[CAST/CAT] El 1 de Mayo y el Viña Rock

[CAST]

Se acerca el 1 de mayo y las convocatorias de movilizaciones comienzan a brotar. Me llegan uno, dos, tres correos y los pongo directos en la carpeta de spam. Lo tengo decidido, este año no me veréis: el concertillo de Barcelona empieza a hacerse pesado. Lo que debería ser el día internacional de la lucha laboral se ha convertido últimamente en una batalla de gallos para ver quien saca más seguidores en Twitter.

Para comenzar, tendremos a las viejas glorias roqueras que todas conocemos. Sus años como revolucionarios han pasado a la historia y ahora sólo tocan en grandes escenarios patrocinados. Los sindicatos amarillos, aquellos que ya hace años que raramente se mueven y que pactan más con la patronal que con sus propias afiliadas, harán el paseo de rigor, y gritarán las cuatro reivindicaciones de cartón-piedra que poca gente se cree.

En segundo lugar, subirán al escenario las jóvenes promesas de la escena barcelonesa. Saben que decenas de fans están viendo su actuación, por lo que no dudarán en sacar pecho y mostrarse como los únicos salvadores de la música rebelde, si hace falta, tocando alguna cover. Los actores político-sindicales combativos (izquierda independentista, anarcosindicalismo, IAC …) intentarán reunirse unas 4-5 veces antes de afirmar, un año más, que no hay consenso ni en el recorrido de la manifestación de la tarde y que cada uno irá por su cuenta. Aunque habrá quien glorificará «aquellos años con una manifestación anticapitalista de más de 20.000 personas» en medio de un enérgico y totalmente necesario debate sobre estelades si/no, medios de comunicación si/ no y el orden de los diferentes bloques. Un éxito, si en cada bolo hay más de 1000 asistentes.

Finalmente, en el escenario externo al festival, encontraremos la auténtica alternativa al rock. Con un viejo generador y unos tambores de batería hechos polvo, los diversos grupúsculos anarquistas e insurreccionalistas lanzarán la enésima llamada al disturbio a la mani que les quede más cercana (ideológicamente) para hacernos recordar que los muertos ahora hará, más o menos, un porrón de años (no me hagáis decir cuántos!) durante el 1 de mayo eran muy, muy anarquistas. Todos estos colectivos (que prácticamente no tratan ningún conflicto laboral durante el año) esperan que este 1 de mayo, por fin, se cante a su ritmo.

El día que se supone és para las trabajadoras, acaba convirtiéndose en un concurso de bandas, cuando no una jam session improvisada. En la ciudad condal se mueven muchas cosas, pero los rifirrafes entre militancias también son muy grandes. Se trata de un problema grave si pensamos que sólo nuestra apuesta política tiene la llave para escapar del capitalismo. Se nos llena la boca cuando decimos que la revolución la hará el pueblo organizado cuando somos incapaces de juntarnos con nuestras compañeras más cercanas (ideológicamente) para caminar durante un rato y hacer cuatro gritos. Sarcásticamente, parece como si nosotros no formáramos parte de este pueblo que debe organizarse: claro que no, si pensamos que sólo somos músicos sobre un escenario!

Creo que hay que intentar dar pasos para que el 1 de mayo pueda volver a convertirse en un importante día para mostrar una clase trabajadora unida: no para generar ninguna mani-ritual sin sentido, sino como punto de partida para trabajar codo a codo, día a día, de manera coordinada. Hay debates que se pueden dar, pero de cara a incluir propuestas y no al revés. Lo he dicho en broma, pero ojalá pudiéramos volver a ver aquellas manifestaciones anticapitalistas unitarias que se atrevían a subir a Pedralbes a mostrar la cara rabiosa de la explotación laboral. Ojalá el 1 de mayo pudiera ser un Woodstock.

Este año sin embargo, ya me perdonaréis, pero prefiero descansar y cuidarme (y ahora que lo digo, donde hemos dejado a las feministas?). Con el dinero que no me gaste en pancartas y petardos, me compraré una entrada para el Viña Rock que, como en Barcelona durante el 1 de Mayo, siempre tocan los mismos grupos.

[CAT]

S’acosta l’1 de maig i les convocatòries de mobilitzacions comencen a brollar. M’arriben un, dos, tres correus i els poso directes a la carpeta de brossa. Ho tinc decidit, aquest any no m’hi veureu: el concertillo de Barcelona comença a fer-se pesat. El que hauria de ser el dia internacional de la lluita laboral s’ha convertit, últimament, en una batalla de gallos per veure qui en treu més seguidors a Twitter.

Per començar, tindrem a les velles glòries roqueres que totes coneixem. Els seus anys com a revolucionaris han passat a l’història i ara només toquen a grans escenaris patrocinats. Els sindicats grocs, aquells que ja fa anys que rarament es mouen i que pacten més amb la patronal que amb les seves pròpies afiliades, faran la passejada de rigor, i cridaran les quatre reivindicacions de cartró-pedra que poca gent es creu.

En segon lloc, pujaran a l’escenari les joves promeses de l’escena barcelonina. Saben que desenes de fans estan veient la seva actuació, pel que no dubtaran en treure pit i mostrar-se com a els únics salvadors de la música rebel, si fa falta, tocant alguna cover. Els actors polític-sindicals combatius (esquerra independentista, anarcosindicalisme, IAC…) s’intentaran reunir unes 4-5 vegades abans d’afirmar, un any més, que no hi ha consens ni en el recorregut de la manifestació de la tarda i que cadascú anirà pel seu compte. Encara hi haurà qui glorificarà «aquells anys amb una manifestació anticapitalista de més de 20.000 persones» enmig d’un enèrgic i totalment necessari debat sobre estelades si/no, mitjans de comunicació si/no i l’ordre dels diferents blocs. Un èxit, si a cada bolo hi ha més de 1000 assistents.

Finalment, a l’escenari extern al festival, trobarem a la veritable alternativa al rock. Amb un vell generador i uns tambors de bateria fets pols, els diversos grupúscles anarquistes i insurreccionalistes llançaran l’enèsima crida al disturbi a la mani que els hi quedi més propera (ideològicament) per tal de fer-nos recordar que els morts ara farà, més o menys, un porró d’anys (no em feu dir quants!) durant l’1 de maig eren molt i molt anarquistes. Tots aquests col·lectius (que pràcticament no tracten cap conflicte laboral durant l’any) esperen que aquest 1 de maig, per fi, es canti al seu ritme.

El dia que suposa ser per a les treballadores, acaba esdevenint un concurs de bandes, quan no una jam session improvisada. A la ciutat comtal es mouen moltes coses, però els rifi-rafes entre militàncies també son molt grans. Es tracta d’un problema greu si pensem que sols la nostra aposta política té la clau per escapar del capitalisme. Se’ns emplena la boca quan diem que la revolució la farà el poble organitzat quan som incapaces d’ajuntar-nos amb les nostres companyes més properes (ideològicament) per caminar durant una estoneta i fer quatre crits. Sarcàsticament, sembla com si nosaltres no forméssim part d’aquest poble que s’ha d’organitzar: clar que no, si pensem que només som músics sobre un escenari!

Crec que s’han d’intentar donar passes perquè l’1 de maig pugui tornar a esdevenir un important dia per mostrar una classe treballadora unida: no per generar cap mani-ritual sense sentit, sinó com a punt de partida per treballar colze a colze, dia rere dia, de manera coordinada. Hi ha debats que es poden donar, però de cara a incloure propostes i no a l’inrevés. Ho he dit de broma, però ojalà poguéssim tornar a veure aquelles manifestacions anticapitalistes unitàries que s’atrevien a pujar a Pedralbes a mostrar la cara rabiosa de l’explotació laboral. Ojalà l’1 de maig pogués ser un Woodstock.

Aquest any però, ja em perdonareu, però prefereixo descansar i cuidar-me (i ara que ho dic, on hem deixat a les feministes?). Amb els diners que no gasti en pancartes i petards, em compraré una entrada pel Viña Rock que, com a Barcelona durant l’1 de Maig, sempre toquen els mateixos grups.

Joan García

Libertarias y comunicación: asignatura pendiente

Por Joan García

Durante estos días saldrán decenas de comunicados sobre la nueva oleada represiva contra el movimiento libertario que se ha orquestado des de el Cuerpo de los Mossos d’Esquadra y la Audiencia Nacional. Antes de que salga otro comunicado anunciando que no nos rendiremos, seguiremos luchando, me gustaría hacer una reflexión sobre estos acontecimientos y una posible causa.

¿POR QUÉ NOSOTRAS?

Me pregunto ¿por qué es el movimento libertario, hoy en día, el punto de mira de la criminalización? Obviamente existe un componente de persecución ideológica y justificación de la represión y control pero, mi pregunta va dirigida hacia otra dirección: ¿por qué las libertarias somos de las únicas en entrar dentro de esta clasificación?

Es evidente que algunas visiones ácratas sobre el actual régimen pueden llegar a ser molestas por las élites pero, sin duda, hay muchas otras organizaciones que, por esta misma razón, podrían estar dentro del mismo saco. Sectores de la izquierda anticapitalista y antifascista, las PAH’s, grupos feministas, incluso algunos sindicatos de base y otros colectivos que practican la desobediencia han tenido un recorrido similar al del movimiento libertario de Barcelona y cercanías durante la última década pero no han sido víctimas de esta demonización. ¿Cómo sucede esto? Antes de expresar una hipótesis, un par de premisas:

• Estos grupos también son objetivos claros de la Ley Mordaza y la nueva Reforma del Código Penal y, en muchos casos, los medios también se han empeñado a deslegitimarlos, no obstante con resultados muy diferentes. Los escraches a políticos impulsados por la PAH fueron comparados con el nazismo, mientras que la derecha más casposa intentó conectar a la portavoz de la Plataforma en su momento, Ada Colau, con el entorno del terrorismo vasco.

• Es infantil y una completa falta de humildad asumir que el discurso o las prácticas del movimiento libertario son más peligrosas que el resto de apuestas antes descritas. Tenemos muy pocos ejemplos de victorias por parte de los anarquistas en los últimos años y no podemos, ni debemos asumir que estas se deban exclusivamente a nuestra intervención. Nada parece indicar que las prácticas autogestionadas hayan de convertirse en una fuerza a temer por parte del estado español en los próximos tiempos.

LA MARGINALIDAD

Si no somos tan peligrosos ni somos las únicas en recibir palos, entonces, ¿por qué hemos sido elegidas para ser el nuevo enemigo interno? Según a mi parecer, os diré que se debe, principalmente, a la marginalidad en la que nos hemos autosometido. Se trata de una marginalida en todos los niveles: con los problemas de las clases populares, con el resto de movimientos sociales, con la actualidad política y, sobretodo, con la era de las redes sociales y los medios de masas.

Creo que no hace falta resaltar las pocas propuestas frente a las luchas contra los deshaucios, los ERE’s o los servicios públicos que los libertarios hemos sabido proponer. Tampoco creo que sea necesario ver como en Barcelona existe un gran resentimiento hacia otras ideologías y lo poco flexibles que somos con las propuestas de alcance más reformista y los dogmas históricos que llevamos demasiado tiempo arrastrando. Nuestra propuesta siempre ha sido la abstención a trabajarcon estos sectores. Tampoco hemos sabido articular discursos de desafecto hacia los cambios políticos: los proyectos soberanistas y las nuevas propuestas electorales nos han pasado la mano por la cara.

Por último y, creo que se trata de lo más grave, ha sido no saber estar a la altura en el momento de trabajar nuevas formas de comunicación. Nuestros discursos son altamente maximalistas y parecen sacados del punk-rock más rabioso de hace 30 años, mientras que nuesta imagen exterior no dista mucho de la que nos intentan marcar. ¿Qué tipo de sociedad pretendemos construir si las únicas imágenes que tenemos son las de gente vestida de negro, caras tapadas y actos de tensión social?

Si bien algunas organizaciones, como la misma Embat, intentan romper esta microvisión sobre la pluralidad libertaria, aún hay sectores que defenderán los disturbios y el imaginario insurreccional como tácticas válidas. Puedo entender, en cierta manera, algunas de sus proclamas pero, debemos reflexionar sobre dos cosas:

• Primero de todo, que la Lucha no se delimita a la guerrilla urbana -por decirlo de alguna manera-. Hemos de recordar que, no solo las fuerzas represivas del Estado son quien nos hace la vida imposible. Las políticas neoliberales, la precariedad laboral, la violencia machista y el fantasma del fascismo son elementos tan peligrosos como la represión juridico-policial y no son precisamente elementos a combatir en las calles. Esta Lucha del que muchas ondean cual bandera debe estar luchada des de diversos frentes y espacios (en casa, en el trabajo, en una misma…) y con diferentes estrategias.

• En segundo lugar, hemos de ver que los medios son un frente en al que le debemos saber sacar partido. Las redes sociales y los mass-media son armas de doble o incluso, triple filo. Si bien hemos visto como muchas compañeras han terminado formando parte de las hordas en defensa de la democracia más banal o algunos periodista han sido cómplices directos de la represión sobre militantes, estos medios también han servido, en otras ocasiones para amplificar ciertos mensajes. Si la transmisión está bien ejecutada, el impacto puede ser mucho mayor que cualquier A dentro de un circulo.

Aquí se demuestra como otros sectores que las élites han intentado criminalizar han terminado siendo aceptados por el conjunto de la sociedad y la aparición de un enemigo interno ha sido anulada: su mensaje hacia el exterior ha sido de calma y empatía. Quien participa de estos espacios no es gente extraña ni violenta -en el sentido más ciudadanista que entiendo- y sus reclamaciones son básicas y necesarias. Esto quiere decir que, si no han caído en el hoyo del terrorismo ha sido porque se han legitimado.

LOS MALOS DE LA PELI

Si nos fijamos en cuál ha sido la respuesta del movimiento libertario de cara a su mala reputación, veremos que hemos tirado hacia un lado totalmente diferente, aceptando totalmente el papel de los malos de la película que nos han querido dar. Y alguien dirá: “pero participar del circo político-mediático es hacerse el juego a los poderes fácticos!”. ¿Pero es que a caso, asumir el rol de los malvados no es también colaborar con ellos y darles un enemigo contra el que luchar?*

Sinceramene creo que nunca se ha hecho una reflexión profunda entorno a este hecho ni se ha trazado ninguna linea estratégica sobre qué hacer ante los medios de comunicación. En la mayoría de los casos, la respuesta se ha resumido en asumir que todo periodista es un buitre en la cerca de carroña para las noticias de las 8 y se ha actuado imparcialmente de manera hostil hacia ellos. ¿Qué esperamos que finalmente terminen diciendo de nosotras?

Y pensaremos que lo que puedan decir los mass-media es algo que no nos interesa pero, si la política parlamentaria es un circo, debemos aceptar que nuestra política es también una obra de teatro en la calle. Hacer una pintada en una pared cualquiera o realizar una manifestación no tiene más objetivo que proyectar un mensaje muy concreto sobre un público que, en teoría, no llegaríamos a través de otros formatos. Gracias a la estética, el discurso y la reputación que nos rodea, el receptor de esta acción no dista mucho de ser el propio emisor.

Y aquí es donde entra el último factor a tener en cuenta, y es que hay demasiados autoproclamados anarquistas que se sienten cómodos dentro de la conformidad del gueto, siendo los más coherentes, letrados y críticos con todo lo que no entre en su círculo interno. Es por eso que reivindico que las ideas libertarias deben de estar al alcance de todo el mundo y debemos trabajar para acercarlas. Recordemos que ningún tipo de cambio revolucionario ha sido o será dado por la sola presencia de la ácratas, sino por su participación activa dentro de un marco mucho más amplio. Únicamente de nosotras dependerá si esta transformación tiene más o menos contenido autónomo y autogestionario o si la balanza cae por el otro lado.

CONCLUSIONES

Concluyo exponiendo una serie de propuestas para salir de esta marginalidad y, así, ser capaces de evitar ciertos grados de represión**:

1. Cambiar nuestra imagen, incluyendo la propaganda -carteles, pintadas, portavoces-, lenguaje, símbología y actos públicos

Hay suficiente en empezar con un par de clases de diseño de cartelería o bien copiando ideas ya usadas sobre el papel. L’Observador, la revista libertaria de la Garrotxa (Olot, Girona), copió su diseño de una revista escandinava que poco tenía que ver con sus ideales.

2. Trazar estrategias de comunicación efectivas

Saber aprovechas los medios radiofónicos, televisivos y digitales, sobretodo en momentos de represión y criminalización, sin caer en su mitificación ni en dejar de impulsar los medios propios o cercanos. También significa saber tratar con periodistas, cámaras y reporteras. Un buen ejemplo de ello es la rueda de prensa organizada por los grupos solidarios con las detenidas de esta nueva oleada de detenciones.

3. Flexibilizar nuestras políticas de alianzas y participar de los movimientos sociales de una manera amplia

Por mucho de nos duela, significa entender que nuestras ideas, por ahora, solo las practicamos nosotras y que, si queremos que sean adoptadas por las posiciones afines, no hay más remedio que introducirlas a través de la ósmosis y el ejemplo. Esta práctica nos puede servir para tejer nuevas alianzas y redes de solidaridad y realizar un flujo sano de militantes y proyectos que nos pueden favorecer mutuamente. También se trata de una práctica que nos permitirá romper con la hegemonía entorno al discurso, las movilizaciones y la lucha diaria. Es bien conocida la relación entre el anarcosindicalismo y la izquierda independentista en las comarcas catalanas, así como la histórica conexión que tubieron la CNT y la UGT en los años 20 y 30 del siglo pasado.

He escrito este texto des de una reflexión que lleva tiempo en mi cabeza y con la rábia de tener a compañeros muy cercanos represaliados en este caso. Toda la solidaridad, con el corazon però, sobretodo, con la cabeza.

______

*Se suele dibujar un discurso de ‘ni inocentes ni culpables’. Si bien este lema encaja perfectamente con la doctrina antiestatista, nadie parece entender el mensaje y, al no declararnos inocentes, somos por defecto culpables.

**Pese a que los grandos guerreros de la Anarquía insisten en la inevitable represión, somos muchas las hartas de dedicar el 90% de nuestro tiempo político a organizar actos recaudatorios -conciertos, cafetas con alcohol, comedores, colectas, cajas de resistencia- a causa de las malas praxis a las que estamos aconstumbradas y, si bien sabemos que siempre existirá cierta represión, también debemos intentar evitarla en gran medida. No olvidemos que una compañera encarcelada es una militante menos y somos pocas.

La educación burguesa: La negación de la esencia humana y el fetiche del aprobado

Se acabó. Terminó el trámite. Período de exámenes finales lo llaman.

Un mes de enclaustramiento, de vida sedentaria y cavernícola, empotrado en la habitación durante horas reteniendo lo mejor posible una información dada e impuesta. ¿Dónde queda el aprendizaje?, y ya no digamos la motivación, las ganas de aprender. No existe, eso no importa. El objetivo es aprobar, pasar el trámite, alcanzar el número, la nota, que te de el aprobado.

Estudiar para exámenes finales te obliga a no realizar otras tareas, te impone centrarte y concentrarte al máximo, porque cualquier detalle importa, nunca sabes lo que te pueden poner. La incertidumbre reina. De media, el estudiantado universitario se encuentra con mínimo cinco asignaturas en un período de exámenes finales de como mucho diez días. En general, en esos exámenes finales en está en juego la nota total de la asignatura, y en el mejor de los casos sólo ese examen cuenta un 60% o 70% de la nota total. Todo o Nada en un examen final de apenas un par de horas cuando esa asignatura tiene una duración de varios meses. Los temarios de las asignaturas varían, pero de media podemos encontrarnos con unas cien páginas de apuntes para estudiar. Eso en el caso de que no haya que estudiar por manuales, los cuales oscilan entre las doscientas y trescientas páginas.

La no socialización del período de exámenes obliga a adoptar un ritmo de vida individualista, simple y muy poco flexible. La intensidad y la importancia de la tarea lo exige. De tal manera, el estudiantado en época de exámenes finales se encuentra alienado, se niega a sí mismo para someterse a la obligación de aprobar. No aprende, memoriza. No despierta su interés y motivación por formarse, se obliga a realizar una tarea que no quiere hacer e incluso detesta enormemente. No cuestiona los conocimientos y la información ofrecida, la absorbe acríticamente. La tarea viene impuesta y no responde a los intereses y necesidades del estudiantado. Las sensaciones de amargura, estrés y mediocridad son comunes en esta época. Aquí también varía la situación en función de la clase social. El estudiantado de extracción obrera a menudo se encuentra sujeto a obligaciones familiares o laborales que le impiden poder dedicarse única y exclusivamente a la tarea de estudiar a ese nivel de intensidad. Viéndose en la obligación de optar entre ambas tareas, lo cual puede resultar imposible, o conciliar todas las tareas, lo cual en ocasiones es incompatible.

Paradójicamente, durante el período de exámenes en las bibliotecas se consume tanta droga como en los botellones. Varios cafés, bebidas energéticas como Red Bull o Monster, todo tipo de sustancias estimulantes para poder sobrevivir a la obligación de dedicarse durante un mes por y para memorizar una información que se te va a olvidar en su gran mayoría en no mucho tiempo. Eso sin hablar de la importancia y calidad de esa información. Ese es otro debate. Durante exámenes, aparecen todo tipo de alternaciones y problemas psicológicos en el estudiantado: ansiedad, depresión, estrés, todo un conjunto de comportamientos que responden a la obligación de superar el trámite. Porque de lo contrario, aparece el estigma y sensación del fracaso. Porque en caso de suspenso, existe la obligación de acudir a la recuperación varios meses después para iniciar el mismo proceso, con más dificultad esta vez al sumar más asignaturas. También cabe la posibilidad de repetir, y en este caso pagar el doble, y puede que más, por volver a cursar la asignatura. Para las familias con un gran colchón adquisitivo, volver a pagar el coste de la asignatura por duplicado puede no suponer un gran problema. Sin embargo, para las familias de clase trabajadora esto puede suponer la incapacidad de hacer frente a los costes y por ende tener que abandonar los estudios. El ambiente social que rodea al estudiantado de extracción más obrera es siempre más dificultoso y se encuentra rodeado a menudo de obligaciones extra-académicas.

El aprendizaje pasa a un segundo plano. Lo importante es retener en la mente el máximo de información posible para vomitarla en el examen. Después, esa información importa poco o nada. Tu aprobado depende de que expongas esa información, no que la interiorices y demuestres prácticamente, conceptos muy diferentes. El sentido crítico es completamente ajeno al estudiantado, incluso es contraproducente y causa problemas para aprobar. Mostrarse hostil y contrario a la información que te han obligado a retener y la ideología del profesorado puede ser problemático. Por eso, delante del examen nadie se plantea ser crítico/a, prefiere asegurar. La información retenida, por el propio proceso de memorización, intenso y sin descanso, en relación directa al formato de la prueba de examen(todo a una prueba), provocan que la información retenida no se interiorice a largo plazo, perdiéndose rápidamente. Después de las pruebas de examen, existe nula o escasa continuidad con la información retenida. De tal manera, se presupone que aprobar o superar esas pruebas ya te faculta para tener una serie de conocimientos de manera relativamente indefinida. Según el caso, también te otorga un título profesional irrevocable y sin pruebas posteriores que lo acreediten.

Esta es la situación con la que se encuentran miles de estudiantes en el Estado Español en épocas de exámenes. Si la crisis es para el capitalismo la mayor expresión de su decadencia, el período de exámenes lo es con respecto al sistema educativo burgués. Para estudiar un fenómeno de la manera más clara y explícita, es preferible abordar la parte más avanzada de un fenómeno(en este caso el período de exámenes en el marco del sistema educativo)

En definitiva, el sistema educativo burgués, clasista por su formato, no colabora a formar íntegramente al estudiantado: obliga y somete, aliena y desmotiva, bloquea y anula el sentido crítico y plantea los conocimientos y la formación de manera metafísica, no existiendo un proceso formativo flexible, completo y de continuidad. Se guía por fetiches como la nota y el aprobado, indicadores simbólicos que no responden a un aprendizaje real e interiorizado.

La sociedad necesita una educación humana, completa, enriquecedora y al servicio de sus necesidades. Para que esto pueda hacerse realidad primero hay que transformar el sistema socieconómico capitalista que propicia estas formas de vida. Y para transformar el sistema, una de las tareas fundamentales es fomentar métodos, contenidos de estudio y de formación revolucionarios y radicalmente diferentes a los actuales. Porque APROBAR, NO ES APRENDER.

Enero 2017,

Ernesto García

Fundación de un Sindicato de Inquilinos en Gran Canaria

Este sábado, día 21 de enero de 2017, se celebró en la Comunidad “La Esperanza” (Gran Canaria, municipio de Santa María de Guía), la asamblea fundacional del primer Sindicato de Inquilinos del archipiélago canario y del Estado español desde los años 30.

La convocatoria que nos invitaba a valorar la opción de crearlo decía esto:

Sobre la necesidad de crear un Sindicato de Inquilinos en Canarias

En Canarias hay, según datos oficiales, 135.000 inmuebles vacíos mientras 35.000 demandantes de vivienda no tienen casa. Se siguen produciendo una media de 20 desahucios al día. 9 de cada 10 desahucios forzosos son por impago de alquiler. Las instituciones políticas afirman carecer de casas suficientes, mientras han vendido el parque público de vivienda a gestoras privadas como Visocan, dedicadas a la especulación búrsatil.

El frente de la vivienda es de los pocos que ha resistido la desmovilización post-15M. Aunque también lo ha sufrido. Si la labor de las asambleas, colectivos y plataformas existentes es meritoria, aún hay déficits que debemos señalar:

1. La falta de una batería de medidas dedicadas a paliar la situación de indefensión de la clase inquilinal y precarista. El alquiler sigue sin ser parte prioritaria de la agenda, aún cuando el 90% de los desahucios se dan por esta circunstancia.

2. La carencia de herramientas directas que, más allá de negociación, piquetes y escraches, supongan un verdadero desafío ante los desahucios masivos como los orquestados por los fondos buitres. Hablamos de la necesidad de reivindicar y extender la Huelga de Alquileres.

3. La ausencia de una estrategia a largo plazo que suponga un cambio de paradigma y no nos reduzca a simples reguladores de las desigualdades del Sistema. Una estrategia que ponga sobre la mesa la necesidad de probar otras alternativas de gestión de la vivienda, que aspire a que esta se dé de forma directa por parte de los vecinos sin injerencias de intereses privados, que plantee la necesidad de que las decisiones sobre las viviendas las tomen quienes las habitan.

Detectadas estas lagunas, creemos que es importante articular un Sindicato de Inquilinos, aunque sea inicialmente a nivel experimental, en la isla de Gran Canaria. Un órgano abierto a inquilinos y precaristas, dedicado a asesorar (legal y extralegalmente) al arrendatario y a detectar clausulas improcedentes o draconianas en los contratos de alquiler, a tratar de impedir los desahucios forzosos abusivos, a plantear objetivos que verdaderamente cambien las condiciones de vida de los vecinos (como lograr que se fije un precio máximo del alquiler en los barrios obreros), a implementar herramientas de lucha colectivas (como la citada Huelga de Alquileres) que nos hagan entender el problema de la vivienda como un problema común y no como un conflicto particular, a denunciar y combatir todas las desigualdades e irregularidades que se dan en la esfera de la vivienda pública (algo que hoy se solapa), a crear redes de autogestión de vivienda que prueben otros modelos de organización habitacional.

Esta es la propuesta. Lo que nos falta dirimir como colectivo y a lo que trataremos de dar respuesta es a las siguientes cuestiones: ¿debe crearse esta estructura sindical autónoma desde 0 o deben usarse otras estructuras sindicales previas acordes al espíritu del proyecto? ¿Debe ser una estructura legalizada (en formato «asociación» [los sindicatos no laborales no los reconoce la legislación]) o alegal? ¿La táctica del conflicto constante es suficiente para evitar el asistencialismo y convertirse en una simple gestora? ¿Debe establecerse un sistema de cuotas mínimo? ¿Se necesitan unos estatutos, un pacto asociativo o basta con un simple compromiso de trabajo?

En la próxima asamblea fundacional contestaremos a estas preguntas.

La primera cuestión a tratar fue la de si existía un compromiso real de participar en un proyecto así. En poco menos de 5 minutos una veintena de personas, casi todas vecinas, ya estaban afiliándose al sindicato. Se debatió brevemente la cuestión del nombre, por si lo de “inquilinos” retraía a los hipotecados y pudiera dejar de lado a otro sector tan importante en el tema vivienda como las personas sin hogar. Se insistió mucho en poner el foco en la situación de quienes carecen de techo o viven en situación irregular. Finalmente se votó por mayoría denominarse Sindicato de Inquilinos como homenaje a los que nos precedieron, pero dejando claro que era un órgano amplio en el que cabían todos los damnificados habitacionales.

Se debatió después el tema de ser autónomos o aprovechar otras estructuras existentes. Ante la incomparecencia de los miembros de algunos sindicatos a los que se había invitado a título personal, se optó por unanimidad por la autonomía, aunque intentando buscar la confluencia con quien a la larga pudiera interesarse. Se discutió después el tema de la legalidad o alegalidad de la estructura del sindicato. Los partidarios de legalizarlo defendían que debíamos constituirnos como asociación (ya que los sindicatos extralaborales, comunes en muchos países, no los reconoce la legislación española) para tener más empaque y ser una persona jurídica de pleno derecho. Los partidarios de no legalizarse planteaban que la legalidad suponía señalar a los que registraran la asociación y aparecieran como vocales y tesoreros, y que era contraproducente en coyunturas como ocupaciones de inmuebles y demás. Al final no hubo acuerdo y se encomendó a los partidarios de la legalización hacer un informe que acreditara la mejor forma de articularse, consultando a abogados afines, para que lo presentaran en la próxima asamblea. Mientras, permaneceríamos temporalmente siendo alegales.

Se aprobó también fijar una cuota mínima simbólica de 50 céntimos mensuales por afiliado, pudiendo dar más quien quisiera y pudiera. A continuación se planteó la posibilidad de establecer una sede física, quedando aprobado finalmente, por propia iniciativa de las vecinas, que la Comunidad “La Esperanza” sería la primera sede del Sindicato de Inquilinos. Sin descartar abrir otras sedes en distintos puntos de la isla. Por último, se repartieron funciones y trabajo a realizar en base a la disposición y capacidades de cada uno: crear la red de asesoramiento legal, los medios de difusión informáticos, elaborar un esqueleto de principios básicos, la portavocía, la comunicación interna, etc.

En 3 semanas tenemos la próxima asamblea. Asistimos al inicio de un sindicato abierto a todas y todos, y que tiene mucho trabajo por delante si quiere demostrar que aún hay cosas que hacer en el frente de la vivienda.

Un afiliado al reciente Sindicato de Inquilinos de Gran Canaria.

La lucha y la Estrella

Es curioso ver como los propios movimientos de la izquierda anticapitalista -y dentro de estos la mayoría de grupos o colectivos que se podría decir que los forman- obvian de manera sistemática toda reflexión, crítica o polémica relacionada con el consumo, especialmente relacionada con el consumo de drogas y el consumo que llevamos a cabo en nuestros espacios y momentos de “ocio” (tanto haciendo referencia a los productos que consumimos como a los mismos espacios a los que vamos para consumirlos). Personalmente no me gusta hablar de momentos de ocio, ya que es perpetuar la división entre faena/ocio, trabajo/ocio, dando alas así al esquema que la propia dependencia y esclavitud del trabajo asalariado nos marca. Pero eso ya daría para otro artículo.

Si volvemos al tema del consumo, normalmente al consumo de drogas –incluyendo aquí evidentemente el alcohol- entramos en un terreno pantanoso que parece que conscientemente se quiera dejar de lado. Un debate que daría para mucho pero que ni tan siquiera hemos empezado a abrir. No son poco relevantes las consecuencias físicas que estas substancias conllevan y como afectan a las capacidades de los propios individuos, a los círculos sociales, familiares y de lucha. ¿Cuántas personas se han quedado por el camino directamente o indirectamente por el consumo de drogas? ¿Cuántas personas han abandonado la lucha y la implicación directa o indirectamente a causa de este consumo? Pero yendo más allá podemos encontrar muchísimas otras repercusiones negativas, que nos encasillan, que no nos dejan avanzar. ¿Cuántos espacios y causas son sustentados prácticamente de manera única gracias a la venta de estas sustancias? ¿No da para pensar la facilidad con que la mayoría de gente se gasta el dinero en tabaco, marihuana, alcohol y otras, y lo que les cuesta pagar por una camiseta antirepresiva, contribuir a un bote solidario, implicarse en un proyecto de productos “hazlo de mismx” o comprar un tíquet para una comida de un grupo autogestionado? Cada vez que vuelvo a ver cómo la gente pide latas de birra a la barra, mientras la hucha de resistencia o las paradas de fanzines, libros, ropa o música mueren por falta de recursos y por aburrimiento, se me agrieta alguna cosa dentro. Grietas que van haciendo un agujero cada vez más profundo y que llevan a plantearme, en consecuencia, muchas otras cosas de la resistencia, los ideales y de todas las personas que en teoría les damos vida. Y si aún damos un paso más, podemos debatir y analizar cómo, aunque llegásemos a considerar que anosotrxs y en nuestro espacio este consumo no nos afecta de esta forma, sí que inevitablemente deberíamos afrontar la parte de responsabilidad que tenemos al seguir perpetuándolo como parte indispensable de las relaciones sociales, de los momentos de “ocio”, de nuestras interacciones. ¿Qué es lo que estamos fomentando cuando vendemos/servimos alcohol por ejemplo? ¿Cuando decidimos gastarnos 3 euros en unas copas como forma de relacionarnos o quedar con lxs compañerxs?¿Cuando en un espacio liberado la mayoría de gente tiene en las manos una cerveza o un cigarrillo? ¿Qué es lo que poco a poco vamos interiorizando en nosotrxs mismxs y en las futuras generaciones que vendrán en los contextos de lucha y resistencia? Todas estas cuestiones y muchas otras son las que de forma cada vez más directa se me estampan en el cerebro. Las que ya no puedo hacer ver que no veo, ni puedo esconderlas más tiempo detrás de excusas y justificaciones, las que ya no puedo disimular más echándoles encima el aliento cargado de humo.

Pero creo que es difícil abordar este complejo tema, con el que la mayoría de gente se pone rápido a la defensiva, si ni tan siquiera se ha hecho el paso de cuestionar de donde viene ese alcohol que ingerimos, o el tabaco con el que nos liamos el canuto, o la mierda con la que nos destrozamos la nariz. Y es de eso de lo que me gustaría poder verter alguna cosa en estas líneas. Porqué el tema ya no es que los grupos de la izquierda anticapitalista no hagan crítica ni cuestionen como el consumo afecta a nivel individual, social, de grupo, de lucha, de saber construir alternativas… sino que tristemente ni tan siquiera se ha dado el primer paso, que haya un planteamiento de quien verdaderamente hay detrás, quien se enriquece, a qué estamos contribuyendo con todo eso que ingerimos, que vendemos, que forma parte de nuestros momentos y que tenemos prácticamente incorporado en nosotrxs mismxs.

Es paradoxal que Casales, Ateneos, sindicatos horizontales y otros colectivos que de manera directa atacan, combaten y tienen posiciones de confrontación –cada uno con sus matices y maneras de hacer- con el orden social establecido y el capitalismo que nos traga y devora, que en este tema se pase de puntillas, silenciosamente, casi como si no existiera. Seguramente el producto por excelencia que representa esta brutal incongruencia entre lo que defendemos y lo que después hacemos, es el alcohol. Y como ya he comentado no entraré ahora en hacer una crítica sobre su venta y su consumo. Sino que me centraré en el primer escalón del análisis de porqué cuesta tanto hacer un cambio en positivo, y que supuestamente, iría más concorde con lo que pensamos y por lo que luchamos. He podido observar incontables veces como las grandes marcas son las reinas de paraditas de sindicatos, de fiestas alternativas, de Casales de la izquierda independentista y de grupos varios de confrontación.Mientras que sobre papel y en nuestros lemas repudiamos multinacionales y marcas colonizadoras, explotadoras y expendedoras de miseria, cuando se trata de llevarlo a la práctica, sobre todo cuando se trata de ponerlo en práctica en nuestro ocio y consumo, le quitamos toda importancia, somos capaces de relativizarlo e incluso hacer mofa de los pocos grupos que por lo menos intentan no alimentar a los grandes monstruos que se han hecho con el control absoluto sobre todxs nosotrxs y han sabido acabar formando parte, curiosamente, tanto de los ambientes más selectos o institucionales, como de los ambientes más suburbanos o marginales.

Podemos encontrar la similitud con muchas personas que forman parte de grupos anticapitalistas o que ellas mismas se definen como tal, pero visten sin cuestionamiento pantalones o bambas adidas, nike o cualquier otra marca a la que se le tendría que vomitar encima. Y en la mayoría de veces no se trata de que aquella persona se haya encontrado unos pantalones, o un colega le haya regalado unos zapatos que no le van bien, sino que se compran enriqueciendo a los mismos poderes que después criticamos. Y se lucen hasta con orgullo. Pero incluso me pregunto, en los pocos casos en que realmente estos pantalones nos los hemos encontrado o han acabado en nuestras manos de formas casuales, si realmente tendríamos que ser un producto publicitario andante, trabajando gratis para estas asquerosas y asesinas empresas, mientras después decimos estar en contra de la explotación laboral, del imperialismo y de la destrucción del medio ambiente y de la tierra, entre muchas otras cosas. Pues lo mismo pasa –o aun peor- con el alcohol. Cuando vamos a manifestaciones con latas de xibeca compradas en el Mercadona, cuando hacemos comidas populares y ponemos sobre la mesa botellas de Coca Cola o cuando financiamos nuestros proyectos y espacios de resistencia con la venta de Estrella Damm (o otras grandes marcas corporativas) y vino cualquier supermercado que explota a sus trabajadrxs. Y es que en el caso del alcohol no es solo que nosotrxs consumamos estas marcas y por tanto hagamos publicidad cada vez que levantamos el codo, sino que encima las vendemos en nuestros espacios, las vendemos en las jornadas que nosotrxs mismxs organizamos, y las vendemos en los conciertos y espectáculos autogestionados y que intentan alejarse de las líneas convencionales y del consumo de masas.

Normalmente el debate es inexistente; ya ni tan siquiera se pone encima de la mesa el tema de porqué se está comprando Estrella Damm, Moritz, o qualquier otra. Y lo mismo podría aplicarse a los zumos, por ejemplo –si es que llegamos a ofrecerlos-. Ni tan siquiera se pregunta si hay alguna alternativa a comprarlos en cualquier supermercado, y de cualquier marca que llena botellitas con fruta de cámaras congeladas que viene de vete a saber dónde y añadiéndole toneladas de azúcar. O botellas de cristal conlúpulo cargado de pesticidas y agua contaminada del rio Llobregat, engordando aún más a la franquista familia Carceller. Las veces que se saca el tema las respuestas acostumbran a ser dos: decir que no hay alternativa, o decir que el cambio sería demasiado caro. En relación a la primera respuesta se puede estar de acuerdo en cierta parte. Encontrar bebidas de proximidad y fuera de las grandes multinacionales es más complicado. Pero no es imposible, ni tan siquiera diría que es muy difícil.

Especialmente por lo que hace a los productos alcohólicos cada vez es más fácil encontrarlos fuera de los engranajes habituales. Ya que dentro de los espacios “no oficiales”, dentro de los movimientos revolucionarios y de los grupos de lucha, la mayoría de personas hacen uso de las botellas –y no precisamente para lanzarlas contra la policía o los cristales de La Caixa-, también han nacido proyectos y opciones para adquirir alcohol. En relación a la segunda respuesta también decir que es cierta. Pero eso precisamente nos lleva, creo yo, a uno de los centros del debate, a uno de los pinchos más afilados que intentamos bordear para no pincharnos, pero que nunca nos atrevemos a quitar. Una botella de cerveza local, artesana, echa por una pequeña empresa o, aún mejor, por un grupo autogestionado, cooperativa o por algunos colegas en la casa que tienen en el pueblo, puede ser más cara. Pero es aquí donde debemos posicionarnos una vez más, como hacemos en muchos otros aspectos de nuestra vida, cuando tomamos decisiones que no dejan de ser política y declaraciones de principios. ¿Qué es lo que queremos? ¿Que la gente vaya a los espacios a emborracharse? ¿O lo que queremos es que sean y seamos conscientes de lo que hacemos, lo que tragamos, con qué y donde nos gastamos el dinero? Decir que si se vende esta clase de birra la gente no la va a comprar, es pensar y fomentar que las personas solo beban para emborracharse, para dejar en casa su consciencia o pisarla hasta enterrarla bajo el cemento. Por un lado estamos alimentando el circulo de que mejor vender y consumir mucho y barato, siendo una mierda, que vender y consumir menos pero de calidad, de la forma lo más coherente posible con lo que en la teoría pensamos. Es cierto que a menudo las personas prefieren tener en las manos todo el rato una lata llena, que comprar la mitad y degustar un producto con otra historia detrás, siendo conscientes de dónde va el dinero que sacan del bolsillo y volver a casa sin caerse por la calle. Pero precisamente esta cultura del alcohol como base para nuestras relaciones y fiestas, es con lo que deberíamos querer y poder ir rompiendo, aunque sea lentamente. Por otro lado, comentar que a veces el caro o barato son términos relativos y que van en función del valor personal que damos a cada cosa. Más de una vez he oído a alguien diciendo que “no se puede permitir” gastarse dos euros en una bebida local y casera, pero después veo que esta misma persona no parece tener problemas en dejarse 6o 8 euros tragando birras Estrella en la terraza de un bar pijo progre del centro un sábado por la tarde.

Personalmente, hasta que no empecé a plantearme toda una serie de cuestiones y a dejar de lado cervezas, porros y tabaco, no pude ver de manera fría como estaba de enganchada ya no solo a esas mierdas, sino a las relaciones basadas en esas mierdas. Hablando claro, me costaba estar dos horas sociabilizando con alguien sin tener entre las manos un vaso o un cigarro para ir llevándome a la boca. Y esto me condujo a ver lo poco libres que somos y la toxicidad en las formas con que nos relacionamos y llenamos nuestro tiempo. Creo que será difícil plantear un debate serio entorno al consumo de drogas, especialmente en nuestros espacios y en nuestros compañeros y compañeras de lucha, si ni tan siquiera nos queremos plantear qué estamos vendiendo, cómo lo estamos vendiendo y con qué finalidad. Abandonar las comodidades puede costar, pero sinceramente, si no somos capaces de renunciar a cosas como ir a llenar la nevera del local con latas del Spar, aún menos confió que podamos renunciar a privilegios más grandes que nos vienen dados, como los derivados del género o de nuestra piel blanca. O que seamos capaces de dejar de lado otras comodidades o maneras de hacer en pro de la lucha contra este sistema.

Diciembre 2016
Laia M.M.

Génesis de la obra «Tiempos Modernos» de Charles Chaplin

Cuentan los cronistas del cine que cuando Chaplin era un niño, trabajó en una imprenta donde había una enorme máquina que el pequeño tenía que alimentar con rollos de papel; el niño tenía pesadillas en que la máquina lo atrapaba y lo engullía.

Tras el estreno de Luces de la ciudad, Chaplin emprende su segundo viaje por Europa (entre 1931 y 1932) donde se encuentra con los efectos de la crisis económica internacional. Muy probablemente, es en ese tiempo cuando empieza a gestar el guión de Tiempos modernos; un largo proceso donde las dotes narrativas de Chaplin se ponen al servicio de una crítica al sistema capitalista. En esta película, por primera vez, la tragedia cobra importancia en sí misma y no como mero «escenario» o ambiente en que Charlot se desenvuelve. Ya no es «el drama de Charlot» sino Charlot viviendo el drama del desempleo, de la explotación y la cosificación de la clase trabajadora en aras de la productividad. (Manuel Villegas López Charles Chaplin. El genio del cine).

La fábrica ante la que se atropellan los obreros (identificados irónicamente con un rebaño de ovejas) pudo ser soñada por Taylor, es el templo de la «racionalización industrial», las teorías que Henry Ford llevaría a la práctica en su fábrica de automóviles de Detroit. De hecho, es posible que el fondo de Tiempos Modernos lo tomara Chaplin de los reportajes de un periodista en cuyos artículos afirmaba que las personas que trabajaban en las cadenas de montaje de Detroit, a los pocos años, se convertían en despojos humanos. En la fábrica cada obrero construye una pieza y él mismo no es más que otra pieza. En esta distopía, el gerente aparece en todas partes a través de altavoces y pantallas de televisión (35 años antes de que estos aparatos empezaran a comercializarse), incluso en los lavabos donde el obrero Charlot trata de descansar fumando un cigarrillo. Es el «Gran Hermano» de Orwell quien, posiblemente, tomara en cuenta estas secuencias para crear su famosa distopía 1984, publicada en 1949.

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Tiempos modernos aborda, en clave cómica, la terrible tragedia de millones en todo el mundo durante los años de la «Gran Depresión» período en que Estados Unidos aborda el «New Deal» de Roosvelt y en Europa se crea el «Estado del Bienestar» como una revolución desde arriba y pasiva que aplaca, en parte, el peligro de contagio de la revolución soviética (1917). También es la época de los totalitarismos (Hitler, Mussolini, Stalin) que Chaplin recreará posteriormente en El gran dictador.

La película que nos ocupa, además de abordar el tema del desempleo, la deshumanización y el maquinismo, gira en torno a la idea del tiempo. Es el tiempo industrial, donde cada acto durante la jornada laboral tiene que ajustarse al ritmo de las máquinas. La secuencia de la máquina que da de comer a Charlot ilustra bien esta idea. Es la época y la mentalidad del «Tiempo es oro» y no se puede desperdiciar comiendo o fumando un cigarrillo; aunque, Chaplin no duda en mostrar al gerente de la fábrica «perdiendo el tiempo» completando un puzzle o leyendo un periódico (unas tiras cómicas). Es un canto a la rebeldía contra la vida automatizada que despoja al ser humano de su humanidad.

Con técnicas propias del melodrama, Chaplin aborda una compleja crítica del sistema capitalista y de sus crisis periódicas que se traducen (como sabemos) en recortes de derechos y precarización de la clase trabajadora. No escatima recursos a la hora de representar las miserias del pujante sistema, aunque, gracias al humor dosificado, evita caer en el patetismo panfletario, convirtiéndose de esta manera en una crítica a través de la risa. Veamos algunos de estos temas subyacentes en el film:

* Cadenas de montaje donde el trabajador es una pieza más de la maquinaria a la que se llega a adaptar hasta el punto de asimilar el movimiento espasmódico repetido durante toda la jornada.

  • Eficiencia; hay que ahorrar tiempo a costa del descanso y el bienestar del trabajador (máquina alimentadora).
  • Deshumanización y maquinización de los seres humanos.
  • Control (pantallas y altavoces por toda la fábrica).
  • Represión; cuando Charlot encuentra la bandera roja que ha perdido un camión y se convierte, sin querer, en líder de la manifestación obrera, la policía actúa con contundencia para disolver a los manifestantes. Charlot acaba en la cárcel que también es una fábrica donde hay un tiempo para cada cosa, marcado por el sistema penitenciario; Chaplin aprovecha para denunciar el tráfico de drogas en las cárceles, permitido y hasta aprovechado por los mismos guardianes.
  • Empobrecimiento de la clase trabajadora: Charlot trabajando de vigilante en un centro comercial sorprende a unos ladrones que resultan ser antiguos compañeros suyos de la fábrica, ahora parados; se emborracha con ellos y les ayuda a llevarse cosas. La situación de la chica, cuyo padre ha muerto a consecuencia de la represión de una huelga y que se encuentra con Charlot cuando roba una barra de pan para dar de comer a sus hermanos.
  • Competitividad entre trabajadores o falta de solidaridad de clase; cuando Chaplin vuelve a buscar trabajo a la fábrica, se abre paso a empujones entre el resto de obreros.

Al final de la película aparecen sentados Charlot y la chica al borde del camino, siempre los caminos y el andar en pos del horizonte, en busca de una vida mejor o, quizás tan sólo, en busca de una nueva aventura que nos salve de la rutina y del ruido de las máquinas. «¡Saldremos adelante!», dice Charlot en la que pasa por ser su primera frase hablada en el cine; ¿saldrán adelante? ¿será posible una vida mejor después de lo que hemos visto, después de lo que han vivido? Los vemos alejarse en pos del horizonte, en un final que queda abierto para que el espectador saque sus propias conclusiones.

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TIEMPOS MODERNOS. VANGUARDIA Y NOSTALGIA

Dice Eduardo Rodríguez Marchante (en el prólogo a Charles Chaplin. El genio del cine de Manuel Villegas López) que el de Chaplin es «(…) el único caso en la historia de cualquier arte en que un mismo artista consiguió al tiempo ser el más vanguardista y el más rezagado. Chaplin fue la vanguardia de un arte de vanguardia en la época de las vanguardias(…), y era aquel mismo Chaplin que hizo Tiempos modernos, pura poesía silenciosa, una década después de que el cine mudo cambiara el disco por el sonoro».

¿Por qué ese empeño en el silencio? Rebeldía, tal vez, contra un arte que se estaba convirtiendo en industria. Es sabido que Chaplin no se sentía a gusto en Hollywood y que, incluso, sufrió una crisis nerviosa fruto de las presiones de un sistema que exigía de los productores un ritmo cada vez más rápido. Además, como dijo de él Franz Kafka: «(…) Es un ser humano dentro de un mundo de máquinas en el que la mayoría de sus compañeros (…) no tienen fantasía (…)» Tal vez considerase que las posibilidades técnicas y artísticas del cine mudo no estaban agotadas aún.

Y, de todas formas, aunque Tiempos modernos mantenga los carteles con las líneas de diálogo, ¿hasta qué punto puede ser considerada una película «muda»? Chaplin nos ofrece los sonidos que quiere mostrar porque tienen un sentido en la narración, se trata de una sonorización simbólica que refuerza el argumento de la trama; como cuando oímos la sirena de la fábrica, o la voz del gerente a través de los altavoces, o las indicaciones del inventor a través de una grabación fonográfica; el genio de Chaplin está reforzando la idea de deshumanización de la sociedad de estos «Tiempos modernos».

Por otra parte, cuando Charlot interpreta, en la cafetería esa canción en idioma inventado (quizás el idioma que todos podríamos entender) podemos intuir un símbolo de la creatividad humana que ninguna máquina puede sustituir. Hay más lecturas de esta película, pero prefiero dejar que cada quien saque sus propias conclusiones.

 

JR CRESPO

Publicado originalmente en http://odiseacultural.com/

Más información sobre el autor en su blog, “Los delirios de El Rey Peste“: http://eapdelirio.blogspot.com.es/

 

 

 

 

 

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