El proyecto Cástor II

Viene de aquí.

Ya a estas alturas un fenómeno propio de nuestro contexto ibérico, la corruptela, había saltado a la palestra. En abril de 2012 de nuevo la plataforma denunciaba que:

Ante la alarma ciudadana y las declaraciones vertidas en diversos medios de prensa por dicho responsable de la empresa (del Potro), la Plataforma Ciutadana en Defensa de les Terres del Sénia ha solicitado al Ministerio de Industria, Turismo y Comercio la suspensión total de los trabajos, pues como nos temíamos éstos continúan con mayor celeridad si cabe, y se ha insistido en la necesidad de anular la concesión del proyecto Castor de almacenamiento de gas natural, ante el desmedido encarecimiento de los costes y la disminución progresiva de la demanda energética.

Lamentamos además la presión que desde la empresa ESCAL UGS se está ejerciendo ante el Ministerio de Industria, Turismo y Energía, cuando es a causa del proyecto Castor de almacenamiento de gas natural que la propia Comisión Nacional de la Energía denunciaba partidas adjudicadas sin ningún procedimiento de licitación previo, así cualquiera..”.

Es decir, los intereses personales de los grandes empresarios de la zona, en concreto del Potro, comienzan a pesar por encima de las mismas leyes en las que suelen proclamar ampararse. En la tónica habitual de los mega-proyectos el todo vale se instala y la necesidad incuestionable de los mismos los blinda ante cualquier crítica o procedimiento de dudosa legalidad.

Pese a todo el proyecto continúa imparable, tanto a nivel de inversiones como de infraestructuras, y para el 30 de Julio de 2013 las inyecciones de gas han comenzado ya en el almacén y solo resta la instalación de un problemático gaseoducto que lo conecte con la red peninsular para dar el proyecto por terminado. Era difícil de predecir que a día de hoy (poco más de cinco meses después) seríamos testigos de la total paralización del proyecto.

La parte de la historia que casi todos conocemos comenzó el 26 de Septiembre. En esa fecha el Ministerio de Industria, Energía y Turismo (lo que no deja de ser una curiosa combinación) decretaba el cese de actividad. Según informaban los periódicos:

En menos de un mes, desde que la empresa gestora retomó la inyección de gas, se han registrado en la zona unos 220 microseísmos. El pasado día 24, de madrugada, se produjo uno de magnitud 3,6, el más importante recogido por el Observatorio del Ebro desde 1975. En esta zona apenas hay actividad sísmica de origen natural, explica el director de la Red Sísmica del Instituto Geográfico Nacional (IGN), Emilio Carreño.”

A partir de ese día se desata el pánico. Los seísmos se suceden día a día y alcanzan los 4,2 grados de magnitud el primer día de Octubre. La pelota pasa de campo en campo y la Generalitat responsabiliza al ministerio, mientras que los alcaldes de las localidades acusan a gobiernos anteriores o los vecinos indignados repiten que ellos ya se lo olían. No hace falta más que recordar la televisión durante esos primeros días de Noviembre para ver hasta que punto llegó el estado de pánico. Pese a ello aún el 4 de Octubre leíamos en El País:

De momento, los temblores se han quedado en rotura de ventanas y algún que otro desperfecto menor en pocos casos. El miedo se ha instalado en una parte de la población. La otra se divide entre la incredulidad de que los terremotos vayan a más (“no para de salir en la tele, pero luego preguntas y muchos hablan sin sentir los terremotos”) y la confianza en la tecnología. “Se supone que todo esto tiene que estar controlado, no creo que se pongan a hacer una inversión de tal calibre y esto no esté estudiado”, comentaba otro.”.

Y como se suele decir, el resto es historia. Durante toda esa semana los temblores se sucedieron, manifestaciones, peticiones indignadas de los alcaldes por el cierre, declaraciones de políticos consternados afirmando que no se explican como algo así puede haber ocurrido, e incluso utilizaciones más bien partidistas del conflicto como la inclusión en el último momento de un apartado dedicado a la evaluación del riesgo de seísmos en la última Ley de Impacto ambiental del PP… En fin, el circo de nuevo en la ciudad.

En realidad para sacar las conclusiones que podríamos asociar a esta historia cualquiera de los numerosos proyectos desarrollistas que hoy en día gozan de buena salud hubiera servido: la ahora olvidada Eurovegas (que pese a ello estuvo a las puertas de devastar una de las pocas franjas de tierra libre de la conurbación madrileña), el fracking, las líneas de Muy Alta Tensión (MAT), las minas a cielo abierto (como las existentes en el valle leonés de Laciana o las planeadas en diferentes zonas de Galicia), las instalaciones industriales de energía solar y eólica, etc. Como dijeran otros más brillantes que yo anteriormente, nuestra civilización es un “gigante con pies de petróleo” que en su andar patizambo engulle todo: el territorio, los modos de vida, las comunidades e incluso el mismo de deso de vivir ahogado en una capa de hollín. La adicción al uso de combustibles fósiles que nuestro mundo necesita para levantarse cada día de la cama nos lleva a a situaciones como las que hemos visto, una legitimación intocable de la devastación en nombre de la reserva de combustible. Frente a ello nos encontramos mayoritariamente ante luchas que, al limitar su repertorio de acciones a lo institucional o meramente reivindicativo, se ven impotentes ante estos macroproyectos. ¿Cómo sería entonces una lucha más radical?

Ante esta pregunta es difícil encontrar una respuesta única, pero mis propias reflexiones apuntan algunas líneas. En primer lugar podemos echar la vista atrás y contemplar luchas en defensa de la Tierra que fueron exitosas, como la paralización de la central Nuclear de Lemoiz por los comités antinucleares en los años 70. El estudio de este caso revela para mí a una realidad fundamental, y es que la cuestión no es cómo de violenta es una lucha, sino el apoyo social que posee y que capacidad de maniobra tiene. En aquél caso vimos que la presión popular en forma de manifestaciones, recogida de firmas (además de sabotajes internos a las instalaciones, que aunque no fueran fundamentales para el derribo de la misma no se pueden olvidar) sí que fue suficiente para una paralización total. Pero, ¿por qué? En mi opinión la razón es clara, tras todos estos movimientos que podríamos considerar tibios se encontraba una red de grupos de base antinucleares (con una relación directa con las asambleas vecinales) y la sombra de la lucha dispuesta a usar cualquier medio para conseguir sus objetivos. Es decir, a diferencia de lo que hoy pueda pasar, si el Estado se hubiera negado a satisfacer la voz unánime de un pueblo que decía no a la devastación de su tierra,éste poseía organismos de autodefensa y ataque que se pondrían en marcha de inmediato (y con esto no me refiero únicamente a los grupos armados, que por supuesto juegan un papel, sino a la capacidad de organizar huelgas, de movilizar a los barrios y pueblos o de paralizar el transporte). Ahora mismo ante las decisiones del poder tan sólo nos queda la solitaria aceptación resignada. Es por ello que más que dotarnos de un repertorio extenso de medidas de acción directa que poner en marcha exclusivamente a través de nuestro grupo de afinidad debiéramos preocuparnos de integrarnos y fomentar un tejido social amplio que, simpatizando y sensibilizado de la lucha por la posibilidad de una futura vida humana en el planeta, se convierta en la amenaza constante que ponga en jaque al poder frente al rechazo de un clamor popular en contra de las políticas desarrollistas. Claro, siempre y cuando exista dicha oposición y los valores del trabajo o el progreso no nos dejen completamente solos ante las nocividades.

En cualquier caso querría terminar mostrando mi apoyo al compañero que durante dos días se ha mantenido encadenado a varios metros bajo tierra con el fin de intentar interrumpir la instalación de una de las torres de la MAT en Girona, concretamente en Fellines. Creo que este caso ejemplifica el drama de compañeras que están dispuestas a llevar hasta el último término su oposición al desarrollismo pero que, faltos de una base social, se encuentran impotentes ante un poder que puede hacer lo que desee con ellas sin miedo a las represalias. A día de hoy una nueva Ley de Impacto Ambiental que facilitará aún más el trámite de cualquier proyecto es una realidad, mientras que el fracking comienza a ser legislado y a integrar algunos de los cuestionamientos que pudieron darnos la esperanza de que nunca se materializaría. La rueda sigue girando, y tan sólo esperamos ser los suficientes como para que el palo que pongamos en su camino haga que descarrile definitivamente, dejando la carretera libre para levantar el asfalto y dejar a los árboles volver a crecer.

Castorcontra

El proyecto Cástor I

A lo largo de los últimos meses hemos sido testigos de una historia dramática que puede convertirse en habitual. El escenario es un mega-proyecto de importancia estratégica para unos pocos en el poder y que se presenta ante la mayoría como irrenunciable y totalmente inocuo. El drama es que dicha infraestructura podría desencadenar una serie de reacciones en cadena totalmente inesperadas e incontrolables que pondrían en peligro a miles de personas. La infraestructura a la que nos referimos en esta ocasión es el proyecto Cástor, pero bien podría aplicarse este mismo esquema a otros casos, desde la construcción del pantano de Itoiz al uso de transgénicos. Las consecuencias dramáticas más evidentes de este proyecto Cástor han sido una serie de terremotos entre finales de Septiembre y principios de Octubre de 2013 que llegaron a alcanzar los 4,2 puntos en la escala de Ritcher y mantuvieron a los municipios del delta del Ebro en vela durante casi una semana. Sin embargo, no es difícil de predecir que esta historia se seguirá repitiendo en nuestros territorios (como se está repitiendo ya con ciertos matices) si permitimos que éstos sigan siendo utilizados con el fin de satisfacer la voracidad de unos tiempos en los que necesitamos consumirlo todo para que todo continúe funcionando con una normalidad obscena.

Todo comienza en la década de 1990, cuando se empieza a gestar la ideal de construir un gran almacén de gas Natural que se integraría en el sistema gasista español. A lo largo de los décadas siguientes el proceso se va perfilando y se decide emplazarlo frente a las costas de Vinaròs (norte de la Comunidad Valenciana) y Alcanar (sur de Cataluña), en pleno delta del Ebro. Allí la obra aprovecharía la estructura geológica del antiguo yacimiento petrolífero de Amposta (Montsià), y se haría posible gracias a una inversión de 1.300 millones de euros, aportados por un consorcio de 19 bancos internacionales, cinco de los cuales eran españoles. Uno de los que a la larga se convertirá en actor principal del drama, Del Potro, justificaba allá por el 2012 que el almacén se levantara frente a la costa de Vinaròs ya que no había otra posibilidad. Se debía aprovechar el antiguo yacimiento petrolífero agotado para llevarlo a cabo. «La naturaleza no se elige ni puede cambiar de lugar», añadía acallando las protestas que se levantaban en contra de este proyecto.

Resulta importante destacar que ya desde 2007 nace la Plataforma en Defensa de les Terres del Sénia (http://plataformapelsenia.blogspot.com.es), con unos objetivos y consignas claros: “La comarca del Sénia, en lluita contra el Projecte Castor!! NO HO VOLEM!” (La comarca del Senia, ¡¡en lucha contra el Proyecto Castor!! ¡No lo queremos!). Además de ellos, agricultores y pescadores se posicionan en contra del proyecto por el enorme impacto que supondría para sus medios de subsistencia. Pese a la claridad de sus objetivos y un apoyo moderado de productores locales, el repertorio de estrategias de oposición que eligen les lleva a tener un impacto casi nulo. En el periodo 2007-2012 se suceden recogidas de firmas, alegaciones al Ministerio de Industria, actos informativos, protestas municipales… La falta de un sentimiento de oposición generalizado, de una comunidad fuerte que adquiriera consciencia del carácter nocivo de la infraestructura, hace que toda la oposición se vea impotente ante el avance imparable del proyecto. Además de esto, los argumentos que se esgrimían desde el discurso oficial para acallar esas voces parecían blindados ante las críticas. Se podía leer en El País del 2 de Enero de 2012:

Según Escal UGS, se trata de un emplazamiento estratégico para España, muy necesario para sortear los periodos de escasez en el suministro de gas natural. El depósito submarino podrá almacenar una cantidad de gas natural equivalente a lo que consume toda España en 50 días. Los países de la OCDE han decidido tener un almacenamiento de gas equivalente a 92 días de suministro. España tiene menos almacenes y lo ha suplido con tanques de gas líquido en los puertos o con los grandes depósitos en Bermeo y Jaca», afirma Recaredo del Potro, presidente de Escal UGS.”

En estas pocas líneas se resume la trágica historia de nuestra civilización. En el emplazamiento de un antiguo pozo de petróleo, agotado por el voraz consumo al que el progreso nos ha lanzado, situamos un almacén de gas natural que por la pírrica promesa de 50 días de consumo de Gas Natural cubiertos nos obliga a extender un cheque en blanco y a una aceptación sin concesiones, la prostitución de nuestros territorios y el embargo del futuro de una zona por el último espasmo del cadáver putrefacto de la sociedad del combustible fósil.

Castorcontra

Afilando el arpón del poder popular

Por Miguel Gómez, Eduardo Pérez y X.Oural

“El capitalista no tiene corazón, pero arponéale en el bolsillo y sangrará”. Bill Haywood (1869-1928), Industrial Workers of the World.

A menudo las y los militantes sociales nos preguntamos por qué las movilizaciones no tienen éxito. Desde luego, conocer la receta de la movilización es la pregunta del millón, que todo el mundo se hace alguna vez. Esta cuestión está íntimamente ligada a las estrategias y tácticas propias del movimiento que impulsa la movilización. Es decir, que tanto la estrategia de movilización y acción como la estrategia comunicativa tienen que ir de la mano, actuando como un conjunto que proyecta la idea que se pretende transmitir. Bajo este prisma, intentamos a continuación realizar algunas humildes aportaciones que esperamos que puedan incitar a la reflexión.

En los últimos años hemos vivido huelgas generales que han sacado a la calle a millones de personas, huelgas sectoriales que han paralizado ciudades, pueblos y comarcas, manifestaciones-monstruo en las capitales del país, acciones de todo tipo (expropiaciones de supermercado, okupaciones de edificios, de bancos, de tierras…). La reivindicación está por todas partes, no hay escuela, hospital o parque de bomberos sin su pancarta contra la destrucción de los derechos sociales. No hay semana sin convocatorias casi en cada pueblo y ciudad. Y sin embargo, ¿por qué vamos aparentemente de derrota en derrota?

Quizás la clave de los problemas que tenemos es precisamente que las reivindicaciones no se plantean de una forma cuantificable. Es decir, que al faltar un análisis profundo de los problemas, no se concluyen objetivos, no se llega muy lejos en nuestra lista de peticiones, quedándonos en posturas demasiado conservadoras tratando de mantener la situación tal como estaba. Por ello hay que ir a lo concreto, dejándonos de posturas abstractas como movilizarse “contra la represión”, “contra el capitalismo”, o como el lema de la última huelga general: “Quieren acabar con todo”. Las batallas son poco ganables en estos términos. Por otro lado, tratar de luchar para conservar unas prerrogativas que se pierden como “no a la privatización”, “no a la Reforma Laboral”, “no a la ley del aborto” es entrar en un terreno favorable al del sistema. Si se ganara, valdría de poco más allá que para volver a un pasado poco apetecible. Es lógico que la gente no emplee mucho tiempo en las luchas si el objetivo es sólo mantener una situación miserable. Falta una idea de sociedad nueva sobre la que pivotar el discurso, y en base a eso mantener luchas concretas ofensivas.

Al no tener objetivos revisables o “cuantificables”, seguimos con la inercia del pasado en las movilizaciones de la izquierda. Esta inercia hace que se caiga en prácticas como convocar a marchas forzadas por que “hay que hacer algo”, sin pararse a pensar qué se pretende conseguir y a quién hay que presionar para lograr estos objetivos. La lucha no es para limpiar la conciencia si no para conseguir resultados.

Hace años, el texto ‘Ad Nauseam’ atacaba duramente algunos de nuestros rituales: “Las manifestaciones son actos de autoafirmación, de autocomplacencia estética y militante, y su única utilidad práctica es que la policía fiche y fotografíe a los asistentes. Eso y encontrarnos a los amigos para tomar luego unas cañas. Lo mismo puede decirse de la hermana pobre de la manifestación, la concentración, convocada cuando no se confía en reunir ni un mínimo de gente para no caer en el ridículo”. Quizá la crítica era excesiva, pero es patente que cuando se es incapaz de convocar una manifestación por prever que no se va a juntar un mínimo de gente, se convoca una concentración. Esto se viene repitiendo desde hace décadas de forma rutinaria. Actualmente hay un abuso de formas de movilización como la concentración o la manifestación. En contextos de bonanza capitalista este tipo de acciones aisladas difícilmente tienen algún efecto, pero en contextos de crisis como la actual, tienen todavía muchas menos posibilidades.

También existe una inercia diferente, es decir, la que considera la “combatividad” en un sentido estético. Las manifestaciones son entendidas como un fin en sí mismas, y si no tienen el barniz de radicalidad apropiado, serán automáticamente calificadas como poco combativas o aburridas. Tampoco se entran a valorar objetivos, cuando en una manifestación se desata un enfrentamiento, acabando en una espiral de acción-represión que deja de lado el problema por el que nos estábamos movilizando. Las inercias son una carga muy pesada que cuesta superar.

En este sentido también hay que tener presente unos límites. Plantear hasta dónde queremos llegar, y ver los límites intrínsecos de la acción para evitar, inconscientemente, esperar más de lo que da de sí la acción. Si no se conocen los límites lo más probable es que las Fuerzas del Estado los impongan por la fuerza.

Los éxitos de las movilizaciones no se miden ni en cuanto a falsa “combatividad” ni tampoco en base al parámetro del nivel de asistencia sino en cuanto a resultados. Una declaración triunfalista por haber convocado mucha gente sin haber logrado nuestras metas es absurda. Convocar a medio millón de personas está bien si se conseguir el objetivo, si no da lo mismo convocar a un grupo que a todo el país.

De todo esto concluimos que tanto concentraciones como manifestaciones deben formar parte de un proceso de lucha en donde se contemplen diferentes actuaciones más o menos contundentes, procurando que vaya in crescendo. En todo caso, estas movilizaciones son acciones que sólo deben convocarse si podemos intentar garantizar una participación masiva a todas luces.

Para valorar la utilidad o no de las movilizaciones se tiene que medir su capacidad de interrumpir el circuito del capital, que es básicamente la producción y la circulación de mercancías. La contundencia no viene determinada por el choque físico espectacular entre manifestantes y policías si no por la capacidad de interrumpir los canales de transmisión del capitalismo. Por ejemplo, viejas herramientas del sindicalismo como el boicot o el sabotaje son perfectamente útiles en este contexto y deberían fomentarse. Se puede golpear en varios aspectos: en la producción, en la circulación o en el consumo. Quizás no hace falta paralizar la ciudad completamente cuando puedes paralizar el transporte o un puerto.

En este sentido, la convocatoria frecuente de manifestaciones y concentraciones tendría efectos en la obstaculización del circuito capitalista, sobre todo en el transporte, y en romper la sensación de normalidad. Por ejemplo en Madrid, los políticos hablaron hace años de construir un “manifestódromo”. Esto no ocurre sólo porque les moleste ideológicamente ver desfilar cada dos por tres a los desheredados, sino porque tanta frecuencia de convocatorias interrumpe temporalmente la circulación de mercancías. No es un gran problema, pero molesta.

Al margen de la interrupción del circuito de reproducción del capitalismo, también podemos fijarnos en lo simbólico. Es importante incidir en la difusión. Se trata de transmitir un mensaje a millones de potenciales simpatizantes, animando a imitar y a participar en acciones similares que puedan poner en cuestión la legitimidad del sistema. La concentración o manifestación sirven como difusión hacia tu público objetivo y a la vez de crítica simbólica a nivel mediático. Sólo tienen sentido en esos aspectos si consiguen una participación razonable y van acompañadas de una cobertura. De no darse una cobertura mediática adecuada, se pierde el impacto que la movilización pueda tener. En su momento el movimiento 15M acertó ocupando las plazas más simbólicas de las ciudades y difundiéndolo mediáticamente. Otra opción sería actuar contra los símbolos de la burguesía, sus lugares de reunión, de socialización, etc. Se debe señalar el verdadero poder.

La carga simbólica de las manifestaciones y concentraciones viene marcada por la capacidad de difusión que seamos capaces de generar, y en este caso hay que contemplar, guste más o menos, el papel de los medios de comunicación burgueses, que a pesar de los avances de internet y medios antagonistas siguen teniendo un papel fundamental en el establecimiento de la agenda política. ¿Tiene sentido convocar si sabemos que no se va a cubrir el acto? Siempre hay alternativas. En el caso en que se vea que las formas clásicas como manifestaciones o concentraciones no son viables como métodos simbólicos, hay que buscar otras opciones. En este caso lo que hay que intentar es intentar tener la mayor difusión posible, por cualquier medio. Las opciones menos masivas pueden llegar a generar mayor difusión y acumulación de prestigio. Encierros en determinados espacios físicos del Estado-capital, expropiaciones, ocupaciones, un tartazo, necesitan menos gente que las movilizaciones habituales y llaman más la atención, que es de lo que se trata si se apuesta por el nivel simbólico. Diez personas detrás de una pancarta en una concentración es poco útil. Si estas diez personas están encadenadas en la puerta de un banco, es otra cosa. Si se une el peso simbólico con un resultado real (por ejemplo, expropiar comida en un supermercado), mejor que mejor.

Por último llegamos a la gestión de los resultados, ganamos poco y cuando ganamos no lo decimos. Por ejemplo el 15M no consiguió resultados concretos en el momento (tampoco los planteaba, así que difícilmente podía conseguirlos), pero sí ha generado cambios, o influido en procesos, que se han venido dando después: no sólo cambios «atmosféricos», como situar ciertos temas en la primera línea de debate, sino también otros cambios reales (decretos de vivienda estatales y autonómicos, reducción de daños en los conflictos con las mareas, medidas simbólicas de control y transparencia, etc.). Si nadie sale a defender que lo que ha ocurrido es un reflejo, aunque sea moderado y distorsionado, de las luchas, se alimenta el terreno de la desmovilización y el electoralismo (que se basa en el fracaso de la movilización). Por supuesto no se trata de hinchar los resultados de la movilización, que son escasos, pero sí que falla su puesta en valor.

Conclusiones

Las movilizaciones tienen que ser demostraciones de fuerza, que tanto simbólicamente como de forma real, disputen el dominio hegemónico al capitalismo, nuestro enemigo. Una movilización es un diálogo, que se establece a dos bandas: con el enemigo, y con el pueblo. Hay que cuidar ambos lados. Es decir, que el mensaje debe ser claro y conciso, y llegar a los dos niveles con contundencia.

Las movilizaciones deben pivotar entre lo simbólico y lo efectivo, en conjunción con una buena estrategia comunicativa. Debe haber ocupaciones efectivas del espacio público y de los símbolos del poder. Debe haber una deslegitimación de las instituciones y una difusión extensiva de las acciones precisamente para arrebatarle al enemigo tanto la legitimidad como la iniciativa en caso de represión. Para ello, hay que plantear la lucha no como la quiere el enemigo sino como la quiere nuestro movimiento. Las luchas sociales no han tocado techo, todo lo contrario: apenas tienen suelo. Pensémoslas, mejorémoslas y a por ellos.

http://procesembat.wordpress.com/2014/01/13/esmolant-larpo-de-la-resposta-popular/

Acción solidaria frente a la represión de anticapitalistas y libertarios en Madrid

El pasado 18 de Diciembre nos llegaba la noticia de nuevas detenciones en Madrid, algunas de ellas por el procedimiento de ir a buscar a las personas a su propia casa, procedimiento que ya se ha realizado en anteriores ocasiones.

Nos envían como colaboración el video de una acción solidaria realizada el 31 de diciembre en Madrid en solidaridad con los compañeros detenidos.

Enlazamos también el comunicado de FAEM (Frente anarquista estudiantil madrileño) al respecto de la detención de uno de sus miembros.

 

¿Es violento desalojar a una familia de su hogar? ¿Es delito una reforma laboral que condena a la explotación o al paro? ¿Es un atentado a la libertad la ley del aborto, que impide a las mujeres decidir sobre su cuerpo? ¿Quién es culpable de la corrupción y la especulación? ¿No es terrorista un sistema económico que destruye el medio y a las personas mientras enriquece a unos pocos?

Parece que no. Que lo único que merece ser condenado es enfrentarse a esta situación. 7 compañeros han sido detenidos el pasado día 18 por manifestarse en contra de la violencia que todo esto y más supone para todos nosotros, para la mayoría de personas. Fueron secuestrados de sus casas, utilizando los peores métodos de una dictadura. Como ellos hay ahora mismo miles de personas: golpeadas e imputadas por daños, resistencia, agresión a la autoridad, lesiones y muchos motivos más, la mayoría de ellos falsos. Desde el poder hacen de todo para meterte miedo, para que te quedes en casa y te eches a temblar. Pero hay gente que se enfrenta al miedo, aunque también lo tenga. A todos esos enjuiciados se les exige que paguen, que se arrepientan, que cedan… Y no ceden. Precisamente por eso son fuertes. Precisamente por ellos hacemos hoy esta acción, que no es más que un gesto solidario y un mensaje: No estais solos, seguimos luchando.

¡Libertad detenidos por luchar!

Socialismo científico ¿Desde abajo?

Por Rafael Cid

Poco a poco los grupos y movimientos sociales que desde el principio de la crisis se han posicionado como alternativa al sistema frente a la rutinaria alternancia de los partidos políticos y sindicatos institucionales, que solo aspiran a comprometer a la ciudadanía en un proyecto que implica cambiar algo para que todo siga igual, van diseñando su modus operandifortalezas y debilidades. De lo que ya sabemos sobre las últimas jornadas “Alternativas desde Abajo” (AdA), celebradas recientemente en Madrid, parece tomar cuerpo un modelo político de “toma del municipio” por los valores de democracia de proximidad, acción directa y de corresponsabilidad de base que la impronta municipal conlleva. Una decisión que, a la par que consecuente con la idea de un nuevo proceso constituyente, despunta cuando desde el Poder se emprende una drástica contrarreforma del actual “régimen local” para podarle de sus potencialidades autogestionarias (por cierto que el documento elaborado por los diferentes grupos de trabajo de AdA no cita esta amenaza).

Y dado el espíritu abierto de dicho documento, su pluralismo y el carácter inclusivo que con acierto le convoca, me tomo la libertad de concurrir con unas líneas sobre su contenido con el exclusivo propósito de contribuir si cabe a elaborar una masa crítica que permita extender y divulgar sus propuestas más allá del estricto ámbito de las personas y colectivos que tan meritoriamente han contribuido a su redacción. Vaya por delante, pues, el agradecimiento por su abnegada y solidaria contribución a ese mundo mejor que muchos llevan ya en sus corazones.

Desde ese único punto de vista, y dejando claro como primera instancia la bienvenida a la convocatoria Alternativas desde Abajo, creo que lo más práctico será insinuar siquiera los vicios, carencias, errores o simples equívocos que, a mi modesto entender, aparecen en esa primaria declaración de intenciones de los cinco grupos de reflexión madrileños de AdA. Algunos son de carácter meramente formal, como equiparar los términos “neoliberal” y “liberal”, conceptos no concordantes, por más que haya una intencionalidad de fondo entre ambas propuestas epistemológicas para dotar de la pátina de “positividad” que conlleva el viejo referente “liberal” a lo que sólo es retitulación del capitalismo global (el “neoliberalismo”)

Otros temas parecen haberse caído del elenco de conclusiones, aunque del contexto se infiere que están presente en el ideario profundo que maneja. Me refiero, por ejemplo, al olvido del sindicalismo de base, el ecologismo, la desmercantilización social, el antipatriarcalismo, el pacifismo, el laicismo y el antimilitarismo. Especialmente este último tiene connotaciones de largo alcance dado que desde el final de la Segunda Guerra Mundial España es clave en el esquema defensivo que orbita alrededor de Estados Unidos y la Alianza Atlántica, esta último escudo armado del neoliberalismo occidental. Por cierto, un compromiso que los diferentes gobiernos habidos desde la aprobación de la Constitución en 1978, a diestra y siniestra. han potenciado hasta el punto de ser el partido socialista quien aportara uno de sus dirigentes a la OTAN como secretario general, y recientemente autorizara sin consulta popular la instalación en nuestro suelo de la sede operativa en el Mediterráneo del “escudo antimisiles” norteamericano.

Sin embargo, existe un aspecto que puede tener en el futuro un desarrollo desestabilizador por la contradicción que el mismo supone respecto a la idea-fuerza de promover “alternativas desde abajo” que dinamicen todo el proceso rupturista hacia una sociedad políticamente autosuficiente. E incluso interferir en la justa asignación de los recursos económicos y sociales al servicio de las necesidades reales, con priorización de objetivos y salvaguarda de los valores humanos y democráticos propios de una comunidad federada en la autonomía de sus miembros, la solidaridad, la libertad y la equidad. Me refiero a esa apelación que emite el Grupo 1, en su apartado Fines, capítulo Herramientas Políticas, para “construir una alternativa política anticapitalista que recoja las enseñanzas históricas del socialismo científico y el feminismo”. Soslayo la disfunción que entraña emparentar “socialismo científico” y “feminismo”, tanto en sus fuentes teóricas como en su desarrollo histórico, para no distraer el discurso de lo que considero esencial: el agiornamento del concepto “socialismo científico” como una categoría válida de interpretación social.

De entrada, dicha asunción programática del termino “socialismo científico” introduce un sectarismo de arriba abajo mediante el cual se soslaya cualquier otra “escuela o pensamiento” socialista, en la convicción doctrinal de que el socialismo como alfa y omega de la transformación social empieza y acaba en el denominado por Engels “socialismo científico”, que es el teorizado por Marx descartando al precedente tildándolo de “utópico”. Pero eso es casi irrelevante a los efectos de acumulación de fuerzas, experiencias y voluntades que buscamos para el ejercicio del “si se puede” en el siglo XXI. Lo que es más trascendente visto en perspectiva es la vigencia de los planteamientos de ese “socialismo científico”, al menos en los países afectos al tipo desarrollo de producción capitalista del neoliberalismo totalizante. Porque, si acaso ese instrumental predicado por el “socialismo científico”, ergo marxismo, no sirviera para analizar cabalmente la realidad imperante, estaríamos errando en los medios y en los fines, y además actuando fuera de nuestro tiempo histórico.

Primero, el ucase del “socialismo científico” presupone una formulación política de “socialismo autoritario”, porque si por “científico” se significa que es “inevitable”, independiente de la voluntad humana, una “ley histórica”, es lógico en cierta medida que haya guardianes de esa verdad dispuestos a evitar desviaciones y por tanto juramentados para su protección ante cualquier heterodoxia, que se recibiría como hostil, agresiva y enemiga. En esa deriva, aparece la organización vertical, la jerarquía, el liderazgo y el partido guía. El antídoto homeopático de la pretendida “alternativa desde abajo”. La historia es testigo.

Aunque si eso no fuera suficiente para sopesar la conveniencia de subsumir un planteamiento de gestión política horizontal, asamblearia, democrática y plural en el troquel del “socialismo científico”, está el problema de fondo de la recurrente y probada insolvencia histórica de ese “cientificismo” allí donde se instituyó. No voy a entrar en el socorrido debate tan al uso de las virtualidades epistemólógicas de si entonces no se daban las condiciones históricas o, como algunos quieren hoy, de si la crisis económica-financiera vigente anticipa ahora brotes verdes en sus vetustas frondas. No es el objetivo de esta exposición abrir heridas, sino contribuir a la clarificación para avanzar hacia la resolución de los ingentes problemas presentes con el mayor consenso social posible. Pero la verdad, aquella pharresia seminal de la democracia ateniense, debe presidir cualquier proyecto político que se pretenda coherente con la razón ilustrada por encima de otras fidelidades de menor cuantía. En la actualidad existe abundante argumentación académica (“científica”) para contra-argumentar la validez universal de aquella teorización.

En ese plano reticente hay que situar el “productivismo” cerrado del marxismo, que al igual que el “cientificismo”, el “desarrollismo” y el “industrialismo” era considerado como positivo sin matices; el catastrofismo del “suicidio” del capitalismo por sus propias contradicciones y el consiguiente estallido de la revolución en países atrasados económicamente frente a la previsión de que se diera en sociedades desarrolladas; la fe ciega depositada en el proletariado como clase elegida para abanderar la transformación social; la formulación de la dialéctica económica desde el lado casi exclusivo de la oferta obviando la demanda o, finalmente, esa especie de profecía autocumplida que sostenía el paradigma de que las relaciones económicas gobiernan lo político sin remisión, afán que contradecía la confianza puesta por los padres fundadores del “socialismo científico” en el sufragio universal para alcanzar el socialismo en Inglaterra.

Todo eso cabía en el “socialismo científico” y casi nada de ello ha resistido el paso del tiempo. No hay evidencia científica de su rigor, ni ha superado el necesario conflicto de prueba y error. Lo que implica obrar en consecuencia. Como el mismo Marx, que “no era marxista”, advirtió debemos evitar que “la tradición de generaciones muertas oprima como una pesadilla el cerebro de los vivos”. Siglo y medio no transcurre en balde ni para los grandes pensadores. Ni el capitalismo ni el proletario del siglo XIX casan con el capitalismo y el productor-consumidor del siglo XXI. Entre otras cosas porque, como afirma Cornelius Castoriadis y la gestión de la crisis financiera actual ratifica, “la intervención del Estado es precisamente el factor compensador de los desequilibrios de que carecía el capitalismo clásico”.

Desde abajo a ciencia cierta. Pero sin arrogancia.

Perchas, aborto y represión policial

Ya estábamos calentando motores desde hace algunas semanas. Se movían convocatorias para todo el Estado que decían: «El viernes que se anuncie la contrarreforma de la ley del aborto, en cada ciudad, concentración a las 19h». En Madrid, aprovechándonos de vivir en la capital, la concentración se realiza en el Ministerio de (in)Justicia.

Ayer, viernes 20 de diciembre, el Congreso aprobó el Anteproyecto de Ley de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada. En ella, sólo se consiente el aborto en dos supuestos:

 En caso de violación, antes de las 12 semanas de embarazo, y con la condición de que se haya denunciado. Teniendo en cuenta que la mayoría de las violaciones no se denuncian por miedo o vergüenza de las víctimas, ¿cuántas mujeres acabarán teniendo un niño o niña fruto de la mayor agresión machista que hayan sufrido? Probablemente muchas.

El otro caso en el que se despenaliza el aborto es: «si existe riesgo de grave peligro para la salud física o psíquica  de la mujer», y se podrá realizar hasta las 22 semanas de embarazo, o más tarde, solo si no se detectara la incompatibilidad de la vida con el embarazo dentro de dicho periodo. Para ello, debe ser recomendado por dos especialistas de las patologías que pudiera sufrir la mujer y que además sean ajenos al centro donde se vaya a realizar el aborto, excepto cuando exista un riesgo vital para la mujer.

Se elimina el aborto libre de la ley del 2010 hasta las 14 semanas, que garantizaba el derecho de cada mujer a decidir sobre su propio útero, además del aborto en el caso de que existieran malformaciones en el feto. Si añadimos esto a la eliminación de las ayudas a la dependencia, nos encontraremos a madres con niños y niñas con necesidades específicas ( y caras, en muchas ocasiones) que no pueden mantenerles debido a la pobreza en la que nos está sumiendo este gobierno.

Asimismo, se regula: la objeción de conciencia del médico, las menores entre 16 y 18 años vuelven a necesitar el consentimiento paterno y en todos los casos la mujer debe esperar 7 días entre la solicitud del aborto y la realización del mismo, en vez de los 3 días de la anterior ley.

Por eso ayer nos manifestamos. En Madrid, como he señalado antes, nos reunimos en el Ministerio de Injusticia, donde había un ambiente muy tranquilo, solo roto por los mismos cánticos que gritaban nuestras madres ( o incluso abuelas) años atrás. Cerca de las 9 de la noche nos decidimos a hacer una reclama por las calles de Madrid, y llegamos a la Plaza de Juan Puyol. Allí nos dividimos en dos grupos, básicamente por falta de organización, pero al final ambos acabamos pasando por la Gran Vía, la calle Montera, la Puerta del Sol, la calle Carretas y acabamos en la Plaza de Jacinto Benavente. Al llegar, había pocos ánimos y lo único que hicimos fue cantar un par de consignas y quemar un muñeco con la careta de Gallardón. Después de eso el ambiente estaba tan relajado que muchas empezaron a irse. A las que se quedaron, podéis ver lo que les pasó aquí:

La policía golpea y detiene a varias personas tras una protesta contra la ley del aborto

En definitiva, el resultado de esta ley es: el control de nuestros úteros para ponerlos al servicio de un estado misógino y fascista. Queda claro que este gobierno piensa en las mujeres como meros medios reproductivos y no como personas. ¿A dónde nos lleva esto? A la percha. Pero no para todas, porque en las clases dominantes, las privilegiadas, las blancas, las socialmente adaptadas, seguirán volando a Londres para «pasar unas mini-vacaciones». Son las pobres, las marginadas, las inmigrantes, las jóvenes, las víctimas de violaciones, quienes morirán desangradas por abortos inseguros en sus propias casas o en clínicas clandestinas más parecidas a carnicerías que a otra cosa. Este gobierno está condenando a las mujeres a la muerte.

Podéis ver la rueda de prensa que dio Gallardón el viernes aquí, o la nota de prensa que explica algunas de las características de la nueva ley aquí

Assata Shakur

1 31 32 33 34 35 53