La aceptación del concepto de Poder como negación del anarquismo I

Patrick Rossineri (Periódico ¡Libertad! nº 61-62)

En un artículo publicado en la revista Libre Pensamiento, nº 66, otoño 2010, “Repensar el poder. A propósito de La Sociedad contra el Estado de Pierre Clastres”, Beltrán Roca Martínez sostiene que la visión anarquista clásica sobre el Poder, si bien contiene aportes esenciales para su comprensión, deja por fuera importantes dimensiones de este concepto. Sostiene además que este enfoque hace una identificación limitada y reduccionista entre poder y coerción. El autor despacha rápidamente el tema, resolviendo el punto en cuestión en las siguientes breves líneas:

A pesar de sus preciadas aportaciones, el anarquismo no ha sabido captar totalmente la complejidad del poder. En particular, se ha identificado poder exclusivamente con coerción. El poder es algo que limita, es incapaz de producir nada. Y como defensor radical de la libertad, según esta argumentación, el anarquista debe oponerse a toda forma de poder. En otras ocasiones se identifica poder con Estado y capitalismo, dejando fuera de la crítica y el análisis numerosas relaciones de poder que recorren el tejido social: a través de la medicina, los conocimientos, la sexualidad, etc. (aunque este error ha sido más frecuente entre los marxistas). Además, la mayoría de las veces hablar sobre el poder en las mismas organizaciones anarquistas es tabú; lo cual contribuye aun más a la confusión y no ser capaz de analizar con rigor las estructuras organizativas del movimiento.

Sin embargo, hay que matizar que en los mismos autores clásicos pueden encontrarse citas que apuntan una comprensión más compleja del fenómeno. Bakunin, por ejemplo, llama a “organizar las fuerzas del pueblo”:

“Organizar las fuerzas del pueblo para realizar tal revolución, he ahí el único fin de los que desean sinceramente la libertad…” (Bakunin, 1977: 108).

Las “fuerzas del pueblo” a las que hace referencia Bakunin no son otra cosa que el “poder popular”, sobre el que reflexionaremos al final de este artículo.

Comenzando por el final, lo primero que resulta sorprendente es esta fantástica conclusión de que “organizar las fuerzas del pueblo” equivale a organizar el poder popular.[i] Lamentablemente el autor olvidó fundamentar cómo partiendo de un teórico como Bakunin, que jamás habló de poder popular ni nada que se le pareciese, se puede llegar a concluir que se está haciendo referencia precisamente al “poder popular”. Como tal identificación entre el pensamiento del gran anarquista ruso y el controvertido concepto de poder popular no ha sido argumentada en absoluto por Roca Martínez, pasaremos a otras aseveraciones del artículo que al menos están respaldadas por un mínimo argumento.

No podemos dejar de estar de acuerdo cuando el autor afirma que “el anarquismo no ha sabido captar totalmente la complejidad del poder”, ya que visto desde una perspectiva contemporánea, dentro del campo de las ciencias sociales y humanísticas se han escrito toneladas de páginas y se han invertido miles de horas de investigación sobre el tema. Pero no podemos sumarnos al reproche encubierto de Roca Martínez a los clásicos del anarquismo, por no haber ahondado estos en una concepción de poder similar o afín a la de Michel Foucault y en menor medida a la de Pierre Clastres. El absurdo del regaño quedaría en evidencia si lo aplicásemos a otros casos, por ejemplo: “la física de Newton no ha sabido captar totalmente la complejidad de la relatividad del espacio-tiempo”; o, “la geometría de Euclides no ha sabido captar las complejidades de las geometrías no euclidianas”, o mejor aún, “los criadores de caballos del siglo XIX no han sabido estimar las ventajas de la fabricación de automóviles”. No parece que tenga mayor sentido el reconvenir a los anarquistas de hace 150 años por no haber desentrañado los laberintos y la anatomía del poder como lo hizo Foucault más de un siglo después. [ii] Los problemas y preguntas, las ideas y conceptos de un momento político y social particular de la Historia, son el producto y la respuesta a las crisis y transformaciones en el orden político, económico y social de su propio contexto. Una ideología es, en buena medida, incomprensible fuera del contexto histórico en que fue producida, porque fue pergeñada como contestación a problemáticas concretas y por personas concretas, no como un divague intelectual en respuesta a cuestiones abstractas.

Intentaremos entonces analizar el contexto histórico en que se desarrollaron las ideas anarquistas, profundizando en los conceptos de autoridad y poder, a fin de aclarar que estos conceptos no han sido tomados de forma reduccionista ni simplista, ni por los anarquistas ni por las diversas sociologías decimonónicas, y más bien han sido problematizados en correspondencia con su realidad y experiencia histórica.

La teoría del contrato

Prácticamente toda la teoría social del siglo XIX fue una reacción contra el racionalismo del siglo XVIII que constituyó el fundamento político/filosófico de la Revolución Francesa. Dentro de este movimiento intelectual, la idea de Contrato Social que Jean Jacques Rousseau concibió, fue uno de los pilares fundamentales del Nuevo Orden revolucionario que se proclamó cuando los jacobinos tomaron el poder, frente a la ideología del Antiguo Régimen, es decir, la monarquía semi-feudal y el poderío de la Iglesia.

La teoría contractualista postulaba que la humanidad se había originado en una anarquía primigenia, donde los seres humanos eran libres unos respecto de otros, sin vínculos ni relaciones sociales entre sí, en un estado de naturaleza cercano al de los animales y sin conformar una sociedad. En un segundo estado civil, donde se fundaba la sociedad, devenía el contrato entre gobernados y gobernantes, donde los primeros delegaban en los segundos, que pasaban a ser los representantes de la voluntad general. Aquí se instituía el vínculo político, que dio origen a la sociedad y al Estado, que para la teoría contractualista eran interdependientes, es decir, sin Estado no podía existir la sociedad. Este esquema teórico es denominado modelo iusnaturalista (Norberto Bobbio, p. 67-93). Es una construcción intelectual correspondiente con este contexto histórico específico, pero que no tiene ningún asidero con la realidad, ya que semejante escenario en la historia y la evolución humana jamás ha existido.

Los autores contractualistas (Hobbes, Locke, Rousseau), describieron de diferentes maneras el estado de naturaleza –desde la hobbesiana guerra de todos contra todos al mito roussoniano del buen salvaje– pero coincidían en la estructura argumental. Se podría simplificar este pensamiento en base a algunas oposiciones o ideas dicotómicas entre el estado de naturaleza y el estado civil: salvajismo/civilización; anarquía/Estado; naturaleza/sociedad; individuo aislado/individuo asociado; ausencia de política/sociedad política; desorden/orden; igualdad/desigualdad; supervivencia individual/contrato social. Fundamentalmente, lo que se infería era que los humanos (pueblo) pactaban un acuerdo o contrato, resignando algunos de sus derechos en una persona o grupo de personas principales (gobernantes), a fin de beneficiar a toda la colectividad. En algunos autores, esta concesión era temporal y se renovaba cada cierto tiempo (democracia), en otros era permanente y el poder se transmitía por sucesión (monarquía). El incumplimiento del contrato por parte de los gobernantes, es decir, si gobernaban contra la voluntad general, habilitaba al pueblo a derrocar a sus gobernantes y poner a otros en su reemplazo.

La oposición al contractualismo

El movimiento contra el racionalismo individualista tuvo tres troncos principales, ideológicamente muy diferentes, pero con algunos fundamentos en común: el conservadorismo (que proponía el retorno al antiguo régimen), el liberalismo (que defendía la autonomía y los derechos político/civiles del individuo) y el radicalismo (propugnaba una revolución económica y social; abarcaba todas las corrientes socialistas, incluido el anarquismo). Estas tres corrientes tenían una particular visión de la idea de poder político, contrapuesta en gran medida a la de autoridad (política y social).

La idea de autoridad podemos describirla como “la estructura u orden interno de una asociación, ya sea política, religiosa o cultural y recibe su legitimidad por sus raíces en la función social, la tradición o la fidelidad a una causa”. Sociológicamente el concepto antinómico sería el de poder, identificado con las fuerzas represivas y con la burocracia administrativa despersonalizada (Nisbet: p. 18 y 19). El pensamiento radical tenía como característica distintiva que creía en las posibilidades de redención social mediante la conquista del poder político y su utilización sin límites. La creencia jacobina en el poder absoluto al servicio de la razón, la nación y la humanidad, eliminando las tiranías y las desigualdades, así como las instituciones que las causaban, en especial la Iglesia. El poder y la razón se esgrimían contra la autoridad y la tradición.

Siguiendo al contractualismo, muchos radicales justificaban el poder totalitario basándose en la idea de “voluntad general”. El gobierno revolucionario en el poder encarnaba la voluntad general, no un poder externo a la sociedad sino, el poder colectivo del pueblo ejercido a través de sus representantes. De esta forma, el poder total encarnado en la Asamblea, o incluso en un solo hombre, servía al fin de alcanzar la libertad para los millones de oprimidos por la Iglesia, la aristocracia, la monarquía y los gremios del Antiguo Régimen. El poder político se concebía como un medio para alcanzar la libertad y la igualdad, siendo la Nación la fuente de toda autoridad legítima, considerando a los hombres y mujeres del pueblo como una fraternidad nacional. El ejercicio del poder racional e ilimitado era la manera de acabar con la confusión de autoridades tradicionales superpuestas legadas de la monarquía y el feudalismo. En el nuevo orden, la devoción por Dios y la Iglesia pasaba a ser reemplazada por la adoración del Pueblo y el Estado; esta sería la base moral del poder político revolucionario. Y sería la piedra basal de la mayor parte de las corrientes democráticas y socialistas de los siglos XIX y XX para la aceptación de la conquista del poder del estado como agente revolucionario.

Socialistas y demócratas como Saint-Simón, Blanqui, Blanc, Mazzini, Marx, Engels, Bernstein o Lenin, partieron de esta idea para justificar tanto el nacionalismo democrático, el reformismo socialista como la dictadura del proletariado. Sin toma del poder (absoluto o parcial) no se podría alcanzar un nuevo orden revolucionario. Aquí es donde los anarquistas desde Proudhon y Bakunin hasta Malatesta y Kropotkin, así como algunos pensadores socialistas libertarios o utópicos (William Morris, Owen, Fourier) se distanciaron de este desvelo por la toma del poder político. La solución anarquista pasaría por la aniquilación de dicho poder.

Poder político y autoridad social

Uno de los temas fundamentales de la naciente sociología del siglo XIX fue la temática relacionada con la crisis y la decadencia de la autoridad tradicional, y su reemplazo por nuevas formas de poder. En la sociedad del Antiguo Régimen -la organización social que precedió a la revolución industrial y la revolución democrática burguesa en Europa- la autoridad no era concebida como identidad separada o distinta del conjunto social. Estaba “profundamente incorporada a las funciones sociales, parte inalienable del orden interno de la familia, el vecindario, la parroquia y el gremio, ritualizada en toda circunstancia, la autoridad está unida de modo tan estrecho con la tradición y la moralidad, que apenas se la advierte más que el aire que los hombres respiran. Aún en manos del rey, tiende a mantener en una sociedad de esa índole su carácter difuso e indirecto” (Nisbet: p. 147). La autoridad patriarcal del rey no se diferencia de la que tienen los padres sobre sus hijos, la autoridad está tan imbricada e integrada en la moral del orden social que no es posible visualizarla como algo separado del cuerpo social.

El golpe mortal dado a la autoridad tradicional por los efectos de la revolución industrial y la Revolución Francesa, generó profundos sentimientos de angustia y preocupación en el pensamiento conservador. Esta corriente temía que la autoridad perdida dejaría una masa de individuos aislados e indefensos frente a nuevas formas de poder arbitrario, terrible y totalizador. Esta imagen del poder revolucionario jacobino desvelaba a pensadores como Burke, Burckhardt, Carlyle, Tocqueville, Simmel, etc. La naciente sociología describía al nuevo poder político que surgía ante sus ojos como:

a) Un poder totalizador, que se extendía a todos los órdenes de la vida. b) Un poder legitimado por las masas, donde el conjunto de los ciudadanos son los soberanos, que expresaban su voluntad general a través del poder político. c) Un poder centralizado, que exterminó a las comunas, los gremios y todo tipo de administración descentralizada. La centralización surgió como forma de darle participación a las masas de ese poder. Todas las formas de autoridad tradicional se interponían entre el gobierno revolucionario y el pueblo, por lo que deberían ser desarticuladas; el poder centralizado, incluso el dictatorial, era el mejor medio para representar a la voluntad general. d) Un poder racionalizado, donde se simplificó la administración, se uniformaron las medidas, se impuso una lengua mediante el sistema educativo, se racionalizó el ejército de masas, donde surgió una nueva burocracia administrativa, despersonalizada, donde todo podía ser medido, pesado, documentado y registrado mediante un número, una norma, una regla, una fórmula o un patrón (Nisbet: p. 148-150).

Una de las grandes diferencias entre el pensamiento conservador y el revolucionario radical consistía precisamente que los conservadores –seguidores de la tradición medieval- exaltaban una sociedad pluralista, con centros políticos distribuidos, con una autoridad apoyada en la comunidad local, la familia patriarcal, la parroquia y la tradición. En cambio, los radicales apostaban a la centralización del poder, al racionalismo administrativo y a la liberación del pueblo de las instituciones tradicionales que lo oprimían. La contraposición se resume en la distinción entre autoridad social (vinculada al antiguo régimen) y el poder político (vinculado al nuevo orden), que será tema de la sociología de Bonald, Weber y Durkheim, como sus últimos expositores.


[i] Sobre el concepto de poder popular remitimos al artículo “La Quimera del Poder Popular: una forma de integración al sistema”, publicado en Libertad! N° 52; también recomendamos la lectura de “Grupos Libertarios y Poder Popular”, de Rafael Uzcátegui, en Libertad! N° 57.

[ii] En otro momento emprenderemos la discusión de las teorías foucaultianas del poder, preponderantemente discursivas, totalizadoras y sin base científico/experimental.

Yo también #tengounplan, pero necesitaré un helicóptero y napalm

Por EskizoElena

Ya es la septuagésimo segunda vez que me sale el anuncio de Desigual antes de un vídeo de Youtube, y ya no me aguanto. He aquí mi opinión (y digo «opinión» para indicaros sutilmente que me la suda lo que me contestéis).

Ayer me desperté con la maravillosa visión de la nueva campaña publicitaria de la marca Desigual. No por gusto, si no porque tengo algún amigo por ahí que me conoce muy bien y me manda cosas así para que me motive. Pues lo has conseguido, maldito.

En dichos anuncios lo que se ve, a grandes rasgos, es una tía vistiéndose y desvistiéndose 3646 veces y hablando… ¿de política? ¿economía? No. Una habla de que se quiere tirar al jefe, otra de que se va a Tailandia y la otra de que le va a presentar a sus padres a su novia. Que muy bien, que en los anuncios no van a ponerse a hablar de desahucios, lo entiendo. Pero no son los temas, si no el cómo son tratados esos temas, lo que me hace estar condenaíta. Pero, como dijo Jack «El Destripador», vayamos por partes.

¡Primer anuncio!

Aquí la señorita, de la cual evidentemente no sabemos su trabajo, dice que se quiere tirar a su jefe. Que cada una y cada uno puede tirarse a quien quiera, hoygan, y cada uno puede pensar lo que quiera de su jefe. Pero que no es lo único en lo que pensamos, ni la única meta que tenemos en la vida. Y ya me saltarán algunos con «pero si es una tía liberal, que sabe lo que quiere». Si yo no digo que no lo sepa, pero que no creo que sea lo único que piensa por las mañanas cuando va al curro. Y que siempre pongan a una tía que se quiere tirar a su jefe, y no al contrario se llama sexismo. Y no me digáis que si fuese al revés todas las feministas saltaríamos diciendo que el anuncio es machista y nuestra guerra sólo está ahí, porque está claro que en la sociedad patriarcal en la que vivimos la igualdad no se alcanza cambiando esos roles y punto. Se alcanza desde una educación igualitaria desde la base.

No me neguéis que la imagen que da el anuncio es de la secretaria cachonda que se quiere tirar al jefe perfecto de los abdominales de oro. Y si fuese al revés veríais al pobrecito chico que ansía tirarse a la jefa «dominatrix», la madurita cachonda. Eso es porque en nuestra mente tenemos establecidas unas relaciones de poder y de género que nos llevan a forjar unas ideas preconcebidas, sin cuestionarlas. ¡Cuánto daño ha hecho «Sexo en Nueva York»! Sobre todo cuando nos pensamos que lo único que hace a una tía empoderarse es hablar de tíos y de a quién quiere tirarse. La libertad sexual es un paso, pero no el único, y en este caso  lo parece. Tampoco ayuda que la señorita diga «qué digan lo que quieran las de contabilidad», pues lo único que hace es afianzar la creencia de que cuando a una mujer le va bien y se siente bien, el resto son unas envidiosas y unas víboras. No os excuséis en que esto es un caso concreto, no me vale. Es un anuncio, y la publicidad está hecha para vender, ya sea un producto, un pensamiento o una idea.

¡¡Segundo anuncio!!

O como le llaman la mayoría, «el de las bolleras». Pues para empezar, ya por ahí la habéis cagado, panda de cansinos y cansinas. Igual que si fuesen dos tíos y dijerais «el de los maricas». Tanta etiqueta me agota. Otra vez volvemos a una tía «empoderada» que, como no, tiene una de las características que más se usan para desacreditarnos a las feministas: lesbiana. Aunque la verdad, el o la que piensa que eso nos desacredita es imbécil, porque no es un descalificativo, pero sí la intención que suele llevar esa palabra. En fin…

La muchacha en este caso nos muestra su amor ideal y romántico con esa otra persona que aún no vemos, pero que claramente intuimos que va a ser una chica. «En un principio a mi padre le va a chocar, pero luego le va a encantar. Y a sus amigos también». Con dos ovarios. Porque claro, una tía que es bisexual (antes habla de un tal Nacho), es un objeto de deseo, es el morbo personificado, es de película porno. Si fuese un tío, ya cambiarían las tornas, ya.

Y ya por fin cuando se nos muestra a la pareja, resulta que sí, que es una tía. Pero no una tía cualquiera, no, sino el típico estereotipo de lesbiana con el pelo corto y que saca músculo, y a la que obviamente le gusta el fútbol. Luego si yo voy con el pelo corto y me gusta el fútbol, soy lesbiana ¿no? No me llevéis la contraria diciendo que la otra tía es muy femenina aunque sea lesbiana, porque ya hemos dicho que es bisexual, y para las mentes degeneradas y atrasadas, no es lo mismo. Seguimos explotando el morbo que a muchos les da una pareja de tías, y que no pasa al contrario. Sexismo.

¡¡¡Y tercer anuncio!!!

Es mi favorito, sin duda alguna. Para empezar, a la protagonista le molesta la crisis, está harta. Pero no de la situación precaria que vivimos, de que la gente no coma, o de los desahucios, no. Está harta del «mal rollo». Dí que sí, que esto de la crisis viene muy mal para los chakras. Y qué mejor manera de evitar esa mala energía que pirarse de España. Muchos los hemos pensado, pero para ir a buscar un trabajo que aquí no encontramos, no para irnos de vacaciones a Tailandia y vivir la vida frente al mar. Más que nada porque Tailandia no es sólo un destino de vacaciones, sino que es un país en vías de desarrollo con pobreza, precariedad, delincuencia, explotación, trata… A mi eso me da tela de buen rollo.

Por otra parte, como a ella la crisis no le afecta (pues puede ir vistiendo de Desigual, que esa es otra), se piensa ir a bucear, a darse masajes, a ver puestas de sol, y de «full moon party». Ella es un «hippi» que va a disfrutar con el dinero de su padre, ¡y a vivir como las salvajes! Porque todo lo que es extranjero, oriental, diferente… es de salvajes. Con esas edad es chungo tener esa visión colonialista de las cosas, perdona que te lo diga.

Luego lo intenta arreglar diciendo «vosotras os casáis, y yo me voy a Tailandia». Y me hago un trío. ¿Eso es lo «liberal» del anuncio? Pues también lo critico en el momento en el que creemos que una opción es mejor que otra, sin respetar la libertad de cada uno. Además, vuelve a hacernos creer que lo que nos libera a las mujeres es únicamente el tema sexual. Hasta el pobre novio me da pena. Una relación no es sólo el tener mucho sexo o el matrimonio, y no te liberas más por romper con esas normas preestablecidas. Una relación para mí debería ser una unión libremente pactada, de relaciones de responsabilidad compartida, de sexualidad libre pero responsable, sin que ahogue el crecimiento individual. Dejémonos de pensar en el amor romántico, y en que cuando no lo encontramos la única opción es huir, por favor.

Ya en general y para concluir, pienso que esta campaña sigue siendo una muestra más del sexismo de la publicidad en la que estamos inmersos, de los estereotipos, de las mujeres idealizadas, hechas a imagen de lo que nosotros creemos que es lo perfecto. Ninguna de esas mujeres tiene una talla 40, ni arrugas, ni unas curvas pronunciadas… Son lo que llamamos «tías buenas», hoy en día. Aquí se nos han presentado los tres tipos de mujer que, hoy en día, creemos que representa el «empoderamiento» o el feminismo: la «puta», las «lesbiana» y la «hippi». Ya es hora de que nos demos cuenta de que si seguimos permitiendo que se nos marquen los ideales, los cánones de belleza, la forma de ver las cosas, la mayoría de la sociedad lo seguirá viendo así. Y no se trata de prohibir, se trata de concienciar y cambiar. Dudo mucho que este anuncio lleve aparejada un poco de crítica o busque hacernos plantearnos todo esto. No olvidemos que sigue queriendo vendernos algo, y seguir utilizando a las mujeres como objetos en pro del capital. Este anuncio representa lo que por desgracia mucha gente piensa, y es una de las armas utilizadas por el patriarcado para afianzarse y mantenerse con el tiempo, disfrazarse de supuesto «feminismo». Es el nuevo machismo.

Recuperando el derecho a rebelión (III)

Aquí está la última entrega del ensayo sobre el derecho a la rebelión

La pregunta que hay que hacerse sobre el Estado es ¿Representa el Estado la voluntad general? Los juristas, intelectuales defensores de él dicen que es una cuestión de orden público, el Estado surge de un pacto social donde los individuos rechazan una parte de su libertad a cambio de seguridad reconociendo al Estado y a la ley que emana de él como la idea de justicia, los estatistas dicen que el Estado actúa en el bien del pueblo o de la voluntad general, conciben a la sociedad como un todo, como individuos iguales cuando ya hemos visto antes que la sociedad está dividida por asuntos económicos y que tienen intereses diferentes y contrapuestos, así que la idea de “voluntad general” es errónea y solo esconde los intereses de la clase dominante, la abstracción del Estado esconde la lucha de clases, niega el conflicto social y eso solo beneficia a los que se encuentran en una posición privilegiada, ya que se acepta esa situación como normal. Descartada la idea del Estado como representación de la voluntad general vuelve a surgir la pregunta de que es el Estado y de donde surge. Bakunin no vaciló en su definición del Estado:

“El Estado es la suma de la negación de la libertad de todos sus miembros”

La diferencia entre el Estado autoritario autárquico y el republicano reside en que en el primero la burocracia estatal oprime y explota al pueblo en beneficio de la clase dominante y lo hace en nombre del líder; en un régimen republicano hace exactamente lo mismo pero en nombre del pueblo o de la “voluntad general”.

Ningún Estado vela por los intereses del pueblo, ya que lo que éste busca es la libre organización de sus intereses sin interferencia o coacción de un ente superior. El Estado es un instrumento diseñado para gobernar desde arriba y dirigido por una minoría que impondrá sus intereses al pueblo, por esa razón el pueblo y el Estado son antagonistas y es una contradicción la concepción del Estado como popular.

Como el Estado no puede satisfacer los intereses del pueblo pues no le queda otra formar de asegurar su hegemonía que la violencia, el mismo papel que juegan las grandes empresas en el ámbito económico es desempeñado por el Estado en la sociedad, acaba con los estados pequeños y comunidades en beneficio de un gran Estado monopolizador, esto produce que cuando mas grande sea un Estado mas se alejará del pueblo y mas oprimirá a éste. Como hemos dicho antes una de las características principales del Estado es que éste tiene el monopolio de la fuerza, lo que quiere decir que toda violencia que se ejerza desde fuera de éste será considerada ilegal mientras que la que se ejerza en su nombre será considerada legal. Ante esta situación los explotados se encuentran indefensos porque la “justicia” está al servicio de la clase dominante.

¿Cómo se puede justificar el derecho a rebelión y el uso de violencia revolucionaria?  Los explotados se encuentran obligados a aceptar su situación por medio de la coacción que ejerce el Estado, esa situación es violenta ya que supone la imposición de una voluntad sobre la de los demás, frente a esa violencia algunos pensadores como Errico Malatesta justifican el uso de la autodefensa que no sería violencia como tal sino una respuesta a la violencia ejercida por un opresor.

“La violencia es justificable solo cuando es necesaria para defenderse a uno mismo o a los demás de la violencia[…] El explotado siempre está en estado de legítima defensa así que su violencia contra el opresor está moralmente justificada y tiene que ser regulada con el criterio de su utilidad y la economía del esfuerzo y sufrimiento humano […] No existe otro medio de defensa frente a la violencia que la propia violencia, pero no es violento quien ejerce la autodefensa, sino quien obliga a otros a utilizarla[…] La revolución debe ser necesariamente violenta porque sería una locura esperar que los privilegiados decidieran renunciar a su posición voluntariamente”

Para Malatesta, lo que empuja a la rebelión es la dignidad del individuo, la lucha contra el Estado estaría justificada ya que éste se basa en la fuerza para imponer su voluntad y genera una situación de desigualdad y opresión. El límite de opresión de un gobierno solo está limitado por la resistencia que el pueblo pueda oponer, puede haber un conflicto abierto o que pase mas desapercibido, pero siempre hay existencia de conflicto, cuando el pueblo se somete a la ley y no muestra resistencia el gobierno actúa a su antojo sin tener en cuenta las necesidades populares, solo cuando nota el peligro de insurrección es cuando se encuentra entre la disyuntiva de ceder o reprimir. Pero aunque ceda o reprima la revolución es inevitable ya que si no cede el pueblo acabará por rebelarse, pero si cede le valdrá para tomar confianza en sí mismo hasta que la pugna entre libertad y autoridad se haga evidente y se produzca el conflicto abierto.

Esta es la concepción clásica, hoy en dia podemos ver que no es así exactamente, la capacidad de recuperación del capitalismo y los nuevos métodos de control social han hecho que el poder sea capaz de gestionar las contradicciones , el sistema designa a la violencia revolucionaria como “terrorismo”, con este concepto pretende abarcar a todo lo que suponga una amenaza al Status Quo, los predicadores de la paz social manejan un discurso ideológico donde niegan el conflicto social y los mismos opresores se atreven de hablar de paz y fraternidad. Los medios de comunicación de masas difunden estas ideas y la opinión pública general coincide con ellas. El derecho a la rebelión es considerado como algo del pasado que fue útil en su momento pero ahora que se vive en “democracia” no tiene sentido ya que se gobierna por el bien de la sociedad.

El principal problema de justificar el derecho a la rebelión contra este sistema es enfrentarse a la opinión pública y al discurso mediático que tiene muchísimo más alcance y es hegemónico, en algunos medios se considera como “apología al terrorismo” y puede acarrear hasta consecuencias penales, la difusión de las teorías del derecho a la resistencia en la sociedad actual es marginal comparado con la que tiene la lógica del sistema.

Conclusión

Si se analiza el sistema de forma abstracta no podría ser considerado como una tiranía, pero en la práctica se cumplen las tres condiciones que citamos anteriormente en el primer apartado, ya que el Estado actúa como un gran tirano en beneficio de la clase dominante, es antipolítico porque pervierte el significado de la política que es la gestión de los asuntos del pueblo y como hemos visto el Estado no puede satisfacer los intereses de éste y se limita al uso de la fuerza, y está sujeto a leyes pero porque las leyes son el garante del mismo Estado, no suponen una limitación de su actuación sino una ampliación, el Estado se reserva la capacidad de actuar tiránicamente (la mayoría de ordenamientos jurídicos recogen los Regímenes de excepción donde las libertades individuales y políticas son suspendidas en caso de verse el Estado en peligro).

La tiranía del sistema actual no solo se sostiene con la fuerza física, principalmente utiliza medios de control social como los medios de comunicación de masas que manipulan la opinión pública y hacen que acepten las condiciones de vida existentes, además últimamente está apareciendo la figura del ciudadano-policia donde el  individuo se somete voluntariamente y cumple labores de control social sobre otros miembros de la sociedad, el mismo individuo rechaza a los que se rebelan contra el sistema y podría a llegar a servir al propio Estado. Se han dado varios casos donde los propios ciudadanos han denunciado a sus iguales, como recientemente en las protestas de Barcelona de la huelga general del 29M donde la policía llevó a cabo una campaña para identificar a manifestantes y se publicó una página web con fotografías de estos para que se recibieran denuncias anónimas. Cada vez se avanza más en el control social y éste toma carácter más totalitario, la definición de totalitarismo que dio Orwell en 1984 fue un régimen donde los mismos oprimidos renunciaran a rebelarse y se vieran incapaces de ello, donde el Estado se funde con la sociedad y resulta imposible distinguir una cosa de la otra, donde se acepte el Status Quo como una ley inmutable y se pierda toda esperanza de cambio, lo describió de esta manera:

“Si quieres hacerte una idea de como será el futuro imagínate una bota aplastando un rostro humano incesantemente”

Actualmente vamos por ese camino y lo único que puede cambiarlo es la recuperación de la legitimidad del derecho a rebelión, de la dignidad humana, pero sobre todo que se pierda el miedo que es la principal arma que utiliza este sistema para perpetuarse.

Bibliografía:

–          F. Engels, El Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. (1884)

–          A. Tocqueville, La democracia en América (1840)

–          Guy Debord, La sociedad del espectáculo (1967)

–          M. Bakunin, Escritos de filosofía política I, Crítica de la sociedad (1876)

–          Alfredo. M. Bonano, Errico malaesta y la violencia revolucionaria (2009)

–          G. Orwell, 1984 (1849)

–          M. Bakunin, Estatismo y anarquía (1873)

Anarquismo, sexualidad, y relaciones afectivas

Por Anónimx

La necesidad de escribir sobre este tema surge del caos y la confusión sobre qué valores tienen que guiar mis acciones respecto al título expuesto. Hablar de relaciones afectivas (y humanas) no es fácil en muchos aspectos, pues con abrir los ojos ya vemos cómo la realidad social es bien jodida. No nos quedamos en eso, y le damos mil vueltas a la cabeza e intentamos con todos nuestros esfuerzos cambiarla, para que todxs estemos más a gusto, entre otras cosas.

Pero acotando un poco el tema me refiero a las relaciones afectivas, y sobretodo aquellas que se mezclan con el sexo. Hacer una reflexión sobre esto es importante porque en nuestras vidas (o no) se derivan problemas, preguntas y dudas sobre este campo. Y entendiendo el anarquismo como no sólo, o más que una ideología, también un conjunto de valores que se materializan en prácticas concretas durante la vida. ¿Cómo podemos gestionar nuestras emociones acorde  a nuestros principios?

En primer lugar, aclarar que para mí el anarquismo no es un dogma, y cuanto menos esté definido en torno a sus propuestas más dará a pie a la libertad individual y colectiva de proponer soluciones a los problemas en la vida. No existen recetas mágicas y desde el primer momento nos cruzamos con un imaginario lleno de construcciones culturales y sociales, y una educación aprendida respecto al cómo entender las relaciones afectivas y la sexualidad.

Lo que hemos aprendido, nuestro modelo heredado principalmente es el modelo cristiano de matrimonio, monógamo, patriarcal, perpetuo, etc. Aunque el matrimonio de ahora no es exactamente éste, tenemos muchos imaginarios heredados de este pensamiento, junto al amor romántico del siglo XIX configuran las cosas que aprendemos desde chicxs, por la escuela, por la televisión… Aunque no me gusta hablar por otrxs, me atrevo a decir que nosotrxs, lxs anarquistas estamos en contra de este modelo, del matrimonio entendido como una relación formal institucionalizada por el Estado (o la iglesia), porque creemos que la forma en la cual las relaciones deben ser llevadas debe ser gestionadas por las personas participantes… Aunque si quieren casarse, ¡que se casen!

Pero históricamente en nuestra sociedad, el matrimonio no ha sido sinónimo de casarse por voluntad, y antes las relaciones sexuales/amorosas estaban más reguladas por el Estado y la iglesia. De aquí el concepto anarquista de amor libre, que en mi opinión no es el mismo que el que entendemos ahora. El amor libre que defendían los anarquistas de principio de siglo se refería precisamente al rechazar la intromisión de las instituciones sobre la libre unión de los individuos. Para mi el amor libre ahora se entiende como una serie de valores o ideología en la cual intenta desmarcarse de tener pareja “formal”. Con eso no intento decir que ni una cosa ni la otra es mejor, simplemente era una explicación para llegar hasta el día de hoy. Algunos llaman al amor libre promiscuidad, dándole un sentido negativo, pero creo que éste no es el problema.

Para mí la libertad de las personas debe primar por encima de todo (ya sabéis, siempre que se respete al otrx) y, ¿por qué limitar el amor y el sexo a una persona? Pero aquí aparecen los celos, la inseguridad… es difícil (también me atrevo a decir que, aunque no sé a qué nivel, estos aspectos son productos construidos culturalmente). Pero, ¿hasta qué punto el individualismo egocéntrico ha penetrado en nosotrxs en relaciones fugaces que se asemejan a productos de consumo de usar y tirar? Repito que las relaciones que las personas quieran llevar, son las que son válidas… pero muchas veces los intereses no coinciden… ¡y aquí el tema central!

En este punto entra el anarquismo, pues sea una pareja formal, un matrimonio, una poligamia, una relación múltiple de poliamor, sea la relación que sea (siempre que sea voluntaria), la historia, la movida es cómo tratamos a las personas en el siglo XXI cuando tenemos el conflicto desde valores libertarios. Como he dicho criticando la cultura individualista, creo que hace falta diálogo (no sólo en este tema), e intentar abordar el conflicto cuando este sucede e intentar que las dos partes (o más) mediante la comprensión y la palabra superen la situación sea cual sea la conclusión. Con eso intento decir que cuidemos más a las personas con las cuales tenemos algún tipo de relación ya sea esporádica o más bien larga, informal o formal.

Y sobretodo creo que es importante reflexionar sobre cómo queremos tener nuestras relaciones (o quizás el problema es darle demasiadas vueltas al asunto). Y quizás también tener en la mente de intentar llevar a la práctica las relaciones de aquella manera en la cual las queremos en una futura utopía libre, en el ahora. Pero al cruzarse tantas cosas teóricas, personales, socialmente construidas, no sé qué pensar ni cómo actuar, pues a la práctica todo es más difícil. Cuidemos a lxs otrxs, sin olvidarse de unx mismx.

Represión y respuesta

No sé de métrica ni demás formalismos, esto es lo que tenía dentro y así me ha salido, espero que os guste.

Represión y respuesta

El madero no es tu amigo
él tiene otros intereses, llevarse un sueldo a casa
no le importa si protestas por algo justo o porque perdió el Barça
cumplirá su función, obedecerá las ordenes, siguiendo la cadena de mando
si hay algún herido grave o un muerto, él se escudará en eso
luego lo indultará el gobierno, mientras mantiene a compañeros presos
por no rendirse, por protestar, por seguir luchando
por no agachar la cabeza ante alguien que se cree superior por llevar placa

Porras y esposas no callarán la voz de la protesta
ésta se multiplica y dentro de poco vendrá la respuesta
cada vez tenemos mas claro que para que nos tomen en serio
no nos basta con hacer procesiones
con eso solo conseguiremos pequeñas concesiones
lo mas seguro que ni eso, de nosotros se seguirán riendo
seguirán negando la realidad y difundirán lo inverso

La próxima vez que salgas a la calle recuerda esto
las señales de tráfico sólo están sujetas con cemento
no levantes las manos, ¡levanta el pavimento!

Especialmente dedicado a los compañeros presos que sufren en sus carnes la represión directa del Estado y para los que han perdido el miedo a enfrentarse con él cara a cara, también va para los que siguen defendiendo la no violencia a ultranza, a ver si les hace reflexionar sobre su postura.

Recuperando el derecho a rebelión (II)

Anteriormente publiqué la primera parte del ensayo donde definía y analizaba los conceptos de tiranía, derecho a rebelión y democracia, en esta segunda parte me centraré en el modelo económico y político actual.

Tiranía democrática

“La democracia, que debe venir a proporcionar la libertad al mundo, puede ser la fuente de una tiranía inédita, de un poder absoluto cuya característica es  someter no solamente a una clase, sino a la totalidad de los individuos que componen un pueblo. La democracia es un instrumento de liberación que puede devenir, por sí mismo,  siguiendo su propia pendiente, un fabuloso instrumento de opresión” Tocqueville

La democracia que está instaurada actualmente tiene poco que ver con la forma ideal de ésta, se dice que hay democracia porque se producen elecciones «libres» y están reguladas por un ordenamiento jurídico, pero esto solo teoría, en la práctica la mayoría de partidos políticos tienen pocas diferencias entre ellos y éstas son básicamente culturales, algunos aspectos sociales y diferencias en las doctrinas económicas, pero manteniendo el dogma del liberalismo, ninguno pone en tela de juicio la propiedad privada, el Estado y el modelo socioeconómico en su totalidad.

Las elecciones se convierten en un mercado, donde los políticos venden un programa (que luego no suelen cumplir) y los votantes deciden o no si comprar el producto (mediante el voto). Los medios de comunicación de masas convierten el periodo electoral en un circo mediático donde se llevan a cabo debates entre partidarios de diferentes partidos, se sacan trapos sucios de la legislatura anterior…etc. El periodismo pierde toda su esencia y se convierte en una actividad mercenaria, donde la opinión depende de que conglomerado empresarial estás detrás de cada medio de comunicación y a que opción política apoye (En el Estado español Prisa o Vocento son las mas destacadas).

Todo este despliegue produce un clima competitivo donde cada votante se identifica con un partido político como si fueran hinchas de fútbol, esta situación es ampliada por los mismos candidatos que se dedican a echar mas leña al fuego durante mítines y demás demostraciones de fuerza. El militante o el simpatizante de un partido tiene claro que opción votar y la mayoría de las veces ni reflexiona sobre su decisión.

El llamado votante medio es el objetivo de las campañas políticas, suele ser indeciso y no se identifica con una formación política concreta, es mas reflexivo y se informa sobre los programas electorales y la trayectoria de un partido antes de votarlo, aunque ese perfil es una minoría ya que la mayoría simplemente se deja llevar por la opinión pública. También es frecuente que utilice el llamado “voto de castigo” que consiste en votar a la opción política que ocupa el lugar de la oposición para perjudicar al partido que ha ejercido la legislatura, esta conducta provoca un bipartidismo turnista donde cada vez que un partido decepciona a sus votantes, éstos en las siguientes elecciones depositarán su confianza en el partido opositor y así sucesivamente. Algún votante medio al darse cuenta del engaño opta por la abstención o el voto nulo y se implicará en algún proyecto político extraparlamentario, pero este porcentaje representa una minoría, con lo que se mantiene la hegemonía del sistema “democrático”.

Pero el sistema político solo es la punta del iceberg, solo es la forma de la que la burguesía administra su poder,  cuya fuente viene del sistema económico y de las relaciones de explotación, como dijo Bakunin:

“Mientras el pueblo alimente, mantenga y enriquezca a los grupos privilegiados de la población mediante su trabajo, incapaz de auto-gobierno por verse forzado a trabajar para otros y no para sí, estará invariablemente regido y dominado por las clases explotadoras. Esto no puede remediarlo ni siquiera la constitución más democrática, porque el hecho económico es más fuerte que los derechos políticos, que sólo pueden tener significado y realidad mientras reposen sobre él”

Mientras se mantenga el sistema capitalista la democracia no pasará de su carácter “de fachada” además de servirle a sus intereses, el capitalismo necesita al Estado para someter a los asalariados, sin la coacción de éste los trabajadores no aceptarían las condiciones de explotación ni reconocerían la propiedad privada de los medios de producción. El funcionamiento del sistema capitalista es de todo menos democrático, el proceso de acumulación de capital provoca una concentración de riqueza en manos reducidas, la especulación siempre va en aumento y la competencia aniquila las pequeñas y medianas empresas. Los grandes beneficios de la clase dominante se consiguen a expensas de la precarización de las vidas de los que los sostienen, los intereses de la burguesía y el proletariado son opuestos, están en una pugna continúa, en ese contexto no se puede hablar de justicia social ni democracia, el mercado es tiránico, los trabajadores se encuentran a merced de éste y tienen que aceptar sus condiciones de trabajo, si un trabajador no las acepta habrá otro que sí y forzados por la necesidad no opondrán mucha resistencia ya que necesitan mantenerse así mismo y a sus familias. El Estado que estaba pensado como un instrumento nivelador se encuentra al servicio de la clase dominante y no dudará en utilizar la represión contra todo lo que pueda poner en peligro la hegemonía de este modelo.

Derecho a la rebelión contra la “democracia”

“Un Estado republicano, basado sobre el sufragio universal, puede ser extraordinariamente despótico, incluso más despótico que un Estado monárquico, cuando bajo el pretexto de representar la voluntad de todos hace caer sobre la voluntad y el movimiento libre de cada miembro el peso abrumador de su poder colectivo” Bakunin

El principal problema que se encuentra uno a la hora de justificar la rebelión contra el Estado es que éste se presenta como un ente imparcial y justo al tener el monopolio de la coacción y la fuerza normativa. Además en la sociedad de bienestar el Estado proporciona servicios públicos, pero no son gratuitos como algunos piensan, el Estado se financia mediante el cobro de impuestos que no solo van destinados a presupuestos sociales, una gran parte de los impuestos van para los presupuestos de Defensa y para la financiación del sistema represivo que garantiza el mantenimiento del Status Quo, no solo se reprime al pueblo, sino que esa misma represión la paga el mismo pueblo.

Continúa y finaliza en la tercera entrega.

 

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