¿Y si dejáramos de luchar?

Bajé corriendo al andén para entrar justo en el tren del metro que acababa de detenerse. Aunque podría esperar al siguiente, tenía ganas de volver antes a casa y no me gustaba esperar. En el vagón donde me metí, la mayoría estaba en silencio, pero unos pocos estaban cuchicheando y otros, contemplando los cables de los túneles que se veían a través de las ventanillas. Entre el traqueteo del tren, el chirriar de las ruedas metálicas y los murmullos empecé a escuchar una conversación más o menos nítida en los asientos de mi lado derecho separados por una barra metálica. Eran dos chicas.

—Mañana empezará una huelga en el metro, ¿para qué? Más reivindicaciones reformistas como «ni rebajas salariales ni despidos». Se sentarán en las mesas de negociación y continuarán el mismo juego. ¿No se supone que deberíamos luchar por el fin del trabajo asalariado?
—Natalia, las cosas no son tan fáciles…
—¿Que no? Tanto como irse de okupa y…
—Pero chica, no todas podemos hacer eso. Con la crisis hay gente que está espabilando y saliendo a luchar, aunque no todas lleven un discurso revolucionario acorde al nuestro. Todo tiene un comienzo y sigue un proceso, Lara.
—Pues poco están espabilando. Si no dejamos las luchas reformistas sería lo mismo que no hacer nada…
—Ya, claro… El todo o nada. Que nos pisen así en el presente y de mientras escapamos…

La conversación se interrumpe al llegar a la siguiente parada. En el vagón entra y sale gente, pero esas dos chicas siguen allí. Al reanudar la marcha de nuevo, tras pensarlo un poco, Lara prosigue.

—…O seguir con estrategias que nada tienen que ver con el contexto, perdernos en abstracciones ideológicas y situaciones revolucionarias inexistentes. Quizá tengas razón y dejemos de pelear, solo huir. Salir de los problemas cotidianos y vivir okupando viviendas, recogiendo la comida que tira el super… Irse al campo, al monte, a los pueblos abandonados… Quizá no sirvan de nada todas esas manifestaciones, huelgas y piquetes, sufriendo los palos que supone confrontarse con el sistema. Quizá entonces, cuando tiremos la toalla, la policía no encuentre resistencia para desahuciar a familias sin recursos y no pueda encontrar apoyo ni en el vecindario ni en los movimientos sociales. Quizá dejen de haber viviendas liberadas o casas okupa…
—Eh eh, frena un poco, exagerada. Dije que la okupación era una posible solución ni he dicho que debamos tirar la toalla.
—Es fácil decirlo. —Saca una botella de agua del bolso y bebe unos tragos— Es fácil desde la comodidad reivindicar maximalismos que no hay por dónde cogerlos y decir cómo han de proceder. Claro, claro que lo queremos todo: acabar con el sistema capitalista y el Estado. Pero tengo claro una cosa: nada se logra huyendo, sino presentando batalla. Y estas batallas forman parte de la lucha de clases. Tenemos que saber dar soluciones y vías de acción en lo inmediato pero con proyectos de futuro, no podemos mirar al horizonte si desatendemos el presente. Si no sabemos transmitir el mensaje ni nos preocupamos por la problemática social y estructural hoy, ¿de qué sirven tantas consignas prometiendo futuros paraísos terrenales donde no existen las clases sociales y todo marcha armónicamente? Porque si crees que son luchas reformistas, quizá sea mejor que los bancos sigan acumulando pisos y aumentando la lista de morosos. Quizá sea mejor que privaticen la Sanidad, que en la gestión de hospitales entren fondos buitre, que el personal sanitario sea precarizado y despedido, que sea un privilegio para gente que pueda pagársela y no universal. Quizá sea mejor que sigan desmantelando lo poco que queda de educación pública y acaben por elitizarla, imposibilitando la entrada a los hijos e hijas de clase trabajadora y por tanto, disputarles el dominio ideológico. Que acaben por ilegalizar las huelgas, por implantar el despido libre, suprimir el salario mínimo y restringir la libertad sindical…

Hubo un pequeño silencio. Pareció que Natalia iba a darle la razón…

—Quizá con todo eso la gente despierte y espabile de verdad. Cuando se vean en la miseria o vean que no podemos volver al 2005 y estén andando en círculos, se darán cuenta de lo inútil que fueron esas luchas parciales.

Me sorprendió que no. Cuando llegamos a la siguiente parada, me paré un momento a pensar las palabras de Lara. Esta vez salió más gente de la que entró. A mí me quedan cuatro paradas más todavía. Entonces sonó una alarma, las puertas se cerraron y el tren comenzó a acelerar.

—Madre mía qué fuerte —Lara frunce el ceño y hace un gesto mano derecha—. Natalia, baja al suelo. De la miseria no nacen revolucionarios, nacen de la toma de conciencia. Y esa toma de conciencia no es resultado del hambre, pues basta con ver que hay como algo más de un veinte por ciento de personas en el Estado español que están por debajo del umbral de pobreza y no veo que estén adquiriendo conciencia revolucionaria. La conciencia se adquiere en las luchas, en entender y analizar críticamente la realidad que nos rodea, ver que este sistema solo favorece a unas minorías a expensas de la mayoría social y a la vez saber dar los primeros pasos en la lucha.
—Ya me dirás tú qué utilidad tiene hablar de revolución y abolición del trabajo asalariado o la autogestión de empresas a gente que no sabe ni por dónde le llegan los tiros.
—A ver, no vamos a llegar a todo el mundo, está claro… Pero no podemos abandonar el escenario y hacer lo que nos dé la gana. Si no queremos que las luchas terminen en callejones sin salida, debemos aportar nuevas visiones y alternativas realizables, que permitan avances y victorias, tener momentos de alegría y motivarnos a aspirar a metas más ambiciosas. Toda revolución requiere un proceso anterior de acumulación de fuerzas, entiéndelo, no podemos pensar en la abolición del trabajo asalariado hoy ni es tan fácil autogestionar empresas dentro del sistema capitaista.
­—¿Quieres decir que nos metamos en las mareas, en los sindicatos y en los movimientos sociales, todos ellos reformistas?
—Sí y no. Podemos ir juntas, pero no mezclados. Desde nuestros colectivos, organizaciones y grupos anarquistas, podemos trabajar en acciones concretas. Si no, propondríamos el potenciar las estructuras de base y la organización popular frente a las tendencias jerarquizantes y oportunistas. Pero el caso es arrancarle terreno al poder establecido, no dejarnos doblegar y luchar en todos los frentes.

El tren comenzó a frenar y vi que las chicas se han levantado. Estaba dudando de si hablarlas y pedirle una forma de contactar con ellas pero no tuve el valor suficiente. Al llegar a la parada, ellas se bajaron. Estoy seguro de que en algún acto de protesta  o en alguna jornada que organicen las encontrare, o al menos a alguna de ellas. Me hubiese gustado escuchar qué respuesta tendría la Natalia, aunque me imagino que estará reflexionando sobre lo dicho. En esta conversación, me parece que la razón se la lleva Lara. No obstante, igual hay algunas lagunas en sus ideas. Aun así, me ha aclarado bastante las dudas. Probablemente, mañana tenga que usar el bus para ir al trabajo, y tal vez cuando vuelva, venga a apoyar a los y las trabajadoras del metro en huelga en vez de quejarme al no poder usar el metro para llegar a casa. Quizá sus luchas no tengan nada que ver conmigo a primera vista, pero llegará un día que me toque a mí y mis compañeras de curro. Entonces no querremos que nos pillen con el culo al aire. Si llegan, que nos vean en las trincheras, preparadas y bien organizadas; no desorientadas, desorganizadas y dispersas.

Las miserias de la marginalidad política

Antes que nada, aunque el título pueda parecer una respuesta al artículo de La Colectividad (aquí), en realidad no lo es expresamente. En este artículo pretendo expresar la necesidad de salir del estancamiento y el inmovilismo, causa además de que seamos una corriente ideológica marginal, que llevamos años arrastrándolo desde el desmoronamiento del movimiento libertario de los años ’70 y ’80 en el Estado español.

Cuando las aguas de un río se estancan empiezan a pudrirse. El mismo charco de agua que día tras día cambia de color y se hace más pequeño. Nadie le importará ese charco, salvo unos biólogos aficionados que van allí a recoger muestras. De esas aguas no beberá ningún ser vivo que no sean simples bacterias y algunos hierbajos. No así pasa con las aguas que fluyen, rápidas en las montañas y calmadas en las llanuras. Pero que constantemente fluyen y en ocasiones llegan a desbordar. Cada segundo se renuevan y en torno a ellas se nutren una gran variedad de seres vivos. ¿Qué demonios tiene que ver esto? Pues bien, una buena parte del anarquismo actual en el Estado español constituye uno de esos charcos malolientes que un día fueron riachuelos, arroyos e incluso grandes ríos de aguas bravas. Después de cuarenta años de dictadura franquista y un plus de más de treinta y cinco años de dictadura capitalista, todavía siguen esas aguas estancas que se niegan a fluir para seguir actuando de depósito de sedimentos de toda clase. Y desde ese montón de mierda reprochan a ciertos militantes que empiezan a navegar por aguas dinámicas, usando toda clase de improperios contra quienes formamos ríos.

Dejando de lado las metáforas, parece ser que no hemos sabido encajar las duras derrotas en el pasado siglo, cuando el movimiento obrero y el movimiento libertario estaba en su apogeo en el viejo continente. Ahora nos quedamos, por un lado, con resquicios de mitos y formas de hacer política anquilosadas que languidecen sin saber adaptarse a las nuevas dinámicas sociales, encerrándose en una suerte de «anarquismo oficial» únicamente con el objetivo de mantener su pureza ideológica y la organización por la organización. Y por otro, el insurreccionalismo que, pese a haber criticado esas viejas fórmulas anarquistas, no aportó realmente aires nuevos de cara a la lucha social, sino palos de ciego como muestra de desesperación e impotencia ante la incapacidad de sacar el anarquismo del anquilosamiento. Así seguimos erre que erre tropezando con la misma piedra y tirándonosla entre unas y otros mientras contemplamos desde los márgenes cómo crecen el ciudadanismo y la izquierda institucional ante la perplejidad, la confusión y desorganización de los movimientos revolucionarios, entre ellos el anarquista. ¿Por qué no estamos en primera línea desde que estalló la crisis capitalista? ¿Por qué una buena parte de sectores anarquistas siguen sin ser un movimiento social ni una fuerza política?

La teoría puede ser perfecta y pura donde todo puede marchar sobre ruedas en un entorno ideal, donde quienes la escriben pueden jugar a ser Dios determinando que a dicha estrategia le sigue tal consecuencia y si no es así, estará condenado a fracasar de antemano. Pero la praxis es bien distinta y muy condicionada por la coyuntura en que se desarrolle. Por eso aquí muchos y muchas resbalan. La incapacidad de conectar una teoría con una praxis, y que ambas se retroalimenten, que suponga salir de la marginalidad sin perder el norte es una gran debilidad por nuestra parte. Pero ya no es solo en la teoría, sino también en la praxis. En muchas ocasiones, no sabemos comunicar nuestro mensaje al resto de la sociedad, siquiera a nuestro entorno cercano ni a los movimientos sociales locales. Es más, nos autoaislamos tratando siempre de diferenciarnos del resto mirándoles por encima de sus hombros. Que ellos son reformistas y nosotros los revolucionarios y si no se nos unen es que son cobardes, ignorantes, reaccionarios o simplemente eso, reformistas.

Sin embargo, una mirada hacia otras partes del mundo nos aclarará quizá mucho las cosas y podamos tomar de ellas soplos de aire fresco para nuestras praxis en el aquí y en el ahora. Un repaso, por ejemplo, al anarquismo organizado en Latinoamérica podemos ver el grado de avance que existen en sus luchas y su presencia en las luchas sociales. Este es el caso de la FeL Chile como una importante fuerza estudiantil de inspiración libertaria, aunque actualmente, por desgracia, haya optado en parte por participar en las elecciones. No queda atrás tampoco el EZLN, que aunque no se declaren anarquistas ni sus formas tampoco tengan la aprobación de los guardianes de la pureza ideológica, son un paradigma de lucha muy respetable y su organización social y política evolucionó hacia el socialismo libertario. Cabe señalar igualmente la lucha pueblo kurdo, un pueblo sin Estado-nación de Oriente Medio y organizado bajo el confederalismo democrático que se inspira en el municipalismo de Bookchin y tiene bases socialistas libertarias, ecologistas y feministas.

También la historia está allí para que extraigamos de ella las lecciones más importantes y no para que la glorifiquemos o la olvidemos. Mencionaré principalmente los casos de la Revolución Rusa y la Revolución Social del ’36 por ser casos más conocidos y posteriormente extraeré de ellas las conclusiones:

-Caso de la Revolución Rusa.

¿Por qué los bolcheviques llegaron a ser la primera fuerza política en la revolución? En el período revolucionario comprendido entre febrero y octubre de 1917, los bolcheviques eran otra fuerza política más entre las otras que había como los mencheviques, los socialrevolucionarios de izquierda (SR) y los anarquistas. Los bolcheviques siguieron entonces una estrategia distinta a cuando llegaron a tomar el poder político y estuvieron organizando los soviets en base al lema «todo el poder para los soviets», mostrando además un cierto rechazo al Estado y favorable a la democracia obrera de los soviets, reivindicaciones que entrarían dentro del socialismo libertario. Cuando los mencheviques y el ala derecha de los SR salieron de la escena revolucionaria, quedaron los bolcheviques, el ala izquierda de los SR y los anarquistas. Éstos primeros, apoyados en los soviets y el haber estado más organizados que los anarquistas -que al estar fragmentados, no haber levantado una organización política y no construido una fuerza política entre los soviets, no tuvieron esa capacidad para saltar al escenario como fuerza mayoritaria- y los SR de izquierda, en el momento que derrocaron el gobierno provisional, pudieron los bolcheviques tomar el poder político con el apoyo de los soviets. Entonces, cuando comenzaron a organizarse los anarquistas, ya era demasiado tarde porque los bolcheviques ya tenían la sartén por el mango, comenzaron a reprimir a la disidencia y ganaron muchos más adeptos a su partido.

No nos podemos olvidar aquí de la makhnovitschina. Al contrario que los anarquistas rusos, parte de los y las campesinas del sur de Ucrania se levantaron contra el saqueo que se produjo por la entrada de los austro-alemanes a consecuencia del tratado de Brest-Litovsk. Desde entonces, comenzaron a organizarse destacamentos guerrilleros que posteriormente, formaron el Ejército Negro encabezado por Néstor Makhno, hijo de campesino que abrazó el anarquismo en la adolescencia. El movimiento makhnovista suscitó muchas críticas por parte de intelectuales anarquistas, que llegaron casos en que dejaron de apoyarlos por no verlos como anarquistas. No obstante, mucha población campesina que no tenía muchas afinidades con el anarquismo dieron su apoyo al makhnovismo. El peso militar, la organización del ejército y las pocas experiencias de construcción de una nueva sociedad podrían ser una de las razones por la cual ciertos anarquistas se mostraron escépticos. Sin embargo, la coyuntura de guerra constante que amenazaba la libertad de la población campesina y obrera libre obligaron a que el makhnovismo dedicase más esfuerzos en frenar a la reacción tanto monárquica, capitalista y bolchevique. Pese a la dureza de la situación, en los territorios liberados sí existieron labores constructivas de organización de la producción y creación de cultura popular, aunque se encontraban constantemente amenazadas y saboteadas por la reacción.

-Caso de la Revolución social del ’36

Como bien sabemos, a la llegada del golpe militar orquestado por los generales Mola y Franco, en zonas donde la CNT-FAI era la fuerza mayoritaria, el levantamiento militar fracasó. Esto se debe precisamente a un trabajo previo de más de 30 años en el ámbito sindical llevado a cabo por la CNT, sin olvidar el campo cultural, pedagógico y político que desarrollaron los y las anarquistas de aquellos tiempos. Pero en la CNT no se metían solo los y las anarquistas, sino simplemente trabajadores que vieron en la CNT un sindicato que realmente defendía los intereses de la clase trabajadora. Las colectivizaciones no hubiesen sido posibles de no ser por ese trabajo de base previo a la revolución social, de la organización a nivel social y la orientación política libertaria. Aun así, el grandísimo error que cometieron la CNT-FAI fue no abolir la Generalitat cuando llegaron a ser la primera fuerza política en Catalunya y no haber creado un programa político propio para no tener que colaborar con el gobierno burgués de la república.

Aunque la historia es historia, en ambos casos podemos extraer unas valiosas lecciones: el anarquismo necesita ser un movimiento social organizado para llegar a ser una fuerza política que dispute la hegemonía al resto de fuerzas políticas. En la revolución rusa, a causa de la desorganización del anarquismo, pereció y lo pagó bien caro. En cambio, no ocurrió lo mismo con el movimiento makhnovista, levantado principalmente por campesinos y campesinas en armas pero finalmente fueron derrotados por el bolchevismo; ni con la revolución social del ’36, aunque el error fundamental de los y las anarquistas del Estado español ha sido el de no abolir el Estado cuando pudieron y el no haber elaborado un programa político anarquista para profundizar la revolución social. Además, en aquellas épocas donde el anarquismo constituyó una fuerza revolucionaria y pudo por ello realizar la revolución, fue porque llegó a ser un movimiento de masas, pero no unas masas amorfas, homogéneas que conocemos en las sociedades capitalistas avanzadas sino unas masas conscientes que supieron organizar la vida social en libertad. De lo contrario, si estuviese fragmentado y desorganizado como lo estuvo en Rusia en 1917, o como lo está actualmente en el Estado español y similarmente en otros estados del mundo, siquiera llegaríamos a construir movimiento, mucho menos fuerza política y aún menos hacer la revolución, lo cual nos llevaría pues a la marginalidad, aislados y aisladas de la realidad social y política, lo que facilita además la represión del Estado y arrojarnos por ello al baúl de los recuerdos.

El anarquismo no es una bella utopía con la que soñar, ni revoluciones que han de esperarse en el sofá, ni teorizaciones de situaciones ideales y propicias para la revolución, ni un estilo de vida de tribus urbanas, ni aventuras desesperadas de ataques a los símbolos del Estado y el capital. El anarquismo debe servir como una herramienta teórico-práctica encaminada a la emancipación social de las clases explotadas y los pueblos oprimidos, que dé respuestas en las luchas inmediatas y tenga proyectos de futuro. En este panorama de crisis capitalista y agresiones neoliberales, seguimos teniendo mucho que aportar. Por suerte, cada vez más anarquistas estamos viendo que podemos incidir en la realidad material para salir de la marginalidad política y entrar en el escenario político y social, participando en cada lucha y celebrando cada victoria parcial lograda mediante organización popular y la acción directa. Cada desahucio parado, cada bloque de vivienda liberado, cada nueva okupación, cada abuso laboral frenado, cada despido anulado, cada empresa recuperada y autogestionada, cada barrio radicalizado, cada detenida liberada, cada huelga ganada, en general, cada lucha ganada en favor de las clases explotadas, son victorias que nos permiten avanzar y a partir de allí, hacer del anarquismo un movimiento social con fuerte presencia entre la clase trabajadora y a la vez, una fuerza política articulada desde las bases caminando hacia el socialismo libertario.

No prometemos futuros paraísos terrenales, los tenemos que construir día a día en la lucha social y en la lucha de clases.

[Recomendación] Lectura: Los anarquistas y la cuestión palestina

Algunos y algunas preguntarán por qué nos ponemos automáticamente del lado de Palestina siempre. Pero lo hacemos con razón: el pueblo palestino está sufriendo un genocidio por parte de Israel. Profundizando más en el tema, el anarquismo es poco conocido entre el pueblo palestino, así como en Israel la población no es toda sionista. También existen anarquistas israelíes. No obstante, el anarquismo no tuvo mucha incidencia social en esos lugares aunque sí existieron movimientos de inspiración anarquista tanto locales como internacionales contra la ocupación sionista y no existe un movimiento anarquista organizado. Entre las organizaciones en que participaron los anarquistas podemos destacar ISM (International Solidarity Movement), Anarchists Against The Wall, entre otros grupos y colectivos. Las acciones directas y de desobediencia civil fueron principalmente pacíficas pero también hubo momentos en que se tornaron resistencias activas. A partir de la década de 1990, confluyeron otros frentes de lucha como el anticapitalismo, el ecologismo, el feminismo y el queer y las luchas por los derechos de los animales.

No queda atrás tampoco la cuestión nacional, pues en un conflicto de este tipo se ven involucradas las identidades culturales. Desde algunas perspectivas anarquistas, predomina la idea de que el nacionalismo va ligado a una construcción ideológica artificial articulada desde el Estado y por ello hay veces que se omiten estos componentes o son tratados de manera secundaria. Esto genera que las luchas de liberación nacional sin Estado queden ciertamente desatendidas. Es por ello que no se puede concebir a un pueblo sin unas identidades culturales, que para nada tienen por qué ir ligados al Estado-nación. El otro concepto de nación de Rudolf Rocker precisamente trata de esas identidades culturales de un pueblo en base a su historia, territorio, lenguaje, etc. Estas identidades nacionales forjadas desde abajo pueden ser elementos aglutinadores que unan al pueblo en su lucha contra la opresión imperialista. Sin embargo, existe una contradicción en lo que concierne a la lucha palestina y es que muchos palestinos y palestinas están a favor de crear un Estado-nación y en este dilema estamos tratando de resolver. ¿Cómo apoyar la lucha del pueblo palestino contra la ocupación sionista pero sin apoyar la creación de un Estado palestino?

Como anarquistas, sería acertado nuestro apoyo a la causa palestina en su lucha contra Israel, pero tampoco debemos apoyarles desde el paternalismo diciendo qué tienen que hacer y cómo han de luchar. El pueblo palestino sabrá lo que quiere y a pesar de ciertas contradicciones, la solidaridad entre pueblos debería mantenerse. Sin más, animo al lector o la lectora a conocer más de fondo este tema:

Los anarquistas y la cuestión palestina

PD: Agradecería al personal que desease expresarse, no opine en base a mi reseña sino que lo haga tras haber leído el texto.

¿Por qué no hemos estallado?

Atrás quedaron las grandes rebeliones, insurrecciones y revoluciones de carácter obrero y popular. Ya no volverán las viejas glorias de ambientes de alta crispación social, grandes centrales sindicales, huelgas masivas, autogestión obrera a gran escala… Hoy en los países capitalistas avanzados, encontramos frecuentemente protestas en los bares que pocas veces van más allá. Estamos actualmente ante un panorama caracterizado principalmente por la alta movilidad, la gentrificación, el consumismo masivo, grandes flujos de información, y la tercialización de la economía. Ahora con la crisis en la que, de nuevo, es la clase trabajadora quienes estamos pagando los platos rotos y no estamos respondiendo de manera contundente ante todos los atropellos de la clase dominante.

Y nos preguntamos ¿por qué no hemos estallado? ¿Por qué mucha gente se da cuenta de que le están robando pero sueltan un «qué le vamos a hacer» o diciendo vagamente que debamos sacar las metralletas y al final acaban aceptando resignadamente su situación? La primera respuesta, aunque muy corta, que se me viene a la cabeza es la pasividad generalizada. Luego, al profundizar un poco más, doy con la indefensión aprendida, este estado psicológico en el cual las víctimas aceptan su destino resignadamente creyendo ciegamente que no pueden hacer nada para paliar su sufrimiento ni cambiar su situación. No obstante, estas primeras respuestas quedarían incompletas si no tenemos en cuenta el predominio del individualismo burgués, y por consiguiente, la atomización, en esta sociedad. A ello le podemos sumar que frente a la problemática social y estructural, desde la clase dominante nos propongan soluciones individuales culpando a los individuos de ser culpables de su propia miseria, y por tanto, «que cada cual se busque la vida». En la práctica, esto se traduciría en un «sálvese quien pueda» en que la mayoría perece en el camino y muy poca gente, a base de pisotear al resto, consiga escalar puestos en esta sociedad de clases, perpetuando así el status quo.

Si continuamos indagando, daríamos con las claves determinantes que responderían más acertadamente a las preguntas serían: la destrucción del tejido social en la mayoría de los barrios obreros, la descomposición de los campos y, por consiguiente, la atomización e individualización de la sociedad. No nos olvidemos de la neutralización de los grandes sindicatos de la era industrial provocada por la tercialización de la economía en los países capitalistas avanzados que supuso una serie de reestructuraciones y reconversiones ocasionando las deslocalizaciones, la entrada de las ETT y el trabajo cada vez más temporal y precario en el sector servicios. Por otro lado, la implantación del Estado del bienestar y el asistencialismo terminaron por destruir prácticamente cualquier atisbo de organización obrera y revolucionaria. La mayoría de los sindicatos quedaron domesticados y convertidos en gestoras de conflictos laborales, así como muchas las asociaciones vecinales dejaron de ser herramientas para la reivindicación política en los barrios. De igual manera, el reformismo socialdemócrata y socioliberal tampoco deja de ser un sedante contra las ideas revolucionarias.

Pero no todo está perdido. Hay sectores de la población que se están dando cuenta de que sí hay posibilidades de cambio y comienzan a organizarse y luchar. Ante la crisis estructural del capitalismo, la sociedad comienza a polarizarse y ello implica un aumento de la conciencia política y la necesidad de articular respuestas de manera colectiva, superando el individualismo burgués y llevando a la práctica valores como el apoyo mutuo, la solidaridad y las estructuras asamblearias. Esto es algo positivo, aunque ideológicamente no se adscriban al anarquismo. Paralelamente, no podemos olvidar que también el anarquismo comienza tímidamente a salir de la marginalidad.

Pese al aumento de la protesta social, si no vemos en ella una manera de incidir en ella para radicalizarla, lo más probable es que dicha protesta derive en el reformismo estéril y asimilable por el sistema. Los y las revolucionarias y concretamente los anarquistas, deberíamos haber estado y estando en primera línea a pie de calle, organizándonos, creando o fortaleciendo estructuras asamblearias para la lucha de clases, etc. Ante este panorama, no sería muy acertado ir dando palos de ciego lanzándonos al espontaneísmo y la destrucción por la destrucción. Como en todos los acontecimientos históricos y sociales, todo tiene antecedentes, procesos y dinámicas sociales en medio que juegan un papel importante y que debemos comprender para poder caminar hacia una transformación social radical. Aun así, solo el crecimiento cuantitativo no ocasionaría un estallido social. Por supuesto, la creación de tejido social es esencial y necesario, como un primer paso para construir un movimiento revolucionario, pero falta la orientación política para permitir el avance en las luchas y que esas luchas tengan continuidad.

Aun con todo lo mencionado, queda una laguna por resolver. Ya han habido estallidos sociales durante la historia reciente. Cabe mencionar algunos como los disturbios en Francia en el 2005 por la muerte de unos menores de edad al escapar de la policía, el diciembre del 2008 en Grecia por el asesinado de Alexis Grigoropoulos a manos de la policía, Londres en 2012 por el asesinato policial de Mark Duggan, Gamonal en enero de este año o los disturbios por la demolición de Can Vies. ¿Fueron realmente espontáneas y sin haber un tejido social detrás? No expresamente. En todos esos acontecimientos hubo detrás una serie de antecedentes que ocasionaron el descontento generalizado, sea la marginación social, el racismo, la brutalidad policial, la miseria, el acoso del Estado, etc que junto con un sentimiento colectivo que unan a esas personas que sufren estos problemas, conformaron un caldo de cultivo inflamable, el cual, bastaba solo una chispa para que todo estalle. No obstante, algunos de estos estallidos sociales no han derivado en una situación de alta crispación social porque falta la articulación de una clara orientación política que lleven esos estallidos a ser puntos de partida para seguir una lucha continuada contra el capitalismo.

[Recomendación] Lectura: Cuestiones organizativas del anarquismo

Mucha gente cree que los y las anarquistas renegamos de la organización y la política. No obstante, la realidad es que las cuestiones organizativas y el cómo articular una estructura de manera horizontal y federativa han sido y son principales entre anarquistas, aunque hayan corrientes anarquistas que defiendan la desorganización y las acciones espontáneas e individuales o en pequeños grupos. Este texto documenta las principales formas y posiciones organizativas del anarquismo, las cuales destacamos:

  • La organización informal o el antiorganizacionismo. Sin estructuras fijas y basadas en la afinidad, reniegan de cualquier formalización de las mismas, son volátiles y dadas al espontaneísmo.
  • La organización de masas o el sindicalismo/comunitarismo. Articulada a nivel sindical y comunitario, pretende ser una herramienta de lucha a nivel popular y de masas sin marcar una clara orientación política.
  • La organización específica o dualismo organizacional. Esta corriente defiende la necesidad, además de la articulación del movimiento a nivel sindical y comunitario, una organización específicamente anarquista que dote a los frentes de masas una orientación política anarquista.

La defensa de la organización informal viene porque creen que la mera existencia de estructuras formales y fijas, acuerdos y estatutos suponían coartar la libertad individual. Por eso, pretenden que sea en grupos pequeños y mediante la afinidad articular las acciones. Sus tesis son principalmente defendidas por Luigi Galleani. La estrategia organizacional a nivel sindical y comunitario viene dada porque se cree que con la participación de los y las anarquistas en el sindicalismo revolucionario era suficiente como para darles orientación revolucionaria y llevar a las masas trabajadoras y al pueblo a hacer la revolución, lo cual prescindirían de una organización específicamente anarquista. Entre las figuras destacadas que defienden esta postura está Pierre Monatte. No obstante, desde el dualismo organizacional sí se ve esa necesidad de articular una organización a nivel político-ideológico además del nivel sindical y comunitario, puesto que el sindicalismo revolucionario es de por sí insuficiente y requiere de una línea política para su avance en la lucha de clases. El dualismo organizacional es defendido por Bakunin y Errico Malatesta.

Sin más, animo al lector o la lectora a profundizar en estos temas, ya que constituye uno de los más importantes entre el anarquismo y sirva para dotarnos de las herramientas necesarias para constituirnos como una fuerza política y social revolucionaria.

Cuestiones organizativas del anarquismo

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