El caso Scala. La estocada final al anarcosindicalismo español

Pasados casi cuarenta años de dictadura franquista, con la caída de los comités –tanto nacionales como en el exilio- durante la década de los cincuenta, y con la muerte del ‘Generalísimo’ Franco, el anarcosindicalismo, al que se daba ya por muerto y bien enterrado, resurgió. Una resurrección recibida con desconfianza por parte de los sectores políticos, tanto del sector tardofranquista como por aquello que llamaron “oposición democrática”, pasando por el minoritario –aunque muy activo- tradicionalismo de corte carlista. No solo los partidos políticos que pretendían tomar parte de la “transacción” española vieron con recelo el resurgimiento del anarcosindicalismo, sino también el sindicalismo ‘amarillo’ (CC.OO y U.G.T) que fue tomando fuerza los últimos diez años de la dictadura. La C.N.T. y su ideología no solo no tenían cabida en el proceso de la Transición, sino que suponía verdaderamente un problema. Así que el Estado español tuvo como objetivo prioritario conseguir, no tanto su desaparición, sino la marginalización de la que en su día fue la fuerza sindical con más afiliado de la historia de España.

El retorno

En diciembre de 1975 se hizo una reunión en un local madrileño una reunión de doscientas personas en la que se decidió la puesta en escena (política), de nuevo, al sindicato ‘cenetista’ a nivel local y elegir un comité regional que asumiera el papel de Comité Nacional Confederal. Lo mismo ocurrió en Barcelona justo un año más tarde. El sindicalismo revolucionario, anarquista, que se había dado por muerto, al parecer no había sido bien enterrado, y volvía a resurgir. Entre quienes organizaron la ‘nueva’ C.N.T. estuvieron aquellos cenetistas que habían continuado vinculados a la organización desde la clandestinidad (y que en muchos casos habían estado ligados al colaboracionismo del ‘cincopuntismo’) y los que mantuvieron contacto con el sindicato desde el exilio francés. Además, también participaron de esta reorganización sindical quienes fueran militantes de los grupos “Liberación” y “Solidaridad”. El primero un agrupación de origen cristiano y de corte consejista. El segundo, también de origen cristiano y nacidos en los años setenta que tenían como referencia ideológica y de acción la carta de Amiens del sindicalismo revolucionario.

En menor medida, también se integraron al sindicato anarquista individuos procedentes de otros colectivos cristiano católico, como la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), que durante el franquismo habían pertenecido al MOA (Movimiento Obrero Autogestionario) y al FSR (Frente Sindicalista Revolucionario) que se inspiraban principalmente en las ideas anarcosindicalistas.

También, y en gran medida, confluyeron en la organización ácrata una gran cantidad de personas jóvenes que procedían de las ideas anti-autoritarias, situacionistas y posmodernas del mayo de 1968, una confluencia que se hizo, sobretodo, a través de lo que durante la Transición Española se llamó “Grupos Autónomos Armados”. Hubo otro sector que, por suerte o por desgracia, fue minoritario a la hora de reorganizar a la C.N.T. llamados “los integrales” y que fueron partidarios de la creación de una organización “integral”, es decir, que la C.N.T. dejara de ser únicamente un sindicato y se transformara en una organización cuya actuación abarcara todo los campos de lo político y no solo el campo sindical. El sector marxista que tomó parte de esta reorganización cenetista lo compuso mayormente la OCI (organización trotskista) y diversos grupúsculos de marxistas libertarios (consejistas).

La puesta en escena

A finales de julio de 1976 tuvo lugar el primer Pleno Nacional de Regionales de la C.N.T. reconstituida de la que tomaron parte las delegaciones de Cataluña, Levante, Asturias y Castilla. En este primer pleno se decidió que fuera la federación local de Madrid quien se encargara de nombrar al primer comité nacional de la nueva era. Fue tres meses después cuando se decidió, en un pleno de militantes, sus nuevos componentes. El mítico –y ya veterano- Juan Gómez Casas fue escogido secretario general. El panorama sindical era muy confuso en aquel momento. No solo desde el punto de vista jurídico, también desde la implantación de cada organización. Por una parte, el Gobierno de Adolfo Suárez procedió al desmantelamiento del Sindicato Vertical franquista. Por otra parte, comenzó una feroz lucha por ocupar nuevamente el espacio sindical. Comisiones Obreras, U.G.T., U.S.O., S.O.C., y E.L.A-S.T.V., crearon la llamada Coordinadora de Organizaciones Sindicales, basada en la moderación política, la reforma pactada y en la subordinación de los intereses de la clase trabajadora a las directrices del Estado español y ‘su’ patronal. La C.N.T., evidentemente, rechazó participar en tal organización.

Pero la guerra ya había comenzado, tanto la COS como las altas instituciones políticas no iban a permitir que el anarcosindicalismo radicalizara, de nuevo, a la clase trabajadora. A finales de 1976 empezaron a difundirse los rumores de que la C.N.T. tenía lazos con los marxistas del PCE(r) y el GRAPO. Daba igual las grandes diferencias ideológicas entre los dos colectivos, en esta guerra todo valía. Incluso el órgano propagandístico del P.C.E., Mundo Obrero, empezó a difundir que la organización cenetista estaba compuesta por servicios secretos para socavar los cimientos de la ‘nueva’ “democracia”. El 27 de marzo de 1977 tuvo lugar la “furia libertaria” en una plaza de toros de San Sebastián de los Reyes donde la C.N.T. celebró su primer acto público con un inconmensurable éxito. Lo mismo empezó a ocurrir por diversas localidades de todo el Estado, hasta que se llegó al cenit en Barcelona. El 2 de julio cien mil personas se congregaron en Montjuich para demostrar que el anarconsindicalismo no estaba muerto. El 7 de mayo de 1977 se procedió a la legalización de la C.N.T.

Dos días después de su legalización, el sindicato anarquista recibió la invitación del ministro de Trabajo de formar parte en la delegación española que acudiría a la conferencia de la OIT que se celebraría en Ginebra. La C.N.T. declinó tal invitación. Se quiso dejar claro que no se quería entrar en el juego de la Transición Española.

La integración del movimiento obrero fue uno de los objetivos prioritarios del Estado español para la consolidación del proyecto de la “transacción” política. Para con la C.N.T., primeramente, se aplicó un régimen de “apagón informativo”. Comunicados, ruedas de prensa o informaciones varias sobre conflictos laborales donde participaba la C.N.T. fueron totalmente silenciadas. En segundo lugar, el modelo sindical que se fue estableciendo tuvo como objetivo prioritario fortalecer las burocracias frente a la propia actividad sindical. Así se reforzaba la dependencia de los partidos políticos y del propio Estado, se buscaba, pues, la existencia de otro Sindicato Vertical que no pusiera en peligro la nueva “paz social” que se estaba creando. Ya en 1976 se produjeron las primeras acciones violentas que se relacionaban con la C.N.T. en ciudades como Barcelona, Murcia, Málaga y Valladolid. Las páginas de los grandes periódicos de tirada nacional iban copándose cada vez más y más de malas noticias que aparecían relacionadas con el sindicato anarquista.

Los Pactos de la Moncloa

En 1977 la situación de España era terrible. El déficit comercial y la deuda exterior triplicaron las reservas monetarias españolas, la inflación alcanzaba promedios del cuarenta por ciento y el paro llegaba al millón de personas, sin que su mayoría recibiera prestaciones económicas. Una situación que para el Estado podía suponer una traba para la propia Transición. Alcanzar un pacto social se convirtió en prioridad del gobierno de Adolfo Suárez. El encargado de llegar a ese pacto fue Enrique Fuentes Quintana.

Fuentes Quintana, ministro de Economía por aquel entonces, fue el encargado de, durante el mes de agosto de 1977, redactar un documento en el que se proponía llegar al ‘ansiado’ pacto social, basado en una moderación salarial para la clase trabajadora y la aceptación de la política gubernamental, es decir, acatar la monarquía parlamentaria y el capitalismo, por parte de los principales sindicatos y partidos de la oposición. Ese verano estuvo repleto de reuniones interminables entre Fuentes Quintana –y demás altos cargos del gobierno- con los principales dirigentes del PCE, PSOE, UGT y CC.OO. Llegó el otoño y se formó las llamadas comisiones mixtas Gobierno-Oposición que redactaron los apartados del texto final que suscribieron los principales partidos parlamentarios del momento el día 25 de octubre en el Palacio de la Moncloa. Justo dos días más tarde, el Congreso de los Diputados aprobó los que serían conocidos desde entonces como los “Pactos de la Moncloa”. Estos pactos representaban el acuerdo de las fuerzas políticas parlamentarias con las fuerzas sindicales mayoritarias para “reconducir” la alarmante situación económica que padecía España. Un pacto interclasista y reformista que traspasaba al mundo laboral el modelo político de la metamorfosis de la dictadura a una monarquía parlamentaria.

Paralelamente a estos pactos, que no suponían más que cargar sobre las espaldas de la clase trabajadora los desmanes económicos de cuarenta años de dictadura franquista, proseguían los ataques, sobretodo propagandístico, contra la C.N.T. Incluso desde la prensa española se dio un carácter anarquista a la R.A.F de Ulrike Meinhof cuando se produjo el secuestro y muerte del empresario Hans Schleyer. Muchos rumores desde los principales periódicos y emisoras de radio, como el del secuestro por parte de la C.N.T. del ministro Landelino Lavilla, incidían en toda la población y hacían que, aún más, el anarconsidncialismo fuera una fuerza marginal.

El atentando contra la sala Scala

Domingo 15 de enero de 1978. Esa mañana la C.N.T. había convocado una manifestación en Barcelona contra los “Pactos de la Moncloa”. Quince mil personas se dieron cita esa mañana en el centro de la ciudad condal. La manifestación transcurrió pacíficamente sin indecentes hasta que se desconvocó la marcha. Aun así, sobre las 13:00 horas de la tarde se desencadenó un gran incendio en la sala de fiesta Scala que se encontraba en la calle Consell de Cent con el passeig de San Juan. El incendió fue de tal proporción que no solo destruyó todo el edificio, sino que también causó la muerte de cuatro de sus trabajadores, casualmente afiliados, dos de ellos, a la C.N.T. En un primer momento nadie pensó en un acto terrorista, sino en un intento de atraco con desenlace final trágico. También se habló de una posible “campaña” de apoyo a Albert Boadella, perseguido en aquel momento por la actuación teatral de su obra “La Torna” donde ridiculizaba a las altas estancias militares. Sin embargo, durante la mañana siguiente la Policía Nacional hacía público un documento donde informaba de la detención de cuatro jóvenes militantes de la C.N.T. que supuestamente habían participado en la manifestación. Según la versión policial, después del mitin de finalización de la marcha, se dirigieron a la sala de fiestas contra la que lanzaron seis artefactos incendiarios que originaron el fuego. Se les calificó de “Comando F.A.I.” que, según la policía, era el brazo armado de la C.N.T.

Todos los medios de comunicación comenzaron a relacionar este atentado terrorista con la organización cenetista. Estaba claro que, una vez más, se intentaba identificar a sindicato con atentados, violencia y perturbación de la “paz social”. En tan solo 48 horas se había logrado identificar y detener a los presuntos terroristas, lo cual extrañaba mucho. Los días siguientes se sucedieron más detenciones de militantes cenetistas. Hasta doscientos cenetistas pasaron por las dependencias policiales. Se trataba, pues, de una campaña, para amedrentar a las personas más activas del sindicato ácrata y dar una imagen de organización terrorista para alejar así al cuerpo de afiliados. Terrorismo de Estado puro y duro. El deterioro de la imagen de la C.N.T. fue brutal, y fue un punto de inflexión del cual no se levantaría cabeza nunca más. El estigma fue tan brutal que pertenecer a la C.N.T. era sinónimo de ser terrorista y miles de trabajadores y trabajadoras se dieron de baja del sindicato. El Estado español había conseguido su objetivo. Todos los detenidos e imputados fueron torturados y humillados, así se consiguieron las confesiones por parte de los cenetistas. El caso más terrible fue el contado en el juicio por la cenetista Maite Fabres, que denunció que fue apalizada durante horas y encañonada con una pistola en la cabeza. Un mes más tarde el juez que instruía el caso ordenó el procesamiento de once cenetistas por “delitos de atentado” y “tenencia de explosivos”. Las detenidas comenzaron una largaperegrinación por diversas cárceles españolas, desde Barcelona hasta Segovia, pasado por Ocaña, Burgos y Yeserías.

Un juicio extraño

Como suele ser tradición en los juicios políticos, la instrucción del caso Scala estuvo repleto de irregularidades y trabas. Como por ejemplo la ausencia del ministro de Interior Rodolfo Martín Villa, citado por las defensas, la destrucción rápida del edificio Scala y la negativa judicial de aceptar como testigos a los propios dueños de la sala de fiestas. El juicio fue tan estrafalario que hasta la acusación tildó de anarquista al fiscal del Estado, Alejandro del Toro Marzal, por sus protestas contra lo que consideró un escándalo judicial.

Uno de los puntos negros del caso fue el propio origen del incendio. El juez que comenzó la instrucción del caso Scala pidió un informe a un perito. En su resultado perital aparecían los análisis de laboratorio de las muestras que se recogieron. En ellas se había detectado la presencia de fósforo, componente químico totalmente ausente de los cocteles molotov que se habían lanzado contra la sala de fiestas. Parecía como si se hubiera acumulado el fosforo en la sala Scala para que esta ardiera como una falla. Los testigos de la acusación decían haber oído detonaciones, pero el informe perital dictaminó que las bombonas de propano no explotaron. Otro de los percances con los que se encontró la defensa fue el repentino interés por parte de los propietarios de la sala de fiestas por comprar las fotos tomadas durante el incendio, realizadas por un vecino. Días más tarde los negativos fueron comprados y las fotos no volvieron a ver la luz. Tampoco se hizo caso a las declaraciones de varios testimonios vecinales que aseguraban que el fuego se había iniciado en la parte trasera, justo el lado opuesto donde impactaron los cócteles molotov. La defensa hizo hincapié en que la entrada del local, revestida con moqueta anti-inflamable, estaba intacta. El juez hizo oídos sordos. Todo este juicio político provocó hasta un “enfrentamiento” entre la Audiencia Provincial de Barcelona y la mismísima Audiencia Nacional. La Audiencia Provincial, entendiendo que se trataba de un acto terrorista, envió el sumario del caso a la Audiencia Nacional en Madrid para que fuera esta quien se hiciera cargo. Sin embargo, la Audiencia Nacional le devolvió el caso a la Audiencia Provincial de Barcelona, donde se celebraría la vista judicial finalmente. El “enfrentamiento” venía dado por el criterio de calificación del delito. La fiscalía de la AN no encontraba forma de mantener la acusación de “banda armada” o “delito de terrorismo”. La única prueba de esto fueron las aportadas por la Policía Nacional mediante torturas y humillaciones a los detenidos cenetistas. Tampoco pasó inadvertido el certificado firmado entre el Gobernador Civil de Barcelona con los dueños de la sala Scala en el que se calificaba al incendio como un acto con “carácter político”, lo cual aumentaba la suma monetaria en la indemnización.

Tuvieron que pasar dos años, en enero de 1980, para que la Audiencia Provincial de Barcelona dictara la celebración del juicio. Quedaron oficialmente procesados y casuados Luis Muñoz García, José Cuevas Casado, María José Lopez Jiménez, Francisco Javier Cañadas Gascón, Arturo Palma Segura y María Pilar Álvarez. La otra detenida y torturada durante horas, Maite Fabrés, pasó esos dos años encarcelada y finalmente puesta en libertad sin cargos.

El uno de diciembre se celebró la primera vista en la Audiencia Provincial de Barcelona, tras varios días de encontronazos entre la policía y los manifestantes que clamaban por la amnistía de los acusados. El Tribunal lo formaban Xavier O’Callaghan Muñoz y Ángel de Prada. El desenlace ya venía dictaminado desde fuera, y no era otro que la condena de los acusados. La finalidad de desprestigiar a la C.N.T. ya se había conseguido desde hacía un par de años. En la primera sesión, la defensa, compuesta por Mateo Seguí, Marc Palmés Giró y José María Loperena hicieron hincapié en que las confesiones de los acusados habían sido obtenidas bajo tortura. El Tribunal denegó estudiar si esto era cierto o no. El segundo día de la vista, en mitad del juicio, Maite Fabrés, ya en libertad provisional y el acusado Luis Muñoz se abrazaron efusivamente. Los policías que los vigilaban los separaron de muy malas formas lo cual provocó una gran pelea dentro de la sala entre acusados, policías y parte del público allí presente. El juez ordenó desalojar la sala. Todo el sumario se sustentaba en confesiones obtenidas en comisaria bajo torturas, humillaciones y malos tratos.

La sentencia se hizo pública el día 8 de diciembre de 1980. Se calificaba el incendio como un “delito de imprudencia con resultado de muerte”. Se condenó a 17 años de prisión mayor a José Cuevas, Javier Cañadas y a Arturo Palma, a 5 meses a Rosa López y a 2 años y seis meses a Luis Muñoz. Pilar Álvarez fue absuelta. Los tres restantes quedaron en libertad. También se impuso una indemnización económica a los propietarios de la Sala Scala de Barcelona de 288 millones de las antiguas pesetas y de cinco millones a cada una de las familias de las cuatro víctimas. Como era evidente, la C.N.T. protestó ante esta sentencia basada exclusivamente en las pruebas policiales extraídas bajo torturas.

La ‘muerte’ de un sindicato

Las consecuencias para la  C.N.T. fueron terribles. El caso Scala cortó de raíz su expansión por la clase trabajadora y sus afiliados fueron disminuyendo. Fue una operación, otra más, del Estado español contra el anarquismo en España. La gran repetición de la participación de la C.N.T. en el incendio terminó por hacer creer a la gente sobre su verdadera implicación. Tal hecho terminó por deteriorar, aun más, la imagen del sindicato ácrata y del anarquismo en general. Ser afiliado a la C.N.T. fue algo que se convirtió en sinónimo de tener problemas: Los medios de comunicación lo hicieron impopular y los cuerpos policiales y fascistas peligroso. En esta ocasión, a diferencia de los grandes procesos del Estado contra el anarquismo español, las ideas libertarias no pudieron resistir. El hilo rojinegro se rompió de tanto tensarlo, y hasta el momento no ha podido ser reconstituido. Los ataques a la C.N.T. fueron recibidos con gran alegría por los partidos de “izquierda” como por los sindicatos “mayoritarios” que veían así como desaparecía un fuerte competidor. Todos miraron hacia otro lado. El desprestigio para con la opinión pública sirvió, también, para ahondar en las divisiones internas del sindicato. El seno del sindicato anarquista se dividió entre quienes pensaban que había que defender a los acusados fueran culpables o no, y los que pensaban que tan solo había que defenderlos oficialmente si se demostraba realmente que eran inocentes.

Los años fueron pasando y el caso Scala fue cayendo en el olvido. Los condenados con mayores penas salieron de prisión a los nueve años por buena conducta. La sala de fiestas nunca volvió a construirse. Las familias de las víctimas no percibieron más que un millón de pesetas de indemnización y una pensión de 18.000 pesetas mensuales. Por su parte, la C.N.T., sin desaparecer oficialmente, continuó en declive hasta llegar a la actual situación, de la que intenta resurgir. Nunca más se volvió a reabrir el caso Scala. A nadie parece interesarle “reabir heridas”. Sin duda alguna, lo ocurrido esa fatídica mañana del 15 de enero de 1978 es unomás de los agujeros negros de aquella “modélica” Transición.

El paso de la dictadura “nacional-católica” a la “democracia” parlamentaria en España se hizo sobre un pacto de amnesia y sobre 591 personas muertas. Era necesario desactivar cualquier posibilidad revolucionaria del movimiento obrero. En este hecho estuvo la motivación última del caso Scala.

“No me preocupa ETA, quienes de verdad me preocupan son los anarquistas y el movimiento libertario.” Rodolfo Martín Villa (Ministro de Gobernación) en declaraciones hechas días antes del incendio de la sala Scala.

Borja Libertario

Recuperación de la Sanidad Universal: estrategias para desvincular el beneficio económico del beneficio social

paceinte-con-garrotaLa industria sanitarias actual hay que entenderla como entramado económico sectorial en que tan importante para nuestro bienestar son los hospitales como las aseguradoras que dan acceso a los servicios, mutuas, clínicas que suplen carencias, farmacias que suministran el material o servicios sociales que evitan el deterioro de nuestra calidad de vida. Pero tan importante es la industria farmacéutica como las Universidades o los medios de comunicación, que forman el imaginario social sobre los Servicios de Salud, nuestra percepción y grado de satisfacción.

Tal hecho no pasa desapercibido para los capitalistas que aprovechan cualquier resquicio de debilidad de su propio sistema para obtener beneficio personal, a costa de lo que sea, incluida nuestra salud. Con el tiempo vemos claras las estrategias empleadas, pero también las formas de corregirlas.

Estrategia empresariales: obtención de liquidez para emplearla en Fondos de inversión

La sanidad privada se frota las manos cada vez que en una parte del territorio se hace una concesión de un Servicio.  Cabe destacar las 256 empresas privadas en Madrid. De entre todas resaltamos a Capio, Quirón, Mapfre, Adeslas, Sánitas, Cruz Roja, Orden de San Juan de Dios como algunas de las más poderosas. Estas empresas son las que dominan el mercado privado. El Lobby sanitario en España se agrupa en Sedisa, una asociación de 900 directivos de la industria sanitaria que ponen dinero para comprar legisladores y controlar las concesiones.

Aquí una relación de empresas sanitarias en el Estado Español: http://empresite.eleconomista.es/Actividad/SANIDAD-PRIVADA/.

No solo la industria sanitaria, representada por sus infames buques insignia están interesados en la privatización de la Sanidad, también la infame industria de los Seguros, organizados en su no menos infame lobby Adecose. No solo se pretende la privatización del sistema sanitario, sino también el de las pensiones públicas para que pasen a manos privadas, potenciar los seguros y seguir la fiesta de los mercados por medio de los fondos de inversión. Es una cadena en la que éstos últimos son los verdaderos interesados. Los cambios son graduales, pero evidentemente decididos. Entre los operadores en españa encotramos pesos pesados como AXA, Allianze, Atlantis, Reale, Mapfre,  o los capos nacionales como Mutua Madrileña, Mútua Catalana, Patria Hispana o Pelayo.

Estrategia Mediática: Profesores, científicos y periodistas en nómina

El siguiente artículo muestra cómo la industria sanitaria usa todos los medios posibles para hacerse con los servicios sanitarios de los distintos países. Es inquietante la relación que mantiene con sociedades científicas y medios de comunicación, siempre dispuestos a publicar estudios a la carta que beneficien a sus mecenas. Profesores, científicos, periodistas, políticos y consejeros son parte del aparato propagandístico.

El envejecimiento de la población no disparará los costes sanitarios- CAS

A la inversa de lo que pregona el discurso difundido estos últimos años desde diversas tribunas, el envejecimiento de la población no conllevará un aumento exponencial de gastos sanitarios, mantiene el Instituto de Investigación y de Informaciones Socioeconómicas (IRIS) en un reciente estudio, cuyos autores afirman que el “catastrofismo” discursivo es una estrategia al servicio de la privatización.

[…]

El “auxilio” de la privada
El IRIS habla de un incremento anual de gastos de apenas 1,28 % asociado al envejecimiento — situación “perfectamente sostenible”, precisa Hébert. “El discurso alarmista prepara el terreno de la privatización masiva. Cuando el Estado se declara incapaz de asumir la oferta de servicios sanitarios, la gente se dice que habrá que pedir socorro a la privada.”
El estudio concluye que “el riesgo mayor en materia de envejecimiento es la ideología neoliberal que informa la casi totalidad de las reformas estatales y la implementación de políticas públicas.”

Fuentes: http://iris-recherche.qc.ca/publications/vieillissement vía Coordinadora Anti-privatización de la Sanidad Pública de Madrid

Por suerte el pensamiento único y la propaganda ubicua se ven compensados por los medios alternativos y contrainformativos que cada vez tienen más aceptación en la sociedad. Se necesitan demasiadas mentiras demasiado evidentes para mantener el sistema.

Estrategia política: puertas giratorias

También resulta curioso comprobar cómo un servicio público necesario, no electivo, es cedido a las compañías privadas por el doble o triple del precio.

Tal pérdida de capital público solo se explica por la retroalimentación  entre el poder político y los intereses privados; realizan acuerdos en la sombra, usurpando el control de estas maniobras a los representantes públicos (partidos de la oposición, organizaciones sindicales y profesionales). Hay, en estas prácticas, flagrantes conflictos de interés y un uso abusivo y vergonzante de las puertas giratorias.

Algunos personajes (Lamela, Güemes, Rocío Mosquera, Antonio Burgueño) han alcanzado notoriedad por practicar con habilidad el «revolving door». El daño que provocan estas actuaciones -a la sociedad, al sistema sanitario y a sus trabajadores, a nuestra salud y a nuestros descendientes-, es inconmensurable. Estas prácticas fraudulentas esquivan el control social y la supervisión de los organismos públicos y de la justicia. Pero se convierten en hechos consumados que, en algunos casos, serán difícilmente reversibles. Diario digital Nueva Tribuna

Recuperación de la Sanidad universal: Estrategias Sociales en la Sanidad

Problemas actuales:
Someramente caben destacar problemas generales derivadas de nuestras necesidades. El principal objetivo sería es el mantenimiento de los servicios y asegurar su funcionalidad futura.

– La principal amenaza es la falta de presupuestos y las deudas contraídas.
– La actual gestión semiprivada se muestra deficitaria y encarece el servicio a más del doble con respecto a la gestión totálmente pública, por lo que en el actual escenario de inestabilidad económica pone en peligro la viabilidad a medio plazo de los servicios.

Soluciones parciales:

La solución de los distintos gobiernos, tanto centrales como regionales, en su acervo neoliberal, es privatizar de servicios y la concertación, lo cual encarece aún más el gasto por paciente, convirtiendo el sistema en insostenible. La solución es aún peor que el mantenimiento del sistema actual.

Una solución rápida sería la internalización de los servicios privatizados, lo cual haría disminuir el precio del servicio por paciente a prácticamente la mitad.

Otra solución a medio plazo sería replantear la estrategia general de los servicios sanitarios, actualmente con una medicina dominada por la Industria Farmacéutica y centrada en las causas biológicas. Habría que replantear los conceptos de Salud-Enfermedad y el abordaje de las causas psico sociales. Aquí ya comenzarían los problemas y resistencia de las oligarquías al incidir en el orden y sistema imperante.

Pero todo esto mantendría los problemas estructurales actuales: despilfarro y escasez, duplicidades, burocratización, desvío de fondos, nepotismo o incompatibilidades que llevan a la sanidad a ser un producto al servicio de los poderes económicos y políticos, lleno de parásitos y al borde de la ineficiencia y no un servicio público.

Solución final: desvincular el beneficio económico del beneficio social

Para que la sanidad sea sostenible y eficiente necesitamos desvincular el beneficio económico del beneficios social. Esto no se podría hacer mediante un modelo estatal o privatizado.

El modelo actual es insostenible. Pero no solo para la sanidad, sino para cualquier servicio público. Es un modelo empresarial de gestión que potencia el beneficio en términos económicos escudándose en índices de salud marcados por los agentes sociales. Pero estos agentes también se mueven en los mismos términos empresariales, por lo que los objetivos mercantiles se trasportan a los servicios públicos en los mismos términos. 

Mientras el modelo actual, empresarial y politizado continúe se seguirán reproduciendo las deficiencias, conflictos de intereses que llevan a la sanidad a ser uno de los principales problemas presupuestarios del país.

Se necesita un cambio de modelo: los empresarios y políticos son incapaces de satisfacer nuestras necesidades sanitarias. Necesitamos unos servicios gestionados y controlados por empleados y usuarios y no por empresarios, técnicos o políticos con intereses personales en aprovecharse de su posición de privilegio para sacar ventaja como vemos hoy en día.

El método sería organizar servicios gestionados por las comunidades de forma horizontal.  Lo cual requeriría:
Formas de gestión específicas, superando el modelo empresarial, ya no solo en los centros sanitarios, sino en barrios, distritos, ayuntamientos y regiones.
Revisión de la cartera de servicios
Reordenar el organigrama basado en unidades de gestión y comisiones y no en cargos directivos. 
Revisión de las competencias de los cargos: electos o rotativos, revocables y despolitizados, sin cargos de confianza.
– Revisión de los conciertos con otras instituciones

Cambio de modelo: Unidades de Gestión Independientes y Asambleas de Distrito

El cambio de modelo ya se ha realizado otras veces, por lo que sabemos que es posible y ha funcionado. La clave y el problema reside en conseguir apartar al poder político del económico.

Para conseguir el control, sostenibilidad y el suministro racional del bien social vital se propuso la autogestión económica, plasmada en los planes de la CNT, que incide en la gestión de los medios de producción orientados en la demanda, y no en la oferta. El modelo es bien simple: los trabajadores organizados en unidades de trabajo independientes, autogestionados, coordinados y federados racionalizan la producción. Un plan lógico, económico (barato), transformador, pero que está lejos de las expectativas sociales actuales. Los capitalistas también se dan cuenta del poder de esta estructura, pero cuando estas unidades son gestionadas de modo empresarial son un desastre, una forma de introducir la privatización, aumentar los costes y disminuir servicios. Esto es debido a que ni son unidades, ni gestionan ni son independientes.

La propiedad privada está demasiado protegida por los medios represivos, por lo que un inicio posible sería separar a los políticos, que suelen ser empresarios, de sus cargos políticos. Echarlos de los ayuntamientos, instituciones y cargos.

Una Asamblea de Distrito que organizase una Comisión de Sanidad podría tener posibilidades de introducir algunos cambios, sobre todo en la cartera de servicios y los conciertos con otras instituciones, pero la política general está marcada por el estado y la Ley de Sanidad. Como posibilidad reconocemos un gran potencial.

Publicado 5.5.2015, última edición 8.5.2015

La prioridad nacional… A estas alturas

El “área patriota” española sigue a la deriva, entre la fragmentación y el pandillismo navajero de los últimos 30 años. Sin embargo, de ese pandillismo a veces emergen líderes e ideas capaces de aglutinar al suficiente número de antisociales como para hacer pasar a su pandilla de larva a mosca cojonera.

Estos días nos encontramos en prensa con la última genialidad de los ultras del Elche, la campaña #lonuestro. Desde enero y con el correspondiente lavado de cara, esa agrupación local de pandilleros ha ido poniendo en marcha una campaña de marketing para difundir unas ideas muy concretas y que se hace eco de la iniciativa más sonada del “área patriota”, los “Hogares Sociales” del MSR.

Tanto la campaña que el pasado 16 de abril a rellenado minutos telediario como los mensajes del partido que anda detrás de los “Hogares Sociales” de Madrid y Zaragoza, el MSR, circulan en torno al concepto de la “prioridad nacional”. Pero no sólo estos grupúsculos. La prioridad nacional es un punto común de los programas del “área patriota”, aunque con divergencias. Alianza nacional, como buenos nazis sacados de un museo, la vincularían al “derecho de sangre”¹. Plataforma per Catalunya para no empantanarse mucho en su contradicción nacional, lo cual es muy duro para un partido nacionalista, apuesta por un discreto “primer els de casa”. Democracia nacional también lo lleva por bandera, después de muchos años de hacernos pasar por el museo del terror de las campañas de propaganda.

Pero eso no es todo. El afamado Jorge Vestrynge cada vez que puede [1] [2] no hace más que plantear la cuestión de una supuesta “prioridad nacional”, o “nacional-popular” si lo prefieren, para “tratar bien a los de aquí y a los que vienen”.

Pues a estas alturas, con el Mediterráneo ensangrentado, hay que decirlo alto y claro: la “prioridad nacional” YA EXISTE. La población trabajadora migrante se enfrenta a bastantes más barreras que la nativa frente al empleo y no sólo el empleo, también para las ayudas sociales. Existen ciertos requisitos para acceder a un puesto de trabajo (permisos, seguridad social, nivel educativo…), existen largos trámites para obtener permisos de residencia y no digamos ya la nacionalidad, existen barreras según el nivel educativo que son aún más altas cuando hay que convalidar, existen barreras culturales más relevantes que el idioma y que se apoyan en lo que se conoce como racismo, y que está bastante más enraizado de lo que parece. La propuesta de los “patriotas” consiste entonces en endurecerlas, sin más.

¿La “prioridad nacional” nos ha evitado el paro a los no-migrantes? ¿Nos ha evitado que los barrios se conviertan en guetos? ¿Nos ha evitado los desahucios, la precariedad, los bajos salarios…? Vamos a ver por qué no.

La línea argumental de todas estas posturas parte de ver el mundo del trabajo como si fuera un mercado perfecto. “Entra mano de obra a menos precio, el coste de la mano de obra baja porque la demanda de trabajo prefiere pagar menos por el mismo servicio.”, “Entra mano de obra barata a un mercado en el que hay una mano de obra más cara, por lo que la más cara se va quedando fuera del mercado”. Son afirmaciones básicas de la “economía” de mercado. Pero como cualquiera que conozca economía sabrá que si bien estas afirmaciones son válidas en lo que se conoce como “micro-economía”, al escalar estas relaciones la cosa se complica y por la “macro-economía” no sigue reglas tan simples. En el mundo “macro” las cosas no son tan sencillas y por eso la economía neoclásica a este nivel es un sinsentido que no es capaz de predecir 2008 en 2007. Hay quién considera que si las reglas del mundo “micro” no funcionan en el mundo “macro” es porque hay imperfecciones a las que llaman intervencionismo, socialismo, estado, chemtrails o cualquier chorrada. A esa gente la llamamos liberales. Los liberales al menos saben cómo funciona su teoría económica, para aplicarla a un mundo imaginario.

Este caso es un ejemplo en donde la lógica “micro”, en lo “macro” hace aguas. ¿en serio creéis que en el mercado de trabajo sólo interviene el precio, la cantidad de oferta y la cantidad de demanda?¿un conjunto de mano de obra es sustituible de forma perfecta y completa por otro? Claro que no. Los liberales culparían de que esto no fuera así a alguna fuerza maligna: el estado, los vagos, los monopolios, los sindicatos… Otra gente pensamos que simplemente, en el mundo “macro”, no se puede hablar de nada en economía sin contemplar su Historia. No hay leyes inmutables en la economía del mundo “macro”. Así que tenemos que ceñirnos a la realidad que contemplamos. Y eso vamos a hacer.

A principios de siglo, con la llegada de millones de personas como mano de obra a los países centrales del orden económico global, no pasaron millones de personas al paro automáticamente. Ni bajaron inmediatamente los salarios. De hecho, cuando finalmente esto ocurrió no fue por una “saturación” de mano de obra, cosa que podría darse según esas “matemáticas nacionales”, sino que ha ocurrido por un proceso de crisis sistémica del capitalismo. Resulta que las cuentas no salen. Resulta que la “prioridad nacional” no nos protege de nada a las trabajadoras de aquí, puesto que estamos expuestos a fuerzas que nos llevan al paro, a la miseria, a la precariedad y que al final nos llevan a la migración. No conviene perder de vista que las migraciones son consustanciales a la condición de trabajador. Aquí lo explican con palabras que hasta Manolo Canduela entenderá:

LA MAYOR PARTE DE LOS TRABAJADORES SON INMIGRANTES (EN SU PROPIO PAÍS), LES GUSTE O NO.
Los trabajadores no podemos permanecer ligados a nuestras “raíces”. Trabajamos donde hay empleo, pues no nos dan nada más para poder vivir. Cuando la industria del acero del noroeste de Inglaterra cerró porque no lograba beneficios, la gente se trasladó a Londres para encontrar trabajo. Cuando la construcción estaba mejor pagada en Alemania, en los años 90, miles de trabajadores británicos acudieron allí. Ni que decir tiene que cuando el desempleo llegó al 20-30% en Polonia en los 90, nos fuimos de allí. No fuimos nosotros quienes empezamos la guerra en Siria, Ucrania o Somalia, y no queremos combatir por este o aquel contendiente. Así que tenemos que huir de allí. Todos somos inmigrantes en cierto sentido…”

Si la “prioridad nacional” no sólo no nos sirve de nada a los de aquí tan sólo sirve para complicar aún más la vida a nuestros iguales y agravar la diferencia entre identidades. Esto tampoco sale de la nada. De la misma forma que para entender la macroeconomía hay quienes apostamos por contemplar la Historia, para entender que lleva a los pandilleros de rojigualda y navaja a apostar por una campaña así como banderín de enganche hay que ver en qué contexto estamos. La reacción a la mundialización de la economía por un lado y del avance de los movimientos sociales post-68, especialmente feminismo y ecologismo, se está materializando en una vuelta a los fundamentalismos religiosos, incluidos los laicos. En Israel el judaísmo más ultra, el Estado Islámico en el mundo árabe, los neofascismos en Europa, las grandes sectas en China…todos coinciden en aglutinar a grupos sociales descontentos en torno al refuerzo de la identidad excluyente y del patriarcado. En Castilla y otros países de Europa la presión popular contra el fascismo ha mantenido durante años en la marginación a los grupos que abanderan esa reacción identitaria y patriarcal, sin que consigan ser masivos y manteniéndolos en una constante autodestrucción puesto que su composición social se basa en un puñado de antisociales resentidos por su pérdida de estatus ante el avance del feminismo, principalmente.

Pero como vemos eso no es todo, sino que esta lógica envenenada que como ya se ha señalado aquí hay gente en Podemos que defiende y que está arrasando electoralmente en distintos estados de Europa. Pues nada, habrá que mantener la presión sobre el “área patriota” para que su mundo y sus matemáticas sigan en 2 dimensiones.

Valladolid. Abril de 2015.
@botasypedales

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1.– https://anlostuyos.wordpress.com/que-queremos/
Nota: no ponemos el enlace directo por evitar el trackback.

Guerra y Revolución: Joaquín Ascaso, el primer presidente aragonés y El Consejo de Aragón

Ante el fracaso del golpe de Estado en gran parte del país, se desencadenó, a partir del 19 de julio de 1936, un proceso revolucionario sin precedentes en la historia de España. El movimiento anarquista vio el momento de llevar a la práctica su ansiada revolución social. Con la colaboración de algunas fuerzas políticas y sociales, y con la oposición de otras, comenzó lo que ha sido el último intento de transformación social, económica y política realizado en Europa, inspirado mayormente en los planteamientos anarquistas. Aún con la férrea oposición a este singular proceso revolucionario por parte del republicanismo liberal y del marxismo mayoritario (PCE-PSUC), no faltaron las propias dificultades desde dentro de las mismas estructuras anarquistas. Como en las demás grandes revoluciones europeas, la revolución social española devoró a algunos de sus hijos. Fue el caso de Joaquín Ascaso Budría.

Aragón se convirtió en el estandarte máximo de la evolución que experimentó toda la sociedad española a partir del 19 de julio de 1936. No solo por la profundidad a la que se llegó en el proceso revolucionario, sino también por la creación de una institución política encargada de impulsarlo, el Consejo de Aragón.

Un orden revolucionario 

 Ante el desmantelamiento de toda estructura estatal en la zona aragonesa, el movimiento anarquista tuvo que hacerse cargo de la reorganización de la vida social, política y económica. Los cenetistas comenzaron la reorganización  de la estructura regional en agosto de 1936 en la famosa localidad de Caspe, además de la creación, en Bujaraloz, de la primera gran entidad anarquista dedicada a encauzar el proceso revolucionario, acabar con el vacío administrativo y evitar que Aragón se convirtiera en una “colonia” de la Generalitat de Cataluña, el Consejo Regional de Defensa de Aragón.

La creación de este Consejo no tuvo un origen únicamente de ideología anarquista. Otros motivos políticos fueron, también, los que suscitaron la necesidad de la creación de este Consejo, como el deseo de paliar las operaciones militares catalanas en suelo aragonés y saldar el vacío administrativo y organizativo existente, sobretodo en la zona rural. El regionalismo “popular” creciente durante esos años en la tierra de Francisco de Goya no se hizo esperar más y se puso manos a la obra. Lo que impulsó este “levantamiento” cantonalista fue la irritación que le provocaba al pueblo aragonés el papel secundario que se les asignaba por una Cataluña directora de la guerra y de la organización social, mientras que ellos proporcionaban mucho más aprovisionamiento y capital humano para la guerra. Al Consejo  se le sumaban nuevas instituciones regidoras de la vida pública que habían surgido de forma casi espontánea ante el vacío administrativo republicano, tales como el Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña, el Comité de Salud Pública de Málaga o el Comité Ejecutivo valenciano.

En principio, este nuevo organismo político aragonés no pretendió ser una entidad regional administrativa, sino un organismo que diera respuesta a la nueva situación revolucionaria. Aun así, no se pudo obviar la presencia del Gobierno republicano. Por este mismo hecho la C.N.T. buscó un reconocimiento legal de dicho organismo aragonés. Tal reconocimiento se saldó con la creación del Consejo de Aragón con la presencia de las demás organizaciones que conformaban el Frente Popular, tal consejo quedó compuesto por una mitad cenetista y por la otra mitad compuesta por miembros comunistas, socialistas y republicanos liberales. Este hecho significó que el nuevo organismo fuera adoptando procedimientos administrativos más propios del Estado burgués que no del ideal revolucionario con el que había nacido. Como por ejemplo con la sustitución, en 1937, de los comités municipales, que habían sustituido a los ayuntamientos desde 1936, por Consejos Municipales que tiraron por la borda todos los logros económicos y sociales conseguidos gracias a la colectivización de los medios de producción.

Hasta su ocupación por parte de las tropas comunistas de Líster en el verano de 1937, en Aragón existieron tres niveles diferentes de poder. El Consejo de Aragón, formado por cuatrocientos delegados de los consejos municipales. En segundo lugar, la Federación Regional de Colectividades, que se encargaba de crear las conexiones locales y comarcales para los asuntos de agricultura y comercio. Y el último escalón de poder lo conformaba la propia estructura anarcosindicalista de la C.N.T. que, con su red de sindicatos, en algunas ocasiones ejerció de árbitro entre los dos anteriores niveles de poder político.

La colectivización aragonesa y el Consejo de Aragón

El Consejo Regional de Defensa de Aragón se fundó como tal en el Pleno Extraordinario de la C.N.T. de Aragón, la Rioja y Navarra celebrado en la localidad de Bujaraloz el 6 de octubre de 1936. Tal consejo fue compuesto por 174 representantes de 139 municipios y de las milicias anarcosindicalistas que luchaban en el frente de Aragón. En la ponencia del pleno extraordinario se propuso, desde un primer momento, al destacado militante cenetista Joaquín Ascaso Budría como presidente del Consejo de Aragón. Además, para darle pluralidad política a esta nueva institución revolucionaria, se decidió que participaran las distintas fuerzas políticas y sindicales aragonesas en una proporción en la cual de cada 10 representantes, uno fuera republicano y dos fueran de la U.G.T. En un primer momento, ni republicanos ni ugetistas respondieron al ofrecimiento anarquista, así que desde el principio todos los puestos quedaron ocupados por militantes cenetistas. El primer “gobierno” quedó formado por Joaquín Ascaso Budría como presidente, Miguel Chueca Cuartero como consejero de Trabajo, Adolfo Arnal Francia en la consejería de Economía, Francisco Ponzán Vidal en Transportes y Comunicaciones, Miguel Jiménez Herrero como consejero de Información, José Mavilla Villa se ocupó de la consejería de Agricultura, y, por último, Adolfo Ballano Bueno fue el consejero de Justicia y Orden Público. Todos los estos consejeros aragoneses, así como el resto de los 174 delegados que conformaban el Consejo de Aragón, provenían del mundo académico (éstos fuertemente influenciados por las enseñanzas del jurista y economista aragonés Joaquín Costa) y del mundo laboral (camareros, albañiles, etc).

El Consejo Regional de Defensa de Aragón se presentó desde su primera ponencia como un organismo popular, nacido de la nueva situación revolucionaria y del deseo de emancipación proletaria, decidido a reglamentar la economía y la vida cultural, social y política. Desde un primer momento, este nuevo organismo se topó con la oposición tanto del Gobierno republicano como de la Generalitat de Cataluña. El propio presidente Manuel Azaña, en un alarde del clásico elitismo liberal, despreciaba a esos nuevos consejeros aragoneses refiriéndose a ellos como “trabajadores elevados a ministros”. La campaña comunista, liderada por el Secretario General del PCE en Aragón, no se hizo esperar. No dudaron en aliarse con el republicanismo liberal para catalogar al nuevo “cantón” aragonés como una “nueva Ucrania makhnovista” y una organización apologista del delito, la violencia y el terror.

El 31 de octubre una comisión del Consejo de Aragón se entrevistó con el presidente del gobierno republicano. De tal reunión nació el compromiso de avalar ‘legalmente’ al organismo anarquista e incorporar las distintas entidades frente-populistas. He aquí la muerte en vida del Consejo Regional de Defensa de Aragón, el cual había nacido como una puesta en práctica de los planteamientos federales libertarios, y que ahora se convertía en una región autónoma avalada por la República y que declaraba a Joaquín Ascaso como “delegado del gobierno”. Aun con la entrada en el CRDA de consejeros de Izquierda Republicana, U.G.T. y P.C.E. la estructura republicana anterior al golpe de Estado no pudo restablecerse, y aun con ciertas renuncias anarquistas, el organismo del Aragón libre siguió con su inmensa tarea de organización de la vida política y social.

Si la aparición de esta nueva entidad política supuso un viraje radical en la vida del pueblo aragonés, la mayor radicalidad supuso la puesta en escena del proceso colectivista de campos e industrias. La colectivización fue más una necesidad económica que una simple opción revolucionaria. En febrero de 1937, en la famosa localidad aragonesa de Caspe, se creó la Federación Regional de Colectividades.  El buen funcionamiento de la colectivización aragonesa fue tal que se realizaron nuevas construcciones agrícolas y de riego, hospitalarias, educativas y asistenciales, además de proporcionar cantidades ingentes de abastecimiento a los pueblos de la retaguardia de Madrid y Cataluña.

Tras los sucesos de mayo de 1937 y el fin de la hegemonía anarquista, el 11 de agosto se decretó oficialmente la disolución del Consejo de Aragón por parte del Estado. Las persecuciones, encarcelamientos y asesinatos de militantes anarquistas no tardaron en llegar. El decreto de disolución supuso que la misma madrugada del 10 de agosto de 1937 las 11, 27, 30 y 43 Divisiones del Ejército Popular comenzara a tomar posiciones de ataque. Al mando de estas divisiones estaba el famoso militar comunista Enrique Líster, conocido con el sobrenombre del “asesino de anarquistas” desde que ordenara fusilar a cientos de libertarios castellanos por haber colectivizado zonas de Castilla y León, cosa que había “prohibido” el PCE castellano. El mismo día del decreto de disolución, las tropas de Líster destruyeron por la fuerza todo el progreso revolucionario conseguido hasta entonces en tierras aragonesas, se instaló el nuevo gobernador comunista, José Ignacio Mantecón, se asaltaron los locales de la C.N.T., F.A.I. y F.I.J.L. con la detención de cientos de anarquistas y las tierras e industrias colectivizadas fueron devueltas a sus antiguos dueños o se les asignaron nuevos propietarios. El cambio de situación trajo un gran deterioro de la economía aragonesa y la vida de la retaguardia. Las vueltas de la tierra a propiedad individual provocaron el resurgimiento del caciquismo y el abandono del cultivo de grandes extensiones de tierra. Las estructuras de distribución y comunicación quedaron inutilizadas y se generalizó un despilfarro de recursos y una gran suspensión de casi todas las labores agrícolas. El descalabro llegó a tal punto que el propio secretario del Instituto de Reforma Agraria, el marxista José Silva, reconoció públicamente el error que supuso haber disuelto las colectividades aragonesas. El quebrantamiento de las promesas de progreso social por parte de la república en abril de 1931 tuvo su secuela en agosto de 1937 con el estrangulamiento del proceso revolucionario en Aragón.  La C.N.T. perdió su “feudo” aragonés, su militancia descendió de los 140.000 a 76.000 y el Consejo de Aragón pasó a mejor vida.

Joaquín Ascaso Budría: El “primer presidente” de Aragón 

Joaquín Ascaso nació el 5 de junio de 1906 en Zaragoza y, como en muchos otros casos, pasaba más tiempo en el exilio y la cárcel que en libertad. Empieza a destacar en la militancia revolucionaria a partir de la proclamación de la Segunda República española y la vuelta de su exilio en Francia. Arduo militante de todas las luchas sociales de la época, participó también en la creación de las Juventudes Libertarias, a cuya directiva perteneció. Además, fue el fundador del “Sindicato de Parados”. Después de 1931 pasó a formar parte del Sindicato de la Construcción, siendo elegido presidente del comité de la sección de albañiles. En el segundo congreso de la C.N.T. aragonesa celebrado en Zaragoza él fue del sector cenetista que pedía una mayor radicalidad en la lucha contra el régimen republicano. Hasta 1934 Joaquín Ascaso supo hacerse un nombre, tanto en las filas de la militancia revolucionaria, como en la propia oposición republicana, lo que le costó que a comienzos de 1933 su nombre fuera incluido, por el gobierno republicano, en la “lista negra” de los anarquistas aragoneses sometidos a arresto en la prisión de Pina de Ebro.

Joaquín Ascaso y la caída del frente aragonés

Cuando las tropas comunistas y republicanas comenzaban la disolución forzosa del Consejo de Aragón, Ascaso se encontraba en Valencia asistiendo en el pleno nacional de regionales. El día 9 de agosto de 1937 partió dirección a Zaragoza. No había recorrido más de diez kilómetros en su automóvil cuando las fuerzas comunistas le dieron el alto. La orden era clara y concisa, evitar a toda costa que Ascaso estuviera presente cuando comenzara la ocupación de la comuna aragonesa. Mientras el día 11 las unidades militares del Ejército Popular asaltaban la colectividad aragonesa, Joaquín Ascaso ya estaba encarcelado en una celda de la prisión valenciana. Salió en libertad un año después, sin ningún tipo de cargos. Nada más salir de prisión comenzó a cocerse la leyenda del tesoro de Ascaso, desde “La Pasionaria” –y el PCE-, y hasta finales de los años setenta, se mantuvo siempre la versión de que Joaquín Ascaso se había hecho con los “tesoros” de Aragón mientras era presidente del Consejo aragonés y que pasó su exilio en Sudamérica repleto de riquezas y lujos. No fue más que un bulo sin fundamentos: Ascaso sobrevivió después de la cárcel gracias a la ayuda y solidaridad de antiguos amigos. Sin recursos económicos y sin recibir ningún apoyo de los organismos de ayuda a exiliados malvivió cual vagabundo durante toda la Segunda Guerra Mundial. A partir de los años 50 a Joaquín Ascaso se le pierde la pista. Tan solo se sabe que se exilió en 1947 a Venezuela donde vivió hasta su muerte en marzo de 1977 trabajando como conserje de un hotel de Caracas.

Esta es la historia de cómo un hombre, simple, llano y trabajador como Joaquín Ascaso Budría, pasó de presidente del Consejo Regional de Defensa de Aragón, el que fuera el mayor avance revolucionario de nuestra historia, a vivir en casi la indigencia, exiliado, repudiado y olvidado en el ostracismo. Es por ello que, por deber histórico –y revolucionario-, debemos recordarlo como un hombre que dio su vida por la emancipación de la humanidad bajo la enseña rojinegra.

Borja Salvador Paz

Un relato en espiral

Ayer en Valladolid se ha presentado el libro de dos tomos “En la espiral de la energía”. El libro se propone hacer un recorrido por toda la historia de la humanidad desde el punto de vista del metabolismo energético de los distintos modelos de civilización de la historia para terminar con dos capítulos en los que se argumenta lo inevitable del Colapso del sistema agro-urbano-industrial actual en el corto-medio plazo. Esta conclusión, que es también una premisa del libro, lleva a los autores a especular con los posibles escenarios que se abren tras ese colapso. Es una obra ambiciosa pero que cumple las expectativas. La carta de presentación de la obra es que enfoca la historia desde el punto de vista de la energía, pero quien se adentre en sus páginas se dará cuenta de que abarca mucho más.

En dicha presentación, Carlos de Castro señalaba la importancia que en el mundo académico tendrá este libro por ser un perfecto manual de Historia, Antropología, Economía y Ecología entre otras disciplinas que al entrecruzarse forman un edificio sólido. Pero lo cierto es que el libro debe de servir más allá del mundo académico, y eso es tarea nuestra.

Un relato

“En la espiral de la energía” presenta un relato sólido que explica la historia de la humanidad y este tránsito extraño en el que estamos inmersos desde hace 6000 años, cuando aparece el Patriarcado y con él, la Dominación. Es un relato sólido, detallado y riguroso, que rompe con los esquemas de los manuales hegemónicos de “Historia Universal” y a la vez unifica en un solo discurso las interpretaciones y las epistemologías antagonistas de la Modernidad, sin alejarse del racionalismo y la ciencia como método de análisis. Las principales tesis del feminismo, el marxismo, la ecología y otras tantas teorías del campo crítico quedan hiladas en un solo relato que nos explica cómo hemos llegado a “Esta Cosa Escandalosa”, que diría Amaia Pérez Orozco. Con esa base, se explica qué está pasando y qué puede pasar. Sin perder rigor, usando las herramientas propias del Pensamiento Sistémico acuñado por D. Meadows y su escuela.

Un relato unificado y sólido. Este podría ser el mejor fruto de este último ciclo de movilizaciones, en el que los distintos discursos antagonistas han emergido desde las catacumbas de los años 70, forzados a actualizarse y superar la fragmentación de las últimas décadas. El campo antagonista ha sufrido la posmodernidad y el neoliberalismo en forma de infinidad de plurales que no dialogaban, que no convergían. Feminismos, anarquismos, marxismo hetero y heterodoxo, ecologías, la autonomía de cada país, independentismos, la unidad popular…Cada uno con su tradición teórica que se tradujo en una tradición grupal. Hasta esta última ofensiva popular, en la que el diálogo se ha hecho obligatorio y ahora podemos empezar a ver el fruto.

Aquí tenemos un relato antagonista que es fruto de ese diálogo que se ha dado en los movimientos sociales en estos años. Es responsabilidad nuestra traducir este relato a nuestro quehacer diario. Quitarle el academicismo del que en ocasiones peca y popularizarlo. Porque necesitamos relatos populares capaces de dar respuestas y de recuperar la esperanza.

Una oportunidad para la esperanza

La historia del campo popular nos demuestra la importancia de popularizar relatos emancipadores. El ejemplo más reciente es cómo el relato socialista prendió entre la clase trabajadora a mediados del siglo XIX y como esa unión fructificó en el mayor reto que el capitalismo industrial ha tenido que doblegar: el comunismo internacional. La necesidad de un relato convincente, homogéneo y sólido con el que acceder a la población ha sido una necesidad no cubierta tras mayo del 68 y la oleada de combate posterior. En esa oleada se pone en duda lo que se había convertido en fetiche y mito: la mesiánica tarea del proletariado de emancipar a la humanidad completa. Con o sin razón, esa puesta en duda abre la puerta a la posterior desintegración del discurso antagonista internacional que se extendió con la Primera Internacional –“la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores o no será”`+”proletarios de todos los países ¡uníos!”- y abrió el abanico de discursos, movimientos y fracasos.

Casi 50 años después podemos recuperar un nuevo discurso emancipador de la mano del feminismo y el ecologismo, que son las dos corrientes más recientes y con más difusión en el mundo contemporáneo tal y como se explica y justifica en el primer tomo. Ambas corrientes, combinadas con las imborrables aportaciones de las teorías socialistas para la emancipación son los componentes principales de este relato.

¿Pero qué esperanza puede haber en el Colapso?¿no es un discurso negativo?¿no sería deseable evitar el Colapso? “En la espiral de la energía” desde la introducción ya empieza a explicar por qué esta civilización está colapsando ya y porqué sea cual sea nuestra opción, no hay posibilidad de esquivar “el fantasma del “Gran Colapso” que tanto incomoda.

Colapso es una palabra fuerte, que crea aversión. Genera sensación de inseguridad, nos trae imágenes de Mad Max y series de apocalypsis zombie varias. Sin embargo el Colapso se define aquí como una transición entre una sociedad de mayor complejidad a una de menor complejidad técnica, social, económica y cultural. Colapso significa transición. Transición es otra palabra cargada de significado en Castilla y en el resto de las Españas. Tal vez haya que buscar otras palabras para acercar las conclusiones de este trabajo a las clases populares. Pero es una necesidad hacerlo.

Las conclusiones dan lugar a la esperanza porque tras toda la exposición y situándonos en un mundo caótico e impredecible, nos recuerdan que no hay ninguna estructura cuya dominación sea perfecta y que el Colapso significa precisamente una menor capacidad de control y dominio o al menos, una simplificación de ese dominio. El texto nos recuerda como la mayor hiperpotencia militar que ha existido sobre la tierra, el ejército de los EEUU, no ha conseguido el dominio completo–duro ni blando- sobre sus últimas invasiones por recursos –Irak y Afganistán. Si a eso añadimos que las inestabilidades provocadas en Ucrania y Siria lejos de estar planificadas desde un oscuro centro de mando demuestran que el futuro está abierto se rompe la idea arraigada en la guerra fría de que el destino de la humanidad está en manos de un botón rojo que están en algún despacho del Pentágono. Por otro lado, los posibles contrapesos imperiales también se ven limitados. Hay que recordar que China tiene una vigorosa clase obrera en plenas luchas ofensivas y además, está situada en un territorio muy vulnerable para los cambios ambientales que ya están en marcha –desertificación, pérdida de biodiversidad, tifones y huracanes… No hay ni habrá superpotencias todo-poderosas en un mundo con cada vez menos recursos. La Dominación tiene límites.

En suma, el texto nos recuerda que el apocalypsis de Hollywood, simplemente, no es nada probable. No está el Fin del Mundo dentro de los posibles escenarios consecuentes con este relato y esta metodología de análisis. Por lo tanto podemos combatir ese mantra de nuestra cultura hegemónica por la cual es más probable un Holocausto zombie que el comunismo internacional. Lo que es más probable es la desaparición de la dominación actual pero lo importante es lo que es seguro: que la Historia sigue en marcha y que la Historia la escribimos los pueblos, las sociedades, las clases en lucha, esto son: los colectivos humanos.

Pero para ese combate por la hegemonía además de tener la razón tenemos que tener “armas” con las que defenderla. Tenemos que formarnos como militantes como de manera lúcida apunta JL Carretero. Pero de manera más importante, tenemos que trabajarnos la comunicación de nuestros conceptos y traducirlos al lenguaje cotidiano, que ponga sobre la mesa no sólo la conclusión de que podemos decidir sobre nuestro futuro sino también un método racional y científico de tratarlo, desterrando la conspiración, el misticismo y la mitología de nuestra comunidad de lucha.

Si hay un pueblo fuerte que construir, un relato sólido son los planos de la obra.

Valladolid, 27/03/2015

@botasypedales

Reflexiones para crear una respuesta no institucionalizada en el contexto actual

El año 2015 se abre en la sociedad española en un contexto político y económico muy particular, en el que mucha gente alberga esperanzas próximas de cambio real que por fin logren superar las tremendas dificultades que la sociedad viene sufriendo desde el inicio de la crisis en el año 2008. Sin embargo, dichas ilusiones de cambio vienen en gran parte de la mano de proyectos electoralistas cuyo objetivo es alcanzar las instituciones para usarlas y transformarlas de tal manera que resuelvan o al menos mitiguen los efectos de la crisis que, en no pocos aspectos, ha llegado a un punto límite y extremadamente trágico. En este contexto nos paramos a preguntarnos por qué se vuelve a fijar la mirada en nuevas (o no tan nuevas) propuestas electoralistas y en qué posición se encuentran aquellas propuestas de salida no solo de la crisis, sino de las condiciones económicas y políticas que la generaron, que no pasan por la vía institucional, como lo son por ejemplo las propuestas anarquistas. Para ello vemos necesario hacer un breve repaso a las transformaciones sociopolíticas que la sociedad española ha experimentado en los últimos años.

Como punto de partida tenemos que situarnos en el 15M, puesto que la irrupción de este movimiento en el año 2011 supuso un antes y un después, ya que consiguió desbloquear lo que parecía una sociedad tremendamente pasiva ante los duros efectos de una crisis que venía sufriendo desde hacía 4 años e iniciar un nuevo ciclo de movilizaciones y luchas. El 15M fue el despertar de la conciencia colectiva ante el paro brutal, la pérdida progresiva de derechos y el enriquecimiento general de la población, que veía cómo paralelamente aquello que en los últimos tiempos se ha venido llamando “casta”, es decir, las elites que manejan este país (tanto políticas como económicas) continuaban enriqueciéndose, manteniendo e incluso aumentando sus privilegios. El 15M puso en cuestión por primera vez aquel constructo nacido del pacto del 78, tanto en lo referente a las formas tradicionales de hacer política (basadas en un delegacionismo extremo y una enorme pasividad ante los problemas y responsabilidades propias) como en una serie de mitos o mantras repetidos durante décadas (por ejemplo, la idea de que el estudio y el esfuerzo personal tendría como recompensa un trabajo estable, decente y con un salario digno). El 15M abrió la puerta a una crítica generalizada del bipartidismo (y no solamente, puesto que el sistema de partidos en su conjunto fue puesto en cuestión), al inoperante y burocratizado sindicalismo de concertación (con CCOO y UGT como máximos exponentes), a instituciones hasta entonces “intocables” como lo era la Monarquía, e incluso al papel de los medios de comunicación. Dentro del 15M surgieron infinidad de preguntas que animaban a cuestionarse todos y cada uno de los pilares del sistema actual y a buscar alternativas al mismo. El ciclo de movilización y de luchas que se abrió en aquel momento comenzó a plantar cara de forma seria a los mazazos que daba la crisis y a expandirse a lo largo y ancho del territorio estatal. Sin embargo no podemos olvidar que las críticas y luchas que iban apareciendo no eran nuevas, sino que desde hacía muchos años venían produciéndose, eso sí, desde colectivos más minoritarios, pero que siempre habían estado planteando alternativas sistémicas. Como ejemplo tenemos la experiencia que aportó el movimiento okupa de cara a la liberación de espacios donde realizar asambleas, actos de financiación de las luchas o directamente para servir de viviendas al colectivo tan afectado de desahuciados, que a través de la PAH supo articular una de las luchas más ejemplares e importantes. Asimismo queremos destacar (como ya se ha hecho anteriormente en bastantes ocasiones) la influencia de las ideas y (quizás principalmente) las prácticas utilizadas tradicionalmente por movimientos y colectivos anarquistas o cercanos al anarquismo. La práctica asamblearia, si bien no es exclusiva del anarquismo, es defendida como la base de toda organización, fue en todo momento de la mano del 15M; la autogestión, la acción directa, el apoyo mutuo, muchas de las críticas y propuestas que se lanzaban desde las asambleas tenían claros antecedentes libertarios. Sin embargo, la respuesta del anarquismo propiamente dicho no fue en todos los casos de apoyo y colaboración activa con el movimiento; atendiendo a diferentes contextos particulares de cada pueblo, barrio o ciudad, los colectivos afines al “movimiento libertario” se acercaron de forma diferente al 15M. En algunos casos se volcaron con las asambleas, en otros se aceptaba aunque con cierta distancia e incluso recelo y en otros (por suerte, creemos, los más minoritarios) directamente se rechazaba y criticaba al 15M.

Fuera como fuese, el movimiento se extendió a los barrios (que no así a los centros de trabajo, uno de sus grandes fallos o incapacidades), impulsando y desarrollando luchas variadas durante los años siguientes, creciendo tanto cuantitativa como cualitativamente, e impregnando determinadas luchas relativamente potentes (hablamos, por ejemplo, de las luchas en sanidad o en educación, las llamadas mareas, aunque también podríamos hablar de otro tipo de luchas como las protestas del barrio de Gamonal). Asistíamos a manifestaciones y concentraciones masivas que tenían un impacto mediático importante (muchas veces porque acababan en enfrentamientos con la policía): la marcha minera que concluyó en Madrid, los diferentes Rodea el Congreso. La más multitudinaria de esas manifestaciones, la que se produjo el 22 de marzo de 2014 cuando confluyeron las Marchas de la Dignidad en Madrid, y también la más espectacular (y no solo por los duros disturbios del final de la manifestación), supuso el fin del ciclo de luchas abierto el 15M. A partir de aquí, ya con una nueva formación política que pretendía recoger todo el descontento que había explosionado en 2011 (hablamos, evidentemente, de Podemos), parece que asistimos a un desinflamiento de las movilizaciones y de las protestas a la par que aumentaba el interés por el nuevo partido político. Desde entonces hasta ahora la desmovilización en la calle es más que evidente, y de nuevo parece que se vuelven a poner esperanzas en la vía institucional, las elecciones y los partidos políticos.

En vista de todo lo anterior cabe preguntarnos, como anarquistas, ¿por qué este cambio?, y ¿cuál está siendo la actitud y la influencia del movimiento anarquista? Respecto a la explicación de este cambio de posturas habría que hacer un análisis de los fallos que arrastraba el 15M, que no eran sino la continuación de fallos e incapacidades de los movimientos sociales anteriores a él (por ejemplo, la incapacidad de crear organizaciones fuertes, unidas y constantes, que enfrentasen a problemas concretos y consiguieran soluciones prácticas, con la salvedad de la PAH). Con el paso del tiempo y la agudización de los problemas sociales, la sensación de incapacidad (al menos aparente), de que no se generan victorias (o no las suficientes), y de que se está siendo incapaz de transformar la sociedad en la línea que la enorme ilusión que nació con el 15M preveía, puede generar impotencia y hacer aumentar la tentación hacia otras vías en principio más rápidas: las elecciones y las instituciones. Tampoco vamos a obviar que la situación de mucha gente es extrema, y el reclamo y búsqueda de soluciones inmediatas es una necesidad (habría que analizar hasta qué punto las instituciones son una vía más rápida y efectiva de resolución de estos problemas, aunque no analizaremos esto aquí).

El punto más importante y que queremos resaltar más aquí es la postura y actitud del movimiento anarquista. Las críticas del movimiento libertario hacia la opción que postula Podemos son constantes y necesarias (nosotros mismos somos partícipes de estas críticas), sin embargo en ocasiones parecen críticas más fruto de la impotencia y la frustración propias, con argumentos a veces infantiles y muy pobres, y también con determinados análisis erróneos a nuestro parecer. Con todas las críticas que se le puedan (y deban) hacer a Podemos, pensamos que también es necesario ser humildes y hacer un amplio ejercicio de autocrítica; reconocer que la estrategia que se está siguiendo por parte de estas posturas institucionales (estrategia, eso sí, que no compartimos) les está dando, al menos en estos primeros momentos, frutos considerables; que han conseguido atraerse a gran parte de la sociedad y que han abierto una brecha importante en el régimen del 78 (si bien no es esto lo único necesario, puesto que se echa en falta una crítica más abierta hacia el capitalismo, que es lo que realmente genera la miseria y desigualdad, y no el bipartidismo). Tenemos que reconocer que el anarquismo no está consiguiendo un avance notable, estamos siendo incapaces de terminar de conectar con la gente y de generar un contrapoder efectivo basado en principios libertarios y con objetivos netamente anarquistas. Sí es cierto que hemos conseguido algunos pequeños avances, como por ejemplo el aparecer ante la sociedad con una cara más amable de la que tradicionalmente se ha achacado al anarquismo, el ganar simpatías y acercamiento a la gente, fruto de haber participado codo con codo en desahucios, asambleas de barrios, manifestaciones y todo tipo de protestas desde la efervescencia del 15M. Pero más allá de esta simpatía, en ocasiones condescendiente (“las anarquistas tenéis buenas intenciones, pero vuestras ideas son utópicas”), no hemos roto la barrera para que la gente vea en nuestras propuestas una solución a sus problemas cotidianos que les haga abrazar las ideas, organizaciones y finalidades anarquistas. En esto los principales culpables somos nosotros mismos. Adolecemos de determinados problemas que no somos capaces de superar y que deberíamos revisar, como por ejemplo nuestras estrategias comunicativas, el lenguaje, simbología y actitud que adoptamos, cargados en no pocas ocasiones de cierto sectarismo o arcaísmo. También la apelación constante al pasado es un escollo que debemos salvar; es necesario estudiar y aprender de experiencias históricas, pero no siempre son útiles para los retos del presente, y nuestra preocupación máxima ha de ser, precisamente, la realidad actual y el futuro que queremos construir. Otro de los graves problemas, a nuestro entender, es la fragmentación del movimiento libertario, que a pesar de la enorme variedad de organizaciones que posee (sindicatos, colectivos, grupos, editoriales, etc) se mantiene disperso, sin una estrategia común que, creemos, lo ayudaría a cohesionarse y a avanzar.

El anarquismo tiene una potencialidad enorme en los tiempos que vivimos, pero tenemos que saber desarrollarla y aprovecharla. Hemos de saber ofrecer a la sociedad algo más que un conjunto de ideas “bonitas” y justas (pero vistas como utópicas), tenemos que ofrecer alternativas reales y efectivas que logren resolver a corto-medio plazo los problemas cotidianos de la gente y a partir de ahí continuar en la lucha por la emancipación total. Si logramos concretar nuestras propuestas habremos dado un paso de gigante. Pero para ello primero tenemos que hacer, una vez más, un enorme e importantísimo ejercicio de autocrítica, de reelaboración de nuestros esquemas analíticos y de nuestro lenguaje, y quizás un diálogo conjunto de todo el espectro libertario para definir nuestra acción en los años venideros. El anarquismo que viene será, ni más ni menos, que aquel que los y las anarquistas seamos capaces de articular.

ANARQUISTAS CONTRA EL GUETO

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