Introducción al anarquismo (I). Unas bases

Prólogo

Con la era de Internet, existe gran cantidad de materiales de contenido libertario que podemos consultar, así como libros básicos para comprender el anarquismo. Sin embargo, una cantidad excesiva de datos no ayuda a definir unas líneas de tendencia concretas y termina creando una suerte de autodidactismo para el autoconsumo o el mero estudio académico. Por tanto, veo la necesidad de crear un itinerario formativo con un contenido específico y concreto, unos mínimos para lograr unas bases comunes sobre las que poder ir trabajando y ampliando. En esta serie, solo trataremos la cuestión política del anarquismo y sentar unas bases para la intervención social. Otros temas complementarios serán: disciplinas de las ciencias sociales (economía, historia, sociología, antropología, etc), los feminismos (de clase, transversal, transfeminismo…), el espacio físico (administración y ordenación del territorio, medio ambiente, crisis energética, cuestión nacional, identidades culturales, etnia, racismo, movimientos de liberación/autodeterminación de los pueblos…), entre otros campos.

En cuanto a las cuestiones prácticas (organización interna, comunicación, relaciones con los movimientos sociales, presentaciones públicas, asambleas, plenos, congresos, convocar/asistir a actos de protesta social, hacer sindicalismo, etc), éstas se irán desarrollando con las experiencias en las luchas y con los encuentros y debates con otras militantes.

Los materiales que selecciono contendrán aportaciones ya escritas en esta web así como de sitios externos.

Índice de contenidos a publicar:

1.-Unas bases.
2.-La visión estratégica.
3.-Programa, articulación política y estructuración del movimiento.
4.-El análisis de coyuntura.
5.-En la realidad material.

Unas bases

Cuando oímos hablar de anarquía o anarquismo por primera vez, pensamos que sería caos y barbarie, o un sueño irracional que aboga por la destrucción de lo existente y promueve el caos como fin en sí mismo. Otras veces, nos lo presentan como una bella utopía donde todo el mundo vive en armonía, pero totalmente irrealizable. Sin embargo, estos prejuicios asumidos por la mayor parte de la sociedad son falsos. La idea del anarquismo como caos es alimentada por los medios de comunicación de masas al asociarse el anarquismo a la violencia callejera y al «terrorismo de baja intensidad». De la otra manera, tacharla de utópica, convierte al anarquismo en una suerte de idealismo para bohemios curiosos y pequeñoburgueses. Tanto vincular el anarquismo con la violencia como decir que es una utopía, son artimañas para despojarle de todo contenido social y político de transformación radical de la sociedad hacia un modelo social y político sin clases ni Estado. Pero, ¿qué es el anarquismo? El anarquismo es la rama libertaria del socialismo y la vía política que persigue dicho fin. El socialismo es concebido como modelo de sociedad realizada con base en la libertad, donde el régimen de propiedad sobre los medios de producción y los instrumentos de trabajo sean comunes y socializados, estando bajo control y gestión directas de los mismos trabajadores. Esta base será sobre la que se construya la democracia económica, donde la economía esté subordinada a los intereses de las personas y no al revés como ocurre actualmente en el capitalismo. A su vez, la democracia económica permitirá la democracia política, esto es, básicamente, que la administración de la vida social y sobre el territorio recae en los órganos, consejos y asambleas obreras libremente asociadas y federadas. La vía política del anarquismo hacia el socialismo libertario parte, básicamente, del fortalecimiento de las clases trabajadoras, impulsando dicho fortalecimiento desde las luchas que se dan en cada momento, siempre desde la base, a la vez que los va dotando de orientación política, que sigue unas líneas estratégicas y programáticas que giran en torno a un proyecto político: el socialismo.

El anarquismo como corriente política nació con Proudhon, aunque bien existieron episodios en la historia antes de la Revolución francesa y los orígenes del pensamiento socialista que narran experiencias de diversas sociedades sin Estado y rebeliones campesinas, obreras y de esclavos, pero que no podrían considerarse anarquistas como tales. Proudhon fue quien puso sobre la mesa el concepto del anarquismo como orden natural de las cosas y perfiló un modelo de sociedad diferente al capitalismo, cuestionando así la propiedad privada sobre los medios de producción. La Comuna de París en 1871 sería uno de los primeros experimentos revolucionarios con un proyecto político de inspiraciones anarquistas y comunistas, en el cual, se estableció una administración de carácter popular y obrero. Posteriormente, Bakunin y Kropotkin desarrollaron más el modelo de sociedad y organización económica de Proudhon. A la par que fue avanzando la revolución industrial durante el s. XIX, comenzaba a formarse un proletariado a partir del éxodo rural y con ello, las primeras sociedades de resistencia obreras. Comenzaba también a perfilarse el pensamiento socialista, primero en su rama utópica (Owen, Fourier…) y luego Marx y Engels fueron quienes desarrollarían el socialismo científico, el cual influirá en el anarquismo colectivista de Bakunin, y terminaría distanciándose del de Marx por diferencias en la concepción de la autoridad. La I Internacional (AIT) fue la organización obrera de caracter sindicalista que nació como respuesta al capitalismo salvaje de entonces, y tenía influencias tanto de Bakunin como de Marx. La Alianza por la Democracia Socialista de Bakunin sería la primera organización política anarquista que tenía como objetivo dotar de orientación política a la AIT. Durante el primer tercio del s.XX, el anarquismo constituiría una tendencia política revolucionaria que jugó un importante papel en la formación y crecimiento del sindicalismo revolucionario, las ocupaciones de fábrica en Alemania e Italia, y las revoluciones proletarias en España, Rusia, Ucrania, la región china de Manchuria, México, Brasil, Bulgaria… hasta el inicio de la II Guerra mundial.

Hasta 1939, el movimiento obrero de países como España, Alemania e Italia cayeron bajo las botas del fascismo, y con ello, también fue derrotado el movimiento anarquista en Europa. Solo en Bulgaria el anarquismo como fuerza política habría sobrevivido hasta los finales de los años ’40. (Para ampliar conocimientos, puedes consultar este artículo)

Como obra introductoria de esta primera entrega, el libro de Daniel Guerin titulado «El anarquismo. De la doctrina a la acción» cumple el papel idóneo para tener unas bases más claras. Esta obra viene dividida en tres partes: en la primera, trata el plano teórico del anarquismo en sus diferentes tendencias acerca algunos conceptos como el de rebeldía, la cuestión del Estado y el capital, el individuo y las masas, la democracia burguesa y el socialismo autoritario. En la segunda parte, pone sobre la mesa el rechazo de la utopía, la necesidad de la organización y las cuestiones relativas al modelo económico del anarquismo. También toca el internacionalismo y el federalismo. Por último, repasa la trayectoria del anarquismo como movimiento revolucionario en la praxis desde sus orígenes en la AIT, la Alianza de Bakunin, la Revolución Rusa, la Makhnovitschina, los consejos de fábrica en Italia en la década de los ’20 y la Revolución Social en España. Se puede descargar en pdf aquí. También podéis echarle un vistazo a este cuadernillo de formación. Algunas lecturas complementarias: «Historia del movimiento makhnovista» de Arshinov, «El apoyo mutuo. Un factor en la evolución» de Kropotkin, «Revolución no es dictadura. La gestión directa de las bases en el socialismo» de Luigi Fabbri y «Anarcosindicalismo. Teoría y práctica» de Rudolf Rocker.

Desde la derrota de las revoluciones obreras tras la II Guerra Mundial, pocas señales de vida habría dado el anarquismo hasta las revueltas de mayo del ’68 en París, momento en que se declararon huelgas indefinidas a las que se unieron estudiantes y en la ciudad se vivió un clima insurreccional. Cuando estas revueltas fueron aplastadas y una vez satisfechas las demandas de los huelguistas, la derrota de mayo del ’68 causó que muchas tendencias de la izquierda revolucionaria se refugie en lo literario. A partir de los ’70, comenzaba la primera ola neoliberal en el cual destacaría el eje Reagan-Thatcher. Esta era trajo dictaduras militares en Chile y Argentina, y en el resto del mundo occidental supuso una ola de privatizaciones y recortes en derechos laborales y sociales. Un importante suceso fue la derrota de una huelga general en el sector minero de la mano de Margaret Thatcher en el Reino Unido. El anarquismo mientras, una buena parte de éste fue despojado de todo contenido político y social y sería impulsado en su mayoría desde las subculturas como el anarkopunk a partir de los ’70 hasta la entrada del nuevo milenio, época en que crecieron los movimientos antiglobalización.

En la actualidad, el anarquismo a nivel mundial ha dejado de ser una fuerza política protagonista de los cambios sociales y en muchos casos, había dejado de disputar el escenario social y político como una fuerza política, aunque actualmente estamos contemplando iniciativas de cambios de tendencias en Europa y en América Latina, por ejemplo, la Izquierda Libertaria de Chile ya está desarrollando unas líneas políticas de disputa en escenario social y político. Con la llegada de la crisis y la nueva oleada de movilizaciones con el 15M en España, la primavera árabe, el movimiento Occupy en EEUU y otras grandes movilizaciones ciudadanas a lo largo y ancho del globo en los pasados 2 a 3 años, el escenario habría cambiado y abierto nuevas posibilidades de hacer política. Hoy en día, este ciclo de movilizaciones está en proceso de reflujo aunque su legado es verdaderamente ejemplar, como por ejemplo en el Estado español las PAH. Se nos abre un nuevo escenario delante y es momento para la articulación política del anarquismo, con el fin de reconstituirnos como actor político de cambio.

En la siguiente entrega, veremos qué es la visión estratégica y cuán de imprescindible es esta perspectiva para desarrollar una tendencia política revolucionaria y unas líneas tácticas y estrategicas comunes a partir de estas bases ideológicas. Ir a la 2ª parte.

Estrategia y táctica para un anarquismo revolucionario

Una vez escribí que el anarquismo adolecía de visión estratégica. Más tarde, un espontáneo me recomendó un breve texto sobre estrategia y táctica ambientado en el contexto chileno de los años ’70 y de tendencia marxista-leninista. Y puesto que me pareció interesante (no porque fuera marxista ni chileno, sino por los conceptos desarrollados), me propuso adaptarlo para el anarquismo actual. El resultado es un artículo, también disponible para descargar e imprimir, la versión en PDF aquí.

Una pequeña aclaración

¿Por qué un anarquismo revolucionario, si el anarquismo ya de por sí lo es? La respuesta a esta pregunta tiene origen en la atomización que ha sufrido el anarquismo hasta hoy, en el cual, surgieron tendencias que rechazan todo lo que fuese u oliese a intervención sociopolítica, el socialismo libertario como meta final u otras cuestiones, para hacer del anarquismo una parodia radicaloide para la autocomplaciencia y el consumo ideológico, un pasatiempo y estilo de vida individual o de pandillas y colegueo. Esas concepciones liberales del anarquismo es lo que lleva a corrientes incapaces —o que directamente rechazan— de producir análisis de coyuntura, visiones estratégicas, programas, hojas de ruta, propuestas, inserción social, crear estructuras para la lucha social y construir una tendencia política anarquista con un proyecto de mayorías a través de la estrategia del poder popular que apunte hacia el socialismo libertario, ya que no se parte del anarquismo como vía política hacia el socialismo, sino de un anarquismo para vivirlo. Es por esta razón que en el título aparezca la coletilla revolucionario, pues pretendemos que el anarquismo sea una política de transormación revolucionaria y no un radicalismo liberal.

Esta adaptación pretende sentar unas bases para desarrollar las herramientas necesarias para levantar un anarquismo revolucionario sin tener por qué añadir esa coletilla. Para ello, trataremos cuestiones sobre la lucha de clases, la estrategia, la correlación de fuerzas, el programa y más.

Introducción

Partimos de la sociedad de clases resultado de una desigualdad social estructural en el sistema capitalista, donde la clase dominante es la poseedora de los medios de producción, de los recursos de la tierra y el capital por un lado (la clase dominante, la burguesía), y por otro, unas mayorías desposeídas que venden su fuerza de trabajo a los capitalistas para obtener ingresos (las clases trabajadoras).

La existencia de explotados y explotadores traerá consigo un conflicto: la lucha de clases, en el cual cada clase social lucha por sus intereses de clase objetivos. Esta lucha se libra de manera desigual, en donde la burguesía es la que tiene ventaja y pretende perpetuarse en el dominio, mientras que las clases trabajadoras se mantienen desunidas y la gran mayoría sin tener como visos el socialismo y la emancipación como clase.

Pese a todo, alrededor del mundo siguen existiendo organizaciones de clase que pelean defendiendo el salario, el puesto de trabajo, la negociación colectiva, el convenio, condiciones dignas de trabajo, seguridad laboral, etc. Reivindicaciones en general que favorezcan a la clase trabajadora. No obstante, estas reivindicaciones, aunque justas y necesarias para que en las luchas la clase trabajadora aprenda a defender sus intereses, no llegan a ser revolucionarias al faltar un trasfondo revolucionario que apunte a la toma y socialización de los medios de producción, la tierra y los instrumentos de trabajo, en definitiva, al socialismo. Dicho de otra manera, con solo estas luchas no bastan para lograr la emancipación como clase, pues ello solo llegará con una meta socialista.

La izquierda revolucionaria, y con ello el anarquismo, asumimos que la lucha de clases es una guerra prolongada con muchos frentes abiertos, no solo en el plano laboral, y que, como toda guerra, para lograr la victoria final, es necesario dotarnos de herramientas que nos permitan materializar nuestro proyecto político socialista libertario. Ni el tiempo ni la razón ni ninguna abstracción nos llevará inevitablemente hacia el socialismo, es la clase trabajadora la que tendrá que materializarla superando el actual sistema de explotación capitalista, ya que la clase dominante lógicamente no va a ceder su posición de privilegio y se dotará de todas las estructuras y medios necesarios para mantenerse en el dominio. Si queremos implementar el socialismo libertario, tendríamos que empezar por construir contrapoderes que disputen su dominio y se confronten directamente con el statu quo para derrocarles.

Por ello, estas tesis nos lleva a otros planteamientos acerca de las estructuras que necesitamos (¿un partido revolucionario, una organización de cuadros, sindicatos, asambleas de barrio…?), sobre los objetivos inmediatos a resolver (vivienda, trabajo, servicios públicos, territorios…), cómo aumentar las fuerzas populares, su poder real y la creación de contrapoderes, cómo trataremos de divulgar nuestros mensajes y luchas para aumentar dichas fuerzas y consolidarnos como alternativa política y movimiento. Todo esto lo iremos desarrollando a lo largo del texto.

Estrategia y táctica

La estrategia es una serie de métodos de planificación, organización y ejecución de diversas operaciones tácticas para lograr un objetivo concreto. Como dijimos en la introducción, la lucha de clases se entiende como una guerra prolongada, y como tal, para ganar una guerra es necesaria la elaboración e implementación de planes estratégicos que partan del análisis de coyuntura, es decir, de herramientas de análisis que nos permitan conocer la realidad material y social que nos rodea, teniendo en cuenta los siguientes factores. Acompañaremos las explicaciones teóricas con un supuesto práctico (escrito en cursiva):

—El escenario en que se darán las batallas. Es el espacio físico en donde se dará la lucha de clases y sus manifestaciones coyunturales (frentes: laboral, territorial, servicios públicos…)
—La fuerza real y los puntos débiles que posee el enemigo.
—La fuerza real y las debilidades que poseemos.

En una empresa de metro, la dirección quiere hacer una reestructuración de la plantilla sacando un paquete de bajada de baremos que tocan salarios, jornada, turnos y descansos. La plantilla se muestra desconforme con la decisión de la dirección y se abre un conflicto laboral. Supongamos que a priori la empresa lo puede aplicar sin problemas. En la parte trabajadora, contamos con que la mayor parte de la plantilla no está sindicada, y la representatividad del único sindicato combativo que hay es baja en comparación con los mayoritarios, los cuales, tienden más hacia el diálogo que a la confrontación.

Al balance de las fuerzas de ambos bandos los llamaremos correlación de fuerzas, los cuales pueden estar a favor del enemigo cuando sus fuerzas son superiores a las nuestras, o pueden ser favorable a nuestra clase cuando sucede lo contrario. En la actual coyuntura, la correlación de fuerzas es claramente favorable a la clase capitalista. Por tanto, través de la estrategia pretendemos revertir esta situación, tratando de inclinar la balanza de la correlación de fuerzas a nuestro favor.

Como podemos ver, la situación inicial parte de una desigualdad en la correlación de fuerzas en el cual la balanza se inclina a favor de la patronal. No obstante, el clima de la plantilla es de indignación y por ello, se abría una oportunidad para que esa indignación se articulara en una respuesta organizada capaz de frenar los baremos. Aquí es donde se plantea la cuestión estratégica para cambiar esa correlación de fuerzas.

Las tácticas son cada uno de los movimientos que se realizan dentro de un marco estratégico para lograr posiciones de ventaja intermedias que nos acerquen a un objetivo estratégico parcial o final. La diferencia entre un objetivo parcial y uno final es que en el primero, tratan de ganar una posición clave y cambiar parte de la correlación de fuerzas o tener una mejor posición para cambiarla; mientras que en el segundo, se pretende la derrota definitiva del enemigo.

En el marco de una coyuntura dinámica, los planes estratégicos siempre se tienen que adaptar a los cambios que ocurren, y por ello, es imprescindible hacer balances y valoraciones, en los cambio de ciclos, sobre la consecución o no de los objetivos estratégicos marcados anteriormente y adaptar las hojas de ruta y unas líneas estratégicas adecuadas a cada circunstancia. Estos procesos para determinar qué estrategias implementar vendrán de las experiencias mismas del curso de las luchas, en donde se aprenderán de los errores y aciertos.

Mientras los sindicatos mayoritarios llamaban a la calma y a sentarse en la mesa de negociación, la plantilla criticaba la postura moderada que solo planteaba que el paquete de medidas no fuese tan agresivo de estos sindicatos, lo cual, se crea también un ambiente de desconfianza hacia ellos, tanto entre las no sindicadas como las bases de esos sindicatos. La postura del sindicato combativo es convocar una huelga indefinida que termina aprobándose en una asamblea de trabajadores donde participaron la mayoría de la plantilla. Una vez comenzada la huelga, podemos ver los movimientos de cada bando.

El objetivo final de la empresa es derrotar la huelga y aplicar sus medidas, Para ello recurrirá a diferentes tácticas de rompehuelgas: como tratar de dividir a la plantilla y generar un clima de desunión, utilizar a los sindicatos amarillos para que éstos les convenzan a los huelguistas de desconvocar la huelga, decretar servicios mínimos abusivos, promover el esquirolaje o generar una opinión negativa hacia los huelguistas a través de los medios de comunicación.

El objetivo final (podemos decir que inmediato) para la plantilla es que, dado que esa bajada de baremos no está justificada, debe retirarse en su totalidad. Con la convocatoria de la huelga, la plantilla ha conseguido ya ganar fuerza y así poder avanzar más hacia su victoria. Pero para ello, tendrán que utilizar tácticas que no solo neutralicen los ataques de la patronal, sino que les permitan ganar e imponer sus reivindicaciones. Tácticas como la de ofrecer servicio gratuito mientras dure la huelga y confluir con las demandas de los y las usuarias del metro, harían que se ganasen las simpatías de la población y a la vez podría ser una medida contra los servicios mínimos abusivos, buscar apoyo y cobertura mediática, traspasar la frontera sectorial confluyendo con otros movimientos sociales, crear tablas reivindicativas y forzar posiciones negociadoras acorde a esas tablas…

En el plano militar, podemos ver estos tipos de estrategias:

1.- La estrategia del enfrentamiento directo consiste en utilizar todas las fuerzas disponibles y lanzarlas contra el enemigo en todos los frentes. Esta estrategia es acertada cuando tu fuerza real es mucho mayor que la del enemigo.

2.- La estrategia del cerco consiste en atacar los flancos hasta rodear al enemigo aislándolo e impidiendo que se comunique con el exterior para recibir refuerzos. Esta opción, junto con la siguiente, se utiliza cuando la correlación de fuerzas está más o menos equilibrada o nos es desfavorable.

3.- La estrategia de la división consta de atacar un punto débil y avanzar por éste hasta dividir al enemigo de modo que corte las comunicaciones entre una parte y otra de los territorios enemigos.

La finalidad de la estrategia es aumentar nuestras fuerzas de modo que revierta una situación de correlación de fuerzas desfavorable hacia uno favorable que nos permita la victoria final: la derrota del capitalismo y el triunfo del socialismo libertario. Una buena estrategia es aquella que, partiendo de los análisis de la coyuntura, es capaz de generar unas líneas y métodos de actuación que permitan el avance real de nuestras fuerzas en detrimento de las del enemigo. Una estrategia es errónea cuando parte de análisis erróneos o se obvia la correlación de fuerzas y ello nos podría producir un desperdicio de fuerzas y conducirnos a duras derrotas. Así por ejemplo, la actual tendencia insurreccionalista está utilizando la estrategia del enfrentamiento directo sin tener una fuerza real superior a la del enemigo, lo cual, les está llevando a una guerra perdida de antemano y envuelto en espirales represivas.

Correlación de fuerzas

La correlación de fuerzas es otro factor importante de cara a la elaboración de estrategias. Para ello, hay que entender primero las partes más pequeñas, es decir, la fuerza misma, las cuales distinguiremos dos:

1.- Fuerza real. Es la capacidad material real de un movimiento, una clase social o una fuerza política. En otras palabras, serían los efectivos que existen en un momento dado.

2.- Fuerza potencial o posible. Es aquella que puede llegar a alcanzarse si se toman las estrategias adecuadas para ello, es decir, un sector social que en un determinado momento todavía están fuera del movimiento o fuerza política pero que tienen la posibilidad de formar parte de la fuerza real y aumentar su base efectiva.

Del mismo modo, podemos hablar de correlación de fuerzas real como la situación de las fuerzas reales en el escenario inmediato, y de correlación de fuerzas posible, la que se prevé dependiendo de las estrategias que implementen las fuerzas presentes en el escenario.

A través de la estrategia, se pretende que esa fuerza potencial o posible pase a ser una fuerza real, dando como consecuencia un cambio en la correlación de fuerzas. Cogiendo el supuesto práctico anterior, podríamos decir que la indignación de la plantilla y su disconformidad o indiferencia con respecto a la bajada de baremos sería la fuerza posible de cara a materializar una fuerza real. La fuerza real en ese momento la tendría el sindicato combativo o el sector de la plantilla organizada y movilizada. No obstante, en la correlación de fuerzas en ese momento antes de la huelga, era desfavorable para la plantilla, que cambia cuando se convoca.

El descontento de por sí no es capaz de frenar los recortes, hace falta su organización y su movilización en torno a una serie de demandas o reivindicaciones, no solo de rechazo hacia los ataques de la patronal sino también a exigirles medidas que beneficien a la plantilla, alcanzar mejores posiciones negociadoras o que las negociaciones se lleven a cabo en el terreno y los ritmos que marca la plantilla, no la dirección de la empresa.

En el momento en que el sector organizado y movilizado de la plantilla fue capaz de leer la situación y poner sobre la mesa las herramientas (comité de huelga) que permitan organizar una respuesta real ganándose a ese sector no posicionado o indignado, haciendo que entre todas ellas se trabaje para sacar adelante la huelga y se adhiera a una tabla reivindicativa propuesta desde el comité de huelga, esa fuerza posible se habrá convertido en fuerza real. Será entonces cuando habrá posibilidades de cambiar la balanza de la correlación de fuerzas.

Defensiva y ofensiva

Cuando la balanza de la correlación de fuerzas se inclina a favor de las clases dominantes, plantear una ofensiva directa en esta situación sería un suicido para cualquier tendencia revolucionaria. En esa situación, sería más acertado recurrir a una postura defensiva y de resistencia en vez de rendirse sin más porque entonces es reconocer nuestra derrota definitiva. Así pues, desde la resistencia se pretende ganar tiempo para ir articulando los proyectos necesarios con el que cambiar la correlación de fuerzas y pasar a la ofensiva. Una posición siempre a la defensiva tarde o temprano sería vencida la resistencia tras un desgaste al tratar de frenar las ofensivas enemigas, lo que finalmente termina con la derrota definitiva, o en el mejor de los casos, a funcionar por inercia.

Siguiendo con el supuesto práctico del conflicto laboral en el metro, podríamos plantearlo así:

1.- Si desde ese sindicato combativo se lanzaran directamente a hacer piquetes y tablas reivindicativas, posiblemente acabarían en derrota. En este caso, sería lanzarse a la ofensiva con una correlación de fuerzas desfavorable. A la patronal le sería fácil desacreditarles y poner a la plantilla en contra.

2.- La otra vía es optar por una posición defensiva que les ayude a ganar tiempo y acumular las fuerzas necesarias para llevar el conflicto a otro nivel, donde la correlación de fuerzas esté más equilibrada. Animar a la plantilla a que se opongan al paquete de medidas es un primer paso para poder frenarlos finalmente. No obstante, si quedasen únicamente a la defensiva, al final los recortes se aplicarían tras el desgaste de las fuerzas de la plantilla si no se organizan ni se movilizan, además del riesgo de cooptación por parte de los sindicatos pactistas.

3.- Al ver que con solo el rechazo no basta, a partir de la resistencia creada, ponen sobre la mesa la necesidad de lanzarse a la ofensiva a través de la organización y movilización de la plantilla. Así es como se lleva a cabo la huelga indefinida, se establecen tablas reivindicativas con los cuales se pretende, no solo tumbar los recortes, sino también mejorar las condiciones de trabajo.

Un caso muy ilustrativo de resistencia lo podemos ver en todos los movimientos sociales que han surgido recientemente se articulan en torno a demandas defensivas, tales como el NO a los recortes en servicios públicos, a las reformas laborales, leyes más restrictivas, etc. Los movimientos sociales, al carecer de una orientación política y un modelo sobre el cual trabajar y contraponerse al modelo neoliberal, tenderán a conservar y defender lo que ya está hecho, como por ejemplo, solo se plantea como modelo el de la educación pública antes de los recortes en Educación al igual que el de la Sanidad.

Como podemos observar actualmente, las mareas ciudadanas han desaparecido prácticamente del escenario social. En general, estamos ante el cierre del ciclo de movilizaciones del 15M después de que este movimiento haya tocado techo en 2013, yendo posteriormente en declive, aunque hayan fraguado movimientos como la PAH y algunas asambleas de barrio.

Cuando dichos movimientos sociales habían tocado techo, fue el momento de seguir impulsándolos dotándolos de una orientación política proponiendo nuevos modelos sobre los que trabajar, tales como la gestión comunitaria del sistema educativo, la Sanidad y el resto de servicios públicos, tejer lazos entre diferentes sectores en lucha, etc, e ir consolidando un proyecto político sobre el que pivotar todas las luchas sociales. Solo a partir de este punto podríamos lanzarnos a la ofensiva, enmarcando estas luchas dentro de la estrategia del poder popular.

La estrategia del poder popular

La estrategia del poder popular parte de la premisa de la acumulación de fuerzas en favor de nuestra clase y de generar contrapoderes que confronten el poder dominante y vayan controlando todos los ámbitos de la vida social, tales como los servicios públicos, el sistema educativo, el trabajo, la gestión del territorio, etc, a través de las asambleas de barrio, las organizaciones estudiantiles, AMPAs (asociaciones de padres y madres), los sindicatos y consejos obreros, cooperativas integrales, organizaciones políticas, etc. El poder popular se entiende aquí como la capacidad material de un pueblo para materializar sus reivinidicaciones revolucionarias a través de su propia autoorganización que permita articularse como fuerza política de clase, independiente y autónoma al margen de las instituciones del Estado. Este poder popular se constituiría como un actor político formado por una red de instituciones populares, de movimientos y organizaciones políticas.

En el caso de la huelga, el sindicato sería el órgano que impulsará las movilizaciones en torno a las tablas reivindicativas. Para ello, convoca una asamblea de trabajadores como órgano para que la plantilla participe en las decisiones sobre cómo llevar a cabo el conflicto laboral y determinar las acciones, tácticas y estrategias a implementar en el curso de la huelga, a lo que crean una institución legitimada y con respaldo social para llevar las demandas de la plantilla a las mesas de negociación y mediar con la patronal y las autoridades laborales.

En el marco de esta estrategia, se emplea la táctica de la inserción social, que consiste en participar en los movimientos sociales y tratar de que éstos vayan arrancando pequeñas victorias en las luchas cotidianas, dándoles además continuidad y dinamismo a través de la aplicación de las tácticas, estrategias, hojas de ruta y programas elaboradas desde las organizaciones políticas, con el objetivo de crear un movimiento popular amplio en el cual se crearán las instituciones de poder popular, tales como asambleas de barrio, ateneos populares, centros sociales, etc si hablamos del ámbito barrial; sindicatos, consejos de trabajadores, etc en lo laboral.., sobre los que se articularían las luchas y adquieran la legitimidad para implementar las reivindicaciones de los movimientos populares y la clase trabajadora.

Para poder llevar a cabo esta estrategia, debe estar plasmada en unos programas políticos revolucionarios y tener las estructuras necesarias para llevar dichos programas a los movimientos populares para que se vayan implementando y creando hojas de ruta.

El programa y la organización de cuadros

El programa es un documento que recoge las líneas y los objetivos tácticos y estratégicos a alcanzar y varía dependiendo de cuáles son dichos objetivos y qué estrategias se han de seguir. En otras palabras, ¿por qué necesitamos programas políticos? Para marcar los objetivos y las acciones a implementar en el proceso revolucionario siguiendo una estrategia, creando las estructuras necesarias para llevar a cabo las tareas y tener una dirección clara, en el sentido de tener una orientación, un “Norte” para construir un proyecto político revolucionario y articular las luchas pivotando sobre ese proyecto. Podemos distinguir dos tipos:

Programa de mínimos. Es aquel programa que recoge los objetivos a alcanzar en las coyunturas inmediatas y a medio plazo, preparando el camino hacia el socialismo fortaleciendo la fuerza real de los movimientos populares al incidir en los problemas más actuales para la clase trabajadora como la vivienda, el trabajo, los servicios públicos, la cuestión territorial, etc. El programa de mínimos también podría decirse que sería un programa de transición y se enmarca dentro de la estrategia del poder popular como vía para llegar al socialismo.

Cabe añadir que las hojas de ruta y las agendas forman parte de las tareas programáticas. Las primeras consisten en líneas de actuación concretas en un ámbito específico para avanzar en materia en el corto plazo. Las segundas, son calendarios de acciones a realizar y no son solamente movilizaciones, sino también reuniones, asambleas, creación de estructuras, establecer acuerdos, etc.

Programa de máximos. Es aquel programa finalista donde se plasma el proyecto político o nuevo modelo de sociedad que queremos: el socialismo. Y la vía política por el cual optaremos: el anarquismo. Aquí se recogen las medidas a implantar una vez derrotado el capitalismo, tales como la socialización de los medios de producción y por consiguiente, la reorganización del modelo productivo en general, reordenación urbana, organización, gestión y administración de los recursos y el territorio,… y todas aquellas cuestiones a tratar para poner en marcha dicho modelo de sociedad. Este programa tiene relación con el anterior en cuanto que es el marco sobre el que se crean los programas de mínimos adaptados a una determinada coyuntura y es la que establece el objetivo finalista evitando que los programas de mínimos acaben sin ninguna dirección política y la relación entre ellas es imprescindible para el avance del proceso revolucionario, siendo el programa de mínimos parte de éstos.

Es importante distinguir entre estos dos tipos de programas ya que, mientras que el programa de máximos no varía mucho y no es aplicable en el corto y medio plazo (en el largo plazo dependerá de la trayectoria de las fuerzas políticas revolucionarias); el programa de mínimos necesariamente sufrirá modificaciones ya que tendrá que actualizarse a los cambios de coyuntura, sea por factores ajenos al movimiento (crisis capitalistas, cambios de gobierno y las leyes, cambios en los ciclos de los movimientos sociales…), o por factores propios (articulación de contrapoderes en los barrios, multisectorialidad en los movimientos sociales, crecimiento y radicalización del tejido sindical, etc).

No obstante, hay otra visión diferente en cuanto a la cuestión programática y es aquella que solo contempla el programa de máximos sin necesidad de hacer programas de mínimos. En su lugar, se partiría de hojas de ruta que serían la elaboración de objetivos, tácticas y estrategias con base en el programa de máximos adaptada a una determinada coyuntura y vinculada a la realidad en que se elaboren dichas hojas de ruta.

En el actual anarquismo, al menos a nivel del Estado español, se observan en algunos colectivos y grupos de afinidad, finalidades que tienen semejanza con los programas de máximos en cuyos puntos aparecen la abolición del capitalismo y el Estado, la autogestión generalizada, la colectivización, la libre federación de territorios, etc. Pero al carecer de estrategias, programas de mínimos y hojas de ruta que permitan ir avanzando en la coyuntura inmediata hacia el objetivo final, tales grupos de afinidad no son capaces de realizar cambios materiales algunos, ni servir como referente político para los movimientos populares, puesto que el programa no está adaptado a la realidad social inmediata, sino a una meta lejana e incapaz de materializarse dada la correlación de fuerzas actual. Por tanto, es imprescindible tener un programa de mínimos si queremos impulsar un cambio realmente. De la manera contraria, tampoco sería viable asumir como único programa el de mínimos puesto que se perdería la dirección revolucionaria necesaria para llegar al socialismo.

Los programas se realizarían entre los movimientos populares en sintonía con la organización de cuadros, es decir, una organización formada por militantes con formación en diferentes disciplinas de las ciencias sociales (política, economía, historia…), con experiencias en las luchas sociales y con capacidad de liderazgo tanto dentro de la organización como en las luchas en que esté involucrado, que se organizan en una entidad con cohesión interna, disciplina voluntaria y unas líneas estratégicas y políticas compartidas. El papel de este tipo de organizaciones será, además de las tareas programáticas, realizar análisis de coyuntura, trazar planes estratégicos e implementarlos, tener vinculación con el movimiento popular e inserción, llevar hojas de ruta a partir de programas mínimos en las luchas sociales, etc.

La estrategia comunicativa

Nuestra opción política está enmarcada dentro de un proyecto de mayorías, eso es, que debemos contar con las mayorías sociales para construir el poder popular. Para ello, en la actual sociedad de la información, necesitamos la elaboración de una estrategia comunicativa adecuada para lograr la mayor difusión y repercusión mediática posible.

Una estrategia comunicativa acertada será aquella capaz de distinguir los diferentes sectores del público a los que nos dirigimos y además ser capaces de adaptar las consignas a dicho público dentro de una coyuntura dada sin caer en abstracciones. Es tan simple como que al hablar de anarquismo al resto de la población, solo conseguimos que se asusten y salgan corriendo. Así por ejemplo, si hablásemos al público o a los movimientos sociales con el mismo discurso que usamos dentro de nuestro ámbito, posiblemente muchas cosas se malinterpretarían o simplemente no se entenderían. Y si realizamos un discurso adelantado o atrasado a los tiempos que corren, o simplemente alejado de la realidad y por tanto lleno de retórica, caeríamos en abstracciones.

Desde el sindicato combativo, tienen claro que su objetivo es la socialización de los medios de producción y el control obrero de las empresas. No obstante, saben que si utilizan ese discurso de cara a movilizar al resto de la plantilla, quedaría como bonita retórica sin plantear cuestiones reales, propuestas y hojas de ruta que permitan la movilización y la organización de la plantilla para conseguir los objetivos más inmediatos, que son frenar los recortes y mejorar las condiciones existentes.

Para ello, en vez de cargar directamente contra las otras centrales sindicales, critica lo que se hacen desde sus cúpulas y trata de acercarse a sus bases del mismo modo que al resto de la plantilla no sindicada. La difusión en el centro de trabajo de hacer asambleas abiertas convocadas con un orden del día de cara a preparar y organizar la huelga, en este caso, sería un acierto.

Un ejemplo de por qué debemos utilizar diferentes niveles discursivos lo vemos en el lenguaje científico puro y el científico divulgativo; mientras que el primero es expresamente técnico que solo lo entienden los científicos, el segundo es un lenguaje adaptado a que sea inteligible para la mayoría de la población. Pero ambos elementos discursivos transmiten unas mismas tesis, solo varía el lenguaje utilizado. En este sentido y a modo de ejemplo, para referirnos a nuestro proyecto político internamente podríamos hablar de anarquismo social, comunismo y/o socialismo libertario, para los movimientos sociales como poder popular y de cara al público, como democracia política y económica.

Los y las huelguistas se dieron cuenta de que el silencio mediático podría ser una de las claves de la derrota, puesto que se corre el riesgo de caer en el aislamiento y la criminalización del conflicto laboral poniendo a la opinión pública en contra de la plantilla. Tienen que jugar, entonces, en el terreno mediático llevando el conflicto fuera del centro de trabajo: a las calles, a los barrios, a confluir con otros movimientos sociales y conflictos laborales, a realizar ruedas de prensa, a generar contenido audiovisual y utilizar unos discursos cercanos, sinceros y realistas que encajen también con las demandas de los usuarios del metro para generar complicidades y despertar la solidaridad popular y de clase.

Además del plano discursivo, también sería necesario poner sobre la mesa objetivos como una renovación estética, tener nuestros propios medios de comunicación profesionales para conseguir una cobertura mediática constante sobre nuestros movimientos, organizaciones, propuestas políticas, acciones… y toda temática social con vinculación a nuestro proyecto, crear una imagen pública fácilmente identificable de nuestro movimiento, un movimiento con identidad propia y hasta presencia en los medios convencionales. Todo ello formaría parte de la estrategia comunicativa, sin olvidar que lo mediático tiene que tener un respaldo real que es el propio movimiento popular.

En resumidas cuentas

La visión estratégica es una mirada hacia la realidad desde un punto de vista de transformación social que parta de esta misma realidad y las dinámicas que se dan en ella, superando el sesgo ideológico, el inmovilismo y las actitudes derroteras. La falta de visión estratégica impide que podamos construir un movimiento revolucionario. La necesidad de la estrategia viene dada porque asumimos la lucha de clases como una guerra prolongada, en el cual, nos posicionamos a favor de la clase trabajadora y queremos el triunfo de nuestra clase sobre la actual clase dominante: la clase capitalista y propietaria. Para llevar a cabo los objetivos estratégicos, primero debemos articularnos políticamente, construir un nuevo modelo de movimiento libertario y consolidar un proyecto político socialista, para ir elaborando líneas de actuación comunes y un programa donde se recoja el nuevo modelo de sociedad que queremos: el socialismo, del cual partimos para realizar programas de mínimos u hojas de ruta con el fin de avanzar en la coyuntura inmediata. En estas hojas de ruta, trataremos las problemáticas sociales que atraviesa la clase trabajadora actual, solventándolos a través de la estrategia del poder popular y la táctica de la inserción social. A la vez que vamos consolidando esta nueva tendencia, es imprescindible contar con una buena estrategia comunicativa

Esta adaptación, actualizada a los tiempos que corren, pretende ser un pequeño aporte a los necesarios cambios que han de consolidar un anarquismo revolucionario con capacidad para intervenir social y políticamente en el escenario. Queda mucha tarea delante por hacer y un largo camino que recorrer. Ahora solo es el comienzo de un proyecto que se está construyendo poco a poco y que esperemos dé sus frutos en los próximos años. Queda pues, primero, ir detectando los errores que nos encontremos para aprender de ellos y corregirlos, cambios en la cultura militante, la construcción de un nuevo modelo de movimiento, su estructuración orgánica, su articulación y su inserción en los frentes, la creación de unas líneas de actuación comunes a todo el movimiento libertario, la consolidación de un proyecto político y un programa revolucionarios, la recuperación de los valores de lo común y una cultura popular basado en la solidaridad y la lucha social, partir de la realidad que tenemos delante para ir socializando nuestras tácticas y estrategias, insertarnos en los movimientos sociales en el marco de la estrategia del poder popular, creando a partir de ello movimientos populares amplios con institucionalidades propias como contrapoderes, y un largo etcétera de tareas que irán surgiendo en el curso de nuestra actividad.

 

No todo va a ser crimen organizado

Ante las malinterpretaciones que se han hecho de mi anterior artículo Funcionar como el crimen organizado, me veo obligado a aclarar unas dudas que han quedado en el aire por lo pretencioso que es el título además. Es cierto que el artículo es muy escueto y sin entrar en profundidad para nada. Lo hice así por ser algo que no resulta prioritario en estos momentos, sino unas ideas para cuando el movimiento libertario sea una fuerza política con capacidad real de cambio y sea por ello referente para buena parte de la clase trabajadora. Esta situación, como podemos ver, es todavía muy lejana y que está por construir. Por esa razón dije en el otro artículo que ni pensarlo, que en la actual coyuntura es prioritario construir el movimiento y si logramos que éste se consolide, se puede o no plantear. En otras palabras, el tema se toma como una hipótesis por si en algún momento surge la necesidad.

Como he apuntado en el último párrafo del anterior artículo, sin proyecto político ni movimiento, el tener redes del crimen organizado (o inspirados en algunas de sus artimañas) no tendría sentido alguno, al contrario, sería un contrasentido y solo serviría para que el anarquismo se hundiera definitivamente o acabar siendo otra banda criminal organizada más que acabaría desarticulada y de allí, directo al baúl de los recuerdos. Entonces, ¿qué proyecto político y qué movimiento tenemos que levantar en estos momentos? Para empezar, nada que ver con el crimen organizado, sino la necesidad de un cambio en la cultura militante predominante ahora en el mundillo anarquista como paso previo a consolidar un movimiento libertario:

De asambleas infinitas a órganos de decisión operativos. Otro de los vicios internos es alargar las discusiones infinitamente sobre detalles sin importancia relevante y acaban siendo de todo menos horizontales y operativos, porque en la práctica, esto se traduce en que en dichas asambleas se imponen las opiniones de quienes más tiempo tienen. Ya lo dije en otras ocasiones, la asamblea no es una tertulia ni una reunión, sino un medio para sacar decisiones que sirvan para que las organizaciones avancen en materias, sea para poner en funcionamiento la estructura orgánica interna (crear secretarías y comisiones con legitimidad para ejecutar decisiones), tomar acuerdos, para sacar programas, para realizar unas acciones, determinar unas líneas estratégicas, etc, pero no para discutir sobre el sexo de los ángeles.

Pasar de colectivos y grupos de afinidad a organizaciones. La dinámica de los colectivos y grupos de afinidad en su mayoría no pasan de ser grupos de amistad que se reúnen para consumir ideología. Una organización, en cambio, tiene que tener una dinámica muy distinta, y principalmente, debe servir como medio y soporte para realizar una actividad enfocada a la intervención social, lo que conlleva cierta cohesión y disciplina interna. Hay un modelo de organizaciones comentado en esta web en donde se distinguen tres tipos de organizaciones: la de militantes que tienen el papel de elaborar programas, líneas estratégicas, análisis de coyuntura, etc, donde se hace trabajo político, la feminista, con el papel de tratar la cuestión de género y actuar en los problemas específicos de las personas leídas mujer, y la juvenil que sería campo de experimentos y de preparación de la militancia juvenil. Para más detalles, consultar aquí.

Del individualismo y el estilo de vida al socialismo y la política. Arshinov escribió en su día «…Cada vez que se discute el problema de la organización práctica, de responsabilidad, dentro de la misma organización se escudan en la teoría anarquista de la libertad personal y fundándose en ella, tratan de sustraerse toda responsabilidad. Cada cual se retira en su oasis y practica su propio anarquismo. Las ideas y los actos de los anarquistas son pulverizados así en átomos mínimos.» La atomización del «cada anarquista en su mundo» no es más que ideología individualista neoliberal, del mismo modo que se interprete el anarquismo como estilo de vida personal frente a un anarquismo como vía política hacia el socialismo libertario. Creo que es necesario partir de lo último para poder desarrollar un trabajo político serio, si lo que buscamos es la revolución social.

Los puntos anteriores son los principales fallos a corregir y ya están surgiendo iniciativas para levantar un proyecto político que aspire a la revolución social a través de la estrategia del poder popular y en lo inmediato, que ofrezcan respuestas ante los problemas actuales de la clase trabajadora, creando a la vez las estructuras y herramientas necesarias para la lucha social y de clases con vocación de mayorías. Básicamente eso.

Volviendo al tema del crimen organizado, la idea no era que todo el movimiento funcione como el crimen organizado, algo muy descabellado que carece de sentido ya que el movimiento libertario que tenemos que construir, como me comentaron en otros sitios, es de caracter político-social y tiene que estar pivotando sobre un proyecto político socialista libertario, tener un programa de mínimos (líneas de actuación en lo inmediato, es decir, a corto y medio plazo), estar bien estructurado (con sus organizaciones trabajando bajo unas líneas comunes), con presencia en las luchas sociales y en los movimientos populares, con una identidad propia (no identitario, sino con una imagen pública reconocible y asociado a un movimiento popular de caracter anarquista) y teniendo como estrategia la articulación del poder popular. Esto sí es un modelo acertado en esta coyuntura para ir construyéndolo en el corto y medio plazo, y nada tiene que ver con el crimen organizado, que para el caso, sería una hipótesis que se plantearía como algo accesorio, un medio no prioritario y no como redes integradas en el movimiento. Sobre lo de infiltrarse en la policía, la justicia y demás, no sería tarea fácil, obviamente, así como lo de malversar fondos, la falsificación de documentos, los sobornos, etc. Sin embargo, por ahora, solo es una hipótesis, que se trabajará en ella o no dependiendo de las circunstancias y necesidades en cada etapa, ciclo de movilizaciones, cambios de coyuntura y la trayectoria del movimiento que está aún por construir. Hago esta aclaración para aquellas personas que han malinterpretado la idea exagerándolo hasta tal punto de pensar que quisiera que funcionemos como tal, cuando realmente los tiros no van por allí. Así que dejemos de echar balones fuera.

Funcionar como el crimen organizado

Una vez vi un capítulo del programa de La Sexta denominado «Equipo de Investigación» sobre un mecánico que robaba coches de alta gama y los vendía una vez legalizados. Obviamente, esto no lo pudo hacer solo, sino que tenía unas redes de cómplices para abrir garajes, pasar la ITV e incluso pasarlos a la frontera por Marruecos. Esto me hizo plantearme muchas cosas. Así por ejemplo, el mecánico tenía algún cómplice infiltrado como trabajador en una estación concreta de ITV para legalizar los coches robados y que su dueño no lo haya podido recuperar.

El crimen organizado no tiene nada de revolucionario de por sí. No obstante, llama la atención su desafío a la legalidad con muchas artimañas ingeniosas y las complicidades y redes clandestinas que se crean. Entonces me pregunto, ¿por qué no aprender de las maniobras del crimen organizado para no tener que estar esquivando los golpes?

Antes, miremos por un momento a la ultraderecha. Al margen del garrulismo, los nazis y fascistas se infiltran en los cuerpos de seguridad del Estado, tanto en la policía como en las fuerzas armadas. Incluso probablemente tengan miembros en la Justicia. Si a esto le sumamos que también están en consejos de administración de empresas y tienen partidos políticos, no nos deberíamos sorprender mucho de la impunidad en sus actuaciones, como aquel caso ejemplar de la absolución «por falta de pruebas» a unos nazis a quienes se les incautaron pistolas, fusiles de asalto y bazookas.

Mirando en el mundillo libertario, un caso que me viene a la cabeza es el de Lucio Urtubia, un albañil que durante el franquismo se dedicó a falsificar documentos como DNIs y pasaportes para quienes cruzaran la frontera con Francia clandestinamente. Luego, se dedicó a falsificar cheques bancarios que puso en jaque uno de los mayores bancos del mundo. No lo hizo solo, claro, sino que tuvo sus redes de imprentas clandestinas y cómplices. También en el movimiento obrero del siglo XX, se realizaban expropiaciones bancarias para financiar huelgas, comprar armas o lo que fuere.

De todo se puede sacar algo, y precisamente del crimen organizado sería interesante aprender de ciertas artimañas: a infiltrar gente de nuestra tendencia en sectores clave en donde pensamos que sería una importante ayuda como es por ejemplo, en la Justicia, en la policía, en las cárceles como funcionarios de prisión, en las administraciones públicas, en las ITV, etc. Y a tener redes clientelares para conseguir financiación sin tener que estar continuamente haciendo fiestas, comedores y conciertos.

Sin embargo, ni las redes clandestinas del crimen organizado ni el ilegalismo tendrían sentido si no se ponen al servicio de un proyecto político serio, es decir, bien estructurado con organizaciones políticas que marquen tendencia, con estrategias, presencia en todos los frentes… y se materialice en un movimiento popular amplio. Entonces sí sería necesario poner ese lado oscuro a trabajar para facilitar el avance de tal proyecto político y de nuestro movimiento. Porque, ¿quién dice que no sería útil tener infiltrados como funcionarios de prisión que den tratos de favor a nuestras presas? ¿O las absoluciones a encausadas por la lucha social? ¿O financiar huelgas, medios de comunicación afines, fondos para pagar fianzas y multas, etc, con fondos malversados y estafas o expropiaciones a entidades bancarias a parte de las aportaciones solicarias? Y quién sabe si tendríamos que infiltrar militantes en el Ejército para conseguir armas cuando las circunstancias lo requieran. Todo esto puede parecer una flipada, pero si hay que jugar sucio, se juega sucio, eso sí, contra nuestros enemigos y aprovechar todos los huecos posibles para facilitar la acumulación de fuerzas en nuestro favor. Hay que tener en cuenta en todo momento que funcionar como el crimen organizado debe ser un medio para lograr ciertos objetivos, o sea, cuando en el crecimiento de nuestro proyecto político tengamos que recurrir a ello y se haya decidido optar por tácticas de ese tipo como parte de una estrategia del poder popular previo a una fase de guerra popular. Pero por ahora, cuando el proyecto aún está en desarrollo y todavía no somos movimiento, ni pensarlo.

Si algo no has entendido bien, consulta aquí unas aclaraciones.

El lastre de la coherencia

«El único anarquista coherente es el anarquista muerto»

¿Cuántas veces nos hemos encontrado con apelaciones a la coherencia como justificación a casi todo? A falta de argumentos, qué mejor que apelar a la coherencia como último recurso para negar la realidad y así utilizarla como arma arrojadiza para descalificar y para quitar carnets de anarquista, porque resulta que para ciertas personas, la realidad es la que se tiene que adaptar a los sacrosantos principios y ser coherentes con ellos, cuando en la práctica sucede todo lo contrario y eso lo dijo un compañero, que cuando la realidad choca con los principios, son los principios los que se rompen. El exigir coherencia acaba llegando al absurdo de las cosas, lo que finalmente terminaríamos en la cita que abre este artículo. ¿Y por qué es un lastre? Veamos algunos ejemplos.

Todas conoceréis Rojava y el movimiento de liberación kurdo, y a muchas os fascinarán las guerrillas con sus fusiles y aplaudiréis las victorias sobre el Estado Islámico. Ahora bien, resulta que si queremos aplicarles el cuento de la coherencia, nos daríamos con que las armas entran de contrabando a través de Iraq, que llevan un programa ecologista pero utilizan gasoil, se desplazan en vehículos motorizados, y que tienen pozos petrolíferos o que se alían con toda fuerza armada que comparta objetivos tácticos como las FSA, que ideológicamente no tienen nada que ver con el confederalismo democrático. ¿Qué pasaría? Si les queremos aplicar ese cuento, tendrían que luchar con piedras y palos, y como mucho, con arcos y flechas. Madre mía, tendrían que ser semidioses para poder vencer al ISIS con ese armamento desfasado… Luego, el petróleo. Resulta que en Rojava no hay mucho bosque, ni tampoco tienen minas de sicilio para hacer paneles solares ni pueden importar aerogeneradores porque sufren un embargo por todos los lados. Además, les sale muy barato el gasoil, pero claro, igual para ser coherentes tendrían que llevar ametralladoras montadas en triciclos o carros tirados por caballos. Dentro de la guerrilla ni os cuento: hay rangos y disciplina, cosa que a muchas anarquistas les chirriarían. Eso sí, es muy diferente a la de los ejércitos convencionales puesto que existe un gran compañerismo y tienen momentos para hacer terapias de grupo. ¡Ay!, luego las alianzas, ¡menudo marrón! Lo suyo sería que combatieran solas y sin apoyos de nadie, veremos así cuánto aguantan (nota importante: no son vascos).

Sin ir tan lejos, dos cosas que me hacen gracia son que se alardee mucho de la acción directa en los conflictos laborales y el anarcosindicalismo que predica esa vía, cuando prácticamente todos los conflictos laborales tienen que pasar por la vía legal, empezando por poner una denuncia en Inspección de Trabajo, porque con solo piquetes es casi imposible ganar un conflicto, a no ser que el sindicato tenga tanta fuerza que imponga a la dirección de la empresa las demandas de su plantilla, pero no, se tiene que negociar y en las mesas presentar tablas reivindicativas, pedir que cumplan convenios, etc. Luego de allí salen las críticas a los y las abogadas y toda esa parafernalia pseudorrevolucionaria del legalismo. Porque vaya, si no fueran por esas abogadas, una buena parte de trabajadoras estarían en la calle, así como que en el tema antirrepresivo caerían muchas más activistas encarceladas o ahogadas a multas. Sí, muy legalista todo e incoherente, pero pasa que en la realidad nuestra legitimidad apenas tiene fuerza para imponerse a su legalidad, y hay que saber jugar con las cartas que te dan. Hablando de legalismo, me suena ridículo que las acciones ilegales sean vistas como más radicales, como robar en supermercados, atracar bancos, defraudar a Hacienda, plantar maría, trapichear con drogas, matar personas, maltratar animales y hacer todas esas cosas que subviertan la ley es ¿radical? y por tanto, ¿un anarquista tiene que hacer acciones ilegales para serlo de verdad? ¿Qué tiene de revolucionario eso si nada más sirve para que te cojan y te pudras en la cárcel sin alterar realmente un ápice del statu quo?

La asambleitis es otro vicio más que se lleva en el mundillo anarquista, pues hay veces que se confunden las asambleas con reuniones, tertulias y debates, y entonces hacen de un órgano para la toma de decisiones algo completamente inoperante donde las horas pasan a ser completamente improductivas para debatir nimiedades, terminando al final con todas cansadas de estar sentadas para hablar del sexo de los ángeles en vez de sacar adelante decisiones importantes. ¿Todo se tiene que pasar por la asamblea por que si no, no es anarquista? Pues no. Si hay cosas importantes, se tendrán que implementar. Cuestión de agilidad. Y por supuesto, si para algo se hace la asamblea es para tomar decisiones de manera horizontal, y no para perderse en debates estériles.

Otro ejemplo que puede tocar la moral es el antiespecismo, que si bien sus planteamientos éticos son acordes al anarquismo, hay veces que se llega hasta el absurdo, como el caso de los conflictos de ganaderos y pescadores locales en Galicia, pretendiendo que dejasen su «oficio» y se mueran en la miseria. Pero vaya, resultaría entonces que la carne, la leche y el pescado vendrían importados de otros países, o llegarían multinacionaes a construir macrocomplejos industriales ganaderos y pesqueros que agravarían mucho más la situación, poniendo a los ganaderos y pescadores locales a trabajar como esclavos en esas nuevas industrias. ¿Se acabaría la explotación animal? No, se desplazaría. Hace tiempo, en el encuentro internacional de anarquistas en Saint Imier en 2012, hubo un grupo de gente vegana que bloquearon las barbacoas y las comidas carnacas que montaron otras personas causando casi enfrentamientos. ¿Eso ayudaba a que el veganismo sea bien visto? ¿Activismo por los animales? Y no digamos la penosa movida que hubo por las redes cuando la FAGC puso una foto de una cabrita y un huertito y lo llamó «granjita»: que si están explotando a los animales ahí metidos, que si tienen que revisarse los privilegios por comer carne… Si desde el antiespecismo se hace este tipo de pantomimas es normal que la gente se burle y le tenga ascos al veganismo, porque se aleja de la realidad en vez de insertarse en movimientos afines como los movimientos ecologistas, territoriales, por la soberanía alimentaria de los pueblos y que se preocupen por los lobos, los buitres y los linces, que son fauna autóctona que está siendo amenazada en este país.

El tema de las drogas siempre está a la orden del día por estos lares, sobre todo salta esta cuestión cuando se hacen fiestas para conseguir algo de financiación. Obviamente no hablo de pasar coca y drogas duras, sino de alcohol como cervezas. Han habido experiencias de que en las fiestas sin alcohol, la gente se la traía de fuera o directamente no vendían, o al terminar las fiestas, la gente termina yendo a otros sitios de birreo, así que mucho efecto no tendrán. Hay una consigna que se repite mucho en cuanto a estos temas es que el consumo de cualquier tipo de droga desactiva la lucha. En parte es cierto y en parte no. Es cierto a nivel estructural, y el más conocido fue la guerra del opio, el cual acabó con la resistencia china ante el imperialismo británico. Para casos más recientes, podemos hablar de la introducción de drogas como la heroína, la coca o similares en barrios obreros conflictivos, que por un lado, destruye el tejido social y por otro, sirve de justificación para aumentar el control social en el barrio. Pero no es realmente cierto a nivel individual, salvo excepciones. Muchas activistas militantes fuman y/o beben, pero no por ello son menos luchadoras que quienes no lo hacen, es más, hay quienes son abstemias y no pegan un palo al agua, y hay quienes están en casi todas las movidas y tienen cierta formación política y militante pero beben y/o fuman. Desde luego, sería mucho más productivo fomentar las excursiones a la naturaleza, el deporte y otras formas de vida sana como alternativas al consumo de drogas, que increpar al entorno cercano por beberse una cerveza.

Hablando de la FAGC, si nos pasáramos por la Comunidad La Esperanza, un edificio okupado en el cual viven unas 200 personas, las abanderadas de la coherencia se tiraría de los pelos y se darían cabezazos contra la pared viendo que son lo que habitualmente consideramos «desclasadas», que en su mayoría son personas que no saben quién es Malatesta, Kropotkin o cualquier otro anarquista destacado, ni qué es el anarquismo, el veganismo y el transfeminismo, ni escucharán rap social ni punk ni música alternativa. Posiblemente reproducirán actitudes machistas y racistas, pero eso sí, a pesar de esas múltiples imperfecciones que contradicen al modelo de anarquista perfecto, saben qué significa la solidaridad, la autogestión, la autoorganización, el apoyo mutuo e incluso me atrevería a añadir la pedagogía para trabajarse esas actitudes tóxicas, cosa que lo han vivido en primera persona, pero que quienes tienen el privilegio de ser mantenidas por sus padres no saben lo que es criticar desde una posición en que se tiene tres platos de comida al día y techo hacia personas que acaban de salir de la miseria gracias al trabajo que hace la FAGC. Críticas que son vertidas desde una «libertad» pequeñoburguesa y privilegiada que no tiene nada de socialismo como dijo Bakunin.

La conclusión para quienes quieran aplicar a rajatabla la coherencia anarquista es que no tratéis de hacer cosas útiles como la inserción social, la formación de cuadros para generar discurso y el trabajo de base tratando de dar respuestas en lo inmediato y arrancar pequeñas victorias en los movimientos populares porque sino, seréis incoherentes que se sancionarán con retirada definitiva del carnet de anarquista. Lo suyo sería hacer asambleas interminables, ser 100% abstemia, vegana, no trabajar y qué se yo, el modelo perfecto de anarquista y no un desclasado contento de ser un esclavo asalariado. Mejor predicar en el desierto tratando de que el contexto se adapte a tu discurso en vez de generar discurso a partir de la coyuntura que tenemos delante.

No obstante, la conclusión real que saco de este tema es que la coherencia realmente es un verdadero lastre en un mundo lleno de contradicciones, y sobre todo es una losa que pesa a la hora de la praxis. Estos problemas hacen del anarquismo una ridiculez utópica sin propuestas reales para la transformación social basada en una suerte de práctica religiosa y espiritual por la pureza y la perfección, cuya causa principal es porque se toma el anarquismo como un estilo de vida —ese anarquismo que hace que cada cual quiera vivir del anarquismo y llega hasta el extremo del cada anarquista es un mundo, que no es más que la asimilación de los valores individualistas del neoliberalismo— en vez de una tendencia política transformadora, que es como nació y por lo que pretendemos recuperar esta línea: el de la de transformación social que persiga el socialismo libertario como fin y utilce los medios más acertados en cada coyuntura para lograrlo, como es el de tener un proyecto de mayorías que va unido a una estrategia de poder popular basada en la inserción social.

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