El irresponsable acto de ir a votar

Por Youqing

Controlar o al menos influir en el propio destino es no solo un anhelo humano sino también un desafío y un temor. A pesar del empeño, los sacrificios, emociones y tiempo que son puestos al servicio de cumplir un objetivo, ya sea individual o colectivo, para avanzar como persona o como sociedad; en numerosas ocasiones todo es en vano, es inútil, y nace el sentimiento de injusticia inherente a la vida misma.

Es bajo esta sensación de descontrol bajo la cual nacen las creencias mágico-religiosas, mecanismo de defensa que no viene a ser más que la rendición de la propia voluntad humana. Como seres racionales y emocionales nos vemos desbordados por la muerte de un niño, por la enfermedad, por la propia finitud de todo lo que amamos, incluída nuestra propia existencia.

Todas las culturas han buscado una explicación en formas alejadas de lo humano: dioses para todos los gustos, vidas tras la vida, reencarnación, mitos y leyendas que cuentan que no somos tan despreciables como parecemos, tarot, cartas, astrología…en fin…”no somos nada”.

Quizás no seamos mucho, pero lo somos todo.

La iniciativa griega de empezar a manejar conceptos filosóficos, científicos y democráticos surgió de la concesión al ser humano del protagonismo que merecía. Quizás ese potencial racional y organizativo, el intentar explicar lo que nos rodea y nos afecta de forma causal y no dependiente de fuerzas externas ante las cuales solo podemos someternos podría llevarnos a algún fin, alguna meta, una mejor vida, una mejor organización.

La ética pone el acento en el ser humano libre, Aristóteles nos dice nada menos que ético es desarrollar nuestro potencial, nos propone una ética teleológica, que se desarrollaría hacia un fin, una meta.

Pero si restamos importancia a factores externos, sobrehumanos, y somos nosotros los responsables de mejorar individual y colectivamente surge algo terrible: la responsabilidad.

El fracaso no vendrá dado por una alineación planetaria, ni por una ofensa a un dios, o por algo que hicimos en una anterior vida. Si creemos en nosotros como seres humanos con voluntad racional, creadora y organizativa, seremos responsables de los fracasos.

Las formas de control sobre las capacidades que definen al ser humano, es decir, la aniquilación de su capacidad de pensar, de actuar de forma afín a una voluntad y una ética , la decisión del propio destino y la organización con sus iguales para definir, decidir y discutir el destino común; la destrucción de todo ello bajo las formas de esclavitud, feudalismo, monarquías absolutas, fascismo o comunismo, dio paso tras la primera experiencia griega y más cercano a nuestros días a lo que se llama democracia.

El concepto de democracia actual se basa en la elección de una serie de representantes que obtienen tras un acto de segundos de duración por nuestra parte, el voto, legitimidad para actuar durante cuatro años en nuestro nombre.

Si bien nos repiten hasta la saciedad que en un sistema democrático es el pueblo el que decide, la realidad parece demostrar cada día que algo se nos escapa. ¿ Será cierto que de pocas décadas a ahora han desaparecido, por arte de magia las clases dominantes?, tras siglos , milenios, de sistemas injustos que condenaban a la mayoría de la población a ser explotada para beneficio de unos pocos, tras siglos de guerras justificadas únicamente por la ambición y el patológico orgullo de un puñado de descerebrados con poder que han causado millones de muertes inocentes, de seres que no han decidido su destino más que el cerdo que va a un matadero, con la diferencia de que el cerdo no se siente orgulloso de la granja donde nació y por cuyo dueño morirá; tras todo lo que cualquier libro de historia nos dice, hemos venido a nacer en una democracia.

Somos dueños de nuestro destino como sociedad, nosotros decidimos.

Pero parece obvio que para decidir realmente hacen falta , al menos, algunos elementos: información, comunicación, capacidad resolutiva y formación como seres racionales.

Son solo algunos elementos, os invito a encontrar más.

La información, ¿quién nos informa?, a quién pertenecen los grandes medios de información, si bien ahora tenemos acceso a múltiples fuentes no hay que olvidar la importancia del mensaje repetido hasta la saciedad desde la infancia, por no entrar en valores culturales y debates postmodernistas. Qué pertenece a la actualidad y qué no…al fin y al cabo: ¿ Cuál es el debate?. No importa el resultado del debate, importa por qué se debate esto, y no otra cosa.

Si tenemos información veraz y rica de algo que nos afecta como colectivo, ¿ tenemos la capacidad organizativa de debatirlo y posibilidad de comunicación?. La enfermiza individualización regada por las dificultades de la vida actual, que muchas veces no solo dificulta la interacción social,sino la propia formación de una familia, la escasez de tiempo, la sustitución de las plazas públicas por centros comerciales como lugar común y la desconfianza hacia “ el otro”, gracias a la supuesta escasez de todo aquello que necesitamos para vivir: techo,comida,trabajo; hacen que el debate colectivo aparezca como algo irrisorio, extravagante. Me llama la atención la enorme dificultad y miedo que expresan muchas personas a la hora de compartir experiencias, emociones en público; produce vergüenza, inseguridad, y de nuevo el miedo a asumir la propia responsabilidad como ser humano a tomar parte de una decisión, de algo colectivo…quizás seamos poca cosa, pero lo somos todo.

Si somos personas bien informadas, que debaten y toman decisiones conjuntas, ¿qué capacidad de ejecutar dichas decisiones tenemos?. Este es el momento en el que los bienpensantes se sobresaltan.

“La capacidad de decidir viene dada en las urnas”: todos los pensamientos, todas las experiencias vividas, todos los engaños aguantados por los supuestos representantes, todo…tenemos que compactarlo, sintetizarlo y expresarlo en una papeleta, que ya viene dada, que representa a un partido, formado por unos individuos que no conocemos y que tienen legitimidad, poder y capacidad de decisión en los próximos años. Que estará por encima de cualquier otro poder, de cualquier decisión colectiva.

A partir de ese momento quedan anuladas y por periodo de cuatro años, todas aquellas cualidades que verdaderamente nos harían responsables y partícipes de nuestro futuro: nuestro ser, nuestra voluntad queda congelada en un ínfimo acto. Podríamos entrar en todo el aparato manipulativo, de control, en las reales posibilidades de elección, en verdaderas opciones de cambios de sistema, de organización al fin y al cabo de la sociedad. Pero no es el tema, esas opciones no son reales.

No somos quizás los afortunados hijos de unas décadas en las que han desaparecido milenios de opresión, quizás es ingenuo pensar que tras siglos de dominación de unos pocos sobre el resto , esto ha cambiado justo ahora.

Al votar no hacemos más que alimentar la permanencia de este sistema, porque, incluso aunque nos gustara el sistema, estamos regalando en el peor de los casos a un farsante y en el mejor a un ingenuo; una parte fundamental de nuestro valor intrínseco como personas: la capacidad de decidir nuestro futuro, de ser parte activa del día a día de nuestra comunidad más allá de relaciones personales o intereses empresariales, nos negamos nuestra capacidad de cambiar de opinión, el pensamiento político queda reducido a la sobremesa.

¿Por qué se acepta de forma masiva?, quizás por la misma razón que nacieron las religiones, por lo tranquilizador que resulta evadir la responsabilidad. Cuando las desgracias vienen dadas por los actos de otros, la culpa no aparece.

Si la clase política fuera verdaderamente representativa los políticos serían objetos de adoración, pero no parece ser así. La clase política adopta la forma de representación divina, en este caso la divinidad no viene dada por mágicas leyendas de sus antecesores, ni por extraños poderes, sino por delegación de un supuesto poder del pueblo, que en un teatrillo dice a una clase intermedia ( entre la verdaderamente dirigente y el pueblo): “aquí tenéis lo que pedís, mi papeleta, yo mando ahora y os maldeciré en estos cuatro años”. Sin responsabilidad no hay culpa, la clase política es el voluntario escupidero de las miserias que cada día todos construimos, al huir de nuestra responsabilidad como seres sociales de informarnos, pensar, expresar, debatir y decidir, qué hacemos con esto…que no es mucho, pero es todo.

Sobre el autor:
Youqing es médico de familia, psicoterapeuta y estudiante de filosofía. Interesado en la psicología de la sociedad.

¡Arriba los que luchan! [Despedida al compañero Alberto “Pocho” Mechoso]

Ayer, día 28 de diciembre del 2012, las autoridades uruguayas hicieron entrega a sus familiares de los restos del compañero Alberto “Pocho” Mechoso, sindicalista, anarquista y expropiador, militante de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU), secuestrado y «desaparecido» por militares uruguayos y argentinos el 26 de septiembre de 1976.

Familiares, amigos, vecinos y compañeros, una larga comitiva, acompañó los restos de “Pocho” hasta el cementerio del Cerro, entre cánticos y gritos de ¡¡Arriba los que luchan!!! donde se le dio sepultura, todo entre actos fuertemente emotivos de sus familiares y compañeros.

Reproducimos unas intervenciones saludando a los asistentes, especialmente a los vecinos de los barrios Cerro La Teja, y recordando al compañero, su vida militante y su lucha:

«Antes que nada quiero dar mi fraternal saludo a todos los que hoy nos acompañan. Queremos también informarlos de algunas cosas y decirles algunas palabras. 

Informe del Equipo Argentino de Antropología

Dice acerca de mi padre: “Dicho esqueleto forma parte de los ocho que se exhumaran arqueológicamente el 19 de octubre de 1989 de las sepulturas 73 y 75 del Cementerio Municipal de San Fernando  (Provincia de Buenos Aires) ubicado en la localidad de Virreyes…   Se trataba de exhumar a las ocho personas cuyos cuerpos aparecieran el 14 de octubre de 1976 en el Canal San Fernando  recuperados por la Prefectura Naval e inhumados como N.N. en el Cementerio Municipal respectivo. Se recibieron procedentes de la República Oriental del Uruguay en el marco del proyecto Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Desaparecidos (ILID) las muestras de sangre de Beatriz Elizabeth MECHOSO CASTELLONESE, Alberto José MECHOSO CASTELLONESE y Beatriz Inés CASTELLONESE TECHERA hijos y esposa respectivamente de Alberto Cecilio MECHOSO MENDEZ. Las muestras fueron enviadas a los laboratorios BODE TECHNOLOGY GROUP (BODE) y EAAF-LIDMO, para analizar marcadores de STR autosómicos. De esa manera se obtuvieron perfiles genéticos específicos que al ser comparados con el perfil extraído de una muestra del esqueleto VIR-101 permitió establecer la relación biológica entre estas personas.»

  
En base a los resultados obtenidos del estudio antropológico y los análisis genéticos, se concluye que los restos esqueletarios estudiados, denominados como VIR-101, corresponden a Alberto Cecilio MECHOSO MENDEZ, nacido el 1 de noviembre de 1936 en el Departamento de Flores de la República Oriental del Uruguay, C.I. 956.404-7, desaparecido el 26 de septiembre de 1976 según consta en legajo CNDP 7109.

A esta altura de mi vida tengo claro quien era mi padre y que quería.  Mi padre se crio en estos barrios, Cerro La Teja.  En ellos escuchó  y vio acerca de luchas obreras, condiciones sociales y sobre brutales apaleamientos a los trabajadores. Hombre modesto y sensible no permaneció indiferente frente al drama de su gente, de los de abajo. Pronto se incorporó a la lucha  y compartió ideales de transformación social y de la necesidad de la construcción de un orden basado en otros valores totalmente distintos. Luchó por estos ideales hasta el último momento. Sabía por lo que luchaba y el enemigo que tenía enfrente, era consciente respecto a lo que significaba el combate contra el enemigo de los de abajo.  A su  experiencia  se sumó la del capitalismo a cara descubierta que largo todo su odio antipueblo en esos años que cubrieron de crueldad brutal a la sociedad toda.  Ahí estuvo, como tantos, enfrentando con su pelea diaria y su convicción inquebrantable a la bestia que habían largado a la arena.  Y conoció a esa bestia por dentro. Fue brutalmente torturado, sintió como torturaban a otros compañeros, como violaban mujeres, todo le confirmó con creces cual era el alma del enemigo.  Se  escapó de uno de esos cuarteles donde las bestias masacraban impunemente a los luchadores.  Apenas salió pidió un puesto de lucha en su organización. La lucha para cambiar este infame sistema seguía siendo para él tarea central. Dijo en su carta “¿Qué otro camino nos queda? Ante todo esto, ¿de qué manera vale la pena vivir la vida?… Hay un solo camino, hay una sola manera de vivir, sin vergüenza: peleando. Ayudando a que la rebeldía se extienda por todos lados…”.

En ese “en todos lados” está presente su antimperialismo y la autodeterminación de los pueblos. Por supuesto nada de tropas al Congo o Haití.

Hay costumbres, una cultura, hoy intenciones políticas también de que estos momentos sean de doblar la hoja, de velatorio individual, de que termina una situación.

Pero no, el dolor no nos nubla hechos  de a puño y que están a la vista de quien quiera ver.  En tal sentido no estamos velando nada, no estamos doblando la hoja ni terminando nada. Estamos aquí acompañando una vida y no una muerte. Una vida de entrega, llena de esperanza por un mundo mejor. Esos huesos queridos están gritando: Todo continúa, toda la lucha realizada, los ideales defendidos, los anhelos de seguir firme  sin dobleces  es la única ruta que conduce a la verdadera emancipación.  Esa lucha por el cambio total teniendo como norte una sociedad justa, libre y solidaria hoy como ayer lo merece todo. Solo requiere su ajuste a las nuevas condiciones históricas. Siendo así esto es un canto a la vida y a la lucha. A una vida mejor en una sociedad mejor que nada tenga que ver con esta.

Ha sido claro mi sobrino Lolo en cosas fundamentales. Este ha sido un largo periodo vestido de mucha infamia, de mucha protección a la impunidad. De distinta forma, por momentos descaradamente y otros con tramposas sutilezas. Desde la llamada vuelta a la democracia a nuestros días, la impunidad sobre el horror, de una u otra forma , en lo fundamental, se ha amparado.

Pero estuvo ahí la sensible y tenaz perseverancia de parte del pueblo, especialmente la labor constante de Familiares, que sabemos no fueron los únicos, pero si que mantuvieron sin descanso la antorcha del reclamo.  Hoy ni los mentirosos ni los que tenían miedo de creer pueden negar el horrendo pasado reciente.

Nos importa que se sepa toda la verdad, que la gente sepa lo ocurrido y haga conciencia de lo que tiene este sistema en sus entrañas. Hay unos cuantos torturadores y asesinos presos pero esto es apenas una pizca de la verdad.  Cuanto, cuanto para blanquear un poquito. Basta de cinismo y politiquería. Lo que hubo y seguirá habiendo es terrorismo sistémico; donde sin duda jugó su macabro rol ese estado que tiene articulado el conjunto de la estructura de poder dominante: el sistema capitalista.

Ese terrorismo de estado que se menciona se inscribe en una política general del sistema. Política que  opera de diferente forma de acuerdo a etapas y coyunturas sociales.  En el marco de esa crueldad asesina que mencionamos está implícito claramente que se llevó adelante un procesamiento para hacer lugar a un modelo: el neoliberalismo.  Ese que padecieron y siguen padeciendo los pueblos. Un modelo que venía y sigue viniendo por más para los ricos y poderosos y por menos, hasta la miseria atroz, para el universo de los de abajo. Así que si tomamos en su justa dimensión la macabra situación vivida no deja duda la inmensa cantidad de responsables directos que hay en la vuelta.

Hoy está más que claro. No es algo aislado como todavía ridículamente se dice o insinúa. Es el imperio, es el Plan Condor. Allí está un Kissinger a la cabeza respaldando y coordinando asesinatos, por momentos masacres. Sí,  Estuvieron los organismos del imperio presentes  ayer como lo están hoy,  dando cursos de tortura y muerte apuntando a los luchadores y enseñando técnicas de fuerte represión y de miedo para pueblos enteros.  Para las operaciones de saturación en grande y en chico.

Y quieren más de lo mismo. Hoy están ahí intervenciones sangrientas sobre  distintos lugares, unas de forma directa como Irak o Afganistan y otras a través de la OTAN a lo que hay que sumar desestabilizaciones organizadas o estimuladas y cadenas de lugares para torturar alrededor del mundo.

Los acontecimientos aquí ocurridos estuvieron en ese diseño. Para nuestro pueblo esto no lo terminarán de pagar nunca. No habrá olvido ni perdón.  Aquí perdón es sinónimo de complicidad y de resignación, por eso la mejor y auténtica  manera de recordar a nuestros compañeros es seguir la lucha, los ideales por los que cayeron. Seguir sin claudicaciones, con la firmeza que exige un enemigo como el que tenemos enfrente.  Nada de administrarle lo mejor posible el sistema  a los de arriba para tenerlos contentos y perpetuarlos.

Sí. Hicieron selección, atrocidades, tortura, violaciones, muerte vil para los luchadores activos.  Allí tenían a las bestias que podían instrumentar la política que tan rapaz y miserable sistema quería. Allí estaban los mecanismos de muerte,  capaces de cualquier bestialidad posible: dispuestos, entrenados para ello. Allí estaba ese sujeto colectivo deplorable, inútil, cobarde, capaz de las infamias inimaginables, ese sujeto producido por un sistema dentro de una institución y que tiene función y lugar precisos en esta estructura de dominación basada en la violencia.

Todo ese conjunto institucional y de diversos mecanismos que creo y recreo el sistema desde su origen se orientaron a conformar un tipo de sociedad donde unos pocos, muy pocos, tuvieran todo y las grandes mayorías, los de abajo, tuvieron nada o lo imprescindible para sobrevivir.  Mecanismos que constituyen toda una red de violencia, que abarca lo jurídico,  cultural, ideológico, económico. Malla siniestra que asegura su reproducción.

Pero los pueblos no quedaron ni quedaran pasivos y sumisos. Dando tumbos muchas veces,  igualmente irrumpen. Un sentimiento de justicia y libertad alimentan sus sueños. No matarán nunca la esperanza de los pueblos y de los militantes. Lo que viene no será fácil de enfrentar, pero lo fácil casi siempre es lo peor en este campo.

Pocho se entregó entero por una causa de justicia verdadera, por el socialismo y la libertad, por un mundo nuevo. Y Pocho es de todos aquellos que siguen en ese sueño y esa lucha. Sabemos, fueron muchos, con matices ideológicos diferenciados, los que dieron total entrega en pos de lo que creían,  no podemos mencionarlos a todos pero nos queda el recurso de comprenderlos a todos en el nombre de algunos luchadores como: León Duarte, Gerardo Gatti, Elena Quinteros, Raúl Sendic, Hugo Cores,  Idilio de León, Nuble Yic, Julio Castro el Santa Romero. En el recuerdo y la lucha del día a día siempre estarán presentes.

Hermano y compañero Pocho estarás siempre en medio de nuestra  pelea y nuestros sueños.

Arriba los que luchan»

La mujer en la cultura patriarcal (II)

[Viene de La mujer en la cultura patriarcal (I)]

La cultura es un objeto de construcción de la mujer, y la mujer es un objeto de construcción de la cultura. Mientras que una la fomenta por medio de la teoría, la otra la practica en su ámbito cotidiano. Si la mujer empieza por negar la cultura y al mismo tiempo a poner en práctica la otra, la ideal, la que la sacará de su opresión, tarde o temprano se reconstruirá para sí misma y desde sí misma. “La liberación de las situaciones o formas de alienación es parte de la tarea de construcción de [la mujer nueva]. Pero la construcción de [una mujer nueva] sólo se puede dar masivamente en el contexto de una nueva sociedad” (Ander-egg, 1983:21).

Así pues, en el contexto de la sociedad patriarcal, no se puede ser sujeto si, además, por encima de tal sujeto existen aparatos ideológicos que lo despersonalizan. El sentido de la despersonalización de tal sociedad, por lo común, inhibe por completo a la mujer en la posesión de su mente y de su cuerpo (3). Por tanto, si el ser humano es permeable, habrá que hablar entonces de una reconstrucción de esos aparatos ideológicos que dan forma a las conciencias de los seres humanos. El contenido que alberga las conciencias no es más que el contenido que albergan las instituciones. Y por lo común, tales instituciones son apoyadas por los gobiernos que permiten su cabal funcionamiento. Entonces, para que haya un cambio sustantivo en las conciencias, habrá que hacer también un cambio de gobierno y posteriormente un cambio en las instituciones.

De esta manera, se da por supuesto que hay otro ser humano separado, paradójicamente, de la concepción de ser humano. Digo “separado” porque no es considerado como tal. En dicha separación, no existe una relación de reciprocidad; de igual a igual, más bien, esa separación se encuentra delimitada en los roles de género establecidos por la cultura en la que surgen. Géneros que, desde luego, no poseen los mismos derechos.

En esta ausencia de reconocimiento se presenta la necesidad de reconocer a la mujer como a esa otra vinculada con el que hacer en (y de) la cultura, misma que pone en desventaja a la mujer y beneficia en buena medida al hombre. Estando así las cosas, reconocer a la mujer es integrarla no a la cultura prevaleciente, sino a una nueva en la que tanto el hombre como la mujer se respeten, ejerzan sus derechos, se reconozcan como seres humanos y se vinculen entre sí para beneficio de ambos.

De hecho, del capítulo Género, cultura y filosofía de Rubí de María Gómez, destaco algunos derechos de las niñas y las jóvenes, como el Derecho a no ser discriminadas por su sexo, edad, raza, etnia o religión: el Derecho a la eliminación de barreras que impiden que las niñas, las casadas, embarazadas o madres solteras inicien, continúen o concluyan su educación; el Derecho a una buena alimentación y a la no violencia, etc. Bajo esta consideración de los derechos de las mujeres, la cultura actual debe ser sustituida por otra que integre un nuevo tipo de mujer y un nuevo tipo de hombre.

Con la práctica desde las instituciones como en la sociedad en su conjunto, la cultura puede dar ese cambio sustancial para la transformación de ambos géneros. El hombre y la mujer hacen la cultura y simultáneamente la cultura hace a los seres humanos. Hablamos entonces de una cultura de respeto hacia las demás culturas, una cultura que se ubique en la tolerancia de otras formas de vida, con sus manifestaciones sociales, y claro está culturales. Es decir una cultura universal de respeto, capaz de abrazar a las demás culturas en las que éstas se sientan respaldadas y fortalecidas por esa otra cultura global que las envuelva.

Es cierto que, para que no se repitan los patrones culturales de la represión, también habrá que mirar hacia otros modelos, como el modelo de comportamiento de las amazonas (4), que debería ser un ejemplo de rebeldía para aquellas mujeres que deseen liberarse de las ataduras de la cultura patriarcal-occidental. Eso es lo que hace falta para cambiar su forma de vida. Oponerse a toda forma de organización que no les favorezca para ser sujetas pensantes y creadoras de su propia cultura. Como se ve, las amazonas no se doblegan, hacen la guerra y luchan por su libertad (5).

En el poema Penélope, de Enrique González Rojo, leemos el ejemplo de una amazona: “Penélope no se queda en la casa./ No permanece aquí para cuidar la hortaliza./ Para lavar la cara sucia de los pepinos,/ peinar a los elotes, plancharle a las lechugas/ los puños y los cuellos” (González Rojo, 1988:332). He aquí también un contra ejemplo del que hacer y el destino de muchas mujeres en la actualidad, principalmente de la clase trabajadora. Este tipo de mujer, vive en la cocina, no confronta, acata órdenes, es sumisa, abnegada y sometida por completo a las órdenes de la cultura impuesta. Como este tipo de mujer no es dueña de sí, “…se halla en la cocina todo el día incrustada/ mirando cómo hierve poco a poco su tedio,/ probando a qué le sabe su propia servidumbre” (ibid.: 332).

Vemos así dos tipos de mujer: la mujer “salvaje” de la mitología griega y la mujer civilizada, la que se rebela al orden establecido y la que se somete a él. Para que la mujer salga de su prisión “civilizada” tiene que ser un poco salvaje, como una amazona, que renuncie a ser para “otro” y sea para sí misma. Es más, se da el caso de que no sólo es para el marido, sino también para los hijos, y luego para los nietos. De modo que esta mujer nunca es para sí. No es proyecto de sí, sino de los otros. No es como Penélope, que “no lava los pañales./ No cuelga en un alambre la exposición completa/ de todo su fastidio, frustración, amargura/ encarnada en manteles, calcetines, calzones/ y camisas que lloran lentas lágrimas sucias” (ibid.: 332).

Lo ideal es que la “mujer civilizada” empiece por mirarse en el espejo de las otras mujeres, o lo que es lo mismo, en el espejo de la cultura. Que rompa el espejo de la frivolidad, y que vea no sólo si está mejor maquillada que su vecina, que no sólo se siente a mirar telenovelas y ver cómo de un día para otro le salieron arrugas, etc. Que mire por la ventana y sepa que afuera hay un mundo por cambiar para que cambie ella misma, y de paso la perspectiva de su marido, la de sus hijos, y de sus nietos. Que no nació para quedarse en casa.

Sin embargo, es común en muchas mujeres que se topen con la pared del prejuicio, al intentar salir del marco normativo de la cultura patriarcal, sin que sean un blanco de críticas negativas de su estrecho círculo social. En el caso de las mujeres de escasos recursos, por lo común, su única fuente de información es la televisión y las revistas del medio del espectáculo televisivo. En estas condiciones tan limitadas se conforman con lo que les da la televisión. Se conforman al orden cultural establecido. Y su forma de vida no cambia. Se incrustan cada vez más en la estructura del sistema machista, en la que su ser queda deliberadamente oprimido.

Finalmente, la cultura patriarcal trata de un círculo vicioso con el que deben luchar los hombres y las mujeres, para llegar a emanciparse. Deben dar razón de que la cultura se nos da por hábitos y costumbres que pone en práctica una sociedad. Mismas que pueden cambiarse según haya valor y dignidad en las mujeres, y en los hombres, que sean capaces de luchar en contra del orden cultural impuesto.

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(3) Se entiende aquí por cultura al conjunto de aparatos ideológicos que dan un tipo de ser humano. A saber, la Iglesia, la escuela, la familia, lo jurídico, lo político, lo sindical, los medios de información masiva (prensa, radio, T.V., Internet, etc.), la literatura, las artes, etc. En suma no se es un tipo de ser humano sin un contexto que lo determine. Mismo que diseña tanto instituciones como seres humanos en una época.

(4) Las amazonas son producto de la mitología griega. De ellas se dice que “van a la guerra y se niegan a ser madres de varones, contradiciendo así la función que tradicionalmente cumplían (y cumplen) las mujeres. […] las amazonas rechazan su destino (el matrimonio) y prefieren pelear como los hombres […] representan un verdadero mundo invertido […] Las amazonas son guerreras pero no tienen ciudad y constituyen una amenaza permanente para el mundo civilizado”. (véase el capítulo La mujer en Grecia (mito y concepto) de Rubí de María Gómez, págs. 30-32).

(5) Si bien, en el mito de las amazonas, se asume que hay una advertencia de castigo, mutilación, humillación, y hasta de muerte, en caso de rebeldía, no por ello las mujeres deben frenar la lucha por su liberación. Un ejemplo eficaz de valor, arrojo, y confrontación abierta con el enemigo, lo hallamos en Fidel Castro y demás guerrilleros. Ellos no hubieran hecho un cambio de gobierno –para bien o para mal- en Cuba, si hubieran temido al castigo, la mutilación, etc. Lo mismo para quienes han participado en las revoluciones o para los que han luchado a favor de un cambio de régimen político, económico, social, etc.

Darío Yaparié

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Bibliografía:

  • Ander-egg, Ezequiel (1983), Formas de alienación en la sociedad burguesa, Humanitas, Buenos Aires.
  • Gómez, Rubí de María (2001), “Género, cultura y filosofía” en Filosofía, cultura y diferencia sexual, Plaza y Valdés, México, pp. 75-107
  • Gómez, Rubí de María (2001), “La mujer en Grecia (mito y concepto)” en Filosofía, cultura y diferencia sexual, Plaza y Valdés, México, pp. 25-37
  • Gonzalez Rojo, Enrique (1982), La larga marcha, Oasis, México.
  • Toscano Medina, Marco Arturo (2001), “La filosofía, la mujer y la cultura” en Filosofía, cultura y diferencia sexual, Plaza y Valdés, México, pp. 161-171

[Inocentada] Comunicado del Colectivo «Resplandor en el Abismo»

Debido a la debacle reformista sufrida por el portal alasbarricadas.org, con la decisión unilateral y a traición de una parte de la administración de participar en el encuentro «Asalta las instituciones», los miembros de la administración que han decidido abandolarla nos han enviado el siguiente comunicado.

Ante la declaración de ALB.org, de la que hasta ahora formamos parte de su grupo fundador, nosotros, El Colectivo Resplandor en el Abismo,formada en su totalidad por anarquistas comprometidos con la anarquía de verdad, renunciamos a continuar formando parte de este proyecto, que ha abandonado de forma clarificante ya, sus prinicpios fundadores, agarrandose como naufragos desesperados en la balsa de la Socialdemocracia más posibilista. Balsa que como el resto de las Instituciones de la Democracia, naufragará.
Nosotros, Resplandor en el Abismo, no seremos cómplices de la deserción, y anunciamos desde aquí que impulsaremos unas nuevas Alasbarricadas a las que invitamos desde ya a todos los usuarios que han sido expulsados,baneados y vilipendiados a lo largo de estos años.
Iniciaremos nuestra andadura, con unas jornadas abiertas a las que hemos invitado de manera estelar a Félix Rodrigo Mora, para que diserte sobre la sumisión de las falsas ideologías emancipadoras al Estado, y sus antecedentes protohistóricos en la Mesopotamia del año 2.500 a.c»
Salud, Anarquía o Barbarie.

Cerrando Villa Amalias; dando vía libre a Amanecer Dorado

Por MN

Plaza Victorias. Se expande la leyenda urbana de que Amanecer Dorado protege a las ancianitas de los malvados inmigrantes. Parece ser que el viejo cántico de «la gente no olvida, la gente cuelga a los fascistas» se ha olvidado. Como también parece que los miembros de Amanecer Dorado campan a sus anchas rompiendo las cabezas de todo aquel que es diferente y de forma impune.

Cuando sucede todo eso es cuando el Estado decide cerrar el centro okupado Villa Amalias. Así pues, la necesaria voz anti-fascista es silenciada. Mediante el cierre de Villa Amalias los miembros de Amanecer Dorado obtienen un pasaporte gratuito para llenar las calles del barrio con violencia.

Es completamente contradictorio que los periodistas defiendan el cierre de la okupación, aunque también es cierto que son ellos junto con los políticos quienes esconden y ocultan las acciones de Amanecer Dorado. No obstante, ¿quién convoca las marchas anti-fascistas? ¿Quiénes informan y quiénes organizan mesas de diálogo con los vecinos de los barrios? ¿Quiénes ofrecen seguridad a las minorías y a los débiles? Pues precisamente aquellos que son llamados «perroflauta» por los medios de comunicación.

Anarquía no es fanatismo como ellos proclaman a bombo y platillo en los medios. Anarquía significa mantener tu mente abierta, resistir contra cualquier tipo de violencia y fascismo. Anarquía significa informar y ser informado.

En un periodo de crisis económica y moral el Estado decide destruir este faro de resistencia que es Villa Amalias. No solamente estoy avergonzada de ser de Atenas, sino que también estoy asustada. Estoy asustada porque me imagino una ciudad sin okupaciones, sin centros sociales que promuevan el diálogo y hagan confluir a las personas en un mismo punto, que es lo que hace de un barrio un barrio propiamente dicho.

Traducción: La Colectividad

La mujer en la cultura patriarcal (I)

Por  Darío Yaparié. Estudiante de Filosofía e Historia de las Ideas
en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México
No se nace mujer, se llega a serlo.
Simone de Beauvoir, El segundo sexo

 Para empezar a hablar de la mujer en la cultura, cabe preguntarse ¿qué es la cultura patriarcal?, ¿qué significa ser mujer en dicha cultura?, ¿cómo se concibe a las mujeres en el mundo occidental que, desde hace siglos, es construido, en gran parte, con la mente y la práctica de los hombres, pero también con la práctica de las mismas mujeres?, ¿por qué muchas mujeres son seres humanos que se encuentran en desventaja respecto de la posición de los hombres?, ¿qué situación viven las mujeres y cómo se puede intentar que mejoren sus vidas y se amplíen sus libertades?

Si empezamos por enfatizar en qué ha sido de la mayoría de las mujeres en la cultura patriarcal, veremos que han padecido, y siguen padeciendo, los embates de la represión machista, a partir de la idea de que el sexo femenino es un sexo acrítico y pasivo por “naturaleza”, misma naturaleza que, supuestamente, justifica y ordena que las mujeres (y los hombres) estén atrapadas en los tentáculos de la cultura. De hecho, para Rubí de María Gómez, “la humanidad de las mujeres ha estado en cuestión durante toda la historia de la cultura y la evidencia de este hecho – la ausencia de la mujer como sujeto cultural, y su carencia de derechos y prerrogativas que caracterizan y legitiman la existencia masculina- es tan apabullante que obnubila la misma posibilidad de preguntarse por ella” (Gómez, 2001:75).

Por consiguiente, las mujeres, por su escasa inserción en la cultura occidental, viven obedientes al someterse a las órdenes de los hombres, a un ámbito particular en su condición de mujeres. Tanto es así, que, a nivel cultural, existe una ruptura, además de un condicionamiento, desde los “otros” y con los “otros”, es decir, con los hombres. De hecho, el carácter de objetividad (1) que ostenta la cultura funge como separador de los seres humanos, e incluso se sitúa por encima de ellos. Digamos que se encuentran diferenciados el hombre y la mujer a pesar de que, paradójicamente, viven entrelazados al ser objetos de la misma cultura que subyace alrededor de ellos.

Además, dicho sea de paso, se aprecia que, en occidente, no sólo la mujer ha padecido los embates de la cultura patriarcal, sino también el hombre, a pesar de que de él manan las estructuras de la misma, el hombre mismo ha sido sujeto y objeto de su creación cultural. Debemos reflexionar en que indistintamente de los géneros separados con su respectiva posición social (si el hombre debe salir a trabajar, la mujer debe quedarse en casa para administrarla y cuidar a los hijos), se padece el problema de la deshumanización, consecuencia de las estructuras políticas, económicas, sociales, etc. A través de los siglos, el grueso de la humanidad del mundo occidental ha sido “deshumanizada” en pos de un sistema que produce y reproduce las relaciones sociales de producción cultural. Por esta razón, “las consecuencias de esta [especie de] colonización cultural son bien conocidas: mirar la propia realidad en un espejo en que se reflejan figuras de otra realidad, [se trata de un] buen sistema para distraernos de lo nuestro y para no emanciparnos culturalmente” (Ander-Egg, 1983:155).

Hay que tener en cuenta, que, la manera de concebir al hombre y a la mujer con su respectivo que hacer a nivel cultural, político e ideológico, se debe a la peculiar forma del pensamiento patriarcal, que circunscribe el ámbito de las relaciones humanas a una concepción supuestamente natural: los hombres y las mujeres son diferentes por naturaleza. Esto significa que la mujer es pasiva, obediente, sin pensamiento crítico, etc., y que el hombre es activo, replicante y capaz de pensar por sí mismo, y de paso por las mujeres. Tal pensamiento generador de abusos hacia la mujer, en suma, hace que los hombres sean los que gobiernen y las mujeres a que obedezcan. En buena medida, debemos semejante dualidad a los pioneros de las ideas que, como productos forjadores de la conciencia, han abonado el terreno de las relaciones humanas para influir de manera decisiva en ellas. A modo de ejemplo baste señalar la Biblia, los filósofos presocráticos, Pitágoras, Platón, Aristóteles, hasta los creadores de las teorías psicológicas como las de Sigmund Freud y Lacan. Cada uno de ellos justificará teóricamente el papel que deberá asumir el hombre y la mujer en el mundo occidental. Y la prueba es que, para Ezequiel Ander-Egg, con ellos sucede

Como tantos otros intelectuales europeos, incapaces de ver el mundo fuera de las gafas de su propia cultura, creían que aportaban el soplo espiritual del humanismo occidental, que sus voces eran proféticas […] Más todavía, ni siquiera repararon que esas ideas, más que alimento intelectual, constituían la justificación ideológica de la dominación […] que llevaban a la práctica los hombres de acción (Ander-Egg, 1983:155).

He aquí cómo comienza a forjarse un tipo de ser humano a partir de las “inteligencias” de unos cuántos sobre millones de “inteligencias” en el mundo occidental. De aquí, que también comience a forjarse una red cultural que entretejerán con sus actos los hombres y las mujeres. En todo ello se manifiesta el carácter simbólico o representativo de la construcción femenina y masculina como polos opuestos, como construcciones históricas dadas en un particular contexto.

El problema es que, aunque la fisonomía de los contextos cambie, las relaciones humanas con su respectiva construcción simbólica siguen vigentes y entretejidas en el uso y abuso del hombre hacia la mujer. Por ello es necesario que existan teorías o discursos desde el ámbito de la filosofía de la cultura, de la política, de la economía, del derecho y el Estado, de la ética, etc., que señalen los problemas de la cultura patriarcal que afectan directamente a la mujer, y también al hombre. “Es necesario que [se] piense a la mujer en el singular modo de ser que la ha distinguido y que, a la vez, la ha condenado a ser y existir en el mundo construido por el varón, […] la ha marginado de la creación y recreación de las formas de vida humana sociales y culturales” (Toscano Medina, 2001:161).

Así pues, es innegable que la mujer ha padecido los embates de la cultura. Esto es, que el ser de la mujer, a lo largo de la historia patriarcal, ha estado sujeto a las necesidades de dicha cultura. Pongamos por caso al ser de la mujer occidental en palabras del poeta mexicano Enrique González Rojo, un ser que hace la función de: “vulgar abono para que al árbol masculino [pronuncie] sus flores” (González Rojo, 1982:86). La mujer como un elemento vital para la construcción de lo masculino, y, al mismo tiempo, la mujer como un elemento de desconstrucción para sí misma. La mujer, en este problema, es para otro, pero no es para sí misma, se da al otro, pero no se da a sí misma, piensa en el otro, pero no piensa para sí y desde sí misma. En ella no se pronuncian sus flores como en el árbol masculino, lo cual es imposible, debido a que la mujer ni siquiera es árbol (un árbol que, por cierto, hunde sus raíces en la tierra y da frutos), simplemente es vulgar abono para nutrir al árbol masculino.

La mujer así, en la práctica cotidiana, se reduce a objeto, un objeto que no piensa por sí mismo, sino que lo piensan para el provecho del otro (del hombre),y también un objeto deseado por lo otro, es decir, por la cultura. Es importante, pues, que la mujer comience a pensarse desde sí y desde fuera de sí (desde la cultura del otro), si es su voluntad salir del lugar al que se le ha confinado; del papel de vulgar abono que reproduce las ramas y fortalece las raíces, tanto del árbol de la cultura como las del hombre mismo. “La mujer no ha jugado en ella ningún papel protagónico o relevante, si acaso el de cumplir el papel de una compañera cuya tarea es dar sosiego al conquistador, darle más hijos (que sean varones preferentemente) y que sea capaz de reproducir en el espacio doméstico (único espacio en el que encuentra su “realización”) la educación y los valores masculinos” (Toscano Medina, 2001:164).

En efecto, si la mujer empieza por pensarse desde sí y desde fuera de sí hará conciencia de cómo se entreteje la cultura del otro y de cómo ha sido entretejida ella misma. La cultura del otro posee un sentido y una significación, misma que da un sentido, sí, pero una des-significación para la mujer como ser humano con capacidades como las del hombre mismo. La mujer-objeto se des-significa como sujeto activo capaz de construir e imprimir su espíritu en la cultura del otro. En ésta des-significación, la conciencia de la mujer, que es conciencia de sí misma, pierde sentido, pues está allí, sin más, esperando y bien dispuesta para dar sentido a la cultura del otro.

Ya la naturaleza (2) misma de la mujer -como un ente en que culmina la gestación humana- le da un lugar en el mundo, pero aquella no construye su ser en él. Es decir, la mujer y el hombre nacen, sí, naturalmente, de las entrañas de la mujer, pero la cultura no nace ni nacerá de las entrañas de ninguna mujer, sino de las mentes creadoras de los o las sujetos.

Por tanto, si la mujer “da a luz”, desde sus entrañas, al ser humano en general, el ser de la mujer, desde que nace, es un ser “sin luz” para la cultura del otro, no para sí misma. Es un ser para sí desde lo biológico en el que su cuerpo le pertenece (aunque hay mujeres que se dan por completo, negándose a sí mismas, que a la cultura del otro le pertenece su cuerpo y su espíritu), pero su conciencia aún no está construida, no es conciencia para ser sí misma. Ésta más bien comienza a construirse a través del tiempo, bajo la influencia de la cultura en la que nace. Por tanto, cuando el ser, desde sus primeros días, es arrojado a la cultura, desde la cultura para la cultura, según el tipo de cultura que prevalezca, y según la tradición que la fortalezca, el ser del ser humano se oprimirá o se liberará.

En otras palabras, la tarea que se debe asumir para la reconstrucción de la cultura y de una nueva mujer, es, primero, la de construir un aparato crítico, capaz de cuestionar y minar las bases de la cultura que prevalece. Si se es un tipo de mujer desde el discurso de la cultura, es porque también existe una mujer que se autoconstruye con el discurso y la práctica de dicha cultura. Una no puede existir sin la otra. El contexto cultural delimita y conforma a la mujer restándole subjetividad, estableciendo así una relación paralela de mutua dependencia.

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(1) La cultura es objetiva cuando ésta deja de ser producto de la subjetividad de quien la crea, es decir, de la sociedad en su conjunto, que la construye a través de la práctica cotidiana. Así, la cultura patriarcal, más que atender a la subjetividad que intentamos revivir en las mujeres y en los hombres de ella, la anula, objetivándolos para ser sus instrumentos. Digamos que la cultura hace el papel de regidor donde ésta no les pertenece a los seres humanos, sino que a la cultura le pertenecen los seres humanos. En esta paradoja, la cultura se establece como una entidad viva, separada de los mortales, debido a que nacimientos y muertes de seres humanos pueden ir y venir con el paso de los años, pero la cultura puede estar ahí, inalterable por el paso del tiempo, pero más aún por los hombres y las mujeres que la fortalecen en la práctica.

(2) Hablo de “la naturaleza de la mujer” en el sentido que, en las mujeres –a no ser que nazcan con problemas de esterilidad- la naturaleza decidió que en ellas se gestara el producto humano, para que finalmente lo arroje al mundo de los demás seres humanos y, por tanto, de la cultura. Sin embargo, de la mujer misma depende si quiere ser madre o no, pero tal decisión será una decisión cultural, no natural. Así pues, en caso de que la mujer decida no parir, no significa que no sea mujer.

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