Análisis de la plurivisión del sistema universitario, desde una perspectiva antropológica

Los motivos que han llevado a la realización de este artículo de opinión, han sido basados en la observación de un contexto universitario, del cual participo como estudiante, pero que parece ser transversal a las diferentes universidades madrileñas. Esta observación viene dada a través de encuentros y conversaciones informales, con universitarias de otras ramas formativas y otras Universidades. Con el tiempo y la repetición de este tipo de encuentros y conversaciones, pude percibir un patrón que se reproducía sistemáticamente en las diferentes experiencias de los estudiantes. Por ello, este artículo es presentado, no tanto como crítica a un sistema cuyo mal funcionamiento es estructural, sino como llamada de atención sobre una realidad que puede ser transformada, si se aprovecha la oportunidad de entablar relaciones de diálogo y performatividad entre los diferentes estratos universitarios, principalmente entre alumnos y profesores.

Cuando hablamos de la plurivisión del sistema universitario, nos referimos a las diferentes formas en que éste es percibido, centrándonos específicamente en las diferencias generacionales y sociales.

Desde siempre, la Universidad como entidad, ha sido reconocida colectivamente como un espacio de formación intelectual y reconocimiento social. Cuando los hijos de los obreros empezaron a poder acceder a ella, se agudizó aún más esta perspectiva, diferenciándose como obreros de primera categoría. No obstante, también sirvió para que la Universidad se llenara de contenido social y político, que abogaba por una sociedad más justa.

La generación de nuestros padres y profesoras, creció bajo esta perspectiva, donde poco a poco la universidad iba adquiriendo un matiz ideológico de base marxista y revolucionaria. Una universidad, donde las diferencias de clase seguían siendo evidentes, pero se luchaba por erradicarlas y por dotar de herramientas a un pueblo que salía de una dictadura de más de 40 años. Los obreros dejaban de quedar relegados a mano de obra y trabajos de poca categoría y empezaban a ascender socialmente. Esta realidad, fue adquiriendo peso en la ideología de superación obrera, haciendo que aquellas que habían accedido a estudios superiores y, especialmente, aquellas que no habían conseguido cursarlos, pretendieran garantizar un futuro económico y educativo superior a las generaciones futuras.

En consecuencia, se crea un imaginario colectivo que idealiza la universidad como germen de las luchas sociales, como el último escalón hacia una vida de éxito social y económico, como la garantía ante todas las dificultades venideras. Cuántos de nosotros no habremos crecido con el eslogan de “debes ir a la universidad para ser alguien en la vida”, como si los millones de personas que no han podido o querido, estudiar en la universidad se anularan a sí mismas por el mero hecho de seguir siendo obreras. Como si un hijo con titulación universitaria, valiera más simbólicamente que sus padres, y el esfuerzo de los mismos por garantizar sus privilegios. Cuántas estudiantes no se han visto arrastradas a la universidad sin tener claro en verdad, qué es lo que querían conseguir en sus vidas, sólo porque es “lo que se espera de ellas”.

Pero nos encontramos aquí, cursando estudios universitarios. La generación mejor formada de nuestra historia. La que menos claro tiene su futuro, la que menos se moviliza, la que más pasividad acumula y más murmulla en los pasillos su descontento formativo, sin saber focalizarlo. ¿Dónde ha quedado la promesa de un futuro profesional estable? ¿Por qué nuestro título nos hace “más alguien en la vida” trabajando tras el cajero automático de un centro comercial, que al resto de compañeros no titulados? ¿Dónde ha quedado el germen de las luchas obreras en una universidad donde, si trabajas a la vez que estudias, te penalizan por no asistir a clase?

No pretendo sonar derrotista, sino evidenciar las realidades que cruzan los pasillos de cualquier facultad universitaria. Las dudas que nos planteamos las jóvenes estudiantes, que no tenemos definido el futuro y que nos siguen vendiendo el cuento del tradicional capitalismo, cuando la nueva realidad supera y destruye cualquiera de esas percepciones neoliberales. Evidenciar la declive situación en que sentimos que se encuentran nuestras universidades y la monótona resignación, con la que cada día acudimos a un aula donde copiamos pasivamente las mismas diapositivas que el docente de turno nos quiere leer; donde el lugar a la crítica y el libre pensamiento se acallan con “es que eso no es así y punto”, o profesores que te animan a que des tu opinión, especialmente si es contraria a la suya, para humillarte en público y de manera nada pedagógica.

Por supuesto, estos casos no son la totalidad, también hay profesoras que en su idealismo, intentan venderte una imagen que se desarma en su propia bondad, profesores que te contagian su pasión o aquellas que, a sabiendas de que este proceso es puro trámite, intentan facilitártelo con nuevas ideas y propuestas. Algunos, aunque pocos son los casos, apoyan ideológica y posicionalmente algunas de las propuestas alternativas, fomentadas desde el germen universitario. Algunas intentan romper y deconstruir el elitismo intrínseco a la formación universitaria, e incluso los hay que aún se resisten a implementar en sus metodologías docentes, las abusivas restricciones de los nuevos planes de estudios, facilitando la comunicación, el trabajo y el aprendizaje colectivo.

No creo que esta situación, se deba sólo a un problema generacional o de elitismo académico, sino a un problema de pérdida de contacto con la realidad. Muchos profesores dicen entender la situación de los estudiantes menos privilegiados, si bien nunca tuvieron la misma situación o quizás ya la han olvidado y guardan un recuerdo difuminado y romántico al respecto. La sensación que queda en el estudiantado es la de no tener acceso real a sus profesores, la de no aprender, la de perder la ilusión por aquello que, bajo una imaginario hegemónico y heredado, habían idealizado.

No es sólo un problema en la relación entre docentes y alumnas, cuya comunicación no rompe las jerarquías formativas y queda restringida a un aula; sino algo que va más allá, que afecta a la estructura global del sistema educativo, que permite jóvenes cada vez más preparadas según dicen, pero peor formadas según parece. Un problema que, si bien no es fácil de resolver, es necesario, y pasa por una renovación absoluta y desde la base, del sistema educativo, social y legal.

Nuria E.

Sin autoempleo cooperativo no hay futuro posible

Reflexiones sobre el autoempleo cooperativo, la estrategia política ecosocial y la imposibilidad de transformar el sistema desde las instituciones.

A modo de síntesis y siendo conscientes de la sociedad en la que vivimos, decir que desde mi punto de vista, existen dos problemas fundamentales:

1) ver en la política profesionalizada, y por lo tanto en los partidos políticos, la única vía posible para transformar la sociedad, NO siendo conscientes de todas las situaciones negativas y de contra-cambio que se desarrollan en dichas estructuras de poder.Son dos fundamentalmente las problemáticas que rodean a este lobby:

1a) en primer lugar podríamos hablar del problema que significa que “tus lentejas” dependan de la política profesionalizada.

1b) en segundo lugar y en relación con lo primero, dicha situación de dependencia provoca que el programa de cambio en materia económica que “pretendes aplicar en el papel”, se vea frustrado en la práctica por las presiones a las que te somete el régimen con todas sus herramientas, tanto legales como mediáticas.

Llegados a este punto, es cuando el cargo público se encuentra ante dos opciones, o bien dimitir por sus convicciones de cambio y transformación económica, o por el contrario, adaptarse y dejar que el sistema le asimile como parte de su estructura y engranaje, ya que no olvidemos y como decía al principio, ”sus lentejas”, ahora dependen de la política profesionalizada (obviamente hablo de aquell@s que dicen presentarse con el anhelo de superar el sistema capitalista).

2) la ausencia de autoempleo y redes de consumo y producción, al igual, que la dificultad de acceder a servicios básicos autogestionados en materia de educación o sanidad en los diferentes pueblos, ciudades y comarcas.

Dicha situación, nos deja a merced de su sistema en todas las esferas o escalas sociales, tanto en la socio-política como en la socio-económica. Por otro lado y a modo de reflexión, es preocupante aunque comprensible, debido a la ausencia de redes alternativas a la institución estatal, que muchos de los proyectos de economía social se encuentren bajo el paraguas de las subvenciones y proyectos que ofrecen los “supuestos ayuntamientos del cambio”.

Lo relatado en el párrafo anterior  provoca que estos ayuntamientos con una mano sigan alimentando a el sistema consumista- ya que no pueden acabar con el capitalismo en su ciudad desde las instituciones, como mucho anhelar o intentar aplicar un sistema mixto de corte keynesiano- y con la otra mano, dando dinero a la economía social como fuente de experimentación, nunca, como motor primario de la producción de bienes y servicios; dicha apuesta conllevaría caminar hacia el decrecimiento, y de esto, no están por la labor ni Podemos, ni la ya casi extinta Izquierda Unida.

Con este panorama solo nos queda organizarnos y organizarnos, el sindicalismo combativo y de clase debe y tiene que entender que no sirve sólo con defender a las clases populares en los centros de trabajo- centros de trabajo que se rigen por las reglas de consumo y producción del sistema capital-productivista-, por tal motivo, es imperativo y urgente crear una red de trabajo cooperativo, red de redes, que tenga como objetivo principal sacar a las mayorías sociales de las actuales relaciones y condiciones laborales.

Desengrasar y descapitalizar al sistema Estado-Banca desde la independencia económica , esa debe ser nuestra principal pretensión en este siglo XXI. Dicha labor que para nada es sencilla, no se soluciona tomando únicamente los medios de producción , si no que por el contrario, se solucionaría desde mi punto vista, repensando el sistema productivo, rompiendo con el productivismo y construyendo una sociedad ecosocial y libertaria que tenga en cuenta los límites del planeta, al igual, que las desigualdades que se dan en el consumo y aprovechamiento de los recursos naturales entre los pueblos del mundo, llegados a este punto, es más que evidente que el único camino posible lo representa una revolución integral que camine hacia el decrecimiento. Para ello lanzo la siguiente reflexión:

¿Sí repensáramos la estrategia e intentáramos ir por delante del Estado-Banca en la creación de un contra-poder que generará trabajo y saliera de su cadena de consumo y producción, no estaríamos en ese momento en situación de afirmar, que hemos ejecutado un golpe certero a la hidra capitalista que nos somete?

Dicha pregunta es un elemento que necesitamos trabajar en los movimientos sociales aprendiendo de los errores y creando una coyuntura donde la estrategia se enfoque a desenmascarar su violencia, represión y falta de ética, y a la vez, construyendo un escenario en todos los pueblos y comarcas donde las cooperativas, los grupos de consumo y las redes ecosociales tengan la capacidad de gestionar la sociedad desde la horizontalidad y la política desprofesionalizada, si somos capaces de llegar a este punto no debemos tener duda alguna, de que en ese preciso momento , estaremos rompiendo gran parte de la dominación y el control que ejerce sobre nosotros/as el Estado y el capital.

Este texto es un manifiesto y una llamada a la acción, más que una reflexión que anhele morir en el papel o vivir únicamente en la palabra y no en el hecho, por ello, con estas líneas pretendo que comience un proceso de dialogo y de unión de las desunidas, donde aquellas libertarias, ecologistas y feministas insumisas nos replanteemos ,que aunque a día de hoy, seamos todo eso en nuestra vida privada e incluso en nuestras organizaciones, una vez fuera de estos ámbitos, no somos más que carnaza laboral que o trabaja para el capital o para el propio Estado en sus diversas esferas de control (administrativos, técnicas, electricistas etc..)-solo un pequeño porcentaje de la población consigue vivir de un proyecto de autoempleo y autogestión, proyectos, que en la mayoría de los casos se encuentran desprovistos de redes de apoyo mutuo-.

El diagnóstico es claro y severo, sin la creación de autoempleo cooperativo no hay futuro posible, y en esa reflexión deberíamos de trabajar todas las organizaciones y personas que queremos caminar hacia la creación de una sociedad sin Estado ni Banca. La cura para dicha enfermedad diagnosticada es clara, volver a entender el sindicalismo como lo entendía la CNT en los años 30 del pasado siglo, donde dicha organización creo una estructura en diferentes ámbitos de la vida que generaban una alternativa de servicios y empleo al aparato estatal, dicha cura debe ir acompaña de dos elementos fundamentales en el siglo XXI ,en primer lugar, la lucha contra el heteropatriarcado ,y en segundo lugar y como elemento irrenunciable, la defensa del territorio. Por ello, la ecología social y el feminismo son dos ingredientes básicos de esa fórmula que se liga con las ideas libertarias.

“Nuestra propuesta de cambio político, social y económico es claramente pacífica, feminista y eco-autosustentable con los ecosistemas y los seres vivos que en ellos habitan,será por lo tanto el Estado y la banca, quienes tendrán que decidir como luchan contra un nuevo orden social que nosotras hemos decidido proponer desde la no violencia y la estrategia política”

“Las libertarias no estamos en contra de la creación de una organización que promueva, genere y organice el trabajo, consumo o los servicios sociales, si no que por el contrario, estamos en contra de las formas coactivas, verticales y represivas de organización”

Pedro A. Moreno

Ocupar el rectorado, dinámica de lucha del movimiento estudiantil en la UCM

Publicamos este análisis ante la nueva ocupación del rectorado de la Universidad Complutense de Madrid que ha tenido lugar ayer mismo, miércoles 3 de Mayo, y que puede seguirse en twitter bajo el hashtag #VolvemosARectorado. En el texto se analiza, a raíz de la anterior ocasión en que se ocupó este rectorado, esta práctica como parte de la dinámica de lucha del movimiento estudiantil: Su capacidad de presión, las exigencias y negociaciones y los resultados obtenidos.

El Miércoles 8 de Marzo el Rectorado de la Universidad Complutense fue ocupado por sus propias estudiantes, las cuales decidieron tomar parte en una situación que cada vez es más insostenible.

La acción de ocupación que realizaron estaba motivada entre otras cosas por el hartazgo generalizado que produce el movimiento estudiantil, incapaz de transformar su capacidad de movilización en organización efectiva. Esto supone modificar su capacidad reactiva ante una situación de protesta en concreto hacia ser capaces de organizarse frente a “la” situación. Esta lucha organizada conlleva no depender del nivel institucional que, se quiera o no, marca la agenda de luchas al movimiento estudiantil (los recurrentes “ciclos de movilización”), subyacendo la lógica de reacción-lucha-vuelta a la normalidad. La Universidad radicalmente diferente que buscamos, y la buscamos siendo muy conscientes de ello, hace muy necesaria esta organización y, con ella, el tejer las complicidades necesarias para organizarnos como fuerza ofensiva.

La acción de Rectorado no escapó de esta lógica. Nuestras compas, con unas ganas y fuerza incontenibles, la llevaron a cabo sin apenas conocerse demasiado, y solo había que acercarse a la concentración que realizaron durante los siguientes días a la ocupación para constatar la creación de esas solidaridades imprescindibles para una lucha organizada. La acción sin embargo no se realizó sin impedimentos. Cuando las compas se acercaban al edificio para ocuparlo, se encontraron con que les estaban esperando más seguridad de la que hay normalmente, quienes se apresuraron a cerrar las puertas principales bajo llave. Que la seguridad y el Rector ya fuesen conscientes de que se iba a ocupar ese espacio nos hace poner en duda el compromiso tanto de algunas de nuestras propias compas (para quienes importan más intereses electoralistas que los que se derivan de su condición de estudiantes, y por tanto, afectada por la misma situación que el resto), así como del profesorado que, inserto en estructuras sindicales, observa con desdén y desde una posición de superioridad la lucha de sus compañeras de trinchera. A pesar de esto, nuestras compas consiguieron entrar por una puerta lateral y ocupar el hall del edificio. La lucha acababa de comenzar.

Es obvio que sin la ocupación de ese espacio, no se hubiese tenido ninguna capacidad de presión hacia el Rector, quien a las pocas horas hizo acto de presencia. Un grupo de compas entró al Rectorado a negociar con él comprometiéndose, tras una interminable reunión en la que se le hizo conocedor de los objetivos que tenía la acción, a proseguir la reunión al día siguiente, pero el Rector no se presentó. Nuestras compas, que llevaban un día encerradas dentro del edificio sin que se les permitiese ir libremente al baño, estando constantemente rodeadas por miembros de seguridad (con los cuales llegaron a enfrentarse al impedirles entrar en la cafetería por la mañana y, además, uno de ellos agredió física y verbalmente a una compañera) y sin permitirles recibir alimentos y agua del exterior, decidieron salir del edificio. Fuera les estaban esperando más de un centenar de personas que las recibieron con todo el cariño y apoyo que se merecían, nutridas no solo del grupo que había realizado la acción sino también del resto de estudiantes de la Complutense que se habían solidarizado con ellas, y no era para menos, gracias a ellas la acción había sido efectiva. Entender la ocupación del Rectorado como una toma de posición, como una relación de fuerza que dentro de la lógica de poder Rector-estudiantes la decantó hacia estas últimas; permite entender que el Rector no se personase durante todo el Jueves 9 en el que había prometido una reunión con las estudiantes allí concentradas.

Aquí fueron fundamentales dos hechos. La primera fue la expulsión de Andradas de la manifestación del día 9 por compañeras del bloque crítico, lo que le hizo ver que no era únicamente un grupo de estudiantes concentradas a las que tenía que hacer frente. La segunda, e igual de importante, fue la decidida convicción de las compañeras concentradas ante el Rectorado de proseguir con su lucha hasta que el Rector no se personase. Y no fue hasta el día siguiente cuando, al decidir bloquear las salidas del recinto impidiendo a los coches entrar y salir, Andradas se presentó de nuevo. En esta segunda ronda de negociaciones que se estableció con él se consiguió que firmase una serie de objetivos; como el compromiso de pago a nuestras compas de Reprografía que llevaban dos meses sin cobrar, o la concreción de un acto en el que ante estudiantes, PDI y PAS, explicase el plan de Reestructuración que quiere llevar a cabo, el cual cuenta con amplia oposición dentro de la propia Complutense.

Estos hechos representan un bello ejemplo de cómo la acción directa permite desequilibrar la correlación de fuerzas a nuestro favor, y así de paso abandonar el tipo de acciones que apelan a lo simbólico y a lo inofensivo con el único fin de visibilizar una situación de protesta. En Rectorado se decidió tomar parte, y como bien señalan unas amigas nuestras, dejando claro que el contenido de una lucha se da a partir de las prácticas que adopta y no de las finalidades que proclama. En esos días de ocupación y concentración en el Rectorado de la Complutense se percibía en el ambiente una alegría porque esta acción diese paso a un nuevo ciclo de luchas en las que ya por fin se tomase la acción directa como eje fundamental de este ciclo, con la decidida confianza de que esta es la única manera de alcanzar los caminos que queremos recorrer y poder así experimentar y construir las relaciones y espacios que echamos tan en falta.

Artful Dodger.

La relación entre el movimiento político y el movimiento popular

Abro este nuevo artículo con ánimos de volver a indagar en el tema histórico para poder aprender alguna cosa para nuestros tiempos. En este 2017 se cumplen 100 años de la Revolución rusa. Me ha parecido muy interesante la entrevista a Julián Vadillo sobre su nuevo libro, que aún no ha caído en mis manos. En ella dice una obviedad que veo necesario destacar, por que en el ambiente libertario no lo es tanto:

Los majnovistas son en esencia anarquistas: Majnó es anarquista, Archinov es anarquista… pero el majnovismo como tal es un movimiento de las masas laboriosas, como ellos mismos dicen. Anatol Gorelik, en El anarquismo en la Revolución rusa, dice que el majnovismo no es anarquista sino que tiene elementos que los une a los anarquistas, y los anarquistas ven en el majnovismo una opción importante para el desarrollo de sus ideas. Aparte está la Confederación Anarquista Nabat, la organización de los anarquistas ucranianos, en la que no está Majnó pero hay una confluencia. Aunque el majnovismo como tal no se defina como anarquista sí es antiautoritario, horizontal, autogestionario y tiene muchos puntos en común con el anarquismo.

Lo que nos está diciendo Vadillo no es otra cosa que el makhnovismo (que a menudo se trata como si fuera una organización anarquista sin más) era un movimiento popular y de masas y no era un movimiento específico anarquista. La específica es Nabat, que actúa de organización política de los anarquistas.

De aquí se transmite una idea muy interesante de dualismo organizativo, en los que un movimiento revolucionario está compuesto por una organización política y por una organización de masas. En este caso el makhnovismo estaba dirigido y dinamizado por anarquistas, de ahí que tuviera tantos rasgos comunes con el anarquismo, si bien era un movimiento de carácter campesino y popular.

En esto se parece al movimiento zapatista (el de Emiliano Zapata, no el actual) de la época que no se adscribía a ninguna corriente ideológica en particular pero que también compartía rasgos con el anarquismo. En este caso destaca el papel de Antonio Díaz Soto y Gama, anarquista proveniente del Partido Liberal Mexicano (organización política) y de la Casa del Obrero Mundial (sindicato anarcosindicalista). Su papel, fue relevante en el Ejército Libertador del Sur de Zapata, generando un discurso propio del movimiento, que estaba en sintonía con las ideas que había defendido el PLM.

Como vemos se trata de una nueva participación clave de militantes libertarios en un movimiento de masas revolucionario, que ayudan a construirlo. Su ejemplo se podría trasladar a Mikail Gerdzhikov y la comuna de Strandhza en la Bulgaria de 1903 y muchos otros casos similares a lo largo de la historia.

Las alianzas no se hacen por que sí. Ambas son tácticas que se supone que benefician a todas las partes. De la misma forma que podremos ver casos en los que las alianzas salieron mal, tenemos muchos otros tipos de alianzas que ayudaron a que el movimiento revolucionario creciera. De la misma forma crear un movimiento grande, plural y amplio es una forma para crear una organización con posibilidades revolucionarias. Y llevarlo a cabo debería ser responsabilidad de cualquier persona que se considere revolucionaria. Como es probable que solos no podamos crear un movimiento popular con garantías de ser una entidad de transformación social, pues tendremos que apoyarnos y colaborar con otra gente de otras tendencias y corrientes que nos apoyen en esta tarea. Lo último que hay que hacer es quedarse en la parálisis de la vida interna de los movimientos exclusivamente políticos o específicos.

@BlackSpartak

 

Palimpsestos: Revista de Arqueología y Antropología Anarquista

Nace Palimpsestos: Revista de Arqueología y Antropología Anarquista. Publicación independiente, orientada a la socialización de trabajos de investigación, estudios de casos, reflexiones teóricas, aportes metodológicos y experiencias prácticas desde una perspectiva anarquista amplia; que acepta contribuciones vinculadas a la arqueología, antropología, bioantropología y gestión de referentes culturales.

Como propuesta libertaria, esta revista intenta borrar fronteras y distancias, esperando contribuciones de autores de todos los rincones del globo.

Gracias al esfuerzo de todo el equipo de trabajo y de quienes brindaron sus enormes colaboraciones, por fin el Número Cero de «Palimpsestos: Revista de Arqueología y Antropología Anarquista» está entre nosotros/as y supera las trescientas páginas de investigaciones, análisis, críticas y propuestas tendientes a anarquizar la arqueología y la antropología.

Los artículos que en este momento se liberan no son un conjunto de ideas cerradas, homogéneas, no están purgados ni recortados por anarcómetro ni academicómetro alguno. No pensamos esta revista para que descanse en un estante de alguna biblioteca; su propósito primario no es ser utilizada como referencia o instrumento de citación en rimbombantes revistas académicas que nadie lee. Esta revista busca ser un intento de herramienta para liberar experiencias, ejemplos y materiales, para permitirnos expandir la imaginación, para concebir y construir otros mundos. Como tal, esperamos ir subsanando errores y traspiés a lo largo de los siguientes números

Muy pronto se podrá disponer de formato físico. Mientras tanto puedes encontrar el primer número online en http://palimpsestoanarqui.wixsite.com/palimpsestos

Así como enviarnos tu propuesta a palimpsesto.anarquista@gmail.com

PALIMPSESTOS

Racismo, una cuestión de privilegios

Dejad que antes de ir más allá os haga una advertencia: voy a expresarme desde la visceralidad y la rabia sentida al vivir, día a día, las injusticias por mi color de piel. Este suele ser el paso anterior a cualquier análisis más sosegado y es, a su vez, lo que precede a la acción rotunda para cambiar de raíz los hechos y/o acciones que permitan la práctica de dicha injusticia Por supuesto, soy una persona no blanca, pues creo que debemos ser nosotros y nosotras quienes estemos en la vanguardia contra el racismo, al igual que ellas lo están en el feminismo.

A modo introductorio, quiero indicar que haré referencias, paralelismos, al feminismo puesto que, desde mi punto de vista, hay muchas similitudes entre la lucha contra el patriarcado y el racismo; las podemos adelantar ya: ambas se basan en la dominación basadas en un determinismo biológico; en unos casos a razón de los genitales -lo que deriva en el constructo social que es el género-, en el otro por el color de piel del individuo, que nos lleva también a otra construcción social que es la raza. Como decía antes, este artículo no pretende ser un análisis tranquilo, sino más bien la expresión de unas vivencias absolutamente personales basadas en mi origen u orígenes étnicos (¿más apropiado sería decir genéticos?), de ahí que lo escriba en primera persona del singular.

Tenía la intención de comenzar comentando la definición que nos da el DRAE¹ de racismo, pero en realidad sería ocupar líneas vanamente, pues considero de mayor provecho que seamos nosotras, todas las personas implicadas desde abajo y lejos del elitismo academicista, quienes nos hagamos conscientes de las realidades sociales que sufrimos a diario, más allá del dictamen de una mayoría de hombres blancos cis². Permitid, entonces, que sea yo quien os empiece a hablar de lo que es racismo y en qué se basa este. No será una definición, será una expresión de recorrido vital. El racismo se ha construido, históricamente, a raíz de la dominación, y ya empezamos a vislumbrar las similitudes que tiene con el machismo. Los hombres blancos occidentales creyeron, y gracias al Cristianismo, estar bendecidos por Dios para ser amos y señores de todo lo que les rodea, esto es: mujeres, animales no humanos, los campos y, por descontado, otros hombres y mujeres cuya tez fuera más oscura que la de los dominadores.

Hagamos un pequeño parón. Un paréntesis, porque he usado el término “dominación” y me gustaría explicarlo. Muy brevemente, desde mi posición, quien mejor lo ha definido ha sido Foucault. Muy matizable en muchos aspectos, pero no tengo intención de pararme en ellos. Para él, las relaciones humanas (amorosas, económicas, institucionales etc.) están cargadas de estructuras de poder. El poder, que es la capacidad de dirigir las acciones del otro, es modificable, cambiable y reversible. En el momento en el que se fija, se bloquea y no existe reversibilidad alguna, existe el estado de dominación. Esto conlleva, aunque esto no lo afirma abiertamente Foucault, la existencia de privilegios-

Mantener este poder y dominio era necesario justificarlo: son las construcciones sociales, prejuicios y, porque no, clichés que nos son conocidos en la actualidad. Así, el hombre blanco robó a las mujeres sus espacios, las encerró en sus casas, limitando su movilidad al ámbito privado y doméstico, y a los no blancos nos puso la bota sobre el cuello para labrar los campos que antes eran nuestros (entiéndase esto en sentido figurado), y mediante el (pre)-capitalismo y la cruz, impuso su superioridad en los países que colonizó. A la par que nos encerró en sus barcos o nos envió a la absoluta marginalidad, obligándonos a elegir entre los trabajos más peligrosos y precarios o la profunda miseria. Fenómeno que ocurrió en España con la llegada de migrantes que carecían del visto bueno del Estado para residir aquí.

Así es, pues, como nacieron las ideas preconcebidas que existen sobre los comportamientos sociales que nos han hecho creer innatos. En realidad, el ser humano tiene muy pocas cosas que le sean instintivas, porque hasta el acto sexual está codificado socialmente. Se inventaron que la mujer tiene un instinto maternal, es la cuidadora, la responsable del hogar, etc. Y los no blancos estamos catalogados como seres bárbaros, sin cultura ni pasado. Nos robaron nuestra historia para ligarla al del hombre blanco, al del civilizado. Sin ellos no somos nada. Así, no blancos y mujeres necesitan ser tutelados, machismo y racismo de nuevo de la mano: dominación. Parece que empiezan a aparecer los privilegios. Pero continuemos.

Además, los blancos se han atrevido a justificar una inteligencia menguada inherente al no blanco, argumentando la falta de premios científicos y de reconocimientos intelectuales a estos. Además de caer en el capacitismo, es probable que no sepan que Alexandre Dumas³ no era blanco, como la ignorancia de aquel terrateniente esclavista, personaje interpretado por Di Caprio en la versión tarantina de Django; sino que, al mismo tiempo, añaden una falta de deseo por integrarse en la sociedad (capitalista) que los ha excluido. ¡Toda una paradoja! Les envía a la marginalidad, al tiempo que les acusa de ser delincuentes por estar, precisamente, en esa marginalidad. Así ocurre, que culpamos a la mujer violada por su forma de vestir. Así ocurre, señalamos al marginal del gueto y no al racismo inherente y presente en la sociedad blanca, como lo está el patriarcado. Las raíces son las mismas.

De todo esto, deducimos que todo está vinculado a la existencia de privilegios. Los hombres tenemos privilegios, algo innegable. Es nuestra responsabilidad el deconstruir esas masculinidades, quitarnos de encima esas cadenas que ahogan a nuestras compañeras. Siguiendo esta misma línea, es responsabilidad de todos los no blancos quitarse esos privilegios tan arraigados y presentes. Y permitid que os hable, en unas pocas líneas, de algunas experiencias vitales, espero que con algo de lo que os cuente aquí quede un poco más claro de lo que hablo cuando menciono los privilegios de blanco.

Mi anterior compañera le comentó a su padre que yo no era un chico blanco, este, digamos, se puso un tanto en alerta y quiso conocerme lo antes posible. Vino desde fuera (ya que no residen en la misma región) para pasar una tarde con los dos. No lo hizo porque fuera el compañero de su hija, sino porque mis orígenes le hacían sospechar de mi buen hacer o de que, incluso, fuera una buena persona. El rol se perpetúa. Si ella le hubiera dicho que yo en vez de ser mulato fuera, supongamos, noruego, estoy seguro que aquel buen hombre no habría querido conocerme con tanta celeridad. Por razones personales, he vivido un tiempo en Alemania y he entrado y salido varias veces del país. Siempre y en todas las ocasiones en el aeropuerto de Berlín, antes de salir del mismo, la policía me ha parado, preguntándome en inglés, de dónde venía. Yo les respondía en alemán, diciéndoles que vivo en el país desde hacía tiempo.

Lo mismo me ocurrió en Roma, en aquella ocasión iba con mi madre, cuyo color de piel es incluso más oscuro que el mío. También en Nápoles, donde incluso tuve algún problema para salir de la ciudad para volver a Alemania. En el 2010, en un tren camino hacia el sur de Francia, en la frontera, la policía española y francesa se entretuvo conmigo más de lo que lo hizo con otros pasajeros. Hay dos excepciones: aeropuertos de París y de Copenhague, creo que la salvedad radica en que en aquellas dos ocasiones viajé con dos chicas blancas, las que en ese entonces eran mis compañeras. Es una especulación, pero me parece bastante factible. Curiosamente, saliendo en masa de dichos terminales aéreos con los demás pasajeros, siempre he sido yo el interceptado. Eso se llama racismo.

Pero ya no solo la movilidad internacional se ve molestada o limitada (¡no quiero imaginar el día que vaya a Estados Unidos!), sino incluso dentro de mi propia ciudad. Igual que ellas sienten miedo al volver a sus casas de noche, yo me puedo sentir incómodo en determinados barrios de mi ciudad, especialmente donde sé que hay una predominancia de grupos neonazis, pues sé que mi seguridad se ve amenazada. Y el problema no solo radica en los nazis, sino en la pasividad de los demás, especialmente preocupante en los grupos antifascistas. Evidentemente el asesinato de Carlos Palomino fue algo desdeñable, pero no se levantaron tantísimas voces de protesta cuando han sido no blancos los que han sido asesinados o apaleados. Podría hablar de muchísimas más, incluso muchas de ellas nacidas en el seno de mi propia familia, pero creo que por ahora con esto es suficiente.

¿Qué necesitamos, pues, para revertir estas situaciones? Tomar conciencia de que racismo no solamente es pegar palizas, también es la condescendencia y el comportamiento paternal hacia nosotras, actitudes que observé en una ocasión en un CSO que hoy ya no existe. La lucha es nuestra en este sentido y tenemos que conseguir nuestros espacios. Recordad cuando, en 2013, en los Estados Unidos, George Zimmerman fue absuelto por asesinar a un joven negro, Trayvon Martin. La comunidad afroamericana salió a las calles con el lema: Black lives matter. Algo así como “Las vidas negras importan”. Los blancos que se unieron a la protesta parece ser que vieron su espacio de protagonismo asaltado y, sin dudarlo, respondieron con un “All lives matter”, “todas las vidas importan”. Los protagonistas de este lema demostraron la falta de conocimiento de que el racismo no es una patología, no es llevar una esvástica tatuada a la izquierda del pecho, sino que es un hecho estructural patente y latente en la sociedad.

Es evidente que todas las vidas importan, pero en ese contexto, somos los no blancos los que reclamamos nuestros derechos, nuestros espacios en los cuales sentirnos seguros. De hecho, es una explicación bastante plausible para la creación de barrios donde habitan una mayoría de personas migrantes, no solo porque coincide con la marginalidad, pero también con ese deseo de autoprotección, al igual que muchas mujeres deciden organizarse en grupos no mixtos. Así, dejad que seamos nosotros quienes enarbolemos la bandera del antirracismo, los blancos solo podéis dar un paso atrás, escuchar y hablar con otros blancos. El protagonismo de los blancos está presente en todos lados, y sabemos que al igual que ocurre con el espacio robado a las mujeres, no cederán su sitio fácilmente, ni nos permitirán espacios ni visibilidad sin que antes no hagamos una labor difusiva y pedagógica de lo que perpetúan con sus comportamientos y acciones. Los blancos no sufrirán nunca el racismo, porque para que exista racismo, creo que queda claro, tiene que existir un privilegio y una dominación perpetuada y espaciada.

Así, y ya casi como colofón, es necesario que existan las categorías, porque con ella podemos señalar e identificar al opresor y al oprimido. Quien las niega y argumenta que somos todos la Humanidad, es precisamente quien no desea perder sus privilegios. Por ello, y sin el deseo de extenderme más, espero que todos los blancos que lean esto, sean capaces de preguntarse a sí mismos qué comportamientos racistas mantienen y de los cuáles han sido cómplices. Es sano hacer estos viajes interiores, es otra manera de desprendernos de yugos que nos han aleccionado. Realmente, el racismo tiene muchísimas caras, y otras miles de manera de enfocarlo, y desde luego, me dejo muchas cosas en el tintero, pero empecemos la casa por la cimentación.

Podemos decir, a modo de conclusión, que al fin y al cabo todas las luchas tienen un eje gravitatorio común: los privilegios y la dominación que estos perpetúan. No podemos dejar de ser anticapitalistas, sin que al mismo tiempo seamos aliados del feminismo o feministas, antifascistas y antirracistas, pero con un compromiso que vaya más allá del exotismo y las bonitas palabras vacías de continente y de contenido. Las diversas luchas se entrelazan, se cruzan, es inevitable y hasta deseable, pero que sean los oprimidos quienes decidan cómo emanciparse.

V. Kahl

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1Siglas de Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española
2Abreviatura para el término “cisgénero”, que hace referencia a aquellas personas cuya identidad de género coincide con la asignada al nacer.
3Conocido en los países de habla hispana como Alejandro Dumas, de padre francés y madre haitiana, fue un autor mulato de renombre, conocido especialmente por Los Tres Mosqueteros o El Conde de Montecristo.
4Me refiero a la película Django Unchained (2012) una interpretación de Tarantino del clásico del spaguetti Western Django de 1966.

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