Enlaces del mes: Marzo 2014

Polémicas con las capuchas en las Marchas de la Dignidad

Varias columnas partieron ya desde numerosos puntos de España marchando a Madrid para confluir el día 22 de marzo, donde dará lugar a una multitudinaria manifestación bajo los lemas «No al pago de la deuda. Ni un recorte más. Fuera los gobiernos de la troika. Pan, trabajo y techo para todos y todas«. Hasta el momento, no se ha especificado el carácter de la movilización, lo que podría dar cabida a la protesta violenta o, de lo contrario, marchará pacíficamente. Independientemente de ello, pienso que deberíamos atender el trasfondo político y social de la manifestación, no únicamente a sus formas. Sin embargo, no he podido pasar por alto aquellas imágenes que criminalizan a los encapuchados acusándolos, gratuita e injustamente, de infiltrados¹ que recientemente andan circulando por las redes sociales, al cual rápidamente salió su respuesta².

Antes que nada, no quiero que el carácter con el que se haya desarrollado los actos de las Marchas de la Dignidad termine en un debate estéril ente si violencia o no violencia, olvidándonos de las reivindicaciones, la repercusión social y los posibles avances que hayan podido surgir después de las marchas. Aquí no voy a salir en defensa de un método de lucha o de otro, ya que soy partidario de la convivencia de diversas tácticas de acción directa, que sirvan para el avance de la lucha y no obstaculizarnos entre nosotros y nosotras, con la condición de que tales métodos se utilicen adecuadamente en cada contexto. No obstante, es conveniente desechar de una vez por todas la lacra del moralismo y del pacifismo dogmático dentro de los movimientos sociales. Entonces, urge aquí unas aclaraciones:

Tanto la resistencia pasiva como la resistencia activa son métodos de acción directa legítimos en la lucha social y hay que saber usarlas en cada contexto. Sin embargo, hay veces que es preciso aclarar unas cuestiones sobre la resistencia activa y el uso de la violencia como método de lucha. Algunos argumentos pacifistas, como que no tenemos que actuar como bestias como lo hace la policía o similares, ignoran por completo que no existe una equidistancia entre la violencia estructural del sistema (recortes en general, decretazos, subidas de la luz, privatizaciones, desalojos, desahucios, precariedad laboral, despidos, brutalidad policial, etc…) y la violencia simbólica en las protestas (ataques a la policía, rotura de cristales de tiendas de multinacionales, sucursales y oficinas, y quemas de contenedores, coches patrulla). Ante la ausencia de una equidistancia, no podemos equiparar las protestas sociales de carácter violento con la brutalidad de la represión policial; los ataques a sucursales bancarias con los desahucios o la estafa de las preferentes. Lo mismo que no podemos comparar la violencia machista -producto de la sociedad patriarcal- con «las agresiones de mujeres a hombres» como acto de autodefensa por parte de la mujer para hacer frente a la violencia machista.

Podemos concluir, por tanto, que la violencia de la clase explotada es completamente legítima en cuanto es usada, no para oprimir sino para liberarnos de la opresión. No olvidemos que el capitalismo se ha impuesto mediante la violencia. Con echar un vistazo atrás en la historia, tendremos las respuestas: durante la época pre-capitalista; mediante la expropiación forzosa de las tierras comunes, que comenzó a partir del siglo XVI a través de los cercamientos, y la caza de brujas orquestada por la clase dominante de entonces y el clero para dinamitar el control de las mujeres sobre sus cuerpos. Y después de la Revolución Francesa; mediante el trabajo asalariado y la represión estatal hacia toda reivindicación de carácter obrero. Incluso actualmente en Latinoamérica y en países africanos el neoliberalismo sigue los mismos pasos que siguieron los capitalistas dos siglos atrás.

Volviendo al hilo del asunto, si bien la infiltración policial en las manifestaciones está a la orden del día y que por ello debamos tener cuidado, no quiere decir que todos y todas las encapuchadas sean agentes de paisano³. Por parte de la policía y la clase dominante, serán suyas las victorias cuando entre nosotros y nosotras nos enzarcemos en luchas intestinas entre pacifistas y «violentos», en vez de tejer lazos de solidaridad entre la clase trabajadora y la confluencia de las luchas contra el neoliberalismo. Tenemos que tener claro que el enemigo que tenemos delante no es quien se pone la capucha al salir a la calle a protestar, sino la madera que se infiltra en nuestras manifestaciones. Por tanto, no es a los encapuchados a quienes hay que atacar, pues de hacerse, sería hacerle el juego sucio a la policía facilitándoles la represión y dando como consecuencia las divisiones internas.

Las opciones más acertadas serían que: quienes opten por la resistencia activa que lo hagan atendiendo al contexto social en que nos encontremos, si el uso de la violencia revolucionaria va a ser realmente útil como se demostró en Gamonal, en el cual se vio legítima en el imaginario popular ya que el trasfondo plenamente lo justificaba. Y quienes opten por la resistencia pasiva, que lo hagan por las mismas razones que aquellos y aquellas que eligieron pasar a la autodefensa. Pero que en ningún caso nos obstaculicemos las unas a las otras e invirtamos las fuerzas en la lucha y en identificar y expulsar a los infiltrados, no a los encapuchados.

Mucho ánimo y fuerza a los y las que están en las Marchas de la Dignidad, que ya están llegando a la Comunidad de Madrid.

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Notas:

1-
y

 

 

 

2-

3- Aquí hice una aclaración básica para distinguir a un infiltrado de un manifestante.

[Recomendación] Lectura: La Universidad en la sociedad de clases

La Universidad, como institución educativa, es visto mayormente en el imaginario popular como un espacio que brinda oportunidades de escalar posiciones en la sociedad de clases. No obstante, a través de la historia, el acceso a la educación superior no fue universal, sino que fue restringido a las élites dominantes en las cuales intercambiaban y creaban conocimientos. Conforme las fuerzas productivas se iban desarrollando y ante la creciente demanda de mano de obra cualificada, la Universidad se abrió a las clases populares, aunque no totalmente, ya que siguieron existiendo y siguen existiendo hoy en día Universidades privadas en las cuales solo podían acceder a ellas las clases dominantes. Actualmente, nos encontramos con una Universidad estatal en transición hacia la Universidad empresa, orientada a satisfacer las demandas de mano de obra específicas para ciertas empresas. La mercantilización de la Universidad supondría su degradación y deterioro, lo que conllevaría a que el intercambio, aprendizaje y acumulación de conocimientos quede en un segundo plano, siendo desplazado por aquellos conocimientos orientados a generar beneficios económicos.

La Universidad tampoco ha sido ni es un espacio neutral y aislado de la sociedad, sino que viene influenciada de las ideologías dominantes y hoy en día tiene como función la reproducción de las mismas. Sin embargo, pese a ser un aparato ideológico del Estado -y del Capital-, es un espacio en el cual los y las estudiantes van adquiriendo conciencia política. Así pues, la entrada de las clases populares a las universidades posibilitó la expresión de las inquietudes políticas de ciertos estudiantes que cuestionaban la ideología dominante. Desde nuestra perspectiva, deberíamos ver la Universidad, no solamente como un aparato ideológico del Estado y una institución con la función de crear mano de obra cualificada, sino también como espacio político en el cual disputarle la hegemonía a la clase e ideología dominantes para llevar a cabo una transformación radical de la Universidad para ponerla como institución educativa bajo los intereses del pueblo trabajador. Ello significa, en el plano inmediato, frenar la ola privatizadora orquestada por el neoliberalismo y a la vez crear espacios políticos que nos permitan avanzar hacia un modelo universitario de carácter obrero y revolucionario.

El presente texto es un análisis de la Universidad a través de la historia y sus diferentes modelos para así poder desarrollar las herramientas de lucha necesarias para el cambio político.

La Universidad en la sociedad de clases

Nuevo Espacio Liberado en la UAM

Nos llega información de que hoy, 12 de marzo, se ha liberado un nuevo espacio social en la Universidad Autonóma de Madrid, os dejamos aquí el comunicado de apertura:

NUEVO ESPACIO-TIEMPO SOCIAL LIBERADO AUTÓNOMO (E.T.S.L.A.) EN LA UAM

Sobrevivimos. Porque vivir no puede significar no saber si mañana vas a comer, si tendrás dinero para finalizar los estudios, si aun así llegarás a encontrar un trabajo estable con los derechos laborales que hoy día conoces. Porque no solo cambiaremos de trabajo constantemente a lo largo de nuestras vidas, sino que además nos veremos obligados a emigrar, y quizás incluso nos hagan un flaco favor, dado que en un país sin sanidad ni educación, que recorta en dependencia, en el que no consideran que las mujeres sepamos decidir sobre nuestros cuerpos, y donde no tomemos garantía de dormir bajo un techo, no debería llamarse Estado de Bienestar. Además, como colofón, se persigue y castiga a quienes protestan y buscan un mundo mejor. No son más que consecuencias de la crisis actual como tantas otras inherentes al capitalismo.

Han logrado aislarnos. El individualismo más atroz ha enraizado en nuestra convivencia como germen de la competitividad, pilar del sistema político, económico, social y cultural. Nos quieren sumisas, y nos tienen porque solas no podemos. Sin embargo, siempre surgen brotes verdes de inconformismo, mucho más reales que los brotes verdes del ministro Guindos. Brotes verdes de inconformismo por la solidaridad entre iguales. Solidaridad que ya muestra su efecto en la reivindicación de los pocos derechos de los que hoy gozamos y que continúa haciéndolo en las mareas ciudadanas, colectivos como la PAH y en tantos barrios que se organizan.

No. Sin lazos sociales no podemos recuperar la solidaridad como valor básico de la sociedad con el fin de plantar cara a la injusticia de la miseria y crear un futuro de todas para todas. Por eso creemos que una de las muchas que puede avivar las brasas del conflicto social es construir nuestros lazos. Acercarnos, apoyarnos, ayudarnos. Y la chispa, los espacios comunes donde podamos crear y crecer.

Es aquí donde nace el nuevo ETSLA en la UAM, donde antes había una sucursal bancaria símbolo de la corrupción, la explotación y la avaricia asesina que impera y pretende abrirse paso en todo resquicio. Sabemos que sólo se destruye lo que se sustituye, y estamos decididas por la propuesta de un espacio social que sirva de encuentro interfacultativo, que dé lugar a conocimiento multidisciplinar y que, en definitiva, enciende la llama de la vida universitaria, ya apagada y subyugada a la asistencia obligatoria y el plan Bolonia. Un centro para alimentar nuestras inquietudes, llevando proyectos a cabo; charlas, talleres, actividades… desde nuestro propio interés e iniciativa, es decir, de manera autogestionada por la comunidad universitaria. De esta forma, habría cabida para aquellos colectivos y asociaciones que se ven privados de lugar en el que reunirse por la inoperancia de la gestión de los espacios de la universidad.

 Y, porque sobrevivimos, un ETSLA que dé visibilidad  y soporte al movimiento asambleario que lucha en contra del desmantelamiento de la educación que nos quiere robar el gobierno y el libre mercado.

Nuestra pretensión es clara: no vale liberar el espacio si no concebimos el tiempo de otra manera en que la desidia del minutero no arrastre nuestras vidas como un peso muerto.

Es el momento.

Para más info: etslauam.blogspot.com.es

Enlaces del mes: Febrero 2014

La posibilidad del anarquismo en el contexto actual

Probablemente nos hayamos preguntado alguna vez si es posible materializar una sociedad anarquista a una mayor escala en el actual contexto o en un futuro cercano. Si bien existen ya comunidades que tienen un funcionamiento cercanas al anarquismo y al socialismo libertario en diversas zonas del mundo, nos planteamos aquí si sería posible realizar una sociedad anarquista en lo que llamamos «Occidente». A nivel general, en los países con un capitalismo más avanzado, el anarquismo se ve realizado a muy pequeña escala en okupas, en algunas fábricas recuperadas o en ciertas zonas rurales pero, ¿existe una posibilidad no muy remota de aplicar el socialismo libertario a gran escala? Probabilidades hay. No obstante, conforme vayamos analizando la complejidad del contexto actual, las probabilidades de materializar una sociedad libertaria en un plazo no muy largo tienden cada vez más a cero. Para comprender el por qué de las probabilidades casi nulas de realizar el anarquismo en un futuro cercano, nos situaremos en el panorama actual y conoceremos así la posición de los anarquistas en el espacio político presente.

Tras la caída del muro de Berlín y el colapso de la URSS, el neoliberalismo se impuso como el sistema dominante prácticamente a escala global debido principalmente a la carencia de una resistencia obrera organizada como aquella de principios del siglo XX. La conciencia de clases hoy en día se ha perdido casi por completo entre la clase trabajadora actual en «Occidente» y en su lugar se introdujo en el imaginario popular el individualismo pequeñoburgués, el éxito personal, la ilusión de la clase media y la ideología del emprendimiento. Sin embargo, a la llegada de la crisis para la clase trabajadora, ha habido cierto repunte de una conciencia crítica en la sociedad así como el crecimiento de la movilización social y una tendencia hacia la polarización que se traduce en: por un lado, la ultraderecha y sus discursos nacionalistas comienzan a calar cada vez más entre parte de los sectores populares y la pequeñaburguesía, como se observa en Francia, Grecia y Ucrania principalmente; y por otro, las izquierdas más allá de la socialdemocracia parece también ir ganando terreno entre la clase obrera, aunque muy tímidamente. Nuestra posición estaría dentro de la izquierda radical y revolucionaria, teniendo también dentro de esta misma izquierda a ciertas tendencias marxistas.

Los anarquistas estamos ante un panorama en el cual encontramos una mayoría social despolitizada o con poca formación política, un despertar de la conciencia política entre los sectores populares, lo que ocasionó una creciente movilización social; una izquierda revolucionaria muy dividida, incluso entre los círculos libertarios; y un movimiento obrero casi desarticulado, y de lo que queda, en su mayoría domesticado por los sindicatos amarillos, aunque el desprestigio de tales sindicatos favoreció en parte el crecimiento del sindicalismo de clase y combativo. Al frente, me refiero aquí a las fuerzas del Capital, nos encontramos ante dos tendencias: una conservadora caracterizada por el auge de la extrema derecha que cuenta con el apoyo del neoliberalismo y los sectores conservadores de la burguesía, que ante el aumento movilización social, necesitan reforzar sus aparatos represivos a través del Estado para mantener sus privilegios de clase. Esto sucede a la vez que el sector público sufre un progresivo desmantelamiento en favor del capital privado, al igual que la destrucción de los derechos sociales en favor de los intereses del capital. Y otra progresista caracterizada por el reformismo socialdemócrata tendiente al pacto social, la conciliación de clases y la vuelta del Estado del bienestar de los años de bonanza. Cuentan con el apoyo de la pequeña burguesía progresista que en base a las teorías keynesianas, pretenden reforzar el papel del Estado en el control sobre los mercados, así como el desarrollo de políticas que favorezcan a las pequeñas y medianas empresas.

Sabemos que para derrocar el orden capitalista es necesario una revolución, pero no somos la única fuerza política dentro del espectro socialista revolucionario, ni tampoco nos encontramos con una situación revolucionaria a la vuelta de la esquina. En el terreno de la lucha social, tenemos que contar con la existencia de movimientos sociales sin una línea política claramente definida pero con un discurso crítico contra el neoliberalismo, aunque no necesariamente revolucionario, y un funcionamiento articulado desde estructuras horizontales. En dichos movimientos sociales encontramos diversas fuerzas políticas que se disputan el espacio en ellos, que van desde la izquierda parlamentaria y extraparlamentaria, pasando por marxistas-leninistas hasta marxistas heterodoxos y anarquistas. Aquí la presencia anarquista en las luchas sociales -entre ellas la lucha de clases- es esencial para evitar que otras fuerzas políticas sean las que marquen la agenda a los movimientos sociales, pero sin descartar la posible colaboración en reivindicaciones inmediatas comunes sin caer en el apoyo político a ellas. El contenido político de una posible revolución dependerá pues de qué fuerza política sea la hegemónica. Pese a todo, aún queda lejos esa situación revolucionaria, y aún más la realización de una sociedad anarquista.

Y he aquí la pregunta del millón: ¿entonces por qué seguimos siendo anarquistas y seguimos luchando contra el capitalismo y el Estado si esta generación (la de los años ’90 y anteriores) lo más probable es que no vivamos una posible situación revolucionaria, y me temo que mucho menos la realización del socialismo libertario en «Occidente»? La historia de los pueblos y, en particular, la historia del anarquismo nos demuestra que, pese a los errores que se cometieron en el pasado, la anarquía funciona y fue posible. Aunque en la actual coyuntura de «Occidente» estemos muy lejos de alcanzarla y sea muy difícil realizarla a una escala mayor, siguen siendo efectivas las herramientas de lucha que a día de hoy se pueden aplicar en la praxis como son las estructuras organizativas horizontales, el asamblearismo, la autogestión y la acción directa colectiva, y los principios de la cooperación, la solidaridad y la ayuda mutua. Si aspiramos a una revolución social de carácter libertario, nos toca en el ahora, además de organizarnos los anarquistas, participar en los movimientos sociales poniendo a disposición de todos y todas aquellas que quieran un cambio real nuestras herramientas de lucha y demostrar que la organización popular, de clase y la acción directa colectiva es más efectiva que la vía institucional, tanto para frenar los ataques del neoliberalismo como para avanzar hacia la construcción de una sociedad libertaria.

Sin embargo, aunque no la consiguiéramos ver, la lucha de hoy servirá para defender las conquistas de generaciones pasadas y evitar ser aplastadas por la barbarie neoliberal, sin olvidar, claro está, la articulación de una fuerza política revolucionaria y de carácter libertario.

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