¿Se impone el fascismo?

Es preferible la injusticia al desorden,
decía el abuelo al abrocharse el uniforme.
Def con dos

El estado español nunca ha sido democrático. Ni siquiera se ha movido en esa democracia liberal y burguesa que no es más que una dictadura económica capitalista. En España aún hay quien baila al son de los pequeños caudillos, quien tiene oidos para los cantos de sirena de la autoridad más ferrea, quien clama porque se imponga el orden, aunque se trate del orden asfixiante de los fusiles.

El poder se blinda: Los escándalos de la familia real se tapan con la conchabanza de jueces y fiscalía; los que son cazados en la corrupción generalizada se tratan como casos aislados; el gobierno se enclaustra y evita dar explicaciones incluso a los periodistas más serviles; el código penal se endurece bajo la presión demagógica de la propaganda mediática… Se inventa un nuevo enemigo. Ahora los anarquistas, pero siempre el que toque con tal de cerrar la boca a cualquier demanda.

En nombre de la seguridad las protestas se reprimen e ignoran. Serán ilegales las pruebas que sirvan para acusar a un policía de sus abusos. Ejercer el derecho de reunión será motivo de multa. Puesto que la realidad no puede solucionarse debe ser acallada, esa parece ser la máxima que guía la acción reaccionaria del gobierno. La máxima de los caudillos de bar, seres apocados que claman por más mano dura entre carajillo y carajillo. Así, las injusticias y miserias del sistema serán barridas manu militari para ir a acumularse bajo la alfombra represiva del Estado. Algunos, como hicieron durante años, pretenderán que lo que no se ve no existe, aunque se sufra.

¿Y las protestas? Las protestas, como dice el compañero Carretero, encuentran su límite en cuanto se pone de manifiesto la ausencia de un proyecto coherente y de una densidad organizativa y discursiva a la altura de la situación. Se puede alterar la situación, pero solo si unos cuantos redescubren su dignidad rebelde, esa que tras su juventud enterraron en michelines. Hay que levantarse, organizarse y luchar. Pasar por encima de la actitud sollozante y quejica y comprometerse con un cambio revolucionario.

Para construir un movimiento popular fuerte hay que aprender a plantar cara, trazar estrategias, buscar aliados y ser firmes en las demandas, solo así se puede invertir la relación de fuerzas y dar respuesta a esta ofensiva. No queremos migajas, aspiramos a asaltar los cielos.

Moción de la CUP-AE en el Parlament de Catalunya

** La Colectividad **

Lo expresado en este artículo no tiene por qué corresponderse con las ideas libertarias que guían la línea editorial de nuestra publicación Regeneración, ni así como con mis ideas propias. Si publico la siguiente colaboración que nos ha sido enviada es por fomentar el debate existente alrededor de los problemas del nacionalismo y la democracia representativa.

Moción de la CUP-AE en el Parlament de Catalunya para garantizar la consulta unilateral si el Estado la niega y PARA pedir una pregunta clara

A veces decir mucho no quiere decir comunicar mucho. Pero otras veces, con una votación corta y concreta se comunica mucho más. Este es el mérito que hay que reconocer a los diputados de la CUP-AE en el pleno del Parlament de Catalunya del pasado 7 de noviembre. Pusieron sobre la mesa, con una propuesta de resolución, lo que pidió la gente en la pasada Diada del 11 de setiembre mediante la Vía catalana: lo que a finales de octubre las encuestas de la AMI medían: un 82% de catalanes piden la consulta y que se pregunte claramente por la independencia. Y casi la mitad dice que se haga con o sin permiso del Estado. Y en el Parlament las cosas quedaron muy claras: CiU votó en contra con PP, PSOE y C’s y ERC y ICV-EUIA (con matices) apoyaron la propuesta de la CUP-AE.

El diputado Bonvehí –de CiU- empezó pidiendo que la CUP-AE retirara su propuesta de resolución porque “no tocaba”, y porque «La única explicación que se le podría dar ( a la propuesta de la CUP-AE) es que parece que se quiera dejar en evidencia al grupo de CiU». Está claro que CiU se pone en evidencia porque puestos a elegir entre el derecho de autodeterminación y las relaciones con el Estado,… acaba votando con el centralismo.

Queda el otro frente: ERC, ICV-EUiA y la CUP-AE. Nos alegra la decisión de ERC de dar una respuesta clara y firme a lo que pedía la Vía Catalana a pesar de que parece contradictorio con su apoyo al gobierno de Artur Mas a cambio de decidir una fecha determinada y una pregunta que, si no lo acepta el Estado –como decía la moción de la CUP-AE del 7- CiU, no tiene clara… En cambio ERC ya ha pagado el precio del acuerdo con CiU –entre otros- con el silencio ante el asunto represivo y la aceptación de las “balas de no-goma”. Si además votan los presupuestos anteponiendo los intereses de la banca a las necesidades sociales, dejarán pocas perspectivas a quienes sufren recortes y ven como tienen que seguir pagando también para llegar a una consulta que no está garantizada…

ICV-EUiA también pidió la retirada de la propuesta de resolución de la CUP-AE, a pesar de que votó a favor de la consulta unilateral si no había acuerdo con el Estado. Pero, ¿ a qué responde su abstención respeto a la claridad de la pregunta? No es una abstención menor. ¿No tiene claro que hay que dar una opción clara a los y las catalanas para que se pronuncien sobre si quieren romper con el régimen monárquico o no? Si la clave es la ruptura o no, la única forma de saberlo es preguntar; independencia sí o no. No hay otra forma jurídica que permita una opción clara.

Nosotros, Lucha Internacionalista, no somos independentistas, pero tenemos claro que es la única opción de ruptura. Y esto no significa que en un panorama político diferente, con un régimen diferente donde los pueblos se pudieran autodeterminar, etc… propondríamos una federación de repúblicas, que nosotros querríamos socialistas. Pero no hay que complicar la pregunta, porque la gente no puede votar escenarios idílicos que paralicen la lucha, porque esto sólo favorece a la reacción, hoy el estado monárquico. Para nosotros, “la unidad” no está por encima de la libertad. Queremos la unidad de los trabajadores/as y de los pueblos libres, y esto significa preguntarles qué quieren hacer hoy ante la situación actual… Sólo después, en la nueva situación creada, hará falta otras preguntas, tomar más decisiones, … en un proceso de lucha democrática, no sólo nuestro, sino de los otros trabajadores y pueblos del estado. O ¿es que tienen dudas si el camino pasa por alguna reforma futura de la constitución? O ¿por algún otro vínculo con el mismo régimen monárquico al quien dieron vida en el periodo de la Constitución de 1978? Insistimos, preocupa y mucho que ICV-EUiA primero quisiera ahorrarse el votar la moción y que después se abstuvieran en la parte de la pregunta.

Hemos empezado felicitándonos de la iniciativa de la CUP-AE para poner blanco sobre negro ante los ojos de la gente, las diferentes opciones políticas ante en el tema de la consulta. Queda por ver cuál cómo serà la movilización de respuesta que ha de ser,como siempre, determinante si el Parlamento no fija finalmente el día de la consulta y una pregunta clara, sin condicionantes… Esperamos la CUP-AE actúe de la misma manera. Con la misma determinación y la misma claridad con la tramitación de los presupuestos de la Generalitat para 2014 .

Mª Esther del Alcázar y Fabregat
Militante de Lucha Internacionalista

La LOMCE y la mentira de la democracia en los centros educativos (de antes y después) – 2ª parte

¿Autoridad pública?

Aunque en algunas Comunidades, como en Madrid con la “Ley de autoridad pública docente” aprobada en 2009, ya asemejaba a los docentes al estatus de autoridad pública (o sea, que en caso de juicio, la palabra del docente-policía tendría más peso que la de un alumno) la LOMCE supone su establecimiento a nivel estatal, con las correspondientes aplicaciones en cada marco concreto de cada Comunidad.

Este apartado de la LOMCE viene a intentar contentar a los sectores más rancios del profesorado y la administración, con los Sindicatos amarillos y corporativistas a la cabeza (ANPE), con la vieja reivindicación de proteger a los docentes de los malvados alumnos que pegan y maltratan a sus profesores. Por otro lado, de este modo, esta medida demagógica y populista, pretende distraer la atención de las cada vez más precarias condiciones de los recursos educativos. Lo importante no son los recortes, sino el morbo mediático de malvados estudiantes maltratadores. La “violencia en las aulas” se magnifica por intereses mediáticos y políticos y se confunde una cuestión estructural, es decir, una consecuencia de un brutal sistema que fomenta el autoritarismo (incluida la propia escuela) en muchas formas con una cuestión meramente coyuntural e inexplicable, a la que hay que responder con más mano dura. Esto sirve de excusa para reforzar el autoritarismo en el aprendizaje, convirtiendo aún más si cabe la labor del docente en una labor policial.

La Universidad, delegados de junta de facultad: más vota y calla.

Dentro de las muchas miserias en las que te puedes sumergir en la Universidad, y en una parcela más concreta, dentro del espectro del denominado “movimiento estudiantil”, el asqueroso acto de votar hace presencia de vez en cuando a lo largo de años como estudiantes universitarios.

Aunque pueden recibir distintos nombres, uno de los más característicos es de “Juntas de Facultad”. Aquí están representados los distintos sectores de la comunidad universitaria, estudiantes inclusive. Los asuntos a tratar son variados, como ciertos aspectos que tengan que ver con los presupuestos, distribución de distintos premios propios de la burocracia universitaria y sus saraos y a veces, especialmente en los últimos años a raíz de los distintos tasazos, han aprobado tibias resoluciones críticas. Cabe destacar también que se han dado situaciones donde se proponía sanciones a estudiantes por realizar actos de lucha contra las tasas, la presencia de empresas en la Universidad o mil razones más, a la vez que se aprobaba sacar algún comunicado crítico contra la devaluación de la Universidad Pública.

Normalmente, los diversos grupúsculos marxistas, intentan colocar a las caras visibles de la Organización dentro de estos órganos institucionales. En algunas ocasiones incluso, les hemos podido ver llamando al voto en asambleas de estudiantes que nada tenían que ver con la lucha institucional. Así las cosas, últimamente, parece que dentro de la lucha denominada lucha estudiantil valga todo.

Quizás ya va siendo hora de destapar la farsa que supone todo delegacionismo en terceros nuestra responsabilidad de luchar y considerar a aquellos que pretenden erigirse como representantes nuestros como enemigos y aspirantes a políticos. Por no repetirnos, los argumentos que como anarquistas tenemos para estar en contra de toda elección democrática ya los hemos expuesto antes al atacar el funcionamiento de los Consejos escolares.

Conclusiones finales

Que no nos vendan la moto. La capacidad de gestión de nuestro proceso educativo como estudiantes, o de gestión colectiva del acto de aprender es completamente NULO. La denominada democracia interna en los centros de estudio y las Universidades, supone la misma ficción que la democracia parlamentaria: un espejismo mediante el cual hacer creer que entregando nuestra voluntad a unos representantes nuestros tenemos reales opciones de elegir y controlar los aspectos que nos afecten en nuestra vida cotidiana. Antes y después de la LOMCE, todo forma parte de la misma y asquerosa mentira.

Como anarquistas, independientemente de la forma de lucha por la que optemos dentro de la enseñanza (organizaciones estudiantiles libertarias, asambleas libertarias, grupos de afinidad informales o formales, anarcosindicalismo, colectivos, Federaciones…etc) tenemos que recuperar el boicot activo y consciente de toda forma de representatividad y delegación en nuestras luchas como forma de materializar el conflicto contra el principio de autoridad en nuestra vida cotidiana. Hemos de hacer valer la acción directa, que busca la implicación de los propios afectados en sus conflictos sin delegar en nadie ni en ninguna institución, entre nosotros como anarquistas y entre el resto de estudiantes y personal laboral de la enseñanza. Y de paso, desenmascarar a los muchos aspirantes a políticos que rondan por las Universidades… Apelea a tu dirigente estudiantil antes de que lleve guardaspaldas rezaba un viejo eslogan.

Hay que oponerse a la LOMCE, por la vuelta de tuerca que supone a un nivel general, pero no podemos olvidar que con más fuerzas debemos profundizar en la crítica radical y sin tapujos al sistema de enseñanza y al sistema en el que se encuadra; a sus valores autoritarios; a la mercantilización del saber y en resumidas cuentas: a construir formas de aprendizaje que cuestionen el estado de las cosas, que tenga como objetivo hacer seres humanos libres, conscientes y solidarios.

Por la anarquía.

Notas finales: Si se quiere profundizar en una crítica a la Universidad como institución, recomendamos la lectura del texto “Sobre la miseria en la vida estudiantil” de la Internacional Situacista y la publicación “La Miseria” que se puede encontrar en www.la-miseria.blogspot.com. Con respecto a la crítica general al sistema de enseñanza burgués, hay muchos textos libertarios que pueden servir de buena base, recopilados de diversas formas donde además se tratan diversas alternativas libertarias a la escuela tradicional. Una crítica que va más allá y que cuestiona los propios pilares de la escuela misma, se puede encontrar en Ivan Ilich y más contemporáneo en Pedro García Olivo. Con respecto a la luchas pasadas del Movimiento Estudiantil (con especial relevancia la lucha en la educación secundaria) es muy interesante la lectura del libro “Estudiantes, antiestudiantes, policía, prensa y poder”.

Orsini

Por la destrucción del dogmatismo

El dogmatismo pareciera que es algo ajeno al anarquismo, precisamente porque nadie duda, al menos teóricamente, de nuestros valores de libre-pensamiento y crítica. Sin embargo, todas sabemos que libre-pensamiento hay muy poco en el anarquismo actual, siendo relativamente pocas las personas que defienden una total «mirada amplia.»

El compañero Lusbert exponía el tema en su artículo, pero considero que hay que ir más allá y plantearse, de nuevo, el tema que tal vez divida con más fuerza a las anarquistas de nuestros tiempos. Este tema, como no podría ser de otra forma, es el de la violencia insurreccionalista [1].

Todas habréis leído/oído alguna vez las trifulcas que se traen entre las que venimos a llamar «anarco-comunistas» e «insurreccionalistas.» Las primeras acusan a las segundas de ser innecesariamente violentas, carentes de plan, teoría, y realismo (y yo me pregunto: ¿qué cosa hay más realista que quemar las calles cuando vivimos en un mundo que nos mata, literalmente, cada mañana?). Las segundas, por su parte, acusan a las primeras de reformistas, estatistas, y elitistas. Ambas tienen parte de razón, pero sobre todo tienen mucho dogmatismo que desechar.

El dogmatismo es algo difícil de erradicar, es un cáncer difícil. Cuando nos socializamos en unas ideas, y nos las terminamos por creer, se nos hace casi imposible dejarlas de lado y admitir que la vida puede ser de otra forma. Renunciar al dogmatismo, pues, es tarea ardua que implica un gran número de noches de profunda reflexión, pero sobre todo implica altas dosis de honestidad y humildad.

A la cenetista de toda la vida le será bastante difícil aceptar que la revolución social puede llegar mediante la acción directa, violenta, y subversiva de pequeños grupos de afinidad (grupos cuyos componentes van y vienen todo el rato, rompiendo amistades, tejiendo nuevas relaciones, planificando nuevas acciones, siempre en movimiento). A la insurreccionaria curtida en la primera línea de los disturbios anti-globalización (por poner un ejemplo) le será, a su vez, bastante difícil admitir que la organización permanente puede resultar en grandes avances para la causa común: la revolución social.

A menudo olvidamos que todas tenemos una misma meta. Olvidamos con facilidad que el Estado, la policía, las leyes, y la sociedad tal como está organizada nos reprimen a todas por igual. Así, olvidamos que juntas luchamos contra la misma tormenta. Si precisamente olvidamos esto que ahora puede parecer obvio es porque universalizamos nuestras ideas propias (ya sean individuales o grupales) [2]. Se nos hace difícil admitir que otras formas de perseguir la revolución social son también válidas (¡se nos olvida incluso que esas otras formas aportan y ayudan al anarquismo en su conjunto!).

Pongamos un ejemplo controvertido (pero real). Grecia, años noventa, el movimiento estudiantil arranca la década con fuerza. Las estudiantes se movilizan por toda la región en decenas de millares. Se okupan universidades, institutos, colegios, calles, y plazas. Se organizan asambleas, redes horizontales, órganos de expresión y difusión, y también se pelea cara a cara contra la policía y los fascistas. De este contexto nacería la red antiautoritaria Alpha Kappa (AK), de ideas más organizativas y anarco-comunistas. Sin embargo, si las estudiantes abrazaron por miles el anarquismo no fue solamente por el establecimiento de dinámicas asamblearias, también fue por el simple hecho de entrar en contacto con elementos más radicales: las insurreccionalistas de los grupos anónimos de afinidad.

No podemos decir que Grecia tenga una impecable historia en temas de organización, pero tampoco hace falta (como algunas piensan) tener una CNT para promover el anarquismo. De las centenas de asambleas que se celebrarían en los noventa, las estudiantes de Grecia organizaron una gran parte de ellas de manera espontánea, autónoma, crítica, y hermosamente libre. Cada 17 de noviembre se daba (y se sigue dando) una gran manifestación en recuerdo de las víctimas de la dictadura, y cada 17 de noviembre acabó (y con suerte seguirán acabando) con okupaciones en la Escuela Politécnica, asambleas multitudinarias, creación de nuevos proyectos, y disturbios. Muchos disturbios.

La radicalidad e ilegalidad [3] de los grupos de afinidad llamó la atención de aquellas estudiantes que no aguantaban más la falta de libertad en Grecia. Y esto no fue por cuestión de espectáculo. No nos equivoquemos. El insurreccionalismo nos enseña que no tenemos por qué esperar a que venga la revolución; la revolución se puede vivir hoy mismo. El insurreccionalismo enseñó a millares de estudiantes griegas que la autoridad se puede combatir, que se puede llevar una lucha más intensa sin perder tu humanidad. Pero sobre todo enseñó a las que no aguantaban más que no estaban solas, que había más gente dispuesta a cambiar las cosas ya [4]. «Muera quien espere», que diría Típico Pero Cierto.

No obstante, las anarco-comunistas criticaron, pararon, e incluso llegaron a atacar físicamente a las insurreccionalistas en repetidas ocasiones. No supieron ver el potencial de la corriente más radical, ya sea por temor, tapujos, estereotipos, o por una moral acomplejada. Las insurreccionalistas (también con su dosis de dogmatismo) no cesaron en su intento por influir a la sociedad en su totalidad. Explicaron en innumerables panfletos el porqué de quemar los símbolos del sistema, el porqué del molotov a la cabeza del madero. Y la historia les da, parcialmente, la razón: de la multitud de acciones ciudadanas en Atenas muchas de ellas fueron empezadas por insurreccionalistas. Sirva como ejemplo el caso del parque de Exarcheia: cuando se decidió que Atenas albergaría los próximos Juegos Olímpicos, se decidió que la plaza del combativo barrio ateniense sería modificada por completo. Grupos de amigas del barrio decidieron parar las obras por su cuenta: se destruyeron herramientas y vehículos, se tiraron las vallas de metal que protegían las obras mil y una veces, se luchó contra la policía. El resultado fue una masiva aceptación ciudadana en la que confluyó todo el barrio en una asamblea general que todavía perdura.

La organización (más) permanente también ha hecho lo suyo por el anarquismo en Grecia. Las okupas, las asambleas periódicas de ciertos grupos, y el gran trabajo de difusión y solidaridad con las inmigrantes, las presas, y las oprimidas en general, son elementos que han ayudado a extender el ideal libertario. Sus manifestaciones por las presas convocan siempre a miles de personas; sus programas de radio llegan a multitud de aparatos; su trabajo permanente por crear una estructura horizontal, sin jerarquías, asamblearia, ha permitido que miles de personas hayan entrado en contacto con las dinámicas anarquistas (lo que se traduce en muchos casos en la creación de más mentes críticas). Las insurreccionalistas han participado en todas, o casi todas, estas cosas. No obstante, no han faltado las críticas, las trifulcas personales, y los dogmatismos.

¿Por qué nos costará tanto ver que fueron ambas fuerzas, la anarco-comunista/organizativa y la insurreccionalista, las promotoras del anarquismo en Grecia? (Y esto se puede aplicar a España, Italia, Estados Unidos… etcétera). ¿Cómo nos tapamos los ojos ante la evidencia histórica? Si el Plan Bolonia no se aplicó de facto en Grecia fue gracias a las dos corrientes (sí, así es. El Plan Bolonia se aprobó en el Parlamento de Grecia pero nunca se implementó en la realidad, precisamente porque las asambleas convocaban a miles de estudiantes, y también precisamente porque los molotov volaban por centenas sobre las cabezas de la madera).

Rechazar nuestros propios dogmas es difícil, pero con echar un vistazo a la historia de los pueblos nos ha de bastar para ver que hay muchas formas, complementarias, de luchar contra la autoridad. En todo esto hay un componente más filosófico que implica el aceptar como válida la alternativa de las demás personas que no opinan como nosotras. Algunas alternativas se nos antojarán más difíciles de aceptar, y seguramente alguna habrá que sea inaceptable por su inviabilidad (aunque a día de hoy personalmente no se me ocurre ninguna de este tipo).

La historia del anarquismo griego ha dejado ver con claridad que los molotov son la llama que enciende la revolución personal y social. Pero esta llama es inútil si no tiene mecha que prender ni material que alimentar con su fuego. El anarquismo insurreccionalista necesita tanto de la organización asamblearia permanente como ésta de aquél. Pero los dogmas siempre han puesto en Grecia una barrera aparentemente infranqueable [5], como lo hicieron en Seattle, en Génova, o en la Barcelona del 36.

Dejemos ser llama a quien quiera ser llama, y mecha a quien quiera ser mecha, sin que esto implique ningún tipo de subordinación, pues la una necesita de la otra y necesitan trabajar conjuntamente. Ambas han probado a lo largo de la historia ser formas viables para alcanzar la sociedad anarquista [6]. Ahora queda ponerlas, de una vez por todas, a remar en el mismo barco.

Notas

[1] Este texto no tiene como objetivo explicar o analizar el insurreccionalismo. Simplemente se usará a modo de ejemplo para destapar los fuertes dogmas que existen en el anarquismo contemporáneo.

[2] A este respecto ya escribí un «Por la destrucción…» Lo podéis leer pinchando aquí.

[3] Qué palabra más fea esta de «ilegalidad.» ¿Qué hay más «legal» que rebelarte contra aquello que no te deja vivir?

[4] Queda por escribir un exhaustivo artículo en castellano sobre la historia revolucionaria de la Grecia de los noventa. Me lo apunto.

[5] Si algún día vais por Grecia veréis (sin querer generalizar) que ciertas okupas insurreccionalistas os desaconsejarán juntaros con las amigas de AK, mientras que éstas harán lo mismo para con las otras. Como si fueran jesuitas y franciscanos.

[6] Me pregunto, a modo de historia-ficción, si cualquiera de todas las revoluciones anarquistas acaecidas alguna hubiera triunfado completamente de no haber existido estos dogmas que nos separan.

Por la destrucción de la moderación

Una de las ideas más manidas en esto que llamamos democracia liberal es aquella del «término medio.» Maldito el día en el que Aristóteles dijo, con precisión matemática, que la virtud se encuentra allá entre los dos extremos, en el «término medio.» Y así nos inculcan el «término medio» por medio de la escuela autoritaria, de los anuncios de televisión, de los discursos vacíos de les polítiques… Todo rezuma «término medio» en democracia liberal.

Desde chiques nos enseñan a evitar los extremos. Nos dicen «ni muy a la izquierda, ni muy a la derecha.» Ésa parece ser la fórmula divina para un gobierno perfecto. Nos cuentan que «el término medio nos permite obtener lo mejor de los extremos sin contagiarte de lo malo»—que para algo son extremos, oiga. Y cuando nos creemos el cuento nos olvidamos que, tal vez, por alguna remota casualidad, resulte que el dichoso «término medio» sea otro extremo—usando la concepción que la democracia liberal da al término. ¿Acaso no es el «término medio» de la democracia burguesa la que causa que más del 50% de jóvenes en España no tenga empleo? ¿No es el maldito «término medio» el que hace pensar que los ataques del 11-S fueron cosas de terroristas, pero la invasión de Afganistán e Iraq no lo fueron? ¿No es el «término medio» el que produce el hambre en el hemisferio sur del planeta?

Maldito «término medio.»

Así nos olvidamos que vivir en una sociedad que mantiene a la inmensa mayoría esclava no es extremo. Nos olvidamos que una sociedad que reproduce las mismas desigualdades a lo largo de los siglos no es extremo. Nos olvidamos que los seres humanos somos capaces de organizarnos y ser felices sin necesidad de Estado, polítiques, o policía para mantener el orden.

No penséis que esto pasa solamente fuera del movimiento anarquista. Dentro de nuestra gran familia también encontramos ideas que, a mi parecer, tienen mucho que ver con esto del «término medio.» Aquelles que defienden una postura radical en el movimiento anarquista tienen una ventaja sobre el resto de personas. Si establecemos que la realidad material impone límites a nuestras acciones y pensamientos, mediante la radicalidad de nuestras existencia podemos demostrar que dichos límites se pueden romper y superar. Así, cuando el movimiento por los derechos civiles rompió con todos los esquemas de la sociedad estadounidense de una forma radical para la época, elles demostraron que los extremos no existen en realidad. Y si los extremos no existen, el «término medio» tampoco lo hace, pues ¿qué sentido tiene hablar de «término medio» cuando las personas rompen con los límites extremos de nuestra realidad?

El reto, y la propuesta de este texto, es aplicar esa ruptura con los extremos en todos los aspectos de nuestra vida diaria. En vez de estar esperando a otro 1936 u otro 1968, ahora mismo podríamos estar superando los extremos categorizados por la sociedad. Mediante la radicalización de la cotidianidad erradicamos del mapa la absurda idea de que existen extremos y «término medio.»

¿Para qué esperar a otro 1848 si podemos vivirlo hoy mismo a nuestra manera?

No obstante, nada de esto significa que haya una única manera de radicalizar la vida cotidiana. Y he aquí lo bonito de la propuesta más radical del anarquismo insurreccionalista—lo que en ciertos círculos estadounidenses se ha venido a llamar «maximum ultraism.» Dado que lo «radical» se refiere a la «raíz» de algo, podemos establecer que cada individuo puede tener una manera específica de ser radical, de romper con el apaciguador «término medio» mediante la superación de lo extremo. Así pues, el oficinista de clase media puede superar su condición alienada cuando empieza a expropiar material de oficina para repartirlo entre les chiques de su vecindario. La cajera del gran supermercado puede ser radical al separar en distintas bolsas la comida que puede ser comida por otras personas y que de otra forma acabaría mezclada con productos de limpieza en el mismo contenedor de basura.

De esta manera, el «término medio» se convierte en una ficción pues los extremos se pueden redefinir constantemente. Algunes encontrarán su camino en la quema de oficinas bancarias; otres lo encontrarán en la pequeña expropiación de material de oficina. Sea como sea, cada persona que decida romper con las cadenas invisibles que nos atan, al estar atacando la raíz del problema, estará siendo radical.

El gran problema en el movimiento anarquista viene cuando diferentes grupos con diferentes formas de «romper nuestras cadenas» empiezan a dogmatizar su propia postura y referirse al resto como «ignorantes» o «extremistas.» Y esto se aplica al insurreccionalismo que acusa de reformista al anarco-sindicalismo, y al anarco-sindicalismo que acusa al insurreccionalismo de violento y destructivo. ¿Cuán beneficioso sería para todes les anarquistas aceptar que pueden existir anarquistas con diferentes formas de superar la realidad que nos oprime, y que todes podemos «remar» hacia la misma orilla de distintas maneras?

Pero esto da para otro tema que será tratado en el siguiente artículo. Hasta entonces, tratemos de encontrar nuestra propia radicalidad.

Crecimiento de la ultra-derecha en el Estado español

La extrema derecha vuelve a primer plano en Europa aunando populismo y crisis, pero con distintas variantes. De un lado los partidos de la ultra-derecha, populistas y racistas que aparecen como opciones de poder, con parlamentarios en la mitad de los países de la UE y con gobiernos en Bulgaria y Letonia. Es el caso del Frente Nacional francés renacido con Marine Le Pen, Interés Flamenco de Bélgica, el Partido Popular danés, el Partido de la Libertad holandés o el austríaco que, con el mismo nombre, acaba de quedar en segundo lugar en las recientes elecciones. También del Partido del Progreso noruego -en el que había militado Anders Breivik, autor de la masacre de la isla de Utoya- que acaba de entrar en el gobierno.

Del otro, los partidos neo-nazis, con grupos de choque, como Alba Dorada que en estos días llenaban los periódicos por el asesinato de un militante de izquierdas, o los paramilitares de la Guardia Húngara.

En el Estado español, a las argumentaciones estándar propias del fascismo se les suma el tema de la unidad de la patria, así como las características del Estado de la Transición y las del PP: ¿hacia donde vamos y qué hacer?

El fascismo aquí: anida en el Estado, se desarrolla en sus políticas y se organiza sobre todo en el PP

Siempre hemos denunciando al régimen actual, como continuador del franquismo, con el que nunca rompió. Ha sido este régimen quien, con la cobertura «democrática» de la Constitución del 78, ha mantenido el aparato de estado del franquismo, y especialmente ejército y policía, para reafirmar la «unidad de España», negando el derecho a autodeterminación de los pueblos y conservando la dependencia de la Santa Sede alrededor La violencia institucional durante la Transición se cobró 188 víctimas: unos durante la represión en el 76% de las manifestaciones, otros en asesinatos en comisaría, o a manos de grupos anti-terroristas, o de grupos de ultra-derecha «incontrolados».

Entre estos últimos, unos actuaban directamente junto a la policía en la represión –como los Guerrilleros de Cristo Rey en diversas ocasiones-; otros, como los que asesinaron a nuestra compañera Yolanda, o a los abogados de Atocha, eran de Fuerza Nueva, y en connivencia con las fuerzas del Estado y la justicia, o no cumplieron condena o esta fue simbólica, cuando no siguieron trabajando para el Estado, como en el caso del asesino de Yolanda, Hellín. Pero no acabaron los asesinatos impunes de la ultra-derecha en la Transición, sino que aún en 1993, caía Guillem Agulló a manos de un militante de Alianza Nacional.

Han sido las leyes propugnadas por este Estado, que más allá de la Ley de Memoria Histórica, hecha para salir del paso y que ha muerto de inanición, han permitido dejar intactos símbolos franquistas como el monolito del Valle de los Caídos, símbolo que incluso el Consejo Europeo recomienda eliminar. Es el mismo Estado el que ha impulsado el rechazo a las menores iniciativas nacionalistas, sean plan Ibarreche o Estatut de Catalunya, o decretado leyes como la de extranjería que han golpeado sistemáticamente a los y las trabajadoras inmigrantes, generando xenofobia a la par que iba fragmentando a la clase obrera.

Ha sido el PP que, continuador de Alianza Popular, recompuso políticamente el franquismo a partir de los 7 partidos organizados por 7 ex-ministros (los siete magníficos) y encabezados por el vicepresidente de Franco, Fraga. Cosa que todavía hoy prevalece como demuestran hechos recientes. Así en agosto, cargos y miembros de Nuevas Generaciones (Juventudes del PP) valencianos y de Castilla La Mancha, posaban en público con banderas del ludos fascistas. Una actitud «juvenil » afirmó el PP.

Más granadita es sin embargo, la alcaldesa popular de Quijorna (Madrid), Mercedes García, quién autorizó una feria en una escuela pública en la que se vendían banderas nazis y franquistas y al día siguiente presidía un homenaje a los caídos «Por Dios y por España». No ha dimitido y no se sabe que haya sido sancionada por el PP. Tampoco lo ha hecho Senén Pousa, alcalde popular de Beade (Ourense), que se declara «franquista» y tiene un altar dedicado al dictador en su despacho… O la presencia de miembros del gobierno en la macrobeatificación masiva, en Tarragona el 12/10/13, de 522 religiosos profranquistas muertos durante la guerra.

De todo esto podemos deducir la existencias de unas raíces fascistas todavía activas como afirma Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo, que considera que existe una masa sociológica franquista, que sitúa en «más de un 10%» de los votantes del PP (El País, 5/10/13)

Se desprenden y radicalizan alas del PP

Este Estado y estas políticas, facilitan que en una situación de crisis, y con una mayoría absoluta, el PP recrudezca sus rasgos más fascistoides, como en la LOMCE, la ley del aborto, la reforma del código penal… Pero esas acciones, que tensan la situación social, facilitan la expresión o la ruptura de alas de esos votantes del PP.

Y se reproduce el proceso europeo. El equivalente a los de ultraderecha populistas, serían aquí partidos que pueden poner distancia de los recortes de los gobiernos de turno, y que toman como bandera la unidad nacional –uno de los leiv motiv del franquismo-: los lerrouxistas de UPyD o de Ciutadan’s. Y ello aún cuando el PP les deja poco espacio y pueden coincidir, como en no votar la condena del franquismo hace unos días en el Parlament de Catalunya, o en la convocatoria de «Som Catalunya, somos España» de Barcelona del 12 O. Antes de ellos otra organización, apoyándose en el racismo más visceral, se había aupado a muchas concejalías catalanas: se trataba de Plataforma por Catalunya mucho más cercana a los grupos nazi-fascistas pues han protagonizado algunas agresiones, dando así el salto hacia la violencia explícita.

También se fortalecen alas aún más radicalizadas y de choque, nazi-fascistas, como Falange Española, Alianza Nacional, Democracia Nacional y España 2000. No es que antes no existieran, como demuestran inmigrantes y jóvenes asesinados –como Carlos a manos de un soldado del Ejército de Tierra miembro de Democracia Nacional-, o la existencia de la librería nazi-fascista Europa en Barcelona. Pero el asalto a la librería Blanquerna en Madrid, el pasado 11, o la organización de autocares con militantes fascistas de todo el Estado, para concentrase el 12 O en Barcelona –que sólo reunió unos 300-, les dan protagonismo. Y marcan la profundización del giro que también se agudiza en estos grupos, de poner en primer plano la defensa a ultranza del tema nacional. Su mejor expresión, fue la participación en la convocatoria de PP y C’s, de Plataforma por Catalunya, del neonazi Casal Tramuntana, Falange Española y de las JONS y España 2000, amalgamados todos en la defensa de la unidad de España.

Una política frente al fascismo

Pero el fascismo es algo más que racismo y centralismo. Es esencialmente la opción del capital financiero cuando precisa aplastar a la clase obrera y a sus organizaciones con métodos de guerra civil. Por eso, cuanto más se profundiza la crisis, y menos alternativas sólidas aparecen de la izquierda que ofrezcan salidas a la miseria, más peligro hay de que crezcan las opciones desesperadas que giran a la derecha, o de que sectores de pequeña burguesía pidan salidas de orden.

Esa es la base social del fascismo y aún no se ha desarrollado en el Estado español. Pero, como marca el avance de Alba Dorada en Grecia, a nuestro alrededor están dadas todas las condiciones, con la diferencia de que aquí, como históricamente ha ocurrido, la bandera inicial de su resurgir es la unidad de España.

Esto nos obliga a tener una política frente a su ascenso. No se trata de centrarnos en conseguir que se prohíban o ilegalicen las bandas fascistas, por más que podamos denunciar la doble vara de medir cuando se prohíben partidos de la izquierda abertzale y no se hace nada con las bandas fascistas. Pero poner el eje ahí es alentar la falsa expectativa de que será el Estado quien nos defenderá del fascismo – cosa que es imposible por sus propias características- y anestesia para enfrentarlo directamente. Tampoco se trata de «unir a los demócratas » contra el fascismo, borrando la frontera de clase, puesto que la burguesía, aún la más aparentemente demócrata, ha demostrado desde el mismo aparato de Estado de qué lado está. Y no sólo recientemente –Ley de Partidos por ejemplo-, sino en su historia posicionados junto a Primo de Rivera o Franco.

Que los hay honestos, sí, pero no es el frente con sus organizaciones –que son de clase- el que combatirá al fascismo, sino que hacerlo debilita el frente obrero que sí debiera existir para derrotarlo. Porque en primer lugar se trata de impulsar una política con salidas realistas a la crisis y especialmente para los y las trabajadoras que sufren la miseria del sistema, a la vez que se defiende el derecho democrático de la autodeterminación de los pueblos. Y difícilmente ofreceremos salidas convincentes de la mano de quienes con, mejores o peores palabras, tienen los intereses opuestos.

Por lo tanto se trata todavía hoy y aquí –en Grecia ya se pasó a otra fase- de fortalecer los debates y las resoluciones en las organizaciones del movimiento obrero, juvenil y popular, porque /tenemos que prepararnos para resistir los ataques fascistas que serán violentos y deberán encontrarnos preparados para defendernos. Porque al fascismo no se le discute, se le destruye, y eso pasa en primer lugar por arrebatarle hoy, su posible base social.

28 de octubre de 2013

Luis Carlos Gómez Pintado “Luca”
Militante de Lucha Internacionalista

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