Pasaia en la memoria colectiva. Emboscada en un pequeño pueblo de Euskadi.

La fecha del 22 de marzo de 1984 no podrá ser borrada de la memoria de un pequeño pueblo guipuzcoano, se cumplen treinta y cuatro años de la emboscada en la bahía de Pasaia, muy cerca de Donosti junto a la desembocadura del río Oiartzun, unos hechos que acabaron con la muerte a manos de la policía española de cuatro militantes de los Comandos Autónomos Anticapitalistas.

Aquella noche de 1984 las aguas se tiñeron de sangre calcinada bajo las balas de la represión, José María Izura ‘Pelu’ y Pedro María Isart ‘Pelitxo’ murieron durante la operación policial. Rafael Delas ‘Txapas’ y Dionisio Aizpuru ‘Kurro’, fueron tiroteados pocos minutos más tarde. Los únicos supervivientes de la acción armada policial fueron Joseba Merino y Rosa Jimeno.

Crónica del suceso:

Los cinco militantes anticapitalistas salieron a media tarde del puerto de Ziburu, en territorio francés, en una lancha tipo zodiac con destino a Pasaia donde habían concertado una cita con su contacto, la compañera Rosa Jimeno. La actividad de los grupos parapoliciales en esta región era bastante intensa, y pocos días antes Rosa había sido secuestrada por la policía española, en el momento de la detención llevaba apuntado en un papel el número de teléfono de su compañero Kurro, y fue obligada bajo torturas a concertar una cita con el grupo. Nada pudieron sospechar, pero en la entrada al puerto de Pasaia, su compañera hizo la señal concertada con un farol, por lo que los integrantes del comando se acercaron a las rocas de la orilla.

Nada más desembarcar decenas de policías les dieron el alto y sin mediar más palabra abrieron fuego contra ellos, lo cual les resultó completamente inesperado, una dramática sorpresa que acabaría con cuatro vidas. Rosa se salvó porque estaba atada por las piernas con una cuerda, la cual fue tensada y cayó al suelo. Joseba estaba agachado cogiendo a su perra Beltza, pero dos de los militantes murieron en el acto, este se tiró al agua tratando de salvar la vida junto a sus otros dos compañeros. Tras cesar el intenso tiroteo por parte de la policía, fueron capturados los tres y sacados del agua bajo amenazas e insultos, sin embargo, cuando se pensaban arrestados y en prisión bastantes años, los dos compañeros aún vivos de Joseba fueron fusilados por la policía allí mismo a punta de metralleta. La autopsia cuantificó un total de 113 proyectiles encontrados en los cuerpos sin vida de los cuatro militantes de los Comandos Autónomos Anticapitalistas.

Joseba Merino fue arrastrado por un sendero, conducido a su arresto en el pueblo de Pasaia San Pedro, junto con una pareja de testigos que fue detenida para evitar filtraciones de la operación policial, y Rosa Jimeno, que se encontraba en estado de shock tras haber presenciado el tiroteo a sus compañeros. Los cadáveres de los cuatro militantes son secuestrados por la propia policía, que no permite el levantamiento de los cuerpos por un juez forense, y son enterrados en Donosti de manera irregular evitando cualquier investigación. A Rosa Jimeno la incomunicaron durante once días, ocultándola la muerte de sus compañeros, pues ella pensaba que seguían vivos aunque gravemente heridos. Permaneció librada de libertad tres años más en diversas prisiones del Estado español.

Comandos Autónomos Anticapitalistas:

Se conocen bajo este nombre a un conjunto de organizaciones de lucha armada activas en el territorio de Euskal Herria durante finales de la década de los 70 y principios de los 80. Su origen se sitúa en diversos grupos con prácticas asamblearias e inspirados en el movimiento autónomo obrero, junto a una escisión de los comandos Bereziak de ETA político-militar. Esta postura intermedia entre el marxismo político, que rechazaba una estructura de vanguardia, y prácticas autónomas, les acercaron a posiciones cercanas al socialismo libertario.

Los Comandos Autónomos Anticapitalistas surgen en la segunda mitad de la década de los 70, siendo en 1976, tras los Sucesos de Vitoria, el año que suele fijarse como el de la creación de unos embrionarios comandos. En estas organizaciones confluyeron militantes políticos procedentes de diversos orígenes (movimientos pro-amnistía, grupos ecologistas, asambleas de trabajadores…) Consideran al movimiento de liberación vasco una simple reforma progresista, demasiado cerrado en una mirada nacional, descuidando el objetivo social amplio de una transformación radical anticapitalista.

Aunque los medios de comunicación identificaron a los distintos grupos bajo las siglas de CAA, lo cierto es que cada comando tenía total libertad para escoger y explicar sus acciones más allá de aquellos principios políticos comunes que les llevaba a coordinarse entre ellos. Tras varios años de acciones revolucionarias, a mediados de los 80 deciden ejecutar a Enrique Casas Vila, senador del PSOE, y uno de los responsables ideológicos de la creación de los GAL. Este hecho desatará como venganza política por parte del Estado español la emboscada en la bahía de Pasaia.

Justicia y memoria colectiva:

En el año 2016, la Audiencia Provincial de Donosti, admitió que había indicios de asesinato en aquellos hechos, sin embargo finalmente archivó el caso y fue imposible la identificación de los autores. El superviviente Joseba Merino aseguró que el dispositivo policial estuvo formado por tres centenares de agentes, muchos de ellos desplazados desde Madrid, siendo esta acción armada dirigida por la Brigada de Información policial. Incluso los tres hermanos de Txapas, que habían sido detenidos meses antes por su militancia política, la policía les anticipó que su hermano resultaría muerto.

Las familias de los asesinados se enteraron por los medios de comunicación, la manipulación propagandística se ensañó con quienes denunciaron estas muertes, y los homenajes fueron multitudinarios. Fuera del territorio de Euskal Herria, se daba mayoritariamente el más absoluto de los desconocimientos sobre la veracidad de los sucesos, sin embargo, la dignidad de estos cuatro militantes sigue viva después de decenas de años. Los familiares han expresado la intención de acudir al Tribunal internacional de Estrasburgo para esclarecer los sucesos. Mientras tanto, el pueblo de Pasaia no olvida las vidas arrancadas aquella noche a cuatro jóvenes vascos.

Este año pasado, y gracias a un proyecto de microdonaciones, ha salido a la luz el documental “Pasaiako Badia”, que narra los hechos de estos asesinatos a través de los protagonistas supervivientes, testigos y algunos familiares. La productora Oinatzak Produkzioak, y sus directores Yuri Agirrek, Erik Aznalek y Xabier Otamendik resumen en poco más de una hora unos acontecimientos que no deben ser olvidados nunca.

Actualmente unas siluetas dibujadas en tinta blanca sobre las rocas donde fueron tiroteados recuerdan a las cuatro víctimas mortales. Una vez más la memoria colectiva está ligada a espacios comunes que atesoran las voces silenciadas de quienes han luchado contra la represión.

Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo Y Cultural de Mujeres Que Luchan.

Por Carolina Muela/Revista Av. Aztlán

Aproximadamente dos mil mujeres zapatistas de los cinco caracoles se organizaron en colectividad para brindarnos el evento más importante de las mujeres que luchamos en el siglo XXI. Llevado a cabo en el Caracol 4 “Torbellino de Nuestras Palabras” en la Zona Tzots Choj de Chiapas, México. Ahí fue donde nos reunimos aproximadamente nueve mil mujeres de todos lados del mundo el 8 de marzo del presente año.

Fue hermoso e impresionante el ambiente de paz que se sintió estar rodeada de únicamente mujeres. Sobre todo de mujeres que resisten al patriarcado y jamás hicieron comentarios despectivos de los cuerpos y las formas de otras mujeres. Ninguna encasillada a juzgar el color de piel, la estatura, el peso, el vello púbico, las estrías, las lonjas y todas esas cosas naturales que nos complementan a cada una.

Pero sobre todo, el no tener hombres alrededor fue terapéutico, sabías que nadie te iba a mirar lujuriosamente, ni te iban a acosar ni lastimar. Es una sensación que no siempre se llega a conocer a lo largo de la vida porque vivimos todas con hombres a nuestro alrededor. Gracias a las compas zapatistas por brindarnos un espacio donde estudiar y aprender de cada una de nosotras, pero también por proveer un ambiente de paz, en sus palabras: “Nuestro trabajo va a ser cuidar este lugar para que sólo estén mujeres y no dejar que se meta ningún hombre. Porque lo sabemos que son mañosos.”

Aquí pudimos liberarnos, podíamos quitarnos el brassiere enfrente de miles porque el calor estaba causando que escurriéramos de sudor, podíamos bailar o hacer ejercicio con poca ropa o sin ella. Hasta pudimos entrar a talleres de dibujo con modelos al desnudo porque no íbamos a vernos con morbo ni sorpresa, solo respetando nuestros cuerpos.

Fue revelador hacer las cosas sin pensar en ningún momento en la mirada ajena, gracias a esto pudimos desplazarnos siempre con libertad y seguridad de nosotras mismas. Sobre todo sin la preocupación de la mirada de los hombres, que como dijeron las zapatistas: “no importa si son buenos hombres o malos hombres”. Ellos no existen para permitirnos hacer o dejar de hacer como esta sociedad los ha acostumbrado a creer. “No es trabajo de los hombres ni del sistema darnos nuestra libertad. Si queremos ser libres tenemos que conquistar la libertad nosotras mismas como mujeres que somos.”

Todo lo que dijeron al inicio del encuentro en el primer día estuvo cargado de enorme sabiduría y firmeza en la forma en la que ellas como zapatistas hacen las cosas, sobre todo de la manera en la que luchan. Pero también fue refrescante como bromeaban con todas nosotras y ridiculizaban las actitudes de los hombres – jamás olvidáremos al esposo de Chabela en la obra de teatro- pero también las actitudes de las mujeres de ciudad ‘feminiztaz’ que se creen superiores.

“Y a veces también, hay que decirlo, mismo entre mujeres nos chingamos y nos mal hablamos, o sea que no nos respetamos. Porque no sólo los hombres, también hay mujeres de las ciudades que nos desprecian que porque no sabemos de la lucha de mujeres, porque no hemos leído libros donde las feministas explican cómo debe ser y tantas cosas que dicen y critican sin saber cómo es nuestra lucha.”

Muchas veces volteabas alrededor y veías que las zapatistas nos hacían llorar a muchas de nosotras con sus comunicados. Lo cual resaltaba nuestra valiosísima sensibilidad, todas dejándonos llevar en cada momento sin miedo a mostrar nuestras emociones. Pero también podías notar en nuestras miradas que aprendíamos con cada una de sus palabras y su ejemplo de lucha.

Nos abrieron las puertas y al mismo tiempo se hicieron responsables de la luz, el agua, el baño, la ducha, la comida y la salud de todas nosotras. Jamás olvidaremos las ricas empanadas de maíz rellenas de queso, con zanahoria y betabel rallado encima. Ni los tamales de pollo con papa de 5 pesos hermosamente envueltos como el tamaño de un pie de una bebé gordita. Por esto y mucho más estamos agradecidas de por vida por sus atenciones. La mayoría tenía tienda de acampar pero muchas otras no y gracias a ellas dormimos cómodamente instaladas bajo los techos de los templetes, auditorios y dormitorios.

Más tarde, ese mismo primer día escuchamos a La Tremenda Revoltosa Batucada Feminista bajo uno de los templetes del lugar, cada vez nos acumulamos más hasta que muchas les pidieron salir del área techada… fácilmente aceptaron y miles de nosotras las seguimos bailando, aplaudiendo, gritando, disfrutando.

Después, a petición de las mujeres zapatistas, nos sentamos a apreciar sus obras de teatro con fascinante historia, escenografía y vestuario en donde nos recordaron los infames actos del Estado con su policía y su narcotráfico. Los malos medios de comunicación mentirosos como Televisa y los horribles trabajos del capitalismo como las fábricas de Coca Cola.

Cuando se acabaron las obras de teatro, una niña de aproximadamente 10 años se paró entre todas las miles de mujeres sentadas y grito «¡Abajo el gobernador!» «¡Abajo el racismo!» «¡VIVAN LAS MUJERES!» entre otras frases que a todas nos llenó nuestros corazones de sorpresa y amor por lo que aplaudimos sin parar.

Todo ese día estuvieron llegando miles de mujeres al lugar, cuando nosotras llegamos había mucho espacio libre donde caminar, pero cuando nos fuimos ya estaba totalmente repleto de casas de acampar. Es por eso que se sentía en algunos momentos como un festival de música, ¡porque claro que la hubo!, solo que fue como un festival libre de machismo y agresiones por parte de los hombres.

Los siguientes dos días estuvieron llenos de alrededor de 200 propuestas de las diferentes mujeres luchadoras del mundo. Talleres de todos tipos, pláticas, encuentros deportivos, presentaciones, exposiciones de fotografía, cine y pintura, teatro, danza, lectura de cuento y poesía, etcétera, hasta de “sus cosas raras que ni sabíamos que son, y todo lo que nos trajeron para que nosotras conocemos y aprendemos de sus luchas.”, como dijeron las compañeras zapatistas en su comunicado de clausura. Este texto sería infinito si relatara cada una de las enseñanzas de los talleres y distintos encuentros. Eso puede dejarse para otra ocasión.

Esos tres días nos asoleamos mucho y dormimos poco, ya que en las noches tuvimos fiesta sin parar, la agrupación zapatista de Dignidad y Resistencia nos prendieron a todas con sus rolas y como muchas les pedían algunas mediante papelitos que entregaban al escenario, nos dijeron «Hay rolas que no nos sabemos pero para la próxima sí». La vocalista brincaba sin parar y nos agradecía y comentaba que se sentía muy feliz, también se dio el tiempo de darnos a la mano a todas las que quisimos saludarla personalmente.

Mientras que la siguiente noche Las Batallones Femeninos nos hicieron brincar y sentir demasiadas emociones en toda su presentación. “¡Yo menstruó 4 días al mes! / no me digas que eso te hace daño / yo menstruo 4 días al mes / ¡Y tu eres un idiota / todo el año!”… también le dieron oportunidad a una madre a hablar sobre su hijo quien fue asesinado por el sucio Estado. Todas lloramos y gritamos con fuerza: «¡NO ESTÁS SOLA!», con todo nuestro respeto y apoyo para cada una de las madres de hijxs desaparecidxs que nos acompañó en el encuentro compartiéndonos su lucha.

Finalmente en su comunicado de clausura las compañeras nos repitieron una vez más “les proponemos que acordemos seguir vivas y seguir luchando, cada quien según su modo, su tiempo y su mundo.” Nos vamos cada una de nosotras formadas y transformadas con su ejemplo de rebeldía, dignidad, fuerza y resistencia. Para seguir luchando desde nuestras trincheras, en este caso desde las colonias de la zona Norte de Monterrey. Para seguir viviendo y por lo tanto luchando contra el sistema patriarcal y capitalista que nos violenta diariamente.

Gracias infinitas compañeras zapatistas y compañeras del mundo.

? Fotografía por Fanny

28 mujeres luchadoras sociales han sido asesinadas en el marco del pos-acuerdo

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Idalia Castillo Narváez era una líder campesina del municipio de Rosas, Cauca. El 9 de agosto del 2017 fue sacada de su hogar, violada, torturada y posteriormente asesinada, apuntando todo a que las razones de su homicidio fue su papel como vocera ante la Junta de Acción Comunal y activista de la mesa departamentos de víctimas del conflicto armado1. Ella hace parte de las 28 mujeres luchadoras sociales asesinadas desde el 1 de enero del 2016, en el marco del fin del conflicto armado que sostenían el gobierno nacional y la antigua guerrillera de las FARC, hoy convertida en partido político legal2.

A pesar de los compromisos adquiridos por el gobierno colombiano en tema de desmonte del paramilitarismo y garantías para la movilización social, dentro de estas mismas fechas, el total de defensores de derechos humanos y activistas sociales asesinados ascendió a 205, correspondiendo el caso de quienes se identificaban como mujeres al 13,7%. Es decir, aproximadamente una de cada 7 activistas sociales asesinadas es mujer, siendo mayor porcentualmente incluso que los feminicidios en Colombia, que rondan en el orden del 10%. Esta situación es aún más preocupante si se le suma que por lo menos cuatro de estas víctimas fueron violentadas sexualmente y/o torturadas antes de ser asesinadas, lo que representa que la avanzada paramilitar que se registra en el país contra los movimientos sociales, y que tiene el apoyo por acción y omisión del Estado ha venido posicionándose sobre el cuerpo de la mujer de nuevo, tal cual en los periodos más oscuros de décadas anteriores. Además, en el año anterior 145 mujeres más sufrieron agresiones o amenazas a razón de su activismo social3, en el mismo año que ha sido de los más violentos para los procesos populares en los últimos.

Los principales grupos sociales donde son asesinadas las mujeres por su actividad social o política son las comunidades indígenas (7 casos) y campesinas (6), aunque preocupa también el asesinato de 3 profesoras, 2 mujeres trans y una ex-combatiente de las FARC. Además, tres de estos casos tienen como victimarios a agentes del Estado, por un lado militares y de otro lado el Escuadrón Móvil Antidisturbios, quien asesinó con un arma no convencional a una periodista indígena en el Cauca. La mayor parte de estas luchadoras fueron asesinadas en la modalidad de sicariato con ataque a bala, mientras se desplazaban a pie o en motocicleta, y en muchos casos sus compañeros sentimentales sufrieron heridas o también fueron asesinados, presuntamente por grupos paramilitares y ejércitos antirestitución locales. Los departamentos donde mayor violencia política con final fatal contra la mujer hubo son Antioquia y Cauca, con seis casos cada uno, seguidos luego por dos casos: Tolima, Meta, César, Norte de Santander, Arauca y Nariño, coincidiendo tanto regionalmente como en grupos poblacionales afectados por la violencia en tiempos de “paz” con las tendencias globales, ubicándose los ataques contra los movimientos sociales y las mujeres principalmente en zonas periféricas del país y con gran población agraria e indígena.

Aunque la cifra de 205 lideres sociales asesinados ya es escandalosa, sumarle la preocupante parte que corresponde a feminicidios y crímenes contra mujeres activistas debería poner en alerta al gobierno, que sin embargo, ha manejado como respuesta oficial un desconocimiento del fenómeno paramilitar y de reducir el “socialicidio” (como se propone llamar genocidio en curso contra activistas sociales) a meros líos personales o familiares, no solamente haciendo la vista gorda sino también negando el papel político que viene asumiendo la mujer en esta nueva etapa que le ha salido bastante costosa al pueblo que resiste y lucha contra el modelo de muerte que llega a los territorios una vez el Estado desarmó la principal guerrilla del país.

Redacción: Rebeldía Contrainformativa

En memoria de: Angelina Miranda, Danna Mendez, Diana Luz Solano, Diana marcela calvo, Edenis Barrera Benavides, Elvia Azucena Vargas, Erika Yisel Arias Galíndez, Idalia Castillo Narváez, Johana Alarcon, José Fina Cuetia Ramos, Karolayn Parra, Katerine Escalante Castillo, Leidy Amaya, Leidy Xiomara Peña Naveo, Liliana Astrid Ramírez Martinez, Liliana Patricia Cataño Montoya, Luz Angela Anzola, Luz Herminia Olarte, Luz Jenny Montaño, María Efigenia Vásquez Astudillo, María Elsy Ángulo García, Miriam Zulay Hernández Silva, Narda Barchilon, Nataly Salas, Rubiela Sánchez Vanegas, Ruth Alicia López Guisao, Yaneth Calvache y Yoryanis Isabel Bernal.

La resistencia heroica de Afrin

El 20 de enero de este año, Turquía iniciaba la ofensiva sobre Afrin el cantón más occidental de Rojava, bajo el nombre de «Operación Rama de Olivo». Hasta ahora, este cantón había gozado de cierta paz en medio de la guerra, acogiendo parte del flujo de refugiados que huían del Daesh. La invasión turca en curso en estos momentos rompe con esta situación, y amenaza a la población civil que habita esta región que se encuentra separada del resto de cantones Kobane y Cizire. La unión de los tres cantones ya le era intolerable para Turquía.

Erdogan preveía que en unas pocas semanas Afrin caería bajo sus garras, pero la respuesta solidaria en el llamamiento a la resistencia y defensa de Afrin ha conseguido pararles los pies en cierto modo. Los refuerzos de las YPG e YPJ, SDF, más los batallones y brigadas internacionales acudieron rápidamente a la defensa del territorio. Aunque no sabremos por cuánto tiempo contra un enemigo tan grande. El 2º Ejército de la OTAN está a pocos km de llegar a Afrin, ciudad con el mismo nombre del cantón utilizando todos los medios a su alcance: artillería pesada, aviación, y por tierra, colaborando directa y abiertamente con grupos yihadistas.

La situación actual se está agravando conforme Turquía avanza sobre el territorio. La ciudad de Afrin está siendo objetivo constante de los bombardeos de la artillería pesada y aviación turca, destruyendo numerosas viviendas de la ciudad causando numerosas víctimas mortales entre la población civil. Los objetivos destruidos fueron infraestructuras civiles, patrimonio histórico y escuelas. Al tomar la presa de Meydanki, cortaron el suministro de agua a la ciudad dejando a alrededor de un millón de personas sin agua potable. A pesar de la gravedad del panorama, la moral que se respira entre la población kurda sigue muy alta. El apoyo mutuo entre la población está siendo clave para la resistencia: las familias han abierto sus hogares para aquellas que han perdido sus casas y el agua viene de un camión cisterna que recoge el agua de los pozos de los alrededores de la ciudad y lo reparte gratuitamente. Además, la resistencia no solo está en las trincheras, sino también en la retaguardia: han acudido a la resistencia convoyes de ayuda a la población civil. Internacionalmene, la solidaridad con Afrin se materializó en manifestaciones, marchas y actos en varias ciudades del mundo.

Todo esto ocurre ante el silencio de la comunidad internacional pese a la violación del derecho internacional y de la soberanía del territorio sirio. Las potencias imperialistas solo tuvieron en cuenta a los kurdos cuando esperaban tener posibilidades de influir en las políticas del confederalismo democrático. Pero el proyecto político kurdo se mantuvo independiente pese a las alianzas con dichas potencias, básicamente porque fueron alianzas tácticas que implica solamente llevar a cabo operaciones militares sin necesidad de compartir proyecto político. Por esa razón, no hubo en ningún momento influencias en la agenda política kurda. Hablando de alianzas, otra posibilidad estaría en llegar a un acuerdo con Al Assad para la defensa de Afrin y la soberanía del territorio sirio, acuerdo que todavía no llegó y que esperamos que llegue sin que suponga concesiones a Assad para materializarse el pacto.

Ahora el juego geopolítico va por otras vías. Turquía continúa con su política de limpieza étnica, mientras amenaza a Europa con una nueva oleada de refugiados y amenazas de atentados yihadistas en suelo europeo. Ni EEUU ni Europa tienen intereses en la defensa de Afrin, y seguramente Rusia tampoco debido a que el proyecto político kurdo choca de frente con las políticas imperialistas de dichas potencias. De primeras, EEUU y Turquía llegaron a un acuerdo en ManbijDentro del Estado turco, la represión se ha agudizado al suspender la libertad de expresión censurando aquellas opiniones que se muestran contrarias a la guerra y encarcelando a las personas que las expresen, mientras intoxica en sus medios de comunicación con propaganda negando los asesinatos a civiles y justificándose en una guerra contra el terrorismo de las milicias kurdas.

Estamos contemplando el abandono a su suerte de un proyecto político democrático para la paz en Oriente Medio por la comunidad internacional, dando además luz verde a Erdogan para que continúe con su política de limpieza étnica contra la población kurda, que ya dentro de su territorio se tradujo en la destrucción de numerosas ciudades y pueblos de mayorías kurdas. La ofensiva sobre Afrin solo es el principio para acabar con la Federación Democrática del Norte de Siria.

El pueblo kurdo debería de tener más amigos que las montañas: los pueblos del resto del mundo. No podemos permitir y contemplar cómo este crimen contra la humanidad se está cometiendo impunemente contra la población civil.

¿Qué es el territorio?

Aproximación a un concepto necesario de definir

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Desde hace un par de años el movimiento libertario ha retomado uno de los ejes más antiguos que se ha visto presente a lo largo de Colombia en lo que respecta a un proceso de transformación radical: el trabajo comunitario. El principal problema a la hora de abordar este debate se centra en la necesidad de caracterizar que son las comunidades, que paradigmas universales y particulares presentan y cual es su relación ínter-dimensional, es decir, su diálogo reciproco con la política, la economía, la participación social y la geografía, por medio del puente territorial.

Sin lugar a dudas entender el territorio en el que se enmarca una comunidad es dar un paso adelante en esta tarea, que a pesar de parecer abstracta, toca elementos certeros en lo inmediato que muchas veces dejamos por fuera de nuestros análisis. Este artículo es una humilde contribución que pretende sintetizar algunas reflexiones, aportes, criticas, preguntas y situaciones al detalle que se han venido recopilando desde hace un par de meses, y pretende servir como insumo al debate que se ha venido dando en diferentes organizaciones sociales identificadas con una apuesta clara por la construcción de una autonomía anticapitalista, especialmente aquellas identificadas con el anarquismo o las prácticas libertarias.

Además, antes de empezar quiero dejar constancia sobre el objetivo de este pequeño texto, que no pretende teorizar a profundo sobre el tema ni es una tesis que busca desentrañar las complejas relaciones del tema, tanto por una falta aun de bagaje para quien escribí, como por miles de experiencias que aun se desconocen y puedan profundizar en el tema del escrito. Aunque no es diferente, el objetivo final si pasa por una suerte de pequeña sistematización militante que parte de análisis concretos, reflexiones políticas y una postura claramente identificada con las necesidades actuales de una gesta libertaria en Colombia, por tal razón, tampoco se profundizará sobre un eventual paradigma territorial en una sociedad ya emancipada, por ejemplo, a la hora de como entender los conglomerados poblacionales en una nueva estructura social libertaria (como lo ha hecho hace ya años Miguel Amorós), sino de lo que se trata es de partir de una situación particular actual y desde ahí tener miras hacia el futuro en el corto y mediano plazo, haciendo a su vez la aclaración de que este texto se escribe desde los barrios populares y las periferias urbanas, intentando hacer un ejercicio más vivencial aunque fuertemente teórico. Esto no niega la necesidad de pensarse los territorios en el largo plazo en una correlación de fuerzas favorable para las revolucionarias, por eso se exhorta a otras compañeras y organizaciones a animarnos en dar ese debate.

El territorio más allá de lo espacial:

Uno de los grandes problemas que tenemos las revolucionarias y libertarias en la actualidad ha sido encontrarnos con una hegemonía establecida, casi que legitimada y con mucha fuerza en el ámbito superestructural, es decir, en la concepción ideológica del mundo, contrario a un capitalismo todavía embrionario como el que era el del siglo XIX y la primera mitad del anterior, que se caracterizaba por ser endeble y se enfrentaba a múltiples desafíos. Así, es bastante común que cuando queremos referirnos al territorio nos encontramos de lleno con una dimensión física que está íntimamente ligada con el Estado (excluyendo, por supuesto, las definiciones biológicas y las meramente geográficas), donde este asume su soberanía aplicándola a lo largo y ancho del mismo (lo que se suele llamar “territorialidad” del Estado). De esa forma, instituciones como las iglesias, los movimientos políticos de comienzos de la modernidad o las organizaciones multilaterales pueden prescindir de la definición del territorio en cuanto a particularidad, pues la exceden, pero es precisamente el nacimiento del Estado-Nación moderno el que nos ubica al territorio en su subjetividad (es decir, un territorio determinado y no cualquiera), que lo diferencia de los demás (sobre todo bajo la configuración de las fronteras) y lo reafirma bajo una identidad (la nación, la patria o ambos, dependiendo del origen del mismo).

Enfrentarnos a este concepto anteponiendo otro es una obligación para entender las ideas plasmadas aquí. Para ello debemos superar unas visiones de antaño y anticuadas que tampoco nos permiten definir el territorio de ahora, diferente al de hace décadas (más relacionado con el concepto geopolítico de “región”). Así, el conjunto de relaciones que se han establecido en las sociedad actuales, por lo demás basadas en su mayoría por el auge del neoliberalismo, la hegemonía de los Estados sociales de derecho, y en síntesis, de la economía de mercado, han sido transformadas, mostrándose ello traducido en la planificación del espacio moderno (urbano y rural), donde la segregación socio-económica, la descentralización y el establecimiento periferial de un nuevo sistema son el conjunto dominador de los actuales territorios.

No en vano muchos de los movimientos de izquierda revolucionaria en Latinoamerica de avanzada (o sea, los que mayores resultados obtuvieron) del periodo de la guerra fría pusieron su ojo sobre el paradigma de los territorios, sin olvidar por supuesto a los sectores sociales clásicos (como los trabajadores o el campesinado). No falta ir mucho más allá de nuestro país para ilustrarlo, por ejemplo, con el movimiento popular pro-vivienda que se extendió en los años 80 y 90 fundando diferentes barrios en varias ciudades, o la arremetida político-social del movimiento campesino e indígena para el mismo periodo, que pusieron un fuerte énfasis sobre la cuestión del territorio rural y su administración en manos de las comunidades. De otro lado nos encontramos con un sin fin de ejemplos y situaciones coyunturales similares, sobre todo en el cono sur (donde predominó el marxismo heterodoxo sobre la linea soviética), tales como el campamento Nueva Habana (Chile), Cerro-La Teja o la Comunidad del Sur (Uruguay) o la autogestión comunitaria durante el Cordobazo (Argentina); en estos casos, la perspectiva fresca, joven y no dogmática del poblador como sujeto político (que entre otras cosas le daba un papel más justo en la lucha popular a la mujer, las estudiantes, las desempleados, las niñas y ancianas en contraste con el culto ultra-obrerista del estalinismo e incluso del anarquismo más tradicional) permitió que en dichas experiencias se radicalizaran, afianzaran o salieran a la luz vivencias marxistas heterodoxas, anarquistas e incluso vislumbros de liberación nacional de carácter socialista y no alineados con la URSS. Evidentemente no debemos olvidar que esta perspectiva ha sido también una constante dentro del movimiento libertario, incluso en el anarcosindicalismo, pues las ligas de inquilinos en los años 10 y 20 del siglo anterior fueron una preocupación especial para militantes antiautoritarios en países como Brasil, Perú, Argentina y Colombia.

La caída progresiva del telón de acero y la irrupción del neoliberalismo fuerte, a través de la doctrina del Shock y el plan cóndor, permitió que dicha idea ocupará un nuevo rol en una nueva lucha (o vieja, pero con otra cara). Ahora mismo los movimientos por vivienda digna parecen florecer en muchos países de Latinoamerica, las asambleas comunitarias se esparcen sobre todo en espacios rurales, los ejes ambientales, educativos y de género ganan fuerza cuando tienen los pies en territorios determinados. Sin cabida a duda los territorios quedan equiparados con los anteriores lugares de acción política concreta, llámense fábricas, centros de estudio o latifundios extendidos.

Claro, si partimos de esta premisa casi que aseguramos a priori que las fábricas, los centros de estudio y los latifundios no son territorios comunitarios, y aunque efectivamente dichos espacios tienen cosas similares con los barrios o veredas, existe una serie de diferencias. Podríamos pensar en los latifundios y fábricas como los lugares donde están los medios de producción por definición, es decir, donde las relaciones económicas (capital-trabajo) son el común denominador, enmarcadas dentro de la alienación del trabajador con el producto y el consumidor. En ese sentido, y aunque otro tipo de relaciones florecen también en grandes centros industriales y de cultivo, para entender un territorio comunitario no basta con ver las relaciones económicas de capital-trabajo que estén presentes allí, pues por ejemplo, la tienda de barrio que existe en dichos lugares genera un tipo de relación comercial no necesariamente de alienación respecto al diálogo oferta-demanda (contrario a las empresas); dicho de otra forma: si se compra un par de zapatos en un centro comercial, estos pueden ser fabricados igualmente en China, India, Colombia o en un carguero en el mar, no importando la relación que tiene el comprador con el productor, mientras que si se compran cerca a la casa de residencia no es lo mismo en que sitio se compré, pues se puede generar otro tipo de relaciones con el vendedor si este trabaja o vive en el mismo barrio, relaciones de carácter más personal. Ello no quiere decir que exista en los barrios la artesanía en si misma (aunque sobrevive en muchas de las periferias rurales y urbanas, incluso con fuerza), sino que es diferente comprar de forma despersonalizada a hacer el intercambio con una persona conocida, más aun si es un vecino, siendo diferente comprar los zapatos en un centro comercial o en un punto de fábrica a hacerlo en la tienda del barrio.

Por otro lado, en muchos centros de estudio se presenta algo similar pero con la diferencia que la relación es básicamente académica, aunque en países latinoamericanos las escuelas secundarias y primarias están enmarcadas generalmente dentro de un contexto territorial concreto, hacen parte de un complejo que no es únicamente académico: un barrio o una vereda, sobre todo. De otra forma, muchas universidades que por concepción están ubicadas en lugares centrales y alejadas de los barrios de mayor confluencia popular pasan por ser espacios con población flotante, donde el tipo de relaciones que se dan no son necesariamente de trabajo pero tampoco poblacionales (es decir, de compartir lugar de vivienda). Si examinamos los anteriores dos casos pareciera existir una relación evidente: los lugares de trabajo y estudio, aunque pueden desarrollar relaciones sociales e interpersonales, no pueden definir aun otro tipo de relaciones que si nos da el territorio. Es más, si nos extendemos más allá, nos encontramos que algunos de los lugares de residencia y de confluencia (como los centros comerciales) ni siquiera nos dan algún tipo de relación personal; es lo que se denomina ‘no-lugares’: sitios con falta de trascendencia, donde las personas transitan de forma circunstancial, como por ejemplo en los conjuntos cerrados, donde viven múltiples personas pero a penas se saludan.

Entonces, ¿Qué relaciones existen en el territorio? Se debe empezar por mirar dos extremos que nos son inconvenientes: la negación del espacio físico y la negación de las relaciones interpersonales. En el primer caso existe una sobre-valoración de los habitantes del territorio, que son quienes le definen por excelencia, y del otro lado, una visión particularmente biologicista o geograficista nos llevan al error de entender el territorio solo en su dimensión física. El territorio es un conjunto de relaciones que exceden lo que se limita a las relaciones humanas: es también un entendimiento con el entorno, que construye a las sociedades de maneras particulares, diferenciando al territorio de una comunidad o de un hábitat. Así, incluso los pisos térmicos o las condiciones climáticas pueden hacer diferente un territorio de otro, no solo en su composición física sino en sus características sociales; del mismo modo, una comunidad humana sobre un territorio le da características propias: puede cambiar su composición (por ejemplo, a través de la urbanización) y acomodarlo a las necesidades sociales o del mercado por medio de la técnica y la tecnología.

Un territorio es un espacio físico donde se propician un conjunto de relaciones económicas, culturales, políticas, sociales, biológicas y geográficas, todas a la vez, de forma dialéctica. La falta de alguna de ellas nos lleva a ver un territorio incompleto, más cercano a un ‘no-lugar’ que es funcional solo o en gran parte a uno de estos parámetros. Por ejemplo, las universidades donde no hay tejido social terminan siendo meros territorios académicos (por extensión, culturales) o las empresas donde la interlocución social es mínima no pasan más que por zonas productivas. Esta tesis se desarrollará más adelante y pondrá sobre la mesa la contradicción entre un lugar funcional y territorio comunitario, que no es otra cosa que la contradicción entre capitalismo y comunitarismo.

El territorio es una configuración espacial del poder:

Se señalaba anteriormente que el concepto de territorio está íntimamente relacionado con el de Estado, aunque un falso consenso impuesto en los círculos académicos, intelectuales y de administración pública lo ha limitado allí. Sin embargo, en la otra dirección, el Estado si es un concepto ligado con fuerza al de territorio. Ha sido un error común, sobre todo desde el anarquismo y ciertas posturas de nueva izquierda, pensar al Estado en sus componentes generales y con ello definirlos con recetas fáciles, particularmente a los Estados modernos (a veces incluso reducimos eso ingenuamente a creer que el Estado es algo palpable que se puede destruir). Es decir, ver esta macro-institución como un mero aparato de dominación de clase (por tanto, ideológico) o de administración nacional (social y económica) es simplificarlo. Y aunque estas definiciones son acertadas, aun se quedan insuficientes: es preciso agregar la dimensión espacial al concepto estatal para poder darle la complejidad que expresa en realidad. Ello no implica que los diferentes niveles de poderes y decisiones estén desarticulados o alejados, pues es precisamente la configuración político-territorial del capitalismo que parte de lo micro hacia lo macro la que configura un poder jerárquico, que dentro de los Estados actuales no es nada más que el orden de mando: el presidente manda al gobernador, y este a su vez al alcalde, en analogía a la secuencia política nacional, departamental y municipal.

Recordemos también que la gran economía mundial es una economía territorial, pues el flujo de reservas y la transposición de deudas y complejos industriales se realiza entre países, siendo afectado el comercio global por la distribución de estos factores en el sistema-mundo, sobre todo cuando el capitalismo central empieza a verse agotado en la acumulación originaria, buscando reubicar el mapa productivo mundial1. Obviamente la lucha política de diferentes ordenes tiene una manifestación territorial y espacial: desde la defensa de un páramo hasta las disputas porque un parlamento tenga representación ponderada o igualitaria por cantidad de habitantes de un país, son coyunturas históricas que moldean un Estado, un territorio o una sociedad en base al papel que juega lo espacial y lo político.

En definitiva, el Estado no es otra cosa que la administración espacial del poder, un gestor y administrador que a través de la burocracia y la jerarquía (si, y solo si, a través de ellas) en manos de una clase dominante organiza estratégicamente la miseria, los derechos, las desigualdades y las oportunidades.

Sin embargo, si nos pensamos un tipo de relaciones que no necesariamente vayan por este lado, sino que por el contrario sean contra-hegemónicas (una suerte de ética libertaria, que toca entre otras cosas aspectos económicos, políticos y sociales), estaríamos pensando indudablemente otros nuevos territorios. Retomando la concepción actual del poder desde Holloway o Focault, como una relación ínter-personal y tras-personal que se manifiesta en las formas cotidianas, este abanico de posibles territorios cambian en función del poder que se manifieste ahí. Si correlacionamos el aspecto físico/geográfico y el social, político y económico, nos encontramos que el territorio es una configuración espacial del poder, una configuración que es una construcción histórica, que evoluciona dialécticamente por mecanismos transitorios o revolucionarios, pacíficos o violentos, dependiendo del curso de los hechos y las fuerzas en disputa. Esta configuración permite la aparición de identidades, culturas y formas de resistencia que comparten grandes rasgos a mayor cohesión territorial, y que enfrentándose a diferentes expresiones de dominación ha permitido el florecimiento de procesos de liberación nacional, antiimperialistas, autonomistas e incluso de procesos revolucionarios criollos, muchos de ellos con fuertes raíces libertarias en sus prácticas.

Así, la lucha territorial que se gesta desde los sectores autónomos y anti-capitalistas debe ser por un nuevo territorio, y aunque tanta palabrería pareciera hasta ahora algo elevada, es aquí donde adquiere particular sentido una apuesta revolucionaria; En otras palabras: lo que diferencia a quienes apuestan por una verdadera transformación de los programas reformistas, social-demócratas y con nula intención de cambio es la concepción del territorio, donde estos últimos pretenden cambiar la forma de administrarlo y no su configuración hasta ahora vigente. Nos encontramos con gobiernos de diferentes ordenes (nacionales, locales, regionales) que muchas veces se centran en las reformas de gestión (sobre todo constitucionales o de decretos) sin alterar la relación particular del territorio y sus habitantes con los paradigmas estructurales y macro-estructurales, es decir, económicos e ideológicos respectivamente. No hay mejor ejemplo que los gobiernos progresistas de América Latina, que han centrado todo su programa en fortalecer el gasto social, el sector público y aumentar la política subsidiaria, mientras en los territorios se reproducen las más viles manifestaciones capitalistas, llámese de centros-periferias, estatalización de las decisiones y manutención de una fuerte burocracia partidista, muchas veces amalgama civil y militar. Así, la lucha por una alternativa territorial es una lucha revolucionaria cuando se pretende cambiar la configuración del espacio y no solamente su administración.

Para ello se hace necesario re-pensarnos otro tipo de configuraciones políticas y espaciales que exceden el limitado papel que ha cumplido el Estado moderno, que efectivamente ha sabido desposeer sistemáticamente a las productoras de la riqueza social y marginar a los sectores que son tangenciales dentro de la gran maquinaria capital.

La soberanía y la autonomía:

Esta forma de realizar una acción territorial alternativa, que hasta ahora hemos caracterizado como contra-hegemónica, debe tener un cuerpo teórico mucho más robusto, con una mirada estratégica determinada y precisa. A lo largo de los años, y producto del curso mismo de la historia que nos ha correspondido a diversos grupos militantes, la autonomía se nos ha mostrado como un paradigma que puede recoger a grandes rasgos las apuestas populares que incluyen, y por supuesto exceden, al anarquismo.

Esto no solo por lo que nos ha enseñado las zapatistas, el pueblo kurdo en Siria y Turquía, la lucha Mapuche en Chile o los procesos de autogestión obrera en países como Grecia y Argentina, sino de la misma historia del pueblo colombiano que ha tejido varias formas de resistencia desde la autonomía, pasando por el movimiento encabezado por Quintín Lame a comienzo de siglo anterior en la cordillera occidental y central (y por supuesto, con el el Movimiento Armado Quintín Lame de la década de los 80, así como la actual lucha del pueblo Nasa en el Cauca), hasta las más recientes iniciativas en pro de las Zonas de Reserva Campesina o la defensa de las consejos comunitarios afrodescentdientes; tampoco sobra olvidar los diversos experimentos comunitarios creados en los años 80 y 90 en ciudades como Bogotá y Medellín, que aunque limitados por el vanguardismo leninista, lograron ciertos grados de asamblearismo admirables. Estas historias de lucha por la autonomía generalmente van acompañadas de los conceptos de autogestión, autodefensa2 y autodeterminación, y a pesar de las contradicciones y errores, han logrado ubicar a los pueblos en nuevas dimensiones de ofensiva por sobre la mera puja electoral o los momentos históricos de retroceso, donde contrario a la apuesta libertaria, se disputa el poder de la territorialidad (quien lo administra) y no del territorio (como se administra).

Pero esta autonomía se ha de proponer como un concepto, si bien no necesariamente antagónico, si alejado de la acción estatal, diferenciándolo de la autonomía que se enuncia desde arriba (por ejemplo la llamada autonomía regional). Y ello básicamente responde al desarrollo mismo del Estado moderno: Desde Maquiavelo, y con mayor énfasis en la obra leviatanistica de Hobbes, el Estado ha sido caracterizado como un gigantesco cuerpo institucional (no solamente en el concepto de administración pública, sino también en su forma social y psicológica) desde donde un poder soberano ejerce y monopoliza el poder. Este poder soberano es preciso entenderlo, naturalmente, dentro del concepto de soberanía, que ya podemos decir, es antónimo al de autonomía.

Y como en la portada del Leviatán de Hobbes, el poder soberano es un poder que se ejerce a través de una espada (el monopolio de la fuerza) y un báculo (el ritualismo propio de la burocracia, anteriormente -y aun en diversos lugares- ligada al poder divino). Como síntesis de ambas manos, la soberanía se decanta en la fuerza legal, subordinada a la obediencia civil como eje fundamental sobre el que se erige cualquier Estado moderno. La soberanía3 solo puede aplicarse mediante una fuerza inter-territorial (es decir, un “país” limitado por sus fronteras) que le defiende de amenazas exteriores y tiene toda la capacidad de mantener el status-quo hacia adentro con la fuerza militar, policial y judicial, y en ese mismo aspecto, da la oportunidad al pueblo de “elegir” a sus gobernantes dentro de las reglas impuestas por un poder indiscutible, de nuevo, soberano. Así, el soberano existe y se explica siempre para y por sí mismo, como una totalidad indiscutible y universal, en el sentido modernista de la palabra4.

Así, por ejemplo, mientras la soberanía de un Estado le permite poseer un ejército que apunta hacia afuera y adentro (a veces más adentro que afuera, como en el conflicto colombiano), con el fin de someter las expresiones contrarias a las de clase dominante por medio de las armas y las leyes, desde la autonomía se ha planteado una diferenciación entre poder civil y poder militar (representado en muchos lugares bajo la forma de autodefensa), donde este último está limitado por el primero, que se construye a partir de una matriz deliberativa, participativa y medida éticamente, tal como se ha evidenciado en la rica historia del anarquismo (con un especial énfasis en la liberación de Manchuria, Baja California, la revolución Ucraniana, la Española y la resistencia libertaria Búlgara y Uruguaya) y diferentes experiencias de diversa matrices (como el EZLN, el PKK o las YPG/YPJ, incluso, como los Comando Armados del Pueblo en Medellín y el ya mencionado Movimiento Armado Quintín Lame en Cauca, con sus respectivas distancias).

Otra forma de ilustrar esto es respecto a la política internacional: mientras la soberanía permite que un Estado defienda su posición más allá de su situación particular (como el reclamo de la dictadura militar Argentina frente a las Malvinas en los 80), la autonomía se extiende hacia la autodeterminación. De esa forma, para la autonomía no importa la decisión de un gobierno o Estado respecto a sus asuntos, sino que a la larga es el derecho libre del pueblo a asumir su rumbo histórico lo que le da fuerza a la autodeterminación. Esto es conflictivo sobre todo cuando se plantea el debate frente a apuestas de izquierda parlamentaria, que generalmente buscan ejercer la soberanía a partir de la fuerza burocrática y no desde la legitimidad del pueblo, conflicto evidenciado en la fracasada política chavista de convertir el aparato estatal oleo-dependiente de Venezuela en un Estado comunal, pues la mayor parte de esfuerzos se dedicaron a las reformas constitucionales y legales y no a la acumulación efectiva en la base social, lo que terminó por llevar a la consolidación de una burocracia boli-burguesa sin interés alguno sobre la distribución justa de la riqueza y el poder.

Ahora bien, y en consonancia con el tema del artículo, la autonomía al igual que la soberanía se aplican a territorios concretos. Pero para poder ejercer una real autonomía en un espacio físico debemos apuntar a las tácticas y estrategias que nos permitan dar la disputa dentro del territorio y no por encima o afuera de él.

El territorio como campo de disputa por excelencia: democracia directa, poder popular y esferas públicas no estatales

Quién halla tenido la oportunidad de revisar la literatura política de Murray Bookchin se habrá dado cuenta que este texto camina casi que paralelo a sus propuestas, aunque con particularidades respectivas, sobre todo en lo que tiene que ver frente al Municipalismo Libertario. Y partiendo de ese hecho podemos ver que hasta cierto punto Bookchin desarrolla una critica certera al obrerismo de antaño, no solo soviético sino también anarcosindicalista, que sin embargo, no deja de entender al trabajador como sujeto político y revolucionario de vital importancia (y por sobre todo estratégico) a la hora de plantear la forma de lograr la victoria definitiva.

El municipalismo libertario parte básicamente de esa premisa: el poder político estatal se ha desplazado desde las concentraciones de riqueza productiva (en forma de tierra, centros industriales y demás) hacia formas cada vez descentralizadas, que se bajan hacia lo particular y municipal: lo que antes eran grandes extensiones de tierra ahora son un conglomerado de varios pueblos, y lo que antes eran centros urbanos industriales en forma de archipiélagos con un centro ahora son las grandes metrópolis con decenas de zonas industriales y francas5. Por supuesto que esta descentralización no está completa, pues el sistema capitalista debe mantener cierto grado de unidad impuesta de manera centrípeta.

A partir de este paradigma económico el poder estatal se ha vuelto complejo y se extiende sobre la base piramidal, llegando a lugares donde anteriormente no había podido sacar el mayor provecho de materias primas, por medio de la tercerización y la acumulación agresiva minero-energética. Partiendo de ese hecho, la acción territorial (que a su vez incluye o por lo menos acerca la acción sindical, educativa, ambiental, de género, etc) permite afrontar al enemigo de cerca, en un campo de batalla para el cual no tiene ventaja si se le responde de manera organizada: la lucha de clases.

Frente al proceso hegemónico de construcción capitalista y neoliberal moderna (que tanto ha teorizado David Harvey), que moldea el territorio en base a intereses morales y económicos propios, debemos anteponer una configuración espacial y política con una clara propuesta clasista de base, es decir, en favor de las históricamente oprimidas. Aquí, la autonomía la podemos decantar a través de estrategias que nos permitan materializarla de a poco. Varios conceptos, entre ellos el de democracia directa y poder popular, pueden sernos de gran utilidad, pero para no extender demasiado este texto es preciso ubicarlos en su composición pragmática territorial:

La democracia directa ha sido objeto de múltiples debates dentro del anarquismo, pero como experiencia organizada de diferentes etapas históricas promocionada por pueblos alrededor del mundo ha mostrado resultados hasta ahora excepcionales. Para poder explicar este tipo de democracia es preciso tener en mente principios como el asamblearismo, la acción delegativa y la deliberación. Contrario al sistema actual de democracia representativa donde el poder es ejercido directamente por un pequeño grupo de representantes que pueden actuar con total independencia de la iniciativa popular, la democracia directa le da al pueblo un papel de decisión, que se coordina en diferentes instancias a través de delegados con mandato limitado a la voz del espacio de donde provienen (por supuesto, territorial). Además, toda decisión parte de la deliberación y no del simple ejercicio de fuerza cuantitativa expresada a través del voto o la imposición (como en la mayor parte de debates parlamentarios o algunas asambleas sociales, donde importa más el tamaño de la bancada que los argumentos). De esa manera, los caracoles zapatistas han hecho viable una democracia que, aunque con sus limitaciones, ha permitido que todos los habitantes de un territorio puedan tomar las decisiones que les concierne, incluyendo por supuesto a niños, ancianos y mujeres, sujetos históricamente olvidados. La democracia directa es la relación menos alejada y más cercana entre el sujeto social y la decisión social.

Aunque la democracia directa nos plantea la forma metodológica de la toma de decisiones, falta un componente estratégico que permita empalmarla con el objetivo de construcción de autonomía efectiva en el territorio: El poder popular (que ha sido más discutido dentro del anarquismo con muchas más llagas) puede ser ubicado aquí. Y ya se apuntaba anteriormente que experiencias del cono sur parece que nos hablaran para definir una acción territorial en base a la autonomía, o por lo menos, a la autodeterminación, donde curiosamente muchas de estas iniciativas se han enmarcado dentro de la estrategia de poder popular.

El poder popular no es nada más que una apuesta estratégica que permite recuperar la incidencia política del pueblo sobre sus decisiones, empujada por una profunda conciencia revolucionaria. La creación de un poder popular pasa por la transferencia de los asuntos sociales y económicos manejados históricamente por el Estado y el mercado hacia consejos comunitarios organizados, que tengan la capacidad de administrar (autogestionar) estas responsabilidades. Y aunque el objetivo de este texto no es definir ni la democracia directa ni el poder popular, y mucho menos continuar el debate que se ha dado alrededor de esos conceptos, si se hace preciso darle cabida práctica a los mismos:

El ejercicio de democracia directa y poder popular solo se puede materializar en un espacio determinado: las esferas públicas no estatales (EPNE). Podemos pensar en esta figura como aquel lugar donde es posible desarrollar la autonomía a pequeña escala, y que interrelaciona sujetos sociales en un territorio determinado. Así pues, las EPNE pueden ser las asambleas donde los vecinos toman decisiones, los consejos donde los campesinos resuelven temas respecto a la lucha por la tierra o una reunión donde los estudiantes definen líneas políticas, pero también puede ser un simple encuentro en una calle con otras personas, un evento cultural y artístico en un barrio o una discusión entre vecinos sobre cualquier temática, siempre y cuando el Estado no tenga la capacidad de ejercer su poder (soberanía) ahí y prime el poder civil, expresado desde y a través de lo compartido y colectivo, es decir, de lo público. Así, la tarea táctica de las libertarias es poder crear EPNE en los lugares donde nos sea posible, que actúen de forma constante, sin vacíos temporales y, obviamente, con la mayor amplitud necesaria, en concordancia con la democracia directa (es decir, espacios abiertos a los sujetos populares del territorio, sin vetos artificiales propios de sistemas patriarcales, racistas, xenófobos o nacionalistas).

A diferencia de las Zonas Autónomas Temporales expuestas por Hakim Bey, los EPNE son instituciones no coercitivas que permiten garantizar cierta continuidad espacial e histórica, que se materializan a través de diversas formas: comités, asambleas, congresos, seminarios, encuentros, reuniones periódicas, etc (incluso un encuentro entre familiares o vecinos alrededor de un tinto o una cerveza), teniendo en mente la ya citada apuesta democrática, y que además tengan capacidad de decisión, así sea mínima y aun en presencia del Estado, sobre un territorio y algunos de sus aspectos, es decir, que posean “vocación real de transformación”, en contraste con las iniciativas meramente experimentales. Esta vocación va de la mano de la recuperación y ejercicio de derechos negados sistemáticamente a las oprimidas por los sistemas de centro-periferia, intentando crear (aunque sea de manera somera) espacios para la salud, la recreación, el deporte, la educación y el ocio, que generalmente están alejados del grueso de la población oprimida, que resaltan no solamente distancias físicas o de tiempos de desplazamiento cada vez mayores sino también brechas simbólicas e intelectuales que alejan la seguridad, el bienestar y el placer de los territorios periféricos, mientras se mantienen cerca de los centros habitados por las clases altas.

Finalmente, y al mejor estilo de Bookchin, estos territorios se irán uniendo a través de nuevas EPNE, por ejemplo, de federaciones, comunas o redes, donde se replicará la acción política por la autonomía para finalmente estar en disputa directa con el Estado en condiciones similares: el poder soberano versus el contra-poder comunitario.

Podemos imaginarnos el Confederalismo Democrático, apuesta política esbozada por el PKK para la lucha kurda, como un hijo del municipalismo libertario, que a través de un arduo trabajo militante de años logró crear EPNE en diferentes cantones y pueblos sirios, iraquíes y turcos, que creció exponencialmente hasta encontrarse con un poder soberano que está en contraposición suya (el Estado Islámico, el Sirio o el Turco, en este caso), donde la confrontación se da en principio sobre el propósito de la autonomía (una defensa de “nuestro” derecho a decidir contra un sometimiento al otro) y se ha extendido al ejercicio militar de la autodefensa, legitimada y limitada por el poder civil (popular), expresado a través de las ligas y asambleas de barrios, municipios, cantones y regiones, que guardan independencia de las armas (en contraposición a la arenga clásica maoísta que señala que el poder nace del fusil)6.

Para ello, muchas veces es táctico (aunque no deseable) que el Estado respete, hasta donde sea posible, las EPNE, con el fin de que no pueda aniquilarlas tan fácil antes de que acumulen suficiente fuerza. Esto ya nos lo adelantaba Bookchin al pensarse la legalización (pero no intervención) de muchas de las asambleas populares, y que hoy nos trae a colación la pronta solución jurídica al establecimiento de Zonas de Reserva Campesina en diferentes regiones del país, incluso a algún blindaje humanitario contra las incursiones paramilitares en estos territorios. Y por supuesto, en el plano micro-político, un espacio tradicionalmente estatal puede convertirse en una EPNE, como lo puede ser una Junta de Acción Comunal donde las figuras legales burocráticas se van desvaneciendo con la fuerza de una apuesta democrática amplia y de multitudes.

Territorializar las luchas es hacerlas anticapitalistas; luchar desde las comunidades es luchar contra el Estado:

Se decía que el capitalismo moderno neoliberal parece una maquina aniquiladora de culturas (expandiéndose cada vez más por medio de la globalización), que impone una visión de mundo particular, única, estandarizada y universal. Los ya mencionados ‘no-lugares’ son pruebas de ello: un conjunto residencial cerrado de condición socio-económica similar en Medellín, Bogotá o a las afueras de Pasto no se diferencia mucho más allá de los acentos, así como un McDonalds en Buenos Aires, Nueva York, Moscú o Pekín no se diferencia más que en el idioma y la moneda de intercambio con sus precios, aunque siempre existan intentos de hacer platos típicos en dichos lugares. No podríamos pensar en ciudades más “occidentales” como Londres, París o Chicago… o Seúl, Tokio o Shangai. En resumen, podríamos pensar que el mercado capitalista mundial no es más que una espacialidad global, una forma de administrar el poder a nivel macro.

Pensarse los territorios como lugares donde pasan cosas, donde hay construcciones históricas particulares, donde existe un tejido cultural, social y ambiental propio, y que como ya hemos visto se relaciona con su entorno físico, es pensarlo en términos anticapitalistas. Claramente esto no quiere decir que proyectos de supremacismo nacional que se han opuesto al sometimiento del mercado global sean en sí mismos anticapitalistas, sin embargo, pensarse estar dentro del sistema económico mundial y mantener ciertas identidades particulares es una contradicción insustentable en el largo plazo, que finalmente nos lleva a tomar una posición anticapitalista como una posición alter-mundista.

De esa forma, si nuestra lucha tiene bases fuertes en territorios concretos, con todas y sus complejidades, se hace resistencia efectiva contra el capitalismo, rescatando identidades que hasta ahora estaban a la defensiva, que pasaban más como un artilugio viejo y empolvado. La creación o fortalecimiento del tejido social es una tarea necesaria que precede cualquier intento de levantar un EPNE, pues las distancias artificiales impuestas entre compañeros de trabajo o vecinos hace imposible establecer un diálogo horizontal en miras a construir pueblo organizado.

En esa misma linea, la lucha contra el aparato estatal (que evidentemente no se encuentra limitado a un edificio, un cuerpo policial/militar o una práctica institucional) solo es posible darla en todas sus dimensiones y en su característica espacial: sobre el territorio donde ejerce soberanía. Así, establecer un programa de acción libertaria en las comunidades con el fin de poder practicar grados de autonomía cada vez mayores pasa por restarle ese poder soberano al Estado, y por tanto, hacerle perder credibilidad, legitimidad y fuerza, lo que al largo plazo es lo que permite obtener ciertas garantías, pues un territorio que es mera trinchera de repliegue o bolsa de donde se sacan militantes es fácilmente desarticulable cuando la gente no se involucra en las disputas que se dan, cuando no las siente propias (esto ha sido señalado en casos históricos como la Operación Anorí en Colombia, o incluso por la muerte del Ché en Bolivia, en ambos casos, pensarse el territorio y las comunidades como componente militar -basados en el foquismo- les dio más desventajas que ventajas frente al enemigo).

Debemos recuperar el vector social en su dimensión territorial, y en lo concreto, asumir el trabajo barrial y comunitario como una necesidad imperiosa, obviamente sorteando muchas de las dificultades que se nos presentan en una etapa aun joven (donde en muchas ocasiones debemos concentrar las fuerzas y no dispersarlas, haciendo que muchas activistas no vivan precisamente en los territorios desde donde construimos). En el corto plazo, la edificación de actividades que permitan la construcción de tejido social (como aquellas de índole cultural, familiar y artístico, acompañadas de iniciativas educativas y ambientales) con miras a crear poder popular a través de la democracia directa, es un camino que nos da ciertas certezas para acumular en términos de autonomía, coordinando ello multisectorialmente con otros actores (estudiantiles, sindicales, agrarios, indígenas, feministas, ecologistas y demás) para poder así encontrar un proceso de transformación radical, de revolución social, donde desde los territorios se geste un otro mundo nuevo.

Steven Crux
Diciembre 2015

 

1Esta es una tesis que es abordada a mayor profundidad por el profesor Darío Restrepo, cuyos invaluables aportes fueron también decisivos para escribir el presente texto. Link:

Restrepo, Darío I., (2013), “Espacio y Poder”, Documento de trabajo No. 1, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, Colombia, p. 25. Link: http://direstrepo.com/?p=3160

2No sobra decir que esta autodefensa es la que está ligada al concepto ya expuesto de autonomía, diametralmente diferente al proyecto paramilitar y antisubversivo creado en los años 90 en el Urabá Antioqueño, que se ha identificado falazmente como Autodefensas.

3 Aunque existe una diferencia sutil entre el concepto de soberanía popular y nacional, para los fines prácticos de este escrito basta con saber que terminan por confluir en un mismo punto.

4Es decir, que la concepción de soberanía puede ayudar a legislar a lugares donde no hay presencia estatal, pues su definición se aplica en términos globales y no particulares. Esta es una de las razones  de porque el Estado debe poseer el monopolio de la fuerza para mantenerse de forma legal sobre todo un territorio.

5A excepción de contados casos, casi que exclusivamente Medellín, Colombia aun no ha logrado consolidar grandes metrópolis al mejor estilo brasileño (de zonas industriales y francas descentralizadas, y suburbios plenamente establecidos), en muchos casos por la resistencia popular, por ejemplo, contra el plan ciudad-región de la Sabana de Bogotá, que no ha sido aceptado por completo por las comunidades que allí habitan y su aplicación ha sido más bien lenta.

6Ha sido una constante histórica dentro de muchos movimientos marxistas-leninistas, especialmente foquistas y maoístas, poner la autonomía popular en función de la confrontación armada, lo que ha llevado a una militarización fuerte de los procesos sociales y niega las oportunidades políticas que ha tenido el pueblo sobre su propio destino.

[Colombia] La consigna libertaria es no olvidar el año viejo

Una de las grandes deficiencias que tienen los círculos libertarios en Colombia ha sido la falta de sistematicidad, de trazar objetivos y poder evaluar su cumplimiento en un futuro, así sea para hallar los puntos clave donde empiezan a generarse los errores o aciertos de nuestras posturas. Precisamente, la parte de balances es importante para ello, y no se le ha dado la importancia suficiente, por un lado, por guardar estos análisis en los círculos más íntimos militantes, o simplemente quedan en el aire y no logramos aterrizarlos, para su comunicación y debate, dejando morir en el olvido interesantes análisis que se quedan en una conversación informal. Aquí, un breve y humilde aporte a esa labor que parece que, desde diferentes ópticas y miradas, ya venimos dando en el país. Por supuesto, no se intenta hacer un trabajo personal de reflexión, sino de recoger muchos apuntes que se han construido colectivamente en esas informalidades, pero que a lo mejor con un poco de mayor difusión podemos conectar nodos para caminar con una paso más firme y ligero.

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“el anterior año fue de los más trágicos en una guerra perpetua que, parece ser, la elite no quiere acabar contra las pobres”. Foto: Contagia radio

 

Que deja el año viejo:

Un año violento para el pueblo:

Lo primero es realizar un balance de lo que fue el 2017. Por un lado, y bajo una lupa puesta en las manos de los movimientos sociales y las desfavorecidas del país, el anterior año fue de los más trágicos en una guerra perpetua que, parece ser, la elite no quiere acabar contra las pobres. Los saldos oficiales de lideres sociales asesinados fluctúan entre los 100 y 1301, aunque desde diferentes organizaciones de derechos humanos advierten que el número es mayor2, sobre todo si tenemos presente los asesinatos de defensores de derechos humanos, ex-combatientes de la insurgencia, activistas medioambientales y familiares o personas cercanas a todos estos. En ese aspecto, esto no es otra cosa que la consolidación de una estrategia de la elite santista, que a pesar de su retórica pro-paz, su estructura militar, burocrática y partidista se encuentra aún sumida dentro de la lógica guerrerista más retrograda: las amenazas, torturas y desapariciones siguen siendo pan de cada día.

Al cierre del 2017, un ejercicio certero desde el campo libertario, y en general de la izquierda, es empezar a asumir la posición oficial del gobierno respecto al tema: de un lado, actores como la fiscalía, el senado o el propio presidente no se refieren al tema más que como un “efecto secundario” de los diálogos, reduciendo las denuncias a un par de cortas palabras y pasando de agache con uno que otro paño de agua fría; pero de otro lado, el ejército, ministerio de defensa y las bancadas ultra-derechistas son más ofensivas en sus discursos, bien disminuyéndolos a simples líos de faldas y problemas de linderos (como lo expresa el jefe de las fuerzas armadas Luis Carlos Villegas) o justificándolos en cierto grado, incluso, actuando en aparente descordinación con lo planteado desde una posición derechista más “progresista” en tema de resolución social de los conflictos, que son solo palabras frente a la reorganización de las fuerzas armadas para el 2018, con un altísimo grado de establecimiento de batallones microfocalizados y fuerzas de tarea especializadas, dentro del llamado “Plan Estratégico Militar de Estabilización y Consolidación ‘Victoria’”3, redoblando el pie de fuerza en lugares donde históricamente la violación de derechos humanos ha sido una constante. Esto no es una mera táctica de desatinos oportunistas o palabras mal ubicadas: es el discurso oficial que construye y mantiene el régimen respecto al genocidio en la Colombia profunda de quienes se organizan en defensa de los intereses de las personas de abajo. Es importante superar el discurso que ha optado la centro-izquierda y los jefes políticos de la antigua insurgencia y hoy partido político legal de las FARC, donde a pesar de la abierta guerra declarada desde los mandos altos militares con su mirada puesta en otro lado, mantienen bajo la política de “cordialidad” y “no darse duro contra el enemigo” un discurso de “respeto y admiración”, incluso de ingenuidad, hacia el aparato militar-paramilitar del Estado (como en el saludo de Timochenko a las fuerzas militares, desconociendo que la lógica contrainsurgente de estas ni siquiera ha menguado4).

Ante esto, diferentes organizaciones campesinas, indígenas y afro han optado por, de un lado, no confiar en el supuesto copamiento estatal de las zonas antes controladas por las FARC, porque o bien las fuerzas militares entran con un sentimiento revanchista y de venganza (como la región de la Macarena), o simplemente dejan abiertas las puertas a la entrada de grupos paramilitares. La comunidad de paz de San José de Apartadó es una muestra clara de ello: en vísperas del fin de año, 4 paramilitares fueron detenidos por la comunidad cuando cumplían la misión de asesinar a uno de los líderes sociales del territorio, y a pesar de las advertencias que ya se habían hecho, el discurso del ejército y la gobernación de Antioquia es que dichos sicarios políticos eran “bandidos comunes” que iban a robar un supermercado, a pesar de las múltiples pruebas, y finalmente fueron dejados en libertad5. Esto no solo refuerza lo que ya se ha venido diciendo, sino que nos muestra la respuesta natural de las comunidades frente a la avanzada paramilitar de los territorios, en consonancia con la omisión (pero no inacción) del Estado: si bien la mayor parte de los movimientos sociales no están dispuestos a replicar la guerra bajo las lógicas que impartían en antaño las insurgencias, la defensa del territorio de las comunidades es algo que ya no puede descansar el manos del gobierno y son los mismos pobladores organizados quienes van, generalmente de manera pacifica pero contundente y organizada, desarmando a grupos paramilitares, militares e incluso a insurgencias que desafían el poder popular construido por las mismas comunidades, esto último vislumbrado sobre todo en el caso del extremo militarismo del EPL (supuestamente maoísta) en el Norte del Cauca.

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“la defensa del territorio de las comunidades es algo que ya no puede descansar el manos del gobierno”. En la imagen, militares detenidos por la guardía indígena de Nariño, luego de realizar incursiones no deseadas por la comunidad en territorio ancestral. Foto: La FM

 

Y lo anterior en el año 2017 fue historia, de abajo y sin grandes titulares, que sin embargo va marcando unos antes y después en determinadas veredas, resguardos y municipios: el desarme del ejército en Corinto (Cauca), las incautaciones al Ejército Popular de Liberación y disidencias de las FARC en Caloto y Toribío (Cauca), la captura de paramilitares en Apartadó (Chocó), el establecimiento de nuevas guardias campesinas, afros y populares en departamentos como Cauca, Tolima, Valle y Putumayo, la unión multicultural en defensa del territorio en el Catatumbo y Chocó, entre otras experiencias similares. En conclusión: de forma espontánea, a pesar de las equivocadas lecturas de aquella izquierda seducida por el discurso santista, el pueblo va cada vez asumiendo la defensa de su territorio, cosa que tarde o temprano chocará contra el monopolio de la fuerza terrateniente y gamonal que se mantiene en el país, tal como ha venido pasando por ejemplo en Túmaco. No sobra anotar que en esta parte el anarquismo militante ha estado más o menos ausente, y se requiere entender la lógica de la territorialidad como un eje fundamental programático para una certera apuesta por el establecimiento de proyectos políticos de carácter comunitarios y asamblearios, incluso, que abren las puertas hacia la discusión de Estado, el militarismo y la verticalidad dentro de los mismos movimientos sociales, sobre todo en un país como Colombia, donde las insurgencias han tenido una base social impresionante pero han impuesto su propio lógica a estas.

En el aspecto legislativo, a pesar de la supuesta esperanza que se asumían con los diálogos de paz, por ejemplo, respecto a participación política y distribución de la tierra, la ofensiva contra el pueblo no paró. Muchas de las zonas que se negociaron en La Habana y que se iban a dar a los antiguos guerrilleros, así como a familias sin tierra, se han embolatado en proyectos productivos que no han tenido plena financiación, repercutiendo incluso en el abandono de ex-combatientes de sus zonas veredales a causa de la desilusión6. Esto se suma a la ya avanzada de los ejércitos paramilitares anti-restitución, promovidos por terratenientes de diferentes regiones, mientras la legislación de entrega de tierras se encuentra lenta o su ejecución directamente frenada. En vía de ello, la supuesta apertura democrática negociada con las FARC fue pateada por el congreso de la república, no solo por la bancada de extrema-derecha sino por la desidia dentro de los mismos partidos oficialistas, quienes con macabras jugadas legislativas tumbaron la propuesta de entregar 16 curules a los movimientos de víctimas de los municipios que más sufrieron el rigor de la guerra en el país. Como se verá más adelante, a pesar de lo lamentable de la situación, da pie a experiencias democráticas en dichos territorios que pueden ser favorables a posturas libertarias, dada la desesperanza que invade a los movimientos agrarios que pierden cada vez más la fe en el supuesto camino trazado que dejó las negociaciones con la insurgencia, pero aumenta la confianza en la propia organización popular (un poco perdida en varios aspectos, bajo el establecimiento vanguardistas de algunas insurgencias, cuyo diálogo con los actores sociales si correspondía con una lógica militarista de arriba/abajo-ejército/pueblo).

Y a parte de la legislación meramente parlamentaria, dentro de los movimientos sindicales también queda un precedente gravísimo con respecto a la huelga de pilotos de Avianca, donde a pesar de ser una manifestación que contó con una fuerza increíble (siendo la huelga aérea más larga en la historia del país), finalmente fue declarada ilegal, por supuestamente, estar vinculada a la prestación de “servicios públicos”, a pesar de ser eminentemente operada por particulares, y peor aun, particulares históricamente aliados del paramilitarismo como el dueño de la aerolínea, el señor Eframovich. Esto marca un precedente dentro de un movimiento sindical que cada vez da más pasos atrás, por ejemplo, con la pasividad que se asumió el año pasado el paupérrimo aumento del salario mínimo (escenario que se repitió de nuevo para este año) y el ataque a los bolsillos de los pobres que significó la reforma tributaria; en suma, todo ello, parece que la da ciertas ventajas judiciales y de precedentes a la ya poderosa patronal de Colombia.

Las fuerzas alternativas:

En la arena de la izquierda, como se puede entender en un año preelectoral, el establecimiento de alianzas fue el derrotero. Quedan ya marcadas para la contienda electoral 3 posiciones: primero, una complicada alianza anti-corrupción del Polo Democrático, la Alianza Verde y Compromiso ciudadano, que recoge desde las posturas centro cercanas al derechismo civilista (Sergio Fajardo) hasta la izquierda socialdemócrata (Jorge Robledo); segundo, de la izquierda, encabezada por el controvertido Gustavo Petro (movimiento Progresistas) y Clara López (antigua líder del Polo Democrático que viró hacia el ministerio de Trabajo de Santos), secundados por varios movimientos, entre ellos la Unión Patriótica (paralela al Partido Comunista); y finalmente, el movimiento político de las FARC, que ha renunciado a las alianzas con la confianza de las 10 curules legislativas ya aseguradas en La Habana y que le apuestan a cierta relevancia electoral en la presidencia, y sobre todo, en la cámara de representantes desde las regiones donde ha tenido presencia o ganó simpatía con las movilizaciones en defensa de los diálogos de paz en el 2016.

También se hace necesario hacer un balance de las negociaciones entre el gobierno y el Ejército de Liberación Nacional, cuyo mayor logro en el año fue un cese al fuego para cerrar el mismo. Los avances han sido difíciles, de un lado, porque el ELN se ha fortalecido en regiones como el Cauca y Chocó, estratégicos por su pasado bajo el dominio de las FARC y que confrontan trincheras con el paramilitarismo, y de otro, porque dado los incumplimientos del gobierno con lo pactado con las FARC, el ELN no parece querer arriesgar, postura jalada por el sector considerado más “ortodoxo” e influenciado por el Frente de Guerra Oriental, que ha extendido su estrategia a otros frentes, aunque si bien, realmente el crecimiento dentro de una estrategia nacional es más bien corto respecto a lo que se esperaba con los “farianos” que no querían dejar las armas.

El balance a la derecha:

Finalmente, dentro del bloque dominante, el 2017 ha marcado la dinámica bajo la batuta pre-electoral también. Sin embargo, y contrario a otras veces, no son claras las alianzas, sobre todo por juegos de caudillismos y cálculos. El sector santista, que hasta ahora tenia cierto control político en el aparato estatal, entró en crisis tras la salida de Cambio Radical de la Unidad Nacional y los continuos escándalos de corrupción, lo que le ha puesto fecha de vencimiento a ese proyecto, que se ha dispersado sobre todo dentro del Partido Liberal, con la figura mediática de Humberto de la Calle, político tradicional que sin embargo ha recogido a una parte pequeña de la izquierda para su candidatura presidencial. La ultraderecha sin embargo está dividida: no ha podido consolidarse una postura entre los conservadores, el uribismo y sectores más independientes vinculados con el ultra-catolicismo, sobre todo porque no se han logrado consolidar los referentes y existen ciertas rupturas internas (como en el Uribismo, entre el sector ganador de la consulta de Iván Duque y el ala más radical de José Obdulio Gaviria); sin embargo, es muy probable que está alianza llegue a buen puerto, lo que deja en alerta tanto a la izquierda que está en disputa electoral como los movimientos sociales que han centrado su accionar en la movilización. Pero si el 2017 ha dado una sorpresa ha sido el lanzamiento al ruedo de Cambio Radical, un partido que venia acumulando casi en silencio un poderoso aparato electoral regional y fuerza política con la táctica del camaleón dentro del santismo, y que, con condiciones más propicias para lanzarse al ruedo solos, abandona el barco que durante 8 años ayudó a conducir. Vargas Lleras se lanza, si bien por firmas, con el aval de toda esa maquinaria con terrible fuerza en la costa Caribe y el centro del país, y a pesar de los escandalosos casos de corrupción de sus representantes electos, va en firme para una eventual segunda vuelta electoral en el 2018. Estas diferencias dentro de la derecha y los sonados casos de corrupción, hacen que una batalla entre izquierda y derecha se pueda dar, como no la ha habido desde el 2008 (y prácticamente nunca en la historia del país), aunque puede perderse la oportunidad con la división de la izquierda.

Un año que viene:

Elecciones y elecciones:

Como se ha hecho evidente, el reto coyuntural y táctico del 2018 será abordar el tema electoral. Claro, no bastará simplemente repetir de forma vacía la consigna anti-electoral de “el voto no sirve y la lucha sí”, si los sectores libertarios no evidenciamos, dentro del amplio espectro del campo popular, que efectivamente estamos a la altura histórica que requiere la lucha, y por sobre todo, que esa lucha da resultados. Así, el debate habrá que darlo desde las aristas que nos sean más favorables, que puedan recoger el amplio de los sentires de abajo pero que se puedan viabilizar en alternativas de resistencia, que trasciendan la coyuntura y se conviertan en un verdadero camino estratégico de mediano plazo.

intencion-voto

El 2018 será un año electoral, y el gran reto para el movimiento libertario inscrito dentro de la lucha social es lograr mantener la independencia mientras se acumulan fuerzas que no se vayan con la coyuntura.

Queda claro también que una postura en el 2018 frente a las elecciones parte de una gran claridad política, ya que no es extraño (como pasó en el plebiscito del 2016), que el miedo a la avanzada derechista lleve a varias compañeras a votar o incluso hacer campaña abierta por algunas de las alternativas, y tal cual como lo repite la socialdemocracia cada 4 años, “hay que ganar porque es mucho lo que está en juego”. Precisamente, las alternativas de verdadera transformación se cierran si se piensa que dentro de la Coalición Colombia hay una propuesta que, si bien su punta de lanza es la lucha contra la corrupción, no logra consolidar un programa mínimamente antineoliberal y mucho menos anticapitalista; de otro lado, dentro de la lista de la decencia de Petro y Clara López, esta última representa un sector oportunista y peligroso infiltrado dentro de la izquierda, que ante los mínimos coqueteos burocráticos cede sus supuestos principios por un cargo de verdugo contra las de abajo, legislando contra las trabajadoras como lo hizo López en el ministerio de Trabajo; y finalmente, las FARC parecen ensimismarse cada vez más en ellas mismas, producto de equivocados cálculos políticos, donde la práctica (y ciertas posturas ambiguas) les terminarán acorralando a sumarse a la campaña de De la Calle, bien sea directamente o indirectamente, pues es muy difícil que alguna de las otras candidaturas “alternativas” les quiera recibir. Así, el reto es saber expresar estas desconfianzas en los movimientos sociales, si bien tampoco reduciendo el mensaje al “no votar”, ni tampoco colocándolo como barrera comunicativa. Una postura que nos puede ser de utilidad es no colocar la contradicción del voto-no voto, sino precisamente dedicar las fuerzas a articular las luchas, de un lado, para darle énfasis a que es ahí donde se resuelven de fondo los problemas y bajo los ritmos que se decidan abajo, y de otro lado, que puede prepararse para enfrentar un gobierno de derecha o mantener la independencia de un gobierno progresista. Para ello, es preciso recurrir al “encontrarse desde la lucha”, donde se hace necesario mantener las lógicas de articulación, lectura de actualidad y proyecciones de todos los escenarios, donde lo trascendental no sea el voto, sino la fuerza e independencia que tengan aquellos movimientos populares cuyas prácticas se han venido intersectando con las nuestras.

Una propuesta estratégica:

Esto se puede materializar aun más para el largo plazo con la ola de consultas populares medioambientales que se han dado en el país, y que han logrado ser punto de encuentro de movimientos sociales, procesos de pobladores, campesinos, indígenas, afros, ecologistas y colectivos independientes, y puede desafiar el modelo minero-energético a la vez que no deja perder todas las fuerzas en la dinámica electoral, muy a pesar de que no tengamos la fuerza suficiente para que ello termine pasando.

“¿Será una combinación territorial-medio ambiental la estrategia que marcará un trabajo libertario como actor político de peso en el país?”. Foto: Revista semana

Pero no es gratuito que se plantee la lucha contra la gran minería y la extracción de hidrocarburos como un punto de partida para dar un debate a nivel nacional, sino que precisamente recurrimos a aquello que ya nos hacia mención Murray Bookchin desde hace décadas: el capitalismo internacional va situando sus contradicciones cada vez más en declive del planeta contra el consumismo desenfrenado, donde una sociedad ecologista y libertaria no será ya una utopía de minorías militantes, sino una necesidad de supervivencia para los pueblos. Esto parece ser una preocupación central si analizamos coyunturas regionales en el año anterior, como los bloqueos al relleno sanitario doña Juana y el paro de la cuenca del río tunjuelo en Bogotá, así como las movilizaciones en defensa de los páramos en el Tolima o Santander, solo por citar unos ejemplos. No es de extrañar que esto se agudiza más con el escenario del posconflicto, donde las puertas de la mayoría de las grandes bioreservas nacionales quedaron abiertas tras la salida de las FARC como agentes armados, y que ya se ha saldado con el inicio del ecocidio en regiones como la serranía de la Macarena. Así, si lo pensamos, los conflictos socio-ambientales representan el nodo que puede articular diversas luchas, como las ya mencionadas respecto al ejercicio de control territorial de las comunidades (donde las guardias populares no solo tendrán que afrontar al paramilitarismo, sino también la entrada de multinacionales, si bien ambos aliados), y en la otra cara, recurre a un tema de importancia central para diversos movimientos sociales y personas desposeídas que aun se encuentran alejadas, por ignorancia o fastidio a la vieja izquierda, de la lucha popular, pero que tienen una preocupación ambiental. Esto además de ser un escenario donde resalta el abandono de las principales fuerzas de izquierda, quienes ahora enfilan militancia dentro de las urnas y que, como pasará en muchos casos, luego de salir “quemadas”, querrán volver a vincularse a las movilización más actuales y con resonancia. ¿Será una combinación territorial-medio ambiental la estrategia que marcará un trabajo libertario como actor político de peso en el país?

Primero, organizar la casa:

Pero para consolidar una estrategia de dicha envergadura, no falta con diversos colectivos o militantes libertarios dispersos, sino que se hace necesaria la articulación libertaria. No es de extrañar a estas alturas, que así como la izquierda y la derecha llegan al escenario pre-electoral divididas, con cierta mofa, podamos hablar de que las libertarias llegamos al escenario pre-anti-electoral también divididas, y casi que por las mismas razones de personalismos y falta de voluntad, pero también, para ser críticos, por la falta de criterio político para establecer una linea común de trabajo, muy insuficiente en anteriores espacios de encuentro. En ello, quedan dos retos:

Primero, lograr establecer esos “objetivos” en común, es decir, como mínimo, que en el 2018 podamos, en el encuentro de la lucha y desde abajo, establecer metas comunes a pesar de no caminar estrictamente juntas, lo que podría dar pasos para en un futuro no tan lejano lograr establecer al movimiento libertario como un referente dinámico e importante dentro del campo popular colombiano. Se hace necesario que los espacios de encuentro sean lo más aterrizados posibles, y recurran incluso a ciertas delimitaciones necesarias para no llevar los debates a la estratosfera: encuentros de territorio, juveniles, agrarios o de economías alternativas son centrales en esto, que dejen acumulados sistematizados para poder luego evaluar lo conseguido o perdido, sobretodo si queremos realizar análisis serios luego de las elecciones.

Segundo, es importante establecer una corriente de acción y pensamiento clara. Para ello, las labores de propaganda, agitación, de referencias y discursivas son aspectos fundamentales, que debemos darlas con concreción y sencillez, para resolver las necesidades reales con procesos prácticos realizables. Esto se puede fortalecer si como punto de partida colocamos las luchas que ya acompañamos como referentes para otras regiones del país, tales como la liberación de la Madre Tierra del Norte del Cauca o los ya mencionados conflictos socio-ambientales de Cajamarca o el Santander, incluso, poniendo a diálogar otras experiencias internacionales como el confederalismo democrático de Kurdistán. Una propuesta que ha surgido últimamente ha sido la del autonomismo comunitario, desde la cual se intenta plasmar ciertas prácticas que podríamos llamar “antiautoritarias” y que buscan desarrollarse dentro de los movimientos sociales para logran horizontes de transformación, con una apuesta que pretenda desarrollar las diferentes caras de la autonomía: económica (con una apuesta autogestiva de producción), cultural (acompañadas de procesos educativos populares y étnicos, por ejemplo), política (bajo la batuta del asamblearismo, la democracia directa y participativa, y principios como la rotatividad, revocabilidad y no centralidad) y pueda superar errores tradicionales de las fuerzas alternativas (con principios antipatriarcales, antiracistas y descentralización); todo esto bajo una perspectiva de abocamiento completo por la comunidad, proyectos que sin embargo solo se dan mientras halla un territorio sobre el cual asentar el proyecto, lo que nos conecta con lo planteado antes: la necesidad de la disputa y defensa del territorio.

Así, como punto de partida para el año que viene, debemos organizar las perspectivas y caminar la defensa del lugar que nuestros pies pisan, y solo con ello, plantear que necesariamente, solo la lucha dará los frutos que los de arriba nos han negado históricamente.

Steven Crux
Enero 2018

3Para un análisis más detallado, se recomienda el Documento de análisis del PCC sobre cambios en política militar

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