No tengo principios

Cuando terminé 2º de bachillerato y me preparé para presentarme al examen de selectividad (las PAU), cuatro chavales y dos chavalas estaban en la entrada del centro escolar donde tenía lugar dichos exámenes. Eran bastante jóvenes y no llevaban muchas pintas. Uno de ellos hablaba por un megáfono criticando las PAU y la Universidad, así como la educación en general. Uno de ellos llevaba una bandera anarquista y una chica me dio una octavilla que acepté gustosamente. En esa época tenía una mente muy volátil. Tan pronto como me interesaba el leninismo como la socialdemocracia o el anarquismo. Pero no me preocupaba de tener una tendencia política marcada y siempre me definía como de izquierdas. No obstante, esa octavilla me convenció. Era un breve texto que llamaba a no entrar en la Universidad, porque allí es una fábrica de mano de obra cualificada que servirían para satisfacer las demandas empresariales. Pero hice las PAU igualmente y al final decidí irme a FP.

En dos años cabé mis estudios y la empresa donde hacía las prácticas me hizo el indefinido. Desde entonces, pude emanciparme y ser independiente con un trabajo que medianamente me gustaba y sueldo aceptable. Nada más domiciliar mi nómina, el banco me ofreció una ganga de hipoteca que no dudé en firmar ya que pensé que con este sueldo y trabajo estable, lo podría pagar sin problemas. Eran los felices años 2002, en el que podías creerte clase media sin serlo y hacerte amiga del jefe porque él también trabajaba, te pagaba tu salario religiosamente, no te exigía horas extras, hacía cenas de empresa bastante a menudo y nos integraban, te dejaban cogerte más días de vacaciones… No sabía entonces los peligros que suponían hacerte más amiga del jefe que de tus compañeras, pero fue así. Éramos tan colegas que la explotación asalariada se disimulaba demasiado bien.

Pero llegó la crisis y la cosa cambió. Nos tocaron la jornada, los salarios y los horarios. Despidieron a algunas compañeras pero no hacíamos nada porque nos impedía razonar adecuadamente por el buen trato de la dirección que han tenido con nosotras durante mucho tiempo. A esto hay que añadirle su chantaje emocional: «tengo familia», «todos tenemos que apretarnos el cinturón», «me duele mucho más que a ti», «estamos en el mismo barco», «si cierro te vas a la calle»… Cosas así nos repetía el jefe. Las cenas de empresa dejaron prácticamente de hacerse, quedábamos en plantilla algo más de la mitad y haciendo horas extras sin cotizar. Pero callábamos. Ninguna quería irse al paro. Hasta que un día perdí la cabeza e insulté y amenacé al jefe. No aguantaba más y me dieron la patada. Unos días más tarde, una compañera de trabajo me comentó que debía haberme sindicado puesto que, según ella, el sindicato es la organización de los y las trabajadoras para defensa de sus intereses como clase.

—Da igual, ya es tarde y estoy en el paro —le respondí—. Posiblemente no encuentre trabajo.
—No te rindas todavía. Ve echando currículums y tirando de contactos, que algo saldrá. Por cierto, no perdamos el contacto tampoco, querida.

Seguí su consejo y en unos meses, me llamaron desde una ETT. Me vi forzada a aceptar cualquier cosa ya que hace un mes que tenía agotada la prestación por desempleo. A partir de entonces, decidí afiliarme a un sindicato que se decía anarquista para ver si podía luchar contra esta precariedad. No obstante, el sindicato no cumplía las expectativas que puse en él, pues los y las compañeras del ‘sindi’ dedicaban más tiempo a hacer otras actividades propias de colectivos sociales que sindicalismo. A mí me interesaba hacer cosas en el curro y en las asambleas siempre proponía el cómo afrontar el problema de la subcontratación con pocos resultados. Pero casi siempre allá donde aterrizaba me era imposible hacer algún tipo de actividad sindical, porque cualquier pequeño indicio de sindicalismo era motivo de calle. Así de gratis y por las buenas: calle. Aunque lo peor de todo, era lo poco que ayudaban las compañeras del sindicato. La volatilidad era terrible y me sentí sola. Al rato, la ETT quiso prescindir de mí. Por esta vez, gracias al sindicato conseguí una indemnización por despido. Y vuelta a empezar, esta vez tirando de cursillos del INEM y como no tenía suficientes días cotizados, solo pude coger el subsidio de desempleo: 426 míseros euros.

De aquí a unas semanas, el banco comenzó a acosarme con el desahucio. Estaba soltera, no quería tener pareja por miedo a perder la independencia que tengo gracias a la soltería. No obstante, una casualidad de la vida me jugó una buena pasada. Cuando volvía de hacer una compra una mañana, me encontré a unos 100m un grupo de gente gritando «no toleramos ni un desahucio más», rodeada por decenas de policías buscando alguna manera de dispersar a las personas allí concentradas sin que se note demasiado porque pasaban entonces mucha gente. Era una avenida bastante concurrida. Cuando me acerqué a ellas, un policiía me paró para identificarme sin motivo alguno. Querían intimidar a todas aquellas que quieran sumarse a la convocatoria de Stop Desahucios, aunque no lo consiguieron porque cada vez más personas se paraban a observar y las vecinas se asomaron a la ventana gritándoles a los policías que se vayan. Cuando llegó la comisión judicial, les notificaron que aplazarían el desahucio y podrían sentarse a negociar con el banco. Todo acabó bien y entonces hablé con personas allí concentradas para explicarles mis problemas y qué podía hacer.

A partir de entonces, me hice activista anti-desahucios y participaba a menudo en la asamblea de vivienda. Dejé finalmente el sindicato y mientras estaba en el paro, las compañeras de esta asamblea me ayudaban en lo que podían, incluso a negociar un alquiler social con el banco. Estuve con ellas unos meses parando desahucios, solidarizándome con las reperesaliadas y participando en manifestaciones convocadas por otros colectivos y organizaciones.

Unos días más tarde, pude encontrar trabajo gracias a un compañero de la asamblea. Durante el período de prueba, he estado bastante explotada pero observando la actividad sindical en la empresa, y hablando con sindicalistas de distintas centrales a la salida del trabajo contándoles mi situación. Necesitaba un sindicato que funcione como tal y que defienda los intereses de la clase a la que pertenezco, que sea participativo y acoja nuevas propuestas, que sea operativo en la empresa y pelee. Da igual si es anarquista o no, si participa en el comité de empresa o no. La cuestión es que sea funcional, que sirva como herramienta de lucha porque este es el papel de un sindicato, y el sindicato ni es un grupo de amigos ni son redes clientelares ni organizaciones políticas.

Cuando superé el período de prueba, me hicieron un contrato de año y medio, con salario más o menos decente y cotizando por fin. No dudé en sindicarme unos días después de haber escogido el que más se adecuaba a mí y donde me sentí más cómoda. A partir de entonces, comencé mi actividad sindical en la empresa y poco a poco estaba consiguiendo simpatizantes que venían a mi centro por una ETT. Mi idea era la de integrar al mismo centro de trabajo a las trabajadoras subcontratadas con las de plantilla. Durante este tiempo, tampoco dejé la asamblea de vivienda que se integró en la asamblea de barrio. Entonces llegó una convocatoria de huelga a nivel regional y estuvimos trabajando en prepararla para que se lleve con éxito.

Para el día D paralizamos casi toda la empresa y nos hemos llevado también a todas las subcontratadas. Nuestra central sindical consiguió ser la más representativa de la empresa, y la más combativa, a pesar de participar en el comité de empresa, cosa que no me terminó de convencer del todo pero lo asumí por cuestiones tácticas. En una manifestación, se me acercó un chaval de otro bloque de una manifestación paralela a increparme.

—¿Tu ahora qué haces allí? ¿No eras anarquista o es que no sabes que tu sindicato está en los comités de empresa?
—Sí. ¿Y qué importa eso cuando los miembros del comité no deciden sobre la asamblea? Quise un sindicato que pelee en la empresa y por eso…
—¡Venga ya! Eres una vendida, ¡no tienes principios!

Aquello último me marcó mucho. No sabía qué responderle y volví con mi gente. Sin embargo, estaba segura de que si existiera un sindicato igual de combativo y sin participar en las elecciones sindicales, me iría allí.

Cuando volví a casa, al ordenar un poco mi habitación encontré ese panfleto que repartieron el día de las PAU. Lo volví a leer y me tumbé en la cama a reflexionar. «No tienes principios»— me resonaba aquella voz. Sí. No tengo principios. Nunca los tuve. ¿Para qué? ¿Para reafirmarse en el grupo de amigos? ¿Postureo? Las circunstancias de mi vida me han llevado hasta aquí: a haber sido engañada por las falsas ilusiones burguesas, luego a plantar cara a los problemas sociales cotidianos, a ayudar a las más desfacorecidas, a aquellas que les amenazan con quitarles la casa, a las que tienen problemas en el trabajo, a quienes dan la cara y sufren los porrazos, las multas y las penas de prisión, a quienes les niegan la atención sanitaria y ésta se vea cada vez más deterioradas… En mi efímera adolescencia soñaba con el fuego de la revuelta y las miradas de complicidad en cada disturbio, con okupar casas y vivir del pillaje, no trabajar nunca y simplemente vivir la vida salvaje, errante, viajando por el mundo de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo. O si no es eso, dejar el trabajo asalariado e irme a una cooperativa integral a hacer mi vida, a encerrarme en la burbuja de una sociedad paralela y pasar de las luchas reformistas, esas que paran desahucios, negocian alquileres sociales, piden aumentos de salario, cumplimientos del convenio, no privaticen los servicios públicos… y dedicarme a la realización personal y espiritual. Todo para tener principios y ser coherente.

Pero la realidad fue un duro revés para mí. Esos sueños adolescentes se desvanecen cuando contacté con la realidad, cuando me di cuenta que aquello en lo que creía en la adolescencia no era más que literatura o de unas cuantas aventureras que quieren su libertad en el ya, o de personas sensatas que experimentan modelos de vida alternativos. A pesar de todo, la realidad en la que me ha tocado vivir tiene otras dinámicas y jamás coincidirá con mis expectativas y mis caprichos. Me ha tocado esta situación, no puedo cambiar el pasado y corregir los errores que cometí. Ahora se trata de salir adelante.

Envuelta en un mar de dudas, me pregunto, ¿dónde está esta gente con principios? ¿Dónde están que no las veo en las asambleas de barrio? ¿Dónde están cuando damos la cara parando desahucios u ocupando sucursales bancarias? Incluso, ¿dónde están cuando liberamos un edificio entero para realojar a las familias desahuciadas? ¿Dónde están cuando pedimos solidaridad con unas compañeras represaliadas, sin importar sus ideologías políticas, pero luego nos increpan por desconocer los casos de encarcelamiento de sus compañeras anarquistas? ¿Dónde están cuando se necesita apoyos en las huelgas indefinidas? ¿Dónde están, en general, cuando apostamos por la construcción de movimientos populares, por contribuir al crecimiento del sindicalismo combativo en los centros de trabajo, por el crecimiento del movimiento estudiantil y en general, por extender las luchas? De hecho, la gente de los movimientos sociales en general (incluidas algunas anarquistas) que no resaltaba sus principios era la que estaba en primera línea dando batalla, aunque hay excepciones… Otras simplemente aparecen encapuchadas en las manifestaciones para tirar piedras y luego desaparecer, para que luego, las que no van preparadas para la guerrilla urbana se coman la brutalidad policial y las represalias. ¿Quiénes son esa gente con principios? ¿La vanguardia del proletariado? ¿La revolución de unas minorías?

Definitivamente, no tengo principios. Al menos no aquellos que se tienen como excusa para no dar un palo al agua. El problema es que, parece ser, que esa gente con principios se desentiende de todo. Pasa de todo lo que no entren en sus principios. Su pedantería les hacen ser las mismas personas que ellas mismas critican. Porque los principios deberían servir como base para construir alternativas políticas reales, para la intervención social y el fortalecimiento de los movimientos populares, para elaborar estrategias políticas, hojas de ruta, programas y proyectos de mayorías. En definitiva, para construir y no para el postureo, el folclore y los sectarismos. Y lo que le falta a esa gente con principios es que bajen de su pedestal o de sus altares y sean humildes, que se preocupen por los problemas sociales y participen en buscar soluciones, que se manchen como lo hacemos todas las que luchamos, que dejen de excusarse todo el rato y transmitir actitudes derroteras y, en su lugar, transmitan motivaciones y ambición aportando sus granitos de arena.

Análisis de conflictos sociales. Una aproximación

La conflictividad social ha existido desde los inicios de la humanidad hasta la actualidad y seguramente en el futuro, y va a continuar sucediéndose mientras sigan desigualdades sociales estructurales provocados por las relaciones de producción capitalistas. Empezamos con lo básico: ¿Qué es un conflicto? Un conflicto, en términos generales, se da cuando existen dos o más partes enfrentadas, lo que en este caso sería el enfrentamiento colectivo entre dos o más grupos humanos dentro de una misma sociedad. Hay muchos tipos de conflictos: bélicos (guerra popular, guerra civil, guerra imperialista…), laborales, vecinales/barriales, de clases, etc en el cual están involucrados numerosos actores, pero en este artículo vamos a trazar unas líneas básicas para el estudio y análisis de los conflictos sociales, ya que es importante que desde el anarquismo nos dotemos de herramientas analíticas para obtener información sobre el cual trabajar en la creación de hojas de ruta orientadas a la transformación social.

En varias ocasiones, hemos visto análisis tan simples como, por ejemplo, que la intensidad de unos disturbios marcaba la radicalidad de los conflictos así como algo que se utilizaba como baremo para medir cuán politizada y luchadora era una parte de esa población. Estos análisis tan pobres solo sirven para construir espacios de confort y autocomplaciencia en el cual se disfruta del espectáculo de las revueltas. No obstante, un conflicto social es mucho más complejo que lo que se ve, que casi siempre suelen ser las acciones que más resaltan del conflicto, es decir, las acciones simbólicas y espectaculares. Para tener una buena base para el análisis de conflictos, necesitamos pues tener en cuenta los siguientes factores, los cuales, los acompañaremos con un breve ejemplo de la guerra de Kobanê como supuesto práctico:

Antecedentes. Este es el punto de partida de nuestro análisis. En este apartado, tendremos que analizar la evolución histórica de la población en donde se dieron origen los conflictos. Una vez tengamos los datos de su historia, procederíamos a encontrar las causas que dieron lugar al estallido del conflicto y sus detonantes.

Kobani es una ciudad de mayorías kurdas. La etnia kurda constituye uno de los pueblos sin Estado más grandes de Oriente Próximo que han tenido una cultura de resistencia que impidió que sean aplastados o absorbidos por los Estados-nación de la región. En concreto, Kobani es uno de los tres cantones que forman Rojava, el Kurdistán occidental, que recientemente han declarado la autonomía democrática, proyecto político llevado a cabo a iniciativa del PYD, partido hermano del PKK que opera en Turquía. Entonces, Kobani funciona bajo el confederalismo democrático, cuyas bases son el feminismo, el ecologismo y un comunalismo inspirado en el zapatismo, que en la práctica se traduce en un sistema de democracia directa en el cual las bases son las asambleas que actúan en diversos ámbitos de la vida cotidiana (género, comunidad, economía,…) en donde se toman las decisiones que atañen a la población.

Al estallar la guerra civil siria, la región de Rojava eligió no participar en ninguno de los bandos enfrentados y así conseguir una relativa paz en el norte de Siria. No obstante, esa relativa paz fue perturbada, a mediados de septiembre de 2014, por la invasión del Estado Islámico que venía desde Iraq y pasando por Siria. Atacaron Kobani ya que querían primero conseguir un respiro tras algunas pérdidas en Iraq y alcanzar la frontera turca, lo que supondría también dividir los cantones que formaban Rojava. Las milicias kurdas YPG e YPJ no tardaron en reaccionar.

Espacio y tiempo. Los conflictos siempre se dan en un espacio en concreto y en un período de tiempo determinado. Aquí tendremos que situar en el mapa las zonas en las cuales se dan los conflictos, la expansión a otros territorios, las retiradas o sus desplazamientos; así como marcar en la línea temporal los inicios, los acontecimientos y su continuidad en el presente o su finalización.

La batalla en Kobani duró aproximadamente cuatro meses, siendo el día 27 de enero del 2015 el día de la declaración oficial de la liberación de la ciudad. No obstante, el conflicto no termina aquí, pues los combates todavía continúan hoy a las afueras de la ciudad.

¿Dónde se sitúa Kobani? Kobani es una ciudad fronteriza con Turquía al norte de Siria y toma esta posición en el mapa:

Al anterior mapa habría que complementarlo con otros más que muestran la variación de los frentes de batalla, como por ejemplo, éstos: 1, 2, 3, 4 y 5.

Tejido social y actores involucrados. El tejido social es la composición social de los territorios en conflicto, es decir, cómo están distribuidas las clases sociales, la distribución de la riqueza, su componente cultural y étnico, el grado de organización popular y cohesión entre las clases populares, etc. Y cuando hablamos de actores aquí, hablamos de entidades colectivas que se articulan como una fuerza política que juega un determinado papel en el conflicto. Un actor político es aquella fuerza que interviene en el escenario político y social, y su nivel de fuerza se caracteriza primero por la base social y el apoyo popular que tiene, y luego, por su grado de cohesión interna (unidad teórica, organizativa y de acción).

A lo largo de un conflicto, las fuerzas de los actores varía en función de quiénes tienen una mejor estrategia política y por tanto, influir más en el tejido social y los movimientos populares. Hay que tener en cuenta primero que, como los gases, toda fuerza o actor político tiende a ocupar todo el espacio posible y, por tanto, los vacíos políticos no existen. Tampoco podemos pensar en solo dos opuestos enfrentados, sino que hay que verlo como un conjunto de relaciones entre las fuerzas políticas en el tablero, como la neutralidad, las alianzas tácticas/estratégicas o políticas, las rivalidades y las enemistades o de confrontación directa. Además de esto, tendremos que distinguir entre actores principales, quienes protagonizan el conflicto en el cual participan, y actores secundarios, que forjan alianzas con los principales o son independientes sin llegar a tener influencias decisivas. Durante un conflicto, pueden irrumpir en escena nuevos actores (fuerzas políticas que van ganando base social, jugando acertadamente la política de alianzas y aumentando su capacidad ofensiva) y/o que otros actores bajasen del escenario (debilitamiento interno, escisiones, estancamiento, aislamiento de su base social…, en otras palabras, pérdida de fuerzas e influencia en el escenario).

La composición social de Kobani no solo es de mayorías kurdas, sino también en la región conviven otras etnias como asirias, turcomenas, árabes, entre otras, que también han sido incluidas en la participación política y la sociedad de la región. También, conviven diferentes confesionalidades religiosas, como cristianas, musulmanes, laicas, entre otras. En Kobani no podría señalar con exactitud la composición de clases, aunque una aproximación a ella nos diría que predominan prácticamente las clases populares con capacidad para administrar la economía y la política. Rojava en general y en concreto Kobani están en una situación de embargo llevado a cabo por Turquía y el gobierno del KRG con Barzani a la cabeza y aliados de Turquía y Occidente. Hay que decir que no toda la población se adscribe al confederalismo democrático, aunque tienen voz igualmente y pueden participar en las asambleas.

Los principales actores en este conflicto son, en un lado: el PYD como fuerza política, las YPG-YPJ junto con otras milicias kurdas menos conocidas como fuerzas político-militares. Y en el otro lado, se encuentra el Estado Islámico (ISIS). Los actores secundarios serían, por un lado, fuerzas aliadas de las kurdas: Pershmergas (la milicia del KRG que decidieron finalmente ofrecer apoyo militar a Kobani pese a sus diferencias políticas), el Ejército Libre Sirio (entrada posterior) y EEUU (aunque jugó un papel muy pasivo, pero con la excepción de algunos bombardeos y envíos de suministros para las YPG/YPJ). Y en el otro, se encontraba Turquía que ofrecía apoyo logístico al ISIS así como económico comprándoles el petróleo. 

Escenario y acontecimientos. La configuración de los movimientos populares y su fuerza real dependerá de los actores políticos principales en el escenario, así como de las fuerzas políticas enemigas con quienes están directamente enfrentadas. El escenario son los lugares donde se dan los acontecimientos que forman parte del conflicto, es decir, donde tienen lugar los enfrentamientos directos y la implementación de las estrategias de los actores políticos y movimientos populares en escena.

Los acontecimientos forman parte del desarrollo de los conflictos, los cuales son todas las acciones llevadas a cabo en el transcurso de un conflicto. Además, serían la parte más visible, y es por el cual se entran a conocer los conflictos. En esta parte, se analizan las acciones, reacciones y los movimientos de cada parte involucrada, así como las tácticas y estrategias llevadas a cabo por los actores políticos y los movimientos populares.

Ante los ataques terroristas del ISIS, gran parte de la población civil huyó de la ciudad buscando refugio tras la frontera turca. La salida de la población civil permitió a las milicias hacer más agilmente sus maniobras militares. Quienes se quedaron, ofrecieron todo su apoyo, tanto logístico como de cobijo a las milicias para que puedan realizar sus misiones. De hecho, las YPG/YPJ estaban totalmente integradas con aquellas personas que decidieron quedarse en la ciudad para ofrecer todo el apoyo posible. Gracias a la perfecta sincronía entre fuerzas político-militares y la población civil, resistieron y pudieron vencer, y esto es, el pueblo articulado políticamente.

La guerra se desarrolló en la misma ciudad de Kobani, donde en los días más críticos el ISIS dominó más de la mitad de la ciudad, y en los alrededores. Militarmente, el ISIS fue superior ya que traía armamento pesado de Iraq y tenía afluencia de nuevos militantes que entraban a Siria sin muchos problemas a través de la frontera turca. Entraron con tanques, atacaron con morteros y lanzacohetes, además de utilizar coches bomba y atentados, así como matanzas hacia la población civil. No obstante, el ISIS no pudo contra la articulación político-militar del pueblo. Las YPG e YPJ, armados solo con armamento ligero y algunos lanzacohetes, pudieron con mucho esfuerzo y sacrificio, aguantar los embates del ISIS e incluso lanzar contraofensivas exitosas contra los terroristas, entre ellas, una que liberó una gran zona al oeste de Kobani en octubre. Relatar todos los sucesos y batallas daría para largo si además tenemos que incluir las acciones que siguieron otros actores políticos secundarios.

Trasfondo. Aquí realizaremos el análisis a un nivel más teórico y estructural, donde tendremos en cuenta los intereses, las motivaciones y aspiraciones de cada bando enfrentado, así como sus tendencias políticas (bases ideológicas), hojas de ruta, objetivos, reivindicaciones y programas. Incluso podría añadir los significados que tenga tal conflicto, lo representativo que puede llegar a ser, sus similitudes con conflictos pasados y el valor simbólico.

David Graeber escribió acerca de la similitud entre la guerra de Kobani con la Revolución Social de 1936 en España, en el cual, se compara la pasividad de la comunidad internacional y la poca repercusión y cobertura mediáticas que tuvo así como la vida en Rojava. Además de ello, la guerra tuvo un valor simbólico de un enfrentamiento entre los fanatismos y totalitarismos representados en los yihadistas y la libertad de los pueblos en Kobani y las milicias. Esta guerra retrató también que a la comunidad internacional no le interesa que exista una verdadera democracia en Oriente Próximo, donde tiene cabida la diversidad religiosa y étnica que conviven pacíficamente. Por otro lado, también demuestra que el socialismo libertario (aunque no perfecto debido a la difícil situación) no es una utopía, que es posible por mucho que lo nieguen los capitalistas. Las YPG e YPJ se comprometieron a defender la revolución hasta la muerte y en ningún momento renunciaron a este compromiso ni abandonaron a su gente, a la base social que confió sus esperanzas en las milicias, mientras que el ISIS es utilizado por las potencias occidentales para mantener constantemente una situación de guerra y tener excusa para intervenir en ella y disputarse los recuros petrolíferos. 

Al liberar oficialmente la ciudad de Kobani gracias a la ayuda de los Pershmergas y parte del Ejército Libre Sirio, los combates a partir de entonces fueron más holgados, ya que además capturaron mucho armamento y municiones que dejaron los terroristas derrota tras derrota. Rápidamente, se liberaban los pueblos de alrededor y poco a poco, la gente iba regresando a Kobani y a los pueblos liberados. Todas estas victorias dan unas inyecciones brutales de moral para el pueblo kurdo y las etnias oprimidas de Oriente Próximo, además de servir como ejemplos y motivaciones para la lucha de los pueblos del resto del mundo.

Consecuencias, finalización o continuidad, y «lo que deja». En todos los conflictos siempre hay daños, tanto materiales y físicos como psicológicos y morales. Por ejemplo, en el caso de los bélicos, deja muertes, ruinas, caos, desabastecimiento, éxodos, barbarie… Luego, hay coflictos que terminan y otros que continúan o entran en un nuevo ciclo con nuevos actores y nuevos intereses enfrentados. En la finalización, veríamos los resultados y consecuencias tanto en la población local como en otras partes cercanas o con vinculación a las zonas de conflicto, quiénes salieron victoriosos y quiénes tuvieron que cargar con la derrota, así como qué experiencias (errores y aciertos) dejaron en las luchas. Todo ello formaría parte del «lo que deja». Son las enseñanzas que quedarán grabadas en las páginas de la historia. En caso de que continuara, lo más acertado es buscar un hueco para intervenir a favor siempre de las clases explotadas, sea apoyando un conflicto lejano o intervenir directamente si nos queda muy cerca.

A pesar de la victoria sobre el ISIS en Kobani, la ciudad está completamente destrozada. Son solo ruinas y cadáveres y se ha convertido en un lugar prácticamente inhabitable como la ciudad de Homs, arrasada por la guerra. No obstante, surgieron muchas iniciativas de reconstrucción de Kobani en el cual participan colectivos e individualidades, entre ellos, la DAF, un colectivo anarquista turco muy afín al confederalismo democrático que ha estado apoyando a la lucha kurda desde tiempo atrás. Por entonces, al menos Kobani ya logró la paz con la eliminación del ISIS, pero les quedan la ardua tarea de reconstrucción.

Por una vez en la historia, el pueblo ha conseguido una victoria bien merecida y lograda que festejamos también el resto de pueblos del mundo. Esta victoria nos demuestra también que la guerra y la revolución se han de hacer a la vez, que solo el pueblo en armas puede lograr este importante acontecimiento, sin requerir de gobernantes ni ejércitos profesionales, sino una fuerza armada emanada desde el corazón de las clases populares. Seguramente les quedarán muchos retos incluso dentro del propio territorio. Sin embargo, aún el conflicto no ha concluido, pues la amenaza del ISIS sigue allí y los combates también. La situación del conflicto ha cambiado y se ha vuelto favorable para las kurdas por ahora, aunque no por ello tengamos que relajarnos.

Estos factores constituyen las líneas generales para el análisis riguroso de conflictos sociales, y decimos generales porque habrá conflictos en que se necesitarían añadir más factores u omitir ciertos puntos. Añadir también que todos los factores anteriormente mencionados están estrechamente relacionados entre sí, no pueden ser utilizados aisladamente. Por otro lado, he omitido bastantes datos en el supuesto práctico debido a que he tratado de ser lo más breve posible para no alargar demasiado el artículo, y que por lo visto, un análisis completo de un conflicto social requeriría un artículo muy muy extenso. He escogido este ejemplo porque creo que los conflictos bélicos de esta índole ilustran mejor la metodología de este tipo de análisis, lo que no quita que se pueda aplicar esta herramienta analítica para extraer información rigurosa y detallada de otros conflictos sociales, como las huelgas, las de barrio, territoriales, indígenas, etc.

Otro dato que tengo que señalar es que cualquier conflicto social tiene base en la lucha de clases, por lo tanto, es imposible entender bien un conflicto social sin tener una perspectiva de clase en los análisis. Estos conflictos sociales son manifestaciones coyunturales, con mayor o menor grado de intensidad, de la lucha de clases.

El objetivo principal del que deriva la dotación de herramientas analíticas es la intervención social y política de las anarquistas de cara a construir un proyecto de mayorías y revolucionario, no para quedarse única y exclusivamente en el mundo académico. Este análisis tampoco es neutral porque la neutralidad solo es la reproducción de los valores del sistema dominante, por lo tanto, nosotras la rechazamos. No obstante, sí pretende ser objetivo, imparcial y riguroso, ya que solo partiendo de estas bases podremos conseguir información veraz sobre la que trabajar y partir de bases sólidas para construir nuestras estrategias políticas. Por último, podéis probar a aplicar estas bases para analizar los conflictos en Gamonal, Can Vies y la huelga de técnicos y técnicas de Movistar y observad luego los resultados obtenidos.

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Se buscan líderes anarquistas… ¡y referentes!

Seguramente os sonarán nombres como August Spies, Carlo Cafiero, Angel Cappelletti, Camilo Berneri, Nestor Makhno, Errico Malatesta, Francisco Ascaso, Buenaventura Durruti, Emma Goldman, Federica Montseny, Conchita Guillén y un sinfín de nombres que no cabrían en la lista. Os sonará igualmente David Graeber, Abdullah Öcalan, Felipe Correa, Murray Bookchin, Carlos Taibo… Todos ellos anarquistas, no anónimos y anónimas, pero tampoco dirigentes. Ni siquiera ocupan ni representan ni pretenden ser sus representantes del movimiento libertario. Estos personajes, tanto actuales como históricos, tanto de acción como teóricos y teóricas, realmente no inventaron nada nuevo aunque fueron personas creativas. De las primeras, simplemente, sintetizaron las ideas y las praxis a partir del estudio y articularon todos estos conocimientos bajo un ideario documentado que posee referencias a ideas de muy diversas autoras. De las segundas, personas de acción tales como Makhno, Durruti entre otras, destacan por su perseverancia, iniciativa, compromiso y voluntad férrea, con visión estratégica y sagacidad, ambición y capacidades comunicativas. Estas características son propios de líderes/lideresas, y esta es una de las razones por las que he querido responder a nuestro compañero La Colectividad, cuyo artículo es de lectura recomendada para seguir el hilo del temario. Y ya que estamos, ¿por qué no echarle un vistazo a éste también del sabio lagarto Acratosaurio?

Para ir abriendo boca, quisiera matizar una cuestión conceptual importante: no es lo mismo hablar de líderes que de dirigentes o jefes. La diferencia está en que los líderes y lideresas son personas que describí en el anterior párrafo: personas que destacan por su iniciativa, por su agudeza intelectual, su creatividad y su lucidez. Personas que dinamizan, que saben transmitir sus pensamientos y las opiniones de otras personas, que saben cómo comunicar sus mensajes (capacidad comunicativa), que mueven al grupo e instigan la participación de otras personas, que tienen ambición, que escuchan y resuelven, que consiguen su legitimidad y reconocimiento ganándose el respeto de las demás. Sin embargo, el dirigente, jefe o jefa es quien se impone por la fuerza, con base en la idea del respeto y obediencia a una autoridad. Un dirigente impone sus intereses sobre los de los demás, no es legitimado realmente por su base social (con algunas excepciones). Aunque el difigente pueda compartir características con los líderes y lideresas, hay un matiz que en la práctica se nota y mucho. Pongamos otra vez a Nestor Makhno y Buenaventura Durruti como ejemplos de líderes. Sí, líderes anarquistas;

Nestor Makhno era una persona que aparenta un temperamento frío y calculador, pero sentía dolor cuando veía caer a sus compañeros de lucha, aunque sabía ocultarlo bien, impidiendo así que se debilitara emocionalmente ante las pérdidas de sus compañeros. Poseía un caracter fuerte, fue un gran estratega y lo que aprendió en las cárceles, lo supo transmitir e implementar. Supo mover y organizar unos destacamentos guerrilleros en un Ejército popular compuesto principalmente por campesinos y campesinas. Supo sintetizar los problemas por los que atravesaba las mayorías campesinas entonces y recoger esa necesidad revolucionaria de derrocar toda forma de opresión a través de la lucha armada y la construcción de un nuevo orden social basado en el comunismo libertario. Allá donde su Ejército Negro libertaba pueblos del yugo de las diversas reacciones tanto monárquicas como capitalistas, allá se ganaba la simpatía de la población. Y desde allí creó movimiento. Este ejército se erigió como un ejército de liberación que defendía la libertad del campesinado y el proletariado, y así lo hizo. Así pues, Makhno lideró esta fuerza político-militar, pero no lo hizo porque se haya impuesto, sino porque se ganó el puesto por sus actuaciones, su personalidad, iniciativa y firmeza. Mucha gente admiraba su valor y sus grandes dotes estratégicos, y por ello, llegó hasta allí y cumplió su papel de liderar una buena parte del movimiento en el campo militar, pues lo demás no era competencia del Ejército. Dentro del Ejército Negro, la disciplina se aceptaba voluntariamente, nadie estaba obligado a ingresar en él, pero quien entrase, tenía que aceptar esta disciplina por voluntad propia, por ser consciente y estar convencido de formar parte de un ejército de liberación, cuya lucha es la defensa de la revolución.

Buenaventura Durruti en los inicios de su trayectoria política, ingresó en la UGT, aunque posteriormente haya sido expulsado por la radicalidad de sus ideas. Poco después conocería la CNT, donde se convenció firmemente de las ideas anarquistas. Durruti realmente no fue un gran teórico, ni fue un gran orador como Salvador Seguí, sino un hombre de acción. Pero su fuerza en los discursos y lo directo en cómo los transmite, con su entonación como a martillazos, junto con sus acciones, instigaba al resto de obreros a la lucha. Sus discursos transmitían esa fuerza y espíritu necesarios para avanzar, esa energía que motivaba y levantaba ánimos a quienes le escuchasen. No se andaba con rodeos ni se perdía en términos demasiado técnicos. Iba muy directo y sabía transmitir perfectamente su perseverancia e iniciativa. De hecho, su famosa frase «Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Y este mundo está creciendo en estos instantes», recogía el anhelo de todos y todas las anarquistas de aquella época y a la vez describía la expansión del anarquismo como fuerza política revolucionaria. Desde el inicio de su militancia anarquista hasta su muerte, estuvo siempre en pie de guerra, pasando por las cárceles y el destierro, formando parte del famoso grupo Los Solidarios y como uno de los comandantes de la célebre Columna Durruti, que comenzó reuniendo a unos 2.500 hombres y consiguó llegar a tener hasta más de 6.000.

Ambos hombres de acción murieron sin acumular ningún patrimonio. Su entrega a la lucha fue total y jamás disfrutaron de privilegio alguno cuando estuvieron al frente de la comandancia. Makhno huyó a Francia, llegando a París y murió allí enfermo en la miseria. Durruti murió en Madrid por una bala perdida, sin dejar tampoco nada de valor. No obstante, ¿qué tendría que ver esto con la actualidad? ¿Qué hay de la diversidad del movimiento libertario… o más bien su atomización? ¿De verdad la existencia de líderes y lideresas coarta la libertad individual? El caso de la okupación de la Universidad de Zagreb que menciona La Colectividad es bastante interesante e ilustrativo que sustentaría su argumentación. No obstante, el liderazgo no siempre supone una sola cabeza destacada y visible. El liderazgo se puede dar a cualquier escala. Cualquiera que en una asamblea o un grupo lleve cierta iniciativa, que dinamice, que cree, sintetice y exprese lúcidamente las inquietudes del resto, que sepa transmitir las demandas colectivas al exterior, jugaría su papel de líder o lideresa. Otra característica del liderazgo es que no siempre recae en una única persona, sino que puede rotar según qué circunstancias y cuánta base social sea su apoyo, así como cuántas les toman como referente.

Y ya que estamos, vamos a añadir la figura del o de la referente. Un o una referente sí que es una persona pública, que destaca sobre todo por su capacidad comunicativa y por su formación teórica, quienes son reconocidos por otras personas las cuales acuden a dichos referentes como fuentes de inspiración y conocimientos. Bakunin, Malatesta y demás hombres y mujeres de ideas son ejemplos de referentes ¡y hasta Bonnano para las insurreccionalistas!. Gracias a estos nombres conocidos, tanto líderes como referentes, el anarquismo sigue vivo hoy, y que con el anonimato y sin liderazgos, seguramente en las páginas de la historia no se habrían escrito revoluciones sociales como la del ’36, la Comuna de Shinmin o la Makhnovitschina, ni hubiésemos presenciado, desde la historia reciente hasta hoy, la resistencia del pueblo Mapuche, el levantamiento zapatista ni el Movimiento de Liberación Kurdo ni la Revolución social en Rojava (he de matizar aquí que Öcalan no es expresamente un líder, sino un referente, un símbolo que inspira la lucha del pueblo kurdo, que le guarda un profundo respeto).

El Acratosaurio posiblemente nos hable de referentes más que líderes, personajes públicos que recojan y transmitan a la sociedad las opiniones comunes de los y las anarquistas. Hemos de reconocer que los mass media siguen teniendo mucha más difusión que nuestros medios, y que ni nuestras páginas web, ni nuestros canales de vídeo ni la difusión en las redes sociales en las calles, pueden igualarse a los mass media. Seguramente, en un debate en La Sexta donde salga Carlos Taibo (o alguna otra cara visible del movimiento libertario) haga llegar el mensaje anarquista a más personas que personas anónimas difundiendo por medios alternativos. Y ahora bien, ¿qué es lo que queremos: comunicar mensajes a otras anarquistas o visibilizar nuestras alternativas políticas? En otras palabras, ¿hacemos política para sí o política para fuera? ¿Nos comunicamos únicamente dentro de nuestros círculos militantes o queremos transmitir nuestros mensajes de cara a los movimientos sociales y a la sociedad, en concreto, a las clases explotadas?

La necesidad de cabezas visibles y presencia mediática del anarquismo responde a la necesidad de visibilización, porque el aislamiento es nuestra condena. Sí es cierto que no puede haber nadie que represente y recoja TODAS las opiniones y pensamientos de la diversidad del movimiento, pero la idea no es tener solo una persona, sino muchas: destacados anarcosindicalistas, cabezas visibles de los feminismos, intelectuales académicos, economistas que promuevan la autogestión, y activistas y militantes de diversos ámbitos en los movimientos sociales y políticos.

Ahora bien, La Colectividad habla de que con los sabotajes también comunican, ¿pero qué? ETA también quema cajeros para comunicar un mensaje. De hecho, cualquiera lo puede hacer, hasta un hooligan del Ultras Sur. Entonces, ¿qué sentido tiene? Caer en lo mismo que critican las propias insurreccionalistas: el espectáculo. Quemar cajeros, levantar barricadas y demás acciones de guerrilla urbana, sin llevar detrás una base social amplia, no es más que simple espectáculo, el cual solo alimenta el riotporn, algo con lo que disfrutan otras anarquistas que no viven en directo las revueltas y se dejan llevar por el morbo del fuego y los cristales rotos. Dejando a un lado esto, analicemos la forma comunicativa en sí. ¿A quiénes se dirigen? ¿Realmente consiguen instigar las luchas? ¿Qué aportan? Este tipo de mensajes materializados en acciones desde el anonimato son mensajes que únicamente parecen enfocados a anarquistas convencidas, pero que dejan de tener sentido para aquellas que no lo son realmente, ni tampoco instigan a otras personas a luchar aunque hayan quienes odien a los bancos pero éstas únicamente se quedan con un «ya era hora de que ardan…» pero no mueven, no se organizan y solo disfrutan del espectáculo de la guerrilla urbana, ¡craso error creer que por liberar animales, quemar cajeros y montar barricadas lleven por arte de magia que ciertas personas se hagan anarquistas y sigan esas acciones! Porque no aportan nada constructivo, ni ofrecen más alternativas que reivindicaciones maximalistas por la libertad tras ataques simbólicos pero únicamente se enfrentan al brazo armado del Estado, sin ser conscientes de la enorme diferencia de fuerzas, motivo principal por el que a la represión le es fácil aislar al insurreccionalismo, y al anarquismo ya de paso, de posibles apoyos sociales.

Por otro lado, el fuego utilizado para comunicar algo en Gamonal o Can Vies o desde la misma Echarxia destaca no por su espectacularidad, sino que dicho mensaje fue legitimado por una base social, la cual es la fuerza real que le da contenido político-social a los cajeros rotos y sucursales en llamas.

Por último, ¿qué sentido tiene decir que somos ingobernables mientras vamos a la deriva y continuamente forzadas por la coyuntura, sin tener unas hojas de ruta ni estrategias políticas que permitan al movimiento libertario ser un actor político real para transformación social? La Colectividad acierta al decir que tenemos potencial, pero no toda persona es capaz de desarrollarla. Así como que las clases explotadas y los colectivos sociales oprimidos (de etnia y de género)  tienen el potencial de ser las únicas clases sociales con potencial revolucionario, no podrán materializarla si no existen referentes ni líderes ni lideresas que articulen discursos acordes a la coyuntura, que proponga hojas de ruta y que lleven iniciativas.

Ya para ir terminando, se necesitan líderes y lideresas anarquistas para callar la boca… ¡de quienes nos calumnian, de quienes nos explotan por costumbre y constantemente atacan el anarquismo! Necesitamos personas que no tengan miedo a hablar en público, que dinamicen las asambleas, que sean creativas y resolutivas, que en todo momento se mantengan constructivas, que dialoguen, que muevan y motiven al resto… Obviamente, esto NO significa que tengamos que quedarnos esperando a que salgan lideresas de debajo de las piedras, sino que no rechacemos de antemano los liderazgos, algo que siempre va a existir en cualquier grupo humano, y por ello lo aceptemos en sentido positivo, tal y como como nos dice el Acratosaurio, «necesitamos líderes anarquistas, personas que […] sepan articular todas esas ideas que tenemos en el ambiente: ese desdén por los partidos; ese rechazo a la política profesional; esa exaltación de la asamblea; ese impulso a la participación política de todos[as]; ese igualitarismo que exige el fin del saqueo; esas necesidades insatisfechas en vivienda, educación, sanidad, alimentación; esa indignación ante la explotación y el abuso… Ese anhelo de una sociedad diferente, y tal y cual.«. Eso sí, debemos cuidarnos de que los liderazgos no degeneren en dirigismos y jerarquías informales. No tengamos miedo de aquellas personas que recopilen y sinteticen las inquietudes libertarias y cree a partir de esos conocimientos y experiencias, nuevas formas de acción e intervención social y política, que nos saque del estancamiento, que se visibilice y mueva iniciativas y que, en general, construyan.

Ofensiva y estrategia política

Anteriormente, hemos tratado la cuestión de los movimientos sociales, la multisectorialidad y la ofensiva. Ahora, finalizaremos esta improvisada y pequeña serie de artículos tratando la estrategia política. Para que cualquier movimiento popular pueda pasar a la ofensiva, es imprescindible también que tengan hojas de ruta y estrategia política. ¿Y qué es la estrategia política? La estrategia, en general, es un conjunto de tácticas orientadas a lograr un objetivo en un entorno complejo donde entran en escena multitud de factores. Y específicamente, la estrategia política tiene que partir del análisis de coyuntura, herramienta por el cual se extrae información detallada del entorno que nos rodea para poder intervenir en el escenario político y social con el fin de lograr una serie de cambios, permitiéndonos avanzar hacia la consecución de nuestras metas finales. Desde ese necesario análisis de coyuntura, podemos ver que nuestras metas finales son actualmente inalcanzables, siquiera en el medio y largo plazo, lo que lleva a plantearnos metas intermedias y más alcanzables, que nos permitan avanzar posiciones. Aquí es donde entra en escena la cuestión de la estrategia política.

La ausencia de estrategia polícia hace que los movimientos tiren por inercia, es decir, se muevan a la defensiva ante la necesidad de parar los ataques de la clase dominante sin saber contraatacar. En otras palabras, son forzados por la coyuntura y no impulsados desde una perspectiva de confrontación. La expresión «algo hay que hacer» ilustra perfectamente este problema, que se manifiesta en la realidad a través de las metodologías de acción-reacción, es decir, de responder solo cuando hay un ataque significativo, de propuestas vagas y muy generalistas o conservadoras de querer volver a una fase anterior o mantener el estado actual de las cosas. Las consecuencias principales de la falta de estrategias políticas son que los movimientos se encuentren desorientados y yendo a la deriva (esto en los peores casos), estando siempre influenciado por la coyuntura, encontrándose con callejones sin salida y llevando encima la volatilidad y vueltas a empezar de cero. Dentro del propio movimiento libertario, la dinámica es similar, aunque ya se está intentando superar con las nuevas iniciativas que surgieron recientemente. La falta de estrategia política nos ha condenado a la marginalidad y al aislamiento.

La necesidad de superar el «algo hay que hacer» pasa por tener una visión estratégica, esto es, superar los aires derroteros que suponen las movilizaciones por inercia y poner sobre la mesa estrategias de actuación e intervención en el escenario político y social. Por ello, hemos de preguntarnos algo que en su día lo hizo Lenin: «¿qué hacer?», que adaptándolo a nuestra coyuntura serían: ¿qué hacer con cada problema de ámbito sectorial (vivienda, servicios públicos, trabajo, educación, territorio…)? ¿Qué hacer ante la inoperancia y descrédito de otras fuerzas políticas rivales —que no enemigas porque las enemigas son las fuerzas políticas de la dominante que se haya en confrontación directa contra nosotras—? ¿Qué hacer ante los recortes en derechos sociales en general y la continua ofensiva neoliberal? ¿Qué hacer ante el oportunismo y el auge del fascismo?… cuyas respuestas serían las que sirvan de base para realizar hojas de ruta y programas enfocados en la intervención social. Desde esta visión estratégica, veremos las diversas opciones políticas como fuerzas, cuya fuerza real residirá en la legitimación que se les dé desde las bases. También hay que tener en cuenta que las fuerzas políticas tenderán a ocupar todo el espacio que puedan, o sea, que si una fuerza política abandona el espacio, será otra que lo ocupe. Así pues, si no se plantean alternativas fuera de las instituciones que apuesten por la autonomía, la confluencia y coordinación, y la radicalización de los movimientos sociales bajo discursos comunes que apunten a la superación del capitalismo y otras formas de dominación; no tardarán dichos movimientos en ser cooptados por partidos políticos que adecúen su discurso para llevar los movimientos sociales a las urnas, con su consiguiente desmovilización y asimilación por el sistema. Y esto es lo que está pasando actualmente.

Por ello, el planteamiento de la ofensiva no solo pasa por construir un movimiento multisectorial, sino también por adoptar estrategias políticas que permitan el avance de todo el movimiento popular. La ofensiva es inseparable de la estrategia política, de hecho, es desde la estrategia política lo que nos lleva a plantearnos estas premisas de ofensiva y multisectorialidad. E incluso añadiría que la visión estratégica debe partir desde el primer momento en que aspiramos a una transformación radical de la sociedad, que debe apuntar a construir, fortalecer y fomentar la autonomía de los movimientos sociales, que una vez realizado esta tarea aspire a la articulación de la multisectorialidad y por consiguente, construir una fuerza política con fuerza real capaz de conseguir cambios no solo en esta coyuntura, sino que aspire a transformar lo estructural (relaciones de producción capitalistas, neocolonialismo, heteropatriarcado, supremacismo blanco, etc…). En general, que esté enfocada en aumentar nuestra fuerza como clases sociales oprimidas.

Antes de terminar, para ilustrar mejor el concepto de estrategia política, podríamos tomar un supuesto práctico en el que, por un lado, los sindicatos mayoritarios pasen por un descrédito generalizado y vayan en decadencia por la pérdida de afiliaciones, de desencanto y desconfianza de la clase trabajadora, y su pérdida de capacidad de convocatoria; y por otro, el porcentaje de trabajadoras sindicadas sea relativamente bajo (alrededor del 10% vamos a suponer). Ante esta coyuntura en que una fuerza rival se esté debilitando, debemos aprovechar ese descrédito para llenar los huecos que han dejado. En este supuesto, sería acertado que los sindicatos de clase y alternativos se muestren como herramientas funcionales para la defensa de los intereses de la clase trabajadora, que fomente la participación de la afiliación y de simpatizantes, que sepa responder ágilmente ante la precariedad laboral, la temporalidad y la subcontratación en todos los sectores productivos, tanto desde la pequeña empresa como hasta la gran empresa y, sobre todo, que arranque victorias, aunque sean pequeñas, pero que las consigan, las mantentan y aspiren a otras mayores.

También podríamos escalar este supuesto práctico y llegar hasta la confluencia del movimiento obrero y el sindicalismo combativo con las luchas estudiantiles y las luchas por la vivienda digna así como con el movimiento okupa. Y otro supuesto práctico, ya dentro de los ámbitos libertarios, sería el aparcar en todo lo posible a un lado el enfrentamiento ideológico con otras tendencias políticas dentro de la izquierda y optar por salir de la marginalidad y superarles en fuerza real antes que las otras tendencias, lo que nos lleva a trabajar en el terreno social a través de la inserción en los movimientos sociales, responder ante los problemas sociales inmediatos e impulsar las luchas, para conseguir la necesaria base social que impulse realmente los movimientos populares y que éstos tengan un carácter lo más libertario posible, capaz de plantar cara al sistema capitalista a través de la creación de alternativas de confrontación.

En resumen, la estrategia política apunta a empujar mediante la creación de alternativas políticas que aspiren a superar el orden existente. La estrategia política además implica algo de astucia y mucha ambición, insertarnos en la realidad material, aprovechar las oportunidades que se nos presentan e intervenir o atacar, pero no atacar simbólicamente, sino de manera sistemática y planeada; tener constancia en nuestras actividades políticas y sociales, y no dejarlo todo a la improvisación; acumular las experiencias y no tener que empezar de cero; y no atacar a través de la fuerza bruta, sino con la fuerza emanada desde la autoorganización popular y su articulación política. En este sentido, la estrategia política es la que da contenido a la ofensiva.

¡May Day, May Day!

Como cada año desde 1890, tal día como hoy se conmemora a los Mártires de Chicago, estableciendo este día como el Día Internacional de los Trabajadores. La historia del 1º de mayo tiene origen en los comienzos del movimiento obrero en EEUU, momentos en que existía una creciente conflictividad de la clase trabajadora, cuya principal reivindicación era la jornada de 8h. No obstante, no voy a dedicar este artículo a relatar la historia de la revuelta de Haymarket o quiénes fueron los Mártires de Chicago, pues hay un artículo que lo explica con bastante detalle, así que pasaré a tratar el significado de este día hoy, en la actualidad.

Prácticamente a día de hoy a casi nadie le suenan los nombres de George Engel, Samuel Fielden, Adolph Fischer, Louis Ling, Michael Schwab, Albert Parsons, Oscar Neebey y August Spies, ni sabrían que fueron obreros anarquistas, unos condenados a la horca, y otros cumplieron penas de cárcel. Nos hicieron perder la memoria y ya siquieran habla del Día Internacional de los Trabajadores, sino que hemos llegado a oír aberraciones como Fiesta del Trabajo. Tal es así el olvido que ya no sabemos los motivos por el que se conmemora este día y los sindicatos del régimen —los del pacto social y los que firman retrocesos en derechos laborales— hacen flaco favor al olvido, o incluso apropiándose de este día para sus propios intereses.

A las anarquistas nos corresponde rescatar la memoria de los Mártires de Chicago, de la conquista de la jornada de 8h a través de la huelga general y no negociando con la patronal, pero además de rescatar la memoria, algo importante por el cual llenar de contenido político este día, nos corresponde dar unas respuestas acordes a la coyuntura en que nos encontramos. Ya no estamos en 1917, ni 1936, ni los ’70 ni los ’90. Siquiera los felices años 2005. Estamos en 2015, en un panorama de recortes en derechos sociales en general y de derechos laborales en particular. Estamos viendo cómo la patronal está a la ofensiva aprovechando la crisis como excusa para abaratar despidos, saltarse convenios cuando les dé la gana, hacer EREs, subcontratar, la temporalidad… y en general, exprimirnos cada vez más con la amenaza de engrosar el ejército de parados y paradas. El tejido productivo ha sufrido y está sufriendo una reestructuración en el cual ganan peso las PYMES y el sector servicios, con una industria mermada y los campos destrozados. La precariedad laboral y la temporalidad están a la orden del día en el sector servicios y en las PYMEs, lo que dificulta la creación de secciones sindicales en la empresa debido a la volatilidad en el puesto de trabajo así como la cercanía del jefe como obstáculo. No solo eso, la subcontratación también es otro gran obstáculo para neutralizar el sindicalismo. Es por esto que el modelo sindical clásico ya no resulta tan operativo en entornos donde en un mismo centro de trabajo la división de los y las trabajadoras están a la orden del día entre plantilla indefinidas y temporales, subcontratadas y falsas autónomos. A esto hay que sumarle también la precariedad en las PYMEs del sector servicios y sus plantillas pequeñas, volátiles y altamente flexibles que impiden el establecimiento de un entorno favorable para la actividad sindical. Por todo esto principalmente, es necesario adaptar el sindicalismo (de clase) a los nuevos tiempos y hacer de los sindicatos unas herramientas funcionales para la defensa de los intereses de la clase trabajadora a la vez que nos permita avanzar y confluir con otros movimientos sociales.

A pesar de todo, nos encontramos con una clase trabajadora también desencantada con los actuales sindicatos de concertación, y una gran mayoría de trabajadores y trabajadores que no tienen afiliación sindical. No obstante, el sindicalismo sigue estando vigente y sigue siendo necesario mientras no desaparezca el conflicto capital-trabajo. Conste que no estamos hablando del sindicalismo vertical o de concertación, sino de modelos sindicales alternativos y de clase. En este aspecto, desde el anarcosindicalismo hemos de impulsar una alternativa sindical acorde a los tiempos que corren, teniendo claro que el combate no está solamente en criticar el nefasto modelo sindical de los sindicatos del régimen, sino ganarles en los centros de trabajo, aprovechando también el descrédito por el que están pasando. Para terminar, podéis echar un vistazo a las convocatorias para este 1 de mayo de 2015 y acudir a la convocatoria de tu localidad.

¡Primero de mayo, nada que celebrar, mucho por conquistar!

Multisectorialidad y ofensiva

En un artículo mío anterior donde traté la multisectorialidad, me quedé sin tratar más a fondo una cuestión muy relacionada en cuanto a éste tema. Se trata pues de la ofensiva y las limitaciones que tiene la sectorialidad, lo que lleva a pensar en trascender las luchas de ámbito específico para articular movimientos más amplios. La cuestión de la multisectorialidad precisamente lo desarrollé a raíz de las limitaciones que cada sector en lucha tenía, y por tanto, aisladamente no podrían ir más allá de la defensa de los problemas sociales que afectan específicamente a ese sector. Antes que hablar de la ofensiva, trataremos las limitaciones que tiene cada sector principalmente.

El ámbito laboral. En mi artículo anterior señalé que actualmente el movimiento obrero no es ya el eje central de las luchas, sino una más entre las tantas que hay pese a ser éste donde se encuentran más directamente enfrentadas el conflicto capital trabajo. La principal limitación en el movimiento obrero es el ámbito economicista. El sindicalismo en sí no puede convertirse en un movimiento revolucionario, sino que está limitado en el terreno del modelo productivo dentro del sistema capitalista. Sin embargo, el sindicalismo puede servir para la organización de la clase trabajadora y aspirar a tomar los medios de producción y autogestionarlos. No obstante, si los proyectos autogestionarios no salen de la economía de mercado, no supondrá una transformación de raíz.

Movimiento estudiantil. El ámbito educativo en donde actúan, los y las estudiantes encontrarán una gran limitación en cuanto a reivindicar un modelo alternativo al actual orientado cada vez más a los mercados. Así pues, los modelos educativos inspirados en la enseñanza libre dentro de una sociedad capitalista es muy limitado precisamente por las regulaciones de los Estados y la financiación que requieren. Es impensable un modelo educativo de esta índole en la sociedad de clases.

Los servicios públicos. En este ámbito tan polémico entre anarquistas, la limitación está precisamente en la financiación, que como mucho en esta sociedad capitalista, si no queremos que se privaticen la Sanidad, Educación, suministros y demás, dicha financiación solo podría venir de los presupuestos generales del Estado, sin permitir la injerencia de empresas privadas. Aunque en su gestión puedan darse más peso en la comunidad que en la administración del Estado.

La lucha antirrepresiva. Este es el ámbito donde más desgaste económico, físico y psicológico suponen por los pocos resultados que se consigue a pesar de los grandes esfuerzos invertidos. Es lo que tiene cuando supone un enfrentamiento contra una fuerza mayor, que es el brazo armado del Estado. Su principal limitación es la necesidad de redes de apoyo muy amplios para superar el aislamiento y la sobrecarga de la militancia así como los altos riesgos que corren.

Los movimientos rurales y campesinos. Hablar de tales movimientos en los países capitalistas avanzados no tendría mucho sentido más allá de pequeñas cooperativas de agricultura ecológica, cuya limitación reside en el poco peso que tiene el campo además de una ausencia total de movimientos campesinos. Pero no así suceden con los países latinoamericanos en los cuales existen movimientos campesinos e indígenas fuertes. Si bien el campesinado entraría dentro de la clase obrera, su ámbito de actuación no es el mismo que el del proletariado urbano, además de que los conflictos inmediatos en los campos no son los mismos que en las ciudades. Además, aunque los movimientos campesinos e indígenas consigan tierras y constituyan territorios autónomos, se encuentran en la periferia de los núcleos capitalistas que son las ciudades.

Las luchas por la vivienda y los barrios. Aunque uno de los puntos fuertes de estas luchas sean la construcción del tejido social local, su principal limitación es el territorial al darse en el ámbito local. No obstante, tiene una gran potencialidad si se conectan con otros sectores en lucha.

Las limitaciones que vemos en cada sector en lucha hace que únicamente adopten una postura defensiva, tratando solamente de resistir las embestidas del neoliberalismo. Si miramos hacia el enemigo, podemos ver cómo desde los años ’70 el neoliberalismo desde que surgió como salida hacia delante de la crisis de entonces, está continuamente yendo a la ofensiva: atacando primero al bloque soviético y buscando alianzas con Estados europeos, atacando continuamente los derechos laborales y sociales, apoyando y promoviendo golpes de Estado en Latinoamérica y América Central, etc, hasta hoy en día con la implantación del euro y la UE, haciendo retroceder en materia de derechos laborales en cada reforma laboral, metiendo mano a los servicios públicos estatales como Educación, Sanidad, pensiones, aguas, etc, y ahora con el TTIP que permitirá menos regulación en protección medioambiental, más retrocesos en derechos laborales, más poder para las multinacionales y fondos de inversión con tribunales privados supranacionales que pueden juzgar a gobiernos que perjudiquen sus tasas de beneficios, entre otras cosas.

Es por ello que nos preguntaremos, ¿cómo puede ser que continuamente el neoliberalismo esté a la ofensiva mientras que los movimientos sociales estamos siempre a la defensiva? Y esto es un problema que viene dado, principalmente, de la falta de políticas de alianza entre sectores construídos bajo un denominador discursivo común, es decir, una hoja de ruta con propuestas y reivindicaciones que permitan avanzar, no solo resistir. Y este avance solo puede venir por la articulación de un movimiento popular multisectorial, pues solo así podemos superar las limitaciones que vienen en cada sector en lucha. Decir que esto solo son pequeñas pinceladas con la pretensión de que sirvan como aporte de cara a construir futuras hojas de ruta y que posiblemente me deje muchas cosas en el tintero. Pondré a continuación unos breves ejemplos:

—Comenzaremos pues con el movimiento estudiantil, que tiene muchas conexiones con el mundo laboral puesto que la mayoría de estudiantes entrarán, después de su formación, al mercado laboral. Cada vez la línea se hace más difusa entre el mercado laboral y la formación, que se ve en las prácticas de empresa tanto de FP como de Universidad. Además, con este nuevo panorama laboral en el cual se introdujo la formación continua y los conceptos de recualificación, en realidad suponen la necesidad de «reciclarse» de las trabajadoras para seguir las demandas de competencias en el mercado laboral. Es por ello que necesariamente el movimiento estudiantil tenga que tener conexiones con el sindicalismo (de clase).

—Ahora, ante la precariedad laboral, el paro y la disminución del poder adquisitivo de la clase trabajadora, el acceso a una vivienda digna también se ve dificultada, así como el problema de los desahucios, por lo que necesariamente tendrán que conectarse con las luchas por la vivienda y también contribuir a construir un tejido social que rompa el aislamiento y poner en práctica así el apoyo mutuo y la solidaridad en los barrios. También, debido a la gentrificación que sufren los barrios por la especulación inmobiliaria y la conversión de los barrios en espacios de ocio consumista, se plantea la necesidad de abrir espacios políticos y sociales que contrarresten la cultura consumista e hiperindividualista de las sociedades capitalistas y constituyan focos de resistencia.

—Y puesto que todo movimiento contestatario recibirá la represión del Estado, es imprescindible que la cuestión antirrepresiva tenga inserción en todos los sectores y sea visibilizado como un problema que afecta a todas y que todas pueden sufrirlo.

Una estrategia de ofensiva pasa primero por reconocer que cada ámbito de lucha y sus problemas no son problemas separados y específicos, sino que tienen origen en una estructura material común, que es el capitalismo en su fase neoliberal y los Estados modernos que lo sustentan. Dicha estrategia ofensiva no consiste en el ataque a los símbolos del capitalismo y al Estado ni en las posiciones vanguardistas de una minoría militante, sino que debe surgir por la articulación política de todo el movimiento popular, que no solo sea capaz de arrancar victorias en cada sector, sino que tenga capacidad para materializar alternativas que trasciendan el propio sector. Así por ejemplo, para poder poner en marcha proyectos educativos alternativos, son necesarios no solo tomar los centros para la gestión comunitaria, sino también tener inserción en los barrios y en el mundo laboral fomentando los valores de lo común para que no queden en proyectos marginales. A partir de este punto, la articulación política de los movimientos debería enfocarse en programas que respondan a las necesidades del momento y ponerlas en marcha en cada contexto, teniendo como bases el anticapitalismo, el apoyo mutuo y la solidaridad, la autonomía y la horizontalidad, así como los feminismos, el internacionalismo y el antirracismo.

Somos conscientes de que todavía estamos muy lejos de poder plantar una estrategia ofensiva contra el sistema capitalista, y esto es precisamente a que, como anarquistas en particular, no estamos construyendo las bases sociales que serían la fuerza social que nos permita articularnos como fuerza política. Por eso, debemos plantearnos la inserción social como primer paso para la ambiciosa tarea de transformación social revolucionaria. Debemos ser capaces de dar respuestas a los problemas inmediatos y potenciar los movimientos sociales como estrategia a corto plazo para arrancar pequeñas victorias y acumular fuerzas a partir de ello para poder aspirar a objetivos mayores. La ofensiva implica el combate político-social directo contra el sistema capitalista y la agudización de la lucha de clases impulsada por un movimiento popular amplio y articulado políticamente.

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