[Reseña cinematográfica] El Reino

El reino es una película española de 2018 dirigida por Rodrigo Sorogoyen, sobre un guión realizado por él mismo e Isabel Peña. Se trata de un thriller centrado en una trama política sobre la corrupción en España. Se estrenó en España el 28 de septiembre de 2018. Esta película estuvo presente en la 65º edición del Festival de cine de San Sebastián​, dónde se llevó a cabo la presentación oficial de un fragmento del largometraje a la que acudieron los protagonistas de la película.

Sinopsis: El protagonista de esta historia es Manuel Gómez Vidal, un influyente vicesecretario autonómico que lo tiene todo a favor para dar el salto a la política nacional, y observa cómo su perfecta vida se desmorona a partir de unas filtraciones que le implican en una trama de corrupción. Manuel es expulsado, señalado por la opinión pública y traicionado por los que hasta hace unas horas eran sus amigos.

Su director se saca de la manga un guión sobresaliente sobre el que plasma una obra con gran poderío visual, una inyección de tensión inesperada y una necesaria trama sobre la corrupción política en España. En esta película no hay buenos ni malos, es la perfecta descripción cinematográfica de un cesto de manzanas podrido hasta el último mimbre que lo compone. Ni siquiera parece ficción, sino un filme documental, donde si bien caben muchos nombres de burócratas de las instituciones que puedan venirnos a la cabeza de golpe, la narración compone un relato que no se ampara en el cliché, sino en la más escrupulosa realidad. Es una historia auténtica, descarnada, e incómoda, una pedrada a las estatuas de muchos personajes, pero también un decidido golpe a sus pedestales.

La interpretación de los personajes es estimulante, realizan un retrato de la corrupción a un ritmo vertiginoso marcado por su apartado musical, donde la electrónica manda sobre el resto de posibilidades musicales que pudieran haber escogido como conductora inigualable de la trama. Un talento incuestionable que convierte a la película en una mirada de rabia incisiva contra un sistema que lleva en los genes la característica de corrupto. No deja lugar a dudas en torno a la corrupción política en España, el sistema no es reformable, no ha derivado en un esperpento de sí mismo, huye del buenismo y nos muestra que la corrupción es la razón de ser el sistema político, es la particular manera que tiene de respirar el capitalismo.

Un desenlace arriesgado pero decididamente acertado, precedido de unas escenas de tensión y persecución que nos ponen la piel de gallina. El debate final en un plató televisivo entre el político corrupto que quiere mostrar las fallas del sistema a la opinión pública, y la periodista al servicio de unos intereses determinados por los lobbies comunicativos, es la exposición de las dos partes que tienen en común un mismo espejo. En realidad, no existe un diálogo enfrentado entre dos posturas distintas, aunque la película corte la respiración con una discusión enconada entre ambos personajes, en ese final abrupto el guión se pone al servicio de una crítica demoledora hacia el sistema en su conjunto, y hacia cada una de las patas que le sostienen.

La película incluso consigue que sintamos compasión por el individuo, y desarrollemos una rabia visceral y argumentada hacia la maquinaria, hacia ese reino político donde los líderes pueden caer, pero jamás debe hundirse el sistema. Aunque pueda recordar a la trama judicial Gurtel, más específicamente al caso de los papeles de Bárcenas, en realidad el filme construye un retrato particular de la historia de la corrupción en España.

Una lectura clara de esta película es que debemos modificar los conceptos dentro y fuera, aquello de que no se pueden cambiar las cosas desde fuera. La realidad social es el afuera, que debemos reconceptualizarlo, es evidente que lo que hasta ahora conocemos como el adentro, es decir, las instituciones, no son más que una deformación diseñada de una rutina mecánica. Aprender a desapegarse de aquello que está putrefacto solo porque es lo único que conocemos, es como quedarse siempre en una casa atenazante por miedo a construir nuevas realidades más allá de los límites que llevamos en nuestra cabeza; porque el Estado lo llevamos incorporado en nosotros/as, se materializa en nuestro comportamiento social y cultural.

Película que roza el diez, y que merece la pena ver para sacar conclusiones propias, yo compartí con vosotros/as las mías y que seguramente deban complementarse a otras que enriquecerían la opinión colectiva. Nunca más una corrupción sin un debate profundo y a la altura de nuestros padecimientos como pueblo trabajador.

[Reseña] El Chapo, la serie

Arnoldo Diaz

Antes de comenzar debo advertir que mis vicios de historiador me impiden considerar que una serie o película histórica contiene spoilers. Dicho lo anterior, si no sabes nada de la historia de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, y quieres vivir la sorpresa de tan peculiar biografía sugiero dejes de leer y te dirijas al servidor pirata más cercano para ver tan entretenida serie.

La historia del narcotráfico es muy larga, mucho más de lo que los medios quieren reconocer. Pero la narrativa que ha manejado el equipo de Netflix para dar un aire de conexión entre la serie Narcos y la serie El Chapo parten de un punto determinante de la historia reciente del narcotráfico latinoamericano: el asesinato de Enrique Camarena, agente de la DEA, a manos del entonces hegemónico cartel de Jalisco.

Este hecho se presenta como el punto de “quiebre” entre el gobierno mexicano y la organización de Miguel Ángel Félix Gallardo, el jefe de jefes, así como también lo fue para incrementar la presencia de la DEA en Colombia. La serie sobresale por ser sumamente directa, empezando por las identidades de cada uno de los personajes a quienes se les cambia el nombre pero la mayoría del elenco cumple con características físicas de algunos personajes públicos como los presidentes o algunos patrones del narco.

Tan directa es la serie que en la primera temporada no se duda en afirmar que Félix Gallardo y el gobierno de Salinas de Gortari (1988-1994) pactaron un acuerdo para repartir los territorios entre los diversos patrones, división que benefició al Chapo, adquiriendo unas plazas en la frontera norte del país donde desarrolló los túneles que lo hicieron famoso y millonario.

Quizá la primera temporada es la más lenta ya que muestran al Chapo en su camino como un nuevo patrón, más débil que sus adversarios, sin el apoyo del gobierno mexicano y en guerra con Tijuana. Dándonos unas cuantas anécdotas bastante terroríficas como la tragedia del Güero Palma y una de las muchas desventuras del general Acosta Chaparro (en la serie Gral. Blanco).

Pero cabe aclarar que en la serie Joaquín no es el único personaje central. El coprotagonista es Conrado Sol, en la vida real Genaro García Luna, aliado del Chapo en la guerra del Cartel de Sinaloa-Gobierno Federal vs Cartel del Golfo-Juárez-Zetas, que duraría la mayoría del sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) periodo en el que dicho personaje se desempeñó como secretario de Seguridad Pública, conocida también como la guerra contra el narco.

La segunda temporada es dedicada a dicha guerra y no escatima en detalles gráficos y dramáticos. Sin duda la temporada mejor lograda y que más le llega al público mexicano. Cabe destacar el capítulo titulado “Los Otros”, dedicado a tres historias distintas: un estudiante reclutado, la búsqueda de una madre y el infierno de una familia campesina.

Sorprende no solo la fidelidad con la que se interpretan los sufrimientos de la guerra, la serie también destaca por su nivel de profundidad y la seguridad con la que lanzan datos claves de la historia reciente de México. Por poner un ejemplo de la segunda temporada, no dudan ni un segundo en asegurar que el Chapo financió la campaña de Felipe Calderón así como la de Peña Nieto, dinero que terminó en manos del sindicato de maestros quienes se encargaron de realizar un fraude electoral de abajo hacia arriba.

Finalmente la tercera temporada está llena de frustraciones. Temporada final de la serie, dedicada a Juan Carlos Olivas, que muestra a un Chapo poderoso, imparable, con negocios por todo el mundo y no es exageración, el imperio de este personaje era tan grande que el jugador principal de esta historia tiene que llegar a poner orden al juego. La DEA le da un ultimátum al Chapo y la verdadera prueba comienza.

Es digno de mencionar que más allá de una retórica de buenos contra malos, las series de narcotráfico en Netflix han sido construidas a raíz de múltiples notas periodísticas –que en más de una ocasión costó la vida de quien la creó- se han preocupado por resaltar el control de los negocios y la guerra en América Latina por parte del imperialismo gringo. La DEA, presente en “Narcos” y “El Chapo”, y la CIA, presente en “Narcos” y salpicada en “El Chapo” por los vínculos que en la vida real el general Acosta Chaparro con dicha agencia, son quienes ponen las reglas al juego y al primero que las rompa, ahora sí que como se dice por acá: se los carga la chingada.

Insisto, en la historia no hay spoilers y en todo caso la misma serie empieza por el final: la extradición de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera. La serie en tres temporadas muestra los acontecimientos más relevantes de este personaje, sus encuentros y desencuentros con Don Sol (Genaro García Luna), así como los conflictos entre jefes de los carteles más importantes de México, mostrando con un poco de claridad cómo se llegó a manejar el submundo del narcotráfico y la guerra.

Pero queda un vacío, que la misma serie se encarga de transmitir. El Chapo en USA, Genaro García apuntalado como candidato presidencial (cosa que afortunadamente es más ficción que realidad), pero la violencia no termina. La serie llega al 2017 pero la historia no acaba ahí. Un año más tarde arrestarían a Damaso “El Licenciado” López, cabecilla del Cartel de Sinaloa tras la extradición del Chapo. Y aún con todo el show que implican las detenciones, la violencia crece en México.

No saben cómo llamarle a la violencia, niegan las tendencias e ignoran a los grupos que se han estado peleando el territorio desde la salida del Chapo y de Damaso, los cuerpos se acumulan o desaparecen. Y aunque lo quieran negar, de manera organizada o no, esa violencia tiene nombre, se llama patriarcado y civilización.

Acercarse al tema de la necroeconomía y la necropolítica en México no es cosa fácil. Si bien la serie de El Chapo es bastante gráfica (aunque no gore), en la lectura de notas periodísticas de los años más agitados de la guerra podemos encontrar atrocidades que ni Netflix ni HBO se atreverían a plasmar. México es un país lastimado, pero también es un país con alternativas que pronto comenzarán a dar frutos. Esperamos ver pronto una serie de este otro México.

El libertario Alan Moore contra el liberal Steve Ditko

Hace poco han coincidido dos cosas que no dejan de tener algo en común: la muerte de Steve Ditko y el hilo de tweets de alguien que no conozco (tendrá que disculpar que no lo comparta, pero no he conseguido encontrar el hilo después) sobre antihéroes de ficción. Quien quiera que fuese, la usuaria en cuestión se llevaba las manos a la cabeza ante la buena imagen de que gozan ciertos personajes (Tony Montana, de El precio del poder o Scarface, Rorschach, de Watchmen, Tyler Durden, de El club de (la) lucha, Walter White, de Breaking Bad, …), visto su comportamiento y lo que sus propios creadores han dicho de ellos.
Esa crítica, aun teniendo mucho sentido, era, como suele ocurrir en Twitter, rápida y un tanto simplona, con lo que acababa volviéndose contra sí misma al coger el rábano por las hojas y presentar a Rorschach como una especie de violento fascista.

¿Y Ditko, qué pinta en todo esto?

Steve Ditko es sobre todo conocido como autor de la poderosa editorial Marvel, dando vida con su lápiz a personajes tan exitosos como Spiderman, Misterio, Doctor Extraño o el Duende Verde. Sin embargo, en otra vertiente menos conocida, quiso lanzarse a hacer un cómic independiente más acordé a su visión del ser humano y del mundo. Ditko simpatizaba con las ideas de Ayn Rand y su «objetivismo», ultraliberal en lo económico y rigorista en su planteamiento de lo moral y lo jurídico. Mr. A (1967) es, precisamente, un protagonista de historieta objetivista: dado que cree en la total libertad y responsabilidad individuales, asume que las determinaciones no existen. Mr. A viste de blanco y negro, igual que para él sólo existen el bien y el mal, sin término medio, así que, cuando se incurre en el mal, la culpa personal es completa.
El personaje de Rorschach, que creara el libertario Alan Moore para Watchmen (1986), tiene una máscara en blanco y negro, pero, si el blanco y negro de Mr. A negaba toda ambigüedad, la máscara de Rorschach tiene una mancha como las del test del famoso psiquiatra, de forma ambigua y, para colmo, cambiante.
Watchmen está escrita en plena era Reagan, en plena era Thatcher, bajo la hegemonía política de una derecha que tomaba necesariamente la misma deriva que Rand: si todo es una cuestión de esfuerzo y de decisiones personales, si no cuentan la clase social, el género, la familia, la raza, etc., entonces todo lo bueno es mérito y todo lo malo es culpa.
Rorschach es Mr. A con un poco más de Rambo (otro héroe de la era Reagan): un antiguo héroe, cazador de delincuentes y supervillanos, que ha perdido el favor de la opinión pública, pero sigue haciendo lo mismo, pese a quien pese. Un intransigente violento; «un fascista», decía la twitera antes mencionada.
Sin embargo, aquí la cosa se pone interesante porque, como dicen tanto esa twitera como el propio Alan Moore, Rorschach es probablemente el personaje más aclamado de Watchmen, pese a ser el que más motivos nos daría para tener miedo si existiera en la realidad. ¿Por qué? Porque tiene delante al Búho Nocturno y a Espectro de Seda. Estas, de existir en la realidad, nos resultarían menos amenazantes y quizá hasta simpáticas. Dos personajes que encarnan precisamente el liberalismo más amable, el «vive y deja vivir» que lleva, en última instancia, al nihilismo; pese a lo cual no dejan de disfrutar zurrando a los malos. Rorschach, como dice Moore, es de «una integridad feroz»: mientras sus contrapartes son autocomplacientes y parecen dispuestas a ceder cuanto haga falta, él tiene unos principios, quizá indefendibles, pero al menos tiene principios, tiene límites, asume que no todo vale.
Han pasado treinta y dos años del primer número de Watchmen y cincuenta y uno del de Mr. A, pero el debate sigue ahí. El liberalismo hace libre al mercado mientras hace que las personas nos atemos con las cadenas de nuestra propia libertad y nos engañemos al respecto. Si esto no fuera suficientemente peligroso de por sí, tiene esa otra consecuencia indirecta: si la libertad se asocia a la irresponsabilidad, al desorden y al nihilismo, tenderemos a buscar orden y moral lo más lejos posible. Por ejemplo, en todo el espectro que va desde el rigorismo meramente conservador hasta las ultraderechas de los distintos grados y culturas, del nazismo al Dáesh.

[Literatura] Cinco poemas de Augusto Tyuasuza

En el cuarto aniversario de su muerte, y a modo de homenaje, queremos dar voz al Tiuasuza poeta. Porque sus palabras, igual que su activismo, están imbuídas del profundo respeto a la tierra y a la cultura indígenas que profesaba. Porque su escritura es, también, militancia.

Puedes leer el artículo de Steven Crux sobre la vida y asesinato de Tiuasuza aquí. Y aquí el blog de Augusto.

 

Sisague (feliz) encuentro con la selva

ATA

Cuando tus pies se posan incautos sobre los caminos de la selva

recibimos la astuta riza del nativo

y la confundimos con una romántica ceremonia cinematográfica

ellos miran nuestro equipaje lleno de artilugios.

Les enseñamos una a una

la lista de herramientas de supervivencia

creemos que el indio las palpa como espejos

qué equivocado estaba nuestro espíritu.

 

Sus voces retratadas como testimonio

del encuentro con el hombre hecho planta

no son más que burlas para el idiota que pretende

espantar el humo a manotazos

 

En pocos días de caminos sinuosos y montañas

quedaran inservibles los repelentes, las radios, los guantes, los cigarros.

Aprenderemos a soplar tabaco

para ahuyentar los espíritus malignos

sacralizaremos sus costumbres

y ese humo ni siquiera servirá

para ahuyentar mosquitos

 

El tiempo quedará estancado en la niebla espesa

en el largo fhisca (aliento, alma) de tu vientre

y solo aprenderemos

la cómica pequeñez del Ego.

 

BOSA

Habita en mí

un bosque de tinieblas

donde las capas de los árboles

solo dejan entrever una que otra estrella

que se confunde con luciérnagas.

 

Si miro al suelo

pequeñas raíces fluorescentes

guían el camino a mis encierros,

las chicharras estallan en mi cabeza

queriendo salir de su crisálida,

los demonios tienen forma de sancudo

–cada centímetro de piel expuesta

termina en piquita y zozobra–.

 

Un desespero solitario

aniquila mis ruegos.

 

Ese mundo supraselvático

que desconozco

y desconoce el Indio de citadino,

ese ulular de lianas que se yerguen

como la lluvia en mis costados,

esa cárcel al aire libre,

ese triste estado de sombras sin conjuros

es fruto de los difusos y contradictorios caminos

que tomaron la selva y mis sentidos.

 

MICA

La selva tiene mucho de madre.

 

No una madre mariana,

no santa, no cándida, no pazguata.

Es una voz que te susurra todo el tiempo,

una vida que se mueve y

mitiga con fuerza su desdén.

Que llora y sufre.

 

Es su angustia castigo para tu cuerpo frágil.

Toma venganzas sutiles

y su enseñanza está colmada de fuerza y castigo.

La selva te humilla, te hace caminar como salvaje,

hace que tus uñas viertan veneno

de tierra y lodo.

Te hace respirar como tigrillo en busca de refugio.

La selva lacera tu espíritu.

Te envuelve como loca con sus tonos amarillos.

Su aroma de verde se vuelve sangre

y su nubarrón baja con frío fértil

a posarse sobre tus articulaciones.

 

Ella, que cada día vence majestuosos arboles,

se encarga de quebrarte la paciencia

para posteriormente cubrirte de una capa

oscura y solitaria.

 

Sus vientos desatan tu falso abrigo

hasta romper tus ropas.

Tus gritos los cubren sus típicas ondas

y de nada vale llorar, porque las gotas de lluvia

lavan tus mejillas.

 

Miras al cielo y totalmente huérfano

suplicas un tolerante respiro de paciencia.

Al pasar, los días y las noches

te purifican tus miedos, te haces amigo de las sombras,

te rascas sin desgano tus pocas ronchas,

te sientes más hijo de sus suelos

y con menos egos

que tus olvidaos habitantes de la materia.

Que solo hoy resultan

banales habitantes de la miseria.

 

MUYHIKA

El paraíso popular del génesis:

no existe.

 

Son imágenes de un idilio terrenal del blanco.

Con el tiempo la sangre mesclada de los hijos de la selva

crearon un nuevo cielo de verdes utopías,

hermosos colores y lindos cantos.

 

¿Qué misterio se incrustó en el alma?

¿Qué rara evocación a selva tiene el hombre?

¿Para qué llamar Pacha-mama a la selva

sin sus espíritus de lúgubre belleza?

¿Para qué las matas sin sus torrenciales angustias?

¿Para qué el aire puro sin sus endemoniados insectos?

¿Para qué anhelamos caminar lentamente en la noche de luna

sin conocer los caminos, la sombra, los espíritus, las sapientes, ni el deceso?

 

Aquí está el paraíso del hombre verde.

 

Pero no está untado de comodidades urbanas,

no es contemplativa felicidad eterna,

es el molesto trasegar del hombre sin espíritus

es el paso amargo del huérfano

que se arrastra de fatiga y sed,

es el cuerpo caído en la resaca del tiempo,

es la piel marchita de barro y espinas.

 

Son las plantas de unos pies que niegan

los rugosos caminos de resbalosa procedencia.

 

Y al final: cuando sepas arrastrarte sin vestido en el fango

para bañar tu cuerpo con la lluvia,

cuando tus pieles blancas se curtan de raíces y costras,

cuando la sangre ofrendada a los interminables insectos

tome una nueva forma,

cuando tus oídos distingan el viento

y las huellas de una fauna oculta,

y aparezcas tendido de bruces sin alma ni fuerza

sobre la maraña y la piedra,

podrás sentir el paraíso de la milenaria sabia

pasar tranquila por tus venas.

 

HISKA

En últimas, la selva no castiga.

Existe y eso es suficiente.

Te castigan tus egos cuando antepones

tu prisa ante el lento-vital espíritu de las montañas

que se muestran inermes y quietas.

Te castiga tu conciencia de héroe blanco,

que pretende protegerse de la intemperie

con sus cómodas ilusiones.

 

La selva te desnuda el anclado inconsciente

su hermoso espíritu te cubre

hasta desconectar tu cuerpo de tu mundo

y tu mente se queda atrás, atada y huérfana.

El cuerpo se siente solo,

indefenso.

 

El espíritu huye con el vuelo de la pluma,

con la huella del insecto.

 

La selva te arranca el alma con crueldad

y te arroja al abismo del desconocimiento.

Al caer, apelas a la razón, y a la puritana

explicación de los hechos,

a la descripción psicorrígida del tiempo.

 

Finalmente no es la selva quien te oprime sobre el barro.

Es la ciudad que te pesa y te aplasta.

Y las raíces te tapan hasta que los espíritus te reconozcan.

Esa fauna que anhelaste en los libros de tu infancia

ahora te llama con cantos de dudosa procedencia.

La sutileza de las huellas sobre las secas hojas te asusta.

Los pájaros pretenden atrapar con cantos a los incautos,

y si caes en la quietud, decenas de aguijones

se alimentarán de tu sangre.

 

Por eso huyes y gritas en busca de refugio.

Vociferas y maldices.

Pero la montaña es inerme ante tu lengua.

Huyes de ti mismo te guardas en tu cama o en tu hamaca.

Y en tu refugio continua el castigo, la picazón, la incómoda

presencia de la noche sobre el suelo.

Estás solo contigo mismo

la selva te desnuda el inconsciente.

Es un mareo, una noche con sueños de angustia y fiebre.

Al día siguiente, sin tu dios,

–que dejaste en los templos y en los libros–

no podrás escuchar la mano madre de la selva,

si no tomas conciencia de tu propia carne

y de la ingenua vaguedad de tus razonamientos.

 

Con el tiempo,

cuando el espíritu regrese con la luz y las sombras

tal vez

puedas

vibrar de la mano con el Cosmos.

 

[Reseña cinematográfica] Marguerite Duras. París 1944

‘Marguerite Duras’, o ‘La Douleur’ en su lengua original francesa, es una película realizada por Emmanuel Finkiel estrenada en 2018, fue presentada en el Festival de cine francófono de Angoulême en 2017. Un drama histórico y biográfico sobre la vida de la escritora vietnamito-francesa Marguerite Duras. Este filme es la adaptación de la novela homónima ‘La Douleur’ de dicha escritora publicada en 1985. La primera parte relativa a la espera del regreso de su marido deportado y la segunda parte, relatando su relación con un agente francés de la Gestapo para obtener información sobre su marido en prisión.

Sinopsis: Al encontrar unos viejos cuadernos en una caja olvidada, Marguerite Duras recuerda su pasado. En la Francia ocupada por los nazis en 1944, la joven escritora participa activamente en la Resistencia junto con su marido, Robert Antelme. Cuando Robert es deportado por la Gestapo a una cárcel francesa y después al campo de concentración alemán de Dachau, Marguerite se embarca en una lucha desesperada para conseguir que vuelva. El final de la guerra y el regreso de los prisioneros suponen para Marguerite el comienzo de una espera insoportable, una agonía lenta y callada en medio de la algarabía en las calles parisinas por la Liberación.

Su obra novelística es una colección de historias parcialmente autobiográficas, y también con dosis de ficción en parte inventadas, pero que describe perfectamente los sentimientos de las familias de refugiados y deportados en plena Segunda Guerra Mundial. Su esposo, Robert Antelme, publicó la historia de su deportación en su libro ‘L’Espèce humaine’. Ella fue acusada de mentir para soportar su dolor y recuperar a su esposo. Se le reprochará haber arreglado la realidad a su manera, pues su historia también es la del desamor, ya que una vez liberado su marido, ella marchó a convivir con su amante, también antiguo miembro de la Resistencia francesa. Al contrario que el mito de la ‘buena esposa’, ella fue una compañera incansable hasta volver a ver vivo a su esposo y regresar a su hogar, pero el drama de la guerra no la obligaba a tener que perpetuar una relación sentimental que ya estaba más que finalizada, y que cualquier intento de mantenerla viva hubiera sido pura compasión y obligación moral de lo que se esperaba de ella como mujer.

Es una de esas películas francesas de época que no dejan indiferente, porque tras muchísimas obras cinematográficas de pura acción bélica en el marco de la Segunda Guerra Mundial, pocas centran el relato en una temática tan particular como el dolor y la espera agónica de los deportados, la liberación de los campos de concentración que dejó a miles de personas abandonadas a su suerte con un pijama de rayas y un número de presidiario. El final de la guerra también fue el principio del caos para las comunidades sociales que lucharon y padecieron las batallas en su territorio, habiendo resistencia el objetivo era claro, acabar con el ocupante nazi, sin embargo, una vez finalizadas las operaciones militares, la reconstrucción del tejido social, el descubrimiento del terror causado y la verdad del destino de miles de luchadores dejaron decenas de miles de historias particulares. No es nada sencillo darle forma cinematográfica a una obra que retrata una época de confusión de tiempos e identidades.

Una excelente adaptación dando a conocer a la mujer, pero también una mirada sobre la Segunda Guerra Mundial, se elabora un guión narrativo que engancha y sobre todo nos emociona a través del elemento literario de la voz en off. Es un filme de impronta intensa, que nos muestra la angustia y la desesperación en tiempos de guerra, pero sin recrearse en una emocionalidad abusiva, es un ensayo atractivo convertido en obra cinematográfica. La historia de Marguerite Duras es parcialmente ficticia porque incluyó detalles inventados a la hora de escribir su novela autobiográfica en base a los escritos y cartas de la época. El escritor Finkel hace lo mismo dando su toque personal y construyendo la película en dos etapas: antes y después de la liberación de París, elaborando un metraje largo pero de un ritmo intenso.

La dolorosa e incierta espera que narra este filme es un precioso documento histórico cinematográfico nada desdeñable, a pesar de que el conflicto de la Segunda Guerra Mundial sea uno de los más llevados a la gran pantalla en toda la historia del cine.

Canibalismo y machismo: La carta de Sagawa

En junio de 1981, dos estudiantes internacionales ocuparon los titulares en los medios de comunicación franceses. Renée Hartevelt (en la foto), holandesa, por haber sido asesinada. Issei Sagawa, japonés, por haberla matado, haber comido parte de su carne y haber intentado deshacerse del resto en uno de los dos grandes parques de París, el bois de Boulogne.
Mientras él estaba internado como enajenado mental, en 1983,  Jūrō Kara, ya reputado como actor, escritor y director teatral, publicó el libro La carta de Sagawa, que supondría su consagración. En él, el escritor intercambia cartas con el feminicida –que le ha escrito a través de una persona que ambos conocen– donde le cuenta que no sólo ha sentido por su caso curiosidad y ganas de escribir un libro, sino que esa conocida común le ha dicho que Sagawa quería escribir un libro, sobre el caso, llamado La adoración.

Aquí es cuando se empiezan a poner las cartas boca arriba. Kara tiene cierto buen hacer literario, una manera de mirar las cosas que facilita la lectura y ayuda a que sigamos la historia. No obstante, esto es todo lo que hay. Issei Sagawa es un tipo enclenque que se siente atraído por las mujeres blancas y tanto más cuanto más le superen en envergadura; Renée era mujer, blanca y grande, era para Sagawa un objeto de adoración y para Kara, apenas una excusa por la que escribir.
Querría contar al lector otra cosa, pero esto es la vida real y, a menudo, los malos ganan y para las víctimas no queda ni la memoria. Sagawa, de familia burguesa, ya había sido condenado por intentar violar a una mujer (europea) en Japón, pero no consiguió pasar del allanamiento y, si bien quedó clara su intención sexual, no dijo nada sobre su intención de matar y devorar a aquella mujer. Años después, una vez detenido en Francia, pasaría tres años en reclusión psiquiátrica y sería deportado a Japón, donde su padre debió de utilizar sus influencias, pues el joven Issei fue, dos años más tarde, declarado «cuerdo, aunque malvado» y liberado.

Refugiado tras la libertad que da la literatura, Jūrō Kara escribe una obra donde la víctima desaparece pese a la centralidad de su holocausto y todo es elaboración poética sobre los azares y coincidencias de esta historia. Una obra que le valdría el premio Akutagawa y que es todo un ejercicio de insensibilidad hacia la muerta, sus seres queridos y hacia todas las mujeres, que, por lo que parece, sólo pueden ser objeto de deseo, objeto de adoración o de chuleo, de cortejo agresivo o caballeroso, de indiferencia, de deseo, de asesinato, siempre objeto.
La trayectoria posterior de Issei Sagawa tampoco deja mucho margen para el optimismo. Desde 1989 –en que los medios de comunicación nipones se interesaron por él a cuenta de otro asesino de mujeres–, ha escritos decenas de libros, reseñas gastronómicas y un manga, participado en tertulias de televisión, en una película pornográfica basada en su crimen y, cuando la revista Vice le dedicó este reportaje (subtitulado en inglés), seguía «sin oficio ni beneficio», por decirlo rápidamente, aunque con el confort propio de sus orígenes sociales. Entre Kara y Sagawa y ante la indiferencia del resto, Hartevelt quedaba sepultada bajo una avalancha espantosa de horror y frivolidad. Él mismo reconocía que su impulso de consumir a una mujer sólo era posible en la medida en que la cosificara, en que no la conociera lo bastante como para llegar a aceptarla como otro sujeto. Con todo, Sagawa, a sus 61 años, también reconocía sin orgullo ni demasiada preocupación que seguía albergando ese deseo sexual antropófago.
Aclaraba que lo había contenido mediante el desfogue sexual más convencional y que temía, eso sí, que la impotencia eréctil supusiera probablemente su regreso al canibalismo. Desde que se hizo este vídeo, Issei Sagawa ha sufrido un infarto cerebral (2013) y tal vez eso haya ayudado a contenerlo. Quizá no vuelva ya la sangre al río, pero, si llega a hacerlo, no podremos decir que no estábamos avisadas. Si nos preguntan qué hicimos al respecto diremos… que hicimos literatura.

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