2023 tiene que ser año de la confluencia del sindicalismo combativo

2023 tiene que ser el año para la confluencia del sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo.

2023 se presenta como un año cargado de tensiones sociales. La guerra de Ucrania ha desatado un proceso de aumento de la inflación a escala global que los Bancos Centrales tratan de atajar con subidas de los tipos de interés. Todo ello contribuye a hundir el poder adquisitivo de los salarios y a empujar a gran parte de la clase trabajadora a un escenario de miseria, desahucios y escasez de suministros básicos. Además, la crisis climática parece lejos de estar controlada, y los fenómenos atmosféricos extremos se multiplican por el globo.

Las sanciones asociadas a la guerra, además, impactan sobre los mercados alimentarios y energéticos, impulsando un aumento brutal de la pobreza en los países del Sur, que se ve aún más incentivado por las crecientes fugas de capitales provocadas por las subidas de los tipos de interés en los países del Norte. Este proceso alimenta las tensiones geopolíticas al impulsar, en los países emergentes, la simpatía social con las nuevas potencias que ponen en cuestión el orden imperialista global, como Rusia o China, pese a sus estructuras políticas fuertemente autoritarias.

En nuestro país, las contradicciones partidarias han llevado a un “golpe blando” de la derecha judicial, que se ha autoconstituido en una cámara previa de control de lo que puede ser votado en sede parlamentaria. La pasividad del sindicalismo oficialista, que lo fía todo al buen hacer del Ministerio de Trabajo, incapacita a la clase trabajadora para responder a la creciente pérdida de poder adquisitivo de los salarios y a la degradación de los servicios públicos. La clase dirigente europea pretende sostener precariamente a los sectores más vulnerables, para tratar de conjurar una hipotética explosión social, mientras profundiza el proceso de desposesión de la clase trabajadora en su conjunto y las dinámicas de mercantilización de la vida.

Estamos, pues, ante un escenario complejo y ambiguo, dominado por tensiones irresolubles y contradicciones crecientes. Una era de bifurcaciones no reversibles y de pulsiones autoritarias. De ascenso de la ultraderecha y de presiones belicistas. Y, sin embargo…

Sin embargo, la clase trabajadora global da muestras de una vitalidad persistente y no completamente domesticada. Las huelgas se suceden en el Reino Unido, en lo que los medios de comunicación ya llaman “un nuevo invierno del descontento”. Los trabajadores precarios estadounidenses ensayan nuevas formas de organización en las grandes empresas posfordistas. El sindicalismo combativo francés toma las refinerías y sostiene un pulso con la patronal que está cerca de llevar a una huelga general. Las dinámicas de lucha social derriban gobiernos en América Latina y provocan un nuevo “ciclo progresista” en las urnas.

En nuestro país, los metalúrgicos desarrollan amplios procesos huelguísticos y de movilización callejera. Las trabajadoras de Inditex, en Galicia, consiguen un aumento salarial inédito para un sector fuertemente precarizado. El personal sanitario de la Atención Primaria madrileña ocupa el local de la Consejería. Conductores de autobuses en Zaragoza, trabajadoras de la limpieza de edificios en Castelló y de la atención domiciliaria en Asturias y Valencia…los conflictos, dispersos, y muchas veces encauzados rápidamente por el sindicalismo oficialista, se multiplican por toda la geografía española.

El sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo tratan de organizar y concienciar a la clase trabajadora para la gran batalla que se avecina. Pese a persistente letanía derrotista de quienes quieren mantener a los trabajadores en un estado depresivo permanente, el sindicalismo combativo se desarrolla lentamente, pero sin pausa. La CGT, el principal sindicato no oficialista de ámbito estatal, despierta de un cierto letargo con una nueva propuesta y se convierte en la organización obrera que más días de huelga convoca en Cataluña. CNT, pese a sus contradicciones internas irresueltas, se vuelca por fin en el sindicalismo y en la organización obrera, lo que provoca un crecimiento limitado pero sostenido de su afiliación. Otras organizaciones se unen para conformar organismos mayores (como AST y CSC, que conforman la nueva Alternativa Sindical de Clase) o, dentro de sus límites, crecen en afiliación y perfeccionan claramente su estructura y sus capacidades de intervención en los centros de trabajo (como hemos hecho en Solidaridad Obrera). Mientras, organismos que se encontraban hace ya tiempo en la esfera de la concertación, derivan claramente hacia la acción sindical combativa, como ELA en Euskadi.

Además, las convocatorias conjuntas de manifestaciones y la generación de plataformas comunes (como el Bloque Combativo y de Clase, o la Taula Sindical de Catalunya) son ya una costumbre asentada en muchas organizaciones. Es la hora de un nuevo sindicalismo combativo que contribuya a construir una fuerza social capaz de detener el brutal salto hacia el abismo al que se ha lanzado el capitalismo global. 2023, es el año en que la respuesta del sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo tiene que hacerse audible. Pero ¿cómo?

El sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo deben presentar un bloque unido en 2023 sobre la base de un programa mínimo de consenso, que debe comenzar por la defensa de los salarios y los servicios públicos, y la conversión de estos últimos en instituciones comunal-comunitarias con participación protagónica de los/as trabajadores/as y usuarios/as. Debemos plantear una fuerte limitación de la subcontratación y del uso de los falsos autónomos y del trabajo en formación, recuperar la readmisión obligatoria en el despido improcedente y caminar hacia la expansión de los derechos y garantías de las secciones sindicales. Y, por supuesto, debemos delinear cuáles son nuestras reivindicaciones en un gran proceso de debate sindical que alcance a todas las organizaciones y que culmine con una gran demostración de fuerza unitaria (movilización o Congreso Obrero).

Porque nuestra tarea principal en esta etapa es vencer la desesperanza de la clase trabajadora abriendo, en 2023, el camino para la confluencia y la unidad de acción del sindicalismo combativo y el anarcosindicalismo. Una confluencia que se puede construir con nuevas plataformas locales (al estilo de la Taula Sindical de Catalunya) y nuevos debates programáticos y de fondo; con la convocatoria de eventos unitarios (manifestaciones, conferencias abiertas a la ciudadanía, congresos…); generando medios comunes de difusión y debate, y expandiendo la discusión y la reflexión sobre ese nuevo sindicalismo que queremos construir más allá de las siglas y la fronteras organizativas; abriendo espacios para una nueva cultura obrera en los centros sociales o en ateneos sindicales conjuntos; construyendo Consejos Productivos Locales con las entidades de economía social y las plataformas de defensa de los servicios públicos, etc. etc.

Además, por supuesto, debemos tomarnos en serio la internacionalización de las luchas y el apoyo mutuo a través de las fronteras, multiplicando las relaciones con las organizaciones de trabajadores/as de América Latina, con las que compartimos idioma y múltiples códigos culturales, así como con las organizaciones del sindicalismo combativo europeo, que tienen enemigos muy visiblemente equivalentes a los nuestros.

La Federación Sindical Mundial, la Confederación Internacional del Trabajo, la Red Roja y Negra, la Asociación Internacional de los Trabajadores y la Red Internacional de Solidaridad y Luchas, las distintas internacionales a las que pertenecen nuestras organizaciones, deben intercambiar información y apoyarse mutuamente en sus conflictos, contribuyendo a una cultura obrera plural, reflexiva y respetuosa con las diferencias que envíe un fuerte mensaje a todos los trabajadores y trabajadoras de nuestros países: ahora sí, estamos en camino.

Es la hora de que el anarcosindicalismo y el sindicalismo combativo muestren con firmeza su capacidad para hacer frente a la devastación capitalista en curso. Quienes militamos en las organizaciones sindicales que luchan debemos asumir nuestra responsabilidad en este momento histórico y hacerle un gran presente a nuestro pueblo: el regalo de una clase trabajadora organizada, consciente de su fuerza y unida en su diversidad.

2023 tiene que ser el año del inicio del camino hacia la construcción de un gran bloque obrero combativo y con capacidad de parar la economía capitalista para iniciar el trayecto a una sociedad más justa.

 

Kaosenlared

Reavivar la llama del sindicalismo de clase: Ahora o nunca

En medio del crisol de organizaciones de todo tipo que afloran el día de la conmemoración por antonomasia de la clase obrera, el 1 de Mayo, viene al pelo analizar la situación del sindicalismo y las causas que lo han llevado a la actual desconexión con los y las trabajadoras.

Históricamente, el sindicalismo ha sido una de las corrientes que más en comunión ha estado con la clase obrera en el seno de sus problemas: el entorno laboral. A su vez, gracias a la lucha que ha surgido de este movimiento generalista (podríamos desgranarlo en función de sus matices, pero nos llevaría otro artículo), se han logrado cuantiosos triunfos para dicha clase, materializados en forma de derechos laborales; ahora básicos y esenciales, aunque antaño parecieran quiméricos y/o largoplacistas.

Sin duda, es innegable el papel de las organizaciones sindicales en tales luchas y victorias. Especialmente en épocas en donde la represión contra la movilización obrera estaba a la orden del día.

Inevitablemente me surge una serie de preguntas que iré respondiendo a lo largo del artículo.

¿ES QUE YA NO HACE FALTA EL SINDICALISMO?

Vivimos una época gloriosa para la paz social, adentrados en la entelequia de la clase media. Ahora ya no somos obreros luchando contra malvados explotadores, sino trabajadores con pretensiones de alcanzar una cierta estabilidad en nuestros puestos de trabajo mientras vivimos en un limbo de insana incertidumbre. Tampoco somos aquellos individuos fabriles, miembros de una cadena de producción fordista, que se pasan doce horas realizando la misma tarea de forma mecánica, sino sujetos hiperespecializados en tareas concretas trabajando en alguna empresa de cara amable en donde se valora tu magnífica “proactividad” y tu buena “gestión de las complicaciones”.

Antaño no había más derechos de los que imponía el propietario de la fábrica, actualmente nos venden la imagen del sacrificio por la empresa como algo necesario y unitario, buenrollista diríase. En una forma burda de menoscabar los derechos laborales de los que ahora nos beneficiamos, la apelación al sacrificio y al “todo por la empresa” (discurso similar al del patriotismo fascista con su “todo por la patria”), quien no sea capaz de someterse a tales designios, que se considere un paria y un mal ciudadano, que alguien ya estará dispuesto a hacer su mismo trabajo bajo esas condiciones.

Las malas prácticas empresariales no han cedido, llevan ahí desde que la sociedad es sociedad. Pero al igual que han ido variando en función de las distintas etapas históricas, esta vez se han metamorfoseado y adaptado a la vida contemporánea.  Por lo tanto, se puede concluir que el sindicalismo es igual de necesario ahora que en el siglo pasado, pero que su discurso, tiene que estar en consonancia con los problemas actuales, alejados de la mirada dogmática y arcaica que a veces profesan.

SITUACIÓN DEL SINDICALISMO

No hay duda de que el discurso justificador de la explotación modernizada vociferado desde las clases dominantes ha calado en la mentalidad popular.
Es habitual escuchar o leer comentarios de compañeros y compañeras de clase trabajadora cargados de bilis contra los taxistas “que monopolizan el sector”, los “privilegiados” estibadores “que sólo cargan cajas en barcos”, los “subvencionados y prejubilados” mineros, los médicos “que cobran más que nadie” o los profesores “que tienen muchas vacaciones”. La cultura del sacrificio lleva unos años asentándose entre nosotros y su alternativa es un discurso victimista y anticuado, por parte del sindicalismo partidista, que se consume en sus propio incendio mientras empresarios, políticos y medios, avivan las ascuas con su propaganda anti-sindical.

Bajo este paradigma, no es sorprendente que la afiliación de los dos sindicatos mayoritarios del estado español (CCOO y UGT) haya bajado en sus cuatro últimos años un 21%, pese a suceder en un contexto de inestabilidad política y económica y con una clase obrera azotada por cuantiosos recortes y dos reformas laborales abrumadoras.

Esto no sería un problema grave si se tradujese en un aumento sustancial en la afiliación del sindicalismo alternativo o de clase, pero muy al contrario, la mayoría abandona con resignación la militancia sindical.

La tasa de afiliación de España es aproximadamente del 16%. De las más bajas de la UE.

MOTIVOS DE LA BAJA AFILIACIÓN: LA FALTA DE CONCIENCIA DE CLASE, DESCONFIANZA Y ALTERNATIVAS POCO VISIBLES

A raíz de todo lo analizado, es bastante previsible saber por dónde van los tiros de la pésima situación del sindicalismo en España.

Por un lado tenemos la baja credibilidad de estas organizaciones, ocasionada por la propia actitud de los grandes sindicatos estatales: sumidos en tramas de corrupción, afinidad y dependencia de distintos partidos políticos, falta de representatividad y acción visible, abandono hacia los desempleados, la extrema burocratización, las subvenciones públicas, las figuras poco representativas del comité de empresa y el delegado sindical…

Por otro, a pesar de la cantidad de bazas que muestra el sindicalismo estatista, las alternativas sindicales de clase no acaban de ser una fuerza de choque suficientemente potente. Muy a menudo por su falta de visibilización, su anclaje a una jerga y unas praxis arcaicas y poco adecuadas para la sociedad actual y sobretodo, por la cantidad de luchas intestinas que rompen con cualquier ápice de unidad, enfrentando y atomizando (más si cabe) a obreros conscientes, fomentando así el descontento general y fomentando el prejuicio anti-sindical.

Por último, todo esto no se puede entender sin un contexto un poco más social; es decir, la realidad material en la que vivimos.

La mentalidad posmoderna fomenta la representación del individuo contra el mundo. La referencia para un obrero o un estudiante ya no es una turba de obreros enfadados exigiendo derechos a cualquier precio, sino la figura del emprendedor. De aquél personaje “hecho a sí mismo” y fuera de todo contexto que ha sido capaz de, mediante esfuerzo y dedicación, superar la lucha de clases llegando a formar parte de la clase dominante en vez de acabando con las clases en sí.

Esta mentalidad, de notable influencia visible en la actualidad, fomenta la alienación del trabajador respecto a su clase y le acerca a la aceptación de las normas sociales convenidas por el aparato de dominación. Es decir, las clases populares acaban sintiendo como suyos los intereses de las clases dominantes aunque supongan una contrariedad con sus intereses propios.

ALTERNATIVAS: LO QUE TODAVÍA PODEMOS HACER

En este clima de pesimismo y llanto, abogo por aportar algunas soluciones que pueden ayudar al sindicalismo a encontrar la luz al final del túnel en el que se halla sumido.

Para los sindicatos de clase

– Aprovechar la tesitura de descontento generalizado con los sindicatos estatales para deslegitimarlos y postularse como alternativa viable.

– Aumentar la presencia en conflictos no exclusivamente laborales, sino también fomentar el activismo y la interrelación con colectivos políticos no estrictamente laboralistas (ej. Can Vies, desahucios, Rodea el Congreso…)

– Mayor y mejor presencia en Internet. Fortalecer el contenido a recursos online y la comunicación a través de redes sociales, aprovechando la ventaja que nos brinda la descentralizada red, como contramedida hacia los medios generalistas.

– Abandonar el discurso anticuado, regenerándolo y adaptándolo a las necesidades actuales. Aunque las opresiones no sean distintas, la forma de oprimir si lo es y por lo tanto, hay que responder con alternativas dialécticas a la altura.

– Anteponer la unidad de los trabajadores a los problemas internos e interorganizacionales, como forma de evitar la tan perjuiciosa ruptura de la clase obrera.

Para los trabajadores sindicados

– Fomentar la afiliación en el entorno laboral y la participación de todos los trabajadores, argumentando sobre la necesidad de hacerlo.

– Mediar en los conflictos que se produzcan en el entorno laboral y fomentar la convivencia entre trabajadores, pese a ser de ramas distintas.

– Conocer las necesidades y ser consciente de la situación de los compañeros y las compañeras del entorno laboral.

Para los trabajadores no sindicados

– Buscar activamente alternativas sindicales que se adecúen a nuestra forma de actuación y a la rama profesional.

– Afiliarse en un sindicato que responda a las expectativas y por supuesto, militar en medida de lo posible, ya que sin acción no hay consecuencia positiva.

El papel de las egresadas

Durante los últimos años has estado estudiando mucho, agobiándote en las épocas de exámenes, pagando las matrículas una, dos, tres veces o más… igual te anotaste a la escuela de idiomas para sacarte el B2 de Inglés, quizás piensas que el tiempo que le dedicaste a la militancia en el movimiento estudiantil se lo podrías haber dedicado a los estudios y quizás así no hubieras repetido esta o aquella asignatura… o hasta te hubieras evitado aquel curso nefasto en el que casi no apruebas ninguna.

Es posible que llegues a pensar esto, o algo parecido, si tu situación es la de estar acabando la universidad y durante tus años en la misma has estado en el movimiento estudiantil. Esto es así porque en estos últimos años, pocos o ninguno son los casos en los que las organizaciones estudiantiles o el movimiento estudiantil donde lo hubiera, han tenido pretensiones reales de transformar la sociedad, de mejorarla.

Por un lado, la actividad ha estado girando en torno a inercias a la contra, de defensa contra lo que se quería imponer y recortar, pero sin tener la fuerza real como para ganar dichas resistencias. Esto implicó que no se alcanzara la victoria en tales luchas. Ejemplo de ello puede ser la implantación del plan Bolonia en la universidad, o la subida de tasas en la mayoría de territorios del estado español. En secundaria podríamos poner el ejemplo actual de la LOMCE, aunque este último tiene sus propias particularidades dada su instrumentalización por parte de la oposición parlamentaria.

Por otro lado tenemos a las organizaciones estudiantiles. Estas no han sabido o si quiera pretendido crear un movimiento estudiantil, no han trazado líneas estratégicas para intentar activar al mayor número de estudiantes, no han intentado sacar luchas asumibles que terminaran en victorias para hacer contrapeso a las derrotas que el movimiento estaba sufriendo… en definitiva, las organizaciones estudiantiles han estado en su lucha particular de siglas y “pesca” por recursos humanos para sus organizaciones juveniles y/o partidos parlamentarios, dejando de lado la creación de movimiento. Es decir, no han tenido pretensiones reales de cambiar nada, no han sido capaces de crear, con el estudiantado, un contrapoder, un cuerpo social con capacidad de transformar la sociedad… no han sido organizaciones revolucionarias.

Con este panorama, como decía, es normal que llegues a pensar que la época de practicar este “hobby” que conoces como activismo o estar organizada toque a su fin, pero hay otra forma de verlo y por lo tanto de actuar.

Esas horas que dedicaste a organizar tal o cual evento, esa experiencia a la hora de hablar en público o de moderar una asamblea, esa capacidad de buscar aquello que necesitas partiendo de cero y sin ayuda… son conocimientos, teóricos y prácticos, que adquiriste en base al ensayo error. Este conocimiento lo puede incorporar a tu currículum y completar así tu formación académica. Pero sé que tú no solo puedes hacer esto.

Tú eres una persona que ha estado estos años metida en asambleas infinitas, pegadas de carteles, reuniones improductivas, manifestaciones con mucha gente, con poca gente, procesiones, revueltas, debates… y no lo has hecho porque te daban créditos, lo hiciste porque sentías que debías hacer esas cosas, que debías estar ahí. Y esto lo sé porque si no fuera así, ya no estarías leyendo este artículo.

Es por eso que para ti tengo una propuesta, una propuesta que le puede dar un sentido a todas esas horas que aparentemente no te aportaron nada, una propuesta con la intención de que seas partícipe en la creación de contrapoder, una propuesta para llegar a transformar la sociedad… así pues, una propuesta revolucionaria.

El día de mañana cuando estés en tu puesto laboral, un puesto de “rango elevado” por así decirlo, ya que ese es tu perfil laboral como egresada, conviértete en algo más que en una trabajadora, convierte en una profesional al servicio del pueblo, sé un cuadro revolucionario dentro de la empresa en la que trabajes.

Cuando digo revolucionario no es para que quede bonito, me refiero a que seas participe con tu trabajo en la construcción de poder popular. ¿De qué forma?

Una forma puede ser el destinar un porcentaje de su salario al sindicato, teniendo de referencia no al sindicato corporativista que habitualmente tienen los puestos técnicos, sino al sindicato que busque la creación de poder obrero mediante el sindicalismo revolucionario.

Otra manera de contribuir sería el servir, dado tu puesto en el proceso productivo en la empresa, de enlace para el acceso a determinada información para dicho sindicato.

De igual modo, por tus conocimientos, podrías ayudar en la preparación para el futuro control de la empresa por parte del sindicato: desde formando a trabajadoras de planta para cubrir los puestos técnicos y no tener que “comprar en el futuro al cuerpo técnico de la empresa, hasta diseñando el proceso productivo que se planea tener en determinado momento.  Un ejemplo de esto último podría ser el proceso de expropiación y la gestión obrera del 80% de las industrias y servicios en Catalunya entre 1936 y 39.

Seguramente se me escapen otras razones por las cuales la existencia de cuadros revolucionarios dentro de las empresas será una cuestión indispensable el día de mañana si de verdad queremos transformar la sociedad y tener un pueblo organizado capaz de tomar las riendas de su futuro.

Pero de lo que si estoy seguro, es que igual que tú te activaste en el anterior periodo de movilizaciones que hubo, ahora se va a activar mucha más gente en este nuevo ciclo que comienza y en los siguientes que vendrán. Continuar avanzando y no abandonar la lucha es el combustible que hará funcionar el motor cuando todas las piezas estén listas y colocadas. Así pues, ¿Podemos contar contigo?