Cumbre del G-7 en Biarritz: Crónica de un esperpento anunciado.

Cuando identificamos que el sistema capitalista en el que se nos obliga a malvivir es el causante de nuestras miserias, desgracias y violencias que sufrimos; la resistencia se vuelve una válvula de escape natural y necesaria para mantener mínimamente la cordura. Las clases dominantes conocen los cauces que tomarán estas resistencias, tanto en lo individual como en lo colectivo, y por eso mismo, espolear nuestra creatividad y ampliar nuestro imaginario de lucha se torna en una táctica fundamental. La lucha no debe convertirse en un objetivo en sí misma, es una herramienta en movimiento, una experiencia compartida; y genera unos códigos que se escriben improvisada y organizadamente al mismo tiempo.

El Grupo de los Siete, es decir, los dirigentes de los siete países más poderosos del mundo, y responsables de nuestras miserias humanas, tienen a bien reunirse anualmente para hacer alarde mediático de su dominación, representar una función simbólica de quien de sabe dominante sin ninguna clase de máscaras. Y sin embargo, cada vez que este tipo de cumbres internacionales se desarrollan, y desde finales de los años 90, un movimiento social conocido como antiglobalización prepara acciones para visibilizar las resistencias políticas en estos países; en la ciudad elegida como sede para albergar su reunión, en el corazón de la bestia.

Si bien hace dos años la movilización internacional contra la cumbre del G-20 en la ciudad alemana de Hamburgo retomaba el impulso activista de hace dos décadas contra estas cumbres con desgraciadas consecuencias represivas; la reunión planificada del G-7 a finales de agosto en la ciudad francesa de Biarritz trataba mantener este mismo pulso contra las clases dominantes, y auguraba acciones de lucha destacadas en el contexto de un año político marcado por la irrupción del movimiento de los Chalecos Amarillos en Francia. Aproximadamente durante un año se han estado organizando las movilizaciones de estos días pasados en Biarritz, con una fuerte coordinación desde los territorios de Euskal Herria tanto en la parte española como francesa.

Desde una semana antes la frontera francesa estaba tomada por los militares y la policía, todas las carreteras y caminos en los Pirineos que llevaban hacia la ciudad de Biarritz y alrededores los custodiaba una ocupación militar inusual en la región. El despliegue militar a ambos lados de la frontera de Euskal Herria provocó que muchos compañeros y compañeras activistas del Estado español encontraran problemas para cruzar dicha frontera con exhaustivos controles. El miércoles 21 de agosto la gendarmería arrestó a cinco activistas anticapitalistas que estaban preparando una acción contra un hotel requisado por los militares bajo la cumbre del G-7. Otro hecho relacionado con la represión previa a la cumbre fue la expulsión de un activista y periodista alemán del territorio francés; arrestado en un control de carretera en el departamento de Côte-d’Or en Borgoña, Franco Condado.

El viernes 23 de agosto, la policía francesa entró violentamente en el campamento de la contracumbre en la localidad de Urruña. Lanzaron numerosas pelotas de goma y gases lacrimógenos, cargaron contra los manifestantes provocando heridos y realizaron 17 detenciones. Todo ello en una operación relámpago para responder a las acciones de los activistas anticapitalistas que lograron cortar la autovía A-63 a la altura de dicho municipio, entre Hendaia y Sant Jean de Luz. El Tribunal de Baiona dispuso de módulos especialmente habilitados en la cárcel de la localidad para las detenciones en el contexto de la contracumbre, por lo que ya se esperaban numerosas detenciones y violencia policial vinculadas a las manifestaciones sociales anticapitalistas.

El ministro francés de Interior, Christophe Castaner, anunció que movilizarían unos 13 mil policías y gendarmes, apoyados por fuerzas militares francesas, para vigilar por tierra, mar y aire la cumbre del G-7. Gran parte de este operativo estaría coordinado con la Guardia Civil española, la Ertzaintza vasca, y la polizei alemana, con marcados tintes propagandísticos debido a la coordinación europea entre fuerzas represivas. El sábado 24 de agosto los dirigentes de estos países se citaron, por lo tanto, en un auténtico búnker custodiado por miles de fuerzas represoras. Calles cortadas a cal y canto para la representación del show de estos dirigentes y sus correspondientes séquitos. Mientras tanto, la mañana se iniciaba con una manifestación que congregó a unas 15 mil personas y que tenía lugar entre Hendaia y el municipio de Irun, convocada mayoritariamente por organizaciones activistas de Euskal Herria. En esta marcha se manifestó el rechazo a las cumbres como el G-7 que secuestran una ciudad completa para escenificar su dominación sobre el mundo. Además, algunas cuestiones como el cambio climático y los ecocidios como el del Amazonas, o las muertes continuadas de migrantes en el mar Mediterráneo, fueron algunas acusaciones directas a la criminalidad del sistema capitalista. La nutrida marcha transcurrió sin agresiones ni altercados policiales, bastante distinto a cómo sucedieron los acontecimientos esa misma tarde.

La tarde del sábado estuvo marcada también por el cierre total de la ciudad de Baiona, a menos de 10km de Biarritz. Las fuerzas represivas encerraron a los activistas antiglobalización en esta ciudad francesa, y a primera hora de la tarde realizaron registros e incautación de materiales de seguridad (cascos o máscaras contra el gas) a un grupo de numerosos periodistas que cubrían el desarrollo de la contracumbre. Miles de manifestantes comenzaron a reunirse en la Plaza de Paul Vert, y se inició una marcha espontánea por las calles de Baiona para protestar contra la cumbre del G-7. Debido a que esta manifestación no estaba permitida y desafiaba a las autoridades francesas, la policía acabó frenando la marcha que intentaba llegar a un centro comercial a las afueras de la ciudad. La marcha de activistas completamente autónoma, y organizada por grupos coordinados anticapitalistas tanto de Euskal Herria como del Estado francés, con una fuerte presencia de Chalecos Amarillos, fue atacada finalmente por la policía.

Las fuerzas represivas francesas debieron moverse con mayor agilidad que la marcha espontánea, utilizaron pelotas de goma, gases lacrimógenos e incluso tanquetas de agua para reprimir a los activistas. La marcha regresó al centro de la ciudad de Baiona, donde hubo nuevos enfrentamientos con la policía desplazada a la localidad ya con el objetivo de reprimir duramente a los activistas. Las furgonetas policiales protegidas de rejas metálicas fueron utilizadas como muros para bloquear los puentes que atraviesan los ríos Errobi y Aturri, y que separan la ciudad en la Petit Baiona y la Grand Baiona; esta última más próxima a la ciudad de Biarritz. En las inmediaciones de estos puentes, la policía agredió con gases lacrimógenos que se les devolvía por parte de los manifestantes. Al final de la jornada el balance fue de 68 activistas detenidos por la policía francesa según la Prefectura (similar a Delegación del Gobierno) de la región de los Pirineos Atlánticos.

El mismo día se conmemoraba el 75º aniversario de la entrada en París de las tropas aliadas frente a los nazis, y más concretamente La Nueve, la compañía de antifascistas españoles de la División Acorazada del general Leclerc, logrando liberar el ayuntamiento parisino y deteniendo al comandante de los nazis en la capital francesa. Una paradoja más de los escenarios políticos planteados cuando se realiza una lectura entre el pasado y el presente; una inevitable comparación entre momentos históricos, que desde las memorias populares comparten desgraciadamente más similitudes de las que desearíamos. Y, sin duda alguna, nos invita a continuar escribiendo y autogestionando nuestra propia historia para arrebatársela al relato oficial.

El domingo por la mañana hubo varias acciones, ya fuesen organizadas o espontáneas, como por ejemplo una marcha de dos centenares de activistas por las calles de Hendaia que exigían la libertad de las personas detenidas en el día anterior. En un centro comercial de la localidad de Bidarte los Chalecos Amarillos habían convocado a una acción, sin embargo, un dispositivo desmesurado de policía francesa rodeó a los 80 activistas que se concentraron, y fueron retenidos junto a numerosos periodistas, que denunciaron la vulneración del derecho a informar. Al mismo tiempo, en la ciudad de Baiona, tuvo lugar la llamada ‘Marcha de los Retratos’, donde organizaciones anticapitalistas se manifestaron sujetando centenares de retratos del Presidente francés, Emmanuele Macron, que han sido robados durante estos meses de distintos ayuntamientos franceses. La tarde del domingo tuvo acciones dispersas menos reseñables; el saldo total de detenciones en el fin de semana fue de 85 activistas arrestados.

El fin de semana al sur del Estado francés se ha sucedido como un gran esperpento, séquitos nacionales secuestrando la cotidianeidad de toda una región bajo el único pretexto de reunirse para continuar decidiendo políticas comunes de hipocresía y miserias. La militarización más absoluta de una ciudad, la suspensión de garantías mínimas y derechos; así como la represión de activistas y periodistas. Esta contracumbre ha sido notablemente más discreta que la de hace un par de años en Hamburgo contra el G-20. Continuamos debatiéndonos entre la imprescindible respuesta a estas provocaciones de la clase dominante global con diversidad de estrategias, objetivos y tácticas; y también la imprescindible lectura de estas cumbres dentro de un terreno de juego fijado por esa misma clase dominante que nos lleva a disputar una partida no elegida por nosotros y nosotras mismas en la más absoluta desigualdad de condiciones.

Mientras personajes como Angela Merkel, Emmanuel Macron, o Donald Trump (entre los que son más reconocidos internacionalmente) tomaban parte de fastuosas celebraciones y paseos en una escapada estival; las acciones de los movimientos anticapitalistas se centraban en dispersas respuestas donde la represión policial atacaba fuertemente. La práctica de la lucha de clases sabemos que es la dialéctica de esa confrontación, y sin embargo se hace imprescindible llevar la confrontación a nuestro terreno de juego, con nuestras reglas y en la medida que seamos quienes actuemos, y no bajo una tendencia de reacción. En la vieja Europa tenemos colectivos sociales, libertarios o autónomos fuertes, pero nos falta saber coordinarnos como movimiento. Una vez que el tornado de esta provocación de los más poderosos ha pasado, nos corresponde continuar trabajando para construir ese movimiento desde lo local.

Historia de Lavapiés. El latido de Madrid que resiste a lo largo del tiempo.

Lavapiés ha sido durante toda la historia de la ciudad de Madrid un barrio maldito socialmente. Siempre ha estado arrastrando de manera peyorativa la denominación de arrabal, barriada o barrio bajo. Condenado continuamente a ser un espacio social y político que se integra en la periferia del centro, en los márgenes del corazón de la bestia. En la actualidad pertenece al barrio de Embajadores administrativamente, y este a su vez al Distrito Centro de la capital madrileña. Un recorrido por la historia de Lavapiés nos ayuda a reconstruir una narración de las costumbres populares, la cotidianidad de las vidas comunitarias y las resistencias frente al estigma y otras opresiones.

La historia de un barrio como Lavapiés se rescata desde lo popular, vinculado desde su origen a la narración oral, a los sainetes, cuplés y leyendas, a las tradiciones atesoradas por generaciones a lo largo de un hilo temporal común. Esto es así porque la historia oficial, la única que se recoge, se estudia y se difunde, está escrita desde la mirada de las clases dominantes a lo largo de distintas épocas históricas. Este relato histórico no pone su foco (o si lo hace es desde la perspectiva de quien domina, y no en los códigos del pueblo) en espacios invisibilizados como un barrio de personas humildes. La historia crítica y social no es menos científica que el supuesto relato único académico, sencillamente se reescribe, se expresa y se autogestiona su valiosísima información desde otras miradas y códigos.

El topónimo de Lavapiés es completamente incierto, existen varias teorías ligadas por una parte a leyendas y por otra a razones topográficas evidentes. En este sentido, se argumenta que el nombre del barrio procedería de una fuente que habría antiguamente en la plaza, lo cual es bastante plausible, ya que todas las plazoletas del Madrid antiguo contaban con fuentes para suministrar agua a la población a través de los aguadores; y también para lavar las ropas. Sin embargo, esto no sería más que una aproximación parcial al origen del nombre; igualmente vinculado a una leyenda que asegura que la judería de Madrid habría estado situada en este lugar. Algunos estudios han querido avalar que la sinagoga judía se encontraba en el espacio que actualmente ocupa la iglesia de San Lorenzo y un antiguo cementerio judío en la calle del Salitre, sin embargo, ni documentos escritos ni excavaciones arqueológicas han podido demostrar este hecho. No obstante, de esta creencia popular sobre el pasado del barrio se asentaría la leyenda de que al abandonar cualquier cristiano la judería para regresar a zona cristiana en el interior de la muralla, debería lavarse los pies como gesto piadoso tras haber pisado un barrio ‘impuro’.

La explicación topográfica es la menos romántica, y también la que parece más lógica históricamente, pues este barrio de Madrid se encuentra completamente cuesta abajo hacia la zona de la glorieta de Embajadores, que antiguamente marcaba el límite de la ciudad al sur. Sí se ha encontrado, sin embargo, documentación acerca de los riachuelos que discurrían por las calles de esta zona fundamentalmente cuando llovía y que inundaba las estrechas callejuelas hasta desembocar en un arroyo que bajaba la calle Miguel Servet. Debido a la gran pendiente que existía, y sabiendo que la toponimia antiguamente se fijaba por cuestiones meramente cotidianas, no parece descabellado pensar que el origen del nombre se debe a una alusión a que las correntías de agua cuando llovía mojaban, es decir, lavaban los pies de quien se atreviera a pasear por sus calles.

Una vez aclarado (o quizá no tanto) el origen del nombre de Lavapiés, debemos buscar el origen poblacional del barrio. Esta cuestión también es bien complicada, porque como bien advertí anteriormente, los documentos oficiales tan solo mencionan en sus crónicas a Lavapiés relacionado con actividades de interés para las clases dominantes en cada época. Las primeras menciones del barrio en los archivos del Ayuntamiento de Madrid remiten al origen comercial de un asentamiento extramuros de la muralla a finales del siglo XV y vinculado con el camino real de Toledo y el camino de la Ermita de Nuestra Señora de Atocha. También se menciona la existencia de un primigenio matadero en lo que actualmente es la zona de El Rastro, donde se aprovechaba el gran desnivel de las calles hacia el río Manzanares para evacuar los rastros de sangre de los animales sacrificados. Anteriormente a estas cuestiones, y previa a la configuración de este barrio como arrabal con entidad propia, es más que probable que al encontrarse la antigua ciudad de Madrid rodeada por campos de labranza; esta zona comenzara siendo ocupada por apeaderos para herramientas relacionadas con las labores del campo. Tampoco es descartable el surgimiento de pequeñas chozas campesinas que alojasen a familias humildes llegadas como migrantes de otras regiones rurales para iniciar vida en una ciudad nueva; al fin y al cabo ha sido históricamente la manera en que han surgido las periferias de la periferia.

El cambio del siglo XVI al XVII conllevó una serie de transformaciones urbanísticas en Madrid, la antigua muralla cristiana se amplia para acoger a los arrabales que habían surgido. El fervor católico en estos tiempos de guerras religiosas internacionales dará nombre a algunas calles del barrio como calle de Ave María, calle de la Fe, o calle del Amor de Dios. Mientras tanto, otras calles continúan mencionándose extraoficialmente por hechos tan ociosos como, por ejemplo, la calle del Tribulete, cuya nomenclatura procede de un antiguo juego medieval que llamaba a la concurrencia de la gente del barrio en esa calle. Además, el establecimiento de la capitalidad de la monarquía hispana y su corte de manera permanente en Madrid comienza a construir un relato de opresiones y resistencias cotidianas que se expresan en el desarrollo concreto de sus barrios y la cultura de su población que sufre bien de cerca la presencia de facto y simbólica del poder imperial.

Las humildes viviendas unifamiliares con pequeños huertos particulares o compartidos dan paso a un tipo de edificación en altura y comunitaria especialmente típica en la villa de Madrid durante los siguientes siglos: las corralas. Casas corredor de varias plantas con armazón de madera y cuyos balcones dan a un patio interior, donde los vecinos y vecinas realizaban una gran actividad, e incluso celebraban festividades representando obras teatrales de comedia popular. A lo largo del siglo XVIII, algunos dramaturgos como Ramón de la Cruz, o cronistas como Mesonero Romanos recogieron a través de diferentes formatos desde sainetes o coplas hasta ensayos la tipología del barrio de Lavapiés. Será durante este tiempo cuando se construye la cultura castiza madrileña, siendo el barrio de Lavapiés uno de sus iconos; una cultura popular mezcla de la emigración propia del barrio con numerosos andaluces, castellanos o valencianos que dan como resultado un arquetipo social original y especialísimo llamado manolos y manolas, y también los majos y las majas. La posterior romantización de esta curiosa tipología popular caracterizada por una población llena de viveza, astucia, y picaresca fue reformulada en el ya mencionado casticismo madrileño. Cultura autogestionada inicialmente por el propio pueblo, y posteriormente enajenada por la nueva clase burguesa incipiente, que buscaba diferenciarse de la vieja aristocracia a la que se parecía cada vez más.

A comienzos del siglo XIX comienzan a instalarse en la zona sur del barrio de Lavapiés fábricas, edificios industriales y barriadas obreras que alojaban a esa nueva mano de obra fabril. Surgen así en este barrio la Real Fábrica de Coches, la Fábrica de Cerveza de Lavapiés o la Real Fábrica de Tabacos, actualmente el edificio autogestionado de la Tabacalera. Al mismo tiempo comienzan a surgir las incipientes asociaciones de lucha obrera en las mencionadas barriadas, con especial atención a las trabajadoras de la fábrica de tabacos como pioneras en una lucha de clase social y de género. También, y ligado al mismo proceso donde se planificaba este nuevo urbanismo burgués, surgían teatros y salas de variedades en torno a la calle Magdalena, al norte del barrio de Lavapiés.

Durante la Guerra Civil española en el siglo XX, el edificio religioso de las Escuelas Pías de San Fernando fue saqueado tras descubrirse por milicianos cenetistas que se había convertido en un polvorín de La Falange española; quedó en estado completo de ruina hasta hace pocos años que fue rehabilitado. Tras la contienda, el régimen franquista mantuvo en el absoluto abandono y olvido este barrio madrileño, convirtiéndose en un distrito chabolista en altura. Tanto fue así que, incluso una fuente con emblemas republicanos en la antigua plaza de Cabestreros, no sería ni siquiera derribada por el Franquismo.

Más tarde, se convirtió en centro de operaciones de mafias turcas que vendían droga en los años ochenta, y sacados de allí por el alcalde Tierno Galván para trasladarles convenientemente a barrios obreros periféricos como Vallekas, Carabanchel o San Blas. El progresivo abandono de los inmuebles y la proliferación de casas abandonadas hizo que en los años noventa se instalase en el barrio un tejido social okupa y libertario. En el inicio del siglo XXI es el barrio con mayor cantidad de asociaciones y movimiento vecinal de Madrid, también es un espacio de memoria y reconocimiento a los nadies que el capitalismo se lleva por delante. Una pequeña plazotela recuerda al preso ya fallecido Xosé Tarrío junto a la calle del Calvario; también una placa en la calle del Oso recuerda a Mame Mbaye, mantero muerto de un infarto por el racismo institucional mientras le perseguía la policía municipal.

Este tejido está siendo atacado actualmente por la gentrificación capitalista; un modelo que pretende convertir el barrio en un centro comercial y de consumo al aire libre, con pisos turísticos que expulsan a vecinos de toda la vida de sus casas como en el conflicto de la calle Argumosa; y también un concepto elitista y postmoderno que redefine el arte popular. Estas estrategias se traducen en un nuevo golpe a un barrio nacido para resistir en el corazón de la capital, y que necesita de una lucha en los códigos que podemos crear y comprender las clases populares. Son tiempos de reconocernos comúnmente, de mirarnos en el espejo de la memoria, y que nos devuelva el mismo reflejo que el de nuestro compañero o compañera con quien coincidimos cada día en el barrio.

Los Ascaso, una familia campesina comprometida con el anarcosindicalismo

A lo largo de los tiempos han sido millones de personas anónimas quienes han construido silenciosamente la historia; a veces tenemos la fortuna de habernos encontrado la mención en el relato histórico de algunos de estos hombres y mujeres gracias al esfuerzo por rescatar las memorias colectivas. Las biografías personales componen un todo más grande, nos ayudan a tirar del hilo rojo con el que se teje la historia de los pueblos, de sus maneras de sobrevivir, relacionarse, organizarse y resistir en la lucha contra el autoritarismo. En este caso el personaje es colectivo, se trata de la familia Ascaso, aunque destacando la figura de Francisco, militante destacado del anarcosindicalismo español, que integró junto a Buenaventura Durruti y Juan García Oliver el grupo de acción conocido como ‘Los Solidarios’.

Francisco Ascaso nació en 1901 en Almudévar, un pequeño pueblo aragonés de la provincia de Huesca, en el seno de una familia campesina, igualmente naturales de la misma comarca histórica, conocida como la Hoya de Huesca. Fueron un total de diez hermanos, pero tan solo sobrevivieron cuatro; entre los cuales Domingo y Alejandro, también estuvieron comprometidos con las ideas anarcosindicalistas, al igual que su primo Joaquín Ascaso, Presidente del Consejo Regional de Defensa de Aragón entre 1936-1937. Este también participó de un grupo armado conocido como ‘Los Indomables’, contemporáneo a ‘Los Solidarios’ que integró su primo Francisco. En mayo de 1936 había sido nombrado representante del sindicato de Construcción de CNT en Zaragoza, durante la guerra, y tras haber sido hecho preso por cuadros políticos marxistas, huye a Francia por Andorra, y más tarde se estableció en Venezuela junto a otros exiliados anarcosindicalistas. No tanta suerte tuvieron la madre de Francisco, su hermana María, y su compañero el anarquista Luis Riera, además de Sol, la hija en común de ambos, todo murieron en el exilio en los campos de concentración franceses. Alejandro Ascaso se asentó en Costa Rica con una identidad falsa, y Domingo fue asesinado por militantes marxistas en los Sucesos de Mayo de 1937, defendiendo el edificio de la Telefónica en Barcelona.

Desde muy joven, Francisco Ascaso, comenzó a trabajar como camarero y panadero, vinculándose temprano al sindicato CNT, y más concretamente al grupo de acción de ‘Los Justicieros’. Entre los años 1920 y 1922 estuvo preso en la cárcel de Predicadores en Zaragoza acusado de atentados y subvertir el orden social. Se trasladó ese mismo año a Barcelona, y se unió a Buenaventura Durruti y Juan García Oliver, formando el grupo ‘Los Solidarios’. Fueron un grupo de acción integrado por anarcosindicalistas que se enfrentaban a las violencias de los pistoleros pagados por los empresarios catalanes para asesinar a sindicalistas obreros.

Crearon una red perfectamente organizada con depósitos de armas para hacer frente a la represión patronal y del gobierno, y se financiaban mediante el atraco a sedes bancarias como la del Banco de España en Gijón en septiembre de 1923. Se les atribuyó a Francisco Ascaso y Rafael Torres Escartín la ejecución del cardenal zaragozano Juan Soldevilla el 4 de junio de 1923 como venganza por el asesinato del anarcosindicalista Salvador Seguí. Fueron detenidos más tarde por la Audiencia de Zaragoza, aunque Francisco Ascaso logró fugarse de la prisión antes de ser juzgado.

Con el inicio de la Dictadura de Miguel Primo de Rivera en septiembre de 1923, los tres amigos de ‘Los Solidarios’ decidieron huir a Francia, para después pasar a América Latina, donde continuarían atracando bancos y enviando dinero a la lucha contra la dictadura en España. Regresaron a Europa y se establecieron clandestinamente en París, donde organizaron un intento de atentado contra el rey Alfonso XIII durante una visita oficial a la capital francesa en junio de 1926, suceso por el cual fueron expulsados a Bélgica, donde se les permitió su residencia. Con el comienzo de la Segunda República española en 1931 regresaron a Barcelona, donde se integraron en la FAI con el nombre de ‘Nosotros’.

Francisco Ascaso participó activamente de las huelgas e insurrecciones obreras durante el periodo republicano, en concreto tras la rebelión en el Alto Llobregat fue detenido en 1932 y deportado a la isla Fernando Poo en la colonia española de Guinea Ecuatorial; posteriormente trasladado nuevamente a la Península, al penal del Puerto de Santa María. En 1933 fue puesto en libertad, y nuevamente detenido en Sevilla, sufriendo así varios episodios represivos por parte de las autoridades republicanas. En 1934 fue nombrado secretario general del Comité regional de la CNT en Catalunya.

Durante el Golpe de Estado del 18 de julio de 1936, Francisco Ascaso se encuentra en Barcelona, que vivió un estallido revolucionario organizado por los obreros, primeramente defendiendo el territorio de la amenaza fascista, y posteriormente tomando el control de la ciudad. Ascaso participó del asalto al cuartel de Atarazanas junto a otros compañeros de la CNT, sin embargo, será durante este suceso que recibirá un balazo mortal en la frente, muriendo el 20 de julio de 1936.

Entre las columnas de las milicias populares que se organizaron para liberar el territorio de Aragón, una de ellas llevó por nombre ‘Columna Ascaso’, y partió de Barcelona la tarde del 25 de julio, tan solo cinco días después de la muerte de Francisco. Fue la tercera columna de milicias que partieron desde la ciudad de Barcelona controlada por las organizaciones obreras; contaba con unos dos mil milicianos y milicianas, unas seis ametralladoras, y cuatro camiones blindados (conocidos como los ‘tiznaos’) transformados en la fábrica metalúrgica de Gavà. Además, a esta columna se incorporaron los grupos internacionales ‘Giustizia e Libertá’ y el ‘Batallón de la Muerte o Centuria Malatesta’, integrados por combatientes italianos antifascistas. Estuvo situada en el sector de la provincia de Huesca, entrando en combate en la ofensiva contra esta cpaital y también en la Batalla de Monte Pelado en agosto de 1936; la columna fue dirigida,entre otros, por Gergorio Jover, o el hermano de Francisco, Domingo Ascaso.

Actualmente, un memorial visitable en el cementerio de Montjuïc, junto a Durruti y Ferrer i Guardia, recuerda a este histórico luchador del pueblo.

Aunque Israel se vista de Eurovisión… genocida se queda

Un nuevo año tenemos que hablar de Eurovisión; y baste de decir que independientemente de que una parte importante de nuestra generación, y de las que nos preceden, hemos crecido ligados a este festival de la música europea, el hartazgo o la crítica hacia el evento se sirve solita. Esta competición europea de la canción fue ideada por la Unión Europea de Radiodifusión, en la época de la postguerra mundial, e íntimamente ligada al proceso de construcción de la Comunidad Económica Europea. Este festival de la canción surgía para promover los valores culturales, sociales y políticos europeos de los distintos países participantes; es decir, no se puede afirmar que sea música y nada más ya desde el origen de este formato.

Si bien en los círculos activistas europeos este festival pasa desapercibido y no se le presta demasiada atención, este año pasar del tema o quedarnos impasibles no es una opción a elegir. El año pasado Israel ganó en este festival de Eurovisión, que durante décadas ha servido de trampolín geoestratégico a determinados países según el contexto político internacional. No es casualidad que el año pasado Israel se alzara con esta simbólica victoria eurovisiva, justo en un momento en el que había nombrado Jerusalén nuevamente la capital de su Estado de ocupación, y pocos días después provocara una nueva masacre en la Franja de Gaza con decenas de muertos en el día de la Nakba (festividad palestina que clama por el retorno en libertad a su territorio ocupado), sin ninguna condena internacional por estos sucesos.

Sin embargo, no era la primera ni única vez que este festival de Eurovisión ha servido a los intereses de blanquear regímenes criminales. Uno de los más sonados y más cercanos fue el triunfo de la España de la dictadura franquista en 1968 con el famoso ‘Lalala’ de Massiel; y la celebración del festival al año siguiente en Madrid, suponiendo un lavado de cara para el régimen. No olvidemos en el año 2016 el triunfo de Ucrania en este festival de música, cuando se estaba desarrollando el conflicto armado en Donbass frente a Rusia. Incluso, teniendo también como protagonista a Israel, este Estado ocupante ganó dos años consecutivos el festival de Eurovisión en 1978 y 1979, coincidiendo con la campaña militar israelí en territorio del sur del Líbano, conocida como ‘Operación Litani’.

Hace escasamente dos semanas Israel atacó indiscriminadamente el territorio palestino provocando la muerte de 21 ciudadanos/as palestinos/as. Este mismo año, en la categoría de Mejor Cortometraje documental de los Premios Goya de la Academia española de cine, la película ‘Gaza’ se alzó con el galardón. La criminal ocupación israelí de Palestina ha sido una cuestión principal en el Estado español, donde gran parte de la población se ha sensibilizado históricamente y los movimientos sociales son muy activos en favor de los palestinos. Sin embargo, siempre los gobernantes españoles indistintamente de su color político (desde PP, PSOE, y hasta Ahora Madrid) han mostrado su apoyo al Estado israelí alegando la importancia de las relaciones comerciales y económicas. Las empresas israelíes y sus grupos de poder están internacionalmente vinculados con intereses nacionales y monetarios en prácticamente todos los países del mundo. Las atrocidades israelíes durante décadas y la planificación continuada del exterminio de Palestina, que sea un Estado cuya esencia indiscutible es la destrucción y aniquilación de los palestinos; y además con el apoyo y condescendencia de la comunidad internacional, nos convierte al resto de pueblos del mundo en los únicos defensores de la causa palestina.

Un pueblo abandonado, expuesto continuamente a la guerra más salvaje, y todo ello protagonizado por un Estado como Israel, que en los últimos años ha aprovechado esta cultura del espectáculo creada por el capitalismo para presentarse al mundo con una imagen renovadora. Israel trata de vendernos su imagen de país a la cabeza de los derechos del movimiento LGTBI, además de utilizar en su beneficio una lucha, que como otras ligadas a las opresiones, solo se entiende si es anticapitalista, feminista y de clase.

Un grito internacional ha clamado por el boicot al evento eurovisivo en Israel, y sin embargo ninguno de los 41 países participantes han cancelado su actuación en Tel Aviv el sábado 18 de mayo. El festival ha continuado su curso con total normalidad aparentemente; sin embargo, el rechazo este año ha sido unánime en todos los movimientos sociales europeos. En el caso del Estado español, un escrito oficial por parte de los/as trabajadores/as del sindicato CGT en RTVE, ha tratado de llamar la atención sobre este hecho e impedir la ignominia de participar del evento. El propio representante español, Miki, cantante salido del programa de televisión ‘Operación Triunfo’ afirmó que este festival ‘era tan solo música y nada más’. Es bastante grave que se intente invisibilizar el potencial político y cultural que evidentemente esconde este festival televisivo. El rechazo quedó patente en Madrid hace pocos días, cuando la delegación eurovisiva española realizó una charanga por el centro de la ciudad antes de partir en su viaje hacia Israel, y fueron acompañados en su ‘espectáculo’ por numerosos activistas pro-palestinos quienes clamaban contra el genocidio israelí.

Más grande, si cabe, ha sido la crítica y la denuncia al cantante catalán Adrià, del grupo La Pegatina; grupo musical que en apariencia siempre ha denunciado injusticias sociales. Este compositor ha escrito la canción que representará la delegación española en Tel Aviv. Una carta abierta desde el movimiento por el ‘Boicot, desiversiones y sanciones’ a Israel, ha tratado de hacer entrar en razón a dicho grupo musical para retirar su apoyo al festival sin lograrlo. No se han quitado ‘la venda’, y sin embargo ha hecho que muchas personas sí se quitaran la venda frente a grupos musicales como La Pegatina, que desde el postureo pseudoprogre han subido como la espuma en los últimos años, y sus siempre tímidas reivindicaciones, les han servido como trampolín para darse a conocer exclusivamente. Esto nos lleva a pensar que, dado que los grupos con letras de izquierdas y ritmos festivos están de moda, algunos grupos y personas aprovechan este tirón para alcanzar sus objetivos de fama y dinero. La música transformadora no vendrá por lo tanto definida por el contenido de sus letras, sino desde qué actitud social se crea; si es autogestionada y se pone al servicio de transmitir en la práctica unos valores que rompan con el capitalismo y la criminalidad represiva.

El reclamo israelí al festival es absolutamente vomitivo y genera una sensación de rabia insostenible. Contarán con la presencia de la modelo Bar Refaeli, quien presentará la gala, la estrella hollywoodiense Gal Gadot también participará, y además el multimillonario Sylvan Adams ha pagado en torno a un millón de dólares para que Madonna actúe en la final. También ha promocionado turísticamente Tel Aviv como paraíso del gaypitalismo europeo. El festival de Eurovisión será utilizado como una distracción y tapadera a las vulneraciones de los derechos humanos de Israel contra el pueblo palestino. Este año el día de la Nakba, que se celebra el 15 de mayo, será un día de lucha y reivindicación palestina invisibilizada por la pantomima eurovisiva. Israel sabe que tiene el apoyo de las grandes potencias mundiales, ahora quiere revalidar esa legitimidad ante millones de personas ante quienes quiere ganarse su opinión pública favorable, porque sabe que su principal enemigo son los pueblos del mundo. Es por todo ello que animamos a tomar conciencia de la gravedad que supone la celebración de este festival en territorio ocupado, y mantengamos el boicot a todos los intereses israelíes, y a todas las entidades españoles que apoyen este espectáculo.

Igualmente les deseamos un feliz día de la Nakba al pueblo palestino, y les recordamos que no están solos en su lucha.

El Primero de Mayo en el centro y las periferias del capitalismo; una mirada desmitificadora

El día de ayer fue el Primero de Mayo, día histórico de lucha de la clase trabajadora, una jornada que en nuestra Península experimentamos como un día para encontrarnos con nuestros/as compañeros/as en las calles y reconocernos como precarios/as y en una situación laboral profundamente explotadora sobre todo para la juventud. Con el paso del tiempo, aquella vieja proclama del orgullo de clase ha sido desplazada convenientemente, pues ser explotados/as no es algo de lo que sentir orgullo; y sin embargo, nos identificamos como clase trabajadora en lucha a pesar de todos los gurús que actualmente afirman que las clases sociales no existen. La inmovilización es lo que desea el capitalismo, y nos lo hace saber promoviendo una estructura social acrítica y desmenuzada en reivindicaciones culturales postmodernas. Lograr una aceptación normalizada de la individualización de los problemas, y que asistamos a un psicólogo/a antes que a un sindicato.

El Primero de Mayo debería tener un potencial bien distinto que no podemos abandonar, por la memoria de quienes nos precedieron reivindicando que otra mundo es posible más allá del capitalismo criminal. Una jornada para tomar conciencia y luchar por la justicia social, contra el fascismo, contra el patriarcado y en favor del apoyo mutuo y la igualdad. Tenemos que decir aquí que para algunos/as la jornada significa ocio en el festival Viña Rock, o el MaiFest en Berlín, como una forma de desactivación de la lucha y generar además un fuerte macronegocio; cada cual que haga el análisis de lo que supone pensar en términos festivos siempre como forma de vida.

Precisamente siempre nos miramos el ombligo en estas fechas simbólicas tradicionalmente de lucha histórica, y sacamos pecho reivindicando el buen pulso de clase que echamos, o la salud de nuestros movimientos sociales; que no sindicales. Más allá de las voces que invitaban coherentemente a salir a las calles como toma de contacto tras unas elecciones que han creado una falsa sensación de contención de la extrema-derecha; si hace unos días muchas personas solicitaban votar a toda costa, ayer pocas personas salían a luchar en las distintas ciudades y pueblos.

Viendo el panorama sindical heredero del siglo pasado no es de extrañar sin embargo; con unos sindicatos corporativos que son una extensión más del propio Estado, y unos sindicatos de clase divididos, fraccionados, en pugnas y que reivindicaban ser el baluarte de la verdadera lucha obrera. En los últimos tiempos estamos viendo cómo los conflictos laborales se organizan desde las bases de los trabajadores/as convirtiéndolos en huelgas sociales, además la mecánica y organización de los sindicatos clásicos no están aunando a la masa juvenil que nos vemos abocados a la reinvención laboral continuada y a trabajos bajo la dinámica de la uberización.

Las elecciones del pasado domingo fueron una jugada redonda para el sistema dominante representado en las estrategias del Ibex 35; otorga el poder mayoritariamente a un partido neoliberal como el PSOE, se blanquea su imagen completamente hecha añicos en los últimos años; y se asume la normalización de los discursos sociales con un importante viraje fascista. Pudiéramos afirmar que actualmente la sociedad ha asumido tanto las recetas del liberalismo económico y su autoritarismo, que propuestas tibiamente reformistas como las de Unidas Podemos nos parecen la única izquierda posible.

Hace ya muchos años que hemos dado por bueno que el Primero de Mayo sea festivo en lugar de reivindicativo, poco pudiera importar si el resto de días del año sí lo tomáramos desde lo reivindicativo, desde la desobediencia y desde la necesidad de organizarnos en nuestros puestos de trabajo, en la educación social y política, en las formas de ocio que reproducimos, en el consumo actual en las antípodas de la autogestión.

En pocos lugares de la vieja Europa el Primero de Mayo supuso una confrontación real, y no con ello me refiero a disturbios. De poco sirven también los anhelos soviéticos aún latentes en países del oriente europeo o las espectaculares imágenes de cientos de miles en una Cuba nada socialista a día de hoy. Es si acaso la Europa mediterránea, la que sigue siendo foco de estas confrontaciones más latentes, con la excepción atlántica de París y su coyuntural movimiento de ‘Gilets Jaunes’ (Chalecos Amarillos); Turín, Atenas o Estambul fueron algunos ejemplos de ciudades donde se organizaron marchas desde movimientos de clase que reflejan un hilo conductor de luchas en la actualidad.

Latinoamérica mantiene sus propios ritmos, y si bien siempre se suma en una jornada como el Primero de Mayo; los medios de comunicación poca repercusión le dieron a la multitudinaria y unitaria marcha en Brasil contra el gobierno de Jair Bolsonaro. La atención, sin embargo, se la llevó una Venezuela con marchas de partidarios de Nicolás Maduro y Juan Guaidó, inmersa actualmente entre la precariedad más absoluta y el último intento de desestabilización interna buscando un enfrentamiento civil que justifique la intervención internacional.

Sin duda alguna, en los últimos años quien es un eje de acción y confrontación en un conflicto social que mueve a millones de personas en el mundo es el sureste asiático, con una implicación fundamental y relevante por parte de las mujeres cada vez más organizadas. A la otra punta de nuestra Península se nos olvida que quienes fabrican nuestras zapatillas deportivas y camisetas chulísimas mantienen un nivel de conciencia de su situación como explotados/as mucho más elevada que la nuestra. Yakarta en Indonesia, Manila en Filipinas, o Dacca en Bangladesh; ciudades de las periferias del capitalismo protagonizaron marchas políticas muy concurridas que reflejan el caldo de cultivo social que se viene cocinando en esta región en continuado conflicto.

La perspectiva de clase es el denominador común en las luchas obreras del mundo; una lucha, además, que lo es también contra el colonialismo y el patriarcado como formas de explotación que trabajan conjuntamente y que han especializado sus herramientas para trabajar como un todo contra las y los más pobres de este mundo más globalizado, pero menos conectado.

Emiliano Zapata: cien años del hombre que fue mito en tierra mexicana.

El 10 de abril se cumple el centenario del asesinato de Emiliano Zapata, uno de los más destacados campesinos y guerrilleros de la Revolución Mexicana (1910-1917), símbolo de la resistencia rural e indígena en este país. Integrado en el movimiento revolucionario, estuvo al frente del Ejército Libertador del Sur, y fue impulsor de las luchas sociales y demandas agrarias. Este grupo revolucionario de Emiliano Zapata, junto al Partido Liberal Mexicano, fundado por los hermanos Flores Magón con claras influencias anarquistas, fueron las dos entidades sociales que durante el periodo revolucionario en México defendieron la propiedad comunal de las tierras y el respeto a las comunidades indígenas, campesinas y obreras de México, frente a la oligarquía y el latifundismo de los hacendados del Porfiriato, régimen político dictatorial mexicano en torno a la figura de Porfirio Díaz.

Emiliano Zapata, junto a Pancho Villa, Comandante de la División del Norte en la Revolución Mexicana, fueron excluidos del Congreso Constituyente de 1917, si bien fueron los vencedores tácticos de la contienda, serían los jefes políticos de las facciones conservadoras o reaccionarias quienes impusieron el triunfo político en el proceso revolucionario, es decir, se puede afirmar que quien venció fue la contrarrevolución, germen ideológico del futuro PRI que se matuvo por más de siete décadas en el poder en México.

Zapata nació en el seno de una familia campesina en Anenecuilco, un pueblecito del pequeño estado de Morelos en el centrosur del país, viviendo desde su infancia las injusticias que causaban los hacendados contra las familias campesinas humildes a quienes robaban con total impunidad las tierras. Quedó huérfano a la edad de quince años, trabajando de arriero y labrador desde adolescente debió huir de su pueblo natal en 1897 tras ser reprimido, encarcelado y liberado a punta de pistola por uno de sus hermanos, Eufeminio Zapata.

En 1906 asistió a una junta de campesinos en Cuautla para discutir la forma de defender sus tierras frente a los grandes hacendados colindantes. Su rebeldía lo condenó al reclutamiento forzado en el Ejército federal durante 1908, y en septiembre de 1909, Emiliano Zapata fue elegido líder de la Junta de Defensa de las tierras de Anenecuilco, donde se comenzaría a analizar documentos que se originaron en el virreinato que acreditaban los derechos de propiedad de los pueblos sobre sus tierras, los cuales habían sido negados por las Leyes de Reforma a mediados del siglo XIX, cuando se trataba de constituir un campesinado de clase media y afín a la nueva economía liberal.

Debido a un litigio en su pueblo con la hacienda del Hospital, los campesinos no podían sembrar esas tierras hasta que el tribunal resolviera, sin embargo, en 1910 Emiliano Zapata y otros hombres de confianza ocuparon las tierras comunales para ser trabajadas por los campesinos. Tras ser declarado bandolero, y debiendo huir en repetidas ocasiones del gobierno, la situación mexicana se aproximaba hacia un enfrentamiento armado contra el dictador Porfirio Díaz. Su opositor político, Francisco Madero, había sido perseguido y forzado a exiliarse antes de presentarse a unas elecciones que trataban de perpetuar en el poder nuevamente a Díaz, lo que motivó el levantamiento armado. En el inicio de la Revolución Mexicana en 1910, Emiliano Zapata lidera la toma de tierras y la liberación de muchos pueblos, como Cuautla en mayo de 1911, y le convierten en líder del Ejército Libertador del Sur.

Mientras tanto, comprueba que políticos burgueses como Francisco Madero tan solo aspiran a un cambio de poder sin ninguna pretensión de transformación social, por lo que se firma el Pacto de Ayala, con un fuerte contenido revolucionario. Durante el gobierno maderista las tomas de tierras campesinas y las acciones de Zapata fueron rápidamente reprimidas, el gobierno controlaba las ciudades, y la guerrilla se fortalecía en las áreas rurales. Pero ni la brutalidad represiva ni los gestos reformistas encaminados a restarle apoyo lograrían debilitar el movimiento zapatista, que se mantuvo en guerra contra la dictadura militar de Victoriano Huerta (1914) y contra el constitucionalista Venustiano Carranza (1916) en los años posteriores en una guerra de guerrillas.

Es bien famosa la fotografía de Pancho Villa y Zapata en Palacio Presidencial en la Ciudad de México, símbolo de su entrada en el corazón político del país, y sin embargo el objetivo de Zapata no era ocupar un sillón presidencial sino la revolución social y agraria. Ante la imposibilidad de acabar con el movimiento de Zapata le tendieron una trampa: Haciéndole creer que Pablo González, fiel carrancista, iba a pasarse a su bando y que les entregaría municiones y suministros, el coronel Jesús Guajardo, que dirigía las operaciones gubernamentales contra él, logró atraer a Zapata a un encuentro secreto en la hacienda de Chinameca, en Morelos. Cuando Zapata, acompañado de diez hombres, entró en la hacienda, los soldados que fingían presentarles armas lo acribillaron a quemarropa. Moría el hombre, pero continuaba el mito.

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