Apuntes sobre El Capital IV: Transformación del dinero en capital

Circulación simple de las mercancías y circulación del dinero como capital

La forma inmediata de circulación de las mercancías es la transformación de la mercancía en dinero y nuevamente en mercancía: Vender para comprar. Esta es la circulación ordinaria de la mercancía para convertirse en objeto útil. Partiendo de las manos de quien no le da uso, la mercancía va a parar a manos de quien la va a utilizar. Para que esta persona pueda adquirir la mercancía, ha necesitado vender algo previamente, para disponer del dinero necesario para comprarla. Este proceso constituye un cambio de la forma mercancía-dinero-mercancía: Vender para comprar.

Podemos encontrar una forma de cambio totalmente distinta, la de dinero-mercancía-dinero, esto es: Comprar para vender. El objetivo de este movimiento es únicamente la producción de capital y solo existe como operación completa desde el punto de vista del capitalista.

Mientras que la circulación ordinaria de las mercancías empieza por la venta y termina por la compra, la circulación del dinero como capital empieza por la compra y termina por la venta.

La plusvalía y la fórmula general del capital

El cambio mercancía-dinero-mercancía se explica por las diferencias en el valor de uso (esto es, en la diversa utilidad) de las distintas mercancías. Si tengo dos pares de zapatos y necesito una silla, vendo uno de los pares de zapatos (del que puedo prescindir) y a continuación, con el dinero obtenido, compro la silla. El dinero solo media en la satisfacción de una necesidad.

¿Qué sentido tiene cambiar una cantidad de dinero por la misma cantidad de dinero, mediando la compra de una mercancía? O lo que es lo mismo ¿Qué sentido tiene la forma de cambio dinero-mercancía-dinero? En principio ningún sentido. puesto que del dinero solo es determinante el valor de cambio. ¿Y si la cantidad de dinero inicial y final varía? En ese caso esta transformación empieza a cobrar sentido. En definitiva, la circulación dinero-mercancía-dinero solo adquiere sentido si genera plusvalía (sobrevalor, aumento de valor). Por ejemplo: 100€ – varios kilos de manzanas – 150€. A este acrecentamiento del valor en 50€ lo llamamos plusvalía. Asímismo, al valor anticipado (los 100€ iniciales) lo llamamos capital.

Es importante notar que este movimiento, que tiende al aumento de valor, no tiene límites. El dinero resultante de este movimiento sirve para iniciar un nuevo movimiento del mismo tipo. El movimiento continuo de la ganancia tiene como único objetivo la ganancia misma, generar plusvalía sin preocuparse por el valor de uso de las mercancías que median en el proceso.

La fórmula general del capital, tal como se manifiesta en la circulación, es la siguiente: comprar para vender más caro.

Contradicciones de la fórmula general del capital

Vamos a analizar si la circulación de mercancías es lo que permite el aumento de los valores que entran en ella, esto es, la formación de plusvalía. En principio, el cambio de 500€ de trigo por 500€ de vino no representa aumento de la riqueza para ninguno de los implicados. Estos cambios de forma no implican cambio de la cantidad de valor, como tampoco lo hay en cambiar un billete de 100€ por cinco billetes de 20€. La formación de plusvalía no puede proceder de la circulación en sí.

¿Y si admitimos el cambio de valores desiguales? Supongamos que hay 500€ de trigo en poder de Ana y 200€ de vino en poder de Bernardo. Bernardo convence a Ana de que su vino vale tanto como el trigo (o bien que Ana considera que su trigo no vale más que el vino de Bernardo) por lo que intercambian sus productos. Ahora Bernardo tiene 500€ de trigo y Ana 200€ de vino. El resultado es equivalente a que Bernardo hubiese robado 300€ a Ana. A pesar de ello, lo esencial es que la cantidad de valor se mantiene constante, aunque se haya modificado su distribución. El valor de las mercancías no ha crecido.

En definitiva, podemos afirmar que la circulación o el cambio de mercancías no genera ningún sobrevalor y, por tanto, no es el origen de la plusvalía. Debe ocurrir algo fuera del cambio que haga posible la formación de plusvalía.

Por tanto, las condiciones del problema son estas: El capitalista debe comprar primero mercancías en su justo valor, venderlas después en lo que valen y, sin embargo, recoger de esta segunda venta un valor mayor que el anticipado inicialmente. Esta transformación del dinero en capital debe operarse en el campo de la circulación (pues en la transformación dinero-mercancía-dinero es donde se adquiere la plusvalía) pero, al mismo tiempo, no se ha de realizar en él (pues, como hemos demostrado, no puede ser la propia circulación la que genere este sobrevalor).

La fuerza de trabajo, origen de la plusvalía

Tras la última afirmación, no queda más que una suposición posible: El aumento de valor tiene lugar durante el uso o consumo de la mercancía. Tras su compra y antes de su venta, la mercancía debe alterar (al alza) su valor cambiable, de manera que el acto de usarla equivaliese a crear valor. La mercancía en cuestión se llama fuerza de trabajo y comprende al conjunto de facultades físicas e intelectuales que una persona debe poner en acción para producir cosas útiles.

Por otro lado, si ciertos cambistas carecen de medios de producción (materias primas, herramientas…) serán incapaces de producir las mercancías necesarias para obtener, mediante el cambio, aquellas que satisfagan sus necesidades. Como consecuencia, se verán obligados a vender su fuerza de trabajo, única mercancía de que disponen para transformar. La falta de medios de producción para todos asegura al capitalista la disposición de la mercancía fuerza de trabajo. Esta relación entre el poseedor de los medios de producción y el asalariado, que caracteriza a la época capitalista, no tiene un fundamento natural ni es común a todos los períodos de la historia.

Valor de la fuerza de trabajo

Como cualquier otra mercancía, la fuerza de trabajo tiene un valor determinado por el tiempo de trabajo necesario para su producción. Dicho valor viene determinado por el de los medios de subsistencia necesarios para el que la pone en acción (alimentos, vestido, vivienda…), por el de la educación que ha sido necesaria para modificar el nivel de habilidad y rapidez de este y, también, por todo lo necesario para asegurar su reproducción (las necesidades de los hijos de los asalariados).

Como apunte, el precio de la fuerza de trabajo llega a mínimo cuando se reduce al valor de los medios de subsistencia mínimos. Aquellos que no pueden reducirse sin exponer de manera inmediata la vida del trabajador. En ese caso, su precio es muy inferior a su valor.

Volviendo al valor de la fuerza de trabajo: Si este valor, que ha requerido el gasto de una cierta cantidad de trabajo social (para alimentar al asalariado, vestirlo, educarlo, etc.), estaba determinado antes de entrar en la circulación; su valor de uso, que consiste en su ejercicio, solo se manifiesta después.

El valor de uso entregado por el trabajador al comprador a cambio de dinero sólo se manifiesta en su empleo, es decir, en el consumo de la fuerza de trabajo vendida. Este consumo, que es a la vez producción de mercancías y de plusvalía, se efectúa fuera del mercado. No en el dominio de la circulación, sino en el campo de la producción.

El tornillo sin fin

Por Gaspar M. B.

El capitalismo es como es y uno no elige meterse o no en la lucha de clases, sólo el bando en el que se participa. Como dominados y explotadas el camino que nos lleve a darle la vuelta a la situación empieza por alimentar nuestra conciencia colectiva y comprender la situación en la que estamos. En concreto la de lo que de siempre se ha llamado la juventud trabajadora, aunque hoy sea más preciso llamarnos la juventud parcialmente trabajadora o la elástica mano de obra joven.

Esta juventud parcialmente trabajadora se compone de dos grandes grupos, aunque sus fronteras no estén completamente definidas. Uno de los grupos es el de la juventud parada y salvada de la exclusión social por su familia. Hablamos de jóvenes con distinto grado de formación que en la situación actual se encuentran en un paro de larga duración, haciendo alguna chapucilla o metiendo alguna hora en la ETT cuando llaman. En este contexto se gestó y se aprobó el apodado “contrato de aprendiz” el 18 de noviembre de 2012. En plena campaña electoral en la que ganará el PP nos encontramos con un Real Decreto por el que se regulan las prácticas no laborales en empresas[1]. Resumidamente: “Precariedad”. Menos resumidamente: Salario mínimo, sin paro, sin vacaciones, sin jornada máxima, sin indemnización, sin libertad sindical, sin festivos, sin permisos…pero cotizando. Es un contrato libre entre patrón y trabajador, que no debe acogerse a ningún tipo de convenio ni de legislación laboral por el requisito básico del contrato que es que no exista relación laboral entre las partes, pues se supone que con ese contrato vas con las manos en los bolsillos a aprender y con la misma te vuelves a casa de tus padres. La idea es extender las prácticas obligadas de la FP al resto de la población inactiva laboralmente. Podríamos pensar que esta idea es propia de la ingenuidad del liberal utópico que sigue pensando que la mano invisible regula las relaciones laborales y puede llevarlas a la perfección si se la deja actuar.

 

Hay un segundo grupo de la juventud parcialmente trabajadora que es la que se mantiene estudiando, prolongando mediante cursos, masters, grados y postgrados su salida del mundo académico. Para esta juventud aún vinculada a alguna institución educativa ha habido otra reforma materializada el 10 de diciembre de 2012, con el gobierno del PSOE ya saliente. El Real Decreto por el que se regulan las prácticas académicas externas de los estudiantes universitarios[2] viene a legalizar una situación que ya se daba en la alegalidad y que se puede resumir en “Becariedad”. Es la norma que regula que una persona matriculada en el nuevo, reluciente y liberal espacio europeo de educación superior se pase los meses en una empresa aprendiendo a obedecer. En este caso la remuneración no es obligatoria y en la elaboración del “libre” acuerdo la institución universitaria puede participar. Pero en este caso no hay cotización a la seguridad social.

En conjunto estas dos reformas presentan una situación de cuasi esclavitud para la juventud que se aglomera en grandes ciudades y a la precarización absoluta del resto de la clase trabajadora muy barata de sustituir después de las últimas reformas laborales. Así la socialdemocracia del PSOE abrió la puerta al mercado laboral que las patronales del reino quieren tener en su economía terciarizada dominada por el turismo. La tuerca que aprieta a la juventud trabajadora da vueltas y vueltas.

Merece la pena llamar la atención sobre una consecuencia fundamental que debe hacernos replantearnos nuestras formas de actuar y defendernos como clase. Con este tipo de reformas que legalizan unas relaciones laborales despóticas y que anulan toda posibilidad de intervención al sindicalismo de concertación y pacto social esta vía legalista de acción queda enterrada junto con otros derechos adquiridos tras las luchas de los 70. Es momento de experimentar con otras formas de enfrentar a una patronal descentralizada desde unos puestos de trabajo superdivididos física, categórica y funcionalmente. Nos queda todo por hacer.

Revista Exarchia #1 https://revistaexarchia.wordpress.com/2013/01/04/opinion-el-tornillo-sin-fin/

Apuntes sobre El capital I: La mercancía

Se entiende por mercancía la producción que está destinada al cambio o la venta y no a ser consumida directamente por el productor.

Valor de uso y valor de cambio

Por valor de uso entendemos la utilidad de una cosa, su capacidad para satisfacer una necesidad humana. Depende de las cualidades naturales y aparece en su uso o consumo.

La proporción variable en que las mercancías de especie diferente se cambian entre sí, constituye su valor de cambio.

Como valores de uso, las mercancías son de cualidad distinta pero como valores de cambio solo pueden ser diferentes en cantidad. Efectivamente, Las necesidades que satisface una mesa son de cualidad muy distinta a las que satisfacen un par de zapatos. Sin embargo, al cambio, podemos por ejemplo decir que una mesa vale tanto como tres pares de zapatos.

Si se prescinde de las propiedades naturales (del valor de uso de las mercancías) solo les queda una cualidad: la de ser productos del trabajo. Las mercancías revelan solamente que en su producción se ha gastado una fuerza de trabajo, es decir, que en ellas se ha acumulado trabajo.

Las mercancías son valores en tanto que son materialización de ese trabajo.

Magnitud del valor

La sustancia del valor es el trabajo. La medida de la cantidad de valor es la cantidad de trabajo.

El trabajo a su vez se mide por la duración, o sea, por el tiempo de trabajo. El tiempo de trabajo no considerándolo en un caso particular sino como término medio en unas condiciones sociales dadas. En definitiva, el valor viene determinado por el tiempo que exige un trabajo ejecutado conforme al grado medio de habilidad y de intensidad en las condiciones del medio social.

Esto supone que la magnitud del valor varía cada vez que se modifica la productividad del trabajo.

La productividad del trabajo depende, entre otras cosas, de la habilidad media de los trabajadores, de la amplitud y eficacia de los medios de producción y de circunstancias exclusivamente naturales. Si la productividad aumenta disminuyendo el tiempo necesario para la producción de una mercancía, el valor de esta disminuye. Recíprocamente, si la productividad disminuye, el valor aumenta. Ahora bien, independientemente de las variaciones de la producción, el mismo trabajo genera siempre el mismo valor. Esto puede parecer contradictorio, pero no lo es. Intentaré explicarlo:

Digamos que con X trabajo producíamos Y mercancías. El valor de esas mercancías, que venía dado por el trabajo, era igualmente X, ya que la cantidad de trabajo es la magnitud del valor. Bien, ahora una mejora en los medios de producción supone que se pueda producir el doble con el mismo trabajo. En ese caso, con un trabajo de X obtendríamos 2Y mercancías (o lo que es lo mismo, con la mitad de trabajo seguiríamos obteniendo Y mercancías). El valor de esas Y mercancías se ha dividido entre 2, pasando a valer X/2. En cualquier caso, permanece siempre constante el hecho de que un trabajo de X genera un valor de X o, en este caso, un trabajo de X/2 genera un valor de X/2. Aunque los variaciones en la producción permitan que se produzca el doble, el valor de las mercancías se ve reducido a la mitad, lo que permite mantener constante la igualdad valor-trabajo.

Gracias a un aumento de productividad, hay aumento de riqueza material. Sin embargo, el valor del conjunto de objetos útiles sigue siendo el mismo, porque aunque el número de objetos varíe, su valor se modifica para cumplir con la igualdad valor-trabajo.

A continuación matizaremos algunas cuestiones que han quedado en el aire:

Primero, es importante tener en cuenta que una cosa puede tener valor de uso sin ser un valor, es decir, sin ser una mercancía que acumula trabajo humano. Cualquier cosa que sea útil a las personas, pero que no provenga del trabajo de estas, entra en esta categoría. Como ejemplos podríamos nombrar el aire, la tierra o los prados. En definitiva, un valor de uso solo puede tener valor cuando se le acumula cierta cantidad de trabajo humano.

También una cosa puede ser útil y producto del trabajo sin llegar a ser mercancía. Cuando el productor se limita a satisfacer sus propias necesidades, solo crea un valor de uso por cuenta propia. Para producir mercancía hay que producir valores de cambio, es decir, útiles con el objetivo de entregarlos al consumo general mediante el cambio. En consecuencia, el valor de cambio solo se expresa en la relación social del cambio.

Finalmente, un objeto inútil no genera valor de ningún tipo.

Doble aspecto del trabajo

Toda clase de trabajo implica un gasto físico de fuerza humana, siendo en este sentido cada trabajo de igual naturaleza. Por otra parte, dicho trabajo se acumula en cada caso en una forma productiva determinada (una mesa, unos zapatos, una caseta…). En este concepto de trabajo útil diferente, produce valores de uso o cosas útiles.

Este doble aspecto del trabajo es de alguna forma análogo al doble aspecto del valor. Por un lado el trabajo útil diferente, el del carpintero, el informático, el abogado o el médico, que remite en cierto modo al valor de uso, pues satisface necesidades humanas bien distintas. De otra parte, el trabajo como valor de cambio, que solo es diferente de otros trabajos en su magnitud.

Doble carácter social del trabajo privado

El trabajo privado también tiene un doble carácter social.

Por un lado, aunque ejecutadas independientemente, las diversas especialidades de trabajos útiles se manifiestan como partes (complementarias) del trabajo general destinado a satisfacer la suma de necesidades sociales. El resultado de esto es que, trabajando unas personas para otras, las obras privadas revisten un carácter social, ya que permiten satifacer las necesidades de todos.

Por otro lado, cada trabajo particular también tiene un segundo carácter social por su semejanza en tanto que trabajo. Dicha semejanza aparece en el cambio, esto es, en la relación social que coloca los distintos tipos de trabajo frente a frente y permite compararlos según una base de equivalencia.

Reduciendo toda clase de trabajo a cierta cantidad de trabajo simple

Trabajo simple sería el gasto de fuerza del organismo de una persona sin educación ni habilidades especiales. El término medio de trabajo simple puede variar según épocas o territorios, pero siempre puede determinarse en una sociedad dada.

Podemos así tomar este trabajo simple como base de equivalencia. De ese modo, el trabajo especializado o complejo no sería más que cierta cantidad de trabajo simple. Esta reducción se hace todos los días en todas partes, con el establecimiento de salarios mayores o menores en función del tipo de trabajo a desarrollar.

Forma de valor

En concepto de valores, todas las mercancías se expresan en la misma unidad (trabajo humano) y pueden reemplazarse mutuamente. Por consiguiente, una mercancía puede cambiarse por otra.

Pero en realidad, hay dificultades para el cambio inmediato entre mercancías. En consecuencia, una sola de ellas pasa a revestir la forma apta del cambio inmediato con todas las demás, estableciendo una forma especial de valor: la forma moneda, que simplifica la relación de cambio estableciendo una forma de valor común, una base de equivalencia.

En principio, este objeto único, forma oficial de los valores, podía ser una mercancía cualquiera. La especial, con cuya forma se ha confundido paulatinamente el valor, es el oro. De tal modo que, finalmente, todas las mercancías se reducen a cierta cantidad de oro. El uso de moneda en la relación de cambio parece hoy algo natural. Al expresar el valor de una mercancía en, por ejemplo, cantidad de tela, salta a la vista lo extraño de la afirmación. Pero cuando referimos la misma cantidad en oro o plata, euros o dólares, la proposición deja de sorprendernos. El resultado de esto es que no parece que una mercancía se haya convertido en moneda porque las demás expresen en ella su valor. Al contrario, parece que el resto de mercancías expresan su valor en esas mercancías determinadas (el dólar, el euro, el oro) solo porque es moneda.

Apariencia material del carácter social del trabajo

En definitiva, esta forma moneda o dinero contribuye a sugerir una idea falsa de las relaciones de los productores. Los productos del trabajo, que en sí mismos son cosas sencillas y fáciles de comprender, se tornan complicados, llenas de sutilezas y enigmáticos en cuanto se les considera como objetos de valor prescindiendo de su naturaleza física; en una palabra, desde que se convierten en mercancías.

El valor de cambio, que no es otra cosa que la manera social de contar el trabajo invertido en la fabricación de un objeto (por lo tanto, sólo es una realidad social) ha llegado a ser tan familiar para todos, que parece ser una propiedad intrínseca de los objetos, como la forma moneda para el oro (otra relación social que se ha naturalizado). Sin embargo, existen sistemas de producción en que la forma social de los productos del trabajo se confunden con su forma natural y en que los productos se presentan como objetos de utilidad bajo diversos conceptos, no como mercancías que se cambian recíprocamente.

Esa apariencia material que se da a un fenómeno puramente social convierte a los ojos de los productores su propio movimiento social, sus relaciones personales para el cambio de sus productos, en movimientos de las cosas mismas que los arrastra, sin que puedan dirigirlos. La producción y sus relaciones, creación humana, dominan al hombre en lugar de estarle subordinadas.

Amancio Ortega, de explotador a filántropo en cómodos pasos

La lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando.
Warren Buffet
, multimillonario y ‘filántropo’.

Sorprendido por la repentina adulación y elevación de la figura del multimillonario español Amancio Ortega a cotas estratosféricas, he decidido mostrar, aunque sea con frugalidad, un poco de la miseria que este ‘filántropo’ ha ido cosechando a lo largo y ancho del planeta durante su gestión del gigante textil, así como en la actualidad, ya que aún es el mayor accionista de la multinacional Inditex con un 59,294% de las acciones.

En primer lugar, Inditex ha sido partícipe de la todoconocida deslocalización global, es decir, ha trasladado las pequeñas empresas de confección de ropa y otros adminículos textiles del Estado español a otros países con, usando la jerga capitalista, mayor competitividad, esto es, con menores derechos laborales, humanos, o simplemente lugares donde su ausencia es clara. Un ejemplo cercano en el tiempo  de ello es el cierre de Confecciones Corrochano de Talavera de las Reina para trasladar la producción a Marruecos, con la consiguiente pérdida de 50 empleos directos. Por no hablar ya de la gran deslocalización acaecida en Galicia hace unos años durante la expansión supranacional de la aclamada firma española. Las consecuencias de la deslocalización son claras y, además, bastante aceleradas: pérdida masiva de empleo en zonas determinadas -con todo lo que ello conlleva- y un ‘efecto rebote’ en otras empresas análogas (véase Cortefiel, que realizó un ajuste en la plantilla que acabó con el puesto de más de 1500 personas para poder competir en el mercado’). Si el efecto ya es devastador en la zona de origen, ni que decir tiene que es mucho peor en la zona de destino de la producción, las llamadas zonas receptoras, puesto que, como ya se ha dicho, el obrere está parcial o totalmente desprotegido por el Estado en favor de los caníbales capitalistas. Y no pensemos que Inditex es especial, no, ésta se mueve por los mismos avatares esclavistas que el resto de multinacionales y cúpulas del capital mundial: búsqueda de países con mayor jornada laboral, sin seguros de ningún tipo, sin sindicatos que pueden defender a los trabajadores, sin que haya límite de edad para trabajar, etcétera. Sin rebuscar mucho por internet podemos encontrar numerosos casos de explotación y esclavismo por parte del grupo de Amancio Ortega; a continuación desmembraré alguno de ellos:

– Explotación salarial en, qué casualidad, Marruecos, concretamente en Tánger. La investigación, llevada a cabo por ‘Campaña Ropa Limpia’ de las ONG españolas Setem y gallega Amarante Setem, muestra las ominosas condiciones a las que se veían sometides les trabajadores de confección de ropa de la ciudad: la jornada habitual del 68% es de entre 45 y 54 horas, y la del 30% supera las 55 horas semanales de forma habitual. Además, el 62% de las obreras aseguran que “las puntas de trabajo con más carga laboral de lo habitual se repiten con mucha frecuencia”, según se recoge en el diario El Mundo. [1] Además, el estudio dice que: “el 40% afirma que no puede cubrir sus necesidades ni las de sus familias o que lo hacen con muchas dificultades”. Pero no sólo eso: «se les hace trabajar sin contrato las mismas horas que el resto, perocobrando 0,36 la hora, tres veces menos que sus compañeras», en relación a jóvenes que a menudo no llegan a los 16 años. También afirma una de las trabajadoras que: «cuando aparecen auditores por sorpresa, los supervisores esconden a las trabajadoras menores en la azotea o en cajas de ropa vacías». Como veis la situación era, desconozco si seguirá así, repugnante.

– Esclavitud y explotación infantil en India. Esta vez es el Centre for Research on Multinational Corporations [2] el que destapa las miserables condiciones a las que se veían abocadas jóvenes indias de no más de 20 años por parte, no ya de Inditex, que también, sino de la mayoría de factorías textiles del mundo. Miles de niñas y adolescentes trabajando más de 72 horas semanales, sin libertad para moverse, sin contrato, sin seguros, en condiciones paupérrimas, por un salario que no sobrepasaba los 0,88 euros por hora. El informe, titulado ‘Captured by Cotton’ (Atrapadas bajo ell Algodón), y publicado en el 2011,  se basa en los propios relatos de las trabajadoras, las cuales aseguraban que estas prácticas esclavistas eran muy habituales. [3]

Otros lugares donde las condiciones de trabajo impuestas por la multinacional española han sido totalmente abominables son Brasil (donde acabó pagando la insignificante suma de 1,5 millones por irregularidades), China o, incluso, España, donde los sindicatos y les trabajadores se han quejado en numerosas ocasiones de que Zara incumple sistemáticamente el convenio de trabajo.

Los acólitos de Amancio y sus conquistas ‘nacionales’ en favor de ‘La Marca España’ en el mundo afirmarán, no obstante, que las condiciones las incumplían las subcontratas. Una vez hecha tal afirmación, me pregunto: ¿Entonces para qué querían -y quieren- irse con tanto ahínco del Estado Español a justamente aquellos lugares en los que no están protegidos los derechos de les trabajadores? Que cada uno juzque convenientemente.

En segundo lugar, y ésta es una de las prácticas favoritas de los tiburones financieros, Inditex en general, y Amancio Ortega en particular, evaden impuestos en paraísos fiscales (sicavs) como Holanda, los cuales son legales. Y aunque esto sea legal, no cabe duda de que repercute de forma sumamente negativa en la sociedad española, pues evita pagar unas cuotas de impuestos fiscales que per se ya son un importante incentivo para mantener las distintas funciones públicas. Se sabe que Inditex cuenta con seis filiales fiscales que le ayudan a solventar de forma sustantiva el pago de impuestos en el Estado Español. Por supuesto, los ingresos que generaría el pago de impuestos son mucho mayores a los 20 millones de euros donados por la Fundación Amancio Ortega a Cáritas.

Si algo he aprendido de este gran hombre, este filántropo, este egregio bucanero de los mares del capitalismo, es que hace falta muy poco para que la gente olvide de dónde vienen en último término las grandes fortunas; el robo, la siembra de miseria, la explotación, la esclavitud, son términos que no nos interesan, es en verdad la caridad, por ridícula que sea y que por otra parte proviene también de ahí, la que servirá para juzgar a los buenos y para a descartar a los malos con acierto. Vanagloriémonos, pues, ya que contamos con Amancio Ortega, el caritativo filántropo que nos salvará de nuestra inoperancia.

[1] Fuente: El Mundo

[2] He aquí el informe completo en inglés.

[3] Modificación: se añade un vídeo que contiene una investigación de CASH INVESTIGATION en el que se muestran tales prácticas en India, además corroborado con un informe interno del propio inditex. No tiene desperdicio para los incrédulos.

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