Explicando con números II

En el primer texto de esta serie ya vimos que saber de números ayuda a organizar la revolución social, como también ayuda a contrarrestar el control social que podamos padecer en nuestro entorno. Saber cómo interpretar cifras y datos es de vital importancia. El poder, con su discurso tecnocientífico al servicio de la producción capitalista, nos bombardea constantemente con tablas, cifras, y datos sobre tal o cual cosa. Si no sabemos cómo manejar estos números seremos vulnerables a cualquier tipo de manipulación y control. Arrebatar la ciencia al poder es fundamental para avanzar en nuestro camino revolucionario, pues la producción científica será, sin duda, útil para la organización de la sociedad libertaria del futuro. La ciencia, y su discurso, no es neutral ni mucho menos; a menudo sigue intereses que pueden ser personales, institucionales, económicos, de clase, etcétera. Identificar que los números «pueden mentir» en favor de un poder u otro es un primer paso muy necesario. Saber que los datos cuantitativos pueden ponerse a trabajar para la revolución social es, asimismo, un segundo paso tan lógico como necesario.

En este segundo texto empezaremos viendo lo más básico, y se introducirán las medidas de tendencia central, así como la idea de que los datos pueden estar medidos en distintos niveles (aunque hablaremos de niveles de medición en el próximo artículo). Si no eres una persona «de números» lo primero que has de hacer es sacudirte el miedo que puedas tener: los números forman un lenguaje (el matemático) que se puede aprender con tanta facilidad como cualquier otro idioma. Si por el contrario el uso de cifras y datos forma parte de tu vida diaria, tal vez quieras leer este artículo simplemente para revisar lo que ya sabes con seguridad. Para las primeras personas he de decir que este artículo no presentará ningún tipo de álgebra, de hecho ningún artículo en esta seria explicará los conceptos claves de forma algebraica. Así que no os preocupéis. Cuando considere que una explicación más compleja es necesaria, la adjuntaré en un anexo al final de cada artículo (pero éste no es el caso). Usaré un lenguaje sencillo y cotidiano para hablar de los conceptos estadísticos que abren la serie «Explicando con números», como también usaré ejemplos de fácil comprensión (nada abstracto o surrealista). Pensemos en el análisis cuantitativo como algo que tiene que ver con todo lo que nos rodea a diario: precios, salarios, duración de jornadas laborales, número de personas que viven en nuestro barrio, etcétera. Lo que nos rodea puede ser interpretado numéricamente, por lo que no pienses que los números son algo abstracto cosa de «mentes brillantes.» ¡Pongamos a trabajar los números por la revolución social!

Describir es lo primero

Describir un fenómeno social es siempre lo primero que tenemos que hacer al empezar un análisis de cualquier tipo. ¿Qué estamos analizando? ¿Dónde tiene lugar? ¿Cómo lo hace? ¿Quiénes, o qué elementos, participan en el fenómeno? Cuando hablamos de un fenómeno representado con números la descripción de dicho fenómeno implicará hablar de un conjunto de cifras, las cuales pueden ser unas pocas (por ejemplo el número de personas que están con nosotres en el autobús), o muchas más (todas las personas que viven en una gran ciudad). Saber describir muchas cifras al mismo tiempo es pues vital para comprender qué sucede (y cómo lo hace). En otras palabras, lo que queremos obtener al principio es una «fotografía general» de aquello que estamos estudiando, un «resumen» informativo que nos oriente en análisis más complejos. Para esto, en estadística usamos lo que llamamos medidas de tendencia central. Explicado de la manera más sencilla posible, las medidas de tendencia central sirven para señalar el «centro» de un conjunto de números. No obstante, los datos cuantitativos del mundo social no están siempre presentes «al mismo nivel.» Tomemos por ejemplo los siguientes enunciados (cifras inventadas):

  • El futbolista promedio de la Liga BBVA gana 2 millones de euros al año.
  • La mayoría de futbolistas de la Liga BBVA gana menos de 1,5 millones de euros al año.
  • El salario promedio de los futbolistas de la Liga BBVA es de 4 millones de euros al año.

Resalto de nuevo que las cifras de estos tres enunciados son inventadas, pero para nuestro fin pensemos que son reales. Así pues, los tres enunciados son ciertos, describen un fenómeno (el salario de los futbolistas profesionales de la Liga BBVA), y lo hacen hablando del conjunto de cifras (salarios) de una forma que las resume en un único número. Sin embargo, cada enunciado se expresa de forma distinta a pesar de estar describiendo el mismo fenómeno, y es los enunciados no están considerando los datos de la misma manera. Esto es lo que llamamos en estadística niveles de medición (por ahora no te preocupes de estos niveles, ya se explicarán con detalle en el próximo artículo). De esta forma, el primer enunciado describe al futbolista «común» o «típico» y su medida de tendencia central es la moda. El segundo describe el fenómeno en términos de rango, es decir, ordena todos los salarios de la Liga BBVA de menor a mayor y señala el punto medio o mediana. El tercero es el más común y el que los medios de comunicación suelen usar: la media o promedio, es decir, la suma de todos los salarios de la Liga BBVA dividida por el número total de personas (asumiendo que un futbolista solamente tiene un salario). Es de vital importancia saber distinguir estos niveles, puesto que describen la realidad de manera distinta. No distinguir niveles puede hacer que seamos manipulades por los medios de comunicación burgueses. Por ejemplo, imaginemos el siguiente enunciado de la prensa burguesa (cifras inventadas):

  • ¡España va bien! El salario medio de los españoles aumentó en un 8% desde el último año, alcanzando los 30.000 euros anuales.

Ahora sabemos que este enunciado habla de un promedio, que es aquí la suma de todos los salarios de todas las personas del Estado español, dividida por el número total de personas. ¡Estupendo, el salario medio no solamente aumentó en un 8%, sino que está en los 30.000 euros anuales, nada mal! ¿Pero qué nos pueden estar ocultando? Consideremos el siguiente enunciado sobre la misma población (cifras inventadas):

  • La mayoría de españoles gana menos de 800 euros al mes.

Unos cálculos rápidos: \(30000/12=2500\), y por otro lado \(800*12=9600\). Dado que un enunciado habla de salario anual y el otro habla de salario mensual, del primer cálculo entendemos que el salario medio mensual, según el primer enunciado de la prensa, es de 2.500 euros. Sin embargo, el segundo enunciado nos dice que la mayoría de personas gana menos de 800 euros al mes, o lo que viene a ser 9.600 euros al año teniendo en cuenta que una persona gana esos 800 euros «centrales» (recordad que a esta medida se la denomina «mediana»). Lo que el primer enunciado oculta, y muy a menudo la manipuladora prensa lo hace, es el rango de los salarios en el Estado español. Un salario anual medio de 30.000 euros no está nada mal, pero esta cifra al ser el promedio de los salarios se ve muy afectada por aquellos casos en ambos extremos de la distribución, es decir, por los salarios más bajos y los salarios más altos. El rango, pues, es el recorrido entre el salario más bajo y el salario más alto. Si este rango es muy grande entonces suceden cosas como ésta: la media de por sí no describirá muy bien aquello que estamos analizando. Volviendo a nuestro ejemplo: la cifra de 30.000 euros anuales, sin dejar de ser verdadera, no representa completamente la realidad de los salarios en el Estado español (y de ahí que pueda ser usada para manipular a la gente y hacer creer, por ejemplo, que las políticas económicas del gobierno de turno están siendo eficaces). Cuando complementamos a esos 30.000 euros anuales con la mediana, es decir, con esos 800 euros mensuales, vemos que las cosas cambian, y mucho. El segundo enunciado nos dice que la mayoría de salarios en el Estado español son más bien bajos (menos de 800 euros al mes), y si juntamos el primer y segundo enunciado concluimos que en el Estado español debe haber gente que gana poquísimo dinero al mes, y gente que gana muchísimo dinero (pero que muchísimo) al mes. Además, el primer enunciado nos dice que el salario  medio aumentó en un 8%, lo que ahora sabemos viene a decir que el rango entre el salario más bajo y el salario más alto aumentó, ¡bien por la burguesía!

Resumen

Si hemos entendido hasta aquí hemos dado un gran primer paso. No hace falta presentar nada más por hoy. En este artículo hemos visto que para describir un conjunto de cifras usamos las medidas de tendencia central. Pero más importante, hemos visto que los datos pueden estar medidos y expresados en distintos niveles de medición. También hemos visto que las medidas de tendencia central pueden reflejar la realidad de lo que estamos estudiando de maneras un tanto «sesgadas.» Por ejemplo, la media aritmética se ve influenciada en gran medida por los casos extremos de la distribución que estamos estudiando.  Por otra parte, espero que este primer artículo te haya hecho ver que se puede hablar de números sin necesidad de jerga técnica (que solamente sirve para preservar el conocimiento científico entre un grupo elitista de selectas personas), ni necesidad de complejas fórmulas matemáticas. La realidad social se puede analizar de manera sencilla, y esto está al alcance de todas las personas dispuestas a perder el «miedo a los números» que nos inculca la sociedad. En el próximo artículo veremos qué son esos «niveles de medición» de manera más detallada, así como aprenderemos a calcular las distintas medidas de tendencia central.

Pongamos la ciencia a trabajar por la revolución social. Quitemos a la burguesía la producción de conocimiento científico. ¡Muerte al Estado y su ciencia!

Explicando con números I

Cualquier historia está plagada de manipulaciones, mentiras, y despropósitos. La historia de la estadística no es una excepción. Si decido empezar esta serie de artículos con una somera introducción a la historia de la estadística es porque la manera en la que se cuentan las cosas tiene, normalmente, un gran impacto en la vida real de aquello que se cuenta. De esta manera, hoy por hoy existe una concepción generalizada de la estadística como algo negativo, manipulador, en manos del poder y de los estados-nación para manipular a las poblaciones y contar las cosas a medias. Pero la estadística ni estuvo siempre en manos del poder, ni su avance estuvo originalmente motivado por el control social. Entender el funcionamiento de grandes dinámicas mediante expresiones generalizables es de gran utilidad para la revolución social. La estadística ayuda a entender fenómenos humanos que de otra forma se nos escaparían, como también ayuda a proyectar y testar hipótesis. Con «Explicando con números» me gustaría presentar los fundamentos más básicos del análisis cuantitativo de la sociedad, para mostrar así que los números pueden servir para apuntar hacia las injusticias, señalarlas, identificarlas, y entenderlas mejor. Los números son, en definitiva, una herramienta (convertida en arma) más para derrocar al capital y a la autoridad.

1. Números: liberación o control

No se puede negar que el capitalismo del siglo XXI se apoya, en enorme medida, en el uso de números y en la cuantificación de dinámicas y elementos varios. Por ejemplo, la administación neoliberal de un Estado-nación se basa en la proyección numérica de escenarios hipotéticos en los que se analizan posibles riesgos, posibles beneficios, posibles catástrofes, etcétera. Cada «posible» es a su vez cuantificable, por ejemplo asignando a cada evento una probabilidad estadística de manera condicional. A menudo, la estadística también se ha usado para justificar medidas neoliberales, precisamente porque el uso de números para explicar decisiones humanas aporta un «extra» de objetividad y neutralidad científica. Si las cosas salen bien se alaba al «Dios de la estadística.» Si las cosas salen mal se echa la culpa bien a las personas que hicieron los cálculos, o a la complejidad del mundo social (argumentos recurrentes en este último caso son: «ciertas variables no fueron incluidas en el modelo estadístico» o «es imposible representar todas las dinámicas humanas en un único sistema de ecuaciones»). La estadística a menudo se usa en la prensa y televisión (y normalmente de forma errónea) para presentar tal o cual avance del gobierno en materia distributiva, y por una y otra cosa al final la gente termina pensando que el uso de números tiene que ver más con el control social y la administración del aparato estatal que con otra cosa.

Razón no les falta a aquellas personas que identifican la estadística con la administración institucional del control social, pero éste no es el único uso posible de la estadística. La estadística tiene una esencia que, inherentemente, se podría decir que es revolucionaria. La estadística necesita, ante todo, proporcionalidad (es decir, medidas comparables). Cuando hacemos un análisis estadístico de la sociedad del Estado español, por ejemplo, tratamos igual y comparamos a la persona rica y a la persona pobre, lo que nos permite decir qué tan rica es una persona en respecto con otras (o al contrario, qué tan pobre es un sector de la población, por ejemplo les inmigrantes, con respecto a otro, les autóctones). Para que se vea esto que escribo en perspectiva histórica: en el siglo XIX el francés Pierre Guillaume Frédéric le Play solamente podía analizar estadísticamente a la clase trabajadora, porque era inconcecible en aquella Francia mezclar en el mismo estudio a la burguesía y a las personas «inferiores.» De la misma manera, en el siglo XX no siempre se estudió a hombres y mujeres, dado que las últimas no siempre pudieron votar, por lo que eran frecuentemente excluidas del análisis socio-político. Así pues, a medida que la sociedad avanza en materia de derechos y libertades, también lo hace la estadística, la cual siempre está preparada para plantear nuevas preguntas. No obstante, la estadística también tiene el potencial de gatillar esos cambios sociales mediante la identificación de problemas e injusticias, por lo que la estadística ha venido cambiando con el transcurso de las sociedades, a la vez que ha ido influyendo dicho transcurso.

El uso de la estadística para estudiar fenómenos sociales se consolidó en el siglo XX, pero ya en el primer cuarto de siglo XIX los números se empezaron a usar para analizar los censos de población y los registros civiles. Lo que facilitó el uso de la estadística en el análisis de la sociedad fue la idea de que éstas pueden ser entendidas de una manera macro-social, global, más allá del comportamiento individual de las personas de dicha sociedad. Esto lleva a dos conclusiones: una es que si las sociedades son como son más allá de lo que hagan individualmente las persona, entonces, nada se puede cambiar. Pero ante esta óptica conservadora, también se puede plantear lo opuesto: si dinámicas macro-sociales juegan algún papel en la vida humana, entonces, lo que hay que cambiar es el sistema en sí (sustitúyase aquí sistema por sociedad, comunidad, capitalismo, etcétera). Precisamente esta segunda idea que proporciona la estadística es la que confiere a la disciplina un potencial revolucionario.

2. Uso histórico y emancipador de la estadística

La estadística empezó a usar datos de la población, de manera sistemática, en la primera mitad del siglo XIX. Karl Marx y Friedrich Engels usaban en sus escritos tablas y números para describir el capitalismo. En Bélgica, Adolphe Quetelet empezó a usar por entonces datos estadísticos para estudiar la sociedad de la manera sistemática: datos del Registro Civil, datos del Censo, datos judiciales… Más tarde, Émile Durkheim haría lo mismo pero de una forma todavía más sistemática y con mayores implicaciones teóricas. Hacia los últimos años del siglo XIX la estadística ya era una herramienta habitual del análisis social, lo que sirvió tanto a personas revolucionarias para describir las injusticias del capitalismo (se realizaron numerosos estudios estadísticos sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora), así como a personas conservadoras (avance del control social, avance de las ideas de la eugenesia, etcétera). No obstante, había en Europa un espíritu innovador que relacionaba el estudio social con la estadística, y así multitud de sindicatos a lo largo y ancho de la geografía europea hicieron uso de datos estadísticos para denunciar las barbaridades del capitalismo. Esto produjo una deriva de la estadística social hacia el mercado laboral, por lo que por un considerable tiempo la estadística social se dedicó a preguntar y responder preguntas sobre empleo, paro, salarios, inserción laboral, etcétera. A finales de siglo XIX surgieron las primeras oficinas estatales para el estudio estadístico del mercado laboral, normalmente adjuntas a ministerios de trabajo (los cuales se consideraron a principios del siglo XX).

Por aquel entonces, la concepción revolucionaria de la estadística social era innegable. Tanto personas anarquistas, como personas marxistas, hablaban de la estadística social como una herramienta para organizar y planificar la sociedad comunista del futuro. Los números eran concebidos como algo útil para mejorar la producción justa y solidaria de bienes y servicios. Además, como ya se ha mencionado antes, el uso de números facilita la crítica social, lo que era fundamental para señalar las injusticias del capitalismo (injusticias que se traducían en salarios muy dispares, tasas de mortalidad más elevadas entre las clases populares, etcétera y etcétera). A día de hoy ninguna de estas dos ideas parecen tener peso: el siglo XX adjudicó la estadística al control social, al poder, a los Estado-nación, y a la burguesía opresora. De forma más o menos consciente, se limitó el entendimiento de la estadística a su origen etimológico (estudio científico del Estado), haciendo así olvidar a la gente que los números tienen un gran potencial revolucionario. El olvido es parte del exterminio, y parece ser que hemos olvidado. Ahora toca recordar.

3. De los números… ¿a la revolución social? Cómo se organizará esta serie de artículos

Ya he explicado en qué pueden ser los números útiles: señalar injusticias, describir la desigualdad, cuantificar los problemas para compararlos, proyectar patrones y dinámicas hacia el futuro para intentar predecir en términos de probabilidad, organizar de una mejor manera la sociedad del presente… Las posibilidades son muchas siempre y cuando se usen los números de una manera correcta, porque los mismos números pueden servir para controlar a la sociedad, justificar la desigualdad existente, apoyar planes capitalistas de inversión en las colonias del capitalismo, etcétera. Los números, pues, pueden ser revolucionarios o reaccionarios, lo que nos lleva al viejo debate de si la estadística (los números) es realmente objetiva o no. En este texto no pretendo debatir sobre la objetividad y neutralidad de la ciencia (sea social, experimental, o natural), pero ya diré que no creo que lo sea (ninguna de las tres, desde la sociología hasta la física, no creo que haya proceder científico neutral y objetivo). No obstante, sí que existen hechos sociales que son externos a las personas. Por ejemplo: piense lo que piense hoy morirá une niñe de hambre en el continente africano. O piense lo que piense una mujer, al menos, será violada en alguna parte del mundo esta noche. La estadística no es neutral, y tampoco tenemos que querer que así lo sea. Los números son útiles para la revolución precisamente porque nos permiten estudiar esos hechos sociales que queremos denunciar y cambiar.

La serie «Explicando con números» presentará las técnicas de análisis estadístico más frecuentes, empezando por lo básico y avanzando hacia técnicas de análisis más complejas. Con ello no quiero decir que escribiré un libro de texto sobre análisis cuantitativo de la sociedad. Simplemente presentaré ideas y conceptos básicos, y lo intentaré hacer de una manera sencilla para que pueden ser aplicados por cualquier persona a la hora de analizar cualquier fenómeno social. Éste es un proyecto ambicioso al cual pretendo dedicar tiempo y cariño dado que creo que los números (bien usados) pueden ayudarnos a traer al mundo la revolución social. También, este proyecto tiene un gran carácter personal porque me gustaría transmitir las ideas y conocimientos que motivan a muchas personas a usar los números para erradicar la explotación capitalista. Muy a menudo se concibe todo esto como algo fuera del alcance de la «gente normal», como si fuera algo solamente para el uso exclusivo de personas académicas y científicas. Esto hay que cambiarlo. La adquisición de conocimiento básico sobre estadística no solamente ayudará a las personas a pensar de manera más crítica sobre las cosas que suceden en el mundo, sino que además tiene la ventaja de hacer a las personas inmunes al control social que a menudo vemos en prensa y televisión. Saber leer e interpretar una tabla estadística es fundamental tanto para hacer la revolución, como para defenderse de la reacción. O así pienso yo. Quiero hacer las cosas bien con esta serie de artículos, así que no me he propuesto ningún tipo de periodicidad en la entrega de artículos. Saldrán cuando estén listos y me satisfaga el resultado. Espero tener vuestra paciencia.

Pongamos la ciencia a trabajar por la revolución social. Quitemos a la burguesía la producción de conocimiento científico. ¡Muerte al Estado y su ciencia!

Por la destrucción de las prisiones

Nuestra «querida» Real Academia Española define «prisión» de la siguiente manera:

prisión.
(Del lat. prehensĭo, -ōnis).

1. f. Acción de prender (‖ asir).
2. f. Cárcel o sitio donde se encierra y asegura a los presos.
3. f. Presa que hace el halcón de cetrería, volando a poca altura.
4. f. Atadura con que están presas las aves de caza.
5. f. Cosa que ata o detiene físicamente.
6. f. Aquello que une estrechamente las voluntades y afectos.
7. f. Der. Pena de privación de libertad, inferior a la reclusión y superior a la de arresto.
8. f. ant. Toma u ocupación de algo.
9. f. pl. Grillos, cadenas y otros instrumentos con que en las cárceles se asegura a los delincuentes.

Pero prisión es una palabra que da para mucho más, sobre todo si empezamos a mirar la realidad en la que vivimos con otros ojos. Prisión es el supermercado de tu barrio, que esclaviza tanto a trabajadores (mediante jornadas delirantes y trabajos mecánicos) como a consumidores (mediante mil anuncios y colores que bombardean tu cerebro constantemente). Prisión es el colegio al que asistes (o asististe)  y donde te meten en la cabeza ideas como competitividad, trabajo duro, esfuerzo, sumisión, respeto al orden existente… Prisión es la oficina en la que te dejas la salud, y la mayor parte de tu vida, para ganar un mísero sueldo al mes mientras tus jefes se aprovechan de los frutos de tu trabajo. Prisión es la urna de las elecciones a las que concurres como participante pasive para depositar una papeleta que nada cambiará. Prisión es también la televisión que te «informa» de lo que pasa en el mundo desde una óptica sesgada y siempre a favor del poder existente.  Prisión son los millones de despertadores que se sincronizan a horas muy tempranas para levantar a millones de trabajadores al grito de «¡trabaja o muere!». Prisión son las corbatas, los trajes, los tacones, y los productos cosméticos que te venden para estar siempre «presentable.» Prisión es la familia opresiva que con ideas protectoras corta la imaginación de les niñes. Prisión son las relaciones amorosas basadas en los celos y la dominación. Prisión es la amistad sin solidaridad. Prisión es Facebook y sus amistades virtuales despojadas de olores y caricias. Prisión es la estúpida dieta que comes para alcanzar ese canon de belleza tan deseado. Prisión son las revistas del corazón que te entretienen con las miserias (no tan míseras) de la gente rica. Prisión es la programación basura de los «reality shows.» Pero prisión son también les compañeres que te juzgan por no seguir la teoría de moda. O prisión es el espacio «revolucionario» que no deja expresar tu individualidad por no cumplir con lo que la mayoría piensa y hace. Prisión son las ideas que se imponen como verdades absolutas sin plantearse sus propios fundamentos. Prisión es la cultura de masas. Prisión son las masas. Prisión eres tú si no rompes con todo lo que te aprisiona, empezando por ti misme. Prisión eres tú si no haces nada por liberar al resto de personas presas.

La vida, hoy por hoy, es una gran prisión. Y como toda prisión, ésta también tiene sus carceleres. ¿Qué haremos con les carceleres?

Escocia… ¿independiente?

Dentro de muy poco se votará en Escocia la cuestión de su independencia del Estado británico. El debate pro-independencia no solamente se ha basado en la identidad cómun de les «Highlanders», sino que también ha usado otros temas sociales para ganar votos como los de la monarquía, las centrales nucleares, la militarización del territorio, y sobre todo, la desigualdad social. Les nacionalistas escoceses han expresado en multitud de ocasiones que las políticas neoliberales provenientes de Londres hacen daño a la población de Escocia: recortes en materia social, protección del capital privado, desamparo de les más necesitades, etcétera. Pero, ¿una Escocia independiente realmente solucionará el problema de la desigualdad social? La respuesta, desde mi punto de vista, es un rotundo no.

1. Debates estériles

Los discursos nacionalistas pueden ser difíciles de rebatir si los tomamos demasiado en serio. Todo Estado-nación, como debiéramos saber, es una construcción histórico-política, con grandes repercusiones sociales, que se basa en supuestas identidades comunes ancladas en espacios geográficos determinados donde se comparten experiencias históricas, supuestamente comunes también, que determinan eso que llaman la identidad nacional. Los Estado-nación no caen del cielo como las gotas de lluvia, ni crecen de los árboles como las manzanas. Los Estado-nación se construyen a base de opresión, represión, y unificación de grupos sociales más bien heterogéneos. Todo discurso nacionalista apela a las emociones personales para inhabilitar la razón: que si les de este lado somos así, que si en este lado hemos hecho siempre las cosas de esta manera, que si nuestres abueles pensaban de tal manera, etcétera y etcétera. Se intenta crear una identidad común basada en elementos, supuestamente comunes, de carácter histórico y cultural. Y esto lo hace todo Estado-nación para justificar, a un nivel básico, su propia existencia. El nacionalismo catalán lo hace; el nacionalismo escocés lo hace, pero también lo hacen los  nacionalismos español y británico.

Por un lado, los debates que a menudo leemos en la prensa son estériles porque se enmarcan en un marco que es erróneo de partida. Muchas personas fallan al reconocer e identificar los discursos nacionalistas. Escocia, Catalunya, Euskal Herria… territorios nacionalistas dirán algunes. Pero, ¿no son acaso España y el Reino Unido Estados-nación también? Aquí se define «nacionalismo» con la misma lógica que promueve el racismo: a las personas se las clasifica por el color de su piel en comparación con lo que se llama «persona blanca», como si la «persona blanca» no tuviera color y fuera el centro de comparación universal. La misma construcción social opresiva la podemos encontrar en ciertos discursos nacionalistas, de esta forma España y el Reino Unido son Estados-nación no-nacionalistas, puntos centrales de comparación para definir qué es nacionalismo y qué no lo es. De ahí que les españolistas no puedan ver que España es un Estado-nación socialmente construido e ideológicamente sustentado por un discurso nacionalista unificador. Si bien éste es un problema que afecta a las personas nacionalistas defensoras de aquellos Estados-nación no-nacionalistas, su discurso es casi siempre el dominante en los medios de (des)información burgueses, por lo que el mensaje termina llegando a millones de personas. De esta manera se genera opinión pública favorable y se sustenta la idea de que España (o el Reino Unido) no necesitan de discursos nacionalistas.

2. Mito y mentira

Por otro lado, todo debate nacionalista desvía la atención de las causas primarias de la desigualdad social. En el caso escocés el SNP apela a la «sensibilidad escocesa» mediante ataques a las políticas neoliberales adoptadas en Westminster. Con el pretexto de que «les escoceses tienen más sensibilidad hacia políticas económicas distributivas y sociales», el SNP intenta crear una identidad nacionalista que traza una línea entre «Highlanders» e ingleses. De esta manera se genera (o se intenta generar) el «mito.» Al norte de la frontera, como se dice por allí, la gente es supuestamente más solidaria, más dada al Estado del bienestar, y más sensible a temas sociales. O eso es lo que nos cuenta el discurso nacionalista, contradiciendo los datos estadísticos provenientes de varias encuestas. Por ejemplo, la Scottish Social Attitudes Survey muestra que las diferencias entre escoceses e ingleses no son tan grandes como el SNP quisiera. Otro ejemplo, el partido que gobierno en Escocia, el nacionalista SNP, se dice muy social-demócrata, pero por años se niega a subir los impuestos sobre las rentas de las clases media y alta (aunque es cierto que en otras áreas el gobierno está invirtiendo mucho dinero en les más desfavorecidos, como en el caso del famoso «bedroom tax», con el cual Escocia está muy en desacuerdo). En definitiva, todo es creación de mito, apelando a idearios comunes de referencia y emociones compartidas que posibiliten un «Yes» en el referéndum.

Pero el gran mito es el del Estado-nación como aquella identidad que posibilita la creación de igualdad socio-económica (porque igualdad política, en teoría, está garantizada). Aquí es donde el discurso nacionalista da más que pensar. ¿De verdad una Escocia independiente del Reino Unido eliminará las diferencias de clase? ¿O de género? ¿O de etnia? Preguntémonos seriamente: ¿un estado escocés supondrá una mejora para las personas más desfavorecidas? ¿Cómo va a hacer el futuro Estado escocés para funcionar fuera de las dinámicas capitalistas de las que tanto se quejan? ¿Cómo va a hacer para escapar de las garras de la globalización? En definitiva, lo que se puede leer de fondo es: «usted vote «Yes» y nosotres le daremos un capitalismo más humano, administrado todo por el grandioso Estado escocés independiente, aye!»

3. Algo… ¿positivo?

Si bien es cierto que las clases sociales no desaparecerán en una Escocia independiente, así como les polítiques seguirán siendo polítiques al servicio de la burguesía (escocesa) y de las empresas, algo positivo tiene que haber en todo esto. Y así lo creo, pero personalmente sólo encuentro una única cosa: desfragmentación. Un Estado escocés independiente disminuiría la centralización del Estado británico, regionalizando así la política de un territorio y, supuestamente (y esperemos), acercando la política a la gente que vive en dicho territorio. Pero con todo, los problemas de base (las clases sociales, el capitalismo, el racismo, el sexismo, etcétera) no tienen por qué verse alterados. Un Estado-nación escocés seguirá siendo, hoy por hoy, tan capitalista como un Estado-nación británico. Que no nos digan lo contrario. La pregunta que nos debiéramos hacer es más bien, «qué preferimos, ¿dos Estados-nación de menor tamaño?» Mi respuesta, personal, sigue siendo la misma: muerte al Estado, sea escocés, británico, catalán, o español. Solidaridad entre las personas al norte y al sur de la frontera. El problema sigue siendo el mismo: el enemigo de clase que crea el capitalismo, y un Estado independiente, según se plantea hoy en día no soluciona nada de esto.

[Recomendación] Tenemos explosivos

Otra recomendación musical más. Esta vez una banda de la Región de Chile, de la región metropolitana en concreto, que cantan historias políticas de una manera bastante abierta a diferentes interpretaciones. La banda se llama «Tenemos explosivos» y tienen un único LP titulado «Derrumbe y celebración» publicado en 2012. En 2010 sacaron su primer EP titulado «Intervención enérgica en los asuntos de la nación.» En 2011 grabaron en vivo «Esquemas de replicación», y hasta aquí todo lo que tienen (hasta donde yo sé). En su sitio en Bandcamp podéis escuchar el LP y el EP de los que os hablo. Si os gusta el post-hardcore, que creo que así se etiquetan aunque no lo tengo muy claro, creo que esta banda os gustará. Uno de los aspectos más interesantes son sus letras, cargadas de influencias filosóficas (Kant, Nietzche…) y alegorías radicales. Si lo tengo bien entendido, la banda se disolvió porque el cantante decidió irse a Alemania a estudiar filosofía, o eso me contaron. Sin más os dejo con la primera canción de su LP, «El mejor jugado del fuego.»

Violencia

«El temor de que el movimiento anarquista asentado en nuestro país retome su campaña de violencia ha crecido exponencialmente en los últimos días» – El Mundo (27/07/2014)

Asco de prensa burguesa que solamente busca perpetuar la dominación y explotación desde su tribuna podrida por tanta autoridad moral. Nada bueno puede salir de sus salones, así que no te fíes de sus (des)informaciones, de sus recomendaciones culturales, ni tan siquiera de sus recetas de cocina. Publicarán lo que beneficie a la clase dominante y su sistema de esclavitud. Hablarán de anarquistas terroristas o jóvenes peligrosamente armades (¡con cerebros, diría yo!). Hablarán de tal o cual proyecto de ley como si les polítiques y los Congresos pensaran en la gente que les vota (piensan en elles cuando se acerca la hora de meter el dichoso papelito en la urna). Hablarán de la policía como la compañía sacrosanta encargada de velar por la seguridad de todas las personas (me meo). En definitiva, te presentarán una realidad perturbadora, maléfica, y amenazadora de la que solamente el orden, la ley, y aquellas personas que velan por estas cosas son capaces de salvaguardarte (física y moralmente).

No dirán que la violencia genera familias desahuciadas, que la violencia vive en la esencia de las hipotecas bancarias y, con más visibilidad, en la acción física de les payases con placa y pistola que te tiran la puerta y te sacan a las malas. No dirán que la violencia se aloja en esa casa de bufones llamada Congreso, donde una elitista minoría elige a otra élite todavía más minoritaria que decide sobre el futuro y las vidas de millones de personas. No dirán que la violencia impregna todas y cada una de las letras de las firmas de eses bufones tan prestigioses que se ganan la vida a costa del sudor y sangre del resto. No dirán que los mismos leones que guardan el Congreso están hechos con un material que supura pura violencia. No dirán que el barrio en el que se decide gran parte de la política de esta parte de la Península respira el violento hedor de la gentrificación y el «desarrollo» capitalista. No dirán que los coches de gama alta que conducen esos gorilas con gafas de sol y pinganillos en las orejas han sido fabricados a base de violencia y explotación. Para qué hablar del material que los propulsa, extraído a base de violencia contra el planeta y el futuro de nuestra especie, incluso promoviendo absurdas guerras contra pueblos tan inocentes que une se pregunta si es que realmente les seres humanes son inteligentes.

Tampoco te dirán que la violencia adorna los estantes coloridos de los supermercados, tan llenos de marcas vistosas, productos novedosos, y ofertas mega-fantásticas. O que la violencia fluye por la megafonía comercial de los grandes almacenes para controlar tus deseos consumistas y dictarte el ritmo al que debes caminar. No dirán lo violento que es ver solamente a personas blancas en los telediarios de un país que debe tanto a personas de otras latitudes. No dirán que su lenguaje es asquerosamente violento para con las mujeres, como si lo general y positivo fuera de género masculino y lo negativo y lascivo de género femenino. No dirán que la publicidad de sus programas de televisión, o los anuncios impresos en las páginas de sus periódicos llevan integrada la violencia de un sistema que chupa la vida a personas explotadas. No dirán que poder escoger entre Pepsi y Coca-Cola no es ni libertad, sino esclavitud en botellas de plástico. No dirán que todo el entretenimiento estúpido al más puro estilo romano del «pan y circo» es violencia contra la dignidad de cualquier persona que se sabe medianamente inteligente. No dirán que la delgadez de les niñes de ciertos barrios es violencia, más todavía cuando se contrasta contra la obesidad barriguera del vino y marisco de ciertas personas que gustan de chupar cámara en televisión. No dirán que la violencia se aplica en las escuelas, institutos, y universidades, donde además también te enseñan a que te guste dicha violencia y a agachar la cabeza ante las personas que la sustentan. En definitiva, no dirán que este podrido mundo suyo se basa única y exclusivamente en la violencia que unas clases ejercen sobre otras para poder vivir fagocitando a seres humanes adiestrades para ser devorades.

Cuando la violencia se institucionaliza, cuando se vuelve estructural, sistémica, y hasta «esencia» de la humanidad, les explotades tienen dos alternativas, y escoger entre ellas depende última y definitivamente de elles mismes. Una es agachar la cabeza, decir a todo que «sí», y seguir comiendo la mierda que nos echan. La otra es decir «no, ya basta.» Violencia no puede ser el acto de resistencia. Violencia no puede ser el acto de supervivencia. A ver si es que los medios de (des)información no saben distinguir entre actos violentos y poemas escritos en botellas flamígeras.

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