Neoliberalismo y universidad: una nueva vuelta de tuerca

Decía sin equivocarse el Subcomandante Marcos del EZLN que el neoliberalismo no es otra cosa que la crisis convertida en doctrina económica. Unas políticas económicas y sociales ya esbozadas en la mente enferma de Milton Friedman hace casi cuarenta años se nos presentan de forma encubierta, enmascaradas en “la necesidad que impone la grave situación económica”. El terreno de la educación no escapa a estos nuevos reajustes ni a esta doctrina del shock. Así, un plan educativo elaborado por el Espacio Europeo de Educación Superior mucho antes de que nadie pronunciara la palabra crisis, allá por finales de los “felices” años noventa, se aplica desde 2008 en el marco del Proceso de Bolonia y, ahora, se nos anuncia una nueva vuelta de tuerca.

El año pasado un Comité de Expertos entregaba al miserable ministro Wert un informe para la reforma universitaria. Los Expertos en cuestión eran altos directivos de bancos como el Santander y catedráticos de universidades privadas. Expertos eran sin duda: en hundir la educación pública. En este informe ya encontramos una serie de recomendaciones encaminadas a dinamitar la autonomía universitaria, externalizar la gestión, privatizar la financiación y mercantilizar la actividad universitaria. El neoliberalismo, la ya no tan nueva política que triunfa entre los capitalistas de medio mundo, arrasa y convierte en negocio todo lo que puede. Destruye todo a su paso, si no se le combate.

Esto que viene ahora es la segunda fase. A la primera ya asistimos hace 6 años. En esa ocasión se trataba de un cambio en las titulaciones, para adaptarlas al gusto del imperialismo de la Unión Europeo; así como en el papel de los estudiantes, que desde entonces se ven convertidos cada vez más en meros clientes mientras sus tasas no dejan de aumentar. Es cierto que las políticas neoliberales en educación tienen sus particularidades en el Estado español, la LOMCE en concreto posee un tufillo neoconservador, un desagradable olor a iglesia, que no suele ser habitual en en resto de Europa. Por lo demás, todas las medidas vienen siendo planificadas en despachos y gabinetes desde hace, al menos, década y media.

Ahora parece que el gobierno ha conseguido el apoyo de la Conferencia de Rectores de la Universidad Española, dirigida por el infame Manuel López, que hace solo unos meses permitía en su universidad, la de Zaragoza, la entrada de las fuerzas policiales a reprimir a los estudiantes en huelga. Esta manga de traidores, salvo honrosas excepciones como la del rectorado de la UAB, se escudan en la necesidad de la reforma por lo caduco del sistema anterior. No hace falta decir que hasta hace nada estos mismos rectores, la mayoría de los cuales ya ni  siquiera recuerdan de lo que es una clase, se encontraban bien cómodos en sus poltronas del caduco sistema educativo.

Esta nueva reforma, según se ha anunciado últimamente, buscará un nuevo modelo de financiación. Se pretende desligar la financiación universitaria del Estado, para entregársela a organismos privados que financien de acuerdo a los resultados (económicos, no académicos) de las distintas universidades, así como cambios en la estructura de gobierno, recortando en una democracia interna ya de por sí casi inexistente. La universidad, lejos de aspirar a ser templo del saber, se convierte en cueva de ladrones. Literalmente, en palabras de los rectores “una racionalización de las estructuras de gobierno y una adecuación de las titulaciones universitarias a las demandas de la sociedad”, o traducido de la neolengua “el fin de la (ya escasa y poco democrática) autonomía universitaria y carreras al gusto de las empresas que nos financien”. Estos rectores, lejos de cumplir con el deber de su cargo, traicionan a sus universidades y las venden a los intereses del Estado y el capitalismo más salvaje.

Eslabón tras eslabón se va forjando la cadena de la universidad-mercado. Si no la rompemos, si no comienza la organización de los estudiantes, de los trabajadores de la educación y del pueblo trabajador entero para hacerse con las riendas de la educación, con la autogestión de lo que es de todos y pretenden robarnos, nos espera un futuro de elitización, endeudamiento y perfeccionamiento del sistema de explotación. El futuro que ellos, la conjura de los ladrones y los traidores, quieren para nosotros.

Historia de Corea (I): época preindustrial

País hermético, tiranía stalinista, enemigo de occidente frente a uno de los llamados países más desarrollados del mundo, expertos en la alta tecnología, inventores del «Gangnam Style». Corea, las dos Coreas, constituye uno de los lugares del mundo en torno al que más mitología producen los medios del capital. Considero que nada mejor para entender la situación política actual de un país que conocer su historia. La historia de Corea, como la de la mayor parte de los países asiáticos, es poco conocida en el eurocéntrico occidente. Por ello, quienes deseamos comprender la realidad política actual, debemos hacer un esfuerzo para acercarnos al pasado de territorios tan lejanos.

Intentaré en este artículo mostrar una breve historia de la península de Corea desde sus inicios históricos hasta la actualidad, a fin de contribuir a una mayor comprensión de la situación geopolítica actual, de las características de las dos Coreas. Advierto que no encontrará el lector, en este artículo, ni seguiremos a la postura política de la prensa oficial y proamericana ni los elogios que ciertos medios de la izquierda realizan a Corea del Norte, paradigma del viejo socialismo de Estado. Me limitaré a ofrecer una historia de Corea atendiendo a su desarrollo económico, social y político, de la forma más honesta posible.

Comenzaremos, como no puede ser de otra manera, con los orígenes. Pues es en época preindustrial cuando Corea adquiere buena parte de su personalidad cultural.

El medio físico.

Una península del extremo oriental del continente asiático, separada por China por la frontera natural que representa la meseta Kaema, que se eleva hasta 2.000 metros por encima del nivel del mar y por los montes Hamgyong, cuyo pico más alto, el Kwanmo Peak, alcanza los 2.540 metros. Comparándolo con los Alpes o los Pirineos europeos, constituyen un paisaje menos elevado, pero mucho más extenso, pues suponen aproximadamente un tercio de la geografía de Corea del Norte. El resto del paisaje coreano es también elevado, no bajando generalmente de los 350 metros por encima del nivel del mar. Solo en su costa occidental posee la península de Corea tierras bajas con una cierta extensión.

Corea posee un clima muy húmedo, con precipitaciones anuales por encima de los 1300 mm anuales, sufriendo las mayores precipitaciones durante el monzón en los meses de verano, siendo los inviernos mucho más secos. Por realizar una comparación, Galicia, la región más lluviosa de la península ibérica, posee un volumen de precipitaciones de unos 900 mm al año. Las temperaturas son suaves en verano, con una máxima de 30 grados, y frías en invierno, llegando a descender hasta los -7 grados. El Norte, por su elevación, es más frío que el sur, estando las temperaturas entre -13 y 20 grados. Además de ello, la península está frecuentemente sometida a tifones y vientos ciclónicos, que llegan desde el área de Japón.

Con este clima, la vegetación, particularmente los bosques de hoja caduca, es abundante. Si bien el desarrollo industrial y la deforestación de Corea del Sur ha puesto en peligro algunas especies de grandes mamíferos, la península en su conjunto posee una gran riqueza biológica, habiéndose convertido en un auténtico santuario natural la zona desmilitarizada entre las dos Coreas.

La península cuenta con amplios recursos minerales, principalmente carbón, hierro y otros metales como zinc o cobre.

La geografía es uno de los factores más determinantes a la hora de determinar el desarrollo económico y el carácter de un pueblo. No es de extrañar que una península de espaldas a Asia y de relieve elevado haya provocado, a lo largo de la historia, que el pueblo coreano sea un pueblo de carácter cerrado y poco abierto a influencias extranjeras.

Primeros pobladores.

Lamentablemente, no se han realizado grandes investigaciones arqueológicas sobre la Corea prehistórica. Si se tienen en cuenta los indicios actuales, parece ser que Homo erectus podría aparecer en la península, proveniente de China, hace unos 400.000 años. Si bien no se han encontrados restos óseos determinantes, si se han encontrado herramientas líticas atribuibles a esta especie, tanto en el Norte como en el Sur.

No se conoce a ciencia cierta cuando llegan los humanos anatómicamente modernos a Corea. Sin embargo, teniendo en cuenta que los primeros restos de nuestra especie aparecen en Japón en torno al 38.000 a.e.c. y que probablemente éstos llegarían a las islas desde el estrecho de Corea (en época glaciar el nivel del mar era más bajo), podemos concluir en que aparecería en Corea sobre esas mismas fechas.

La primera cultura cerámica de la que conocemos restos en Corea es la cultura Jeulmun, que se extiende un largo periodo entre el 8.000 y el 1500 a.e.c. El relieve de Corea es menos propicio para el cultivo extensivo del arroz que China, y su clima, más frío que el de Japón, dificultan también un cultivo intensivo como el de las islas. Así, en la misma época en que distintas culturas continentales desarrollaban técnicas de cultivo extensivo de arroz y mijo, en la cultura Jeulmun la agricultura nunca llegó a tener una gran importancia, produciéndose a pequeña escala y conviviendo con la caza, la pesca y la recolección. Producían, además, elevados vasos cerámicos utilizados para el almacenaje.

La agricultura intensiva llega,  probablemente por influencia japonesa y junto a las primeras herramientas de bronce, a Corea en torno al 1500 a.e.c., con el periodo Mumun. Es curioso como existen paralelismos entre este bronce coreano y el bronce europeo, produciéndose incluso una cultura megalítica, especialmente en los enterramientos. A comienzos del periodo Mumun los poblados estaban constituidos por una gran casa comunal semienterrada con varios hogares, con el tiempo, comienzan a surgir pequeñas viviendas circulares o cuadradas alrededor de la casa comunal, siendo en el 900 a.e.c. cuando las viviendas pequeñas se generalizan. Este proceso, que se da en muchos otros pueblos, ha sido tomado generalmente como evidencia del nacimiento de las instituciones familiares y del progresivo avance hacia la propiedad. Socialmente, se considera que en la cultura Mumun comenzó a darse el sistema de los «grandes hombres», éstos eran los encargados de administrar la redistribución de los excedentes de la agricultura.

El nacimiento del Estado.

Es probablemente en este periodo donde se dan los primeros pasos hacia la formación del Estado en la península. La introducción del caballo y del arco daría a estos «grandes hombres» la posibilidad de recorrer mayores distancias y de hacer la guerra con sus vecinos, convirtiéndose en jefes de guerra, dando como resultado la existencia de relaciones de dominación (los vecinos conquistados pasarían a ser esclavos de los conquistadores) y fundándose los primeros Estados dominados por un monarca.

El primero de estos Estados en aparecer en las fuentes chinas en torno al siglo VII a.e.c. es el reino de Gojoseon, que establecería su capital en Pyongyang sobre el siglo IV a.C. Mientras Gojoseon se desarrollaba en el Norte en el sur aparecía el Estado de Jin, que contaría con una cierta influencia cultural del periodo Yayoi japonés. En este periodo, probablemente por influencia de la desarrollada China de la dinastía Han, el Norte de Corea se encuentra en un estadio de desarrollo cultural superior al del Sur, floreciendo multitud de pequeños Estados dirigidos por élites guerreras. La metalurgia del hierro llegaría en el siglo IV a.C., también proveniente de China.

Los tres reinos.

En el 108 a.e.c. el reino de Gojoseon es vencido y conquistado por la dinastía Han china, que ocuparía todas las tierras bajas del Norte, trayendo a la península sus avances culturales y agrarios. En las montañas de Corea y Manchuria aparecen una serie de pequeños Estados herederos de Gojoseon, siendo uno de ellos el reino de Goguryeo. Al tiempo, en el Sur, se desarrollaba Samhan, una confederación de tres Estados, que lograría conquistar tres de las cuatro comanderías establecidas por los Han.

Goguryeo logra conquistar a su vecinos y, posteriormente, en el 303 c.e., la última comandería Han. Sanmhan, sin embargo, se vería conquistado por dos reinos emergentes Baekje y Silla. Corea se veía libre de invasores y dividida en tres reinos: el gran Goguryeo al norte (que dominaba también buena parte de Manchuria) y Baekje y Silla al sur. Estos tres reinos convivían con Gaya, una pequeña confederación de diminutos reinos situada en el extremo Sur peninsular.

A pesar de haber sido expulsados, la huella de China en Corea permanecía. Estos tres Estados tienen ya poco que ver con los pequeños reinos dominados por élites guerreras de antes de la caída de Gojoseon. Son Estados centralizados, con una burocracia palacial que conoce la escritura. El pensamiento chino del taoísmo y el confuncianismo han llegado también, seguidos por la religión budista.

Económicamente predomina lo que se suele conocer como «modo de producción asiático». Es decir, una élite palacial mantiene a la sociedad sometida a una esclavitud generalizada, siendo esta élite la que administra la producción agrícola (basada en el arroz) y redistribuye los excedentes de la producción.

Hacia la unificación de Corea.

El gran reino de Goguryeo sufriría durante su historia constantes ataques de la dinastía china Tang hasta que, en 668 es conquistado por el norte por el imperio de los Tang y por el sur por el reino de Silla.

La península quedaría dividida, tras conquistar Silla a sus vecinos y tras vencer al Imperio Tang en la guerra de 670-676, entre un poderoso estado de Silla al Sur y Balhae al Norte, un Estado fundado de las cenizas de Goguryeo, si bien muy influenciado por el sistema político Tang. Estos dos Estados se mantendrán en un periodo de florecimiento económico y estabilidad hasta el 892. En este momento se produce una gran inestabilidad en Silla producto de una rebelión de la mediana nobleza, liderada por el general Gyeon Hwon, que tras conquistar las provincias del sur se autoproclama rey del Nuevo Baekje. Algo similar ocurriría con Gung Ye, noble y monje budista, que tras conquistar las tierras del Norte se separaría de Silla para autoproclamarse rey del Nuevo Goguryeo. Este retorno a los tres reinos que supone la decadencia de Silla daría paso a la primera unificación de la península.

Goryeo, una Corea unificada.

Wang Geon, que provenía de una familia de comerciantes, funda en el 927 el reino de Goryeo. Tras hacer la guerra a los tres reinos consigue unifcar la península bajo su mando, proclamándose emperador de Goryeo en el 930.

Goryeo, como Imperio, no llegaría a centralizarse del todo, manteniendo las capitales y administraciones de los reinos conquistados. Socialmente, la burocracia de Goryeo impulsaría la liberación de los esclavos, dando como resultado un sistema económico similar al que ya se daba en china, con una inmensa población de siervos, un Estado fuerte mantenido por un eficiente sistema fiscal y una burocracia bien instruida, apoyada en una nobleza guerrera.

La defensa de la península, que ya había sido conquistada dos veces por China a lo largo de su historia, fue siempre un punto primordial para los gobernantes de Goryeo. Tal es así que, entre 993 y 1019 Goryeo se lanzaría en una campaña militar contra la dinastía Liao, que en aquel entonces gobernaba el norte de China. Goryeo logró movilizar a un ejército de 200.000 efectivos (un número nada desdeñable y que es evidencia del poder del Estado de Goryeo, más aún si tenemos en cuenta que el Imperio Romano en su apogeo movilizaba 300.000 legionarios), logrando asegurar definitivamente sus fronteras.

Poco después de la guerra con la dinastía Liao comienza un periodo de inestabilidad política que derivaría en una dictadura militar tras la cual de restaura la monarquía con el emperador Gonjong en 1213.

Invasión mongola y caída de Goryeo.

Los mongoles fueron un pueblo seminómada de las estepas centroasiáticas. En 1206, un guerrero mongol de nombre Temudjin logra unificar a las tribus mongolas proclamándose gran Khan y cambiando su nombre por Gengis Khan. Tras reorganizar su ejército los mongoles logran aplastar a la decadente dinastía Song, formando un imperio que, extendiéndose desde Siria hasta el extremo oriente, ha sido el más grande jamás formado. La clave del funcionamiento de este Imperio fue la gran tolerancia de los mongoles hacia los sistemas políticos, la cultura y la religión de los pueblos conquistados. Tras instalarse en los asientos de las antiguas élites, los mongoles permitían que el país conquistado siguiera funcionando tal y como lo había hecho hasta el momento, siempre y cuando se pagaran los debidos impuestos al Khan.

Goryeo sería una de las dinastías en ofrecer una mayor resistencia a la invasión mongola, siendo preciso seis campañas hasta la capitulación de la dinastía de Goryeo en el 1259. Tras una fracasada rebelión de las élites militares coreanas en el 1270, Goryeo quedaría convertido en un Estado vasallo del imperio mongol hasta su desintegración en el 1368, convirtiéndose después en un Estado controlado por la dinastía china Ming. Goryeo caería entonces en una época de conspiraciones palaciales, cayendo la dinastía en el 1392, sustituida por la dinastía Joseon.

El reino de Joseon.

El reino de Joseon fue el de más larga duración de cuantos ha habido el Corea, extendiéndose desde la caída de la dinastía Goryeo hasta la entrada de Corea en la época industrial con la formación del Imperio Coreano en 1892, primer régimen ya de tipo burgués.

En cuanto a la sociedad, estamos ante un régimen demográfico de tipo antiguo, con una población de lento crecimiento debido a crisis de alimentación seguidas por periodos de relativa bonanza. La población se dividía en un 40% de siervos (nobi) cuya situación rozaba la esclavitud, un 40% de campesinos pequeño-propietarios y un 20% de Yangban, la élite dirigente que formaba el funcionariado y los mandos militares, bien instruída en escuelas neoconfuncionistas (ideología oficial por influencia de la dinastía china Ming). Estos Yangban formaban los 18 rangos del funcionariado, así como parte del consejo de Estado y de los ministerios escogidos por el monarca, centro absoluto del Estado coreano, fuertemente centralizado. Los comerciantes y profesionales liberales constituían una clase muy minoritaria en ésta época, dedicados por completo al comercio a larga distancia de objetos de lujo.

Es en esta época cuando Corea sufre el primer intento de invasión japonesa. Japón, a finales del siglo XVI, se unifica en una monarquía feudal con intereses expansionistas en lo que se conoce como periodo Azuchi-Momoyama. Entre 1592 y 1598 los japoneses invaden Corea con una poderosa flota. La península solo se libra de la invasión gracias a la acción conjunta de la resistencia coreana y de la intervención de sus aliados de la dinastía Ming, logrando expulsar a los japoneses. Tras esta guerra Joseon se convierte en un país hermético, cerrado a influencias exteriores y aislacionista, siendo conocido por los primeros europeos en llegar al Oriente Asiático como el «Reino Ermitaño».

En China, a principos del siglo XVII, la dinastía Qing derrota a la Ming. El reino de Joseon, aliado de la China Ming desde su fundación, se ve invadido por los Qing en dos ocasiones (1627 y 1637). Como resultado de estas invasiones, Joseon se convierte en un Estado tributario de la dinastía Qing. El impacto de estas guerras trae para Joseon un periodo de paz al abrigo de china que durará dos siglos, pero también de inmovilismo, producto del cual la vieja monarquía comenzará a hacer aguas en el siglo XIX, entrando en un periodo de gran inestabilidad política y luchas entre facciones.

Conclusiones.

Corea ha sido, a lo largo de su época industrial, un país frecuentemente sometido a las invasiones de las potencias extranjeras, continentales o japonesas. Esto, sumado a su geografíca, desencadena un sistema político y económico tendente a la autarquía, cerrado y poco dado a los cambios. De ahí que,  ya entrados en pleno siglo XIX, solo el Imperialismo europeo y japonés logren sacar a Corea de su estado de letargo, de su anciana monarquía al estilo asiático.

Veremos, en el próximo artículo, el efecto de las campañas occidentales en Asia, el nacimiento del Imperio Coreano y la conquista japonesa de Corea, con sus efectos sociales y políticos.

Bibliografía.

Existe una escasísima bibliografía en castellano relativa a la historia preindustrial de Corea.
Es muy recomendable, en lengua inglesa, la obra de síntesis Korea Old and New: a History, editada por la Universidad de Harvard en 1990.

¿Y si la República hubiera ganado la guerra? (II)

En la primera parte analizamos que hubiera ocurrido si la victoria del bando republicano hubiera ocurrido en las primeras fases de la guerra, concluyendo que, con un bando sublevado que aún no se hubiera estructurado y recibido la ayuda del fascismo internacional, un Estado republicano débil y un PCE todavía poco influyente la balanza se habría decantado a favor de las fuerzas revolucionarias, encabezadas por el anarcosindicato CNT.

Como dije en el anterior artículo, los resultados podrían haber variado enormente de acuerdo a en que fecha hubiese ganado la república. Examinaremos ahora que hubiera podido ocurrir si la victoria se hubiera producido algo después, en 1937. Advierto, como en el anterior artículo que todo lo que aquí se diga, aunque producto de un análisis histórico, es pura especulación.

2. Victoria en el 37: un equilibrio inestable.

Supongamos que la victoria de los republicanos se hubiera producido en una etapa más avanzada del conflicto militar. En 1937 el bando sublevado se ha estabilizado políticamente, otorgando el completo mando militar a Franco. Ha ejercido una efectiva represión en su retaguardia y ha recibido la inestimable ayuda de Alemania (la mayor parte de la Legión Condor llega en noviembre de 1936) y de Italia (el CTV lo hace en diciembre del mismo año).

Sin embargo, los sublevados aún no se han impuesto. El frente se encuentra estabilizado en una guerra de posiciones que en ciertos lugares recuerda a las inamovibles trincheras de la primera guerra mundial (caso del Frente de Aragón, donde ni se avanza ni se retrocede). La República ha obtenido importantes victorias en la defensa de Madrid y la batalla de Guadalajara y se ha logrado, mientras los milicianos aguantaban en primera línea, organizar las primeras brigadas mixtas del Ejército Popular. En su mayor parte localizadas en el centro y con mandos salidos del PCE, que a mediados de este año alcanza los 250.000 afiliados.

En tal situación, el Estado republicano ha recuperado buena parte de su fuerza, estancándose los avances de los revolucionarios e impulsándose la progresiva militarización de las milicias antifascistas. Existe pues un equilibrio entre los dos bandos de la guerra: mientras Franco ha conseguido ayuda exterior y meter en cintura a su bando, la República atesora muchas victorias militares.

¿Qué habría permitido, en esta situación, que se rompiera el equilibrio a favor del bando republicano? Juega un papel fundamental aquí la ayuda internacional. La República tan solo había recibido ayuda de la URSS (a parte de su papel en la organización de las brigadas internacionales, vendió armas a la república, a un precio bastante alto, por cierto) y de México (una ayuda bastante testimonial). Inglaterra y Francia llevaban a cabo una política de apaciguamiento, dejando abandonada a la República española para evitar disgustar a una Alemania de Hitler cada vez mejor armada. ¿Y si no hubiera sido así? Es difícil que Inglaterra hubiera movido un dedo, pero Francia estaba entonces gobernada por un Frente Popular, una coalición de partidos de izquierdas similar a la que se daba en España. Era intención de León Blum, primer ministro de Francia durante el gobierno del Frente Popular, enviar ayuda militar a la República española, en forma de aviones y armamento. Esta ayuda se vio muy limitada por el consejo de ministros, contrario a enviarla. Tan solo un puñado de aviones fueron enviados y el material de guerra que fue vendido a la República eran, en su mayor parte, excedentes de la Gran Guerra. Si Blum hubiera logrado imponerse y se hubiera enviado ayuda efectiva a la República en 1937 el equilibrio entre los dos bandos podría haberse roto.

Existían, además de la escasa ayuda internacional, otros dos factores que impedían la victoria de los republicanos. Uno de ellos era la falta de iniciativa de los altos oficiales de la República. Estos altos mandos, comprometidos con la República burguesa pero poco motivados a la hora de colaborar con anarcosindicalistas o comunistas, se mostraban generalmente poco impetuosos en el avance (tan solo una ciudad, Teruel, fue tomada por la República en toda la contienda, a pesar de que su ejército se mostró muy  hábil en acciones defensivas) y poco fiables, llegando al punto de ser agentes fascistas en algunos casos. Este es el caso de la ofensiva de Huesca, que se vió frustrada por la alerta dada por un oficial republicano, provocando un enorme número de bajas. La CNT, o mejor dicho, los sectores de la CNT que aceptaban el Ejército Popular, se mostraron muy críticos con este aspecto, demandando que los oficiales fueran sometidos a revisión de la tropa y a control obrero. Con una efectiva purga de los mandos del Ejército Popular, es del todo probable que éste se hubiera mostrado más efectivo en su avance.

El segundo factor es la división del bando republicano. Esta división, producto de la lucha política entre un gobierno cada vez más controlado por el PCE y el sector filocomunista del PSOE y los revolucionarios (CNT-FAI y POUM), tuvo como consecuencias, más allá de los enfrentamientos en mayo de 1937, la paralización del Frente de Aragón. Al mantener a las milicias catalanas y aragonesas en un pésimo estado logístico, mal armadas y peor abastecidas, el gobierno republicano impidió cualquier avance en ese frente. Para cuando quiso hacerlo, enviando refuerzos desde Madrid, ya era demasiado tarde y no se lograron grandes avances. Si las tensiones políticas del bando republicano hubiesen sido menores (quizás con un gobierno de concentración que no excluyese a los sindicatos y con una más prematura integración de las milicias confederales en el Ejército Popular), ese frente habría gozado de un mejor abastecimiento, siendo posible el avance y la unión con el frente norte antes de que este cayera. Por desgracia, el gobierno republicano no supo ver la importancia estratégica de unir los frentes, prefiriendo mantener sus esfuerzos en Madrid, poco valiosa estratégicamente, pero con un gran valor moral.

Con la confluencia de estos factores: la distensión política, la depuración del Ejército Popular y la ayuda de Francia, la República hubiera podido, con toda seguridad, ganar la guerra a finales de 1937. ¿Cuál habría sido el resultado de esta victoria?

Como me he referido en el título: el equilibrio inestable. Es difícil de adivinar, pero yo considero como posibles tres posibilidades. Los sindicatos tenían todavía un gran peso, así como los sectores del PSOE poco amistosos con el PCE (¿Qué decir de Izquierda Republicana?), habría sido posible, pues, la formación de una especie de República sindical. La propia CNT se muestra favorable a esta clase de régimen, en su proyecto de Estatuto de Autonomía de Valencia de 1937, donde propone la inclusión de los sindicatos en el gobierno, a fin de asegurar el control obrero y los logros de la socialización. De este modo, una República de izquierdas con gran influencia sindical habría logrado asegurar la paz social tras la guerra, al menos durante algún tiempo. La reforma agraria y la socialización se producirían, dentro de un marco de legalidad, pero bajo fuerte presión de los sindicatos.

Otra posibilidad es que las tensiones habidas entre la CNT y el PCE afloraran tras la guerra. El Pravda anunciaba en 1936 que sería necesaria la «limpieza de elementos trotskistas y anarcosindicalistas con la misma energía que en la URSS». Atendiendo a la ilegalización y persecución del POUM, es evidente que tal afirmación no se quedaba en una mera intención. Podría pues, acabada la guerra, haber estallado una segunda guerra civil entre los elementos revolucionarios (estancados, pero aún muy presentes) y una alianza entre la izquierda burguesa y el PCE. Tal cosa, en momentos en los que se realizaría la represión contra los franquistas, produciría un elevado coste de vidas y agravaría la destrucción provocada por la guerra. El gobierno que saliera de tal situación es difícil de decir, pero probablemente fuera una República popular con la participación del PCE y la izquierda burguesa y un Estado fuerte, un solo sindicato y un sistema penitenciario saturado debido al aumento de la represión.

Otra posibilidad, aunque creo que es la menos probable, es la restauración de la República burguesa. Con la ayuda internacional, la República habría tenido que hacer esfuerzos por moderar su política, reprimiendo los radicalismos, despolitizando al ejército y promoviendo una alianza entre Izquierda Republicana, los sectores no filocomunistas del PSOE y la UGT. De la guerra saldría un gobierno autoritario de izquierdas, pero más cercano al republicanismo burgués, con la propiedad privada garantizada.

¿Y después? Creo que llegados a este punto la guerra europea se desataría más rápido aún si cabe. ¿Habría podido evitar una alianza entre las repúblicas españolas y francesas la invasión Nazi? ¿Habría terminado por colapsar la República, caso de no suceder una segunda guerra civil inmediatamente después de la primera? Es posible que en este caso la política exterior de la Unión Soviética se altersase, siendo mucho más favorable en enviar ayuda para evitar un ataque fascista sobre una República más moderada. De igual modo, habría sido posible que las democracias liberales no se hubieran mostrado hostiles a ésta. Dejo a los lectores que lo deseen contestar a estas cuestiones antes de entrar en la tercera parte del artículo y en las conclusiones.

¿Y si la República hubiera ganado la guerra? (I)

Hacer historia ficción es siempre un ejercicio interesante. Utilizar las herramientas de análisis histórico para tratar de adivinar en qué habría cambiado la historia si alteramos tal o cual factor. Una mariposa da un aleteo en el extremo oriente y de pronto un huracán arrasa la Costa Este de los EEUU…

La Guerra Civil ha sido un campo fecundo para el género de la ucronía. Obras como la del falangista Vizcaíno Casas Los rojos ganaron la guerra, o el documental de la Sexta Viva la República, hacen este ejercicio. En el primero se muestra España convertida en una brutal dictadura del PCE y la judeo-masonería, en el segundo se muestran situaciones tan ridículas como una España gobernada, a principios del siglo XXI, por Zapatero y Aznar como presidentes del gobierno y de la República respectivamente, en un régimen de tipo liberal más rico, pero muy similar al actual.

¿Habría acabado la República, en caso de ganar, convertida en un monstruoso satélite de la URSS o en una idealizada democracia liberal? Son quizás las dos visiones más extendidas, pero ninguna de las dos corresponden a un análisis mínimamente serio de la situación política y social de la guerra. ¿Qué clase de país habría salido, entonces, de ella? Todo depende de en qué momento hubiese vencido el bando republicano.

Intentaré en este artículo mostrar tres posibilidades de acuerdo a tres momentos diferentes, atendiendo a la situación política del bando republicano en cada uno de ellos y a qué habría tenido que pasar para que se produjera la victoria. Advierto sin embargo que, conforme más me aleje del punto de partida en este intento de hacer historia ficción, más probable es que cometa errores en mis predicciones.

1. Victoria en el 36: el triunfo de los revolucionarios.

¿Habría sido posible que la revolución sindicalista (o más correctamente, anarcosindicalista), que se desata en la España republicana como respuesta al golpe militar hubiese salido victoriosa de la contienda?

Considero que para que tal cosa se hubiera podido producir tendría que haber ocurrido en las primeras fases de la guerra, antes de que los golpistas lograran organizar una retaguardia  fuerte, antes de que llegara a ellos la ayuda del fascismo internacional. En tal momento la correlación de fuerzas era favorable a los republicanos. Contaban éstos con la mitad del ejército peninsular, la mayor parte de la aviación y la marina, dos tercios de las fuerzas de orden público y un impulso voluntario muy superior al de los golpistas (aproximadamente formaron parte de las milicias antifascistas el doble de efectivos que los que integraron las falangistas y carlistas).

En este momento se da también el hecho de que el Estado republicano se encuentra en una situación delicadísima. Habiendo perdido a la mayor parte de oficiales del ejército, ha perdido el monopolio de la violencia y sus brazos no llegan todo lo lejos que debieran. En Cataluña el poder efectivo lo ejerce el Comité Central de Milicias Antifascistas, en Aragón, Asturias, Valencia y buena parte de Andalucía el poder pasa también, en mayor o menor medida, a las organizaciones obreras, principalmente a la CNT y la UGT. La producción se socializa y el control obrero se hace hegemónico.

¿Qué tendría entonces que haber pasado para que los revolucionarios hubieran ganado la guerra al fascismo y salvaguardado la revolución?  Camilo Berneri, anarquista italiano exiliado en España, publicó una carta (recientemente reeditada en la Biblioteca Anarquista) dirigida a Federica Montseny enumerando los errores que, consideraba, habían cometido los anarcosindicalistas hasta 1937. Según Berneri, los ministros de la CNT deberían haber aprovechado su posición en el gobierno para forzar a la República a otorgar la autonomía a Marruecos. Una revuelta nacionalista marroquí habría causado un desbarajuste en la retaguardia facciosa que les habría impedido movilizar a su principal baza: el ejército africano de Franco. De igual modo, la amenaza sobre sus intereses coloniales habría obligado a Francia a dejar a un lado la política de no intervención para, o bien acabar prestando apoyo a una rápida victoria republicana que restableciera el orden, o bien invadir el norte de Marruecos.

Otra cuestión que denuncia Berneri es el hecho de que la CNT fuera reticente a la militarización. Considera que la CNT debía haber emprendido la formación de un Ejército Popular del noroeste que permitiera la victoria en el Frente de Aragón. La CNT emprendió finalmente la militarización, pero lo hizo tarde y a remolque, cuando los altos mandos estaban ya monopolizados por el PCE, a mediados de 1937. De este modo, la formación de un ejército bien entrenado y pertrechado en Cataluña, liderado por los anarcosindicalistas, habría permitido por un lado conquistar Zaragoza (ciudad estratégicamente vital por sus comunicaciones y uno de los polvorines más importantes de España), lo que habría facilitado enormemente unir el frente y, por otro lado, habría reducido la influencia del PCE, que, apoyado en el Ejército Popular, se estaba convirtiendo en un partido importante.

Así, con un frente unido por un ejército confederal, un PCE menos influyente y el bando nacional privado de la ayuda africana, la victoria republicana habría sido cuestión de poco tiempo.

De aquella guerra habrían salido los revolucionarios con un enorme peso en el Ejército Popular y con la organización del nuevo orden económico en cada territorio conquistado. Una unión con UGT (objetivo siempre presente para la CNT) no habría sido muy extraña teniendo en cuenta la reducida influencia de los comunistas. El gobierno republicano se convertiría, como fue la Generalitat, en un simple títere de los revolucionarios, una máscara ante la Sociedad de Naciones. El desarrollo de las colectividades, la profundización de los cambiosmde orden económico y social y la represión de los elementos contrarrevolucionarios habrían venido tras ello.

Con tal correlación de fuerzas no habrían tardado mucho los revolucionarios en derribar por completo y definitivamente al gobierno, dando el poder a las organizaciones obreras. Gritos de viva el comunismo libertario se oirían en cada población de la península. Lo que ocurriera con esta España tras la guerra es difícil de decir. ¿Una nueva invasión del fascismo internacional? ¿Se hubiera atrevido Hitler a invadir Checoslovaquia o, posteriormente, Francia, con una España en su contra? ¿Cuál habría sido la política de la URSS o de las democracias liberales ante una revolución obrera de tipo libertaria? ¿Se habría contagiado el proceso revolucionario a otros países? ¿Cómo habría soportado la CNT desarrollar todas las contradicciones de la guerra revolucionaria? ¿Habría caído en el autoritarismo? Dejo al lector el contestar a estas preguntas.

Introducción a las teorías políticas: situacionismo

(N del T: El sitio web libertario de habla inglesa Libcom.org publicó, entre 2006 y 2009, un conjunto de cinco textos introductorios a distintas teorías político-sociales pertenecientes a la esfera del socialismo libertario: comunismo anarquista, anarcosindicalismo, comunismo de consejos, situacionismo y sindicalismo. Iré publicando, empezando por el primero, la traducción al castellano de cada uno de estos textos, de valor introductorio y formativo.)

Las ideas situacionistas vinieron de la organización europea Internacional Situacionista, formada en 1957. Aunque solamente duró 15 años, sus ideas han influenciado profundamente, y han sido parte de la sociedad occidental – y los movimientos radicales – desde entonces.

Rasistiéndo cualquier intento de presentar sus ideas dentro de una ideología estática, el situacionismo, la IS llamó la antención sobre la prioridad de la vida real, la actividad del día a día, que continuamente experimenta y se auto-corrige, en vez de reiterar constantemente sobre eternas verdades como las ideologías del troskismo, leninismo, maoismo o incluso anarquismo. Las ideologías estáticas, por muy verdaderas que puedan ser, como todo lo demás en la sociedad capitalista, se vuelven rígidas y se convierten en fetiche, en una cosa más para consumir pasivamente.

En parte como resultado de esto, las ideas situacionistas son notablemente difíciles de explicar, y dejan un alto grado a la interpretación. Sin embargo, algunos datos se pueden afirmar. La mayoría de las introducciones a los situacionistas se centran en sus ideas culturales, particularmente en relación al détournement (subvertir elementos de la cultura popular) y al desarrollo del punk, pero las raíces de las ideas situacionistas se encuentran en el marxismo. El marxismo libertario, más cercano al anarquismo que a las tendencias autoritarias del marxismo tradicional, con la central idea de que los trabajadores son sistemáticamente explotados en el capitalismo y que deben organizarse y tomar el control de los medios de producción y organizar la sociedad en base a consejos obreros democráticos.

Los situacionistas, o situs, fueron el primer grupo revolucionario en analizar el capitalismo en su actual forma consumista. Entonces, como ahora, en Occidente la mayoría de los trabajadores no eran desesperadamente pobres, trabajando doce horas al día en fábricas y minas (las luchas obreras de los 150 años previos se encargaron de eso) pero la pobreza de la vida cotidiana nunca había sido tan grande. Los trabajadores no fueron golpeados con represión salvaje, sino más bien con ilusiones vacías de bienes de consumo, o espectáculos, que estaban imbuidos por una cultura y marketing cuyas característitas no poseían realmente. Por ejemplo, que la compra de este u otro artículo de tal marca de zapatos haría la vida de uno completa, o haría su triste vida igual que la de los famosos y modelos que la cultura muestra.

Los situs defendían que incrementar la riqueza material delos trabajadores no era suficiente para parar la lucha de clases y asegurar la existencia perpetua del capitalismo, como muchos en la izquierda defendían en el momento, mientras que los auténticos deseos humanos estarían siempre en conflicto con la alienante sociedad capitalista. Vieron en momentos de verdadera comunidad la posibilidad de una futura, alegre y no-alienada sociedad.

«La gente que habla sobre revolución y lucha de clases sin referirse explícitamente a la vida del día a día, sin entender lo que es subversivo en el amor y que es positivo en el rechazo de las limitaciones, esa gente tiene cadáveres en sus bocas.» 1

En una (anti-)espectacular demostración de la validez de sus ideas, un grupo de situacionistas, junto con anarquistas, en la Universidad de Nanterre, fueron fundamentales para desencadenar la Revuelta de Mayo del 1968 que asoló el país, llevándolo a un estado cercano a la revolución, con diez millones de trabajadores en una Huelga General, muchos de ellos ocupando sus lugares de trabajo.

La figura clave en la IS, Guy Debord, se suicido en 1994 pero las ideas situacionistas viven, después de haber sido una parte fundamental de buena parte de la teoría anarquista actual, así como sus pensamientos sobre el comunismo que hoy se celebran como verdades por la mayoría de la gente.

“Tenemos un mundo de placer que ganar, y nada que perder salvo el aburrimiento.”2

  • 1. La revolución de todos los días – Raoul Vaneigem.
  • 2. ibid.

Introducción a las teorías políticas: comunismo de consejos

(N del T: El sitio web libertario de habla inglesa Libcom.org publicó, entre 2006 y 2009, un conjunto de cinco textos introductorios a distintas teorías político-sociales pertenecientes a la esfera del socialismo libertario: comunismo anarquista, anarcosindicalismo, comunismo de consejos, situacionismo y sindicalismo. Iré publicando, empezando por el primero, la traducción al castellano de cada uno de estos textos, de valor introductorio y formativo.)

El comunismo de consejos fue un movimiento obrero militante que emergió por primera vez en Alemania y los Países Bajos en la década de 1920. Hoy en día continúa siendo una importante coriente teórica dentro del comunismo libertario.

El agumento central (y simple) del  comunismo de consejos, en marcado contraste con los reformistas socialdemócratas y los leninistas, es que los consejos obreros que surgen en los lugares de trabajo y las comunidades durante los periodos de intensa lucha son la forma natural organizativa de la clase trabajadora. Esta visión es completamente opuesta a los argumentos reformistas o leninistas que hacen hincapié en que la clase obrera es incapaz de hacer nada por si misma y la necesidad de contar con partidos de vanguardia, urnas (y las instituciones estatales que ambos conllevan) para solucionar sus problemas.

Estas conclusiones llevan a los comunistas de consejos a mantener posiciones muy similares a las sostenidas por los anarco-comunistas con la principal diferencia de que en ocasiones, aunque no siempre, mantienen un compromiso con Marx y sus métodos de análisis. Como tal, hay momentos históricos y presentes de una estrecha colaboración entre las dos corrientes, hasta el punto de que comunistas de consejos se convierten en miembros de grupos anarco-comunistas.

A raíx de esto, los comunistas de consejos defienden que la sociedad y la economía debe ser dirigida por federaciones de consejos obreros, compuestas por delegados elegidos en los lugares de trabajos y que pueden ser revocados en cualquier momento por los que les eligieron. Como tal, los comunistas de consejos se oponen al burocrático socialismo de estado. También se oponen a la idea de un partido revolucionario que tome el poder, considerando que cualquier agitación social liderada por uno de estos «revolucionarios» partidos solo puede acabar en una dictadura del partido.

También consideran que el rol del partido revolucionario no es llevar a cabo la revolución por la clase trabajadora, sino tan solo agitar dentro de la clase, animando a la gente a tomar el conrol de sus propias luchas a través de las instituciones de democracia directa de los consejos obreros.

A veces se piensa que los comunistas de consejos han mantenido una oposición «desde fuera y contra» la burocracia de los sindicatos reformistas, viéndolos como un freno a la militancia obrera y considerando que el liderazgo, cuyo rol es visto como poco más que «polis de gorra blanda (N del T: hace referencia a la típica boina o gorra del trabajador industrial)», que con el tiempo siempre venden al resto de miembros. Es verdad que, históricamente al menos, los comunistas de consejos han sido antisindicales. Sin embargo, esto ha sido debido en gran medida debido al contexto en que escribieron los comunistas de consejos. Por ejemplo, los comunistas de consejos alemanes de la década de 1920 eran plenamente conscientes del papel de los sindicatos alemanes en traicional los intentos de revolución obrera en 1918. Sin embargo, en la actualidad, aun manteniendo una visión muy crítica de los sindicatos y su naturaleza antidemocrática, los comunistas de consejos generalmente considera que tener un sindicato es mejor para los trabajadores que no tenerlo.

Los comunistas de consejos llevan a cabo, obviamente, una fuerte crítica de la «exitosa» Revolución Rusa de 1917. Apesar de que  sentían que originariamene tenía un carácter pro clase obrera, terminó siendo una revolución burguesa, con los nuevos líderes «comunistas» remplazando la vieja aristocracia feudal con la burocracia del capitalismo de Estado. Los comunistas de consejos sostienen que el partido bolchevique solo tomó el rol de los capitalistas individuales en lugar de deshacerse del capitalismo.

Los comunistas consejistas surgieron en gran medida del movimiento sindical de base alemán, que se oponía a sus sindicatos y que organizaron huelgas cada vez más radicales hacia finales de 1917 y principios de 1918. Éste se formó en el Partido Comunista Obrero de Alemania (KAPD), que es la unión de la AAUD y la AUUD-E, cuyo apogeo fue el intento de revolución alemana de 1918-19. Tendencias similares se desarrollaron en los movimientos obreros de Italia, Bulgaria y Países Bajos.

El brutalmente reprimido pero brevemente exitoso levantamiento obrero anti URSS de Hungría de 1956 se utiliza a menudo como ejemplo histórico de como los consejos obreros puedes surgir naturalmente de la clase obrera durante los periodos de intensa lucha de clases, incluso a pesar de la falta explícita de los trabajadores de compromiso con la teoría del cmunismo consejista.

Las ideas del comunismo de consejos han sido desde entonces tomadas por muchos comunistas libertarios de todo el mundo con grupos como Socialismo o Barbarie y la Internacional Situacionista siendo en gran medida influenciados por ellas.

Sin embargo, estos grupos son a veces designados despectivamente como «consejistas» por los comunistas de consejos, por obsesionarse abiertamente con la espontaneidad obrera y someterse a lo que Mark Shipway describe como «un énfasis vacío, formalístico en los consejos obreros que descuida completamente el contenido comunista de la ecuación del comunismo de consejos.» Esto es percivido como peligroso debido a que es posible que los trabajadores sean capaces de tomar espontáneamente los medios de producción durante una crisis pero solo para finalmente acabar estableciendo una forma de «capitalismo autogestionado» en el que los consejos obreros gobiernen el mundo pero desgraciadamente se conserven las relaciones salariales el capitalismo.

Los comunistas de consejos, en cambio, piensan que la clase trabajadora debe desarrollarse para poseer una fuerte consciencia política y tener marcados el comunismo y la abolición del capitalismo como fines; los consejos son solo los medios para que este fin pueda ser realizado. Esta fue también la crítica hecha por el KAPD/AAUD cuando la AAUD-E se escindió de ellos en el rechazo de una organización separada de los comunistas.

Por libcom, 2005.

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