta de Ciencias Políticas y Sociología (¡el centro académico dónde se enseñan valores políticos y sociales, manda carajo!) en busca de subversivos. Otra vez el “comando Dyxan”.

Las salidas en falso de la primavera egipcia, tunecina y el frenazo cívico en Islandia deben hacernos reflexionar sobre la enorme dificultad y complejidad del desafió al que nos enfrentamos, la futilidad de simples golpes de mano o escenarios-espectáculo, y en consecuencia la absoluta necesidad de lograr mayorías de cambio radicalmente democráticas, que solo son posibles con una nueva conciencia que supere inercias y atavismos. La gran baza del sistema, como ocurre con la religión, es hacernos creer que no tiene alternativa. Vamos despacio porque vamos lejos. Comprometidos en una larga marcha que se inicia en un primer y humilde paso al frente diciendo “no”, que ya hemos dado; continua con la apertura de un proceso, en el que ya estamos, y debe perseverar en una estructura de nueva planta, donde todos seamos necesarios pero nadie imprescindible.

La resistencia sigue en pie. La conciencia indignada no prescribe. Acumulando fuerzas. Porque la insignificante lombriz proporciona el indispensable humus de la fertilidad. Metabolizando, rumiando, el ADN del “sí se puede”. ¿Piensas o eres normal?

Rafael Cid

La transición del Estado chino a la economía de mercado (II)

Anteriormente describí el proceso reformista llevado a cabo por el Estado chino, a continuación me ocupo de como recibió la población esas reformas y de como respondió el Estado a las protestas.

Respuesta popular a las reformas y represión

La transición china a la economía de mercado no estuvo exenta de conflictos, las reformas económicas de Deng Xiaoping obtuvieron un gran éxito respecto al crecimiento de la economía china y le proporcionó un hueco a China en el mercado internacional, pero todo ello fue a costa de un empobrecimiento de la clases populares y de una situación de precariedad y explotación laboral sin precedentes. Además de la elevada inflación que se provocó por el levantamiento del control de precios y de expansión demográfica de la población china que saturó el sistema de servicios sociales del Estado Chino, también jugaron su parte la corrupción de los burócratas del Partido Comunista y de los administradores de las empresas estatales al liberalizarse y las aspiraciones democráticas que tenía un sector de la población que veía como el modelo económico cambiaba pero se mantenía el control político del Partido Comunista.

Todo este clima provocó numerosas protestas, los manifestantes pedían democracia, pero la mayoría de ellos estaba en contra de las medidas liberales que se estaban implementando, los liberales conciben que el liberalismo económico va acompañado de democracia, pero tanto en China como en Chile fue justamente al revés, estuvo acompañado de autoritarismo y represión.

Deng Xiaoping sabía que se iban a producir protestas y en 1983, al mismo tiempo que abrió las puertas a los inversores y redujo las prestaciones sociales y laborales, creó un nuevo cuerpo antidisturbios.[1]

Las protestas se fueron radicalizando progresivamente y alcanzaron su máximo exponente con las manifestaciones de estudiantes en la Plaza de Tiananmen de 1989, estas protestas fueron descritas por los medios de comunicación occidentales como un enfrentamiento entre estudiantes liberales con simpatías por el sistema democrático occidental y los defensores del Estado comunista autoritario, sin embargo análisis exhaustivos como el de Wang Hui[2] revelan que los manifestantes procedían de ámbitos muy diversos y que no todos eran estudiantes de la élite universitaria, había obreros industriales, campesinos, pequeños empresarios y trabajadores del sector de servicios y comercial, según él lo que provocó las protestas fue el descontento popular con las reformas de Deng Xiaoping y que la petición de libertades democráticas que hacían los manifestantes estaba estrechamente unida a la discrepancia en el ámbito económico, lo que impulsaba las aspiraciones democráticas era que el régimen autoritario estuviera imponiendo las reformas sin ningún consentimiento popular.

Estas circunstancias pusieron al Partido Comunista en una encrucijada, la alternativa no era entre comunismo o democracia, sino entre ceder a las presiones populares o seguir adelante con el proceso reformista y emplear la represión contra el descontento popular. Algunos miembros del Partido estaban dispuestos a ceder a la presiones y a intentar compatibilizar la democracia con las reformas, pero se impuso la línea de Deng que optaba por la represión. El 20 de Mayo de 1989 se estableció la Ley Marcial, el 3 de junio los tanques avanzaron contra las concentraciones y el ejército abrió fuego contra los manifestantes, entraron en la Plaza de Tiananmen desmantelando las barricadas y detuvieron a los principales organizadores de las protestas, la cifra de muertos se estima entre 2000 y 7000, y la de heridos hasta en 30000. Después se llevó a cabo una represión sistemática contra todos los críticos y opositores al régimen, 40000 personas fueron arrestadas, la mayor parte de ellas ejecutadas dias mas tarde, el gobierno centró su represión mas dura contra los obreros industriales y los que estaban intentado construir un sindicato, los medios de comunicación occidentales trataron la noticia como un nuevo ejemplo del totalitarismo comunista, llegando incluso a afirmar que iba dirigida a frenar las reformas económicas, cuando en realidad estaba destinada a asegurar el proyecto liberalizador. Mas tarde el mismo Deng reconoció que la actuación del ejército en Tiananmen no era para proteger al socialismo, sino a las reformas económicas y declaró que continuaría adelante con ellas.[3]

De la misma forma que el terror de Pinochet había dejado el camino despejado a las reformas económicas neoliberales, la masacre de Tiananmen allanó el camino a los reformistas chinos que pudieron llevar a cabo su proyecto sin que hubiera peligro alguno de rebelión, las medidas mas dolorosas que Deng había suspendido tras los sucesos de Tiananmen volvieron a ser reimplantadas tres meses mas tarde, entre ellas la desregularización de los precios aconsejada por Friedman que provocó la elevada inflación. Las reformas que no se pudieron llevar a cabo antes de 1989 se implementaron sin resistencia alguna tras el terror desatado por el gobierno chino.

Con el establecimiento de las ZEE China se convirtió en un taller industrial caracterizado por la mano de obra barata y las escasas condiciones laborales, que fue lo que atrajo a los inversores extranjeros que buscaba el gobierno.

Conclusión

La experiencia de China es una muestra mas del fracaso del fracaso del modelo marxista-leninista de transición hacia el comunismo por medio de un Estado monopolista que organice la sociedad, esa estructura genera una burocracia que se separa de la clase obrera y adquiere intereses propios, mantener el poder y los privilegios que les genera su posición, con tal de mantenerlo se llega hasta el extremo de abandonar las aspiraciones revolucionarias iniciales.
En el caso de China los burócratas que tenían el control de las empresas estatales vieron que si se apuntaban a la ola liberalizadora podrían mantener su poder y además adquirir los mejores activos del Estado, para tal fin no dudaron en empobrecer a su pueblo y a condenarlo a unas condiciones extremas de explotación y precariedad.

La represión de las protestas puso de manifiesto el parecido entre las tácticas del comunismo autoritario, la del neoliberalismo y la del autoritarismo militarista latinoamericano. Todos ellos coinciden en su voluntad común de hacer desaparecer toda resistencia para llevar a cabo su programa político y económico.

[1] “La Policía Armada Popular, formado por 400000 agentes con la misión de reprimir todo indicio de delito económico (huelgas y manifestaciones), este cuerpo obtuvo financiación estadounidense.” Naomi Kein, La Doctrina del Shock

[2] Wang Hui fue uno de los intelectuales chinos que organizaron las protestas de 1989

[3] “No nos hemos equivocado, no hay ningún error en los cuatro principios de la reforma económica, si algún problema existe al respecto es que aún no se han implementado de forma exhaustiva” Deng Xiaoping

Bibliografía

– Deng Xiaoping, We can develop a market economy under socialism (1978)

– Naomi Klein, La Doctrina del Shock (2010)

– Francis Fukuyama, El Fin de la Historia (1992)

– Ana Salvador, El proceso de apertura de la economía china a la inversión extranjera (2010)

– Wang Hui, El Nuevo Orden de China

La represión como estrategia eficaz. La resistencia como actitud necesaria.

En las últimas semanas hemos visto cómo la represión estatal ha aumentado en muchos puntos del planeta. Los estados griegos y español sean seguramente los casos más obvios, pero podemos identificar las mismas dinámicas a lo largo y ancho del planeta. Desde que irrumpiera la crisis financiera—global y sistémica—en el año 2008, los movimientos sociales de todo el mundo han venido agitándose, atrayendo cade vez a más personas y radicalizando a grupos ya existentes en localizados puntos del planeta.

No obstante, la represión es una condición sine qua non para la existencia de cualquier estado; el control de los grupos disidentes y las dinámicas de disuasión que persiguen la reproducción institucional son elementos fundamentales para la preservación de un modo organizativo tan artificial como el estatal. De esta manera, encontramos sonados casos de represión en los últimos tiempos: desde les 5 del Primero de Mayo—compañeres de Seattle acosades por el FBI—, pasando por las detenciones políticas de anarquistas en Grecia, hasta el despliegue policial en el CSOA La Traba el otro día en Madrid. Y la cosa va a más, porque cada vez estas actuaciones policiales son más recurrentes y, sobre todo, más intensas—sino que se lo digan a Alfon.

Todo esto sigue una lógica de reproducción estatal: los estados necesitan de legitimidad para existir—existencia que se da, entre otras cosas, por el principio de soberanía—y la legitimidad se consigue, entre otras cosas, repartiendo leña a les que se oponen a la realidad imperante. ¿Cómo funciona esto de «repartir leña»? Muy sencillo: primero se criminaliza a un colectivo que molesta, y después se aplica «todo el peso de la ley.» Así de simple. ¿Y cómo se criminaliza a la gente que discrepa? También es sencillo: mintiendo, manipulando, y controlando la opinión pública a través de los grandes medios de (des)comunicación.

Sin embargo, cualquiera con un poco de perspicacia puede ver que en la Red la sociedad civil se posiciona cada vez más con aquellos colectivos que sufren la criminalización estatal. Y es que las mentiras y las manipulaciones no funcionan tan bien en Internet—que es un medio mucho más libre y abierto que los canales convencionales de comunicación. Pero ojo, Internet funciona como un arma de doble filo: por una parte, ayuda a desmentir todas las patrañas que los estados nos intentan meter en la cabeza, pero por otra parte Internet puede reforzar manipulaciones ya inculcadas.

Un caso de manipulación-ya-inculcada es la desconfianza que se tiene en el Estado español a los black blocs—desconfianza que, por otro lado, no es exclusiva de nuestra región. Se empeñan en meternos en la cabeza que cualquier persona encapuchada trabaja «de tapado» para la policía. En el menor de los casos, a la persona encapuchada se la estigmatiza de «rabiosa radical»—negándole inteligencia y raciocinio. Les anarquistas somos les que más sufrimos este tipo de criminalización, la cual, es interiorizada incluso por colectivos «de izquierdas» y progresistas—aunque, después de todo, ¿quién pensó que la «izquierda» reformista estuviera en contra de las patrañas estatales?

Sea como sea, en todos los casos de represión estatal el ingrediente común es el miedo. Crear miedo funciona. Y es extremadamente sencillo. Basta con detener arbitrariamente a una quincena de activistas pacífiques para sembrar incertidumbre en los colectivos menos involucrados. Basta con desalojar una okupa para meter el temor en el cuerpo a todo un grupo de activistas anteriormente involucrados. Es verdad, en muchas ocasiones esto juega a nuestro favor, pues la represión puede ser motivo de refuerzo moral y colectivo. Pero al Estado le basta con difundir un par de vídeos y notas de prensa a través de las agencias de eso tan prostituido que llamamos «periodismo» para hacer dar con los huesos en el suelo a personas que antes estaban por la labor de resistir dignamente.

Y precisamente porque sabemos que las cosas funcionan de esta manera tenemos que ser capaces de resistir más y mejor. Muchas son las cosas podemos perder al resistir, cuantitativamente hablando sobre todo materiales. Pero tenemos mucho más que ganar: libertad y dignidad. Cualquier Estado, sea comunista, liberal, o vaya usted a saber qué, funciona bajo los mismos preceptos básicos: control, administración, y represión. La gente, al menos en Europa, está claramente «despertando», sobre todo la gente joven—que no casualmente es la que más usa Internet. La represión refuerza nuestros sentimientos de identidad colectiva, pero el miedo es un arma muy poderosa que puede tumbar hasta al más fuerte de los castillos—y el Estado sabe muy bien cómo usar el miedo. No caer en la tentación de echarse atrás es lo fundamental en la situación actual: por cada desalojo okupemos dos casas más; por cada detención llenemos las calles con más ferocidad. «Que lluevan piedras», dejó alguien escrito anónimamente en un muro de Madrid.

El mayor terrorista es el Estado, que no te engañen.

Sociedad como negación

La verdad de esta sociedad no es otra cosa que la negación de esta sociedadGuy Debord.

El nacionalismo es, sin duda, la negación de la sociedad a la que dice representar, entendida ésta como el conjunto de individuos que se asocian voluntariamente para proporcionarse una mejor vida los unos a los otros; pues, mientras que los políticos estadistas e idolatras de su poder arrojan todas sus alabanzas, éste, solemne, aniquila el querer del cúmulo de individuos que lo conforman. Estos son importantes en tanto producen riqueza para la nación. Podemos afirmar entonces que el conjunto real-sociedad está subyugado al conjunto irreal-nación. Pero, ¿hasta qué punto es esta sociedad real y tangible? ¿No resulta igualmente una entelequia? ¿Qué lazos se extienden entre nosotros más allá de languidecer bajo el mismo Estado o nación? De ningún modo podemos separarlos y hacer una distinción clara de qué es cada uno. Ambos son negación del otro. Podemos definir nación como sociedad y sociedad como nación, son términos ambivalentes que tienen como fin común la negación de la singularidad vital. Siendo esta doble negación la afirmación de la infausta situación a la que se ve abocado el sujeto que la forma, ya sea por voluntad propia o por imposición. Resumiendo: ambos son lo mismo y su finalidad es compartida: engullir la vitalidad de los individuos que contiene, así como el esfuerzo de los pequeños grupos afectivos que en esta máquina aséptica se puedan desarrollar.

De tal forma, por ejemplo, el derecho a vivienda es un elemento aplicado al conjunto social, y por ende pretendidamente individual, aun cuando no sea así, que es, y esto es innegable, incumplido sistemáticamente o, mejor dicho, sistémicamente, ya que podemos ver mendigos e indigentes en cada esquina, de cada barrio y de cada ciudad del país. Probablemente estos individuos sepan de su derecho a la vivienda, surgido de su inalienable derecho a la vida, como así también lo son su derecho a la alimentación, a la vestimenta u otras, mas no son capaces de proporcionársela, pues están sujetos y atados de pies, manos y pensamiento por la sociedad que se lo niega. Las viviendas desocupadas son consecuencia de la iniciativa individual, corporativa o propiamiente estatal (ente social) y surgen por el no pago, por la invalidación de ésta, por su embargo, etcétera., pero es la sociedad la que evita que sean ocupadas por el que no posee nada. No es otra más que la sociedad la que teme que se ocupen de forma ilegal, ya sea por inseguridad, por supuestos principios morales, o porque a sus integrantes es lo que le han soplado al oído desde que tienen recuerdos, esto es, que no es relativamente importante que el congénere humano muera aterido de frío a la puerta del Palacio de Liria, siempre y cuando el cadáver no caiga en la propiedad privada de la duquesilla ni la podedumbre del exánime mancille sus suntuosos jardines nobiliarios. Por tanto, el individuo que no posee bienes vitales no ha de confiarse el conjunto irreal nación o sociedad, Estado, Dios, etcétera., [1] sino que ha de confiarse a sí mismo. ¿No tengo techo bajo el que abrigarme los gélidos días de invierno? Bien, lo ocuparé. ¿No poseo hoy qué comer? Bien, lo tomaré. ¿No tengo actividad que realizar? Bien, la realizaré. ¡Basta de conciliar el frío, el hambre o la abulia con la creencia de que vendrán a rescatarnos! Es bien seguro que llegará reiteradamente la nación, la sociedad, el Estado, a tirarte a la calle, a apresarte entre muros, a humillarte, pero no puede nadie cejar en su empeño de vivir con dignidad. ¡Si el sistema está tan degradado que no puede procurar vida digna a todos, que no sean todos los que se arrodillen, sumisos y asustados, a un futuro incierto! Y no nos confundamos, lo vital no es una televisión, ni un coche, ni un frigorífico, ni un opulento habitáculo, ni majestuosas viandas, etcétera., no pretendas quedarte ahíto de caviar todos los días, empero si no tienes qué llevarte a la boca, ¡no caigas en la limosna! (¿Hasta qué punto de degradación humana hemos llegado que podemos vivir, lastimosamente eso sí, mientras nuestros hermanos mueren por doquiera?) Únete a otros como tú y ocupa, roba, lo que sea, con tal de conseguir un sustento que te permita subsistir; y no te escondas, es más, ¡haz saber por qué robas comida, por qué ocupas viviendas, por qué, en fin, quieres vivir con dignidad! Haz saber a la sociedad, a la nación, que, o te procura lo mínimo para vivir o tú mismo, siendo humano e inteligente, lo tomarás.

Y se me podrá tildar de ser parcial y demagogo, de fomentar la violencia irracional o incluso de ser un sujeto antisocial. También se me podrá echar en cara que ciertas sociedades más avanzadas, dígase países nórdicos o helvéticos, sí cubren las necesidades mínimas a sus conciudadanos. ¿Cómo poder renegar de esas idílicas sociedades paternalistas? ¡Sólo un loco lo haría! Pues bien, yo reniego de esas cálidas y tiernas sociedades, tan deleznables como las sureñas o cualquiera que siga el modelo parlamentarista-capitalista. ¿Por qué? Porque, como se dijo en la introducción de la anterior reflexión, estas sociedades no son en verdad más que naciones con ciudadanos exaltados. Es decir, no van más allá de naciones, de estados, parasitarios del esfuerzo individual y colectivo de su pueblo, renegando del concepto humano. Estos países succionan con tanta vehemencia el esfuerzo colectivo e individual que después, ahítos de todo, procuran darles lo mismo a sus ciudadanos; regocijándose estos últimos de su lamentable suerte. ¡Todos, absolutamente cada país del mundo tiene como paradigma a los Estados nórdicos! Son el paraíso capitalista hecho asfalto, edificio, compañía, impuesto y lágrima. Sin embargo, de lo que no parecen percatarse estos ávidos políticos nacionales y supranacionales, tertulianos todos, y demás secuaces, es que es inviable, por no decir esperpéntico, el pretender la impronta de este modelo al mundo: ¡Es imposible! Para que esos nórdicos disfruten de su bienestar, y no digo yo que sólo sean ellos, otros han de sostenerlos. Es la clásica dicotomía capitalista: unos sujetan el peso de otros, los más de los menos, los muchos de los pocos. Así que esos países tan idolatrados y perseguidos por los progresistas de todos los lares no son sociedades en el sentido hermoso de la palabra, es decir, comunidades de individuos con lazos afectivos palpables y fraternales, sino industrias fiscales arraigadas en la psique humana mediante el concepto de nación, por lo cual resultan altamente repugnantes. Abrazarse o confiarse a tales concepciones quiméricas sólo nos podrá llevar a caer nuevamente en el pútrido parlamentarismo, en el inicuo capitalismo y en el anacrónico nacionalismo como, por otra parte, nos ha demostrado no pocas veces la historia.

[1] Creo que convendría aclarar que uso indistintamente sociedad, Estado y nación porque, a pesar de los fructíferos debates que se han llevado a fin de delimitarlos, son un todo. Al igual que Dios en la liturgia cristiana está conformado por otros entes quiméricos tales como el Espíritu Santo, el Padre y el Hijo, y estos a su vez se encuentra dispersos de forma ecuánime en toda la realidad; para mí, Estado, sociedad y nación son un mismo todo que se reparte indistintamente entre los individuos, oprimiéndolos y subyugándolos, ya sea por creencia en uno u otro.

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