Por una sociedad sin racismo

El 12 de noviembre salimos a la calle a mostrarnos como somos, con nuestros acentos, nuestro color de piel y nuestras identidades, vamos a enfrentarnos y a hacernos fuertes contra el racismo institucional y callejero. También vamos a pelear por nuestra dignidad, a honrar a todos los asesinados en nombre del supremacismo blanco (el 13 de noviembre de 1992 fue asesinada Lucrecia Pérez) y a unir la riqueza que aportamos a una sociedad que debe ser plural y abierta.

Bien muchas personas podrían pensar que el racismo en España ya no existe solo porque ya no somos usados como moneda de cambio, ni nos asesinan sin impunidad. En anteriores líneas he hablado de que el racismo es una cuestión de privilegios. Todo lo que hacemos es puesto en tela de juicio: se duda de nuestra forma de amar, de aprender, de escribir, de hablar, de leer… ¡hasta nuestros nombres son insultados cuando no pueden ser pronunciados correctamente!

Tomamos las calles para hacer visible no solo el racismo más evidente, sino también el más escondido y habitual. Porque nos siguen encerrando sin un juicio previo y, además, por tan solo cometer una falta administrativa, la cárcel invisible sigue estando muy presente para las personas migrantes, en todo el Estado español hay un total de 10 Centros de Internamiento para Extranjeros, siendo los motivos de encierro muy variados y arbitrarios. Porque seguimos muriéndonos sin recibir atención sanitaria básica, en 2016 el Gobierno central excluyó de este derecho a unas 800.000 personas, incluso la ONU se mostró «preocupada» por esta situación.

El racismo sigue latente y muy vivo, recordemos a las 15 personas muertas en el Tarajal, acción en la que la Guardia Civil tuvo una alta responsabilidad y participación, estos agentes no solo fueron exculpados de estos asesinatos, sino que la juez que instruyó el caso determinó que la muerte de estas personas había sido responsabilidad de ellas mismas, el auto dice lo siguiente: «Los inmigrantes asumieron el riesgo de entrar ilegalmente en territorio español por el mar a nado, en avalancha y haciendo caso omiso a las actuaciones disuasorias tanto de las fuerzas marroquíes y de la Guardia Civil»1. Las políticas tomadas por la Unión Europea en los últimos años van dirigidas a que el Mediterráneo se convierta en un enorme cementerio, el diario alemán Der Tagesspiegel acaba de publicar los nombres de cerca de 33.293 personas ahogadas en el Mare Nostrum desde 19932. Naturalmente, la cifra es aún mayor, muchos de los ahogados nos son anónimos. Europa es la responsable de estas muertes.

Pero resulta preocupante no solo el racismo que nos mata, sino también aquél que vivimos a diario en las calles, ese que nos cruza la piel de arriba a abajo. Ese que parece inocente pero que, en realidad, es la misma raíz de la discriminación, encasillándonos en parámetros en los que no encajamos solo porque no somos blancos, ese que habita detrás de supuestas bromas y chanzas inocentes, pero racistas, realizadas por comediantes como Ignatius Farray. Queremos dejar de ser elementos exóticos, queremos dejar de aparecer en las películas como el negro camello, el latino pandillero, el musulán terrorista o el chino mafioso. Todo debe empezar a subvertirse, desde el protagonismo social de los blancos, hasta la producción cultural y la imagen que de nosotros se construye en los discursos culturales. En otras palabras: ¡queremos dejar de ser un estigma y un prejuicio!

Pero el problema seguirá existiendo si los blancos siguen negando el racismo, ¿cómo van aceptar algo que no viven en sus carnes? Es urgente avanzar en una educación no eurocéntrica, que deje de dibujarse en las escuelas y universidades una Europa poderosa y orgullosa de su pasado colonial y, por otro lado, comience a ser responsable de las realidades sociales presentes, consecuencia directa de todas esas políticas pasadas. La migración además de ser un hecho natural y constante en la historia de la Humanidad, ahora es una cuestión nacida de la expansión territorial y económica de los europeos.

En esta línea vale la pena incidir en las políticas de integración, en nombre de una convivencia pacífica se anulan la lengua y tradiciones de origen del individuo migrante, imponiéndole las del país de destino pero, al mismo tiempo, recordándole que solo es un huésped. Se le invita a callar antes las injusticias, pues es de malagradecidos quejarse, esto se agrava si encima eres mujer. Se le recuerda que lo que venía haciendo desde niño está mal, las festividades y tradiciónes culinarias europea y blanca son las correctas, que aprenda algo de civilización. A los migrantes no les hace falta una correcta integración, sí una adecuada visibilización. No parece que ningún europeo la necesitara cuando entró a sangre y fuego en América o África.

Incluso a la izquierda más progresista le costó entender todo este lío del racismo, tanto así que se tuvieron que inventar el concepto del Otro, en contrapartida a la identidad. Pero se olvidaron mencionar que no hay un Otro, sino que hay muchas variantes a la alteridad, casi tantas como personas. Pero, naturalmente, fueron filósofos europeos como Sartre, Simone de Beauvoir o Lacan quienes lo desarrollaron, no dejaron al Otro que hablara. A disciplinas como la Antropología nacidas al calor del racismo del siglo XIX aún le cuesta desprenderse de todo el estigma de poder y dominación que la concibieron, a pesar de todo el esfuerzo hecho desde diversas escuelas de pensamiento.

Este racismo de baja intensidad es lo que ha producido todo lo arriba mencionado y, en realidad, muchas cosas más, como las políticas de ayuda al desarrollo impulsadas desde Europa, la imposición a la producción científica, la ocultación del desarrollo artístico colonial no blanco, etc. Todo ello queremos denunciar este domingo en Madrid, estando en la vanguardia de una lucha que solo es nuestra, pero donde los aliados son bienvenidos, pero siempre conscientes que «no hace falta que me maten para que hablemos de racismo. En España existe racismo sí, pero más refinado”3.

1Extraído de: http://www.eldiario.es/desalambre/Archivado-muerte-personas-frontera-Ceuta_0_441656238.html

2Extraído de: http://www.tagesspiegel.de/politik/die-liste-von-banu-cennetoglu-kuenstlerin-dokumentiert-das-sterben-von-33-293-gefluechteten/20558658.html

3Como afirmó Lucía Mbomio a El País. Extráido de: https://elpais.com/elpais/2017/11/06/planeta_futuro/1509973183_806384.html?id_externo_rsoc=FB_CM

[Reseña] La pedagogía de la esperanza

La pedagogía de la esperanza es uno de los textos más celebres del pedagogo y filósofo brasileño Paulo Freire, conocido por ser el teórico impulsador de la educación popular. En el libro Freire vuelve a retomar sus tesis, ideas y propuestas expuestas en el libro La pedagogía del oprimido, publicado en el año 1970, generando reflexiones a la luz de una experiencia mucho más rica y dinámica 22 años después. Para el autor esto no implica que las premisas básicas de la pedagogía del oprimido dejaran de tener validez en la década de los 90, por el contrario, estas deberían actualizarse y profundizarse, siendo cada vez más obvia la necesidad de una educación al servicio de la liberación del sujeto en el cual enfoca toda su teoría pedagógica, que él llama oprimido.

La agitada situación política y social que vive Latinoamerica en los años 60 es la fuente principal de la que bebe Paulo Freire para situar su apuesta pedagógica, innovadora y radical, en el mismo seno de lo que él considera uno de los motores de la historia, que es la lucha de clases, que continuamente viene sacudiendo países del Río Bravo hacia el sur, no solo por la fuerza creciente de los movimientos sociales sino también por la reacción que dispuso dictaduras militares y civiles a lo largo y ancho de la región. Dos décadas después, Freire reflexiona acerca de su teoría, la profundiza y la ubica históricamente en un nuevo escenario (donde reina el posmodernismo y el neoliberalismo en los círculos educativos), en el que parece caerse los sueños de la utopía con la caída de la cortina de hierro en Europa del Este, así también con el fin de diferentes experiencias alternativas de cambio en América Latina. Quizás es esta la razón por la cual Freire nos insiste tanto en la esperanza cómo una de las palabras transversales de todo el texto.

¿Qué ha cambiado?, ¿Qué sigue igual?, ¿En qué es preciso insistir nuevamente?, ¿Qué es necesario cambiar?. Estas preguntas parecen ser una preocupación constante para Freire, quien le intriga bastante la vigencia de la educación popular en una nueva época. Pero no se queda en un análisis en tercera persona de lo que ha pasado, cómo un mero espectador, prefiere utilizar una metodología bastante amena para exponer la pedagogía de la esperanza: hace un recorrido por su propia vida, por varios de los lugares donde residió y practicó su pedagogía, su misma crianza y un análisis social y político del mundo en que vive.

Freire comienza contándonos la importancia de la utopía y la esperanza en un mundo que perpetua, por medio de el sistema educativo bancario, entre otras cosas, los valores insolidarios dentro de las comunidades, a pesar de que pareciera reinar la desesperanza (tema que volverá a retomar más adelante). Empero, para el autor la esperanza no se basta a si misma como tal, es importante connotarla con una relación, si se quiere, pragmática, tesis que nos hace recordar su famoso postulado desarrollado en otros textos: práctica vivencial-teoría critica-práctica transformadora, conocida mejor como práctica-teoría-práctica o PTP. Así pues, la esperanza solo tiene sentido cuando se le acompaña de un elemento transformador (“Mi esperanza es necesaria pero no suficiente”), por el contrario, la sola fe es considerada ingenua, y más que eso, uno de los motivos fundamentales de porque se cae fácilmente en la desesperanza.

Luego Freire nos hace una alusión a su experiencia pedagógica en el año 1947, que de manera anecdótica cuenta cómo inició la escritura de la pedagogía del oprimido, que ve la luz gracias al empujo que tiene él, fruto de una conversación con un joven quién le hace reflexionar frente a la educación hegemónica. Los pensamientos que le suscitan van desde el problema de la participación democrática en el ámbito educativo y laboral, que por ejemplo, se ubica en la necesidad de abrir espacios de decisión de los padres y madres en la política educacional de sus hijas, hasta el campo filosófico mismo en que se ve el educando. Es en este punto donde Freire profundiza en lo propiamente sociológico de la pedagogía, enumerando diferentes variables involucradas en las dinámicas de la familia, la escuela y la sociedad: los castigos, premios, las reacciones o los roles, interconectádolos con las mismas dinámicas que tienen que vivir los trabajadores de la región (pescadores, en el caso particular). Esta experiencia lleva a Freire a plantear un debate en torno a la definición de la libertad dentro de la cultura occidental, que encajaba más dentro de la relación bancaria del premio y el castigo, que en principio era producida en la familia (el autor nos menciona las formas triviales de castigo, tanto físico como psicológico en la zona donde realizaba su investigación) y luego reproducida en la escuela, en palabras de Freire: “Era como si la familia y la escuela, completamente sometidas al contexto mayor de la sociedad global, no pudieran hacer otra cosa que reproducir la ideología autoritaria”.

El hecho de que Freire ya nos empiece a hablar de la ideología autoritaria pone de manifiesto hacia que lado va su texto, que al igual que en La Pedagogía del oprimido girará en torno a una lucha, casi polarizada, entre una educación bancaria o autoritaria contra una apuesta emancipadora, expresada en su propuesta de la educación liberadora o popular. A partir de eso, Freire reflexiona sobre su misma disposición a compartir el resultado de sus análisis, que auto-críticamente reconoce como un culto a la sapiencia individual del maestro, sin que fuese per sé voluntaria. Así, nos adentramos a un debate, si se quiere ético, entre los medios y los objetivos, que el autor resuelve con una propuesta metodológica que pretenda superar los errores estructurales de la educación bancaria1.

Este ir y devenir entre Freire y las habitantes de las zonas precarias de Recife le llevan a pulir su propuesta, que hasta el momento tenia un fuerte componente teórico, pero que él mismo aseguraba aún tenia bastantes obstáculos para poder ser alternativa pedagógica. Este giro que buscaba fue propiciado por varias anécdotas, una de ellas fue una conversación sobre geografía y clases sociales con un obrero, que al final dio como resultado una de las primeras tesis concluyentes para comprender no solo el libro sino la apuesta general de la educación popular para Freire: no es hablarle al pueblo, sino hablar con el pueblo.

El siguiente giro del texto aparece cuando Freire intenta explorar la relación entre la división macro política y la pedagogía, y para ello usa el ejemplo del gobierno de la Unidad Popular en Chile. Para él, el problema de la izquierda tradicional chilena frente a la educación era su falta de voluntad real para crear una pedagogía que pretendiera transformar desde las aulas y los barrios y no solo desde las políticas de arriba. Se detiene en el caso particular del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, que a su juicio, se preocupó por hacer de la educación popular una realidad a pesar de que anota con bastante énfasis que el MIR estuvo siempre más a la izquierda que los partidos de “tradición” (socialista y comunista), incluso, del mismo gobierno de Allende posteriormente. Esta experiencia fue detenida por el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 encabezado por el militar Pinochet y apoyado por la derecha chilena y la embajada norteamericana. Para Freire, el tema le parece bastante ilustrativo y anota una diferenciación entre el poder y el gobierno: si bien el gobierno era de la izquierda (es decir, la gestión y administración, entre otras cosas), el poder -no solo militar, sino también político y mediático- seguía siendo de la derecha, presentándose un choque, una contradicción, que solo de manera violenta se podía solucionar. El problema, para Freire, fue que la izquierda en general no supo ser poder y se limitó a ser gobierno.

Después de la exposición de estas grandes tesis, Freire empieza a explorar diferentes ámbitos que son transversales o tangenciales a la educación liberadora, de nuevo recurriendo a sus propias vivencias en Brasil y otros países, observando y analizando el papel de los académicos, intelectuales y la lectura de sus propuestas realizadas en otras latitudes. Así, el autor va haciéndonos descubrir al ritmo de conversaciones, talleres y conferencias, la importancia de una lectura critica pero seria, intentando de una u otra forma defenderse de varias acusaciones que se le hacen a sus posiciones frente a la política nacional, que para varios de sus críticos era “anacrónica” o “ególatra”2.

Posteriormente, Freire se adentra en otro tema espinoso entre varios críticos suyos, ahora dentro de los círculos “marxistas” -de forma paradójica después de su apreciación-, quienes aseguraban que el teórico de la educación para la libertad no señalaba explícitamente a la lucha de clases como motor de la historia, postulado que era una de las columnas vertebrales para la gran mayoría de la izquierda de entonces. De manera contundente, Freire afirma que reducir toda la realidad a la lucha de clases es volver la realidad social monocromática, y que su defensa sectaria era peligrosa para el desarrollo práctico de la educación popular, sin que cayera tampoco en el rechazo predeterminado a la misma. Dice Freire: “La lucha de clases no es el motor de la historia, pero ciertamente es uno de ellos”.

Avanzamos posteriormente hacia un estudio de la libertad, entendida dentro del marco de la lucha contra la opresión. Aquí resalta Freire el papel emancipador de los oprimidos, quienes una vez hechos libres hacen libres también a los opresores, que necesariamente están dominados por una cultura bancaria. Para el autor, la libertad está estrechamente relacionada con el concepto (y el valor) de la humanidad, por tal razón, la educación en la libertad es también una educación humanista, como de manera similar la educación bancaria es una educación deshumanizante. Esta relación dialéctica, que tiene que ver también con los roles del oprimido y el opresor, explica la necesidad de humanizarse de forma global y no solo parcial.

Teniendo presente ello, Freire ahora se sumerge en los roles que se dan en la educación, explicando el papel de la educadora en el descubrimiento colectivo del conocimiento, dejando claro -al igual que en su extensa literatura- el objetivo de dinamización frente al autoritarismo, autoritarismo expresado por ejemplo, en la explicación subjetiva del mundo. Empero, el autor tampoco nos quiere llevar a un neutralismo ficticio que pretende quitarle una posición al educador: este debe estar, para Paulo, a favor de “democratización”, tanto en una perspectiva micro (la elección de los programas de estudio, por ejemplo) como en niveles superiores (la sociedad en general), sin que uno sea resultado mecánico de otro.

Para llegar a esa democratización el diálogo debe presentarse como una herramienta fundamental, que no niega diferencias, sino que para Freire, permite ejercer una práctica de democracia entre educadoras y educandas, conservando la identidad ambas partes. Este diálogo debe llevar a que el educador popular progresista (como Freire le llama) sea un motor que permita descubrir las potencialidades de los oprimidos, es decir, a redescubrir la esperanza, aun cuando la sociedad parezca estar llena de desesperanza.

1Freire nos advierte que este tema ya ha sido tratado en otros libros. El desarrollo inicial se da en La educación como practica de la libertad, y dice él mismo, se hace explicito en La pedagogía del oprimido.

2Esto se daba porque muchos de sus críticos aseguraban que las simpatizantes de la ideas de Freire eran “freireanas”, generando un culto político alrededor de su figura. Paulo se defiende anotando un paralelo (pero guardando distancias) con Karl Marx, conocido sociólogo, politólogo y filósofo del siglo XIX, al que sus detractores acusaban de haber generado una “secta” en torno a si mismo, nombrada como “marxismo”, cuando él mismo no se consideraba como tal y renegaba de ello.

Hablemos de institucionalidades

En relación a la cuestión catalana de estas fechas, se está hablando y comentando sobre esa transición hacia la República catalana, algo que implica muchas cosas y no solo la definición de unos nuevos marcos laborales, comunitarios, de servicos públicos, etc.. sino también de institucionalidad y administración territorial. Aquí entran una serie de conceptos que deberían ser aclarados y que no debería reducirse simplemente a «Estado». Obviamente en el corto plazo no podríamos hablar de la no creación de un nuevo Estado catalán y sabremos que otro Estado no será la solución, y entonces, si no es la creación de un Estado, ¿qué será entonces? La comuna de comunas, la anarquía, el control obrero son conceptos que quedan bien sobre papel, pero necesitamos una base más concreta sobre la que asentar nuestro futuro proyecto político. A lo que pretendo llegar es a aclarar qué es de lo que realmente estamos hablando cuando hablamos de institucionalidad, de administración etc… Diferenciaremos pues entre modelo institucional y Estado,  administración y gobierno, o política y arte de gobernar. Es clave que tengamos claro estos conceptos si asumimos que tenemos la responabilidad en ser parte activa del proceso que estamos viviendo en estos tiempos en Catalunya.

Puede sonarnos muy novedoso el concepto de institucionalidad, y por ello erróneamente suele relacionarse con el Estado o instituciones de la actual democracia burguesa. No obstante, estos conceptos ya los trató Bookchin y Janet Biehl, su alumna. Cuando hablamos de institucionalidades, nos referimos a cómo se configuran en conjunto las administraciones públicas, los mecanismos de tomas de decisiones, la justicia, los órganos legislativos, las defensas, etc… y ello no implica necesariamente un Estado. Los modelos de institucionalidad no estatales los podemos ver en el Consejo de Aragón, en la Comuna de Shinmin, los caracoles Zapatistas o Rojava mismo. En este sentido, cuando hablamos de configurar un nueva nueva institucionalidad, hablamos de cómo llevaremos a cabo la implementación de un nuevo modelo de sociedad en la cual las actuales funciones que están en manos del Estado sean, o bien eliminadas por ser innecesarias o bien, sustituidas por los órganos de la nueva sociedad. En otras palabras, el pueblo tomaría las riendas de su propio destino sin necesidad de ningún organismo centralizado, autoritario y separado de la sociedad decida sobre él, sino que la nueva sociedad constuirá su propia institucionalidad, que en el caso del socialismo libertario, se tratará de una institucionalidad basada en la democracia directa, el apoyo mutuo, la justicia y la igualdad social.

De dicha nueva institucionalidad, nos trasladamos hacia el modelo de administración, que no tiene por qué significar gobernar ni tampoco implica la toma de decisiones políticas. En un Estado, la administración está sujeta a decisiones políticas y al gobierno, es decir, depende de otros organismos que conforman el Estado y por tanto, funcionará acorde a las decisiones del gobierno. En cambio, una administración democrática como la de Rojava implica la separación entre las decisiones políticas y sus ejecuciones. Explicado de otro modo, las decisiones políticas se toman desde las asambleas de barrio y éstas se trasladan a la administración para que ejecute dichas decisiones. En ella vemos que la administración no toma realmente decisiones por sí misma, sino que su papel consiste en facilitar los recursos técnicos y logísticos para que desde los organismos (en este caso las asambleas de barrio, pero pueden ser igualmente consejos obreros/agrícolas, cooperativas…) decisorios deliberen sobre las opciones más acertadas, y se acordará con la administración el poner en marcha dichas decisiones en condiciones de igualdad. Es entonces cuando la administración pública se convierte en un organismo al servicio del pueblo, no para el mantenimiento del orden de un Estado.

Y finalmente, esto nos lleva a diferenciar entre hacer política y arte de gobernar. Hacer política significa tomar decisiones sobre todo aquello que atañen a los problemas y necesidades cotidianas o a la organización de la nueva sociedad. Pero esto no quiere decir que en lo inmediato no hagamos política, de hecho la tenemos que hacer hoy en día primero organizándonos a nivel político para luego ser una herramienta capaz de potenciar y radicalizar los conflictos sociales. Esto significa que la política no es algo que esté lejos del alcance de la población y que solo se realiza desde las actuales instituciones burguesas y el Estado a través de partidos políticos electoralistas, sino algo que hemos de recuperar sobre todo los y las libertarias para no estar siempre viendo cómo nos cuelan recortes en derechos y libertades, escándalos de corrupción, robo de dinero público, mentiras, destrucción de nuestro entorno natural…, y cómo juegan siempre a favor de los intereses de la clase dominante. Recuperar lo político nos permitirá tomar partido sobre los problemas cotidianos que nos están ocurriendo a la clase trabajadora para acumular fuerzas a nuestro favor, y volver al escenario como actor y fuerza política frente a lo que es el arte de gobernar, que es todo ese conjunto de artimañas de la actual política que siempre favorece a sus propios intereses en detrimento de la mayoría de la población, la cual es reducida a simples votantes que no tienen capacidad decisoria sobre las políticas del país. En otras palabras, el arte de gobernar es la política escenificada, espectacularizada y separada del alcance de la población para decidir por encima de ella.

Lamentablemente, la complejidad de nuestra actual sociedad implica ofrecer soluciones realistas en el medio-largo plazo, y ello implica entender que la nueva sociedad socialista libertaria necesitará estar fuertemente organizada para defender su soberanía. Por eso, hablar de la construcción de una nueva institucionalidad no nos debería asustar, al contrario, nos permite materializar nuestras bases políticas sobre la praxis, sabiendo además que las actuales estructuras asamblearias (sindicatos, cooperativas, asociaciones de vecinos, organizaciones políticas, etc) serán los futuros organismos que conformarán la nueva institucionalidad.

Nota: Lo expuesto en este artículo tiene base en el libro de Janet Biehl «Las políticas de la ecología social: municipalismo libertario», que me parecen claves para tener referencias en el medio plazo en los momentos en que el poder popular necesite consolidarse y reafirmarse como actor político de cambios y germen, por tanto, de la nueva sociedad socialista libertaria.

El papel de las jóvenes y las hijas de las trabajadoras de las flores

Ponencia presentada al Primer foro regional de floricultura: miradas al trabajo, el territorio y a su gente, Marzo de 2014. Revisado y corregido en Abril de 2015.

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Pasa la infancia en la escuela entre semana, esperando a ser recogido por algún familiar o encontrándose en la necesidad de aprender a llegar solo a su casa a muy corta edad. Los sábados y varios domingos debe permanecer en la guardería de la flora, aquella que existe gracias a jornadas de lucha por parte de trabajadoras para no dejar a sus hijas solas en la casa.

Llega una de las peores épocas para cualquiera de estos niños: la temporada. Debe madrugar junto a sus padres, quienes cocinan las 3 comidas de un día en menos de una hora. Despierta junto a la niebla de estas frías tierras, condensada en las llamadas “heladas”. Debe esperar a que algún familiar o vecina lo lleve cuando ya el sol haya despertado. De nuevo espera a alguno de sus padres: son las 6, las 7, las 8, las 9 y hasta las 10 de la noche. Entre dormido ve a sus padres durante varias semanas, no hay tiempo de calidad para generar una familia feliz como la que ve en la niñera silenciosa que le acompaña, es decir, la televisión.

Quizás esa misma niña tenga que trabajar en algún momento de su juventud en una flora: muy probablemente ahí se quede un par de años o todos, prácticamente. Esa persona buscará crear una nueva familia: dar educación a sus hijos, quizás comprar una vivienda de interés social, ayudar a sus padres, etc. Y en esas necesidades vuelve y entra al negocio que va a reproducir otra generación, no de las flores, sino de las vidas, donde se negocia la salud, el alimento, el buen vivir… la felicidad“- Relato de una hija de una ex-trabajadora de flores.

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La industria de las flores es la marca “distintiva” de la región de la Sabana de Bogotá, tanto por su poderosa capacidad económica como por su campo de influencia en el tejido social y los procesos históricos que se han dado a lo largo de las últimas décadas en este territorio, comprendido por los municipios aledaños a la capital del país en el Norte (Cajicá, Chía, Cogua, Cota, Gachancipá, Nemocón, Sopó, Tabio, Tenjo, Tocancipá y Zipaquirá) y el Occidente (Bojacá, El Rosal, Facatativá, Funza, Madrid, Mosquera, Subachoque y Zipacón).

La familia de la sabana que se enmarca dentro de esta dinámica (directa o indirectamente) reproduce en su seno el cuadro cultural y social que genera la maquina de la floricultura. Es precisamente la familia de la sabana y sostenida por el trabajo en la floricultura el objeto de estudio de esta ponencia, centrada en el papel de la juventud y las hijas de trabajadoras de flores, que a veces pasan por tangenciales a las problemáticas que desarrolla la floricultura, pero que también participan en el ramaje que compone esta industria económica, social y territorial.

Un breve panorama de las jóvenes y la infancia en Colombia:

Las personas entre los 14 y los 26 años representan el 28% de la población del país. El desempleo para la juventud asciende hasta el 16,4%, pero con el riesgo de caer en la ingenuidad de estas bajas cifras es importante destacar que tres cuartas partes sobreviven con menos de un salario mínimo mensual (nótese que para el gobierno la edad “laboral”, disimuladamente, va desde los 14 años). Sin embargo es preciso darle mayor contundencia a los datos enfocándolos a las capas productoras de población: para los hogares más pobres el 40% de jóvenes entre los 20 y los 24 años no tienen empleo. El 44.4% de las personas pobres y el 15.3% de las indigentes son jóvenes.

Las mujeres son las más afectadas en el plano económico, ubicándose en los últimos sondeos alrededor de 10 puntos por encima de los hombres para casi todos los parámetros. Además, ser joven en nuestro país en 5 veces más “mortal” que el promedio para Latinoamérica. El 75% de las muertes en jóvenes están relacionadas con la violencia que vive Colombia. Sólo 6 de cada 10 jóvenes están afiliados al sistema de salud. El servicio militar en varones aún es una obligación, o en su defecto, el valor de la libreta es básicamente impagable.

Para los niños el panorama no es mejor: 1 de 4 combatientes menores de 14 años en el mundo son colombianos. Entre unos 5000 y 8000 niños han sido asesinados en masacres, la gran mayoría propiciadas por paramilitares y con ayuda de fuerzas del Estado. Más de 20 mil niños menores de 5 años mueren por desnutrición aguda y miles más padecen de hambre, producto de la falta de políticas alimentarías relacionadas, entre otras practicas, con el monocultivo, que en la Sabana de Bogotá ha sido durante muchas décadas ocupado por la industria floricultora.

La región de la sabana y la juventud:

La región de la Sabana de Bogotá, incluida la Capital, es para el país la región estratégica más importante, es, simplemente, el centro del poder económico, político y socio-territorial. En ese mismo sentido, las políticas públicas para la juventud están diseñadas para orbitar alrededor del modelo implementado desde la estructura nacional y aplicadas por las autoridades locales al pie de la letra, casi sin matices entre municipios de la región. La instalación del pie de fuerza bajo las lógicas de la seguridad democrática durante el gobierno Uribe (y la continuación bajo el mandato de Santos) añadió una nueva dinámica para la sociedad y las jóvenes, por vía institucional o para-institucional, que es la militarización del territorio, que no es nueva pero si aparece con paradigmas reestructurados y repensados dentro del marco de la consumación de la apertura económica.

La entrada, casi completada, de Colombia al sistema mundial del mercado, impulsado por las descarriladas locomotoras de Santos y sus antecesores, ha hecho de la región un lugar en el que acelerar el progreso y arrasar cualquier cosa que lo detenga es la meta en los modelos de desarrollo. El plan ciudad-región se convierte en el foco central de la actividad económica de la región e invade los escenarios políticos y sociales para que se acoplen a aquel sistema: mega aeropuertos, nodos financieros y políticos descentralizados, centros gigantescos de almacenamiento y distribución, entro otros, son la estructura que viene definiendo el ideal de megápolis. Es aquí donde la juventud tiene un papel fundamental que se viene prefigurando desde su infancia a través de las planes de desarrollo y las políticas sociales, educativas y económicas.

Desde la infancia. Las hijas de las trabajadoras de flores:

El ambiente para las hijas e hijos de los trabajadores tiene bastantes particularidades: gran parte de los hogares son sostenidos por madres o padres cabezas da familia (especialmente madres) con 3 hijos o incluso más, donde en evidente el hacinamiento en varias viviendas, las cuales a su vez están ubicadas por lo general en alquileres temporales. Muchos de las niñas de estas familias estudian en colegios oficiales, donde pocas participan de actividades extra-académicas y sobreviven junto con sus familias en los más precarios barrios de los municipios de la Sabana, azotados por la militarización y la violencia periférica.

A modo de recuento histórico es importante señalar que en décadas anteriores muchas personas iniciaban trabajando en la floricultura desde los 14 o 13 años, edad donde todavía se consideraban legalmente infantes, practica que cambió con la aplicación de leyes de protección hasta hace pocos años. Estas personas hoy, en su mayoría, no superaron la educación primaria y continúan trabajando en la industria de flores, o en su defecto, son ex-trabajadoras que duraron varias décadas acumulándole grandes ganancias a las transnacionales floricultoras mientras sobreviven con bajas pensiones.

En las familias el cuidado de los niños es a menudo responsabilidad de vecinos, familiares o amigos, con quienes no se comparte vivienda, y en otros casos, son los mismos niños quienes deben estar en casa solos durante las jornadas de trabajo de sus padres y madres. Esta inatención se traduce en problemas futuros como la deserción escolar, embarazos no deseados, delincuencia, entre muchos otros.

La mal nutrición, producto de los bajos salarios de la industria floricultora, además de los comunes retrasos en pagos de nominas, liquidaciones o prestaciones sociales, afectan la adquisición de elementos básicos y de buena calidad de la canasta familiar, repercutiendo especialmente de manera negativa en las personas infantes: el déficit de ingesta de proteínas, vitaminas y minerales y el exceso de carbohidratos dañan la salud física y mental de los niños, que además, deteriora su rendimiento escolar, la capacidad de relacionarse en su entorno y su proyección personal en diferentes aspectos. La falta de espacios de esparcimiento, de un salario digno y políticas públicas que puedan garantizar el derecho a la recreación en familia y de respeto a los tiempos laborales para compartir pesan también en el déficit de las niñas. A su vez, el deterioramiento del medio ambiente no genera un buen lugar donde crecer: las fuentes hídricas contaminadas, la acidificación de los suelos (que rápidamente hace desaparecer las zonas verdes aledañas a los cascos urbanos), entre otros, afectan el derecho a un desarrollo sano.

Gran parte de estas niñas y niños se ven obligados a asumir roles que no son de su edad, que van desde el cocinar para sus padres, madres o incluso para todo el núcleo familiar, y van hasta el cuidado de hermanos o parientes menores, asumiendo responsabilidades extra-limitadas. Los trabajos informales para muchachos menores de 14 años son común denominador en las familias que viven de la floricultura, quienes deben dividir su tiempo de manera que puedan sobrellevar varias responsabilidades.

En término de garantías laborales debemos hablar de la licencia de maternidad posparto de 3 meses, que entre otras cosas, no es suficiente para el cuidado que requiere un recién nacido y su madre, igualmente la licencia de 8 días para el padre. La ausencia de políticas de responsabilidad social para las hijas e hijos de los trabajadores de flores en el plano educativo obliga a muchos de ellos a abandonar desde temprana edad el colegio o truncar sus proyectos académicos. La violencia intrafamiliar se convierte en un problema constante dentro estas familias, sumada al hecho de la poca o nula relación afectiva de padres e hijos (quienes pueden pasar semanas sin estrechar lazos personales), además se debe tener en cuenta la falta de comunicación entre acudientes y profesores o administrativos de colegios, que dificulta la compresión sobre las condiciones de los niños en el aprendizaje, y a su vez, sobre los programas pedagógicos necesarios. Hablando de la educación básica debemos mencionar el hacinamiento, el déficit financiero y el carácter mercantilista, problemas estructurales de la educación en Colombia.

Debemos anotar que el aislamiento y la falta de nichos de formación familiar generan vacíos que llenan fácilmente espacios que pueden repercutir negativamente en la proyección personal y social del niño o niña.

La juventud y la floricultura:

La situación de las jóvenes trabajadores no varía mucho, especialmente porque la mayoría crecieron en un entorno familiar dentro del círculo de la industria floricultura, y del mismo modo, se enmarca dentro de las mismas dinámicas: bajos salarios, extensas jornadas laborales, malos tratos, falta de libertades sindicales y demás. Es importante señalar que varios de estos jóvenes también provienen de diferentes regiones del país y llegan en busca de oportunidades laborales, dejando atrás sus familias y teniendo que soportar la carga psicológica y material de tener que vivir lejos de sus hogares y la mayor parte de veces solos.

Empero, las jóvenes padecen problemas que se agudizan dada su particular condición. Muchos de ellos ven truncada la posibilidad de acceder a la educación superior por varias razones: la dificultad en el pago de matriculas, exámenes de admisión, transportes caros y la competitividad desigual del sistema educativo imposibilita muchas veces la oportunidad de estudiar en una universidad. Y muchas de quienes pueden estudiar se ven obligadas a trabajar por temporadas vacacionales para floras, meses en donde también es fácil encontrar estudiantes de bachillerato o jóvenes sin acceso a cualquier tipo de educación.

Las oportunidades laborales para una persona recién graduada del colegio son muy limitadas, prestándose fácilmente a la industria de la floricultura. La situación se agudiza para quienes desertan de sus estudios antes de culminarlos. Por lo general, la falta de experiencia obliga a aceptar cualquier empleo sin prestaciones sociales mínimas. Varias empresas de flores aprovechan la ingenuidad o poca preparación de los jóvenes para ahorrarse el dinero que deberían pagar (pensiones, cesantías, liquidación). Para los hombres la situación es se complica al tener en cuenta que en varias empresas es necesario presentar la libreta militar como requisito, y en las que no, las condiciones laborales son más deprimentes. A la larga, entre jornadas laborales paupérrimas y temporadas de desempleo muchos de estos jóvenes terminan haciendo parte de grupos armados, legales o ilegales, o buscando redes económicas clandestinas para suplir sus necesidades y las de sus familias.

La nula estabilidad laboral de las floras se presenta como expresión casi general para todos los trabajadores de la región, pero obtiene un mayor provecho en los menores. Muchos empleos ofrecidos para personas jóvenes duran solo un par de días o semanas como mucho, luego sin mayor razón son despedidos al cumplir tareas. Esta práctica “jornalera” es común en las temporadas de San Valentín, día de las Madres, de la Mujer y Amor y Amistad, donde la demanda internacional aumenta.

La mayoría de floras recurren a las cooperativas de trabajo que pocos escrúpulos tienen en términos de publicidad para atraer a jóvenes sin experiencia, situación militar definida o educación básica. Los despidos son seguidos muchas veces por demora en los pagos de nomina, liquidaciones o prestaciones sociales. La firma de contratos estables para los jóvenes no es más que un ideal alejado de la realidad. Así mismo, la historia de los hijos de trabajadores de flores se repite para aquellos jóvenes que se convierten en padres o madres a temprana edad, muchas de ellas que tienen que cargar con la responsabilidad extra de ser madres solteras.

La negación del derecho a compartir con la familia, a la recreación y al buen descanso se manifiesta también para las personas jóvenes: el cierre de oportunidades académicas, culturales, artísticas y deportivas en los municipios genera de una elitización del saber, por tal razón, la mayor parte de jóvenes de barrios populares son vistos bajo la lógica económica imperante del país, es decir, clasificados como mano de obra barata y poco calificada. La educación técnica y tecnológica está presta para aumentar esta brecha, y las mínimas oportunidades educativas se convierten en educación para el trabajo: los planes curriculares giran en torno las necesidades del mercado de las flores y las otras industrias de explotación, pero no para las necesidades sociales y económicas del pueblo de la sabana.

Los jóvenes, al igual que los demás trabajadores, están expuestos a sufrir las bancarrotas o momentos de “crisis” del mercado (la patronal por el contrario no), y sin explicación alguna deben muchas veces ser retirados de sus puestos sin los mínimos legales para que ello se efectué, desconociendo liquidaciones, experiencia o cesantías. La falta de garantías laborales y de libertades organizacionales juega un papel fundamental en este plano, siendo de nuevo la poca experiencia la razón principal para que las burocracias de las floras incentiven prácticas antisindicales, contratos amarillos o blindajes legales frente a cualquier tipo de protesta. Muchos de los esquiroles en huelgas son, tristemente, jóvenes empujados por el hambre, la desesperación o la miseria.

Las exigencias internacionales en alza ha permitido, y seguramente lo seguirán haciendo, que todas estas condiciones se agudicen en las familias dependientes de la floricultura, sea por un cambio de demanda de productos o por la continuación de la lógica neoliberal.

La propuesta es defender el derecho al buen vivir y a la felicidad:

Las jóvenes del territorio solo tenemos una salida para mejorar estas condiciones: el estrechamiento con todas aquellas trabajadoras de la sabana, así como otros sectores sociales, nos debe dar una mayor cohesión que nos permita ser escuchadas, instalando demandas de los mínimos de dignidad y presionando para conseguir políticas públicas que sean favorables para nosotras, la infancia y las trabajadoras de flores.

El derecho a ganar es, visto a groso modo, del buen vivir: el derecho a que los niños puedan compartir mayor espacio con sus padres, el derecho a la recreación, a una buena educación, a barrios pensados para seres humanos, a la no militarización de nuestras vidas y territorios, a una soberanía y autonomía alimentaría, al trabajo estable y digno, etc. Es importante ir avanzando paulatinamente en las demandas sociales y económicas, paso a paso, acumulando cada vez mayor capacidad organizativa y fomentando la solidaridad y autogestión como ejes fundamentales para la transformación de la realidad concreta.

Es importante anotar la pertinencia hoy de banderas como las 8 horas de trabajo, los contratos por empresa, las libertades sindicales, el abandono de prácticas de subempleo (que tienen una relación directa con la política de las cooperativas de trabajo), el derecho a la salud y educación pública pensadas para las comunidades, el aumento de los salarios, el no trato militar a conflictos laborales, a un mayor tiempo vacacional y demás, para que podamos pasar de ser mano de obra barata a pensarnos progresivamente una nueva forma de relacionarnos, no como mercancías sino como seres humanos. Estas luchas no son el fin en si mismo, son el comienzo de una nueva etapa para ir por cada vez más, ya no solo en esta región sino en el mundo entero.

Pero todas estas no son cosas que ganamos las jóvenes solas, únicamente las ganará el pueblo organizado.

Steven Crux


Bibliografía

• Reporte infancia mundial 2012. CRIN. http://crin.org/docs/REPORTEINFANCIAMUNDIAL2012.pdf

• Habitando el territorio. Jóvenes de la Sabana de Bogotá: Entre la pobreza, el conflicto y la esperanza. Corporación Cactus http://www.cactus.org.co/archivos/documentos/Publicacio…l.pdf

• Vídeo: Los hijos e hijas de las flores. Corporación Cactus http://www.youtube.com/watch?v=xwJvjInTsCA

• Cifras de la situación de los y las jóvenes en Colombia. Civis. http://civis.se/Cifras-de-la-situacion-de-los-y

• Un día en la vida de una trabajadora de la floricultura. Proyecto de Solidaridad Laboral Las Ameritas. http://www.usleap.org/usleap-en-espa%C3%B1ol/proyectos-…-y–0

[Colombia] Ejército Nacional asesinó a un campesino en Cauca

Tomado del Centro de Comunicación y Educación Popular Enraizando: https://enraizandoprensalibre.wordpress.com/2017/09/21/ejercito-nacional-asesino-a-un-campesino-y-dejo-dos-mas-heridos-en-zona-rural-de-corinto/

Ejército Nacional asesinó a un campesino y dejó dos más heridos en zona rural de Corinto, Cauca:

La fuerza publica de nuevo dispara de manera indiscriminada contra las comunidades indígenas y campesinas de Corinto-Cauca. En los hechos fue asesinado el campesino José Alberto Torijano, coordinador de la Guardia Campesina de la vereda Río Negro, además fueron gravemente heridos Jonathan Alexander Hernández Guevara y Gonzalo Iquinas Perdomo.

Desde las 4am efectivos del Ejercito Nacional iniciaron un allanamiento que buscó la destrucción de un laboratorio de coca en la vereda Medía Naranja. En el operativo dos comuneros fueron retenidos por el Ejercito Nacional, lo que ocasionó una acción espontanea de  solidaridad de las comunidades indígenas y campesinas, buscando la liberación de los comuneros retenidos. Ante la presión comunitaria los militares cedieron y liberan a los dos comuneros retenidos. Escoltados por las comunidades el Ejercito inició su retirada de la zona, pero entre las 8 y las 9am, a la altura de la vereda Pueblo Nuevo, comenzaron a disparar contra las comunidades, es allí que es asesinado José Alberto Torijano, mientras que otros dos civiles caen heridos por el fuego de los militares.

Es muy preocupante que militares y policías operen con impunidad, disparando de manera reiterada contra las comunidades indígenas y campesinas, como si la vida de los sectores populares de Corinto no tuviera valor. Es común que las comunidades indígenas de Corinto sean recibidas por ráfagas de fusil, disparadas por efectivos policiales durante la realización de las Mingas de Liberación de la Tierra. El asesinato del joven indígena Daniel Felipe Castro Basto, el pasado 9 de mayo, es el resultado de este modo de proceder represivo de los uniformados.  La reiteración de los hechos de muerte por parte de policías y militares indica que el asesinato registrado el día de hoy no es un hecho aislado, es evidente que existen ordenes expresas de altos oficiales de la Fuerza de Tarea de Conjunta Apolo y de la Policía del Cauca para disparar con impunidad y asesinar a las comunidades.

Este no es el primer ataque contra la comunidad campesina de Corinto, en octubre 19 del año pasado dos hombres armados en una moto llegaron a las 8pm hasta la casa de Esneider Gonzalez, ubicada en el casco urbano de Corinto, Cauca, y le dispararon en repetidas ocasiones, dejándolo gravemente herido con dos disparos en la espalda y uno en la cabeza.

Las guardias campesinas y populares han sido impulsadas en el departamento por la Organización para el Desarrollo Urbano y Campesino del Cauca, (ORDEURCA), como una forma de apropiación y ejercicio del poder campesino en los territorios, pero también como una forma de defensa de la vida de las comunidades. Este proceso campesino se encuentra inspirado en la experiencia exitosa de organización de las comunidades indígenas nasa del Cauca, ya que la Guardia Indígena o Kiwe Thegna, ha permitido que las comunidades ejerzan un control efectivo sobre el territorio y defensa de las comunidades en su lucha por la tierra.

De acuerdo con el reciente informe de Somos Defensores, sobre la violación de derechos humanos contra activistas sociales en Colombia, de enero a junio de 2017 se presentaron 335 agresiones y 51 asesinatos de activistas sociales. De acuerdo con diferentes fuentes, desde el 2016 el departamento del Cauca continua siendo el más golpeado por la violencia contra las organizaciones populares en Colombia.

Por otro lado el allanamiento realizado por el Ejercito el día de hoy fue una medida arbitraria de parte  de la fuerza publica ya que, desde inicios de este año, las comunidades han buscado mecanismos de dialogo con el Gobierno Nacional para realizar un acuerdo que permita  la sustitución permanente de cultivos de coca. Para el mes de abril German España,  funcionario de la Dirección para la Atención Integral de Lucha Contra las Drogas, se reunió con las comunidades de Corinto y reitero la disposición de dialogo del Gobierno Nacional, sin embargo nunca dieron respuesta a la propuesta de sustitución de cultivos presentada por las comunidades. El Estado no solo desconoce la voluntad de dialogo de indígenas y campesinos, por el contrario procede a criminalizar, perseguir y violentar a las comunidades que, abandonadas por la inversión estatal,  acosadas por las políticas económicas neo-liberales, se han visto obligadas a subsistir a través de los cultivos de coca.

Denunciamos el asesinato de José Alberto Torijano

Rechazamos la política de muerte contra las comunidades indígenas y campesinas de Corinto

Hacemos un urgente llamado a las organizaciones de derechos humanos para que realicen un seguimiento permanente de la violencia registrada contra las comunidades indígenas y campesinas de Corinto

No más represión, no más persecución , basta ya de tanta muerte contra los sectores populares en Colombia.

(Foto: Tomada hoy por comunero indígena en el lugar de los hechos. A quien le agradecemos y reconocemos su importante trabajo de registro fotográfico )

¿La hipocresía de colarse en Transmilenio?

Publicado originalmente en Junio del 2013.
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Dejémonos de hipocresías. Las cosas como son: el sistema de injusticia en el que vivimos no merece ninguna consideración. Resulta que ahora, debido al hambre que sufren millones de seres humanos y a la humillación a la que nos somete el orden en permanente “crisis”, el sistema saca a sus ideólogos baratos (disfrazados de periodistas) para mitigar lo que producen, que es la razón de su existencia.

De nuevo salen los pseudo-investigadores con argumentos simples y poco elaborados, atacando donde no es, todo con el fin de defender el estatus-quo y el ejemplo del “buen ciudadano”. Este texto nace de la indignación e ira al saber que la ley es, de nuevo, una herramienta de uso fácil para los de arriba, quienes para justificar su actuar llaman a sus medios de desinformación para llenar las ciudades, medios virtuales y mentes con argumentos que solo pretenden ocultar el trasfondo de las cosas.

No nos colamos porque sí, no es una cuestión de poner nuestra vida por debajo de la “pereza”, la “malicia” o las ganas de sentirse “el más vivo”. Sabemos que a veces la situación se torna absurda, al punto de colarse solamente por grabar un vídeo; pero por lo general existan razones más complejas. Muchas debemos escoger entre sacar copias para nuestros estudios o pagar por un sistema de transporte indigno e injusto, eso en el mejor de los casos, pero también sabemos que personas cercanas tienen que escoger entre no comer o 1.700 pesos. ¿Esto pasa? ¡SI!. Parece que ciertos periodistas no se han dado de cuenta donde viven, pues el aislamiento de la realidad social que producen los sectores acomodados y los edificios altos y pomposos les hacen olvidar que vivimos en Colombia. Razones sobran para decir porque la gente se tiene que colar (altas cifras de desempleo, inestabilidad laboral, malas condiciones de trabajo, desigualdad social, corrupción y un sinfín de elementos que hay que tener en cuenta), pero no es preciso profundizar en eso, simplemente salir, caminar y charlar en las calles del centro de las ciudades o en sus periferias.

Pero parece que los medios de incomunicación masivos no sólo ignoran la realidad social, sino que de hecho la niegan con frases estúpidas como “colarse por torniquete causa accidentes” (¿?) o “si transmilenio fuera gratis, se seguirían colando”… ya empezamos a ver por dónde va la cosa. Como ha dicho durante toda la historia por parte de ellas, la culpa de la desigualdad y la injusticia es de “la falta de educación de los pobres”, además de su “malicia indígena” (término que también tiene su trasfondo racista), pero parece que se les olvida la “malicia burguesa” de las multinacionales que nos roban la vida y los recursos, se les olvida la “falta de educación de los gobernantes nacionales” que regalan mano de obra a bajo costo y juegan con nuestra salud y dignidad. Obvio no nos colaríamos sí transmilenio fuera gratis, pero más que eso debe ser algo más: sí el transporte fuera digno, y ello involucra no solo dejar de ser sardinas enlatadas en un bus rojo, además es que el producto de su servicio sea retroalimentado a la sociedad en general y no a unos cuantos bolsillos. En ese sentido nos colaremos hasta que la transformación sea realidad.

Para los escritores de esos medios es válido hacer paralelos donde se cita la “cultura de pagar” que se tienen otros países, haciendo la salvedad de que son sistemas de transportes similares pero con condiciones socio-económicas completamente diferentes. Sin querer defender gobiernos de otras latitudes, es importante saber que la corrupción y la desigualdad impuesta aquí han adquirido niveles altísimos, diferentes a otros lugares. Entonces se peca de mala fe con estos paralelos. ¿Cómo no nos vamos a colar, si desconfiamos de quienes son dueños del transmilenio?, nuestras vecinas, familiares y compañeras de estudio o trabajo lo hacen, sin necesidad de que lean teorías económicas avanzadas, pero sabiendo que la cantidad de dinero robado por medio de impuestos, impunidad y excesivas ganancias, se lo llevan otros, quienes por cierto tienen costosísimos carros y viajan en limusinas privadas, a costa de nuestra incomodidad y falta de derechos en transporte digno. La “cultural del pago” es un plan para naturalizar el descontento popular, para esta cultura es más indignante que una persona prefiera guardar $1700 para comer o estudiar a que un millonario ,con sus arcas llenas, quiera poseer siempre más dinero a costa de la esclavitud de otras.

Y ya que se toca la cuestión de los derechos que deberíamos tener como usuarios, no podemos pasar por alto que el sistema de transmilenio en Bogotá, al estar enmarcado en una de las burocracias más corruptas del mundo, sea de los más caros, indignos e inseguros de América latina. Vimos los años pasados que tras olas de manifestaciones pacificas, que terminaban siendo violentamente reprimidas no sin una respuesta de quienes están indignadas, las directivas deciden bajar el precio del tiquete en ciertas horas. Esto no hay que entenderlo como un regalo que nos dieron las de arriba, lo vemos una conquista que se lo logró a punta de movilización, y sabemos que aún falta y seguimos en ese mismo camino.

La prensa oficialista, no bastándole con insultarnos, nos pone al mismo nivel (o quizás peor) que el de los Nule o los Moreno, asegurando que las mismas razones que nos motivan a colarnos son las mismas que motivaron a estos avaros a sacarse buenas tajadas de dinero, aparte de lo legalmente permitido que de por sí ya es un robo. Quisiéramos ver que, por la tacañería, un ladrón de cuello blanco salte una puerta de transmilenio.

Pero en algo estamos de acuerdo con estos señores de los grandes periódicos: toca atacar más profundo, cambiar lo cultural. Buscamos atacar la cultura de la competencia, del odio, de la desigualdad, del conformismo y de la resignación, aunque no sea la misma idea a la que se refieren los grandes medios al decir que el “buen ciudadano” es quien pide sus derechos de manera “que no altere el orden” –para que le nieguen sus exigencias- y al otro día vuelva y pague su pasaje, hacer lo que en la escuela llaman “lo correcto”. Lo importante, para ellas, no es que transmilenio se digne a dar un buen servicio, sino que el dinero siga llegando diariamente, si eso es así, todo está bien en la lógica de lo antilógico.

Todo lo anterior nos lleva a una serie de reflexiones más profundas. La prensa oficialista está al servicio de los bolsillos de los empresarios y gobernantes, nunca mira más allá de las cortinas de humo y termina por justificar la desigualdad legalmente impuesta, y así seguimos en lo mismo de siempre: atacan a las hambreadas pero no al hambre, niegan la lucha de clases porque son dueños de quienes cuentan la versión de la realidad. En esa misma dirección, para la no sorpresa nuestra, las leyes están hechas para blindar el bolsillo de los explotadores, obligando al explotado a seguir dejando su dignidad y vida en largas jornadas de trabajo, en oportunidades de educación perdidas o en una tarjeta electrónica, ejemplo de ello es la forma más “correcta” que encuentra el aparato estatal para controlar a quienes se colan, que en su mayoría no tienen dinero pues no se colarían, exigiéndoles más de medio millón de pesos como retribución por “robar” $1.700, y para hacerlo sonar “humanitario” se dice que el objetivo último es “salvar vidas”, ¿No será salvar bolsillos?, bueno, suponiendo que las mismas personas que nos condenan a morir en las puertas de los hospitales quieren salvaguardar nuestra integridad física y se preocupan de que el 23% de las muertes anuales alrededor del mundo sean por accidentes de tránsito, parece no importarles que la gente fallezca por enfermedades producidas por alimentos tratados con transgénicos, por las guerras impuestas por la avaricia del petróleo, por el hambre y la sed, por la desigualdad social y por la violencia que nace de todo lo anterior, quizás todo ello sea más del 23%.

Pero para exigir nuestros derechos inmediatos como usuarios, llámense servicios más regulares, menos congestionados y más baratos, y teniendo en cuenta que todo va más allá, debemos seguir una serie de papeleos que probablemente no terminarán en nada al cabo de meses o años, papeleos que para castigar a quienes se colan y proteger los ingresos de parásitos si son rápidos, pues existe eso de “leyes express”, que se hacen en cuestión de días o semanas, donde los recursos materiales y humanos (vehículos de la policía, uniformados, cámaras, etc) están a disposición del capital privado a primera hora. Pero para terminar de hacerlo más orwelliano, cada peatón usuario del sistema debe convertirse en “veedor” del mismo, es decir, esta cultura del pago y el rechazo social a colarse garantizan que cada una de nosotras sea un potencial policía de las demás, imaginémonos cuanto se ahorraría transmilenio en celadoras.

Sabemos que muchas veces el acto de colarse lo hacen personas con bastante dinero, que lo hacen por diversión o por el deseo de adrenalina, como también hay casos absurdos donde jóvenes han muerto por no esperar un semáforo en rojo o teniendo varios pasajes en sus bolsillos, esto es también criticable. Somos conscientes de que nuestra vida no vale menos que $1.700, por eso cuando nos colamos lo hacemos con seguridad de no morir en el intento. Estamos de acuerdo con que es importante desarrollar conciencia social en nuestros barrios y centros de estudio, sin hacerle el juego al sistema de injusticia. Somos conscientes también que debemos dejar salir primero, cruzar el puente peatonal, utilizar los semáforos y caminar por la derecha, son cosas simples que ayudarían a mejorar muchas cosas, pero que quede claro que aquí lo importante y primordial es la transformación de las condiciones económicas, sociales y culturales que nos imponen los de arriba, luego de ello podremos hablar de un sistema digno de transporte, de educación, de salud, de producción… de vida.

En resumen, porque no tenemos salarios dignos y porque nos burlamos del poder, seguiremos colándonos: por la puerta, abriéndola o subiéndonos al primer articulado que se detenga; por torniquete, saltándolo o devolviéndolo… ¡Colémonos hasta que todo cambie!.

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