Crónica del 5 de octubre en Madrid

Teresa Suárez

Llegué a Madrid a la mañana del sábado 5 planeando visitar diversas exposiciones y museos de la capital, además de asistir a la manifestación convocada por Democracia Real Ya “Fuera Mafia, Hola Democracia.”

La primera sorpresa que me encuentro nada más llegar es que la manifestación de la que yo tenía consciencia no era solo la convocada por Democracia Real, sino que había gran multitud de personas que protestaban por diversas causas tales como la nueva ley de educación pública, la situación de la inmigración y la explotación, el encarcelamiento de activistas de Greenpeace y aquellos afectados y solidarizados con las víctimas de la estafa de ese banco llamado Bankia. La congregación en la emblemática plaza se desarrolló como debía ser: La actitud de la gente fue, de nuevo, calmada y pacifista, con personas de diversas edades y estatus sociales. Durante todo el acto de la tarde, la manifestación fue amenizada por los típicos cantos de estas situaciones; “Lo llaman Democracia y no lo es”, “De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue, cueste lo que cueste” entre otras… En cuanto al despliegue policial era excesivo, en ningún momento el ambiente fue agresivo, al menos a esta altura del día, y se mantuvo en las inmediaciones de la Plaza del Sol durante horas.

A las ocho y media de la tarde decidí dirigirme de nuevo a mi hostal, situado muy cerca de la céntrica plaza madrileña en donde se comenzaba a disgregar la concentración. Pero para mi sorpresa, el día no se acabó ahí. Estando tranquilamente en la habitación, comienzo a oír pitidos y gritos en la calle. Decido asomarme al balcón, donde puse observar el gran revuelo que se estaba dando en las inmediaciones de Sol. El despliegue policial había aumentado de forma notoria, y avanzaban hacia una muchedumbre que coreaba y huía de los uniformados. Rápidamente decidí coger de nuevo mi cámara y bajar a ver lo que sucedía. Así, me uní a los manifestantes que se dirigían a la fuente de Neptuno, lugar de mi primera manifestación en la capital. Por el camino calles y tráfico fueron cortados, uniéndose curiosamente algún que otro pasajero de los taxis, que tuvieron la suerte, o la desgracia, de verse inmersos en tal jaleo, y que se decantaron por apoyar la causa de aquellos que hasta hacía unas horas, se encontraban en Sol.

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Durante el trayecto, el despliegue policial fue aumentando, y una vez llegados a Neptuno comenzamos a notar otro tipo de tensión en el ambiente, que iba más allá de aquel que suele haber en cualquier otra movilización. La gran mayoría de manifestantes continuaron hacia Génova, donde se encuentra la sede del Partido Popular, pero otros muchos nos quedamos en Neptuno, donde comenzamos a notar cómo los movimientos policiales se focalizaban hacia determinadas zonas. Así fueron cercando a los manifestantes a medida que entraban en la plaza mientras que más y más furgones estacionaban dentro, llegando a superar, a mí parecer, a las cincuenta o sesenta personas que allí nos encontrábamos y que fuimos testigos directos de lo que en otras ocasiones ya se ha podido observar en los medios no politizados: el abuso policial, el abuso de autoridad. Y es que, en menos de lo que canta un gallo, aquel medio centenar que conformamos los que minutos antes no pudimos ir a Génova nos vimos acorralados en las terrazas de los bares más cercanos a la plaza por un número de armarios uniformados totalmente innecesario, ¿cincuenta lecheras para ese insulso número de personas? Venga ya.

Evidentemente, sucedió lo que ya hemos podido ver en otras ocasiones: Personas inocentes que simplemente se encontraban tomando algo en esos locales y se vieron afectadas por la situación. Varios fueron los intentos de algunas personas, como yo, de salir de allí, de aquel cerco policial innecesario en el que nos vimos inmersos sin motivo alguno, simplemente por la mera necesidad, en mi caso, de informar, soportando las amenazas de carga, el abuso de autoridad y la actitud de superioridad de los que deberían hacerse respetar de otras formas más dignas, llegando incluso a escoger a personas al azar que por el mero hecho de llevar una inofensiva pancarta fueron detenidas injustamente, con comentarios del tipo “A esos, a esos, que tienen pintas”

La noche acabó en huida, en miedo, en frustración y en asco. Una vez más, me encuentro con que los medios de comunicación masivos de este país no dicen ni una palabra. Cuatro datos tontos en el Diario Público. Nada en El País, en el ABC, en La Razón… Y lo peor, que digan lo que digan, será mentira. Están politizados, son meros burdeles impresos de cuatro mangantes que nos han llevado a la ruina. En ocasiones somos los propios ciudadanos los que nos dedicamos a informar, ayudados de vez en cuando por pequeños y valientes medios.

Tristemente el sufrimiento de unos pocos no valdrá como reflejo de la situación de este país, porque señores, este país está ciego, sordo y muy mal informado.

* Teresa tiene una galería en Flickr donde cuelga sus fotografías (échale un vistazo para ver el resto).

Universidad, autogestión y anarquismo. Análisis y tácticas

Anónimo. Barcelona Octubre, 2013

En el contexto actual, un momento en que están surgiendo numerosas asambleas libertarias por el Estado Español, creo que no solo es importante tener herramientas apropiadas de análisis social, para la lucha, sino que es importante desarrollar estrategias y objetivos concretos para materializar los cambios que queremos para pasar de las consignas a la construcción de realidades alternativas. Esto es un ensayo que intenta empujar a ello, a debatir sobre estas líneas o imaginar nuevas. Aunque se esté tratando temas ya comentados anteriormente, creo que es importante sintetizar un seguido de temas para trazar la respuesta.

La propuesta. ¿Pública, privada o autogestionada?

En el escenario actual, de retroceso de la clase obrera en un “Estado de Bienestar” es normal que los anarquistas nos encontremos sobre la paradoja de estar defendiendo esos servicios sociales, que por un lado están gestionados por el Estado y que a la vez le cumplen funciones para reproducir el sistema de dominación.

Bastante se ha escrito ya sobre eso y creo que una visión que se reduzca a “lo publico sí o no”, es reduccionista, a la vez que dejar la puerta abierta a las privatizaciones es permitir que el capitalismo se lucre aun más de necesidades o servicios varios, aumentando su poder de eso modo y facilitando la imposición de un modelo de vida cada vez más mercantilizado. Si entendemos lo público como algo financiado básicamente por la clase trabajadora a través de los impuestos (en un sistema capitalista), simplemente estamos defendiendo lo que es nuestro, que se gestiona por el Estado y que lo moldea a sus intereses.

La propuesta de defender lo público e ir más allá a través de la autogestión resuena por varios medios libertarios, no es nueva. ¿Pero a que nos referimos con la autogestión? Un texto titulado “Universidad ¡Obrera y Antiestatal!” aparecido en diferentes páginas web anticapitalistas y antiautoritarias hace diferentes aportaciones al tema universitario, entre otras:

“Una crítica más dura merecen quienes dentro de un anticapitalismo estético han querido resolver la evidente incongruencia que supone defender lo que percibimos que es una herramienta de dominación con la receta mágica y ambigua de la autogestión o de lo popular. Ante el proceso privatizador y frente al decadente estado del bienestar se acepta renunciar a la palabra “público” por ser un vocablo desgastado por las corrientes ideológicas antes descritas y se reemplaza por la universidad autogestionada o popular, sin un mayor análisis. Es un síntoma de la inercia que llevan los movimientos anticapitalistas que hace que sus luchas sean estéticas y espectaculares el hecho de que el discurso que se presenta en el ámbito universitario para romper con la corriente hegemónica en el movimiento estudiantil sea caer en la trampa de discutir el modelo de gestión sin entrar a discutir el objetivo de esa gestión o haciéndolo muy de pasada para rellenar líneas en un panfleto. En todo caso, si esta postura supone un peligro enorme para el movimiento estudiantil es por la falta de pensamiento estratégico y táctico que supone. Ni desde el punto de vista de clase económica dominada, ni desde el punto de vista del individuo coartado, emprender una lucha en el medio estudiantil por la autogestión de la universidad puede llevar ni individual ni colectivamente a trazar estrategias de victoria porque obvian la naturaleza absolutamente dependiente de la academia, eje de la universidad, del resto de la sociedad tanto por su naturaleza material (falta de recursos) como por lo intelectual (contexto en que se da).»[1]

De manera similar opino que la palabra autogestión ha sido extendida más allá de los movimientos sociales cercanos al anarquismo, la misma palabra es de origen del socialismo yugoslavo, aunque en otros momentos en el movimiento anarquista clásico se hablase de control obrero o colectivización de los medios de producción. Parte del marxismo hetereodoxo actual reclama la autogestión como un concepto básico, a la vez que también los movimientos ciudadanistas toman esta palabra, haciendo que esta pueda ser objeto de recuperación por parte de la ideología dominante, vaciándola de potencial revolucionario al poner “ de moda” un concepto simplista que implica mucho más (al menos para nostrxs). En clase he llegado a escuchar de la boca de una profesora que “nuestro espacio de campus virtual es un espacio autogestionado por los alumnos “.

Autogestión puede tener muchos significados, pero cuando hablamos de autogestión en términos económicos hablamos de la socialización de los medios de producción. La autogestión dentro del capitalismo es imposible más allá del cooperativismo, que se encontrará con las limitaciones y contradicciones que impone el propio sistema. ¿Nos podemos referir a autogestión cuando compramos una parcela y vendemos nuestros productos ecológicos aunque la producción se organice horizontalmente y por asamblea? Puede que sí, que sea un sistema más cercano al que queremos, pero dentro de una lógica de competición y de propiedad privada que no deja de ser capitalista.

Aplicando esto al tema universitario y educativo, nos vemos con el siguiente problema. Primero que la financiación la controla el Estado, y que una alternativa autogestionada dentro del sistema capitalista significaría que los mismos usuarixs deberían asumir los costes, cosa imposible en el mismo sistema universitario, aunque también lo queramos cambiar. En el texto titulado “Lo público y la autogestión. Defensa y avance”, el grupo de la FAI Albatros escribía lo siguiente acerca del tema de la financiación.

“¿Y qué ocurre con los recursos necesarios para garantizar el óptimo financiamiento de los servicios públicos? Estos deben ser exigidos de las arcas estatales, al ser éste el espacio en el cual se concentra el capital producido socialmente y acumulado (mediante la recaudación de impuestos, por ejemplo), un hecho que no podemos ni debemos obviar. En este sentido, no se trata de “legitimar” al Estado, sino de reapropiarnos socialmente de los recursos que las clases dominantes nos enajenan y que el Estado concentra, para poder utilizarlos según la libre determinación popular.” [2]

Aunque lo vea como una opción válida, pienso que difícilmente cederían la financiación del Estado a la gestión popular, a la vez que seguiríamos en dependencia con el Estado. Aunque a nivel discursivo nos es útil recordar los recursos del Estado no son más que fruto de lxs trbajadorxs.

Por eso, cuando se plantea una Universidad Autogestionada, adjetivo que debería ser reemplazable con colectivizada, obrera o lo que sea, esta no puede verse apartada de un clima revolucionario. Cito otro texto que habla este mismo tema:

“Hablar de autogestión es indisociable al ataque de las bases mismas del sistema: en sus relaciones de propiedad y en las relaciones jerárquicas que se desprenden de la organización de la sociedad de clases. Para nosotros la autogestión no puede bastarnos con ser un submodelo coexistente con la producción capitalista y que, directa o indirectamente, participe de sus leyes. Por tanto, la autogestión sólo cobra pleno sentido en función del proceso revolucionario, de reapropiación del conjunto del Capital social sobre nuevas bases socialistas y libertarias. Entendido esto, creemos que no se trata de cómo fundamos nuevos servicios públicos, sino de cómo aspiramos en la lucha a la reorganización de los mismos, es decir, a la capacidad de decidir los trabajadores y usuarios sobre qué y cómo se hacen las cosas, bajo un proyecto de expropiación socia. […] una superación revolucionaria de la sociedad capitalista y del estatismo.”[3]

Entiendo entonces, que la lucha por la Universidad Autogestionada, es una lucha que no puede separarse de la revolución, no puede ser una parcela aislada, uno de los errores del movimiento estudiantil que no acaba de solucionar.

Y por otro lado también queremos cambiar las funciones que realiza la Universidad. Por otro lado hay que analizar las funciones que realiza la Universidad. En el primer texto se citan 3 funciones extraídas del análisis situacionista:

“a) La universidad como aparato de la clase dominante para generar y extender la ideología dominante.
b) La universidad como aparato para la valorización del conocimiento transformándolo en capital.
c) La universidad como medio de producción de cuadros técnicos y de técnicas que servirán a la producción en el mercado capitalista.”[4]

Una universidad autogestionada debe romper con estos funcionamientos, el objetivo debe ser la emancipación social y la posible trasmisión de conocimientos a toda la población que quiera acceder a estos. No hay que olvidar que la educación nunca es neutra, y lo más cercano a esta es fomentar un verdadero espíritu crítico que en la universidad realmente no se da.

Romper con las desigualdades a través de la práctica igualitaria no solo mediante la gestión por nosotrxs mismxs, de lxs implicadxs, sino también mediante los medios adecuados para conseguir los fines que queremos, mediante otros métodos pedagógicos. No quiero extenderme en este tema, pero puede ser otro aspecto en el que basar y potenciar la lucha, tan importante como todos los demás. Quizás la misma comunidad educativa tiene que ser ella la quien decida con que modelo aprender, y puede ser que en un marco más libre, educadorxs y educadxs puedan borrar esa frontera con más facilidad.

Análisis de la lucha estudiantil, diálogo y reformismo

El objetivo de este texto es el debate y el planteamiento de una serie de temas, no una biblia. Por eso quiero hacer explicito que las recetas mágicas no existen, que las contradicciones las tendremos siempre y como leí en alguna parte, estas solo aparecen al caminar. Y quien haya luchado dentro del movimiento estudiantil sabrá que es una lucha difícil, del mismo modo que otras también lo son, en un contexto de correlaciones de fuerza muy desequilibradas en las que los explotados no concebimos mas que quizás reducir los golpes que estamos recibiendo. Parece ser que imaginar la revolución es imposible.

Para realizar un diseño de estrategias tenemos que analizar también la universidad y el movimiento estudiantil. La composición de los actores sociales en la universidad, aunque sea un espacio donde se tienda a la elitización, podemos encontrar que aun conviven estudiantes de la clase trabajadora y estudiantes de clases más altas. No creo en que la condición económica sea sinónimo de una ideología determinada, y posiblemente menos en un espacio donde tradicionalmente se le ha asociado como una herramienta de ascensor social en la economía capitalista, y por otro lado es obvio que parte de la clase trabajadora asimila el discurso dominante, así que tenemos estudiantes de nuestra propia condición que están en contra de un proyecto de transformación radical del sistema aunque se posicionen de manera superficial (y la mayoría de veces solo de palabra) a los recortes. Los estudiantes que forman parte de las clases más ricas es obvio que sea poco probable que estén a favor nuestro y que lo único que quieran es que la normalidad no sea alterada.

Esta reflexión hace patente que las asambleas nunca serán totalmente horizontales y participativas. Por una banda no solo hay una separación con “la derecha”, si no que personas de “izquierdas” también quedan excluidas porque quizás están de acuerdo con las demandas para defender lo público pero critican ciertas formas, criminalizando las asambleas, que tienen unas maneras “más combativas” (con todo el respecto y como parte de autocritica, tristemente a veces estas se miden por la espectacularidad que por otra cosa, por los motivos que sean). Esta parte “progresista” utiliza las vías institucionales para intentar parar los cambios, sin mantener una confrontación directa con las jerarquías dirigentes de la universidad, a les cuales pueden optar para acceder. Estas “izquierdas” institucionales se confrontan para conseguir la legitimidad de la representatividad del estudiante, pero ni las asambleas ni los consejos elegidos en un sistema donde hay partes de las instituciones que se eligen mediante voto estamental (valiendo este de distinta proporción) [5] realmente no son representativas por la escasa participación del estudiantado en la lucha. Es obvio que la cultura de la no participación política (entendiendo la lucha política como la lucha para decidir por decidir en tu vida) ha enraizado en la sociedad y el movimiento estudiantil no es más que el reflejo de esto.

En relación a los espacios heterogéneos donde se negocia y se decide, creo que quizás es importante pensar en nuestros espacios como clasistas. Nosotros no nos podemos parar a negociar un consenso con alguien que tiene muchos más poder que nosotros, no podemos caer en ese juego. Nuestro objetivo es acabar con las desigualdades y el suyo es perpetuarlas. No podemos rebajar nuestro discurso y nuestras aspiraciones con alguien que nos pisa simplemente para respetar el consenso y la horizontalidad en la toma de decisiones. Este consenso seria una imposición en el momento en que no jugamos con las mismas cartas. Un ejemplo seria el “dialogo” con las autoridades:

“El diálogo, la discusión libre tan solo se puede llevar a cabo entre iguales, sino fuese así habría entre las posibles interlocutoras unas diferencias de poder efectivo tan abismales que sería poca cosa más que un monólogo. Si una de las interlocutoras no tan sólo está llevando a cabo la acción de la cual pretende hablar, sino que tiene en sus manos el poder de ejecución, una fuerza de coacción incomparable y su decisión descansa sobre el poder militar y policial, mientras que de la otra parte se tiene poca cosa más que su voluntad, llamar a esto diálogo es digno de un chiste de Eugenio.”[6]

Este dialogo, esta enmarcado en aquello que se llama “la legitimidad democrática” que no es más que el discurso ciudadanista: la imposición de unos medios para conseguir cambios dentro de un sistema el cual esta estructurado para que no cambie en más que en la superficie. El Poder nunca va a permitir mecanismos que puedan acabar con él. Hablan de igualdad, de democracia y de respecto en un sistema capitalista que en su normalidad produce desigualdades, guerras y una multitud de consecuencias más. Lo peor es que parte de este discurso esta asumido por la clase explotada. Y otra pieza clave es el discurso de lo que es violento y lo que no es. No me extenderé en este punto, que esta totalmente relacionado con la educación que recibimos y en los medios de comunicación y en su papel de legitimar ante el público quien tiene la razón o quien se merece una intervención de los antidisturbios.

Entonces intentar legitimarse como los agentes democráticos, que buscamos su dialogo es un error en el que muchas veces cae el movimiento estudiantil. Es necesario la legitimización ante la gente, pero jugar su juego es una victoria más para ellos y sabemos que tendremos en contra todo un aparato mediático, político y policial en nuestra contra.

¿Como podemos luchar sin caer en este reformismo estéril? No creo que conseguir mejoras sea un error porque de esta manera la gente deja de luchar. Es necesario conseguir pequeñas victorias para darse cuenta de que juntxs podemos cambiar todo esto, e ir cambiando la correlación de fuerzas. Las mejoras son una cuestión estrategia y serán útil si nos ayudan a caminar hacía la utopía. Si tenemos que dividirlo todo entre abandonar una lucha por reformista o apostarlo todo por una revolución, lo tenemos crudo. Entre otras cosas interesantes, los compañerxs de Terra Cremada escribían en relación al movimiento estudiantil en el contexto de Bolonya:

“No es lo mismo una petición que se hace como afectado de un sistema del que quieres formar parte, dirigiéndote a la autoridad concedida, que una exigencia que haces desde la propia dignidad e integridad violadas a un poder impuesto. El contenido de las demandas señalaba la voluntad de formar parte de este sistema, de expresar la necesidad y la importancia del mundo académico y estudiantil en el funcionamiento y perfeccionamiento del sistema democrático. Es decir, la vinculación expresa a la democracia, en lugar de, una vez rechazado el papel de la formación académica, en tanto que engranaje del mundo de las mercancías, intentar trasladar este descontento a la sociedad entera que es, en última instancia, la que necesita nuestra obediencia y sumisión en las aulas, en el curro y en las calles para seguir reproduciendo el sistema de dominación capitalista y estatal.”[7]

Soy consciente de que me dejo temas a comentar, como las luchas políticas entre colectivos “radicales”, la caída en viejas estrategias que parecen no funcionar, la improvisación y a veces el poco compromiso de lxs militantes, etc.

La solidaridad nuestra mejor arma

Es una de las consignas típicas que se corean en las manifestaciones y quizás el problema es que realmente no la practicamos a niveles que realmente marcarían la diferencia. Tejer redes de afectados por el capitalismo sea cual sea el sector es una asignatura de la clase explotada pendiente. La dictadura y el capitalismo consiguieron romper estas redes que tardaron mucho tiempo en hacerse y quizás es su gran victoria. Cuando la sociedad entienda que cada problema sectorial es propio y causante del mismo sistema y se implique con todos las sectores, quizás el panorama cambia. Desahucios, privatizaciones, etc. son parte del mismo problema y solo juntxs podremos hacer frente y construir nuevas realidades

También es tarea nuestra sacar el conflicto estudiantil fuera de las aulas. Aunque no nos engañemos, la universidad es un punto accesible para pocxs, y quizás por ello cueste a la gente identificarse con la lucha que se lleva acabo. Asimismo hay que luchar contra la idea de que los universitarios somos unos acomodadxs. Somos de clase trabajadora trabajemos o no, porque no tenemos el poder político ni económico, y en la mayor parte estudiamos para acceder a un trabajo para cubrir con dificultad nuestras necesidades si es que lo encontramos.

La crítica al falso “dialogo democrático”, la autocrítica propia y la solidaridad son algunos aspectos con los que podemos empezar a trabajar. La tarea es difícil, pero actualmente se esta dando una lucha en las Baleares en la que se esta implicando una buena parte de la sociedad. Una victoria suya seria una victoria con la que poder afirmas que no todo esta perdido, con toda la crítica que podamos hacerles lxs libertarxs a algunos aspectos, su lucha no es nada despreciable.

Otros proyectos que podemos realizar para intentar construir la universidad (sociedad) que queremos pueden ser la formación de grupos críticos de las diferentes disciplinas, enredando así también a más gente que en una lucha tradicionales no se unirían, a la vez que se construyen espacios de contrapoder en las mismas universidades. Sin olvidar que para construir la nueva sociedad es imprescindible destruir la vieja.
Con todo este texto no creo que diga nada nuevo, simplemente recoger ideas que ya aparecen. Posiblemente las estrategias aparecerán con la práctica y con el conflicto mismo. Si existe la necesidad de buscarlas, es que hay gente que se plantea y lucha para conseguir unos objetivos. Por eso es importante acumular experiencias en un movimiento que parece renovarse cada año, una de las dificultades de la lucha estudiantil. ¡Que continúe la lucha!

[1] Universidad ¡Obrera y Anticapitalista! Nihil http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/24609

[2] Lo público y la autogestión. Defensa y avance. Grupo Anarquista Albatros (FAI) https://reglib.anarquismo.social/lo-publico-y-la-autogestion-defensa-y-avance

[3] Ibid.

[4] Obra citada. Nihil

[5] Tampoco es que este de acuerdo con un sistema de voto igualitario

[6] Terra Cremada. Tropezar con la misma piedra. http://terracremada.pimienta.org/tropezar.html

[7] Ibid.

Bibliografía para ampliar

Terra Cremada. Autogestión de la miseria o miserias de la autogestión. http://terracremada.pimienta.org/autogesti%C3%B3_cas.html

Lo público y la autogestión: defensa y avance

Reflexionando sobre lo público y lo estatal somos conscientes de la visión que se ha dado de los servicios públicos desde algunos sectores del movimiento libertario y de la izquierda radical, únicamente como actividades controladas por el Estado y ajenas al interés social de los trabajadores. Por eso queremos compartir nuestra postura al respecto y crear puentes en torno a ella, para sentar las bases de un trabajo o perspectiva común revolucionario.

Lo público

En la actualidad, vivimos el desarrollo de un proyecto capitalista que comenzó en los 80 (en EE UU y Gran Bretaña), se introdujo en España y el resto de la UE tímidamente a principios de los 90 y está destinado a convertir unos sectores vitales de la sociedad española, los servicios públicos que hoy gestiona el Estado y en donde antes apenas podían meter mano, en un nuevo mercado del que seguir sacando beneficios y haciendo rapiña.

El coste de esta tendencia privatizadora de lo público se está reflejando en una degradación continua de las condiciones de vida de los trabajadores, que tiene su reflejo en la mercantilización del bienestar social:

Sectores cedidos a empresas privadas, como los servicios públicos de limpieza, son algo visible y desde hace unos años es palpable el empeoramiento de recogida de basuras y reciclaje en nuestras calles. En el transporte público subidas de precios abusivas, despidos, pérdida de calidad del servicio y merma en la seguridad… Aumento del gasto en la sanidad, con pacientes derivados a la privada teniendo todo lo necesario en la pública, reducción de la inversión, despidos… La educación con financiación en enseñanza media a privados concertados por encima de los públicos, ideología franquista con la LOMCE (jerarquización de los directores, religión…), subida de tasas en las matriculas en universidades y Formación Profesional… El servicio de abastecimiento y saneamiento, el agua, el bien social más básico presto a su encarecimiento. Y es que en general ya no hay disimulo a la hora de recortar presupuestos para los servicios públicos; mientras tanto se conceden conciertos y prebendas a las privadas, un trasvase del sustento de los servicios públicos a lo privado en toda regla.

Hay que recalcar que los servicios públicos no son sólo actividades controladas por el Estado y mucho menos ajenas al interés de los trabajadores. Entendemos lo público como aquello que tiene cualidades para no ser una mercancía o que su gestión no esté basada en criterios de mercado. Se consideran por tanto un bien social que debe tener un carácter universal. Además, estos servicios serían igualmente necesarios en un escenario posrevolucionario (con los cambios evidentes de gestión, en manos nuestras, los trabajadores).

Defendiendo la necesidad pública de estos servicios hay que plantearse:

1.- ¿Qué entendemos por ello? 

Un derecho público es lo opuesto a un privilegio, y si por algo se caracteriza el capitalismo es por la concentración de privilegios en las manos de la clase propietaria. Así pues, cuando el pueblo avanza y consigue garantizar el derecho al acceso de un servicio para todos, estamos frente a una esfera de la vida que rompe con la lógica de mercado del capital.

También hay que apuntar que el reconocimiento de un derecho por parte de una ley no significa la inmediata materialización de este, sino que bien puede quedar como algo simbólico. Por eso lo único que tenemos seguro para que ese derecho se haga efectivo es la fuerza y la capacidad para imponerlo mediante la organización y la lucha. Así pues, es la confianza en las capacidades del pueblo de organizar su propia vida la que hace cumplir ese derecho público. Por ello, supone la lucha frente al Capital por una necesidad básica.

2.- Ante el hecho privatizador de los capitalistas mediante el Estado ¿Qué proponemos los anarquistas como alternativa de lucha? ¿Podemos contentarnos con la mera defensa nostálgica de los “buenos días” del estado de bienestar o queremos más que eso?

La clave para responder a estas cuestiones pasa por pensar el concepto de autogestión y aclarar sus posibilidades como práctica.

La autogestión

Es la gestión cooperativa de una comunidad, en la que participan todos sus integrantes de forma libre e igualitaria y con independencia de factores externos. Promueve la participación en una actividad de los implicados en ella, sin delegar en otras personas y sin relaciones de autoridad entre los participantes.

En este sentido es importante poner como base una tensión estratégica de la autogestión con cualquier forma de capitalismo. También hay que poner el acento en la participación y funcionamiento de los que se dotan los miembros que se organizan en estos proyectos y procesos: la democracia directa. Aunque es evidente que en el proceso de lucha y como táctica podamos ampliar la participación y control obrero o practicar ciertas formas de autogestión en empresas recuperadas, como en la Argentina posterior a la crisis del 2001-2002, esta situación a largo plazo es insostenible por sí misma. Por tanto, para dar el paso de la autogestión a la socialización, que es la eliminación de las relaciones capitalistas de mercado y control estatal, se precisa tener un proyecto político-social de carácter global, lo que implica necesariamente pensar un proceso de revolución social.

Creemos que hay que aclarar ciertos términos que se confunden erróneamente con ciertas prácticas de economía “alternativa” dentro de la sociedad capitalista. Siendo precisos, el término es usado, indistintamente, como sinónimo de producción artesanal, microempresa o cooperativa, y autofinanciación.

Hablar de autogestión es indisociable al ataque de las bases mismas del sistema: en sus relaciones de propiedad y en las relaciones jerárquicas que se desprenden de la organización de la sociedad de clases. Para nosotros la autogestión no puede bastarnos con ser un submodelo coexistente con la producción capitalista y que, directa o indirectamente, participe de sus leyes. Por tanto, la autogestión sólo cobra pleno sentido en función del proceso revolucionario, de reapropiación del conjunto del Capital social sobre nuevas bases socialistas y libertarias. Entendido esto, creemos que no se trata de cómo fundamos nuevos servicios públicos, sino de cómo aspiramos en la lucha a la reorganización de los mismos, es decir, a la capacidad de decidir los trabajadores y usuarios sobre qué y cómo se hacen las cosas, bajo un proyecto de expropiación social.

Nuestro concepto de autogestión, que recoge el sentido original que le daban los sindicalistas revolucionarios y los clásicos del anarquismo, capacita para pensar en una sociedad moderna, compleja y sofisticada; que emana del conflicto de clases ocasionado por la sociedad industrial respecto al control de la producción. Este modelo, que se expresó rudimentariamente en las colectividades urbanas y rurales de la España del 36 o en los consejos obreros o soviets rusos del 17, no es una vuelta atrás, sino una superación revolucionaria de la sociedad capitalista y del estatismo.

Así pues, la socialización implica una cuestión de fines, un asunto estratégico y la autogestión una cuestión táctica, un asunto de medios. Que los mismos trabajadores se hagan cargo de sus asuntos implica la construcción de una experiencia organizativa que configura, aunque sólo de forma inicial, las bases de la nueva sociedad a la cual aspiramos.

Es necesario, por tanto, que los movimientos sociales piensen en la autogestión de la propiedad que hoy posee el empresariado y el Estado; es necesario comprender que mientras exista la propiedad privada, no podemos competir con ella, pues tenemos los recursos, los medios y la infraestructura, es decir, el Capital, en nuestra contra. Eso mismo ocurre hoy con las industrias autogestionadas en Argentina, experiencias valiosas y que nos llenan de entusiasmo revolucionario, pero que no van a pasar a mayores si, en lugar de la apropiación sólo de las empresas quebradas no comenzamos a pensar en la expropiación de las empresas “saludables”, transformando la autogestión en un verdadero ariete de guerra en contra del capitalismo, más allá que en una simple alternativa de supervivencia, y hacia la socialización de los medios de producción.

Defensa y avance

Cuando hablamos de destruir las instituciones existentes normalmente nos referimos a las que ejercen una función parasitaria y represiva (policía, ejército, cárceles, magistraturas…), pero no se nos pasa por alto que otras instituciones, las que supuestamente sirven para asegurar la vida de la humanidad, no pueden ser destruidas eficazmente si no se las sustituye con una cosa mejor.

El intercambio y distribución de productos, las comunicaciones y todos los servicios públicos ejercidos por el Estado o por particulares, han sido organizados de modo que sirven intereses reales de la población. No podemos desorganizarlos (y tampoco nos lo permitiría la población interesada), sino reorganizándolos de modo mejor. Eso no se puede hacer en un día, ni en la actualidad tenemos la capacidad necesaria para hacerlo. Tenemos claro que la vida social no admite interrupciones, y todos queremos vivir el día de la revolución, pero también el día siguiente y los sucesivos.

Es, por tanto, menester para el desarrollo de un proyecto revolucionario, que los medios sean coherentes con los fines, y en nuestro caso que la autogestión, como norte revolucionario, sea a su vez un método aplicado de forma correcta en relación a los servicios públicos.

Las privatizaciones, uno de los pilares de la sinvergonzonería neoliberal, es el supuesto de que el Mercado es el mejor distribuidor de recursos y que no hay mecanismo más eficiente para que los servicios y la producción funcionen mejor que mediante la propiedad privada. Las consecuencias de las privatizaciones (que, paradójicamente, representan una auténtica política de Estado) las sufrimos en carne propia el pueblo, con servicios que se encarecen y ven afectada drásticamente su calidad.

Pero ¿es posible oponerse a las privatizaciones sin oponer una salida revolucionaria y libertaria?

La socialdemocracia y el resto de partidos marxistas (IU, PCE, IA…), estatistas por naturaleza, cree y defiende como proyecto que los servicios y la propiedad sea gestionada por el Estado, a fin de cuentas, esperan que pronto llegue su turno de estar a la cabeza del Estado para con sus burócratas dirigirlo teóricamente en beneficio del pueblo. Por lo demás, tienen una perfecta coherencia entre sus medios y sus fines, entre su táctica y su estrategia; pero nosotros estamos en otra.

En cambio, los libertarios nos vemos en una disyuntiva de profunda trascendencia, pensar qué relación establecer entre propiedad y gestión. Para resolver esta cuestión es necesario tener una visión realista de cómo será en términos prácticos, y no valen las consignas, la cuestión de la propiedad y la administración de los servicios en la sociedad revolucionaria: ¿La propiedad sería colectiva y los trabajadores y usuarios se encargarían de gestionar en función de la necesidad de la colectividad? Seguramente llegado el caso las posibilidades serán más numerosas, pero urge tratarlas para poder trazar el camino a seguir hasta nuestro proyecto finalista.

Y es ahí donde tenemos la clave para comenzar a pensar alternativas que solucionen esta problemática. Por eso pensamos en la autogestión con un sentido muy preciso: que la gestión de los servicios públicos no recaiga en manos ni de los burócratas ni de los tecnócratas estatales o privados, sino en los propios implicados en estos servicios. De esta manera damos el paso de la negación (no a las privatizaciones) a la afirmación (gestión popular de los servicios). Esto plantea en términos reales nuestra lucha en contra de los privados (que compran nuestros servicios) y en contra del Estado (que los vende). Así, nuestra lucha contra las privatizaciones se transforma en una lucha en contra del Estado y del Capital, entregando al propio pueblo la capacidad de decidir sobre los asuntos que nos afectan más directamente.

¿Y qué ocurre con los recursos necesarios para garantizar el óptimo financiamiento de los servicios públicos? Estos deben ser exigidos de las arcas estatales, al ser éste el espacio en el cual se concentra el capital producido socialmente y acumulado (mediante la recaudación de impuestos, por ejemplo), un hecho que no podemos ni debemos obviar. En este sentido, no se trata de “legitimar” al Estado, sino de reapropiarnos socialmente de los recursos que las clases dominantes nos enajenan y que el Estado concentra, para poder utilizarlos según la libre determinación popular.

Así que volviendo a la escena de la calle, hemos presenciado cómo al calor del 15-M y ante la agudización privatizadora de gobiernos y capitalistas, ha repuntado temporalmente una conflictividad social que hacía tiempo no se recordaba, con las Mareas de los distintos sectores públicos y la confluencia tibia con sindicatos combativos. Junto a esto, es importante tener claro que nuestra alternativa implica que seamos capaces de proyectarnos mucho más allá de los servicios públicos, y que podamos trabajar una respuesta revolucionaria del conjunto de toda la sociedad, que vincule los distintos sectores económicos y sociales, y que conecte las luchas del presente con las conquistas del mañana.

Para concluir, diremos que la postura que entendemos coherente con una perspectiva de emancipación social y revolucionaria pasa por la oposición frontal a todos los procesos privatizadores que están llevándose a cabo, por cuanto contribuyen a la degradación de nuestras condiciones de vida. En esta línea creemos que nuestra primera tarea es defender los servicios públicos con un objetivo claro de capacitarnos, trabajadores y usuarios, para posibilitar que podamos tomar su control y su gestión.

Valoramos, como base a desarrollar por los luchadores sociales de hoy en día y para que los trabajadores podamos gestionar algún día los servicios públicos, o para que no nos alejemos más de este objetivo:

1.- Defender unos servicios públicos, universales, gratuitos y de calidad, impidiendo que pasen a ser gestionados por manos privadas, lo que conlleva su mercantilización y elitismo.

2.- Fortalecer la movilización y organización social en torno a los servicios públicos para aumentar la fuerza de sus sindicatos y asociaciones de usuarios, apoyando también un avance organizativo en el resto de sectores económicos y sociales del país.

3.- Capacitarnos trabajadores y usuarios de cara a presionar al Estado para mejorarlos y para profundizar en nuestro control y orientación de la gestión en lo posible, práctica que posibilitará su socialización, es decir, su autogestión por la comunidad y los trabajadores en el futuro.

¡Por unos servicios públicos autogestionados!

¡Porque la emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos!

¡Arriba los que luchan!

Grupo Anarquista Albatros (FAI)

La lucha del pueblo kurdo

Por Guillermo

La razón de mi interés por la redacción y publicación de este artículo nace de la necesidad (a mi parecer) de dar voz y difusión al movimiento kurdo y a su lucha, ya que considero que es un tema bastante desconocido en occidente, así como incitar al debate y la preocupación por dicha cuestión. No estoy acostumbrado a los procesos de investigación y redacción, por lo que temo no realizar un buen artículo. No soy periodista, ni historiador, ni sociólogo… solo una persona corriente que se identifica con el modelo social basado en el socialismo libertario, desde una tendencia anarquista, que ha visto en la lucha del pueblo kurdo un ejemplo para todos los pueblos, y ha considerado imprescindible su difusión por todos los medios posibles. Sin más dilación, comenzaré con el desarrollo del artículo:

Los kurdos son un pueblo indoeuropeo que habita en la región montañosa del Kurdistán, al suroeste de Asia, repartida principalmente entre los estados de Siria, Irak, Turquía e Irán, aunque también hay que añadir un pequeño enclave en Armenia. Es la minoría étnica más grande en el Medio Oriente que no se encuentra establecida en alguna forma de Estado-nación. Se considera que se asentaron en el sur de Anatolia en torno al siglo X a.C; pero no he decidido escribir este artículo para hablar sobre su historia o su cultura. Lo que me ha impulsado a redactar esto ha sido su relativamente reciente posicionamiento político e ideológico, muy relacionado con el movimiento libertario, así como su praxis como movimiento. Me dispongo a hablar sobre la organización confederal llamada Koma Civakên Kurdistán (KCK), así como todos los grupos vinculados a ella, y de la ideología política y social común que las une a todas en una misma lucha con un mismo objetivo: El Confederalismo Democrático.

1.CONFEDERALISMO DEMOCRÁTICO

Abdullah Öcalan, ideólogo fundador de dicho modelo de organización social que combina, entre otros conceptos, el pensamiento de Murray Bookchin respecto al municipalismo libertario y el ecologismo social con el de Immanuel Wallerstein. Busca construir una sociedad civil bajo principios del municipalismo libertario, sin embargo, al contrario que Boockchin, no busca la oposición directa con los estados-nación. Así se supone llegar a una paz estable en la región del Medio Oriente. La ideología integra conceptos como la democracia directa en sus organizaciones, el socialismo (dentro de un prisma libertario, como veremos), las libertades individuales, la igualdad de sexos , el ecologismo, etc…

Öcalan, actualmente en prisión, fundó el partido Partiya Karkerên Kurdistan (PKK), el cual, en un principio, seguía una tendencia marxista-leninista tradicional, para más tarde abandonar esta línea ideológica y apoyarse en un socialismo libertario muy inspirado en las ideas de Bookchin (quien también sufrió esta transformación). Busca un socialismo democrático cuyo tipo de administración puede ser llamada “administración política no estatal” o “democracia sin Estado”.

1.1.Política

El confederalismo Democrático ha desarrollado una crítica al Estado-Nación que le ha llevado a interpretar el derecho de los pueblos a su autodeterminación como “la base para el establecimiento de una democracia de base, sin necesidad de buscar nuevas fronteras políticas”. En esto se distingue de Bookchin, quien cree necesaria la ruptura con el Estado-Nación, pero Öcalan, aplicando las ideas de Boockchin a la situación kurda, considera como prioridad la paz, como objetivo inmediato. De tal manera como propugna el EZLN en el Estado mexicano de Chiapas, la sociedad tomará y organizara más y más tareas sociales, culturales y políticas por propia cuenta, limitando de este modo las intervenciones de los Estados a lo estrictamente necesario.

El Confederalismo Democrático plantea un rechazo del centralismo, y propone un federalismo de asociaciones voluntarias basadas en la democracia directa. Por lo que políticamente se podría decir que se basa en organizaciones de base democráticas y federadas entre sí, defendidas por milicias populares (YPG, HPG, HRK, etc…). Öcalan presenta su forma de organización social así:

“Este tipo de autoridad o administración puede ser llamada administración política no estatal o democracia sin Estado. Los procesos de toma de decisión democráticos no deben ser confundidos con los procesos conocidos de la administración pública. Los Estados solo administran mientras que las democracias gobiernan. Los Estados están fundados en el poder, las democracias están basadas en el consenso colectivo. El mandato en el Estado está determinado por decreto, aunque puede en parte ser legitimado a través de elecciones. Las democracias usan elecciones directas. El Estado usa la coerción como medio legítimo. Las democracias se apoyan sobre la participación voluntaria.

El Confederalismo Democrático está abierto a otros grupos y facciones políticas. Es flexible, multi-cultural, anti-monopólico, y orientado hacia el consenso. La ecología y el feminismo son pilares centrales.
En el marco de este tipo de auto-administración, una economía alternativa se vuelve algo necesario, lo que incrementa los recursos de la sociedad en lugar de explotarlos y así hace justicia a las múltiples necesidades de la sociedad.”Confederalismo Democrático (pág. 21)

1.2.Economía

Esta organización política va acompañada de una organización económica basada en el socialismo, pero no un socialismo de características marxistas-leninistas (posesión de los recursos por parte del Estado), sino un socialismo libertario con un marcado carácter local y autogestionario (posesión de los recursos por parte de la sociedad). Es decir, crear un sistema económico enfocado a satisfacer las necesidades de la población, no a satisfacer los intereses individuales de los productores, ni a la acumulación de riquezas. Así lo ve Öcalan:

“Una de las principales razones del deterioro de la sociedad se encuentra en los efectos nocivos de los mercados financieros. La producción de necesidades artificiales, la búsqueda interminable de nuevos mercados de consumo y la codicia sin límites de beneficios cada vez mayores son los responsables de la diferencia cada vez más abismal entre pobres y ricos, hinchando a diario el batallón de los que viven bajo el umbral de la pobreza o incluso de los que pasan hambre. Una política económica de este tipo no se puede tolerar ya más. Este es entonces el mayor desafío del proyecto socialista: implementar una política económica alternativa que no aspire únicamente al beneficio por el beneficio, sino a una distribución justa de los recursos y a la plena satisfacción de las necesidades básicas del conjunto de la sociedad” Guerra y Paz en el Kurdistán,( pág 36)

 

1.3.Ecologismo

Además, el socialismo es el único sistema económico que puede dar lugar a una sociedad ecológica, que es una de los puntos fundamentales del Confederalismo Democrático. Este punto y su relación con el socialismo se ve resumido en el siguiente fragmento:

“Un modelo de sociedad ecológico es por esencia un modelo socialista. Un equilibrio ecológico solamente será posible con el paso de una sociedad alienada basada en el despotismo, a una sociedad socialista. Sería iluso creer que la preservación del medio ambiente es compatible con el sistema capitalista. Al contrario, el sistema capitalista contribuye ávidamente a la devastación del medio ambiente. Debe tenerse seriamente en cuanta la protección ecológica en el proceso de cambio social.” Guerra y Paz en el Kurdistán, (pág. 35)

1.4.Feminismo

Otro de los pilares básicos del Confederalismo democrático es el feminismo. La lucha contra el patriarcado se hace importantísima, sobre todo en el caso del movimiento kurdo, ya que el islamismo se impone en los cuatro Estados principales en los que se divide al Kurdistán. Numerosas veces se han producido enfrentamientos entre milicias de Al-Qaeda y grupos armados kurdos. El KCK está dotado de numerosas organizaciones, ya sean militares o no, constituidas por mujeres.

1.5.Lucha por las libertades individuales

También las libertades individuales están presentes en la ideología, como son por ejemplo la libertad de expresión y decisión, que también son imprescindibles en una sociedad tan rodeada de ideas islamistas.

 

2.ORGANIZACIONES

2.1. KCK

El KCK es la confederación de todas las organizaciones kurdas que siguiendo el ideario de Öcalan buscan el establecimiento del Confederalismo Democrático y conseguir la libertad y autonomía del pueblo kurdo. Así, dentro del KCK podemos encontrar entre otros grupos, a los distintos partidos, organizaciones juveniles, organizaciones femeninas y organizaciones armadas, que suscriben este ideario. Kongra- Gel es el nombre que recibe el parlamento del KCK, en el cual se reúnen en asamblea delegados de todas las partes del Kurdistán y Europa para decidir la orientación de la organización.

 

 

 

 

2.2. Organizaciones vinculadas al KCK

Partidos:

-PKK- Partiya Karkerên Kurdistan – Turquía

-PJAK- Partiya Jiyana Aza a Kurdistanê – Irán

-PYD- Partiya Yekiti a Demokratik – Siria

-PÇDK- Partiya Çaresera Demokratik Kurdistan – Irak

Femeninas:

-KJB – Koma Jinen Bilind

-PAJK – Partiya Azadiya Jinên Kurdîstanê

-YJA – Yekîneyên Jinên Azad

-YJA- Star – Yekîneyên Jinên Azad ên Star

-YJRK – Yekîtiya Jinên Rojhilatê Kurdistanê

-Union Star- Agrupación femenina del Kurdistán Oeste (Siria)

Juveniles:

-YÖGEH – Movimiento de la Juventud Libre y Patriota- Turquía

-KOMALEN CIWAN – Juventud Democrática Confederalista – Siria

-KOMALEN CIWAN – Juventud Democrática Confederalista – Irak

-KOMALEN CIWAN – Juventud Democrática Confederalista – Irán

-KOMALEN CIWAN – Juventud Democrática Confederalista – Europa

Guerrillas:

-HPG – Hêzên Parastina Gel

-HRK – Hezên Rojhilatê Kurdistan

-YPG – Yekîneyên Parastina Gel

 

 

NOTA

  • La principal página en la que me he basado y de la que he cogido la mayor parte de la información (así como los fragmentos de los textos de Öcalan y la lista de organizaciones), ha sido: http://solidaridadkurdistan.wordpress.com/, página muy recomendable para saber más sobre el tema y estar al día en cuanto a información sobre el mismo.

 

BIBLIOGRAFÍA

http://solidaridadkurdistan.wordpress.com/

http://juventudrebelde.org/index.php?mact=News,cntnt01,detail,0&cntnt01articleid=609&cntnt01origid=64&cntnt01detailtemplate=textos&cntnt01returnid=64

http://www.malaka.es/noticias_ampliar.php?id=35787

http://www.pkkonline.com/en/

http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/465112/index.php

Anarcosindicalismo y movimiento estudiantil

Por CNT-La Safor

La situación educativa que está creando el Estado junto con el gobierno de turno no solamente sigue sin satisfacer las necesidades reales del ser humano, sino que además está sufriendo un grave retroceso de varias décadas dirigiéndose hacia una educación extremadamente clasista y católica. Sabemos que los sistemas educativos promovidos por los gobiernos y estados no hacen sino perpetuar las diferencias sociales y castrar creativamente al individuo, además de ir adiestrándolo en una especie de celdas que siguen los mismos patrones que las cárceles y las fábricas: horarios, restricciones, supeditación total a la autoridad, trabajo en serie, repetitivo y alienante del alumnado, desposesión total del alumnado de todo aquello que le rodea, etc. Sus objetivos, la alienación social y la sumisión a las autoridades (patrón, estado, fuerzas del orden…).

Bien se entiende que un sindicato es una organización de trabajadoras y trabajadores, y la gran mayoría de estudiantes aún no han conseguido su primer empleo. Sin embargo, en el mundo estudiantil, esto es, pre-laboral, durante todo ese dilatado espacio de tiempo en el que nos formamos para entrar a formar parte del mundo laboral, no existe un solo sindicato de estudiantes de corte anarquista. No obstante, durante este período de tiempo el alumnado no cesa de recibir ofensas y ataques a pesar de verse obligado a seguir siempre las normas dictadas desde las instituciones: horarios a cumplir, faltas de asistencia, trabajos que presentar, asignaturas que superar para avanzar…

Pero el problema que debemos afrontar en el mundo estudiantil, desde una perspectiva anarcosindicalista y revolucionaria, va más allá de las repercusiones directas del sistema educativo y sus políticas sobre dicho alumnado, pues los ataques en apariencia dirigidos a estos alumnos y alumnas extienden su veneno fascista hasta las familias de estos estudiantes.  En efecto, no se trata solamente de provocaciones al estudiantado, sino que se trata de duros ataques a la clase obrera, la cual no podrá cubrir los gastos educativos de su familia y en el caso de poder cubrirlos, la educación por la que está pagando no es precisamente de calidad (entendiendo por “calidad” la relación directa entre los intereses del alumnado y las enseñanzas ofrecidas, además de los mecanismos que definen la horizontalidad o verticalidad de estas relaciones estado-institución-profesor-alumno y la libertad con que se producen).  Es en este punto donde el movimiento estudiantil y el movimiento obrero se dan la mano, donde ambos se definen mutuamente, el punto crítico donde evidenciamos que las políticas estrictamente educativas afectan únicamente y de manera directa a la clase obrera más desheredada condenándole eternamente a subyugarse al estado y a la burguesía.

El sistema universitario es quizás el nivel educativo más afectado.  Por un lado con el Plan Bolonia 2015 se pretende volver a un sistema universitario clasista y elitista que regule el exceso de titulaciones, restringiendo para ello y de manera paulatina el acceso a los estudios superiores a las hijas e hijos de la clase obrera, a los desheredados.  Por otro lado, se pretende también llevar el sistema universitario al terreno privado, retirando las becas y aumentando indiscriminadamente el precio de las tasas.  De esta manera las hijas e hijos de la clase obrera se ven condenadas a vender su fuerza de trabajo bajo unas pésimas condiciones de por vida, y esto en el mejor de los casos.  En el peor, se pasarán más tiempo sin empleo y dependiendo de la caridad y las pocas ayudas sociales hasta que se vean obligados a robar, a traficar con drogas o a otros medios similares para poder malvivir y sobrevivir.  Para el capitalismo fascista resultaba intolerable que la hija de una obrera llegase a tener dos o más titulaciones universitarias y pudiese acceder a los mismos puestos de trabajo que la hija de una burguesa o una aristócrata.

En los institutos de secundaria y bachiller nuestras jóvenes empiezan a consolidar sus relaciones sociales y a proyectar su futuro estatus social.  El sistema educativo estatal muestra en esta etapa sus más feroces fauces pero de una manera sutilmente disimulada.  Al igual que en las prisiones, en los institutos se produce un agresivo moldeamiento del individuo: es aquí donde culmina su clasificación en el mundo educativo y empieza a gestarse su clasificación futura en la sociedad.  En efecto, es en esta etapa donde se inculcan en nuestras jóvenes los diferentes sentimientos de alienación, de frustración, donde se les hace creer que no sirven para nada, donde se destruyen sus expectativas, donde se aceptan los poderes y las jerarquías, donde se determina quiénes pasaran a formar parte de la masa obrera más explotada y quiénes podrán seguir estudiando para poder llegar a explotar a otras personas.  Es la etapa educativa más conflictiva para el individuo y a la vez es la más estricta y regulada y donde han de mostrar mayor sumisión a las normas y a la autoridad.  Y paralelamente, se trata del período vital más crucial para el individuo ya que durante la pubertad y la adolescencia es cuando definimos en mayor medida nuestra personalidad, cuando encontramos a nuestros grupos de iguales y a nosotros mismos.  Y los acontecimientos vividos en estas edades marcarán todo nuestro futuro no sólo socialmente sino también psicológicamente, y este es el factor más importante y por el que debemos intervenir y ayudar en la organización estudiantil.

Hace años que el sector socialdemócrata burgués, el sector comunista controlador, el sector fascista autoritario, y los sectores nacionalistas se han dado cuenta del potencial movilizador del mundo estudiantil y por ello crearon a sus propios sindicatos amarillos de estudiantes, que no son más que carroñeras lavadoras de mentes esperando captar votos políticos para sus partidos.  El sector anarquista ha optado en algunas universidades por organizarse en grupos de afinidad con una estructura mínima y, por desgracia, con una escasa repercusión, además del impedimento a la hora de poder convocar huelgas estudiantiles.  Dichas huelgas son convocadas por los sindicatos pseudo-obreros de manera desorganizada y descoordinada, teniendo como resultado la división de fuerzas, tanto entre diferentes regiones dentro del mismo nivel educativo (una semana en Madrid, la otra en Cataluña y/o Valencia…) como entre diferentes niveles en la misma región (esta semana huelga solamente de secundaria y bachiller, la próxima huelga solamente universitaria…).  La implantación de Sindicatos de Estudiantes desde el anarcosindicalismo revolucionario posibilitaría la coordinación en las acciones directas y las movilizaciones, tanto entre diferentes regiones como en diferentes niveles, además de hacer posible también la coordinación entre estudiantes y el profesorado de filiación anarquista.

Hemos visto como tanto en la enseñanza media como en la enseñanza superior no solamente se abusa y se ataca al estudiante, sino también y sobretodo a su familia obrera y, por ende, a toda la clase obrera, perpetuándola en la explotación y la sumisión al estado y al capital.  Y las y los anarcosindicalistas no podemos abandonar a nuestras y nuestros chavales a su suerte y no facilitarles su organización hasta que se adentren en el mundo laboral o desistan del estudiantil, pues todas las cicatrices que muestran la obrera y el obrero cuando ya adultos se acercan a nuestro sindicato son producto de las puñaladas recibidas durante su etapa estudiantil, en su juventud, puñaladas que jamás terminarán de cicatrizar y que los marcarán para toda su vida.

El estudiantado está descontento tanto por la calidad de la educación impartida como por la manera en que ésta se imparte y gestiona, quiere estallar pero aún no sabe cómo, quiere organizarse pero aún no ha logrado emanciparse de las influencias burguesas reformistas de los sindicatos de partido, el movimiento estudiantil de este lustro admira el mayo del 68, quiere emprender un cambio, una revolución, ser protagonista de su historia… y es posible que se encuentre más preparado que en otras ocasiones históricas y con muchos más instrumentos de organización, pero también es verdad que se siente más desorientado que nunca.  Desea estallar, desea andar sobre los escombros de este mundo hacia un nuevo horizonte, pero no sabe cómo llegar, cómo caminar…

El anarcosindicalismo debe hacerse presente en los movimientos estudiantiles, actualmente tan desorientados y manipulados, y lograr que avancen de la mano del movimiento obrero que dentro de unos años los acogerá, pues están en su pleno derecho de intervenir y organizar el mundo laboral en el que se verán inmersos en un futuro muy próximo.

El asalariado teme perder su empleo, teme perder su presente, y muchas veces ello le impide organizarse y luchar; el negro presente del asalariado define su futuro, decide sobre sus acciones y sobre su vida.  Pero el estudiante no teme tanto por el presente como por su futuro, su futuro es más importante, su futuro define su presente, y no se resignan a encontrarse de pleno ante un futuro oscuro y nada halagüeño.  Al no tener un presente que perder su predisposición a la lucha resulta más evidente.

Y tal vez debiéramos insistir más en aquello que podría lograrse, mostrar los horizontes de la libertad, las conquistas otrora ganadas… insistir demasiado en describir aquello que nos ataca, insistir en acciones de denuncia, resulta bastante ineficaz ya que la mayoría de la gente ya se conoce de memoria esta parte de la lección.  Saben quién o qué nos ataca, conocen los daños infringidos, pero desconocen aún qué hay más allá de la lucha, qué beneficios nos puede traer, y este desconocimiento se traduce en miedo por actuar, en apatía, en pasividad.

Ya para terminar, el curso está a punto de empezar y no podemos ni debemos demorarnos en formalismos y perífrasis para bordear la acción, como anarcosindicalistas debemos ser responsables y responder ante todos los ataques a la clase obrera, y los ataques al estudiantado también son ataques a la clase obrera.  Como anarcosindicalistas, también tenemos que tener claras nuestras reivindicaciones en el mundo educativo y estudiantil: no defender reformas legislativas, no defender la educación del estado, sino defender la autonomía y la libertad del individuo para poder formarse, organizarse y alcanzar su plenitud.

Salud, Revolución y Anarquía.

¿Por qué no se lucha?

Mucha gente no se puede explicar cómo no hay una gran movilización social con seis millones de parados, la economía a pique, una reforma laboral que dinamita derechos laborales fruto de antiguas luchas, una ley de educación que acaba con la igualdad de oportunidades, la privatización de la sanidad, la supresión de políticas sociales, etc, etc., con la previsión de que va a peor. Todo tiene una explicación que apunta a la crisis de la izquierda.

Oigo decir “¡nadie hace nada!”, “hay que movilizarse”, “con la que está cayendo y aquí todos tan tranquilos”… Por otra parte grupos organizados se quejan de que convocan manifestaciones, actos de protesta y los afectados no van. ¿Por qué?. Es lo que nadie quiere analizar.

Desde mi punto de vista son tres las causas de esta situación.

1.- Las luchas reales siempre son por los demás, no por lo que le afecte a uno. Una situación personal puede abrir la conciencia a los problemas sociales, pero no puede ser el motor de la lucha. De esta manera se defienden privilegios, por muy loables que estos sean. Por tal motivo no podemos buscar la excusa de que los parados no luchan; ¡no pueden!, como no puede un herido en el campo de batalla. Es un planteamiento absurdo pedir que actúen los que sufren dramáticamente las decisiones políticas, las mismas que acomodan a quienes se indignan sin má, sobre todo para no sentirse culpables.

Todas las luchas a lo largo de la historia han sucedido gracias a personas privilegiadas conscientes de las injusticias, conciencia que muchas veces no tuvieron las víctimas. Quienes se han rebelado han luchado para conseguir algo, en favor de un nuevo modelo de sociedad. No para meramente protestar. Pero un modelo educativo, mensajes permanentes en los medios de comunicación en favor de la competitividad a lo largo de muchos años ha hecho mella, se ha creado un individuo egoísta como característica fundamental. Pero no el egoísmo de toda la vida propio de la especie humana, sino que se ha tecnificado de tal manera que se ha convertido en la ideología dominante, en una mentalidad que abarca todo. Hay gente con su pancarta contra el gobierno que va a la manifestación después de cumplir con su horario de trabajo. Y lo llama responsabilidad. No arriesga. No se la juega. Su puesto de trabajo por encima de todo. Entonces no hay lucha, sino egoísmo disfrazado.A lo que se responde “y porque tengo yo que…”.

Y lo más grave es que los partidos políticos, cuanto más a la izquierda más actúan en favor de sus intereses de partido, sobre estrategias electorales, para salir en los medios de comunicación, radicalizan mensajes, consignas, pero sin luchar, se limitan a ver cómo aumentan perspectivas electorales o rebañan votos de los colectivos sociales con los que “participan”. Sus acciones se basan en manifestaciones, coger firmas y salir en los medios de comunicación. Ésta es la gran crisis, la falta de respuesta.

Lo expuesto ha hecho que no haya espíritu de lucha. Es necesario recuperarlo, sin poner trabas y frenos pensando que hacer cualquier cosa es imposible, porque depende de la voluntad y del conocimiento de las cambios sociales a lo largo de la Historia.

2.- Toda lucha que se haga ha de tener en cuenta y como primer punto a los más desfavorecidos. De otra manera toda reivindicación pierde su fuerza moral, base ésta para vencer en la lucha. Se sale porque han rebajado las inversiones en investigación, porque han suprimido una paga extraordinaria a los funcionarios, porque suprimen las juntas vecinales, etc… Todo lo cual en caso de lograr que se mantenga ¿qué soluciona a quien nada tiene que llevarse a la boca?. Es el cinismo y la perversión de todas las movilizaciones actuales, es lo que apagó el aldabonazo del 15M, la manifestación del egoísmo social y una izquierda a la deriva. Toda movilización, ¡toda!, desde stop desahucios, a las protestas por el cierre de fábricas o de las minas deben exigir en primer término  que no haya nadie sin recursos para vivir, lo cual no es posible mediante el empleo. De lo contrario son protestas parciales que pueden beneficiar a unos pocos discriminando a la inmensa mayoría de los que no sufren el problema por el que luchan y menos a quienes viven en la miseria. Exigir la Renta Básica, en principio para los más desfavorecidos, sin recursos, individualmente e incondicional, para evitar su explotación y humillación como se hace en la actualidad es una condición sine que non. Sin embargo convertimos a las víctimas en chivos expiatorios, son los vagos, no quieren trabajar, o que se busquen la vida… Otros asuntos también son importantes, pero se han de integrar a una lucha global por más democracia y la abolición de la pobreza y el malestar. Es decir: si no hay un horizonte de un nuevo modelo social en cada paso que se dé, son fuegos artificiales. Lo cual hace que le derecha se mantenga y una izquierda progre se derechice a pasos agigantados.

Una cosa es luchar y otra protestar. La lucha va al corazón del sistema, el cual ha de ser analizado, no vale inventar fantasías ni las obsesiones sin sentido de un partido (como defender el pleno empleo). Hay que ir a las causas actuales, no a las de antaño, y menos quedarnos en arremeter contra los síntomas, pues si permanecen las causas aunque se elimine un síntoma aparecen otros.

y 3.- No haber luchado a tiempo. Los problemas se van fraguando y si no se reacciona crecen y cuanto más grande más se normaliza y más difícil es reaccionar. A la vez carecer de unas propuestas por las que luchar, hace que las movilizaciones sean siempre a la contra. La ley Wert de educación es terrible, pero es la consecuencia de las anteriores, del plan Bolonia, de basar la enseñanza en los exámenes, de no diversificar modelos pedagógicos adaptados a las diversas inteligencias de la juventud, etc. Con la reforma laboral otro tanto.Sin una propuesta que defender no hay impulso para la lucha, porque ¿para qué?, ¿para volver a la ley anterior?…

Son necesarias propuestas por las que luchar, pero la izquierda, en todo su espectro, ha caído en el inmovilismo de ideas y como consecuencia lleva al inmovilismo social. Cuando se dice que nadie se mueve es un error, porque la cuestión es quién comienza una lucha seria hasta sus últimas consecuencias, con objetivos claros.

Por ejemplo es necesario plantear que la deuda se pague con el dinero que la ha creado. Establecer por lo tanto el embargo de las fortunas de políticos y empresarios que se han enriquecido con el dinero público, de los políticos convertidos luego en asesores de empresas e instituciones que se han llevado en conjunto, año tras año, ese el dinero que hoy da lugar a la deuda, la cual los gobernantes quieren resolver mermando los servicios públicos y bajar el poder adquisitivo de los trabajadores. Desde ex presidentes de gobierno, diputados, ministros, alcaldes y concejales, consejeros y diputados de comunidades autónomas y diputaciones se han enriquecido con inversiones erráticas que han producido los grandes beneficios. Es aquí donde está la deuda pública.

Una vez queda embargado el dinero que ha ocasionado la deuda pública poner en la mano de la ciudadanía el 20% del mismo del PIB, en forma de la Renta Básica Universal. De lo contrario políticos sin escrúpulos se lo seguirán llevando con la connivencia de empresarios de proyectos chorras como Urdangarín, constructores, directivos de empresas farmacéuticas, empresarios mineros, empresas de abastecimiento. El dinero público sólo puede ser para empresas públicas, nunca para el beneficio de empresas privadas.

Mientras que esto no se plantee y se haga una estrategia para vencer con el apoyo social, no es posible emprender la lucha necesaria para decir ¡al ataque!, y empezar. 

Ramiro Pinto

http://ramiropinto.es/

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