La mala yerba (humilde homenaje a Yerma)

ESCENA I

Sala de estar, paredes encaladas. En el tabique zurdo, el
hueco de una ventana. Al fondo, de izquierda a derecha, un
armario, una puerta con una cortina estampada recogida,
una mecedora y un pequeño sofá. Sobre este, colgados, dos
cuadros: un bodegón y una cacería de ciervos. Iluminación
total.
Isabel, desplomada en la mecedora, se seca sus últimas
lágrimas con un pañuelo de tela. Viste de luto, con pantalón
y rebeca. Concha, sentada en el sofá, rígida, permanece
callada, sin mirar a su hermana, y también ataviada para un
velatorio. Lleva mantilla, con la cara descubierta y un
anticuado traje negro.
Es la mañana de un domingo de noviembre de 1973, en el
campo andaluz occidental.

ISABEL. Bueno… pues ya está.
CONCHA. Sí.
ISABEL. (Reflexiva) Adiós a toda una vida.
CONCHA. Ajam.
ISABEL. ¿Te acuerdas de aquella vez en que casi quema el pajar entero para matar a una arañilla? (sonríe, intentando reponerse del llanto).
CONCHA. (Continúa pasiva) Claro.
ISABEL. Llevaba varias semanas enfermo, ¿verdad?
CONCHA. Ay, mira, déjame en paz. Qué más dará… ojalá esto fuera mi mayor problema.
ISABEL. No me extraña que te dé igual, nunca le has querido.
CONCHA. (La mira a los ojos) Para ti es muy fácil querer a papá, no has tenido que vivir con él todo este tiempo. A ti te dio la ciudad, ¡toda la ciudad! En cambio, a mí… a mí me dejó encerrada en esta casa, en este pueblo muerto.
ISABEL. Ya hemos hablado de esto muchas veces, no empieces con lo mismo, ¡qué aburrimiento! (CONCHA vuelve a mirar hacia otro lado. ISABEL le coge una mano. Inquieta, trata de cambiar de tema) Si no es papá, ¿cuál es ese problema?
CONCHA. No es nada. (Aparta la mano. Contradictoria) Es por papá.
ISABEL. No, no es por papá. A él no le quieres, ya lo has dejado claro antes. Tu mantilla, tu luto… tu velatorio es por otra cosa. Tu duelo está por dentro, en tu cabeza. (Pausa) Llevas toda la mañana perdida.

CONCHA suspira. Pierde la tensión en sus músculos. Se
desinfla. Parece que va a llorar.

¿Y bien?
CONCHA. Verás… mi marido…
VOZ DEL MARIDO. ¡Mujer, El chambergo! Que voy ya a la faena.

CONCHA va hacia el armario, lo abre de par en par y
descuelga la única prenda que hay dentro: el chambergo.
Recorre todo el escenario y sale por la derecha. Vuelve sin
el abrigo. Antes de sentarse se oye un portazo que asusta
visiblemente a las hermanas, que dan un respingo. Se
sienta, de nuevo, en el sofá. Disimula. ISABEL le da un
tierno empujón en el hombro, para que hable.

CONCHA. Estoy preñada.
ISABEL. (Contenta) ¡Encinta!
CONCHA. ¿De qué te alegras? ¡Es una tragedia!
ISABEL. (Burlona) Una tragedia, una tragedia… no dramatices. Es verdad que a esta edad puede ser peligroso, pero ¡es tan bonito! ¡una vida nueva!
CONCHA. Esa vida nueva nos va a devorar la nuestra.
ISABEL. Qué terrible eres (pausa). ¿Ya lo sabe tu marido?
CONCHA. No, y no va a tener noticia.
ISABEL. No vas a poder esconderlo para siempre. Además, él también tiene derecho a saberlo.
CONCHA. A ti siempre se te llena la boca de derechos, de justicia, de esto y de lo otro. ¿Pero cuáles son mis derechos? ¿Y los de mi marido? ¿Morirnos de hambre? ¡Ya no queda nadie en este pueblo! Todos se fueron a la ciudad, como tú, a las fábricas. Nadie quiere comprar ya nuestros animales o nuestras frutas. Tenemos que competir con toda esa comida mecánica, industrial. Se han vuelto todos locos. ¿Y tú quieres que tengamos otro hijo? No hay futuro en el campo, Isabel. Las manos del niño que viene nos van a ahorcar en lugar de ayudarnos a sostener la azada.
ISABEL. No estás hablando tú, yo sé que no estás hablando tú. No se cómo puedes decir esas cosas. Siempre te han gustado los niños… todavía no perdonas que Basilio se ordenara y no te hiciera abuela.
CONCHA. Sí, pero mi marido dice…
ISABEL. (La interrumpe) Ah, tu marido.
CONCHA. Sí. Mi marido.
ISABEL. Entiendo.

Silencio.

CONCHA. ¿Qué quieres decir con entiendo?
ISABEL. No tienes que tenerle miedo, lo comprenderá. Él también es parte de lo que llevas en tu barriga.
CONCHA. (Resignada) Me gritará. Toda la culpa es mía.
ISABEL. ¡No!
CONCHA. ¡Sí! (solloza). Yo desee a ese niño mientras le hacíamos. Pero mi marido… él nunca ha querido tener un hijo conmigo, ni siquiera a nuestro Basilio. Pensé empezar de nuevo, con otra criatura, educarla, mimarla. Por eso estoy embarazada. Pero tiene razón. Un hijo ahora… me va a abandonar cuando lo sepa.
ISABEL. Debes tratar de hablar con él, seguro que no se marcha. Aunque, si no, siempre te queda… lo otro.
CONCHA. ¿Lo otro?
ISABEL. Londres.
CONCHA. ¡Por los clavos de Cristo! Yo nunca podría hacer algo así…

Se va haciendo el OSCURO…

ESCENA II

Tarde en la plaza mayor del pueblo. Papel pintado sobre el
fondo, con varias casas blancas. Albero en el suelo.
Iluminación total.
CONCHA y dos VECINAS, ancianas, zurcen retales sentadas
en unos taburetes de mimbre. El de la VECINA 1 es más
pequeño que los otros dos. CONCHA está en medio de ambas. Ya no viste de luto.

CONCHA. …pero bueno, también me dijo que estaba la posibilidad de, ya
sabéis… lo otro.
VECINA 2. ¿Lo otro?
CONCHA. Londres.
VECINAS. ¡Por los clavos de Cristo!
CONCHA. (Simulando diversión) Lo mismito dije yo.
VECINA 2. Cómo se le ocurre ni siquiera pensar que tú…
VECINA 1. (Interrumpe) La de disgustos que nos hubiéramos ahorrado nosotras si en su día también hubiéramos podido.
VECINA 2. Dime si tú serías capaz de hurgarte en las entrañas para matar a tu propio hijo.
CONCHA. Ay mujer, pero…
VECINA 1. Tu hijo, tu hijo. Pero si eso al principio no es más que una bolita.
VECINA 2. Al principio, tú lo has dicho.
CONCHA. (Tímida) Yo me lo noto desde hace 2 meses.
VECINA 1. ¿Ves? Dos meses no es nada, una bolita.
VECINA 2. Pues tú misma también fuiste una bolita con dos meses y seguro que no te hubiera gustado que te desparramasen por ahí como un flan estrellado en el piso.
CONCHA. (Empalidece) Eso… eso no es así.
VECINA 2. ¡Uy, que no!
CONCHA. Mi hermana nunca me ofrecería hacer algo así.
VECINA 1. ¿Y no crees que la Jacinta si hubiese podido elegir habría tenido al retrasado de su hijo?
CONCHA. No es tan bobo… es diferente.
VECINA 1. ¿Y Rosarito, la de la Luisa, que tuvo dos que se le murieron flaquitos, casi al nacer, de no tener nada que echarse al gañote?
CONCHA. Pero es que su marido se pasaba los días y las noches en la cantina.
VECINA 1. (A la VECINA 2) ¿Y tú, tú misma, nunca has pensado que si no hubieras tenido tan jovencita al primero de tus hijos no te habrías tenido que casar con un hombre que te desprecia? ¿Qué hubiera pasado si no lo hubieses tenido?
VECINA 2. (Se pincha varias veces la yema de sus dedos con la aguja y la refriega sobre la tela blanca que cose, manchándola. Trágica) ¡Esto! ¡Esto habría pasado! ¡Sangre! La misma que a las mujeres nos da la muerte dos veces, una cuando empezamos a sangrar y otra cuando lo dejamos para siempre.
CONCHA. Pero allí te operarán, será todo muy limpio, no como aquí. La gente está más preparada, más educada. Tienen más dinero. Y seguro que no duele.
VECINA 2. ¿Sabes qué es lo que te hacen en Londres? (CONCHA muestra su interés acercando la cabeza hacia su interlocutora) Te tumban en una camilla, te abren las piernas y con un ganchito, con una percha, te revuelven por dentro y te sacan al niño pinchado en el alambre.
CONCHA. (Se toca la barriga, con gesto de dolor) No puede ser…

Mira a la VECINA 1, que asiente con la cabeza y los ojos
cerrados. Pausa. CONCHA se resiste a creerlo.

¿Y tú eso cómo lo sabes?
VECINA 2. (Misteriosa. Confidencia) Por mi hija, la menor. ¿Te acuerdas que estuvo de criada de los Salmerón? Pues a la niña de la casa la preñó, dice, el párroco viejo, el que estaba antes, y para que nadie se enterara, ni el obispo ni los amigos de la familia, el cura le fue con el cuento de Londres al señor, y allá que se la llevaron. Y la niña volvió, sin hijo, pero sintiéndose todas las mañanas la percha por dentro.

Se repite la mímica anterior. Vuelve a asentir la VECINA 1.

VECINA 1. Con la Iglesia hemos topado.
CONCHA. (Preocupada. Chista) Que como te oiga alguien…. ¡Qué cosas tienes!
VECINA 1. ¿Quién? Si este pueblo está vacío. Echo de menos que alguien nos oiga… Pues anda que haberse ido la repipi tan lejos para hacerse esa chapuza.
CONCHA. Y con la cosa tal y como está (gesticula dinero, paseando el pulgar por el índice y el corazón de su misma mano).
VECINA 2. Mira, Concha, tú sabrás a quien quieres tener contento. A Dios o a tu marido.
VECINA 1. Lo que yo diga.
VECINA 2. Piensa. Piensa en ese pobre niño, ¡o quizá niña! Tu primera hija, que no quieres dejar nacer. Que quieres matar. Y Dios lo ve todo, y todo lo castiga.
CONCHA. Sí, pero, también puede ser lo mejor. No tenemos ni para nosotros, si encima tenemos un bebé… lo deberá comprender.
VECINA 2. Dios no entiende de los problemas de la tierra, que por serlos, tienen menos valor. Él se encarga del alma, de tu alma, y la verá negra cuando la reciba si haces lo que estás pensando.
CONCHA. Yo no estoy pensando nada.
VECINA 2. Sí piensas, y piensas mucho. Eres curiosa, como Eva. La curiosidad no mató al gato, mató a la mujer, a la Humanidad. Las mujeres deben ser menos curiosas y más trabajadoras. Y deberse a lo que se tienen que deber.

La VECINA 1 se ríe, pero nadie le acompaña. Pierde
progresivamente la risa. Comprende que el parlamento de
la VECINA 2 es sincero y compartido. Breve silencio. Recoge
sus telas y ovillos. Se despide. Mutis.

¿Ves este escabel? (señala la banqueta de la VECINA 1) Se ha quedado vacío. Vacío. Nada. El espejo de su vida, solitaria. De la
sequedad. Quiere que no tengas al niño, como ella, para que estés así hasta que mueras, sin nadie. Con la silla vacía. Pero no le hagas
caso, y sigue cosiendo. Deja ya ese vestido ridículo que quieres hacerte, tú misma sabes que no lo vas a poder estrenar nunca. Eres
una madre, no una de esas de las revistas. (Cambia el tono, más cariñosa) Sin embargo, puedes hacerle unos zapatitos al bebé. Tengo en casa lana rosa.
CONCHA. (Nostálgica) Sería bueno que fuera una niña.
VECINA 2. Una preciosa niña, viva. A la que arropar cuando tenga frío. Que se ría cuando le hagan cosquillas. Que llore cuando tenga miedo, y quiera que le enciendas un candil. (Le acaricia la cabeza, entrelazando sus dedos por el cabello) Cuídala. Cuídala mucho. Estar embarazada es una recompensa, no un castigo. Pero ya notarás esa satisfacción, no te preocupes. Sabrás que no te has equivocado cuando la balancees entre tus brazos, como una luna menguada, noche tras noche.
CONCHA. Noche tras noche. Balanceándola…

Se va haciendo el OSCURO…

 

ESCENA III

Noche en el mismo escenario que en la Escena I. Penumbra.
Iluminación tenue.
CONCHA permanece de pie, cerca de la ventana, inquieta.
Porta una vela encendida sobre un plato. El MARIDO está
sentado en el sofá. Afila una estaca con una navaja.

MARIDO. Pues no que me dice que el pecado original de los andaluces es la pereza. ¿Te lo puedes creer?
CONCHA. No.
MARIDO. Pues créetelo, créetelo. Este patrón cada vez está más insoportable. Estoy en planta a las cinco de la mañana para darle de comer a la burra, a los pollos y a los puercos, que por no comer ni como, y luego me voy a la labranza a echar allí todo el día, llueva o truene. Catorce horas del día con la herramienta en la mano y el mindundi este solo se llena las botas de tierra cuando viene a cobrar. La ciudad sí que ha traído nada más que ladrones y flojos. (Pausa) ¿Qué has hecho de cena?
CONCHA. Caldo de puchero y patatas hervidas.
MARIDO. ¿Con yerbabuena?
CONCHA. No. ¿Quieres?
MARIDO. Échale, anda.

CONCHA sale por la puerta de la cortina recogida.

MARIDO. (A voces, para que CONCHA le oiga). La pereza, la pereza… ¡la vida entera enfangado de mierda hasta las rodillas! Que hasta me huele el sudor a abono. ¿Sabes lo que tendríamos que hacer? No, no, nada de irles a los concejales, los politicastros no sirven para nada. Tendríamos que denunciarle a la Guardia Civil. ¡Que baje Dios y niegue que este diezmo que nos cobra no es un robo en toda regla! Y que lo metan en Carabanchel o por ahí, no en El Puerto, no vaya a ser que se junte con los vagos y los maleantes (Ríe, satisfecho).

CONCHA regresa por la misma puerta y se acerca, de
nuevo, a la ventana. Mira a través de ella.

(Hacia CONCHA, explicándole) Los vagos y maleantes, nosotros, los andaluces, según el tipo este, claro. Bueno, da igual. A ti nada de esto te hace gracia, ¿no es así? Siempre te ha dado igual todo. ¡Claro! Como el que tiene que trabajar soy yo… tú aquí, en casita, con tus
animalitos y tu comidita.
CONCHA. Oye…
MARIDO. Y encima tengo que decirte yo cómo tienes que hacerlo, que todavía no has tenido tiempo para enterarte de que el consomé me gusta con yerbabuena.
CONCHA. Escucha…
MARIDO. Y las papas, sosas, como siempre. Y no será porque no tenemos sal, que todos los días vienen de los esteros con carretas llenas de sacos.
CONCHA. (Deja el plato con la vela en el remate. Se da la vuelta; le mira) ¿Puedo…?
MARIDO. (Importunado) Qué.
CONCHA. ¿Puedo hacerte una pregunta?

Silencio.

Hoy, en la plaza, esta tarde, me he cruzado con Carmina, la gallega, y me estuvo contando que en una tierra que tiene, detrás del establo, en su casa, que la tenía baldía, está empezando a salir un tallo. No se lo esperaba. Dice que parece que es de rosa, pero cree que se le va a marchitar antes de florecer. Y eso: no sabe qué hacer, porque tendría que cuidarla, fertilizarla, regarla, protegerla de los pulgones, que ahora que empieza a refrescar tampoco debería haber muchos, pero nunca se sabe. ¿tú qué piensas?
MARIDO. ¿Las rosas se comen?
CONCHA. No.
MARIDO. ¿La va a vender?
CONCHA. No.
MARIDO. Entonces, no va a sacarle dinero a cultivarla, ¿no?
CONCHA. No…
MARIDO. Pues ¿hace falta que te diga entonces lo que pienso?
CONCHA. Bueno, pero… la rosa adorna. Y es bonita. Y vive.
MARIDO. No todo lo que vive es bueno, Concha. Dices que creció en tierra muerta, ¿no es así? Pues de lo muerto solo puede salir algo peor que un muerto. Gusanos, podredumbre. No merece la pena prestarle más atención.
CONCHA. Pero…
MARIDO. (Clava la navaja en la mesa, y comienza a contonear la estaca afilada como una lanza, tal que si fuera un florete) Mala yerba, Concha, mala yerba. O se corta de raíz, o la arrancas con tus propias manos, o ese campo ya no va a servir ni para soltar los bichos a trotar, ¿comprendes? (Pausa). La vida es otra cosa que andar entretenido en caprichos. Bastante tenemos con los quehaceres como para perder el tiempo en florecitas que tarde o temprano acabarán viejas, retorcidas o masticadas por alguna yegua.

CONCHA se da la vuelta. Apoya los brazos en la cornisa de
la ventana. Vuelve a mirar por ella. El MARIDO coge de
nuevo la navaja y raspa el palo.

Dile a Carmina que mate al tallo antes de que crezca. Y que no malgaste el material en una simple flor, teniendo todavía que labrar
todas sus tierras. (Pausa) De esas cosas se tiene que encargar su marido. (Pausa) ¿Qué andas mirando tanto?
CONCHA. Nada…
MARIDO. ¿Nada?
CONCHA. Sí, nada… La luna… que está menguando…

Se va haciendo el OSCURO…

 

ESCENA IV

Día en el mismo escenario que en la Escena I y III, pero la
cortina de la puerta no está recogida, y el armario está
abierto. Nadie. Iluminación total.

VOZ DEL MARIDO. ¡Mujer, El chambergo! Que voy ya a la faena.

Silencio.

VOZ DEL MARIDO. ¡Mujer, El chambergo!

Silencio.

VOZ DEL MARIDO. ¡Concha, joder!

Silencio. El MARIDO entra por la derecha, maldiciendo.
Recorre el escenario. Va hacia el armario. Le indigna que
esté abierto. Va a coger el abrigo y lo encuentra en el suelo
del ropero. No hay nada más. Confundido, lo recoge y se
viste. Inicia el mutis, visiblemente dudoso aunque tranquilo.
Suena un portazo. Por debajo de la cortina asoma un fino
hilo de sangre, que poco a poco invade la sala.
Se hace el OSCURO final.

Adrián Tarín

Sobre desahucios, buitres, cuervos, y zorras

Por Alonso Gómez

Martes, 13-11-2012 RNE: “La sociedad entera, encabezada por sus instituciones se enfrenta al drama de los desahucios…”

Con esta aseveración comienza una de esas vergonzosas tertulias que demuestran la total libertad de expresión de la que gozamos, participadas por invitados del  amplísimo espectro político de su democracia. Están todos de acuerdo, faltaría más, en la tragedia que supone que la gente sea expulsada de su dulce hogar, aludiendo a los últimos suicidios. Se congratulan de que el gobierno y el partido principal de la oposición se reúnan para adoptar soluciones.

No exoneran de responsabilidad a los embargados,  “personas que no han sabido administrar sus recursos”. Hacen hincapié en el agravio comparativo que supondría el que quien no pague la hipoteca no pierda la casa frente a los esforzados y responsables ciudadanos  solventes, además, alertan del posible efecto llamada. Resaltan la exquisita sensibilidad de jueces y policías para con los afectados, y se detienen en reseñar que el PSOE ha pedido perdón  a la ciudadanía por no haber actuado antes.

Dos días después, con la huelga de por medio, tenemos la solución, una moratoria de dos años a los casos mas graves , entiéndase rentas bajas con enfermos, bebés, impedidos, mujeres maltratadas…

ANTE  ESTO, NOSOTRAS DECIMOS:

Que estamos hastiadas de padecer estas comedias en todos  sus medios de comunicación, falsos debates donde varios tertulianos (la voz de sus amos, todos fundamentalistas demócratas) hacen cerrada defensa del orden vigente, sólo les separan matices insustanciales.

Desgraciadamente, no es toda la sociedad, únicamente una  ínfima y digna minoría se ha implicado en la defensa de las amenazadas por los desahucios, o sea, por jueces, bancos y policías. Esto ha llevado, eso sí, a que más gente, aunque no se implique, tome posición.

Las leyes de mercado electoral, hacen que ahora los políticos pretendan tenernos en cuenta, e incluso nos pidan disculpas, como hace poco ya hiciera  Su Majestad.

Por cierto, las instituciones, no son de la Sociedad, del Pueblo, son del Estado, y defienden sus intereses frente a los del Pueblo, enfrentados.

Lo cierto es que la referencia en la defensa de los afectados y en la denuncia de esta felonía, la iniciativa parte del pueblo organizado en asambleas, no de las instituciones. Las instituciones son las que nos desahucian, que quede bien claro. Y ahora pretenden ponerse de nuestro lado para amortiguar su descrédito y la creciente desafección de la gente, oportunismo puro y duro, lavado de imagen tan solo. Pretenden contrarrestar la iniciativa popular, ningunear el poder popular, la autoorganización de quienes ni piden ni suplican, acometen.

Cuando este hatajo de sinvergüenzas acusan de falta de responsabilidad a  quienes  nos hemos embarcado en préstamos a los que no somos capaces de hacer frente, eluden y distraen la que tienen los banqueros, los constructores, todos los artífices de la burbuja inmobiliaria, los que sobretasaron y embaucaron, los que inflaron los precios artificialmente. Así, llegado el caso, los hipotecados no podemos vender el piso para pagar la deuda, pues vale mucho menos de lo que nos costó. Nos engañan, nos estafan, nos despiden, y resulta que no nos sabemos administrar. Nos recuerda a la viñeta de “El Roto” en la que un opulento empresario le reprochaba a un pobre obrero: ¿En qué te has gastado el sueldo, sinvergüenza, que has disparado la inflación?

El posible agravio comparativo entre el que no paga y no pierde la casa y el que paga y tampoco, no va a existir, no se caracterizan los usureros por ser dadivosos, precisamente. Eso sí, se puede escribir un extenso libro con incontables e insultantes agravios e injusticias flagrantes que ellos provocan y mantienen y ante los que se hacen la manicura.

El efecto llamada que temen no es  que miles ante su espontánea generosidad dejemos de pagar la hipoteca y nos lo gastemos en caprichitos, temen el efecto llamada de quienes constatan que la unión hace la fuerza, y que pueden esperar todo de sus iguales, y nada mas que palos de las instituciones, y si no, ¿Cómo y quiénes han parado los desahucios hasta ahora, y quienes van a seguir haciéndolo? Lo que pretenden es que volvamos al redil de la legalidad democrática que renunciemos al enfrentamiento con el poder y al apoyo mutuo entre iguales.

 Las asambleas autónomas, la acción directa sin intermediarios, es temible para ellos, pues constituyen per se la más profunda crítica y desautorización del orden político vigente.

Por eso ahora todos quieren parecer buenos, solidarios, los lobos se visten la piel del cordero.

Los jueces, los cuervos, que aplican una justicia invertida, unas leyes que mantienen los privilegios de los privilegiados…  el presidente del Tribunal supremo nos informa de la sensibilidad del poder judicial ante el drama.

Días antes en la portada de “El País” el 11-12-2012 destacó un gran titular: “Los jueces se alían para paliar el efecto de la crisis a los más débiles”, y desarrollaba, “Los cuarenta y siete jueces decanos de España se han convertido en estos días en la inesperada punta de lanza de un movimiento reivindicativo para paliar los efectos sociales del derrumbe económico (…). La justicia esta llamada a encabezar el discurso público contra la crisis (…) han suscrito en una iniciativa que ha removido los cimientos del Poder Judicial, han obligado al Gobierno a plantear reformas legales y han forzado a los dos principales partidos políticos a buscar fórmulas de consenso para cambiar a toda prisa la dura legislación sobre ejecuciones hipotecarías ya cuestionada en la UE”. Acompañado de una encuesta de Metroscopia que informa de que el  95% de los ciudadanos exige cambiar la ley de desahucios. En la misma portada,  otro titular, “Golpe mortal de Mohammed a la ley de desalojos” , este hombre desalojado el año pasado de su casa junto a su esposa y dos hijas llevó el caso al tribunal de la UE, y lo ha ganado.

Los quebrantahuesos, el secretario general del Sindicato Unificado de Policía asegura que apoyarán a los agentes que se nieguen a participar en desahucios. Dice que se escucha a polis con problemas de conciencia (no sabíamos que tuviesen de eso), refieren situaciones desagradables, llanto de niños que les ponen mal cuerpo; algunos llevan el casco y la visera en el interior del domicilio de los desdichados, pero no por peligrosidad, ¡para ocultar las lágrimas! ( conmovedor, sin duda); el silencio sepulcral en el furgón de antidisturbios al regreso de tan heroica acción; incluso alguno ha llegado a vomitar descompuesto y afectadísimo , parece ser , por la injusticia perpetrada… Literalmente narrado por un policía en RNE, 13-11-2012.

Terminan diciendo que se sienten identificados, pero el  “trabajo” hay que hacerlo ( las comillas son nuestras, por supuesto).

La policía, y los antidisturbios no son precisamente una excepción, son voluntarios, si están donde están es por gusto o como poco por propia decisión. Fueron hombres y mujeres, ahora sólo son polis, saben para quien trabajan y sus lágrimas las compran en las rebajas. Desde que existen, miles han vomitado sangre, perdido ojos, dientes y la vida, abortado, sufrido tremendas palizas a manos de estos mercenarios índigos que no se detienen ni ante el llanto, ni ante las súplicas, ni ante los gritos de horror de sus  “trabajos del día”. Son el enemigo, y aunque quieran lavar su imagen, la sangre de sus víctimas es indeleble. Ellos son las Fuerzas de Seguridad del Estado, ante las que no podemos sentirnos más que inseguras. Lo que escuchamos de su boca, nos recuerda al miserable e indecente maltratador que tras golpear a su mujer, le dice lo mucho que la quiere. Ellos nos comprenden, entre paliza y paliza.

La zorras, los políticos y sus partidos, gobiernen o no  las astutas raposas utilizaran mil argucias para convencer a sus víctimas de que van de buenas, que son dignas de confianza y nada hay que temer de ellas, hasta que sea demasiado tarde. Malabaristas especializados en llevarse el gato al agua. El 26-12-2012 Cayo Lara se reunió en el Congreso con una delegación de la  Plataforma de los Afectados por las Hipotecas (PAH). Izquierda Unida se ha comprometido a llevar al parlamento las exigencias de colectivos y asociaciones afectados por este problema. Que oportunos y enrrollaos, quieren ser nuestra voz en el Parlamento, quieren volver al Parlamento, a la legalidad, democratizar las luchas que se pueden ir de madre, dejarnos claro que es allí donde debe resolverse todo conflicto con su desinteresada mediación.

Los buitres, los banqueros usureros que nada aportan, únicamente hurtan, interpretan su papel en este teatro, se lamentan de ser ellos sobre los que recae todo el peso de los alquileres sociales, es decir, de tener que prestar a los desahuciados algunos de los miles de pisos que atesoran vacíos tras haber puesto a sus moradores en la rue.

Lo cierto es que ya es cuestionada en Europa la ley de desahucios española por su severidad  y es mucho el dinero que les resta por recaudar de los millones de estafadas por sus hipotecas abusivas, por su ultrausura. La poderosa Banca no tiene intención alguna de “perdonar” un solo céntimo del botín de guerra del saqueo, lo que esta aconteciendo, ha de percibirse como sus maniobras para de una u otra manera no tener que renunciar ni a una miga del pastel.

La paralización de desahucios en casos de extrema necesidad, la moratoria de dos años, es pura publicidad, propaganda barata del poder, queda mal sacar a un enfermo en camilla, a un impedido, a un anciano decrépito, a un bebé llorón ante las cámaras de televisión. Además, lo de los dos años será a ver si se recupera la economía y se crean unos puestos de trabajo basura post-tropecientas reformas laborales y con sus miserables sueldos podamos seguir pagándoles ante el temor de acabar bajo un puente, o quizá esperan que en dos años los viejos y enfermos mueran y los bebés crezcan…. Y el alquiler social… reproducimos textualmente lo que un trabajador inmigrante dijo en desayunos de TVE,el 16-11-2012 a las 09:12: “Agradecer que me han dado un alquiler social, PUES NO, después de que un piso me cueste doscientos sesenta y tres mil euros y ahora he visto con mis ojos que cuesta cincuenta y cinco mil. No puedo estar agradecido al Sistema ni a los políticos ni a los bancos. Yo ya he pagado con creces.”

Eso sí, de las preferentes ya  no les gusta hablar tanto, de miles y miles de personas, la mayoría ancianos estafados vilmente, peor que el timo de la estampita…no son más que unos miserables trileros. El 28-11-2012 Bankia anuncia, exigencia europea, la quita de preferentes: un 39 % a particulares que llega al 46% a propietarios de deuda subordinada perpetua.

Unos 37.000 millones de euros de ayuda europea a la banca, que cerrará la mitad de sucursales,… unos miles de despedidos más. Recordemos que las cajas, sus consejos, estaban politizados, y según los gobiernos regionales, así se los repartían. Tenían consejeros los partidos, Izquierda Unida incluida, y los dos grandes sindicatos… eso en los años de la locura inmobiliaria, de la que todos participaron.

No olvidemos que si se ha montado todo este revuelo político- mediático ha sido por las muertes acaecidas, sobre todo por los dos últimos suicidados: un hombre ahorcado en Granada y una mujer defenestrada en Euskadi. Gente desesperada que toma una decisión desesperada.

Le dan menos publicidad a otras acciones de gente desesperada, sin muertos. Nos referimos a lo que hizo entre suicidio y suicidio el bueno de Víctor, vecino de Sotopalacios, Burgos. Este castellano de 72 , que lleva 30  currando en su carpintería metálica e hinchándose a pagar impuestos, como todo hijo de vecino, tras intentar infructuosamente renegociar la deuda de un préstamo de 24.000 euros para su negocio  con el banco, y después de que el juzgado ordenase el embargo de una finca suya valorada en 90.000 euros, se presento en la sucursal con un bidón de 20 litros de gasolina , y tras desalojar a los cuatro empleados, procedió a su desinfección con un éxito rotundo… quedo totalmente destruida. Igual que nos entristece conocer los suicidios, nos alegra la decisión de Víctor, que en vez de destruir su vida, ha hecho algo constructivo, le felicitamos, y hacemos un llamamiento a que se le apoye frente a la justicia que va a querer escarmentarle  temerosa de que cunda el ejemplo. Quemar bancos ya no es un saludable deporte practicado en exclusiva por jóvenes radicales, es una expresión de justicia del Pueblo.

El 28-11-2012 se suicida en Santesteban, Navarra un hombre de 59 años , debía 4.200 euros de alquiler y el juzgado decretó el desalojo por impago… El mismo día de la toma de posesión de José Antonio Sánchez como nuevo fiscal jefe de Navarra que ha expresado sus “condolencias mas sentidas” a la familia y ha aseverado que “esta muerte no es imputable a la administración de justicia”. Todos son inocentes, nadie es responsable de nada, ni bancos, ni jueces, ni políticos…, la culpa es de los suicidas y de su escaso apego a esta bonita vida con la que hemos sido obsequiados por cortesía de todos ellos, mil gracias!

Hacemos una llamada a la reflexión, ¿Qué es lo que está pasando aquí? De repente el gobierno toma cartas en el asunto, el PSOE hace la del Rey, jueces y policías se muestran condescendientes, y los periodistas lo festejan. Nada se puede esperar de bancos, polis, jueces, partidos y medios de comunicación más que usura, palos, condenas, oportunismo y manipulación.

El principal Problema es que las trabajadoras hemos de mantener al hipertrofiado y costosísimo Estado, a todos los mentados, y a muchos más. En resumidas cuentas, demasiadas sanguijuelas para tan débil huésped.

El Pueblo no puede ni debe mantener a estas huestes de parásitos, que para colmo tienen la desfachatez de presentarse como nuestros valedores, volviendo al símil, cómo el maltratador que no sólo pega a su mujer, además le hace creer que no será capaz jamás de salir adelante sin él, la minusvalora, la desprecia y se muestra paternalista, la hace sentir dependiente.

Atentos hemos de estar, vigilantes ante movimientos que sólo piden más de lo mismo, la perpetuación del Estado y la dictadura democrático- parlamentaria. No todo vale, no todo lo aparentemente contestatario hay que aplaudirlo, el  “Rodea el  Congreso” del 25-S  sin ir más lejos, habla de “nuevo proceso constituyente”, de la convocatoria de nuevas elecciones. La presencia de personajes de la catadura de García Trevijano, autor del libro “Libertad Constituyente “tras el cotarro, ya dice bastante. En el bicentenario de la infausta Constitución de Cádiz, que significo el absoluto triunfo del Estado sobre el Pueblo ejecutado a sangre y fuego.

Algunos pretenden que nuestra derrota sea per sécula, y modernizar, actualizar las constituciones para mejor continuar  la total dominación.

Cual ave fénix, el poder se renueva y renace de sus cenizas para cuando acaba un ciclo, con otra careta, empezar otro. Sólo cambia la apariencia, y las apariencias engañan. Los mismos perros con distintos collares.

Lo que es urgente e imprescindible es la constitución de una comunidad humana en lucha frente a sus opresores, con conciencia de si misma y del común enemigo, cuyos miembros seamos plenamente conscientes de nuestra pertenencia a ella, y cuyo ideario, cuyos signos identitarios sean valores propios y comunes enfrentados a los del enemigo: Solidaridad, Apoyo Mutuo, Horizontalidad, Asamblearismo, Comunitarismo, Interdependencia, Autogestión, Antiparlamentarismo, Equidad, Libertad…pues esta comunidad en lucha real, con aspiraciones reales, con el sueño de un futuro común y mejor nunca podrá generarse a partir de, haciendo bandera de reivindicaciones económicas, desde dentro del mundo de las matemáticas y el dinero, del pordioseo al Estado. Ha de transcenderlo necesariamente.

Imprescindible es, de igual manera, la denuncia de las ridículas e insultantes piruetas y el dañino papel desempeñado por los grandes sindicatos amarillos, vendidos literalmente al poder por unos miles de sueldos, favores y prebendas. Más culpables de la actual situación de integral desprotección de la clase trabajadora que la patronal, más enemigos del obrero que su jefe. Su última colosal payasada en el cotidiano espectáculo circense que protagonizan estos mamporreros apagafuegos, es la exigencia de la celebración de un referéndum en el que la ciudadanía apruebe o repruebe las medidas de recorte de gastos del Gobierno no anunciadas en la última campaña electoral. Debe de ser su contribución a la “profundización democrática”. Salta a la vista el impresionante clamor popular en aras de tan deseado e imprescindible plebiscito tras el cual  la vida tendría otro color. Lanzar balones fuera se llama a esto. La denuncia de y el enfrentamiento con estas tóxicas organizaciones paraestatales de sindicalistos, cuyo descrédito llevan lustros ganándose ellos solitos a pulso, no ha de tener tregua.

Somos y seremos maltratadas por los de arriba, inexorablemente, hasta el día en que no tengamos a nadie por encima. Este debería ser nuestro sueño, nuestro ideario, el ser libres, capaces de organizar la vida social entre todas, y aquí y ahora. Enfrentarnos a los parásitos opresores, y en simbiosis con nuestras semejantes, con las que también quieran ser libres, entre nosotras, ayudar y que nos ayuden, defender y que nos defiendan.

El Estado del Bienestar, el bienestar del Estado  es el bienestar del ganado, y el ganado es conducido, apacentado y estabulado según conviene al ganadero, primando la rentabilidad de la explotación. Nuestra más elevada aspiración, es dejar de ser ganado humano, es decir, ser mujeres y hombres libres, dueños y actores de nuestro presente y nuestro futuro común.

La aceptación del concepto de Poder como negación del anarquismo IV

Patrick Rossineri (Periódico ¡Libertad! nº 61-62)

Rocker: el Poder contra la Cultura

Contemporáneo de Landauer y bastante más prolífico, Rudolf Rocker desarrolló una teoría general del poder en su obra Nacionalismo y Cultura, escrita pocos años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Para Rocker los conceptos de nacionalismo y poder eran antagónicos con el concepto de cultura. Cuando el poder aumenta y se expande, disminuye la cultura, y por el contrario, cuando la cultura se amplía y desarrolla, el poder tiende a disminuir a su mínima expresión. La forma en la que el poder político se expresa más acabadamente en la sociedad moderna es el Estado, el cual se impone sobre la sociedad.

Para desarrollar su argumentación Rocker hace un recorrido por la Historia humana, desarrollando esta tensión entre la cultura (que es producto de la sociedad y es el medio que asegura al hombre su subsistencia material, su desarrollo intelectual y artístico) y el poder (tanto el poder político, cuya expresión moderna son el nacionalismo y la burocracia, como sus antecesores de tipo religioso y económico, que están concentrados en una minoría). Para Rocker, el crecimiento firme del poder de la burocracia política, que dominaba y vigilaba la vida de las personas, había liquidado la cooperación voluntaria y la libertad individual dentro de la sociedad, implementando la “tiranía del Estado totalitario contra la cultura.” El auge del fascismo y el estalinismo, que estaban en su cenit en el tiempo en que Rocker escribió su obra y constituían su gran preocupación, llevaron al autor a intentar explicar esta nueva expresión política que parecía aplastar todo aquello que se le oponía. Así describía a esta nueva “religión política” moderna:

“Lo mismo que la teología de los diversos sistemas religiosos aseguraba que Dios lo era todo y el hombre nada, así esta moderna teología política considera que la nación lo es todo y el ciudadano nada. Y lo mismo que tras la voluntad divina estuvo siempre oculta la voluntad de minorías privilegiadas, así hoy se oculta siempre tras la voluntad de la nación el interés egoísta de los que se sienten llamados a interpretar esa voluntad a su manera y a imponerla al pueblo por medio de la fuerza.”

Esta “voluntad de minorías privilegiadas” a que hace mención Rocker, que no es otra cosa que la voluntad de poder, tiene un papel preponderante en su tesis, tanto es así que en el primer capítulo de Nacionalismo y Cultura asume que “cuanto más hondamente se examinan las influencias políticas en la Historia, tanto más se llega a la convicción de que la voluntad de poder ha sido, hasta ahora, uno de los estímulos más vigorosos en el desenvolvimiento de las formas de la sociedad humana.” Con esta afirmación Rocker apuntaba directamente a las tesis del materialismo histórico, que postulaba una suerte de determinismo de las estructuras y condiciones económicas sobre los acontecimientos políticos y sociales. Sin negar que la economía tiene un papel importante en la causalidad de los hechos sociales, Rocker postulaba que “la voluntad de poder, que parte siempre de individuos o de pequeñas minorías de la sociedad, es en general una de las fuerzas motrices más importantes en la Historia, muy poco valorada hasta aquí en su alcance, aunque a menudo tuvo una influencia decisiva en la formación de la vida económica y social entera.”

El estudio de la evolución social y la historia –sostiene Rocker- nos revela que en todas las épocas “se encuentran frente a frente dos poderes en lucha permanente, franca o simulada, debido a su diversidad esencial interna, a las formas típicas de actuación y a los efectos prácticos resultantes de esa diversidad. Se habla aquí del elemento político y del factor económico en la historia, los que también podrían denominarse elemento estatal y factor social en la evolución histórica. Los conceptos de lo político y de lo económico se han interpretado en este caso demasiado estrechamente, pues toda política tiene su raíz, en última instancia, en la concepción religiosa de los hombres, mientras que todo lo económico es de naturaleza cultural y se halla, por eso, en el más íntimo contacto con todas las fuerzas creadoras de la vida social; generalmente se podría hablar de una oposición interna entre religión y cultura.”

Así como lo expone Rocker, dos pares antagónicos de fuerzas se encuentran en tensión y oposición: por un lado el poder, la política y la religión, encarnados en grupos minoritarios que imponen su dominación sobre las mayorías a través de instituciones como la Iglesia y el Estado; y por el otro la economía y la cultura de las mayorías que integran la sociedad. Pero la religión será la piedra angular, el basamento sobre el cual la evolución social derivará en el surgimiento del poder político ya que en todos los sistemas religiosos se reflejó “la condición de dependencia del hombre ante un poder superior al que dio vida su propia fuerza imaginativa y del cual se convirtió luego en un esclavo”. La religión hizo al hombre (su creador) el esclavo de su creación (las deidades sobrenaturales), de la misma forma que posteriormente haría con el poder político y el Estado, que eventualmente ocuparán el lugar de divinidad suprema. El autor lo expresará sin rodeos ni sutilezas: “la religión estuvo confundida ya desde sus primeros comienzos precarios, del modo más íntimo, con la noción del poder, de la superioridad sobrenatural, de la coacción sobre los creyentes, en una palabra, con la dominación.” Esta realidad se vería expresada claramente en la pretensión de los representantes del principio de autoridad de ser la encarnación del poder de Dios, de su origen divino.

Sin embargo, Rocker reconoce la importancia de los intereses económicos en las políticas de dominación de los grupos humanos desde los tiempos primitivos: el deseo de apropiarse de los recursos de otro grupo humano, de su territorio, sus riquezas o sus mujeres. El sometimiento de una tribu por otra convertía a los vencidos en tributarios de una casta privilegiada. No entraremos en detalles sobre esta argumentación que se basaba en fuentes poco confiables y en investigaciones de una etnología neófita e inexperta. Para Rocker el comportamiento expansionista de las castas de poder era un comportamiento universal que se manifestaba a lo largo de toda la experiencia histórica y social:

“está en la esencia de todo poder que sus usufructuarios aspiren continuamente a ensanchar la esfera de su influencia y a imponer su yugo a los pueblos más débiles. Así surgió, poco a poco, una casta especial para la cual la guerra y la dominación sobre los demás se convirtió en oficio. Pero ninguna dominación pudo, a la larga, apoyarse sólo en la violencia bruta. Esta puede ser, a lo sumo, el instrumento inmediato de la subyugación de los hombres, pero por sí sola, sin embargo, no puede nunca eternizar el poder de individuos o de toda una casta sobre grandes agrupaciones humanas. Por eso hace falta más, hace falta la creencia del hombre en la inevitabilidad del poder, la creencia en la misión divina de éste. Y tal creencia arraiga, en lo profundo de los sentimientos religiosos del hombre y gana en fuerza con la tradición.”

En realidad la explicación de Rocker acerca del surgimiento del poder político/religioso es una lectura de los acontecimientos históricos muy influenciada por la experiencia capitalista y nacionalista contemporáneas. El expansionismo que le atribuye a los primitivos grupos tribales sobre grupos humanos más débiles, se asemeja convenientemente a la avidez sin límite de las clases burguesas que expolian a la clase obrera o al expansionismo de los Estados/Nación modernos y el Imperialismo sobre las etnias y comunidades locales. Y en este punto Rocker vuelve a un tópico que caracteriza a casi toda la literatura anarquista y que tiene su antecedente en Etienne de la Boetie: la aceptación de la sumisión voluntaria por parte de los dominados. Para Rocker esta sumisión no se impone por la violencia física exclusivamente, sino que tiene como ingrediente principal la identidad divina de la autoridad, “por eso el propósito principal de toda política, hasta aquí, fue despertar esa creencia en el pueblo y afianzarla psicológicamente. (…) Es siempre el principio del poder, que hicieron valer ante los hombres los representantes de la autoridad celeste y terrenal, y es siempre el sentimiento religioso de la dependencia lo que obliga a las masas a la obediencia. El soberano del Estado no se venera ya en los templos públicos como divinidad, pero dice con Luis XIV: ¡El Estado soy yo! El Estado es la providencia terrestre que vigila a los hombres y conduce sus pasos para que no se aparten del camino recto. Por eso el representante de la soberanía estatal es el supremo sacerdote del poder, que encuentra su expresión en la política, como la encuentra la veneración divina en la religión.” La sumisión voluntaria al poder del Estado sería entonces la consecuencia de la legitimación del poder político por medio de la religión.

Otro asunto que tratará Rocker en su obra será la unicidad del poder, es decir, su pretensión y “deseo de ser único, pues, según su esencia, se siente absoluto y se opone a toda barrera que le recuerde las limitaciones de su influencia. El poder es la conciencia de la autoridad en acción; no puede, como Dios, soportar ninguna otra divinidad junto a sí.” Esta característica de las estructuras de poder se manifiesta en una lucha por la hegemonía entre los diversos grupos de poder. En el fundamento de todo poder se halla esta simiente que aspira a someter todo movimiento social a una voluntad central y única, personificada a veces en la figura de un monarca, de un partido o de un representante elegido constitucionalmente. La unidad del poder se expresa a través del respeto a los símbolos que legitiman la autoridad política desde el sentimiento religioso. Las instituciones de Estado, Nación, Partido y/o Religión se funden en un poder único que se expande y ensancha a costa de otros grupos de poder (grupos que no obstante ser más endebles, ocultan también una voluntad de dominio universal latente): “El sueño de erigir un imperio universal no es sólo un fenómeno de la historia antigua; es el resultado lógico de toda actividad del poder y no está ligado a determinado periodo.”

La visión del poder que expuso Rocker estaba muy a tono con la sociología de su tiempo; el poder era estudiado como una estructura, no como una relación (como planteará Foucault décadas más tarde), y en sus argumentaciones se pueden encontrar esbozadas ideas de autores tan disímiles como Weber, Marx o Durkheim. Las tesis de Rocker sobre el poder se enmarcaban perfectamente en el contexto de la sociología de inicios del siglo XX. En esta línea, nuestro autor postulará que una de las primeras condiciones para la existencia de cualquier poder estriba en la división de la sociedad en clases, estamentos o castas superiores e inferiores. Estas estructuras de poder serán legitimadas por la religión, la tradición y los mitos, presentando esta situación de desigualdad como ineludible, fatal y necesaria, como parte de un orden social natural.

En las sociedades donde existen grupos de poder organizados políticamente, éstos se apropian de los productos culturales, económicos y simbólicos que la sociedad crea para su reproducción vital. Observando esta situación de desigualdad que originan las estructuras de poder en las sociedades, Rocker desestima la existencia de cualquier facultad creadora del Poder:

“la creencia en las supuestas capacidades creadoras del poder se basa en un cruel autoengaño, pues el poder como tal no crea nada y está completamente a merced de la actividad creadora de los súbditos para poder tan sólo existir. Nada es más engañoso que reconocer en el Estado el verdadero creador del proceso cultural, como ocurre casi siempre, por desgracia. Precisamente lo contrario es verdad: el Estado fue desde el comienzo la energía paralizadora que estuvo con manifiesta hostilidad frente al desarrollo de toda forma superior de cultura. Los Estados no crean ninguna cultura; en cambio sucumben a menudo a formas superiores de cultura. Poder y cultura, en el más profundo sentido, son contradicciones insuperables; la fuerza de la una va siempre mano a mano con la debilidad de la otra. Un poderoso aparato de Estado es el mayor obstáculo a todo desenvolvimiento cultural. Allí donde mueren los Estados o es restringido a un mínimo su poder, es donde mejor prospera la cultura.”

La fuerza creadora reside en la cultura, “se crea a sí misma y surge espontáneamente de las necesidades de los seres humanos y de su cooperación social.” La cultura en sus más variados aspectos, ya sea el tecnológico, el artístico, el moral o el económico es originada por la sociedad, mientras que las instituciones políticas se apropian de este desarrollo para afianzar su poder y dominar la vida social. El poder político entra en inevitable contradicción con las fuerzas creadoras del proceso cultural, cuya naturaleza es multiforme y diversa, procurando uniformar, encarrilar, cristalizar y disciplinar dicho proceso creador. Pero la cultura se renueva y adapta constantemente por más que las fuerzas políticas intenten imponer su dominio y obstaculizar su evolución. El Estado, que siempre es infecundo, aprovecha esta fuerza creadora de la cultura para direccionarla en su beneficio y solo favorece a aquellos elementos de la cultura que favorecen la conservación de su poder. Por eso Rocker afirmará que es imposible hablar de una cultura de Estado, porque cultura y poder son fuerzas contradictorias y en pugna permanente:

“Ya el hecho de que toda institución de dominio tiene siempre por base la voluntad de minorías privilegiadas, impuesta a los pueblos de arriba abajo por la astucia o la violencia brutal, mientras que en toda fase especial de la cultura sólo se expresa la obra anónima de la comunidad, es significativo de la contradicción interna que existe entre ambas. El poder procede siempre de individuos o de pequeños grupos de individuos; la cultura arraiga en la comunidad. (…) La cultura, en el más alto sentido, es como el instinto de reproducción, cuya manifestación conserva la vida de la especie. El individuo muere; la sociedad no. Los Estados sucumben; las culturas sólo cambian el escenario de su actividad y las formas de su expresión.”

Pero aunque esta oposición entre cultura y poder sea tan manifiesta, Rocker reconoce que en ciertas áreas de la vida social existe un campo de acción común y de entendimiento entre ambas. De este modo, “cuanto más profundamente cae la acción cultural de los hombres en la órbita del poder, tanto más se pone de manifiesto una petrificación de sus formas, una paralización de su energía creadora, un amortiguamiento de su voluntad de realización. Por otra parte, la cultura social tanto más vigorosamente pasa por sobre todas las barreras políticas de dominio, cuanto menos es contenida en su desenvolvimiento natural por los medios políticos y religiosos de opresión. En este caso se eleva a la condición de peligro inmediato para la existencia misma del poder.” Esta área de contacto entre las estructuras de poder político y la estructura social cultural, es también un área de conflicto y lucha permanente. Como resultado de esta pugna entre dos tendencias contrapuestas, asoma paulatinamente las formas de relación jurídica que enmarcan “los límites de las atribuciones entre Estado y sociedad, entre política y economía, en una palabra, entre el poder y la cultura.” El derecho, los códigos civiles y penales, las leyes y Constituciones son la cristalización de este proceso de contienda entre el poder y la sociedad, y estas instituciones son el “paragolpe que debilita sus choques y preserva a la sociedad de un estado de continuas catástrofes.” Esta discordia entre la sociedad y el Estado es comparada por Rocker con las oscilaciones de un péndulo que se traslada entre dos polos: el de la autoridad y el de la libertad. El punto en que el péndulo se detiene en el polo de libertad, la sociedad se libera del Estado, la opresión y la explotación y se establece la Anarquía. El punto en que el péndulo se detiene en el polo de Autoridad, reina la desigualdad, y se paralizan las capacidades creadoras de la sociedad en beneficio de una minoría privilegiada y se instituye el Estado nacional, su burocracia administrativa  el capitalismo.

Dentro de este último Rocker incluye a la variante “capitalismo de Estado”, para aludir al socialismo autoritario leninista, porque ahoga todas las actividades sociales y las reemplaza por la actividad estatal. Las personas que caen bajo el dominio del Estado pierden su espíritu comunitario, su libertad, su capacidad creadora y su espontaneidad; es decir, se despersonalizan. Pero Rocker advierte que la malignidad del Poder es tan superlativa que inmola a sus propios agentes: “Esa es la maldición secreta de todo poder: no sólo resulta fatal para sus víctimas, sino también para sus propios representantes. El loco pensamiento de tener que vivir por algo que contradice todo sano sentimiento humano y que es insubstancial en sí, convierte poco a poco a los representantes del poder en máquinas inertes, después de obligar a todos los que dependen de su poderío al acatamiento mecánico de su voluntad.” En estas palabras finales tropezamos con una rudimentaria teoría sobre la alienación del Poder que lamentablemente el autor no profundizó, pero que constituye una muestra acabada de sus preocupaciones contemporáneas: la despersonalización que la burocracia y el totalitarismo (fascista y estalinista) producían en el cuerpo de la sociedad transformándola en una masa inerte, obediente y disciplinada.

Reflexión final

Durante el período que discurre entre 1830 a 1900 floreció la Edad de Oro de la sociología, según sostiene Robert Nisbet. Es precisamente durante ese tiempo que surgieron y tomaron fuerza las ideas anarquistas. Dentro de dicho contexto los anarquistas teorizaron sobre el Poder y el Estado –entre otras temáticas- con la profundidad y competencia intelectual acorde a su época. A diferencia del marxismo, los teóricos anarquistas no se ataron al pensamiento de una autoridad intelectual dominante, sino que atacaron el problema del Poder desde diversas perspectivas. Pero la diversidad de enfoques no debe hacernos pensar que estas perspectivas contenían propuestas que eran incoherentes o incompatibles entre sí. La oposición entre comunidad y Estado, o las de sociedad y política, se resumen en el par antagónico que forma la Anarquía contra el Poder, y se encuentra presente en todos los autores ácratas. Es que el anarquismo no tenía una visión caprichosa o infantil que equiparaba al Estado y al Poder, sino que diferenciaba a las formas de gobierno autoritario (estructuras políticas) como un producto del devenir histórico, mientras que el Poder era una cualidad y una característica inherente al ser humano, tanto como la solidaridad, la cooperación, el egoísmo o el altruismo. Entonces, si el Estado es producto de la evolución social, el Poder (o la voluntad de adquirirlo), en cambio, es una fuerza universal que está presente en todas las sociedades de forma latente o manifiesta, que se enfrenta a los sentimientos de solidaridad y fraternidad humanas.

Si los anarquistas del presente pretendemos discutir seriamente sobre las mismas demandas que con brillantez trataron los grandes teóricos del anarquismo clásico, deberíamos dejar de lado presunciones como la de Roca Martínez, que ya citamos al comienzo de esta reseña. Desde nuestra perspectiva, todos los intentos de acomodar la noción de Poder para hacerla compatible con el anarquismo han sido estériles. La idea de un “poder popular” es tan falaz como la creencia en que los anarquistas clásicos desestimaban toda discusión sobre el poder porque era intrínsecamente malo o porque tenían una idea del poder como simple dominación o coerción. La perspectiva que presentaba al poder como dominación, sin embargo, ha sido una de las grandes líneas de pensamiento de la sociología, y su principal exponente fue Max Weber, tal vez el más grande sociólogo de la historia. Por lo tanto, la visión de los anarquistas acerca del poder no solo era coherente con el contexto en que se desarrollaron las ideas libertarias, sino que incluso era precursora de las ciencias sociales que se estaban fundando desde mediados del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX. Muchas de las intuiciones de los teóricos anarquistas sobre el poder político serán tratadas por Max Weber de forma más metódica y científica. Ahora intentaremos ilustrar esta última imagen.

La idea de Bakunin de que el poder no puede “soportar un superior o un igual, pues el poder no tiene otro objeto que la dominación; (…) ningún poder tolera a otro más que cuando está obligado a ello;” o que “la conquista no sólo es el origen, es también el fin supremo de todos los Estados grandes o pequeños, poderosos o débiles, despóticos o liberales, monárquicos o aristocráticos, democráticos y socialistas”, son ideas perfectamente compatibles con el punto de vista weberiano:

“Todas las estructuras políticas emplean la fuerza, pero difieren en el modo y la medida en que la usan o amenazan usarla contra otras organizaciones políticas. (…) No todas las estructuras políticas son igualmente expansivas (…) como estructura de poder, varían en el grado en que están orientadas hacia el exterior”.

También la idea de una búsqueda de poder encarnada en ciertos grupos dominantes que esgrimía Rocker, tiene su correlato en Weber: “la búsqueda de prestigio es propia de todas las estructuras de poder específicas, y por tanto, de todas las estructuras políticas. (…) En la práctica, el prestigio del poder como tal equivale a la gloria del poder ejercido sobre otras comunidades; equivale a una expansión del poder, si bien no siempre por vías de anexión o sumisión. Las grandes comunidades políticas son los exponentes naturales de estas pretensiones de prestigio.” También Weber describió las fuertes relaciones entre las diferencias de clase y las estructuras de poder, la acción de los partidos orientada casi exclusivamente hacia la adquisición de poder, a influir sobre las acciones comunales o materializar un determinado programa político. También la teoría del poder de Weber tiene un grado de universalidad y de aplicación general coincidente con la mayoría de las teorizaciones anarquistas, y esto se debe en gran parte a que lo que entiende Weber (un burgués insospechado de simpatizar con el anarquismo) por “poder” no difiere mucho de las postulaciones del anarquismo clásico: “entendemos por poder la posibilidad de que una persona o un número de personas realicen su propia voluntad en una acción comunal, incluso contra la resistencia de otros que participan en la acción”. Igualmente podríamos agregar que su definición del Estado como la institución que detenta el monopolio de la fuerza en la sociedad, a pesar de su evidente estrechez, podría ser suscripta por buena parte de los anarquistas.

Que hayamos mostrado algunas coincidencias entre la sociología weberiana sobre el poder y el pensamiento anarquista no debería hacernos creer que no se podrían encontrar puntos de contacto con otros autores decimonónicos como Marx, Tonnies o Durkheim. Tomamos las coincidencias con Weber en lo que respecta a su teoría sobre el poder para demostrar que las ideas de los anarquistas clásicos sobre el poder no se correspondían en absoluto con la limitada caracterización que urdió Roca Martínez. El problema del poder no fue algo que esquivaran los anarquistas por temor a contaminarse, sino que lo abordaron de forma coherente, racional y acorde con su pensamiento; ha sido esta visión tan particular sobre el poder la que ha caracterizado a los anarquistas y los ha diferenciado del resto de las corrientes ideológicas.

 Finalmente, solo nos queda expresar que si los teóricos del “Poder Popular”, se empecinan en argumentar aplicando la ley del mínimo esfuerzo, tal como Roca Martínez hizo para caracterizar al anarquismo clásico, difícilmente sus ideas puedan ser aceptadas por el resto del movimiento libertario. Porque en verdad habría que pergeñar malabares argumentativos para llegar a compatibilizar significados tan opuestos como Anarquía y Poder, y aceptar aquello que desde nuestro punto de vista es absurdo e incoherente. A no ser que los anarquistas renunciemos a la sana costumbre de negarnos a pensar desde el punto de vista de los que detentan el Poder.

Bibliografía:

Bobbio, Norberto y Bovero, Michelangelo, Origen y fundamentos del poder político, México, Grijalbo, 1985.

Nisbet, Robert, La formación del pensamiento sociológico, Amorrortu, Buenos Aires, 1977.

Cappelletti, Ángel, Bakunin y el Socialismo Libertario, México, 1986.

Buber, Martín, Los caminos de Utopía, FCE, México, 1987.

Rocker, Rudolf, Nacionalismo y Cultura, Tupac, Buenos Aires, 1942.

Landauer, Gustav, La Revolución, Tusquets Editores, Barcelona, 1977.

Kropotkin, Piotr, El apoyo mutuo, Ediciones Madre Tierra, Madrid, 1989.

El Estado y su papel histórico, Fundación Anselmo Lorenzo, Madrid, 1995,

Weber, MaxEnsayos de Sociología contemporánea, Barcelona, Planeta Agostini, 1985.

La aceptación del concepto de Poder como negación del anarquismo III

Patrick Rossineri (Periódico ¡Libertad! nº 61-62)

Kropotkin, una perspectiva antropológica del poder

Influenciado por la revolución darwinista y las teorías evolucionistas, Piotr Kropotkin tomará al poder desde un enfoque etnológico e histórico, estudiando las transformaciones en sus instituciones políticas y sociales. Para Kropotkin la evolución social presenta siempre una serie de instituciones comunales, de relaciones solidarias, libres e igualitarias, contrapuestas a otras instituciones externas a la sociedad, de pretensiones elitistas, autoritarias, explotadoras y opresivas, cuyo paradigma moderno es el Estado. Como bien señala Nisbet (p. 155), en Kropotkin es perfectamente apreciable el contraste entre autoridad social y poder (autoridad política). En su obra magna El Apoyo Mutuo expone que, la comuna aldeana obraba como la principal herramienta que permitía a los campesinos sobrevivir a la naturaleza hostil mediante los lazos solidarios internos, sino también enfrentar a aquellos sectores que pretendían alzarse sobre la mayoría para reforzar su autoridad e imponer su voluntad. Dentro de la comuna aldeana operaban mecanismos para imponer las relaciones solidarias sobre las relaciones de depredación y autoritarismo (estas observaciones serían confirmadas por investigaciones etnológicas posteriores, en especial por autores como Marcel Mauss, Marshall Sahlins, Richard Lee, Marvin Harris y Pierre Clastres). El habitante de las comunas bárbaras “se sometía a una serie entera y completa de instituciones, imbuidas de cuidadosas consideraciones sobre qué puede ser útil o nocivo para su tribu o su confederación; y las instituciones de este género fueron transmitidas religiosamente de generación en generación en versos y cantos, en proverbios y tríades, en sentencias e instrucciones.”

Las riñas, peleas, disputas y conflictos eran arbitrados por prestigiosos miembros de la comuna, donde se procuraba una reparación de la ofensa y una disculpa, basados en un derecho consuetudinario local. Las disputas entre miembros de la aldea eran de interés comunal, y cuando no se resolvían en la esfera privada, se lo hacía públicamente; este comportamiento tenía la función de restaurar el equilibrio roto por el conflicto: “aparte de su autoridad moral, la asamblea comunal no tenía ninguna otra fuerza para hacer cumplir su sentencia. La única amenaza posible era declarar al rebelde, proscrito, fuera de la ley.” Pero el ir contra el derecho común era inimaginable debido al peso moral de la autoridad comunal, por lo que rara vez se expulsaba a un miembro de una comunidad. Señala Kropotkin que era tan marcada la influencia moral de las comunas aldeanas, que durante la época feudal conservaron la autoridad jurídica sobre los señores, limitando su poder.

Según sostenía Kropotkin, la acumulación de riquezas en manos de una minoría fue el primer paso al surgimiento del poder:

“Detrás de las riquezas sigue siempre el poder. Pero, sin embargo, cuanto más penetramos en la vida de aquellos tiempos -siglo sexto y séptimo- tanto más nos convencemos de que para el establecimiento del poder de la minoría se requería, además de la riqueza y de la fuerza militar, todavía un elemento. Este elemento fue la ley y el derecho, el deseo de las masas de mantener la paz y establecer lo que consideraban justicia; y este deseo dio a los caudillos de las mesnadas, a los knyazi, príncipes, reyes, etc., la fuerza que adquirieron dos o tres siglos después. La misma idea de la justicia, nacida en el período tribal, pero concebida ahora como la compensación debida por la ofensa causada, pasó como un hilo rojo a través de la historia de todas las instituciones siguientes; y en medida considerablemente mayor que las causas militares o económicas, sirvió de base sobre la cual se desarrolló la autoridad de los reyes y de los señores feudales.”

Entonces el poder político surge contra la autoridad social de la comuna y finalmente se impone sobre ella, no tanto por medio de la coerción sino burocratizando y cristalizando las formas antiguas del derecho consuetudinario comunal. Las fuerzas que antes operaban para mantener el equilibrio solidario se convertirían en fuerzas para mantener el orden autoritario recién creado. Esta transformación gradual no se dio de forma necesariamente violenta, ni por la imposición de la fuerza, sino más bien por el surgimiento de poderes definidos dentro de la aldea, siendo el poder jurídico quizás el más influyente.  En su breve estudio El Estado, Kropotkin plantea –con escaso fundamento histórico y antropológico- que poco a poco el derecho comunal se especializó y fue siendo paulatinamente apropiado por algunas familias que se transformaron en especialistas, a los que acudían los aldeanos particulares e incluso las tribus, cuando necesitaban quien arbitre en un conflicto.

“La autoridad del rey o del príncipe germina ya en estas familias, y cuando más estudio las instituciones de aquella época, más claro veo que el conocimiento de la ley rutinaria, de hábito, hizo mucho más para constituir esta autoridad que la fuerza de la guerra. El hombre se ha dejado esclavizar mejor por su deseo de castigar según la ley que por la conquista directa militar. Y así fue como surgió gradualmente la primera concentración de los poderes, la primera mutua seguridad para la dominación, la del juez y la del jefe militar, contra la comuna del pueblo. Un hombre sueña con estas dos funciones y se rodea de hombres armados para ejecutar las decisiones judiciales, se fortifica en su hogar, acumula en su familia las riquezas de la época – pan, ganado, hierro – y poco a poco impone su dominio a los campesinos de los alrededores. Y el sabio de la época, es decir, el hechicero o el sacerdote, no tardaron en prestarle apoyo y en compartir la dominación, o bien, añadiendo la lanza a su poder de mago, se sirvieron de ambos en provecho propio.”

En este último párrafo de Kropotkin es claramente apreciable la influencia de Etienne de La Boetie, autor del célebre “Discurso sobre la servidumbre voluntaria”. La pregunta que se hacía el francés era por qué los hombres -habiendo nacido libres- se sometían a la autoridad voluntariamente, sin necesidad de mediar la coerción; y es precisamente Kropotkin quien intenta dar con la respuesta al estudiar el surgimiento del poder político y del Estado moderno. Como se puede apreciar, la noción de Poder que tenía Kropotkin era bastante más compleja que la identificación lisa y llana con coerción, tal como supone Beltrán Roca Martínez.

Es necesario aclarar que el enfoque científico que intentó darle Kropotkin a sus investigaciones, con el desarrollo de la investigación etnográfica, la antropología cultural y la teoría social quedó obsoleto, precisamente por el carácter provisorio de todo estudio científico. Sin embargo, las ideas de Kropotkin influenciaron a otros autores posteriores como Alfred R. Radcliffe-Brown, Pitirim Sorokin y Ashley Montagu, entre otros, que profundizaron algunos de sus enfoques. Por otro lado, la visión de Kropotkin supo presentarse en los albores del siglo XX, como una refrescante alternativa al historicismo alemán de corte hegeliano, cuya expresión más célebre fue el actualmente naufragado materialismo histórico de Marx y Engels.

El poder en la filosofía de Landauer

“El Estado es una situación, una relación entre los hombres, es un modo de comportamiento de los hombres entre sí; y se le destruye estableciendo otras relaciones, comportándose con los demás de otro modo”. Lejos del historicismo y el sociologismo de Kropotkin, esta afirmación de Gustav Landauer muestra una perspectiva muy original sobre el poder, la autoridad y el Estado. Para Landauer el Estado es una relación, donde se impone la coerción, y que se opone a otro tipo de relación, que denomina pueblo, donde la asociación voluntaria, solidaria y descentralizada son la regla. Esta última existe de hecho en todas las sociedades, es la forma de asociación natural que une a los hombres y mujeres, pero que no ha conformado todavía una federación u organización superior, “un organismo de innumerables órganos y miembros”, donde reside el espíritu del socialismo. Para Landauer el socialismo no es algo nuevo, sino algo que ya existía anteriormente dentro de la comunidad, sometida y soterrada por el Estado y en contra del Estado. Esta forma de relación  del pueblo convive con la forma de relación Estado, aunque por fuera y aparte de ésta. Según esta interpretación, el socialismo es siempre posible, en todo momento histórico y espacio geográfico, siempre que los hombres así lo deseen y lo realicen; o igualmente imposible, si los hombres no lo quieren.

Esta relación antagónica entre Estado y comunidad, según sostiene Martin Buber [i], no se trata de la alternativa Estado o no-Estado: “Si el Estado es una relación que, en realidad, sólo se destruye al establecer otra, se destruye precisamente con cada paso hacia la nueva relación.” La base del Estado (la coacción legal) es la incapacidad de los hombres para unirse voluntariamente en un orden justo. Pero el alcance del Estado sobrepasa esta base coactiva y constituye un plus-Estado, que se perpetúa en el tiempo y se niega a reducirse aún cuando aumente la capacidad de un orden voluntario de las personas. El poder acumulado por el Estado no se retira si no es obligado a hacerlo; pierde su base racional original que se justificaba en la incapacidad de la sociedad de sostener un orden voluntario justo y se convierte en poder puro, el poder por el poder mismo, donde lo muerto domina a lo vivo.

El avance y el crecimiento de las comunidades (y las personas), con las uniones y federaciones de éstas renuevan la estructura orgánica de la sociedad, suplantando y destruyendo al Estado. La coexistencia de la sociedad y el Estado no implica la aceptación del reformismo o el gradualismo hacia la consecución del socialismo, sino una dialéctica donde cada paso constructivo hacia la anarquía es un paso hacia la destrucción del Estado. Según argumenta Buber, tanto para  Landauer como para Proudhon “una asociación sin espíritu comunitario suficiente, suficientemente vital, no sustituye al Estado por la sociedad, sino que lleva en sí misma al Estado, y lo que hace no puede ser otra cosa que Estado, o sea: política de poder y expansionismo, sostenidos por una burocracia.” Para Landauer no hay que esperar a que llegue la revolución para realizar la finalidad de la Anarquía; más bien, la Anarquía y el Socialismo se hacen sobre la marcha, son medio y fin al mismo tiempo.

Como dijimos, la perspectiva de Landauer toma al Estado como una forma de relación entre los hombres, es decir, una sociedad estatal está conformada por relaciones de poder entre sus miembros, de dominación, que se expresa en varias facetas al mismo tiempo: relaciones de poder político, religiosos, cultural, económico, etc. Landauer consideraba la sociedad medioeval como predominantemente autónoma, donde se entrelazaban los diversos grupos y comunidades sin conformar un poder político centralizado. “En contraposición al principio del centralismo y del poder político, que hace su entrada allí donde ha desaparecido el espíritu comunitario, (…) la Edad Cristiana representa un grado de civilización en el que coexisten, una al lado de la otra, múltiples estructuras sociales especificas, que están impregnadas pos un espíritu unificador y encarnan una colectividad de muchas autonomías libremente vinculadas.” Esta situación cambiaría radicalmente durante el Renacimiento y surgimiento del absolutismo europeo, precursores del Estado-Nación moderno, el nacionalismo y el capitalismo.

Precisamente, si el poder del Estado está vinculado a lo absoluto, el socialismo estará alejado de lo absoluto. En este sentido, el socialismo es la creación continua de comunidad dentro de la familia humana (Buber, pg. 81). Y en contraposición, el poder político es la creación continua de Estado en la sociedad humana. Lejos de postular la creación de un poder popular para alcanzarla Anarquía, Landauer propugnará la creación de relaciones comunitarias con ese mismo fin.

 


[i] Caminos de Utopía, FCE, 1991, Buenos Aires, pg. 68.

¡Feliz falsedad! (Y próspero engaño nuevo)

Por Consciencia y Rabia

El paro sigue en aumento. Los desahucios han subido un 134% en el 2012. La gente se está tirando por las ventanas porque no aguantan más este sistema que los mata lentamente. Hay desesperación hasta el extremo de quitarse la vida. Ahora se ha puesto en marcha una educación solo para ricos, al igual que una sanidad. Las cosas más básicas, los pilares más importantes de cualquier sociedad, los derechos humanos más elementales como son el derecho a la sanidad, a la salud, y a la educación solo al acceso de unos pocos. Una reforma laboral tras otra, que recorta los derechos de los trabajadores hasta el extremo de convertirlos esclavos de sus amos, es decir, esclavos del patrón y del empresario, para poder sobrevivir, para poder comer y dar de comer a sus familias, a sus hijos… Más y más derechos para los empresarios y los ricos. La gente se ahoga. Hay paro, hay hambre, hay miseria, hay desesperación, hay esclavitud, hay mucha gente viviendo en la calle, hay víctimas del sistema que se matan porque no aguantan más, los pobres cada vez más pobres, más miserables, más marginados, los ricos cada vez más ricos ríen y se benefician de esta crisis…

Pero ¡sonríe! ¡Ha llegado la navidad!… ¿No tienes un céntimo? ¿Tendrás que pedir prestado? ¡Pues pide prestado si hace falta! Ahógate más si cabe, gástate el sueldo de este mes, del siguiente y del siguiente, pero es absolutamente obligatorio que compres muchísimos regalos en estas fechas, como te obliga el gran capital, los grandes centros comerciales y las grandes multinacionales. Demuestra lo que quieres a tus familiares y amigos con regalos materiales y superficiales, y cuanto más caro significa que más los quieres. Así lo dicta el gran capital y tú, otra vez, no tienes porque pensar nada. Actúa como un zombie y haz lo que te dicen las grandes empresas. Entrégales el poco dinero que tienes, y el que no tienes. Endeudate para ellos. Son ellos los que te dictan cuándo, en qué fecha exacta tienes que regalar y cómo tienes que demostrar tu amor. ¡Es la fiesta del ultracapitalismo! ¿Que estas cogiendo dinero que te hacia falta para cosas básicas y elementales para comprar regalos superficiales? ¡Lo primero es lo primero! ¡No pienses! Limítate a obedecer las ordenes del régimen capitalista, del mismo que te ahoga, que te esclaviza, que te tortura, que te hace pasar miserias, que te roba los derechos…¡Pero todo sea por el bien del capital y de los ricos!

Las luces de las calles, sí, sí, ese alumbrado que cuesta muchísimo dinero y que podía ser destinado a cosas realmente útiles. Esas mismas te marcan el camino hacia los comercios. Te dicen: ¡Ya llegó la navidad! Compra, compra, compra… ¿Ese derroche de dinero y de luz innecesario no te recuerda a las facturas de Endesa que llegan a tu casa y cada vez que ves el sobre de dicha factura te acojonas y lo cuidadoso que tienes que ser con todas y cada una de las bombillas de tu casa?

Pero espera que aún hay más. ¡Mucho más! Antes hablábamos de hambre, de miseria, de gente que tiene que ser esclava para poder dar de comer a sus hijos y a ellos mismos, para sobrevivir. De gente que vive en la calle, de personas que se suicidan… ¡Y que más da! Vuelvo a repetir que no pienses, que no te pares a pensar en ellos. Distrae tu mente con otras cosas y haz un nuevo derroche de dinero (de ese dinero que nunca te sobra y que te falta para otras muchas cosas básicas) y compra muchos dulces, y un gran banquete para Nochebuena, para celebrar… ¿para celebrar qué? Bueno, lo importante es que te sientes en ese gran banquete que se ha comprado a costa de dejar vacías necesidades básicas  y que corra el alcohol, para no pararnos a pensar en todas esas personas que no tienen nada que comer, y que no tienen una familia con quien no sentirse solos… ¡Brindemos por todos ellos! Por todas esas personas que mientras tú y tu familia están sentados alrededor de la mesa con un gran banquete ellos están ahí fuera, con hambre, miseria, soledad… o suicidándose. ¡Es el brindis de la insolidaridad! ¡Brindemos por ellos y confiemos que mañana no seamos nosotros mismos los olvidados! Qué calorcito hace en tu casa y qué frío tiene que hacer allí fuera… ¡Rápido, que corra el alcohol y enciende la TV, para que se nos duerma la mente y la consciencia y no pensemos en que lo único que estamos celebrando es la estupidez humana y nuestra esclavitud hacia el capital, hacia los ricos! Nuestra propia estupidez y nuestra propia esclavitud….

Estamos celebrando el cumpleaños del salvador de la humanidad… Que irónico, ¿no? Y qué religiosos nos hemos vuelto todos de repente. Claro, es que estamos celebrando la estupidez humana y la esclavitud como dije anteriormente, y estos dos términos  estupidez y esclavitud, siempre han estado relacionados con la religión, como no… Pero por cierto, ¿qué pensarán de todas estas luces, bombardeo televisivo, celebraciones obligatorias… los no-cristianos? Porqué la imposición de esta fiesta a todas las personas? ¿Qué pasaría si mañana para celebrar sus fiestas los musulmanes hicieran este derroche de dinero publico? ¿Por qué con mi dinero se está pagando estas fiestas?

Da igual lo que hagas el resto del año. Da igual lo cabrón que seas. Durante estas fechas tienes que aparentar que eres bueno (aunque la propia fiesta en sí y todo lo que conlleva sea una demostración de insolidaridad y egoísmo). También ellos, el capital, te dictan cuando tienes que ser bueno y cuando sonreír… ¡Feliz dictadura!

¿Y si también hablamos de lo que pasa mas allá de nuestras fronteras? De las muertes de niños y mayores por hambre, desnutrición, falta de agua potable o enfermedades fácilmente curables con un poco de inversión, con un poco de dinero de los estados capitalistas. ¿Y si hablamos de que para que tu puedas hacer la mayoría de esos regalos que vas a hacer estas fechas, miles de niños son esclavizados y explotados para fabricarlos? Al igual que la superproducción de cacao, para las tabletas de turrón que estas fechas se demandan. ¿Sabes cuantas toneladas de papel de regalo, se gasta estas fechas y para ello se podan miles y miles de arboles? ¿Y las bolsas, y demás objetos plásticos  que vienen del petroleo? Sí, sí, el petróleo, una de las principales causas de guerras del mundo. Una superproducción innecesaria en estas fechas que se traducen en una superproducción de esclavitud, tala de arboles y hacen más necesarias las guerras. ¡Pero todo sea por la navidad! La gran fiesta del ultra-capitalismo, la estupidez y esclavitud, y la celebración del cumpleaños del salvador de la humanidad.

¿Que qué celebramos, que por qué tanta fiesta? Celebramos la esclavitud de unos niños para tus regalos, y tu propia esclavitud a los dictámenes del régimen capitalista, el hambre, miseria, insolidaridad, desahucios, suicidios, pobreza, las reformas laborales, la educación y la sanidad solo para unos pocos privilegiados, celebramos las guerras en el mundo y la estupidez humana… Celebramos la gran fiesta del ultra-capitalismo judeo-cristiano. ¡Todos a bailar y a brindar por ello!

¿FELIZ NAVIDAD? ¡Y UNA MIERDA! PARA LA MAYORÍA NO.
¡FELIZ FALSEDAD! ¡FELIZ ESCLAVITUD!

La aceptación del concepto de Poder como negación del anarquismo II

Patrick Rossineri (Periódico ¡Libertad! nº 61-62)

Libertad, Autoridad y Poder en Proudhon

Las formas de coerción social, el origen y fundamento de las normas sociales y las formas control social serán preocupaciones de los sociólogos de siglo XIX, y muy en especial de los anarquistas. Esto último es explicado por Robert Nisbet en el siguiente –y extenso- párrafo:

“Sería falso suponer que esta distinción entre la autoridad social y el poder político se apoya solamente en el pensamiento conservador. Ese fue su origen, pero más tarde se difundió mucho. Los anarquistas habrían de esgrimirla. Para ellos el problema del poder en la sociedad moderna derivó en gran parte su intensidad del enorme realce que la Revolución había dado a la idea de Estado. ‘La democracia es simplemente el Estado elevado a la enésima potencia,’ diría Proudhon, (…) [que] tenía profundo interés en el localismo y la multiplicación de centros de autoridad en la sociedad, como medio para contener la centralización, basada sobre las masas (…) El pluralismo y la descentralización, aspectos notables del anarquismo del siglo XIX –desde Proudhon hasta Kropotkin- proceden ambos de un sentido vívido de la diferencia existente entre autoridad social, que es de acuerdo con la definición anarquista, múltiple, asociativa, funcional y autónoma, y el poder político del Estado; este último, por muy ‘democrático’ que haya sido, en sus raíces, está destinado a la centralización y a la burocratización, a menos que lo equilibre la autoridad implícita en el localismo y la libre asociación” (Nisbet: p. 155).

El federalismo de Proudhon y su afán por la comunidad local, así como su oposición a la centralización de la industria a favor de las producciones de pequeña escala, le ganaron el mote de pequeñoburgués por el autoritario burgués Karl Marx y su criado Engels. En su visión de la industria, más que pequeñoburgués, el pensamiento proudhoniano casi podría calificarse de utopista, más cercano al pensamiento de Owen que al de los anarquistas que le sucedieron. El tradicionalismo patriarcal de Proudhon, profundamente criticado por los anarquistas contemporáneos, no le permitía visualizar la posibilidad de alcanzar la anarquía en una economía de grandes industrias, pero esta limitación sería ampliamente superada por Bakunin y toda la línea libertaria de autores que se inspiraron en sus ideas.

En El Principio Federativo, Proudhon argumentaba que existía una contraposición entre un Régimen de Libertad – con sus variantes de democracia y anarquismo- y un Régimen de Autoridad (entendiendo a esta como indivisión del poder) –con su diferenciación entre monarquía absoluta y comunismo autoritario o estatista. No obstante ser ideas antitéticas, según el autor no pueden existir el uno sin el otro: “en toda sociedad, aun la más autoritaria, hay que dejar necesariamente una parte a la libertad; y, recíprocamente, que en toda sociedad, aun la más liberal, hay que reservar una parte a la autoridad. Esta condición es tan absoluta, que no puede sustraerse a ella ninguna combinación política. A despecho del entendimiento, que tiende incesantemente a transformar la diversidad en unidad, permanecen los dos principios el uno enfrente del otro y en oposición continua. El movimiento político resalta de su tendencia inevitable a limitarse y de su reacción mutua.”

En esta tensión dialéctica entre Autoridad y Libertad no hay una resolución o síntesis –como en Hegel- sino una relación dinámica y continua, con diversos resultados o sistemas políticos. El anarquismo sería el sistema donde el principio de libertad alcanza su máxima expresión, mientras que el principio de autoridad se reduce al mínimo irreductible necesario.

El principio de Autoridad, es decir, el poder político indiviso, absoluto y centralizado se funda en una extensión del modelo de familia patriarcal. El monarca asume la figura del pater familias romano y se disuelve en el Estado-Nación: “así en la monarquía el príncipe es a la vez legislador, administrador, juez, general, pontífice. Tiene el dominio eminente sobre la tierra y sus productos; es jefe de las artes y los oficios, del comercio, de la agricultura, de la marina, de la instrucción pública; está revestido de toda autoridad y de todo derecho. El rey es, en dos palabras, el representante, la encarnación de la sociedad: él es el Estado. La reunión o indivisión de los poderes es el carácter de la monarquía. Al principio de autoridad que distingue al padre de familia y al monarca, viene a unirse aquí como corolario el principio de universalidad de atribuciones.” Frente al poder central, Proudhon opone la autoridad federal, asociada, libre, reducida en número, restringida, especializada y municipalizada.

A diferencia de un Saint-Simón, que proponía la reforma del Estado, Proudhon sostenía que la solución a la crisis de su tiempo devendría de la transformación de la sociedad, modificando las relaciones entre el orden social y el político. La función del Estado –organismo exterior a la sociedad- se delimitaría a su mínima expresión, mientras que la dirección económica y política convergería en la sociedad de trabajadores. La contraposición que postulaba Proudhon no era entre Individuo/Estado o Individuo/Sociedad, que será el tema de los individualistas, sino el par antagónico Estado/Sociedad. El individuo solo existe dentro de un grupo social integrado de múltiples relaciones internas. Por el contrario, la centralización política del Estado sobre las masas atomiza a la sociedad en individuos aislados: “El sufragio universal es una especie de atomismo mediante el cual el legislador, no pudiendo dejar hablar al pueblo como unidad corpórea, invita a los ciudadanos a expresar su opinión por cabeza, viritim, igual que el filósofo epicúreo explica el pensamiento, la voluntad, el entendimiento, por combinaciones de átomos” (en La Solución del Problema Social, 1848). El cuerpo de la nación se reduce a un conglomerado de moléculas manejado exteriormente por la estructura política superior y centralizada del poder político del Estado (Buber: p. 44-45).

Las ideas de Proudhon sobre el poder político –contradictorias, complejas, mutables, versátiles y flexibles- están muy lejos de ser simplemente un sinónimo de coerción, como sostiene Roca Martínez. Todo lo contrario se manifiesta en uno de los párrafos más célebres de la pluma de Proudhon: “Ser gobernado significa ser vigilado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, reglamentado, encasillado, adoctrinado, sermoneado, fiscalizado, estimado, apreciado, censurado, mandado, por seres que carecen de títulos, ciencia y virtud para ello […]. Ser gobernado significa ser anotado, registrado, empadronado, arancelado, sellado, medido, evaluado, cotizado, patentado, licenciado, autorizado, apostillado, amonestado, contenido, reformado, enmendado, corregido, al realizar cualquier operación, cualquier transacción, cualquier movimiento. Significa, so pretexto de utilidad pública y en nombre del interés general, verse obligado a pagar contribuciones, ser inspeccionado, saqueado, explotado, monopolizado, depredado, presionado, embaucado, robado; luego, a la menor resistencia, a la primera palabra de queja, reprimido, multado, vilipendiado, vejado, acosado, maltratado, aporreado, desarmado, agarrotado, encarcelado, fusilado, ametrallado, juzgado, condenado, deportado, sacrificado, vendido, traicionado y, para colmo, burlado, ridiculizado, ultrajado, deshonrado. ¡Eso es el gobierno, ésa es su justicia, esa es su moral!” (Guerin: p. 43). Lo mismo podríamos decir de Bakunin, cuyo pensamiento – que se presenta asistemático y fragmentado en decenas de libros, cartas, artículos y manifiestos- era de una gran profundidad filosófica.

Bakunin frente al poder

Para Bakunin la distinción entre autoridad social y poder político quedará de manifiesto perfectamente en sus escritos. Las personas debían reconocer que estaban sujetas a la autoridad de las leyes de la naturaleza, pero no ocurría lo mismo con la autoridad de los hombres. “¿Se desprende de esto que rechazo toda autoridad? Lejos de mí ese pensamiento. Cuando se trata de zapatos, prefiero la autoridad del zapatero; si se trata de una casa, de un canal o de un ferrocarril, consulto la del arquitecto o del ingeniero. Para esta o la otra, ciencia especial me dirijo a tal o cual sabio. Pero no dejo que se impongan a mí ni el zapatero, ni el arquitecto ni el sabio”, así lo expresaba en su gran obra Dios y el Estado. Las autoridades humanas no son infalibles, ni inevitables, ni inexorables. Hay quienes puedan conocer o saber sobre alguna ciencia específica, pero su conocimiento tendría un carácter provisorio y limitado ya que ninguna inteligencia “podría abarcar el todo. De donde resulta para la ciencia tanto como para la industria, la necesidad de la división y de la asociación del trabajo. Yo recibo y doy, tal es la vida humana. Cada uno es autoridad dirigente y cada uno es dirigido a su vez. Por tanto no hay autoridad fija y constante, sino uncambio continuo de autoridad y de subordinación mutuas, pasajeras y sobre todo voluntarias.”

Cuando una autoridad, se impone obligatoria en nombre de Dios o de la ciencia superior de un grupo de sabios, se convierte en poder y se abre el abismo entre gobernantes y gobernados. La máxima expresión de este poder organizado es la institución del Estado. En la naturaleza del poder está “la imposibilidad de soportar un superior o un igual, pues el poder no tiene otro objeto que la dominación, y la dominación no es real más que cuando le está sometido todo lo que la obstaculiza; ningún poder tolera otro más que cuando está obligado a ello, es decir, cuando se siente impotente para destruirlo o derribarlo” (El principio del Estado). En verdad, para Bakunin el poder político y la autoridad política tienen siempre una dimensión negativa, egoísta, explotadora y opresora, mientras que la autoridad social puede tener un carácter creador, interactivo, autogestionario. Y eso solo es posible cuando cada persona es autónoma, libre y se gobierna a sí misma, es decir, no tiene ninguna autoridad o poder que le someta.

Bakunin postulará la existencia de un instinto o una voluntad de poder en los humanos originado en las leyes de la vida y forjado en la lucha por la existencia, que se fue morigerando con la evolución de la humanidad. En la antigüedad tomaba la forma de esclavismo y de sujeción religiosa, mientras que en los tiempos modernos “esa lucha tiene lugar bajo el doble aspecto de la explotación del trabajo asalariado por parte del capital, y de la opresión política, jurídica, civil, militar y policíaca por el Estado y la Iglesia, y por la burocracia estatal; y continúa brotando dentro de todos los individuos nacidos en la sociedad el deseo, la necesidad ya veces la inevitabilidad de mandar y explotar a otras personas” (Consideraciones Filosóficas). La naturaleza instintiva de este comportamiento revela un costado oscuro de la humanidad, “un instinto carnívoro, completamente bestial y salvaje”, que se presenta de forma idealizada y noble, como instrumento de la razón o el bien público “pero sigue siendo en su esencia igualmente dañino, y se hace  todavía más perjudicial cuando, gracias a la aplicación de la  ciencia, extiende su horizonte e intensifica el poder de su acción.”

Bakunin no hace un rechazo ciego o una negación de la voluntad de poder en cada individuo, por el contrario, reconoce su existencia y su inevitabilidad. “La experiencia nos demuestra que el poder de la voluntad está bien lejos de ser siempre el poder del bien: los más grandes criminales, los malhechores en  el más alto grado, están dotados algunas veces de la mayor potencia de voluntad y, por otra parte, vemos bastante a menudo, ¡ay!, hombres excelentes, buenos, justos, llenos de sentimientos benevolentes, que están privados de esa facultad” (Cappelletti p. 146). Sin embargo, esta determinación negativa se desarrolla cuando las condiciones sociales hacen posible la aparición de un grupo con capacidad de oprimir y explotar al resto: “El crecimiento del instinto de poder está determinado, por condiciones sociales. E inevitablemente este elemento maldito se encuentra como instinto natural en todo hombre  sin excepción alguna. Todos llevamos dentro de nosotros mismos los gérmenes de esta pasión de poder, y todo germen, como sabemos, según una ley básica de la vida se desarrolla y crece siempre que encuentre en su medio condiciones favorables. En la sociedad humana esas condiciones son la estupidez, la ignorancia, la indiferencia apática y los hábitos serviles de las masas -por la cual podríamos decir en justicia que son las propias masas quienes producen esos explotadores, opresores, déspotas, y verdugos de la humanidad de los que son víctimas.” Esta vocación de poder que es natural en la especie humana es lo que impide cualquier forma de gobierno popular, ya que toda persona a quien se dote de poder se convertirá en opresor y explotador de las masas. Allí – sostiene Bakunin- radica la naturaleza corruptora del poder. Por más que el poder se ejerciera en nombre de la razón o la ciencia, quienes lo detenten no se diferenciarán de aquellos que lo hacían en nombre de Dios.

En este punto Bakunin se diferenciará de los filósofos de la Ilustración y defensores de la ficción del Contrato Social que “proclaman la teoría amenazadora e inhumana del derecho absoluto del Estado, mientras que los absolutistas monárquicos la apoyan, con mucha mayor consecuencia lógica, en la gracia de Dios.” Tanto liberales como revolucionarios hacen un culto del poder absoluto, con el fin de conservar sus privilegios de clase. Esto es también válido para el sistema democrático, que es planteado por Bakunin como una contradicción terminológica: “Donde todos gobiernan, ya no hay gobernados, y ya no hay Estado,” mientras que el poder del Estado es “el poder del pueblo en su conjunto, pero organizado en detrimento del pueblo y en favor de las clases privilegiadas”. Esta concepción del poder no se corresponde con la estrecha idea de poder que le atribuye Roca Martínez, identificado exclusivamente con la coerción.

El fundamento teórico de este sistema democrático remite al modelo iusnaturalista que toma la libertad individual como anterior a la sociedad y no como un producto histórico de la sociedad. El Estado y la sociedad se confunden así en una misma estructura, mientras que los individuos son una masa apiñada de átomos libres que les da forma. Esta idea -cuya exacerbación es la teoría liberal- toma al hombre como algo que, según Bakunin, “no es siquiera completamente él mismo, un ser entero y en cierto modo absoluto más que fuera de la sociedad. Siendo libre anteriormente y fuera de la sociedad, forma necesariamente esta última por un acto voluntario y por una especie de contrato, sea instintivo o tácito, sea reflexivo o formal. En una palabra, en esa teoría no son los individuos los creados por la sociedad, son ellos, al contrario, los que la crean, impulsados por alguna necesidad exterior, tales como el trabajo y la guerra. Se ve que en esta teoría, la sociedad propiamente dicha no existe; la sociedad humana natural, el punto de partida real de toda civilización humana, el único ambiente en el cual puede nacer realmente y desarrollarse la personalidad y la libertad de los hombres, le es perfectamente desconocida. No reconoce de un lado más que a los individuos, seres existentes por sí mismos y libres de sí mismos, y por otro, a esa sociedad convencional, formada arbitrariamente por esos individuos y fundada en un contrato, formal o tácito, es decir, al Estado.”

Su crítica al poder no tendrá medias tintas ni abrirá la puerta a ninguna clase de poder popular, como pretende hacernos creer Roca Martínez: “Estamos convencidos como socialistas, vosotros y yo, de que el medio social la posición social y las condiciones de existencia, son más poderosas que la Inteligencia y la voluntad del individuo más fuerte y poderoso; y precisamente por este motivo exigimos una igualdad no natural sino social de los individuos como condición para la justicia y fundamento de la moralidad. Por eso detestamos el poder, todo poder, al igual que el pueblo lo detesta.” Pero Bakunin – en sus Consideraciones Filosóficas– hace esta sugerente salvedad, al afirmar que la única autoridad respetable para el pueblo emana de la experiencia colectiva, y será “mil veces más poderosa” que la de las autoridades estatales o eclesiásticas, es decir, “será la del espíritu colectivo y público  de una sociedad fundada sobre la Igualdad y la solidaridad  y sobre el respeto humano mutuo de todos sus miembros.” Influenciado por las ideas científicas de su época, -el darwinismo, el mecanicismo y el positivismo- Bakunin le atribuía al pueblo necesidades e “instintos populares”. De este modo, el pueblo ambicionaría instintivamente la organización de sus intereses económicos y “la ausencia completa de todo poder, de toda organización política, pues toda organización política desemboca inevitablemente en la negación de la libertad del pueblo”. Por supuesto que desde una perspectiva actual, tales instintos atribuidos a las masas por Bakunin no existieron jamás, y más bien son la expresión de sus propios deseos, de sus propias ideas sobre el poder.

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