El tribalismo como aprendizaje

Algunas variantes ideológicas derivadas del anarquismo o consideradas parte del mismo mantienen estrechos vínculos con el tribalismo e, incluso, con el retorno a formas primitivas de convivencia y existencia. Para el anarquista, ¿es posible encontrar alguna suerte de inspiración en formas de vida arcaicas y tradicionales? Queriendo responder a esta cuestión nos aproximaremos a los pueblos pastún y checheno.

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Revolución social y ejército (I)

«Si quieres paz, prepárate para la guerra», dijo el dirigente romano Julio César. Pero, si la paz que queremos solo puede derivarse de radicales cambios sociales, ¿debemos entonces prepararnos para la guerra?

El geógrafo anarquista Eliseo Reclus afirmaba en su obra* que evolución y revolución son dos fases de un mismo proceso, existiendo épocas en las que se dan cambios lentos y graduales que no suponen un gran conflicto pero que, al acumularse, propician situaciones de cambios rápidos en las estructuras sociales, esto es, revoluciones.

Es comprensible pues que en estos períodos revolucionarios, al suponer el enfrentamiento radical de nuevas estructuras sociales y políticas contra las viejas estructuras, se den situaciones de violencia generalizada. Los partidarios del viejo orden social no se muestran por lo general muy dispuestos a abandonar pacíficamente sus hasta entonces privilegiadas posiciones y movilizan a sus fuerzas para la defensa de sus intereses reaccionarios. Es por esto que, con gran frecuencia, toda revolución social deviene en una guerra civil entre los partidarios del viejo orden y los revolucionarios.

Estos enfrentamientos bélicos: las guerras revolucionarias o para la defensa de la revolución, han generado distintas posturas entre los distintos movimientos revolucionarios en cuanto a la cuestión militar. No hay que olvidar que el ejército es, en muchos casos, el elemento más reaccionario, por su estructura y componente sociales de origen. Este debate es aún más importante dentro de las distintas corrientes del socialismo libertario, debido a que el ejército ha sido históricamente una de las herramientas de represión al servicio de los Estados.
¿Es necesaria la militarización de las fuerzas revolucionarias en el periodo de guerra civil que acompaña a las revoluciones sociales? ¿Es posible un ejército al servicio de los intereses de la clase trabajadora? ¿Puede un ejército tener una estructura que no sea autoritaria? ¿Pueden las piedras hacer frente a los fusiles? Estas son solo algunas de las preguntas que se han planteado los revolucionarios a lo largo de la historia.

Con esta serie de artículos pretendo realizar un repaso histórico del carácter bélico de las revoluciones sociales (desde las revueltas de esclavos del mundo antiguo, pasando por las revoluciones burguesas hasta llegar a los movimientos revolucionarios del siglo XX y de nuestra propia época), de las soluciones que buscaron los revolucionarios al problema militar en cada una de ellas, las distintas posturas que engendró este debate y las consecuencias de su aplicación.

No me abstendré sin embargo de ofrecer una visión crítica de este fenómeno, pues pretendo no solo mostrarlo, sino también llegar a una comprensión sobre el tema que nos permita avanzar en nuestro entendimiento de lo que supone el conflicto revolucionario.

Invito pues a las lectoras y lectores a que sigan atentamente estos artículos y no se contengan en ningún momento a la hora de dar su opinión.

*Reclus, ELISEO, Evolución, revolución y anarquismo, 1897.

(Ir a la segunda parte)

Claves para entender el anarquismo I

Inicio con este artículo un camino, más bien largo, que ya comencé a andar en el blog La Colectividad. A lo largo de este viaje intentaré analizar histórica, filosófica, y sociológicamente eso que se ha venido a llamar anarquismo. Además, es mi intención que los artículos de «Claves para entender el anarquismo» estén al alcance de todes, para que así personas sin estudios previos en el tema o con escasa formación teórica puedan avanzar en su personal entendimiento de una ideología tan apasionante como la anarquista. Sin más, espero que mi esfuerzo sirva al menos para despertar en vosotres la pasión de pensar críticamente.

Introducción

Los primeros artículos de «Claves para entender el anarquismo» se centrarán en bosquejar los límites de «qué significa ser anarquista.» Empezaremos analizando los elementos comunes a todas las ramas del anarquismo para, en futuros artículos, ir descendiendo paso por paso a cada tipo de anarquismo. Empezar por lo general para después descender a lo particular nos permitirá entender mejor los matices de cada tipo de anarquismo. En estos primeros artículos nos apoyaremos en el libro «Anarchism» de David Miller (quien no es anarquista, sino socialista de mercado como él mismo se define, pero sí uno de los más valiosos estudiosos de la historia del anarquismo). No perdamos más tiempo, vamos a lo nuestro.

Qué es el anarquismo

Muchas son las ideas que se asocian a la palabra anarquismo. Hoy en día, para gran parte de la sociedad, les anarquistas son poco más que personas destructivas que disfrutan destrozando contenedores de basura, quemando locales de la cadena Starbucks, o lanzando ladrillos a la policía. Esta idea generalizada sobre les anarquistas es reproducida y socializada (es decir, internalizada y aceptada como verdad) a través de los medios de comunicación, el sistema educativo en Occidente, y las relaciones cotidianas de las personas. De esta manera, el anarquismo seguramente sea una de las ideologías más tergiversadas en la historia de la humanidad. Sin embargo, nada de lo arriba escrito es absolutamente verdad. Si bien es cierto que algunas personas consideradas anarquistas disfrutan quemando contenedores, el anarquismo como ideología es mucho más. Les anarquistas no son solamente personas violentas y encapuchadas (que también); otres muches anarquistas son personas constructivas y creadoras.

Así pues, el anarquismo lejos de ser una ideología que busca la destrucción del mundo es una ideología profundamente constructiva que ha teorizado complejas alternativas sociales al capitalismo (Miller, 1984: 2). Es más, el anarquismo es tan complejo y tan constructivo que se hace muy difícil hablar de una ideología anarquista. Todas las ideologías políticas albergan en su seno contradicciones puntuales (es decir, no hay ideología política que sea absolutamente congruente), pero en el caso del anarquismo encontramos un gran abanico de posturas diferentes que son, a todas luces, opuestas. No obstante, sí que podemos identificar una lista de elementos básicos que unifican a todas las posturas anarquistas.

Pero antes de explicar esos elementos básicos del anarquismo, tenemos que identificar de qué estamos hablando cuando decimos anarquismo. Empezamos a hablar de anarquismo a finales del siglo XVIII, precisamente con el estallido de la Revolución Francesa en 1789. Antes de este momento histórico tan importante se pueden encontrar ideologías y cosmovisiones muy cercanas al anarquismo (pues los deseos de libertad han existido desde los primeros seres humanos), pero no podemos hablar del anarquismo como ideología política hasta finales de siglo XVIII, cuando todos esos deseos de libertad e ideales de emancipación se unifican y articulan bajo un mismo nombre para así crear un sistema de ideas que hoy llamamos anarquismo.

Tras la Revolución Francesa el anarquismo se expandió rápidamente por todo el mundo (ibid.: 4), llegando a ser una de las ideologías más importantes en los movimientos obreros europeos y norteamericanos. El anarquismo experimentó un incremento exponencial a partir de la década de 1860, cuando el movimiento obrero, impulsado por el marxismo [1], se asentó con contundencia entre les trabajadores del campo y, sobre todo, de la ciudad. Fue en este contexto de efervescencia social cuando el anarquismo adquirió fuerza y apoyo popular, llegando a conformar una importante rama del movimiento socialista. De hecho, les anarquistas del siglo XIX se consideraban como les verdaderes socialistas (ibid.: 2).

A grandes rasgos se puede afirmar con rigor que el anarquismo busca la creación de una sociedad justa, en la cual el individuo pueda ser libre pero que, al mismo tiempo, tenga una mayor conciencia social basada en la solidaridad entre las personas. Esta idea abstracta, sin embargo, se puede materializar de muy diversas maneras, y una vez más, a grandes rasgos, podemos identificar dos posturas diferentes dentro del anarquismo: una postura más individualista (promovida por autores como Godwin y Stirner), y una postura más colectivista (Bakunin y Kropotkin entre otres). Esta diferenciación, lejos de ser de matiz, supone una gran división dentro de la ideología anarquista, puesto que los postulados filosóficos sobre la naturaleza del individuo y de la vida social son pensados de forma muy distinta [2].

Como ya anticipé, afortunadamente podemos identificar varios elementos que nos permiten hablar de una ideología anarquista. El primero de ellos es la oposición a la existencia de un Estado. Todas las corrientes anarquistas abogan por la destrucción del Estado moderno para así poder organizar la sociedad de otra manera. Pero una vez más nos encontramos con un obstáculo en nuestro camino hacia la comprensión del anarquismo, y es que para muches autores los conceptos Estado y gobierno son intercambiables (viniendo a sugerir que son la misma cosa), mientras que para otres no lo son. Así pues, vamos a dejar este punto a un lado por el momento y consideremos que Estado y gobierno no son la misma cosa. Por lo tanto, un Estado para el anarquismo sería (ibid.: 5):

1) Una entidad soberana, la cual clama tener la absoluta y única autoridad para definir los límites de su territorio y los derechos de sus ciudadanes.

2) Una entidad obligatoria, la cual es impuesta a las personas de cualquier generación. La imposición de la existencia del Estado, además, implica la obligación de aceptar dicha existencia dentro de la legalidad vigente.

3) Una entidad monopolística, es decir, el Estado tiene el monopolio del poder y violencia (fuerza) dentro de su territorio.

4) Una entidad discreta, es decir, diferente y claramente diferenciable del resto de funciones y dinámicas sociales. En este punto se incluirían las relaciones y elementos relacionados con la burocracía, el ejército, la policía, les polítiques, etcétera.

Estos cuatro puntos son compartidos por todas las corrientes anarquistas. De una forma más detallada, el primer punto se relaciona con la creación unidireccional de la realidad social, es decir: lo permitido y lo no-permitido, lo posible y lo no-posible, etcétera, son cosas dadas por el Estado. El segundo punto tiene que ver con la idea de pacto social (por el momento vamos a dejarlo en que las personas que no participaron en dicho pacto son igualmente obligadas a aceptar la existencia, poder, y autoridad del Estado). El tercer punto tiene ecos weberianos [3], y como se verá más adelante, hace alusión a la incapacidad formal de las personas de sublevarse contra el Estado, puesto que es éste el que sustenta la violencia legal (el adjetivo legal aquí tiene una importancia mayúscula). Finalmente, el cuarto punto es resultado del gran esfuerzo teórico de los primeros autores anarquistas: en él se pretende decir que el Estado es claramente un elemento distinto del resto de dinámicas sociales. Como se verá más adelante, es vital acotar analíticamente (teóricamente) al Estado, pues la gran crítica de la ideología anarquista está orientada hacia el mismo.

Para terminar de comprender estos cuatro puntos tenemos que tener en cuenta, también, lo siguiente:

• Los cuatro puntos anarquistas que definen un Estado son aplicables de la misma forma a un Estado liberal de tipo hobbesiano como a un Estado socialista proletario. En próximos capítulos veremos la importancia de definir al Estado como un concepto más allá de su expresión material; para el anarquismo el problema es el Estado, no el tipo de Estado.

• El anarquismo, de cualquier tipo, se opone a la idea liberal de «pacto social» [4]. Aquí encontramos dos grandes argumentos en contra (ibid.: 6): uno es, ¿por qué iba alguien a aceptar la existencia de un Estado cuando éste es más opresor que el poder de individuos separados? Hemos de pensar que el Estado moderno nace desde un contexto feudal, en el cual el poder se fue concentrando poco a poco en ciudades-Estado que más tarde pasarían a conformar los Estados modernos. La crítica de los primeros anarquistas hace alusión a este hecho: pareciera que un Estado es más opresivo que un señor feudal, por lo tanto no se explica tal «pacto social.» El segundo argumento enlaza con el segundo punto de arriba: el «pacto social» se impone a las nuevas generaciones, las cuales no han tomado parte en ese supuesto «pacto social.»

Si hemos comprendido estos cuatro puntos definitorios, más la característica elemental del anarquismo (la oposición al Estado de cualquier tipo), y estas dos últimas argumentaciones, estamos preparades para pasar a analizar con un poco más de detalle los elementos de los Estados modernos. Pero esto lo vamos a dejar para la próxima entrega, en la cual se verá:

• La definición proudhoniana de Estado.

• El modelo alternativo propuesto por Proudhon.

• Seguiremos diferenciando corrientes anarquistas e identificando puntos comunes entre las mismas.

Como esta serie de artículos tienen una clara intención formativa, es pertinente recomendar unas cuantas lecturas para facilitar la comprensión del próximo artículo (el cual será más abstracto que esta introducción). A modo de «deberes», recomiendo leer un breve capítulo del libro de Capelleti «La ideología anarquista.» El capítulo en concreto se titula «Nacimiento del anarquismo: Pierre Joseph Proudhon.» Os dejo el enlace a la lectura aquí mismo, encontraréis el capítulo recomendado en las páginas 37-45.

Si alguien estuviera más interesade todavía en profundizar en el tema que trataremos en el próximo artículo, recomiendo la lectura de «El principio federativo» de Proudhon. La lectura la podéis encontrar en este link.

Notas

[1] Recordemos que el «Manifiesto del Partido Comunista» se publica por primera vez en febrero de 1848. Las ideas de Karl Marx y Friedrich Engels calaron con notabilidad en las décadas posteriores, durante las cuales se asentaron las bases del movimiento obrero.

[2] Entraremos a analizar con más detalle las diferentes corrientes anarquistas en futuros artículos de «Claves para entender el anarquismo.» Que nadie se impaciente, es muy importante ir desgranando poco a poco los elementos comunes y generales para luego entender mejor las diferencias entre las distintas corrientes anarquistas.

[3] Max Weber, uno de los padres de la sociología, definió al Estado como el monopolio de la violencia legal (gewaltmonopol des staates en el alemán original de la obra). Hoy en día su definición sea, seguramente, una de las más populares y aceptadas en la academia.

[4] El concepto de «pacto social», tal cual se entiende normalmente, fue acuñado por el filósofo francés Jean-Jacques Rousseau (aunque ideas similares se encuentran también en autores como Hobbes o Locke). La idea general se basa en abandonar el estado natural del ser humano (el cual ha sido definido de diversas formas). A grandes rasgos y sin entrar en abstractos conceptos teóricos, podemos definir el pacto social como aquel pacto que realizan las personas para vivir en una sociedad civilizada, abandonando así un estado «natural» previo. La conceptualización de Rousseau de pacto social implica perder libertad para ganar derechos (y deberes) en una sociedad civilizada. El garante de dichos derechos sería el Estado, así como el encargado de hacer cumplir con los deberes de sus ciudadanes. Asimismo, estos derechos no son inmutables (estáticos), sino que son mutables (pueden cambiar). La crítica anarquista apunta en esta dirección: si las «normas del Estado» se pueden cambiar… ¿cómo es que no se nos permite hacerlo?

Fuck the troika

Ayer, cientos de personas se concentraban a las puertas de la sede de la representación de la Comisión Europea en la capital del Estado español. El mensaje quedó claro: «Merkel go home!»

Yayoflautas, gente del 15M, asambleas vecinales, personas de multitud de barrios… un amplio abanico de personas de muy distintas condiciones ideológicas mostraron ayer su descontento ante la presencia de la canciller alemana Angela Merkel. Con cánticos, gritos, y canciones irónicas, cientos de personas dieron una «calurosa bienvenida» a la alemana; con ironía y humor en muchos casos, pero sin dejar de mostrar los dientes.

Como cuenta Público, les manifestantes estuvieron coreando cánticos y frases durante una hora frente a la sede europea para luego desplazarse hasta la embajada de Alemania, donde un notable número de agentes de la Policía protegían a les que nos están arruinando. Entre las proclamas más escuchadas, la huelga general y la globalización de la lucha social fueron las más entonadas. Sin ningún incidente con la policía, la concentración terminó por retirarse no sin haber cumplido su papel: mostrar a la sociedad que gente como Merkel no es bienvenida.

No obstante, las personas allí concentradas no se fueron sin antes leer un manifiesto en el cual denunciaron los abusos capitalistas de las políticas económicas de corte neoliberal. Denunciaron que los recortes económicos no solamente son perjudiciales para las personas y las familias de a pie, sino que también suponen claros ataques a los sistemas democráticos basados en el Estado del bienestar (eso que la gente suele llamar simplemente «democracia»).

Como el mismo Público decía, la concentración fue «promovida» por asambleas del 15M y por Democracia Real YA!, sin embargo, como muestran las fotos de otres compañeres, allí hubo personas de otras condiciones ideológicas, como las Juventudes Comunistas. Es sintomático que la prensa del Estado español se limite a identificar estas protestas ciudadanas exclusivamente con el movimiento 15M, el cual es tan difuso y tan amplio que no tiene sentido hablar de «gente del 15M.» Sin menospreciar al movimiento (de hecho yo  me considero parte de él), hemos de admitir que la etiqueta «15M» (cuando no la de «DRY») se viene usando desde meses como sinónimo de «persona decente que ya está harta de la que nos está cayendo», y quiero resaltar eso de «decente», porque pareciera que las personas que protestamos desde un punto de vista libertario, comunista, o cualquier otra ideología política «fuerte» y «bien definida» fuéramos radicales sectarios que no reflejan a la sociedad española.

Por otra parte, los cánticos sobre la huelga general y la internacionalización de la lucha animan a pensar que al menos cierto sector de la población española está adquiriendo una mentalidad política saludable. Dejar de ver los problemas propios como marginales, poniéndolos así en un contexto global y sistémico que apunta nada más y nada menos que al sistema económico, es un gran pequeño paso que hemos de admitir. Ahora queda pasar del «el neoliberalismo es malo» al «capitalismo es malo.»

En definitiva, «Merkel go home», «fuck the troika» y demás, pero si la Merkel se va a casa que se lleve al capitalismo con ella. De nada nos sirve protestar contra los bancos alemanes si luego nos dejamos esclavizar por los estadounidenses (por poner un ejemplo). Así, el «Merkel go home» tendría que complementarse con un rotundo «kill capitalism.»

Galería de fotos de la concentración

El capitalismo puede cambiar de color

Se piensa en muchos casos que el capitalismo es un solo sistema económico que se diferencia de otros como el socialismo, el fascismo o el comunismo. Muchas veces se han hablado de alternativas al sistema capitalista, incluso se repite miles de veces el sistema de economía mixto y se muestra el éxito de la economía de los países nórdicos así como se critica el imperialismo de EEUU y la economía planificada de la antigua URSS. Incluso ahora se está hablando mucho de un retroceso por el desmantelamiento del Estado del Bienestar en donde unos creen que vamos para la Edad Media y otros para el siglo XIX. No obstante, pretendiendo un análisis más a fondo, descubrimos que el capitalismo es un sistema flexible que puede adquirir diversas formas y camuflarse bajo diferentes colores. Pasemos pues a señalar las variadas formas que éste adquiere.

La forma más sutil y más amable del capitalismo lo vemos en los casos de los países nórdicos (el modelo escandinavo) donde los salarios son muy elevados y la economía parece muy estable, y que ahora Islandia se está sumando al carro. En este caso los beneficios se reparten entre la sociedad, aunque no llega a toda ella, por supuesto y por ello suaviza e incluso llega a encubrir la explotación, alienación y cosificación de los individuos que hay detrás de ello. Menos amable fue el capitalismo en épocas de bonanza en el resto de países europeos donde se implantó también el Estado del Bienestar. Llegando a este estado, el sistema capitalista se mantiene fuerte ya que prácticamente ha terminado con la resistencia comprando las conciencias ya que casi toda la clase trabajadora se le identifica con las clases medias debido a sus altos poderes adquisitivos, lo cual lleva a que necesariamente estén continuamente gastando en productos novedosos y muy atractivos pero inútiles en muchos casos. Se consolida pues la paz social, siendo la izquierda institucionalizada que, usando un discurso keynesiano, consigue absorber el descontento entre la clase trabajadora llamando a seguir a los sindicatos concertados y sentarse para negociar las condiciones de explotación por parte del patrón. No comentan, sin embargo, que este estilo de vida es extremadamente aburrido y bastante gente termina en la neurosis y el suicidio, por no hablar de una mayor garantía para la perpetuación de la explotación al haber una estabilidad notable..

Debemos ahora de diferenciar el liberalismo económico clásico y el neoliberalismo. El liberalismo clásico consistía más bien en una economía productiva y masiva donde la explotación laboral se notaba exageradamente. Adam Smith creía que los mercados no deben ser regulados por el Estado y que éste mismo en libertad corregiría sus propios defectos. La libre competencia era el motor del avance y las empresas privadas estaban a niveles más igualados. En esos tiempos, aún no existía un Estado que palíe o suavice de algún modo la condición miserable de los obreros y campesinos. Entonces, las instituciones solo se encargaban de las tareas represivas mientras adquiere una faceta demócrata. Los valores que se implantaron fue la libre competencia y la supervivencia el más fuerte, algo que se sigue manteniendo hoy en día.

No obstante, el neoliberalismo va mucho más allá que el liberalismo clásico y también es político. Este nuevo sistema económico se está implantando a escala mundial y necesita de flujos masivos de capital internacionalmente, teniendo más peso el capitalismo financiero frente al productivo que se concentra mayormente en países del llamado «Tercer Mundo», frente a la economía nacional y más proteccionista del liberalismo clásico. También, el capitalismo va teniendo cada vez más a los monopolios ya que la diferencia de las empresas se hace cada vez mayor y la competencia más desigual. Los Estados modernos deben ser gobiernos títeres que tengan el papel del control social mientras favorece a los grandes banqueros, inversores y empresarios.

Mientras que en el liberalismo los Estados-nación tenían cierto poder sobre la economía, en el neoliberalismo los Estados son superados por las multinacionales y el desmantelamiento de derechos conquistados responde a la necesidad de aumentar el poder de las grandes fortunas y los monopolios, acentuando cada vez más la brecha entre ricos y pobres. Ello conlleva pues que el sistema represivo se fortalezca para contener la disidencia e incluso neutralizarla al absorberlos e invitarlos a las mesas de negociación. El Estado neoliberal puede también ser de dos tipos: dictadura al estilo Pinochet o democracia representativa tipo Thatcher, por poner un ejemplo, aunque también añadiría las actuales democracias modernas. La diferencia radica en los diferentes grados de dureza de la represión ejercida y las estrategias de control social utilizados, pero el trasfondo es el mismo.

Otro gran error es confundir el nazismo y el fascismo con el régimen de Stalin y la economía desarrollada por dichos regímenes. El fascismo en realidad es la herramienta utilizada por la burguesía conservadora en épocas de crisis y de gran crispación social. Pese a mostrarse anticaptalistas, lejos están de serlo. Los regímenes totalitarios fascistas buscan la autarquía, es decir, una economía nacional fuerte que dependa lo menos posible del comercio con el exterior. Así pues, clase trabajadora y patronal deben ir unidos para levantar la nación, producir para el beneficio de la patria y donde la intervención estatal en la economía básicamente es para adaptarla a producir material de guerra y controlar la disidencia obrera. Este modelo económico se le denomina capitalismo corporativo o corporativista.

En cambio, la URSS después de la centralización del poder de los soviets en uno solo (en el Soviet Supremo), instauránose la dictadura del proletariado, el socialismo real ha degenerado en un capitalismo de Estado. Se diferencia de los totalitarismos fascistas en que éstos han abolido la empresa privada, pasando a ser el Estado una única empresa que controla (monopoliza) todos los aspectos de la economía, siendo el propietario de todas las tierras y fábricas. El Estado pasa a ser quien decide sobre la producción, la colocación de la mano de obra, la distribución, etc. A parte, también el Estado adquiere una función represiva similar al fascista pero ya no por cuestiones raciales ni nacionalistas sino ideológica. Vemos pues una clara diferencia entre capitalismo de Estado y capitalismo corporativo.

No sería completo mi análisis si no tratara de la utopía capitalista mal -o falazmente- llamada «anarco»capitalismo. En realidad es simplemente «capitalismo sin Estado», «capitalismo anti-estatal» o similares. No debemos confundirlo con el liberalismo de Adam Smith ni con el neoliberalismo, pues el capitalismo anti-estatal propone la desaparición total del Estado, quedando sus funciones sustituidas completamente por empresas privadas y que el mercado sea completamente libre, frente al liberalismo clásico que quieren un Estado que garantice el derecho a la propiedad y los derechos de la ciudadanía (solo los propietarios en realidad) o el neoliberalismo que persigue un Estado títere represor. Esa utopía capitalista sí defiende las jerarquías en las empresas y sobre todo el mercado verdaderamente libre, sin traba alguna donde sean las leyes de la oferta y la demanda las que rijan su funcionamiento por encima de cualquier moral o ética.

Todos estos capitalismos tienen grandes diferencias. Sin embargo, podemos extraer un denominador común:

  • La explotación asalariada, sea llevada a cabo por una empresa privada en el caso del liberalismo clásico, el neoliberalismo, el capitalismo corporativo y la utopía capitalista o por una empresa estatal o el Estado, en el caso del socialismo de Estado.
  • El sistema bancario y el dinero, pilar fundamental del sistema capitalista indispensable para la emisión de moneda y el dinero para el intercambio de productos y servicios, que por ser acumulable, genera desigualdades. Sea la banca privada o nacionalizada, posee casi la misma función.
  • La propiedad. Privada o estatal, queda en manos ajenas al trabajador, lo cual supone el despojo del fruto del trabajo y la venta de la fuerza de trabajo por parte de la clase obrera para poder subsistir, careciendo de poder de decisión sobre lo que produce.
  • Y el punto más importante: la continua necesidad de explotar nuevos mercados. Esto quiere decir que el sistema capitalista solo se mantiene si consigue conquistar nuevos mercados creando a la vez nuevas necesidades. No siempre el ritmo de crecimiento coincide con el ritmo de conquista de nuevos mercados y muchas veces éstos mercados acaban saturándose provocando las crisis cíclicas. Ejemplos los tenemos en el siglo XIX con el imperialismo. La colonización de África, las Américas y Oceanía supuso un mercado enorme donde dar salida a los productos industriales y a la vez consiguir acceder a más recursos naturales. Por ello, tanto el liberalismo clásico como el neoliberalismo y el capitalismo corporativista tienden al imperialismo, es decir, a conquistar nuevos mercados para perpetuarse. En el caso del neoliberalismo, mediante la corrupción de los Estados objetivos y transformarlos en gobiernos títeres en favor de las grandes multinacionales y otros gobiernos neoliberales (ejemplo: la Alemania de Merkel); mientras que los fascismos utilizan la economía de guerra y la guerra abierta para su expansión (ejemplo: la Alemania de Hitler). No obstante, el capitalismo de Estado no pudo salir de su crisis y colapsó porque sus mercados saturados impedían que se dinamizara la economía, que unido a la negación de conquista de nuevos mercados, terminó por colapsar y regresar de nuevo al capitalismo de libre empresa.

A partir de este análisis extraemos la conclusión que la verdadera alternativa al capitalismo es la abolición del trabajo asalariado, del sistema bancario, del dinero, de cualquier tipo de gobierno que protege los intereses del Capital y de la propiedad privada y estatal. Nosotros proponemos que la propiedad sea colectiva y las relaciones de producción sean en base a la máxima de «de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad» (Kropotkin), siendo los medios de producción puestos bajo control obrero y sean quienes decidan sobre la producción. Que la autoridad del Estado sea abolida por considerarla innecesaria y que si no se erradicara, terminaría por restaurar la propiedad individual y la desigualdad social.

Y el anarquismo volvió a Saint-Imier

Casi siglo y medio después los anarquistas de todo el mundo volvieron, entre el 8 y el 12 de agosto, a reunirse en la pequeña localidad Suiza de Saint-Imier.

Todo comenzó por iniciativa de la Cooperative Espace Noir, en colaboración con Féderation Anarchiste francesa (FA), la Organisation Socialisme Libertaire (OSL, suiza) y la Federación Libertaire des Montaignes (también suiza), en colaboración con las internacionales de específicas IFA (Internacional de Federaciones Anarquistas) y Anarkismo (nótese que la «k» proviene de esta en esperanto la palabra, y no por reminiscencias punkarras). Acudieron, según los organizaciones, casi 5.000 personas y, según la presnsa suiza, unas 3.000, de muy distintos países, organizándose una serie de charlas y conferencias durante los cuatro días que duró el encuentro.

Sin embargo, más allá del simbolismo que supone reunirse en la misma localidad en la que Bakunin fundó la Internacional Antiautoritaria de 1872 (tras la expulsión de la corriente libertaria de la AIT), me gustaría examinar que ha supuesto este encuentro para el anarquismo presente.

Para empezar, ha significado el encuentro de tendencias del anarquismo organizado que llevaban décadas sin entablar relaciones. Así, hemos podido ver a delegados de la IFA (como las FAI ibérica e italia o la FA francobelga) y a enviados de organizaciones de la red Anarkismo (como a la AL francesa) en un mismo espacio. Siendo estas corrientes organizativas políticas del anarquismo (la sintetista y la especifista) que pocas veces habían mantenido contacto.
A ello se unen representantes de los sindicatos de la AIT (CNT, FAU…) y de la Coordinadora Roja y Negra (CGT, CNT-Vignoles…), dos tendencias del sindicalismo libertario y revolucionario divididas desde hace más de 30 años. Sin olvidar representantes de organizaciones estudiantiles como el FEL chileno y argentino.

Recordemos, sin embargo, que fue un encuentro y no un congreso. Una aproximación que ha supuesto conocer al otro, abandonando antiguos prejuicios, pero sin llegar a ningún pacto de futuro. Con todo, es algo tremendamente positivo que el movimiento anarquista, tan atomizado como está y ante la situación actual, haga esfuerzos en pro de la unión de fuerzas.
Hay que tener en cuenta también que, por desgracia, el anarquismo organizado tiene todavía mucho camino que recorrer. Así, el historiador Frank Mintz, presente en el encuentro, contaba en una entrevista a Radio Klara* que, a pesar de todas las charlas, de todo el contacto entre organizaciones, había allí mucho «anarquista cloacal», de aquellos que más que a un encuentro político y social pensaban que iban a un festival. Y es que queda todavía mucho de tribalismo urbano en el seno del anarquismo.
Se ha probado, al menos, que somos capaces de seguir organizando, de seguir construyendo; que el anarquismo, como movimiento político, sigue vivo.

Espero pues que los anarquistas (los que tienen una preocupación social auténtica) continuemos, dejando a un lado sectarismos rancios, haciendo avances en pos del levantamiento de organizaciones y de la lucha social, lo que siempre se traduce en la contrucción del socialismo libertario y el fin de la barbarie capitalista.

*Crónicas del primer y segundo día del encuentro, por Frank Mintz.

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