“Contra” el anarquismo. Un aporte al debate sobre las identidades

«Volver a empezar quiere decir: salir de la suspensión. Restablecer el contacto entre nuestros devenires». Tiqqun.

Muchas de nosotras llevamos tiempo preguntándonos sobre las identidades: ¿qué es la identidad? ¿Cómo se articula? ¿Es interesante o estratégicamente recomendable enarbolar las banderas identitarias dentro del marco de los procesos revolucionarios? Trataremos en este texto de aportar otra mirada al debate.

Entendemos por identidad el proceso simbólico y estructural de identificación o pertenencia, y por lo tanto también de separación. Es necesario realizar una distinción entre identidades impuestas por el biopoder (mujer, negro, gordo, etc) e “identidades revolucionarias” que son dadas a sí mismas por diversidad de organizaciones, colectivos o individualidades (anarquista, comunista, nihilista, etc), es decir, son identidades que no vienen impuestas por símbolos discursivos, sociales y lingüísticos históricamente determinados por el poder, sino que son dadas por los propios individuos.

En muchos casos, las identidades impuestas por el biopoder son categorías de opresión. Ser llamada mujer no te hace mujer, pero sí otorga una categoría social con lo que ello significa y conlleva. Reapropiarse, resignificar las categorías dadas por la opresión es, en la mayoría de los casos, un paso necesario para articular un empoderamiento colectivo desde la identidad. Como dice Nxu Zana, mujer indígena y feminista:

«es decir me impusieron una serie de disposiciones que debía cumplir por el hecho de ser mujer y de no hacerlo sería juzgada, castigada, marginada, estigmatizada y hasta violentada, con esto no estoy de acuerdo pero jamás negaría la realidad de mi cuerpo y lo que conlleva en mi grupo, historia, vida personal y colectiva, porque desecharlo implica negar una realidad y mi experiencia al respecto tratando de abandonarme en una mentira»

Nada tenemos que decir sobre estas identidades impuestas, pues tanto su función coactiva como su reapropiación están claras en el marco de una lucha discursiva, simbólica y material que se libra todos los días, en todas partes. Por otro lado, las “identidades revolucionarias” esconden tras de sí una serie de sutilidades que de cerca nos apestan.

Afirmamos sin que nos tiemble la voz que declararse “antisistema”, “anarquista” o cualquier otra etiqueta similar, representa hoy entrar en la lógica del poder. Esta declaración no es una simple provocación; es ante todo una necesidad tanto estratégica como conceptual. En pocas palabras, en el momento que alguna individualidad o colectivo se designa a sí mismo como “anarquista” (o cualquier otra etiqueta similar, se entiende), lo que está haciendo es dotarse voluntariamente de un rostro reconocible a ojos del poder y, de paso, se está separando del resto de la población. Recordemos que la lógica de la separación es siempre la lógica del poder. Con esta asignación identitaria se están señalando a sí mismos, están llamando la atención, y el poder se aprovecha de que se revistan con estas máscaras tan identificables. De esta forma al poder le resulta mucho más sencillo aislar, reprimir y discursivamente erigir un monstruo a ojos de los demás para mantener la separación que los propios anarquistas han creado. El resultado previsible de asumir esta estrategia es aislamiento, identificación y represión. Y mucha impotencia, de postre.

El poder, lejos de querer destruirnos (como en ocasiones leemos en algunos textos repartidos por las okupas de nuestros barrios), busca más bien “producirnos”. Producirnos como sujetos políticos; como anarquistas, antisistemas, radicales, etc. Producirnos para posteriormente poder neutralizar fácilmente cualquier tentativa de organización. Es hora de dejar atrás todo este lastre. Frente a la separación que generan las “identidades revolucionarias”, tan solo queda disolvernos. Disolverse significa: devenir indiscernibles, pasar inadvertidos, mantenerse apartados del radar mientras se actúa en los lugares donde habitamos, junto con la gente que nos es cercana, sin proclamar nada pero dejando que la práctica hable por nosotros.

La dialéctica que se sigue es la siguiente; se parte desde una cierta ideología preestablecida (con la consiguiente identidad anclada) y de forma completamente aislada, desde esa exterioridad, desde ese vacío, uno pretende bajar a la materialidad del mundo para “dirigirse a las masas” y conseguir tal o cual objetivo. Esto es política de extraterrestres y forma parte del fracaso en curso; es necesario invertir esta dialéctica. Más bien partimos de una cierta situación común, de unas ciertas necesidades y acompañados de ciertas personas heterogéneas sin ningún tipo de “identidad revolucionaria”, y es desde ahí, desde nuestra cotidianidad, desde los lugares que habitamos y junto con las personas de nuestro alrededor, donde construimos mediante la práctica colectiva una estrategia revolucionaria que puede apuntar al ideal más libertario que se quiera. Como dicen unos amigos; una comunidad no se experimenta jamás como identidad, sino como práctica, como una práctica común.

En el transcurso del conflicto, nos sorprende que una pregunta tan esencial como “¿qué aporta exactamente el hecho de que nos declaremos anarquistas?” no se formule. Anclados como estamos en viejas tradiciones revolucionarias, perdemos la claridad de lo que acontece ante nuestros ojos. Poner este aspecto sobre la mesa nos parece fundamental. Proclamarse anarquista (o cualquier otra “identidad revolucionaria”) no aporta ni facilita absolutamente nada, no incrementa nuestra potencia revolucionaria ni ayuda a una mejor o mayor organización. En cambio, nos aisla y nos hace un blanco fácil para la represión. Las identidades ideológicas son un pilar sobre el cual el enemigo se apoya, por lo tanto está en nuestras manos renunciar a ello. Foucault escribía acertadamente que «sin duda el objetivo principal hoy en día no es el de descubrir, sino el de rechazar lo que somos». Asumir esta premisa tan solo es un ejercicio de humildad y sinceridad. Esto no significa olvidar, y mucho menos a nuestros muertos, sino empezar de otra manera.

Nosotros partimos del siguiente punto; el contenido de una lucha reside en las prácticas que adopta, no en las finalidades que proclama. De nada sirve cargar con una mochila repleta de intransigencia identitaria, de purismo refinado y de radicalidad moral si seguimos anclados en esta parálisis colectiva. Actuando desde los lugares que habitamos y desarrollando formas de vida, no nos unen tanto las grandes pretensiones ideológicas sino más bien las pequeñas verdades comunes, dentro de un proceso complejo, dinámico y en ocasiones hasta contradictorio. Es en este punto donde nuestra potencia revolucionaria crece y puede devenir en algo más.

Finalmente, queremos señalar el divorcio que en muchas ocasiones se produce entre el mundo militante del ghetto (con todas sus identidades ideológicas) con la centralidad de la vida cotidiana. En otras palabras; en estos espacios no se abordan aspectos tan básicos y necesarios para la vida de cualquiera como son por ejemplo la vivienda, el transporte o el trabajo. Hacer charlas, debates y movilizarse pero descuidando organizarnos sobre la base de nuestras necesidades y situarse en un marco puramente ideológico e identitario es parte del problema. Tenemos que volver sobre la tierra. Es necesario demoler los muros que nosotros mismos hemos construido a nuestro alrededor. Esta escisión entre el mundo militante/identitario con la centralidad de la vida y sus necesidades son un obstáculo a superar; debemos operar un desplazamiento necesario hacia otro eje de coordenadas, y basar nuestra organización en lo verdaderamente político, es decir, en construir otras formas de vida junto con las personas que nos rodean. Esta escisión también es lo que permite que muchos militantes puedan abandonar la lucha al mínimo atisbo de duda individual y “retirarse”, ya que su actividad no gira en torno a aspectos centrales de la vida. Tan solo esa exterioridad con respecto a la vida puede permitir que eso sea posible. De lo contrario, no podría retirarse de aquello que vive cada día. No puede haber una esfera militante o identitaria y otra esfera apartada que corresponde a “la vida”; nuestra tarea es disolvernos, pasar desapercibidos, organizarnos en base a las necesidades de nuestras vidas y colectivamente poner en práctica nuestras aspiraciones.

Creemos firmemente que la lucha es otra cosa a lo que estamos acostumbrados. No nos sorprende que en ciertos espacios, muchas personas terminen quemadas de su actividad militante, hartas, vaciadas por la impotencia a la que se ven reducidas. No se puede disociar lucha y vida, de la misma manera que no podemos separarnos de los demás en base a no se qué identidad ideológica. Las relaciones de vecindad y amistad, simple y llanamente, constituyen la argamasa sobre la cual se asienta la llama de la insurrección. Son estos vínculos los únicos capaces de sostener una situación de emergencia revolucionaria, y por lucha y político también entendemos la proliferación de estos vínculos y su puesta en organización. El juego de la identidades ideológicas supone un lastre para que estos vínculos se constituyan, de manera que es hora de renunciar discursivamente y conceptualmente a esa parte de nosotros que tanto nos frena a avanzar en la construcción de otra forma de habitar este mundo.

 – Bari Dz –  [ @Bari_Dz  y @NombreFalso1231 ]

Fotografía: Christine Spengler

Las huertas vecinales como proyecto de regeneración social

Asistimos hoy en día a una atomización de los seres humanos, convertidos en meros individuos productores y consumidores. Las antiguas casas donde los miembros de la familia extensa compartían las labores y donde se apoyaban los unos en las otras (y viceversa), se han convertido hoy en pisos mono-individuo, comida preparada de supermercado, televisiones y hornos microondas. Las ciudades han pasado a ser un hábitat súper-poblado de humanos, pero paradójicamente ahora más solos y desprotegidos que antes. La nueva sociedad ha terminado por engullir en el sistema mercantil las labores de cuidados, y la producción de alimentos y recursos básicos, tan imprescindibles siempre para la vida humana, y que las comunidades habían guardado y gestionado para sí durante miles de años.

Depresiones, generaciones frustradas, rupturas familiares, delincuencia, drogodependencia,… son solamente algunas de las actuales epidemias de esta forma moderna de sociedad, que ya ha emergido como predominante en el llamado “mundo desarrollado”.

En este contexto, quiero hacer alabanza de los proyectos comunitarios que, pese a todo, han surgido desde la base del pueblo para regenerar y mantener el tejido social que las ciudades han desmembrado.

En especial, me parece excepcionalmente paradigmático el ejemplo de las huertas urbanas vecinales. En mi experiencia participando en dos huertas de este tipo durante un año, he podido ver como vecinos que antes no se conocían, ahora se saludan y conversan la una con el otro a diario. He podido ver como personas de diferentes edades aprenden unos de las otras y trabajan juntas. Así, los mayores disfrutan viendo como las plantas crecen y prosperan, y los pequeños gozan de pequeño oasis natural donde pueden apreciar el ciclo de la vida en la naturaleza que la ciudad les mantiene tan alejados. También, he podido ver como personas que estaban o que aún están pasando momentos difíciles, han encontrado un lugar sano donde conocer gente, sentirse queridos y útiles. Y también, he podido ver cómo un espacio antes descuidado y perdido, ahora es un lugar lleno de vida (¡y tan rica vida!) y color (¡de flores y pintura!), que se ha convertido en un centro de aprendizaje, trabajo y celebración. Los muebles, la tierra, los juguetes para los niños (y no tan niños), todo hecho por y para los vecinos que crean y se re-crean con el espacio.

Y no, no hemos tenido que pedir permiso al Ayuntamiento ni a una institución de servicios sociales, ni hemos redactado unas bases con unas líneas bien definidas políticamente; pero definitivamente estamos haciendo barrio, estamos juntando a gente y estamos empoderando personas.

Con esto solo quiero alegrarme y trasmitir mi alegría. Pedir que las huertas comunitarias sigan creciendo, como ya lo están haciendo. Y animar a la activación de toda clase de iniciativas populares e inclusivas que sirvan como elemento regenerador de la sociedad, como herramienta de autonomía y como ejemplo de autogestión comunitaria.

Porque el trabajo para el común no esclaviza, sino que empodera.

¡10, 100, 1000 huertas urbanas!

Quasipodo

Carta de un anarquista ibérico en el norte de Siria ¿Qué podemos aprender de la revolución de Rojava?

Lo que acontece en Rojava a dia de hoy es una revolución. No es perfecta, no es la utopia que podemos soñar mientras leemos a Bonano en nuestros sofás reciclados, no es la espontánea insurrección contra toda autoridad que nos cuenta un comité invisible, no es la épica revolución que imaginámos cuando hablamos de la guerra del 36. Pero es aquí y es ahora, y es lo más cercano a una revolución que podemos experimentar a día de hoy. Depende de nosotras que pase a la historia como tal.

Lo que acontece en el norte de Siria es un movimiento popular, organizado y armado; que lucha por existir y administrar un territorio contra las fuerzas que buscan ocuparlo. En base a la acción colectiva se está defendiendo un proceso revolucionario de gran tamaño, donde la gente se organiza bajo principios de democrácia, pluralismo y liberación de la mujer.

En Rojava se vive es una sangrienta guerra que se combate a muchos niveles, donde no solo se lucha en el frente contra el Daesh o contra el ejercito turco. Se lucha en las ciudades y en el campo, buscando construir un sistema económico que ponga freno al capitalismo que destruye la sociedad y la tierra que la sostiene. Se lucha en las familias y en las comunidades, buscando poner fin al sistema patriarcal que oprime a las mujeres, desafiando la gerontocrácia que niega el potencial de la juventud, y construyendo una sociedad comunal y autoorganizada. Se lucha también en las instituciones, buscando construir un sistema democrático donde la gente pueda decidir sobre sus vidas y sobre la tierra que habita, consolidando consejos comunales donde la gente pueda solucionar los problemas a nivel colectivo. Se lucha también en las mentes una guerra ideológica, combatiendo la mentalidad individualista, liberal, capitalista y patriarcal en que los poderes hegemonicos sustentan su poder. Sobretodo se lucha en las mentes. Y la forma de combatir és educación, convivencia, formación colectiva y popular, donde podámos aprender a discernir lo que de verdad necesitamos para vivir de lo que el sistema nos cuenta que necesitamos para sobrevivir.

En Rojava podemos aprender que la manera que tiene el poder de perpetuarse consiste en mantenernos aislados, enfrentados los unos contra los otros, para presentarse luego como el salvador que – usando los sistemas de monopolio y centralización llamados Estados – logra incidir en la sociedad, fingiendo solucionar problemas. Podemos aprender que las estadisticas que presentan cuando dicen que hemos salido de la crisis, no son más que numeros y gráficos que sustentan su historia, la historia del poder. Que así es como fingen que, gracias a sus intervenciones, la nación está a salvo, y que han logrado evitar el desastre que ellos mismos han provocado. Y podemos aprender que no solo han logrado perpetuar su sistema de explotación y pillage, sino que han logrado reforzarlo y blindarlo todavía más. Quizás no hace falta ir a Rojava para aprender estas cosas, pero desde aquí se ve más claro que nunca que la solución a nuestros problemas no vendrá de su mano, ni de sus parlamentos, ni siquiera de los ayuntamientos que ahora se proclaman del cambio. La solución tiene que venir de la gente, porque solo el pueblo salva el pueblo.

Con eso no quiero decir que todo el esfuerzo invertido en penetrar en sus instituciones sea en vano. Las instituciones en sí mismas son heramientas que deben ser usadas de manera adecuada, pero no solo las instuciones del Estado. La PAH, por ejemplo, ha sido capaz de solucionar más problemas que el ministerio de vivienda. La forma adecuada de comprender y de usar las instiruciones, es cuando sirven para liberar las personas oprimidas de sus opresores. Y sobre eso también podemos aprender en Rojava. Alcanzar las instituciones del Estado puede valer cuando detrás de la gente que ocupa esas instituciones, hay una organización popular revolucionaria, dispuesta a obligar a dichas instituciones a hacer lo que es correcto y a remediar los problemas que han causado. De lo contrario, solo se convierten en herramientas de desmovilización, traicionando las esperanzas de la gente que habia depositado su esperanza en discursos que se revelan vacios, sembrando así discordia y desconfianza.

Estado, colonialismo y revolución

Lo que acontece hoy en Rojava es el resultado de más 4 décadas de experiencia y de organización revolucionaria. El modelo social que aquí se construye se debe a decenas de miles de personas, mujeres y hombres, armadas y entrenadas para defenderse, y que han sido capces de hacer frente a las fuerzas opresoras que luchan por invadir sus hogares. La expulsión del Estado Islámico de sus tierras ha hecho caer las máscaras, y el ejercito turco ha optado por continuar su sangrienta guerra en Afrín, esta vez con sus propios soldados. El Estado Turco, como todos los Estados, necesita de la guerra para sobrevivir. La guerra es su razón de ser y su principio para prevalecer. Cuando el conflicto militar no es rentable, el Estado usará todo tipo de herramientas y estrategias para doblegar su enemigo (la sociedad democrática), desde la guerra económica, mediática, o ambiental. Pero cuando con esas armas no logra sus objetivos, el ultimo recurso simpre va a ser el uso de la fuerza bruta, la ofensiva militar. Y eso es algo que debemos aprender de Rojava.

Los Estados occidentales no son muy distintos a los Estados de Oriente Medio, con la diferencia que quienes somos clasificados como sus ‘ciudadanos’ contamos con numerosas comodidades y privilegios. Esos privilegios sirven de colchón para demorar la resistencia, para prevenir un movimiento revolucionario que logre poner en entredicho su hegemonía. Y es importante recordar que, esas comodidades y privilegios, provienen en su mayor medida de la explotación y el expolio de lo que hemos clasificado como tercer mundo.

El Estado Español es un viejo conocedor de la explotación colonial. Las brutales incursiones y conquistas en America Latina, iniciadas 5 siglos atrás saqueando y aniquilando la población indigena, trajo grandes riquezas y ganancias al reino. Se consolidaron así monopolios que permitieron mantener cierta hegemonia frente al industrialismo capitalista, que nacía en aquel entonces en Inglaterra. Este sistema de imperialismo colonial, del que el Estado Epañol y el Estado Portugués fueron pioneros, se extendió luego de la mano de otros Estados europeos por Africa, Asia y Oriente Medio. Y es precisamente ese modelo el que se combate ahora en Rojava, con la experiencia de más de cuatro décadas de movimiento revolucionario por la Liberación de Kurdistán, y con la herencia de siglos movimientos anticoloniales en el mundo entero.

Una lucha internacionalista

Desde el inicio de la revolución en 2012, Rojava se ha proclamado como una revolución internacionalista. Cientos de personas – en su mayoria occidentales, también hay que decirlo- han acudido a la llamada para defender la revolución, y decénas de ellas en caido mártires luchando contra quienes han tratado de aniquilarla. En Rojava podemos aprender a valorar el enorme sacrificio de quienes han dado su vida para defender la revolución, no solo la de Rojava, sino todos movimientos revolucionarios que han luchado por un mundo más justo y más humano.

La revolución que se vivió en España en 1936 es, a dia de hoy, un importantisimo hito para el internacionalismo revolucionario. Decenas de miles de militantes socialistas de más de 50 paises dejaron atras sus hogares, haciendo frente común contra el fascismo que se alzó en armas, sabiendo que si éste no era detenido en España se extenderia también en sus paises. Más de un tercio de estas brigadas internacionales cayeron mártires en combate, y debemos honrar su memoria y su lucha junto con las y los militantes locales que, desde distintas organizaciones revolucionarias, se unieron en un frente popular para hacer frente a la barbárie del fascismo, vestido entonces de nacional-catolicismo.

En Rojava, el fascismo se disfrazó de califáto islámico, canalizando así el odio y la frustración acumulados tras años de injerencia imperialista. La brutal invasión de Iraq en 2003, liderada por EEUU y con la total complicidad del Estado Español, ha sido uno de los grandes causantes de terror y rencor, que ha permitido a la barbárie del Estado Islámico consolidarse fugazmente. Pero a diferencia del 36, en Rojava el movimiento revolucionario ha sido capaz de doblegar al enemigo.

El fin de la guerra en el 39, fue el detonante de lo que fue la segunda guerra mundial, cuando Hitler logró hacerse con el control del Estado Aleman para expandir el terror por Europa. Hoy Erdogán sigue sus pasos, y las brutales tensiones geostratégicas acumuladas en Siria en estos más de 7 años de guerra, puede desatar una guerra de igual o mayor envergadura.

¿Si no tu, quién? ¿Si no ahora, cuándo?

El fascismo avanza si no se le combate, y la invasión de Afrín ha sido el terrible recordatorio que la paz alcanzada en Rojava, tras derrotar al Daesh, no significa nada mientras Erdogán siga al frente del Estado Turco.

El alzamiento fascista que vivió España en 1936 fue respondido por un alzamiento revolucionario dispuesto a ponerle fin. Ante tal extrema situación, decenas de organizaciones socialistas – coordinadas por los esfuerzos de los congresos internacionales de trabajadores – hicieron un llamamiento global para poner fin al fascismo en España. Pero el fascimo también es capaz de internacionalizarse cuando lo necesita, y así como Italia y Alemania acudieron a la ayuda del Genral Franco, miles de yihadistas acudieron a la llamada del califa Al Bagdadi.

Ahora el fascismo islámico en Rojava tiene una nueva bandera, y Erdogán ha renovado el pacto con las milicias herederas de Al Qaeda para ocupar Afrín. Hoy amenazan Manbij, y no se detendrán si no les hacemos frente. Las internacionales socialistas ya no son más que cenizas, de las que debemos resurgir cuál fénix para hacer frente a la bárbarie. También las luchas anti-coloniales y las resistencias anti-imperialistas deben responder con fuerza ante esta brutal agresión contra territorio sirio por parte de Turquía, ejercito clave de la sangrienta alianza militar que es la OTAN.

Rojava está preparada para recibir todo el apoyo que internacionalistas del mundo entero puedan ofrecer. Esta revolución puder ser la retaguardia que necesitamos, una retaguardia para movimientos revolucionarios de todo el mundo como lo fué Palestina. Para hacer frente al capitalismo global, debemos desarrollar un movimiento revolucionario global, capaz de enfrentar al enemigo allí donde ateque. Debémos hacer todo cuanto esté en nuestras manos para defender esta revolución, no permitámos que la solidaridad se quede solo en palabras. ¿Si no nosotras, quiénes? ¿si no aquí, dónde?¿Si no ahora, cuándo?

¡Viva la solidaridad internacional!

Ernesto Durruti

Academia Internacionalista şehîd Hêlîn Quereçox

Rojava, junio 2018

 

Las contemporáneas interpelaciones de Mujeres Libres para la deconstrucción de nuestras masculinidades [Parte 2]

Continuamos este amplio texto que repasa las ideas inscritas en Mujeres Libres para barrer nuestras masculinidades desde la raíz, si te perdiste el comienzo, y antes de leer esta segunda parte, te recomendamos echar un vistazo a la primera parte.

 

3º  Aprendamos, reflexionemos, iniciemos la deconstrucción de nuestra masculinidad: singularidades interrelacionadas en devenires diversos.

(La pregunta es si se puede acabar con la desigualdad sin terminar también con la masculinidad y, por lo tanto, si esta se debe reformar, transformar o abolir).

La propuesta que proponemos para nosotros los hombres no es la terapéutica de mirarnos al ombliguito buscando nuestra esencia ensuciada por la dominación del capitalismo heteropatriarcal y encontrar desde la intimidad ese hombre verdadero, ese “buen salvaje natural” (como botón de muestra el gabinete psicológico terapéutico para revisar masculinidades que como experiencia piloto está desarrollando el Ayto. de Barcelona, 20 Minutos 25-04-17). Esta propuesta se aleja de las de inteligencia emocional que únicamente buscan soluciones individuales a problemas sistémicos, de ahí que nuestro deseo sea cuestionarnos el heteropatriarcado que llevamos en nuestros corazones así como, y de manera imbricada con esto, cuestionar el heteropatriarcado capitalista como forma de dominación. Queremos salirnos del dilema micro-macro, queremos asumir que “lo personal es político y lo político es personal”.

La actual crisis económica se refleja claramente en la crisis demográfica, preocupación de Estados y patronos en cuanto a la reposición y reproducción de los recursos humanos, que es como nos ven ellos/as a las personas asalariadas, en momentos de recortes de los servicios sociales que anteriormente proporcionaba el desaparecido estado del bienestar. Una de las políticas que el estado está tanteando son las campañas públicas dirigidas a reeducar a los hombres para que se conviertan en “nuevos padres” que compartan igualitariamente los trabajos de cuidados “La corresponsabilidad de los hombres en las tareas domésticas y de cuidado.  …..hay más problemas por la falta de corresponsabilidad” [postura del PP  sobre conciliación (el País  29-07-12) ]. Con nuestra propuesta no queremos propiciar cambios que terminen siendo funcionales, aprovechables para quienes nos explotan y oprimen, queremos definitivamente iniciar el camino de una radical deconstrucción creativa de la masculinidad desde una perspectiva antagonista que aúne holísticamente todos los aspectos de la jerarquía capitalista-heteropatriarcal, en la que no perdamos de vista las repercusiones estructurales de nuestra actividad cotidiana, así como emprender el camino de búsqueda, que se quiere coherente en sus límites, de la libertad y la igualdad en esa cotidianeidad.

  • Cuestionando-nos (lo personal) el heteropatriarcado capitalista

En el cuestionamiento en lo personal de ese heteropatriarcado capitalista que proponemos es entendiendo que las personas somos producto de nuestras circunstancias y de las líneas de opresión que nos cruzan; sin embargo esta opresión que tenemos incorporada no nos determina para siempre ni nos desresponsabiliza de nuestras prácticas tanto personales y cotidianas como de las más políticas (¿porqué los hombres no leemos-reflexionamos sobre feminismo aunque nos parezca importante?). A su vez esta posible y necesaria agencia para cambiar/nos no implica mostrarnos como sujetos totalmente libres y sin limitación alguna en la estela de ese producto del contemporáneo imaginario de dominación en el que vivimos como es el “self-made-man”, tan masculinista-individualista-heroico-competitivo.

Somos producto de líneas de dominación, aunque también podemos ser productores de otro imaginario y otras prácticas.

Empecemos a preguntarnos como lo hace Ana Ocaña (del Grupo de Mujeres CGT Madrid en “Rojo y Negro”, abril 2017): “Entonces bien, si encontramos que teóricamente el anarquismo es, o debe ser feminista per se, en base al objetivo de destrucción de toda jerarquía, ¿por qué a pesar de ello seguimos reproduciendo patrones de dominación propios del modelo patriarcal?”. Mirar de frente nuestros privilegios heteropatriarcales (en el hogar, en el curro, en el CSO o en el sindicato o cuando oímos y/o vemos a otros con conductas machirulas y callamos en pos de la fraternidad masculina, etc.) y la cara política de estos es nuestra labor, es nuestro trabajo si queremos verdaderamente llevar un mundo nuevo en nuestros corazones. Privilegios que gozamos en base a nuestra mirada, cómplice, no lo olvidemos, con la actual sociedad de dominación, que como Sujeto mira a la mujer como Objeto a poseer y dominar, nunca como otro Sujeto igual, que no idéntico [de ahí la violencia machista (“serás mía, nunca de otro”), los acosos y violaciones, la cosificación sexual que rompe y separa los cuerpos de las mujeres en trozos de carne, etc.]

Mirada masculina cuya estratagema es la naturalización de las mujeres (los Ilustrados iniciaron el dispositivo de la  moderna dominación patriarcal con argumentos similares a: “iguales somos, pero con distinta naturaleza, que hace que nosotros nos ocupemos de lo racional, lo público, la política y las mujeres de lo emocional y las pasiones; de lo privado”), naturalizaciónpara inculcar un falso, pero real, sentimiento  de inferioridad. Cuando estás acostumbrado al privilegio, inculcado por un falso, pero real, sentimiento de superioridad, la igualdad, los hombres la sentimos como opresión [“soy un hombre no puedo cambiar” (alguien que había acosado a una compañera en un CSO)]; desde lo personal y lo político los hombres no podemos más mirar cínicamente para otro lado respecto a lo que ha hecho de nosotros y nuestros privilegios la sociedad capitalista-heteropatriarcal [“como le voy a quitar “a mi mujer” esa ilusión que tiene en prepararme la comida y cuidarme”(veterano compañero anarcosindicalista)]. Es necesario iniciar un cambio radical, que no por tortuoso, doloroso y lento podemos dejar de iniciar humilde y pacientemente, pero iniciarlo desde ya. [“es algo a muy, muy largo plazo” (disculpa de otro veterano por no asistir a un debate sobre economía feminista)].

El proceso de deconstrucción de la masculinidad sabemos, los que lo iniciamos ahora, que nunca terminará, siempre será incompleto, parcial; tampoco será automático, ni armonioso, pues nos depara, a menudo desgarros y vergüenza propia [“recuerdo hace años que violé a mi compañera de entonces mientras dormía, aunque no lo viví como una violación”]. Utilizando, para nuestro propósito, lo que nos dice Castoriadis, referente a la autonomía y la eliminación del mensaje de la dominación incrustado en nosotros mismos , diríamos que “la deconstrucción de nuestra masculinidad no es pues elucidación racional sin residuo y eliminación total del discurso heteropatriarcal no sabido como tal”.

Este es un proceso activo, es un esfuerzo que exige, por un lado, persistencia que implica cierto dolor y tiempo para reflexionar “es lo mismo que una cerilla en medio de un campo en plena noche; una cerilla apenas ilumina, pero nos permite ver cuánta oscuridad hay alrededor”, por el otro, demanda creatividad pues “……no buscaríamos nuestro sexo verdadero, sino indagar y deconstruir nuestro sexo falseado para crear y conquistar nuestro sexo imaginario.”

Asimismo, su creación requiere una disposición interna de ironía para con uno mismo, de sentido no trágico de los propios fracasos: ser capaz de contemplar el poco edificante espectáculo de nuestros propios errores y fracasos. En contra de siglos de filosofía logocéntrica establecida que nos obliga a suplir la falta con una ultracompresión racionalista y en oposición a la ideología de la melancolía, uno debe tener, pues, la valentía de asomarse al borde del abismo, mirarlo y dejar que otras fuerzas vengan al rescate.

Desconstruir al borde del abismo, saber que la identidad es, según J. Carrey, “el ancla de un barco que no existe”. Sin embargo, habría que decirle a Carrey que ese ancla y ese barco inexistente si que están en un mar de opresión y dominación heteropatriarcal capitalista, ese sexo falseado a deconstruir mencionado más arriba,nos ha configurado, moldea nuestro deseo, enciende nuestros miedos y nos provee de las palabras para explicarnos y darnos sentido; somos su producto. No desviarnos en la quimera capitalista de los sujetos libres que nos moldeamos a nuestro antojo, del hombre hecho a sí mismo, ¡héroe de todas las batallas!, es otra de nuestras tareas .

Si sabemos que no estamos determinados totalmente y que tampoco somos dioses creadores de nosotros mismos tendremos que conjugar y asumir un doble carácter: como productos sociales (con toda la toxicidad de la dominación en nosotros mismos) y, a su vez, como productores (con el deseo de desprendernos paciente y perseverantemente de toda esa mierda) ya que “no es lo que han hecho de nosotros (el mercado, el estado, el heteropatriarcado) sino lo que nosotros hacemos con eso que han hecho de nosotros”. Deconstruir para crear, más bien para iniciar pues un proceso de destrucción de la masculinidad mediante un cultivo paciente y esforzado del tipo de interacción con los demás. Aquí la amistad es muy importante en este sentido, es el saber que nuestro trabajo y todo lo aprendido o adquirido lo es por contaminación, a través de los amigos, los compañeros en el proceso.

 Proceso opuesto a las normas de la “fraternidad” o camaradería viril que celebra la cultura heteropatriarcal, de ahí que busquemos la amistadde los feminismos y los movimientos LGTBQs(al igual que buscamos la amistad de las ideas y la tradición libertaria)si queremos aprender y activa, humilde y pacientemente deconstruirnos y crear para llegar a la igualdad en la diversidad real que no la igualdad de oportunidades estratagema en la que se conforma la sociedad contemporánea.

  • Cuestionando (lo político) el capitalismo heteropatriarcal.

En agosto de 2017 aparecía en prensa una noticia “El regreso de los clubs de mujeres”, en estos clubs se reunirían mujeres profesionales y amas de casa de clase media (el club madrileño está situado en el barrio de Salamanca) para celebrar fiestas, charlas, biblioteca, etc. El club de Madrid es el único que admite a “algunos hombres buenos”. Enfrentados a esa idea de “buenrrollismo” de algunos hombres majetes cuyo objetivo sea alcanzar la igualdad de derechos sin preguntarse siquiera por la sociedad en la que se da esa desigualdad, recogemos las palabras de Paco Vidarte: “No por caridad. No porque se nos exija ser más buena gente que nadie…..    Sino porque la homofobía, como forma sistémica de opresión, forma un entramado muy tupido con el resto de formas de opresión, está imbricado con ellas…” (Ética marica). Nos enfrentaríamos, pues que la opresión de género, de clase, de sexualidad, raza,etc,etc,  buscando coherencia “Si un negro es agredido por unos nazis, ello repercute en la misoginia de la sociedad”(P. Vidarte).

Muchos historiadores señalan los siglos XVII y XVIII como periodos de enorme cambio en nuestras concepciones del sexo y la sexualidad. Según Foucault el capitalismo pujante necesitaba nuevos métodos para controlar «la inserción de los cuerpos en la maquinaria productiva y el ajuste de los fenómenos poblacionales a los procesos productivos”; “la biopolítica de la población surgió a principios del S XIX, a medida que los pioneros de las ciencias sociales comenzaron a desarrollar los métodos estadísticos (nos hemos convertido en una “sociedad de normalización”) necesarios para supervisar y gestionar ¨la natalidad y la mortalidad, el nivel de salud, la esperanza de vida”. El conocimiento disciplinario acumulado en los campos de la embriología, la endocrinología, la cirugía, la psicología y la bioquímica ha movido a los médicos a intentar controlar el género mismo del cuerpo, incluyendo también “sus capacidades, gestos, movimientos, situaciones y comportamientos”.

Es necesario, pues, ir generando un imaginario radicalmente antagonista al andro-antropo-heterocéntrico de la barbarie social capitalista en la que ¡ya! estamos inmersas:

            Al de la mercancía y el trabajo asalariado, si, si asimismo asumimos la troncal importancia que el trabajo invisibilizado de los cuidados tiene para la reproducción social en el capitalismo; son caras de una única moneda, en la que los hombres de claros privilegios y que no se solucionará con instituciones sociales como guarderías o lavanderías. Recordemos a las feministas italianas de Lotta Feminista en los 70 quienes recibían risas burlonas de sus camaradas varones que consideraban (los cuidados) “ni siquiera como un trabajo verdadero, pues con las guarderías se resolverían todos los problemas” ellas respondían: “Maternidad, elección irreversible que condiciona toda la vida femenina y que no se resolvía llevando a las niñas a la guardería…  una mujer en casa siempre está de turno, decíamos… la disponibilidad mental para planificar y afrontar las obligaciones e imprevistos de nuestra acción”. Hace unos meses, un veterano militante anarcosindicalista nos decía que la sociedad por la que él luchaba era aquella en la que los medios de producción estarían autogestionados en base a la implantación generalizada de asambleas obreras. Las preguntas que le hicimos les que escuchábamos fueron, entre otras: ¿quién asistiría a esas asambleas? [los obreros, respondió]; ¿quién se encargaría de las labores de cuidados? [las cooperativas sociales de lavandería, la comunidad del cuidado y educación, etc. dijo]; ¿quiénes se encargarían de realizar todos esos trabajos? ¿Quién dejaría de asistir a una reunión si a la abuela hubiera que cambiarla el pañal y acostarla? […………. dijo].

            A las identidades heterocentradas, pues es muy correcto hablar del respeto que nos merecen les LGTBs. Pero ir a la raíz es asumir la crítica a la impronta de sujeción que, la medicina, la psiquiatría, la sociología, la psicología, etc. ciencias todas ellas desarrolladas, no lo olvidemos, junto y a su vez que el proceso histórico de forja del capitalismo.

Ciencias responsables de la producción de distintos binarios que representaran la realidad social (individuo/comunidad, naturaleza/cultura, privado/público, homo/hetero, masculino/femenino, sexo/género, cuerpo/mente) como extremos irreconciliables y antagónicos. Binarios que oscurecen la diversidad y el continuo entre esos supuestos pares “irreconciliables” de la realidad de las personas en un intento de ahormarnos y sujetarnos pues ¿qué hetero no ha vivido en algún momento de sus vidas un “acontecimiento” no enteramente hetero? ¿de dónde nos viene a los hombres hetero ese terror a desear a o a ser deseado por otro hombre? Sujeción que indica lo que es normal y lo perverso en los seres humanos, provocando un cambio desde lo que anteriormente era considerado como prácticas punibles a la consideración “científica” de la desviación;

            Al modelo de individuo atomizado-competitivo hasta la paranoia y las distintas formas de familias nucleares (no es más que individualismo a dos), cuya argamasa es el amor romántico;

            Al modelo de comunidad imperante: que difumina la diversidad en el 99% (sexual, racial, funcional, etc) y que promueve la emotiva y acrítica adhesión (a la empresa, al líder, a la tradición y la sangre etc, etc ); [“el ser humano es gregario, dice uno; eso solo lo puede decir o alguien que ya se considera un animal de granja o, peor aún, alguien que cree ser pastor de un rebaño humano, responde la otra];

            Al modelo extractivista de desarrollo cuyos efectos sufrimos cotidianamente (vivir mejor es vivir con menos). “Los filósofos y políticos ilustrados veían la dependencia de los seres humanos para con la naturaleza como un ultraje, un desafío al derecho del hombre a la libertad, sin más condiciones que las impuestas por él, que por lo tanto debía ser suprimida por la fuerza y violentamente.  La racionalidad occidental, el paradigma occidental de la ciencia y su concepto de la libertad se basan todos en la superación y la trascendencia de esta dependencia, en la subordinación de la naturaleza a la voluntad (masculina) y en el desentrañamiento de la magia de todas sus fuerzas” (pg. 66). “También entendimos que, desde el inicio del patriarcado, las mujeres de todo el mundo fueron también tratadas como “naturaleza”, desprovistas de racionalidad, con su cuerpo funcionando de la misma manera instintiva que otros mamíferos. Al igual que la naturaleza, podían ser oprimidas, explotadas y dominadas por el hombre” (pg. 30).

            Al racismo no solo de la extrema derecha sino al que acepta pagar menos a la trabajadora “extranjera” que cuida de nuestras personas dependientes.

Esto se acaba. Estas palabras no buscan más que intentar contribuir a un debate apenas iniciado entre los hombres que se autodenominan libertarios, debate en torno a lo íntimamente interconectados que están los ejes de dominación, la lucha de clases, el racismo, la lucha contra la dominación heteropatriarcal, etc.

Os animamos a crear espacios de debate y reflexión, grupos de hombres o lo que sean, entre les colegas del barrio, los compañeros del centro social o del sindicato, de la fábrica o las aulas que no se cieguen en la psicologización de la “identidad masculina”. Que cargados de rabia antagonista antiautoritaria en lo personal/político, con paciencia y humildad, dado que no es tarea de un día para otro desprendernos de jerarquías y privilegios e ir creando prácticas transformadoras/abolicionistas de nuestra masculinidad, prácticas anticapitalistas, prácticas comunistas libertarias.

«No es lo que han hecho de nosotros (el mercado, el Estado, el heteropatriarcado) sino lo que nosotros hacemos con eso que han hecho de nosotros».

Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.

 

*  «Rebeldes periféricas del S XIX. Pioneras en tiempos salvajes».  Ana Muiña

*  «Rojas. Las mujeres republicanas en la guerra civil». Mary Nash (MN)

*  «Mujeres Libres. El anarquismo y la lucha por la emancipación de las mujeres».  Martha Ackelsberg (MA)

* ”Dos intelectuales anarquistas frente al problema de la mujer: Federica Montseny y Lucia SanchezSaornil” artículo de Mary Nash (MN-2)

*”Sin vuelta de hoja. Sexismo:poder, placer y trabajo”. Mª Jesús Izquierdo

* “Transposiciones”. Rosi Braidotti.

* “La institución imaginaria de la sociedad”. Cornelius Castoriadis.

*  “Cuerpos sexuados”. Anne Fausto-Sterling.

*  Lucía Sánchez Saornil. Poeta, periodista y fundadora de MM LL. Antonia Fontanillas  Borrás y Pau Martínez  Muñoz.

*  “Ecofeminismo”.  María Mies y Vandana Shiva.

*  “Foucault y la genealogía de los sexos”. Rosa MªRodriguez Magda.

*  “Subversión feminista de la economía”. Amaia Perez Orozco

*  “Masculinidades y feminismo”. Jokin Azpiazu Carballo

*  “Intersecciones: cuerpos y sexualidades en la encrucijada” R. Lucas Platero [ed.]

 

Gerardo Romero Díaz,

texto presentado en las jornadas que se hicieron en el aniversario de Mujeres Libres (organizadas por los grupos de mujeres de CGT)

Las contemporáneas interpelaciones de Mujeres Libres para la deconstrucción de nuestras masculinidades [Parte 1]

Algunos comentarios de uno cualquiera para iniciar un debate entre compañeros.

 

1ª   La tradicional misoginia del movimiento obrero libertario no ha cambiado demasiado:

Desde sus inicios, los obreros forjaron un pacto implícito con los patronos (sirva de ejemplo la huelga que durante cuatro meses los trabajadores de las fábricas de pasta de sopa, de la Barcelona de 1915, para imponer a la patronal la expulsión de las compañeras y la introducción de una reglamentación laboral que las impidiera trabajar en ese ramo), que más allá de las declaraciones congresuales tomo la forma del salario familiar por la que el hombre se convertía en una especie de patrón en el hogar obrero, y por otro lado, en esa subordinación, la identidad de las mujeres se fijó  tradicionalmente en la domesticidad y maternidad. En una carta Proudhon (1857) dice  “ ….. a su imperfección sexual. Por esta palabra, cuya exactitud no puede reprocharse, entiendo la calidad de su entendimiento, que no le permite captar la relación de las cosas si nosotros, los hombres, no se las hacemos tocar con el dedo. Hay en ustedes las mujeres, tanto en cerebro como en el vientre, cierto órgano incapaz por sí mismo de vencer su inercia innata, y que sólo el espíritu masculino puede hacer funcionar……”. En respuesta a las tesis de Proudhon, Joseph Déjacque afirmó que alguien no se puede considerar anarquista si no es feminista.

Durante el exilio en Francia muchos militantes tuvieron una vida privada en contradicción con la pública [según se cuenta en “Horacio Prieto, mi padre”, “en las visitas con su madre a casa de sus amigas (compañeras de militantes y algunas de ellas activas militantes feministas como la propia Luz) cuando era un niño, César pudo escucharlas hablar de sus sufrimientos y de la deplorable conducta de sus compañeros hacia ellas. Desprecio, falta de escucha, violencia física incluso].

En la actualidad se escuchan recurrentes comentarios masculinos en los debates feministas libertarias en los que siguen interrogando por el papel que tienen las propias mujeres, en definitiva, responsabilizándolas, durante la educación patriarcal que inoculan a su prole. Nunca se preguntan por su papel, por sus privilegios al no asumir ningún papel en ese trabajo invisibilizado-naturalizado y realizado por mujeres. No se han interesado por el mensaje de los feminismos, ni siquiera han estudiado las aportaciones libertarias del anarco-feminismo de Mujeres Libres (MM.LL. de ahora en adelante). Es muy fácil autoproclamarse feminista, muchos hombres se adjudican ese adjetivo, actitud que no es más que pura estética vacía de los que no quieren incidir en sus privilegios heteropatriarcales y sin embargo prestos cogemos la pancarta feminista. Estamos cómodos en esa jerarquía, pero en el momento en que se nos reclama desprendernos de nuestros privilegios masculinos es cuando nuestros comentarios son del tipo “las feministas dividen la lucha” “paranoicas”, “histéricas”, incluso y cuando las compañeras no están, “¡feminazis!”. Cómodos en el privilegio [en los cuidados, en el sindicato, en el curro, en las relaciones] , cuando la igualdad nos involucra directamente la sentimos como opresión de “las que están sacando las cosas de quicio”.

En definitiva es mucho más grato referirse a los cuidados que amorosamente prestan tantas mujeres y a cómo los capitalistas las explotan que cuestionarse cuánto mejor vivo yo sin limpiar el váter.

2ª  Ideas de Mujeres Libres que nos interpelan a los libertarios de hoy:

  • Diversidad de miradas dentro y fuera de MM.LL.

El Congreso de Zaragoza de mayo de 1936 formuló claramente la posición igualitaria de la CNT; en su dictamen sobre “el concepto confederal del comunismo libertario” se dice lo siguiente: “…..la interdependencia creada, por razones de inferioridad económica, en el régimen capitalista entre el hombre y la mujer desaparecerá con él. Se entiende por lo tanto, que los dos sexos serán iguales, tanto en derechos como en deberes”. Aceptar la opinión de que las mujeres estaban explotadas económicamente y de que su subordinación debía ser uno de los centros de atención no significaba que se estuviera de acuerdo sobre la naturaleza de la explotación o sobre cuál era el mejor modo de superarla; muchos argumentaban que las mujeres debían contribuir a su propia emancipación apoyando a los revolucionarios varones.

El desafío anarco-feminista al discurso de la domesticidad fue minoritario en el movimiento libertario y en MM LL. Federica Montseny, por ejemplo, consideraba imprescindible educar socialmente a la mujer ya que esta era un freno para la revolución social (unos de sus series más importantes de artículos tenían el título de “la mujer, problema del hombre”), y si bien colaboró esporádicamente con MM.LL., no creía en la existencia de una opresión específica que sufrieran las mujeres. Sostenía que las mujeres podían llevar cualquier estilo de vida que quisieran si disponían de la suficiente fuerza de voluntad para hacerlo: “Los dos sexos están oprimidos, no sólo las mujeres. Por consiguiente, únicamente hay una liberación por la que tienen que luchar tanto hombres como mujeres. Esa es la razón por la que no tenemos una organización exclusivamente femenina”. Respecto a los hijos, representaban un medio para la realización de la persona, aunque no revestía igual papel según los sexos: ”La madre ha de ser un artista, un poeta de la forma y del sentimiento. Y el hijo la culminación artística….” “mujer sin hijos, árbol sin fruto, rosal  sin rosas“ (los hijos) por ley natural pertenecen a la madre”(MN-2;  82).

Una de las fundadoras de MM.LL., Mercedes Comaposada declaraba: “Nuestro organismo está creado y mantenido con el fin de hacer mujeres aptas para el hogar y para la vida pública….” La mayor parte de las militantes se inclinaba por exaltar la maternidad como tarea principal de las mujeres (junto con la alfabetización, la educación y la formación profesional; sus campañas educativas en este terreno se limitaron a la preparación para la maternidad, el cuidado de los niños, y  conocimientos elementales de anatomía, etc.).

  •        El desafío de las anarco-feministas

Aunque MM.LL. no se definían como feministas, las ideas de algunas de sus militantes, creo que hay que situarlas con los avances posteriores en el Movimiento Feminista, producto de los análisis y luchas en cuanto a la crítica a la división sexual del trabajo, a la crítica que conlleva la crisis de cuidados y a la crítica al trabajo remunerado como fuente absoluta de autonomía. Así en su afirmación de que las mujeres estaban triplemente oprimidas, por su ignorancia, por el capitalismo y como mujeres, podemos ver la formulación, por parte de algunas MM.LL., una perspectiva acerca del funcionamiento de la opresión patriarcal. Suceso Portales aludía a la existencia de un sistema, patriarcal que diríamos ahora, de dominación y jerarquía, de subordinación de las mujeres “la civilización masculina”(134 MN). Lucia Sánchez Saornil, telefonista, autodidacta, poeta, lesbiana y anarco-feminista (una de las más relevantes fundadoras de MM.LL. y su secretaria nacional) consideraba que las mujeres sufrían una explotación específica por razón de la asignación histórica de un papel de sumisión uno de cuyos agentes de esta explotación era el hombre, así como también que los intereses de obreras y obreros, al ser los intereses de la humanidad, eran complementarios en su lucha contra la burguesía. No veía, Lucía Sánchez Saornil, la solución a la emancipación de las mujeres como una consecuencia mecánica de la Revolución Social (la subordinación de la lucha por la emancipación de las mujeres a la lucha principal: derrotado el capitalismo ya vendrá automáticamente la derrota del patriarcado),destacaba la necesidad de la mujer de realizar paralelamente su propia emancipación como mujer. (92 MN-2).

Sus ideas rompían con la identidad fijada por la más rancia tradición que hacía de las mujeres madres dedicadas exclusivamente al hogar (“el concepto de madre absorbiendo el de la mujer, la función anulando al individuo”) y planteaba el problema sexual y el amor libre como: “Es lamentable, pero en las campañas en pro de una mayor libertad sexual no siempre han sido bien comprendidas…   la reacción masculina sigue siendo la misma de antaño a pesar de su pomposa cultura sexual, pone de manifiesto que cuando al encontrar, luego de varios escarceos amorosos, la mujer que estiman para compañera, el “Don Juan” se convierte en “Otelo” y la mujer es restada al movimiento cuando no es que desaparecen los dos…  En definitiva, considero que el problema sexual sólo está en la propia solución del problema económico. En la revolución”.

Como veía Lucía Sánchez Saornil la revolución distaba de las concepciones, que a día de hoy aún mantienen algunas mujeres, que hablando de superestructura (reproducción) /infraestructura(producción) en las que de la subordinación de la super a la infra ofrece valoraciones que terminan afirmando: “el patriarcado-capital ha pasado a dividir la población en dos: mujeres y hombres, para iniciar una lucha de género sin cuartel”.“Hoy ser feminista….  Y esta lucha es de liberación de mujeres y hombres, y nos corresponde a todas. Los hombres como nosotras están explotados, dominados y conquistados por el patriarcado, y estos hombres son nuestros hijos, nuestros padres, nuestros compañeros y nuestros hermanos. Trabajemos para cortar juntos…”. Lucía  Sánchez Saornil comenta: “Si la revolución es reforma de costumbres, comencemos por ahí, pero pronto, rápidamente….  La revolución había de comenzar en nosotros mismos, y si no lo hacemos, perderemos la revolución social, ni nada más ni nada menos, nuestra mentalidad burguesa no hará sino revestir de ropas nuevas los viejos conceptos, conservándoles en toda su integridad”. Hablando de la infundada y placida, para nosotros los hombres ya que aleja nuestra deconstrucción y su despojo de privilegio masculino, lucha de sexos expone las diferencias entre estos: “El hombre revolucionario que hoy lucha por su libertad, solo, combate contra el mundo exterior. Contra un mundo que se opone a sus anhelos de libertad, igualdad y justicia social. La mujer revolucionaria, en cambio, ha de luchar en dos terrenos: primero por su libertad exterior, en cuya lucha tiene al hombre de aliado por los mismos ideales, por idéntica causa; pero, además, la mujer ha de luchar por la propia libertad interior, de la que el hombre disfruta desde hace siglos. Y en esta lucha, la mujer está sola.” (135 MN).…(los compañeros hagamos excepción de una docena de bien orientados)  tienen una mentalidad contaminada por las más  características aberraciones burguesas. Mientras claman contra la propiedad son los más furibundos propietarios. ….Y todo ello se deriva del más falso concepto que haya podido crear la humanidad. La supuesta “inferioridad femenina” .(MN-2; 91)

Para la secretaria nacional de MM LL había que realizar una reeducación tanto de unas (superar la triple esclavitud, de la ignorancia, como productora y de mujer)  como de los otros; por tanto en el caso de los hombres, junto con la eliminación de la falsa superioridad [hacerles superar la percepción según la cual la libertad era únicamente “lo contrario del control. Y nada más” ] y la conciencia de la igualdad en inteligencia, sensibilidad y necesidad de superación, era necesario implantar la igualdad y la justicia en el hogar antes de intentarlo en el contexto general de la sociedad (MN-2;91): “Hay que decirles que antes de reformar la sociedad es preciso reformar su casa”  (MA162). Que conlleva, en la crítica feminista actual, romper con la división sexual del trabajo,  esto es asumir los cuidados, y por tanto realizar, entre otros, una profundo cambio  político-identitario en los hombres (Denunciar la plusvalía emocional, afectiva y sexual de las mujeres en los hogares, es uno de los puntos que Feminismos Sol plantea, con toda razón, en su propuesta de huelga de cuidados para el  14-N; esta denuncia visibiliza lo que algunas economistas feministas contemporáneas llaman “los trabajos de amor”) y  la crítica al trabajo remunerado como fuente absoluta de autonomía, ya que  imponemos, en la práctica heterosexual las dobles jornadas.

Un artículo de un compañero (1935)  recriminaba a las mujeres no reclamar sus derechos ante los demasiados hombres que eran tiranos en el hogar y que era totalmente humano  aferrarse a los privilegios: al igual que los burgueses, los hombres no cederían voluntariamente sus privilegios. La contestación de Lucía Sánchez Saornil fue que la analogía era falsa, ya que si los intereses de la burguesía y el proletariado eran contrarios, los  de hombres y mujeres en la lucha por la autonomía no lo eran: “será “muy humano” que el hombre desee conservar su hegemonía, pero no será anarquista” (163 M A).

Gerardo Romero Díaz,

texto presentado en las jornadas que se hicieron en el aniversario de Mujeres Libres (organizadas por los grupos de mujeres de CGT)

70 años de limpiezas étnicas en Oriente Medio anunciadas previamente

Hay un hilo de conexión entre dos hombres que comparten con cien años de diferencia una intolerancia xenófoba, una moralidad religiosa integrista y un supremacismo racial. Uno fue ministro de exteriores británico hace exactamente cien años, se llamaba Arthur James Balfour. El otro se llama Recep Tayyip Erdoğan, presidente de Turquía desde 2014.

Los dos anunciaron la ejecución de una limpieza étnica y cambio demográfico forzoso (crímenes contra la humanidad) que posteriormente se llevaron a cabo. El primero anunció en 1917 la limpieza étnica de Palestina con la Declaración Balfour, en la que prometió entregar Palestina al movimiento sionista europeo. El segundo lleva anunciando desde 2011 la limpieza étnica de Kurdistán en los medios de comunicación.

El próximo 15 de mayo de 2018 se cumplirán 70 años de la Nakba (“catástrofe”) palestina. La limpieza étnica de 800.000 personas nativas mediante su asesinato y expulsión cometida por las fuerzas militares sionistas, y la proclamación por estos extranjeros de un estado de carácter etno-religioso llamado Israel. Treinta años habían pasado desde que Balfour lanzó su anuncio predestinando a los palestinos a un exilio a punta de pistola.

Este crimen contra la humanidad cometido por el artefacto sionista, continúa hasta hoy impune con los más de 6 millones de personas refugiadas palestinas esperando el retorno tal como manda la legalidad internacional o la resolución 194 de la ONU. Viven de una caridad internacional que no desean (la agencia de la ONU para refugiados y refugiadas palestinas, UNRWA), y que EEUU ha anunciado que recortará dramáticamente. Lo que ellas y ellos desean es que se aplique su inalienable derecho al retorno a sus tierras y hogares. Son el colectivo humano refugiado más antiguo y numeroso del planeta.

Además, el crimen se realizó con la complicidad y el silencio de las grandes potencias del momento, Gran Bretaña, EEUU, y el bloque de la URSS, quienes previamente en la ONU habían troceado esa tierra sin preguntar a quienes la habitaban su opinión al respecto.

A partir de ahí, la narrativa hegemónica en occidente se encargaría de encubrir el delito: bien desapareciendo su espacio en los medios de comunicación, o bien utilizando un relato que hiciese borrosa y confusa la simple aplicación de la legalidad para alcanzar una paz con justicia: “conflicto histórico”, “guerra árabe-israelí”, “dos pueblos”, “terrorismo palestino”, “mesas de negociación”, “proceso de paz”, etc.

– La limpieza étnica de Afrin: anunciada por Erdogan hace siete años

En 2018 hemos presenciado otra limpieza étnica anunciada premeditadamente en los medios de comunicación: la invasión de la región kurda de Afrin por el ejército turco utilizando milicias extremistas. Desde 2012 —tras el acuerdo al que llegaron un gobierno sirio en retirada y las organizaciones kurdas-sirias— la exitosa defensa y gobernanza de Afrin corría a cargo de sus milicias populares YPG-YPJ y su autoadministración democrática comunal respectivamente.

Cientos de miles de personas, entre habitantes kurdas y refugiadas internas de otras zonas de Siria, acaban de evacuar la región más pacificada de toda la guerra ante la certeza de la masacre que se cernía sobre ellas por parte de Turquía y sus bandas yihadistas.

Tras los civiles, las milicias kurdas YPG se retiraron, renunciando a entablar una imposible guerra convencional contra el 2º ejército de la OTAN y provocar que toda la región, aldeas y ciudades finalizasen arrasadas por los bombardeos que Turquía había realizado las semanas previas matando a centenares de civiles.

Era una quimera pensar que el gobierno sirio y su diezmado ejército podrían haber asegurado la región con inexistentes unidades o tanques. Haber izado muchas banderas gubernamentales y retratos de Assad en toda la provincia como disuasión a las milicias turcas hubiera sido inútil para la población kurda de Afrin, pues Erdoğan tenía decidida la invasión desde hace años. Sólo EEUU y Rusia podían evitar el ataque turco o de sus grupos subcontratados.

Cuando la guerra en Siria apenas había comenzado —en junio de 2011— y Turquía sólo acogía a 8.000 refugiados del país vecino, Erdoğan ya anunció que iba a crear una “zona de exclusión” en el interior de Siria en su borde fronterizo para “reasentar a los refugiados”. Refugiados que, como vemos, por entonces Turquía acogía en cantidad minúscula. Se puede seguir en los medios el hilo de idénticas declaraciones de Erdoğan año tras año hasta 2018 con esas intenciones ampliadas a “devolver toda la zona fronteriza de Siria a sus dueños árabes”, o lo que es lo mismo, la expulsión de los nativos habitantes kurdos.

Hoy, el número de personas refugiadas sirias en Turquía está en un pico de 3.500.000 siendo un 10% kurdas-sirias, las cuales han tenido más restringido el retorno frente a otros grupos sociales. Hoy sí dispone Erdoğan de personas sirias refugiadas en número suficiente para llevar a cabo el cambio demográfico en el país vecino, lo cual es un crimen de guerra adicional según establece el derecho internacional.

Que Erdoğan ya plantease en 2011 un proyecto de cambio demográfico forzoso dentro de territorio sirio, en la frontera, con reasentamiento de unos refugiados que en esa fecha aún no estaba acogiendo, indica hasta qué punto uno de los intereses de la agenda turca en la guerra de Siria era que el número de estas personas refugiadas se incrementase exponencialmente. Y sólo hay una forma para conseguir que huya de su propio país la mayor población posible: alimentar la guerra.

– ISIS es Turquía, pero la geopolítica es la geopolítica

El consenso entre las potencias ha sido absoluto en cuanto a los vínculos de Erdoğan con ISIS o con otras milicias de etiquetas intercambiables: los gobiernos de Rusia, EEUU o Alemania han estado de acuerdo en esto, y por supuesto también lo han denunciado las milicias kurdas YPG y el gobierno de Damasco. Y a pesar de esta insólita unanimidad en que Erdoğan ha estado apoyando el terror y las bandas yihadistas, se le ha permitido reutilizar miles de mercenarios provenientes de ISIS y otros grupúsculos para ejecutar la limpieza étnica de la región kurda-siria de Afrin.

Y no sólo se le ha permitido, sino que los medios occidentales han blanqueado la operación de Erdoğan renombrando a sus mercenarios extremistas con los apelativos de “rebeldes”, “opositores” o “Ejército Libre Sirio”. Etiquetas intencionadamente confusas que esos mismos medios occidentales han utilizado y utilizan para otros mismos extremistas como los de Ghouta o Idlib. O peor aún, artículos en medios españoles que han hablado de la población nativa kurda como “ocupante” y por tanto como sujeto a ser expulsado, entre otras muchas falsedades.

Hacer una cosa y la contraria en la guerra de Siria ha sido la norma por occidente y ahora también Rusia. La OTAN dio luz verde en enero a la invasión de Turquía a Afrin alegando un supuesto derecho turco a la autodefensa (sin haber sido agredida) y ahora, dos meses después, EEUU dice sentirse muy preocupada por la situación. Por si a alguien se le olvidó, en la OTAN manda EEUU, Turquía es integrante de la OTAN y sus tanques son alemanes.

Por su parte, Rusia estaba asentada en Afrin en colaboración con los kurdos utilizando edificios como base logística, y su presencia disuadía a Erdoğan de la invasión. Y de pronto Rusia se retiró de Afrin dando luz verde al ataque turco. La misma Rusia que en los dos años anteriores había acusado a Erdoğan de colaborar con ISIS, sufrir el asesinato del embajador ruso en Ankara y derribos de aeronaves por Turquía. El millonario contrato del gasoducto ruso Turkstream, la venta de material militar y el deseo geopolítico de atraerse a Turquía, han hecho que a Moscú se retire de la zona permitiendo los crímenes de guerra otomanos.

Y es que a pesar de este apoyo común a las milicias kurdas, tanto EEUU como Rusia se siguen manejando con sus prioritarias agendas respectivas en la guerra abierta que mantienen a través de terceros, o incluso de forma directa con los varios bombardeos que EEUU ha realizado sobre tropas y asesores rusos causando decenas de muertos. Esa agenda siria particular rusa y americana relega a los kurdos a sujetos geopolíticos de “usar y tirar”, tal como ha ocurrido los últimos cien años con este pueblo que no es ajeno a ello.

– Los objetivos de Turquía con la invasión

Y en definitiva, ¿por qué Turquía desea cambiar la demografía de todo el norte de Siria?. Desde la primera guerra mundial, hace cien años, Turquía se ha sumergido en un nacionalismo étnico extremo que chocaba violentamente con la pluralidad de grupos sociales y religiosos de Oriente Medio. El genocidio, limpieza étnica y asimilación ejercido por el estado turco contra armenios, griegos, asirios y kurdos ha sido el guión estos cien años en distintas fases.

Desde hace dos años las ciudades kurdas en Turquía están siendo arrasadas sin que aquí sepamos mucho de ello. Es la guerra del estado turco contra el pueblo kurdo que defiende su identidad, lengua y cultura, y además propone un modelo democrático alternativo a la proto-dictadura de Erdoğan llamado Confederalismo Democrático. Este paradigma de convivencia que proponen los kurdos se ha llevado a la práctica en todo el norte de Siria y por tanto el estado turco ha llevado su ofensiva extramuros de sus fronteras para erradicar un modelo que impugna el autoritarismo de Erdoğan.

Erdoğan juega todas sus bazas ganadoras para obtener la impunidad en sus crímenes contra la población kurda dentro de Turquía, dentro de Siria o dentro de Iraq. Ante la UE utiliza a los refugiados como rehenes para chantajear a Europa. La UE paga y evade su obligación de aplicar el derecho humanitario a las personas que huyen de nuestras guerras. Justo ahora se cumplen dos años de ese acuerdo de la vergüenza. Y ante EEUU y Rusia, Turquía juega utilizando la mayor ambigüedad en sus acercamientos y alejamientos de ambos países y obtener el máximo beneficio.

Mientras occidente acusa a Rusia de los bombardeos de Alepo o Ghouta, Putin señala los bombardeos por EEUU de Mosul o Raqqa, y mientras tanto, Rusia y occidente guardan un completo silencio de la limpieza étnica en Afrin y de las masacres en todo Kurdistán.

Así como los palestinos sufrieron la Nakba y la limpieza étnica continuada hasta hoy, los kurdos tienen su Karesat. De momento la población kurda de Afrin se ha marchado de sus casas con la llave en la mano, y así como las personas refugiadas palestinas deben regresar cuanto antes, las kurdas también.

 

Publicado originalmente en InfoLibre el 1 de abril de 2018

Autor: Daniel Lobato, es miembro de Rojava Azadi Madrid – Colectivo en solidaridad con la revolución social en Kurdistán, también pertenece a BDS Madrid , el Movimiento en solidaridad con Palestina y por el Boicot a Israel.

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