[Recomendación] La lucha en la mochila

El presente documental que os presentamos trata sobre tres mujeres (dos catalanas y una vasca) que con espíritu internacionalista marcharon a El Salvador, donde una guerra civil asolaba por igual población y territorio. Allí pusieron en práctica sus conocimientos médicos, aunque el documental no trata sobre solamente sobre el hecho histórico de la guerra civil, sino que hace una excelente reflexión sobre las muestras de solidaridad y apoyo mutuo a nivel internacional.

El vídeo puede ser visionado con varios subtítulos, los cuales tienen que ser seleccionados en YouTube, y nos lo traen el director Dan Ortínez y la productora Aixina Produccions.

Sobre la espontaneidad de las revoluciones

Pareciera que hoy en día se ha perdido la creencia—en su día anarquista—en la espontaneidad de las revoluciones. Sin embargo, un estudio atento de éstas nos muestra todo lo contrario: la gran mayoría de revoluciones—europeas, al menos—ocurrieron espontáneamente. Para argumentar este texto usaré un ejemplo histórico, aunque la argumentación se puede aplicar, como he dicho, a la gran mayoría de revoluciones europeas. Este caso del que hablo es la Revolución de Febrero, la cual sucedió en Francia—París—en el año 1848. Si escojo este caso histórico es por su importancia para el resto de revoluciones proletarias que la siguieron, pero también porque muestra muy bien el carácter espontáneo de estas grandes revueltas populares. Dicho esto, vamos al caso.

La Revolución de 1830 trajo a Francia la monarquía parlamentaria de Louis-Philippe de Orléans, la cual no solamente cambió a los Bourbons sino que también dio el poder a la burguesía financiera que tomó control del parlamento—la burguesía industrial no era tan poderosa en aquellos tiempos debido al limitado desarrollo industrial de Francia. Durante esos años que llamamos la Monarquía de Julio la burguesía tomó por primera posesión real, y legal, del Estado. El régimen claramente diseñó una constitución que beneficiaba a la alta burguesía y de esto se dieron cuenta las clases populares—que poco a poco iban tomando contacto con las teorías socialistas—y la pequeña burguesía—que ni estaban completamente a favor de los cambios radicales que Louis Auguste Blanqui proponía, pero tampoco estaban por la labor de beneficiar a los estratos más ricos de la sociedad.

En términos económicos, la Monarquía de Julio gozó de buenos tiempos por lo general, sin embargo, en 1847 estalló la primera crisis financiera internacional, la cual se expandió como un cáncer desde Londres, pasando por Frankfurt y Viena, y llegando a París donde mostró su peor cara. Los buenos tiempos económicos pasados y los derechos civiles adquiridos tras la Revolución de 1830 se olvidaron pronto, pero si esto sucedió así no fue por determinación de las inestabilidades económicas sino de la integración de ideas socialistas y republicanas en el ideario común social.

Para el día 23 de Febrero de 1848, cuando la revolución estalló, Marx y Engels ya habían publicado su Manifiesto Comunista—de hecho un día antes en Londres. No obstante, las ideas del Manifiesto que ya habían tenido cierto «rodaje» por los ámbitos obreros no influyeron en lo más absoluto en el incipiente proletariado parisino que se lanzó a las barricadas el día 23. El contexto económico era de fuerte crisis económica, altísimo nivel de desempleo, y creciente pobreza entre las clases trabajadoras y medias. A esto le tenemos que sumar la represión policial y la falta evidente de derechos y libertades. Sin embargo, contrario a cualquier teoría de la miseria, el pueblo no alzó las barricadas porque no tenía pan alguno que comer ni trabajo alguno en el que trabajar. Si el pueblo se lanzó a las barricadas, en última estancia, fue por un hecho no planeado: el asesinato de varios trabajadores a manos del ejército.

Todo ocurrió cuando se organizó un banquete popular en París que fue prohibido por el ministro François Guizot. La gente, desoyendo la prohibición, salió a la calle a protestar y fue entonces cuando una partida de soldados abrió fuego sobre la muchedumbre. El resultado fue la Revolución de Febrero. Algo similar podemos encontrar en los disturbios populares en Atenas: la gente no empezó a tirar piedras y cócteles molotov hasta que en 2008 la policía asesinó en Exarheia a Alexis Grigoropoulos.

Para resumir mi argumentación esbozaré las principales ideas esquemáticamente:

  • La población parisina sufría en 1848 severas condiciones económicas. De hecho siempre las sufrió debido a las malas cosechas que se dieron en el primer cuarto de siglo. Sin embargo, no se alzaron a grito revolucionario meramente por las condiciones económicas adversas.
  • El proletariado parisino de 1848 ya tenía una conciencia obrera influenciada por los teóricos socialistas de la época. Dejando a un lado las especulaciones marxistas sobre «cuándo el proletariado está maduro o no para hacer la revolución», no se puede negar que las ideas existían y eran difundidas entre las cooperativas y demás asociaciones informales.
  • La represión del Estado existía pero aumentó en el momento en el que la crisis económica y la desilusión política creada por nuevas ideas socialistas tomaron fuerza.

Estos tres factores no son causa suficiente para que una revolución tenga lugar, pero seguramente sean causa necesaria (al menos el segundo y tercer punto claramente en la historia europea). La Revolución de Febrero ni se planeó ni se organizó de antemano. La idea existía; las condiciones económicas eran favorables en tanto que descontentaban a la gente; y el régimen incrementó el control social y la represión popular. No obstante, la revolución no sucedió hasta que un evento imprevisto tuvo lugar, y como una llama prendiendo la mecha de un polvorín, la revolución estalló—teniendo en cuenta el tiempo presente, los paralelismos con el caso griego actual son muy interesantes.

Finalmente, al tratar este tema creo que es de vital importancia definir claramente qué consideramos como «espontáneo» y qué consideramos como «organizado.» Las ideas revolucionarias claramente existían en Francia antes del año 1848, no obstante y en último término, fue la espontaneidad que un hecho contingente trajo lo que produjo que las masas populares se echaran a las calles de forma violenta. La historia nos muestra que los seres humanos somos capaces de asumir grandes dosis de malestar—¿acaso la sociedad española de hoy en día no sufre mucho? Sin embargo, se necesita algo extraordinario, algo que haga gritar a la gente «¡ya basta!», para empezar una revolución. Y estos eventos extraordinarios, por su naturaleza, ni se planean ni se prevén fácilmente. Con esto me refiero a algo «espontáneo», de la misma forma que una élite política revolucionaria puede organizar una revolución en petit comité pero igualmente necesitará de un evento espontáneo y extraordinario para levantar al resto de la masa popular que no forma parte de su élite.

Después de todo parece ser que las revoluciones tienen parte de organización pero también gran parte de espontaneidad. Sino que se lo pregunten a las millones de personas que hoy en día se manifiestan en Brasil, Turquía, o Túnez: ¿acaso no decidieron salir a la calle, seguramente, por algún mensaje en Facebook o Twitter a la hora del almuerzo? Supongo que es lo que tiene ser humano: que las cosas realmente importantes las decidimos a última hora y tirando con lo que nos dictan las entrañas.

Recomendaciones de vídeos y lecturas semanales

Estimadas lectoras y lectores,

Nos gustaría anunciar que, en nuestro afán por difundir contenidos críticos y libertarios en Internet, hemos decidido sugerir de forma semanal varias lecturas y otros contenidos audiovisuales. Estas sugerencias serán regulares y serán publicadas en los siguientes días:

  • Miércoles: audiovisual (película, corto, documental, entrevista…)
  • Domingo: lectura (libro, artículo, panfleto…)

El contenido audiovisual que podamos conseguir nosotros lo colgaremos en nuestra cuenta de YouTube, la cual ya dispone de varias «playlists» con material muy variado. Respecto a las lecturas, aquellas que podamos conseguir las subiremos a un servicio de lectura online (todavía por fijar) para que tengáis todas las recomendaciones recopiladas de forma directa y sencilla.

Esperamos que esta noticia guste entre nuestras lectoras y lectores.

Un fraternal saludo,

Regeneración Libertaria

Anarquismo y drogas: última vuelta de tuerca

Con este artículo pretendo poner fin a las reflexiones que estas últimas semanas he venido haciendo sobre anarquismo y consumo de drogas. Lo expresado en el primer y segundo artículo está sujeto a ser modificado en un futuro, pues lo bonito de todo esto es que la opinión personal cambia como el viento. En este tercer artículo daré mi punto de vista personal sobre una dimensión del consumo de drogas que, a mi parecer, no se suele tocar mucho (o no tanto como a mí me gustaría). Ésta es la «salud de nuestro cuerpo». Para ello presentaré un argumento utilitarista que, hoy por hoy, me convence bastante. Aquí os lo presento.

En los anteriores textos expuse que el consumo de drogas es una forma de control social que ejerce el Estado (como garante del capital) sobre la población, y que además era más bien irresponsable consumir drogas porque éstas están ligadas a redes de explotación humana y animal. Eliminando el componente de explotación, pero también el de beneficio capitalista, llegamos al ejemplo del amigue que cultiva marihuana y la regala. Para este ejemplo expuse el argumento sobre el control personal, por el cual opiné que la libertad individual de cada une se ve suprimida al estar bajo los efectos de las drogas (sin control no hay libertad).

Hasta aquí el pequeño resumen de lo que he venido argumentando hasta ahora. Hoy nos toca hablar de los efectos nocivos para la salud que supone el consumo de drogas. Indudablemente, y no hace falta que me ponga a dar datos científicos, las drogas producen algún tipo de malestar en nuestro cuerpo, el cual puede ser más o menos grave. (Si estáis interesades en los efectos de las drogas sobre nuestro organismo os recomiendo este libro sobre drogas editado por compas anarquistas). Mi argumentación sobre este punto, la cual fue brevemente presentada en los comentarios del primer artículo, defendía una postura utilitarista al respecto. En otras palabras:

  1. Las drogas perjudican nuestra salud física y mental. Su consumo acorta nuestra esperanza de vida y, lo que es más importante, la calidad de vida.
  2. Un estado físico y mental debilitado no permite desarrollar todo el potencial humano que tenemos.
  3. El Estado y el capital no se van a marchar por decisión propia. Hay que resistir y darles cara (en todos los planos: en la calle, en las huelgas, en los grupos de lectura, en Internet, etcétera).
  4. Por lo tanto: cuanto más vivamos, cuánto mejor vivamos, y cuánto mejor podamos desarrollar nuestras capacidades humanas mejor podremos combatir al Estado y al capital. Así pues, es responsabilidad individual de cada anarquista intentar maximizar su colaboración con la revolución social.

Del cuarto punto se saca que mi argumentación tiene tintes utilitaristas, pues pretende maximizar el bien común ante todo. Ese bien común lo defino en términos de la revolución social, y el medio que propongo para alcanzarlo es individual (el no-consumo de drogas). En mi segundo artículo ya argumenté que no deberíamos forzar a nadie a no consumir drogas, por ello que aquí habla de «medios individuales». Cada une tiene que preguntarse a sí misme sobre el papel que quiere jugar en la revolución social, cómo, y hasta dónde. Esto es lo que llamé «responsabilidad revolucionaria» en textos anteriores.

No obstante, en el primer artículo un lector me comentaba que eso de «no consumir drogas para mantener un cuerpo sano» era la lógica del capital, pues éste lo que quiere es trabajadores en buenas condiciones. Desde aquí expreso mi más firme desacuerdo con lo que comentó el compañero. El capital no busca trabajadores sanes, mucho menos el Estado, pues en las sociedades capitalistas avanzadas siempre hay una importante bolsa de desempleo que crea graves problemas estructurales. Ni al capital ni al Estado les importa realmente el desempleo, no en el aspecto humano, pero saben muy bien que un gran porcentaje de personas desempleadas es la mecha que prende el polvorín de la sublevación.

Es por ello que no quieren una población sana, sino una población decayente. En términos demográficos hay un problema de superpoblación, y en términos económicos esto se traduce en desempleo. El juego de la socialdemocracia no es tan sencillo como «opresores» versus «oprimides». El juego de la socialdemocracia es mucho más complejo, y en él podemos encontrar sinceras y genuinas muestras de humanidad provenientes de las instituciones estatales, y maquiavélicas estrategias de control estatal. El juego tiene estas dos caras, de ahí que existan campañas anti-tabaco o anti-drogas entre los jóvenes.

Ahora, dicho esto no quiero decir que el Estado quiera proteger completamente nuestra salud (si fuera así prohibiría completamente el tabaco y el acohol). Desde mi perspectiva, el tabaco y el alcohol juegan un papel muy importante en el control demográfico, y sobre todo «revolucionario», de la población. 6 millones de parades es un gran problema para un Estado que tiene unas reglas (la Constitución) a seguir (se sigan mejor o peor, eso es otro asunto). ¿Qué puede hacer el Estado? Mantener distraída a esa masa de gente: fútbol, tabaco, alcohol, juerga… Pongamos un ejemplo histórico: en 1848 la población de París se alzó en armas contra Louis-Philippe de Orléans. Las bajas se cifraron desde las 16.000 personas muertas hasta las 50.000. Sea como sea, el general Cavaignac pudo haber negociado desde el principio y haber evitado tan atroz baño de sangre. ¿Por qué no lo hizo? ¿Por qué además esperó a que más gente se sumara al movimiento revolucionario? Porque Francia tenía un problema gravísimo de desempleo. ¿Cómo se solucionó? Haciendo desaparecer a les desempleades. Con este ejemplo histórico no quiero decir que el Estado-nación moderno aniquile de la misma forma a les parades. Pero sí que opino que esa aniquilación sigue existiendo, bajo otras formas, bajo otras sutilezas, pero bajo la misma lógica.

Anarquismo y consumo de drogas: otra vuelta de tuerca

Hace un tiempo publicaba un texto sobre juventud, militancia, y consumo de drogas. No era el primer texto que escribía sobre el tema, por lo tanto no iba desprevenido de los comentarios que podría levantar. Antes de empezar este otro texto sobre consumo de drogas me gustaría lanzar un aviso para navegantes: esto es un texto personal que no intenta sentar cátedra ni dar lecciones morales a nadie. Tampoco es un texto que exprese una férrea opinión personal, pues he de admitir que mi pensamiento a este respecto ha evolucionado muchísimo en los últimos doce meses, por lo tanto, lo que escriba hoy aquí puede que no se aplique a lo que escriba mañana allí. Dicho esto, empecemos.

En el texto ya mencionado expresaba una idea favorable al consumo libre y responsable. Defino el consumo libre y responsable como aquel consumo que se realiza con conocimiento crítico de las causas y consecuencias de dicho consumo. Esto es lo que le hace responsable. El consumo ideal que tengo en mente sería además libre porque se realiza de forma crítica, decidiendo une misme de forma racional qué, cómo, cuándo, y por qué toma una droga.

En las últimas semanas, no obstante, he venido dándole vueltas a una idea que alguna gente dentro del ámbito libertario comparte: el consumo de drogas no puede ser responsable porque, a día de hoy, no es una cuestión personal. Y no les falta razón. En todo el proceso de producción de una droga toman parte muchas personas y animales, entre les cuales muches fueron, son, y serán explotades. Las drogas no solamente son probadas en animales de laboratorio, sino que además las drogas, si no están legalizadas por un Estado controlador, implican redes humanas que explotan a productores, vendedores, transportistas, etcétera. Por lo tanto, consumir estas drogas es hacerse, conscientemente, cómplice de la misma explotación.

Bien, alguien podría argumentar: ¿acaso no compras ropa producida por niñes explotades en China? ¿Acaso no compras en cadenas comerciales que explotan a les trabajadores? Y a primera vista la argumentación podría parecer válida. Pero no lo es. Llevar ropa en invierno es necesario, pues de otra forma mueres de frío. Consumir drogas no es necesario para vivir. Así que aquí estamos hablando de necesidad, y la necesidad muchas veces nos fuerza a realizar cosas que no nos gustan. De ahí que mucha gente en vez de comprar en Mercadona prefiera comprar su fruta al frutero del mercado local: con ello no se soluciona el problema del capitalismo, pero se minimiza el daño realizado (y dado que la fruta es necesaria para una dieta equilibrada y sana, no vamos a dejar de comprar fruta hoy por hoy). Sin embargo, la misma lógica no se puede aplicar al consumo de drogas… ¿o sí?

Digamos ahora que un amigue cultiva marihuana y lo regala a les amigues, es decir, no obtiene ningún beneficio económico por ello. En este ejemplo eliminamos de la ecuación la explotación humana y el aspecto económico-capitalista. Así que nos quedamos llanamente con el consumo de una droga. Algunes anarquistas dirían que el consumo es igualmente reprochable en este caso, pues el problema es que la droga: 1) nos priva de nuestra libertad individual al perder el control sobre nuestro cuerpo y mente, 2) potencialmente nos hace más inútiles para resistir al Estado, 3) con el tiempo potencialmente disminuye nuestra gana de militar. Si habéis leído mis otros artículos sobre el tema sabréis que no me creo los puntos 2º y 3º (de ahí que aquí haya escrito «potencialmente»). No obstante, no los niego, y afirmo que en algunos casos el consumo de drogas produce apatía por las causas políticas y vaguería general (es decir, conformidad).

Lo que aquí me interesa discutir ahora es el primer punto (un tanto filosófico), que es: 1) consumir drogas nos priva de nuestra libertad individual al perder el control sobre nuestro cuerpo y mente. Nadie puede dudar que una de las cosas más preciadas, sino la que más, por une anarquista es la libertad. De ahí que muches estemos en contra de las cárceles, de los colegios (que son cárceles para la mente hoy por hoy), y de toda institución explotadora (como el ejército, la policía, etcétera). En todos estos casos la limitación a nuestra libertad es obvia y clara: en las cárceles no te puedes mover libremente. En los colegios no puedes pensar libremente (en los ejércitos ni puedes moverte ni pensar). Pero, ¿y qué con las drogas? El consumo de estas sustancias, como es sabido por todes, proporcionan un estado mental y anímico determinado, el cual muchas veces no se puede prever dependiendo de la naturaleza de la droga. Cuando tomamos «cristal» y sentimos esa sensación de hiperactividad, super-sociabilidad, y bienestar general, estamos experimentando una sensación «artificial» en tanto que estamos induciendo a nuestro cuerpo (y mente) dicha experiencia. Y esto no lo podemos controlar. Lo mismo se aplica al alcohol: cuando nos emborrachamos perdemos el control de nuestros actos (hasta diversos puntos dependiendo la persona). La pérdida de control es, bajo esta argumentación, una pérdida de libertad, pues actuamos de forma no-consciente y no-buscada in situ. Y digo in situ porque alguien podría decir que la borrachera y lo que hagamos estando borraches es «buscado» en tanto que decidimos previamente, y de forma libre, emborracharnos.

Si bien yo personalmente favorezco la idea de que el consumo de drogas nos priva de libertad y agencia individual, también es cierto que no pretendería nunca imponer dicha visión del asunto. He aquí la crítica que haría a muches compañeres anti-drogas, quienes con un discurso moralista y más bien paternalista intentan imponer su visión (la cual comparto y creo acertada). Es aquí donde toma importancia lo que escribía antes de consumo libre y responsable. No podemos, ni deberíamos, obligar a nadie a dejar de consumir drogas, pero lo que sí que podemos hacer es apelar a la responsabilidad (recordemos aquello de que consumir drogas es, hoy por hoy, hacerse cómplice de redes mafiosas, de explotación, de abuso animal, etcétera). Ahora, queda en el aire el punto al que apelaba en mi anterior texto (en la sección de comentarios) sobre un enfoque utilitarista-anarquista. Alguien me replicó que ésa era la visión del sistema, y por tanto, deberíamos evitarla. Dejo el asunto para el siguiente texto, puesto éste ya va para largo.

Sin drogas también se vive… y no se aburre une.

Apagón informativo en Grecia. Respuesta social

Como sabréis, hace dos días el gobierno griego de Samaras echó el cierre a la emisión de los canales públicos de televisión y radio (ERT). En total se van a la calle unes 2.600 trabajadores. Con el cierre de la ERT Grecia es el único Estado-nación en la Unión Europea sin radiotelevisión pública, y todo en el nombre del neoliberalismo impuesto por la Troika.

Los motivos para el cierre de la ERT no sorprenden a nadie: que si era muy cara, que si no era productiva… etcétera. Simos Kedikoglou, vocero del gobierno conservador y antiguo periodista de la ERT, excusó la decisión bajo el pretexto ya presentado.

“La ERT es un ejemplo único de falta de transparencia e increíble derroche. Cuesta de tres a siete veces más que otra cualquier cadena de televisión, además de tener de cuatro a seis veces más personal, para una audiencia tan limitada, más o menos la mitad de la audiencia de una cadena privada media.” (Simos Kedikoglou, traducción propia. Fuente).

Pero recordemos una vez más lo que la Troika impuso al Estado de Grecia: 2.000 trabajadores públicos a la calle para finales de julio, y 15.000 funcionaries en total para finales del año próximo. Ya no es solamente una cuestión de desmantelar los servicios públicos—que es importante—, sino de soberanía nacional, pues las decisiones administrativas no parecen venir del gobierno griego—que bajo la lógica democrática-representativa goza de «la voz del pueblo»—sino de organismos supranacionales que atienden a oscuros intereses económicos e ideológicos—y digo oscuros porque claramente son intereses que no pertenecen a la mayoría de la población humana.

Así pues, se habla de una estricta re-estructuración de la ERT que se finalizará en unos tres meses—aunque el cierre es indefinido hoy por hoy—y que contratará una nueva plantilla de unes 700 trabajadores. Pero las medidas neoliberalemedidas griegass de austeridad no se han encontrado el camino libre, pues les propies trabajadores de la ERT y la ciudadanía en su conjunto han mostrado su rechazo a la medida del gobierno de Samaras. Les trabajadores de la ERT decidieron seguir emitiendo en streaming, incluso el Partido Comunista les ofreció ayuda en términos de infraestructura para continuar con la emisión. No importa que la policía haya inutilizado los transmisores; les trabajadores siguen emitiendo por propia voluntad, convencidos de que la ciudadanía griega, la cual reunió una gran muchedumbre el otro día frente a la sede de la ERT, se merece un servicio público de calidad.

La resistencia sigue hoy, día para el cual se ha convocado una huelga general, apoyada por varios sindicatos incluyendo los dos grandes—uno del sector público y el otro del privado. Habrá paros de 24 horas en trenes, trolebuses, y autobuses. Los hospitales están funcionando con servicios mínimos, y los controladores aéreos se sumarán esta tarde con un paro de 2 horas. El país lleva paralizado desde esta medianoche pasada. Una manifestación unitaria ha sido convocada para las 11:00 a.m. hora local, por lo que desde aquí les damos todo nuestro apoyo y solidaridad a les que decidan salir a la calle hoy a luchar contra el neoliberalismo.

Recordemos también que no solamente se trata de defender un servicio público, sino de calidad. A pesar de que la ERT ha sido acusada de despilfarro y opacidad, lo cierto y verdad es que era la única cadena que ofrecía programas culturales de calidad que otras cadenas privadas no ofrecían. Y tampoco olvidemos que la información no sólo viene de cadenas privadas o estatales: cada vez hay más fuentes alternativas de contra-información que, de manera autogestionada y autónoma, pretenden informar y difundir. Prueba de que estos medios están creciendo en términos de audiencia e influencia fue el cierre de Indymedia Athens hace un tiempo.

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