La economía capitalista: conflicto, poder… y revitalización sindical

Si a cualquier estudiante de ciencias económicas se le pide que defina y ubique en el plan de estudios conceptos cómo “economía capitalista”, “poder”, “lucha de clases”, “distribución de renta y riqueza”, “sindicalismo” o “democracia económica” seguramente nos encontraremos con el decepcionante resultado de su desconocimiento o al menos de su identificación en los “márgenes” del tronco analítico central de la contabilidad, la economía de empresa, la micro y macroeconomía o la política económica. Con toda probabilidad se desconocerán profundamente corrientes de análisis económico y políticas alternativas cómo el postkeynesiano, institucionalista, neomarxista, regulacionista y radical, ecológico o feminista, de economía socialista o economía libertaria y autogestionaria, impulsadas solventemente por economistas tanto de fuera de nuestras fronteras [1], cómo también por multitud de economistas críticos de ámbitos académicos o sindicales en el propio Estado español [2].

Todo ello es, sin duda, una mala noticia. Sin embargo, pese a la tenaz voluntad de quienes detentan el poder académico y de discurso político en economía por marginar, esconder y silenciar dichas corrientes, la realidad es que la economía capitalista real -y desde luego las relaciones laborales existentes- aquellas que conoce cualquier persona trabajadora, se entienden principalmente con los conceptos antedichos, que se resumen en el título de este artículo, que a su vez da nombre a un curso de introducción a la economía [3], que a su vez se ubica en una de las corrientes citadas, de economía radical, fructífera para abordar los temas aquí planteados [4]. En efecto, el sistema económico capitalista con sus aparatos políticos coadyuvantes, y máxime la empresa capitalista, se sustenta en lo que autores radicales denominan “dimensión vertical”, esto es, en el autoritarismo y el ejercicio del poder de los empresarios sobre los trabajadores y trabajadoras, de la patronal sobre la clase trabajadora, aspecto que condiciona y determina transversalmente las decisiones u organización de la producción, inversión y distribución entre salarios y beneficios [5].

Cómo posiblemente puede parecer muy abstracto y académico lo relatado hasta ahora, quizás con un par de ejemplos vividos sea posible engarzar la caracterización sistémica con la realidad económica y de las relaciones laborales.

En un caso de una mediana empresa del sector de los cuidados, sobre negociación de reducción salarial por dificultades financieras de liquidez y económicas de viabilidad, el economista de la empresa apuntaba que el peso de los salarios en la estructura de costes de la misma era muy superior al de otras empresas del sector, por lo que era imprescindible acometer la reducción salarial planteada a las trabajadoras. La respuesta de la parte social planteó que desde luego era así, pero porque la estructura salarial estaba desproporcionada por arriba, pues los cargos de dirección doblaban el nivel de salarios de referencia en la negociación colectiva sectorial, lo que implicaba que su reducción a nivel de convenio permitía cuasi-equilibrar las cuentas. Entonces se hizo el silencio en la sala y todas las presentes nos dimos cuenta que sin duda habíamos llegado al punto de expresión de un conflicto de poder, el clásico conflicto distributivo en el sistema capitalista entre salarios y beneficios -disfrazados de altos salarios- aplicado al caso recesivo de la crisis empresarial. Finalmente este conflicto se resolvió con la convocatoria de una huelga indefinida de toda la plantilla, que forzó efectivamente a la dirección a reducirse sus salarios a convenio sectorial cómo primera acción previa a evaluar otras medidas, entre otros elementos del pacto de empresa conseguido, relacionados con el control sindical productivo y económico.

Un sindicalismo fuerte implica mejores condiciones salariales, de empleo, protección social, equidad de género y defensa de la salud laboral, así como caminar hacia mayores equilibrios ecológicos.

En otro caso, un grupo empresarial del sector de la construcción de tamaño medio, planteó un despido colectivo de un tercio de la plantilla, en un contexto de muchos años de ingresos no declarados y contabilidad B, que en cualquier caso permitían la viabilidad empresarial. Este despido colectivo cómo caso paradigmático de “violencia del poder privado” utilizando términos que titulan una obra de Antonio Baylos, se tuvo que resolver judicialmente en el Tribunal Superior de Justicia, siendo ratificada la nulidad y readmisión de los despedidos por el Tribunal Supremo. A esta situación se llegó sin duda por una actitud patronal autoritaria. La postura empresarial en la negociación colectiva, defendiendo que concurría causa económica y productiva para el despido colectivo, mientras ganaban dinero de forma ilícita, desembocó en la judicialización del proceso. Se trataba pues del intento de imponer su poder de clase despidiendo a trabajadores cómo mecanismo para eliminar el sindicalismo combativo en la empresa.

Ni que decir tiene que, en general, la reacción sindical a las contrarreformas laborales impuestas vía parlamentaria, así como a las diferentes estrategias empresariales en casos concretos de reestructuraciones y despidos, algunos ya emblemáticos por implicar confrontación solvente ante deslocalizaciones productivas (Coca – Cola en Fuenlabrada, Celsa Atlantic en Gasteiz y Urbina, Zardoya Otis en Mungia, etc.), nos ha dejado una pléyade de experiencias sindicales y de huelgas que bien analizadas nos ayudan para sintetizar algunas conclusiones de interés de cara al debate sobre la revitalización del poder sindical, aquel que efectivamente hace frente a la discrecionalidad del poder empresarial y patronal, elementos indisociables de la dinámica económica capitalista.

Es necesario pues que el sindicalismo combativo gane capacidad de intervención en sus múltiples dimensiones: afiliativa, militante y organizativa, programática, de capacidad de acción colectiva y confrontación con los poderes político-económicos hostiles a la clase trabajadora. Mientras que el voto ciudadano se está demostrando excesivamente voluble y escorado hacia el mantenimiento de mayorías parlamentarias que apuestan por la servidumbre al poder económico, en cambio la militancia y afiliación sindical siguen siendo la principal garantía para recuperar derechos, condiciones salariales y de empleo, consolidando orientaciones de políticas económicas que nos dirijan a mayores cotas de democracia económica y bienestar social. No en vano, múltiples analistas avalan que un sindicalismo fuerte implica mejores condiciones salariales, de empleo, protección social, equidad de género y defensa de la salud laboral, así como caminar hacia mayores equilibrios ecológicos [6].

Una mirada sistemática a estas reflexiones, propuestas y experiencias acumuladas, nos permite centrar algunas cuestiones fundamentales para caminar hacia una recuperación solvente del poder sindical. Sin ánimo de dejar fuera aspectos importantes, pero con objetivo de priorizar recogiendo el núcleo esencial de las fuentes imprescindibles de poder sindical, es preciso fijarse en cuatro pilares que dependen fundamentalmente del propio sindicalismo: negociación colectiva y política sindical; gestión del conflicto laboral, huelgas y repertorios de presión; política social, empleo y economía social; formación sindical, asesoría sindical y técnica, teniendo también cómo base de la arquitectura de un sindicalismo combativo, la financiación sindical.

Lluís Rodríguez Algans. Economista asesor laboral en la cooperativa Maiatzaren Lehena Aholkularitza / Consultoría Primero de Mayo. Profesor de postgrado en la Facultad de Relaciones Laborales y Trabajo Social de la UPV/EHU.

Artículo visto en Radicaleslibres y Borroka garaia

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Notas:

[1] Entre otros muchos, Robinson, Kalecki, Minsky, Goodwin, Lerner, Bahduri, Wray, Stockhammer, Onaran Baran, Sweezy, Gordon, Bowles, Sherman, O’Connor, Marglin, Shaikh, Pollin, Hahnel Aglietta, Boyer, Jessop Glyn, Gough, Silver Jackson, Forstater, Beneria, Matthaei economistas sindicales cómo Rehn, Meidner, Palley Liberman, Kardelj, Horvat, Lange, Bettelheim, Vanek, Schweickart, Guillén, Albert… También de corrientes económico-políticas cómo el operaísmo italiano, con Negri (Operai e stato, La forma Estado, Los libros de la autonomía obrera o El poder constituyente), Tronti, Bologna o Fumagalli cómo algunos de sus exponentes, o también autores provenientes del sindicalismo que realizan interesantes aportaciones al análisis sindical del capitalismo post-fordista y una orientación de salida socialista cómo Bruno Trentin.

[2] Agrupados en la Asociación de Economía Critica o participantes del Foro de profesionales del asesoramiento laboral y social de la UPV/EHU dónde se pretende generar inteligencia colectiva desde perspectiva laboralista (también en ámbitos mercantil, administrativo o penal) para juristas, economistas, asesores sindicales, trabajadores y trabajadoras, a la vez que relacionar las experiencias de acción colectiva y sindical con los ámbitos de intervención profesional, académica e investigadora.

[3] “La economía capitalista: conflicto y poder”. Una descripción del curso, con objetivos y plan de estudios se puede encontrar en Edwards y MacEwan. Un enfoque crítico de la enseñanza actual en economía: bases para un nuevo currículo, en el libro “Critica a la ciencia económica”. Periferia, Buenos Aires, 1972. Las lecturas del curso se editaron en los manuales de Edwards; Reich y Weisskopf. “The capitalist system. A radical analysis of american society. Prentice Hall (1ª Edición 1972; 2ª Edición, 1978; 3ª Edición 1986, las tres con lecturas complementarias).

[4] Más correctamente, Economía Política Radical, corriente vertebrada por la asociación creada en 1968, Union for Radical Polítical Economics (URPE), en el marco de la cual se creó una revista de ámbito académico y un centro de economía popular dirigido a militantes sindicales y sociales, el Center for Popular Economics, aparte de otras iniciativas de ámbito universitario cómo el Political Economy Research Institute (PERI), donde se ponen en común líneas de análisis e investigación a corto y largo plazo, así cómo para propuestas de política económica relacionada con inversión socialmente útil además de ecológica o respecto a incrementos de salarios mínimos. Los principales temas tratados por dicha corriente son “economía y poder”, “sistemas económicos comparados” -socialismo, comunismo y autogestión-, “estado capitalista, lucha de clases y distribución de la renta”, “segmentación de los mercados de trabajo” y “estructuras sociales de acumulación” para entender la dinámica medio placista del sistema capitalista.

[5] Bowles y Edwards. Introducción a la economía: competencia, autoritarismo y cambio en las economías capitalistas. Alianza, Madrid. 1990.

[6] Por ejemplo Mikel Urrutikoetxea en ¿Para qué sirve un sindicato? Reflexiones , Juan Torres desde una perspectiva económica en ¿Para qué sirven los sindicatos? o estudios cómo el de Hamann y Kelly, Andrew Glyn, Wilkinson y Pickett, Onaran et. al. a largo plazo relacionando poder sindical y distribución de la renta y riqueza. Especialmente interesante al respecto es el artículo de John Bellamy Foster “Marx, Kalecki, Keynes y la estrategia socialista: la superioridad de la economía política del trabajo sobre la economía política del capital”.

A ochenta años de la revolución libertaria

Muchas décadas han pasado desde que aquella generación, intentara poner en marcha un sistema en libertad, igualdad y fraternidad, hoy, ochenta años después, siguen habiendo resistencias, propuestas e iniciativas, que se podrían considerar continuadoras de la iniciada por las anarcosindicalistas de la CNT. Pero, también, es cierto, que la mayoría de estas iniciativas, no se ven reflejadas y referentes del anarcosindicalismo.

Éste desde aquel dramático exilio, ha continuado su andadura y siempre ha estado al lado de las trabajadoras, muchas veces encontrándose solo, en esa lucha. Pero también se ha visto enredado en luchas intestinas, debates eternos, que le hicieron perder, paulatinamente, un discurso que llegara a la gente. Quedándose muchas veces replegado de puertas para adentro, sin entender los cambios que se daban en la sociedad y sin darse cuenta de que la mayoría de ésta dejaba de tenerlo como referente y se alejaba o se mantenía indiferente ante sus debates. Muchas veces anclado en sus símbolos e identidad, sacando a relucir “su glorioso pasado” o cayendo en aptitudes autoritarias e inmovilismo.

No es menos cierto que éste continúa resistiendo a las embestidas del capital y ha servido de apoyo a muchas personas y movimientos sociales, pero ha perdido su influencia “política”, ya no es un referente ni para la mayoría de las nuevas generaciones de libertarias.

Alguna de las corrientes que se reclaman del anarcosindicalismo, se encuentra en una maraña, mezclada de sectarismo, expulsiones, desfederaciones… de la cual aún apenas han logrado salir.

La corriente mayoritaria, se encuentra, en mi opinión, en gran parte atrapada por unas estructuras que fueron diseñadas para un mundo laboral que desaparece y que no dan, en muchas ocasiones, respuesta a las precarias trabajadoras, que un día trabajan aquí y otro allá. Inmerso en un sistema de elecciones sindicales, en el cual dice participar de forma crítica, pero al que está más adaptado de lo que se debería y lejos de crear su propio sindicalismo. Vaciando de contenido este sindicalismo orquestado desde el propio sistema, para hacer de él, una herramienta poco eficaz. Así como un funcionamiento interno, que complica muchísimo la participación de personas sin recursos sindicales. Habiendo un abismo entre esas trabajadoras a los cuales aún les queda algún derecho y a una amplia mayoría la cual no tiene ninguno.

Por supuesto, sigue siendo necesario la organización de las trabajadoras, ésta es fundamental, quizá más hoy que nunca, tampoco se está afirmando que haya que renunciar a lo que se ha conseguido, ni a la representación en las empresas. Pero se ha de reconocer que hay una gran mayoría de personas a las cuales, no se les logra organizar, ni se identifican con el sindicalismo actual

Es necesario una organización menos rígida y más participativa, hace décadas que no se hacen cambios en nuestras formas de organización. A diferencia de los que nos precedieron que adaptaban las estructuras del sindicato, para ser útiles a la realidad laboral que vivían, como ejemplo, los sindicatos únicos o federaciones de industria. Ir a la calle y los centros de trabajo a preguntarle a la gente porque no acuden a nuestras convocatorias. Que la autogestión deje de ser una consigna para pasar a ser una realidad palpable y practicada dentro de nuestra organización, visible para las demás personas, dando apoyo, real, a las personas que deciden emprender iniciativas, aunque estás se salgan del sindicalismo puro y duro. Practicar el apoyo mutuo, acudiendo allí, donde se nos necesite y dejar de utilizar la ideología como arma arrojadiza, para englobar al máximo número de personas, tengan estas el ADN Rojinegro o no.

Ser oposición permanente y una crítica atroz no es suficiente, ni saludable, hay que tener humildad, escuchar a esas personas despolitizadas en vez de juzgarlas. El número es importante, pero si este no se traduce en militancia, en traspasar la puerta de nuestro centro de trabajo o local, sino se es capaz de conectar con las nuevas generaciones de jóvenes, es como un cascaron vacío de contenido. Como se va pretender cambiar nada, cuando vemos como la participación en la mayoría de asambleas es testimonial, es necesario preguntarse ¿Por qué?

Esto no es un ataque contra nadie, reconozco el esfuerzo de muchas compañeras, su lucha en los centros de trabajo y la represión que sufren, es simplemente una reflexión personal. Yo mismo me incluyo en la crítica, al no haber sido capaz en mis diez años de militancia anarcosindicalista de consolidar una organización y cumplir mínimamente mis objetivos.

De la revolución de 1936 debe quedar el sacrifico, la humildad y la construcción en el día a día de una sociedad paralela al sistema, con comportamientos y valores distintos. Es momento de debate y de perder miedos a renunciar a algunas de las cosas que siempre habríamos creído, en ese debate no sobra nadie y deberían estar todas las que creen en una sociedad sin jerarquías y explotación.

Ese es el reto de las organizaciones de hoy, si es que es posible que sean ellas mismas las que inicien ese camino, para volver a ser un referente de las trabajadoras. Ante la crisis y la paralización de las organizaciones institucionales, es el momento de retomar los valores del anarquismo que pregonamos. Intentando ser un reflejo, lo más cercano posible a la sociedad que decimos querer construir, poniendo en la práctica la democracia directa, el apoyo mutuo, la autogestión, adaptando nuestra organización a los tiempos que vivimos y dejando paso a las nuevas generaciones, para que construyan con sus errores y aciertos su propio camino. Abriendo los ojos a la realidad que nos rodea y escuchando a esas miles de personas que tanto están sufriendo. Siendo humildes y reconociendo que hay vida, más allá del anarcosincalismo, empapándonos mutuamente de la variedad de movimientos sociales y, sobretodo, poniendo el énfasis en la construcción y menos en la pura crítica que muchas veces la gente no comprende.

Debate, reflexión y acierto. Continuamos llevando un mundo nuevo en nuestros corazones.

ALEXIS POBLET MARCO.

1 de Mayo. Poder popular desde abajo. Entre todas, en todas partes

1M-2El Primero de Mayo es el día tradicional de la clase trabajadora. Se celebra desde hace más de un siglo en recuerdo de los «mártires de Chicago», militantes obreros que lucharon por la jornada de las 8 horas. En el Estado español las 8 horas de jornada laboral se implantaron a raíz de la poderosa huelga de «La Canadiense» en 1919, en un año de importantísimas luchas sindicales y sociales. Hoy en día, en tiempos de recortes y de retrocesos de los derechos sociales esta jornada no es siquiera respetada. Horas extras, jornadas partidas, pluriempleo para llegar a fin de mes, desempleo masivoo temporalidad generalizada: así es nuestro panorama laboral.

Las clases populares vivimos en una constante lucha contra la precariedad a todos los niveles. El empleo generado en los últimos años es prácticamente todo de carácter temporal, lo que implica cada vez peores condiciones laborales. Una de cada cinco personas activas está en paro. Pero es que de las otras cuatro hay dos encadenando un trabajo temporal tras otro, y otra de esas cinco está encadenada a un empleo cubriendo jornadas inacabables.

  • La situación para la juventud trabajadora, la supuesta generación mejor preparada y cualificada de la historia, se enfrenta a una tasa de paro tan grande que implica que la mitad de la juventud no puede encontrar trabajo. Y esto sin contar con que la cantidad de jóvenes que estudian o se hallan inscritos en incontables cursos de formación que maquillan los datos de desempleo. El resultado es conocido: vivir de la familia hasta edades tardías, subsistir a duras penas a base de trabajos precarios o la emigración en busca de otros futuros. En cualquier caso, la falta de perspectiva hace muy dificil poder proyectarse hacia el futuro y hace patente una sensación de estancamiento.
  • Un sector con frecuencia olvidado es el pensionista. Bien por jubilación, bien por enfermedad o dependencia, es una parte de la población que hoy en día, en plena crisis, aguanta el peso económico de muchas familias y también contribuye al cuidado de sus nietas y nietos cuando no lo pueden llevar a cabo sus hijas e hijos. Ademas, en estos últimos años la caja de las pensiones ha servido para tapar los despilfarros del capital, algo que sin duda, traerá consecuencias muy negativas de cara al futuro. Entendemos estos recortes como ataques contra nuestra propia esperanza de vida.
  • La mujer trabajadora es la que sale peor parada en todo este contexto. Las cifras más altas de paro se dan en este colectivo, siempre con tasas superiores a las de los hombres. La mujer encuentra mayores dificultades a la hora de acceder a un puesto de trabajo por el «riesgo» (para el capitalista) de que sea madre. Además, en caso de tener un empleo, generalmente cobrará menos que sus compañeros varones. Somos el sustento de la familias, y no pocas veces tenemos que afrontar solas la crianza de los hijos o el cuidado de nuestros mayores.

Todos estos ataques económicos contra la clase trabajadora se retroalimentan con otros ataques políticos y culturales que incluso niegan nuestra propia existencia como clase. Ahora, bajo el neoliberalismo más cruel, todas somos clase media y quien es pobre es poco menos «porque se lo merece». Esta ideología deja entrever que quien se hace rico, los emprendedores, también se lo merece aunque sepamos que su riqueza nace de nuestro trabajo, de nuestra falta de derechos o de que se salten los que aún conservamos, y cuando no de la corrupción, el engaño y el robo sistematizado.

El avance del capitalismo no hubiese sido posible sin los grandes partidos de izquierdas ni los sindicatos mayoritarios, puesto que sus élites al menos, han sido y son igualmente partidarias de la doctrina neoliberal. La mayor victoria del capitalismo ha sido convertir a sus antagonistas en sus defensores y haber dado a entender que no hay otro mundo posible.

Pero la crisis que hoy en día nos azota no es una crisis puntual de la que pronto saldremos, como vaticinan los voceros mediáticos del régimen, sino más bien la expresión de una crisis de sistema, de civilización, que se extenderá irremediablemente a lo largo de las próximas décadas. No podemos perder de vista que vivimos en un mundo finito, con recursos limitados y que estamos agotando algunos de ellos, como el petróleo, vital para los procesos de acumulación capitalista.

Desde esta visión, de que el propio capital lleva ya tiempo acercándose cada vez más rápido al precipicio y que sin duda intentará arrastrarnos en su caída, tenemos que ser conscientes de que debemos articular las resistencias y apuestas políticas desde ya, puesto que de ello dependerán los escenarios en los que nos movamos en adelante.

El 1 de Mayo representa una fecha importante. Es un día en el que recordamos las conquistas obtenidas a través de la lucha y tomamos conciencia de nuestra dignidad, de que somos nosotras las que movemos el mundo, las que hacemos la economía real, las que sostenemos la vida frente a la maquinaria de muerte que sostiene el sistema. Desde este empoderamiento que nos da saber lo que somos y lo que podemos ser, de ir desarrollando políticas que pongan la economía al servicio de las personas, que pongan la vida, y no el beneficio, en el centro. Una vida que merezca la pena ser vivida y que por tanto no sea a costa de otras personas ni del planeta, que a fin de cuentas es nuestra casa común.

Por eso tenemos que organizarnos cada vez más y mejor, a todos los niveles. Desde colectivos de barrio, feministas, de jóvenes, centros sociales y ateneos, redes y organizaciones políticas y por supuesto también sindicatos de clase, entre los que sería deseable una mayor capacidad de confluencia. Solo entre todas, generando poder popular, seremos capaces de hacer frente a lo que viene y estaremos ya ensayando la construcción de una nueva sociedad libre, igualitaria, solidaria y verdaderamente democrática.

¡Viva el Primero de Mayo!

¡Participemos en todos los actos y manifestaciones!

Crónica de la feria del libro anarquista en Dublín

El pasado día 16 de abril tuvo lugar en Dublín la feria del libro anarquista organizada por el WSM (Workers Solidarity Movement), organización anarquista de Irlanda. En ese día, a su vez, hubo multitud de charlas a las cuales no asistí a todas, sino a las que pude ya que las hubo simultáneas durante la misma jornada de mañana. Voy a narrar los acontecimientos en orden cronológico y desde mi experiencia personal estos dos días en que estuve en Dublín. Siendo sincero, no pude entender el 100% de lo que dijeron en las charlas ya que apenas llevo dos semanas por estas tierras y aún tengo que mejorar mi inglés.

El día anterior a las 19:30, asistí a una charla sobre los acontecimientos en Rojava donde estaban de ponentes Janet Biehl y unos kurdos. En ella, comentaron las influencias de Bookchin sobre el Confederalismo Democrático como proyecto político para el pueblo kurdo y Oriente Próximo. También explicaron cómo se estructuraba socialmente, la administración democrática, el contrato social y el TEV-DEM como movimiento social amplio. Como habremos leído en otras ocasiones, esta nueva administración tiene como bases las comunas y cooperativas gestionadas asambleariamente; este proyecto tiene carácter laico y multiétnico, lo cual, todas las etnias tienen voz y voto en las asambleas y pueden profesar su fe libremente. No han comentado demasiado acerca de las YPG. Luego, una representante del Congreso de Mujeres Libres (KJA por sus siglas en kurdo) nos presentó su organización y las áreas en que trabaja, tales como en la economía, la política, lo social, la diplomacia, los derechos humanos, la autodefensa y la lucha contra la violencia machista, la ecología, los medios de comunicación y prensa, etc. El KJA es afín al proyecto político promovido por el PKK, considerando la liberación de la mujer una cuestión crucial para la revolución. Tienen su sede en Diyarbakir y aquí tenéis más información. En Rojava, mencionaron a la Fundación de Mujeres Libres en Rojava (WJAR), la cual promueve la mejora de la participación de la mujer en diversas áreas, y se involucra en proyectos cuyas actoras principales son mujeres, tales como de aperturas de centros de salud, cooperativas, parques, villas, etc…

La charla fue bastante concurrida, hubo alrededor de 100 personas aproximadamente, y el acto terminó un poco tarde debido a que la gente preguntaba bastantes cosas. Tras acabar, tuve la suerte de poder dormir en casa de unos kurdos.

Al día siguiente, fui a la feria como tal y ahí he visto puestos del propio WSM, de AF(Anarchist Federation), IWW, AK Press y otros tantos más que se pueden ver en el post de la página web del WSM. Los libros que adquirí finalmente fueron: «The adventures of Tintin – Breaking Free», «The anarchist movement in Japan» y «Myths and memories of the Easter Rising», además de materiales sueltos gratuitos que he ido pillando.

Luego llegué tarde a una charla sobre la reconstrucción de los sindicatos desde abajo donde miembros del IWW trataban cuestiones sobre la necesidad de la organización sindical por parte de los propios trabajadores e independiente del Estado y la patronal, cómo impulsarlas en el actual contexto y qué propuestas y proyección de futuro pueden aportar. Después, fui a otra sobre la rebelión irlandesa durante la I Guerra Mundial contra la imposición británica y la participación de la clase trabajadora en ella. No he podido enterar muy bien porque el ponente hablaba muy rápido… Tras un breve descanso, fui a otra charla donde comentaron ejemplos de diversas luchas sociales basadas en la acción directa como la campaña contra la subida de las tasas del agua, a favor del aborto, etc.

Al finalizar las charlas, he asistido a una breve sesión de debate acerca de la necesidad y el papel que tendría una organización anarquista. Se hablaron temas sobre el feminismo dentro de las organizaciones, la influencia en las diferentes luchas sociales, qué podríamos aportar desde el anarquismo a ellas, etc. Fue entonces cuando pude intervenir, aunque solo fuesen 5 minutos, explicando la necesidad de construir un proyecto político basado en el poder popular y tener una línea estratégica hacia el socialismo libertario, siendo el papel de la organización anarquista el convertirse en referente en la creación de un proyecto político capaz de hacer frente a la Europa del capital. Finalmente, tenían programado un After party con música en directo, pero no pude estar por más tiempo porque si salía demasiado tarde, no habría autobuses de vuelta.

Algunas notas tras finalizar la jornada;

—Los actos se realizaron en lugares muy concurridos, prácticamente en el centro de la ciudad y alrededores de una enorme plaza llamada «Smithfield Sqare», teniendo lugar las charlas en los pubs «The Cobblestone», «Ryans» y en un gran hotel llamado «Generator» estaban los stands de libros, además de acoger algunas charlas. Llama la atención que, al contrario de lo que aquí se realizan este tipo de jornadas donde se realizan solamente en nuestros espacios, el WSM organizó estos actos en locales que no tienen relación alguna con el movimiento. La elección del sitio, pienso, responde a la cuestión de que sea vista por la mayor cantidad de gente posible y que son actos que no se realizan para autoconsumo, sino de actos dirigidos para todo el público, lo que abrirá la posibilidad de que algunas personas puedan interesarse por el anarquismo o en las luchas.

—Por contra, los costes económicos son bastante elevados, la propia organización lo reconoce pero consiguen sufragar parte de estos gastos por las donaciones recibidas, ya que he observado que logran recaudar una cantidad considerable.

—Tienen formularios como feedbacks para recoger las impresiones de la gente con preguntas cortas tales como el medio por el que se enteró del evento, su ideología (anarquista, marxista, feminista, ecologista, otros…), y en qué aspectos sería mejorable. Además, dejaba unos campos donde podías dejar tus datos de contacto y las áreas que te interesen (diseño, antifascismo, antirracismo, escribir artículos, etc…).

¿Volvería el próximo año? Dependerá de mis circunstancias personales, pero la verdad es que me ha quedado un buen sabor de boca. Os dejo algunas fotos de las jornadas:

 

Charla del viernes con Janet Biehl

La organización social en Rojava (Foto de un militante del WSM)

Entrada del hotel Generator en la céntrica plaza de Smithfield Square. Dentro están los puestos de libros y algunas charlas se darán allí

Puesto de IWW

Puesto del WSM

Otros puestos

Más stands con banderas de YPG/YPJ de fondo

Charla sobre sindicalismo

Charla sobre las ideas de Bookchin (Foto de un miembro del WSM)

Comenzando el After party

El Sindicato Libre y la época del pistolerismo

Nos situamos a finales de 1919 y la famosa huelga de ‘La Canadiense’ ya ha pasado, provocando, entre otras cosas, una disparidad de opiniones en el seno del movimiento obrero y sindical sobre la radicalidad de los procedimientos en la lucha contra la patronal y el Estado. El diez de diciembre de ese mismo año, el carlista Ramón Sales, antiguo militante del Sindicato Mercantil de Barcelona en la CNT y miembro de la organización tradicionalista ‘Grup Crit de la Pàtria’, se reunía con varios militantes carlistas y miembros del Centro Obrero Legitimista. El objetivo de esa cita era crear la Corporación General de Trabajadores de los Sindicatos Libres de España, lo que pasaría a la historia como el Sindicato Libre o simplemente “El Libre”. De forma paralela a esto, el día doce de diciembre de 1919 se convertía en Primer Ministro de España el maurista Manuel Allende Salazar, el cual puso como Gobernador Civil de Barcelona al Conde de Salvatierra. Comenzaba así un recrudecimiento de la presión -y represión- patronal contra el movimiento obrero (especialmente anarquista), la cual se caracterizaría por una connivencia en materia represiva entre las fuerzas de seguridad del Estado, los sicarios de la patronal y los carlistas del recién nacido Sindicato Libre.

Antes de explicar los sucesos violentos entre el  Libre y el movimiento anarquista, veamos qué fue aquel sindicato fundando por carlistas y que, erróneamente, se le consideró -y se le sigue considerando- un sindicato a sueldo de la patronal (e incluso creado por ésta). Como hemos dicho anteriormente, fue fundado el diez de diciembre de 1919 por Ramón Sales -un joven de 19 años, antiguo miembro de la CNT, cristiano católico devoto y de ideología carlista- junto a cien trabajadores tradicionalistas. La creación de este sindicato se debió a varios motivos: la radicalización ideológica dentro de la CNT, la fuerte presencia de pistoleros y de procedimientos violentos para defender los intereses de la clase obrera y el supuesto impedimento a mejoras salariales a causa de los dos anteriores factores. El Sindicato Libre contó con dos etapas durante su vida. La primera, desde su nacimiento hasta principios de 1921, en la que la afiliación era escasa (10.000 afiliados, aproximadamente) y existía un ‘pacto no escrito’ entre el Libre y el sector industrial por el que no se hizo ninguna huelga o boicot, funcionando pues como sindicato amarillo. En la segunda fase, sin embargo, las cosas cambiaron radicalmente. Desde mediados de 1921 hasta octubre de 1922, el Libre comenzó a establecer acuerdos con Martínez Anido, que por aquel entonces era Gobernador Civil de Barcelona, consiguiendo así su protección. También se establecieron acuerdos de financiación con la Unión Patronal, presidida por Félix Graupera, y hasta con el propio presidente Eduardo Dato, el cual utilizó fondos públicos para financiar al Sindicato Libre. En esta temporada llegó a tener hasta 150.000 afiliados, gracias a la clandestinidad a la que pasó la CNT. Uno de los sambenitos que tuvo que acarrear -y actualmente sigue acarreando- el Libre fue su consideración como sindicato que tuvo la misión única y exclusiva de la defensa de los intereses empresariales y que, incluso, había sido creado por la propia patronal catalana. Nada más lejos de la realidad, ya que no fue una simple herramienta de transmisión de los intereses empresariales y estatales, sino que fue un sindicato que guardó siempre su autonomía y dirigió sus esfuerzos a ser una especie de alternativa al sindicalismo revolucionario de la CNT. Aunque es cierto que fue un sindicato amarillo, contrario a la emancipación de la clase trabajadora y una suerte de policías-obreros. De hecho, mantuvieron siempre una actitud ‘obrerista’ frente a la clase empresarial a la hora de pedir todo tipo de demandas, lo cual también provocó que cierto sector de la burguesía tuviera igual de aversión al Sindicato Libre como a la CNT o UGT. «Solamente más tarde llegaría la instrumentalización por parte de la patronal y de las fuerzas del Estado», escribía Amalia Pradas.

La época del pistolerismo fue uno de los episodios más duros de la historia de Cataluña, en lo que a violencia política se refiere, donde la guerra social entre la burguesía y el proletariado llegó a cotas sin precedentes y que no serían superadas hasta la Revolución Social de 1936. Ante la increíble fuerza que estaba consiguiendo el sindicato anarquista CNT, tanto en afiliación como en procedimientos de lucha, la patronal se las tuvo que ingeniar para poder poner fin, de forma total o parcial, al movimiento obrero en general y al anarquista en concreto. La clase empresarial catalana de la época usó tres ‘armas’ para luchar contra el movimiento anarcosindical: declarar lockouts, ‘comprar’ tanto a políticos como a cuerpos de seguridad del Estado y armar a pistoleros-sicarios para eliminar físicamente a sindicalistas de la CNT. La patronal utilizó todas estas ‘estrategias’ para combatir al sindicato CNT convirtiendo así las calles de Barcelona en un auténtico campo de batalla donde el único seguro de vida de cualquier trabajador afiliado a la CNT era portar un arma de fuego encima.

El primer gran incidente armado entre miembros armados de la CNT y pistoleros del Sindicato Libre ocurrió el seis de julio de 1920, en el que murió en el barrio del Raval Joan Purcet, líder destacado del Libre. Como venganza, los pistoleros amarillos asesinaban dos días después al líder cenetista Vicenç Roig en la plaza de Urquinaona. Se daba así inicio al famoso ‘ojo por ojo’, creándose una vorágine de venganzas entre los dos sindicatos en los que los muertos de un bando precedían a otros tantos del otro bando. Desde 1916 hasta 1923 ésta fue la cotidianidad de la clase obrera catalana y del movimiento anarquista, endureciéndose sobre todo a partir de 1920. El movimiento anarquista evolucionó del clásico terrorismo individual del siglo XIX al llamado ‘terrorismo de masas’ de los años ’20; la diferencia entre los cuales la explicaba de esta manera la escritora Amalia Pradas:

El primero se consideraba un mártir por la idea, que decidía libre e individualmente su suerte y no trataba de huir después de haber cometido una acción. Los delegados de los grupos de acción cenetista [pistoleros de la CNT] se consideraban más bien profesionales del atentado, fríos ejecutores de una consigna emanada de instancias superiores, y su intervención violenta se realizaba con todas las garantías posibles de seguridad: planificación previa sobre el terreno, instrumentos modernos de acción (automóvil, armas automáticas, etc…), ataques sorpresa y plan de huida previsto.

Este nuevo método de lucha, el terrorismo de masas, fue empleado de forma necesaria por el movimiento anarcosindicalista para defenderse ya no solo de los ataques propios de la clase burguesa contra la clase trabajadora, sino también para aguantar las embestidas del Estado y lo que algunos historiadores catalogaron como ‘plan de exterminio’ de los cuadros de la CNT (los llamados ‘Grupos de Acción’). Todo esto provocó tanto un incremento del ‘ojo por ojo’ como el hecho de que se ‘obligara’ a todo afiliado de la CNT a llevar una pistola encima por si tuviera que defenderse en cualquier momento.

Vemos entonces que fue a partir de la formación del nuevo Gobierno de Allende Salazar que el Estado comenzó a trazar un plan de ataque contra la CNT y todo el movimiento anarquista. El prefacio de ese plan de ataque se haría con una gran puesta en escena de 45.000 voluntarios del Somatén marchando por el Passeig de Gràcia el 24 de abril de 1921.

La época del pistolerismo se saldó con más de 800 atentados y 226 víctimas mortales, muchas de ellas ilustres como el Conde de Salvatierra (ex-Gobernador Civil de Barcelona), Francesc Layret (abogado obrerista), el Presidente del Gobierno Eduardo Dato o el famoso Secretario General de la CNT en Cataluña Salvador Seguí ‘El noi del sucre’. Esta situación de continua violencia fue uno de los motivos por los cuales Miguel Primo de Rivera daría un golpe de Estado en 1923 poniendo fin así a la época de la Restauración borbónica.

@borjalibertario

Clase

 

El proletariado no es una cosa, ni una identidad, ni una cultura, ni un colectivo estadístico que tiene unos intereses de clase propios que defender. El proletariado se constituye en clase mediante un proceso de desarrollo y formación que sólo se da en la lucha de clases. El proletariado, reducido en el capitalismo al estatus de productor y consumidor en la sociedad capitalista, se convierte en una categoría pasiva, sin conciencia propia; es una clase para el capital, sometida a la ideología capitalista.  No es nada, ni aspira a nada, ni puede nada. Sólo en la intensificación y agudización de la lucha de clases surge como clase y adquiere conciencia de la explotación y dominio que sufre en el capitalismo y, en el proceso mismo de esa guerra de clases se manifiesta como clase autónoma y se constituye como proletariado antagónico y enfrentado al capitalismo, como COMUNIDAD DE LUCHA. Enfrentamiento total y a muerte, sin posibilidades ni aspiraciones reformistas o de gestión de un sistema hoy ya obsoleto y caduco

Esta noción de clase como “algo que sucede”, que brota y florece del suelo de los explotados y oprimidos, es clave. La clase no se refiere a algo que las personas son, sino a algo que hacen. Y une vez que entendemos que la clase es fruto de la acción, entonces podemos comprender que cualquier intento de construir una noción existencialista o cultural e ideológica de clase, es falsa y está condenada al fracaso.

El proletariado se define como la clase social que carece de todo tipo de propiedad y que para sobrevivir necesita vender su fuerza de trabajo por un salario. Forman parte del proletariado, sean o no conscientes de ello, los asalariados, los parados, los precarios, los jubilados y los familiares que dependen de ellos. En España forman parte del proletariado los seis millones de parados y los dieciséis millones de asalariados que temen engrosar las filas del paro, amén de una cifra indefinida de marginados, que no aparecen en las estadísticas porque han sido excluidos del sistema. ¿A qué intereses sirve esa aberración ideológica que considera que el proletariado es sólo el proletariado industrial, excluyendo a parados, jubilados, trabajadores precarios, marginados, estudiantes o jóvenes sin trabajo, mujeres discriminadas o sin derechos laborales, y a todos aquellos sometidos a decisiones políticas ajenas, que afectan profundamente a todos los aspectos de su vida cotidiana?

La clase obrera es una clasificación social OBJETIVA, que designa a todo aquel que mantiene una relación SALARIAL con un patrón (ya sea privado o estatal) al que vende su fuerza de trabajo (sus brazos y su inteligencia). La clase obrera forma parte del proletariado, que incluye además a parados, jubilados y marginados. Los proletarios no son propietarios de medios de producción. El salario es la principal forma de esclavitud moderna. LA RELACIÓN SALARIAL no es sólo de carácter social y económica, sino también política, puesto que determina el modo de existencia de quienes no tienen ningún poder de decisión sobre su propia vida.

La clase media incluye, hoy, a algunos trabajadores “autónomos”, esto es, trabajadores independientes y “autoexplotados”, algunos técnicos y profesionales altamente cualificados y a los empresarios sin asalariados. La alta clase media estaría formada por empresarios con algunos trabajadores asalariados, pero sin influencia política decisiva.

Capitalistas serían todos los propietarios de medios de producción, o altos gerentes con poder de decisión (aunque fueran asalariados) de grandes empresas privadas o estatales. Constituyen menos del uno por ciento de la población, pero su influencia política es absoluta, y determinan las líneas económicas que se aplican y afectan a la vida cotidiana de la totalidad de la población. Su lema sería: “Todos los gobiernos al servicio del capital; cada gobierno contra su pueblo”.

La democracia parlamentaria europea se ha transformado rápidamente, desde el inicio de la depresión (2008), en una partitocracia “nacionalmente inútil”, autoritaria y mafiosa, dominada por esa clase dirigente capitalista apátrida, que está al servicio de las finanzas internacionales y las multinacionales. Se produce una profunda y extensa proletarización de las clases medias, una masificación del proletariado y la erupción violenta e intermitente de irrecuperables colectivos, suburbios y comunidades marginadas, antisistema (no tanto por convicción, como por exclusión). Los Estados nacionales se convierten en instrumentos obsoletos (pero aún necesarios, en cuanto garantes del orden público y defensa armada de la explotación) de esa clase capitalista dirigente, de ámbito e intereses mundiales.

La sociedad capitalista actual, que nos permite la anterior clasificación social en tres clases fundamentales, aún admite en el seno de cada clase una infinita gradación de situaciones económicas, sociales, políticas y culturales, pero se identifica con la EXPLOTACIÓN de los trabajadores por los capitalistas, y tiende a una rápida polarización entre el proletariado (más la clase media proletarizada) y la ínfima minoría de los todopoderosos dirigentes (inferior al uno por ciento y apátrida).

Todo el mundo entiende que existe explotación cuando se habla del trabajo infantil esclavo en manufacturas de la India o China, que producen zapatillas o ropa de marca para multinacionales, con jornadas de 18 ó 20 horas, sin más paga que alimento y jergón en el mismo lugar de trabajo, que venden sus productos en USA o Europa. Y se escandalizan, con razón, ante esa explotación del trabajo infantil esclavo.

Hay que entender que la EXPLOTACIÓN del trabajo asalariado es la ESENCIA de la sociedad capitalista. Todos los asalariados padecen la explotación capitalista (no sólo los niños hindúes). Cuanto más desarrollada es la productividad del trabajo colectivo de una sociedad, mayor grado de explotación experimentan sus trabajadores, aunque puedan consumir más mercancías. La feroz lucha entre los capitalistas por superar y sobrevivir al competidor, impulsa el incremento de la explotación de los trabajadores, al margen de la buena voluntad o ética de cada empresario individual. Los capitales se fusionan y concentran, atacando sin límites las condiciones de vida y laborales de los trabajadores, amenazando con irse a otro país o con contratar más barato entre los millones de parados sin recursos. En cada país un puñado de transna­cio­nales efectúa ventas anuales que superan amplia­mente los presu­puestos nacionales y empuñan el poder de dar trabajo, o no, a millones de desposeí­dos.

El proletariado, que tiende a abarcar hoy a un 75/80 por ciento de la población española, se puede clasificar en asalariados, precarios, parados, prejubilados, jubilados y marginados. La clase media sufre una fortísima proletarización, con amplios sectores de profesionales (en el ámbito de la medicina, arquitectura, enseñanza, tecnologías y servicios sociales), funcionarios y medianos o pequeños empresarios (colectivos que hace cinco años percibían elevados ingresos) que se proletarizan, o incluso quedan marginados económica y socialmente.

El elevadísimo número de parados y el estadísticamente desconocido número de excluidos (por paro de larga duración y/o no percepción de ingreso alguno) hace que los asalariados, en su conjunto, se precaricen colectivamente en sus condiciones laborales y existenciales hasta extremos impensables hace unos años en España y Europa. Incluso desaparece la negociación de los convenios colectivos por sectores o empresas, que son sustituidos por condiciones mínimas y miserables de contratación. Los suburbios se convierten en guetos de excluidos del sistema, que el Estado intenta aislar entre sí, entregando su dominio a las bandas, la droga, las mafias, las escuelas, los trabajadores sociales, oenegés, etetés, prisiones y policía, para que conjuntamente impongan el control y/o sacrificio económico, político, social, moral, volitivo, y si hace falta también físico, de “todos los que sobran”, con el objetivo preciso y concreto de desactivar su potencial revolucionario, intentando convertir esos barrios periféricos en colmenas de muertos vivientes, a los que las instituciones estatales les han declarado una guerra total de exterminio y aniquilación.

La tesis neosituacionista y milenarista de la desaparición del proletariado muestra no sólo su irracionalidad y falsedad, frente al inmenso incremento CUANTITATIVO del proletariado en países como China, Sudáfrica, Brasil, Rusia o la India, por no hablar las maquilas centroamericanas, sino su falta de comprensión de la nueva realidad europea, y de la proletarización de las clases medias, surgida con la depresión iniciada en el 2008. Primitivistas y “pro-situs” se han quedado anclados en sus trasnochados análisis, tan desmovilizadores como artificiales e inútiles, confundiendo las características propias de las fases keynesiano/fordista (1945-1975) y neoliberal/toyotista (1976-2007) del capitalismo, con su esencia. Catastrofistas, ludditas, antidesarrollistas, profetas, tecnófobos e idealistas de distinto pelaje y orientación, coinciden en un punto fundamental, que nos desarma como clase revolucionaria en lucha contra el sistema capitalista: afirman que el proletariado ha desaparecido y/o ha dejado de ser el sujeto revolucionario. Identifican una parte con el todo. Confunden clase obrera industrial con proletariado. Creen que el proletariado es una cosa, una estadística o una comunidad de intereses, y no una comunidad de lucha. No comprenden que HISTÓRICAMENTE el proletariado aparece, y ha surgido siempre, de su acción autónoma en la guerra de clases, formándose en la lucha como proletariado antagónico y enfrentado al capitalismo. Desprecian como a bárbaros groseros y desclasados al proletariado de los guetos. Son reaccionarios brillantes y coherentes, muy útiles hoy al capital; pero que pronto desaparecerán en la nada de la necedad y la extravagancia.

Sostener que el proletariado ha desaparecido y que no existe, ni existirá ya nunca más como sujeto revolucionario, en el preciso momento en que empieza a resurgir y brotar del suelo de la lucha de clases, enfrentado a vida o muerte contra el partido del capital, no es sólo una gravísima ceguera teórica y política, sino que les sitúa del otro lado de la barricada. Esos milenaristas confunden una pasajera sequía con el desierto.

La lucha de clases no es sólo la única posibilidad de resistencia y supervivencia frente a los feroces y sádicos ataques del capital, sino la irrenunciable vía de búsqueda de una solución revolucionaria definitiva a la decadencia del sistema capitalista, hoy obsoleto y criminal, que además se cree impune y eterno. Revolución o barbarie; lucha de clases o explotación sin límites; poder de decisión sobre la propia vida o esclavitud asalariada y marginación.

Agustín Guillamón

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