La valentía de los cobardes

Creo que, en vista de que voy a hablar de la valentía y la cobardía (o al menos eso deduzco viendo el titulo), lo primero que debería hacer es decir cuales no son mis intenciones al escribir este texto. Como una muestra de valor. O algo así, digo yo.

No quiero escribir un nuevo artículo/panfleto, plagado de términos “revolucionarios” que entran por un oído y salen por otro. No quiero escribir un texto moñoso, de estos que llegan a hacerte sentir algo que se te olvida a los dos minutos. No es un texto para tods, ni es un texto para nadie. Posiblemente poca gente lo entienda. Ahora mismo me da igual. Por una vez no escribiré ni para llamar, ni para animar, ni para que todo el mundo comprenda mis palabras. Simplemente escribiré, y el que quiera entender, que entienda.

En estos días de lucha, algo que no puede faltarnos a ninguno es el valor. Valor para gritar hasta quedarnos afónicos; valor para ponernos delante de la policía; valor para pintar aquí y allí, pegar carteles donde queramos; valor para luchar. Eso lo sabemos tods, eso lo decimos tods. Tods hablamos de ello, creamos mil teorías sobre qué será lo mejor, pensamos el cómo, el cuándo, el porqué. Pero hace falta mucho más valor para llevarlo después a la práctica. Actuar sin miedo en consecuencia con nuestros pensamientos. Eso es valor. Que de intelectuales está lleno el mundo.

Alguns pensarán “claro, pero no todo el mundo tiene los suficientes ovarios (que no cojones, que esos están ya muy vistos) para ir a un piquete, por ejemplo”. Cierto es. Yo misma soy una acojonada de la vida a veces, y me echo para atrás ante situaciones de peligro. Lo malo no es serlo, lo malo es no reconocerlo. Valiente es también aquel que tiene miedo y lo dice. Cobarde es aquel que tiene miedo y se calla, haciéndose el gallito. No vale ser el más intelectual de los intelectuales, promulgar la lucha obrera a diestro y siniestro, decir las ganas que tienes de demostrar tu valentía obrera… para que llegue el día señalado y tú salgas por patas en la primera acción. Como dirían los niños pequeños, eso no se vale.

Por desgracia nos ha tocado vivir en una época en la que tenemos que ser valientes en todos los aspectos de nuestra vida, y no solo en los momentos de lucha. Nos han quitado todo, la casa, el curro, incluso la sanidad y la educación. Y encima nos ponen mil impedimentos para cortar nuestras relaciones sociales. Es aquí donde más creo que hay que actuar en consecuencia con nuestras ideas. Las intelectualidades están muy bien, pero hay que bajarlas a la realidad. Teorizar sobre el piquete, la manifestación o la reunión, incluso ir a ella está muy bien. Pero no sirve de nada si en tu día a día eres un cobarde.  No solo hay que luchar junto a la gente que quieres, sino que hay que luchar por ells también. Y si surgen problemas, hacer lo de siempre, lo de los de la época de los revolucionarios, debatir, hablar. Que hablando se entiende la gente. Porque al igual que en los momentos de lucha, hay que afrontar los problemas personales con valentía. Luchar contra los impedimentos que te pongan la vida, o mejor dicho, el sistema. Porque huir, en la vida o en la lucha…

Huir es la valentía de los cobardes.

La niña que grita

Ejerciendo de cátedra. Crónica de un machista iluminado

“Hace veinte años, en esta facultad, los mismos profesores se paraban a mirarnos por debajo de la falda” Estas son las palabras que una de mis profesoras compartió conmigo este último año. Las estaba recordando mientras me dirigía a mi facultad pensando: “La verdad es que es una pena no volver aquí el año que viene”. La verdad es que la pena me duró nada y menos gracias a un – ¡Oh! ¡Sorpresa!- machito español que decidió invertir su tiempo en mí, no conmigo, en mí y en educarme.

Haciendo retrospectiva, pienso que en el momento mi reacción fue bastante pobre, aunque nunca pensé que un hombre fuese a perseguirme por el campus por el que me he paseado tranquilamente estos últimos cuatro años, a veces, en pijama. Yo me bajaba del tren bastante distraída, porque tenía un hambre calagurritana, y acababa de ver una máquina expendedora. Llevaba un rato pegada al cristal de la máquina dejando cercos de vaho, como los perrillos en las tiendas de mascotas, cuando me percaté de que tenía a un tío a veinte centímetros de mí mirándome fijamente. Con semejante espectáculo era bastante de esperar, por lo que fui a sentarme en el césped, hambrienta.

Cuál fue mi sorpresa cuando, estando ya sentada, observo que el tío ese se me va a acercando cada vez más. Primero se para delante de mí, luego pasa de largo, LUEGO SE ESCONDE DETRÁS DE UN ÁRBOL y, de repente, “espontáneamente” clama: “¿Qué lees?”. Decidí ignorar a mi acosador mientras me seguía leyendo un panfletillo de estos de “Grados, Doctorados y otros robos a mano armada”, pero él parecía muy decidido a sentarse a mi lado. Me quitó el papel de las manos mientras leía títulos de máster en voz alta hasta que dio con “Estudios Feministas” y decidió pararse en seco:

-¿Este te interesa?

-¿Por qué no?

-¡Uy! Pues si eres feminista nos vamos a llevar mal.

-Pues adiós.

Pero no, no fue el adiós, y a mí me había picado la curiosidad. Resulta que este sujeto no era nada menos que un flamante estudiante de Derecho: camisa blanca, maletín de piel… la flor y nata de nuestra universidad, en pocas palabras. El pobrecito se hallaba alarmado ante la situación que hacíamos pasar a los HOMBRES en este país (nótese que utilizo las mayúsculas para marcar el fervor cristiano con el que pronunciaba esta palabra). “Perdona, ¿quién está haciendo sufrir a los hombres en este país?” Pues, amigas mías, resulta que somos nosotras, las mismas que visten y calzan: las feministas.

Tal vez debía haberme levantado y dejar a ese pobre enajenado darse de golpes contra el árbol en el que antes se había escondido, pero ÉL me iba a explicar porqué yo estaba tan “equivocada”. Resulta que un millón y medio de HOMBRES españoles (datos ofrecidos por el sujeto este, para nada contrastados) han sido detenidos en estos últimos años por falsos testimonios de violencia machista. Al parecer se han impuesto penas de cárcel porque un hombre espetase a su pareja “Gilipollas”, lo cual está dentro de una conducta normal, según este señor. Y lo que es peor, han mandado a la cárcel a hombres que nunca habían atacado a sus parejas, lo que ocurría es que estas se aprovechaban de dichas penas para cobrarse una fría venganza. Me preocupaba bastante el hecho de que un estudiante de Derecho creyera que había habido alguna feminista redactando leyes de este tipo. Pues al parecer sí, resulta que todos los males de los HOMBRES en este país, son culpa de… Leire Pajín.

Me gustaría ser Simone de Beauvoir para apagarte el cigarrillo en un ojo. Me gustaría tener cigarrillos.

También debí haberme levantado en ese momento, pero por reírme bien a gusto, no por otra cosa. Sin embargo, decidí quedarme cuando este sujeto decidió proclamar a los cuatro vientos, y bajo la gracia de Dios, que los hombres estaban sufriendo APARTHEID. Nelson Mandela, perdónale, no sabe lo que dice. Es por ello que él y sus amiguitos de camisa blanca y maletín de piel habían decidido convertirse en machistas –Mamáááá, quiero ser machiiistaaaa- para luchar contra el predominio de la mujer y poder clamar: ¡BASTA DE ESCLAVITUD! ¡Nuestra venganza alimentará los anales de la historia porque ahora nosotros queremos ser superiores!

Palabras textuales de la cita anterior: “Ahora nosotros queremos ser superiores” ¡AHORA!

Pues sí, ahora, porque el enajenado este se acababa de afiliar al machismo, como si de un club de fútbol se tratase, al contemplar la destrucción de los suyos a manos de las feministas. El iluminado en cuestión no olvidaba el incumplimiento del artículo no sé cuantitos de la Constitución Española que estaba dirigiendo el sino de los HOMBRES a la fatalidad y la desgracia.

-Perdona, ¿Y también queréis subrayar el incumplimiento de los demás artículos?

-Bueno, vamos a dejarlo porque hay mucha gente que habla de la Constitución Española sin tener ni idea.

Oh, el HOMBRE y su inagotable sabiduría, estoy extasiada.

Dejé que me subrayase el hecho de que me estaba hablando a gritos y en tono de burla cuando yo respondía, al parecer lo hacía con la intención de defenderse de mi “violencia feminista” (para encontrar la ironía en estas palabras revisen los diálogos y cuenten mi número de intervenciones, gracias) puesto que ÉL, JAMAS EN LA VIDA ,habría pensado en hablar así a una mujer: “Y aún es más, ya ni si quiera me acerco a ellas como antes” Bueno, querido, te recordaré que me has estado observando desde aquel árbol hará cinco minutos y no ha parecido afectarte en lo más mínimo.

¿Qué pensáis? ¿Me estaría queriendo decir que era de esos que se te acercan por la noche y te dicen: “Nena, vámonos a un sitio oscuro” y te empujan contra la pared? Rezo porque en algún momento se le caiga el pene a pedazos.

Estaba empezando a conocer más al sujeto, así que decidí preguntarle un poco por su vida:

-Oye, ¿crees que la igualdad es una cuestión que podríamos ligar a la educación? Como no llamar a tu pareja “gilipollas”, por ejemplo, o no hacer a las mujeres sentirse incomodas en un espacio público, se me ocurre un campus.

-Venga, ¿ahora queréis educarnos en los valores de la feminidad?- dijo ÉL, que llevaba veinte minutos haciendo gala de sus dotes pedagógicas.

-Perdona, la feminidad no tiene nada que ver con el feminismo.

-Olvídate de los conceptos y las entradas de diccionario porque los conceptos cambian, y “feminismo” ahora es sinónimo de represión.

Y como lingüista que soy, lamenté no tener un diccionario de la RAE para hacerle tragar las hojas en las que se define la cualidad de “femenino” y la “feminidad”. Aunque sólo para hacérselas tragar, puesto que no comparto su interés por “educar” a desconocidos.

Mi móvil sonó y pude dejar a ese señor que, de repente, se deshacía en sonrisas y me despedía con la mano cual abuelita, en el césped donde una vez mis compañeras y yo pudimos sentarnos sin preocuparnos de que nos acosaran. Hace veinte años en esta facultad los profesores miraban por debajo de la falda a nuestras educadoras, mentoras, compañeras de lucha y amigas. Ahora cuatro iluminados van a perseguir a las feministas dentro del campus para que dejen de oprimirles y de hacerles Apartheid. La primera de estas persecuciones dio comienzo el año pasado, cuando aparecieron innumerables pintadas rezando: “Si a la vida”, “El aborto es un asesinato”, etc.

Voy a echar de menos no volver a mi facultad, pero cargada de palos y antorchas.

Buni

A Bandazos. Respuesta a La Colectividad

Empezaré diciendo que encuentro muy necesario el artículo que planteaba La Colectividad dentro de esta página web. Me considero heredero de una perspectiva anarcosindicalista, para situarnos en el debate que se plantea.

Primero estoy de acuerdo en que está existiendo una reconcepción del anarquismo, y es visible en tanto que se están formando muchos colectivos varios por el Estado, a la vez que algunos se están planteando organizaciones bastante grandes (FEL, FAC…). Pero dudo que el Anarquismo Social sea el mayoritario en el movimiento anarquista. Primero deberíamos definir bien qué es el “anarquismo social”, y luego deberíamos definir bien qué es el “movimiento anarquista”. Yo creo que ambas categorías serían difíciles de definir, y seguramente lo que encontraríamos sería una gran variedad muy heterogénea. Si tomamos de muestra esta página, sí encontraríamos una serie de discursos más o menos definidos, pero no creo que todas las críticas, actitudes y concepciones que entre las diferentes corrientes se puedan extrapolar al conjunto del movimiento anarquista. Parto de la idea de que no existe un discurso anarquista articulado (ni social ni anti-social) más allá de pequeños grupos y las pocas personas que les gusta escribir, y que entonces es difícil medir hasta qué punto existiría esa hegemonía.

En la reconcepción que explicaba al principio, sí que existen una serie de temas que se reproducen continuamente, el hecho de salir del gueto, trabajar con otros colectivos no anarquistas, etc. Si queréis, se le podría atribuir una etiqueta de anarquismo social, pero además de inadecuado, habría que diferenciarlo de un Anarquismo Social con mayúsculas, con una serie de aspectos más diferenciados (como puede ser la estrategia de la inserción social, la visión materialista que criticas, etc.) y con una diferenciación clara de lo que es. y en especial en contraposición a lo que no es (a veces llamado anarquismo personal, individualista, etc.).

Tenemos que contextualizar el porqué de esta configuración de un anarquismo así. En mi opinión personal, es en parte a la situación de crisis en la cual muchos nos preocupamos por defender unas condiciones de vida cada vez más precarias y con menos derechos sociales, a la vez que posiblemente sea una reacción al estancamiento, aislamiento y dogmatismo de los anarquismos anteriores (estén estos estancados, aislados, etc. o no). Si combinamos estos dos factores en el hecho de que como anarquistas da la sensación de que no tenemos una fuerte capacidad de intervención en el cambio social, es normal que la gente que compone el movimiento esté en este estado de autocrítica.

El segundo punto que plantea el artículo, es sobre la concepción social. La Colectividad, apunta en que el Anarquismo Social plantea que la única vía válida enfrente a proyectos individualistas son las luchas de masas a través de dar “orientación política”, dado un análisis concreto de la realidad. Empezaré sobre esto último, que creo que es la base que lleva a la estrategia.

Sobre el análisis social

Estoy de acuerdo en que el materialismo tiene sus limitaciones, y muchas. Cualquier explicación simplista sobre un hecho tan cambiante como la sociedad, tenderá a estar equivocada. Porque cuando se realizan enunciados generalizadores, siempre ocurre que “sí, pero yo conozco un caso…” y luego, estos casos son más habituales de lo que nos creemos, poniendo la norma social en total cuestionamiento. Como un día me dijeron, los siempre, todo, nunca, etc. no son amigos de la sociología. En el otro extremo encontramos el relativismo extremo donde nada es enunciable, existiendo tantas realidades como individuos.

Este hecho creo que seria falso, pues las personas como seres sociales, tenemos nuestras particularidades y visiones subjetivas, pero también una capacidad de comunicarnos que hace que existan realidades compartidas (más o menos homogéneas). La tensión entre el materialismo y el llamado “idealismo” (y otras dicotomías como sociedad/individuo, universalismo/particularismo…) es un conflicto continuo entre las diferentes ciencias sociales, políticas, ideologías, etc. que suele depender del contexto histórico, el cual hace girar la balanza a favor de uno u otro. Y tenemos la manía de ir a bandazos.

Ya sea en la concepción de la sociedad, en la teoría o en la práctica, vamos de lado a lado. De la efervescencia organizativa de la CNT al volver del franquismo, al Insurrecionalismo anti-organizaciones formales. Y ahora parece que vamos otra vez hacia el formalismo. Entender las teorías en su contexto creo que es vital para entenderlas. Quizás, sin el Insurrecionalismo y los movimientos contraculturales (punk, okupa, etc.) hoy el anarquismo seria aun más marginal, pues estos pudieron sacar el anarquismo fuera de los locales de sindicatos que se peleaban para erigirse como los verdaderos y acercarlo a la juventud. Aunque advierto que estoy explicando una historia que no he vivido, y que la construcción de esta es a partir de pequeños relatos que voy rescatando, pero al menos lo he llegado a entender así., Creo que sería muy necesario socializar un poco la historia de los años 90 a los 10 de este siglo, para comprender mejor dónde estamos y tejer puentes con gente que quizás dejó todo esto, a la vez que sería útil para aprender de sus errores y escuchar de sus debates.

Continuando con la concepción social, la distinción sociedad (pueblo, clase, etc.) contra el Estado es una distinción que no solo ha sido tradicional en el anarquismo, sino también de otras corrientes ideológicas y asumidas por la misma gente “de la calle”. Lo cierto que del mismo modo que me gusta entender las teorías sobre la sociedad desde una perspectiva integracionista de la dicotomía “materialista-idealista” como complementarios y no opuestos, lo mismo sucede con la mayoría de hechos sociales. (Esta) sociedad y el Estado, se entrelazan entre sí y se necesitan mutuamente. Por eso hay que cambiar esta sociedad para acabar con el Estado, porque dicha contiene elementos clave para la reproducción de este. Pero el hecho de separarlos también nos es útil para señalar que el Estado institucionalizada particular e histórica, y no un hecho insalvable. Lo que no se puede destruir es el hecho social que une a los individuos. Entiendo que haya anarquistas que se definan como anti-sociales, al hablar de destruir esta sociedad, pero siempre tiene que existir un tipo de sociedad, pues somos seres sociales. Y opino que aquí existe un error, que nos lleva a otro punto, el tema estratégico.

Sobre la estrategia

Creo que es un error comunicativo autodenominarse antisocial, o nihilista. Aunque pueda tener una argumentación al detrás en la cual puede estar de acuerdo en muchas cosas, no creo que sea efectivo a nivel de extensión de nuestro mensaje. Y sí, eso presupone parte de una de las concepciones donde se enfoca el anarquismo social. Algunos de los motivos que se me ocurren, de manera rápida, son los siguientes:

—Entendiendo el cambio social como un juego de tirar a la cuerda: Según el tiempo histórico, a veces un poco menos dominados, y otras veces más. No sé si algún día ganaremos la partida, pero es importante tirar porque están en juego nuestra capacidad de decisión sobre el entorno que nos rodea. En eso si estoy en desacuerdo en algún artículo de La Colectividad donde decía que la libertad no era cuantificable, pues hay cosas concretas que si se pueden medir. Que eliminen los domingos como días festivos o prohibían el aborto, son hechos que tienen un gran impacto sobre estas. El problema es que el bando de la dominación suele jugar muy bien en equipo, y a nosotras nos cuesta mucho más coordinarnos, y muchas veces tenemos objetivos diferentes.

—Para hacer más fuerza, hace falta gente. Cuanto más esté un discurso socializado, una práctica extendida, es más probable que esta praxis se materialice. Entonces, no veo ningún problema al intentar extender la praxis anarquista. Por otro lado, contamos con aparatos de control y propaganda que son muy difíciles de contrarrestar y hacen que la sociedad que rechazamos se reproduzca y tienda aún más hacia una más controlada. Por eso es muy importante cuidar el cómo, ya que los contenidos se pueden decir de muchas maneras, pero no todas resultaran efectivas al conectar con la gente. En ese aspecto, a partir de la autocrítica y una evaluación constante de lo que somos, hacia dónde vamos y qué conseguimos, es necesaria.

—Sobre “la inserción social”, es muy importante plantear el qué queremos decir con esto. Una cosa es trabajar con unos colectivos con los que puedes compartir cosas (como el realojo de una persona) con una perspectiva propia, pero otra seria el hecho de entrar en las llamadas organizaciones “heterogenias” con la intención de orientar políticamente estas. Creo que eso conduce a batallas internas ideológicas por la lucha del control de estas, además de ser perjudiciales para la gente a la que forma parte. Quizás el punto está en dotarse de estructuras propias, que trabajen mayoritariamente problemas propios. Estas estructuras pueden estar más orientadas a la resistencia dentro del capitalismo, como la construcción de alternativas limitadas por estar dentro del capitalismo. Obviamente ni hace falta que se reclamen como anarquistas, y deberían ser puestas al alcance de todo el mundo sin distinción ideológica.

Yo creo que como libertarios tenemos un proyecto propio y luchamos por él. En ese sentido. toda persona que se adscribe a una ideología establece una jerarquía de ideas y pensamientos, ya sea el anarquista social vs el nihilista, el antidogmático vs el vanguardista o el revolucionario vs el reformista. En ese punto, creo que no hay ningún problema. Creo que este está en el cómo se socializa, pues una cosa es aportar una perspectiva y otra cosa es mediante la toma de decisiones forzar a la mayoría a actuar bajo tus parámetros incluso cuando la mayor parte no está de acuerdo. Creo que hay que trabajar con los movimientos sociales en lo que sea necesario, pero no instrumentalizarlos. Ya veremos cuáles serán los frutos del anarquismo que hoy en día se está organizando.

Últimos apuntes

Si el Anarquismo Social se ha intentado definir en base a propuestas concretas, pediría un resumen de algunas de lo que no-sea-Anarquismo Social. Estas seguramente pueden ser debatibles en una escala donde lo cotidiano tiene un valor más cercano a la realidad. Y seguramente volveríamos a cuestiones abstractas pues práctica y teoría están ligadas.

En mis textos suelo añadir que no existen soluciones mágicas (aunque priorice mucho el tema de defender los servicios sociales). Finalmente me gustaría añadir, que nadie se escapa de la sociedad, incluso la gente que la rechaza. Relaciones de poder se establecen en todos lados, y formamos parte de lo que queremos cambiar. Reconocer que tenemos incoherencias, que existen términos medios, creo que es el primer paso para trabajarlos y cambiarlos. Del mismo modo que me dijeron que todo, siempre, nunca no son amigos de la sociología, la sociedad no se cambia radicalmente de un día a otro, por decreto. Reconocer que no somos perfectos y que el cambio es difícil, nos permite ir trabajando poco a poco para cambiar estos aspectos que rechazamos.

Si vamos de lado a lado, nunca podremos reconocer las aportaciones que nos ofrecen las diferentes perspectivas, yendo de un dogma (individual) a otro dogma (social) aunque el equilibrio es difícil. Espero haber aportado algo.

Víctor A

El juicio del espejo del baño

Sales del baño y, a la que te lavas las manos, ves por el rabillo del ojo a una chica mirándose al espejo. Solo le ves la cara, entre congestionada y con mirada de asco, y las manos que se tocan la tripa. Típico gesto de “por dios, qué gorda estoy”. Te giras para ver mejor a la chica y te das cuenta de que no le sobre ni un gramo (quizá incluso le falta alguno). Es entonces cuando te miras tú en el espejo por primera vez y no puedes evitar pensar “si ella se ve gorda, ¿qué pensará de mí?”. Pensamiento ridículo, teniendo en cuenta que unos segundos antes te daba igual la mirada de la gente, tú te sentías bien y punto.

El juicio del espejo del baño de las chicas. ¿Quién no ha vivido esa situación alguna vez? Parece que es obligatorio mirarte en el espejo y poner cara de asco, porque SIEMPRE TIENES ALGÚN ERROR. O te sobran kilos, o tienes ojeras, o esa camiseta te queda horrible, o tu pelo es un asco, o…o…o… El caso es que nunca te miras y dices “ole qué mona soy” (que no voy). Y si lo haces… tranquila, ya tienes las miradas de las demás. Ten por seguro que te van a encontrar fallos.

Nos han enseñado que tenemos que ser perfectas, como las chicas de revista, y que si no lo somos (según las medidas estipuladas) tenemos que mirarnos mal, entre nosotras y a nosotras mismas. Sin embargo, en ese proceso olvidamos que la mujer perfecta no existe, que las fotos de las revistas están retocadas y que alcanzar el canon de belleza marcado es imposible, porque ese canon no es natural.

Es necesario que aprendamos que no somos perfectas, pero que precisamente por eso lo somos. Somos altas, somos bajas, somos delgadas, somos gordas, tenemos ojeras o no, tenemos el pelo largo, corto, castaño, rojo, multicolor; tenemos los pies grandes o pequeños, un brazo más largo que el otro o los dos muy similares… ¿Y qué? Somos como somos, y por eso tenemos que mirarnos como bellas.

Por eso, la próxima vez que te encuentres con el espejo del baño (o con la otra chica que se esté mirando) recuerda sonreír. Elimina la cara de asco. Mírale, mírate y piensa: todas somos perfectas. Porque de verdad lo somos.

La niña que grita

Generación desencantada

Nos dicen que es tiempo de lucha, tiempo de cambio. Nos dicen que es tiempo de resistir, de comernos la vida. Nos dicen que es nuestro deber, que si nosotros no lo hacemos, nadie vendrá a solucionar nuestros problemas. Nos dicen que somos el futuro, que debemos apretarnos el cinturón y luchar por implantar sus nuevas normas, porque así lograremos tener un buen porvenir. Y a la vez nos llaman la generación ni-ni, nos tratan como niñatos rebeldes que solo quieren llamar la atención, pero que no saben nada de la vida.

Y es ahí cuando nos preguntamos: ¿quiénes somos? ¿Cómo es nuestra generación de verdad?

La realidad se encuentra en ambas posturas. Somos los jóvenes ni-ni, NI SOÑAMOS NI TENEMOS ESPERANZA. Porque nos han quitado nuestro futuro haciéndonos creer que nos lo daban todo servido en bandeja. Sin darnos cuenta nos han educado en la sumisión, en el “oír, ver y callar”. Hay miles de cosas que no nos gustan, pero aparte de quejarnos por lo bajini, no hacemos nada por cambiarlas. Nos han convencido de que no hay posibilidades, nos han quitado nuestros sueños e ilusiones, sustituyéndolos por mil mecanismos que nos hacen conformarnos, ignorando la realidad. Si sabemos que nada va a cambiar, ¿para qué hacer algo?

Han creado una generación desencantada con la vida, cómoda en su posición pasiva, absurdos espectadores de su falsa realidad…o por lo menos lo han intentado.

Porque la mente es libre, y hay mentes que no son fáciles de controlar. Frente a su generación ni-ni (ni estudia ni trabaja) se ha formado nuestra ni-ni: NI SE RINDE NI LO HARÁ. La juventud no se ha perdido, sus mentes comienzan a despertar, abren los ojos ante lo que sucede y no se dejan amedrentar. La resistencia ha empezado, la esperanza vuelve a nacer y las ganas de luchar por cambiar las cosas son cada vez mayores. Piensan que han creado una generación desencantada, pero lo que en realidad han creado es una generación invencible. No solo nos han quitado la casa, el trabajo, la sanidad, la educación; sino que también nos han quitado la ilusión, los sueños, nuestro futuro. Ya no tenemos nada más que perder, excepto el miedo. Es tiempo de luchar por todo lo que nos han quitado, de volver a la vida y soñar de nuevo.

Por eso te pregunto: y tú, ¿de qué generación eres?

La niña que grita

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