Putas, sí, pero no sumisas

Tal día como hoy, hace 94 años, ocurriría algo de lo más inspirador en Puerto San Julián (Santa Cruz, Argentina).

Un grupo de soldados va a volver a Buenos Aires y, mientras están en San Julián, tienen permiso para distraerse y visitar algún burdel. Han estado un año destacados en la Patagonia y, desde enero de ese 1922, ya han cumplido su misión: pacificar la huelga de peones rurales, la mayor huelga en la historia de la Argentina rural. Han fusilado a unos mil quinientos huelguistas después de hacerles cavar las mismas fosas donde arrojarían sus cadáveres; a quienes más se habían destacado en la huelga, los han apaleado y masacrado a sablazos. Eso tiene que cansar. La orden era acabar con la huelga y han acabado con ella; el presidente Yrigoyen en persona se esforzó para no precisar al oficial al mando, teniente coronel Varela, cómo acabar con ella. Un buen soldado cumple con las órdenes que se le dan.

Estos soldados de San Julián quieren aliviarse y distraerse y sus oficiales se ponen de acuerdo con las mesdames de la localidad para que puedan ir en tandas. Un primer grupo de ellos se dirige al prostíbulo La catalana y allí les espera la sorpresa: la madame les informa de que no va a ser posible. Hay cinco chicas y las cinco han dicho «no». La prensa, el régimen, los terratenientes, la extrema derecha: todos han cantado las alabanzas de los soldados, obviando cómo han pacificado la Patagonia, cosa que ni saben, ni quieren saber. Los soldados se enfurecen, se envalentonan unos a otros y entran en La catalana por las malas. Casi a continuación, salen también por las malas: las putas les echan a palos y escobazos de su lugar de trabajo. Les gritan «asesinos», «porquerías», insisten en que ellas no se acuestan con asesinos. El comisario de policía en persona da la orden de que las detengan, los músicos del burdel, también detenidos, reniegan de sus compañeras, pero su gesto ya ha demostrado, por si alguien de verdad tenía dudas, que la dignidad no tiene nada que ver con la apertura de piernas, sea o no remunerada.

Ellas se llamaban Ángela Fortunato, Consuelo García, Amalia Rodríguez, Maud Foster (su tumba es la que aparece en la foto) y María Juliache; tenían de 26 a 31 años. Tres eran argentinas, una británica y otra española, cuatro estaban solteras y la otra, casada. Ellas no obedecieron órdenes ni cumplieron rutinariamente con su trabajo porque todo tiene un límite. Cuando, todavía hoy, se habla de prostitución como sinónimo de sumisión, cuando se habla de «putas» como de quien hace lo que sea por dinero, está claro que no se conoce a estas heroínas, que podrían perfectamente haberse guardado sus escrúpulos donde tantos soldados y honradísimos funcionarios se los guardan cada día de modo que la máquina pueda seguir funcionando, de modo que podamos seguir esperando a la muerte sin molestar mucho.

* Lo cuenta Osvaldo Bayer en La Patagonia rebelde (Txalaparta, 2009, pp. 247-248). El libro se puede encontrar en varias páginas web, por ejemplo esta.

Recomendación: Arcadia

Dentro del cine negro, la posición de los personajes en la sociedad de clases suele quedar un tanto desdibujada y esto es aún más frecuente en el subgénero de los asesinos en serie. American Psycho fue una gran excepción, al centrarse en un yuppy niño de papá con un hambre narcisista por el homicidio y que permitía retratar la década de 1980 como el culmen de la frivolidad y del egocentrismo. Pues bien, Costa-Gavras daría en 2005 un paso más allá –como director y coguionista, junto a Jean-Claude Grumberg– al adaptar al cine la novela The Ax, de Donald E. Westlake, con el título Arcadia.

Lo que en principio podría ser la historia de un trabajador parado de los que llaman «de larga duración» (más de un año sin encontrar trabajo), Bruno Davert, se convierte en algo muy distinto una vez que el escenario social de atomización, de competencia fratricida de todas contra todas, se lleva más lejos. Bruno había trabajado quince años en la misma empresa cuando le echaron en un ERE para trasladar la producción a un país más barato. Cuando hace más de dos años que busca un puesto similar al perdido, sin éxito, su sueño lo encarna una empresa llamada como la idílica tierra de los pastores de la Grecia clásica, Arcadia, pero ese puesto ya está ocupado y, después de tantos procesos de selección en vano, sabe que hay algún que otro buen aspirante aparte de sí mismo. Los parados que hemos visto en otras películas –Los lunes al sol, Full Monty– están inseguros, heridos en su autoestima, pero sienten el apoyo de su círculo personal. Bruno no quiere apoyarse en su familia para sobrellevar su situación, quiere arreglar esta para que todo vuelva a ser como antes (su Arcadia personal) sin necesidad de contar a nadie cómo lo ha hecho. Es un ingeniero acostumbrado al confort de la clase media francesa y no quiere buscar un trabajo que no sea en su antiguo sector ni quiere apoyo alguno. Su plan, pues, es tan retorcido como sencillo: ir al encuentro de quien tiene el puesto de sus sueños y al de los cinco hombres cuyos curriculums pueden competir con el suyo y matarlos a todos. Una vacante abierta y ningún competidor a la altura.

A partir de aquí se abre una historia de casi dos horas que no puede tener la riqueza de la serie Breaking Bad –con la que guarda un ligero parecido en el planteamiento– ni el gancho de la intriga o del carisma de tantos asesinos en serie del cine (Bruno Davert no es, desde luego, Hannibal Lecter, Patrick Bateman ni el John Doe de Seven). Lo que sí tiene es la honestidad política de llamar a las cosas por su nombre, cosa que no abunda en el cine y menos en una película de este género y presupuesto. Arcadia se puede descargar aquí.

Enlaces del mes: Octubre 2015

El mes empezaba con un repaso a las bases del sistema económico-politico y su (o sus) crisis que no dejaba mucho margen al optimismo. Teniendo en cuenta la energía, las materias primas, el cambio climático y la conflictividad entre los distintos estados y facciones, el otoño empezaba con un horizonte claramente complicado, como se explica en este artículo de crisis concéntricas. Por suerte o por sensatez, también parece una tendencia el debilitamiento del deseo de propiedad, como apuntaba Toño Fraguas en El ocaso de la propiedad, donde destaca que incluso en los EEUU, país donde está más extendida la cultura del consumo y la felicidad de lo material, cada vez más personas están tomando el tener propiedades como una carga.

En el ámbito laboral, octubre vino un tanto agridulce. En el mismo mes en que Forbes ha coronado a Amancio Ortega como el hombre más rico del mundo, no faltaban los recordatorios sobre cómo se forjan esas fortunas. Lo que se ha tratado como escándalos de imagen respecto a las actividades de Inditex en Brasil o, en general, en Latinoamérica y Asia, parece ser que la sobreexplotación obrera de la de toda la vida, con las pistas un poco difuminadas a base de deslocalización y de delegación en capataces casi esclavistas que son, sobre el papel, los que se manchan las manos.

Lo poco que tuvo de dulce lo pusieron los llamados «manteros» en Barcelona. Pese a las condiciones de desarraigo, clandestinidad y racismo normalizado en que trabajan, varios de ellos se han unido en un Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes con vocación de sindicato de ramo, pero también de organización que les dote de tejido comunitario.

Por el lado de las posiciones y decisiones políticas, Emmanuel Rodríguez (miembro de la Fundación de los Comunes, asi como de Ganemos Madrid y Ahora Madrid) se preguntaba qué lecciones extraer de la institucionalización de parte de los movimientos sociales y la previsible derrota de Podemos el próximo 20 de diciembre. Mientras, en Portugal, la gestión de los resultados de las últimas elecciones generales volvían a plantear la falta de democracia en la UE.

En lo represivo, el estado español no deja de demostrar de lo que es capaz: La directa publicaba una entrevista, traducida al castellano en Diagonal, al secretario general de Sortu y líder independentista vasco Arnaldo Otegi, preso desde hace años.

Y, cuando se cumplieron dos años de encarcelamiento preventivo de las anarquistas chilenas Mónica y Francisco, menos de un año después de las operaciones Pandora y Piñata, todas por las dos mismas bombas, una operación de los Mossos, ejecutada bajo las órdenes de la Audiencia Nacional la mañana del 28 de octubre, se saldó con 9 detenciones y registros en domicilios y Ateneos Libertarios como el de Sants de Barcelona y en Manresa. La respuesta solidaria no se hizo esperar. Hubo concentraciones espontáneas en Barcelona y se lanzaron convocatorias para solidarizarse en varias ciudades como Madrid, Compostela, Huesca, Zaragoza… con los y las detenidas. También ha habido repercusión en varios medios de la rueda de prensa de Embat junto a militantes del Ateneu Llibertari de Sants, Grup de Suport a Joaquim y la Assemblea de Barri de Sants. Unos días después, otra operación de la Guardia Civil en Galicia contra independentistas acabó con arrestos a los cuales se les acusan de «enaltecimiento del terrorismo».

Tampoco podemos olvidarnos de la Federación Anarquista de Gran Canaria. La organización está siendo duramente golpeada por la represión por ayudar a numerosas familias sin recursos a encontrar un techo ocupando y recuperando viviendas que los bancos dejan vacío. Algunos militantes han sufrido palizas de la policía, les acribillan a multas y sufren un acoso policial constante solo por el hecho de realojar a numerosas personas y familias, que según calculan, en 2013 más de 400 personas han conseguido techo gracias a la FAGC y también más de 200 viviendas expropiadas y socializadas. En este último año, han realojado a 102 personas en un sólo trimestre. Pero estos maravillosos resultados les están costando sangre, palizas y multas, y hacen un llamamiento a la solidaridad para afrontar la sangría económica que están sufriendo (el nº de cuenta es: ES45 0239 2026 6130 40048866 así como ven la necesidad de formar una red antirrepresiva.

El nuevo sindicalismo libertario

Este artículo pretende ser una revisión de mi anterior escrito “Precariedad juvenil y viejo sindicalismo” a partir de los comentarios realizados y los sucesos ocurridos desde entonces. En pocas palabras, argumentaba que los jóvenes precarios no podemos tener como referencia la organización sindical, ya que esta era propia de un mundo anterior: el fordismo-keynesianismo. Planteaba la necesidad de llegar a la autonomía a través de colectivizaciones de empresas y la creación de cooperativas.

Sin embargo, debo reconocer que la precariedad no es un invento reciente. Un repaso a la historia de las luchas obreras nos muestran como se conquistó la jornada laboral de ocho horas, la prohibición del trabajo infantil o la mejora de la higiene en los barrios obreros. Las conquistas obtenidas en el mal llamado “Estado del Bienestar” han sido un paréntesis en el desarrollo capitalista, no la norma.

No deja de ser curioso que este año hayamos sido testigos de una huelga indefinida que entre otras cosas pedía la jornada laboral de ocho horas, derecho por el que murieron miles en la masacre de Haymarket o en la huelga de la Canadiense en Barcelona.

Hablamos de la huelga de técnicos de Movistar.

Estos técnicos tienen poca estabilidad laboral, una carga ingente de trabajo y sufren la externalización de servicios, son contratados como falsos autónomos y deben poner hasta la furgoneta con la que trabajan. Su lucha ha sido mediática y comprometida, movilizando a un sector totalmente post-industrial y clave en el desarrollo de las TIC en el estado español. La huelga indefinida ha sido promovida por el pequeño sindicato AST, que se declara autónomo y de clase, rechazando la burocracia UGT-CCOO y las subvenciones estatales.
Los sindicatos alternativos, que han tenido la iniciativa en la lucha, a pesar del intento de boicot de UGT y CCOO, han cedido el protagonismo a las asambleas de base, que han conformado una auténtica Marea Azul con impacto en las agendas mediáticas y políticas. A día de hoy, el movimiento se encuentra en una fase de recomposición después del agotamiento de la huelga: las promesas de los pactos acordados no se cumplen y caen represalias sobre los participantes en la huelga indefinida.

Tal y como se me argumentó, hay otros ejemplos de huelgas en las que participaron sujetos políticos no asimilables a la categoría de “clase trabajadora tradicional”. Se trata del sector de la informática, un sector innovador dentro del capitalismo español y que atrae a miles de trabajadores jóvenes (y precarios). Las huelgas protagonizadas por la Coordinadora de Informática de la CGT han conseguido resucitar el sindicalismo en un sector normalmente ajenos a las actividades anticapitalistas. Cito un párrafo de un artículo de la Coordinadora que sitúa perfectamente esa transformación:

“(…) Los seguimientos han sido muy elevados, en Capgemini y Atos se paró un artículo 41, en Alten se puso a la empresa contra la espada y la pared y mención aparte los 7 días de huelga de HP seguidos por más del 85% de sus 2300 trabajadores, con piquetes de 300 personas, manifestaciones y asambleas masivas diarias que permitió la retirada del recorte salarial del 10% por parte de la empresa. El conflicto de HP y sus imágenes podrían haber sido extraídas del imaginario de cualquier lucha relevante del sector industrial. Jugamos a ser clase obrera y resultó que lo éramos.

Además, creo que también se puede destacar otra gran huelga que se realizó en el ámbito de la educación pública: la oposición al TIL por parte de la Assemblea de Docents de les Illes Balears. La huelga consiguió una gran repercusión. Los padres, profesores y alumnos implicados pudieron participar a través de las asambleas en los centros y de una asamblea central, de dónde surgió el comité de huelga (desgraciadamente monopolizado por CCOO, UGT y STEI).

Por último, creo que interesante echarle a un ojo a la propuesta de la Oficina Precaria en Madrid. Este colectivo del entorno del 15M y de Juventud Sin Futuro intenta luchar contra la sustitución de puestos de trabajo estables por becarios sin derechos laborales a través de su campaña “No más becas por trabajo” y la asesoría para la creación de cooperativas. Desde un punto de vista estratégico, la Oficina Precaria tiene poca capacidad de activación y debe ser un apoyo a un Frente Estudiantil, que es el que tiene la potencia necesaria como para oponerse a la contratación de becarios y la creación de la Universidad/FP supeditada a las empresas.

Creo que todas estas experiencias recientes muestran un camino a seguir, que nadie ha diseñado desde ningún despacho, sino que nace espontáneamente de la adaptación a la nueva realidad social. Este nuevo sindicalismo combativo es una fusión perfecta entre dos elementos: el anarcosindicalismo clásico y el activismo propio de las protestas del 15M.

Haciendo una pequeña lista, creo que las principales características de este renovado sindicalismo libertario son las siguientes:

Asambleas de base. Todos pueden participar en asambleas en las que los colectivos políticos se diluyen para conformar una Coordinadora o Marea que representa a todos los afectados.

Redes sociales. Sirven para “rompen el hielo” y llegar a más gente, difundiendo las acciones y exigencias. Dan una imagen pública de la organización y además permiten una mayor coordinación. Se debe vigilar su seguridad claro, ya que es evidente que la privacidad está muy limitada por Corporaciones y Estado.

Presión mediática. Lo que sale en los medios es objeto de debate y discusión. Sin unos medios de comunicación libres y autogestionados, estaremos sometidos a la criminalización y la manipulación de los medios del capital. Sin embargo, salir en el telediario puede conseguir una mayor difusión.

Huelgas indefinidas sectoriales. Ante la inutilidad de las huelgas de uno o pocos días, las huelgas indefinidas con exigencias concretas pueden poner contra la cuerdas sectores enteros, como la educación o las telecomunicaciones.

Acción directa. Las asambleas están por encima de Comités y Delegados y si existen deber de estar bajo el control directo de las asambleas. Se abandonada la cultura pactista típica de CCOO y UGT para ir al ataque. Si bien el anarcosindicalismo jamás ha abandonado esta línea, mi opinión es que los nuevos movimientos potenciados por el 15M también adoptan la acción directa. Son, como diría Carlos Taibo, libertarios sin ser “identitariamente” anarquistas.

El papel de los anarquistas, en mi opinión, puede ser clave para que este nuevo sindicalismo se consolide y sustituya lo antes posible a la actual burocracia traidora. Queda pendiente saber si pueden haber puentes entre el cooperativismo autogestionario y el sindicalismo de clase, para que se potencien mutuamente. Los anarquistas de la tendencia Organizativa y Social podemos acercar estos movimientos a la autonomía, alejándolos de las injerencias de los partidos autoritarios que pretenden poner en el foco en las instituciones. Construir un Frente Laboral fuerte puede ser un gran avance para alcanzar el mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones.

Anónimo

¿Se puede estar en contra de toda autoridad?

«Contra toda autoridad… menos la de mi mamá»

A menudo se toca en los ambientes libertarios el concepto de autoridad entendido como imposición, que viene relacionado con el poder y el dominio. Temas en los que se han hecho correr ríos, e incluso mares, de tinta. Sobre la cuestión de la autoridad, Bakunin ya había expresado que se entienden dos tipos de autoridad:

¿Se desprende de esto que rechazo toda autoridad? Lejos de mí ese pensamiento. Cuando se trata de zapatos, prefiero la autoridad del zapatero; si  se trata de una casa, de un canal o de un ferrocarril, consulto la del arquitecto o del ingeniero. Para esta o la otra, ciencia especial me dirijo a tal o cual sabio. Pero no dejo que se impongan a mí ni el zapatero, ni el arquitecto ni el sabio. Les escucho libremente y con todo el respeto que merecen su inteligencia, su carácter, su saber, pero me reservo mi derecho incontestable de crítica y de control. No me contento con consultar una sola autoridad especialista, consulto varias; comparo sus opiniones, y elijo la que me parece más justa. Pero no reconozco autoridad infalible, ni aun en cuestiones especiales; por consiguiente, no obstante el respeto que pueda tener hacia la honestidad y la sinceridad de tal o cual individuo, no tengo fe absoluta en nadie. Una fe semejante sería fatal a mi razón, la libertad y al éxito mismo de mis empresas; me transformaría inmediatamente en un esclavo estúpido y en un instrumento de la voluntad y de los intereses ajenos.

En otras palabras, no es lo mismo una autoridad emanada de la experiencia que una autoridad que se erige como infalible e incuestionable. En el primer caso, esa autoridad es inevitable y se acepta voluntariamente a la vez que es susceptible de recibir críticas. Además, este tipo de autoridad no se erige como omnipresente ni omnipotente, lo cual solo posee razón de ser dentro de su propio campo. Pongamos como supuesto un accidente donde haya personas heridas y atrapadas, y acude al lugar de los hechos un equipo de rescate, como pueden ser los bomberos y protección civil. El plan de rescate necesita coordinación, no se puede hacer de cualquier manera y además requerirán personas con conocimientos médicos y de primeros auxilios. Estas laborales claramente muestran que no las pueden realizar cualquier persona, sino solo quienes tengan conocimientos y experiencias en estos campos y, por tanto, cualquiera que se preste a colaborar, tendrán que reconocer la autoridad de los equipos de rescate. Este supuesto ilustra además que este tipo de autoridad se muestra temporal, pues una vez terminen las labores de rescate, la autoridad se disuelve. Lo mismo ocurre cuando nos subimos a bordo de un barco de pasajeros, en donde la tripulación tiene autoridad sobre los y las pasajeras a la vez que el capitán o la capitana tiene autoridad sobre el resto de la tripulación. No obstante, una vez salimos del barco, la tripulación deja de tener autoridad sobre la gente, así como una vez el barco esté en el puerto y acabe la jornada, el o la capitana dejará de tener autoridad sobre la tripulación.

Ejemplos de autoridad emanada de la experiencia hay muchos más y están presentes en la vida cotidiana. Lo mismo que Bakunin escucharía al zapatero, al arquitecto y al médico, ocurriría igual en una futura e hipotética sociedad libertaria cuando tengamos que enganchar la luz, reparar cañerías, cultivar, construir casas, organizar la economía (producción, distribución, consumo…), etc… , tendríamos que acudir a electricistas, fontaneras, agricultoras, arquitectas, economistas, etc, respectivamente, porque «cualquier persona» no puede tener todos los conocimientos en todos los campos, disciplinas, saberes y oficios.

Sin embargo, al igual que un electricista no podría tener autoridad en la alfarería (por ejemplo) porque no posee los conocimientos necesarios para tener autoridad en ese campo, y que por ello si se impusiera erigiéndose como una autoridad infalible sobre el oficio de la alfarería terminaría por arruinarlo; no podemos reconocer como legítimo a quien impone su voluntad al resto de las personas para subordinarlas.

El anarquismo realmente no está en contra de toda autoridad, pues es absurdo estar en contra de la autoridad de la experiencia.

Anarquismo y marxismo, la asignatura pendiente

Parece que fue ayer cuando en una agitada I Internacional las diferencias entre Bakunin y Marx, radicadas básicamente en una interpretación del modelo a seguir por la clase obrera, que abrirían un cisma insalvable que permanece hasta nuestros días. Un cisma que nunca benefició a la clase obrera, sino que más bien la dividió. Creó un barranco en la lucha obrera, que ha sido un hándicap en la mayoría de luchas obreras, dinamitándose entre ellas, como por parte de los marxistas, como por parte de las libertarias.

Está claro. Este cisma es difícilmente salvable. Les anarquistas, siempre con sus aspiraciones contra el Estado, han sido siempre reprimidos, sea del color que sea el Estado, sea negro fascista, azul democristiano, rojo socialdemócrata o granate marxista. Las anarquistas, que ciertamente antaño han gozado de mayor aceptación entre la clase obrera que un marxismo que a menudo se antojaba intelectualista y bastante alejado de las masas y los centros de trabajo, no han tenido ni paz ni descanso hasta bien entrada la democracia burguesa y los modernos Estados de democracia burguesa, donde pueden gozar de la falsa libertad que ofrece el capitalismo, sin que se salven de los complots que éste organiza contra la disidencia, aunque ahora en un movimiento menguado, casi marginal y desorganizado, debido, entre otras cosas, a la decepción de la URSS y sus Estados satélites, que lejos de cumplir la utopía de hacer desaparecer el Estado, se recrearon en él, y en una especie de despotismo ilustrado, una cúpula del Partido gobernaba en nombre del pueblo, con resultados más o menos satisfactorios, y una progresiva invasión del socioliberalismo y la socialdemocracia alternativa que, en muchos casos, es heredera del marxismo pero que reniega de él.

Los Estados marxistas, como dije en el párrafo anterior, se gobernaban bajo una especie de despotismo ilustrado. Una cúpula del Partido que concentraba todo el poder gubernamental, unos consejos de trabajadores sin poder ni consultivo, verticales e inútiles para una correcta organización de la clase obrera. Un Estado que, lejos de tener un objetivo transitorio hacia una sociedad mejor, se recreaba en la mejora de la clase de vida de la clase obrera. Sí, puede que sea un Estado socialista. Pero completamente contrario a un Estado obrero y científico. Por si no fuera poco, los traidores de la clase obrera fueron escalando pisos en el Partido, y la clase obrera, inútil y fagocitada su voz en las instituciones, no pudo hacer absolutamente nada. La Perestroika llamaba a la puerta, y de repente, se encontraron con un hecho innegable: lo que aspiraba a ser una dictadura del proletariado, derivó en un Estado socialista represivo, en el que la voz de la clase obrera era más inútil que quizá la que podría haber tenido en una democracia parlamentarista. Se confundió, la dictadura del Proletariado, por la dictadura del partido en el que se suponía que debería de haber estado el proletariado, y no sólo eso, sino que, sin haber podido hacer absolutamente nada, la democracia burguesa estaba llamando a la puerta, entrando a través de un camión de CocaCola por Berlín Occidental. Seguir mirando atrás, y ver esos Estados como verdaderos logros de una revolución obrera, es, con todos mis respetos, el más vacuo y contrarrevolucionario de los análisis y opiniones, y la más folclórica de las actitudes.

Pero eso pasó hace ya 24 años. Y la verdad es, que en la penosa situación en la que nos encontramos la clase obrera hoy en día, las heridas de un pasado pseudomarxista marchito que minó las aspiraciones de la clase obrera siguen haciendo daño. Unas personas, marxistas convencidas que las anarquistas tenían la única y mera voluntad de dinamitar todo el movimiento que se había generado. Unas utópicas, idealistas personas que quieren frenar el imparable movimiento revolucionario que en ese momento gozaba de una imagen de desarrollo trepidante. Después, las anarquistas, convencidas de que una alianza con sus represoras, de que tender la mano a quién se la cortaba hace años, es un movimiento cuanto menos indeseable. Y razón no les falta.

Yo me defino como marxista-leninista. Sí, lo reconozco: soy marxista-leninista. Pero como tal me siento (y soy) responsable del cisma que ocurre en la actualidad. Pertenezco a un movimiento folclorista, empecinado en no aprender los errores que cometimos. Empecinados en seguir hablando de la URSS como un modelo, de ver a Stalin como un gran dirigente obrero, de seguir pensando que es más importante recitar el evangelio según san Lenin que de hacer verdadero materialismo dialéctico, que es más útil leerte cien páginas de análisis obsoletos del siglo anterior que conocer de primera mano las necesidades y las cuestiones de a pie de la clase obrera de hoy en día, que es más urgente reconstituir el Partido que actuar y concienciar, de seguir pensando que el lenguaje retórico de Lenin es más obrero que las quejas de un encargado de mantenimiento de una subcontrata. ¿Cómo pretendemos que la clase obrera se una en una lucha contra el capitalismo y sus condiciones sociales, si no aprendemos? Es normal, pues, que se reciba este rechazo de la bancada anarquista. Si yo lo fuera, y viera que esa gente, con una línea ideológica bastante indeseable, y que encima te descalifica sólo por no compartir un análisis para contigo, tampoco estaría por la labor de involucrarme en un, contiguo movimiento común.

Y me despido con un ruego. Por una parte, a mi grupo: dejemos de lado el folclore. Dejemos la teoría obsoleta. Salgamos a la calle, conozcamos a las masas. No las tratemos como ganado a las que hay que atraer al Partido. El objetivo no es aglutinar gente en una agrupación, el objetivo es concienciar. Que la gente se despierte. Dejemos también de tratar al resto de gente como dógmatas idealistas. Es contrarrevolucionario descalificar a la amiga, a la camarada, a tu compañera. A las anarquistas: sé que tenemos diferencias. Sé que, en los medios, en la base, nuestro mensaje a veces es complejo de unificar, de conciliar, o de compartir. Pero unámonos. La clase obrera combativa, tanto como la que tiene como objetivo arreglar lo más esencial e inmediato, como la que tiene por objetivo la emancipación obrera y la eliminación de las contradicciones de la sociedad opresiva en la que vivimos, debe estar unida. Siempre unida. Los dos grupos juntos, por una vez desde 1890, estoy seguro de que, tarde o temprano, podremos conseguir grandes cosas, dejar de, como dice mi compa Lus últimamente, ponernos palos en las ruedas.

Cito también a un amigo mío como despedida: Ya basta de hablar de lavanderías: hablemos del precio de las lavadoras.

Enrospv

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