¿Quién fue Santiago Carrillo?

Hoy, debido a una insuficiencia cardiaca, ha muerto Santiago Carrillo a los 97 años de edad en su casa mientras, según han informado los grandes medios, descansaba.

Nos cuentan, especialmente por la televisión, que Carrillo fue durante toda su vida un revolucionario que, por el buen desarrollo de la transición española, supo renunciar a intereses partidistas. Uno de los padres fundadores de nuestra democracia, de nuestra actual España. Pero como uno no es muy dado a tragar con versiones oficiales me gustaría profundizar un poco más en quien fue Santiago Carillo y en lo que significó, especialmente, para la izquierda española.

Este hombre nace en Gijón en 1915, de familia obrera e hijo del militante del sindicato UGT y del PSOE Wenceslao Carrillo. Por tradición familiar, Santiago se afilia a las Juventudes Socialistas poco antes de la llegada de la República, siendo todavía un adolescente. En el 1934 alcanza la secretaría general de la organización juvenil, promovido por el ala prosoviética (y entonces minoritaria) del partido. Ocupando este cargo participaría en la revolución de Asturias y en la breve República Socialista de Asturias, participación que le llevaría a la cárcel cuando la revolución fue reprimida.
Es liberado con el triunfo del Frente Popular, momento en el que se encargaría de encabezar el proceso de unificación de las Juventudes Socialistas del PSOE con las Juventudes Comunistas del PCE, dando como resultado la Juventud Socialista Unificada. Este hecho fue una de las causas de que el PCE dejara de ser un partido minoritario, al lograr absorver a unas colosales JJSS que contaban con 100.000 afiliados en unos momentos en los que el PCE no pasaba de los 30.000.
Durante la guerra civil participaría en la defensa de Madrid, estando después al cargo de la cárcel Modelo de Madrid, siendo en Paracuellos del Járama responsable de sacas y fusilamientos indiscriminados y que sobrepasan lo puramente necesario en un conflicto militar que se llevarían la vida de dos millares de presuntos fascistas sin juicio previo. Esta matanza solo sería detenida por la intervención del ministro de justicia Joan García Oliver de la FAI que pondría al mando de la institución penitenciaria a Melchor Rodriguez García «El Angel Rojo», también de la FAI.
En este conflicto Santiago Carrillo acaba por entrar a militar al PCE, rompiendo con las ideas políticas de su padre.
Durante el franquismo sería uno de los ejes vertebradores del PCE en el exilio, participando en el liderazgo, desde París, del movimiento guerrillero del maquis español, dirigiendo la quijotesca invasión del Valle de Arán en 1944, lo que costaría la vida a doscientos guerrilleros antifranquistas. Para posteriormente cambiar de política, abandonando a su suerte a los focos guerrilleros que no habían logrado salir de España. Esta nueva política fue la infiltración de núcleos comunistas en el sindicato vertical franquista, lo que derivaría en la construcción de las Comisiones Obreras.
En los años 60 alcanza la secretaría general del PCE, derivando sus posturas hacia un alejamiento de la línea oficial de Moscú, el eurocomunismo, de corte más similar a las posturas socialdemócratas.
En 1976 y con la muerte de Franco vuelve a España, no sin antes entrevistarse con gerifantes de la dictadura como Adolfo Suárez, el ministro Manuel Fraga o el príncipe Juan Carlos de Borbón. Tras pactar con estos oligarcas del régimen Santiago Carrillo acepta, y el PCE con él, la monarquía y la transición frente a la ruptura, lo que permitió un continuismo que hizo que las élites sociales del franquismo no solo no fueran nunca juzgadas, sino que incluso peremanezcan actualmente en el poder.
En 1977 el PCE, bajo su dirección, firma los pactos de la Moncloa, en la cual se adopta oficialmente una economía y estructura social liberal. Las únicas organizaciones de peso que lo rechazaron fueron los sindicatos CNT y UGT (si bien este último acabó por firmarlo más tarde), debido a lo que estos pactos suponían para la clase trabajadora española.
Participa en la elaboración de la conservadora, por no decir reaccionaria, constitución de 1978 que facilitaría la conversión de España en una monarquía de corte liberal perfectamente integrada en el mundo capitalista.
La debacle reformista a la que llevaba al PCE propició su expulsión por parte de un sector liderado por Gerardo Iglesias en 1985, ante la alarma de que Carrillo pretendiera convertir al PCE en una simple corriente dentro del PSOE. Carrillo funda el PTE como partido personalista, que sin éxito electoral, acabaría por integrarse en el PSOE.
Desde entonces se ha convertido en una figura meramente testimonial, participando en actos conmemorativos o programas televisivos donde se invita a las viejas glorias. Siempre, por supuesto, con su ducados en la mano.

Creo que ahora queda bastante claro por que los que dominan en la España actual sienten tanto agradecimiento hacia este padre de la democracia.

Revolución social y ejército (II)

«Grandes riquezas, gran esclavitud»
-Lucio Anneo Séneca. (4 a.C.- 65 d.C.)

(Viene del anterior)
Los conflictos bélicos son tan antiguos como la propia civilización humana. Derivados de la competencia por los recursos, por la influencia política o ideológica, la guerra es una parte más de la historia de las sociedades humanas. Sin embargo, no todos estos conflictos han sido guerras de poder entre grandes generales o imperios, algunos de ellos derivaron de las aspiraciones de cambio de las masas explotadas que, por libertad y justicia social, llegaron a hacerse a las armas en no pocas ocasiones.

En este primer artículo de nuestra serie examinaremos los primeros antecedentes a los modernos conflictos revolucionarios: Las rebeliones de esclavos del mundo antiguo y clásico. ¿Qué les llevó a alzarse en armas? ¿Cómo se organizaron militarmente? ¿Cuáles fueron sus triunfos y derrotas? Sumerjámonos pues en los anales de la historia de la revuelta.

Levantamientos en las primeras civilizaciones

Por desgracia, las fuentes que nos hablan de los levantamientos de la población en Mesopotamia y Egipto son más bien escasas y siempre de una enorme parcialidad, pero esto no quiere decir que no existieran. En estas sociedades, en las que nació la propiedad privada y el Estado en lo que Marx llamó sistema de producción asiático(1) y otros denominan como despotismo hidraúlico, la propiedad de la tierra a una «comuna superior» ya sea el templo o, posteriormente, el palacio, que organiza la producción (dirigiendo, por ejemplo, las obras de construcción y reparación de canales) y controla los excedentes. Para poder controlar a la población y defender los excedentes de potencias extranjeras nacieron los primeros ejércitos. (Una ciudad-Estado podía contar con un par de miles de soldados y los imperios Egipcio e Hitita se enfrentaron en Qadesh, la mayor batalla de la edad del bronce, con varias decenas de miles de soldados). Estas fuerzas militares, por lo general, supieron controlar bastante bien a la población.

Así, el principal componente de discordia en estas sociedades lo encontramos en que eran dimórficas, conviviendo el mundo sedentario con el nómada o seminómada. La oposición a estos primeros Estados se encontraba precisamente en los pueblos que los rodeaban y que aún no habían desarrollado Estados.

Así, Mesopotamia fue invadida en varias ocasiones por tribus de pastores seminómadas, como los amorreos (siglo XXI a.C.) o los casitas (siglo XVIII a.C). Así mismo Egipto se vió invadido por los hicsos en el XVII a.C o por las tribus libias en el XI a.C.(2)

Por lo general estos pueblos acababan por adoptar las formas culturales de los invadidos por lo que se sedentarizaban y formaban un nuevo Estado. Pero esto es una prueba de como las estructuras estatales y militares se encontraban todavía en pañales, hasta el punto de que tribus de nómadas podían acabar con ellas si actuaban con suficiente contundencia.

Rebeliones de esclavos en Grecia

El mundo grecolatino se asentó sobre el esclavismo. Una minoría de ciudadanos con derechos políticos se levantaba, por lo general, sobre una gran masa de población esclavizada y reducida a la animalidad sin derechos de ninguna clase. (3) Así, en una polis de unos 250.000 habitantes como Atenas solo 30.000 eran ciudadanos (varones, libres y atenienses) mientras que más de 100.000 serían esclavos. El resto de la población se compondría de mujeres, niños y extranjeros, todos ellos sin derechos políticos. En su principal rival, Esparta, solo 9.000 habitantes pertenecían a la clase de los homoioi (los iguales), que sometían a una gran población de ilotas (esclavos) y periecos (hombres libres sin derechos), que eran los que se ocupaban de todos los aspectos de la producción.(4)

Cabe destacar que en la antigua Grecia ser ciudadano equivalía a ser soldado. O mejor dicho, ser soldado daba el derecho de ser ciudadano. Así, todos los ciudadanos de las polis griegas tenían el deber de servir durante un tiempo en el ejército como hoplitas (lanceros pesados) e incluso, en Esparta, esa era la única tarea que desarrollaban. Esto se debe a que los ciudadanos formaban parte de la maquinaria estatal y por ello debían defender la ciudad de sus enemigos y mantener el sistema imperante: el esclavismo. Y el principal modo de conseguir esclavos es capturando enemigos en campañas militares.

En este periodo se produjeron no pocas rebeliones de las grandes masas esclavas, especialmente en los momentos de guerra en los que el ejército debilitaba su presión en el interior.

Así, durante la guerra del Peloponeso que enfrentó a Esparta y Atenas los esclavos de la isla de Quios, liderados por Daómaco, se alzaron en armas en la isla. Otros 20.000 esclavos lograron huir de Atenas.(5)

Existía por ello una gran obsesión por mantener sometida a la población esclava, que superaba en número a los ciudadanos. En Esparta se declaraba, cada cierto tiempo, la guerra a los ilotas y se mandaba a la krypteria (una especie de policía secreta formada por los homoioi más jóvenes) a asesinar esclavos indiscriminadamente.

Decir que los esclavos por lo general casi no tenían formación militar y su equipo era más bien improvisado. Salvo en el caso de los ilotas espartanos, que solían acompañar a sus amos a la guerra.

Paralelo a todo esto hubo un movimiento de las clases libres populosas (artesanos y campesinos con tierras principalmente) que tras años de lucha política devino en la formación de la democracia ateniense y en la extensión de la ciudadanía espartana, por parte del político Licurgo, a 30.000 habitantes (en su mayoría, antiguos periecos o ilotas que se habían destacado como auxiliares en la guerra) en un régimen que se ha denominado como «Comunismo castrense», por estar todas las tierras del Estado divididas en 30.000 lotes iguales.

Estos movimientos populares tuvieron en buena medida apoyo de corrientes del pensamiento anti-aristocráticas como la estoica o la cínica, que defendían una vida sin lujos.

Roma y las tres Guerras Serviles

Ninguna civilización como la antigua Roma dependió tanto de la población esclava. Todo en la maquinaria romana estaba dedicado a un fin: El mantenimiento del modo de producción esclavista. Al igual que las polis griegas, Roma mantuvo desde sus tiempos como república un ingente ejército de ciudadanos, dedicados a mantener el orden y a conquistar nuevos territorios para ampliar el número de esclavos.

Esta población esclava, gigantesca, llegó a levantarse en armas hasta tres veces provocando grandes crisis en la República Romana, en lo que se conoce como las Guerras Serviles.

La primera de estas guerras fue después de la tercera guerra púnica. Tras acabar con Cártago, Roma se había convertido en la única potencia del Mediterráneo. Algunas de los territorios recién conquistados por Roma llegaron a llenarse de esclavos. En 135 a.C. la población esclava de Sicilia, en su mayoría de origen sirio y de unas 60.000 personas, tomó las armas lideradas por el profeta Euno, llegando a conquistar la ciudad de Enna, en el centro de la isla. Los esclavos fueron vencidos fácilmente por un ejército romano que desembarcó en Sicilia tras tres años de rebelión.

Años más tarde, entre el 104 y el 100 a.C. el cónsul Cayo Mario se encontraba reformando el ejército republicano. Pretendía extenderlo a las clases baja mediante la uniformalización (el Estado pagaría a partir de ahora el equipo militar) y entre sus medidas se encontraba liberar a 800 esclavos sicilianos para que sirvieran en este nuevo ejército. Demandando libertad para todos y liderados por Trifón de nuevo los esclavos de Sicilia volvieron a levantarse en armas. Pero esta vez lo hicieron de forma más organizada, logrando constituir un ejército de 60.000 hombres (2.000 de ellos a caballo). Además, en apoyo a los sicilianos, los esclavos de otras ciudades italianas también se rebelaron. Cuatro años y grandes pérdidas militares costaron sofocar esta rebelión.

Pero aún darían los esclavos una batalla más a Roma.

Espartaco y la tercera guerra servil

Ha sido protagonista de grandes películas de Hollywood, también ha sido símbolo de movimientos sociales a lo largo del siglo XX. La figura del esclavo Espartaco se ha convertido en toda una leyenda.

Más allá de la leyenda, Espartaco era un hombre originado de Tracia (aproximadamente la actual Romanía), que tras desertar de las tropas auxiliares del ejército romano fue reducido a la esclavitud y convertido en gladiador.

Los gladiadores eran aquellos esclavos dedicados al espectáculo de sangre: Combatiendo entre sí o contra fieras. Era una de las tareas más brutales a las que se podía dedicar una esclavo.

Durante su esclavitud, Espartaco ideó una rebelión contra Roma que, necesariamente, debía ser militar para que triunfase. En el 73 a.C huye de la ciudad de Capua junto con unas docenas de compañeros, todos ellos gladiadores y expertos en armas. Se refugiaron en el monte Vesubio durante un tiempo, dedicándose al bandidaje.

Espartaco, que además de su propia libertad deseaba la creación de un nuevo orden igualitario, estableció el reparto equitativo de los botines. Esto atrajo a los esclavos de la región, que comenzaron a huir de sus amos para unirse a la banda de Espartaco que, sin perder el tiempo, comenzó a entrenarlos. Una pequeña fuerza militar fue enviada desde Capua, vencida por los esclavos gracias a su estratégica posición en el Vesubio.

Los esclavos, por entonces ya unos 2.000, fueron atacados por los romanos en varias ocasiones más, venciendo en inferioridad numérica a las legiones gracias al empleo de tácticas guerrilleras. Espartaco conocía bien el funcionamiento del ejército Romano, y sabía cuales eran sus principales puntos flojos.

Después de estas victorias el ejército de Espartaco se vio engrosado no ya solo por esclavos, sino también por campesinos pobres y labradores, hasta reunir a 70.000 hombres armados sobre un total de 120.000 personas. Que se dedicaron a saquear las ciudades italiana, venciendo en varias ocasiones a los ejércitos consulares y equipándose con sus armas.

Hubo una división entre Espartaco y otro de los líderes de la rebelión, el galo Criso. Mientras Espartaco y los suyos tenían como objetivo salir de Italia, Criso deseaba permanecer un tiempo indefinido saqueando. Criso y 30.000 seguidores se escindieron de las fuerzas esclavas y fueron derrotados.

Sin embargo, el resto logró reorganizarse y suguió aglutinando esclavos. Roma temía realmente por su  supervivencia.

En el sur de Italia conquistan Puerto Turio y comienzan a construir barcazas para viajar a Sicilia e instigar allí la rebelión. También tuvieron la idea, aunque no llegó a realizarse, (5) de levantar en el sur de Italia un nuevo Estado inspirado en la Esparta de Licurgo, repartiendo las tierras igualitariamente entre los esclavos en armas. Mientras construía su flota, Espartano impuso la igualdad entre sus gentes y eliminó la moneda, claramente bajo una idealizada comprensión de la sociedad espartana.

Trágicamente y antes de que lograran salir de Italia el ejército romano logró reorganizarse y acabar con la rebelión, mientras los esclavos eran traicionados por los comerciantes que debían llevarles los barcos, siendo los líderes de la revuelta condenados a muerte por crucifixión.

Como vemos, han existido intentos de construir una sociedad mejor por parte de los oprimidos desde el origen de la historia y siempre que esto ha sicedido ha derivado en una guerra entre los que querían liberarse y los defensores del antiguo orden. Solo puedo decir una cosa, ninguna de ellas habría tenido la menor posibilidad de no haber empuñado las armas. De todas formas, salvo en el caso de la de Espartaco, estas rebeliones, por su desorganización o falta de perspectiva militar, rara vez supusieron un peligro real para los Estados antiguos, pero aún nos queda mucha historia por ver.

[1]Marx, KARL, Formaciones económicas precapitalistas, 1858.
[2]Sanmartin, JOAQUIN; Serrano, JOSÉ MIGUEL, Historia antigua del próximo oriente: Mesopotamia y Egipto, 1998, Akal.
[3]Sabine, GEORGE, Historia de la teoría política, 1945, Fondo de cultura económica.
[4]Sekunda, NICHOLAS, Guerreros espartanos, 2009, RBA Colecciones.
[5]Vitale, LUIS, Las rebeliones de los primeros movimientos sociales de la historia hasta el siglo XVI, 2001, Universidad de Chile.

Conferencia: La Nueve, los españoles que liberaron París

¿Quién iba a pensar que el primer blindado en entrar en país llevaría por nombre «Guadalajara» y estaría tripulado por antiguos milicianos de la columna Durruti?

Evelyn Mesquida, periodista y autora del libro «La Nueve, los españoles que liberaron París», nos cuenta, en la CGT de Valladolid, esta historia de aquellos españoles que, perdida la guerra contra el fascismo español, siguieron luchando conra el fascismo internacional, llegando a conformar la novela compañía de la segunda división blindada de la Francia Libre. Ellos fueron los primeros en entrar en París y algunos llegaron incluso al mismo Nido de Águilas.

La propaganda del régimen franquista homenajeó, al menos durante sus primeros años, el papel de la División Azul. Pero poco se ha hecho por esos españoles, esos rojos, que lucharon por liberar a Europa de la bestia fascista en unidades como La Nueve, la Spanish Division o dentro de la guerrilla del maquis francés.

 

Ficha técnica:
Duración: 99 minutos.
Año: 2012.
Categoría: Charla/Conferencia.

Revolución social y ejército (I)

«Si quieres paz, prepárate para la guerra», dijo el dirigente romano Julio César. Pero, si la paz que queremos solo puede derivarse de radicales cambios sociales, ¿debemos entonces prepararnos para la guerra?

El geógrafo anarquista Eliseo Reclus afirmaba en su obra* que evolución y revolución son dos fases de un mismo proceso, existiendo épocas en las que se dan cambios lentos y graduales que no suponen un gran conflicto pero que, al acumularse, propician situaciones de cambios rápidos en las estructuras sociales, esto es, revoluciones.

Es comprensible pues que en estos períodos revolucionarios, al suponer el enfrentamiento radical de nuevas estructuras sociales y políticas contra las viejas estructuras, se den situaciones de violencia generalizada. Los partidarios del viejo orden social no se muestran por lo general muy dispuestos a abandonar pacíficamente sus hasta entonces privilegiadas posiciones y movilizan a sus fuerzas para la defensa de sus intereses reaccionarios. Es por esto que, con gran frecuencia, toda revolución social deviene en una guerra civil entre los partidarios del viejo orden y los revolucionarios.

Estos enfrentamientos bélicos: las guerras revolucionarias o para la defensa de la revolución, han generado distintas posturas entre los distintos movimientos revolucionarios en cuanto a la cuestión militar. No hay que olvidar que el ejército es, en muchos casos, el elemento más reaccionario, por su estructura y componente sociales de origen. Este debate es aún más importante dentro de las distintas corrientes del socialismo libertario, debido a que el ejército ha sido históricamente una de las herramientas de represión al servicio de los Estados.
¿Es necesaria la militarización de las fuerzas revolucionarias en el periodo de guerra civil que acompaña a las revoluciones sociales? ¿Es posible un ejército al servicio de los intereses de la clase trabajadora? ¿Puede un ejército tener una estructura que no sea autoritaria? ¿Pueden las piedras hacer frente a los fusiles? Estas son solo algunas de las preguntas que se han planteado los revolucionarios a lo largo de la historia.

Con esta serie de artículos pretendo realizar un repaso histórico del carácter bélico de las revoluciones sociales (desde las revueltas de esclavos del mundo antiguo, pasando por las revoluciones burguesas hasta llegar a los movimientos revolucionarios del siglo XX y de nuestra propia época), de las soluciones que buscaron los revolucionarios al problema militar en cada una de ellas, las distintas posturas que engendró este debate y las consecuencias de su aplicación.

No me abstendré sin embargo de ofrecer una visión crítica de este fenómeno, pues pretendo no solo mostrarlo, sino también llegar a una comprensión sobre el tema que nos permita avanzar en nuestro entendimiento de lo que supone el conflicto revolucionario.

Invito pues a las lectoras y lectores a que sigan atentamente estos artículos y no se contengan en ningún momento a la hora de dar su opinión.

*Reclus, ELISEO, Evolución, revolución y anarquismo, 1897.

(Ir a la segunda parte)

Y el anarquismo volvió a Saint-Imier

Casi siglo y medio después los anarquistas de todo el mundo volvieron, entre el 8 y el 12 de agosto, a reunirse en la pequeña localidad Suiza de Saint-Imier.

Todo comenzó por iniciativa de la Cooperative Espace Noir, en colaboración con Féderation Anarchiste francesa (FA), la Organisation Socialisme Libertaire (OSL, suiza) y la Federación Libertaire des Montaignes (también suiza), en colaboración con las internacionales de específicas IFA (Internacional de Federaciones Anarquistas) y Anarkismo (nótese que la «k» proviene de esta en esperanto la palabra, y no por reminiscencias punkarras). Acudieron, según los organizaciones, casi 5.000 personas y, según la presnsa suiza, unas 3.000, de muy distintos países, organizándose una serie de charlas y conferencias durante los cuatro días que duró el encuentro.

Sin embargo, más allá del simbolismo que supone reunirse en la misma localidad en la que Bakunin fundó la Internacional Antiautoritaria de 1872 (tras la expulsión de la corriente libertaria de la AIT), me gustaría examinar que ha supuesto este encuentro para el anarquismo presente.

Para empezar, ha significado el encuentro de tendencias del anarquismo organizado que llevaban décadas sin entablar relaciones. Así, hemos podido ver a delegados de la IFA (como las FAI ibérica e italia o la FA francobelga) y a enviados de organizaciones de la red Anarkismo (como a la AL francesa) en un mismo espacio. Siendo estas corrientes organizativas políticas del anarquismo (la sintetista y la especifista) que pocas veces habían mantenido contacto.
A ello se unen representantes de los sindicatos de la AIT (CNT, FAU…) y de la Coordinadora Roja y Negra (CGT, CNT-Vignoles…), dos tendencias del sindicalismo libertario y revolucionario divididas desde hace más de 30 años. Sin olvidar representantes de organizaciones estudiantiles como el FEL chileno y argentino.

Recordemos, sin embargo, que fue un encuentro y no un congreso. Una aproximación que ha supuesto conocer al otro, abandonando antiguos prejuicios, pero sin llegar a ningún pacto de futuro. Con todo, es algo tremendamente positivo que el movimiento anarquista, tan atomizado como está y ante la situación actual, haga esfuerzos en pro de la unión de fuerzas.
Hay que tener en cuenta también que, por desgracia, el anarquismo organizado tiene todavía mucho camino que recorrer. Así, el historiador Frank Mintz, presente en el encuentro, contaba en una entrevista a Radio Klara* que, a pesar de todas las charlas, de todo el contacto entre organizaciones, había allí mucho «anarquista cloacal», de aquellos que más que a un encuentro político y social pensaban que iban a un festival. Y es que queda todavía mucho de tribalismo urbano en el seno del anarquismo.
Se ha probado, al menos, que somos capaces de seguir organizando, de seguir construyendo; que el anarquismo, como movimiento político, sigue vivo.

Espero pues que los anarquistas (los que tienen una preocupación social auténtica) continuemos, dejando a un lado sectarismos rancios, haciendo avances en pos del levantamiento de organizaciones y de la lucha social, lo que siempre se traduce en la contrucción del socialismo libertario y el fin de la barbarie capitalista.

*Crónicas del primer y segundo día del encuentro, por Frank Mintz.

Ante una huelga general en otoño

Después de un agosto extrañamente tranquilo en un año que ha batido récords de movilizaciones, se aproxima el que será, a buen seguro, un otoño calentito.

Los primeros en anunciar una huelga general para otoño fueron el sindicato CGT, que en junio anunciaba estar preparándose para una huelga contra los recortes en derechos sociales y laborales. No especificó el sindicato, sin embargo, que fecha tendría esta huelga esperando, imagino que por estar a la espera de la fecha que den los sindicatos oficiales.

Los sindicatos vascos (ELA y LAB), anunciaron poco después una huelga general en Euskadi para el 26 de septiembre, a la que se sumaron otras organizaciones sindicales como CNT y CGT. Por su parte, CNT y Solidaridad Obrera pasaban a principios de agosto a secundar la convocatoria de CGT de una huelga para otoño, pero sin atreverse todavía a dar una fecha definitiva.

Mientras tanto, el PSOE se organiza en una mal llamada «cumbre social» liderando a CCOO y UGT y anuncian, que «no descartan la posibilidad de una huelga general para otoño». Esta claro pues, huelga va a haber. La pregunta es ¿Cuándo?

Primero, hay que tener en cuenta que CCOO y UGT hace tiempo que no se comen un colín en Euskadi, así que es difícil que lleguen a hacer coincidir su convocatoria con la de los vascos. Por otro lado, CGT, liderando al sindicalismo alternativo, hace gala de su habitual falta de iniciativa propia, no atreviéndose a dar un paso hasta que no lo hagan los mayores. Depende, por tanto, de éstos la fecha para la huelga.

Y en cuanto a éstos, si revisamos las fechas, vemos que CCOO tiene un buen número de congresos regionales programados para diciembre, lo que supone un gran gasto de energías que impediría que optasen por realizar la huelga general en esa fecha, o incluso a finales de noviembre. Personalmente, me da en la nariz que la fecha escogida será, más pronto que tarde, a principios o mediados de octubre. ¿Por qué? Porque el 21 de octubre tenemos las elecciones gallegas y vascas, y al PSOE le interesa un clima de descontento con el gobierno del PP.

Ahora, a nosotros, se nos presenta una importante cuestión. Creo que estaremos de acuerdo que, ante los embistes que el Estado capitalista está ejerciendo contra la clase trabajadora en los últimos tiempos hay que empezar a actuar. Pero por otro lado, nos encontramos a un PSOE débil, más débil que nunca, que va a intentar apoderarse de los movimientos sociales para volver a crecer y a ganar confianza. Y a los dos amarillos, UGT y CCOO, cuyas cúpulas necesitan quedar bien con su afiliación.
El sindicalismo alternativo no tiene ni los medios ni la afiliación de esos dos grandes sindicatos, pero eso no significa que nada se pueda hacer. Se está dando en españa un primitivo movimiento de trabajadores asindicados, las «mareas», que de momento y en algunas regiones se han mostrado críticas con el sindicalismo oficial, acercándose a los alternativos. Existe también en algunas ciudades un movimiento estudiantil en alza con el que unir fuerzas. Un bloque de fuerzas ,como el que ya ha propuesto Solidaridad Obrera en Madrid, puede vconvocar a tanta gente, puede que incluso más, que la que puedan el maltrecho trio UGT-CCOO-PSOE. El sindicalismo vasco aprendió pronto a dejarlos a un lado, y gracias a ello crecieron por su iniciativa propia, lo mismo deberíamos hacer en el resto de España.

Comentaré, por último, que habría que empezar a plantear auténticas alternativas para la clase trabajadora. No basta con reclamar que no nos quiten el derecho a una cama de hospital o a una escuela, la crisis supone más que todo eso. Actualmente, en el proceso productivo, muchos trabajadores se quedan en la calle (aunque personalmente, considero que los que sobran son sus patrones). Es una situación similar a la que se vivió a finales del siglo XIX y que solo se salvó gracias a que la clase obrera supo organizarse y reclamar la jornada de ocho horas, cosa que logró tras mucho luchar. Una jornada de seis horas o menos no solo es completamente posible sino que además es necesaria, trabajando menos, trabajaremos todos. Por otro lado, nos venden la moto de la necesidad de los emprendedores para que se reactive la economía, como si la empresa privada fuera el único motor económico. ¿Qué hay de las cooperativas que permitirían a los trabajadores hacerse cargo de las fábricas que cerrasen? ¿Qué hay de la empresa pública que permitió a un país como Francia salir de la crisis tras la Segunda Guerra Mundial? Es la clase burguesa la que ha ocasionado la crisis. ¿Seguro que también va a ser quien nos saque?

Lo dicho, este otoño, a la huelga. Seis millones de desempleados son el mejor motivo.

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