Cuando nos acusan de sexismo al denunciar el sexismo.

Intento no pedirle peras al olmo. Procuro ir por la vida asumiendo que la gente no ha estudiado lógica ni sabe de falacias argumentales… Hay quien me insiste en que asuma que la gente no piensa, pero tengo como una jodida vena filantrópica que me impide darlo todo por perdido.

El caso es que me apetece dejar claros unos puntos básicos:

-No veo grandes diferencias “naturales” entre hombres y mujeres que definan sus capacidades, tanto intelectuales y sociales como incluso físicas, al menos en lo que a buena parte de las actividades se refiere. Además, concibo que las oportunidades deben ser las mismas, entendidas estas como oportunidad de autorealización de cada persona, según su propio criterio y dirección. Así que por eso digo “hombres y mujeres somos iguales” (perdón por el binarismo, y dejo caer que existen más posibilidades y que además, también son y deben ser iguales) .

– Sin embargo, vivimos en una sociedad que marca enormes desigualdades entre hombres y mujeres. Esta situación de desigualdad hace que la situación de partida de unos y otras sea muy diferente, y por ello en ocasiones harán falta medidas correctoras, si es que deseamos alcanzar una igualdad real. Y para que se entienda mejor, haré uso de una explicación matemática:

Si tenemos 3 y 8, la diferencia es de 8-3= 5.

Si a 3 y a 8 les sumamos 7, tenemos 3+7=10 y 8+7=15.

Les hemos “tratado igual”, pero como vemos, la diferencia entre ambos permanece: 15-10=5.

Por lo tanto, la forma de corregir esto, sería sumando más al 3 que al 8, por ejemplo: 3+7=10 , 8+2=10.

– Cuando acusamos que las mujeres sufren ciertas situaciones, o mencionamos que los hombres actúan de determinada manera, generalizamos, sí. Porque hay diferencias estadísticas notables, que son las que nos indican que existe una desigualdad. Existen casos particulares, pero si estudias un poco de estadística, sabrás que el comportamiento de tu prima Paqui, super mandona con su novio Juan, no influye en los resultados. Cuando decimos que los hombres suelen copar el turno de palabra en asambleas, por ejemplo, no quiere decir que lo lleven en el cromosoma Y, y nosotras, pobres idiotas, en la repetición del X el dejarnos pisotear en la asamblea. Pero como nos construímos socialmente según el género, pues es más habitual que una mujer sea callada y con voz bajita y suave y un hombre más charlatán y con voz potente y tal. Lo que hemos aprendido. Eso no quiere decir que no pueda haber casos de lo contrario, yo misma hablo alto cuando quiero que se me oiga. Si al mencionar esta situación desigual, sexista, le das la vuelta y me acusas de “sexismo”: estás suponiendo que los hombres esto y lo otro, yo creo en la igualdad, no creo que haya que tratar diferente a las personas, ñañañaña… pues considero que o bien eres idiota o que usas estratagemas para mantener las cosas como están.

-Sobre la Diferencia. Existen ciertas cosas que nos hacen diferentes y conviene tenerlo en cuenta, porque sino, caemos en un modelo androcéntrico, en el que asumimos que todo ser humano debe medirse en base al varón blanco sano occidental de mediana edad. Y como ejemplo, mentaré el de los fármacos: Los fármacos se diseñan y se prueban en varones. El resultado de esto es que las mujeres padecemos más efectos secundarios, la sintomatología de varias enfermedades no es exactamente la misma en muchos ejemplos, etc. Hace muy poco tiempo que ha empezado a cambiar algo la cosa, por lo que los efectos a largo plazo aún no se conocen. Los contaminantes también nos afectan de forma especial, por distribución y proporción de grasa corporal y elementos liposolubles, y un largo etcétera. Esto, claro, repercute en la salud de las mujeres. Tener en cuenta Diferencias y hacer ciertos ensayos con sesgo de género (los que no tienen apellidos también lo son, son sesgados en el hombre, pero como no llevan apellido porque se asume, no nos enteramos), no es lo contrario a un trato igualitario. Lo contrario al trato igualitario es la desigualdad, no tener en cuenta las diferencias, precisamente para atender a esa igualdad de oportunidades, como es la salud. Yo tengo derecho a una vida saludable tanto como el maromo que se me sienta al lao en la sala de espera. Si para eso tienen que tener en cuenta que tengo útero y determinados ciclos hormonales, no veo que eso signifique que vayan a tratar peor al chico, la verdad.

-Cuando al mencionar actitudes sexistas, desiguales, etc, nos venís con la igualdad, como si esta ya fuera una realidad, como si viviéramos ya en el paraíso de la igualdad de género (y de razas, y sin clases sociales, y sin homofobias,… ya puestas a pedir!!), siempre me viene a la cabeza lo mismo: Si yo quiero ir a Valencia, mejor que asuma que NO estoy en Valencia y que tengo que hacer una serie de acciones que me lleven a Valencia: coger el metro para ir a la estación de autobuses, comprar billete de autobús, montarme en el autobús… Si quiero ir a Valencia y lo que hago es “jugar a que ya estoy en Valencia”, pues nada, padeceré un divertido desorden mental que no me lleva a ninguna parte, y mucho menos a Valencia. Pero tan ricamente, oye. Así que lo siento (en realidad no, es sólo una expresión), pero una parte fundamental del camino a la Igualdad es asumir que VIVIMOS TODAVÍA EN LA DESIGUALDAD, para tomar una serie de medidas que nos encaminen a la Igualdad.

Y resumiendo, queridas, queridos, querides: No hay mayor esclavo que el que se tiene por libre sin serlo.

Milicia Cebolla

Nuevo Espacio Liberado en la UAM

Nos llega información de que hoy, 12 de marzo, se ha liberado un nuevo espacio social en la Universidad Autonóma de Madrid, os dejamos aquí el comunicado de apertura:

NUEVO ESPACIO-TIEMPO SOCIAL LIBERADO AUTÓNOMO (E.T.S.L.A.) EN LA UAM

Sobrevivimos. Porque vivir no puede significar no saber si mañana vas a comer, si tendrás dinero para finalizar los estudios, si aun así llegarás a encontrar un trabajo estable con los derechos laborales que hoy día conoces. Porque no solo cambiaremos de trabajo constantemente a lo largo de nuestras vidas, sino que además nos veremos obligados a emigrar, y quizás incluso nos hagan un flaco favor, dado que en un país sin sanidad ni educación, que recorta en dependencia, en el que no consideran que las mujeres sepamos decidir sobre nuestros cuerpos, y donde no tomemos garantía de dormir bajo un techo, no debería llamarse Estado de Bienestar. Además, como colofón, se persigue y castiga a quienes protestan y buscan un mundo mejor. No son más que consecuencias de la crisis actual como tantas otras inherentes al capitalismo.

Han logrado aislarnos. El individualismo más atroz ha enraizado en nuestra convivencia como germen de la competitividad, pilar del sistema político, económico, social y cultural. Nos quieren sumisas, y nos tienen porque solas no podemos. Sin embargo, siempre surgen brotes verdes de inconformismo, mucho más reales que los brotes verdes del ministro Guindos. Brotes verdes de inconformismo por la solidaridad entre iguales. Solidaridad que ya muestra su efecto en la reivindicación de los pocos derechos de los que hoy gozamos y que continúa haciéndolo en las mareas ciudadanas, colectivos como la PAH y en tantos barrios que se organizan.

No. Sin lazos sociales no podemos recuperar la solidaridad como valor básico de la sociedad con el fin de plantar cara a la injusticia de la miseria y crear un futuro de todas para todas. Por eso creemos que una de las muchas que puede avivar las brasas del conflicto social es construir nuestros lazos. Acercarnos, apoyarnos, ayudarnos. Y la chispa, los espacios comunes donde podamos crear y crecer.

Es aquí donde nace el nuevo ETSLA en la UAM, donde antes había una sucursal bancaria símbolo de la corrupción, la explotación y la avaricia asesina que impera y pretende abrirse paso en todo resquicio. Sabemos que sólo se destruye lo que se sustituye, y estamos decididas por la propuesta de un espacio social que sirva de encuentro interfacultativo, que dé lugar a conocimiento multidisciplinar y que, en definitiva, enciende la llama de la vida universitaria, ya apagada y subyugada a la asistencia obligatoria y el plan Bolonia. Un centro para alimentar nuestras inquietudes, llevando proyectos a cabo; charlas, talleres, actividades… desde nuestro propio interés e iniciativa, es decir, de manera autogestionada por la comunidad universitaria. De esta forma, habría cabida para aquellos colectivos y asociaciones que se ven privados de lugar en el que reunirse por la inoperancia de la gestión de los espacios de la universidad.

 Y, porque sobrevivimos, un ETSLA que dé visibilidad  y soporte al movimiento asambleario que lucha en contra del desmantelamiento de la educación que nos quiere robar el gobierno y el libre mercado.

Nuestra pretensión es clara: no vale liberar el espacio si no concebimos el tiempo de otra manera en que la desidia del minutero no arrastre nuestras vidas como un peso muerto.

Es el momento.

Para más info: etslauam.blogspot.com.es

Respuesta al artículo de La Colectividad sobre los espacios no-mixtos

Tonto no soy, y entiendo los motivos por los que algunas

de estas personas defienden los grupos no-mixtos»1

Antes de comenzar, me gustaría hacer una aclaración. No me siento nada cómodo hablando sobre estos temas de esta forma, es decir, con proyección pública, más allá de los grupos en los que me muevo y siempre más dispuesto a escuchar que a hablar, pues precisamente, al pertenecer al grupo opresor, me siento sumamente hipócrita. Además, creo que al hacerlo concurro precisamente en uno de los hecho que critico, como es el de elevarme como defensor de un grupo que no me lo ha pedido y que si necesita ayuda, la pedirá.

Dicho esto, el texto no me ha dejado nada indiferente y, puesto que apoya su argumentario en una forma de vida que yo mismo he escogido, me he tomado el lujo de contestar, aun sabiendo que cualquier mujer podría rebatirlo fácilmente. Espero que se me perdone.

He decido comenzar la respuesta con una cita extraída del propio texto que me parece que resume perfectamente los pecados capitales encontrados en él. “Tonto no soy, y entiendo los motivos por los que algunas de estas personas defienden los grupos no-mixtos”, es una frase que aúna en sí una superioridad, una arrogancia y una condescendencia fatales, muy intrínsecas al hecho de ser hombre, que nos creemos en conocimiento de todo, así como me parece que muestra una gran falta de comprensión en el tema.

Simplemente por el hecho de que hayas escrito un texto así siendo hombre, por el hecho de que cuestiones los espacios no-mixtos desde esa posición, por el hecho de que intentes organizar su lucha, de la que nosotros somos cómplices y perpetuadores (aun cuestionándonos y revisándonos todo lo que nos dé la gana), creo que estos espacios se justifican al 100% solos, sin que nadie los tenga que defender.

Sin embargo, decides dar “una vuelta de tuerca más”, en el 5º párrafo, con las siguientes líneas:

El segundo punto tiene su razón de ser si se piensa que las personas no-oprimidas juegan un papel paternalista en los grupos mixtos. No obstante, sería muy estúpido pensar que toda persona no-oprimida tiene una actitud paternalista, como también es muy estúpido—y se lee, escucha, y vive muchas veces—pensar que cualquier persona que intenta ayudar en una causa se comporta de forma paternalista.”

El ser machista no se trata sólo de ser paternalista, por desgracia tiene muchas caras, algunas más sutiles (digo sutiles porque a piori es posible que no se aprecien tan claramente), aunque igual de dañinas. Una de ellas puede ser la apropiación del espacio público, que en este contexto situamos en una asamblea. La capacidad para ser escuchado siendo hombre, así como su capacidad para hacer suyo el espacio, mediante el lenguaje no verbal y el verbal, es bastante más alta de la que parte la mujer, con las consiguientes dificultades para expresar su opinión, tratándose éste, además, de uno de los grandes problemas a los que se ha tenido que enfrentar, la imposibilidad histórica de mostrar su opinión, su pensamiento. Me parece un fallo garrafal el no cuestionarse eso viniendo del mundo anarquista, cuando toda nuestra actividad política es determinada por las asambleas (a nivel colectivo). Si se quiere un movimiento realmente igualitario y de apoyo mutuo, puede que el primer paso sea espacios donde bregarse, donde adquirir confianza y hacerse fuerte, como los espacios no-mixtos. No obstante, mi labor aquí no es abogar por tales espacios, pues como digo un poco más arriba, se defienden prácticamente solos.

Pero aparte de todo esto, existen las conductas machistas que saltan a primera vista y, en este párrafo, brillan con luz propia. El hecho de infantilizar, de reducir a lo pueril y a lo estúpido un argumentario serio como el de los espacios no-mixtos, muestra precisamente ese paternalismo del que tanto te quejas, ese falso tópico de que sabemos más y esa falsa creencia, consciente o inconsciente, de que tenemos que ser quienes guíen a los distintos grupos poblacionales a la emancipación. Muy propio de nosotros, hombres, y muy propio de los europeos, si se me permite.

Me gustaría pasar ahora al tema de las identidades. En el 4º párrafo comentas: “De ahí que me extrañe que una persona se considere anarquista y, al mismo tiempo, rechace con tanta virulencia la presencia de hombres en una manifestación, en una asamblea, o en un grupo de acción”. Me resulta muy curioso que te arrogues la capacidad de decidir qué es o no anarquismo en un tema así, cuando la mayoría de textos políticos con los que partimos vienen dejados por hombres. Personalmente, me parece lo más lógico del mundo que en una persona convivan varias identidades y, siendo mujer, me parece aún más lógico centrarse en la identidad género si ves que otras, como el anarquismo, no actúan eficientemente para resolver tus problemas. Ejemplos como este texto creo que refuerzan esa opción e “igual” la solución no está en criticarlos, sino en revisar comportamientos y hacer autocrítica, sin olvidarnos, por supuesto, de llevar las conclusiones a cabo, que si no hacemos nada. Por todo ello no entiendo que digas que eso no es compatible con el anarquismo, pues precisamente en nuestro mundo, en el que por otro lado tanto nos enorgullecemos del tema ideas-hechos, ha sido tradicionalmente más fácil la introducción de distintas tendencias o pensamientos, como el veganismo o el feminismo, al no tener tan claramente dibujados sus contornos, pero sobre todo, por la importancia que damos a la autonomía y auto-organización, cuestiones ambas que definen perfectamente los grupos no-mixtos. Me gustaría que me explicaras qué problema ves en que un colectivo de mujeres, soberano y autónomo, se integre en, por ejemplo, una estructura federalista, dispuestas a cooperar en el panorama general en todo lo posible, pero decididas y conscientes en que o lideran su lucha o nadie lo hará por ellas. Se me escapa.

Siguiendo con este tema, del párrafo 6º a mí también me gustaría resaltar lo siguiente: “Pero me gustaría resaltar el adjetivo puntual por una razón obvia: una filosofía anarquista consistente no casa muy bien con la exclusión sistemática de individualidades dispuestas a luchar”. Sinceramente, yo no sé dónde encuentras la política de apartheid. Un grupo autónomo y consciente, siento repetirme, te está diciendo que no quiere que te metas en su modo de hacer las cosas, que lo consideran necesario y que están hartas de que los machitos revolucionarios tengamos que ir a liderar su lucha o sus protestas en cuestiones que les afectan a ellas por el hecho de ser mujer. ¿Te gustaría que gente que no es afín a tus ideales o prácticas, o que en muchos casos incluso consideras enemiga, se metiera en tu asamblea a decirte cómo coño tienes que hacer las cosas? Y parece mentira que siempre haya que poner ejemplos de este tipo, que nos toque personalmente, para sentir un mínimo de empatía o para intentar comprender las cosas. Además, no dejo de preguntarme cuántos iríamos o dejaríamos de “poner el grito en el cielo” si nos invitasen o pudiésemos transitar libremente por estos espacios, ya que muchos de nosotros ni siquiera somos capaces de dar difusión a eventos feministas o transmaribibollos, por no hablar del hecho de sacarlos adelante.

El remate final a este cúmulo de despropósitos lo encuentro en los párrafos 7º y 8º, donde comparas la situación con los colectivos de inmigrantes. Per se, noto de nuevo falta de comprensión, al tener que estar continuamente comparando grupos de opresión y no entender cada cosa en su contexto, a lo que se suma la petición, realmente asombrosa, de que: me gustaría que estas mismas personas se abstengan de participar en manifestaciones pro-derechos de les migrantes, por poner un ejemplo. Si un colectivo de inmigrantes te dicen que no ven lógico que tú, como persona que no es inmigrante (=mujer) formes parte de su colectivo porque culturalmente eres heredero de un sistema de valores que perpetúa su opresión, europeo-raza blanca (si no te ajustas a los parámetros, perdón, pero quiero poner el ejemplo máximo), ¿te enfadarías igual?, ¿les llamarías estúpidos?, ¿les negarías la ayuda cuando ELLAS Y ELLOS te la pidiesen?

Por eso hablo de remate final, porque para empezar, te vuelves a erigir como voz autorizada pública de un colectivo que quizás no sea el tuyo y que no te lo ha pedido. Junto a esto, pasas a comparar una parte un colectivo (grupos no-mixtos) con un colectivo en su totalidad, para reforzar vanamente tu argumentación. Pero además, porque en este caso también me da la sensación de que hablas de ellas y ellos sin cuestionarte seriamente tus privilegios. No somos los salvadores del mundo, hay cosas que no llegaremos a entender del todo bien (determinadas por el género, la raza o la cultura) y lo que veo más lógico es hacerse a un ladito, aprender, escuchar y ayudar o solucionar problemas CUANDO TE LO PIDAN.

A modo de conclusión, que creo que me estoy extendiendo demasiado, me gustaría exponerte que hay grupos donde “hombres honestos que luchen en el frente del feminismo” pueden empezar a cuestionarse sus privilegios y llevar las conclusiones obtenidas a su realización, como Desmachirulándose, salido de la asamblea de Lavapiés, así como recordarte que esta iniciativa es posible en cualquier ámbito, no es necesario que acudas allí. Por último, decirte que justificar tu rabieta (feminazi stole my ice-cream) con algo como el anarquismo, que en mi opinión tiene la capacidad intrínseca de cambio donde se podría dar una igualdad más o menos real (a lo largo de muchas y duras décadas de cambios, por supuesto), me parece realmente horrible.

Termino esperando no haber metido la pata demasiado, recordando que soy consciente de que soy parte del problema y pidiendo disculpas por si me he erigido en defensor de algo en lo que creo fervientemente que debemos participar, pero no dirigir.

Sergio Buendía

1 Cita extraída del texto en cuestión, 4º párrafo.

Neofascismo en las aulas III (FIN)

Nota: puedes leer la primera parte haciendo click aquí, y la segunda parte está disponible aquí.

Admito que para ser diferente se necesita coraje y valor para no temer singularizarse, cuando la mayoría se acomoda y se adapta para funcionar sin perturbaciones en ésta sociedad. A nivel personal, dice Juan Sabrelli, que el miedo de pasar por un solitario, un anormal o un loco, no es sino el deseo de conquistar la seguridad, la quietud, la confianza, la comodidad, liberándose de la angustia de las decisiones, de la responsabilidad de crear su propio destino.

En la película Atrapado sin salida [1] basada en la novela One Flew Over the Cuckoo’s Nest de Ken Kesey, dirigida por Milos Forman, con la excelente actuación de Jack Nicholson, se muestra la manera en que el orden suele ocultar el verdadero desorden de las injusticias, y en la injusticia la adaptación, la acomodación y el ajuste del individuo –en este caso, Randall McMurphy (Jack Nicholson)- en relación a otros individuos, grupos o sociedad que no es otra cosa que un procedimiento para someter y hacer feliz (mediante una cantidad considerable de medicamentos que si algún “enfermo” se niega a ingerirlos, se le obliga por la fuerza) en la alienación mediante un proceso educativo que, en realidad, es un aprendizaje de la resignación, que actúa como amortiguador de los conflictos existentes.

Sin embargo, McMurphy, cuando es internado en el centro psiquiátrico (metáfora de la estructura y del sistema social) por ser considerado peligroso para la sociedad, sacude lo establecido y las normas ahí dentro, de tal forma que permite el progreso, porque, precisamente, está inadaptado en un ambiente totalmente estricto, monótono y cuadrado (no obstante que si alguno de los “enfermos” se sale del orden establecido, se le castiga con descargas eléctricas [electro shock]).

El inadaptado es el que transforma el entorno, y el rebaño es un simple contenido que se vierte en ese entorno, en otras palabras, el inadaptado es el que hace la historia y el rebaño es el que la goza o la padece. Dicho de otra manera, cito unas palabras del escritor irlandés, ganador del premio Nobel de literatura en 1925, George Bernard Shaw: “El hombre razonable se adapta al mundo; el irrazonable trata siempre de adaptar el mundo a sí mismo. Por lo tanto, todo el progreso depende del hombre irrazonable.”[2]

Y, finalmente, para concluir, desde que hice conciencia como estudiante de la educación tradicional, ya no me ciño a la prudencia, ni al padecer callado, ni a ejecutar el dominio de mí mismo y mi sufrimiento a través de la tolerancia. Ya vimos que éste comportamiento no insta al cambio o a la transición. La aceptación pasiva no es una respuesta deseable para el salón de clases, porque hace del alumno un enemigo de sí mismo que no confía en su juicio independiente y depende simplemente de la voz de la autoridad.

De modo que, de continuar la subordinación pasiva del individuo a la autoridad, “el mundo del futuro será muy semejante a los hormigueros, a las colmenas, a las moradas de los comejenes. El yo será muerto, se renegará de la fantasía, el individuo será reprimido y oprimido, la libertad y la iniciativa serán abolidas; sólo a costo de ese durísimo precio podrá sobrevivir el género humano (Papini, 1967:295).

En contra de lo anterior, deseo que el objetivo de la educación sea hacer hombres libres y activos, y no simples ciudadanos útiles y sumisos. Que el sentimiento no sea ajeno a la educación, y que no se discrimine al alumno por su manera de vestir o de hablar, pues cada uno se expresa a sí mismo (en un sistema capitalista desigual donde cada vez es mayor la pobreza en muchos sentidos), según su condición económica, social y cultural a la que pertenece.

Por lo tanto, para el bien de las actuales generaciones, de las que están por llegar y, más aún, por las que todavía no han nacido, no deseo una escuela que funcione para perpetuar el orden establecido, sino para que se fortalezca el espíritu de oposición. Que lo que aprendamos en la escuela, por medio de los libros y de algunos profesores, sea para cambiar las cosas y mejorarlas, esto es, que el conocimiento se convierta en voluntad y en acción. Que después de la escuela y una vez que se haya obtenido el documento – llave burocrático, que se supone abrirá las puertas del empleo, no muera el aprendizaje. Es decir, que el individuo mantenga el control sobre su propia educación, que sea autodidacta y que disfrute el aprendizaje libre. Dice el maestro, y poeta, Ronald Gross que “la vida, los libros y el trabajo son maestros poderosos que dejan muy atrás a la escuela y a las instituciones de educación superior”.

Por consiguiente, el aprendizaje debe ser personal, voluntario y compañero de la vida. Tal es el aprendizaje libre; el que no está limitado por el tiempo, el espacio y la coerción de una autoridad. Hay que sacudirse el polvo de las aulas y luchar por una educación continua que se da en cada momento, en cualquier espacio donde confluya la acción humana. Los maestros más influyentes estás en los libros, en la música, en los revolucionarios, en los filósofos, en las calles, en una obra pictórica, etc., no en el salón de clases. Por ello, recordemos las palabras de la antropóloga cultural estadounidense Margaret Mead: “Mi abuela quería que yo tuviera una educación, de modo que me mantuvo fuera de la escuela”. O como dijera, alguna vez, Ernesto Guevara, el rebelde, “seamos realistas, soñemos lo imposible”.

Notas

[1] Milos Forman, Atrapado sin salida (One Flew Over the Cucoo’s Nest, 1975). Guión de Bob Goldman y Lawrence Hauben; con Jack Nicholson (Randle Patrick McMurphy), Louise Fletcher (enfermera Mildred Ratched), Danny DeVito (Martini), Christopher Lloyd (Max Taber), William Redfield (Dale Harding), Brad Dourif (Billy Bibbit).

[2] Baste, como muestra, en la realidad histórica de la isla de Cuba, el acto heroico, ejemplar e irracional del excomandante Fidel Castro Ruz, Ernesto Guevara y demás revolucionarios al derrocar, por medio de las armas y la osadía, al dictador Fulgencio Batista, en 1959, y transformar, de este modo, una parte pequeña de la fisonomía de América Latina.

Bibliografía

Blest Gana, Alberto (1943), El ideal de un calavera, Ed. ZigZag, Santiago de Chile.

Fromm, Erich (1967), El arte de amar, Paidós, Buenos Aires.

Fromm, Erich (1999), El miedo a la libertad, Paidós, México.

Ortega y Gasset, José (1985), La rebelión de las masas, Planeta, México.

Papini, Giovanni (1967), El libro negro, Época, México.

Neofascismo en las aulas II

Nota: Puedes leer la primera parte de este artículo haciendo click aquí.

Ahora bien, si aceptamos que el hombre no es lo que debiera ser, y debe ser lo que podría ser, como dice Erich Fromm, el modelo tradicional amputa lo que podría ser en la vida concreta del alumno, y en su ausencia de su libertad mutila su existencia. ¡Qué paradójico resulta que la persona se deshumanice! ¿No creen? En cambio, en el reino de la fauna, como diría Ortega y Gasset, un tigre no pierde su “tigreidad” ni un perro su “perruneidad” ni un gato su “gatuneidad”, y respecto a los vegetales, les basta simplemente con estar en el mundo, pero la compleja existencia humana debe realizarse y ser en el mundo.

Y cómo llegar a serlo en el salón de clases, cuando los maestros (as) no conocen nuestros nombres, ni yo los de mis compañeros, ni mis compañeros el mío. Nosotros no nos encontramos y vivimos como personas, sino que cada uno siente y vive la indiferencia de los otros; muchedumbre solitaria en la que muchos viven bajo una inmensa indiferencia y soledad. Ésta soledad es la ausencia del otro, la carencia o falta de encuentros personales. Cuando esto falta, las relaciones personales se vuelven alienantes. “Sin amor, una persona o una sociedad vegeta pero no vive, está pero no existe acorde con lo que es y debiera ser”, dice Erich Fromm.

¿Y cómo va a vivir y existir acorde con lo que es y debiera ser, en un sistema que contamina, reprime y degrada, como el tradicionalmente educativo que destruye a la gente para convertirla en personal de un aula, un cubículo, una oficina ó una fábrica? En realidad, esto me parece que son los síntomas de la enajenación burocrática que, en algunas ocasiones, suele eliminar la iniciativa y la expresión creativa.

Me explico: en particular, el profesor-burócrata hace lo que hace aplicando al pie de la letra lo ya establecido, porque no quiere complicaciones y teme al riesgo; de ahí que no innove y no haga nada si no hay un papel de por medio que le diga lo que tiene que hacer; todo debe estar en una nota, expediente o paquete curricular. Además, el que no emprende nada, no crea nada, se atrofia como persona en una especie de robot que funciona conforme al reglamento y la ley.

El maestro-burócrata, en aras de la organización prescinde de sus propios sentimientos, pensamientos y convicciones, no llega a emprender caminos nunca transitados, y la persona en ésta circunstancia ya no trabaja para la organización, sino que es una parte de la organización en una especie de rito que le impide salir de la repetición de actos tradicionales. El educador-burócrata no puede imaginar ningún futuro que no sea su carrera burocrática hasta la jubilación, con la esperanza de que se le reconozca después de veinticinco o cuarenta años de trabajo – que siempre ha sido fiel a la institución -.

En consecuencia, el método de enseñanza tradicional quiere hacer del alumno un burócrata, porque lo prepara o lo educa para el trabajo, lo estereotipa y lo conforma a la personalidad del burócrata a partir de los reglamentos, diplomas y normas de conducta. La educación tradicional está enfocada en la enseñanza, no en el aprendizaje, misma que, por lo común, olvidamos, pero si llegamos a recordar algo, lo que recordamos es irrelevante.

El modelo tradicional concibe al alumno como una página en blanco, un pedazo de mármol al que hay que modelar, un vaso vacío al que hay que llenar, no lo educa para ser creador, sino para ser adiestrado y aceptar lo establecido mediante exámenes estandarizados que consisten en sentarse y amordazar la palabra hablada o escrita (en caso de los exámenes de opción múltiple). Así nadie dialoga con nadie ni se pregunta ni se escribe nada para nadie. Todo está estructurado para enajenar y ser enajenado en la prisión, aquí sí, inconsciente del silencio. Por lo común todo debe estar en el pizarrón para ser copiado sin cuestionarlo y, por tanto, para escribir notas irreflexivas. De esta forma, al alumno se le automatiza en el salón de clases y se le prepara para el futuro para ser un engrane más en la maquinaria burocrática del sistema. O como dijera Roger Waters en su tema Another brick in the wall: “…y finalmente llega a ser un ladrillo más en la pared”.

Por tanto, como nuestra vida es rutinaria, monótona y de un solo giro, creemos que todo es normal en una época de masas en la que, paradójicamente, la gente suele ser individualista, pero no es individualista en el sentido de que tenga ideas, convicciones y decisiones propias, sino que sus ideas, convicciones o decisiones son las de la mayoría de la gente, es decir, que se conforma con el rebaño, y es aquél tipo de hombre- masa que describe Ortega y Gasset en su libro La rebelión de las masas.

El hombre-masa es un tipo de hombre hecho de prisa, montado nada más que sobre unas cuantas y pobres abstracciones y que, por lo mismo, es idéntico de un cabo de Europa al otro. A él se debe el triste aspecto de asfixiante monotonía que va tomando la vida en todo el continente. Éste hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas […] carece de un dentro, de una intimidad suya, inexorable e inalienable, de un yo que no se pueda revocar (Ortega y Gasset, 1985:17).

Tanto en Europa como en América ser conformista es hacer lo que hacen los otros, es renunciar a una personalidad, a andar por caminos no explorados. Aceptar lo establecido es como hacer lo que la responsable del Sistema de Enseñanza Abierta, del Colegio de Bachilleres, alguna vez me dijo, al interponer mi queja, respecto al modelo tradicional educativo “¿…y yo qué quieres que haga?, al pueblo que fueres, haz lo que vieres”. Frase esencial para que se integre al individuo al sistema y perpetuarlo.

El novelista chileno Alberto Blest Gana, en su libro El ideal de un calavera, distingue tres tipos de tontos que produce la sociedad burguesa. Menciona primero al tonto satisfecho que critica sin compasión, no hace nada importante porque no le da la gana y pocas mujeres lo resisten; habla sólo de miles de pesos. Ha ido o piensa ir a Europa. Para él la gran cuestión es el traje.

El segundo tipo es el tonto simple que vive a la sombra del primero y en continua admiración de sus proezas. Para él el estudio es cosa de literatos y la política negocio de delincuentes. Y el tercer tipo es el tonto grave que tiene el talento del hombre que no dice nada y el genio o la inteligencia de chocar con ninguna de las preocupaciones reinantes, porque el tonto grave no comprende ninguna situación ni tiene opinión propia; es una especie preciosa para fabricar ministros de Estado, senadores y consejeros; el tonto grave es conservador por excelencia, conserva los modelos viejos, las ideas viejas, las conversaciones viejas. Tiene a los libros una antipatía clásica. No habla nada, pero la ignorancia del vulgo le creerá capaz de milagros.

Sin duda, ser diferente es alejarse del rebaño, es no prestarse al juego de competencia y condescendencia, es aquél que el hombre masa cataloga de inadaptado. Además, salir del rebaño no es fácil, porque, el hombre masa, aparte de que considera inadaptado al que sale del rebaño, le dice que perturba el orden establecido, y de ésta manera se vuelve el inconforme en blanco de críticas de la sociedad. Es cierto que el hombre desde que nace es moldeado para que se adapte al orden social existente, como dice Erich Fromm: “La conformidad tipo rebaño ofrece tan sólo una ventaja; es permanente y no esporádica. El individuo es introducido en el patrón de conformidad a la edad de tres o cuatro años, y a partir de ese momento, nunca pierde contacto con el rebaño. Aún su funeral, que él anticipa como su última actividad social importante está estrictamente de acuerdo con el patrón”.

Neofascismo en las aulas I

Nota del autor: En mi experiencia de estudiante, cuando cursaba el nivel medio superior, escribí el siguiente texto para una docente de matemáticas del Colegio de Bachilleres 3, egresada de la carrera de ingeniería, de mentalidad hermética, adversa y ordinaria. Teniendo en cuenta que se negó a dialogar conmigo sobre su método de enseñanza, al considerar que no estaba a su nivel y que, además, ella sólo podía hablar con matemáticos e ingenieros, y que yo sólo era un estudiante mediocre de bachilleres. Pero, por otro lado, en un lapsus, dijo que yo ya tenía otra formación diferente a la de ella. Posteriormente, al saber de mi texto, se negó a recibirlo y me prohibió, sin saber de su contenido, que se lo leyera a mis compañeros. Semejante contradicción, entonces, anuló la posibilidad de establecer un diálogo constructivo y crítico entre ambos (Darío Cruz Jaramillo).

¿Por qué soy tan extraño y tan rebelde, enemistándome con los profesores y distanciándome de los otros jóvenes? Fíjate en los alumnos buenos y en los que no salen de su medianía, cómo ellos no encuentran cómicos a los profesores, no hacen versos y únicamente piensan en cosas en las que todo el mundo piensa y de las que se puede hablar en voz alta. ¡Cuán ordenados y cuán conformes con todo y con todos deben sentirse! Esto debe ser bueno… Pero, ¿qué me pasa a mí, y a dónde iré a parar con todo esto? — Thomas Mann, Tonio Kröger

La palabra fascismo designa un movimiento y doctrina política y social, creada por Benito Mussolini en Italia. Dicha doctrina, en esencia, anula la esfera personal de la vida, suprime las libertades individuales, rechaza la democracia, militariza el aparato estatal y la vida social, exalta el nacionalismo y propugna un belicismo esencial. Tiene como lema; “todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, y nada en contra del Estado”.

Lo anterior, desde mi punto de vista, no es más que un reflejo caricaturesco de lo que sucede en el salón de clases, pues, el modelo educativo tradicional simboliza el Estado como un ente abstracto enajenado y enajenante. De modo que he reflexionado acerca del método de enseñanza, y de su arquetipo fascistoide que, desde luego, considero represivo e inhumano.

Comienzo mi texto enunciando la alienación de las relaciones interpersonales en el salón de clases, en las que no se es uno con los otros, en las que no se asume de algún modo la tarea más insoslayable e importante: la empresa de ser persona, y en las que uno solo no puede ser plenamente persona si los otros no son también; terreno infértil -por improductivo- donde no se establece ningún tipo de relación personal, debido a que no hay una relación estrecha desde el núcleo mismo de la existencia humana. Posteriormente, aludo a los síntomas modernos de la enajenación burocrática que, en algunos casos, suele eliminar la iniciativa y la expresión creativa en las aulas. Y, por último, abordo el conformismo y el temor a ser diferente, en esta nuestra época de masas alienadas en el trabajo, en el consumo y en la búsqueda de estatus.

No me imagino (y no quiero imaginar) el número de estudiantes que han sido instruidos en ese modelo educativo tradicional, en el que permea la ignorancia, la sumisión y los prejuicios. Modelo en el que el estudiante más bien debería ser una pieza clave de un sistema de vida democrático, fundado en el mejoramiento social y cultural de los estudiantes.

Modelo donde se tienda a desarrollar armónicamente las facultades del ser humano, se contribuya a regular la convivencia, el aprecio por la dignidad de la persona, el interés general que se debe dar a todos los estudiantes, y un lugar en el que exista la fraternidad e igualdad de derechos de toda la comunidad estudiantil. En cambio, el lugar común del modelo tradicional, es imponer un método de enseñanza despersonalizado al no considerar la personalidad, las preguntas y las necesidades de los educandos.

A continuación, si aceptáramos que no existe el yo sin el , que no existe más que con la existencia de los otros, de modo que los otros y yo, yo y los otros nos realizamos en la mutua relación al abrir nuestro yo, ¿cuándo soy yo? cuando otro me nombra, si nadie nos nombra no somos nada, de esta manera, al sustituir el “pienso luego soy” que enunciaba Descartes, por “soy nombrado, luego soy”, el método de enseñanza tradicionalmente rígido y represivo, no permite la interacción y la relación recíproca –necesaria- para que la persona, en este caso el estudiante, pueda ser él mismo.

Al estudiante, el modelo tradicional, no lo respeta como individuo, lo vuelve un ser aislado al controlarlo mediante la intimidación, el acallamiento, si éste decide ejercer el libre uso de la palabra. Tampoco se produce la emergencia del yo, porque no hay una correspondencia de aquello que no soy yo, es decir, de su yo absoluto que no permite la posición de igualdad, ya que el modelo demuestra hostilidad si un estudiante pide que se le aclare alguna duda.

Su yo grande de maestros contra nuestro yo pequeño de estudiantes, hace que con su comportamiento haga el aprendizaje difícil e imposible y, además, inhiba el salto a la imaginación. “Es normal que todos los que se sienten frustrados en su expresión emocional y sensual y también amenazados en su existencia misma, experimenten como reacción un sentimiento de hostilidad” (Fromm, 1999:105).

Bajo este modelo, es indudable que, en el salón de clases, no existe una relación afectiva e interpersonal con el estudiante, pues se da un trato de seres autómatas y de excesivo paternalismo o maternalismo, confundiendo el afecto con el control de la conciencia del estudiante como persona. Porque pienso que el afecto se demuestra con los actos, más que con las palabras.

De hecho, los maestros (as) que se conforman con el modelo en ningún momento superan la separatividad, es decir, no trascienden su propio método al no tener un encuentro con nosotros los estudiantes. Tal parece que la educación que conservan no ha influido en su acción ética. Recordemos lo que dicen los filósofos humanistas como Sartre, Foucault, Lévinas: que el ser del hombre sólo se halla y se realiza en la vida social.

Asimismo, las maestras (os) que se conforman al modelo educativo tradicional, no establecen una relación auténticamente humana. Más bien sus relaciones interpersonales son de apatía porque se enfrentan insensiblemente con los estudiantes; son de indiferencia porque éstos no les importan realmente, aunque se pretenda que sí. Al modelo sólo le preocupa que el estudiante no cumpla con el trabajo en clase, así también que no aprenda a la velocidad requerida por los cursos.

¿De qué manera va a aprehender el estudiante y asimilar el conocimiento, sin que se atragante, con lo que quizá aprenda, mediocremente, en un semestre? Los maestros (as) de semejante modelo educativo, se limitan a lo que establece la norma y su camisa de fuerza curricular, a lo que les corresponde no como guías del conocimiento que fomente la libertad de expresión, sino como autoridades absolutas e incuestionables.

En la película Pink Floyd The Wall [1] dirigida por el británico Alan Parker, basada en el álbum de Pink Floyd de 1979 The Wall, no hay intercambio afectivo en el salón de clases, sólo hay rigidez, nerviosismo y agresividad. Película en la que también se demuestra el autoritarismo a ultranza, la enajenación del cuerpo social burgués, ególatra, entre otros lugares cubiertos de simbolismo (como la figura del muro que significa la represión, la exclusión de la sociedad), la insuficiente potencia que tiene el hombre libre de adaptarse a un estado de masas enajenante, bajo un régimen político fascista y uniforme. Síntoma de un poder patológico hitleriano que lleva consigo destrucción, caos, nomadismo, barbarie y muerte a una cultura o a un individuo que defiende su libertad de elegir, en un campo de batalla donde las personas cada vez construyen menos su propia personalidad.

Yo, realmente, quiero ser tratado, supongo que también mis compañeros y compañeras, como “alguien”, no como “algo”, como persona que tiene dignidad al ejercerla para su propia realización y desarrollo humano. Me pregunto ¿qué tan masoquistas somos al no quejarnos y someternos a las querencias sádicas de los maestros y de las maestras, al renunciar a nuestra integridad para convertirnos simplemente en sus instrumentos? Bajo el modelo tradicional, los maestros (as) condicionan e inhiben el pensamiento crítico, el espíritu de lucha (esencial) para la vida del hombre y su sobrevivencia. El miedo es un arma poderosa para dominar a los débiles y a los oprimidos.

De modo que tal modelo educativo crea una relación simbiótica frommiana de dependencia con nosotros,  en la que dicho modelo depende de nosotros  y nosotros de él. Dice Erich Fromm que un ser dominado necesita que otro lo domine, que el amor maduro significa unión a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad, que sólo existe el acto de amar cuando implica cuidar, conocer, responder, afirmar, gozar de una persona, de un árbol, de una pintura o de una idea. Que significa dar vida y aumentar nuestra vitalidad. El modelo tradicional que aplican algunos maestros (as) se aleja de estos conceptos básicos en el salón de clases.

¿Acaso no están conscientes, quienes llevan a cabo el modelo, de la juventud con su irracionalidad, su espontaneidad de ocasión, su a veces ser todo emotividad que lo hace un mero cúmulo de instintos? ¿Acaso no saben de su manera de hablar, de acuerdo a su edad, y de su estrato social, económico y cultural al que pertenecen? No sé cuánto tiempo tenga dando clases los maestros (as) que aplican este modelo tradicional, pero creo que no se han percatado de los estímulos externos de los jóvenes en un ambiente de hostilidad y represión.

Por ejemplo, en mi experiencia de estudiante, recuerdo haber visto cómo, y más de una vez, uno que otro alumno hacía una señal obscena con la mano levantando el dedo medio cuando la maestra de matemáticas escribía en el pizarrón, y a pesar nuestro, con gis azul, porque decía que “así se ve más bonito”, sin importarle que la luz que atravesaba por la ventana se proyectara en lo que escribía, quedando parcialmente difuso el plano cartesiano y el Teorema de Pitágoras flotando en un banco de bruma.

Es cierto, algunos alumnos, si no es que la mayoría, sólo tienen como medio de defensa su dedo y un montón de palabras obscenas que, por supuesto, no dirigen abiertamente. Por esta razón, los maestros (as) no gozan la enseñanza con nosotros, y nosotros no gozamos el aprendizaje con ellos (as). “No dan vida, no aumentan nuestra vitalidad”.


Notas

[1] Alan Parker, Pink Floyd The Wall, 1982. Guión de Roger Waters; con Bob Geldof, Chirstine Hargreaves, Eleanor David, Alex McAvoy, Bob Hoskins, Michael Ensign.

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