Sacándole punta al boli

Por nihil

Jon Manteca Cabañes murió hace 16 años y que en paz descanse. Saltó a la fama en las movilizaciones estudiantiles del 86/87, se convirtió en un símbolo de aquellas primeras oleadas de un movimiento estudiantil que rebrotó contra la Ley Orgánica de Universidades (LOU), contra Bolonia y hoy contra los recortes. Era cojo y contundente, el símbolo perfecto del movimiento estudiantil del que vengo a hablar aquí. La cojera es el proyecto. Al movimiento estudiantil no le faltan propuestas a corto plazo, ni alternativas deseables…pero le falta hablar con claridad de qué es lo que aspira a construir. Quizá no lo tengamos claro, o quizá sí, pero no nos atrevemos a decirlo. Yo soy de la segunda opción.

Cómo hemos llegado hasta aquí

Hay infinidad de análisis de la deriva de la universidad y el paradigma en el que se encuentra todo el sistema universitario mundial. Entre el estudiantado consciente se suele hablar de la privatización de la universidad y es el mensaje que llega a la inmensa mayoría de sus compañeras vía panfleto y eslogan, pero como es habitual esta percepción es un resumen demasiado grosero y que da a entender que cualquier viernes leeremos en el BOE que todas las universidades son privadas. La cosa es un pelín más compleja.

La institución universitaria es heredera tanto de la tecnocracia del franquismo, que cimentaron las universidades de donde debían salir los funcionarios y técnicos del régimen, como de la transición hacia las autonomías, que sobre los cimientos universitarios que dejó el franquismo construyó una enorme máquina de producir funcionarios para todas las nuevas instituciones del Estado. En ese proceso y debido a las tensiones que el movimiento estudiantil generó en los 70 las universidades abrieron la puerta a sistemas de autogobierno que la situaron en un punto muerto entre la institución ideal de la democracia (plural, pública, cívica, al servicio de la ciudadanía) y la fábrica de titulados para alimentar un Estado creciente.

Esto fue cambiando con el tiempo y en los 90 la universidad empezó con una deriva peligrosa. La institución se iba asentando como una constelación de pequeñas universidades por todo el territorio, que permitía una jerarquización entre las universidades para formar cuadros altos y medios, pero que por la normativa central y la estructura de los títulos no podía darse de forma oficial. En aquel entonces los títulos venían recogidos en el BOE, y aquel que tenía un título tenía unas competencias profesionales, una categoría en los convenios, etcétera. Mientras esto se asentaba, el Estado de las autonomías se reconstruía de la crisis de los 90 y uno de los primeros cambios fue que dejó de crecer y absorber tituladas. Aparece el paro entre los universitarios que mayoritariamente estudiaban para trabajar en lo público. Las empresas privadas, que en este país no son muy dadas a usar mano de obra cualificada, no acaban de acomodarse al sistema de los títulos, las competencias y las categorías profesionales, propio de lo público. El modelo estaba caducado y empezaba a dar muestras de abotargamiento. La batería de argumentación liberal empezó a funcionar: los títulos se devalúan, la burocracia asfixia…

Se tenía un pastel enorme, con una infraestructura y un potencial social y económico inmenso, pero que se repartía entre las autonomías que financian, los ministerios que regulan y los propios afectados, estudiantes y sobre todo profesores, que gestionan. Ninguno de estos estamentos tenía un proyecto sólido para reformular el modelo y dar a la universidad otra finalidad. Pero sí que había quien  tenía claro su proyecto. Allá por Europa empiezan a urdir a finales de la década lo que luego se llamó el Plan Bolonia. Como todos los proyectos emanados de la Unión Europea, esta declaración de principios se basa en la cosmovisión liberal del mundo: se proponen como objetivo hacer del conocimiento una mercancía con la que fortalecer la economía europea en un escenario de libre mercado tanto interno como externo. Querían fundar en toda Europa un mercado de la educación superior donde aprender fuera un negocio.

En este país la estrategia ha consistido básicamente en apuntar que el modelo estaba caduco denostando a la institución, y a la vez ofrecer gradualmente la solución al problema:

  • Primero fue cambiar la estructura interna de la universidad pública y la aparición de la privada. Informe Bricall y LOU fueron los caballos de batalla de esta primera fase, que en la universidad pública supuso un freno a las posibilidades de autogobierno que cada universidad ofrecía y una mayor intervención de agentes externos (gobierno central, autonómico y sector privado). Una vez que las universidades estaban sometidas se podían acometer todas las reformas a placer. Hubo respuesta ante esta primera fase. Mucha respuesta. Una respuesta en la que se empezó a echar en falta un proyecto propio que oponer al que tan claro tenía la oligarquía. El movimiento de respuesta a la LOU tenía muy claro que esa era la reforma clave, que una vez la LOU estuviera implantada ya no habría marcha atrás. Y esto también se cumplió, como la inmensa mayoría de los pronósticos del movimiento estudiantil.
  • Segundo: se liberalizó el sector. Se permitió a las universidades hacer y deshacer a placer sobre los títulos que daban, eliminando esa incomodidad en la empresa privada que significaba la categoría profesional rígida del universitario. Esta liberalización dotó a las instituciones de herramientas para comparar los títulos que las universidades tienen, gozando de plena libertad para modificarlos. Todo fue revestido con una propaganda de innovación pedagógica y movilidad europea que a día de hoy hemos comprobado que son completamente falsas. Lo que no ha sido falso es que esta liberalización de los títulos iguala de facto las universidades públicas y privadas. Ahora hay un problema de financiación y de gestión. En un libre mercado de títulos en el que hay empresas privadas compitiendo vamos a tener que jugar a su juego para sobrevivir.
  • Tercero: tenemos que hacer de la gestión de las universidades un calco de la empresa privada. Y más allá, las alentamos desde el Estado a buscar financiación privada, a tratar a los estudiantes como clientes cobrándoles el servicio y a asociarse con corporaciones que se sirvan de la infraestructura de la institución, completando la metamorfosis de cada universidad en una empresa que compite en un mercado libre, que funciona como una empresa y que se financia como tal. En esta fase nos encontramos ahora mismo. Y no, esto no tiene nada que ver con ninguna crisis. La crisis ha servido de paraguas para implementar medidas que estaban en su agenda desde 1999 pero que hubieran sido inaceptables sin crisis. De esto el ejemplo más claro es la subida de tasas.

La tercera fase es esa reforma no tan mediática como el Plan Bolonia que sus promotores llaman la Estrategia Universidad 2015 y en la que ya estamos completamente inmersos. El movimiento estudiantil, llevado por la inercia con la que se dejó llevar en Bolonia prácticamente se ha dedicado a repetir los métodos, discursos y programas planteados en 2001 contra la LOU, sin prácticamente haber asumido esa derrota. Eso ha generado en el movimiento una actitud de desánimo y de incredulidad. Nadie se creía que se pudiera parar Bolonia o ahora 2015.

El proyecto que se está ejecutando para las universidades es el plan de quienes manejan la unión europea y sus súbitos de cada país. Es un plan ideológico, completamente político, pero que como otras tantas cosas que pasan en Europa, desde 1990 se nos vende por las empresas de comunicación como unas medidas que son científica y objetivamente positivas para la economía y para la sociedad. En esta limpieza de cara del liberalismo ha contribuido mucho que la socialdemocracia tradicional de cada país haya sido tantas veces la vanguardia de esas reformas liberales. Porque la socialdemocracia carece de un proyecto que no sea agarrarse a sus esferas de poder, que en concreto en España fueron ganando durante los 80.

Todo esto suena muy grandilocuente y generalista, pero la Universidad de Valladolid está pasando por esta transformación gradual y quien quiera verlo sólo tiene que echar mano de actas de claustros y consejos de gobierno para ver sobre el papel cómo han cambiado las cosas en 10 años y cómo están cambiando ahora. Nosotros no podemos hacer nada, Eso no es competencia nuestra, Nos viene impuesto de fuera… son frases que aparecen en las actas de los órganos de gobierno universitario creciendo linealmente según pasan las reformas. También un paseo por las facultades-centro comercial o conversar con las estudiantes revela que la mentalidad de la gente que estudia ahora ha cambiado mucho. Ahora somos clientes.

Lo que está pasando

Lo que nos ha ocurrido ahora es que aprovechando la crisis ese liberalismo utópico se ha puesto a acelerar la aplicación de sus programas. Se recorta en educación y sanidad para dejar más hueco a la iniciativa privada y a la mano invisible, no es por una locura que se les acabe de ocurrir. No quieren emprendedores para el ejército ni para la policía y por eso ahí no se mete la tijera, ya les tocará. El momento en el que estamos ahora es el de los recortes, como acelerador de la EU2015, y de la respuesta a los mismos. Ahora el movimiento estudiantil se pelea en medio de mareas de gente muy verde en lucha social por defender su análisis de que los recortes no son una coyuntura, son parte de una estrategia muy bien marcada.

El movimiento estudiantil se está demostrando potentísimo en la movilización y la acción mientras se confirma que todavía lo sigue siendo en el análisis. Esa potencia viene dada por sus señas de identidad: asambleas, autonomía y heterogeneidad. En el movimiento estudiantil confluyen militantes y activistas de distintas corrientes políticas, sociales y sindicales. Eso crea un magma donde es imposible encontrar cabezas y manos y que, aun con toda la diversidad existente, el proyecto se intuye bastante común a lo largo, ancho y profundo del movimiento. Pero nadie habla de el proyecto.

Valladolid tal vez sea una de las mejores muestras de lo que es el movimiento estudiantil y sus ciclos. Una ciudad pequeña como para que toda la gente activa se conozca, y a la vez grande como para poder tener repercusión y actividad constante y efectiva. En la historia reciente del movimiento estas características se han hecho más visibles que nunca. Si bien en la lucha contra Bolonia la heterogeneidad no se supo llevar del todo bien y eso marcó el periodo de pasividad posterior, en el que cada pequeño colectivo actuaba sin coordinación ni repercusión, el ciclo actual de movilizaciones y asambleas surgidas contra los recortes y posteriores al 15M está trabajando con constancia en la movilización, pero sin profundizar en los objetivos para evitar divisiones y discusiones potencialmente inútiles. El resto del movimiento estudiantil del reino comparte esas características y ciclos en mayor o menor medida, siendo en las ciudades más grandes más difícil de percibir por la complejidad de las relaciones entre activistas y militantes que confluyen en el movimiento. Todo el mundo es consciente de que en el movimiento estudiantil confluye gente de muy diversa ideología y eso se pone de relieve a la hora de concretar propuestas. Es coherente y responsable evitar ese tipo de discusiones simbólicas o ideológicas en los espacios de toma de decisiones, pero es una muestra de la cojera del movimiento que no haya espacios para esas discusiones, sean estos espacios presenciales, impresos o virtuales.

Sea el debate

Es una percepción común de la juventud que la política ya no existe, porque murió. Ver a según qué gente hablando de libertad, socialismo y democracia a diario ha destruido el significado de esas palabras. Nos han quitado tantas palabras que hablar no vale para prácticamente nada. Pero hemos de seguir haciéndolo.

Hay que decir que sí que hay proyecto. Las universidades suponen la cima de la montaña del conocimiento de una sociedad. En las universidades se produce, se acumula y se difunden las ideas que luego serán útiles a la sociedad para su realización y la de sus individuos. Tanto la cultura, la ciencia, el arte o la técnica tienen misiones que cumplir en la vida de los humanos, y la universidad es la organización que se dedica a que estos conocimientos existan y sigan existiendo. El proyecto pasa por que las universidades se centren en esa labor, la de difundir y expandir el conocimiento. El conocimiento como ente neutral, alejado de sesgos ideológicos, teológicos o monetarios.

Para ello se quiere una universidad soberana, que sea ella misma la que decide qué, cómo y cuánto enseña e investiga. La libertad de estudio, cátedra e investigación son la piedra angular de la universidad que defendemos pues lejos de la mentira infundida por las empresas de comunicación no hay investigación inútil ni nadie pierde su tiempo estudiando por voluntad (cuando no te obliga un currículo) cosas que considera innecesarias. La mayor expresión de soberanía es que la universidad sea democrática. De verdad. Las decisiones deben ser tomadas por las mismas personas afectadas por esas decisiones con plena información e igualdad en el proceso.

Y el punto complicado viene con la universidad autónoma, especialmente por la financiación. Esta ha sido hasta ahora la palanca que evita que los otros dos puntos del proyecto se pudieran llevar a cabo de forma real, por la dependencia de la organización de los estados y las corporaciones. En realidad los otros dos puntos tampoco son viables en una sociedad con distintas formas de dominación generalizadas y operando a la vez. Es aquí donde hacemos el silencio. Nos callamos lo que pensamos para evitar ser tachados de pretenciosas, utópicas e ingenuas. No defendemos nuestro modelo de universidad con todas las consecuencias, sólo lo hacemos en parte y eso se nota cuando empiezan a cojear las argumentaciones y a despegarse de la realidad, asumiendo que es imposible todo lo que pedimos cuando no lo es. No lo es.

Llegados a este bache, para superarlo y definir nuestro proyecto tenemos que profundizar en lo que pedimos. Debemos entender que aquí nuestro proyecto confluye con otros proyectos, asumir que la universidad deseada sólo es posible en un escenario en que el Estado y la empresa cambien completamente. Cambien por redes horizontales de producción y consumo, donde la universidad sería un átomo más en la red, pues sólo en una red el autogobierno de uno de los nodos tiene sentido. Es solo en una economía de principios anticapitalistas, libre de la especulación y la propiedad privada de los recursos, en la que la financiación de la universidad es una prioridad básica en la que usar los recursos disponibles. Es una cuestión de coherencia y de realismo. Durante las últimas décadas en las universidades el movimiento estudiantil ha experimentado con modelos de participación verdaderamente brillantes que se han dado una y otra vez contra los muros del gobierno y de la empresa. ¿Qué sentido tiene una democracia interna universitaria si esta tiene que supeditarse al control financiero, académico o curricular de entes externos? La respuesta es la que dan constantemente los estudiantes: eso no vale para nada.

Sí, estoy asumiendo que sin una ruptura revolucionaria que elimine el poder del Estado y las empresas en la sociedad no será posible este proyecto de universidad. Pero lo que es más importante, estoy asumiendo que después de la ruptura revolucionaria se pretende conservar el patrimonio intelectual acumulado durante siglos por los trabajadores de bata y tiza. Entiendo desde mi punto de vista que estas son las inquietudes que mueven a las miles de personas que de vez en vez echan sus horas, su dinero y sus ganas en participar de organizaciones y asambleas estudiantiles que escudándose en el progresismo muchas veces su programa pasa por propuestas maximalistas (democracia, laicidad, gratuidad) sin entrar al fondo de la cuestión. Yo, y creo que la inmensa mayoría de las personas con las que he compartido calle y aula de este movimiento, tenemos esa sensación de que todo lo que queremos es imposible mientras no ocurra esa transformación de toda la sociedad. Es por eso que nuestro discurso siempre suena cojo, porque nunca se contempla completamente todo el proyecto, porque este pasa por algo tan ambicioso como una revolución social. Sí, frente a Bolonia, la LOU, o los recortes somos capaces de hacer críticas muy convincentes, críticas propias de quién tiene un buen proyecto en la manga. Pero a la hora de discutir sobre qué queremos siempre hay una incertidumbre y un silencio incómodo cuando hay que llegar hasta el final. Se puede decir que el movimiento estudiantil anda desorientado, sin estrategias por falta de sinceridad consigo mismo. Hay que decirlo alto y claro: el movimiento estudiantil es un movimiento revolucionario anticapitalista. Hay que tenerlo claro y hay que contemplar sin ingenuidades que una transformación puede darse y que tenemos que trabajar tanto para que se dé como para que nos sea útil.

Admitir que el proyecto es ambicioso no impide que se adapten tales o cuales estrategias para llevarlo a cabo. Este punto es también crucial para entender que declarar que el movimiento estudiantil es revolucionario y anticapitalista no resta pluralidad al movimiento, ni contradice el trabajo realizado hasta ahora. Tan sólo sirve para cohesionar los discursos y desarrollar nuestras luchas con una mejor visión global de cómo encajarlas en el puzzle de una transformación más grande. Pero nos chocamos de nuevo con ese muro que suponen los prejuicios ante lo político heredados del silencio franquista y la mentira democrática. Nadie va a tirar ese muro por nosotras.

Por otro lado nuestras acciones hablan por sí solas, o eso intentamos siempre. Pero para que nuestras acciones tengan contenido por sí mismas deben tener un respaldo en nuestra mente y nuestra voluntad que hasta ahora es cosa de cada una. Es raro sorprenderse de que las motivaciones que mueven a la gente a participar en luchas estudiantiles puedan ser diametralmente opuestas. Es raro porque no suele haber ocasión de conocer esas motivaciones. Resulta que a la hora de evaluar la práctica llevada hasta ahora cada cual la valora a su manera, revelando diferencias en la percepción del movimiento y sus fines entre compañeras. La impresión que yo he sacado siempre al ver los análisis de luchas concretas es que falta poner en común qué se entiende como objetivo final para poder evaluar si la práctica mantenida es coherente o no. Falta poner en común el proyecto para poder crear consciencia colectiva.

Cuando hablo de la práctica llevada hasta ahora me refiero, claro, al movimiento en su conjunto, puesto que por la diversidad de composición del mismo es comprensible que se tenga que dar en él un avance dialéctico, en varias direcciones que a veces son opuestas. Dos pasos para adelante y uno para atrás.

Por ejemplo, Valladolid

Evaluando el movimiento como si persiguiera de verdad un proyecto definido se podría decir que normalmente se plantean programas etapistas, y siempre nos quedamos en la primera etapa: ahora queremos más democracia, más control sobre las prácticas, más accesibilidad quitando tasas… La primera etapa consiste en conseguir cosas pequeñas que nos demuestren que somos capaces de conseguirlas, eso significa empoderarse. La primera etapa es empoderarnos como estudiantes.

Tal vez los objetivos marcados no son alcanzables con nuestro nivel, y por ello hay que ir poco a poco. En las luchas contra Bolonia desde el principio se marcó como objetivo seguir la corriente estatal e ir a parar el proceso. Se hicieron encierros y manifestaciones de forma casi automática y sin trabajarse objetivos más asumibles. El movimiento se disolvió entre unas cosas y otras[1]. En las experiencias más recientes el proceso para construir conciencia y empoderar a los estudiantes ha ido algo más despacio, empezando por tomar espacios para reunirnos y manifestarnos[2], a veces jugando con herramientas institucionales y a veces no, de forma que tras varios meses de pruebas y trabajo tenemos un grupo amplio de estudiantes capaces de proponerse nuevas metas y construir movimiento con bases sólidas. Quiero decir con esto que en la práctica el movimiento estudiantil, al menos en Valladolid, ha aprendido de esos errores que solo puede cometer quien se mueve. Andando se hace camino y la lucha es el único posible.

[1] Valladolid y Bolonia. Dramas y Fiestas. 2009  www.lahaine.org/index.php?p=42009

[2] El origen de la actual asamblea de estudiantes de la UVA aparece de la mano de Alternativa Universitaria que había entrado en contacto con otros colectivos como ADEPública o 15M Valladolid para crear espacios de debate y organización estudiantil universitaria. El planteamiento era reunirse en lugares comunes de las facultades (vestíbulos). Sólo salió bien una de las convocatorias, la primera. En ella las trabas institucionales forzaron a la asamblea a cambiar de sitio. Se debatió durante muchas asambleas si pedir o no pedir permiso para hacer las asambleas que ya se estaban haciendo en esos espacios comunes. La práctica superó a los discursos y esos espacios se tomaron sin más. Lo mismo se puede decir del uso de la calle para manifestarse, combinando las coberturas legales con la espontaneidad. Esa mini lucha, a la que en el ciclo de luchas contra Bolonia no se le dio ninguna importancia, es lo que ha servido para motivar y cohesionar el conjunto, pues sin esas tácticas no se hubiera podido plantear un trabajo tan constante de agitación y movilización que mantiene vivo el movimiento.

Mito del racismo negro y el hembrismo

Desde hace un tiempo, vengo constatando un desarrollo paralelo entre el discurso de la existencia del hembrismo, en base a que hay mujeres idiotas, y se ejemplifica con una supuesta actitud racista de un negro hacia un blanco. Ambos mitos se relacionan mutuamente, repitiéndose una y otra vez como una especie de mantra.

Yo quiero exponer porqué creo que el racismo negro o el hembrismo, actualmente, no pueden darse. El racismo es un fenómeno social, en el cual toda (o al menos gran parte) institución está conformada de manera que los individuos de otras «razas»[1] están sometidas a los blancos. Así es como ha surgido y es como se mantiene actualmente. Podrían haberse dado otros desarrollos históricos en universos paralelos. Pero actualmente, aún permanecen los privilegios de personas blancas, frente a personas de otras pigmentaciones. Para simplificar, hablaré de negritud, porque es el mito más extendido.

El negro racista… o cómo bombardear con autocomplacencia a los blancos.

Es conocido el mito, se pone siempre de ejemplo: «si un negro desprecia a un blanco por serlo, está siendo igual de racista». Pues aunque su actitud no sea de aplaudir, ya que está prejuzgando a una persona por motivos de color de piel, resulta que no es posible para un negro en la sociedad actual ser racista. Porque el racismo no es una respuesta individual, sino una estructura social en la cual todo tiene un orden rígido que se reduce a blancos arriba, negros abajo. Si unos cuantos individuos negros, de forma individual, tienen actitudes de prejuicio racial, podemos resaltar lo feo del gesto. Pero no «es lo mismo pero al revés». Entre otras cosas porque no disponen del control de todas esas instituciones y estamentos sociales que permitan una vuelta a la tortilla. En EEUU, por ejemplo, sigue habiendo una relación estrecha entre negritud y pobreza, y población reclusa [2]. Esto no es casual, y desde luego, nada tiene que ver con las capacidades de las personas negras. Claramente es el resultado de una estructura social. Así que no, cuando un negro es borde con un blanco…no está siendo racista. Estará siendo antipático, prejuicioso, pero no racista. El día en que hubiera matanzas de blancos por parte de negros, persecución, historia de esclavismo, «blanquización de la pobreza», etc etc. El día en que los negros controlaran todo y los blancos estuvieran abajo, ahí habría racismo negro. Mientras tanto, habrá individuos de una identidad oprimida que reaccionan con una actitud agresiva ante individuos de identidad opresora, aunque estos últimos no pretendan mantener ese estatus. Y esta actitud, insisto, puede ser reprochable: usted no me conoce, ¿cómo sabe que yo, aun siendo blanco, no estoy interesado en destruir este orden absurdo de cosas, porque creo en la igualdad de la humanidad?. Ahí tenemos al Ferrocarril Clandestino como ejemplo de que personas blancas pueden estar interesadas también en derribar esos muros [3]. No se está alabando esa actitud, simplemente le estamos dando el peso que merece, y que no es uno que equilibre ninguna balanza entre las relaciones que existen entre blancura y negritud. Precisamente es un conocido mito porque nos permite invisibilizar y normalizar el racismo, poniendo las cosas en una balanza de «a mi una vez un negro me hizo mal». Se reproduce porque nos hace sentir «confortables», precisamente por esa autocomplacencia que permite. Así como muchos otros mitos que se extienden socialmente y permiten mantener ese desequillibrio motivado por «raza» [4].

Así que simplemente se hace necesario explicar que una actitud puede ser negativa, equivocada éticamente, lo que sea. Pero no se puede usar todo término. Acabamos simplificándolo todo a fascista, racista y sexista, en una especie de caca-culo-pedo-pis que nos idiotiza mentalmente. Existen más palabras, usémoslas, eso desarrollará nuestra capacidad cognitiva. El lenguaje es una gran forma de entrenar al cerebro.

Del mito del negro racista al bulo del ataque cotidiano hacia los hombres: la falacia del hembrismo.

De igual forma, con mayor frecuencia se exponen casos de mujeres que maltratan psicológicamente, amén de todas las maldades posibles que le puedan hacer a los hombres, pasando por romperles el corazón, que es la más habitual,  para intentar demostrar una especie de equidistancia. No hay equidad, por lo tanto, hablar de equidistancias es directamente absurdo. Una mujer puede ser imbécil, puede ser una cabrona despreciable que trate a un hombre de mala manera. Pero no es hembrista, porque no existe, por más que vengan hablando de lobbys, ese cambio de tortilla. En el contexto actual, siguen estando invisibilizados los trabajos de cuidados [5], la doble jornada laboral de la mujer [6], e incluso la supeditación a su marido en el caso de propiedad de tierras, explotaciones agrarias y demás [7], además de sufrir una invisibilización respecto a nuestra salud [8], entre otras muchas como menores sueldos [9], muertas por violencia de género [10], y un largo etcétera.

Existen mujeres idiotas, nadie lo duda. Como humanas, tenemos un amplio abanico de virtudes y defectos. Pero su actitud es individual, mientras que el patriarcado es una  estructura social, lo que implica un desigual reparto del poder con sesgo de género, que provoca que las mujeres no participen del espacio público, que exista una división sexual del trabajo, infravalorando la correspondiente a la mujer, feminización de la pobreza, menor autonomía personal y en las relaciones sociales. Una forma de definirlo es: forma de organización política, económica, religiosa y social basada en la idea de autoridad y liderazgo del varón, en la que se da el predominio de los hombres sobre las mujeres, el marido sobre la esposa, del padre sobre la madre y los hijos e hijas, y de la línea de descendencia paterna sobre la materna Asímismo, se universaliza el “yo” masculino, planteándolo como vara de medir y referencia, siendo uno de los fundamentos de la dominación patriarcal [11].

Por eso, por mucho que sean idiotas, no pueden ser hembristas, simplemente porque no se tiene esa capacidad. Y aunque Obama es negro, y Merkel mujer, el orden social permanece rígidamente asentado. Obviamente, se ha avanzado. Se han mellado los pilares que sostienen ese orden. Pero la única dirección posible es continuar haciéndolo. No apuntalarlos para mantener las cosas tal cual están, sino derrumbar lo que queda de ello, que aún es mucho. y para ello, es fundamental no caer en la autocomplacencia de «para mí también es duro», «yo no tengo la vida solucionada por ser blanca», etcétera etcétera. No, obviamente entran otros factores, entre ellos la fundamental: la clase social. Pero por ser blanco, no la tienes tan complicada como la de un negro, y por ser hombre, no te ponen las mismas zancadillas que si fueras mujer. Así que, con una analogía atlética: si al resto de personas se les ponen obstáculos, entenderemos que el primero en llegar a meta con la pista lisa está siendo privilegiado frente a los demás. Siguiendo la analogía, es posible que nuestra pretensión de hecho no sea llegar a meta, ni ganar nada en atletismo. Pero ya que se nos obliga a correr, hay que remarcar esos obstáculos que existen y denunciarlos, no detenernos en que para el corredor que gana “también es duro tener que entrenar todos los días”.

Nadie está diciendo que la vida de un hombre blanco es de rosas por el mero hecho de ser varón y blanco. Ni que deba darse la vuelta a ninguna tortilla. Ni que todos los hombres blancos sean una panda de malnacidos esclavistas y machistas. Pero resulta paradójico que en una realidad en la que las mujeres mueren y cumplen dobles y triples jornadas, las personas negras se vinculan con la pobreza y la cárcel, siempre salga alguien corriendo a defender la socialmente cómoda idea de que «l@s oprimid@s tb oprimen». Y no…pueden cagarse en tu madre y eso puede molestar, pero no te oprimen, sobretodo porque no pueden, al menos en base a esa identidad que se concibe como socialmente inferior.

Por favor, déjate de autocomplacencias, de buscar obsesivamente ejemplos de «mujeres que tratan mal a los hombres», de «grupos feministas que pretenden el exterminio masculino», de confundir los artículos de revistas Cosmopolitan con los postulados feministas, y de «negros que también han hecho cosas malas», «de que los gitanos son racistas con los payos» y demás sandeces varias. Deja de confundir términos, porque no hay equidistancias ni equivalencias en un contexto de desigualdad. Y deja de utilizar esos argumentos para pretender suavizar la diferencia que se da entre las clases oprimidas y las opresoras. O al menos, no te creas tan de izquierdas si no estás dispuest@ a moverte de tu área de comodidad que permite perpetuar las cosas tal y como están.

Milicia Cebolla

[1] si bien el término no sea adecuado, ya que no existen realmente las razas desde ningún punto de vista médico, biológico, genético, etcétera. Las Razas humanas no existen:
http://www.andercismo.com/2008/03/las-razas-humanas-no-existen.html

[2] Datos del Census Bureau de EE.UU.
http://www.census.gov/newsroom/releases/archives/income_wealth/cb12-172.html
Resumidamente, la población negra representan más del 27% de la población en situación de pobreza. Muy equiparado con población hispana, con más de un 26%. Los blancos de origen no hispano, representan menos del 10%. Esto demuestra ua clara vinculación entre identidad racial y etnia con la pobreza y la exclusión social.

[3] The Underground Railroad
http://en.wikipedia.org/wiki/Underground_Railroad

[4] Para desmontar este tipo de mitos, un gran pensador de nuestro tiempo decidió realizar este ejercicio de compilación de argumentos contra las intoxicaciones y comeduras de tarro racistas de turno:
http://www.alasbarricadas.org/forums/viewtopic.php?f=15&t=33465

[5] Estos son llevados a cabo por mujeres en el 99% de los casos, y que si se tuvieran en cuenta supondrían 1/3 del PIB. Pérez Orozco, A. y López Gil, S. (2011) Desigualdades a flor de piel: Cadenas globales de cuidados. ONU Mujeres. Disponible en
http://bookcamping.cc/referencia/1220-desigualdades-a-flor

[6] Propuesta por la Titularidad Compartida, desde el MAGRAMA
http://www.magrama.gob.es/es/desarrollo-rural/temas/igualdad_genero_y_des_sostenible/titularidad_compartida

[7] Según un estudio que está a punto de publicarse sobre las vivencias de las mujeres campesinas vascas, existe una clara discriminación en el sector agrario, predominando la falta de reconocimiento como trabajadoras agrícolas. Esto puede constatarse concretamente en que carecen de titularidad de las actividades agrícolas cuando los 2 miembros de la pareja lo comparten, además de a la hora de pedir ayudas para emprender la actividad agrícola y al pretender darse de alta en la Seguridad Social Agraria.

[8] Más información al respecto en la Revista on-line Mujer y Salud, disponible en
http://mys.matriz.net

También existe información al respecto, en inglés, en el colectivo ecofeminista Women’s Voice for the Earth
http://www.womensvoices.org/about/why-a-womens-organization

[9] Encuesta de estructura salarial. INE. Informes anuales disponibles en

http://www.ine.es/jaxi/menu.do?type=pcaxis&path=/t22/p133&file=inebase

[10] Información disponible en las Estadísticas del Ministerio de Igualdad (o el Ministerio en el que sea diluído):
http://www.msssi.gob.es/ssi/violenciaGenero/portalEstadistico/boletinmensual/home.htm
y http://www.msssi.gob.es/ssi/violenciaGenero/portalEstadistico/home.htm

También en la Red estatal de organizaciones feministas contra la violencia de género.
http://www.redfeminista.org

[11] Dolores Reguant (2007) Explicación abreviada del Patriarcado.
http://www.proyectopatriarcado.com/docs/Sintesis-Patriarcado-es.pdf

Escuela, despensa y siete llaves al sepulcro de Pestaña

Por Grupo Bandera Negra, adherido a la FIJL

Respuesta al texto Escuela, despensa y siete llaves al sepulcro de Durruti de Nemo/Yeray

Nuestro Grupo, tras la lectura del texto del compañero, no pudo en su día evitar la necesidad de elaborar una respuesta crítica con el citado artículo. Al final no lo publicamos en ningún sitio por ninguna razón en especial. Sin embargo, algunas cosas dichas en el texto del compañero merecían una respuesta, dada las alusiones a nuestra Organización Juvenil y en general otra serie de aspectos. Tras revisarlo, corregirlo y actualizar algunas cosas, nos animamos a publicarlo, siempre buscando el debate entre las partes, con el fin de fortalecer la formación ideológica de los lectores fundamentada en el intercambio de ideas entre anarquistas. Vamos a ello.

En primer lugar, manifestar que nada más leer el primer párrafo el artículo nos transmitió cierta desconfianza. Desconfianza, basada en comparar la necesidad de revisar ciertas actitudes del anarquismo ibérico con el regeneracionismo burgués de principios de Siglo XX. Ejemplificar la propuesta a transmitir con la misma fórmula aplicada al movimiento anarquista y al contexto actual supone necesariamente aceptar la lógica burguesa de Joaquín Costa, acérrimo enemigo de todo lo que tenga que ver con lo libertario.

A pesar de todo, hemos decidido emplear el mismo título con un pequeño cambio, para hacer referencia al artículo al que pretendemos dar respuesta. Bien, ya metiéndonos en materia, en el primer párrafo del que se habla de las distintas ramas del movimiento libertario y de su poderío en los años treinta, observamos una importante omisión en la tarea de estas organizaciones, en concreto a las FIJL y a la FAI. Aparte del lógico trabajo que a las organizaciones específicas anarquistas les corresponde, que es la difusión del anarquismo a la sociedad y la autoformación de sus integrantes, estas organizaciones tenían otra labor, no menos importante. Hablamos del combate de la influencia reformista y/o marxista en el seno del Movimiento Libertario. Y no estamos hablando de un combate a través de erigirse como vanguardia o controlando las asambleas de la central anarcosindicalista, tal y como los historiadores burgueses o reformistas se empeñan en afirmar. Nos referimos a un combate basado en el ejemplo de integridad y coherencia que los miembros de las organizaciones específicas resultaban para el resto de los compañeros, a la par, de una inmensa obra de difusión anarquista en los ateneos y sindicatos. La FIJL además, desarrollaba un importante papel en la autoformación anarquista entre sus jóvenes miembros, haciendo del aprendizaje en la juventud una tarea colectiva.

En los primeros 30 años del siglo XX, dentro del movimiento libertario se dieron diversas tendencias, que habitualmente chocaban entre sí. Los “posibilistas”, “reformistas” o “sindicalistas” frente a los “anarquistas” o “faistas” (a pesar de que una amplia mayoría de ellos no eran miembros de la FAI). A grandes rasgos, la lucha de las tendencias se centralizaba en la CNT. Unos defendían que esta debía de centrarse en lo meramente sindical, integrarse en los mecanismos del sistema (especialmente durante la República) y en una colaboración con el resto de fuerzas izquierdistas, haciendo de la idea de la revolución una aspiración filosófica y secundaria. Dentro de esta tendencia incluimos a importantes figuras, firmantes del famoso y conocido manifiesto de los 30 con Pestaña a la cabeza. Los otros, consideraban que la lucha sindical era un medio mediante el cual la clase obrera debía fortalecerse a través de la lucha y la acción directa  y su principal objetivo era la culminación de una revolución social libertaria que acabara con el régimen estatal-capistalista.

El tiempo puso a cada uno en su lugar. Angel Pestaña, máximo representante de la facción “posibilista” o “sindicalista” acabó por romper definitivamente con el anarquismo, y formó un partido político, el Partido Sindicalista. Muchos otros firmantes del manifiesto de los 30 fueron importantes actores en la labor contrarrevolucionaria del año 37 realizada por el Gobierno de unidad popular y los distintos comités de las organizaciones libertarias.

Las organizaciones específicas y el resto de anarquistas fueron derrotadas no en el año 39, tal y como dice el texto al que contestamos, sino en el año 37 con la contrarrevolución, fruto del abandono de los postulados anarquistas de importantes miembros del ML y la consiguiente represión a los elementos revolucionarios. La FAI fue copada por aspirantes a políticos y la FIJL, tras resistir a un intento burocratización interna, sufrió la represión y el asesinato de muchos de sus miembros a manos de los estalinistas. El colaboracionismo y la entrada en el Gobierno republicano supusieron la derrota del anarquismo y de la revolución social. El fascismo triunfante solo fue la puntilla.

El texto del compañero Yeray no menciona la etapa del exilio y la clandestinidad, para nada exenta de choques de tendencias y otras turbulencias internas en el seno del ML y pasa de puntillas por la reestructuración de las organizaciones libertarias tras el cambio de régimen. Nos parece un análisis simplista afirmar que, «con todo, sobrevivimos al franquismo. La CNT daba en el 77 un mitin en Montjuic al que acudieron varios centenares de miles de personas. Tras ello, el desastre, la fragmentación y el desmoronamiento del movimiento libertario», en un texto que pretende analizar las causas de la debilidad del movimiento libertario en la actualidad y los errores cometidos en las últimas décadas.

Convendría señalar, y ahondar en las causas de por qué un ML que parecía resurgir de sus cenizas acabó estrellándose. No vamos a profundizar demasiado en el asunto, pues a nuestro texto no le corresponde. Pero desde luego convendría preguntarse por qué bajo excusas de “actualizar el anarquismo a los tiempos que corren” o “poner los pies en la tierra”(i) una minoría pretendió institucionalizar el Movimiento Libertario, haciéndole partícipe en los mecanismos de integración del sistema (elecciones sindicales, subvenciones…) vuelven a resurgir, nuevamente, en el seno del Movimiento Libertario. Lo dejamos para reflexiones futuras.
Pasamos a continuación, a responder desde nuestro punto de vista, las tres cuestiones que el texto de Yeray aborda:

Escuela

Es cierto lo que comenta el compañero sobre la falta de formación en aspectos básicos del anarquismo entre la militancia del ML, en su más amplio espectro -nos referimos a todo el conjunto de los anarquistas del Estado español más allá de las tres ramas “clásicas” del ML-.
La coherencia entre medios y fines, principal rasgo de la honestidad que ha caracterizado a los anarquistas en el transcurrir de los siglos parece ser tratado ahora como “losa ideológica”. Nos sorprende ver a compañeros que rebajan su discurso, lo adaptan a términos asumibles por la “inculta plebe” y actúan como auténticos políticos. ¿Se debe a esto a falta de formación? ¿Es un desconocimiento que la ideología anarquista no es un disfraz con el que vestirse, sino una realidad aquí y ahora, una ideología pragmática que encuentra su sentido en la inmediata puesta en práctica de sus postulados «Horizontalidad, antiautoristarismo, integridad, antidelegacionismo, antiparlamentarismo, humildad, coherencia»?

Por otro lado, las cuestiones organizativas son las que creemos que más falta y urgencia le hacen al movimiento libertario. Seguimos enfrascados en debates repetitivos en torno al modelo organizativo. Un concepto tan básico como el federalismo, por ejemplo, es en muchas ocasiones completamente desconocido o malinterpretado. Es muy difícil crear así un tejido asociativo fuerte que trascienda de meros contactos informales, con el cual plantear una alternativa seria y fuerte al actual régimen de barbarie. Los proyectos crecen y se desmoronan por doquier, quedando poco o nada de esa experiencia colectiva.

Desde luego, una buena formación en aspectos básicos del anarquismo y su puesta en marcha es necesaria (como decimos, no valen NADA si no son ejecutados desde ya, careciendo de todo sentido). Un buen repaso a los “clásicos” no estaría de más, siempre partiendo de la base, de que los “clásicos” no son gurús a los cuales adorar, sino compañeros que gracias a su capacidad sintética, lograban plasmar en papel diversos aspectos de una ideología como la anarquista emanada de la acción de las masas populares. Igual de importante vemos, la necesidad de formación con respecto a la historia del movimiento anarquista. Los aciertos y errores del pasado de nuestro movimiento deben servirnos como referencia para la construcción de un proyecto de transformación social que no vuelva a tropezar dos veces con la misma piedra.

En cualquier caso, lo que urge, además de conocerlas, es darle vida a las ideas-fuerza anarquistas. Ponerlas en práctica ya y ahora y dejar de preocuparse tanto por las “modas” de los movimientos sociales y estar al arrastre de los vaivenes del batiburrillo de sopas de letras de organizaciones marxistas y/o ciudadanistas.

Con respecto a las críticas que el compañero realiza hacia autores como Rodrigo Mora, no vamos a ahondar, ni en sus facetas criticables ni en sus aspectos positivos. Pero desde luego convendría preguntarse, por qué escritores no anarquistas, como Félix Rodrigo Mora, tienen que ser en la actualidad autores que resalten la importancia de la ética en el movimiento revolucionario.

Sin embargo, sí tenemos un pero a este apartado del artículo del compañero. Es falso que en los últimos 30 años el ML no haya pretendido realizar trabajo de formación a sus militantes. Han existido (y existen) diversos proyectos como centros sociales, ateneos y organizaciones que pretendieron ofrecer espacios de formación colectiva y recíproca. Que los proyectos no lograrán tener la repercusión que deseaban no significa que no se hayan dado.

Sin despreciar los muchos proyectos que hubo, mencionaremos brevemente un proyecto que tuvo mucho que ver con la juventud: la FIJL de los años 90 y principios de la década del 2000. Las juventudes de estos años lograron formalizar un proyecto de formación conjunta para cientos de jóvenes anarquistas, logrando alcanzar un nivel de formación que por el contacto mantenido por nuestra parte con antiguos miembros de las “julis” y la lectura de sus materiales, fue bastante más que satisfactorio. En como acabó, y en que derivó aquello (al igual que tantos otros proyectos) no corresponde a este artículo, que ya se está alargando demasiado. Pero desde luego, convendría profundizar en la interesante historia de estos viejos compañeros y encontraremos una jugosa fuente formativa que ayudaría a entender ciertas cuestiones actuales.

Despensa

Del primer párrafo de este apartado no tenemos nada que objetar. Es a partir de entonces cuando el artículo empieza a decir una serie de, a nuestro entender, despropósitos.

En referencia a las organizaciones del ML y su reconstrucción, el compañero comenta: cometieron un error que, considero, las ha condenado. Y es que el anarquismo español, tras perder a sus bases, quedando solo sus elementos más comprometidos. Intentó reconstruirse desde arria hacia abajo, al contrario de cómo corresponde al federalismo anarquista. ¿Cómo puede reconstruirse una organización anarquista sin estructura jerárquica ni vertical desde arriba? El federalismo anarquista tiene la característica de ser especialmente sencillo y necesitar de pocas complicaciones: un pacto asociativo e individuos interesados en aceptarlo libremente. Así se reconstruyeron en los 70 las organizaciones libertarias y así se reconstruyó el proyecto de las Juventudes hará unos años. Varios grupos de jóvenes sintieron la necesidad de realizar acción propagandística específica anarquista, y decidieron dotarse de las herramientas de acción y de crecimiento que una estructura federalista les podía otorgar. ¿Cómo puede haber rastro de verticalidad en este proceso?
El entramado de una organización federalista anarquista crece acorde sus miembros sienten la necesidad, bien por utilidad o funcionalidad, o bien porque debido al crecimiento, necesitan aumentar su estructura. ¿Es esto una forma organizativa compleja? ¿Es complejo el que varios grupos se junten y decidan dotarse de un pacto asociativo y crear una organización fuerte, que permita ser un referente del anarquismo a la sociedad? Animamos al compañero a indagar sobre cómo nos organizamos federalmente como FIJL, y si esto supone una estructura compleja, kafkiana, enredosa o burocrática.

Dice el compañero que es necesario crear “escuela”. Eso hacemos con nuestra organización, manteniendo contacto que genera debate, que genera a su vez formación, de la que se desprende una acción anarquista en las calles coordinada a nivel estatal, con un referente claro a ojos de la juventud y de la clase trabajadora en general. Crear Organización es necesario para el ML como espacio de formación y almacenamiento de experiencias colectivas de lucha anarquista. El federalismo anarquista es por tanto válido para bases multitudinarias o para un puñado de individuos conscientes. El federalismo anarquista es poner en práctica, aquí y ahora, como decíamos anteriormente, las ideas anarquistas, ponerlas en acción. No vamos a esperar a ser “masas”, lo haremos con las fuerzas que contemos, sean muchas o pocas.

¿Que hay Sindicatos de CNT mantenidos por grupos de la FIJA (ahora FIJL), de la FAI o por otros anarquistas?(ii) Pues eso no lo sabemos, porque somos el Grupo Bandera Negra de la FIJL y no corresponde a nosotros confirmar o desmentir tales afirmaciones. Lo que sí preguntamos es qué hay de extraño, que en una sociedad desmovilizada, sean los compañeros comprometidos ideológicamente los que mantengan los locales de CNT abiertos para los trabajadores, impregnen las calles de su ciudad de propaganda, y tengan un nivel militante que ya quisieran otros organizaciones con subvenciones y liberados. ¿Insinúa acaso el compañero que los anarquistas no queremos crecer en nivel de militancia? ¿O es que el compañero valora más tener 200 afiliados que utilicen el Sindicato como una gestora de servicios, pero luego a la hora de militar se sean apenas 10 personas? CCOO y UGT convocan a centenares de miles y sus sedes atienden a centenares de trabajadores diariamente. ¿Eso es a lo qué aspira el compañero?

Nosotros apostamos por un crecimiento real, con unas bases fuertes ideológicas, desde las cuales crecer con el trabajo constante en el día a día. Bases fuertes para evitar crear un gigante con pies de barro, que acabe derrumbándose como aconteció en la etapa de la transición.
Los conflictos en el movimiento libertario no lo originan sus estructuras (al menos no exclusivamente), sino la lucha ideológica entre distintas tendencias. Esto en sí mismo no es malo, el problema reside cuando esta lucha torna en corruptelas y se acaba convirtiendo en un esperpéntico juego de política al más puro estilo del parlamentarismo burgués. Y que quede claro que no solo nos referimos al ML “clásico” sino que esta crítica es extensible a ciertas actitudes del movimiento anarquista en tierras ibéricas(iii).

Abrir las puertas al futuro suena muy bien. Pero no nos parece un argumento bien construido. ¿Qué concepción de futuro tiene el compañero? ¿Aceptar subvenciones del Estado? ¿Salir a la calle conjuntamente con partidos políticos que solo quieren rédito electoral? ¿Renunciar a la ética y la coherencia entre fines y medios como siempre ha propugnado el anarquismo? ¿Vestir como los modelos de la tele para ser más cool?

Siete llaves al sepulcro de Pestaña

Si el compañero ve necesario “cerrar el sepulcro” de Buenaventura Durruti, por nosotros encantados. Estamos hartos de que muchos miembros del Movimiento Libertario hagan bandera y proselitismo de tiempos y revoluciones pasadas y, ahora, su acción revolucionaria se queda en los butacones de los locales. Hartos estamos de ver como nuestro pasado y nuestros muertos son utilizados y recuperados por anarco-burócratas y/o el propio sistema y sus lacayos (sindicatos, partidos políticos marxistoides o incluso, ¡Jueces!).

Ahora bien, puestos a sellar ataúdes, cerrémoslos todos. Empezando por aquellos que pretenden hacer del anarquismo un movimiento izquierdista, integrado en las estructuras del sistema (o en la ideología del sistema). Si el Pestañismo y el manifiesto de los 30 fue una reacción a la radicalización del movimiento libertario y de sus bases, es hora de que lo enterremos de una vez por todas. Paremos el vacío de contenido ideológico de nuestras luchas. Desterremos de una vez por todas al posibilismo que causó la derrota de la revolución social en el pasado y que ha amenazado con anular el anarquismo como idea revolucionaria. Acabemos con los mitos de la ortodoxia y el reformismo.

Nosotros, como jóvenes anarquistas, no queremos un anarquismo que para dejar de ser “marginal”, renuncie a sus principios y praxis revolucionaria. No queremos un movimiento libertario que sea más de lo mismo. Estamos hartos de oír hablar de acción directa y comprobar como esta se relega acudir a abogados, pleitos y la justicia burguesa en definitiva. Estamos hartos de oír hablar de antiparlamentarismo e ir de la mano de partidos y sindicatos electoralistas. Estamos hartos de oír hablar revolución y encontrarnos que esta ha quedado relegada a una exposición realizada en los salones del espectáculo cultural burgués. Estamos hartos de escuchar a compañeros que hablan de llegar a la gente y de la propaganda como si la concienciación ideológica fuera un producto más de la sociedad de consumo, al que llegar a través de la manipulación, más propio de la publicidad destinada al pasivo consumidor que la propaganda anarquista destinada a individuos con las mismas capacidades humanas que nosotros.

Estamos hartos también,  en tanto jóvenes, de aguantar la tutela de supuestos “compañeros” veteranos en la lucha. Nos asquea el adultismo y el paternalismo que muchos anarquistas, antiautoritarios declarados, estilan con aquellos que somos más jóvenes. El autoritarismo sale a luz de muchas y diversas formas, y a veces somos incapaces de verlo en nosotros mismos.

Estamos hartos de que los principios anarquistas no sean más que puro espectáculo con el que dotarse de un aura de radicalidad vacía de todo contenido real, anulando toda puesta en práctica de los mismos. Porque para nosotros, eso es la muerte del anarquismo. Porque no hay situación, ni momento histórico, ni “crisis” que hagan de la puesta en práctica de los principios anarquistas una tarea secundaria. Nuestra ética, como anarquistas, hace que la mejor propagación del ideal anarquista sea un funcionamiento lo más acorde posible con el mismo.

Es cierto, estamos derrotados y en el suelo. Es hora de hacer autocrítica. Es hora de que, como jóvenes o como no tan jóvenes, nos formemos para luchar contra toda forma de autoridad venga de donde venga. Desterremos la política y la corruptela de nuestras organizaciones. Construyamos un Movimiento Libertario fuerte en sus bases ideológicas, que se convierta en una auténtica amenaza real para el desorden capitalista. Pongamos en práctica los principios anarquistas, y empecemos a dar vida desde el ahora a la sociedad del mañana.

Grupo Bandera Negra, adherido a la FIJL

Notas:

(i) «No pienso aceptar un sindicalismo a tres, CCOO, UGT y CNT, sino un sindicalismo a dos, UGT y CNT, pero para eso, la CNT, debe poner los pies en la tierra y aceptar las elecciones sindicales» Alfonso Guerra (vicepresidente del gobierno 1982-1991) en reunión con José Bondía (Secretario General de CNT-AIT 1979-1983). Este último, unos días antes de la resolución del VI Congreso de CNT-AIT en 1983 con respecto a las elecciones sindicales, suelta un bulo-comunicado a los medios de comunicación afirmando que CNT aceptaba las elecciones sindicales. Bondía acabaría recompensado por su “labor” con distintos cargos oficiales.

(ii) Esperamos que el compañero haya comprobado estas afirmaciones con sus propios ojos y no sea algo de “me lo dijo no sé quién”

(iii) No queremos decir con esto que en todo el ML se den estas repudiables actitudes, claro está.

12 de octubre, reflexiones en torno a la fiesta nacional

“¡Atrás, a contratiempo!
Huid a vela y a remo:
El mundo que vais a hacer, Más os valiera no verlo.”
Agustín García Calvo.

* Desde finales del siglo XIX las clases dominantes, divididas ideológicamente entre liberales y conservadores venían buscando un punto en común en el que establecer una festividad nacional. Éstas, tuvieron graves dificultades para encontrar dicha fecha debido a los problemas que generaba en los conservadores la creación de una religión civil que rindiera culto al Estado. No es hasta el año 1918 cuando al fin, durante el reinado de Alfonso XIII se consigue consolidar el día 12 de octubre como Fiesta Nacional, denominándolo Día de la Raza. La representación de España como mensajera de la civilización, tanto a través del Imperio como del catolicismo evangelizador consigue unir a ambas partes, manifestando al mismo tiempo la potencia del Estado español y la del catolicismo. El Día de la Raza encuentra en la negación de la alteridad su mismo fundamento.

* El horror que produce en el conquistador la tortura y el sacrificio ritual del mexica no descansa en ninguna moral contra dichos actos: él mismo los realiza con más brutalidad, pero con un contenido banal. Su repugnancia hacia dichas formas de violencia ritual reside en la exaltación comunitaria que ésta contiene. De la misma manera, el conquistador considera propias de seres inferiores las relaciones de no-identidad, de proyección que el no occidental establece con lo Otro, ya sea éste Dios, la naturaleza o sus semejantes. La civilización occidental, aquella que mayor distancia creó entre sujeto y objeto, justificó fácilmente en las citadas cuestiones la barbarie.

* Sin embargo, la colonización no encontraría su única justificación en la inferioridad del Otro. En el asimilacionismo igualitario residiría su otra cara. Esta postura, mucho más peligrosa en tanto enmascara la negación que contiene, es representada por San Cristóbal de las Casas, que, en gran parte de su trabajo no deja de ver rasgos de cristianismo mal entendido en la cultura y religión azteca: bondad, sumisión, docilidad, son los rasgos que más destaca Las Casas para entender que esas criaturas son poseedoras de cierta sabiduría cristiana. La forma de conquista debería basarse, según esta concepción, no en la esclavitud sino en la persuasión y organización del Otro. Sin duda, el neocolonialismo actual varía entre estas dos estrategias de relación con el Otro, si bien siempre ofrece su cara mansa.

* En la identificación totalitaria entre tierra, cultura y Estado el nacionalismo es impotente, jamás será capaz de integrar las diferencias, de ahí que siempre genere resistencia. El nacionalismo no es otra cosa que la ideología a través de la cual se expresa la hegemonía de cierta forma política (el Estado) y cultural (concreta, pero ante todo burguesa y ciudadana) sobre el resto. La esencialización que supone el concepto cultural de pueblo supone ya una heteronomía, gracias a él siempre se esconden relaciones de dominación.

* La posibilidad de una modernidad no capitalista que consiga hacer frente a la creciente destrucción del Otro que el compromiso civilizatorio occidental ha desarrollado se encuentra en parte ya en la no aceptación que generó la festividad del 12 de octubre en las clases populares de la época. Si queremos vivir, es ineludible profundizar en la lucha contra la apariencia de consenso que tanto Estado como Capital imponen.

Madrid, octubre de 2012.

Diego Ruedas.
Libertario, entre sus intereses de análisis destacan la sociología y la filosofía críticas, siendo Marx su principal referente teórico.

La anarquía, ¿poder o antipoder? (Respuesta a «El poder en la anarquía»)

Por Octavio Alberola.

En la sección «Análisis», de la web alasbarricadas, colgué un comentario al artículo «El poder en la anarquía«(*) preguntando cómo su autor, Adrián Tarín, podía llegar a la conclusión de que la anarquía «es también un poder -y no un antipoder«. Luego leí un comentario-nota, firmado por los responsables de la web regeneraciónlibertaria, invitándome «a escribir una respuesta (al texto de Adrián) para ser publicada en el portal» de Regeneración Libertaria. Como prometí, aquí va mi respuesta:

Una «curiosa” tesis…
Como se puede comprobar leyendo su texto (*), para Adrián los anarquistas abordan «las cuestiones acerca del poder… desde la oposición al concepto» y no lo hacen «desde la comprensión científica del término«. De ahí que él defienda, desde su personal aproximación «a la teoría del poder» (?), «la compatibilidad del mismo con la anarquía» y que concluya tal aproximación, tal análisis, afirmando que la anarquía «es también un poder -y no un antipoder«.

Por supuesto, Adrián no pretende que la anarquía sea un «macropoder«, un «poder negativo» como el de Estado, ni que debamos renunciar a combatir el poder «negativo» de éste. No, no pretende -como Foucault- «disminuir la importancia y eficacia del poder de Estado”; pero también cree “que al insistir demasiado en su papel exclusivo, se corre el riesgo de no tener en cuenta todos los mecanismos y efectos de poder que no pasan directamente por él«.

Lo curioso es que, por el hecho de constatar que «existe poder fuera del Estado«, Adrián se plantee esta pregunta: «¿puede la anarquía ser un poder?» Y digo “curioso” porque él debería saber que la anarquía es la negación de toda forma de poder, no sólo el que pasa por el Estado. Además, es “curioso” porque él ha puesto un poco antes esta otra cita de Foucault: «Asimismo, sería preciso saber hasta dónde se ejerce el poder, mediante qué relevos y hasta qué instancias, a menudo ínfimas, de jerarquía, control, vigilancia, prohibiciones, coacciones. En todo lugar donde hay poder, el poder se ejerce (…) no sabemos quién lo tiene exactamente, pero sabemos quién no lo tiene». Efectivamente, los anarquistas sabemos quién tiene el Poder y quién no lo tiene; además de saber quién no lo quiere… Es pues sorprendente que Adrián olvide esto y quiera atribuir poder a quienes, en principio, no sólo no lo tienen sino que, además, no lo quieren. ¿Por qué tal empeño?

La confusión…
Sí, ¿por qué tal empeño en equiparar lo que es antinómico? ¿No será porque, al definir el «macropoder» como «negativo» y el «micropoder» como «positivo«, Adrián aborda «las cuestiones acerca del poder… desde la oposición» entre los conceptos de «negativo» y «positivo» sin hacerlo «desde la comprensión científica» de estos términos? Tal parece ser el origen de la “confusión” de Adrián y la explicación a sostener una tal aporía. Y ello a pesar de atribuir -muy curiosamente- tal confusión a los anarquistas: «reconocer el poder como algo positivo o negativo«, «liberador o represor«, «destructivo o productivo«. Salvo si Adrián piensa en los «anarquistas» que, para participar en el ejercicio del poder, defienden esa hipócrita falacia que llaman «poder popular«.

Es sorprendente que Adrián crea a los anarquistas (los que no han renunciado a luchar contra el poder) incapaces de integrar el macropoder y el micropoder en sus análisis, y, en consecuencia, de ver que el poder se sostiene y es aceptado porque, como dice Foucault, «no pesa sólo como potencia que dice no, sino que cala de hecho, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos«. Es decir, porque es también «una red productiva«.

Sí, es sorprendente, porque Adrián debería saber que los anarquistas, además de tomar en cuenta que el poder funciona como «red productiva«, saben, con Foucault, que «si el poder no tuviese por función más que reprimir, si no trabajase más que según el modo de la censura, de la exclusión, de los obstáculos, de la represión, a la manera de un gran superego, si no se ejerciese más que de una forma negativa, sería muy frágil«.

Pero lo más sorprendente es que Adrián no se dé cuenta del por qué el poder es, además de censura-exclusión-represión, también una “red productiva”. Y eso pese a que él mismo reconoce que, «de hecho, si el poder descansase sólo en la figura de la represión más palpable, la de las balas y las porras, éste sería un poder fácilmente subvertible«.

Así pues, si el poder se traviste en “red productiva” sólo para mantenerse como lo que es realmente, censura-exclusión-represión, ¿qué sentido puede tener considerarle como algo “constructivo”, “positivo” y “creador”? ¿Se puede disociar lo que es consustancial?

La anarquía, ¿un poder o un “micropoder” ?
El problema con Adrián es que, tras reconocer que el poder sólo es «constructivo», «positivo» y “creador” para no ser «frágil» y «subvertible«, persista en que la anarquía «es también un poder -y no un antipoder«. Pues tampoco aclara si es un «micropoder» o también un «macropoder«. No, no hay nada claro, sólo afirmaciones perentorias. Ni siquiera cuando trata de argumentar su tesis con reflexiones contradictorias sobre la «construcción del consenso«; pues también -para él- el «consenso» buscado por los anarquistas, a través de su propaganda, es «para ejercer su dominio sobre los (discursos) de los demás«. O cuando habla del poder como “consenso hegemónico» ejercido “de manera colectiva”; pues es evidente que este «consenso» no tiene nada que ver con el que buscan los anarquistas: un consenso no impuesto (física o culturalmente) sino basado en la libertad de disenso y de experimentación.

¿En qué consiste pues ese «poder libertador, positivo y creador manifestado en la propia dinámica libertaria y en cada pequeño paso que sirva para edificar la anarquía» del que habla Adrián? ¿Qué clase de poder es ése? Todas las citas aportadas por Adrián confirman que el poder político, el Poder es dominación: ya sea impuesta por la fuerza o a través del «consenso» obtenido gracias a las múltiples formas de la sumisión voluntaria de los dominados propiciada por el «micropoder«. ¿A cuento de qué persistir en afirmar que «la anarquía es poder»?

Finalmente, Adrián ha dado la respuesta al contestar a uno de mis comentarios en alasbarricadas. No sólo confesando que para él «la manera de ejercer el poder de manera colectiva y no como una dominación autoritaria es a través del poder popular«, sino afirmando compartir lo que piensan y dicen los defensores del llamado «poder popular» en un artículo, Anarquismo y poder popular (**), en el que se pretende que con tal denominación se consigue «socializar el poder y evitar que éste se convierta en el privilegio de unos pocos«.

¿Socializar el poder?
Que Adrián quiera ejercer el poder es su problema No es el primero ni será el último en desearlo; pese a creerse anarquista… Pero, ¿por qué no decirlo claramente? Hay muchos socialistas y comunistas que también dicen ser anarquistas en el fondo de ellos mismos; pero que, a pesar de lo que enseña la historia, creen que a través del Poder se puede ir hacia una sociedad más justa y libre… De ahí que militen en partidos que aspiran a «conquistar» el Poder. Lo que es coherente; pues no se esconden detrás de una denominación tan vaga como esa de un “poder popular” que se pretende “horizontal” y “anarquista”; pero que aspira a ser reconocido por el Poder (ver a los “anarquistas” del “poder popular” llamando a votar por Chávez en Venezuela) y a ser parte de él si las circunstancias lo permiten.

Por eso, más allá de la retórica hay los hechos de la vida cotidiana y lo que la lengua dice a cada uno desde que la usamos. Deberíamos pues evitar toda clase de confusionismo y utilizar la palabra Poder (con mayúscula) para significar imposición… y poder (con minúscula) para dar a entender la capacidad de hacer… por ser las acepciones más comunes y las que todos sabemos reconocer y diferenciar.

Pero, más allá de la semántica, deberíamos saber si Adrián se reconoce en el “Poder Popular” que hay en Cuba. Pues, si «socializar los medios de producción» es dejarlos en manos de los que los utilizan sin que haya nadie por encima de ellos para decidir lo que deben hacer, eso no se ha hecho en Cuba. Como tampoco se ha intentado «socializar el poder«, para «evitar que éste se convierta en el privilegio de unos pocos«. Al contrario, el “Poder Popular” es el mecanismo institucional que ha permitido a los hermanos Castro de tener el privilegio del Poder en exclusiva durante ya más de cincuenta años.

Así pues, si «ejercer el poder de manera colectiva» significa para Adrián que nadie – ni dentro del colectivo ni fuera de él- tenga el privilegio de decidir por los demás, ¿por qué no reconoce que tal es el consenso al que aspiran llegar los anarquista y no el consenso “hegemónico” que impera en donde el Poder se camufla detrás de esa institución hipócrita llamada “Poder Popular”? Y en ese caso, ¿por qué no decirlo claramente?

Sobre las “pequeñas manifestaciones de poder”…
Adrián nos dice que incluso diría «que la asamblea puede ser considerada una manifestación de poder en según qué circunstancias» y que también ve «pequeñas manifestaciones de poder» en «todos esos procesos de actividad anarquista cotidiana (consensos, asambleas, propaganda)«.
Sí, claro que los hay con la pretensión de ser «anarquistas» pese a ser autoritarios en sus praxis privadas o públicas, en comportarse en las asambleas autoritariamente y tratar de manipularlas para imponer sus propuestas o sus intereses, como en cualquier partido político. Sí, claro que sí, e incluso los hay creyendo sinceramente que la anarquía deberá imponerse… Pero, ¿tiene algún sentido creerse anarquista y ser autoritario? ¿Son esos casos los que sirven de ejemplo para definir lo que es ser anarquista, lo que es o debe ser el anarquismo?

Adrián nos dice que la suya «es una postura difícil de defender, compleja, sujeta a críticas» y que, “posiblemente”, le «cueste una etiqueta de autoritario difícil de salvar«; pero que cree “que las ciencias sociales en este caso” le “proporcionan más argumentos para pensar así que para pensar que el anarquismo lo que busca es que no haya poderes”.

Efectivamente, no sólo es indefendible una tal postura desde un punto de vista ideológico y político sino que tampoco las ciencias sociales le proporcionarán «más argumentos» para seguir pensando que el anarquismo busca que haya poder y no «que no haya poderes«; pues también en las ciencias sociales las palabras tienen un sentido y no se puede caprichosamente atribuirles otro que el que ellas tienen: ya sea por razones etimológicas o por el uso que se hace de ellas. Sí, Adrián, también en las ciencias sociales el sentido de la palabra poder (con minúscula o con mayúscula), como concepto político, es el de «dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo«. De ahí que los anarquistas luchen contra el poder, como Poder político o como autoridad para mandar; pues aspiraran a la libertad: para ellos y para los demás.

Claro que se pueden tener dudas sobre cómo conseguir un consenso que permita llegar a la anarquía sin tener que imponerla por la fuerza. Claro que es más simple pensar y actuar como lo hacen los adeptos a las ideologías autoritarias, aunque tampoco esa simplicidad les haya permitido alcanzar los objetivos manumisores que esas ideologías presuponen. Lo lógico es pues dejar de pensar la anarquía como «ismo», como ideología, y comenzar a pensarla como actitud de convivencia sin autoridad, como conducta basada en el ejercicio de la libertad sin más límite que el de respetar la libertad de los (y las) demás. No sólo porque es más consecuente defender la libertad cotidianamente sino también porque es más eficaz para que la sociedad pueda avanzar hacia la libertad y la igualdad en todos los campos de la actividad humana. Un avance amenazado de más en más por el Poder hegemónico del Capitalismo y por las diatribas entre los diferentes “ismos” que pretenden combatirlo; pese a que, al día de hoy, ninguno puede pretender haber conseguido su objetivo.

(*)https://reglib.anarquismo.social/el-poder-en-la-anarquia
(**)http://agitacao.wordpress.com/2009/02/27/anarquismo-y-poder-popular/

«No somos infiltrados»

Unión Anti Capitalista (UA), grupo hasta ahora desconocido, reivindica la acción del black bloc durante la convocatoria de Rodear el Congreso el pasado 25 de septiembre en Madrid. Nos hacemos eco de sus comunicados y trataremos de ofrecer los pocos datos disponibles de esta nueva coordinadora.

Con el objetivo de “aclarar” que los encapuchados que protagonizaron la vanguardia de la respuesta contra la policía no eran “infiltrados” y que actuaron “con la mejor de las intenciones”, Unión Anti Capitalista ha lanzado dos textos a través de Internet en el que se erigen como los responsables de la formación de un bloque negro durante el 25-S (2012). En el primero de sus comunicados, Unión Anti Captalista cree que “España es un país que jamás saldrá del sistema capitalista mientras el monopolio de las protestas lo tenga el 15M y los sindicatos”, por lo que aunque “sabían” que “desde que el 15M entró a formar parte de la convocatoria, esta no podía acabar de otra manera que no fuera corriendo como los conejos y sin dar respuesta a las agresiones policiales”, consideraron necesaria la creación de un bloque negro que, haciendo autocrítica, califican como “chapuza”. “Sentimos que el black-block no haya salido bien, y lo sentimos porque nos ha quedado claro que haya donde hippies nosotros no podemos estar”, concluyen.

La formación de este bloque negro responde al “cansancio de observar cargas policiales desproporcionadas” y que estas sean respondidas desde el pacifismo militante. “Nosotros no nos dejamos pisar la cabeza, nosotros no dejamos que pisen a nuestro pueblo mientras gritamos estas son nuestras armas, porque nuestras armas son otras, nuestras armas son la autodefensa, nuestras armas son escupir al perro policía que tengamos en frente, y eso no es negociable”.

En este comunicado también hacen referencia al ejemplo de la lucha minera en el norte peninsular y a los manifestantes griegos, apenados por que la situación en Madrid no fuese análoga. “Sentimos que habiendo puesto las condiciones para empezar a ser griegos, levantando suelos, dando armas (piedras) a la gente del 25S, estos hayan sido tan cortos de miras de rechazar la autodefensa frente a la brutalidad policial”. Además, Unión Anti Capitalista aclara que durante la primera carga policial realizada en la jornada de protestas estaban ausentes, por lo que su acción fue defensiva, amén de realizar una crítica contra los promotores de la manifestación al lamentar que “los portavoces de la plataforma En pie  sean tan zoquetes de decir que todos los encapuchados son policías (claro, tiene que quedar bien con los 15 memos) y realicen una caza de brujas de todo encapuchado que vean (…) Pero sobre todo, sentimos que el 25S sea otra oportunidad perdida, más desgaste de la clase obrera (tampoco se puede pedir mucho de los pequeños burgueses)”.

Antes de finalizar con un ¡Viva la lucha armada y la resistencia activa contra el capital! y volver a cargar las tintas contra los organizadores de la manifestación y contra el 15M (a quienes comparan con las SS alemanas), sorprende que desvelen problemas de comunicación internos en el black bloc como excusa de haber emitido la misiva semanas después. Concretamente, acusan a un miembro de haberse “limitado única y exclusivamente a mandarnos whatsapp comentándonos cuantas lecheras había y no cómo iba con el tema del black bloc, no sabiendo hasta el día 27 si realmente era nuestra gente u otra organización. Le pedimos a este miembro que por favor de ahora en adelante ponga más atención en la comunicación y que coja el teléfono de una puta vez”.

En el segundo texto, bastante más corto, se “desvinculan totalmente” de la Coordinadora 25S y la plataforma En pie, abandonando el 15M para “luchas más potentes” ya que “nos criminalizan por nuestra forma de ser”. Aprovechan, también, para pedir “al mando de Madrid que abandone sus funciones de bloque, así como mencionar el nombre de la organización salvo en las asambleas o cursos o colaboraciones ya elaboradas para fechas más avanzadas de este día”. Asimismo, anuncian que “el bloque se levanta hasta nueva asamblea”.

Queda más que patente que, si bien no hay duda de que Unión Anti Capitalista se hace responsable de la acción, tanto la sorpresiva aparición de la organización (sus primeras apariciones en la red datan de finales de junio) como la falta de seriedad de los comunicados desvelan, en el mejor de los casos, una alta inexperiencia. Su web oficial (en la que hay un espacio dedicado a una Coordinadora anarquista) también remite a este pensamiento, así como sus páginas en las redes sociales y vídeos promocionales. La única cabeza visible del grupo, Iván Riera, se define a sí mismo en las redes sociales como “Rapero y poeta catalán. Militante del PTAS-PTE. Marxista-Leninista. Coordinador Central De Unión Anticapitalista. Jugador del Candamo FS”.

Poco más se conoce de los autores del polémico bloque negro realizado el pasado 25S, más allá de su intención de colaborar en la manifestación del próximo 13 de octubre contra la deuda global.

Adrián Tarín

1 48 49 50 51 52 53