El Frente Estudiantil y Social llama a la huelga general

Queremos, desde el Frente Estudiantil y Social de Zaragoza, secundar la convocatoria de Huelga General para el día catorce de noviembre. No queremos hacerlo, sin embargo, sin mostrar nuestros motivos para secundarla y nuestra visión sobre qué debería ser una huelga general.

¿Por qué secundar la huelga general si eres estudiante?

Una huelga tiene como uno de sus objetivos el causar un daño a las ganancias obtenidas por la patronal para forzarla a aceptar una serie de exigencias de los trabajadores, pero no solamente eso. La huelga sirve para que la clase trabajadora visualice su situación como clase explotada, caiga en cuenta de su poder y se facilite su capacidad de organización. Para todo eso, para acentuar la lucha de clases, es para lo que sirve, o debería servir, una huelga.

Una huelga general supone la paralización de todos y cada uno de los sectores de la producción. Sin embargo, no toda la clase trabajadora participa directamente en estos sectores. Algunos trabajadores permanecen en paro para evitar que crezca el precio de la fuerza de trabajo que contratan los patronos. Otros se encuentran en formación, para asegurar mano de obra cualificada o especializada. Otros están ya jubilados. Otros trabajan en sectores relacionados con los servicios. Estas actividades son reproductivas del sistema capitalista, pues aunque no son productoras contribuyen a mantener en funcionamiento el proceso de producción y explotación, y es aquí donde entramos los estudiantes.

Como trabajadores en formación que somos el mundo del trabajo no debería sernos ajeno y lo que afecte a los actuales trabajadores nos afectará tarde o temprano.
Por otro lado, si bien paralizar nuestros lugares de estudio no repercute en un descenso de la producción, si que muestra la unión y confluencia entre estudiantes y trabajadores, así el compromiso del estudiantado con la causa de la clase trabajadora, que es la de la emancipación del trabajo. Esto es, la del socialismo y la libertad.

Es por esto que llamamos a los estudiantes a vaciar las aulas el día 14 de noviembre.

¿Por qué secundar la huelga general si eres un joven trabajador?

La juventud obrera es actualmente el sector social que más está sufriendo los ataques del capitalismo. Una cifra de paro juvenil en el Estado español cercana al 60% así lo atestigua, mientras lo único que ofrecen a esa juventud «la más preparada de la historia» son microempleos y trabajos precarios que buscan su pauperización y la pérdida completa de los derechos logrados a esta nueva generación de la clase trabajadora.

Es aquí hacia donde nos llevan. Toda crisis de producción supone la reducción de las condiciones de vida de la clase trabajadora para evitar pérdidas, y los jóvenes, por ser recién llegados al mundo del trabajo, son el objetivo más conveniente. A no ser que apostemos por la organización y la lucha social.

Nadie tiene más motivos para hacer esta huelga que la juventud obrera. El social-liberalismo ha caído y aquellos mal llamados sindicatos domesticados desde la transición están pasando a mejor época, es la hora de levantar un movimientro obrero y popular que nos permita no solo resistir, sino también avanzar.

La Huelga General.

Marcándonos como objetivos la construcción de un movimiento social, estudiantil y obrero combativo y el fortalecimiento, si no la creación, de las estructuras que nos permitan la lucha, la huelga general tiene un renovado sentido.

De nosotros, estudiantes y jóvenes de la clase obrera, depende que esta huelga general vuelva a ser, como tantas otras, la huelga de los liberados sindicales, de la aristocracia obrera, de las mariscadas, o se convierta en nuestra huelga: la huelga de los explotados, la huelga de los que desde hace generaciones sostenemos esta barbarie llamada capitalismo.

Por todos estos motivos, el Frente Estudiantil y Social, convoca a la huelga general. Por todos estos motivos, saldremos a luchar

¡Luchar para avanzar!
¡Huelga general!

Frente estudiantil y social

CNT-AIT Madrid llama a la huelga general el próximo 14 de noviembre

La manifestación de CNT-AIT en Madrid tendrá lugar a las 18h desde el metro de Buenos Aires a la Plaza Vieja, en el barrio de Vallecas.

El próximo 14 de noviembre llamamos a un nuevo paro de veinticuatro horas. Seis millones de parados/as, reducción de la prestación por desempleo, trabajos cada vez más precarios, abaratamiento del despido, rebajas salariales, brutales recortes en sanidad y en educación, desahucios, recrudecimiento de la represión… No tenemos excusa para no luchar, y paralizar la producción constituye sin duda uno de los medios más eficaces que tenemos para ello, al dañar los intereses de los responsables directos de esta situación: los patronos, banqueros, políticos y burócratas sindicales, es decir, la clase dominante.

Aprovechando la crisis y el incremento del miedo entre la clase trabajadora (ya sea a perder el trabajo o la casa, o bien a quedarnos paralíticos por una carga policial), los capitalistas están acelerando la transformación de Europa en una economía exportadora de bajo coste para incrementar sus beneficios a costa de reducirnos los salarios y las coberturas sociales y restringirnos nuestros derechos laborales, incluido el de movilizarnos. Si dejamos nuestros derechos en manos de la voluntad ajena, podemos tener la certeza de que no van a durar eternamente, sino que se desvanecerán cuando la burguesía ya no sea vea obligada a renunciar a una parte de sus beneficios por miedo a perder el poder. Por lo tanto, nuestra única forma de mantener los derechos de los que disfrutábamos hasta ahora consiste en entenderlos como conquistas fruto de décadas de lucha obrera y en organizarnos para defenderlos.

Ahora bien, hay que rechazar frontalmente cualquier propuesta de restaurar la sociedad del consumo, basada en la desigualdad, la destrucción del medio y el individualismo. Nuestro objetivo como oprimidos/as no debe tender solamente a paralizar y revertir los recortes mediante los cuales se pretende hacer cargar sobre nuestros hombros el peso de una crisis de la que no somos responsables. Es necesario además que arrojemos al basurero de la historia un sistema económico y político que no ve en nosotros/as personas, sino una partida presupuestaria más, simples recursos humanos de usar y tirar. Frente a esta situación no caben paños calientes: contra todo intento de reformar la explotación para volverla más soportable, abogamos por levantar una sociedad libre a igualitaria sobre las ruinas del presente orden social. Únicamente la revolución social anarquista satisfará el anhelo del ser humano de vivir con dignidad.

Huelga general contra la esclavitud del capital, sí, pero también contra un modelo sindical electoralista, subvencionado y delegacionista que únicamente ha servido para desmovilizar a la clase trabajadora. Desde la dictadura de Primo de Rivera hasta la actualidad, los gobiernos de diferente signo político que hemos padecido en España han tratado de dar al Estado un papel mediador en los conflictos entre capital y trabajo, con el objetivo final de desmantelar la lucha de clases. La pobre respuesta que los/as trabajadores/as estamos dando a los recortes habla claramente del fracaso de esas estructuras a la hora de defender y mejorar nuestras condiciones de vida. No sólo el fin no justifica los medios, sino que los medios son al fin lo que la semilla es al árbol, así que no debe extrañarnos que un modelo sindical diseñado por la clase dominante nos proporcione unos frutos tan amargos. Por eso, los/as anarcosindicalistas decimos no a los comités de empresa, a las subvenciones y a los liberados sindicales, y apostamos por que la clase obrera se dote de una organización asamblearia, horizontal y autogestionada que le permita resolver sus problemas mediante la acción directa y el apoyo mutuo. Nuestra fuerza no reside en elegir cada cuatro años a nuestros representantes sindicales, del mismo modo que se eligen cada cuatro años a los representantes políticos, sino en recuperar la asamblea y la sección sindical como organismos de lucha y autocapacitación.

Sólo de este modo podremos poner en marcha una huelga de verdad, es decir, una huelga de todos los sectores que tenga como objetivo suspender la producción y los servicios todo el tiempo que sea necesario para que se cumplan nuestras reivindicaciones: una huelga general indefinida. Un día de huelga resulta a todas luces insuficiente, razón por la que los paros de veinticuatro horas como el convocado para este 14 de noviembre están abocados necesariamente al fracaso y sólo pueden contribuir a deslegitimar la validez de la huelga como instrumento de lucha. Reconstruir la solidaridad de clase y hacer de ella una fortaleza inquebrantable para resistir los envites del Estado y el capital, pasa obligatoriamente por sepultar el principio de delegación y volver a poner en práctica el anarcosindicalismo y la huelga general indefinida, sin los cuales difícilmente hubiéramos logrado muchos de los derechos que nos quieren arrebatar en la actualidad.

De acuerdo con ello, la Federación Local de Sindicatos de CNT-AIT Madrid secunda el paro de veinticuatro horas, convocado por CNT-AIT para el próximo 14 de noviembre de forma diferenciada y con nuestras propias reivindicaciones y planteamientos, y anima a todos/as los/as trabajadores, activos/as y parados/as, jubilados/as y estudiantes, a unirse a las distintas acciones que llevará a cabo a lo largo del día, incluyendo una manifestación sin líderes políticos ni sindicales que discurrirá a partir de las 18:00h desde el metro Buenos Aires hasta la Plaza Vieja, en el barrio de Vallekas.

CONTRA LA ESCLAVITUD DEL CAPITAL Y EL SINDICALISMO VERTICAL

…HACIA LA HUELGA GENERAL INDEFINIDA

De la mejora de nuestro pensamiento colectivo e individual

Un buen amigo asegura que “nuestra primera obligación como revolucionarixs es ser felices… No hay mejor propaganda… Y será nuestra mejor venganza!

Incluso ahora, inmersos en el proceso de desposesión y represión al que venimos siendo sometidos, estamos completamente de acuerdo con la anterior afirmación porque entre otras cosas sabemos distinguir entre una felicidad “hedónica” (la que el sistema dominante prescribe, de carácter exterior: lo que el mundo puede ofrecerme) de una felicidad “eudaimónica” (la que el sistema dominante esconde, de carácter interior: lo que yo puedo ofrecer al mundo y a los otros, lo que hago, lo que soy).

Siguiendo esa línea, estamos tentados de afirmar que “nuestra segunda obligación como revolucionarixs podría ser pensar bien y conseguir transmitir nuestras ideas de manera seductora«.

Pensar bien y hablar bien es sin duda un asunto complejo pues se trata simultáneamente de una técnica y de una ética. Algunos factores del “pensar bien” son de sobra conocidos por todxs y según nuestro punto de vista incluyen, entre otras muchas cosas, informarse a través de medios de comunicación alternativos que no estén al servicio de las grandes empresas, la banca o los poseedores del capital, desarrollar nuestra escucha activa y nuestra empatía en la conversación, mejorar nuestra capacidad de resolver conflictos, desterrar la resignación y el derrotismo, huir de las exageraciones, ser precisos (y concisos) en el uso del lenguaje, desechar o cuestionar algunas certezas adquiridas y no demostradas, armarnos de paciencia, de respeto, de amor, y especialmente mantener un pensamiento sano y no cometer errores cognitivos…

En realidad poco podemos decir en este escrito acerca del “pensar bien” que no conozcáis ya. Cada cual sabrá muy bien donde enfocar su propia mejora. Pero lo que si podemos hacer con mucha más exactitud es poner de manifiesto algunos de los principales factores del “pensar mal”, para de esa manera estar en guardia y poder así evitarlos.

En un nivel colectivo, tal y como los presenta la teoría cognitivo-conductual, los principales errores cognitivos en los grupos son:

Sobregeneralización: consiste en extraer conclusiones y mantener valoraciones generales y absolutas a partir de datos o acontecimientos que son insuficientes para sostenerlas, como cuando alguien en un grupo de trabajo afirma: “Nunca se tienen en cuenta mis opiniones”. Cuando al hacer una crítica se sobregeneraliza, se invalida su interés y se somete al grupo a un aumento innecesario de emociones negativas, dando lugar a consecuencias como la inmovilidad, la frustración o el bloqueo. Cuando se produce una sobregeneralización (siempre+nunca o todo+nada) en los dos extremos de un grupo polarizado, el avance se torna especialmente difícil.

Dicotomización: Es el error por el cual una escala gradual de valores se reduce a dos, generalmente opuestos y extremos (bien/mal; antiguo/moderno). Es producto de la economía de esfuerzos y la tendencia a simplificar. En ocasiones puede ser útil como estratagema en la comunicación y en la persuasión, pero el problema aparece cuando se aplica de forma automática como procedimiento de análisis. La dicotomización en estos casos dificulta la percepción del avance grupal, reduciendo la percepción de los matices que son los que nos permiten progresar. Los grupos suelen estar sedientos de construir esas polaridades porque favorecen la polémica, la interacción competitiva y porque son más entretenidos. Por eso la dicotomización puede ser indicada para un debate televisivo, pero en grupo que pretende construir pensamiento colectivo es una limitación.

Falsa exclusión: Plantea como mutuamente excluyentes términos que no lo son (o te ríes o trabajas). La falsa exclusión alimenta falsas elecciones (en el ejemplo anterior, el hecho de no reír no significa que trabajes). Las soluciones colectivas suelen ser más arduas e inestables que las individuales y se basan en análisis más complejos. La falsa exclusión permite una visión más simplista (y polémica) de la realidad y dificulta el establecimiento de planteamientos compartidos.

Selección negativa: Consiste en percibir sólo los aspectos negativos de la realidad eliminando aquellos que son positivos o neutrales, dificultando de esa manera una adecuada visión global. La selección negativa induce a pensar en términos de inconvenientes y dificultades, oscureciendo las posibilidades y oportunidades. En los grupos, la selección negativa se acentúa cuando una idea se sale de lo rutinario o no es convencional.

Negación temprana: Es un automatismo por el cual ante una situación o un problema en el que se tarda en alcanzar una solución colectiva se responde “no sabemos” o “no podemos”, sin darse un tiempo para reflexionar. La negación temprana por parte de un miembro del grupo dificulta al resto la decisión sobre si verdaderamente se tienen soluciones para el problema o no.

Las formulaciones difusas: Hay problemas que se mantienen mucho tiempo o siempre en estado difuso porque el grupo no hace un esfuerzo de precisión en la manera en que se formulan. Por el contrario, las formulaciones precisas invitan a pensar el problema o el obstáculo en términos de solución. Hay que estar muy atento y prestar atención pues en ocasiones alguien del grupo con interés en polemizar puede convertir una formulación que ya era precisa en una formulación más difusa.

(Extraído de: Cembranos, F. y Medina, J.A. – “Grupos inteligentes. Teoría y práctica del trabajo en equipo. Ed.Popular, Madrid, 2011)

En un nivel individual, muy en consonancia con las anteriores, presentamos a continuación un breve esquema de las principales “ideas deformadas” según la teoría cognitivo-conductual. (Ideas deformadas que ya no sólo afectan de forma negativa a nuestra actividad social y política sino también a nuestro bienestar psicológico personal, enganchando de esa manera con nuestra primera obligación revolucionaria: ser felices):

Filtraje: Se toman los detalles negativos engrandecidos mientras que no se filtran los aspectos positivos de la situación. Solo se ve un elemento de la situación y se omiten el resto. El resultado es que todos los temores, carencias, tristezas e irritaciones se exageran en importancia porque llenan la conciencia con exclusión de todo lo demás. Las palabras clave para este tipo de filtraje son del tipo “horroroso”, “tremendo”, “terrible” y la frase clave es “no puedo resistirlo más” La solución: 1.- No exagerar: para combatir la exageración hay que dejar de utilizar palabras como “horrible, tremendo, terrible, etc.”. Hay que desterrar la frase “no puedo más”. 2.- Modificar el origen: Para vencer el filtraje hay que modificar el origen deliberadamente. Dos formas: a) centrando la atención sobre las estrategias de afrontamiento del problema, sin obsesionarse por el propio problema. b) Categorizando el tema mental primario (perdida, injusticia, peligro…) si el tema es el peligro se prestará atención a las cosas del ambiente que representen seguridad, si es la perdida se prestará atención a lo que se mantiene, etc.

Pensamiento polarizado: No existe término medio. Se tiende a percibir cualquier cosa de manera extremista, sin términos medios. Las personas que padecen este tipo de distorsión fracasan en las percepciones medias y sus reacciones ante cualquier situación oscila de un extremo emocional a otro. Especial atención a como se juzgan a si mismas este tipo de personas. La solución: La clave para vencer el pensamiento polarizado es dejar de hacer juicios de todo o nada. Se trata de ser más ecuánime y relativo respecto a las valoraciones que se hacen.

Sobregeneralización: Se obtienen conclusiones generalizadas a partir de un solo elemento indicio o de un accidente simple o del azar. Las sobregeneralizaciones se expresan a menudo en forma de afirmaciones absolutas. Es pensamiento rígido. En los juicios globales se generalizan una o dos cualidades pero se obvia el resto. La etiqueta ignora las evidencias en contra, convirtiendo esta visión del mundo en estereotipada y unidimensional. Las palabras que la indican: todo, nadie, nunca, siempre, todos, ninguno… La solución: La sobregeneralización es la tendencia a exagerar, la propensión a sacar conclusiones de un solo indicio. Se puede combatir esta tendencia desterrando de nuestro discurso palabras como “inmenso, tremendo, total, todos, nadie, la gente es, etc.”.

Interpretación del pensamiento: La persona cree que sabe lo que los demás piensan. Cuando una persona interpreta el pensamiento de los demás suele hacer juicios repentinos y equivocados. En la medida que su pensamiento interpreta también hace presunciones. Las interpretaciones dependen de un proceso denominado “proyección”: una persona imagina que la gente siente y reacciona de la misma manera que ella. No se da cuenta de que las personas son muy diferentes. Las interpretaciones de pensamiento aceptan conclusiones que sólo son verdad para uno mismo, y pasan por alto que es probable que no sean aplicables a otras personas. La solución: Hay que tratar todas las opiniones sobre la gente como hipótesis que deben ser probadas y comprobadas, cuestionándolas con sumo cuidado. No somos infalibles en nuestros juicios, las más de las veces es al contrario. Se puede ir asentando un juicio, pero no se debe actuar precipitadamente sin antes no haber comprobado la hipótesis de partida fehacientemente.

Visión catastrófica: Como su propio nombre indica se trata de una manera de pensar exagerada y negativa. Suele ser una preocupación, es decir, una anticipación del peligro o del problema. Los pensamientos catastróficos suelen comenzar con las palabras: “y si…” La solución: Estudiar las probabilidades reales y mantener la calma y la serenidad. Hay que estar alerta porque la visión catastrófica genera bastante ansiedad, lo cual puede llegar a dificultar la claridad de pensamiento.

Personalización: Es la tendencia a relacionar algo del ambiente consigo mismo. La persona cree que lo que la gente hace o dice es una forma de reacción ante ella. El error básico en la personalización es que se interpreta cada experiencia como una pista para analizarse y valorarse a si mismo. Como derivación se encuentra la tendencia a compararse continuamente con los otros. La solución: No se deben sacar conclusiones a menos que se esté convencido de poseer evidencias y pruebas razonables. Por otra parte es importante abandonar el hábito de compararse uno mismo con los demás. Cuando se pierde en esa competición (y en algún momento se pierde) la propia autoestima puede quedar muy dañada. El valor de una persona no consiste en ser mejor que los demás. No tienes nada que demostrarle a nadie.

Razonamiento emocional: Reposa en la creencia de que lo que la persona siente tendría que ser verdadero. Pero las emociones por si mismas no tienen validez, son producto del pensamiento. Si una persona tiene pensamientos y creencias deformadas, sus emociones reflejarán esas distorsiones. La solución: Los sentimientos pueden engañarnos. Lo que una persona siente depende enteramente de lo que piensa. Si tiene pensamientos distorsionados, sus sentimientos no tendrán validez. Hay que ser relativamente escéptico sobre los sentimientos y examinarlos críticamente.

Tener razón: La persona tiene que probar continuamente que su punto de vista es el correcto. No está interesado en la posible veracidad de una opinión diferente de la suya, sino tan solo en defender su propia posición. La solución: Cuando siempre se pretende tener razón es que no se escucha a los demás. La clave para combatir esta falacia es la escucha activa. Hay que concentrarse en lo que se puede aprender de la opinión de los demás.

Falacias de control: Una persona puede verse a si misma impotente y externamente controlada, o bien omnipotente y responsable de todo lo que ocurre alrededor. La persona impotente se bloquea, termina por no hacer nada, no encuentra soluciones, es pasiva… Se siente indefensa y resentida. No se da cuenta de que siempre hay cierto margen de actuación y que en buena medida cada cual es responsable de lo que le ocurre. La persona responsable de todo lleva el mundo sobre sus hombros, es responsable de la felicidad de la gente que conoce, debe hacer justicia en todas las ofensas, saciar toda necesidad, etc. y si no es así, se siente culpable. La omnipotencia depende de 3 elementos: sensibilidad hacia las personas que le rodean, creencia exagerada en su poder y la expectativa de que es él y no los demás los responsables de la justicia y la satisfacción de las necesidades. La solución: Normalmente las personas suelen alcanzar en la vida lo que para ellas es su máxima prioridad. En este sentido no se puede olvidar que la persona es responsable de sus actos, no es impotente, siempre hay margen de actuación, sea mayor o menor en función de las circunstancias. Por otra parte y respecto a la falacia de la omnipotencia, la clave se trata en reconocer que cada uno es responsable de sus actos. Si alguien tiene dolor, él mismo tiene la última responsabilidad de vencerlo o aceptarlo. No es lo mismo ser generoso y colaborador que una adherencia espartana a la convicción de que hay que ayudar a todo el mundo. El respeto a los demás incluye dejarlos vivir sus propias vidas, sufrir sus propias penas y dejar que sean ellos quienes solucionen sus propios problemas.

Falacia de la justicia: Aplicación de normas contractuales, jurídicas o ideológicas a las relaciones interpersonales. La justicia es una evaluación subjetiva y no coincide en todas las personas. Por otra parte, sin darse cuenta, la justicia puede ser puesta a trabajar al servicio de los propios intereses. El resultado es la sensación de estar siempre en guerra y un creciente sentimiento de enfado. La solución: En ocasiones el mundo de la justicia puede convertirse en un disfraz de los gustos y preferencias personales. Lo que uno quiere es justo, pero lo que los demás quieren no lo es. Se trata entonces de ser honesto consigo mismo y con los demás. Siendo asertivo uno puede pedir lo que necesita o lo que desea sin necesidad de revestirlo con la falacia de la justicia.

Los debería: Cercano al anterior: “los debería”. La persona se comporta de acuerdo a unas reglas inflexibles que deberían regir la relación de todas las personas (él mismo y los demás). A menudo la persona adopta la posición de juez, de los otros y de si mismo. La gente le irrita, los demás no actúan consecuentemente. Las palabras que indican esta distorsión son: debería de, habría que, tendrían que… La solución: Las normas y expectativas flexibles no utilizan las palabras “debería, tendría que, habría que” porque siempre existen excepciones y circunstancias especiales. Los valores personales de la gente son precisamente personales y uno no puede irritarse porque la gente no actúe como uno quiere. Todos tenemos derecho a una opinión, pero debemos considerar la posibilidad de estar equivocados.

Falacia del cambio: La falacia del cambio supone que una persona se adaptará a nosotros si se la presiona lo suficiente. Así la atención y la energía se dirige a los otros. La felicidad parece encontrarse erróneamente en que alguien satisfaga nuestras necesidades. El supuesto fundamental de este tipo de pensamiento es que la felicidad depende de los actos de los demás. La realidad es que la felicidad depende de múltiples decisiones que el sujeto toma en cada ocasión. La solución: La suposición es que la felicidad de la persona depende de los demás y de su conducta. Pero la felicidad no depende de los demás sino de la propia persona y de cada una de sus decisiones.

Falacia de culpabilidad hacia otros: Se busca culpables externos de algo que nos ocurre y nos hace sufrir. La persona mantiene que los demás son los responsables de su sufrimiento. A menudo la culpabilidad implica que otro se convierta en el responsable de elecciones y decisiones que realmente son de nuestra propia responsabilidad. La solución: Cada persona es responsable de afirmar sus necesidades, decir no, o irse a otra parte. Ser honesto consigo mismo y rastrear en el pasado las decisiones que nos ha llevado a la situación actual. Nada sale gratis en la vida.

Falacia de culpabilidad hacia si mismo: Otra vertiente es la inversa de la anterior, cuando una persona se culpabiliza exclusivamente de lo que le pasa y se culpa de todos los problemas propios y ajenos. La solución: Sentirse responsable no implica que también se sea responsable de la felicidad de los demás. Culparse a si mismo por los problemas de los demás es una forma de autoengrandecimiento, pensando que se tiene más impacto sobre la vida de los demás del que realmente se tiene. Existe diferencia entre sentirse responsable y volver la culpabilidad hacia si mismo. Sentirse responsable es aceptar las consecuencias de nuestras propias elecciones. Culparse a si mismo significa atacar la propia autoestima.

Falacia de la recompensa divina: Una persona se comporta “muy correctamente” en espera de alguna recompensa. Sacrifica presente por futuro, pensamiento de tipo cristiano o militante-mal-entendido. El resultado es que la persona se va haciendo hostil y resentida, a fuerza de no recibir recompensas y ver como otros si consiguen sus objetivos sin comportarse “tan correctamente”. La solución: La recompensa hay que recibirla ahora. No cambiar presente por futuro. No imaginar recompensas inexistentes. Las relaciones con otras personas, la consecución de pequeños fines y el cuidado de la gente que se ama son intrínsecamente recompensantes. Es parte de la responsabilidad de cada uno preocuparse por no hacer cosas que después le lleven a estar resentido.

En definitiva, con esto del “pensar bien” no se trata de ser mejor que la voraz e irresponsable clase dominante, -eso es muy fácil-… se trata de ser mejor que nosotros mismos.

TroppoVero

Violencias, propaganda y utilidad. La huelga de Barcelona

La última huelga general anarquista en Barcelona el pasado 31 de octubre, convocada por CNT-AIT, CNT- Catalunya, CGT Barcelona, COS y Coordinadora Laboral y por Apoyo Mutuo del 15M, deja una instantánea que difícilmente pudo pasar inadvertida en los medios de comunicación sistémicos y que ha sido debatida en el seno del anarquismo militante autóctono: individualidades ácratas provocando destrozos en una sucursal de Zara y otra de Apple.

En diferentes foros y asambleas del movimiento anarquista se ha debatido con cierta pasión la acción directa realizada el 31 de octubre contra Zara y Apple, en la que un grupo de activistas –organizado o espontáneo- entró en tropel boicoteando la mercancía de ambas firmas comerciales. Los focos de la discusión se han centrado, básicamente, en su utilidad y en la propaganda. Y ambas temáticas se encuentran, asimismo, conectadas.

Respecto a la utilidad de la acción surgen diferentes interrogantes. Por un lado, aparecen voces que critican el uso –injustificado– de la violencia en general y/o en particular, así como consideran inútil la operación por considerarla carente de contenido político sustancial. Le atribuyen cierto aire de infantilismo y vandalismo. En resumidas cuentas, anular varios productos de una sucursal de una multinacional tiene poco valor práctico, pues apenas contribuirá a las pérdidas económicas de la empresa -en algunos casos, incluso estas tiendas están aseguradas-, por lo que debería entenderse como una acción simbólica. Y de ser así, de tenerla en consideración como un ejercicio de imagen, ésta es negativa para el movimiento anarquista y para las convocantes de la huelga.

Por otro lado, no debemos descontextualizar el hecho, cosa que reivindican quienes se muestran favorables a esta acción concreta y a otras similares. El boicot a Zara y a Apple ocurre durante una jornada de huelga, por lo que se encuadra dentro de un piquete coercitivo. Es decir, es una respuesta a la insolidaridad de empleadas y empresarias con el resto de huelguistas, por lo que la represalia estaría justificada. Además, en la línea de un nutrido grupo de históricas y contemporáneas pensadoras anarquistas, el daño a la propiedad –y más aún a la propiedad privada y a los medios de producción burgueses- no puede considerarse violencia per se, puesto que ésta sólo puede ser ejercida contra seres vivos. No se trataría, por tanto, de un acto de violencia, sino de una respuesta coyuntural y estructural. De un lado, contra la actitud esquirol de los dos comercios, mientras que de otro, por ser célebres cabezas visibles del Capital. Si la huelga es un método de presión económica contra empresarias o gobiernos, el boicot de productos se ve legitimado por ser, simplemente, otra técnica más para conseguir el objetivo.

Respecto a la propaganda, las detractoras del hecho en cuestión aseguran que, puesto que la revolución será con el pueblo o no será, el movimiento anarquista debe tener siempre presente la receptividad del mismo a sus acciones. Y quienes abanderan esta opinión, aseguran que las imágenes tomadas ese día no hacen más que expandir la consideración de la anarquista como una simple encapuchada agresiva incapaz de proponer actos constructivos; como un ser marginal y violento. Por tanto, en opinión de estas compañeras, no hay que valorar tanto la razón –en toda su amplitud semántica-  de la acción como su inclusión negativa en el imaginario social popular. La crítica no sólo es estética –se ha llegado a poner en cuestión a las compañeras de Barcelona por la pertinencia de su vestimenta- sino también ética, pues cargan contra quienes sin formar parte de la convocatoria desoyen las directrices marcadas y actúan independientemente, provocando la criminalización mediática y judicial de, en este caso, los sindicatos anarquistas y movimientos asamblearios convocantes.

Como contestación a esta corriente de opinión surgen quienes, o bien minusvaloran la propaganda, o bien consideran a sus rivales dialécticos unas nuevas príncipes [sic] cuya razón de Estado es la propaganda. No entienden estas voces que el movimiento deba someterse a los gustos y apetencias de la sociedad -y medios de comunicación- burguesa, del mismo modo que no debe doblar las rodillas ante su arquitectura legal, pues no son más que expresiones lógicas de la clase dominante. Si las anarquistas gozasen de la simpatía de quienes sostienen activa o pasivamente al sistema, algo estarían haciendo mal. Tampoco piensan acertado el argumento de salvaguardar las siglas por encima de todo puesto que, aseveran, las convocantes no pueden desear y a la vez controlar al pueblo no organizado llamado a secundar la huelga.

No obstante, por encima de todo debate enriquecedor como este, que deja muchos interrogantes abiertos –y es objeto del texto que las lectoras rellenen cada hueco en blanco-, aquello en lo que no debe caer el activismo es en despreciar las diferentes y honestas opciones de lucha, sino, más bien, tratar de conseguir su convivencia o, al menos, su respeto. Construyamos un mundo nuevo desde la diversidad, defendiendo nuestros principios por los medios que consideremos convenientes, siempre desde el compañerismo y la fraternidad.

Vídeo relacionado: http://www.youtube.com/watch?v=hLFP6y9IoZk

Adrián Tarín

Agustín García Calvo, el compañero

por Octavio Alberola

Como era de esperar, la muerte de Agustín García Calvo ha sido anunciada en los medios de información (medios de formación de masas, los llamaba él) con los calificativos habituales al uso para designar el oficio con el que se cataloga a las personas en esta sociedad: «filósofo«, «escritor», «poeta», «pensador» («polémico»), «ensayista», «latinista» («uno de los principales del siglo XX»), «lingüista», «filólogo», «gramático», «dramaturgo», «traductor», «catedrático», «profesor»… Sin olvidar de resaltar sus títulos académicos, «doctor en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca, profesor de Latín en esta universidad y de Filología Latina en la de Sevilla y profesor emérito de Filología Clásica de la Universidad Complutense», así como sus «Premios Nacionales de Ensayo en 1990, de Literatura Dramática en 1999 y de Traducción al conjunto de su obra en 2006». Además, claro está, de añadir algunos títulos de su «prolífica obra sobre Gramática y teoría del lenguaje, Lógica, Traducciones y versiones de autores clásicos griegos y romanos, Ensayo y política, Poesía y Teatro» etcétera, editados la mayoría de ellos en la editorial Lucina, que a trancas y barrancas mantenía en pie su hijo Víctor.

El colmo, inclusive la alcaldesa (del PP) de Zamora ha manifestado su «pesar» declarando que «el mundo del pensamiento y la cultura pierden a una de las figuras intelectuales más prolíferas y significativas de nuestro tiempo y la ciudad de Zamora a uno de sus hijos más creativos y reconocidos de los últimos tiempos». Agregando que «por encima de su, a veces, controvertida personalidad o de diferencias ideológicas, Agustín García Calvo es un ejemplo de sabiduría, de capacidad intelectual y de capacidad de trabajo…» Y, por supuesto, también han recordado que fue «uno de los catedráticos perseguidos por el régimen franquista» y que, por su implicación, «en las revueltas estudiantiles de febrero de 1965, fue apartado de su cátedra y tuvo que exilarse en Francia».

A sólo eso quieren reducir los medios de formación de masas al que siempre fue un rebelde, un infatigable luchador contra la mentira, al que no dejó de advertir que el Capital y el Estado eran dos rostros del Dios de la Realidad y el Poder, al que nunca se adaptó a las normas que dictan los que mandan en este mundo, al opuesto a todo lo oficial (inclusive en el Himno de la Comunidad de Madrid que le encargó el primer presidente de la Autonomía, Joaquín Leguina, por el precio simbólico de una peseta y que sólo se cantó oficialmente una vez), al defensor de la igualdad en este mundo tan ambiguo, al más crítico polemista de la cultura, a la que identificaba con el opio del pueblo, al que lanzó las críticas más originales, más contundentes al sistema del mundo desarrollado y al Estado de bienestar, al que nunca dejó de hacer política, es decir: de despotricar… lo que estuvo haciendo todos los miércoles por la tarde en el Ateneo de Madrid, en una auténtica ágora socrática durante estos últimos doce años.

El compañero

De ahí la necesidad de recordar lo que, además de aquello, fue Agustín: un anarquista que no paró de decir No al Poder, al Estado, al Capital, al Individuo, a la Pareja, a la Familia, al Futuro, al Progreso y muy especialmente al régimen que hoy padecemos en la democracia desarrollada. Pues  es indiscutible que se sirvió de sus excelentes dotes de orador para provocar, con un inigualable estilo coloquial, la reflexión y desenmascarar las mentiras de nuestro tiempo, para desaprender y romper con las ideas vigentes… Comenzando por su peculiar ortografía, que es un ataque frontal a la Academia de la Lengua, por ser la causante de la falsificación de la lengua y arrebatarle a la gente el derecho de escribir como se habla. Recordar pues el Agustín que en sus obras trató de dar voz a un sentir anónimo, popular, que rechaza los manejos del Poder. Efectivamente, para Agustín, el lenguaje es la clave del pensamiento, por ser a través de la lengua que opera el dominio de lo establecido. De ahí que fuese esencial para él la denuncia de la Realidad, esa idea que se presenta como reflejo fiel de lo que hay, que sólo es una construcción abstracta en la que las cosas y la gente (un caso más de cosa) organizada en individuos (sumables en una Masa numérica) se reducen a ideas, para someterlas a esquemas, planes y manejos para desvivir la vida, tanto en las sociedades más avanzadas como en las más atrasadas de dominio (en las dictaduras comunistas o en los países musulmanes), que sirven para legitimar, por comparación, la democracia burguesa.

Recordar lo que no se menciona en las biografías que de él se publican ahora o en las que circulaban ya por ahí; pues ni siquiera en Wikipedia se habla de ello, del Agustín compañero. Se dice, de pasada, que fue perseguido por el franquismo y expulsado de la Universidad por «las revueltas estudiantiles de febrero de 1965»; pero no se precisa que fue por apoyar a los estudiantes ácratas, precursores del Mayo antiautoritario del 68, con los que luego, en París, fundó una tertulia (la Horda) en el café La Boule d’or del Barrio latino. Coautor con ellos del opúsculo-panfleto De los modos de integración del pronunciamiento estudiantil, que editamos clandestinamente en Bélgica en 1970, y que en 1987 reeditó la editorial Lucina.

 Sí, recordar el Agustín solidario con los compañeros necesitados; pero también con los que luchaban activamente contra la dictadura franquista. Lo que le valió ser considerado por las autoridades francesas y europeas como un subversivo, como un terrorista. Ser objeto de interrogatorios y registros de su domicilio, y, en ocasión de la visita del presidente ruso Leonid Brejnev à París en 1973, ser considerado anarquista peligroso y ser asignado en residencia en la isla de Córcega durante una semana. Y haberse librado de poco, en 1976, de serlo nuevamente, cuando el rey Juan Carlos visitó París y las autoridades francesas nos asignaron en residencia, en la isla de Belle Ile en Mer, a un grupo de refugiados españoles anarquistas y a un grupo de vascos independentistas en la isla de Re.

Aunque quizás no valga la pena recordarlo, porque, como diría Agustín, lo que cuenta no es el pasado sino lo que hacemos hoy para «¡nunca pues ir con los tiempos!» Para tener presente que «la evidencia, palpable y actual, es que sigue siempre latiendo, por debajo del Dominio, un corazón que sabe decir NO, sin importarle un rábano ni el orden del día ni las modas«.

Ser revolucionario hoy

Sobre la renovación, reformulación y recomposición del anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario

por Octavio Alberola

A pesar de ser el capitalismo «un sistema tan injusto, irracional y amenazador» para la especie humana, la inmensa mayoría de los humanos lo sigue considerado «como el más eficiente sistema económico para conseguir el bienestar de la humanidad». Por ello, en un texto reciente [1], tras reflexionar sobre tan extraña e inquietante paradoja me pronuncié por la necesidad de «cuestionar todo lo que en la teoría y en la práctica del marxismo y del anarquismo ha contribuido a la perennidad del capitalismo e impedido la eclosión de la utopía implícita en el paradigma emancipador común a estas dos ideologías». No sería, pues, consecuente considerarlo necesario y no intentar hacerlo en lo concerniente al anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario. No sólo porque es lógico dejar a los marxistas el cuestionamiento del marxismo sino también porque en mi análisis de la «crisis del paradigma emancipador» intentaba ya aportar elementos de reflexión al debate abierto por los compañeros Tomás Ibáñez [2] y Antonio Carretero [3], sobre la «reformulación y revitalización del anarcosindicalismo», y por las reflexiones del compañero José Luís Carretero [4], sobre la necesidad de «recomposición de la insurgencia libertaria que empieza ya a anunciarse un poco por todas partes», y de otros, sobre «ser revolucionario hoy».

Anarquismo, anarcosindicalismo y movimiento libertario

Aunque este debate parecía, al principio, limitado al anarcosindicalismo, en realidad es una reflexión sobre las ideas anarquistas y los proyectos de utopía que estas ideas inspiran en cuantos y cuantas se reclaman hoy de ellas. De ahí la necesidad de recordar que el anarcosindicalismo, a pesar de ser considerado como una rama del anarquismo vinculada al movimiento obrero, es un sindicalismo en el que las ideas anarquistas tienen primacía en la acción sindical de cuantos se proclaman anarcosindicalistas e intentan poner fin a la explotación del hombre por el hombre a través de sindicatos autónomos y asamblearios. Esta simbiosis ideológica hace que, de más en más, anarquismo, anarcosindicalismo y movimiento libertario sean considerados y utilizados como sinónimos; pues en los tres casos se designa  a  un conjunto de hombres y mujeres que luchan por la anarquía. De ahí que la renovación, reformulación o recomposición del anarcosindicalismo lo sea también del anarquismo y del movimiento libertario, e in fine de las ideas anarquistas. Ese ideario y esa praxis comunes a cuantos y cuantas -se proclamen anarquistas, anarcosindicalistas o libertarios- tratan de subvertir el entramado social y político de la explotación y la dominación para hacer posible una sociedad de igualdad social, equidad económica y libertad.

 Es pues obvio que esta tarea, se la llame renovación, reformulación o recomposición, concierne por igual a anarquistas, anarcosindicalistas y libertarios. No sólo por tener la misma voluntad de subversión del orden social imperante y la misma pasión por abrir paso a la utopía emancipadora sino también  porque deben hacer frente a la misma realidad económica, política y social, como a la misma violencia de los sectores regresivos de la sociedad. Una voluntad subversiva y una pasión emancipadora que no surgen de la adhesión a una ideología, a una doctrina o a una teoría social, sino de la conciencia de llegar a la plenitud de nuestra humanidad a través de la libertad y el respeto y apoyo mutuos. Principios que, como lo han probado en la historia y lo siguen probando en las luchas actuales, anarquistas, anarcosindicalistas y libertarios no han abandonado nunca; pese a que no siempre les ha sido posible ser consecuentes con ellos en la práctica. De ahí la necesidad de saber si la renovación, reformulación o recomposición puede concernir también a los principios o sólo concierne a las viejas formas de luchar frente a las nuevas formas de la dominación-explotación capitalista (sea privada o de Estado).

Necesidad de un debate abierto

El debate sobre la renovación, reformulación o recomposición de las ideas anarquistas no es nuevo. En el libro Anarquismo y política. El ‘programa mínimo’ de los libertarios del Tercer Milenio, editado al comienzo de 2012, su autor, Stéfano d’Errico, nos recuerda que Camilo Berneri planteó ya, en el primer tercio del pasado siglo, la necesidad de «afrontar el complicado mecanismo de la sociedad actual sin anteojos doctrinales y sin excesivos apegos a la integridad de su fe» (anárquica) para poder así «conservar aquel conjunto de principios generales que constituyen la base de su pensamiento y el alimento personal de su acció.

Esta necesidad de reflexionar, para adecuar la lucha por el ideal a cada contexto histórico, no es pues nueva, se ha manifestado permanentemente en el seno del movimiento libertario. Y ello a pesar de las tendencias inmovilistas que siempre han existido en su seno y que en todo momento se han opuesto a que tal adecuación pudiera partir de una crítica, suficientemente libre, que no dejara fuera de ella ninguna temática, por comprometedora que pudiera ser, o que intentara cuestionar la manera dogmática en que algunos interpretan los postulados éticos del anarquismo.

Sea lo que sea, la verdad es que esta reflexión ha quedado reducida muy frecuentemente a declaraciones de buenas intenciones y propuestas demasiado formalistas. Esto es lo que parece haber sucedido en el reciente Encuentro Internacional anarquista celebrado en Saint Imier, pese a que René Barthier, de la Federación Anarquista Francesa, manifestara, en el discurso de apertura, su deseo de que ese encuentro sirviera para «una renovación y fortalecimiento de las ideas anarquistas» allí representadas a través de «la diversidad de las corrientes del movimiento anarquista«.

Esta reflexión sigue siendo pues necesaria, y quizás más aún hoy que lo pudo ser ayer. La continua transformación de la sociedad y las nuevas formas en que la conflictividad social y acción política se manifiestan nos obligan a ello, y también la evolución del conocimiento científico sobre esta realidad. Esta reflexión es, pues, necesaria para ser más eficaces en nuestra acción y para no caer en una forma más o menos voluntaria de colaboracionismo con el sistema en aras de la sacrosanta practicidad. Una eficacia que no nos haga perder de vista el objetivo: fortalecer nuestra respuesta, individual y colectiva, a la realidad actual del mundo capitalista y estatista y, al mismo tiempo, avanzar hacia la sociedad de justicia y libertad que anhelamos.

Un debate responsable

Ahora bien, es una obviedad decir que no basta con pensar y hablar para que la realidad del mundo cambie. De ahí que sea necesario salir de la retórica y ser capaces de poner en causa no sólo nuestras certidumbres sino también nuestras propias conductas. Tener presente que esta reflexión requiere una gran dosis de sinceridad y honestidad: tanto para no conformarse con una crítica demagógica como para no injertar verdades nuevas en el tronco de las verdades viejas. Es decir: ser capaces de pensar un anarquismo y un anarcosindicalismo críticos, heterodoxos, que se nieguen a ser reducidos a ideología o doctrina, a verdades reveladas y, a final de cuentas, a dogmas y fe. Pero también un anarquismo y un anarcosindicalismo que podamos asumir, al alcance de nuestra verdadera voluntad y disposición de lucha.

¿De qué serviría llegar a propuestas muy radicales si no somos capaces de llevarlas adelante? ¡Tan negativo es el conservar a toda costa como el innovar si no hay razones para hacerlo o condiciones que lo permitan!

Si el ideal libertario es la anarquía y ésta es la aspiración de vida en libertad, el anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario son o deberían ser medios de potenciar el ejercicio de la libertad para todos y todas en cada circunstancia que nos encontremos. Pues es obvio que los y las anarquistas, anarcosindicalistas o libertarios no debemos encerrar la libertad en fórmulas simplistas ni aceptar complicadas teorizaciones para hacer de ella lo contrario de lo que ella es o debe ser para nosotros. Es decir: el derecho de cada ser humano, de todos los seres humanos a decidir por sí mismos, conscientes de que mi libertad sólo termina allí donde comienza la de los demás y que por ello ésta debe complementarse con una indómita voluntad de concertación y solidaridad. De ahí que no sea posible concebir una reflexión y un debate entre anarquistas anarcosindicalistas o libertarios sin partir de la libertad de cada uno para aportar argumentos, confrontarlos fraternalmente y tratar de encontrar respuestas en común a las cuestiones que han motivado tal reflexión y debate. Y aún más cuando el objetivo es saber si es o no necesaria la renovación, reformulaciónrecomposición del anarquismo, el anarcosindicalismo y el movimiento libertario.

Para evitar infundadas suspicacias, preciso que ya en el título de este texto he puesto renovación, reformulaciónrecomposición entre comillas [cursiva; N.d.E]; pues para mí, estos términos no deberían significar «sustituir una cosa por otra» sino «dar nueva energía a algo«. Es, pues, obvio que en vez de estos términos yo habría utilizado otros que me parecen más apropiados, como adecuación, reforzamiento, revitalización e inclusive actualización. Con ello quiero decir que, aunque para mi renovar, reformular y recomponer sean términos equívocos, los seguiré utilizando para cuestionar todo lo que, en la exposición y en la práctica de las ideas anarquistas, ha podido contribuir a la perennidad del capitalismo y a lentificar la marcha hacia la utopía libertaria.

¿Renovar, reformular o recomponer el ideal?

Me parece que es más bien al declive del Occidente (capitalista) que estamos asistiendo que a la occidentalización (capitalista) del mundo, a la uniformización de la identidad cultural (modo de vida) del mundo. Y eso pese a que exista aún, en la mayor parte del planeta, una gran diversidad de valores específicos de orden religioso, ideológico o filosófico que se manifiestan a través de estructuras comunitarias. Un fenómeno que la llegada de Internet y de sus redes sociales ha acelerado, facilitando la constitución de comunidades de elección y debilitando las identidades nacionales. Pero lo más grave es el debilitamiento de la identidad internacionalista del proletariado. Al extremo de que ya no tiene sentido alguno referirse a él; pues, a lo sumo, sólo existen trabajadores… Trabajadores más divididos que nunca por sus identidades comunitarias, religiosas, políticas y culturales, aunque más semejantes que antes por el culto del consumo capitalista y la resignación ante el actual statu quo capitalista y estatista.

Ante una tal situación, es obvio que no sea suficiente con llamar a la resistencia o a romper las cadenas de la explotación y la dominación. No, no lo es, y demasiado sabemos el por qué no lo es. Basta con ver la actitud de los capitalistas y los políticos frente a la crisis y el poco eco de los llamados a la movilización general para impedir las actuales políticas antisociales y defender las conquistas sociales (que tanto costó conseguir), para comprender el por qué el discurso emancipador es hoy inoperante.

Esto no significa, evidentemente, que debamos renunciar a la lucha por un mundo mejor, por una sociedad sin explotación y dominación. Al contrario, esa lucha es hoy más necesaria que nunca. No sólo porque la injusticia continúa y la irracionalidad del sistema capitalista amenaza con destruir el planeta, sino también porque hoy existen las condiciones materiales y técnicas necesarias para organizar una sociedad en la que todos los seres humanos puedan satisfacer sus necesidades vitales y vivir libres y en paz. Y, además, porque la conciencia de la negatividad del capitalismo desborda -y mucho- las filas libertarias.

Me parece pues obvio que la renovación, reformulación o recomposición no pasa por el cuestionamiento de la necesidad de luchar, y aún menos por la de cuestionar el objetivo emancipador del ideal libertario: poner fin a toda forma de explotación y dominación. No, no son pues el ideal ni la necesidad de luchar por alcanzarlo que se deben cuestionar. ¿Qué sentido tendría cuestionarlo y seguir pensándonos y proclamándonos anarquistas, anarcosindicalistas o libertarios? Salvo si llamárselo es sólo una cuestión de pose o de conveniencia. Y si no es así, y si no es el ideal ni la necesidad de luchar por él que se deben renovar, ¿qué es pues lo que, en el actual contexto, se debe cuestionar?

¿Renovar, reformular o recomponer la práctica?

Se sea anarquista, anarcosindicalista o libertario, en los tres casos se es víctima de la explotación y la dominación y se debe luchar contra ellas. Podría ser diferente la manera de hacerlo; pero ¿no es la misma? ¿Es realmente diferente? Sea cual sea el frente de lucha, la forma de luchar, sus armas, ¿no son la asamblea y la acción directa, la organización sin dirigentes ni poder ejecutivo? Además, ¿es posible, para un anarcosindicalista, acantonarse en la lucha sindical y no participar en las demás luchas sociales? ¿La anarquía no es la autonomía y la autogestión de la vida social, laboral y lúdica? Y ¿no es la anarquía la que debe dar sentido y estructurar la sociedad a la que aspiran anarquistas, anarconsindicalistas y libertarios? ¿En qué sentido pues se debería renovar, reformular y recomponer la práctica?

La respuesta me parece obvia, incuestionable, puesto que todos somos conscientes de que no sostendría la explotación y la dominación sin la sumisión de los explotados y dominados. Es pues esta sumisión, nuestra sumisión, en tanto que explotados y dominados, que se debe cuestionar.

Es pues evidente que, si de verdad queremos luchar hoy más eficazmente contra el sistema de explotación y dominación capitalista actualmente hegemónico en el mundo, no se conseguirá renovando, reformulando y recomponiendo nuestra práctica sino haciendo que ella sea más consecuente con el ideal ycon lo que exige hoy la lucha por él. Y no sólo en la práctica de los anarcosindicalistas sino también en la de los anarquistas o libertarios; porque, como es el caso de la inmensa mayoría de los explotados y dominados, también para nosotros el talón de Aquiles de nuestra práctica es la sumisión-integración al sistema económico capitalista y a su ideología consumerista.

Por ello, e independientemente de si la «hibridación socio-laboral» propuesta por Tomás Ibáñez pueda quedar «un tanto coja o un tanto escasa» sin adjetivarla con el calificativo de «comprometida» como propone Antonio Carretero para que ella lo sea «con la transformación social«, no creo que esto pueda entenderse como renovación, reformulación o recomposición del anarcosindicalismo. ¿Acaso no es o debería ser consustancial con el anarcosindicalismo la hibridación socio-laboral? ¿Es posible concebir un anarcosindicalismo que no se mezcle «con las variadas formas de resistencia que se encuentran esparcidas por todo el tejido social para inventar conjuntamente nuevas formas de lucha…«? ¿No es o debería ser lo propio del anarcosindicalismo el «imprimir a nuestro modo de luchar y de organizarnos el sello de una perspectiva global que interconecte los diversos frentes de lucha…»? La lucha anarcosindicalista contra el capital ¿no trasciende o debería trascender «el mundo laboral y adoptar unas formas que abarquen la realidad social en toda su extensión«? Tendría algún sentido un anarcosindicalismo que no quisiera «avanzar hacia una auténtica hibridación donde una misma forma de lucha y una misma forma organizativa abarquen indistintamente ambas problemáticas, realizando su simbiosis«? ¿No se ha dicho siempre que el modo de funcionamiento y de organizarse del anarcosindicalismo prefiguran y son las bases de la sociedad comunista-libertaria del futuro? ¿No es todo eso también lo propio del anarquismo y el movimiento libertario?

Ser consecuentes para ser revolucionarios

Por supuesto no seré yo quien reproche a Tomás Ibáñez y a Antonio Carretero el que defiendan un anarcosindicalismo de hibridación socio-laboral más comprometido. Al contrario, pues quizás  sea necesario hoy insistir en ello. De ahí que considere sus reflexiones, como también las de José Luís Carretero, muy enriquecedoras como aportes analíticos al debate, y pertinentes para incitarnos (a todos: anarcosindicalistas, anarquistas y libertarios) a luchar más eficazmente por la emancipación humana. Mi única queja es que hayan obviado abordar la importancia decisiva del compromiso (consecuencia entre palabras y actos) para hacer posible la transformación social.

De ahí que, descartadas la renovación, reformulación o recomposición del ideal y de su práctica horizontal-asamblearia, sea necesario considerar la negatividad de nuestra sumisión-integración (al sistema económico capitalista y a su ideología consumerista) como rémora en la potenciación de la lucha emancipadora; pues sólo siendo conscientes de ello se puede enfrentar objetivamente el problema de la eficacia y comprender por qué ser consecuentes con el ideal libertario es la manera más eficaz de luchar por él. Entendiendo por consecuencia la correspondencia entre la conducta y los principios éticos que pretendemos deben guiarla, y por ideal libertario los principios de libertad y de respeto-apoyo mutuo que permiten la supresión completa de todas las manifestaciones de la autoridad y el pacto social entre iguales.

Ser, pues, consecuentes con el ideal libertario en todo momento y circunstancia; porque es siéndolo que se es revolucionario y se contribuye más eficazmente a cambiar el mundo autoritario. Pero, evidentemente, no serlo sólo de palabra sino en la praxis de cada día y en la medida que las circunstancias lo exijan y lo posibiliten. Entendiendo por consecuencia libertaria el rechazo del autoritarismo en todas sus formas y tanto si viene de otros como si viene de nosotros mismos; pero también dando el ejemplo de tal rechazo con actos que demuestren nuestra verdadera voluntad de insumisión al orden establecido. Demasiado hemos visto a dónde nos ha llevado la inconsecuencia a lo largo de la historia, y cómo el capital y el Estado se han  hecho fuertes de nuestra adaptación-sumisión-integración al orden imperante, pese a pretender lo contrario. Ser, pues, consecuentes y, si no somos capaces de serlo, ser honestos y reconocerlo. No pretender dar lecciones de radicalidad a los demás si no somos capaces de asumirla. Entendiendo por radicalidad no la violencia verbal o física (son las circunstancias las que la determinan) sino el nivel de resistencia frente al sistema y de ruptura con él. Es decir: ser a la vez consecuentes y audaces para intentar llevar –lo más lejos posible y sin sectarismo ni afanes protagonistas- esa resistencia-ruptura a través de cuantas acciones de protesta surjan hoy; pues ya se ha visto cómo esas acciones, al igual que los cambios microevolutivos graduales, pueden provocar cambios e innovaciones decisivas en el fenotipo social.

En resumen: Soy plenamente consciente de no haber dicho nada nuevo y de que todos los demás lo son más o menos. No obstante, considero necesario no olvidar que, como dijo Einstein, “no se puede resolver un problema manteniendo lo que lo crea”. Dicho crudamente: si la explotación y la dominación existen por nuestra sumisión, no se podrá ponerles fin manteniéndonos en ella. Claro que decir esto no es nada nuevo ni resuelve el problema; pero me parece ser necesario recordarlo de tanto en tanto y, hacerlo, quizás contribuya a resolverlo.

[1]http://kaosenlared.net/america-latina/item/30702-la-crisis-del-paradigma-emancipador-la-miseria-de-los-discursos-perentorios-y-la-utopia.html

[2]http://kaosenlared.net/component/k2/item/31077-el-anarcosindicalismo-frente-al-reto-de-su-necesaria-transformación.html

[3]http://kaosenlared.net/component/k2/item/31227-apuntes-de-hibridación-libertaria.html

[4]http://kaosenlared.net/component/k2/item/34941-siete-tesis-para-un-movimiento-libertario-en-el-centro-de-la-tormenta.html

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