Ante la miseria, subida de impuestos

Congratulémonos; sí, hagámoslo con ahínco. La izquierda parlamentaria, toda vez ha abandonado la radicalidad, si es que alguna vez se supo dueña de ella, ha llegado a una nueva conclusión, a una nueva panacea contra el capitalismo: subir los impuestos a los más pudientes; pero no contentándose con esta medida, que ya por sí sola consigue que la mayoría de capitalistas del mundo, y en particular de España, recuperen su humanidad y se lancen a entregar todo su patrimonio a los desposeídos, han dado con otro remedio, a saber: que el Estado exija a las grandes fortunas, una vez éstas han usurpado y succionado toda la fuerza del trabajador, o como gusta decirlo ahora: una vez han creado riqueza, que estén fiscalizadas en su totalidad en su país de origen, es decir, que no evadan impuestos en uno de los diferentes paraísos fiscales que salpican la imperfecta esfera. ¡Menuda suerte! Seguro que los más miserables, contentos con las reformas, se arrojarán a los brazos de estos grupos en las siguientes elecciones. No obstante, el voto de todos vale lo mismo. Y es que en el parlamentarismo, lo más ridículo es siempre lo más democrático.

Hay que retomar, dicen, el espíritu de imposición fiscal en función a la renta. Sin duda, es esto lo más progresista, así pues lo más benigno para toda la sociedad. A más capital, más impuestos. Y ¿por qué no decirlo también? A mayor capital, mayor limosna. O peor que una limosna, pues ésta, dentro de lo repugnante de su aroma, al menos mantiene la voluntariedad del acto; el impuesto por el que declaman es una limosna obligada, requerida, por lo que pierde cierta, por llamarlo de alguna forma, virtud. Ambas deleznables, ambas sostenedoras de la inequidad y de la injusticia a través de los siglos siguen en plena vigencia. No creo que haya existido emperador, dictador, cacique, autócrata, déspota, amo, señor feudal o rey el cual no conociera la máxima que reza que cuando el pueblo está a punto de estallar en revuelta e insumisión hay que darle algo más de pan, holgarle un poco más las cadenas o, para el caso, repartir un poco mejor el pastel. Si funcionaba en la Roma fúlgida y en el Medievo oscuro, ¿por qué no iba a hacerlo ahora? ¿Ha cambiado en algo el alma del hombre? ¿No sigue igual de domada? ¿No piden ahora algunos sectores de la alta burguesía francesa y estadounidense, conscientes de esto que digo, que les suban los impuestos para así poder contribuir mejor al mantenimiento de los servicios sociales que necesita el pueblo? Es preferible que a uno le suban los impuestos un tanto por ciento mientras pueda mantener el control de los elementos de producción, pensarán en razón a sus intereses.

Ahora bien, que los que se supone representantes de los trabajadores, tanto partidos como sindicatos verticales y subvencionados, aboguen por tales medidas me resulta algo esperpéntico y escalofriante. No se olvide jamás: la riqueza que se crea en colectivo debe recalar en el propio colectivo. Sólo la riqueza que emerge individualmente puede y debe quedar en manos del productor original. Pero como no estamos ante este caso, pedir la colectivización autogestionaria, sin burocracia sindical o estatal, no puede quedarse en un grito del pasado, en un estandarte obsoleto; no, ahora más que nunca parece ser la autogestión de los propios trabajadores de sus herramientas de trabajo la única manera de llegar a abolir la miseria de forma definitiva. Fuera de esto, todo queda en medias tintas que bajo la llamada al progreso y a la conciliación buscan mantener la penuria, la escasez y la miseria; o a lo sumo: gestionarla con más humanidad.

La Comuna de París

El pasado 18 de Marzo se cumplieron 142 años del inicio de la Comuna de París, tristemente su existencia fue fugaz, pero merece ser analizada ya que fue la primera revolución socialista que puso en práctica las teorías sobre emancipación del proletariado. Considero oportuno recuperar este texto del cual desconozco su autoría.

La Comuna de París fue creada después de la derrota de Francia a manos de Prusia en la guerra franco-prusiana. El gobierno francés trató de mandar tropas para recuperar el cañón de la Guardia Nacional Parisiense para evitar que cayera en manos del pueblo. Los soldados se negaron a abrir fuego sobre la muchedumbre burlona y apuntaron las armas contra sus oficiales. Esto ocurrió el 18 de marzo. La Comuna comenzaba. En las elecciones libres convocadas por la Guardia Nacional de París, los ciudadanos eligieron un consejo formado por una mayoría de Jacobinos y Republicanos y una minoría Socialista (Blanquistas, socialistas autoritarios  la mayor parte, y seguidores de Proudhon). El consejo proclamó la autonomía de París y su desea de recrear Francia como una confederación de comunas (comunidades). Dentro de la Comuna, los integrantes de consejo podían ser revocados, además, tenían que dar cuentas al pueblo que los había elegido.

Está claro por qué este suceso tiene grandes similaridades con las ideas anarquistas. De hecho, el ejemplo de la Comuna de París era en muchas maneras similar a cómo Bakunin había pronosticado que la revolución ocurriría (una ciudad principal se declararía autónoma, organizándose y dando ejemplo, y exhortaría al resto del mundo a seguirla). La Comuna de París inició el proceso de creación de una nueva sociedad, organizada de abajo a arriba.

Muchos anarquistas tuvieron un papel importante dentro de la Comuna, por ejemplo Louise Michel, los hermanos Reclús, y Eugene Varlin (este último asesinado en la consiguiente represión). Referente a las reformas iniciadas por la Comuna, tales como la re-apertura de los puestos de trabajo como cooperativas, los anarquistas pudieron ver sus ideas de labor asociada comenzar a realizarse. En el llamamiento de la Comuna al federalismo y a la autonomía, los anarquistas ven su «organización social del futuro llevada a cabo de abajo arriba, a través de la libre asociación o federación de trabajadores, comenzando por las asociaciones, siguiendo a las comunas, las regiones, las naciones, y finalmente culminando en una gran federación internacional y universal» Mijail Bakunin.

Sin embargo, para los anarquistas la Comuna se quedó corta. El estado no fue abolido dentro de la Comuna, como lo había abolido afuera. Los comuneros se organizaron «de manera Jacobina» (usando las tajantes palabras de Bakunin). Como señaló Piotr Kropotkin, «no rompieron con la tradición del estado, de gobierno representativo, y no trataron de lograr dentro de la Comuna esa organización de lo sencillo a lo complejo que había inaugurado al proclamar la independencia y la libre federación de comunas»

Además, sus atentados de reforma económica no fueron lo suficientemente lejos, no trataron de formar cooperativas en todos los puestos de trabajo ni formar asociaciones de éstas cooperativas para la coordinación y el apoyo mutuo en sus actividades económicas. No obstante, como la ciudad estaba sitiada por el ejército francés, se comprende que los comuneros pensaran en otras cosas.

En lugar de abolir el estado dentro de la comuna organizando federaciones de asambleas democráticas de masas, como las «secciones» parisinas de la revolución de 1789-93, la Comuna de París mantuvo un gobierno representativo y sufrió por ello. En vez de actuar por su cuenta el pueblo, confiando en sus gobernadores, les confió el mandato de tomar la iniciativa y así el consejo se convirtió en el mayor obstáculo a la revolución.

El consejo se aisló más y más del pueblo que lo eligió, haciéndose más y más inútil. Al tiempo que su irrelevancia aumentaba, así también sus tendencias autoritarias, llegando a crearse un «Comité de Salud Pública» por la mayoría Jacobina, para «defender» (por el terror) la revolución. El Comité se opuso a la minoría libertario-socialista y fue afortunadamente ignorado en la práctica por el pueblo de París que defendía su libertad contra el ejército francés, que los atacaba en nombre de la civilización capitalista y de la «libertad». El 1 de Mayo, las tropas gubernamentales entraron en la ciudad, siguiendo siete días de duras luchas callejeras. Pelotones de soldados y miembros de la burguesía armados merodeaban por las calles, matando a mansalva. Mas de 25,000 personas fueron muertas en la lucha callejera, muchas asesinadas después de rendirse, y sus cadáveres fueron enterrados en sepulturas comunes.

Para los anarquistas, las lecciones de la Comuna de París fueron tres. Primero, una confederación de comunidades descentralizada es la forma política necesaria para una sociedad libre. Segundo, «No más hay razones para un gobierno dentro de la Comuna que para un gobierno sobre ella». Lo cual quiere decir que una comunidad anarquista ha de ser basada en la confederación de barrios y asambleas de trabajo cooperando libremente. Tercero, es críticamente importante unificar las revoluciones política y económica en una revolución social.
«Ellos trataron de consolidar la Comuna primero, posponiendo la revolución social para más tarde, mientras que la única forma de proceder era consolidar la Comuna por medio de la revolución social» Kropotkin

Los inicios del pensamiento socialista: El socialismo utópico (II)

En la publicación anterior hice un repaso de las ideas de Saint Simon y de Robert Owen y su aplicación, asi como su contribución al desarrollo del pensamiento socialista, en esta segunda parte me ocupo de Charles Fourier y concluyo con una reflexión personal

Charles Fourier

Charles Fourier fue el que mejor describió su sociedad ideal, en sus obras aparece hasta el mas mínimo detalle de como organizar la sociedad además de una crítica radical a la sociedad burguesa a la que consideraba la perversión de las relaciones humanas y la causante de la infelicidad y la tensión social constante. Desenmascaró a los teóricos burgueses y puso al descubierto la miseria moral y material, fue uno de los primeros pensadores en analizar la sociedad burguesa en busca de contradicciones que permitan llegar a su superación, empleó con maestría la dialéctica, consideraba que a una etapa de ascenso de precedía una de descenso. Fourier considera a la civilización capitalista como el resultado de una represión que destruye lo mejor de la humanidad, reivindica las emociones humanas para construir una armonía pasional donde no haya lugar para el autoritarismo, no busca una emancipación de las clases oprimidas solamente, sino que aspira a la liberación de la sociedad ya que considera que hasta las clases dominantes están frustradas, en este aspecto su pensamiento en parecido al de Sigmund Freud.

La teoría de Fourier mas destacada fue la de los falansterios, esta forma de organización social se adapta a los instintos naturales en vez de reprimirlos, se basan en la idea de autosuficiencia y cooperativismo, en la combinación de trabajo manual e intelectual, de trabajo y placer, cuyo fin es satisfacer la necesidad de cambio y variedad evitando la rutina del trabajo industrial. Este aspecto también se manifestaba en la idea de familia, consideraba a la monogamia como una represión de los instintos pasionales y en su lugar proponía el amor libre. El falansterio se basaba en tres elementos: Capital, trabajo y talento,  en el falansterio cada miembro podía elegir libremente la función que desempeñaría y podría alternarlas aunque la jornada laboral era extensa, la comunidad aseguraría los servicios sociales y el trabajo era obligatorio para todos, el falansterio estaría gestionado de forma mixta, los empresarios invertirían capital que se le sería devuelto sin interés, el beneficio restante sería repartido entre los trabajadores pero no de forma igualitaria, el talento sería especialmente recompensado, cuando los falansterios se extendieran internacionalmente dejaría de competir con el capital individual y la sociedad llegaría a la armonía y la libertad. Esa era la idea de transformación social de Fourier.

En la práctica las experiencias de los falansterios fracasaron, en Europa las ideas fourieristas no tuvieron gran acogida, solamente hubo dos falansterios en Francia y en España, pero en América del Norte fueron bien recibidas y alcanzaron prestigio intelectual, llegaron a haber hasta cincuenta falansterios en los Estados Unidos pero solo tres de ellos llegaron a durar mas de dos años. Fracasaron principalmente porque necesitaban una fuerte inversión inicial y los intereses de los capitalistas y las comunidades no coincidían, se formaron grupos de intereses en el seno de la colectividad, problemas logísticos y problemas económicos.

Las teorías de Charles Fourier influyeron notablemente en teóricos posteriores, las experiencias de los falansterios supusieron la puesta en práctica de los preceptos colectivistas que fueron perfeccionados por otros autores. También ejercieron influencia en las revoluciones de 1848 y en la posterior Comuna de París en 1870.

Conclusión

El socialismo utópico ejerció una gran influencia en los teóricos socialistas, algunas de las ideas eran muy adelantadas a su tiempo, pero los socialistas utópicos pecaron de ingenuos ya que no pensaban que fuera necesaria una revolución para cambiar la sociedad de entonces, esto puede ser en parte porque quedaron algo decepcionados con la Revolución francesa, sus aspiraciones eran cambiar el modelo de civilización de forma gradual y pacífica sin ni siquiera enfrentarse a la clase dominante dialécticamente, ya que algunos de los socialistas utópicos no negaron el papel de los capitalistas en la sociedad, creían que podía encontrarse una unidad de intereses entre oprimidos y opresores, también influye la confianza en la educación sobre todo en Owen que pensaba que mediante ella era posible transformar la sociedad. Esto fue duramente criticado por los teóricos marxistas y anarquistas, entre ellos Engels y Bakunin, el último centró su crítica en la ingenuidad de intentar convencer y persuadir a los explotadores, además de en el esfuerzo innecesario de diseñar por completo una sociedad de antemano, ya que en la práctica el contexto influye en el resultado y resulta imposible prever el funcionamiento de ésta, según este prisma las teorías utópicas nada aportan al cambio real de la sociedad salvo ganas de cambio, no ayudan a la emancipación de la clase obrera sino que enmascararían la opresión y alejarían al proletariado de un compromiso real con la causa revolucionaria.

No obstante muchos de estos pensadores reconocen los aportes del socialismo utópico, principalmente la necesidad de una liberación total del ser humano y no solo económica o política, también su influencia en la pedagogía libertaria, en el desarrollo de la sociología o en las teorías feministas y de género que fue la materia en la que mas avanzados estaban. Los socialistas utópicos no estuvieron a la altura de las circunstancias cuando se produjeron las revoluciones de 1848 y sus ideas no calaron de forma mayoritaria en la sociedad pero supusieron un antes y un después en la historia del pensamiento socialista.

Bibliografía

–          F. Engels,  Del socialismo utópico al socialismo científico (1892)

–          Saint Simon, El nuevo cristianismo (1825)

–          Charles Fourier, El falansterio  (1830)

–          Félix García Moriyón, Del socialismo utópico al anarquismo  (2009)

–          Eduard Thompson, La formación de la clase obrera en Inglaterra (1963)

–          Robert Owen, Nueva visión de sociedad  (1814)

Los inicios del pensamiento socialista: El socialismo utópico (I)

La revolución francesa llevó a la práctica algunas de las teorías ilustradas y supuso el establecimiento de unos nuevos cimientos sociales, acabó con el antiguo régimen y abrió una etapa de grandes cambios sociales, pero las clases populares sintieron que no se llegó hasta el final en el proceso revolucionario, se llevaron a cabo reformas políticas pero la injusticia económica y social seguía latente. Se fue creando una conciencia popular promovida por los teóricos de la recién nacida sociología que investigaban sobre cuales eran las causas de la desigualdad y como poder superarla. Saint Simon, Charles Fourier y Robert Owen centraron sus esfuerzos en diseñar sociedades futuras exentas de desigualdad y en pensar en formas de organización, estos pensadores retomaron el camino emprendido por los utopistas anteriores como Tomás Moro, pero se distinguen de estos en que aplicaron sus teorías en la medida de sus posibilidades y sentaron las bases del socialismo moderno que luego fueron recogidas por los teóricos marxistas y anarquistas.

Me propongo a analizar el pensamiento y la puesta en práctica de las ideas de los principales socialistas utópicos, además de la influencia que ejercieron en los pensadores socialistas posteriores.

Saint Simon

Claude Henry de Rouvroy, conde de Saint Simon es considerado uno de los padres de la sociología, fue el primer teórico en estudiar la evolución histórica de la lucha de clases y su influencia en el ámbito económico y social. No distinguía entre privilegiados o no privilegiados, sino entre trabajadores y ociosos y sus teorías no van dirigidas a agitar a la clase obrera, su objetivo eran las élites económicas, les aconsejaba que tomaran conciencia de la situación y ayudaran a construir una sociedad mas justa, por eso es considerado un pensador de la escuela elitista. Su idea de sociedad ideal es un gobierno formado por las élites económicas pero atendiendo a cuestiones sociales, en su obra “El Organizador” dio las instrucciones para la creación de el Parlamento Industrial constituido por tres cámaras. Saint Simon firme en sus convicciones positivistas consideraba la industrialización como un signo de progreso y desarrollo, creía que la desaparición total del Antiguo Régimen y su remplazamiento por la sociedad industrial acabaría con las desigualdades y superaría los conflictos de clase. Consideraba al trabajador y al empresario como miembros de un grupo común (los productores) frente a otro formado por terratenientes, comerciantes, ociosos y demás elementos que no aportaban nada al proceso productivo. Su idea de Estado era un ente que ayudara a organizar la sociedad bajo las tesis del industrialismo, que principalmente establecía que el crecimiento de la productividad, la eficiencia económica y el empleo de tecnología.

También intentó conciliar su teoría industrialista con el cristianismo, éste le proporciono la jerarquía de valores y la ética de su sociedad ideal. En “Le Noveau christianisme” defendió la igualdad de oportunidades, el reconocimiento de las capacidades personales sin importar la procedencia social, la propiedad privada en función de los intereses sociales, la promoción de las clases populares y la función social de la Iglesia entre otras cosas. La evolución de su pensamiento se fue alejando cada vez mas del liberalismo, llegó a cuestionar la propiedad privada, rechazó la idea de que el avance de la civilización fuera fruto del egoísmo y defendió la comunidad de intereses.

La escuela fundada por Saint Simon repercutió en el pensamiento socialista europeo, se constituyó como asociación después de la muerte del pensador, después de la revolución de 1830 se fue alejando de los postulados industrialistas iniciales para acercarse al socialismo, sus discípulos interpretaron la obra de una forma mas radical y acentuaron sus críticas a la propiedad privada y a la herencia,  además otorgaron un papel de mayor influencia al Estado cuya forma ideal era la asociación de productores que eliminaría los conflictos sociales. La principal diferencia de los saintsimonianos con su maestro fue la definición de industriales que cada vez se fue identificando mas con la clase obrera y el grupo de los zánganos o no productores con la burguesía, se empezaron a publicar las primeras teorías sobre antagonismo entre estas dos clases. El pensamiento de la escuela saintsimoniana se puede resumir en esta frase de de George Lichteim:

“La Revolución Francesa liberó al burgués; ha llegado el momento de liberar al proletario. La propiedad privada supone un obstáculo para lograrlo. No debe abolirse, pero sí dejar de ser un derecho absoluto para transformarse en función social modificable a voluntad. La sociedad obtiene la primacía sobre el individuo.”

La escuela saintsimoniana estaba en las últimas cuando llegó la Revolución de 1848, fue degenerando en una secta,  pero ejerció una gran influencia en la teoría de pensadores socialistas posteriores.

Robert Owen

Robert Owen era un industrial de éxito que inició una serie de proyectos reformistas, se centró en la práctica mas que en la teoría, en el Reino Unido durante la primera mitad del siglo XIX las condiciones de vida de la clase obrera eran terribles, así que Owen que siempre se opuso al individualismo liberal intentó mejorar las condiciones.

En Manchester dirigió una fábrica de quinientos obreros donde aplicó algunas de sus teorías con éxito, mas tarde estuvo al mando de una fábrica de hilados en Escocia que alcanzó la fama mundial, ya que en la comunidad donde vivían los obreros la conflictividad social era mínima, no se cometían apenas crímenes y no existía ningún órgano represivo. Las condiciones de vida eran muy diferentes en la fábrica de Owen de como lo eran en el resto, la jornada laboral era de diez horas y media en vez de catorce, los obreros seguía recibiendo el mismo salario aunque la producción disminuyera, si la fábrica cerraba por falta de trabajo los obreros seguían recibiendo prestaciones. La clave de su éxito fue el papel central que le otorgó Owen a la educación, los niños recibían educación gratuita desde los dos años, estaba convencido de que el ser humano se construye con las circunstancias que le rodean y que con una buena educación se podría llegar a una sociedad mas armónica y sin conflictos.

La experiencia de la fábrica de Lew Lanark en Escocia fue un éxito, sin embargo no le convenció del todo ya que sentía como si fueran sus esclavos, en 1823 propuso un sistema de comunas para solucionar la conflictividad social reinante en Irlanda entonces, realizó un diseño minucioso de como deberían ser las comunidades y como organizar la sociedad, pero no fue bien recibido por las élites económicas y políticas, además tuvo numerosos enfrentamientos con la Iglesia por su carácter patriarcal, Owen también puede ser considerado un feminista, consideraba que la igualdad de sexos era indispensable para una sociedad igualitaria y denunciaba la institución del matrimonio y el carácter retrógrado de la religión.

Owen pasó de ser un próspero empresario admirado mundialmente por su filantropía a un visionario ignorado y calumniado por la prensa, se arruinó intentando llevar a cabo un experimento comunista en Estados Unidos, al perder si influencia en las élites se dirigió directamente a la clase obrera, en Inglaterra alcanzó una influencia notable como sindicalista e impulsó numerosas reformas en las condiciones laborales de la que destaca la limitación del trabajo de la mujer y de los niños en las fábricas, tampoco abandonó sus aspiraciones comunistas y desarrolló teorías sobre el cooperativismo.

Owen ejerció una gran influencia en los socialistas posteriores, es considerado uno de los primeros comunistas y su compromiso con el ideal le causó numerosas dificultades sobre todo al oponerse a la propiedad privada y a afirmar que era posible una sociedad sin propietarios y sin intermediarios. También tuvo repercusión sus teorías sobre educación que fueron recogidas por los pedagogos libertarios posteriormente. Entre los pensadores a los que influyó se pueden destacar a Engels, Marx, Proudhon y Bakunin, principalmente Owen sería mas cercano al anarquismo ya que no consideraba necesario el papel del Estado en la sociedad.

Continúa en la segunda y última entrega

Por otra crítica brutal de todo lo que existe

En 1844, un jovencísimo Karl Marx escribía a Arnold Ruge una carta con un título muy interesante: «por una crítica despiadada de todo lo existente.» En ella, Marx se refería a los obstáculos dogmáticos que impedían el cambio social en un mundo que, a pesar de los avances materiales, iba cada vez a peor. Para Marx existían demasiados obstáculos externos, pero lo interesante de esta carta es que también tenía en cuenta los «obstáculos internos» que nos impiden crear un mundo mejor. En palabras de Marx, tal vez sea imposible prefigurar de antemano un mundo futuro mejor, pero es nuestro deber empezar a construirlo hoy mismo. ¿Cómo? Criticando sin piedad todo aquello que conforma el mundo que tanto nos oprime.

Tal como  hizo Marx en 1844, a mí me gustaría llamar la atención de les lectores y sacar a la palestra uno de los obstáculos que, si no es el mayor de todos, es al menos uno de los más influyentes en nuestro fracaso continuo como clase social oprimida. Con obstáculo me refiero a la indefensión aprendida que nos mantiene encadenados a las tiránicas dinámicas del capital y que, sin darnos cuenta, nos oculta el verdadero rostro del opresor.

Por indefensión aprendida nos referimos en psicología y sociología a las pautas de comportamiento pasivas que un sujeto aprende a través de la experiencia. Es un estado anímico pasivo que impide la acción hacia la mejora de una situación negativa; los individuos conciben que sus situaciones nefastas no tienen solución porque son elementos externos; lejos del alcance de la mano; algo sobre lo que no se tiene control.

Dejando de lado la depresión clínica y demás elementos psicologicistas, me gustaría dejar claro que la pasividad que nos han inculcado en este mundo capitalista no nos convierte en enfermes mentales. Desde un punto de vista sociológico, esta indefensión aprendida tiene mucho más que ver con elementos culturales y de dominación ideológica que nos hacen concebir ciertas situaciones sociales negativas como inevitables: el capitalismo es inevitable, el hambre en África en inevitable, que haya ricos y ricas es inevitable, que tengamos que trabajar diez horas (¡o más!) al día es inevitable… Que tengamos una existencia tan penosa es inevitable. O eso nos dicen. Mejor dicho: eso nos enseñan a creer.

Pero el problema es mucho más complejo. No solamente nos enseñan a tener miedo al cambio, también nos enseñan a pensar que la vida que nos dan es inmejorable. Pareciera que las metas de la existencia humana fueran comprarse un coche, una casa, y retirarse con una pensión maja. A esto nos van sumando, poco a poco, más elementos que hacen «más apetecible» la vida capitalista: nos dan iPhones, ordenadores, viajes low-cost… El sistema imperante enseña a las personas a decir ¡qué dicen esos socialistas, si hoy en día se vive mejor que antes! Y nosotres nos lo creemos.

Reformas sociales, mejoras laborales, incremento de derechos civiles… caramelos vistosos con los que la clase burguesa nos compra a diario. Una clase opresora que cambia todo para que nada cambie, y se dicen entre elles: vamos a darles una jornada laboral de ocho horas para que no nos expropien las fábricas; vamos a darles sanidad pública para que no salgan a la calle y nos apresen. Vamos a darles todo tipo de bienes materiales para que no piensen más allá de lo visible. Es más, también vamos a darles la oportunidad de protestar, pero protestar de una forma controlada: démosles la MTV para que grupos punk nos vendan camisetas; vamos a darles tiendas de comida orgánica para poder subir los precios con la excusa de la calidad (pero nosotres seguiremos explotando a les trabajadores). Vamos a crear un ambiente social en el que se permita ser crítico con el capitalismo, pero precisamente para que la crítica no llegue a buen puerto. En definitiva, vamos a darles todo un aparato de posibilidades ideológicas y materiales que oculten la despótica tiranía del capitalismo, no vaya a ser que se nos acabe el chollo de explotar a la gente y dejemos de enriquecernos a su costa.

Y no os penséis que es tontería, todo esto tiene sus frutos, es eficaz. Gente que para aliviar su conciencia se pone una palestina al cuello pero luego te tacha de radical si defiendes la intifada; gente que para sentirse mejor compra alimentos orgánicos en tiendas capitalistas que siguen explotando a sus dependientes; gente que se cree anti-sistema por montar en monopatín y escuchar la MTV; hombres que se creen libres por poder ponerse pendientes; mujeres que se creen independientes por raparse el pelo. ¡Viva la estética! ¡Viva el consumo responsable! Qué importa si mi dinero se usa para crear más capital si yo puedo tomarme un café fairtrade de Colombia. Cuánta pena me dan les niñes que mueren en las guerras del Tercer Mundo, espera, que voy a twittear mi pesar desde mi Mac, ¿me pasas mi termo de Starbucks?

Todes conocemos gente así; todes estamos rodeades de este tipo de gente. Todes somos hasta cierto punto esta gente, no vamos a engañarnos. Desde pequeñes nos enseñan a pensar de esa manera: anuncios de televisión, campañas de Navidad, escaparates en las calles… Hasta eso que llamamos cultura también es capitalista (por mucho que digan les gafapastas). Como dijo Mao, eso del «arte por el arte» es una tontería; el arte, como la cultura, atiende a elementos ideológicos de clase. Libros, música, cuadros… prácticamente todo reproduce el sistema capitalista, ya sea de manera consciente o inconsciente. Así pues, Disney tal vez sea el mejor ejemplo: algo que a priori puede parecer tan inofensivo, en realidad, reproduce la dominación racial, sexual, religiosa y clasista.

Lo peor de todo es que desde pequeñes internalizamos todos estos elementos y los concebimos como naturales, como inevitables. ¿Que la gente se muere de hambre en el hemisferio sur? ¡Eso siempre ha sido así! ¿Que hay familias pobres en nuestra sociedad? ¡Será porque son disfuncionales, no será por falta de oportunidades! La dominación capitalista no solamente nos enseña a pensar en el sistema capitalista como el mejor, único, y definitivo, sino que también nos impide rebelarnos cognitivamente contra él, y a las personas que lo hacen se las castiga con cárcel, marginación, desprestigio social, e incluso la muerte.

Uno de los elementos que más se empeñan en inculcarnos son los valores pacifistas. Ironías de la vida: precisamente ese «paficismo» que nos enseñan desde pequeñes es el causante de que la mayoría de seres humanos vivan en la miseria y la guerra. Indefensión aprendida; seamos pacífiques, que eso es propio de «gente de bien.» Indefensión aprendida; qué le voy a hacer, así es la vida, al menos vivimos mejor que antes. Indefensión aprendida; salgamos a la calle a protestar, pero vamos en bici, que así no contaminamos… Y nos quedamos tan contentes en nuestro pequeño «mundo revolucionario»; nos vamos a la cama con la conciencia tranquila porque  hemos visto un documental sobre la lucha palestina. Eso sí, ¡no me digas que mi bici ha sido fabricada en China por una niña que ha cobrado un par de céntimos por ello! ¡No me digas que mi café fairtrade lo vende una tienda que está haciendo rico a un hombre «con conciencia social»! ¡No me digas que soy una pieza más del puzzle capitalista porque yo veo cine independiente y leo a Chomsky!

Como ya he dicho antes, todes somos en cierta medida «piezas del puzzle capitalista,» pero sí que existe una diferencia entre unes y otres: aunque a todes nos obliguen a tener que comprar en supermercados explotadores, aunque a todes nos obliguen a pagar a compañías de telecomunicaciones capitalistas para acceder a Internet, tenemos la posibilidad de desmarcarnos de la mayoría y empezar a construir ese mundo mejor que buscaba el joven Marx de 1844. Tenemos el poder de la razón, un gran poder que nos permite superar las barreras ideológicas que nos imponen. Tenemos la posibilidad de estudiar el sistema y comprender que vivimos en un mundo profundamente injusto, y precisamente porque tenemos la capacidad de comprender también tenemos la capacidad de actuar. Predicad con el ejemplo, decía Malatesta. Sed consecuentes, decían les componentes de la RAF. Cambiad el mundo, no lo contempléis, decía Marx.

Pues ya va siendo hora de ir tomándose en serio todo esto; va siendo hora de perder amistades por el camino si hace falta. Que nos tachen de radicales si quieren; que nos miren mal por decir las cosas como son. Nosotres no nos callaremos. Si algo nos diferencia a les socialistas (de la rama que sea) del resto de personas es la conceptualización ética de la injusticia social: no es que el capitalismo no sea el mejor modo de organizar la vida de los seres humanos, es que es malvado. No es que la explotación «del hombre por el hombre» sea una preferencia cultural, es que es absoluta y universalmente perversa. Recae en nuestros hombros cambiar lo que es malo por algo que sea justo y bueno en términos éticos.

Un buen primer paso sería criticar absolutamente todo aquello que nos rodea: las relaciones familiares, la relaciones de pareja, las relaciones económicas con el panadero, las relaciones académicas en la universidad, etcétera. Expandir y transmitir el mensaje socialista sería otro paso vital para romper con esta indefensión aprendida. Nos tenemos que poner pesades con la gente de nuestro entorno, les tenemos que decir que el capitalismo mata, y si no lo quieren comprender se lo tenemos que explicar hasta que lo acepten. Porque no hay otra respuesta posible, no es una cuestión de relativismos o ideologías: el capitalismo, en tanto que opresor de la especie humana, es malo. Nadie tiene derecho a privar de la vida a otro ser humano, y hoy por hoy estamos privando a más de la mitad del planeta de esa única vida que la naturaleza nos da. Quien calla otorga; no nos callemos entonces.

La acción directa también torna de suma importancia; hacer ver a les indecises que hay gente dispuesta a luchar por lo que es justo. Nuestro ejemplo desinteresado ha de ser un espejo en el que el resto de personas se puedan reflejar. Les zapatistas de Chiapas saben de esto, por eso llevan pasamontañas: porque más allá de colores de piel y otros rasgos físicos, los ojos son reflejo de nuestra humanidad, lo que nos caracteriza a todes nosotres. Pongámonos un pasamontañas tejido con ideas de justicia social e igualdad humana y luchemos desde hoy mismo contra el sistema que nos impide vivir con dignidad y libertad. Pero no os penséis que luchar es solamente coger las armas y salir a la calle, porque para empezar no tenemos ni armas. Luchar también es debatir, escribir, transmitir… Luchar también es leer, porque la primera batalla ha de librase en nuestras propias cabezas. Y como en toda lucha, en ésta también se pierden y ganan cosas. Se pueden perder amistades (nos pueden dejar de lado por ponernos pesades, por ser «radicales»); se puede perder el aprecio de aquellas personas que no nos comprendan porque están tan ciegas de capitalismo que no pueden ver el mal que hacen al callar. Pero se puede ganar todo un mundo nuevo, y eso es lo único que nos tendría que hacer falta saber para comenzar a tomarse las cosas en serio.

Cuando nos damos cuenta de la lógica perversa del mundo en el que vivimos, cuando comprendemos realmente y se nos empequeñece el corazón al ver que nuestro maravilloso Primer Mundo mantiene al hemisferio sur en guerra para lucrarse de la venta de armas (por mencionar un ejemplo), deviene imperativo categórico luchar contra aquello que no es justo. La oposición al capitalismo es una obligación moral que todos los seres humanos tenemos, pero que solamente unas pocas personas tienen el valor de llevar a cabo. Y son estas personas las únicas verdaderamente humanas, pues es mediante la coherencia de buscar la libertad de todo el planeta lo que les permite vivir con dignidad. Como seres humanos. Como seres imprescindibles.

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